Posts Tagged ‘Opinión’

Lid EE.UU-CUBA: de autonomías vs heteronomías universitarias


Sin la venia agena

Lid EE.UU-CUBA: de autonomías vs. heteronomías universitarias  

 Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
(Vivisección de un introito viejo, por la muerte ansiada de un pirulelo insigne)

Exhumación del prestigio académico, con algunas pizcas de ingenuidad

Nada más parecido al cotejo entre una pléyade de cisnes inteligentes, bregando contra una bandada de sinsontes astrosos de igual trino; que el dulce gorjeo (chasquidos y gesticulaciones) concertado entre dos equipos callejeros de bosquimanos académicos, cuasi solterones empedernidos, insistiendo en dilucidar lo que defino como “catatonía exuberante”, en aquello axiomático de “¿por dónde es que le entra el agua al coco cubano?”. En esencia, concierne a la lucha eterna entre la Pulsión de la Vida (Eros) y la Pulsión de la Muerte (Thánatos) o en términos simples, la lucha del bien contra el mal, alegóricos. 

Entre los comunistas, esta última Pulsión no es un morbo circunstancial, sino obsesión permanente del Idiot-savant. que les habita clandestinamente en el Superego. De ahí su fracaso en todos los órdenes de la actividad humana. Freud, en unión de Phyquis e Hipnos, les definió en sus tratados acerca del psicoanálisis.

Cierto es que, una actividad erróneamente interpretada por cierto tipo de ciudadanos estadounidenses generalmente alelados, cultos, educados, eruditos verdaderos; son aquellos a quienes cualesquiera de los zurdos ya maduros como plátano para sinsontes (bolcheviques de La Vieille Garde); pudiera lanzarse sobre ellos (nuestros académicos ingenuos) y confundirlos como a unos Peter Pan saturados de juventinas rebeldes y de  envidias genuinas a todo lo esplendoroso que hizo del finado James Dean.  

Nuestros académicos, son cortados con la plantilla de unos unos tipos razonables, autodidactas brillantes y entrenados como bodygards.  En esencia, unos escuderos cervantinos del prestigio académico de  los EE.UU; los tolerantes y mansos. 

ero sucede que estos adalides del bien andar no gozan de esas habilidades selváticas, decir, para subsistir al menos por unas horas, en el Mato Grosso político presentado por la corriente zurda. 

Bajo tales fulgores, dan la impresión de estar recubiertos con manolas de ungüentos topicales para absorber lo mejor de las terribles obsesiones libertarias, irredimibles y que; por antonomasia; añoran los encantos del viejo Mons Mercore decimonónico, que por efectos de la regresión tanto impresionan a cada visitante de la isla malquista, por la acción abrumadora del Hades escarlata. 

Nada de asombros, pues tales joyas evocadoras de mimosas como las de “Kiki” de Montparnasse y su violón, contemporánea en algún le petit déjeuner parisino; aunque norteamericanas hasta los tuétanos; son las hadas que nutren sin ton ni son a nuestros teams nacionales de académicos, intercambiables en los superbowls veraniegos lidiados a sandalia limpia. 

Quizás, en algunos casos relevantes, rentables al mejor liberalismo ékue, hoy los observamos enfrascados en piruetas que se asemejan a un nuevo estilo, peculiar de la arrebatadora “música disco”; danzadas en asociaciones y fraternidades universitarias con tocados de cilicios temerarios

Todas, políticamente incorrectas; pero entrelazadas con la vieja diplomacia del ping-pong, tal ensayó en su tiempo el carismático Presidente Richard Nixon en ocasión de su encuentro histórico con el propio dictador comunista, el macabro Mao Tse-Tung, artífice de ciertas espureas obscenidades políticas y sociales en Indoamérica.

Al parecer, quiera Dios que así sea y atendiendo a la hermeticidad de sus actividades acechadas por la pupila insomne ciudadana, (una licencia literaria hurtada al poema de Villena); no actúen aceitados con dineros de los contribuyentes, amparados bajo cualquier pretexto baladí y/o por disposiciones legales estrambóticas. Preguntan airados, los altos principios:

¿Valen más estas maromas sincopadas que el prestigio de las universidades que les gestan? 

Ciertos reflejos detectados en el iris de los experimentados filósofos ciegos de la hleba liberal, hacen reflexionar sobre qué hace que los corazones de estos curiosos añejos, permanezcan expectantes mirando embelesados hacia el Este siempre amenazante, que los sorprende con la guardia baja, como si los pretendidos colegas de los talegos comunistas, fueran unos tipos de fiar.

A saber, ninguno de los promotores de estas actividades alegres y también los participantes de cualquier época, que sepamos; ha explicado al público ni siquiera en dos líneas; los resultados positivos o negativos de los recursos y tiempo empleados en estos menesteres “investigativos” donde al parecer no se investiga nada, salvo las noches de Cabiria en los tabla’os de las amenidades comunistas.

Todo, a pesar de que el sainete EE.UU-Cuba se ha  desarrollado por decenios sin resultados (salvo para los enemigos), nos alegraría en extremo tener acceso a tales “estudios sobre el Asunto Cubano”, al menos, los locales. 

Indican ser conciliábulos sellados a lo copto, y son desplegados como si fueran simples reencuentros entre pepillones colegiados de antiguas fraternidades democráticas, juntados ad hoc para reverdecer filosofías con puntos de vista comunes. Es que en la realidad formal y al parecer por resultas del silencio vacuo, devienen exactamente en lo contrario. 

Ello, sin advertir que desde hace rato; parte de quienes integraron tiempos ha; otros teams de fraternidades adictas a la fiereza de estas cumbanchas picozas del  ¡ahé, ahé, ahé la chambelona!  (¿o, serán las mismas?) yacen en la cárcel. Y nada menos que por delitos probados y confesos de “alta traición a la patria y otras bellezas infernales. 

Casi nada, para quienes siempre giran sus rostros hacia el otro lado, el cómodo. Les seria desatender que señales evidentes y de manera indubitable, saltan por encima de la fragilidad del carácter y frivolidad individual del candidato; al participar en las óperas soperas que algunos les mencionan como kemesses frívolos armados en Poma (La Habana). 

Son así, porque ello induce inexorablemente a esos piélagos de albatroces de ambos sexos, unidos como  unos chicuelos inexperimentados para lidiar con un enemigo repleto de experiencias. Los que les hacen deslizarse raudos en brazos del macho cabrio o amazona lúbrica que, según el caso y ocasión, los Cuban Intelligence Services (CuIS) les descubren delante, de sopetón, en el momento en que el brochure les resulta irrechasables a las víctimas stokolmianas

Millones de DNA ópticos y acústicos, asados sobre una chancleta

Se trata de un guión tan burdo como intrigante y de una finura sutil, como la de cambiar globos por botellas. Sin embargo, cuando el especímen despierta del sopor, la taxidermia a la cual le han sometido los CuIS, arrojó muestras de un DNA óptico y acústico compuestos de medio millón de fotos, pietajes y grabaciones, ante lo cual la víctima queda inerme, desecha por sus excesos nocturnos y la desvergüenza le queda abierta a todo chantaje. 

Es común el uso de drogas y anestésicos varios, durante la serie de actos programados y de los cuales las víctimas no recuerden. Pero ellos, sí, porque atane por igual a amigos del campo socialista como a los emplumados americanos o africanos. Las plumas, son las que menos importan.

Claro, estos descalabros per se no deben ser siempre así, pero sucede que no recordamos ni una sola declaración condenatoria de sus fuentes gestoras a estos malos norteamericanos, peor si son unos de los tantos extranjeros desagradecidos, investidos como tales.

Similar a como sucedió en el caso de los espias capturados en la Florida International University (FIU); por parte de quienes claman por la intensificación de los intercambios en los cuales, a veces, pueden haber participado. Tampoco, el aire de los recintos universitarios ha vibrado con las voces desde donde truenan los preclaros niveles docentes superiores, sabidos, de una impolutez indudable.

Es lamentable lidiar a nivel nacional con un cúmulo tan abrumador de tales de chaturas. Porque a la luz de la tesitura de los altos principios helénicos y también romanos (¿y por qué no, también de los valores de nuestra sociedad judeo-cristiana?), tales parquedades vergonzosamente floridenses en dar la nota, resultarían lamentables por inéticas.

Es decir, como sucede en apreciable número de instituciones, centros de altos estudios y negocios a lo largo y ancho de los EE.UU; inmersos en estas “verbenas de palomas” de amistad hueca como las calabazas de Halloween. Luego, es viable reconsiderar el criterio de admitir como un fracaso rotundo, estas inutilidades académicas con las cuales nos atiborran.

Espanta que en nuestro país, unos cuantos alegres playboys de pelo largo y sandalias búlgaras (claro que son adjetivizaciones tropistas, dado el desplante que significaría ser descubiertos con la copiosidad de sus canas), no cesan en sus empeños concertivos con espinos filosos como sus guerreros agridulces (según los bardos de la corte) los cuales nos reiteran su enemistad eterna, al ser uña y mugre amigas de todos los críticos de EE.UU. 

Nadie entiende la reincidencia en extender estos garfios sonoros de abordaje piratas entre los académicos (algunos les califican de punks orilleros, algo bien fuerte) de ambas riveras.

Los intercambios académicos exhumados esta vez por la administración de nuestro Presidente Barack Hussein Obama, con vistas a reanudar contactos bilaterales entre los EE.UU y Cuba, son primores normales entre países decentes. Otra cosa es suponer o insinuar que algo le debemos.

Pero no se ha avalado el daño devenido de estas lides de fábulas asimétricas peligrosas, mientras entonan loas y albricias esperanzadoras en esos sectores puntuales acampados en sus roñas, alrededor de fogatas de boyscouts, armadas en ambas orillas del Canal de la Florida.

Saber que cada una de estas hogueras aventa señales de humo con cifrados propios; tan sutiles como los sonidos guturales de alerta emitidos por los pescadoree submarinos; si nos atenemos a sus lamentos e insistencias en la necesidad de reiniciar los “chic to chic”, bajo cualquier pretexto.

Candidatos rojos envueltos en sus álter ego partidistas, aderezados con semifusas confusas

Tales encuentros de intelectuales son muy fáciles de programar y ejecutar desde “aquí para allá”, utilizando los medios y técnicas de comunicación modernos y muy pocas veces obstaculizado por nuestro gobierno. Exactamente el instante en que por ahí comienza el relajo. Resalta que es bastante y más difícil (tan obvio, que imposibles) si se intentan en sentido contrario. Pero es de recordar que los totalitarismos, no admiten sengundas opiniones.

Ello, dado que los enemigos utilizan las balsas silenciosas de los teams especiales SWAT de intelectuales plegados administrados por los CuIS, quienes fungirían en tropos intrascendentes si estas fábulas fueran  elaboradas con maderas de sicómoros africanos o sándalo hindú. Tales serian otras aldabas sobre aldabas falaces.

Los académicos simbólicos pululan agazapados en la orilla sur del canal (Cuba) y están representados por unos conejillos de Indias encapsulados en grajeas peripatéticas, colmadas de dogmas destructivos a todo lo civilizado que ven y tocan; mientras deambulan insomnios perennes por las callejuelas de sus “kasbahs congelados”.

Saber que son las moradas de los viejos y nuevos carcamales, agrupadas para el pastoreo facil por los CuIS; en los antaños barrios aristocráticos despojados a los burgueses y hoy, los mejores hábitats exclusivos para el solaz y esparcimiento de los líderes y sus allegados, enquistados para siempre en la cúpula gobernadora del rocío manilense, La Habana damnificada por el poder castrista.

Esos cáderes (cátedras) comunistas y sus álter ego partidistas, son indivisibles y se encuentran entrelazados en sus pedaleos; ávidos por aspirar el aire libre democrático al cual no se atreven. 

Coincidimos en que es mismo, cuyos capos les ordenan emponzoñar en cada oportunidad; para así aumentar el tamaño de la limosna gubernamental –aunque esta nunca les cubra las treinta dracmas bíblicas–, que les protege y mantienes ajenos a la cartilla de racionamiento yacente con su pesadez implacable sobre el pueblo, inerme.

Es el mismo pueblo, acorralado en esa Animal Farm gigantesca y de la cual estos próceres populares rojos, guardan distancias de cuarentena desde enero de 1959. Porque eso, que anda sobre el lomo de la chusma, es contagioso en extremo y lo mejor, “se pega, se pega” como la conga de TV… 

Los integrantes del lado democrático, asentados en la vastedad de nuestra orilla Norte (EE.UU) se cuentan; entre otros ejemplares notorios por su sapiencia, honorabilidad, compromisos empíricos con la libertad y democracia. 

Ello es a contrapelo de que algunos chips raros, tan malcriados como candorosos (excéntricos de weekends); los cuales pugnan por desafiar al gobierno norteamericano que les ampara los flecos de sus pecados Ashtolls.

Son los indiferentes a todo aquello que acontece en su derredor, pero sedientos por revolverse y ser parte en ese cóctel pecaminoso con los colegas hostiles y colegios marañeros del “menos allá”, a los que como buenos obtusos, ellos estiman sus iguales, siendo gente menor. Es un error de ligereza ilógica por la cual ya hemos pagado con el escándalo de los espías atrapados en Miami.

Sólo ver los detritus de académicos, funcionarios gubernamentales, civiles de cualquier ralea, artistas y militares, encontrados coleando en las tarrayas lanzadas con colimación perfecta y recogidas con todo éxito por los oficiales del FBI. Tal sucede, cuando esos chicos lanzan dichas redes en las aguas negras totalitarias o en las dulces del Dew Morning, académico y edulcorado donde retozan apacibles, sus fellow travellers

¿Serán de simpáticos estos chicuelos del la fauna  liberal universitaria?

Parece que sí. Porque algunos de estos trotadores en tenis, dan la impresion de ansiar ser atrapados en sus devaneos sospechosos, para disfrutar la banalidad preferida de entre sus frivolidedes: el atontamiento enervante de los fascinantes  quince minutos de fama, quimérica..

Intereses matriciales no convergentes, en el lím (alg.) → ∞, de la bobera académica

No es que existan líneas de intereses comunes entre ambas voluntades concurrentes –un imposible–, aunque disimiles; porque la voluntad de acá  (EE.UU) es inspirada por una candidez sana que, al parecer, en casi todas las ocasiones, linda en una idiotez supina.

Claro que la mente humana y sus voceros, las opiniones propias o las dictadas por los totalitarismos de chupete, son tan variadas hasta el infinito como la gama de los colores primarios.

Mientras que en la orilla del menos allá (Cuba) languidece bajo la bota militar de los camilitos (alumnos de una escuela militar de represores juveniles, con una filosofia maoísta y stalinista), es cruel per se, no por las órdenes insanas que siempre les están dadas, por ser intrínsecas de las telarañas inteligentes. 

Es que en esa orilla sur, el concepto de “autonomía universitaria” no existe; ni siquiera estampada en su forma canónica y la formalidad de papeles; así como tampoco descuellan las voces de “libertad” y “democracia”, motores de la sociedad que nunca echa a andar, ni se ejercen.

Es un territorio audaz, decimos de ese erial, desnacionalizado como una tierra de ciencia-ficción; donde tampoco tienen vida sana las malquistas intituladas “universidades”; en el sentido purista original, hoy apostilladas y recubiertas con escamas de todos los pecados inimaginables.

Es la herencia endémica de los totalitarismos, bien apostillado, en su inevitable derrumbe social, moral y económico. Recordar que bajo el dogma totalitario (comunista y fascistoide, o ambos imbricados) la Intelligenz, no es una virtud o don celestial, sino una desinencia filosófica a la cual hay que mantener por siempre “amarrada a lo cortico”, so pena de ser encarcelado para siempre.

Esas dependencias oficialista (las universidades totalitarias) de volitud opaca, despampanantes; según la propaganda de la troqueladora zurda; no son más que secciones administrativas ordinarias del sistema educacional diabólico de control del individual, armado por los comunistas auto proclamados marxista-leninistas y ateos.

Tales unidades educativas no tienen voz ni voto en sus asuntos, dado que esas prácticas per se están supeditadas no a planes y proyectos educacionales generados por las propias universidades; sino a órdenes políticas y burocráticas emanadas desde la cúpula del régimen totalitario. Allá se le llama Ministerio de la Educación Superior.

Estos lineamientos docentes, son puestos bajo custodias y ejecutados inexorables por los cuadros del Partido Comunista de Cuba (PCC), in situ. Suena así como bochorno cruel de un sistema educacional adamado y asustadizo, gobernado por leyes muy propias para ejercer en las caballerizas decimonónicas.

Es atender que en la orilla norte, el resorte que libera la voluntad de la autonomía es un dispositivo con grados de libertad absolutos como pares cinemáticos de categorías filosóficas; tal enuncia el criterio de Grübler-Kutsbach.

Este criterio, es propio de las leyes inherentes a los mecanismos planos; los cuales atienden supeditados a la dirección del claustro o la junta de gobernadores, profesores y estudiantes respectiva de cada universidad, sin atender a los intereses del partido político en el poder. En estos artilugios, no hay espacio vital para el pensamiento.

En nuestra casa, el gobierno federal no osa y se abstiene, de meter la cuchara en los asuntos de los centros de altos estudios, tan groseramente hacen los castristas en la Isla de Cuba, incluyendo los polos culturales de los medios e instituciones de intelectuales y artistas. Es que todo eso forma parte de su patrimonio personal.

Situados en ese enclave castrence no educacional, los planes de estudio, carreras, destino de los egresados, su orientación política, naturaleza de las tesis de grado y los proyectos de intercambio docente son dictados por el régimen; sin tener en cuenta el interés nacional, solo lo atañible a su seguridad política.

Tampoco les interesan , profesores, educandos y su futuro; despreciados todos en aras del interés personalizado con voz única en la figura del Líder Máximo, el inefable Dr. Fidel Castro Rúz.

Oscuridades en la Cuba deshuesada y la Trata de Esclavos Cultos (TEC), existe per se

Es una de las tantas graciosas entidades e individuos, son aquellos curiosos de ver por dentro con el ojo turístico, el lado oscuro y deleznable de la venta, trasiego y arriendo de personas educadas e inteligentes; sometidos a la vieja Trata de Esclavos Cultos.

Esta anomalía del comportamiento inhumano de los comunistas cubanos, cuyas víctimas son considerados y tratados por éstos en calidad de dislépsicos mentales; es una corriente alimentada por profesionales, técnicos de educación media y superior, además de otros trabajadores simples de las diferentes ramas, destinados al negocio de cuerpos humanos.

Ellos, son los candidatos sujetos diferentes grados de presiones para que acepten el extrañamiento de sus familias. Estas presiones en ciertos casos, son de sutilezas extremas; que actúan sobre los candidatos los cuales son doblegados y enviados a trabajar por anos a diferentes países bajo el pretexto de “ayuda, colaboración, asesoría, etc.”. 

Claro es que se excluyen en los cómputos, el personal y tropas de apoyo y entrenamiento, seguridad personal y también de dirección efectiva sobre las fuerzas represivas locales, accionadas contra el pueblo que pretenden ayudar.

Para ello, ver las misiones permanentes que además de ser ilustrativas, en algunos de los países ingenuos integrantes del Eje Apocalypto. Este, es el el grupo recién fundado en Venezuela el 3 de diciembre de 2011, denominado en su cuna de confusiones, “Comunidad de Estados Latinoamericanos” (CELAC), al cual se han adherido las naciones  indo americanas. 

La esencia de los actos es para que los recogidos por la leva estatal, ejecuten trabajos miserables en calidad de siervos de la gleba, los cuales son de propiedad absoluta durante el tiempo del arriendo, de los señores despóticos (especialmente de los reyezuelos africanos, asiáticos, mahometanos e indo americanos), que los compran, alquilan y explotan de manera inmisericorde.

Es la vieja Trata de Esclavos, ahora en venganzas anti coloniales, corriendo en sentido inverso, desde la América caribeña hacia África, Ásia y Medio Oriente; conducida por estos negreros modernos de chistera y levita roja como las semillas del marañón. Los comunistas cubanos, se han convertido en los rancheadores esclavizantes del Tercer Mundo, en contra de sus compatriotas.

Por medio de los residuos cultos del aparato educacional, los comunistas venden al melting pot tercermundista, imágenes específicas de profesionales blancos de ambos sexos, sujetos al servicio humillante de patrones de aquellas razas clamantes antaño por la igual racial, ahora convertidos en empleadores crueles  domeñadores de la mano de obra esclavizada.

Caso típico, es el embeleso vergonzoso que absorbe y traga sin atender a su naturaleza maleante, el  “Black Congressional Caucus” norteamericano; con respecto a las políticas de falsa integración, propagandizada por La Habana.

Ello se observa en las visitas periódicas de este CAUCUS a la Ceca limosnera cubana, es otra variante de estos encuentros académicos propuestos a priori.

Los sueldos y beneficios que se obtiene de este trabajo esclavo (incluyendo el docente y el mercenario militar), son remitidos en su totalidad a las arcas del Dr. Fidel Castro Rúz, sin excusas ni pretextos, y sin que el profesional atropellado y envilecido, vea un céntimo.

La tasa de deserción de estos infelices es impresionante, aunque tengan en Cuba sus familias en calidad de rehenes del régimen castrista.


¿Seria en algún orden moral y ético el que nuestros académicos se sentaran a dilucidar incontinencias viscerales en esos coloquios entre sordomudos, de igual a igual, con modelos del “Hombre Nuevo” de tercera mano?.


Luego, infunde estupor una actitud que obvia los altos principios, de quienes apoyan los intercambios. La diferencia entre los pucheros esbozados en cada orilla, igual que la confusión de nuestros cadres supérieure avalando los conceptos de autonomía y heteronomía, aterra.

También la valoración enceguecida de ambas categorías tal si fueran vitolas tabacaleras de dos células madres iguales y gloriosas, sin entender (o no querer) que los mencionados principios morales y éticos difieren entre un país libre, democrático y soberano (EE.UU) y una simple granja de animales totalitaria y colectivizada (Cuba).

Una ex-nación, aherrojada además, a los humores según avatares políticos consensuales concertados por Manila con metrópolis subversivas de extramuros, por ejemplo, Rusia, China, Irán, Libia o Venezuela.

Se destaca la rivera sur por estar repleta de secciones educativas de enseñanza superior que operan abiertamente como filiales del Departamento Ideológico del PCC, que ellos apodan “escuelas universitarias”; lógico, todas heteronómadas. 

Una de las especialidades de estos académicos zurdos, en la vastedad de su tiempo libre, es el pasatiempo de armar trampas “papamoscas” insalvables para nuestras lumbreras académicas. Éstos últimos, sueñan en deambular descalzos por entre esos paradisos bananeros, sin el entrenamiento indispensable para lidiar con profesionales de la intriga y el espionaje.

Pero es que nuestros académicos, obnubilados, gimen delicadezas por adherirse al cóctel de ese desastre, que parece excitarlos con igual ansia que el amok filipino. Se trata de uno de los toques sutiles de la inética  del ente social atrapado entre sus angustias propias y sus fracasos personales.

