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Saga de Miami: ¡Espías!, gritó el blanco, azorado. ¿Dónde?, ¿Dónde?, rugió el negro, enfurecido. Y otros cuentos


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
Saga de Miami: ¡Espías!, gritó el blanco, azorado. ¿Dónde?, ¿Dónde?, rugió el negro, enfurecido(*). Y otros cuentos
(*) “Thurgood”, Laurence Fishburne
 
Treinta dracmas para Walter & Gwendolyn Myers y Carlos & Elsa Álvarez,
arpegios sincopados de kalingas nivosas a orillas del “Don Apacible
 
I. Perversidades antológicas publicables, de ciertas kalingas nivosas de antaño 
 
  Where Eagles Cry
And Vultures Laugh
Gaze Upon Heaven In Flames
An Eternal Kingdom of Fire
Heaven In Flames
An Ancient Starry Sky
Heaven In Flames
In the Valley Of Death, I Am Their King
To Embrace The Corpses Bleeding
…”

(Others “Judas Iskariot” Songs, Yahoo music)

El PhD. Walter Kendall Myers (aka, “Agent E-202“) junto a su esposa amada, Gwendolyn Steingraber Myers (aka, “Agent E-123” y “E-634” en otras ocasiones); daban la impresión en su comunidad y centro de trabajo, de ser una de las tantas parejas calmas retiradas hacia el Sunset Boulevard de su senectud. Nada extraño que cualquiera, sin conocimiento de causas, les hubiese adosado un bien ganado descanso tras una vida supuesta azarosa y cargada de emociones resplandecientes bajo el sol.

“Cuentan las crónicas, que ambos abandonaron toda esperanza y penetraron al Valle de la Muerte para integrar el Ejército de las Sombras y sus 100 millones de víctimas. Sin una simple Biblia que les protegiera, iniciaron su viaje sin retorno a través del Reino del Mal”.

Sucede que esas postales candorosas, a veces tomadas después de las batallas invernales, son bien reconocidas por las tarrayas del FBI. Siempre alertas en sus pescas en aguas no profundas, más, cuando se trataba de lanzar los avíos de redes circulares dentro de lagunas negras, donde el hábitat idóneo para los liberales, libertarios, anarquista, progress y los inevitables fellow travellers, antiguos y modernos. Da igual el hedor.
Es el disciplinado team de asalto contra las democracias, los sinistrorsos de siempre, pululantes en las aguas turbias de la traición a la patria. Porque allí es donde nuestros vigilantes se topan con alguna que otra especie rara, como en las profundidades abisales; donde esos  monstruos de boca ancha a veces incoloros, fosforescentes y otras, en camuflajes transparentes, incorpóreos o gelatinosos. Siempre renovados por la Célula Madre manileña, allá abajo, en la cota habanera del Trópico de Cáncer.
Estos oficiales del FBI son unos chicos de cultura y modales exquisitos. Y sucede que por experiencias, no dejan de chequear el reverso de cada postal, “por si las moscas“. La postal de los Myers, en específico, indicaba cautelas en el rastreo de su endémico sendero de sicarios del espionaje luminosos; concomitante con un régimen homicida, indigenizado a golpes de corazones arrancados vivos por la chamanada inca, portadora de candores tan sensualoides como mendaces.
Es la sempiterna cena caníbal de esos viejos depredadores del honor nacional norteamericano y de los que lo son apostillados, porque carecen de tierra firme; como islas de horror diseñadas como guaridas para el “El Señor de las Moscas(1) de turno, sin escrúpulos de quien sea el felón. Sucede que nuestros EE.UU, asediados, están a punto de retortijones y así barrer con el meñique a los enemigos internos y externos.
Es la licencia para el despetronque (cuyo significado único, cubano, es “partirles el cuello”) a todos nuestros enemigos y que nos da derecho por el juramento constitucional de la ciudadanía norteamericana.
La imagen mostrada por la couple evocaba difusiones tibias, tales si fueran cosacos idílicos deshojando kalingas nivosas a orillas de “El Don Apacible(2). Pero al final, ellos nos golpearon con nocturnidades y frialdades de figuras diluídas, tal si no se trataran nada más que de espejismos mesmerizados.
Saber, advirtió el FBI, que se las veían con unos comunistas cortados con plantillas de la vieja guardia bolchevique, los remanentes parias (indeseables) adheridos a la “Generación Perdida” norteamericana, sin merecerlo.
Ambos, al igual que el otro apóstata, Mariano Faget, entrenados al ajillo en las perreras castristas y añejados por decenas de años en toneles de sicómoro, entre el mosto de los revisionistas —todavía impregnados de naftalinas y puestos a orear en los closets del Comandante en Jefe—, empecinados en la obsesión picassiana de su paloma hombrona de vuelo popular.
Cuestión de que los agentes del FBI, los imaginaran seres tornados campeones de justas  heróico-trágicas del medioevo y tan imperecederos como sus amados líderes providenciales. Uno de ellos, quizás el más destacado y repleto de confusiones ahora apocalípticas; interpreta a un clon del Gran Morlock que representa la “Voz de Amo” —en el decir de la RCA Victor— hacia el cual sus Elois adamados fluyen presurosos al llamado suicida para abrirse las venas en una bañadera repleta de diamelas. Nos referimos al Comandante en Jefe, Dr. Fidel Castro Rúz, dictador vitalicio de la Isla de Cuba.
“Helene 37” y otros hobbies ignominiosos del espionaje casero
Walter y Gwendolyn, con cierta frecuencia y engañándose ellos mismos, solazaban éxtasis brumosos navegando placideces solitarias en busca de la Voz, a los 24 nudos de velocidad que les permitía su hermoso bote “Helene” de 37 pies de eslora, recién adquirido. Porque las treinta dracmas de plata, al parecer, tintinearon fuerte y cantarinas como cebos, en las palmas de los comisarios. Ella se mostró radiante el día que se internaron por vez primera en el Potomac hasta Broad Creek, en la izquierda rumbo a la bahía, donde quedaron al pairo, celebrando con libaciones por la pieza adquirida.

Es lo más hermoso que hemos tenido, dijo ella, indolente y olvidándose de todo lo humano, animal y vegetal que le rodeaba sobre el resto de su propia tierra, zaherida por ambos.

La nave les servía en ocasiones, como instrumento para sus múltiples y consuetudinarias perversidades geriátricas. Hablamos de palabras mayores, como son las de engañar a familiares, amigos, comunidad y lo peor: traicionar a su patria durante todos y cada uno de los 10,950 días (30 años) que perduraron en su felonía, sin una gota de arrepentimiento. A ojos y reflexiones de jueces y jurados, tales acciones les postularon como candidatos perfectos para un “paseo” gratis y sin retorno, a la Roca Tarpeya. Por desgracia, hoy no existen suficientes rocas capitolinas activas, para mantener los niveles de asepsia mínimos en el planeta que deseamos y vamos a adecentar.
En fin, con sus figuras ya desvanecidas en ocaso vil, pudieron transitar una hermosa vejez como tantos norteamericanos buenos de nuestra clase media, consentida y pujante. Sucede que tal vida decente, rodeados de la estima familiar y amistosa del resto que le conocían, nunca le fue grata a este par de alucinados; decididos a dar la nota familiar con tono sincopado, indigno, como un par de ovejas roñosas de sí mismas y no sólo descarriadas, con la pelambre sino con el alma ennegrecida.
Al menos Walter, era un personaje que había trabajado para el gobierno estadounidense como analista de inteligencia y por lo cual gozaba de todas las confianzas investidas a quien se le consideraba un patriota. Esto le sucedía como empleado franco en el Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, en Washington. Sólo que la actividad colateral de Walter se integraba en una couple del mal, junto con su esposa Gwendolyn, analista de una entidad bancaria. Ambos se desplazaban a sotto voce bajo una tortuosa doble personalidad. El dúo, hacía reflejos y graznidos de ocas bisexuales, hundidas en la ejecución de actos considerados entre los de mayor desprecio para cualquier ciudadano de los EE.UU o del mundo en que vivimos.
Ellos se mantuvieron durante años en calidad de espías al servicio de un país enemigo, declarado terrorista por los EE.UU y un buen resto de las naciones decentes. Era la Cuba regida por su idolatrado Dr. Fidel Castro, su clan y otros malvados, los cuales operan al más puro y eficiente estilo siciliano. Está claro que ni el quehacer torcido de los comunistas habaneros, ni su infame comportamiento en contra de sus propios ciudadanos inermes; a Walter y Gwendolyn les importó tres bledos, un síndrome intrínseco de los zurdos mentales.
Tanto como el envilecimiento y destrucción permanente de la sociedad civil cubana, desguazada y desbandada hacia diásporas desnudas y ha veces hostiles, a partir de inaugurarse el manicomio imperante hoy en la “Animal Farm” de cosecha roja reciente. Claro, bajo estrictos lineamientos del catecismo distópico orwelliano anticipacionista.
Este binomio norteamericano por equivocación y apátridas por convicción, dedicado exclusivamente a satisfacer el alter ego de Castro, se acondicionó y así fue dispuesto por los Cuban Intelligent Service (CuIS), ajustado a un culto pagano y enfermizo acorde con la personalidad del líder y su imagen autocrática.
La operación de ese grupo apolítico tiranizante, integrado por supuestos marxistas; se montó sobre Cuba el 1 de enero de 1959 siguiendo los dictados del dispositivo gansteril bolchevique; incrustado en el Kremlin desde octubre de 1917; cuyos planes y objetivos se destinaban al enriquecimiento propio, el de los miembros del clan regente y su camarilla de represores.
¿Qué, una Cuba democrática?, pues, ¡delenda est! con ella
El régimen instalado en Cuba, tras la destrucción del sistema democrático, se articuló bajo el pretexto de corregir males sociales y de corrupción, atribuidos al período republicano. Para ello, a los castristas les resultó indispensable destruir y arrasar, de paso, con todos los altos principios de la república democrática existente entonces –aunque imperfecta como todo lo humano–, desmantelar sus instituciones e imponer una satrapía feroz, colgada de la desacreditada “dictadura del proletariado”.
En el tiempo real, su vademécum se nutría de dogmas y principios filosóficos enchumbados en eufemismos teóricos del marxismo-leninismo. La Cuba democrática quedó suspendida para siempre en el ayer virtual, donde permaneció detenida at eternum hasta la polvareda de hoy, signo del derrumbe final. Pero a los rojos, todo les resultó un fracaso de estruendos y arruinaron tanto a la isla como al pueblo.
Atendiendo a estas premisas distópicas —ni siquiera las utópicas de los comunistas originarios y en el sentido menos deletéreo a los pueblos—, las cuales siempre fallaron; sino ver el derrumbe de la URSS, muros, GULAGS y sus satélites, incluyendo el descalabro de la timba cubana.
En esa isla trasnochada se instauró una entelequia armada con trozos de las peores troqueladoras subversivas totalitarias implantadas durante el siglo XX, especialmente en la Europa de interbellum, donde fascistas y comunistas intercambiaban osculaciones, mientras devoraban a los pueblos más inermes.
Se trataba de simples fantasías de gobiernos irrespetuosos de los derechos humanos elementales, tal sucedió en contra de opositores y disidentes. Ver los 75 de la Primavera Negra encarcelados sin delito alguno, por simple venganza a causa de los espías capturados, confesos y sancionados (Florida) pertenecientes a la “Red Avispa“. Todo, de acuerdo al modus operandi de los totalitarismos comunistas y sus variantes tercermundistas con la toma de rehenes.
Este panorama de horrores, de intra y extramuros, no fue captado por los sensores de maldades supuestamente habilitados en el dueto, como en cada humano limpio —en realidad y considerando el tiempo real, desconectados por una lobotomía auto infringida (lavado de cerebros)—. excepto en este par de ropavejeros espirituales y morales, del tipo “tres monos sabios“, integrados en la comparsa de Walter y Gwendolyn. Unas figuras no borrosas del todo, empeñadas en un delenda est contra el pueblo de Cuba, con los jirones que restan de la isla democrática de antaño.
Pax Romana, Pax Fidelis
Como pecesitos inquietos —al igual que otros capturados in fraganti tiempos ha como el ex superintendente del INS, Mariano Faget (3) —, arguyeron que sus actividades estaban dirigidas a defender, en el lenguaje ampuloso de los zurdos, “el maravilloso modo de vida de los pueblos auto sometidos a los regímenes socialistas y así protegerlos de las actividades liberadoras de los oposicionistas democráticos“. Pero no se trataba de eso, sino preguntarle a la otra amazona perversa de iniquidades iguales, esa boricua de realidad virtual y ciudadanía alemana aparente, Ana Belén Montes.
Tal antinomia, sumida en ese pretendido mar de confusiones, es por donde navegaban inocentemente e impolutos, este par de sorex sincopados con el meilleur style de rufianes liberaloides “con los pies puestos firmemente en el aire”, en el decir de Roosevelt . Quienes, sabiendo que al final serían abandonados por “Manila“, desconocedora de los altos principios, pero sin aprender la lección básica de los idiotas útiles detallada en el contrato concertado entre la Célula Madre y los progress como ellos.
Este equivalente al “To kill a mockingbird“, pero impreso con las mismas letras diminutas de los contratos hipotecarios confabulados para estafar a los ancianos. Cuestión de que los seniles después no argullan ignorancia.
Ellos desconocieron los miles de crímenes cometidos por Castro y sus seguidores, incluyendo los perpetrados en toda la pradera guevarista latinoamericana por las narcoguerrillas; durante los últimos 5 decenios; mientras los opresores “detentaban el poder absoluto de la isla, el mismo que los corrompió absolutamente“, en el buen decir de Lord J. Dalberg-Acton. Sobre Cuba se cernió la Pax Romana o Pax Fidelis, las de los camposantos.
Tampoco las intervenciones de los agentes de inteligencia y las tropas mercenarias cubanas, anexionistas, sueltas como “les chiens de guerre“, sobre los conflictos alimentados por los comunistas en países del Tercer Mundo, so pretexto de una independencia inmerecida.
Sólo ver, mediando el Eje Apocalypto (ALBA), la introducción de los grupos narcoguerrilleros en Centro y Sudamérica, hoy todavía activos, (y que tanto dolor han causado a EE.UU, Colombia, Perú, México, Venezuela y otros), y de los cuales la inteligencia cínica de los esposos Walter y Gwendolyn, tampoco se dio por enterada.
En junio 4, un cálido día veraniego del 2009; Walter y Gwendolyn perdieron para siempre su joya mas preciada (no los hijos, nietos u otros parientes), sino el hermoso “Helene 37” de 24 nudos. Porque, el resto de los tesoros hollados bajo sus pies, el aire puro de la floresta capitolina o los corazones afectuosos palpitantes en derredor y el maravilloso país donde vivieron y disfrutaron sus mejores años; a los Myers; como acontece con todos los buenos comunistas, todos, les importaban tres carajos.
Sucedió cuando escucharon toques extraño en sus puertas: eran los oficiales del FBI que se les encimaron, les bajaron el telón y cargaron con ambas kalingas nivosas y sus matules estereotipados.

 II. Petición al vate de la “Divina Commedia“: Un círculo de tiza caucasiano, para ciertas kalingas nivosas de hogaño

In a many dark hour
I’ve been thinkin’ about this
That Jesus Christ
Was betrayed by a kiss
But I can’t think for you
You’ll have to decide
Whether Judas Iscariot
Had God on his side
“.
From Bob Dylan songWith God on Our Side

Con este otro par, la mendacidad de la pareja sajona, coincide con otro dueto de serigrafías a la laca, ahora malahierbas del patio miamense y de igual pedegrû malévolo, pero esta vez oriundas de Cuba. Una especie de epítome repetitivo detectado en otro dúo de académicos atrapados por tarrayas similares del FBI floridense. Estos pescaditos, cálidos veraneantes en este mundo cruel; fueron sorprendidos in fraganti mientras nadaban al estilo libre —inexplicablemente, para todos los testigos cercanos al entorno de los espías— por entre las siempre acogedoras aulas de la Florida International University (FIU) y la sede de los Servicios de Inteligencia de Cuba (CuIS).
Resultaba también curioso, según versiones, que dichas prácticas de natación se ejecutara sin que nadie (ni siquiera los mentores, admisores y jefes; que en opiniones varias, nadie les cree ya en los campuses universitarios de los cuatro puntos cardinales, advirtiera o fuera informados de la labor de espionaje escandaloso desarrollada “por la libre” por estos personajes.
La cuestión resultó, en que dichas actividades ilícitas fueron ejecutadas en favor del mismo régimen totalitario comunista apoltronado en Cuba, al cual los EE.UU tienen sindicado en la lista de países terroristas y al cual esta couple sirvió también religiosamente, durante decenas años. Un verdadero succès de fiesta para quienes se derriten por los thrillers al estilo de Graham Greene o John Le Carré.
Ellos, ya deambulaban orondos por los mundos oscuros y sórdidos del espionaje, antes de conocerse entre lujurias propias de tembaspuros (mujeres y hombres mediotiempos) ansiosos de encontrar un puerto seguro e intercambiar votos de fidelidad eterna. Falsos, hasta que les envolvió el desastre.

Esto apunta a que nunca se acabará. Pero vamos por buen camino, reflexionó él, introvertido en lo más ignoto de su interior tembloroso.

Aunque desalentado esa tarde otoñal, quizás por olores extraños y amenazantes percibidos en derredor y miró tierno a la esposa fiel, orgulloso de sus mutuas travesuras. Algo le recordó sus juventinas en la universidad de Gainesville (1974), cuando se unió a los estridentes contra la Guerra de Vietnam y cualquier otra cosa anti norteamericana; también a inicios de sus contactos con el espionaje, actividad a la cual amó de manera entrañable.

No estoy arrepentida, porque al final, acabaremos con ellos, le contestó ella a Carlos, ante una pregunta de éste respecto a si sentía temores de ser descubierto. Entonces, ella desde lo alto de su soberbia, lo miró arrogante, como si el marido se hubiera achicado.

Y rememoró, aún soltera, la primera noche deleitosa en el cabaret “Tropicana” —invitada gratis por el gobierno castrista junto con otros “tontos útiles”—, donde brincó con los exotismo del punk rock de la banda “Buzzcock“, que ella bailaba orgullosa (decía) de menear cinturas con ritmos de la rumba cubana. Inicios de la gran aventura revolucionaria para ganarse sus ansiados 15 minutos de fama, en la trampa inicial de las “cazabobos”. Un sitio tan exclusivo que ni los propios cubanos podían entrar y también, tan distinto a las que ella estimaba “insipideces y vulgaridades country”, de sus viejos cúmbilas de las recholatas en Gainesville.

Paisajes de la saga a ver en: http://www.latinamericanstudies.org/alvarez-espionage.htm.

Fue cuando en 1979 la ensartaron por medio de José Ignacio Márquez —un semental, machazo halterófilo—; y además apuesto oficial de la CuIS escogido por su talante, educación y entrenado para esas “Noches de Cabiria” siempre repetitivas con las loquitas americanas y de otras latitudes, razas, lenguas y oficios. Porque a los agentes les exigen “buen diente y estómago, para digerir todo lo que les pongan delante“. Pero ello a  Márquez le importaban tres cominos, dado que además del español, hablaba con fluidez aceptable el francés, inglés a italiano) y mejor, si eran solteronas como la tal Elsa, ahora desesperada por el disfrute en el turno que le tocaba esa noche.
Y se lo echaron encima, como escorts o call boys profesionales destinados a otras (u otros visitantes, empresarios, artistas o diplomáticos de paso de la Ceca a la Meca), de las mariposas nocturnas arribadas desde cualquier punto del planeta; excitadas, curiosas y ansiosas de un buen cuento que llevar a la vuelta a las amigas curiosas, acerca de las fabulosas experiencias y sensualidades tropicales.
Unas experiencias inolvidables y despampanantes, daba igual si era bailando una columbia solitaria o una rumba o yambaó tipo capetillo en parejas; en el mismísimo barrio de “Los Sitios“; nada de lo cual ese grupo entendía y lo mejor del tour sicalíptico: aventuras con habitación, comida y bebidas pagadas por los anfitriones comunistas, en nombre del “generoso pueblo cubano”. Cierto era, que no existía nada igual a las fiestas amistosas perpétuas en la Cuba socialista.

Porque la de los “bolos” (rusos y otras nacionalidades comunista), no hay quien se las dispare —clamaban las candidatas, con aire de experiencias extremas.

El agente Márquez, fue un tipo que por breve se convirtió en el affaire dorado de ella (tal aparece en las confesiones del atestado judicial). Y así, tras el rendez-vous galant sobrevino el chantaje programado, dado que en especial con todos los norteamericanos (agentes futuros o no) el protocolo indica que deben ser fotografiados y video grabados en y durante todas sus actividades en el país (aplicando las técnicas del momento, en el montaje de las pruebas) especialmente durante los contactos íntimos (coitus reservatus).
Tales paisajes de la saga, son válidos de igual modo que con otros extranjeros o funcionarios que puedan hacer sombra al Líder Máximo, todos de interés para los CuIS. Es la rutina de cualquiera de los Servicios de Inteligencia, para saber lo más íntimo o impublicable de las debilidades de sus candidatos en ciernes, hombres y mujeres. Observar que todos los lugares (no existe la posibilidad de otros) donde se llevan a cabo los rendez-vous, están absolutamente controlados por los CuIS.
Después, cuando en 1981 ella se topó con Carlos, un docente divorciado con dos hijos pequeños, en los predios del Instituto de Estudios Cubanos, de inmediato hicieron química, hasta que se casaron. Se desconoce si el encuentro fue casual o programado, con o por alguno de los dos, inducidos por los CuIS.
Arrobadores “gatitos de María Ramos”, unos testigos de excepción fracasados
Nos referimos a este otro dúo –ominoso como los Myers y doblemente desagradecidos perfectos– cuyas acciones les encasillaron como arquetipos de “gatitos de María Ramos”, el PhD. Carlos M. Álvarez Sánchez (aka, “David”) y su tierna esposa la Lic. Elsa R. Prieto Álvarez (aka, “Deborah”). Ambos fueron condenados a prisión según el memorándum del Juez Federal, K. Michael Moore, por ser espías confesos de actividades subversivas anti norteamericanas en favor del régimen comunista de los Castro (entre otros cargos), enemigo declarado de los EE.UU.
Sin embargo, es opinión generalizada, es lamentable que en el memorándum condenatorio, no se explicaran las razones por las que estas personas no fueron multadas en los $250,000 c/u tal manda la ley, ni obligadas a devolver salarios, viáticos y otros rubros a la FIU, cuyos tiempos de espionaje (infidencias y entrenamiento) corrían a cargo de fondos de contribuyentes y otras entidades particulares. En desfavor de ellos, existen versiones de ciertas complicidades que no salieron (o poderoso intereses no las dejaron salir a flote), según fuentes no confirmadas
Una curiosa vinculación de estos espías con “Manila” (La Habana), aflora con sus respectivos noms de guerre. “David” era uno de los sobrenombres validados entre Fidel Castro Rúz y Frank País García, jefe la filial del “Movimiento 26 de Julio” (M26J) en Oriente, cuyo brazo terrorista eran los grupos de “Acción y Sabotaje” del clandestinaje castrista; en el extremo oriental de la isla (además utilizados por “héroes represivos” fabricados por el CuIS en las óperas jaboneras de la TV y cine (ICAIC) castristas); este último; un líder sano de amplia simpatía y desde luego una sombra política incómoda para el primero.
País, un líder cristiano, resultó muerto a finales de noviembre de 1956 en un enfrentamiento sospechoso con la policía del presidente Fulgencio Batista. Un evento que coincidió con el naufragio a inicios de diciembre de 1956 de Fidel Castro y un grupo de aventureros garibaldinos en el yate “Granma” y naufragados en la ciénaga “Las Coloradas”, al sur de Cuba, en la provincia de Oriente.
Mientras que el seudónimo de “Déborah” era uno de los akas de Vilma Espín Guillois, la finada esposa de Raúl Castro Rúz, a la cual, sectores de revolucionarios combatientes contra el gobierno de Fulgencio Batista, enlazan con rumores de una delación a la policía, que culminó curiosamente con la muerte del mencionado líder, Frank País.
Para Carlos, eran sus segundas nupcias al unirse a Elsa. Las cuales disfrutaron a todo vapor en sus provechosas visitas a Cuba, casi anuales, y otros países para contactos y entrenamientos. Al parecer, apuntan crónicas oficiales, la Fundación Ford auspició y pagó parte de los tours. Aunque los gastos como empleados de la FIU eran suplidos, según informó el más alto nivel de esa institución, no con el bolsillo de los contribuyentes norteamericanos.
El trasiego de estos cuerpecitos docentes angelicales, entre ambas orillas, se efectuaba bajo el archi manido por buena parte de los acuclillados envueltos en algodones finos, en las alas yogas de las universidades norteamericanas; de igual prosapia ideológica y por supuesto estudiosos del pulguero castrista; utilizando el pretexto de los denominados “intercambios académicos de diálogos educacionales y culturales”.
Elsa, la esposa de Carlos, estuvo fichada como elemento pro castrista. Repasar la lista denunciada de agentes y colaboracionistas (unos 92) emitida en enero de 1980, por el Rev. Manuel A. Espinosa  y por ende, éste último la vinculaba a grupos que obedecían directa o indirectamente dictados de los CuIS.

Sucede que al menos con el arresto de los Álvarez, todo apunta de que Espinosa estaba en lo cierto. Por ello y sus filiaciones pro izquierdistas, ella compareció ante un Gran Jurado para dar explicaciones sin que sucediera nada. Uno de los grupos considerados como “afectos” al régimen habanero y así declarado por sus dirigentes, al menos por parte de los estudiosos del Asunto Cubano, es la denominada “Brigada Antonio Macéo”, al parecer, hoy diluida en la nada.
Estas actividades raras de Elsa, que a su vez eran manifiestas y de conocimiento público (no sotto voce, porque en todos los decanatos universitarios; como regla; se conoce “desde el dos hasta la vela” de cada docente ); iban codo a codo con las contorsiones arabescas de otras “damas” cultas (no necesariamente todas cubanas) integradas a las cumbanchas zurdas convocadas con cierta regularidad, al los saraos habaneros.
Estas otras personas, al parecer, están asentadas de igual modo en nuestras universidades, barras profesionales, medios de comunicación masiva, empresas, clubs, entidades gubernamentales y otros.
La pirámide de Tres Monos Sabios
Estos tête-â-tête académicos han demostrado ser una estafa monumental, al parecer, aprobada y santificada por juntas de gobernadores y rectores de cada universidad norteamericana involucrada en estos intercambios. Ello se ponía en marcha a instancias de los departamentos y secciones correspondientes, después que estos últimos acordaran inteligencias con sus homólogos en la isla. Como oficiales académicos jerárquicos, estaban bien al tanto de las nefastas experiencias similares de penetración desarrolladas durante la Guerra Fría, articuladas y montadas por la entonces URSS y sus satélites.
Respondía a cuando el bloque comunista era pródigo en invitaciones insípidas de este tipo  Sólo que en estos casos, por magias del biribirloque esotérico del mundillo izquierdista pululante en nuestros centros universitarios; estos líderes docentes –protectores designados de nuestras universidades– de tan brillante prosapia comunitaria y educacional, han dado la impresión de ser asiduos virtuales al santuario de Toshogu en Nikko, Japón.
Allí, a los Tres Monos Sabios o Místicos; representados por “Kikasaru, el Sordo”, “Misaru el Ciego” e “Iwasaru el Mudo”. Cada uno de los cuales posee dos virtudes y un defecto, a fin de pescar y delatar las malas acciones de los humanos por medio de un conjuro mágico y adheridos a los tres defectos: al parecer, somáticos en ciertos jerarcas de nuestras universidades.
Es una especie de dengue peripatético que genera sordera, ceguera y mudez concordantes en ciertos intelectuales; apoltronados in sæcula sæculorum en los hemiciclos de cada Alma Mater, insensibles a que sus centros educacionales están bajo ataques directos del espionaje enemigo.
Ilustra que ninguno de los interesados y obligados a preservar el prestigio de nuestras instituciones, comenzando por los encargados de filtrar la fuerza laboral hasta el último de los niveles de dirección , seguridad, requisitos del historial y antecedentes académicos, filosóficos, penales, morales, etc. de los aplicantes; no parecieron haberse molestado nunca sobre estos particulares, ni tampoco aquellos otros del segundo balcony quienes debían pedirles cuentas a estos primeros “rompeolas”, todos  los cuales  al parecer ni antes, durante ni después de las condenas permaneciendo sin mover un dedo. 
Es detestable que no exista por el Ministerio de Educación de los EE.UU, un protocolo exquisito único que norme, detecte y drene las penetraciones enemigas en nuestros centros docentes, a todos los niveles. Claro que después de cada desastre, todo se transforma en los “yonofuiymeenteroahora“, “yonoestabaltanto” y “quienlohubierasabido“; clásicos; que en el buen decir del refranero cubano es “échale tierra y dale pisón“; todo hasta el próximo intercambio académico entre Cuba y EE.UU que concluirá el día en que aparezcan nuevamente las badges, pistols y handcuffs de los inexorables del FBI, y se produzcan los consabidos arrestos.
De manera inexplicable, las señales apuntan y quizás es de presumir que; bajo presiones de una o varias altas voluntades de la pirámide educacional; estatal o peor nacional; el “caso de los Álvarez, de la FIU” —tras la condena en firme de ambos espías— reapareció como empantanado en el lodazal del olvido, carente de oxígeno y sin que se dilucidarán otras interrogantes abiertas sobre los comics representados por estos aparentes “Llaneros Solitarios” (The lone rangers) que para conveniencias del entorno, actuaban por su cuenta.
Curiosidades de un copycat resuelto en las pistas de un canódromo
Siguiendo por iguales vericuetos, por ejemplo, asombra el silencio acerca de si existieron vínculos con los niveles superiores o empresariales que les posibilitaron y aprobaron los “intercambios”, la existencia de otros implicados o reclutamiento de los mismos niveles docentes en otras universidades en o fuera de la Florida; detalles del movimiento de los bienes, acciones de la bolsa, cuentas de banco, etc.; o lo mejor de todo: si alguien ordenó parar la investigación y por qué. Tal vez, algún investigador nos refresque a los contribuyentes, estas nebulosas.
Observando lo sucedido con Carlos y Elsa Álvares, no queda menos que coincidir en un sugestivo copycat , tal si siguiera el patrón de liebres de canódromos inalcanzables por los judiciales, con el caso de Walter y Gwendolyn Myers; también capturados por el FBI y llevados ante los tribunales, igualmente bajo los cargos de espiar durante 3 décadas para el gobierno cubano actual y que en ocasiones se dice, cobrando estipendios, aunque todos lo han negado y que todo hecho fue por un desmedido amor por las artes del espionaje, contra sus patrias.
Los Myers, alardearon de haberse reunido personalmente en La Habana (1995) con el Dr. Castro, quien les colmó de diplomas y medallas por sus actividades relevantes de traición a los EE.UU. Como todos estos sociópatas, en realidad simple ególatras que se las dan de pícaros; argumentaron motivos ideológicos y humanitarios falaces, como los motores que les impulsaron en su prolongada actividad de ensañamiento felón contra los EE.UU.
Ambos dúos, convertidos en una mezcla de chantaje y muto propio, emularon con la archi traidora Ana Belén Montes (una solterona de rarezas empedernidas; sobre la que rumora —sin confirmar, dada la posible hermeticidad de la delegación— que también fue “traqueteada” en Cuba, aunque a la inversa), el musulmán Padilla, Los macheteros, la finada terrorista Lolita Lebrón y su banda de asesinos, entre otros en remojo. Se incluyen artistas, empresarios, políticos, legisladores y jurisconsultos exudados por igual; los cuales se han declarado activistas del odio contra los EE.UU, los mismos que les proveen sus canastas familiares ingratas y nuestro fabuloso sistema democrático, al cual ansían desmantelar.
Es comprender que estos agentes conspiraban incesantemente para destruir nuestras familias, nación, futuro de nuestros hijos, estándar de vida, educación, herencia cultural, valores religiosos, morales y éticos; y otras bondades que distinguen a nuestra sociedad libre, independiente, soberana y democrática, contrarias todas al servilismo que ellos profesan a su adorado “Gran Hermano” comunista.