Heteronomía kantiana

El término “heteronomía”, recordemos, lo acuñó Immanuel Kant quien definió que en esta categoría “la voluntad no está en función de los deseos del ser, sino en la voluntad de otros”. Es obvio que esos “otros” es el andamiaje gobernado por los Servicios de Inteligencia del Gran Hermano. Es la tipificación tergiversada del principio kantiano fundamentado en el cumplimiento absoluto del deber.

Los bolcheviques castristas, como buenos picaros, enarbolan la naturaleza de este “deber a cumplir” como la sumisión al dogma del estado totalitario; cuya imagen y semejanza esta representada en la opinión omnisciente del Líder Máximo, Comandante en Jefe, etc.: el simpático Dr. Fidel Castro Rúz.

O sea, el acatar con los ojos cerrados “la voluntad del otro”. 

Adolph Hitler, otro pícaro, se auto personalizaba en calidad de ser también ese “otro”, un verdadero y único Ser Providencial (1),  doblando a su gusto lo enunciado por Inmanuel Kant. Claro que este último patán, Hitler, se cuidó mucho o así fue aconsejado, de no presentarse ante las masas fanáticas como un “Salvador”, por la implicación que ello le conduciría al judeo-cristianismo, de donde le seria imposible explicar sus salvajadas genocidas.  

Luego, es razón válida y suficiente para definir que la titulada “autonomía universitaria” no existe en Cuba, puesto que la voluntad prevaleciente es la del régimen político dominante, totalitario y dictatorial.

Este, es un aspecto que ya nadie discute, salvo, al parecer dolorosamente no muy bien advertido en nuestras universidades y colleges comunitarios, al menos los floridenses.

Ello se evidencia si estudiamos los algoritmos de los códices (casi pueriles), emitidos al respecto por los Presidentes y sus Juntas de Gobernadores, tal como si en nuestro sistema de enseñanza no existiera tal asunto. Una verdadera filosofía de avestruces.

En la Cuba castrista, la inescrupulosidad latente y evidente en los estatutos organizativos emitidos por los centros docentes; implantados (no legislados) por la plana mayor que gobierna las universidades; todas estatales y sujetas al gobierno comunista; responde a las directivas del Ministerio de Educación Superior, cuyos resultados al final del día, van a parar a manos del Líder Máximo. Desde cuya mesa, se realizan las distribuciones de cada arrendamiento y de ello el destino, de cada profesional egresado.

Es la inmersión de la masa intelectual isleña, ya envilecida, en el abismo freudiano del “Todestrieb” (Pulsión de Muerte); se revuelve al parecer intoxicada, al parecer con ansias de retornar a la desesperación adictiva del coito louco mental enervante, con sus opresores (síndrome de Stokolm). 

Es en ese páramo abismal donde pretende acampar las fuerzas de inteligencia de nuestros novedosos boy scouts de hogaño.

Mientras que en la frescura norteña, florecen universidades autónomas legítimas, aunque a veces de una apasionada ingenuidad victoriana, tal cuando cubrían con el mantel las patas de las mesas para que no evocaran en los caballeros las piernas de las damas.

Hoy no es para tanto el fervor aguamantino, pero sí somos también tierra donde candidatos variopintos de cualquier rincón de los EE.UU aguardan regados por los suelos, embelesados, con sus mochilas prestas –una especie de paracaídas virtuosos–, a fin de estar listos para que a la voz del primer ¡go on!, hacer en 10 segundos flat las 90 millas entre ambas riveras y ser así los pioneros, en saltar dentro de esas armadijas seductoras.

Quizás, porque algunos devotos arrastran en sus sandalias y moños adamados, otras personalidades temblorosas y atípicas, como prognosis aleatorias guardadas en el closet de las hetero insanías preferenciales, recurrentes en cualquier momento del baile de máscaras.

La penetración castrista atañe a todo el Sistema Educacional Nacional de los EE.UU desde la primaria hasta la universitaria.

Entre otros estamentos estratégicos, para lo cual han dispuesto de cinco decenios, los espías activos capturados en el interior de la Florida International University (FIU), indican la ingenua soberbia omnisciente de las figuras rectoras encargadas de cuidar el prestigio de ese tan alto y respetado centro de estudios.

Ello deslustra y serrucha los intentos del Presidente Obama, en pos de nuevos encuentros furtivos –como de adolescentes al primer beso–, no precisamente de “tercer grado” tal sucede en los dramas de ciencia-ficción.

Esta movida presidencial al realambrar los contactos para continuar los intercambios, al parecer estratégica, envía el mensaje equivocado a la cúpula habanera, para que esta se envalentone en sus actividades anti norteamericanas. Recordar, que el Dr. Fidel Castro Rúz y su cúmbila de travesuras, el alucinado Mahmoud Ahmadinejad, juraron publicamente: 

“Pronto, entre Cuba e Irán, pondremos de rodillas a los Estados Unidos”.

Si algún descreído gusta de reflexionar en la posible exageración de estos pronunciamientos, seria aconsejable que preguntara a los israelíes sobre sus experiencias con estos tipos de locos homicidas.

Atomizar el id, ego y superego de los cáderes luminosos

Claro, estos particulares no parecen importarles un bledo a nuestros académicos itinerantes, turbados con su patriotismo deslustrado. No existen paralelos éticos, morales o valores docentes entre las instituciones y el material humano de ambas riveras. En la una se crean cadenas de inteligencias esplendorosas, mientras que en la otra trituran y atomizan el id, ego y superego de los cáderes luminosos.

Una de las diferencias fundamentales estriba en que en la esquina norteamericana no existen dolo o agendas secretas, mientras que en la isleña, sí. Y lo peor, la sintomatologia del dislate, es conocida por todos. Es el intríngulis en que se basa la tragedia de la lid interminable EE.UU-Cuba. 

Sin embargo y a contrapelo de nuestra seguridad nacional, instituciones docentes de alto nivel como son ciertas universidades de EE.UU; establecieron per se proyectos biunívocos basados en la autonomía universitaria, libertad académica y la I Enmienda.

Todos reales bajo la democracia –un trío de delikatessen no aptas para el paladar remendado de la chusma totalitaria castrista, como líneas de intercambios oscuros entre expertos tipo tresmonosabios de ambas orillas.

Obvio, incluyendo los rendez-vous nocturnos entre cálidos sueños encantadores en las noches de verano; con agendas privadas; que de una u otra forma estan en dependencia de la’uedta que les den sus anfitriones cheos; y que sufragaremos los contribuyentes mansos.

A saber, temas como la política democrática pluralista, psicología, psiquiatría o derechos humanos y políticas de comportamientos de grupos librepensadores, libertarios u otros temas políticos, sociales, filosóficos (ética, moral y cívica) aleatorios, son tabúes que nadie se atreve a destapar, salvo quizás, en las pausas comerciales.

Son ejemplos inabordables las tesis de un psiquiatra y psicoanalistas prestigioso, aunque comunista en sus inicios, como Erich S. Fromm (consideradas en sentido inverso), o sea, el efecto (como daños irreparables) sobre la psiquis del individuo aislado y tiranizado por los totalitarismos y la psicología de las masas degrada en su autovaloración y sujetas a una polarización en favor del régimen dominante.

Seria regodear temas trascendentales (todos ilegales en el paraíso isleño) tales aborda en su obra “Anatomie der menschlichen Destruktivität” (Anatomía de la destructividad humana) y otras obras destacables de este profesional prominente.

Fromm y el retorno de la chapusería roja

No tarde, Fromm, desorientado y confuso con el shock que le impuso el genocidio contra el pueblo ukraniano (2)  en –especial la estarvación cruel de millones de estos ciudadanos, castigados a muerte por los comunistas, los cuales consideraron a todo el pueblo como “opositores”–, porque Fromm retornó exhausto de la chapusería asqueante del bolchevismo soviético, tal como haría al observar el implantado hoy en Cuba. 

Se trata del mismo dueto de la hoz y el martillo; recocida al ajillo y a fuego lento por los pirómanos a full-time comandados por el Dr. Fidel Castro Rúz y las delicadezas perfumadas de sus torquemadas; a fin de que el pueblo indefenso no se olvide de quién es el dueño de la llama comunista, la cual sus hitmen fanáticos estiman eterna.

Lo que Fromm determinó, espantado, es la resonancia ideológica del “narcisismo maligno” de los líderes marxistas mediocres, habilitados con poderes extraordinarios (Castro, Mao, Lenin, etc.), con la manera de actuar de los nazi-fascistas. 

Fueron los mismos delitos genocidas entre otros abusos execrables, que espantaron a André Breton, cuando ensayaba su pas de deux yuxtapuesto junto a otros dos viejos carcamales del terrorismo de izquierda, el mexicano Diego Rivera y el ukraniano León Trotsky, en sus andares por la Zona Rosa capitalina del DF

Es otra de las asignaturas pendientes de absolver por la tozudez de nuestros intelectuales y artistas zurdos, boyantes en la inagotable Jauja norteamericana, renuentes a repasar los resultados de sus vergonzosas osculaciones con los totalitarismos. 

Más de lo mismo, serán las nuevas autopsias propuestas a este cadáver insepulto, un sistema que el propio Castro confesó a las medias en público:

 “El sistema cubano ni siquiera nos funciona a nosotros, por lo que no es exportable”.

Imaginar lo discutido en Cuba durante esos “encuentros académicos”, por un dúo de perlas del calibre de los espias castristas; nadadores olímpicos al estilo libre, inexplicablemente inmunes e intocables por sus superiores, durante 30 años.

Los mismos que saltaban y brincaban orondos entre la aulas de la FIU y las oficinas del Cuban Intelligence Services (CuIS), hasta el aterrizaje extasiado en brazos de sus adorados hitmen habaneros.

Hablamos con palabras mayores, porque existen otros pecesitos adormilados con ese bossa-nova que se baila en los “cuartitos de al lado”, que siempre son remanentes, dada la magnitud del descuido de nuestras instituciones académicas.

Es peor, puesto que el asunto no parece haber sido captado en su profundidad, en el interés de nuestras autoridades judiciales y educacionales, extendidas hasta los niveles locales, estatales y federales.

Luego, es ahí donde yacen los peligros a multiplicar de manera exponencial estos pretendidos tête-à-tête . Todo ello a causa de estas incursiones nuevas; proyectada a desplegar por nuestros académicos bisoños; en territorio enemigo, pero dejando abierta nuestra puerta trasera.

Y pensar que con solo tres gotas: una de patriotismo, otra de ética moral y una última de decencia, se podría barrer a sombrerazos tanta confusión.

Observar que sin lugar a dudas, este mío, es un sermón inescuchable..

Lionel Lejardi. Octubre, 2011

lejardil@bellsouth.net

Legacy Press


(1)   Tal nos viene a la atención, porque, primero en el discurso en su defensa que Adolph Hitler hizo en el juicio por su liderazgo en el fracaso (1923) del denominado putsch de München (Múnich), y después como declaró en su ópera prima, “Mein Kampf” (Mi Lucha); biblia del nazismo; este líder dejó bien claro sus concepción del “Nuevo Orden para Alemania” (y Mundial) que estaría por mandato divino, bajo su tutelaje. También la proyección eugénesica para la Humanidad. 

El reflejo de todo el episodio anterior y sus consecuencias nefastas que ello tuvo para Cuba, en el comportamiento y formación del actual régimen comunista (castrismo) y de su líder, el Dr. Fidel Castro Rúz, es objeto de otro trabajo.

(2)   Holodomor (wik), en ucraniano: “matar de hambre”, también llamado Genocidio Ucraniano u Holocausto Ucraniano; es el nombre atribuido a la hambruna provocada por el régimen comunista; que asoló el territorio de la entonces República Socialista Soviética de Ucrania; durante los años de 1932-1933. Se trató, como sucedió con la poblacion de la Sierra del Escambrai, al centro sur de Cuba, durante este período trágico, fueron literalmente matadas de hambre luego eliminados físicamente; más de  7 millones de personas, entre hombres, mujeres y niños (un número aún mayor al del doloroso Holocausto infringido por los nazi-fascistas al pueblo judío y otros ciudadanos indefensos.

En hebreo la hecatombe es conocida como Shoáh, donde fueron asesinadas en masa y sistemáticamente, aproximadamente 6 millones de personas de todos los sexos y edades

Teniendo como referencia la definición jurídica de genocidio y numerosas evidencias, se verificaría la naturaleza genocida del Holodomor al haber fuertes indicios de haber sido una hambruna artificial creada por el régimen soviético, extendida por mimetismo político a los integrantes del bloque comunista.

Estas acciones vituperables de los comunistas fueron ordenadas y comandado por Joseph Vissarionovich Stalin. 

Si bien otras hambrunas también fueron provocadas en diferentes regiones de la URSS, el término Holodomor es aplicado específicamente a los sucesos ocurridos en Ucrania.

Hacia marzo de 2008, el parlamento de Ucrania y diecinueve, gobiernos de otros países han reconocido las acciones del gobierno soviético (comunista) como un acto de genocidio premeditado y ejecutado inexorablemente por los Servicios de la Seguridad del Estado.

La declaración conjunta de las Naciones Unidas de 2003 ha definido la hambruna como el resultado de políticas y acciones “crueles” del régimen totalitario que causaron la muerte de millones de personas de etnias como la ucraniana rusa, campucheana, kazaja y otras de la contemporaneidad latina. El 23 de octubre de 2008, el Parlamento Europeo adoptó una resolución, en la que se reconocía el Holodomor como un crimen contra la humanidad (lesa humanitas).


Serás bienvenido a mis blogs alternos:

http://www.elasuntocubano.net/

http://liolejardi.wordpress.com/

http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/posts/

http://www.facebook.com/lionel.lejardi/

http://www.tiwtter.com/bieladom/

5813


Anuncios

*.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución? I/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución I/II
 
Un agosto caliente sin bañistas, ni en Jaimanitas ni en Viriato
“Hay sol bueno y mar de espumas,
Y arena fina, y Pilar”
“Quiere salir a estrenar
Su sombrerito de plumas”
(“Los Zapaticos de Rosa”, José Martí)
No, no, no. No en ese agosto tan fiero. Porque entonces, la gente rugía fuegos y no estaba para zapaticos tan tiernos como los de Pilar, ni aunque fueran de rosa. Es que la huelga general contra el gobierno del entonces Presidente de Cuba, Gral. Gerardo Machado Morales, había comenzado primero en la capital, incontenible, precisamente en esos primeros días del mes de agosto de 1933. El evento arrancó suave, sin estridencias, en una anodina ruta de autobuses (las “guaguas de palo”) situada en la periferia de la ciudad. El motivo, la corrupción del alcalde de La Habana, José “Pepito” Izquierdo quien de manera abierta, extorsionaba a los dueños de los ómnibus. La huelga cobró fuerza general el 5 de agosto entre toda la ciudadanía ya harta de aquella locura nacional de apaleos, atentados personales, petardos, bombazos y escopetazos, que ni los políticos de la Mediación pudieron controlar.
Los comunistas intentaron deshacer la huelga, siguiendo uno de los acuerdos pactados días antes entre sus mensajeros; Juan Marinello Vidaurreta, Blas Roca Calderío y Joaquín Ordoqui Mesa y el Presidente Gerardo Machado. Para ello colgaron al frente de la huelga a Rubén Martínez Villena y a Joaquín Ordoqui Mesa, a fin de redibujar ante la opinión pública la huelga política revolucionaria, y transfigurarla en otra de imagen y efectos inocuos, de carácter económico y pacífico. Pero el doble juego les delató ante la ciudadanía, como una traición flagrante al movimiento revolucionario imparable y que por esos imponderables de las turbulencias sociales, ya se autodirigía.
El 7 de agosto, ante una falsa noticia de la huida de Machado, el pueblo se desbordó en las calles y fue ametrallado a mansalva, específicamente frente al Capitolio, por efectivos de represión política integrantes de “La Porra” y el Ejército, allí apostados en espera de los manifestantes. En tanto la embajada norteamericana movía sus cuadros de la Medición y militares preferidos, a fin de conjugar un coup d’état incruento contra Machado. Para agosto 12 de 1933, la “Magdalena cubana ya no estaba para tafetanes”. Decir, de las sedas bíblicas y sus arrepentimientos humanos, y el desenlace se precipitó sin frenos.
Machado, se vio y sintió arrinconado por todas las fuerzas interiores y exteriores centradas sobre Cuba. Finalmente renunció en primera instancia por la presión de la banca, finanzas, las clases vivas (alta y mediana burguesía), además de la oposición civil y militar entre otros factores. En el empujón, no pudo faltar el inevitable toque de gracia  propinado; como encargo del Presidente Franklin D. Roosevelt; por su enviado especial el Exc. Benjamín Sumner Welles, atrincherado desde antes en el lujoso Hotel Nacional. A quien Machado lo había puesto en la acera de sus enemigos.
De inmediato, una junta cívico-militar de notables, parte de ellos pertenecientes al Ancien Régime; tras ciertos enjuagues políticos y burocráticos —sugeridos o por lo menos con el visto bueno de los Estados Unidos— tomó las riendas del gobierno. Un apacible coronel mambí, el Carlos Manuel de Céspedes y Quesada fue designado Presidente de la República. Céspedes había nacido en New York (nunca conoció a su padre) y educado en los propios EE.UU. y Alemania. Fue funcionario de varios gobiernos y ejerció en el servicio diplomático por largo tiempo, pero era prácticamente un líder desconocido. Lo peor, carecía del más mínimo carisma o voluntad.
El New Deal de Roosevelt
La sociedad entera, se dio un respiro para abordar el resto de los problemas cabalgantes sobre la Isla. De este modo, brotó en la mentalidad cubana y sin advertirlo los propios actores del drama, no ya los instigadores, una ciudadanía en estado pre revolucionario. Lo cual era, exactamente, lo temido por la política del “New Deal” (Nuevo Trato), auspiciada por el estrenado Presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt. Los cubanos con su revolución, como siempre en el decir norteño, se estaban propasando más allá de las expectativas.
El gobierno defenestrado, estaba presidido entonces (aunque en lo técnico, de manera inconstitucional) por el Gral. Gerardo Machado y Morales (1925-1933); un político muy popular en sus inicios pero que, terco como un mulo; echó por la borda lo positivo de su labor durante el primer período, al dejarse conducir en el segundo por sus lisonjeadores (chicharrones y jalalevas) hacia un punto sin retroceso. Hasta unos años antes, este líder era un respetado general mambí.
Como líder político entendió que era un ser insustituible como presidente y en 1929, a finales de su primer y único mandato constitucional para el cual había sido elegido democráticamente por el pueblo, cometió un error imborrable: impulsó una prórroga de poderes en complicidad con el Congreso amañado, a los fines de continuar en el cargo de Presidente de la República. Tal acción reeleccionista era ilegal, puesto que la misma estaba prevista y prohibida específicamente en el artículo 115 de la Constitución de 1901. No es extraño que hoy veamos a los integrantes de Eje Apocalypto (ALBA), basados en artimañas y subterfugios, bregando en andanzas similares.
Para resolver sus aspiraciones, el Presidente logró que se emitiera la denominada Constitución de 1928, enmendando y remendando la de 1901, que le permitía no los dos años iniciales de prórroga solicitados al Congreso sino, extenderlos a seis. Echarlo de la silla presidencial y tomar el poder político, aunque de manera provisional para retornar el país al cause legal, requirió de una serie de acciones violentas llevadas a cabo por las fuerzas oposicionistas. Porque así, fue la decisión de sus líderes. 
¡Cuidad de los cuadros, como de la niña de vuestro ojos!, clamó Trotsky
Los líderes comunistas, siempre se mantenían al margen de figurar en la línea frontal; allí donde existiera peligro; siguiendo la máxima trotskista de: “cuidad de los cuadros, como (cuidais) de la niña de vuestros ojos“. El lema suscribe que sus líderes se reservarían durante la etapa anti machadista, para la hora 25, la cual ellos estimaban la óptima para “repartir el pastel”. Fijada esta coyuntura, en el momento que estallara la huelga general en ciernes; de cuya dirección se apoderarían y conducirían, como acto final del drama. La filosofía de los bolcheviques siempre advertía que los “cuadros” deben arribar intactos al final de las contiendas, para rehacer el menjurje a su antojo. Es decir, que los héroes los pusieran las facciones nutridas con idiotas románticos (los otros, salvo excepciones o confusiones).
Resultó que durante esta última etapa del gobierno de Machado, la victoria democrática cuajó en medio de una Cuba convulsionada por antagonismos previos entre el gobierno y cada estamento de la oposición. No se trataba de una pugna convencional entre fuerzas políticas de criterios e ideologías distintas, dentro del marco natural de las democracias. Sino entre un presidente que al concluir el período presidencial cuatrienal para el cual fue elegido, y por su voluntad expresa, violó la Constitución de 1901 al imponer su propia reelección a contrapelo del sentir popular, reluctante hacia los proto caudillos.
El descontento de la población aumentó, durante ese segundo período de Machado; dado que esta gestión ejecutiva derivó hacia un gobierno dictatorial y despótico, en medio de la crisis financiera mundial de 1929. Los cubanos se indignaron, puesto que sus quejas ante el gobierno no fueron escuchadas.
El gobierno ripostó desplegando un autoritarismo abusivo, que los ciudadanos entendieron represivo. Una consecuencia resultó en que la paz social quedó rota de manera irremediable. Los opositores tradicionales y los inducidos por la situación general, se agruparon e iniciaron actividades conspirativas; desarrollando acciones violentas, incluyendo el terrorismo urbano. En esencia, se trataba de una guerra civil sin fronteras; puesto que cada contrincantes peleaba dentro del otro. La denominada “Generación del 30” con el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) a la cabeza, marcaron los pasos más arriesgados.
Una poderosa facción política de carácter secreto, integrada por intelectuales avanzados y líderes de las clases vivas, denominada “ABC” (sus militantes eran conocidos como los abecedarios) (1), llevaba buena parte la batuta en la confrontación violenta contra el gobierno.
Los estudiantes, políticos y líderes sindicales de varios niveles, se adhirieron al (DEU), junto con otras facciones que siguieron iguales actividades anti gubernamentales. De este modo, estalló la lucha armada irregular urbana entre las fuerzas opositoras de todas tendencias y el gobierno machadista.
No podía faltar el hecho y es bueno de recordarlo, que a inicios del primer gobierno constitucional de Machado, un abigarrado grupo de comunistas, socialistas, libertarios, sindicalistas, nihilistas, anarquistas, logreros y otros desequilibrados criollos y extranjeros; tras sesionar durante los días 16 y 17 de agosto,1925; fundaron en La Habana el Partido Comunista de Cuba (PCC) (2), el cual juró fidelidad ciega a la nueva metrópolis ideológica anidada en el Kremlin. Dos de sus líderes principales fueron Julio Antonio Mella (3) y Carlos Baliño López.
“Agua, caminos y escuelas”, prometió Machado
Y así propuso y lo cumplió el Presidente electo. Porque el lema de campaña de Machado cuando aspiró a la presidencia en 1925 fue: “Agua, Caminos y Escuelas”, y el cual se implementó con éxito enorme bajo el mando del dinámico ministro de Obras Públicas, Carlos Miguel T. de Céspedes y Ortíz.
Dos de las obras más destacadas de nivel nacional construidas por el gobierno de Machado entre muchas otras, fueron la Carretera Central que unió todas y cada una de las capitales provinciales, incluyendo las ciudades de mayor importancia y el majestuoso Capitolio Nacional (4) . El país, como nunca antes, floreció en medio de las esperanzas ciudadanas.
Machado, como general mambí, había ganado corajudamente sus grados militares durante la Guerra de Independencia de Cuba, luchando contra los ejércitos coloniales de España. Sin embargo, mientras transcurría su segundo y turbulento período presidencial, Machado condujo a la república sin razón alguna, hacia el borde de un abismo.
Coincidía con la crisis económica mundial, que ya azotaba todo el planeta; acentuada desde el Jueves Negro por el Crash de la Bolsa de Wall Street el 28 de octubre de 1929. Para agosto de 1933, la situación económica y política en Cuba, estaba deteriorada al extremo.
Los opositores que le combatían, no desechaban que el gobierno de EE.UU acudiera a la denominada “Enmienda Platt“, un apéndice insertado en la Constitución Cubana de 1901; bajo el pretexto de la casi guerra civil en la isla, la cual no daba señales de cuándo acabaría, sino que se intrincaba involucrando intereses ajenos al Asunto Cubano.
Dicha enmienda, facultaba a los Estados Unidos –entre otras perrogativas– intervenir militarmente en Cuba, para aplacar los ánimos de los ciudadanos, bajo estados de caos político y peligro para los intereses norteamericanos. Los fines propuestos, una especie de romanticismo paternal, mantener la paz entre las facciones en discordia.
Ahora, corriendo 1933, ya habían transcurrido décadas desde el instante en que se proclamó la soberanía de la República de Cuba, en 1902 y al gobierno machadista se le achacaron un cierto número de torturas, atropellos y crímenes políticos, algunos horrendos, que asombraron a la población. Las mujeres, no escaparon del tentetieso.
¿Acaso fue una guerra bendita?
El drama de la emancipación cubana del dominio español, hizo crisis en las relaciones entre las dos potencias, EE.UU. y España; cuando el Congreso norteamericano emitió la “Joint Resolution” (Resolución Conjunta) de Abril 19, 1898 considerando el genocidio escandaloso en Cuba por parte de la metrópolis. Un caso específico, fue “La Reconcentración de Weyler” del campesinado ordenada por el Gobernador de la Isla, Gral. Valeriano Weyler y Nicolau. Ello hizo que Washington rompiera hostilidades con Madrid (Abril 25, 1898) y estalló la guerra.
El 16 de julio de 1898, tras sendas batallas marítimas fulminantes; el poderío marítimo de España era obsoleto (los navíos no disponían de torretas giratorias de sus cañones,  movidas eléctricamente) , fue neutralizado completamente y desmantelado de manera definitiva. La destrucción absoluta de las escuadras españolas deambulantes en la Bahía de Santiago de Cuba y Cavite (Filipinas); respectivamente; y un asalto terrestre (playa Siboney en Santiago de Cuba, Oriente) con el apoyo en tierra de fuerzas mambisas, hicieron que España se rindiera a las fuerzas mancomunadas de EE.UU y los patriotas independentistas cubanos.
Con ello, concluyó la guerra Cubano-hispano-americana y de inmediato, comenzó el retiro de las tropas españolas y la ocupación militar de la Isla de Cuba por los norteamericanos y de otras posesiones españolas de ultramar en las Antillas y el Pacífico. La ocupación de Cuba, fue por un período de tiempo estimado relativamente corto.
El triunfo de los patriotas quedó ensombrecido por dos causas. La negación del general Shafter de que las tropas mambisas entraran triunfantes en la ciudad de Santiago de Cuba, junto con las norteamericanas y la ausencia de los representantes cubanos en las deliberaciones del “Tratado de París” en Diciembre 15, 1898, concertado entre los EE.UU y España. Olvidando que los mambises independentistas eran parte cosustancial de las fuerzas vencedoras.
España y su altanería caduca, no admitía humillarse rindiéndose ante los patriotas cubanos; arguyendo que el ejército español capitularía “ante un ejército decente como el norteamericano, no una banda de indigentes“. Una completa falta de hidalguía, ante una derrota honorable librada en buena lid, durante decenas de años.
Después de 4 años de ocupación norteamericana, para restaurar y estabilizar sanitaria, institucional y económicamente la isla en ruinas; al mediodía del 20 de Mayo de 1902, fue proclamada la ansiada independencia de la República de Cuba, cesando con ello la intervención en la isla y no así en Puerto Rico, Filipinas, Guam y otras posesiones antes españolas.
Los norteamericanos, dejaron en manos criollas el estrenado gobierno republicano. De acuerdo a una disposición antiséptica incluida (obligatoriamente) por los constituyentes en la Carta Magna de 1901, se señalaba que “ningún presidente podría reelegirse por períodos sucesivos”. La violación de esta cláusula por el gobierno machadista, fue el leit motiv de la trifulca entre el pueblo tornado opositor iracundo y el gobierno.
Una premonición preciosa
Esta premonición preciosa de los políticos cubanos, indica que la no reelección presidencial les preservaba de la existencia de “caudillos providenciales” deseosos de implantar dictaduras para enriquecerse y eternizarse en el poder, tal si Cuba fuera una finca particular.
El sello de este punto de vista malévolo lo estampó, la horda guerrillera que se encaramó en el poder político de la isla en enero 1 de 1959, devenida en el actual régimen comunista totalitario implantado en Cuba por los hermanos Castro y sus seguidores (5).
Los EE.UU, habían observado con inquietud los inicios desordenados del republicanismo independentista de las ex colonias españolas, ya a nivel continental. Un estado de cosas desprendido al cortarse (provisionalmente) los nexos de estas naciones nuevas con la metrópolis española y de paso, la entronización del caudillismo como antítesis de la democracia.
Esta particularidad inquietaba a la Cancillería del Potomac, siguiendo el rastro de la historia de las repúblicas indoamericanas incluyendo, en especial, desde los inicios de la independencia; las pretensiones monárquicas primero e imperiales después, de los primeros líderes haitianos. Entre ellos Dessalines, Henry Christophe, Soulouque, etc. (proclamadores de monarquías e imperios intrascendentes) y a posteriori, quienes además invadieron en varias ocasiones entre 1823 y 1849, el resto de La Española, territorios que después conformaron la actual República Dominicana.
Resultaba que estas naciones nuevas, ya no eran países noveles inexpertos estrenando independencias, cuando entonces se igualaban en tesituras camorristas idénticas a las de otras repúblicas a lo largo del siglo XIX. En el caso de Cuba, Washington previó introducir en la Constitución de 1901 la mencionada “Enmienda Platt“, algunos de cuyos poderes y prerrogativas ya molestaban a parte de los cubanos (otros la consideraban un bálsamo protector) desde sus inicios, hasta que fue abolida al consolidarse la revolución anti machadista impulsada por la maravillosa Generación del 30 y el “presidente de los cien días, Dr. Ramón Grau San Martín”, uno de los pentarcas.
Por la actuación de Machado y la reacción violenta de los opositores, indicaba que las fuerzas políticas enfrentadas se desviaron del camino del orden y del quehacer democrático. Machado, constituyó parte del período presidencial cubano, durante la etapa última de la inevitable “república de los generales” (José Miguel Gómez, Mario García Menocal, Gerardo Machado Morales y otros), a la cual siguió desde 1933, la “de los doctores” (Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia y de los Reyes-Gavilán, Carlos Prío Socarrás, etc.).
Esta primera etapa republicana entre el 20 de mayo de 1902 y el 1 enero de 1959 (interrumpida violentamente en 1959 por los comunistas castristas dirigidos por el Comintern), es conocida con el nombre de la “República de Generales y Doctores“.
Gerardo Machado, era un pichón perfecto de español, nacido con la osadía y tozudez ibérica, clásicas. Bajo los fulgores de su primer período, distanciado del su antecesor el Presidente Dr. Alfredo Zayas Alfonso (1921-1925), el dinamismo de la novel presidencia estremeció Cuba con vastos planes de obras públicas y leyes beneficiosas para la consolidación de la economía.
Un sinfín de industrias nacionales, fueron impulsadas con los ya lejanos estertores ventoleros de la Belle Époque (1880-1914), ultimada más adelante por el suicidio masivo de la gran catástrofe que significó —fiesta oportuna para los extremistas de toda laya— la I Guerra Mundial (IGM), iniciada en 1914 y finalizada en 1918 en medio de inenarrables horrores.
De inmediato, Europa entró en un giro vorticial irretornable de profundas convulsiones sociales. Iniciada la pos guerra y dentro del maremágnum europeo, el desborde de anarquistas, nazis, fascistas y comunistas entre otras facciones; rumiaban venganzas, desquites y vagancias contra las sociedades organizadas; remanentes de la civilización occidental; entre ellas y en especial, las monárquicas y las conformadas como naciones con los restos imperiales (prusiano, austro-húngaro y otomano).
La horda de las bondades
Entre las huestes de radicales a principios del siglo XX, se destacaron los bolcheviques (comunistas) rusos, abanderados con un marxismo feroz. Estos personajes eran de una prosapia radical y extremista y demostraron desde el punto de vista partidista y como organización subversiva, ser y constituir la horda anarco-revolucionaria más disciplinada, cruel, obediente y organizada de entonces. Ello sustentado por una no tan novedosa como regimentada ideología, basada en la abolición de la propiedad privada, el apoderarse de las riquezas atesoradas por la nación en su conjunto, la burguesía y la repartición manirota entre sus secuaces y los restos de esos bienes, supuestamente entre la chusma del lumpemproletariat.
Ello convino en atracción singular para estos últimos, de lo cual en la realidad resultó en la repartición de la pobreza. Tales bondades ideales para sus líderes ansiosos de una militancia de autómatas, corrían sus acciones en la bolsa de valores del extremismo destructor; sujetas a una doctrina ideológica férrea cuyo entramado de violencia sociopática, estaba definida y esculpida en piedra, cuidadosamente.
En sus pretensiones comunistas, los líderes marxistas cubanos albergaban la idea de igual formula  rusa para alcanzar el poder político de manera violenta e implantar de inmediato el Terrorismo de Estado (Époque de la Terreur, copiado del terror jacobino). Tras lo cual vendría la degollina. Nazis y fascistas, les imitaron a su vez con el mayor de entusiasmo.
Los comunistas abogaban por tales fines, independientemente de que ello significara el atropello de todas las libertades; la opresión sobre el pueblo, degradamiento y envilecimiento de los ciudadanos así como la ruina económica, el empobrecimiento pertinaz y permanente de toda la nación, arrasando con sus valores y tradiciones.
Por supuesto que en el breviario de los comunistas, dentro del grillete no se incluiría toda la nomenclatura burocrática sustentadora del aparato de la Nueva Clase de funcionarios del partido, los militares y sus allegados. A pesar de la prometida igualdad, ellos instauraron una clase social separada, una elite sub cultural opresora y que en realidad era un “supra estamento aristocrático” aunque denostado vulgâris tan absolutista como impenetrable.
En la otra parte, el socialismo corporativo de estado, de raíz antisemita, adquirió igualmente a manos de los fascistas (fascio) de Benito Mussolini en realidad (Almicar Andrea Mussolini) y nacional-socialistas (Nazi) de Adolph Hitler, ademas de aquellos otros líderes europeos pro fascista; sendos caracteres violentos, totalitarios y genocidas.
Tal proyección en su modo de actuar se auto imprimía, tal mostraban los ejemplos de la monstruosidad terrorista del comunismo en sus campos de trabajo forzado, a manos de Lenin y sus seguidores de la CHEKA, al triunfar los comunistas en Rusia.
Sólo que en Cuba, estas corrientes ya desarrolladas mundialmente a plenitud a inicios de los años 30, se encontraron con un Presidente tozudo pero patriota; que era un hueso duro de roer y menos; apto para ser convencido para enrolarlo en alguna de las opciones filosóficas deambulantes por el planeta, todas, sustentadas por sus pandillas mafiosas respectivas.
Sin embargo, Machado, sucumbió a su propia egolatría y egotismo e impuso un segundo período en su controvertida reelección —para ello, alteró la Constitución de 1901— y además del desastre del caprichoso mandato presidencial, la figura del presidente declinó en la opinión favorable que le dispensaban y admiraban inicialmente la mayoría del pueblo y las clases vivas.
Esto se manifestó, en especial, en las inconformidades de aquellos grupos, fuerzas y élites intelectuales tan vanguardistas como el Art Nouveau; los cuales lo consideraron un dictador detestable y por lo tanto, punible con el derrocamiento de su gobierno por la fuerza.
El Crash de Wall Street
Los opositores activos, armados como pudieron, se nuclearon alrededor de los estudiantes universitarios e intelectuales, iniciando el ataque para el desmonte definitivo del gobierno. Nadie se detuvo en aplicar de manera inexorable, cuanto medio y acciones violentas, de sabotajes, atentados personales, terrorismo y de toda índole que encontraron a mano, las cuales fueron fuertemente repelidas por los machadistas y sus aparatos de represión.
Claro, Cuba yacía entrampada en la crisis mundial económica iniciada tan temprano como en 1927 y marchitada definitivamente por la caída de la Bolsa de New York, extendida (en teoría) hasta 1933, la que en realidad continuó hasta 1939. El tropezón fue detenido con un repunte vigoroso de la economía, coincidiendo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial (IIGM).
Todo el crash económico, al que fueron arrastradas el resto de las bolsas, se inició por la sobre valoración especulativa de las acciones bursátiles y el estado desastroso de las economías europeas, tras los embates de la IGM.
Otros factores colaterales fueron la abrupta caída de los precios de los productos agrícolas —el precio del azúcar cubano se cotizó a nivel de piso, a medio centavo la libra— y las restricciones de crédito, pues los bancos se quedaron sin activos y las industrias locales dejaron de producir. El gobierno machadista se estremeció cuando sintió las primeras ráfagas de la crisis y quedó en atormentada espera.
El patrón oro, no pudo solucionar la crisis y resultó inservible. Este, dejaría de funcionar hasta que un decenio después, en 1939, el británico John Keynes propició que Gran Bretaña renunciara al patrón oro, en cuya acción fue seguida por otros países industriales.
Al caer las bolsas paulatinamente desde 1927, sometidas al efecto dominó; ello significó un factor de punta negativa para cualquier gobierno. Todo devino desastre natural para el presidente Machado, con la consecuente pérdida de popularidad y simpatías ciudadanas.
Atisbos del hambre se cernieron sobre la isla, bajo un gobierno insolvente en cumplir con sus compromisos internos y externos. La falta de liquidez no permitió pagar los sueldos de los funcionarios. Los ánimos, se caldearon al máximo entre el gobierno y los ciudadanos enardecidos, y los comunistas se frotaron las manos, como siempre, listos a pescar en río revuelto.
La oposición contra el gobierno machadista, articulada por los estudiantes e intelectuales incluyendo algunos estratos obreros; hizo derroche de un heroísmo innecesario, desplegado igual por el resto de las fuerzas revolucionarias anti-machadistas; cuyo drama tan filoso, conmovió el interés hollywoodense (6).
La violencia popularizada desde inicios de 1930, condujo a un desenlace favorable para la oposición que culminó con la caída del gobierno machadista en agosto 12 de 1933. De inmediato, se inició el caos social ante la ausencia de autoridades.
Las fuerzas vivas, los estudiantes y la oposición política, concertaron acuerdos sobre la marcha para normalizar la situación caótica del país y brindar una imagen más ordenada y compuesta, a la opinión publica internacional.
Céspedes y el Gabinete de Concentración
Una Junta o Gabinete de Concentración, fue conformada de inmediato por la presión y el discreto beneplácito del gobierno norteamericano. Dicha Junta diseñó e instauró un gobierno provisional de facto, previendo el desborde del populacho. Nada pudo evitar que lo integraran personalidades que de una forma u otra estuvieran ligadas al gobierno machadista, los moderados. Pero el pueblo deseaba lo contrario, porque durante todo el tiempo que sobrevivió, resultó un aparato inoperante.
Sin embargo, sus integrantes, poseían un pedigree de indudable probidad moral y política. El aval revolucionario adquirió una validez insospechada como nunca antes. El color verde distintivo de los abecedarios, se popularizó de inmediato.
El bastón presidencial, recayó en el Dr. Carlos Manuel de Céspedes y Quesada; hijo del prócer independentista y Padre de la Patria, el abogado Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, muerto en combate durante la “Guerra de los Diez Años” (1868-1878).
Entonces Cuba tuvo un nuevo presidente, pero como un parto de los montes, no natural, emanado de la disolución del gobierno ante la huida del Presidente Machado hacia Nassau en un avión militar facilitado por los oficiales adepto al gobierno machadista, en unión de algunos de sus colaboradores más comprometidos, en la tarde de ese mismo 12 de agosto de 1933.
Pero los ciudadanos deseaban otros cambios. El nuevo presidente cometió varios errores que desdoraron su pedigri y abolengo, dado que contemporizó con la oficialidad, ratificó al Senado el cual se había plegado a los deseos de Machado; una pifia que despues corrigió; y en especial, por no haber movido un dedo en escuchar los clamores del pueblo, ansioso de reformas económicas y sociales.
 
Luego, exactamente el 3 de septiembre de 1933, un ambicioso sargento frunció el ceño frente al espejo de su lavamanos. Era la enésima vez que lo hacía para darse ánimos. Se había despertado temprano, todavía insomne. Y después de sus abluciones matinales, deambulaba por su modesto apartamento en los altos de la panadería y dulcería ubicada en la bulliciosa “Esquina de Toyo”, en Luyanó, el barrio de “Bigote de Gato”.

–¿Qué tienes, papi mío? –inquirió la esposa, Elisa, inquieta con el ir y venir de su marido.

El sargento contaba cada minuto trascurrido, puesto que una serie de acontecimientos se desencadenarían entre la noche de ese día y la madrugada del siguiente. La esposa, casi que fotografiaba cada paso y gesto de su amado. Éste se arrodilló ante el modesto altar de la Vírgen de la Caridad del Cobre y le rogó, pidió y meditó por unos instantes, solicitándole a la vírgen quién sabe cuáles milagros o diabluras.

Y lo bien que lucirá como oficial con su uniforme de gala —y se hizo la sempiterna pregunta que todas las esposas de militares de bajo rango, se inquieren y no confiesan—. ¿Cuándo podré ver a mi marido vestido de oficial, lleno de medallas y entochados; con sus botas altas de piel de cochino y sus espuelas, una fusta y un dichoso sable?. ¡Por Dios que me derrito por verlo de gala con su sable colgado y las espuelas plateadas en sus botas!”.

Quizás sea la última“, pensaba él por su parte.

Porque el sargento se encontraba dentro un mundo silogístico, donde su alma sobrecogida inmersa en dudas, inconexa a las preguntas de su esposa y también a cualquier ruido ambiental que lo rodeaba. Era la sensación de como si le hubiera entrado agua en los oídos. Pero reaccionó e hizo como si no la hubiese escuchado y se disculpó. Ella sonrió, al sentir de que no estaba hablando a un manojo de albaca.
Desde la calle, se escucharon las notas aflautadas del caramillo del afilador de tijeras, confundido con el ruido de los claxons y tranvías, los unos tomando la Calzada de Jesús del Monte y los otros, doblando en la bifurcación de la Calzada de Luyanó con rumbo a Mantilla y otros barrios periféricos.
El ABC pierde el bate y sale del juego
Ya desde el 22 de agosto de 1933, el ABC, Directorio Estudiantil Revolucionario, líderes de los sargentos y soldados de la Marina y el Ejército se rebelaron en una resistencia pacífica contra las órdenes de los oficiales administrativos y emitieron e hicieron circular en los medios, un manifiesto pidiendo la radicalización del gobierno de Céspedes y reiterando un llamando solemne a fin de convocar una Asamblea Constituyente, para estabilizar el caos legal constitucional. Pero el ABC quería otra cosa.
Al sargento, en ese día específico, se le destacaban signos inequívocos de insomnio y cansancio. Su semblante rasurado por completo, acusaba una mezcla de rasgos achinados y mestizos. Su cabellera de un lacio negro; peinada hacia atrás según la moda; pero sin la raya al medio como la de su futuro opositor Antonio (“Tony“) Guiteras Holmes, le daba a su aspecto el tono exacto que sus seguidores necesitaban.
No el de los otros oficiales de rango alto y de academias, empingorotados y fatuos, a los que él y los otros complotados esperaban ajustarles las cuentas, aunque fuera sólo de “boca pa’fuera“, para excitar o calmar a la soldadesca enterada de su papel en los acontecimientos de inevitable precipitación.
El sargento, meditaba desde hacía semanas. Reflexionando con los otros conjurados sobre lo ignoto e impredecible que se le presentaría en ese día septembrino, el más decisivo de su vida. Porque esa tarde el grupo de los militares complotados, habían citado a una reunión urgente, la cual efectuarían en la casa de un extranjero nacionalizado, amigo de alguien. Esas actividades fueron conocidas como “la revuelta de los sargentos y clases“.
Tarde en la noche anterior, el sargento había retornado de Matanzas de verse con otros conjurados de aquella zona, evadiendo los agentes y chivatos (apapipios) de la incipiente Inteligencia Militar del gobierno, apostados en la “pesa de camino”.
Su esposa le trajo café con leche, pan de flauta y mantequilla. Y ella quedó, contemplativa de “su hombre” y suspiró orgullosa. No estaba muy al tanto de los trajines conspirativos del marido, pero su sexto sentido le anunciaba buenas y peligrosas nuevas.
El reloj, ya marcaba las siete de la mañana. Afuera, el chillido inconfundible del Hispano-Suiza J12 de 12 cilindros, un cabriolet negro grande, y recordó que el cabo Urría venía por él. Ya vestido, se colgó maquinalmente los arreos militares por estrenar, a la derecha se estrenó la Cold .45 “Caballo de Flecha” nueva y a la izquierda, el par de magazines extras, todo, “de paquete”. Era un ensayo.
Un armamento que adquirió a consignación en una armería de la Habana Vieja. Porque el arma corta de reglamento, en algunos casos, era el pesado revolver Colt .45 heredado de los norteamericanos. Sin ser tirador experto, era capaz de hacer diana en un blanco fijo colocado a 25 metros de distancia.
Pero finalmente el fundamento del atuendo se redujo al uniforme convencional de sargento. Pero ya Elisa le tenía preparado el “otro completo” para vestirse de pies a cabeza, con gorra, arreos, armamento, sus entochados e insignias de oficial.

Porque de que eso viene, viene. Y no sera extraño que pronto la tenga que probar al duro y sin guantes“, reflexionó mirando el arma.