Es la transfiguración de la primavera limpia al horror invernal comunista de los gulags, cuando decidieron alevosos –en el caso de los cubanos, como inmigrantes venidos a EE.UU sin que nadie los llamara ni necesitara– apoyar una satrapía despretigiada desde su inicios. Carlos, según el dossier del FBI traicionó a su patria (por naturalización), consuetudinariamente durante 30 largos años; mientras que Elsa resultó un poco más modocita, ya que su espiadera la ejecutó cabalgando impunemente a través de sólo dos décadas, rayándonos las espaldas.
En ocasión justa, dijo el juez Walton,

“Estados Unidos no es una nación perfecta. Pero no es el demonio que usted podría creer. Usted contó con privilegios que otros no tuvieron, pero usted derrochó esos privilegios a expensas de su propio gobierno. Si usted creía en la revolución (cubana), usted debió haberse ido del país (a Cuba)”

Así les dijo a Walter Myers y a su esposa Gwendolyn, el juez del Distrito Federal Reggie B. Walton, cuyo bisabuelo curiosamente había sido esclavo, [“ver, el Nuevo Herald, sábado 17 de julio, 2010, “Duras sentencias a agentes que espiaron para Cuba”].
Exactamente esas eran las palabras sabias que también les encajaban a los Álvarez. Walter, el personaje aludido, enarboló algunos ditirambos e intríngulis de la sarta de versículos raros extraídos del diccionario felón, del Manual de Marxismo-Leninismo, los que declamó durante diez minutos en la Corte, utilizando la habitual jerigonza comunista de retrete.
Resaltan paradojas históricas de sus ancestros respectivos, cuando Walter es también un biznieto y descendiente directo nada más ni nada menos que del destacado inventor del teléfono, Alexander Graham Bell, un patriota íntegro sin lugar a dudas.
Entre otras de las cosas bochornosas a anotar en el dossier familiar de los Myers —si observamos de soslayo y sin aspirar profundo—, es el hecho de que este conspicuo personaje en momentos en que el gobierno de Bush estaba en baja, tras la pérdida sufrida en las elecciones legislativas del 2006 (“midterm elections“, criticó a Bush de manera inmisericorde.

No en balde, Denis MacShaue, un alto funcionario y ministro del gobierno laborista de la época, calificó a Myers de “rata inmunda que abandona el barco”. Ya desde 2006, Walter Myers se quejaba públicamente de lo que él (siguiendo quizás instrucciones de La Habana) denominaba “relación especial”; referido a la exitosa colaboración EE.UU y el Reino Unido (entre el presidente George W. Bush y el primer ministro Tony Blair), en los asuntos de la Guerra contra el Terrorismo.
Walter y Gwendolyn Myers, fueron condenados respectivamente a cadena perpetua para él (sin derecho a parolee) y 5 años de prisión para ella; más la devolución al gobierno y los contribuyentes de los EE.UU, de $1,735,054 millones de dólares, por salarios y viáticos indebidamente ganados durante sus labores de espionaje.
Carlos y Elsa Álvarez, curiosamente, fueron condenados respectivamente a 5 años de prisión con 3 años de probatoria para él y 3 años de prisión para ella con 1 año de probatoria.
Nada en el pliego de la condena indica las intenciones de los Servicios de Inmigración de EE.UU con respecto a los dos cubanos, de su deportación futura a Cuba. Los cargos criminales imputados a los Álvarez, de ser hallados culpables (tal lo fueron), implicaban una pena máxima de 10 años de prisión, más el pago de una multa $250,000, cada uno de ellos. Tampoco, nada en la condena indica el pago de la multa obligatoria, ni la devolución de los dineros mal habidos en beneficio de sus labores de espionaje.

Las autoridades federales de la Florida les suspendieron sus respectivas licencias profesionales para ejercer por su falta de ética, al utilizar las mismas para realizar actos de felonía.
Cantata Misericordium, Op. 69, que nadie desea escuchar, por resortijar ombligos cartujanos
Porque estas kalingas nivosas de antaño y hogaño, no dudaron en enlodar y comprometer el futuro de sus seres allegados con tanta basura bolchevique (obviamos lo de “queridos”, por lo imposible de suponer en estas personas, un destello de amor al prójimo) sin sentir una gota de arrepentimiento.
¿Quién se atreverá a justificar tales traiciones contra los Estados Unidos de Norteamérica? Por lo pronto, de quienes sienten compasión y misericordia por los descendientes actuales y futuros de éstos señalados: ajústense los cinturones, porque la felonía desejemplarizante de éstos nuevos Arnold (ambas parejas), no consistió en un simple gesto, toma de posición o criterio, por una vez, como la de Arnold. Porque se trata de toda una saga desarrollada por décadas y que nunca caducará. Jamás, esperen disculpas de un comunista ni de sus allegados

Alguien apuntado no perder tiempo en preocupaciones por el futuro de esas familias dejadas atrás. Éste opinante argumentó que según crónicas de los reseñadores de los juicios, existe una post data:

Los allegados de ambas familias, se personaron en Cortes para dar soporte “moral y espiritual”, durante todo el tiempo, a estas personas acusadas de alta traición a la patria.

Es impredecible definir cuáles cantatas les serán entonadas a los hijos, nietos, bisnietos y al resto de las familias heridas para siempre; con la desgracia de estar vinculadas a esta mancha deshonorable. Será alucinante para los descendientes (inocentes) de las actividades de estos ambiciosos de poder, ver sus apellidos de “Myers y Álvarez”; ligados al traidor eterno de nuestra impresionante historia, el tal Gral. Benedict Arnold V.
Es que existen diferencias notables entre un ombligo cartujano, dos tropicales y otros dos sajones, expuestos ante un juez de urgencias. Algunas opiniones especulan que si se atiene al modo de actuar de familiares y amigos, indicaría –una realidad monstruosa– que en casa o el entorno de sus vidas, si otros estarían al tanto de las actividades delictivas de estas parejas.
 ¿Entonces … ?
Epílogo sin ton ni son para un pase de vareta “a la una mi mula”
Se sucederán los inviernos y miriadas de snowbirds azotarán las playas de Florida y las islas, con un pase de vareta de “a la una mi mula”. Los prisioneros, mirarán todo desde el hueco alto de las celdas, no percibirán aromas de flores muertas y ni tan siquiera canoridades de pájaros infernales.

Para ellos, que laboraron para asesinar a mansalva a todos los sinsontes de la libertad, democracia y patriotismo, se abatirán las tremendas soledades del Palacio donde Lucifer, el de las tres cabezas, campea en el círculo destinado por el Dante a los traidores. Sus jugos interiores, se les secarán como las uvas que el lobo arrogante quiso ver verdes, aunque estaban secas.
Pero el mayor “pase de vareta” entre los Álvarez, por citar un hecho sobrecogedor dentro de un matrimonio; sobrevino cuando Elsa, aterrada por las dentelladas del cancerbero que le devoraba por dentro, supo con estupor que su amado Carlos; el de los tantos años disfrutados entre las mentiras y triquiñuelas sabrosas del espionaje; en un gesto viril tipificado en los comunistas; la había “echa’o p’alante” (echada para adelante) con el FBI, como si ella fuera el “carrito del’ela’o” (carrito del helado)
4.
Pudieran quedar pendientes reflexiones y preguntas admonitorias a estas cuatro personas, destrozadas y azotadas por el vendaval de sus culpas terribles. Todo, a causa de los simpáticos hermanos Castro, los cuales les han dejado en la estacada (tal sucedio con “Che” Guevara) y quienes con sus demagogias engañaron y empobrecieron un país y envilecieron a su población, otrora florecientes
Todas, perfectamente solucionables por la vía democrática en lugar de sumergirlos en un totalitarismo depravado. Sin embargo, los Castro siguen haciendo de las suyas y disfrutando de la misma dolce vita que se auto impusieron y extendieron a sus parientes y cómplices, desde el primer día que se encaramaron en el poder.
Trágico que estas cuatro personas, los comunistas les arruinaron absolutamente la vida actual y el resto de la que les queda por vivir e incluyendo a las almas de su entorno íntimo, al dejarlas abandonadas en medio de la selva. Seria preguntarles a estas personas: ¿aparte de arruinarse ellos mismos y que “en el pecado original conllevan el castigo”, les valió la pena arrastrarse por ese pantano y quedar enterrados y olvidados allí, para siempre?
Una de las divisas más hermosas del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos de América, entre las otras instituciones armadas, la que es parte del “esprit de corps” de los soldados norteamericanos en misiones de guerra:

“Es que aún en medio de las situaciones más terribles, nunca dejan abandonados a sus hombres ni sus cuerpos abatidos, en territorio ni manos enemigas”. 

¿Álguien puede imaginarse en los comunistas tal forma de actuar con devoción, honor y espiritualidad? No, por una razón histórica y social bien antigua: porque tal forma de asumir actitudes dignas ante el peligro; debe estar antecedida de un código de honor y de los altos principios morales, éticos, cívicos y espirituales propios de la civilización judeo-cristiana, de los cuales los comunistas ni siquiera han oído hablar.
Estos son los casos lamentables de los esposos Myers y Álvarez, a quienes les vendría bien que les esculpieran a cada uno sobre sus lápidas mortuorias los versos –quizás redentores de sus pecados–, de una teutona dolida y golpeada a causa del holocausto judío y que estas personas malvadas, intentaban armar contra los EE.UU. Se trata de la Premio Nobel de Literatura (1966) la judía Nelly (née “Leonie”) Sachs.

In den Wohnungen des Todes
 (En las moradas de la muerte)

“Quién vació la arena de vuestros zapatos
Cuando debíais levantaros de la muerte”
Nelly Sachs (Berlín, 1946)

© Lionel Lejardi. Julio, 2011
    lejardil@bellsouth.net
    Legacy Press

Addendum
(1)   “El Señor de las Moscas”, 1990 film de Harry Hook

(2)   “El Don Apacible” (1928-1940), una novela de Mijaíl Aleksándrovich Shólojov (Premio Nobel, 1965); la cual está considerada -igual que su autor- como una de las mejores muestras de la literaria rusa del siglo XX, aunque vista desde el punto de vista de los stalinistas. Se trata de la lucha de resistencia de los cosacos contra la imposición del régimen comunista en Rusia. Shólojov, sin embargo, ha sido despreciado mundialmente al empañar su talento literario por su apoyo incondicional a los regímenes comunistas. A diferencia del respetado escritor Aleksandr Isayevich Solzhenisynt (Premio Nobel, 1970), un apasionado defensor de la democracia, en especial, para el pueblo ruso. Ver “Archipiélago GULAG”
(3)   Ver detalles en: http://www.latinamericanstudies.org/faget.htm
(4)   Metáfora por “denunciado o delatado”, que el argot cubano denota el concepto de “chivatazo”, mientras que “alante“, es un vulgarismo por “delante“.

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*.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución? I/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución I/II
 