El inquilino de Refugio No. 1
Era (y es) la dirección postal del Palacio Presidencial, construido durante la etapa del Presidente Mario García Menocal (1913-1921 y residencia oficial del Presidente de la República de Cuba. Allí, quedaban pastando los viejos integrantes de la Guardia Presidencial de Palacio. La que ahora cuidaba el Presidente Interino, Carlos Manuel de Céspedes, un producto emblemático de la revuelta armada bajo el ala de Welles; pero inocuo para todas las facciones, en sus remembranzas del abolengo y al que nadie, respetuosamente, le hacía caso.
Por entonces, Céspedes inspeccionaba solazadamente los daños causados por el ciclón que azotó días antes las ciudades de Cárdenas y Sagua la Grande, al nordeste y sudeste de la isla, a unos cientos de kilómetros de la capital. Su ausencia de la capital, le venía como anillo al dedo a los conspiradores de todas las tendencias. En especial, los ávidos por radicalizar el proceso, sin quitarle el ojo a los “correveydile” de la embajada norteamericana.
A la sazón, bien temprano y muy lejos de la capital cubana, el ex presidente Machado deambulaba aburrido y roñoso sobre una arena quieta de Nassau. Era su destino desde la aparatosa fuga. Ahora caminaba por una de las playas del sector residencial, de aquellas posesiones británicas en el archipiélago de las Bermudas. Esperaba un correo secreto que nunca llegó.
Al parecer, sólo le restaba irse a vivir en Miami, “La Ciudad Mágica“. Porque estaba claro en que él y su familia nunca volverían a Cuba, y motivo por el cual desde antes había encargado un lote y lápidas sencillas en el cementerio principal de Miami, para él y su fidelísima esposa Elvira.
Ella, su compañera amable, miraba asombrada desde el cobertizo del chalet; sin ningún lujo; a la figura corpulenta e inconfundible del ex presidente, su marido de tantos años. Claro que aquello no era Palacio, pero lo importante es que hubiesen salvado la vida.
Aunque le sorprendió que un hombre tan conservador y de rectitud fiera en su vida personal, se remangara los pantalones para caminar descalzo, zapatos y medias en mano, pisando el agua de la orilla. Ella no había advertido desde cuando su “Gerardito” andaba por las afueras del bungalow, reflexionando como una tortuga vieja metida en un carapacho todavía jóven.

–¡”Coño, me cago en la que canta y no pone” –maldijo Machado entre dientes, empleando una expresión campesina, al sentirse arañado por un diminuto caracol y chasqueó la lengua y se reconfortó diciendo–. De verdad, que no hay nada como Varadero. Pero es el colmo y lo que no acabo de entender, es cómo carajos los americanos les han dejado pasar a esos comunistas, la frescura de que se sienten en mi silla presidencial.”

Sandwichs cubanos del “OK” de Zanja
En la capital cubana, en tanto, la cosa no era así de apacible. El pueblo, ahora sumado en masa a los vencedores, se dedicaba a cazar a los chivatos, “apapipios” y porristas —porque Machado en su desesperación, creó “La Porra“, un destacamento represor de búsqueda y castigo de los opositores activos, casi idéntica a la de los fascistas italianos—, algunos de los cuales fueron ajusticiados en plena calle durante los primeros días de la caída del gobierno. Casi a diario, encontraban alguno y lo cazaban como a una fiera.
Cada grupo oposicionista se consideraba con el mejor derecho a conducir los destinos patrios. Entre ellos, las clases y soldados de las Fuerzas Armadas, casi acéfalas de su oficialidad de academia, puestos a dormir a buen resguardo, para los tiempos que se avecinaban durante el período de paz.
Durante la primera etapa, se las había arreglado para denominarse simplemente el “sargento Batista”, porque todavía no era “Fulgencio Batista y Zaldívar”, sino “Rubén Zaldívar”, así de pela’o, era su nombre original. Y no dispuso de su último nombre completo hasta 1939, cuando se presentó como candidato presidencial para las elecciones generales de 1940, donde sin excusas, le exigían una partida de nacimiento.
Fue entonces cuando estaba en vísperas de comenzar su época de oro como “Promotor de la Constitución de 1940 y Presidente de la República de Cuba (1940-1944)”, una verdadera joya para su tiempo, en su memento cimero. Pero eso sucedería mucho después, traspasando por muchas vicisitudes, aprietos y aventuras riesgosas, incluyendo la eliminación de sus enemigos que proliferaban en función del ascenso de su fama y notoriedad.

—Mi jefe, el carro esta listo —dijo Urría, el cabo, y saludó militarmente a su pasajero en cuanto la esposa abrió la puerta
—Quiero que para las diez, encargues a alguien que nos lleven café con leche y 20 sandwichs, del “OK” de Zanja, y de paso lo que encarguen los demás. Contacta con el mayordomo para que dispongan el servicio. No quiero recargar a los señores dueños de esta casa —le ordenó Batista al chófer, sin que se le escapara lo de “demás oficiales”, para no levantar la paloma.

Y ahora le habían vuelto a la realidad la insistencia de los golpes de Urría en la puerta, pues le esperaba un viaje largo hasta la casona de los libaneses. Ante la insistencia del cabo, ya arribado el carro a la mansión regia, descendió del mismo tomando cuidados extremos en aquel ambiente extraño y refinado. El punto de reunión era una impresionante edificación del estilo español, sin patio interior y prestada con servidumbre y todo, al grupo de los militares conspiradores.
La casa pertenecía a una familia de joyeros del Callejón del Cristo, en la Habana Vieja, ahora en un conveniente viajes de paseo por la Florida. Una familia, increíblemente aliada en negocios con sefarditas moderados, dedicados al mercadeo de telas y productos ópticos, en los almacenes de la calle Muralla.
“Yo creo y …no es un mandato”, señaló Batista
Allí, en una edificación lujosa de dos pisos; funcionaba el punto de la conspiradera militar armada por los sargentos. En el lugar, lo esperaban entre otros, el sargento Andrés Benítez Pancorbo, designado como futuro jefe del estratégico Cuartel Maestre de “San Ambrosio“, situado al borde de la bahía de La Habana y el resto de los otros sargentos y civiles complotados. Era un grupo no muy numeroso, pero decidido a salirse con las suyas.
Batista abrió la reunión y disertó por un rato sobre aspectos generales, de manera que fuese él y no otro, quien abriera el juego. Además, se había sentado convenientemente en la cabecera de la mesa, para que sus compañeros de aventuras; sin él insinuarlo; se acostumbran a verlo en el punto central de las reuniones. Trucos muy simples, que les había recomendado el “Viejo Lulo”, un oficial del Ejército Mambí, ya retirado.

Coincido en que este es el instante preciso, Batista —le interpeló uno de los sargentos, José Eleuterio Pedraza Cabrera, su principal cuadro de fuerza, uno de los “músculos” de los complotados y del gobierno futuro—. Contamos con el Directorio, los intelectuales, Carbó, Guiteras, el ABC y un montón de civiles y por supuesto, nuestras clases y alistados—, apuntó finalmente desde la gran mesa oval. Los complotados, deliberaron largo rato, a los que se incorporaron varios civiles.
Caballeros, dicen ustedes que el ABC? No todos los mencionados son aliados seguros —alertó Estevaz Maimir en tono jocoso—, ya es tarde y nos vamos a perder las croquetas de jamón, pasteles de guayaba y bocaditos que nos trajeron cortesía de la casa.
Sí, hay que estar temprano en Columbia —coincidió otro de los asistentes—, porque los amarres debemos hacerlos antes del meeting.
Yo creo, y no quiero que mi opinión se interprete como un mandato, porque aquí soy el último de los últimos. Es que ya cada uno de ustedes, sabe a cual unidad debe dirigirse, para asumir el mando. Recuerden siempre ir por lo menos con una escuadra de soldados portando armas largas, cortas y parque para dos horas. Y nada de policías—, señaló Batista. En tanto, Benítez y Pedraza miraron recelosos hacia el cielo encapotado.

Batista, todavía no había contactado con la que seria su “Madrina Mayor”, una culta cubana estudiosa de las religiones del sincretismo africano, la cual poseía una residencia enorme (Finca “San José”), cercada sólida con dos metros de altura, en una propiedad lindante con la “Calzada Real” (actual, Ave. 51) y la calle Primelles, en el barrio obrero de Pogolotti, Marianao.

Todo les irá bien—, les había profetizado también Silvio, un babalaow (también sargento político de un concejal de ese mismo barrio, pero colindante con la “finquita, donde la iglesia de los ñañigos”, tal se le conocía —por donde Carlos J. Finlay hizo sus experimentos, sobre el mosquito y la fiebre amarilla—, mientras sostenía una cabeza sangrante de un gallo bolo entre los dientes y se azotaba la espalda desnuda con un mazo de “escoba amarga”.

“¿A qué esperar para comenzar la Revolución?”, escribió Carbó
En una tarde anterior igual, pero lluviosa y de presagios raros, Sergio Carbó Morera, el popular líder oposicionista y también entonces; el periodista de mayor empuje en la política del Asunto Cubano; había publicado un sugestivo artículo en su periódico de “La Semana”: “¿A qué esperar para comenzar la revolución?”
Evidenció ser una incitación abierta a la subversión contra el gobierno de Céspedes. Claro que el periodista por entonces y al parecer, tenía enchumbado el cerebro quizás con una tisana de té mongol “real”, del recolectado para el emperador de Manchuria y café caracolillo de la Sierra Maestra. Pero sus lectores, ya acostumbrados a estas genialidades, no le prestaron mayor atención. No por eso Carbó se desdoró ni un ápice ante sus simpatizantes, que abarcaban casi toda la ciudadanía.
Sin embargo, un hábil taqui-mecanógrafo de las cortes militares del Estado Mayor del Ejército; otrora un campesino sin mayor instrucción y que había trepado de la nada como retranquero de trenes hasta alcanzar su honorable empleo actual; tras devorar el artículo una y otra vez hasta memorizarlo, quedó meditando si tal sería la llave de su triunfo personal. El mismo militar que ahora despachaba a pleno goze como guía en la casa de los libaneses.
Después de su visita a Moscú, Carbó, invitado por el Kremlin dado que en los pasillos se le tenía como un “comunista sin carné” y por instantes ya olvidados, Carbó dio a sus amigos más cercanos —para encanto de los comunistas—, la impresión de estar al punto del embobecimiento con las monsergas y postales deliciosas preparadas para los turistas progress, por los comisarios y agentes de Dzerzhinsky.
Fue quizás cuando en una especie de agradecimiento, escribió un libro extraño, ditirámbico, elogiando a la Rusia Soviética, pero del cual ni él ni nadie más, se atrevió nunca más a hablar ni mencionar, salvo como aquella desolada pecatta minuta literaria.
Sin olvidar a las deliciosas komsomolas de la Juventud Comunista, con pechos exuberantes por entre las blusas abiertas y piernas esbeltas; las hacían como que sembraban tulipanes en los canteros de la Plaza Roja, al paso de las caravanas de visitantes, una gama de idiotas con levitas proveniente de los cinco continentes.
Aquello era para chuparse los dedos. Al igual que hace hoy Castro con todas y cada una de su team de carcamalas admiradoras; que ocasionalmente le rondan el patio, para soltar babas mientras le tocan la barba.
Las muchachas provenían de los lupanares moscovitas reservados a “los camaradas de confianza, que en la Granja de Animales, son un poquito más iguales que los otros iguales”. Por lo general funcionarios y oficiales de alto rango, y algún que otro visitante, candidato a fotografiarlo o filmarlo para comprometerlo en su futuro.
Pero como sucede a todos los constipados de las almas noveles, fascinadas con la narración de “Los 10 días que conmovieron al mundo“, de John S. Reed; el deslumbramiento aparente de Carbó, se le diluyó como el azúcar en un vaso de limonada, por aburrido y por lo macabro que descubrió después. Algo, algo que nunca (raro en un periodista) se atrevió a decir en público.
Las grullas y los flamencos graznan de noche, mientras fornican en el “Oriental Park”
Antes de las 19:00 hr, después de pertrecharse de gasolina, la pequeña caravana de autos negros y lujosos, pasó frente a los centinelas sonrientes de la posta No. 1; que les franquearon el paso a una sena de Batista hacia el interior del Campamento Militar de Columbia, al oeste de la capital.
Dentro, una reunión de las fuerzas políticas contrarias al gobierno provisional de Céspedes –¿igual como le sucedió al de Kerensky?–, tomaba forma de conspiración abierta para el coup d’etat o asonada cívico-militar, con el consecuente asalto simbólico y pacífico al poder presidencial en manos de Céspedes, el presidente manso, ya en funciones desde el mismo 12 de agosto anterior, justo a la huida de Machado.
Los autos soltaron la carga barroca en el Club de Alistados. El salón de reuniones era una confusión paralela a la que existió en la Torre de Babel en sus buenos tiempos. Los sargentos, estudiantes universitarios, civiles y soldados concertados para el meeting, confuso en extremo para los reporteros, no veían la ocasión en que alguien llamara al orden y cada cual se revolvía dentro de su asamblea particular.
El grupo de sargentos conjurados, quienes ya desde antes se habían hecho o mandado a hacer con los sastres militares (para el gran momento a la vuelta de la esquina), todo lo que componía el atuendo y armas exclusivas de los oficiales, estaban conformes en utilizar ahora el uniforme de faena. El drama en gestación estaba por un cambio radical en su condición de aforados simples, claro, con rumbo hacia las filas de la oficialidad.
Pero, a última hora, decidieron vestirse con el uniforme de reglamento para evitar especulaciones y resquemor en los asistentes, y cuyos aplausos más estusiastas estaban seguros provendrían de sus iguales, los soldados rasos.
Estos líderes militares, en plena conspiración, integraban el pequeño núcleo de la denominada “Unión Militar de Columbia” (UMC), cuyo objetivo inicial era derrocar al gobierno machadista e instaurar un gobierno cívico-militar, de facto. Todo estaba planeado para que en su andar hacia la cima, contaran con los oposicionistas civiles, confusamente colgados de la cola militar.
Pero ese escollo, ya estaba salvado de manera intrínseca desde el 12 de agosto; por la junta de notables apoyada por la embajada norteamericana y que de repente les pasó por encima como un “volador de a peso”, elevando a Céspedes como un Presidente azorado que ni sabía qué estaba sucediendo a su alrededor.
Al igual que la mayoría de los asistentes, los sargentos estaban seguros de poder alzarse esa madrugada, sino militarmente, con una sustancial parte alícuota del triunfo. Pero fue destacable que de los militares conjurados, el que mejor salió en la charada por un golpe de suerte y su indudable osadía, fue Batista.
Más al sur, no lejos y al anochecer, detrás de las caballerizas del hipódromo “Oriental Park “; en Marianao al suroeste de La Habana, dos de los más altos líderes del Partido Comunista especulaban en un establo, entre graznidos y suspiros sensuales de las zancudas como música de fondo. Discutían sobre la manera de colarse en la reunión.
De paso purgarían al dirigente del Partido Comunista, Rubén Martínez Villena (7), por fracasar éste en abortar –según un acuerdo anterior secreto entre los comunistas y Machado– la huelga general oposicionista que se les escurrió entre los dedos a los comunistas, convocada a inicios del agosto pasado y la cual dio el golpe final al gobierno machadista y el derrumbe de su régimen.

—Ojalá que el lato (el mulato Batista), no nos falle —soltó el más viejo. En un comentario fuera de lugar en el tema que abordaban.
—¿Nos? ¿Y en qué “no nos iba a fallar”? —inquirió el más joven, sorprendido, porque a pesar de estar al tanto de lo que hacia su mano derecha, por el cargo que ostentaba en el Buró Político Provincial; ignoraba las andanzas en que andaba la mano izquierda del Buró Político Nacional quien era el tal “lato”. Pero el más viejo no respondió de inicio, pero después argulló ,
—No me hagas caso. Además, es una información compartimentada, de las que el Buró Político denomina “sensible” y a la que ni siquiera yo, tengo acceso. Eso sucede en los tiempos difíciles.

La Caridad del Cobre, ¿madrina del 4 de septiembre de 1933?
Al menos, Batista, así lo creyó. Porque en la madrugada del 4 de septiembre de 1933, ya un ciclón le había allanado el camino al Palacio Presidencial, al sacar al Presidente Carlos Manuel de Céspedes y enredarlo en la inspección de los daños en Cárdenas y Sagua la Grande, lejos de La Habana. Esa noche, la sargentada inducida por los sargentos integrantes del ahora denominado “Grupo de los Ocho”, de soldados y marinos, el DEU (universitarios), ABC y el resto de las facciones (excepto los comunistas) integrantes todos de la recién formada Agrupación Revolucionaria de Cuba (ARC), hicieron pública una Proclama al Pueblo de Cuba, donde desconocían a Céspedes y su gobierno de facto, e indicando que todo el poder político estaba en manos de la ARC. Céspedes y su gobierno quedaron disueltos, volatizados y los oficiales de las fuerzas armadas quedaban sin mando y en una especie de “plan pijama”. De inmediato, se conformó el Gobierno Provisional Colegiado (conocido en la Historia de Cuba como “La Pentarquía”)
La primera firma estampada en el documento de la Proclama, fue la del apasionado líder universitario del DEU,  Carlos Prío Socarrás, futuro presidente democrático de Cuba (1948-1952); quien a su vez fue derrocado por una cuartelazo, inexplicablente a posteriori el 13 de marzo de 1952, a unos meses de las elecciones presidenciales de ese año, por un Batista ya senador y con una vejez asegurada, junto con sus ávidos seguidores.
Según un análisis somero, resultó evidente este paso temerario de Batista, propició el inicio de toda la aventura castrista y el consecuente desastre de la nación cubana; con la destrucción absoluta de todo su pasado y futuro. Cuba, dejaría de tener Historia salvo la rescatada por los patriotas del Exilio.
A la firma de Carlos Prío Socarrás le siguieron otras 18. La última de aquellas firmas estampadas en la Proclama inflamatoria de los revolucionarios; como una paradoja del destino; resultó ser nada menos que la del propio Fulgencio Batista, el cual se rubricó entonces como “…sargento jefe de todas las Fuerzas Armadas de la República (de Cuba)”.
La agenda pública de los líderes cívico-militares proponía, entre otras demandas, aumentos de sueldo y mejoras en la vida de las clases y soldados entre otros no declarados. La privada, mantener el orden, vigilar a los oficiales y auscultar a la Embajada de los Estados Unidos, con respecto a ciertas leyes que estiman serían secundadas por el pueblo llano.
Sin embargo, el guión real oculto incluía el aprovechar la situación de confusión; la carencia de un líder civil destacado y en consecuencia, provocar la asonada cívico-militar y tomar el poder político y militar de Cuba, arrollando al gobierno opaco de Céspedes. Después, verían como se las arreglarían con el gobierno norteamericano.
Los altos mandos de Ejército y los viejos líderes políticos del Ancien Régime, andaban en un limbo, atentos a los caprichos y embelesos del Enviado Especial Exc. Benjamín Sumner Welles. Éste funcionario —quien formó parte de la estrategia global del Presidente Franklin D. Roosevelt—, debía bloquear cualquier intento de radicalizar al gobierno de Céspedes, mientras olisqueaba a los radicales.
La estrategia de los halcones
La estrategia de los halcones de Washington iba más allá del guiso fraguado en Columbia. Necesitaban a Cuba como puerto seguro, sus bases (carboneras), el niquel, cobalto y el especialísimo y estratégico “hierro de las minas de Mayarí”, entre otras bondades cubanas; al lado de las democracias y en favor de la guerra que ya se perfilaba contra Alemania e Italia y algunos gobiernos (Argentina, Brasil y Chile) que trataban de congraciarse con los nazi-fascistas. Pero la otra parte de los cubanos, ya habían urdido y puesto en marcha sus planes propios. Sólo que eran como todo los sueño, virtuales.

–Queremos –clamó de pronto en medio de la reunión, uno de los militares complotados, el sargento Pablo Rodríguez, aprovechando un inesperado impasse que abrió un pequeño hueco de silencio– que el sargento Batista hable sobre lo nuestro, nuestras demandas de mejoras en el trato.

El que escenificó la pala (llamado pre elaborado de la propuesta) era otro de los complotado, Pablo Rodríguez; el más culto de entre ellos; pero sin carisma ni habilidad para enfrentar a los reunidos. El que habló, era quien ahora apuntaba la veleta de la atención del auditorio hacia el extraño rostro oscuro y achinado de Batista, el más inteligente y decidido de todos los militares conspiradores, apostado en la mesa ejecutiva.
Éste, se ajustó la guerrera, levantó el mentón, aspiró profundo. Entonces asumió una expresión tan dura como la vista en una foto del periódico pro machadista “Heraldo de Cuba“. Se trataba nada menos que la del Duce, el líder italiano.
Advirtió, por vez primera, los deleites y sensaciones que experimentó al oír su dulce nombre resonando ante un público, que le observaba entre atónito y receloso.
Como líder, se convenció de que “ese” y no otro era instante esperado y que se la estaba jugando el todo por el todo. Porque ese y no otro, era la ocasión de su clímax. Con voz un tanto gutural e ignorando las eses, pero de verbo fácil; habló a los soldados en el idioma cuartelario y de caballerizas, que ellos entendían y los civiles no. Finalizó la arenga entre aplausos y vítores.

—Es verdad lo que dice el amigo Carbó —gritó finalmente un Batista, enardecido—, no hay que esperar más para iniciar la revolución.

Dijo lo último en un tono casi diluido entre el estruendo que ya había estallado en el salón. Entonces, pareció que el resto de todas las furias se habían desatado. Los comunistas, colados no invitados, se escurrieron previsoramente tal hacen los animalejos nocturnos. Ellos andaban en otras patrañas, temerosos de que se descubrieran sus cambalaches con Machado.
Un telefonema al cuervo insomne
En consonancia con esa madrugada del 4 de septiembre de 1933 y las horas cruciales que le siguieron, en otra parte de la ciudad, en el elegante barrio del Vedado; un telefonema despertó a un apacible ex-funcionario del gobierno machadista. Este cuervo, mensajero insomne, no demoró en vestirse de drill 100 crudo impecable, zapatos marrones de dos tonos, corbatín carmelita y sombrero “de pajita”; se sentó en el asiento trasero de su Packard Phaeton rojo y a pesar de lo avanzado de la hora, le ordenó al chófer:

—Lalo, al Hotel Nacional, ¡rápido!. Que quiero ver a Welles. Porque ya se armó la gorda.

Por entonces, el Hotel Nacional era el lugar de la residencia oficial de Benjamín Sumner Welles, quien a la sazón era de hecho una especie de pro cónsul norteamericano, cuyo poder estaba por encima del propio embajador. Éste funcionario, era el mismo Enviado Especial del State Department, al cual el cubano ensoberbecido con sus primicias andaba en ascuas y culillos, por contarle el último chisme del Asunto Cubano. Porque esas noticias es un desperdicio decirlas por teléfono, sino que se dan personalmente, para que el recipiente no se olvide de su cara.
Esa noche, allá en Nassau y antes de irse a dormir, Gerardo Machado le confió a su esposa una cuita: le confesó acerca de la altura real del Capitolio Nacional con respecto a la de Washington D.C.

—”Por eso es que no importa que los yankees no me hayan apoyado esta vez, porque yo, ya se las había cobrado por adelantado desde mucho antes. Y ahora, gústele o no, los cubanos podemos gritar que Cuba está por encima de los Estados Unidos” —le dijo al concluir en tono socarrón, como un niño que comenta sus maldades de la escuela. Pero en el fondo, Machado estaba repleto de orgullo por la zancadilla que un cubano le puso “a los del Norte”.

En cuanto Batista abandonó Columbia, instó a Urría a que lo llevara hasta la planta telefónica situada cerca de la Parroquia de Marianao. No quería seguir a la celebración instada por sus compañeros, tras disolverse la reunión y disponer de lo inimaginable para un ex-retranquero de trenes.
Además él, ni fumaba ni bebía. Era un abstenio absoluto. Y porque lo que ahora quería, era utilizar un teléfono seguro; que no estuviera interceptado por los abecedarios que andaban metidos en todas partes. Ningún lugar mejor que donde el jefe de la central telefónica, su amigo Rafael, el violinista.

—Mi amor, estamos en alzas, ganamos. Los de La Pentarquía, me hicieron jefe de todos los ejércitos de Cuba —le enfatizó a su esposa, en el tono de voz que más moderado le salió—. Así que ahora, sí prepárame los arreos y el uniforme de oficial completo, desde la gorra hasta las botas. Y quiero que todo este lustroso y brillante —exclamó entusiasmado. Claro que todavía no eran los tiempos para exhibir los oropeles ni entonar fanfarrias militares.

Fue entonces cuando al enterarse los oficiales de carrera que obedecerían a un simple sargento taquígrafo, todos y cada uno de ellos se envolvieron en furias y les comenzó el ataque de histeria rabiosa y convulsiva (y no era para menos). La cual un mes después les condujo al alzamiento militar cruento tras acantonarse en el Hotel Nacional; acción que los oficiales efectuaron el 2 de octubre de 1933.
Al rechazar las condiciones que Batista les ofreció para que se rindieran, estalló el combate; donde los rebelados también fueron cañoneados desde tierra y mar, por tropas del batallón de montañas y los marinos de dos fragatas (“Patria” y “Cuba”) apostadas en el litoral.
El combate duró unas horas, hasta que a los oficiales se les acabó el parque. Al final, los muertos de las fuerzas atacantes sumaron más de un ciento. La de los oficiales sólo un par. Batista no habían entendido que los oficiales era tiradores expertos y certeros con los rifles Springfield 30.06, algunos con mirillas telescópicas y que disparaban con ventaja por estar en las alturas del Hotel Nacional.
Para los oficiales, era como cazar conejos. Y lo peor para los atacantes, porque entre los oficiales se encontraba completo el Team de Tiro Olímpico del Ejército de Cuba. Cuando la soldadesca se enteró de la descomunal diferencia de las bajas, Batista no encontró la forma de aplacar a los soldados, ni que parte de los oficiales fueran masacrados tras rendirse.
La saga, continua.
© Lionel Lejardi. Septiembre 3, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1) El partido ABC se fundó en 1931 (como una organización secreta clandestina, de tipo celular, que adoptó métodos del terrorismo urbano para luchar contra el gobierno de Machado. Los jefes del mismo: Carlos Saladrigas Zayas, Jorge Mañach Robato, Joaquín Martínez Sáenz, Emeterio Santovenia Echaide y Francisco Ichazo Macías. Más tarde, se transformó en partido político.
(2) Participaron en el acto Julio Antonio Mella un conspicuo y respetado líder universitario quien después fue asesinado (1929) en Ciudad México D.F. por órdenes del Comintern; también participó Carlos Baliño López cofundador en unión de José Martí del Partido Revolucionario Cubano PRC), José Peña Vilaboa, pintor menor y líder obrero, además de José Miguel Pérez Pérez, Alejandro Barreiro, Miguel Valdés. También incorporaron al cónclave secreto a un polaco, Fabio Grobart (née, Abraham Grobart y con el aka de “Simjovitch”); un oscuro personaje adicto al Kremlin y el cual provenía de la Agrupación Hebrea Comunista de La Habana, y otros seguidores de la corriente stalinista. Este grupo subversivo, fundó el Partido Comunista de Cuba (PCC), subordinado según sus propios estatutos al control de la III Internacional Comunista (Comintern), mangoneada desde entonces por el Politburó del Kremlin.
(3) Mella fue inscrito con el nombre de “Nicanor Mc Partland y Diez”, puesto que era un hijo bastardo de Nicanor Mella Brea (satre dominicano) y Cecilia Magdalena McPartland Diez (inglesa nacida en Hampshire). Luego lo de “Julio Antonio Mella” es un “aka“, tal sucedió con Blas Roca Calderío, Lázaro Peña Gonzáles, Ernesto Guevara de la Serna, etc.; nombres por los que conocemos y que no son sus nombres reales. El escamoteo patronímico, es una práctica común entre los comunistas.
(4) El presidente Machado, en un gesto que algunos de sus biógrafos e historiadores interpretaron como sardónico sino claramente burlón; sugirió con delicadeza extrema a los arquitectos que “le seria muy placentero a la presidencia, si el Capitolio Nacional acusara dos o tres pies de altura por encima del de Washington D.C.”. De alguna forma no percibida por los contemporáneos, ni tampoco por los inquilinos de la Casa Blanca, la sugerencia así fue ejecutada.
(5) En el caso de la Cuba actual (antinomia excelente, parangonada con los líderes del Eje Apocalypto (ALBA) que optaron por no ser nunca presidentes transparentes) la Constitución de 1940 fue violada y hecha pedazos por sus antípodas, el Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores. Éstos, desde 1959 hicieron trampas consuetudinarias a los fines de perpetuarse dinásticamente en el poder. Otros países hispanos de ideologías iguales, izquierdistas y totalitarias, continúan en sendas luminosas hacia la destrucción de sus propias naciones.
(6) Un ejemplo puede ser visto en el ver el film “We Were Strangers“, 1949 (en español, “Rompiendo las cadenas”), 1949 de John Garfield, cuyas copias (salvo una, cuentan los analistas de cine) fueron incineradas por los castristas, inmediato que se encaramaron en el poder. Trataba sobre un hecho real sucedido cuando el machadato: el intento de asesinar al Presidente Machado, cuando éste asistiera al entierro de Clemente L. Vásquez- Bello, Presidente del Senado, quien previamente había sido escopeteado y muerto por los opositores. Los Castro, temían el ejemplo de un pueblo cubano iracundo, contra un gobierno que los ciudadanos de entonces (como los de ahora) estimaron despótico y tiránico.
(7) El Dr. Rubén Martínez Villena, era abogado y en 1923 formó parte de “La protesta de los 13” contra el Presidente Alfredo Zayas. De ideas radicales, contactó con el grupo comunista de Julio Antonio Mella. Fue el defensor de este último en el juicio donde se le acusaba de terrorismo por colocar una bomba en el teatro “Pairet”. Su purga, se justificó aduciendo que estaba enfermo de tisis (murió en 1934), lo cierto era que el puesto de Secretario General del PCC era para Blas Roca Calderío, de tendencia stalinista.

(Serás bienvenido a mis blogs alternos:
http://www.elasuntocubano.net/
https://liolejardi.wordpress.com/
http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/post/
http://www.facebook.com/lionel.lejardi/
http://www.twitter.com/bieladom/
10181

“Noli me tangere, homo” -exclamó Martha (I/IV).


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Preludios
La madrugada de Año Nuevo 1959 recién avanzaba sobre una ciudad que no quería despertar. Es que los cubanos reñían entre sí, en una bronca comenzada siete años antes (10 de marzo, 1952), donde se discutían asuntos de familia y donde cada cual se creía poseedor de la verdad. Era razón por la que La Habana, demoraría en deslumbrar con su blancura inmaculada. Claro, no parecida en luminosidad a la Casablanca del Magreb. Todavía los primeros resplandores no alcanzaban diafanizar sobre las caravanas de Cadillac lujosos, unos impresionantes sedanes y limusinas de negro resplandeciente, pero ninguno tipo cabriolet. Tal fue moda chic el 12 de agosto de 1933, bajo una estampida similar a la caída del gobierno del Gral. Gerardo Machado y Morales (1925-1933), un veterano independentista que intentó reelegirse como presidente,violando la Constitución de 1901; y resultó repudiado por el pueblo, ya atosigado por la Gran Depresión de Mundial (martes negro de octubre 29, 1929).
Por razones no claras, las águilas del Potomac; en una jugada sin precedentes; le habían retirado al gobierno cubano todo el apoyo económico, militar y diplomático; con el cual contó hasta la fecha. El gobierno, desesperado, envió sus emisarios a Europa, (Bélgica, Francia e Inglaterra) en busca de armas y pertrechos para defender a Cuba de la inminente catástrofe a manos de los comunistas.
Las máquinas rodaban colmadas de funcionarios, sus familiares y en algunos casos, con sirvientes o “comecandelas” (bodygards). Los carros se desplazaban desde diferentes lugares de la ciudad y sus entornos, hacia un punto común: el aeropuerto aledaño al campamento militar de Columbia, donde también operaban aerolíneas civiles como “Aerovías Q” y “Aeropostal Venezolana”. El sitio era un dispositivo de uso doble, civil y militar, acondicionado como tal en el influyente municipio de Marianao; al noroeste de la capital, y en cuyos predios de los alrededores se asentaban las zonas residenciales de la mediana y alta burguesía, las cuales serian barridas y arruinadas por el vendaval castrista. Todo el entramado democrático armado con dificultad extrema durante los 50 años anteriores, se vino abajo.
Era gente fugitiva impregnada de temores, desorientada; sorprendida porque el gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar –uno de los “héroes epónimos” de la Revolución Anti-machadista de 1933 1–; al cual casi todos ellos habían apostado, apoyado y estimado inconmovible; aun sometido a los embates de una oposición apasionada y democrática, aunque enfebrecida y confundida por sus argumentos impropios; se derrumbó de manera sorpresiva en esa madrugada fatal de Año Nuevo del 1959. Ello culminó en la huida del Presidente, su familia y colaboradores más cercanos. El desconcierto de estas personas poderosas, que después contagió a la ciudadanía aún soñolienta, fue total.
Igual de aterrados, los fugitivos temían las ya anunciadas represalias de los revolucionarios; cuyos efectivos guerrilleros correteaban siniestros por los montes, pueblos y ciudades, apoyados por milicianos urbanos armados con aquello arrebatado a los aforados gubernamentales o con lo que pudiera servirles de arma. Estos últimos, terroristas urbanos, se la habían estado “jugaban al canelo” día a día, perseguidos por la policía, paramilitares y los órganos de seguridad interior.
En realidad, con el enemigo en fugas, no eran necesarias esas armas salvo para contener a los saqueadores. Sin embargo, los guerrilleros castristas auto apuntalados como los vencedores –bien asesorados por los estrategas del Comintern, tal confesaron éstos después se alertaban contra el reclamo justo de sus competidores apoyados por otras facciones revolucionarias también beligerantes y armados (genuinos demócratas); para que éstos no les demandaran una parte alícuota justa en el gobierno que los castristas estimaban “su” botín exclusivo.
Casi todos los fugitivos eran políticos miembros prominentes o negociantes vinculados al gobierno batistiano. Otros, consideraban que las represalias podían a alcanzar a cualesquiera de las fuerzas cívicas y sociales, aunque no beligerantes, que a los vencedores les olieran o les convinieran tildarlos como colaboradores gubernamentales.
Eventos tales que sucedieron en realidad, con exterminios masivos inmediatos, desatados por los guerrilleros contra los implicados con el gobierno. Copiaban excesos similares a los ejecutados por los bolcheviques contra la pequeña y alta burguesía rusa, incluyendo campesinos y terratenientes, llevados a cabo a posteriori del asalto al Palacio de Invierno de Petrogrado en octubre de 1917. Exacto cuando en febrero de ese mismo año el Gobierno Provisional Republicano de Aleksandr F. Kérenski, cuyos partidarios demócratas lograron que el Zar Nicolás II abdicara y disolviera el ancestral gobierno de los Romanoff 2.
Los viejos comunistas cubanos, quienes hasta la fecha se mostraban ante el pueblo como dechados de demócratas y humanistas; no dejaron ser más que combatientes simbólicos que nunca pelearon; y que tras la victoria de los alzados desplegaron igual furia implacable contra sus adversarios, sirviéndole a los castristas como música de fondo y pretexto para eliminarlos si ello les fuera útil, ante cualquier reacción de Washington.
Todos los prófugos de esa madrugada, se ufanaban en obtener para sí un puesto salvador en los aviones, militares y civiles, que rugían en las pistas y a las salidas de los hangares. No hubo santos, patronas o demonios a los cuales, estos ciudadanos en desgracia no recurrieran in articulo mortis. Dado que eran personas consideradas culpables a priori ante la opinión ciudadana, de haberles impuesto al pueblo un gobierno autoritario (“dictablanda”, en el decir de algunos cronistas desapasionados), que a los ciudadanos les pareció sofocante. Curiosamente, tutelados por un gobierno de facto, donde los opositores pacíficos hacían lo que les daban sus reales ganas democráticas, comparada con el totalitarismo absolutista cernido después sobre Cuba, bajo la férula impuesta por el Dr. Fidel Castro Rúz, su clan familiar de aprovechados y seguidores ávidos de hurtar y apoderarse (como hicieron) de las riquezas de los burgueses y arcas de la nación cubana entera, antes de poner la soberanía de la isla en manos de Moscú.
No tardó que este nuevo “líder providencial” –quien de inmediato regodeó su ego frustrante al disfrazarse como el “Cristo aparecido en Emaús”, sólo que esta vez el teatro fue montado en Cuba– se declarara: “Dictador vitalicio de la República de Cuba, gracias a la revolución humanista y verde como las palmas” y el ulular de su grey de idólatras ávidos. Esta práctica populista, resultó cartabón para el destape subversivo de las izquierdas mal encasilladas como “democráticas, progresistas o radicales (Arévalo, Betancourt, Haya de la Torre, Estensoro, Perón, Cárdenas y otros) comenzando por las entronizadas de manera encubierta en Indoamérica, inmediato que sobrevino la etapa de la pos II Guerra Mundial (IIGM).
Lo sorprendente del gobierno del presidente Batista, es que se mantuvo funcionado con el mismo guión de criticas y desórdenes públicos de los oposicionistas, protestas ciudadanas, actividades contestatarias legales e incluyendo su inevitable batallar contra el terrorismos de los castristas y comunistas; adjudicables a cualquiera de las facciones oponentes latinoamericanas, inmersas en el batallar democrático convencional. Esta forma de gobernar y sus vicisitudes, resultaban imposibles para los radicales subversivos.
Una etapa que perduró durante los siete años anteriores a la instauración de la dictadura castrista en lugar del ahora gobierno evadido. No se trataba de “la comezón del séptimo año”, siempre pendulando sobre los destinos de la Isla; porque una parte sustancial del pueblo fue inclinada por demagogos profesionales, a sentirse divorciada de su gobierno.
Sectores irresponsables de la oposición, donde se incluían partidos políticos, líderes y en especial, medios de comunicación importantes; montaron una presión descomunal personalizada e intolerable; sobre el gobierno de Batista y sus instituciones, hasta entonces invulneradas desde la época de los gobiernos auténticos. Luego, el temor fundamentado de los fugitivos, se basaba en que la componente activa (violenta) de los comandos subversivos; ejecutores experimentados de actos terroristas indiscriminados durante los dos años del conflicto de la guerra civil; pasarían de inmediato a fungir en calidad de cazadores de aquelarres imaginarios, al servicio de los revoltosos.
Estas unidades obraron casi igual a los Einsatzgruppen (Grupos de Acción de la SS) como unidades especiales de castigo, paramilitares, armadas por los hitlerianos inmediato que tomaron el poder el Alemania, a inicios de los años 30. Así se conjugaron elementos de los “Grupos de Acción y Sabotaje” clandestinos del Movimiento 26 de Julio (M26J), junto con los arribistas de la vieja guardia comunistas, del Partido Socialista Popular (PSP) y los destacamentos guerrilleros punitivos. Ciegamente, lo más sano del resto de las fuerzas oposicionistas se dejaban sopapear por los demagogos comunistas, quienes después condujeron a marcha forzada la república hasta el desastre actual.
La irrupción de estos nuevos aventureros y líderes desconocidos, no pasó desapercibida para ciertos bien informados políticos y analistas, como el periodista Salvador Díaz-Versón (Castro le destruyó todos los archivos con las fichas y dossiers de los comunistas latinoamericanos), Rafael Díaz-Balart y otros fervientes demócratas, quienes aunque apoyaban al gobierno de facto estaban convencidos de la decisiva ascendencia de la inteligencia del Comintern sobre los comandantes guerrilleros, excepto los del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) y otros combatientes de la zona de la Sierra del Escambray, en centro-sur de la isla.
Uno de los líderes derechistas afectos al gobierno, activo anti comunista y quizás el más osado, de empuje y arresto personal; era el periodista defensor de la política gubernamental; específicamente la anti subversiva; Dr. Rolando Masferrer Rojas, senador de la república y director de los periódicos “El Tiempo” (La Habana) y “Libertad” (Oriente).
Es de destacar la singularidad de que este líder había integrado a finales de los años 30, la denominada “Brigada Internacionalista Abrahan Lincoln” (otro sacrilegio histórico del Comintern) la cual invadió España bajo órdenes y apoyo logístico de la URSS, bajo el pretexto de defender al gobierno republicano de Manuel Azaña Díaz de la II República Española (1936-1939) ante la insurrección de las tropas falangistas comandadas por el Gral. Francisco Franco Bahamonde. Este caudillo (tal se autodenominaba), a su vez estaba apoyado por la coalición del “Eje de Acero”. Los rusos, pretendían bolcheviquizar España en un copycat burdo del disparate comunista en versión ibérica, tal como harían después en Cuba el Dr. Fidel Castro y sus seguidores.
Luego, Masferrer era un decepcionado y además disidente pro activo del izquierdismo infantil, romántico y naturalista; pululante entre los jóvenes idealistas de los años 30, por lo cual, este político ya maduro estaba perfectamente al tanto de la prosapia subversiva y anti democrática de los principales cabecillas anidados en la Sierra Maestra. Todos los cuales, dormitaban apacibles en brazos de la Internacional Comunista, a cuya rama latinoamericana, se le adjudicaba sede en Ciudad México DF.
Es precisamente allí, en México, el país donde los Castro y la retahíla de sus adeptos armaron; contando con el apoyo de ingenuos exiliados demócratas (en especial el depuesto presidente Dr. Carlos Prío Socarrás); la expedición armada –culminada en el desembarco fracasado del contingente subversivo del yate “Granma” en las ciénagas de “Las Coloradas”–, con la cual invadieron Cuba por la provincia de Oriente, en diciembre de 1956, mal armados y peor entrenados. Recién pisaron tierra, les sobrevino el desastre al caer en la emboscada de “Alegría del Pío”, donde fueron emboscados y diezmados por las fuerzas gubernamentales.
Ello se debía, a la política de puertas abiertas del gobierno mexicano hacia los exiliados republicanos españoles y otros perseguidos políticos latinoamericanos y europeos, agobiado por las intemperancias irresolutas de los nacionalistas cardenistas. Estos últimos, entre otros países del cono sur (Argentina, Chile, Brasil, etc.) no ocultaron sus coqueteos de entonces (pre IIGM) tanto con la URSS como con la Alemania, Italia y las potencias del Eje. Sin embargo, en realidad el gobierno mexicano mantuvo firme e invariable su faz democrática, que nunca abortó ni renuncio. Masferrer, entre los adversarios de los guerrilleros, era el hombre más temido por Castro.
Los líderes de las bandas armadas alzadas en las montañas de la Sierra Maestra en Oriente, aparentaban en público estar distanciados y desvinculados del PSP. Este partido político como abrevadero de los comunistas criollos, se alineó desde sus inicios (1925) con las prácticas feroces desarrolladas por los stalinistas en Rusia.
Uno de los fundadores del partido comunista cubano (1925), fue el destacado líder estudiantil universitario, Nicanor McPartland y Diez (aka, “Julio Antonio Mella”) jugó un roll sorprendente entre las fuerzas oposicionistas. Mella, fue asesinado en Ciudad México DF en 1929. Según versiones, por disentir de la línea moscovita, otra, por una simple cuestión de faldas, mientras que las mas pregrinas (en el decir de los comunistas) achacaron el crimen a un supuesto pistolero (Quico Magriñat) enviado por el Presidente Machado.
El PSP, se sometió a los dictados del Kremlin, aplicó sus métodos clásicos de purga y asesinatos, tal los implementados por el buró político de asuntos internacionales –Comintern– que operaba en el ámbito mundial y el cual se le supuso disuelto tras concluir la IIGM, bajo otro nombre como bluff armado al estilo ruso para engañar a Occidente.
Nadie hubiera dado ni un penny (kilo prieto) por la seguridad de ninguno de los integrantes de estas capas de la jet set dorada de la aristocracia social tradicional cubana ni de la castrense batistiana, ahora fuera del juego político y en pleno movimiento de abandono del poder en Cuba. Este horror a vistas, en unos casos fue articulado en segmentos por la oposición honesta, que aspiraba un retorno al sistema republicano, democrático y de libertad plena, fracturado inexplicablemente por Batista en marzo de 1952.
Mientras, la otra facción de oposicionistas violentos, patrocinada por los comunistas (castristas, anarquistas, libertarios, aventureros y mercenarios extranjeros, etc.) afilaba sus “cuchillos largos” tendentes a sumir la Isla de Cuba, para siempre, en las redes totalitarias típicas de las “Animal Farms” orwellianas. Idénticas a las sembradas por los rusos en sus satélites detrás de la Cortina de Hierro, a partir de 1948. Una visión sobre la cual alertó el líder nazi y Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, tan temprano como en enero de 1945.
Tanto los errores y respuestas violentas del gobierno de Batista, ante el acoso del terror oposicionista; como la excelente propaganda desarrollada a su vez por la candidez de los opositores demócratas y la muy profesionalmente activa de los comunistas, mantenían al gobierno a la defensiva. A ello se sumaban los siempre acechantes cultores de la izquierda liberal del periodismo norteamericano. Uno de cuyos íconos más dañinos –casi de la textura cósmica del Presidente Jimmy Carter– fue el conocido editorialista del New York Times, Herbert Lionel Matthews, furibundo defensor de todos los pillos y pillajes de la triquiñuela roja, sustentados a su vez en sus fechorías por las bandas bolcheviques.
La mayoría de los pasajeros de ese viaje al horror infinito, eran figuras poderosas y osadas a toda prueba; pero que tras el discurso de despedida del Presidente de la República, con la última campanada de medianoche, quedaron desarmadas moralmente y petrificadas, al abandonar su líder de manera tan abrupta la fiesta de Fín de Año 1958. Ahora el conjunto de fugitivos del gentío se redujo a simples personas posesionadas por el miedo. Se trataba de integrantes de un gobierno en fugas, sin puentes de plata, derrocado al grito de “sálvese quien pueda” dado por la más alta esfera gubernamental.
Ahora, esa masa de confundidos se encontraba envuelta en una espantada masiva espectacular nunca vista antes, en medio de la noche y tiritando de frío. Finalmente las caravanas de carros, algunas provenientes desde la Casa y Polígono Presidencial del propio campamento de Columbia, terminaron de arribar silenciosas al aeropuerto. La terminal, ya había sido militarizada desde la semana anterior, al saberse que los guerrilleros del oriente y centro de la isla; mancomunados bajo el mando de dos de los capitanes preferidos por el fatalismo histórico de Castro, Camilo Cienfuegos Gorriarán y Ernesto Guevara de la Serna (eliminados sucesivamente, a posteriori); ponían sitio a la ciudad de Santa Clara en el centro de la Isla, hasta la rendición de esta urbe a los guerrilleros, a finales de Diciembre de 1958.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Enero, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1) En realidad las figuras visibles pos machadistas, fueron los miembros de la Pentarquía, el Directorio Estudiantil, la facción ABC y otros. Batista, sin embargo, ya después de haber saltado de sargento a coronel, tras el putsch de 4 de septiembre, 1933; resultó el Hombre Fuerte tras bambalinas, entre septiembre de 1933 y junio de 1940, cuando fue precipitado por el voto popular, hacia la presidencia democrática (1940-1944).
(2) Para octubre, el gobierno republicano de Kerensky se deshizo ante el “genial” coup d’etat (desde el punto de vista del escritor e historiador italiano Curcio Malaparte) desarrollado por los destacamentos armados bajo el mando de Trotski. Estos pícaros de la izquierda rusa, no habían contribuido en nada al derrocamiento del Zar y sí, actores que escenificaron el papel de cuervos perfectos tras la batalla, sin arriesgarse, salvo para llenarse los morrales.