Un agosto caliente sin bañistas, ni en Jaimanitas ni en Viriato
“Hay sol bueno y mar de espumas,
Y arena fina, y Pilar”
“Quiere salir a estrenar
Su sombrerito de plumas”
(“Los Zapaticos de Rosa”, José Martí)
No, no, no. No en ese agosto tan fiero. Porque entonces, la gente rugía fuegos y no estaba para zapaticos tan tiernos como los de Pilar, ni aunque fueran de rosa. Es que la huelga general contra el gobierno del entonces Presidente de Cuba, Gral. Gerardo Machado Morales, había comenzado primero en la capital, incontenible, precisamente en esos primeros días del mes de agosto de 1933. El evento arrancó suave, sin estridencias, en una anodina ruta de autobuses (las “guaguas de palo”) situada en la periferia de la ciudad. El motivo, la corrupción del alcalde de La Habana, José “Pepito” Izquierdo quien de manera abierta, extorsionaba a los dueños de los ómnibus. La huelga cobró fuerza general el 5 de agosto entre toda la ciudadanía ya harta de aquella locura nacional de apaleos, atentados personales, petardos, bombazos y escopetazos, que ni los políticos de la Mediación pudieron controlar.
Los comunistas intentaron deshacer la huelga, siguiendo uno de los acuerdos pactados días antes entre sus mensajeros; Juan Marinello Vidaurreta, Blas Roca Calderío y Joaquín Ordoqui Mesa y el Presidente Gerardo Machado. Para ello colgaron al frente de la huelga a Rubén Martínez Villena y a Joaquín Ordoqui Mesa, a fin de redibujar ante la opinión pública la huelga política revolucionaria, y transfigurarla en otra de imagen y efectos inocuos, de carácter económico y pacífico. Pero el doble juego les delató ante la ciudadanía, como una traición flagrante al movimiento revolucionario imparable y que por esos imponderables de las turbulencias sociales, ya se autodirigía.
El 7 de agosto, ante una falsa noticia de la huida de Machado, el pueblo se desbordó en las calles y fue ametrallado a mansalva, específicamente frente al Capitolio, por efectivos de represión política integrantes de “La Porra” y el Ejército, allí apostados en espera de los manifestantes. En tanto la embajada norteamericana movía sus cuadros de la Medición y militares preferidos, a fin de conjugar un coup d’état incruento contra Machado. Para agosto 12 de 1933, la “Magdalena cubana ya no estaba para tafetanes”. Decir, de las sedas bíblicas y sus arrepentimientos humanos, y el desenlace se precipitó sin frenos.
Machado, se vio y sintió arrinconado por todas las fuerzas interiores y exteriores centradas sobre Cuba. Finalmente renunció en primera instancia por la presión de la banca, finanzas, las clases vivas (alta y mediana burguesía), además de la oposición civil y militar entre otros factores. En el empujón, no pudo faltar el inevitable toque de gracia  propinado; como encargo del Presidente Franklin D. Roosevelt; por su enviado especial el Exc. Benjamín Sumner Welles, atrincherado desde antes en el lujoso Hotel Nacional. A quien Machado lo había puesto en la acera de sus enemigos.
De inmediato, una junta cívico-militar de notables, parte de ellos pertenecientes al Ancien Régime; tras ciertos enjuagues políticos y burocráticos —sugeridos o por lo menos con el visto bueno de los Estados Unidos— tomó las riendas del gobierno. Un apacible coronel mambí, el Carlos Manuel de Céspedes y Quesada fue designado Presidente de la República. Céspedes había nacido en New York (nunca conoció a su padre) y educado en los propios EE.UU. y Alemania. Fue funcionario de varios gobiernos y ejerció en el servicio diplomático por largo tiempo, pero era prácticamente un líder desconocido. Lo peor, carecía del más mínimo carisma o voluntad.
El New Deal de Roosevelt
La sociedad entera, se dio un respiro para abordar el resto de los problemas cabalgantes sobre la Isla. De este modo, brotó en la mentalidad cubana y sin advertirlo los propios actores del drama, no ya los instigadores, una ciudadanía en estado pre revolucionario. Lo cual era, exactamente, lo temido por la política del “New Deal” (Nuevo Trato), auspiciada por el estrenado Presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt. Los cubanos con su revolución, como siempre en el decir norteño, se estaban propasando más allá de las expectativas.
El gobierno defenestrado, estaba presidido entonces (aunque en lo técnico, de manera inconstitucional) por el Gral. Gerardo Machado y Morales (1925-1933); un político muy popular en sus inicios pero que, terco como un mulo; echó por la borda lo positivo de su labor durante el primer período, al dejarse conducir en el segundo por sus lisonjeadores (chicharrones y jalalevas) hacia un punto sin retroceso. Hasta unos años antes, este líder era un respetado general mambí.
Como líder político entendió que era un ser insustituible como presidente y en 1929, a finales de su primer y único mandato constitucional para el cual había sido elegido democráticamente por el pueblo, cometió un error imborrable: impulsó una prórroga de poderes en complicidad con el Congreso amañado, a los fines de continuar en el cargo de Presidente de la República. Tal acción reeleccionista era ilegal, puesto que la misma estaba prevista y prohibida específicamente en el artículo 115 de la Constitución de 1901. No es extraño que hoy veamos a los integrantes de Eje Apocalypto (ALBA), basados en artimañas y subterfugios, bregando en andanzas similares.
Para resolver sus aspiraciones, el Presidente logró que se emitiera la denominada Constitución de 1928, enmendando y remendando la de 1901, que le permitía no los dos años iniciales de prórroga solicitados al Congreso sino, extenderlos a seis. Echarlo de la silla presidencial y tomar el poder político, aunque de manera provisional para retornar el país al cause legal, requirió de una serie de acciones violentas llevadas a cabo por las fuerzas oposicionistas. Porque así, fue la decisión de sus líderes. 
¡Cuidad de los cuadros, como de la niña de vuestro ojos!, clamó Trotsky
Los líderes comunistas, siempre se mantenían al margen de figurar en la línea frontal; allí donde existiera peligro; siguiendo la máxima trotskista de: “cuidad de los cuadros, como (cuidais) de la niña de vuestros ojos“. El lema suscribe que sus líderes se reservarían durante la etapa anti machadista, para la hora 25, la cual ellos estimaban la óptima para “repartir el pastel”. Fijada esta coyuntura, en el momento que estallara la huelga general en ciernes; de cuya dirección se apoderarían y conducirían, como acto final del drama. La filosofía de los bolcheviques siempre advertía que los “cuadros” deben arribar intactos al final de las contiendas, para rehacer el menjurje a su antojo. Es decir, que los héroes los pusieran las facciones nutridas con idiotas románticos (los otros, salvo excepciones o confusiones).
Resultó que durante esta última etapa del gobierno de Machado, la victoria democrática cuajó en medio de una Cuba convulsionada por antagonismos previos entre el gobierno y cada estamento de la oposición. No se trataba de una pugna convencional entre fuerzas políticas de criterios e ideologías distintas, dentro del marco natural de las democracias. Sino entre un presidente que al concluir el período presidencial cuatrienal para el cual fue elegido, y por su voluntad expresa, violó la Constitución de 1901 al imponer su propia reelección a contrapelo del sentir popular, reluctante hacia los proto caudillos.
El descontento de la población aumentó, durante ese segundo período de Machado; dado que esta gestión ejecutiva derivó hacia un gobierno dictatorial y despótico, en medio de la crisis financiera mundial de 1929. Los cubanos se indignaron, puesto que sus quejas ante el gobierno no fueron escuchadas.
El gobierno ripostó desplegando un autoritarismo abusivo, que los ciudadanos entendieron represivo. Una consecuencia resultó en que la paz social quedó rota de manera irremediable. Los opositores tradicionales y los inducidos por la situación general, se agruparon e iniciaron actividades conspirativas; desarrollando acciones violentas, incluyendo el terrorismo urbano. En esencia, se trataba de una guerra civil sin fronteras; puesto que cada contrincantes peleaba dentro del otro. La denominada “Generación del 30” con el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) a la cabeza, marcaron los pasos más arriesgados.
Una poderosa facción política de carácter secreto, integrada por intelectuales avanzados y líderes de las clases vivas, denominada “ABC” (sus militantes eran conocidos como los abecedarios) (1), llevaba buena parte la batuta en la confrontación violenta contra el gobierno.
Los estudiantes, políticos y líderes sindicales de varios niveles, se adhirieron al (DEU), junto con otras facciones que siguieron iguales actividades anti gubernamentales. De este modo, estalló la lucha armada irregular urbana entre las fuerzas opositoras de todas tendencias y el gobierno machadista.
No podía faltar el hecho y es bueno de recordarlo, que a inicios del primer gobierno constitucional de Machado, un abigarrado grupo de comunistas, socialistas, libertarios, sindicalistas, nihilistas, anarquistas, logreros y otros desequilibrados criollos y extranjeros; tras sesionar durante los días 16 y 17 de agosto,1925; fundaron en La Habana el Partido Comunista de Cuba (PCC) (2), el cual juró fidelidad ciega a la nueva metrópolis ideológica anidada en el Kremlin. Dos de sus líderes principales fueron Julio Antonio Mella (3) y Carlos Baliño López.
“Agua, caminos y escuelas”, prometió Machado
Y así propuso y lo cumplió el Presidente electo. Porque el lema de campaña de Machado cuando aspiró a la presidencia en 1925 fue: “Agua, Caminos y Escuelas”, y el cual se implementó con éxito enorme bajo el mando del dinámico ministro de Obras Públicas, Carlos Miguel T. de Céspedes y Ortíz.
Dos de las obras más destacadas de nivel nacional construidas por el gobierno de Machado entre muchas otras, fueron la Carretera Central que unió todas y cada una de las capitales provinciales, incluyendo las ciudades de mayor importancia y el majestuoso Capitolio Nacional (4) . El país, como nunca antes, floreció en medio de las esperanzas ciudadanas.
Machado, como general mambí, había ganado corajudamente sus grados militares durante la Guerra de Independencia de Cuba, luchando contra los ejércitos coloniales de España. Sin embargo, mientras transcurría su segundo y turbulento período presidencial, Machado condujo a la república sin razón alguna, hacia el borde de un abismo.
Coincidía con la crisis económica mundial, que ya azotaba todo el planeta; acentuada desde el Jueves Negro por el Crash de la Bolsa de Wall Street el 28 de octubre de 1929. Para agosto de 1933, la situación económica y política en Cuba, estaba deteriorada al extremo.
Los opositores que le combatían, no desechaban que el gobierno de EE.UU acudiera a la denominada “Enmienda Platt“, un apéndice insertado en la Constitución Cubana de 1901; bajo el pretexto de la casi guerra civil en la isla, la cual no daba señales de cuándo acabaría, sino que se intrincaba involucrando intereses ajenos al Asunto Cubano.
Dicha enmienda, facultaba a los Estados Unidos –entre otras perrogativas– intervenir militarmente en Cuba, para aplacar los ánimos de los ciudadanos, bajo estados de caos político y peligro para los intereses norteamericanos. Los fines propuestos, una especie de romanticismo paternal, mantener la paz entre las facciones en discordia.
Ahora, corriendo 1933, ya habían transcurrido décadas desde el instante en que se proclamó la soberanía de la República de Cuba, en 1902 y al gobierno machadista se le achacaron un cierto número de torturas, atropellos y crímenes políticos, algunos horrendos, que asombraron a la población. Las mujeres, no escaparon del tentetieso.
¿Acaso fue una guerra bendita?
El drama de la emancipación cubana del dominio español, hizo crisis en las relaciones entre las dos potencias, EE.UU. y España; cuando el Congreso norteamericano emitió la “Joint Resolution” (Resolución Conjunta) de Abril 19, 1898 considerando el genocidio escandaloso en Cuba por parte de la metrópolis. Un caso específico, fue “La Reconcentración de Weyler” del campesinado ordenada por el Gobernador de la Isla, Gral. Valeriano Weyler y Nicolau. Ello hizo que Washington rompiera hostilidades con Madrid (Abril 25, 1898) y estalló la guerra.
El 16 de julio de 1898, tras sendas batallas marítimas fulminantes; el poderío marítimo de España era obsoleto (los navíos no disponían de torretas giratorias de sus cañones,  movidas eléctricamente) , fue neutralizado completamente y desmantelado de manera definitiva. La destrucción absoluta de las escuadras españolas deambulantes en la Bahía de Santiago de Cuba y Cavite (Filipinas); respectivamente; y un asalto terrestre (playa Siboney en Santiago de Cuba, Oriente) con el apoyo en tierra de fuerzas mambisas, hicieron que España se rindiera a las fuerzas mancomunadas de EE.UU y los patriotas independentistas cubanos.
Con ello, concluyó la guerra Cubano-hispano-americana y de inmediato, comenzó el retiro de las tropas españolas y la ocupación militar de la Isla de Cuba por los norteamericanos y de otras posesiones españolas de ultramar en las Antillas y el Pacífico. La ocupación de Cuba, fue por un período de tiempo estimado relativamente corto.
El triunfo de los patriotas quedó ensombrecido por dos causas. La negación del general Shafter de que las tropas mambisas entraran triunfantes en la ciudad de Santiago de Cuba, junto con las norteamericanas y la ausencia de los representantes cubanos en las deliberaciones del “Tratado de París” en Diciembre 15, 1898, concertado entre los EE.UU y España. Olvidando que los mambises independentistas eran parte cosustancial de las fuerzas vencedoras.
España y su altanería caduca, no admitía humillarse rindiéndose ante los patriotas cubanos; arguyendo que el ejército español capitularía “ante un ejército decente como el norteamericano, no una banda de indigentes“. Una completa falta de hidalguía, ante una derrota honorable librada en buena lid, durante decenas de años.
Después de 4 años de ocupación norteamericana, para restaurar y estabilizar sanitaria, institucional y económicamente la isla en ruinas; al mediodía del 20 de Mayo de 1902, fue proclamada la ansiada independencia de la República de Cuba, cesando con ello la intervención en la isla y no así en Puerto Rico, Filipinas, Guam y otras posesiones antes españolas.
Los norteamericanos, dejaron en manos criollas el estrenado gobierno republicano. De acuerdo a una disposición antiséptica incluida (obligatoriamente) por los constituyentes en la Carta Magna de 1901, se señalaba que “ningún presidente podría reelegirse por períodos sucesivos”. La violación de esta cláusula por el gobierno machadista, fue el leit motiv de la trifulca entre el pueblo tornado opositor iracundo y el gobierno.
Una premonición preciosa
Esta premonición preciosa de los políticos cubanos, indica que la no reelección presidencial les preservaba de la existencia de “caudillos providenciales” deseosos de implantar dictaduras para enriquecerse y eternizarse en el poder, tal si Cuba fuera una finca particular.
El sello de este punto de vista malévolo lo estampó, la horda guerrillera que se encaramó en el poder político de la isla en enero 1 de 1959, devenida en el actual régimen comunista totalitario implantado en Cuba por los hermanos Castro y sus seguidores (5).
Los EE.UU, habían observado con inquietud los inicios desordenados del republicanismo independentista de las ex colonias españolas, ya a nivel continental. Un estado de cosas desprendido al cortarse (provisionalmente) los nexos de estas naciones nuevas con la metrópolis española y de paso, la entronización del caudillismo como antítesis de la democracia.
Esta particularidad inquietaba a la Cancillería del Potomac, siguiendo el rastro de la historia de las repúblicas indoamericanas incluyendo, en especial, desde los inicios de la independencia; las pretensiones monárquicas primero e imperiales después, de los primeros líderes haitianos. Entre ellos Dessalines, Henry Christophe, Soulouque, etc. (proclamadores de monarquías e imperios intrascendentes) y a posteriori, quienes además invadieron en varias ocasiones entre 1823 y 1849, el resto de La Española, territorios que después conformaron la actual República Dominicana.
Resultaba que estas naciones nuevas, ya no eran países noveles inexpertos estrenando independencias, cuando entonces se igualaban en tesituras camorristas idénticas a las de otras repúblicas a lo largo del siglo XIX. En el caso de Cuba, Washington previó introducir en la Constitución de 1901 la mencionada “Enmienda Platt“, algunos de cuyos poderes y prerrogativas ya molestaban a parte de los cubanos (otros la consideraban un bálsamo protector) desde sus inicios, hasta que fue abolida al consolidarse la revolución anti machadista impulsada por la maravillosa Generación del 30 y el “presidente de los cien días, Dr. Ramón Grau San Martín”, uno de los pentarcas.
Por la actuación de Machado y la reacción violenta de los opositores, indicaba que las fuerzas políticas enfrentadas se desviaron del camino del orden y del quehacer democrático. Machado, constituyó parte del período presidencial cubano, durante la etapa última de la inevitable “república de los generales” (José Miguel Gómez, Mario García Menocal, Gerardo Machado Morales y otros), a la cual siguió desde 1933, la “de los doctores” (Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia y de los Reyes-Gavilán, Carlos Prío Socarrás, etc.).
Esta primera etapa republicana entre el 20 de mayo de 1902 y el 1 enero de 1959 (interrumpida violentamente en 1959 por los comunistas castristas dirigidos por el Comintern), es conocida con el nombre de la “República de Generales y Doctores“.
Gerardo Machado, era un pichón perfecto de español, nacido con la osadía y tozudez ibérica, clásicas. Bajo los fulgores de su primer período, distanciado del su antecesor el Presidente Dr. Alfredo Zayas Alfonso (1921-1925), el dinamismo de la novel presidencia estremeció Cuba con vastos planes de obras públicas y leyes beneficiosas para la consolidación de la economía.
Un sinfín de industrias nacionales, fueron impulsadas con los ya lejanos estertores ventoleros de la Belle Époque (1880-1914), ultimada más adelante por el suicidio masivo de la gran catástrofe que significó —fiesta oportuna para los extremistas de toda laya— la I Guerra Mundial (IGM), iniciada en 1914 y finalizada en 1918 en medio de inenarrables horrores.
De inmediato, Europa entró en un giro vorticial irretornable de profundas convulsiones sociales. Iniciada la pos guerra y dentro del maremágnum europeo, el desborde de anarquistas, nazis, fascistas y comunistas entre otras facciones; rumiaban venganzas, desquites y vagancias contra las sociedades organizadas; remanentes de la civilización occidental; entre ellas y en especial, las monárquicas y las conformadas como naciones con los restos imperiales (prusiano, austro-húngaro y otomano).
La horda de las bondades
Entre las huestes de radicales a principios del siglo XX, se destacaron los bolcheviques (comunistas) rusos, abanderados con un marxismo feroz. Estos personajes eran de una prosapia radical y extremista y demostraron desde el punto de vista partidista y como organización subversiva, ser y constituir la horda anarco-revolucionaria más disciplinada, cruel, obediente y organizada de entonces. Ello sustentado por una no tan novedosa como regimentada ideología, basada en la abolición de la propiedad privada, el apoderarse de las riquezas atesoradas por la nación en su conjunto, la burguesía y la repartición manirota entre sus secuaces y los restos de esos bienes, supuestamente entre la chusma del lumpemproletariat.
Ello convino en atracción singular para estos últimos, de lo cual en la realidad resultó en la repartición de la pobreza. Tales bondades ideales para sus líderes ansiosos de una militancia de autómatas, corrían sus acciones en la bolsa de valores del extremismo destructor; sujetas a una doctrina ideológica férrea cuyo entramado de violencia sociopática, estaba definida y esculpida en piedra, cuidadosamente.
En sus pretensiones comunistas, los líderes marxistas cubanos albergaban la idea de igual formula  rusa para alcanzar el poder político de manera violenta e implantar de inmediato el Terrorismo de Estado (Époque de la Terreur, copiado del terror jacobino). Tras lo cual vendría la degollina. Nazis y fascistas, les imitaron a su vez con el mayor de entusiasmo.
Los comunistas abogaban por tales fines, independientemente de que ello significara el atropello de todas las libertades; la opresión sobre el pueblo, degradamiento y envilecimiento de los ciudadanos así como la ruina económica, el empobrecimiento pertinaz y permanente de toda la nación, arrasando con sus valores y tradiciones.
Por supuesto que en el breviario de los comunistas, dentro del grillete no se incluiría toda la nomenclatura burocrática sustentadora del aparato de la Nueva Clase de funcionarios del partido, los militares y sus allegados. A pesar de la prometida igualdad, ellos instauraron una clase social separada, una elite sub cultural opresora y que en realidad era un “supra estamento aristocrático” aunque denostado vulgâris tan absolutista como impenetrable.
En la otra parte, el socialismo corporativo de estado, de raíz antisemita, adquirió igualmente a manos de los fascistas (fascio) de Benito Mussolini en realidad (Almicar Andrea Mussolini) y nacional-socialistas (Nazi) de Adolph Hitler, ademas de aquellos otros líderes europeos pro fascista; sendos caracteres violentos, totalitarios y genocidas.
Tal proyección en su modo de actuar se auto imprimía, tal mostraban los ejemplos de la monstruosidad terrorista del comunismo en sus campos de trabajo forzado, a manos de Lenin y sus seguidores de la CHEKA, al triunfar los comunistas en Rusia.
Sólo que en Cuba, estas corrientes ya desarrolladas mundialmente a plenitud a inicios de los años 30, se encontraron con un Presidente tozudo pero patriota; que era un hueso duro de roer y menos; apto para ser convencido para enrolarlo en alguna de las opciones filosóficas deambulantes por el planeta, todas, sustentadas por sus pandillas mafiosas respectivas.
Sin embargo, Machado, sucumbió a su propia egolatría y egotismo e impuso un segundo período en su controvertida reelección —para ello, alteró la Constitución de 1901— y además del desastre del caprichoso mandato presidencial, la figura del presidente declinó en la opinión favorable que le dispensaban y admiraban inicialmente la mayoría del pueblo y las clases vivas.
Esto se manifestó, en especial, en las inconformidades de aquellos grupos, fuerzas y élites intelectuales tan vanguardistas como el Art Nouveau; los cuales lo consideraron un dictador detestable y por lo tanto, punible con el derrocamiento de su gobierno por la fuerza.
El Crash de Wall Street
Los opositores activos, armados como pudieron, se nuclearon alrededor de los estudiantes universitarios e intelectuales, iniciando el ataque para el desmonte definitivo del gobierno. Nadie se detuvo en aplicar de manera inexorable, cuanto medio y acciones violentas, de sabotajes, atentados personales, terrorismo y de toda índole que encontraron a mano, las cuales fueron fuertemente repelidas por los machadistas y sus aparatos de represión.
Claro, Cuba yacía entrampada en la crisis mundial económica iniciada tan temprano como en 1927 y marchitada definitivamente por la caída de la Bolsa de New York, extendida (en teoría) hasta 1933, la que en realidad continuó hasta 1939. El tropezón fue detenido con un repunte vigoroso de la economía, coincidiendo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial (IIGM).
Todo el crash económico, al que fueron arrastradas el resto de las bolsas, se inició por la sobre valoración especulativa de las acciones bursátiles y el estado desastroso de las economías europeas, tras los embates de la IGM.
Otros factores colaterales fueron la abrupta caída de los precios de los productos agrícolas —el precio del azúcar cubano se cotizó a nivel de piso, a medio centavo la libra— y las restricciones de crédito, pues los bancos se quedaron sin activos y las industrias locales dejaron de producir. El gobierno machadista se estremeció cuando sintió las primeras ráfagas de la crisis y quedó en atormentada espera.
El patrón oro, no pudo solucionar la crisis y resultó inservible. Este, dejaría de funcionar hasta que un decenio después, en 1939, el británico John Keynes propició que Gran Bretaña renunciara al patrón oro, en cuya acción fue seguida por otros países industriales.
Al caer las bolsas paulatinamente desde 1927, sometidas al efecto dominó; ello significó un factor de punta negativa para cualquier gobierno. Todo devino desastre natural para el presidente Machado, con la consecuente pérdida de popularidad y simpatías ciudadanas.
Atisbos del hambre se cernieron sobre la isla, bajo un gobierno insolvente en cumplir con sus compromisos internos y externos. La falta de liquidez no permitió pagar los sueldos de los funcionarios. Los ánimos, se caldearon al máximo entre el gobierno y los ciudadanos enardecidos, y los comunistas se frotaron las manos, como siempre, listos a pescar en río revuelto.
La oposición contra el gobierno machadista, articulada por los estudiantes e intelectuales incluyendo algunos estratos obreros; hizo derroche de un heroísmo innecesario, desplegado igual por el resto de las fuerzas revolucionarias anti-machadistas; cuyo drama tan filoso, conmovió el interés hollywoodense (6).
La violencia popularizada desde inicios de 1930, condujo a un desenlace favorable para la oposición que culminó con la caída del gobierno machadista en agosto 12 de 1933. De inmediato, se inició el caos social ante la ausencia de autoridades.
Las fuerzas vivas, los estudiantes y la oposición política, concertaron acuerdos sobre la marcha para normalizar la situación caótica del país y brindar una imagen más ordenada y compuesta, a la opinión publica internacional.
Céspedes y el Gabinete de Concentración
Una Junta o Gabinete de Concentración, fue conformada de inmediato por la presión y el discreto beneplácito del gobierno norteamericano. Dicha Junta diseñó e instauró un gobierno provisional de facto, previendo el desborde del populacho. Nada pudo evitar que lo integraran personalidades que de una forma u otra estuvieran ligadas al gobierno machadista, los moderados. Pero el pueblo deseaba lo contrario, porque durante todo el tiempo que sobrevivió, resultó un aparato inoperante.
Sin embargo, sus integrantes, poseían un pedigree de indudable probidad moral y política. El aval revolucionario adquirió una validez insospechada como nunca antes. El color verde distintivo de los abecedarios, se popularizó de inmediato.
El bastón presidencial, recayó en el Dr. Carlos Manuel de Céspedes y Quesada; hijo del prócer independentista y Padre de la Patria, el abogado Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, muerto en combate durante la “Guerra de los Diez Años” (1868-1878).
Entonces Cuba tuvo un nuevo presidente, pero como un parto de los montes, no natural, emanado de la disolución del gobierno ante la huida del Presidente Machado hacia Nassau en un avión militar facilitado por los oficiales adepto al gobierno machadista, en unión de algunos de sus colaboradores más comprometidos, en la tarde de ese mismo 12 de agosto de 1933.
Pero los ciudadanos deseaban otros cambios. El nuevo presidente cometió varios errores que desdoraron su pedigri y abolengo, dado que contemporizó con la oficialidad, ratificó al Senado el cual se había plegado a los deseos de Machado; una pifia que despues corrigió; y en especial, por no haber movido un dedo en escuchar los clamores del pueblo, ansioso de reformas económicas y sociales.
 
Luego, exactamente el 3 de septiembre de 1933, un ambicioso sargento frunció el ceño frente al espejo de su lavamanos. Era la enésima vez que lo hacía para darse ánimos. Se había despertado temprano, todavía insomne. Y después de sus abluciones matinales, deambulaba por su modesto apartamento en los altos de la panadería y dulcería ubicada en la bulliciosa “Esquina de Toyo”, en Luyanó, el barrio de “Bigote de Gato”.

–¿Qué tienes, papi mío? –inquirió la esposa, Elisa, inquieta con el ir y venir de su marido.

El sargento contaba cada minuto trascurrido, puesto que una serie de acontecimientos se desencadenarían entre la noche de ese día y la madrugada del siguiente. La esposa, casi que fotografiaba cada paso y gesto de su amado. Éste se arrodilló ante el modesto altar de la Vírgen de la Caridad del Cobre y le rogó, pidió y meditó por unos instantes, solicitándole a la vírgen quién sabe cuáles milagros o diabluras.

Y lo bien que lucirá como oficial con su uniforme de gala —y se hizo la sempiterna pregunta que todas las esposas de militares de bajo rango, se inquieren y no confiesan—. ¿Cuándo podré ver a mi marido vestido de oficial, lleno de medallas y entochados; con sus botas altas de piel de cochino y sus espuelas, una fusta y un dichoso sable?. ¡Por Dios que me derrito por verlo de gala con su sable colgado y las espuelas plateadas en sus botas!”.

Quizás sea la última“, pensaba él por su parte.

Porque el sargento se encontraba dentro un mundo silogístico, donde su alma sobrecogida inmersa en dudas, inconexa a las preguntas de su esposa y también a cualquier ruido ambiental que lo rodeaba. Era la sensación de como si le hubiera entrado agua en los oídos. Pero reaccionó e hizo como si no la hubiese escuchado y se disculpó. Ella sonrió, al sentir de que no estaba hablando a un manojo de albaca.
Desde la calle, se escucharon las notas aflautadas del caramillo del afilador de tijeras, confundido con el ruido de los claxons y tranvías, los unos tomando la Calzada de Jesús del Monte y los otros, doblando en la bifurcación de la Calzada de Luyanó con rumbo a Mantilla y otros barrios periféricos.
El ABC pierde el bate y sale del juego
Ya desde el 22 de agosto de 1933, el ABC, Directorio Estudiantil Revolucionario, líderes de los sargentos y soldados de la Marina y el Ejército se rebelaron en una resistencia pacífica contra las órdenes de los oficiales administrativos y emitieron e hicieron circular en los medios, un manifiesto pidiendo la radicalización del gobierno de Céspedes y reiterando un llamando solemne a fin de convocar una Asamblea Constituyente, para estabilizar el caos legal constitucional. Pero el ABC quería otra cosa.
Al sargento, en ese día específico, se le destacaban signos inequívocos de insomnio y cansancio. Su semblante rasurado por completo, acusaba una mezcla de rasgos achinados y mestizos. Su cabellera de un lacio negro; peinada hacia atrás según la moda; pero sin la raya al medio como la de su futuro opositor Antonio (“Tony“) Guiteras Holmes, le daba a su aspecto el tono exacto que sus seguidores necesitaban.
No el de los otros oficiales de rango alto y de academias, empingorotados y fatuos, a los que él y los otros complotados esperaban ajustarles las cuentas, aunque fuera sólo de “boca pa’fuera“, para excitar o calmar a la soldadesca enterada de su papel en los acontecimientos de inevitable precipitación.
El sargento, meditaba desde hacía semanas. Reflexionando con los otros conjurados sobre lo ignoto e impredecible que se le presentaría en ese día septembrino, el más decisivo de su vida. Porque esa tarde el grupo de los militares complotados, habían citado a una reunión urgente, la cual efectuarían en la casa de un extranjero nacionalizado, amigo de alguien. Esas actividades fueron conocidas como “la revuelta de los sargentos y clases“.
Tarde en la noche anterior, el sargento había retornado de Matanzas de verse con otros conjurados de aquella zona, evadiendo los agentes y chivatos (apapipios) de la incipiente Inteligencia Militar del gobierno, apostados en la “pesa de camino”.
Su esposa le trajo café con leche, pan de flauta y mantequilla. Y ella quedó, contemplativa de “su hombre” y suspiró orgullosa. No estaba muy al tanto de los trajines conspirativos del marido, pero su sexto sentido le anunciaba buenas y peligrosas nuevas.
El reloj, ya marcaba las siete de la mañana. Afuera, el chillido inconfundible del Hispano-Suiza J12 de 12 cilindros, un cabriolet negro grande, y recordó que el cabo Urría venía por él. Ya vestido, se colgó maquinalmente los arreos militares por estrenar, a la derecha se estrenó la Cold .45 “Caballo de Flecha” nueva y a la izquierda, el par de magazines extras, todo, “de paquete”. Era un ensayo.
Un armamento que adquirió a consignación en una armería de la Habana Vieja. Porque el arma corta de reglamento, en algunos casos, era el pesado revolver Colt .45 heredado de los norteamericanos. Sin ser tirador experto, era capaz de hacer diana en un blanco fijo colocado a 25 metros de distancia.
Pero finalmente el fundamento del atuendo se redujo al uniforme convencional de sargento. Pero ya Elisa le tenía preparado el “otro completo” para vestirse de pies a cabeza, con gorra, arreos, armamento, sus entochados e insignias de oficial.

Porque de que eso viene, viene. Y no sera extraño que pronto la tenga que probar al duro y sin guantes“, reflexionó mirando el arma.

El inquilino de Refugio No. 1
Era (y es) la dirección postal del Palacio Presidencial, construido durante la etapa del Presidente Mario García Menocal (1913-1921 y residencia oficial del Presidente de la República de Cuba. Allí, quedaban pastando los viejos integrantes de la Guardia Presidencial de Palacio. La que ahora cuidaba el Presidente Interino, Carlos Manuel de Céspedes, un producto emblemático de la revuelta armada bajo el ala de Welles; pero inocuo para todas las facciones, en sus remembranzas del abolengo y al que nadie, respetuosamente, le hacía caso.
Por entonces, Céspedes inspeccionaba solazadamente los daños causados por el ciclón que azotó días antes las ciudades de Cárdenas y Sagua la Grande, al nordeste y sudeste de la isla, a unos cientos de kilómetros de la capital. Su ausencia de la capital, le venía como anillo al dedo a los conspiradores de todas las tendencias. En especial, los ávidos por radicalizar el proceso, sin quitarle el ojo a los “correveydile” de la embajada norteamericana.
A la sazón, bien temprano y muy lejos de la capital cubana, el ex presidente Machado deambulaba aburrido y roñoso sobre una arena quieta de Nassau. Era su destino desde la aparatosa fuga. Ahora caminaba por una de las playas del sector residencial, de aquellas posesiones británicas en el archipiélago de las Bermudas. Esperaba un correo secreto que nunca llegó.
Al parecer, sólo le restaba irse a vivir en Miami, “La Ciudad Mágica“. Porque estaba claro en que él y su familia nunca volverían a Cuba, y motivo por el cual desde antes había encargado un lote y lápidas sencillas en el cementerio principal de Miami, para él y su fidelísima esposa Elvira.
Ella, su compañera amable, miraba asombrada desde el cobertizo del chalet; sin ningún lujo; a la figura corpulenta e inconfundible del ex presidente, su marido de tantos años. Claro que aquello no era Palacio, pero lo importante es que hubiesen salvado la vida.
Aunque le sorprendió que un hombre tan conservador y de rectitud fiera en su vida personal, se remangara los pantalones para caminar descalzo, zapatos y medias en mano, pisando el agua de la orilla. Ella no había advertido desde cuando su “Gerardito” andaba por las afueras del bungalow, reflexionando como una tortuga vieja metida en un carapacho todavía jóven.