Serás bienvenido a mis blogs alternos:
http://www.elasuntocubano.net/
http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/posts/
http://www.facebook.com/lionel.lejardi/
http://www.twitter.com/bieladom/
2759

“Noli me tangere, homo” –exclamó Martha (II/IV).


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Un Caronte singular
En el aeropuerto de Columbia, un hombre vestía un uniforma militar que le distinguía como Coronel. Ahora estaba a cargo del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y designado comandante de la guardia presidencial que cuidaría del Presidente en esa noche aciaga. Éste, quien sustituyó al Gral. Manuel A. Ugalde Carrillo en ese cargo la noche anterior, esperaba paciente a los fugitivos que llegarían de inmediato. Un teniente, su ayudante, se le acercó, saludó marcial y le entregó uno de los walkie-talkies (WT). El coronel activó y escuchó a quien le llamaba.
–¿Mariano? –inquirió una voz rasposa, familiar.
Sí, mi general –asintió el coronel.
Todo en verde yEl Hombre” (el presidente) va en camino. ¿Está claro, coronel?
Right, señor general.
Escúchame bien, Mariano –le recalcó el superior, en el más convincente de sus tonos–. Le prometí al Presidente que tú, eras el hombre idóneo para esta operación. Todos quedaremos en tus manos y en la de tus hombres, coronel. Y, ¡fuego a la lata, coño, hasta que suelte el fondo! –exclamó finalmente emocionado desde el otro extremo, el Gral. Eulogio Cantillo Porras, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Era uno de los dicharachos preferidos por los oficiales cubanos que combatían a los guerrilleros castristas, para arengar a la tropa.
Seguro y siempre. ¡A la orden!, mi general! –exclamó Mariano conmovido y en voz alta y, maquinalmente, hizo el saludo militar. Pero se compuso de inmediato, al ver que su ayudante se había percatado de su muestra de disciplina.
El coronel estaba dispuesto por el Alto Mando del Ejército para recibir a los fugitivos, con el máximo de consideraciones. Alto, fornido, de ojos azules, quizás alejandrinos. Cualquiera lo habría supuesto rudo, porque se trataba de un militar experimentado funcionario experto en Inteligencia y Contrainteligencia Militar, adjunto al primer círculo de protección del Presidente 1.
A éste, todos le conocían  perfectamente encajable dentro del grupo de colaboradores cercanos al mandatario, y de ser los enemigos de mayor recelos por parte de los opositores violentos, que le temían por su inexorabilidad en defensa de la democracia. Algo, que buena parte de los opositores demócratas no entendían, puesto que echaban en el mismo saco a quienes defendían ciertos privilegios; los mismos; a los cuales aspiraban los contestatarios al gobierno, tal lo demostró después la historia.
En la realidad, la expresión del coronel era afable y de maneras suaves. El oficial, esperaba a los autos y pasajeros con los brazos en jarras (la actitud de quien se las daba de ser un “militar hasta los tuétanos”), protegido por una escuadra de oficiales jóvenes, armados hasta los dientes, en especial con las novedosas metralletas Uzi israelies colgadas del cuello y pistolas Browning  parabellum de 9 mm belgas, entre otras de las armas, todavía inusuales por los oficiales de las Fuerzas Armadas cubanas.
Sucede que el tipo, quien se las gastaba de ente solitario; era quizás el más apto y sereno en la óptica presidencial; para desplegar la logística de los momentos excepcionales, como son los estados de excepción, como los que corrían ahora en medio de aquella madrugada. Nada extraordinario, salvo la previsión de un par de bazookas M1A1 (60 mm) con su parque ambulante, guardadas en los maleteros de los carros celulares.
Se trataba del anfitrión idóneo escogido por su profesionalismo frío y de una eficacia aterradora, capaz de afrontar situaciones tan excepcionales como el desvió de la sociedad gubernamental hacia ese vericueto laberíntico del exilio.
Él se hayaba dispuesto para catalizar la orientación de los prófugos civiles y militares, hacia las aeronaves ya activadas y recalentadas en las pistas. También, porque este hombre era otro de los militares de carrera más temido por los facciosos, en especial los comunistas. Se trataba del Coronel Mariano Faget Díaz 1, el eficiente ex jefe del Bureau de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), al cual los comunistas le achacaron después, otros eventos que nunca sucedieron.
Era quien debía constatar que los autos vaciaran su abigarrada carga y que todo marchara en orden, considerando la premura del tiempo disponible. Este militar aguardaba las oleada de fugitivos esperanzado en que cada cual, según las órdenes del Presidente, encontrara un puesto en el albur de arranque de acuerdo a su rango y categoría. Porque las adorables mascotas de las damas con moquillo tempranero, se quedarían en tierra, le había advertido el Presidente. Quien, ya él mismo había sacrificado sus dos Dóbermann originales de figuras imponentes, traídos desde la Selva Negra (Schwarzwald)  de Baden, Alemania. El Presidente no soportaría que los canes fueran a parar a manos guerrilleras.
El Coronel sabía que lo único importante para esas personas, era poner espacio entre ellos y los sediciosos de la oposición violenta –los mau-mau tal les decían entre la tropa–, ya conformados en partidas urbanas punitivas nutridas con apparatchiks en función de comisarios políticos. Estas tropas punitivas, iban provistas de todos los poderes verbales (que nunca dejan rastro) para la búsqueda, captura –y en ciertos casos ajusticiamiento marcial, in situ, de aquellas figuras connotadas componentes de una lista interminable elaborada personalmente por los Castro. En la misma, aparecían líderes políticos, sociales, obreros, militares, religioso,  periodistas y sus simpatizantes; los de mayor significación y a los cuales “en aras de los altos fines de la revolución, había que modificarles la salud, de cualquier manera y bajo cualquier pretexto”. Los Castro habían sido tácitos con los responsables de los grupos de exterminio:
Ante la duda, nada de piedad con los enemigos. Fusilen y después veremos. Es la Ley de la Sierra Maestra. Si es necesario, un tiro en la nuca. Dijeron los alemanes que era lo menos doloroso para los judíos.
Puesto que los “otros” serian simples cucarachas burguesas a las que se debían eliminar a cualquier costo y de manera expedita, extrajudicialmente, para 0bviar los peligrosos inconvenientes y demoras ante los tribunales; de juicios públicos formales tal indicaban las leyes que los castristas alardeaban y se ufanaban en anular.
Las hordas de comandos urbanos, ya desenfundaban sus armas en cada rincón de las ciudades, pueblos y zonas campesinas, prestos a limpiar el país de los restos de agua pesada de las instituciones gubernamentales sustentadoras del ancien régime. Los tres poderes, legislativo, judicial y ejecutivo, se barrerían sin la menor contemplación.
Se incluirían los institutos armados, la prensa radial o escrita y a los medios libres se les aplastaría bajo pretextos, destruidos o confiscados por el nouveau régime y Cuba, se convertiría en una sociedad fuera de la ley y su régimen dispondría del pase de abordo, para sumergirse en el pavor subyugante del mundillo comunista.
De inmediato, comenzaría la transformación del país cubano hacia un totalitarismo inhumanizado. Todos los ciudadanos, incluyendo personas adineradas de las clases medianas y altas andaban esa noche desesperadas y confundidas, por saberse lanzadas hacia un destino incierto. Algo que ya sabían de antemano al escrutar los ejemplos de la URSS y el desbalance social impuesto por los bolcheviques en la Europa del Este, desde la pos guerra (IIGM). Sólo una parte de la gente de “a pie” percibió la naturaleza real de aquello que se les sobrevendría.
Ya supuesto finalizado el arribo de los fugitivos, Faget se dirigió hacia el carro apartado del resto de los vehículos recien llegados, –un Cadillac limousine blindado también “Cola de Pato”, color negro–, parqueado en medio de las sombras y a la vera del edificio de la torre de control de vuelos. En dos Chevrolets “Bel Air” 1958, con los colores oficiales crema y blancos del SIM, esperaba el team de guardaespaldas armados con sendas sub metralletas, diseminados en las cercanías. Esta mini tropa era la encargada de la custodiaba presidencial, dispuesta en un dispositivo circular. Aquella élite de guards du corps, era estimada como la de mayor fiereza y lealtad al mandatario.
Un lejano tintineo metálico, a veces con un fondo sonoro de detonaciones apagadas y claxons traídos por la brisa temprana, se percibía proveniente de cada punto de la ciudad circundante. Además de algunos que otros fuegos artificiales y cohetes voladores detonantes, tardíos. Eran de simpatizantes del gobierno, ajenos al drama en Columbia, pero que daban espectáculo al cielo. Una actividad prohibida, por bordear imágenes terroristas, pero a la que ningún oficial se atrevería a cerrarle las puertas, atenidos a los rumores tremendos que circulaban.
La ventanilla derecha del pasajero descendió con lentitud. Desde el interior, el Presidente Batista, último mandatario de la era republicana; atinó a hacerle a Faget un gesto para que se acercara y le susurro algunas palabras.
Mariano, ¿cómo tú ves la cosa? –le inquirió Batista, sin gota de desaliento.
Señor Presidente, ¿puedo serle franco?
Claro, hombre. Ahora más que nunca.
Esto se jodió irremediablemente, señor Presidente –acertó decir el coronel.
Mariano, ¿y tú y tus hombres, qué?
Señor Presidente, esa bronca es mía —aseguró tácito.
Batista le saludo emocionado, con un brillo fugas en sus ojos achinados. Faget hizo un gesto de asentimiento y le devolvió un saludo militar. Era la señal para que los funcionarios y familiares allegados al mandatario, seleccionados entre los más destacados –extrañamente, excepto el Vice Presidente de la república, el cual nunca fue avisado de la estampida–; abordaran el DC-54 ejecutivo, el “Guáimaro“. Esta era una aeronave acondicionada idéntica al “Bataan“, la cual condujo a Douglas MacArthur en 1945; hasta el aeropuerto de Atsugui en Yokohama, para concluir la rendición del Shōwa japonés, el emperador Hiro-Hito2 y su ejército imperial. El mismo ejército que el Emperador estimó una vez imbatible, hasta que el general norteamericano y su corncob pipe (pipa de maíz), les demostraron lo contrario, derrotándolo ignominiosamente.
Y también para que el resto de los pasajeros corriera hacia los otros aviones, ronroneantes ensordecedoramente en las pistas. De los equipajes de mano, algunos iban atiborrados con valores, joyas y dinero cash en dólares y libras inglesas que, acumuladas previsoramente, lograron rescatar y que en ese momento constituían los bienes más preciados por los fugitivos. Otras aeronaves ligeras personales multiplazas, pertenecientes a los más previsores de que aquella guerra civil terminaría como “la fiesta del Guatao”; concluían el abasto de combustible, reventando de azorados pasajeros –los de bajo pelambre–, o rodaban enloquecidas pidiendo pista para el despegue.
Igual sucedía en otros aeropuertos privados o militares del resto de la isla. Tal era el caso de un afortunado cubano de limpio origen sajón, groupie des boîte de nuit, elegante, culto y de figura fenomenal –un verdadero Playboy de la jet-set habanera–; el cual (cuenta una de las versiones, sin confirmar) no esperó por nadie para pilotear su avioneta bimotor Cessna, desde el diminuto aeropuerto de Santa Fe, en la playa homónima, y vestir las calzas y tomar por las de Villadiego, arrancar y volar sin parar hasta el aeropuerto de Kendall, en South Miami.
Ambia, ¿te vas, y me la vas a dejar en la mano? –le inquirió en tono carinoso Lazarito, a su tycoon, al cual le cuidaba el avión.
–Sí, Lacho. Mejor te quedas. Es un vuelo sin regreso –. Y le extendió cinco billetes de 100 pesos cada uno.
En su diplomática, de cuero negro, cuentan, llevaba tres millones de dolares contantes y sonantes. Un dinero que era de su absoluta propiedad, libre de polvo y paja, ahorrado durante años –antes de que Lansky acaparara el negocio de las mesas de juego en el cabaret– mientras junto a sus socios, armaban en Villa Mina un hermoso centro nocturno. Se trataba de uno de los tres dueños del cabaret “Tropicana”. Los otros dos, indecisos, decidieron finalmemnte permanecer varados en Cuba.
Hasta que Dios y San Lazaro así lo dispongan –barruntó Echemendia.
Después de los insultos y maldiciones castristas, los nuevos hunos convirtieron el despampanante lugar de diversión, en su lugar favorito para el solaz y esparcimiento, además de trampa para los incautos fellow travellers visitantes, diplomáticos y el resto de la gente chic que se quedó revoloteando alrededor del régimen, subyugados o chantajeados por la añagaza guerrillera.
Estos últimos fugitivos de transportes auto soportados, formaban la élite de los afortunados que disponiendo de medios propios, lograron ser avisados a tiempo por amigos y simpatizantes gubernamentales. Incluyendo también los propios oposicionistas moderados, temerosos de igual modo a los desmanes y saqueos desatados por la cáfila guerrillera. El éxodo continuaría en las semanas siguientes, aunque restringido a barcos y yates privados. A estos grupos de fugitivos irregulares, se les incorporaron los primeros desertores y desengañados con el teatro castrista y la comunización de Cuba.
Este segundo gobierno republicano, ahora autoritario; del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar, se había instalado primero de facto y después de jure; el 10 de marzo de 1952, al derrocar por un coup d’etat incruento al gobierno constitucional del Dr. Carlos Prío Socarrás (1948-1952), echando a un lado la Constitución de 1940 que el mismo patrocinó y sancionó en uno de sus mejores gestos como gobernante, y la sustituyó por los llamados “Estatutos”.
Prío, quien fue electo Presidente de la República de Cuba en alas del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), era a su vez sucesor y discípulo del presidente que lo antecedió, Dr. Ramón Grau San Martín (1944-1448). Prío, debía concluir su mandato constitucional en los meses siguientes (junio de 1952), tras las elecciones convocadas. Ambos presidentes fueron líderes prominente del antiguo DEU (Directorio Estudiantil Universitario) y la Universidad de La Habana, como integrantes de los grupos de revolucionarios que combatieron valientemente la dictadura del Gral. Gerardo Machado Morales (1925-1933).
Aduciendo razones no claras, Batista interrumpió el proceso democrático en marcha –ya con las elecciones presidenciales a puertas–, y había ejecutado su “madrugonazo” cuidando de que dicha ilegalidad se ejecutara como una delicada práctica quirúrgica, encubriendo la estrategia golpista; a fin de lograr –y así sucedió– que el revolico castrense fuera no-violento, y de este modo deponer de manera simple al gobierno auténtico, como quien cambia el ajuar de cama, y situarse en su lugar.
Tal modo de reflexionar, le resultó fatal a su gestión gubernamental e indirectamente comprometió al pueblo cubano, en la vorágine inimaginable impuesta por la pesadilla castrista, dentro de la cual se encuentra aprisionado el país cubano.
Los sectores políticos tradicionales, las fuerzas vivas y una significativa parte de la ciudadanía, rechazaron el quehacer batistiano. De inmediato, comenzaron las conspiraciones para revertir el proceso hacia su cause normal. Los comunistas del viejo PSP, vieron con beneplácito la vuelta de Batista al poder y bajo cuerda, enviaron recados al nuevo presidente, asegurándole que éste contaría con su apoyo, como en los “viejos tiempos de la pre guerra (IIGM)”.
Ellos estaban al tanto de que una estrategia puesta en marcha tan temprano como desde 1948 por el Comintern, ya consideraba y así sucedió, incorporar a los hermanos Castro a la hoya política cubana. Raúl Castro pasó a ser miembro secreto del grupo que los comunistas denominaban “militantes positivos sin carné”, o sea, sin registro ni documentación oficial de su filiación (virtual) a la Juventud Socialista. El término de “socialista” encubría burdamente la denominación intrínseca de “comunista”, un anti valor rechazado por el pueblo cubano.
Durante la etapa pre y pos machadato, hasta 1944, Batista era considerado un líder nacional; autoritario, pero no exactamente despótico; por su actuación en normalizar el caos pos machadista, patrocinar la institucionalización del gobierno, obras públicas y educacionales, reforzamiento de la defensa nacional, economía, los emprendedores locales y sus excelentes relaciones con el gobierno de los EE.UU, entonces en manos de Franklin Delano Roosevelt.
Al estallar la IIGM, con la incorporación de EE.UU a la entente Aliada; en el conflicto contra las potencias del Eje de Acero (Alemania, Italia, Japón y otros), Cuba dispuso de una posición política privilegiada frente a los EE.UU, por su aporte de materias primas (minería), azúcar, alimentos, carnes, tabaco y otros rubros; incluyendo permisos para la instalación de bases militares, dentro de la estrategia general de los Aliados contra los fascistas.
Batista, a pesar de sus veleidades políticas similares a las de otros gobiernos latinoamericanos autoritarios o militarizados, o sea, “valorizaciones de las ideologías entre las hegemonías fascistas y democráticas, no dudó en declarar gallardamente la guerra a todas las potencias del Eje.
Con la promulgación de la Constitución de 1940 (posiblemente la más significativa y democrática de todos los tiempos), Batista tuvo un boleto fácil para ser elegido presidente de la república (1940-1944) al concluirse el grueso de la etapa pos machadista; más, cuando con todos los honores democráticos, entregó el poder al Dr. Ramón Grau San Martín en 1944, del Partido Auténtico opositor.
Luego, tras el sorpresivo golpe cívico-militar de 1952 contra el presidente constitucional Prío Socarrás, en medio de la Guerra Fría, el ambiente de respeto y admiración de la opinión publica hacia Batista, cayó a su nivel más bajo.
Los líderes del PSP recibieron un encontronazo de quien los promovió a la legalidad a finales de los años 30. Era el mismo líder al que ellos habían apoyado políticamente, asegurándole tranquilidad absoluta en el sector laboral y que dejarían a un lado la monserga de la “dictadura del proletariado” y la toma del poder por medio de la violencia.
Batista entendió en la etapa pos machadista que el ayuntamiento de las potencias del mundo democrático y cristiano (los Aliados), con el totalitarismo ateo de la dictadura moscovita, en la entente militar antifascista de los Aliados opuesta a la Alemania nazi y sus compinches europeos y asiáticos; era signo de que compadrazgos con los comunistas locales, no seria mal visto. Así, permitió que los comunistas se apoderaran del movimiento obrero, tuvieran ministros “sin cartera” y mangonearan este sector a sus antojos durante su época dorada.
Cuando Batista reasumió el poder en 1952, uno de sus primeros movimientos políticos, fue asegurarle a los EE.UU que sus devaneos de antaño con la URSS y los comunistas, no coincidían con la realidad del mundo anti comunista de hogaño. La verdad indubitable de un posible choque nuclear entre Occidente y Oriente obligó necesariamente, a que los países pro occidentales se definieran contra el bloque comunista euro-asiático. La ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba la URSS y el bloque soviético, amilanó a los comunistas cubanos quienes seguían fieles a Moscú, por lo que su Comité Central y otros líderes conocidos, debieron semi esconderse.
Esta táctica dilatoria se evidenció en un intento de limpiarse públicamente ante Batista, a raíz del ataque alevoso de los castristas al cuartel “Guillermo Moncada” en Santiago de Cuba, Oriente; el 26 de Julio de 1953. El PSP, condenó severamente lo que ellos denominaron el “putsch muniquense” de Fidel Castro y sus seguidores. Como después se evidencio tras la toma del poder de los guerrilleros, que todas aquellas poses demagógicas y rimbombantes, no fueron más que escenas de un teatro diversionista, pre elaborado.
Pero, la indignación popular que tan hábil como cruel desataron los opositores; en especial los seguidores de Castro y los disciplinados comunistas; hizo que en esa noche tan aciaga de la fuga para los últimos vestigios de la deficiente y maltrecha democracia cubana, fueran mínimos los simpatizantes de Batista que le lloraran por su derrota y escape, lastimosos. El Presidente, también estaba cesanteado en su función de “Caronte Singular”, como vigilante de la paz, felicidad y riquezas de sus ciudadanos.
Washington jugó un roll extremadamente importante en el arrinconamiento y derroque del gobierno de Batista, al meter de lleno sus manos en el Asunto Cubano, y suspenderle la ayuda económica, militar, política y diplomática, mientras propiciaba y se hacia de la vista gorda sobre los cuantiosos alijos de pertrechos que fluían incesantes hacia los revoltosos, como ahijados perfectos del Comintern.
El periodista norteamericano, Herbert Lionel Matthews, un viejo camaján de la horda maoísta y no por casualidad admirado editor del “New York Times”; fue enviado a Cuba bajo cuerdas, por el Departamento de Estado para que con el pretexto de una entrevista con el líder guerrillero; lo diera conocer a la luz pública como un “Robin Hood moderno”, con efectos desastrosos para la democracia en toda Latinoamérica.
En el trasfondo se pretendía ridiculizar a Batista e ir presentando a su nueva ficha: el guerillero Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores, como paladines en la lucha democrática. La cuartada finalizó con sus esfuerzos para lograr el cese de la ayuda en armas, dinero y pertrechos al gobierno de Batista, lo cual logró, con éxito pleno.
El embajador norteamericano en La Habana, Earl T. E. Smith, quedó paralizado de pies y manos y al cual obligaron a consultar con Matthews, todo lo relacionado con el Asunto Cubano. Nada de nuevos armamentos ni repuesto para sus equipos y municiones de guerra.
El gobierno batistiano, debió acudir a otras naciones como la Gran Bretaña y Bélgica y otras fuentes, para obtener nuevas armas (algunas utilizadas por la OTAN) como fueron los fusiles FAL 50.64 (Fusil Automatique Léger), belgas y los caza bombarderos Hawkwr Sea Fury F50, ingleses. Pero todo le resultó en vano.
El Alto Mando del ejército de Batista, fracasados los intentos de mediación –incluyendo los contactos de altos oficiales del Ejército con el propio Castro en la Sierra Maestra–; había planeado armar un tren convoy blindado; un fallido punto de vista tomado de la IGM, cargado de efectivos, armamentos, municiones de guerra y de boca, además de otros pertrechos militares; con el fin de reforzar las guarniciones que protegían la asediada ciudad de Santa Clara, en el centro de la isla. Con la caída de dicho tren en manos de los guerrilleros, en la periferia de la ciudad, comenzó la crisis final del gobierno batistiano.
Así, a la par de la última campanada navideña de la fiesta oficial del Fin del Año 1958, sobrevino el consecuente desparrame de los invitados asistentes a la fiesta del Presidente. Pocos de ellos estaban al tanto del plan en marcha preparado por Batista, ya aprobado por Washington. Luego, al conocerse la derrota del Ejército Nacional en la ciudad de Santa Clara y la rendición de los cuarteles y agrupaciones militares del centro de la isla, a manos de unidades guerrilleras de ideologías políticas diversas; desde las democráticas puras del Directorio Estudiantil Universitario (DEU), el Segundo Frente y otras fuerzas operantes en las montañas del Escambray; hasta las más rabiosas de corte maoísta del Movimiento 26 de Julio (M26J) liderado por Castro y una exigua partida de comunistas del PSP.
Estas unidades de columnas subversivas arribaron desde la provincia de Oriente, sobornando a su paso a los mandos militares del gobierno y emitiendo por su radio clandestina, partes militares donde aseguraban que el avance y victorias de estas columnas se efectuó tras “cruentos y heroicos combates”, imaginarios. Estas columnas estaban bajo el mando de dos de los capitanes de mayor confianza para el karma letal de Castro: Camilo Cienfuegos Gorraín y Ernesto Guevara de la Serna. Ambos, muertos después bajo circunstancias extrañas, sujetas a infinidad de especulaciones. La brumosidad de mayor solidez se basó en que estos líderes hacían sombra a la figura del Líder Máximo, el Dr. Fidel Castro Rúz y su hermano.
Batista, como buen capitán, fue el último funcionario de mayor jerarquía en ascender por la escalerilla del “Guáimaro“, lentamente. Con gestos simbólicos, el Presidente se despidió de manera maquinal, saludando protocolarmente a la multitud de fantasmas y sombras circundantes que le despidieron, algunas tan lejanas como sus compañeros de aventura del 4 de septiembre de 1933; otras; tan cercanas como los estudiantes del Directorio que intentaron de asesinarlo el 13 de marzo de 1957. Se trataba de entes ya incapaces de dañarlo, como el destello e intermitencias de las luces de posición y el rugido de motores de los aviones en marcha.
–Quizás todo ha sucedido,  porque mi “madrina” Lidia (Cabrera) no hizo lo que debió con mi santo” –farfulló, impenitente.
Todas las aeronaves iban al tope de gente tan ansiosa como la familia presidencial, la de mayor peligro, de poner pies en polvorosa antes de que se abrieran las puestas del infierno. Las mismas batientes de giro único, en las cuales cada fugitivo intuía poseer una parte alícuota para sí. Todo, porque la mayoría de los ciudadanos decentes y el populacho barriotero; enardecidos por un puñado de pícaros, les consideraban pecadores sin redención alguna.
El Col. Mariano Faget y sus hombres, tras apagarse los ruidos del maremágnum a su alrededor, quedaron solitarios sobre la pista, como suspendidos en el aire. Y de pronto sobrevino un silencio de presagios. Aspiró profundo el aire de la madrugada y miró a sus hombres, algunos le sonrieron. Faget hizo un gesto y, juntos todos, desaparecieron en la profundidad de la noche, como sombras diluidas con el amanecer.