–¡”Coño, me cago en la que canta y no pone” –maldijo Machado entre dientes, empleando una expresión campesina, al sentirse arañado por un diminuto caracol y chasqueó la lengua y se reconfortó diciendo–. De verdad, que no hay nada como Varadero. Pero es el colmo y lo que no acabo de entender, es cómo carajos los americanos les han dejado pasar a esos comunistas, la frescura de que se sienten en mi silla presidencial.”

Sandwichs cubanos del “OK” de Zanja
En la capital cubana, en tanto, la cosa no era así de apacible. El pueblo, ahora sumado en masa a los vencedores, se dedicaba a cazar a los chivatos, “apapipios” y porristas —porque Machado en su desesperación, creó “La Porra“, un destacamento represor de búsqueda y castigo de los opositores activos, casi idéntica a la de los fascistas italianos—, algunos de los cuales fueron ajusticiados en plena calle durante los primeros días de la caída del gobierno. Casi a diario, encontraban alguno y lo cazaban como a una fiera.
Cada grupo oposicionista se consideraba con el mejor derecho a conducir los destinos patrios. Entre ellos, las clases y soldados de las Fuerzas Armadas, casi acéfalas de su oficialidad de academia, puestos a dormir a buen resguardo, para los tiempos que se avecinaban durante el período de paz.
Durante la primera etapa, se las había arreglado para denominarse simplemente el “sargento Batista”, porque todavía no era “Fulgencio Batista y Zaldívar”, sino “Rubén Zaldívar”, así de pela’o, era su nombre original. Y no dispuso de su último nombre completo hasta 1939, cuando se presentó como candidato presidencial para las elecciones generales de 1940, donde sin excusas, le exigían una partida de nacimiento.
Fue entonces cuando estaba en vísperas de comenzar su época de oro como “Promotor de la Constitución de 1940 y Presidente de la República de Cuba (1940-1944)”, una verdadera joya para su tiempo, en su memento cimero. Pero eso sucedería mucho después, traspasando por muchas vicisitudes, aprietos y aventuras riesgosas, incluyendo la eliminación de sus enemigos que proliferaban en función del ascenso de su fama y notoriedad.

—Mi jefe, el carro esta listo —dijo Urría, el cabo, y saludó militarmente a su pasajero en cuanto la esposa abrió la puerta
—Quiero que para las diez, encargues a alguien que nos lleven café con leche y 20 sandwichs, del “OK” de Zanja, y de paso lo que encarguen los demás. Contacta con el mayordomo para que dispongan el servicio. No quiero recargar a los señores dueños de esta casa —le ordenó Batista al chófer, sin que se le escapara lo de “demás oficiales”, para no levantar la paloma.

Y ahora le habían vuelto a la realidad la insistencia de los golpes de Urría en la puerta, pues le esperaba un viaje largo hasta la casona de los libaneses. Ante la insistencia del cabo, ya arribado el carro a la mansión regia, descendió del mismo tomando cuidados extremos en aquel ambiente extraño y refinado. El punto de reunión era una impresionante edificación del estilo español, sin patio interior y prestada con servidumbre y todo, al grupo de los militares conspiradores.
La casa pertenecía a una familia de joyeros del Callejón del Cristo, en la Habana Vieja, ahora en un conveniente viajes de paseo por la Florida. Una familia, increíblemente aliada en negocios con sefarditas moderados, dedicados al mercadeo de telas y productos ópticos, en los almacenes de la calle Muralla.
“Yo creo y …no es un mandato”, señaló Batista
Allí, en una edificación lujosa de dos pisos; funcionaba el punto de la conspiradera militar armada por los sargentos. En el lugar, lo esperaban entre otros, el sargento Andrés Benítez Pancorbo, designado como futuro jefe del estratégico Cuartel Maestre de “San Ambrosio“, situado al borde de la bahía de La Habana y el resto de los otros sargentos y civiles complotados. Era un grupo no muy numeroso, pero decidido a salirse con las suyas.
Batista abrió la reunión y disertó por un rato sobre aspectos generales, de manera que fuese él y no otro, quien abriera el juego. Además, se había sentado convenientemente en la cabecera de la mesa, para que sus compañeros de aventuras; sin él insinuarlo; se acostumbran a verlo en el punto central de las reuniones. Trucos muy simples, que les había recomendado el “Viejo Lulo”, un oficial del Ejército Mambí, ya retirado.

Coincido en que este es el instante preciso, Batista —le interpeló uno de los sargentos, José Eleuterio Pedraza Cabrera, su principal cuadro de fuerza, uno de los “músculos” de los complotados y del gobierno futuro—. Contamos con el Directorio, los intelectuales, Carbó, Guiteras, el ABC y un montón de civiles y por supuesto, nuestras clases y alistados—, apuntó finalmente desde la gran mesa oval. Los complotados, deliberaron largo rato, a los que se incorporaron varios civiles.
Caballeros, dicen ustedes que el ABC? No todos los mencionados son aliados seguros —alertó Estevaz Maimir en tono jocoso—, ya es tarde y nos vamos a perder las croquetas de jamón, pasteles de guayaba y bocaditos que nos trajeron cortesía de la casa.
Sí, hay que estar temprano en Columbia —coincidió otro de los asistentes—, porque los amarres debemos hacerlos antes del meeting.
Yo creo, y no quiero que mi opinión se interprete como un mandato, porque aquí soy el último de los últimos. Es que ya cada uno de ustedes, sabe a cual unidad debe dirigirse, para asumir el mando. Recuerden siempre ir por lo menos con una escuadra de soldados portando armas largas, cortas y parque para dos horas. Y nada de policías—, señaló Batista. En tanto, Benítez y Pedraza miraron recelosos hacia el cielo encapotado.

Batista, todavía no había contactado con la que seria su “Madrina Mayor”, una culta cubana estudiosa de las religiones del sincretismo africano, la cual poseía una residencia enorme (Finca “San José”), cercada sólida con dos metros de altura, en una propiedad lindante con la “Calzada Real” (actual, Ave. 51) y la calle Primelles, en el barrio obrero de Pogolotti, Marianao.

Todo les irá bien—, les había profetizado también Silvio, un babalaow (también sargento político de un concejal de ese mismo barrio, pero colindante con la “finquita, donde la iglesia de los ñañigos”, tal se le conocía —por donde Carlos J. Finlay hizo sus experimentos, sobre el mosquito y la fiebre amarilla—, mientras sostenía una cabeza sangrante de un gallo bolo entre los dientes y se azotaba la espalda desnuda con un mazo de “escoba amarga”.

“¿A qué esperar para comenzar la Revolución?”, escribió Carbó
En una tarde anterior igual, pero lluviosa y de presagios raros, Sergio Carbó Morera, el popular líder oposicionista y también entonces; el periodista de mayor empuje en la política del Asunto Cubano; había publicado un sugestivo artículo en su periódico de “La Semana”: “¿A qué esperar para comenzar la revolución?”
Evidenció ser una incitación abierta a la subversión contra el gobierno de Céspedes. Claro que el periodista por entonces y al parecer, tenía enchumbado el cerebro quizás con una tisana de té mongol “real”, del recolectado para el emperador de Manchuria y café caracolillo de la Sierra Maestra. Pero sus lectores, ya acostumbrados a estas genialidades, no le prestaron mayor atención. No por eso Carbó se desdoró ni un ápice ante sus simpatizantes, que abarcaban casi toda la ciudadanía.
Sin embargo, un hábil taqui-mecanógrafo de las cortes militares del Estado Mayor del Ejército; otrora un campesino sin mayor instrucción y que había trepado de la nada como retranquero de trenes hasta alcanzar su honorable empleo actual; tras devorar el artículo una y otra vez hasta memorizarlo, quedó meditando si tal sería la llave de su triunfo personal. El mismo militar que ahora despachaba a pleno goze como guía en la casa de los libaneses.
Después de su visita a Moscú, Carbó, invitado por el Kremlin dado que en los pasillos se le tenía como un “comunista sin carné” y por instantes ya olvidados, Carbó dio a sus amigos más cercanos —para encanto de los comunistas—, la impresión de estar al punto del embobecimiento con las monsergas y postales deliciosas preparadas para los turistas progress, por los comisarios y agentes de Dzerzhinsky.
Fue quizás cuando en una especie de agradecimiento, escribió un libro extraño, ditirámbico, elogiando a la Rusia Soviética, pero del cual ni él ni nadie más, se atrevió nunca más a hablar ni mencionar, salvo como aquella desolada pecatta minuta literaria.
Sin olvidar a las deliciosas komsomolas de la Juventud Comunista, con pechos exuberantes por entre las blusas abiertas y piernas esbeltas; las hacían como que sembraban tulipanes en los canteros de la Plaza Roja, al paso de las caravanas de visitantes, una gama de idiotas con levitas proveniente de los cinco continentes.
Aquello era para chuparse los dedos. Al igual que hace hoy Castro con todas y cada una de su team de carcamalas admiradoras; que ocasionalmente le rondan el patio, para soltar babas mientras le tocan la barba.
Las muchachas provenían de los lupanares moscovitas reservados a “los camaradas de confianza, que en la Granja de Animales, son un poquito más iguales que los otros iguales”. Por lo general funcionarios y oficiales de alto rango, y algún que otro visitante, candidato a fotografiarlo o filmarlo para comprometerlo en su futuro.
Pero como sucede a todos los constipados de las almas noveles, fascinadas con la narración de “Los 10 días que conmovieron al mundo“, de John S. Reed; el deslumbramiento aparente de Carbó, se le diluyó como el azúcar en un vaso de limonada, por aburrido y por lo macabro que descubrió después. Algo, algo que nunca (raro en un periodista) se atrevió a decir en público.
Las grullas y los flamencos graznan de noche, mientras fornican en el “Oriental Park”
Antes de las 19:00 hr, después de pertrecharse de gasolina, la pequeña caravana de autos negros y lujosos, pasó frente a los centinelas sonrientes de la posta No. 1; que les franquearon el paso a una sena de Batista hacia el interior del Campamento Militar de Columbia, al oeste de la capital.
Dentro, una reunión de las fuerzas políticas contrarias al gobierno provisional de Céspedes –¿igual como le sucedió al de Kerensky?–, tomaba forma de conspiración abierta para el coup d’etat o asonada cívico-militar, con el consecuente asalto simbólico y pacífico al poder presidencial en manos de Céspedes, el presidente manso, ya en funciones desde el mismo 12 de agosto anterior, justo a la huida de Machado.
Los autos soltaron la carga barroca en el Club de Alistados. El salón de reuniones era una confusión paralela a la que existió en la Torre de Babel en sus buenos tiempos. Los sargentos, estudiantes universitarios, civiles y soldados concertados para el meeting, confuso en extremo para los reporteros, no veían la ocasión en que alguien llamara al orden y cada cual se revolvía dentro de su asamblea particular.
El grupo de sargentos conjurados, quienes ya desde antes se habían hecho o mandado a hacer con los sastres militares (para el gran momento a la vuelta de la esquina), todo lo que componía el atuendo y armas exclusivas de los oficiales, estaban conformes en utilizar ahora el uniforme de faena. El drama en gestación estaba por un cambio radical en su condición de aforados simples, claro, con rumbo hacia las filas de la oficialidad.
Pero, a última hora, decidieron vestirse con el uniforme de reglamento para evitar especulaciones y resquemor en los asistentes, y cuyos aplausos más estusiastas estaban seguros provendrían de sus iguales, los soldados rasos.
Estos líderes militares, en plena conspiración, integraban el pequeño núcleo de la denominada “Unión Militar de Columbia” (UMC), cuyo objetivo inicial era derrocar al gobierno machadista e instaurar un gobierno cívico-militar, de facto. Todo estaba planeado para que en su andar hacia la cima, contaran con los oposicionistas civiles, confusamente colgados de la cola militar.
Pero ese escollo, ya estaba salvado de manera intrínseca desde el 12 de agosto; por la junta de notables apoyada por la embajada norteamericana y que de repente les pasó por encima como un “volador de a peso”, elevando a Céspedes como un Presidente azorado que ni sabía qué estaba sucediendo a su alrededor.
Al igual que la mayoría de los asistentes, los sargentos estaban seguros de poder alzarse esa madrugada, sino militarmente, con una sustancial parte alícuota del triunfo. Pero fue destacable que de los militares conjurados, el que mejor salió en la charada por un golpe de suerte y su indudable osadía, fue Batista.
Más al sur, no lejos y al anochecer, detrás de las caballerizas del hipódromo “Oriental Park “; en Marianao al suroeste de La Habana, dos de los más altos líderes del Partido Comunista especulaban en un establo, entre graznidos y suspiros sensuales de las zancudas como música de fondo. Discutían sobre la manera de colarse en la reunión.
De paso purgarían al dirigente del Partido Comunista, Rubén Martínez Villena (7), por fracasar éste en abortar –según un acuerdo anterior secreto entre los comunistas y Machado– la huelga general oposicionista que se les escurrió entre los dedos a los comunistas, convocada a inicios del agosto pasado y la cual dio el golpe final al gobierno machadista y el derrumbe de su régimen.

—Ojalá que el lato (el mulato Batista), no nos falle —soltó el más viejo. En un comentario fuera de lugar en el tema que abordaban.
—¿Nos? ¿Y en qué “no nos iba a fallar”? —inquirió el más joven, sorprendido, porque a pesar de estar al tanto de lo que hacia su mano derecha, por el cargo que ostentaba en el Buró Político Provincial; ignoraba las andanzas en que andaba la mano izquierda del Buró Político Nacional quien era el tal “lato”. Pero el más viejo no respondió de inicio, pero después argulló ,
—No me hagas caso. Además, es una información compartimentada, de las que el Buró Político denomina “sensible” y a la que ni siquiera yo, tengo acceso. Eso sucede en los tiempos difíciles.

La Caridad del Cobre, ¿madrina del 4 de septiembre de 1933?
Al menos, Batista, así lo creyó. Porque en la madrugada del 4 de septiembre de 1933, ya un ciclón le había allanado el camino al Palacio Presidencial, al sacar al Presidente Carlos Manuel de Céspedes y enredarlo en la inspección de los daños en Cárdenas y Sagua la Grande, lejos de La Habana. Esa noche, la sargentada inducida por los sargentos integrantes del ahora denominado “Grupo de los Ocho”, de soldados y marinos, el DEU (universitarios), ABC y el resto de las facciones (excepto los comunistas) integrantes todos de la recién formada Agrupación Revolucionaria de Cuba (ARC), hicieron pública una Proclama al Pueblo de Cuba, donde desconocían a Céspedes y su gobierno de facto, e indicando que todo el poder político estaba en manos de la ARC. Céspedes y su gobierno quedaron disueltos, volatizados y los oficiales de las fuerzas armadas quedaban sin mando y en una especie de “plan pijama”. De inmediato, se conformó el Gobierno Provisional Colegiado (conocido en la Historia de Cuba como “La Pentarquía”)
La primera firma estampada en el documento de la Proclama, fue la del apasionado líder universitario del DEU,  Carlos Prío Socarrás, futuro presidente democrático de Cuba (1948-1952); quien a su vez fue derrocado por una cuartelazo, inexplicablente a posteriori el 13 de marzo de 1952, a unos meses de las elecciones presidenciales de ese año, por un Batista ya senador y con una vejez asegurada, junto con sus ávidos seguidores.
Según un análisis somero, resultó evidente este paso temerario de Batista, propició el inicio de toda la aventura castrista y el consecuente desastre de la nación cubana; con la destrucción absoluta de todo su pasado y futuro. Cuba, dejaría de tener Historia salvo la rescatada por los patriotas del Exilio.
A la firma de Carlos Prío Socarrás le siguieron otras 18. La última de aquellas firmas estampadas en la Proclama inflamatoria de los revolucionarios; como una paradoja del destino; resultó ser nada menos que la del propio Fulgencio Batista, el cual se rubricó entonces como “…sargento jefe de todas las Fuerzas Armadas de la República (de Cuba)”.
La agenda pública de los líderes cívico-militares proponía, entre otras demandas, aumentos de sueldo y mejoras en la vida de las clases y soldados entre otros no declarados. La privada, mantener el orden, vigilar a los oficiales y auscultar a la Embajada de los Estados Unidos, con respecto a ciertas leyes que estiman serían secundadas por el pueblo llano.
Sin embargo, el guión real oculto incluía el aprovechar la situación de confusión; la carencia de un líder civil destacado y en consecuencia, provocar la asonada cívico-militar y tomar el poder político y militar de Cuba, arrollando al gobierno opaco de Céspedes. Después, verían como se las arreglarían con el gobierno norteamericano.
Los altos mandos de Ejército y los viejos líderes políticos del Ancien Régime, andaban en un limbo, atentos a los caprichos y embelesos del Enviado Especial Exc. Benjamín Sumner Welles. Éste funcionario —quien formó parte de la estrategia global del Presidente Franklin D. Roosevelt—, debía bloquear cualquier intento de radicalizar al gobierno de Céspedes, mientras olisqueaba a los radicales.
La estrategia de los halcones
La estrategia de los halcones de Washington iba más allá del guiso fraguado en Columbia. Necesitaban a Cuba como puerto seguro, sus bases (carboneras), el niquel, cobalto y el especialísimo y estratégico “hierro de las minas de Mayarí”, entre otras bondades cubanas; al lado de las democracias y en favor de la guerra que ya se perfilaba contra Alemania e Italia y algunos gobiernos (Argentina, Brasil y Chile) que trataban de congraciarse con los nazi-fascistas. Pero la otra parte de los cubanos, ya habían urdido y puesto en marcha sus planes propios. Sólo que eran como todo los sueño, virtuales.

–Queremos –clamó de pronto en medio de la reunión, uno de los militares complotados, el sargento Pablo Rodríguez, aprovechando un inesperado impasse que abrió un pequeño hueco de silencio– que el sargento Batista hable sobre lo nuestro, nuestras demandas de mejoras en el trato.

El que escenificó la pala (llamado pre elaborado de la propuesta) era otro de los complotado, Pablo Rodríguez; el más culto de entre ellos; pero sin carisma ni habilidad para enfrentar a los reunidos. El que habló, era quien ahora apuntaba la veleta de la atención del auditorio hacia el extraño rostro oscuro y achinado de Batista, el más inteligente y decidido de todos los militares conspiradores, apostado en la mesa ejecutiva.
Éste, se ajustó la guerrera, levantó el mentón, aspiró profundo. Entonces asumió una expresión tan dura como la vista en una foto del periódico pro machadista “Heraldo de Cuba“. Se trataba nada menos que la del Duce, el líder italiano.
Advirtió, por vez primera, los deleites y sensaciones que experimentó al oír su dulce nombre resonando ante un público, que le observaba entre atónito y receloso.
Como líder, se convenció de que “ese” y no otro era instante esperado y que se la estaba jugando el todo por el todo. Porque ese y no otro, era la ocasión de su clímax. Con voz un tanto gutural e ignorando las eses, pero de verbo fácil; habló a los soldados en el idioma cuartelario y de caballerizas, que ellos entendían y los civiles no. Finalizó la arenga entre aplausos y vítores.

—Es verdad lo que dice el amigo Carbó —gritó finalmente un Batista, enardecido—, no hay que esperar más para iniciar la revolución.

Dijo lo último en un tono casi diluido entre el estruendo que ya había estallado en el salón. Entonces, pareció que el resto de todas las furias se habían desatado. Los comunistas, colados no invitados, se escurrieron previsoramente tal hacen los animalejos nocturnos. Ellos andaban en otras patrañas, temerosos de que se descubrieran sus cambalaches con Machado.
Un telefonema al cuervo insomne
En consonancia con esa madrugada del 4 de septiembre de 1933 y las horas cruciales que le siguieron, en otra parte de la ciudad, en el elegante barrio del Vedado; un telefonema despertó a un apacible ex-funcionario del gobierno machadista. Este cuervo, mensajero insomne, no demoró en vestirse de drill 100 crudo impecable, zapatos marrones de dos tonos, corbatín carmelita y sombrero “de pajita”; se sentó en el asiento trasero de su Packard Phaeton rojo y a pesar de lo avanzado de la hora, le ordenó al chófer:

—Lalo, al Hotel Nacional, ¡rápido!. Que quiero ver a Welles. Porque ya se armó la gorda.

Por entonces, el Hotel Nacional era el lugar de la residencia oficial de Benjamín Sumner Welles, quien a la sazón era de hecho una especie de pro cónsul norteamericano, cuyo poder estaba por encima del propio embajador. Éste funcionario, era el mismo Enviado Especial del State Department, al cual el cubano ensoberbecido con sus primicias andaba en ascuas y culillos, por contarle el último chisme del Asunto Cubano. Porque esas noticias es un desperdicio decirlas por teléfono, sino que se dan personalmente, para que el recipiente no se olvide de su cara.
Esa noche, allá en Nassau y antes de irse a dormir, Gerardo Machado le confió a su esposa una cuita: le confesó acerca de la altura real del Capitolio Nacional con respecto a la de Washington D.C.

—”Por eso es que no importa que los yankees no me hayan apoyado esta vez, porque yo, ya se las había cobrado por adelantado desde mucho antes. Y ahora, gústele o no, los cubanos podemos gritar que Cuba está por encima de los Estados Unidos” —le dijo al concluir en tono socarrón, como un niño que comenta sus maldades de la escuela. Pero en el fondo, Machado estaba repleto de orgullo por la zancadilla que un cubano le puso “a los del Norte”.

En cuanto Batista abandonó Columbia, instó a Urría a que lo llevara hasta la planta telefónica situada cerca de la Parroquia de Marianao. No quería seguir a la celebración instada por sus compañeros, tras disolverse la reunión y disponer de lo inimaginable para un ex-retranquero de trenes.
Además él, ni fumaba ni bebía. Era un abstenio absoluto. Y porque lo que ahora quería, era utilizar un teléfono seguro; que no estuviera interceptado por los abecedarios que andaban metidos en todas partes. Ningún lugar mejor que donde el jefe de la central telefónica, su amigo Rafael, el violinista.

—Mi amor, estamos en alzas, ganamos. Los de La Pentarquía, me hicieron jefe de todos los ejércitos de Cuba —le enfatizó a su esposa, en el tono de voz que más moderado le salió—. Así que ahora, sí prepárame los arreos y el uniforme de oficial completo, desde la gorra hasta las botas. Y quiero que todo este lustroso y brillante —exclamó entusiasmado. Claro que todavía no eran los tiempos para exhibir los oropeles ni entonar fanfarrias militares.

Fue entonces cuando al enterarse los oficiales de carrera que obedecerían a un simple sargento taquígrafo, todos y cada uno de ellos se envolvieron en furias y les comenzó el ataque de histeria rabiosa y convulsiva (y no era para menos). La cual un mes después les condujo al alzamiento militar cruento tras acantonarse en el Hotel Nacional; acción que los oficiales efectuaron el 2 de octubre de 1933.
Al rechazar las condiciones que Batista les ofreció para que se rindieran, estalló el combate; donde los rebelados también fueron cañoneados desde tierra y mar, por tropas del batallón de montañas y los marinos de dos fragatas (“Patria” y “Cuba”) apostadas en el litoral.
El combate duró unas horas, hasta que a los oficiales se les acabó el parque. Al final, los muertos de las fuerzas atacantes sumaron más de un ciento. La de los oficiales sólo un par. Batista no habían entendido que los oficiales era tiradores expertos y certeros con los rifles Springfield 30.06, algunos con mirillas telescópicas y que disparaban con ventaja por estar en las alturas del Hotel Nacional.
Para los oficiales, era como cazar conejos. Y lo peor para los atacantes, porque entre los oficiales se encontraba completo el Team de Tiro Olímpico del Ejército de Cuba. Cuando la soldadesca se enteró de la descomunal diferencia de las bajas, Batista no encontró la forma de aplacar a los soldados, ni que parte de los oficiales fueran masacrados tras rendirse.
La saga, continua.
© Lionel Lejardi. Septiembre 3, 2011
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(1) El partido ABC se fundó en 1931 (como una organización secreta clandestina, de tipo celular, que adoptó métodos del terrorismo urbano para luchar contra el gobierno de Machado. Los jefes del mismo: Carlos Saladrigas Zayas, Jorge Mañach Robato, Joaquín Martínez Sáenz, Emeterio Santovenia Echaide y Francisco Ichazo Macías. Más tarde, se transformó en partido político.
(2) Participaron en el acto Julio Antonio Mella un conspicuo y respetado líder universitario quien después fue asesinado (1929) en Ciudad México D.F. por órdenes del Comintern; también participó Carlos Baliño López cofundador en unión de José Martí del Partido Revolucionario Cubano PRC), José Peña Vilaboa, pintor menor y líder obrero, además de José Miguel Pérez Pérez, Alejandro Barreiro, Miguel Valdés. También incorporaron al cónclave secreto a un polaco, Fabio Grobart (née, Abraham Grobart y con el aka de “Simjovitch”); un oscuro personaje adicto al Kremlin y el cual provenía de la Agrupación Hebrea Comunista de La Habana, y otros seguidores de la corriente stalinista. Este grupo subversivo, fundó el Partido Comunista de Cuba (PCC), subordinado según sus propios estatutos al control de la III Internacional Comunista (Comintern), mangoneada desde entonces por el Politburó del Kremlin.
(3) Mella fue inscrito con el nombre de “Nicanor Mc Partland y Diez”, puesto que era un hijo bastardo de Nicanor Mella Brea (satre dominicano) y Cecilia Magdalena McPartland Diez (inglesa nacida en Hampshire). Luego lo de “Julio Antonio Mella” es un “aka“, tal sucedió con Blas Roca Calderío, Lázaro Peña Gonzáles, Ernesto Guevara de la Serna, etc.; nombres por los que conocemos y que no son sus nombres reales. El escamoteo patronímico, es una práctica común entre los comunistas.
(4) El presidente Machado, en un gesto que algunos de sus biógrafos e historiadores interpretaron como sardónico sino claramente burlón; sugirió con delicadeza extrema a los arquitectos que “le seria muy placentero a la presidencia, si el Capitolio Nacional acusara dos o tres pies de altura por encima del de Washington D.C.”. De alguna forma no percibida por los contemporáneos, ni tampoco por los inquilinos de la Casa Blanca, la sugerencia así fue ejecutada.
(5) En el caso de la Cuba actual (antinomia excelente, parangonada con los líderes del Eje Apocalypto (ALBA) que optaron por no ser nunca presidentes transparentes) la Constitución de 1940 fue violada y hecha pedazos por sus antípodas, el Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores. Éstos, desde 1959 hicieron trampas consuetudinarias a los fines de perpetuarse dinásticamente en el poder. Otros países hispanos de ideologías iguales, izquierdistas y totalitarias, continúan en sendas luminosas hacia la destrucción de sus propias naciones.
(6) Un ejemplo puede ser visto en el ver el film “We Were Strangers“, 1949 (en español, “Rompiendo las cadenas”), 1949 de John Garfield, cuyas copias (salvo una, cuentan los analistas de cine) fueron incineradas por los castristas, inmediato que se encaramaron en el poder. Trataba sobre un hecho real sucedido cuando el machadato: el intento de asesinar al Presidente Machado, cuando éste asistiera al entierro de Clemente L. Vásquez- Bello, Presidente del Senado, quien previamente había sido escopeteado y muerto por los opositores. Los Castro, temían el ejemplo de un pueblo cubano iracundo, contra un gobierno que los ciudadanos de entonces (como los de ahora) estimaron despótico y tiránico.
(7) El Dr. Rubén Martínez Villena, era abogado y en 1923 formó parte de “La protesta de los 13” contra el Presidente Alfredo Zayas. De ideas radicales, contactó con el grupo comunista de Julio Antonio Mella. Fue el defensor de este último en el juicio donde se le acusaba de terrorismo por colocar una bomba en el teatro “Pairet”. Su purga, se justificó aduciendo que estaba enfermo de tisis (murió en 1934), lo cierto era que el puesto de Secretario General del PCC era para Blas Roca Calderío, de tendencia stalinista.

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“Noli me tangere, homo” -exclamó Martha (I/IV).