(Nota) En realidad, Faget fue uno de los elegidos por Batista para que lo acompañara en el avión en su fuga hasta Santo Domingo, donde fueron recibidos por el hijo de Trujillo.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Enero, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
 

(1)   Se trataba del Col. Mariano Faget Diaz. Un detalle sorprendente: en mayo 15,1943 encaza submarino cubano, el SC-13, hundió al submarino alemán U-176 y su tripulación de 53 hombres, el cual estaba comandado por Reiner Dierksen, cerca de la ciudad de Matanzas. Faget, fue el agente de la inteligencia cubana  que capturó a August K.  Heinz, espía alemán que operaba desde La Habana con el aka de “Henry Auguste Lunin” y era quien enviaba los mensajes a los U-boat alemanes que hundieron una docena de barcos cubanos durante la IIGM. Lunin, el cual fue ejecutado por fusilamiento.
(2) MacArthur arribó al aeropuerto de Atsugui en Yokohama, para concertar la rendición de Japón, el Ejército Imperial Japonés y de Hirohito o Emperador Shōwa (Shōwa Tennō).

(Serás bienvenido a mis blogs alternos:
http://www.elasuntocubano.net/
http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/post/
http://www.facebook.com/lionel.lejardi/
http://www.twitter.com/bieladom/
4062

“Noli me tangere, homo” –exclamó Martha (III/IV).


               Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba 
Ella
Allí, en lo alto de la escalerilla, coronada con su sombrero coupé de fieltro graciosamente ajustado a la cabeza; estaba la esposa del Presidente Fulgencio Batista y Zaldívar, la Primera Dama de la República. Fumaba un cigarrillo de tabaco rubio insertado en una boquilla larga de tronera dorada. Era una trigueña alta e imponente, con su semblante que casi delineaba rasgos de la Medusa virgen en acecho, no la de Caravaggio sino la doncella –ya madura– que describió Ovidio en su “Metamorfosis”. En su rostro un rictus de pasión irreductible, a pesar de la furia que la embargaba en aquellos momentos álgidos, sin que nada pudiera pensar y menos hacer para detener la fuga ominosa en que se encontraba inmersa con sus compañero de los años azarosos, y también los plácidos. 
Abajo, haciendo un semicírculo de protección ante la escalerilla, los guardias de seguridad, también fumando con avidez incesante, para suponer que con ello escapaban del frío de aquella última madrugada capitalina invernal. Ellos también abandonarían familias y allegados, el confort de vivir a la sombra del poder. Ella tiró el cigarrillo, porque al Presidente le detestaba el humo del tabaco.
Y a mí, ¿qué  coño me importa que no le guste el olor, a este Fulgencio de mi alma que es mucho Batista? –farfullo entredientes, jadeo colérica y se bajó la trama del velo. Por unos instantes, quedó como petrificada. 
Por su expresión entre solemne y enojada, parecía ser recipiente de las Tres Furias devoradoras e implacables, esas guardianas celosas del Universo. Su universo amado repleto de recuerdos y melancolías, que se le desvanecía por cada instante incontrolado y del cual no deseaba moverse. Jirones de aquel espacio ínfimo que le quedaba del terruño, reflejado en ese pedazo del tubo metálico que era el fuselaje de la aeronave, que a ella se le antojaba “su tierra”, ya a punto de ser descuartizada por los guerrilleros.
Quizás, se sentía plasmada como una estatua esculpida en sal y con arenas negras como las de Isla Pinos. Esa tristeza al sur de la capital y a la cual sólo se podía llegar por mar (ferries) o aeronaves, y que albergaba la cárcel para varones de máxima seguridad del gobierno cubano, construída por el presidente Gerardo Machado. De la penitenciaría, dispusieron las administraciones posteriores de la época republicana, para albergar a los criminales peligrosos y otros no tanto. Castro y sus seguidores, tras el putsch alevoso y fallido que ejecutaron en pleno carnavales, exacto en el Día de Santa Ana, el 26 de julio de 1953, contra el Cuartel “Guillermo Moncada” en Santiago de Cuba (donde los Castro lanzaron a sus secuaces de los cuales un centenar sucumbieron, pero que ambos nunca se atrevieron a entrar) y otros objetivos militares y gubernamentales cercanos. Porque allí fueron con el máximo de garantías y seguridades judiciales, atenido a los procedimientos de un juicio limpio e impecable. Pero esos eventos ya eran cosas de un pasado hecho irreversible para los Castro, envueltos en su eterno halo de venganzas por sus disparates reiterados para sembrar el luto y muertes en las familias cubanas.
Batista miró a sus esposa detenidamente, antes de que ascendiera por la escalerilla, extasiado como siempre y además afligido, sin una razón aparente. Ahí, casi al pie de la escalerilla conversaba y daba instrucciones al Gral. Eulogio Cantillo Porras, en ese instante figura central del gobierno cubano que el líder destronado había dejado en sus manos, quien los escuchaba por disciplina, pero convencido de nada podría ser ejecutado en medio de aquel desastre.  Cantillo intentaba contactar con otras figuras que lo apoyaran en contener la situación.
Y Batista reflexionaba a la par que conversaba con su colega, meditando que más adelante dispondría de todo el tiempo del planeta para contar en detalle la historia de sus momentos finales como Presidente de la República de Cuba. De la que quizás ella, la Martha de sus amores, ni se interesaría por su obcecación actual. Porque para él seria tal como rescribir como nueva, la vieja y famosa novela biográfica de “Un sargento llamado Batista” (1954), aquella patética reseña del último presidente republicano, hecha caramelo y en un santiamén por el norteamericano Edmund Chester.
Ella era una mujer alta de atuendo y cabello negro lustroso, de línea suave y de una sobriedad impresionante, pero de quien en medio de la frialdad no podía ocultar que se remordía de confusiones interiores. Es que antes, había subido por la escalerilla del avión con su altivez de soberana arrebolada, divina, hasta detenerse en el descanso inmediato a la cabina. Miraba hacia abajo, donde el Presidente ascendería hacia ella con lentitud, después de impartir saludos que nadie contestó y órdenes que ya nadie obedecería.
Y presintió que el ánimo irritado de ella respondía a la perreta y a las altanerías propias de una dama hasta ayer poderosa, y ahora defenestrada por el destino inherente a su posesión de esposa primada. Y ella, percibía un imaginario olor a sudor acre, al trasoñar a los guerrilleros destrozando su mundo exclusivo, encristalado, ahora a expensas de aquellas hordas de salvajes desparramados por llanos y ciudades.
Echada de mi casa por unos pelandrujos, que nos vandalizarán Palacio –musitó.
La Primera Dama había antecedido al Presidente con su orgullo inventado de que él, su marido, seria el artífice que diera los toques mágicos para detener la fuga. Había subido lentamente por la escalerilla, seguida por Nany con el pequeño en brazos y otros dos edecanes, quienes portaban sendas Uzi de 9 mm, y bandoleras colmadas de cargadores con el parque.
Ella se  encontraba en medio de unos tipos con pedegrú de arrestados y fieles, juramentados con el Presidente en protegerla hasta la muerte. Y se había deslizado escalones arriba, sin desear alcanzar la portezuela que la lanzaría al exilio, esa terrible lejanía espiritual y física. Y pensando que aquellos guerrilleros la desposeerían a ella y a su familia de todo lo acumulado durante años aciagos. Pero se quedó allí, tiesa.
–”Malditos, esos mau–mau” –murmuró.
Se levantó el cuello alto del abrigo negro forrado en minsk y se apartó nuevamente la trama del velo. El cambiarse en el saloncillo angosto del ropero de damas del Club de Oficiales, a la voz del Presidente ordenando la huida, el traje sastre azul prusia a rayas tenues que ahora portaba, le había sido un tormento. Echó una mirada a la ciudad lejana resplandeciente a su alrededor la cual, como siempre era La Habana que refulgía entre las primeras urbes de América. En muy poco tiempo, la desidia de los vencedores la convertirían, minuciosamente, en un inmenso basurero. Luego quedó inmóvil. Pareció que con ella, el tiempo se había detenido e igualado sobre un lecho de pesares, que todo aquello era un mal sueño irretornable. Pero todo sucedido antes de que él subiera al avión.
Ahora, desde el interior de la nave se destacó la figura robusta del Presidente, quien le hizo un suave llamado para que entrara. Pero ella no quería ni ver ni oír nada y aspiró profundo. Estaba convencida: sería la última vez en deleitarse con el aroma de la floresta natal, ahora impregnada de rocíos humectantes. Presintió el pavoroso rugido letal de la horda guerrillera proveniente de las montañas y selvas, y también que el paisaje amado sería despedazado y pulverizado, por la gula atroz de los vencedores.
Era lo usual a inherente a la falta de “clase” en los comunistas. Igual actuaron en Rusia y en sus Animal Farms sembradas tras la Cortina de Hierro, finalizada la IIGM, cuando los rusos se apoderaron de Europa Oriental. Pero ella estaba a punto de explotar para desahogarse, y ella le hizo con la barbilla un gesto suave al Presidente, para que éste se le acercara.
–¿Cuántos te dí, Batista? –le murmuró ella a quemarropa, casi con la mandíbula cerrada, inmediato que lo tuvo a su lado bajo la mirada escrutadora de los pasajeros. Cada palabra lucia inconexa con el mundo real de ese momento, pero todas llenas de reproches suplicantes.
Todavía la Leica de 120 le colgaba de su mano izquierda, enguantada con fina cabritilla negra. La tarde anterior, había accionado el aparato con una furia indiscriminada, sin importarle si las tomas saliesen bien o mal. Y Julia, la dama de compañía, su entrañable amiga del bachillerato, debió recargarle varias veces la máquina. Quería llevarse rastros de aquella tragedia cotidiana. Deseaba quitarse un zapato y taconearle los sesos al primer cabrón comunista que tuviera a mano, pero se contuvo. Pero eso sucedió después, porque allá abajo el Presidente continuaba charlas con MarianoFaget y otros de sus defensores fieles.
Yo no puedo caer en esas cosas –trinó para sí.
A ella le impulsaba la ansiedad de escuchar las detonaciones y ver los fogonazos de las parabellum tremoladas por los amigos y seguidores de su esposo. Como cuando el asalto el 13 de marzo al Palacio Presidencial por parte de estudiantes y otros opositores. Los disparos que esperó de aquellos guapetones y que nunca se sucedieron, menos ahora, suavizados por el buen vivir pero ansiosos porque no se acababa de producir la dichosa hora del arranque.
Creo que Masferrer era el único con suficientes coj… para detener en seco a esos pelu’os de mierda –le puntualizó al Presidente la tarde anterior, inusualmente zafia, en ocasión de tomar el café vespertino–. Y ni tú, ni el Francisco Tabernilla ese, con su título de Jefe del Estado Mayor Conjunto. Ni su hijito, tu “mano derecha” como dices; ése “Silito” que bien se las baila, fueron quienes le impidieron a él y a Rafael Díaz-Balart subir a la Sierra Maestra con sus “tigres”, para cazar al tipejo. Rolando se lo hubiera bailado en “menos de lo que pestañea un mosquito”. Tú y sólo tú, y no estoy cantando la ranchera, eres responsable de las vacilaciones de Zaydin y tus generales –le sentenció en tono lóbrego.
Tranquila, mujer, ya todo eso pasó. Y modérate, por favor –apuntó el Presidente.
Los líderes batistianos habían soltado interminables tremoles sobre su decisión a sucumbir antes que fugarse. Pero en ese momento, mostraron no desear un fin numantino y sí, un apacible retiro playero tal como hicieron quienes les antecedieron. Salvo el ex presidente auténtico, anterior al derrocado Carlos Prío Socarrás; el sorprendente Ramón Grau San Martín,  “El Divino Galimatías” como le chiqueaban sus seguidores; a quien nunca nadie, ni siquiera los comunistas, lograron sacarlo de su residencia –la que él llamaba su “Choza”– en la 5ta. Avenida del exclusivo barrio de Miramar.
A todos los fugitivos les apremiaba estar lo más lejos posible de aquella isla en llamas, a la que Enrico Caruso –el mismo que escapó del terremoto de San Francisco de 1906– y que estando en Cuba denominó “…questo paese di merda“, el día que estrenando “Aida” en el Teatro Nacional, cuando explotó la bomba. Fue mientras corrían los tiempos del presidente Mario García Menocal y los oposicionistas al gobierno de “El Mayoral“, tuvieron la gentileza de detonarle el artefacto explosivo, sólo ruidoso, en las cercanías del teatro.
Batista se le acercó a Martha, la miró condescendiente y trató de comprenderla, haciendo un gesto de quien esta confundido sobre qué hacer en momentos tan cruciales. Es que los nervios de todos, sin excepción, estaban tensados al máximo.
Te pregunto, que ¿cuántos, cuánt…ooos hijos te dí, Fulgencio? –insistió ella enfatizando la última palabra, ante el asombro de los pasajeros más cercanos a la portezuela de la nave. Atónitos.
Nany, que cargaba al pequeño, abrió los ojos desmesuradamente. “Oh, mi pobre señora”, se lamentó en silencio y comenzó a temblar.
Ella se calza espuelas del quince –murmuró una pasajera a su esposo, uno de los ex ministros sobrecogido de miedo, encajado entre orines que le navegaban por el fondo de su asiento.
El Presidente miró a su esposa, anonadado, sorprendido de aquel arranque, alejado de la realidad. Pero el más asombrado fue un sobrecargo, el cual se juró interiormente nunca recordarse de esas frases. Se sabía al dedillo la regla principal de los clanes: “todo lo dicho o hecho por la familia real, es secreto”.
A pesar del disparo a quemarropa, Batista movió la cabeza con aire benevolente, apenado con los testigos presentes. Pero había comprendido el excitante significado de la pregunta.
Ella es maravillosa. Así de magnífica e inesperada, siempre“, se reconfortó en sus reflexiones y sonrió, mirando a su entorno, pero aquello le terminó en una mueca. Todas las miradas apuntaban al techo. Nadie quería haber visto ni oído.
Tampoco era esa la pregunta que ella deseaba hacerle, ni de la cual esperaría una respuesta pública de su marido. Sin embargo, sí sabía lo que pensaba la faz del otro, no su Presidente, sino la del compañero de vicisitudes. Después volvió la vista hacia la ciudad que se le desvanecía en escape y exhaló un suspiro. El Presidente, se acercó amable a la portezuela y la asió suavemente por el codo.
Vamos, mujer, tenemos responsabilidades con toda esta gente, fueron nuestros colaboradores hasta el día de hoy.
–¡Noli me tangere, homo! –exclamó Martha, pero con la frase envuelta en un bisbiseó con los dientes unidos, bíblica, para que salvo él y ningún otro, entendiera.
Después miró fijo la mano que la asía y se soltó haciendo un gesto discreto. Estaba furiosa como una guajira ariqueña con la “punz’á de Pascuas”. Era la segunda vez que él le escuchó la frase.
–¿Por qué no quieres que te toque, mujer? –murmuró Batista, inquieto, ahora un tanto confuso y poniendo un acento fuerte en la última palabra. Y la miró profundo.
Porque perdiste, hombre, ¡perdisteee! Y mi marido Batista, entiendes Fulgencio, mi “ma–ri–do” nunca debió perder –ripostó ella, deletreando cada sílaba, escrutándolo. Quizás en espera de que éste le propinara un buen jaquimazo, aunque fuera simbólico. Pero él nunca lo habría hecho, y menos ahora, que estaban “en baja”.
No, señora. No es así como usted dice. Simplemente, perdimos el juego –enfatizó el Presidente, pausado, en tono irónico.
También, incontenible, hizo un rictus de amargura filipina, como cuando era solamente un mandadero en el cuartel de la Guardia Rural del pueblecito de Banes. Eran códices secretos entre marido y mujer. Ella suavizó la expresión sombría por el alelamiento, tal como siempre le sucedía cuando lo enfrentaba. Y convino sorpresas con él en una pícara mirada de amada seductora y tibia, además de insinuante, alejada de luctuosidades y compromisos con el resto de quienes le rodeaban. Ella, se sentía como si estuviera caminando en babuchas por el centro de un pasillo cálido, interminable.
Es que le fue difícil y tortuoso, aunque inolvidable, el trecho recorrido con el “Mulato Lindo“, como le apodaban las damas encopetadas de la high life. Pero tal sucedió cuando era el “Hombre Fuerte” de Cuba, allá por 1933, cuando ambos no se conocían aun. Porque él fue exitoso en estabilizar la república –tras el vendaval anti machadista de 1933–, reactivó la democracia, logró que se aprobara la nueva Constitución de 1940 y que, finalmente, cerrara con un broche aceptable para la ciudadanía, ser elegido como Presidente de la República de Cuba (1940-1944), durante los siguientes cuatro años sin reelección, porque la nueva Constitución lo prohibía por el voto popular y no por los sables y bayonetas.
Quizás fue una larga aventura, como las de Sagan –comentó Batista, como adivinando el tono que la consolaría.
Era verdad. Los últimos fueron 7 largos años entre sustos y pocas diversiones, mientras se bamboleaban en la cima del poder, no absoluto ni totalitario como el de su predecesor Castro, y del peligro siempre presente ante sus enemigos. Adulados y consentidos por una sociedad que casi los evadía, y que siempre los dejó, al menos virtualmente, en la puerta de entrada de los salones. Y que también les codeaba de manera formal por ser considerados “gente sin mucha clase”, a pesar que fueran los guardianes feroces, los Cerbero singulares de sus riquezas, como los Inferi Dii de Hades.
Sí, muy bello y excitante el trayecto –rezongó ella, tiritando, sarcástica–, pero ¡coño!, me lo hiciste caminar con esos tacones altos del poder, tipo lápiz Mikado número dos; y con el jodido corazón en la punta de la lengua. Y todo, por nuestra seguridad y la de los niños. ¿Valió la pena?, dime, Fulgencio.
–¿Decías, querida? –indagó él pacíficamente, a pesar del tono gutural, como haciéndose el sueco.
No me hagas caso, Fulgencio. Son naderías de mujeres –argulló ella, conciliadora, tratando de bajar el tono álgido hacia lo conciliador.
Tranquila, mujer, que no son muchas las veces que hago de movie star. Sólo que en esta, con los mau-mau, no me fue taquillera como la del treinta y tres –confesó el Presidente, frívolo, susurrándole quedo al oído pero con un marcado tono displicente.
Ella, finalmente determinó sentarse y él se deleitó nuevamente al sentir el aroma esparcido por Martha al dejar su lado. Ella se alejó, rozándole adrede el brazo con sus pechos de una firmeza sorprendente; seductora; supuestos tan tensos como los virtuales de “Kiki“, la modelo del “Le Violon d’Ingres“. Rauda, caminó rumbo a su asiento, envuelta en la mirada de sus adoradores.
¿Le Panthère de Cartier? –le había preguntado él, enfebrecido, cuando ella le requirió hacia la portezuela de la aeronave.
Non, cherry, Chanel numéro cinq –le aclaró ella, en la cúspide su coquetería, como si estuvieran solos en su recámara de Palacio.
Definitivamente estoy en baja. No pongo una, ni en la charada de Castillo“, discurrió Batista, con su mejor tonalidad interior, con aire casi festivo.
Nadie movió ni un sólo músculo o pelo, cuando advirtieron el “pase” de la pareja presidencial. Todos, habían sido testigos excepcionales de una intimidad inconcebible, entre quienes siempre se habían mantenido intocables, a la altura de las pompas y circunstancias.
No fue así tan sencillo –dijo Martha, estampando en su rostro un gesto de intención acentuada de quien vuela con intenciones de remontar la artillería gruesa.
Deja que salgamos de todo esto. Iremos a Daytona, Venezuela, quizás lleguemos a la Quisqueya de Trujillo o a España –le advirtió Batista, abriéndole los ojos, insinuante. Ella ni suspiró. Recordó los años felices–. Pero dejemos por ahora estas frivolidades –apuntó él, como un cerrojo presto a trancarse por siempre, pero suave como un aguamanil repleto de rosas.
De las viajeras, la Primera Dama era la única que no mostraba los ojos llorosos. Le aguijoneaba la impotencia, no el miedo. Pareció tal si desde que decidió unirse a Batista, estaba preparada para momentos tan amargos y los muchos otros de sensualidades impronunciables.
Cuando finalmente se acomodó, experimentó una serenidad inexplicable. Como si el frágil metal del fuselaje, se hubiera tornado coraza inexpugnable que la salvaría de todo peligro, a ella y al pequeño, desmadejado con indiferencia en brazos de Nany. Ya no le importaba que la oyeran o la miraran.
Por unos instantes experimentó la sensación apacible de sentir que la tensión acumulada en las últimas semanas había desaparecido. Ella, representó siempre un soporte espiritual para el régimen, frente a los enemigos del gobierno y, como ella misma acentuaba: “…de mi mismísimo marido“.
Fue entonces cuando Martha Fernández Miranda de Batista compuso su expresión. Y sonrió sorpresivamente, con tanta dulzura como la de una gata melosa, tal como correspondía a la Primera Dama de la República de Cuba.
La saga continua.
©Lionel Lejardi. Enero, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
 
(Serás bienvenido a mis blogs alternos:  

“Noli me tangere, homo” -exclamó Martha IV/IV


                                     Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
¡Andando!
El capitán de la aeronave, Crol. Antonio Soto Rodríguez, se acercó a su líder y esperó que éste terminara de adecuarse junto a su esposa. Inquieto, echó una mirada de soslayo hacia la cabina de mandos, donde el copiloto le hacía fuertes señas apuntando a su reloj de pulsera, conminándolo al despegue. El capitán, aspiro profundo, trato de ponerse en atención y se inclinó respetuoso hacia la pareja presidencial, y le susurró al Presidente.
Señor, cuando usted ordene –inquirió con voz un tanto temblorosa, esperanzado en recibir una respuesta positiva sobre el despegue de la aeronave.
Batista lo miro penetrante a los ojos, asombrado.
Mi estimado Coronel Soto, ¿habré entendido mal o usted dijo: “Señor, Presidente?” –le preguntó, enfatizando las últimas palabras. Y se revolvió en el asiento, hojeando la agenda abierta, con la picazón de los buenos tiempos, cuando estaba encerrado en aquel uniforme de khaki en los cuarteles.
Como aquella vez, veintiséis años atrás, cuando el entonces sargento Andrés Benites Pancorbo (después teniente coronel) otro de sus compañeros complotado en la aventura de la asonada militar “de los sargentos” del 4 de septiembre de 1933; se le encaró en el Cuartel Maestre de “San Ambrosio”, La Habana. El diferendo fue a causa de la entrega de unos pertrechos, municiones de boca y de guerra; que le exigía Batista cuando preparaba el cerco a los oficiales de academia –tildados injustamente de machadistas,  cuando su pundonor como egresados de las academias militares, les obligaba a prestar lealtad al presidente de la república– sublevados contra los revolucionarios, clases y soldados; que habían derrocado al gobierno interino del Dr Carlos Manuel de Céspedes, tras el derrocamiento de Machado.
El asunto cubano devino en una confrontación entre los oficiales de academia y la facción integrada por las clases y sargentos en unión de los civiles revolucionarios del Directorio Estudiantil, el ABC y otros grupos armados, los cuales demandaron ser ellos quienes tenían el poder político y militar en Cuba. Loa oficiales rebelados, sin ningún plan futuro, se refugiaron en el Hotel Nacional, situado en una elevación frente al litoral habanero, donde se hicieron fuerte. Por entonces, el hotel fungió de residencia del Enviado Especial del Dpto. de Estado, el discutido  Benjamín Sumner Welles; quien ostentaba el cargo de Asistente del Dpto. de Estado para América Latina.
Soto, había quedado en suspenso, aleteando de atrás para alante como un colibrí.
Oh, por supuesto: Señor, Presidente –intervino Soto, disculpándose y reaccionando como quien sintió de pronto en su nuca el aliento del presidente, tal si fuera el de un oso; o como si tuviera trabado en el gaznate, la mitad de un ladrillo de vidrio refractario.
Fulgencio, por favor. Ya todo se acabó y cierra el libro de tus pensamientos –le recordó Martha con un tropo. Con el mejor de sus susurros, relacionado con ese momento crucial.
Batista la miro, levanto la mano y chasqueó los dedos. La figura de civil que esperaba junto a la portezuela del avión se le acercó a paso rápido.
–¿Sí, Señor Presidente? –preguntó atento el jefe de los ayudantes.
–¿Todos a bordo, los equipajes y las protecciones?
Todos y todo a bordo, señor Presidente –aseguró el oficial.
Batista acarició al pequeño Jorge y miró a Martha. Ella asintió con un brevísimo pestañeo.
El seco detonar de armas de fuego llegados ahora desde más cerca, erizó a los fugitivos. Indicaban el inminente peligro representado por la población ya desbordada en las calles, festejando un cruento ajuste de cuentas, a los que entonces estimaban, los peores gobernantes del planeta Tierra.
Los dos restantes comecandelas, se precipitaron a través de la escotilla y sin mediar orden, la portezuela fue cerrada apresuradamente por un sobrecargo, el cual permaneció tieso en espera del regaño. El capitán de la nave le hizo una seña discreta de espera, desde la cabina.
Batista pensó por un momento en dejarles hacer lo que desearan por primera vez en su vida, e intentó un gesto de aprobación. Pero recapacitó.
Genio y figura hasta la sepultura –masculló, de manera que sólo ella lo oyera..
Martha lo miró sorprendida, sobresaltada al entender el bisbiseo de los nuevos bríos presidenciales y contuvo el aire.
Oh, Cachita, por Dios, que no le vuelva otra vez el “ataquito” por el poder –rogó o ella, clavando su mirada en el techo.
Un inmediato y esperado carraspeo que exhaló el Presidente para aclararse la voz, compitió con el tronar de los motores y estremeció la nave. El resultado del retumbó presidencial, no era nada distinto de lo acontecido con el país entero, aún cuando en calidad de sargento, allá por el 33, sostenía las riendas del poder. La totalidad de los pasajeros sabía interpretar el significado, tono y compás de cada rugido presidencial. Y éste último tampoco pareció distinguirse, ni en una octava, de los anteriores.
–¡Andando! –ordenó Batista en tono bajo, pero con la firmeza de siempre.
Martha soltó el aliento contenido. Es que con el ascenso del “Guáimaro”, el hasta entonces “Hombre Fuerte” se percató de algo inevitable: su antaña categoría como Presidente de la República de Cuba, disminuía en la misma medida en que el avión aumentaba la altura que le separaba del cocodrilo cubano. Eran, las 2:30 de la madrugada del 1ro. de enero de 1959. No por casualidad, Martha le dio en la mejilla un beso cálido.
Felicidades por tu santo, amor –le susurró ella al oído. Porque el santoral del día indicaba “San Fulgencio”.
–¡Cará…! –reflexionó Batista–, el tal Fulgencio tuvo la suerte de que lo hicieran santo, y sin embargo a mí, no. –murmuró desalentado y miró a Martha, contraída de la emoción.
Abajo en tierra, en el Palacio de los Yesistas, continuaban los acordes del danzonette “Suavecito”, con Paulina Álvarez y el Sexteto Nacional y los sones de Miguelito Cuní con el conjunto de Félix Chapottín.
En la “Iglesia de la Finquita”, al sudeste del barrio obrero de Redención; se acentuaban los ritmos de los batá y obatalá en el toque de tambores montado en el plante por las potencias ñáñigas de Redención, en Marianao. Los feligreses desbordaban frenesíes desde el domingo anterior, en los rituales: “para salvar el gobierno del mulato de la pinta (Batista)”, decían. Después, la tonada y los tambores serian repicados en honor de los Castro.
La tarde anterior a ese Año Nuevo, ya “Papito Mentiritas” (el de las tres “C”); había dirigido la primera exhibición pública del ritmo “Casino”, bailado por seis parejas veinteañeras del barrio de Pogolotti, en los salones playeros del “Casino Deportivo de La Habana”, amenizados por el Conjunto de Roberto Faz. Los asistentes al baile, quedaron con boca abierta por la coreografía.
Esa madrugada no lejos de ese barrio obrero, en el jardín central del hipódromo “Oriental Park” casi a la vera de otro barrio marginal “La Isla del Polvo”, el ruido de los aviones fugitivos despertaron a dos hermosos cisnes azules que desenrollaron su abrazo tibio nocturnal. Yacían sobre el domo de juncos, gladiolos y nenúfares, en medio del lago cristalino, con vestigios de escarcha en sus bordes. También bajo las miradas curiosas de unos flamencos floridenses, snowbirds recién llegados, siempre inoportunos en las citas sensuales.
Y las dos aves espantadas también con los ruidos levantaron majestuosas su vuelo virtual rumbo al norte, aterradas como todos, pero sin importarles que el trayecto hacia la libertad, les tardaría treinta de sus mejores años.
Así cerró el capítulo de la huida presidencial de Fulgencio, Martha y dos de los tantos cisnes azules que abandonarían pronto su hábitat, quizás para siempre.

De las bitácoras de vuelo,
Las tripulaciones de las aeronaves fueron citadas de completo uniforme, a las 2:00 PM del 31 de diciembre de 1958 en la pista No. 1 del aeropuerto militar del campamento de Columbia. Sin orden del día. Al final, fueron seis las aeronaves disponibles, las visible, del tipo DC–4 y DC–54 que partieron de la pista. Tres se dirigieron hacia República Dominicana, dos hacia West Palm Beach y una hacia Jacksonville. Sin embargo, no fue del dominio público que otra séptima aeronave DC–54; de rango de vuelo mayor (no censada) y con unos pocos pasajeros y guardianes de una misteriosa carga sólo conocida por la pareja presidencial, no paró hasta New Orleans.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Enero, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

Serás bienvenido a mis blogs alternos:
http://www.elasuntocubano.net/
http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/posts/
http://www.facebook.com/lionel.lejardi/
http://www.twitter.com/bieladom/
1337

Fidel Castro, una ablución irredimible en la midá ajena


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Confesiones sin hostias ni agua bendita, que comulgar
Dice la confesión de Fidel Castro Rúz en la midá ajena, “El sistema cubano, ni siquiera nos funciona a nosotros mismos (sic)
Ninguna sentencia mejor como epitafio merecido, para inscribir en bajo relieve sobre la lápida mortuoria de un disparate trágico, el castrismo. Es la misma loza prevista por los anticastristas históricos para la tumba abierta desde decenios ha, en honor al sainete montado en la Isla de Cuba; como una obra de vodevil propia del teatro burlesco o del absurdo, si se quiere, al estilo Ionescu. Ello sucedió en enero 1, 1959, bautizado entonces con el nombre impropio de “Revolución Cubana”. Estas confesiones, las de ahora, no son el trabalenguas habitual reseco, del discurso comunista, sino las palabras roñosas con las que el dictador vitalicio de Cuba, el Dr. Fidel Castro Rúz; reconoció y describió (después dijo campante, que fue un lapsus liguae) a contrapelo de la Historia; el fracaso estrepitoso de su régimen totalitario de abusos e iniquidades, sobre el pueblo inerme.
Se trata en una postal atroz, difundida después de la batalla silenciosa y subterránea del pueblo y de las débiles pero decididas fuerzas democráticas en contra del régimen; de los resultados ruinosos del sistema comunista manipulado por Castro; transcurrida la friolera de 51 años; siguiendo pautas de su no menos malvada stepmother, la hoy finada URSS. Estas diez palabras proferidas por el Líder Máximo, entre otras digresiones –en inicio sorpresivas–, las vertió en una entrevista que éste concedió al corresponsal de la revista “The Atlantic”, Jeffrey M. Goldberg¹ en unión de la experta en asuntos latinos Julia E. Sweig². Observamos la expresión, como la de un Castro humillado por su propia hecatombe, rugiendo contra sí mismo simpáticamente, desde las filas oposicionistas. ¡Avemaríapurísima!
Las desventuradas cuitas, propias de confesionarios jesuitas que al líder les son familiares; devino en otra ráfaga de tiros locos que a Castro se les escaparon por la culata de su senectomanía, desnudando la retahíla de malogros estrepitosos en su gestión, durante medio siglo. Regañado por sus acólitos asustados, Castro desvirtuó la sentencia achacando el error (siempre hay un “otro”, culpable) a la incomprensión de sus entrevistadores, disculpándose de que en realidad se refería al Capitalismo de la Abundancia, pero cruel, porque tiene la mala costumbre de hacer trabajar a los vagos. Lo que en el caso específico de los comunistas, seria como gritarle ¡agua! al gato pardo terrorista. Desconociendo cómo apagar esa locución en los escuchadores –que lo hundió en la ridiculez–, no le quedó otro remedio que recurrir y retorcer la expresión manida por nuestros abuelos de que “donde dije digo, digo Diego”.
Una serpiente de homosexualidad hipnótica y omnisciente
Era explicar el por qué la rudeza de la serpiente comunista, devino en constipado de homosexualidad erótica incipiente; frustrada con la coima exigua de su “L’Année dernière à Marienbad” (El último año en Marienbad) y que, enfurecida por celos de los capitalistas, se mordió la cola. Sólo que de modo similar, el aborto de la gestión castrista no sobrevino sino hasta después de transcurrida la última noche de los quincuagésimo primeros años, repantigando sus vejeces sobre la banqueta habanera. Sucede que las acciones del modelo político-económico cubano (que nunca lo fue), resultaron vendidas en el stock market de los tontos; siendo mercancía averiada; envuelta en un soufflé primoroso que encajara en la chatura propia de los apocalyptos –ásperos de cuerpo y alma–, desesperados por copiarle el encontronazo.
Se trataba del desarme de la seudo ideología marxista-leninista, remozada anualmente por curadores especializados en remendar idioteces, tales son los miembros correspondientes, de las Academias de Ciencias de la URSS y Cuba, convertidas en abrevaderos de inútiles y rellenos de lerdos, donde Castro exilia las inteligencias cubanas para envilecerlas. Desde allí, esas inteligencias frustradas son arrastradas por el narigón para ejecutar los dislates del Partido Comunista de Cuba (PCC), sobre el cual se sustentó ideológicamente el totalitarismo entronizado por ambos corsos, siguiendo las huellas de la matryoshka rusa.
Es irónico que el 1ro de enero de 1959, con la salida del sol, se extendió sobre la isla la sombra inconfundible de una época oscurantista típica, confeccionada al mejor estilo del medioevo, con sus desatinos mantenidos por decenios y convoyada por los Castro quienes aleteaban órdenes que nadie atiende y menos obedece. Porque las prédicas se vertieron sobre un país ya arruinado, el mismo cuyos habitantes continúan sometido a una estarvación permanente a manos del tentetieso de sus represores comunistas.
El castrismo, se convirtió en una entelequia mal pensante sujeta a ditirambos de aduladores que les toleraban sus fracasos, convencidos de que sus líderes no deseaban escuchar a quienes les contradijeran los desatinos. Entonces, la isla como trampa de comadrejas, permaneció clavada estática en el aire –como una colibrí soltera en éxtasis– por un instante trágico de tiempo inacabable, del cual nunca se recuperó. Castro, imperturbable, coleteaba su desastre ya enunciado por todos; pero ahora dedicado a lustrar su imagen nueva para uso exterior mientras que, como un Neptuno del tipo corriente, se entretuvo durante las meriendas en devorar alegremente, uno a uno, a los hijos de su revolución.Esta noticia impresionante, de crudeza inconstatable, resultó un balde de agua helada echada sobre las cabezas calenturientas de sus seguidores y los siempre adoradores de cualquier becerro de oro, de intra y extramuros; incluyendo el resto de los fans que pastan boberías en el marabuzal izquierdista indoamericano, lastrado con la lentitud andina.
Rarezas del batido castrista
Para el pueblo cubano, por supuesto, ello fue otro de los desengaños anunciados por sus viejos tiranos, tan cruentos como ineficientes. Entender, que se basaba en los resultados de una fase teórica del fenómeno bolchevique; desatada en Rusia por los seguidores de Marx y Engels. Esta banda de aventureros cuyo cabecilla era Lenin, se instaló por la fuerza en el poder (octubre de 1917) tras derrocar al Gobierno Provisional de Kerensky surgido en Rusia, cuando triunfó la revolución burguesa en febrero de ese mismo año, y que había derribado al zarismo (no los comunistas). Todo, fue ejecutado bajo la égida de la facción bolchevique cuyos destacamentos fueron comandados por Trotsky, con la implantación consecuente del “Régne de la Terror” (idéntico al de la “Época del Terror” castrista) dejado en las manos delicadas de Dzerzhinsky y su bondadosa CHEKA, esa etapa tenebrosa para el pueblo ruso, de la cual este sólo pudo emerger hacia la libertad en 1980, al caer el Muro de Berlín. Se trataba de cucarachas vulgares de la charcas zurdas imposibilitadas de bailar el pop capitalista por carecer de cintura.
Castro, emulsionó la ideología bolchevique junto con la dirección del Comintern y los arpegios harapientos del maoísmo triunfante. En la acción, éste se apoyo en un grupo de secuaces, intelectuales idealistas, camajanes del Partido Socialista Popular (comunista), aventureros sanguinarios (Guevara), la pandilla del “gatillo alegre” de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) donde fue líder, narcotraficantes y cuatreros locales, bandas de forajidos perseguidos por el Ejército y dispersos desde antes, en las montañas. Más tarde, sobrevino la épica guerrillera de la Sierra Maestra, Sierra del Escambray (después cubierta de glorias anti comunistas) y Sierra de Cristal, entre otros escenarios urbanos y rurales. Cerrando el broche de oro con gran apoyo popular y de las fuerzas vivas, la derrota y expulsión del gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar. De inmediato, el líder y sus adeptos instauraron el totalitario que han mantenido hasta hoy –a sangre y fuego–, hasta esa tarde sombría donde anunció rabioso el fracaso de su tesis.
Castro, en calidad de mal copiador y peor impresor, secuestró torpemente el copycat ruso el cual soñó amoldar en su retorta alquimista experimental. Por ello resulta casi imposible definir claramente la profundidad del daño y desastres provocados en Cuba por este líder. En ningún otro lugar, criterio, persona natural, jurídica o política, pueden recaer las culpas inmensas de los Castro. Lo cual concluyó con la devastación completa, alevosa y sistemática, de la sociedad civil cubana, sus infraestructuras, riquezas materiales e intelectuales, historia, valores cívicos y morales, culminados con la destrucción absoluta de la nación cubana, hoy a la venta del mejor postor.
Lo que resta del bicho cubano, es una especie de epitelio amorfo que oculta un Minotauro, envilecido e irreconocible, producto exclusivo del clan castrista. Se pretendió que el ente distrófico mental y moral, como demagogia propagandística, fuera enunciado como la elaboración del “El sueño (una especie de “Soldado Universal” achacado a Guevara) de una noche de verano(sic) . Al menos, en segundas nupcias, abortara la caricatura del “Hombre Nuevo” mesiánico –un varon de zurcidos y bordados– pero que nunca se salió de la retorta y que ni arribó ni arribará jamás al horizonte, de lo que queda del paisaje lunar cubano, pulverizado por la revolución.
Sorpresas que tiene la vida en el paradiso monacal
Lo sorprendente para los testigos de extramuros del desastre cubano, es cuando chocan con una genuina trata de esclavos encubierta, supuestos Hombres Nuevos, instituida oficialmente por el gobierno castrista. Les vendría a bien tomar criterios de estos esclavos cultos (Intelligenz) empaquetados para ser vendidos o alquilados –perfectamente aherrojados virtuales–; y entregados a la orden en manos de los reyezuelos tribales de África, Medio Oriente, Ásia e Indoamérica.
Para algunos confundidos dispersos en medio de la horda trunca, les era honroso morir en nombre de los disparates montados por sus líderes inmortales; sin saber que éstos en el fondo de sus superegos torcidos; los despreciaban y peor, se burlaban de ellos mientras les robaban íntegramente sus sueldos para detentar una vida muelle al costa de estos desorientados, per se. Porque siempre los hay que les creen el cuento. Los esclavos de intra y extramuros, en venganza, dejaron de generar riqurezas al usurero.
En especial, es también tomar criterios de aquellos mercenarios ocultos por el régimen; que murieron o fueron destrozados en esas tierras extrañas a nuestra cultura, convertidos por obra y gracia de los hermanos Castro, en horribles mutilados de guerra. Porque éstos internacionalistas infelices, tampoco vieron un céntimo de sus salarios incautados desde siempre, desvergonzadamente robados a los ciudadanos; por el gobierno paternalista de los hermanos Castro, quienes los abandonaron dejándolos manchados para siempre.
A esos soldados les dijeron que su misión extranjera era fraternal sin otro interés, nunca que los alquilarían como mercenarios vulgares, adquiribles en los pulgueros de “mas baratos por docenas”. Ni que era un trabajo de rapiña tan peculiar, que en algunos casos (Angola y Mozambique) las tropas y personal técnico de apoyo desplegado lo eran con miras expansionistas. Actuaban en calidad de conquistadores de las futuras provincias a de ultramar, por supuesto, “mancomunadas”. Son pocos los descendientes de los lideres gubernamentales participantes en tales “misiones internacionalistas”, y siempre, en labores y unidades de retaguardia. Porque para esas otras líneas de combate frontal o encomiendas “patrióticas”, privilegios excepcionales en el malandro comunista, son reservadas para las levas de los hijos bobos, de los bobos del pueblo ñato.
Cuba, una hipoteca no reversible y sin futuro
Si los oidores de la prensa dispusieran de suficiente paciencia para enterarse del resto de los horrores acumulado por los Castro, durante estos últimos 51 años –ser justo, porque en realidad son un par de revolucionarios chic de requiebros y manolas simpáticas–, se espantarían hasta perder las ganas de vivir. Entender ahora, si observamos un pedacito del pedigru de este líder, entenderemos el astroso significado de su confesión a los periodistas. Nadie debe soñar que se trata de un arrepentimiento, sino, de un exorcismo satánico ejecutado con elegancia sardónica en medio de un país que dejó de serlo y ya poblado por bosquimanos. Los periodistas habrán escuchado esas y otras solemnidades justificativas del desastre absoluto del Asunto Cubano, achacado al exitoso embargo comercial estadounidense. Es que dados los tras’pa’lantes de Castro, ello les indicará a los entrevistadores que los derrumbes ya son crónicos y no hipotecas reversibles.
Words: 2000

(1) Jeffrey M. Goldberg es un periodista americano-israelí integrante del staff de la revista “The Atlantic”, especializado en asuntos extranjeros, especialmente los israelíes.
(2) Dra. Julia E. Sweig, es directora del Consejo de Relaciones Exteriores y Estudios Latino Americanos de la Asociación Nelson y David Rockefeller, experta especializada en asuntos latinos.

© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
(Serás bienvenido a mis blogs alternos:
http://www.elasuntocubano.net/
https://liolejardi.wordpress.com/
http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/posts
)