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Preludios
La madrugada de Año Nuevo 1959 recién avanzaba sobre una ciudad que no quería despertar. Es que los cubanos reñían entre sí, en una bronca comenzada siete años antes (10 de marzo, 1952), donde se discutían asuntos de familia y donde cada cual se creía poseedor de la verdad. Era razón por la que La Habana, demoraría en deslumbrar con su blancura inmaculada. Claro, no parecida en luminosidad a la Casablanca del Magreb. Todavía los primeros resplandores no alcanzaban diafanizar sobre las caravanas de Cadillac lujosos, unos impresionantes sedanes y limusinas de negro resplandeciente, pero ninguno tipo cabriolet. Tal fue moda chic el 12 de agosto de 1933, bajo una estampida similar a la caída del gobierno del Gral. Gerardo Machado y Morales (1925-1933), un veterano independentista que intentó reelegirse como presidente,violando la Constitución de 1901; y resultó repudiado por el pueblo, ya atosigado por la Gran Depresión de Mundial (martes negro de octubre 29, 1929).
Por razones no claras, las águilas del Potomac; en una jugada sin precedentes; le habían retirado al gobierno cubano todo el apoyo económico, militar y diplomático; con el cual contó hasta la fecha. El gobierno, desesperado, envió sus emisarios a Europa, (Bélgica, Francia e Inglaterra) en busca de armas y pertrechos para defender a Cuba de la inminente catástrofe a manos de los comunistas.
Las máquinas rodaban colmadas de funcionarios, sus familiares y en algunos casos, con sirvientes o “comecandelas” (bodygards). Los carros se desplazaban desde diferentes lugares de la ciudad y sus entornos, hacia un punto común: el aeropuerto aledaño al campamento militar de Columbia, donde también operaban aerolíneas civiles como “Aerovías Q” y “Aeropostal Venezolana”. El sitio era un dispositivo de uso doble, civil y militar, acondicionado como tal en el influyente municipio de Marianao; al noroeste de la capital, y en cuyos predios de los alrededores se asentaban las zonas residenciales de la mediana y alta burguesía, las cuales serian barridas y arruinadas por el vendaval castrista. Todo el entramado democrático armado con dificultad extrema durante los 50 años anteriores, se vino abajo.
Era gente fugitiva impregnada de temores, desorientada; sorprendida porque el gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar –uno de los “héroes epónimos” de la Revolución Anti-machadista de 1933 1–; al cual casi todos ellos habían apostado, apoyado y estimado inconmovible; aun sometido a los embates de una oposición apasionada y democrática, aunque enfebrecida y confundida por sus argumentos impropios; se derrumbó de manera sorpresiva en esa madrugada fatal de Año Nuevo del 1959. Ello culminó en la huida del Presidente, su familia y colaboradores más cercanos. El desconcierto de estas personas poderosas, que después contagió a la ciudadanía aún soñolienta, fue total.
Igual de aterrados, los fugitivos temían las ya anunciadas represalias de los revolucionarios; cuyos efectivos guerrilleros correteaban siniestros por los montes, pueblos y ciudades, apoyados por milicianos urbanos armados con aquello arrebatado a los aforados gubernamentales o con lo que pudiera servirles de arma. Estos últimos, terroristas urbanos, se la habían estado “jugaban al canelo” día a día, perseguidos por la policía, paramilitares y los órganos de seguridad interior.
En realidad, con el enemigo en fugas, no eran necesarias esas armas salvo para contener a los saqueadores. Sin embargo, los guerrilleros castristas auto apuntalados como los vencedores –bien asesorados por los estrategas del Comintern, tal confesaron éstos después se alertaban contra el reclamo justo de sus competidores apoyados por otras facciones revolucionarias también beligerantes y armados (genuinos demócratas); para que éstos no les demandaran una parte alícuota justa en el gobierno que los castristas estimaban “su” botín exclusivo.
Casi todos los fugitivos eran políticos miembros prominentes o negociantes vinculados al gobierno batistiano. Otros, consideraban que las represalias podían a alcanzar a cualesquiera de las fuerzas cívicas y sociales, aunque no beligerantes, que a los vencedores les olieran o les convinieran tildarlos como colaboradores gubernamentales.
Eventos tales que sucedieron en realidad, con exterminios masivos inmediatos, desatados por los guerrilleros contra los implicados con el gobierno. Copiaban excesos similares a los ejecutados por los bolcheviques contra la pequeña y alta burguesía rusa, incluyendo campesinos y terratenientes, llevados a cabo a posteriori del asalto al Palacio de Invierno de Petrogrado en octubre de 1917. Exacto cuando en febrero de ese mismo año el Gobierno Provisional Republicano de Aleksandr F. Kérenski, cuyos partidarios demócratas lograron que el Zar Nicolás II abdicara y disolviera el ancestral gobierno de los Romanoff 2.
Los viejos comunistas cubanos, quienes hasta la fecha se mostraban ante el pueblo como dechados de demócratas y humanistas; no dejaron ser más que combatientes simbólicos que nunca pelearon; y que tras la victoria de los alzados desplegaron igual furia implacable contra sus adversarios, sirviéndole a los castristas como música de fondo y pretexto para eliminarlos si ello les fuera útil, ante cualquier reacción de Washington.
Todos los prófugos de esa madrugada, se ufanaban en obtener para sí un puesto salvador en los aviones, militares y civiles, que rugían en las pistas y a las salidas de los hangares. No hubo santos, patronas o demonios a los cuales, estos ciudadanos en desgracia no recurrieran in articulo mortis. Dado que eran personas consideradas culpables a priori ante la opinión ciudadana, de haberles impuesto al pueblo un gobierno autoritario (“dictablanda”, en el decir de algunos cronistas desapasionados), que a los ciudadanos les pareció sofocante. Curiosamente, tutelados por un gobierno de facto, donde los opositores pacíficos hacían lo que les daban sus reales ganas democráticas, comparada con el totalitarismo absolutista cernido después sobre Cuba, bajo la férula impuesta por el Dr. Fidel Castro Rúz, su clan familiar de aprovechados y seguidores ávidos de hurtar y apoderarse (como hicieron) de las riquezas de los burgueses y arcas de la nación cubana entera, antes de poner la soberanía de la isla en manos de Moscú.
No tardó que este nuevo “líder providencial” –quien de inmediato regodeó su ego frustrante al disfrazarse como el “Cristo aparecido en Emaús”, sólo que esta vez el teatro fue montado en Cuba– se declarara: “Dictador vitalicio de la República de Cuba, gracias a la revolución humanista y verde como las palmas” y el ulular de su grey de idólatras ávidos. Esta práctica populista, resultó cartabón para el destape subversivo de las izquierdas mal encasilladas como “democráticas, progresistas o radicales (Arévalo, Betancourt, Haya de la Torre, Estensoro, Perón, Cárdenas y otros) comenzando por las entronizadas de manera encubierta en Indoamérica, inmediato que sobrevino la etapa de la pos II Guerra Mundial (IIGM).
Lo sorprendente del gobierno del presidente Batista, es que se mantuvo funcionado con el mismo guión de criticas y desórdenes públicos de los oposicionistas, protestas ciudadanas, actividades contestatarias legales e incluyendo su inevitable batallar contra el terrorismos de los castristas y comunistas; adjudicables a cualquiera de las facciones oponentes latinoamericanas, inmersas en el batallar democrático convencional. Esta forma de gobernar y sus vicisitudes, resultaban imposibles para los radicales subversivos.
Una etapa que perduró durante los siete años anteriores a la instauración de la dictadura castrista en lugar del ahora gobierno evadido. No se trataba de “la comezón del séptimo año”, siempre pendulando sobre los destinos de la Isla; porque una parte sustancial del pueblo fue inclinada por demagogos profesionales, a sentirse divorciada de su gobierno.
Sectores irresponsables de la oposición, donde se incluían partidos políticos, líderes y en especial, medios de comunicación importantes; montaron una presión descomunal personalizada e intolerable; sobre el gobierno de Batista y sus instituciones, hasta entonces invulneradas desde la época de los gobiernos auténticos. Luego, el temor fundamentado de los fugitivos, se basaba en que la componente activa (violenta) de los comandos subversivos; ejecutores experimentados de actos terroristas indiscriminados durante los dos años del conflicto de la guerra civil; pasarían de inmediato a fungir en calidad de cazadores de aquelarres imaginarios, al servicio de los revoltosos.
Estas unidades obraron casi igual a los Einsatzgruppen (Grupos de Acción de la SS) como unidades especiales de castigo, paramilitares, armadas por los hitlerianos inmediato que tomaron el poder el Alemania, a inicios de los años 30. Así se conjugaron elementos de los “Grupos de Acción y Sabotaje” clandestinos del Movimiento 26 de Julio (M26J), junto con los arribistas de la vieja guardia comunistas, del Partido Socialista Popular (PSP) y los destacamentos guerrilleros punitivos. Ciegamente, lo más sano del resto de las fuerzas oposicionistas se dejaban sopapear por los demagogos comunistas, quienes después condujeron a marcha forzada la república hasta el desastre actual.
La irrupción de estos nuevos aventureros y líderes desconocidos, no pasó desapercibida para ciertos bien informados políticos y analistas, como el periodista Salvador Díaz-Versón (Castro le destruyó todos los archivos con las fichas y dossiers de los comunistas latinoamericanos), Rafael Díaz-Balart y otros fervientes demócratas, quienes aunque apoyaban al gobierno de facto estaban convencidos de la decisiva ascendencia de la inteligencia del Comintern sobre los comandantes guerrilleros, excepto los del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) y otros combatientes de la zona de la Sierra del Escambray, en centro-sur de la isla.
Uno de los líderes derechistas afectos al gobierno, activo anti comunista y quizás el más osado, de empuje y arresto personal; era el periodista defensor de la política gubernamental; específicamente la anti subversiva; Dr. Rolando Masferrer Rojas, senador de la república y director de los periódicos “El Tiempo” (La Habana) y “Libertad” (Oriente).
Es de destacar la singularidad de que este líder había integrado a finales de los años 30, la denominada “Brigada Internacionalista Abrahan Lincoln” (otro sacrilegio histórico del Comintern) la cual invadió España bajo órdenes y apoyo logístico de la URSS, bajo el pretexto de defender al gobierno republicano de Manuel Azaña Díaz de la II República Española (1936-1939) ante la insurrección de las tropas falangistas comandadas por el Gral. Francisco Franco Bahamonde. Este caudillo (tal se autodenominaba), a su vez estaba apoyado por la coalición del “Eje de Acero”. Los rusos, pretendían bolcheviquizar España en un copycat burdo del disparate comunista en versión ibérica, tal como harían después en Cuba el Dr. Fidel Castro y sus seguidores.
Luego, Masferrer era un decepcionado y además disidente pro activo del izquierdismo infantil, romántico y naturalista; pululante entre los jóvenes idealistas de los años 30, por lo cual, este político ya maduro estaba perfectamente al tanto de la prosapia subversiva y anti democrática de los principales cabecillas anidados en la Sierra Maestra. Todos los cuales, dormitaban apacibles en brazos de la Internacional Comunista, a cuya rama latinoamericana, se le adjudicaba sede en Ciudad México DF.
Es precisamente allí, en México, el país donde los Castro y la retahíla de sus adeptos armaron; contando con el apoyo de ingenuos exiliados demócratas (en especial el depuesto presidente Dr. Carlos Prío Socarrás); la expedición armada –culminada en el desembarco fracasado del contingente subversivo del yate “Granma” en las ciénagas de “Las Coloradas”–, con la cual invadieron Cuba por la provincia de Oriente, en diciembre de 1956, mal armados y peor entrenados. Recién pisaron tierra, les sobrevino el desastre al caer en la emboscada de “Alegría del Pío”, donde fueron emboscados y diezmados por las fuerzas gubernamentales.
Ello se debía, a la política de puertas abiertas del gobierno mexicano hacia los exiliados republicanos españoles y otros perseguidos políticos latinoamericanos y europeos, agobiado por las intemperancias irresolutas de los nacionalistas cardenistas. Estos últimos, entre otros países del cono sur (Argentina, Chile, Brasil, etc.) no ocultaron sus coqueteos de entonces (pre IIGM) tanto con la URSS como con la Alemania, Italia y las potencias del Eje. Sin embargo, en realidad el gobierno mexicano mantuvo firme e invariable su faz democrática, que nunca abortó ni renuncio. Masferrer, entre los adversarios de los guerrilleros, era el hombre más temido por Castro.
Los líderes de las bandas armadas alzadas en las montañas de la Sierra Maestra en Oriente, aparentaban en público estar distanciados y desvinculados del PSP. Este partido político como abrevadero de los comunistas criollos, se alineó desde sus inicios (1925) con las prácticas feroces desarrolladas por los stalinistas en Rusia.
Uno de los fundadores del partido comunista cubano (1925), fue el destacado líder estudiantil universitario, Nicanor McPartland y Diez (aka, “Julio Antonio Mella”) jugó un roll sorprendente entre las fuerzas oposicionistas. Mella, fue asesinado en Ciudad México DF en 1929. Según versiones, por disentir de la línea moscovita, otra, por una simple cuestión de faldas, mientras que las mas pregrinas (en el decir de los comunistas) achacaron el crimen a un supuesto pistolero (Quico Magriñat) enviado por el Presidente Machado.
El PSP, se sometió a los dictados del Kremlin, aplicó sus métodos clásicos de purga y asesinatos, tal los implementados por el buró político de asuntos internacionales –Comintern– que operaba en el ámbito mundial y el cual se le supuso disuelto tras concluir la IIGM, bajo otro nombre como bluff armado al estilo ruso para engañar a Occidente.
Nadie hubiera dado ni un penny (kilo prieto) por la seguridad de ninguno de los integrantes de estas capas de la jet set dorada de la aristocracia social tradicional cubana ni de la castrense batistiana, ahora fuera del juego político y en pleno movimiento de abandono del poder en Cuba. Este horror a vistas, en unos casos fue articulado en segmentos por la oposición honesta, que aspiraba un retorno al sistema republicano, democrático y de libertad plena, fracturado inexplicablemente por Batista en marzo de 1952.
Mientras, la otra facción de oposicionistas violentos, patrocinada por los comunistas (castristas, anarquistas, libertarios, aventureros y mercenarios extranjeros, etc.) afilaba sus “cuchillos largos” tendentes a sumir la Isla de Cuba, para siempre, en las redes totalitarias típicas de las “Animal Farms” orwellianas. Idénticas a las sembradas por los rusos en sus satélites detrás de la Cortina de Hierro, a partir de 1948. Una visión sobre la cual alertó el líder nazi y Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, tan temprano como en enero de 1945.
Tanto los errores y respuestas violentas del gobierno de Batista, ante el acoso del terror oposicionista; como la excelente propaganda desarrollada a su vez por la candidez de los opositores demócratas y la muy profesionalmente activa de los comunistas, mantenían al gobierno a la defensiva. A ello se sumaban los siempre acechantes cultores de la izquierda liberal del periodismo norteamericano. Uno de cuyos íconos más dañinos –casi de la textura cósmica del Presidente Jimmy Carter– fue el conocido editorialista del New York Times, Herbert Lionel Matthews, furibundo defensor de todos los pillos y pillajes de la triquiñuela roja, sustentados a su vez en sus fechorías por las bandas bolcheviques.
La mayoría de los pasajeros de ese viaje al horror infinito, eran figuras poderosas y osadas a toda prueba; pero que tras el discurso de despedida del Presidente de la República, con la última campanada de medianoche, quedaron desarmadas moralmente y petrificadas, al abandonar su líder de manera tan abrupta la fiesta de Fín de Año 1958. Ahora el conjunto de fugitivos del gentío se redujo a simples personas posesionadas por el miedo. Se trataba de integrantes de un gobierno en fugas, sin puentes de plata, derrocado al grito de “sálvese quien pueda” dado por la más alta esfera gubernamental.
Ahora, esa masa de confundidos se encontraba envuelta en una espantada masiva espectacular nunca vista antes, en medio de la noche y tiritando de frío. Finalmente las caravanas de carros, algunas provenientes desde la Casa y Polígono Presidencial del propio campamento de Columbia, terminaron de arribar silenciosas al aeropuerto. La terminal, ya había sido militarizada desde la semana anterior, al saberse que los guerrilleros del oriente y centro de la isla; mancomunados bajo el mando de dos de los capitanes preferidos por el fatalismo histórico de Castro, Camilo Cienfuegos Gorriarán y Ernesto Guevara de la Serna (eliminados sucesivamente, a posteriori); ponían sitio a la ciudad de Santa Clara en el centro de la Isla, hasta la rendición de esta urbe a los guerrilleros, a finales de Diciembre de 1958.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Enero, 2011
lejardil@bellsouth.net
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(1) En realidad las figuras visibles pos machadistas, fueron los miembros de la Pentarquía, el Directorio Estudiantil, la facción ABC y otros. Batista, sin embargo, ya después de haber saltado de sargento a coronel, tras el putsch de 4 de septiembre, 1933; resultó el Hombre Fuerte tras bambalinas, entre septiembre de 1933 y junio de 1940, cuando fue precipitado por el voto popular, hacia la presidencia democrática (1940-1944).
(2) Para octubre, el gobierno republicano de Kerensky se deshizo ante el “genial” coup d’etat (desde el punto de vista del escritor e historiador italiano Curcio Malaparte) desarrollado por los destacamentos armados bajo el mando de Trotski. Estos pícaros de la izquierda rusa, no habían contribuido en nada al derrocamiento del Zar y sí, actores que escenificaron el papel de cuervos perfectos tras la batalla, sin arriesgarse, salvo para llenarse los morrales.

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“Noli me tangere, homo” –exclamó Martha (II/IV).


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Un Caronte singular
En el aeropuerto de Columbia, un hombre vestía un uniforma militar que le distinguía como Coronel. Ahora estaba a cargo del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y designado comandante de la guardia presidencial que cuidaría del Presidente en esa noche aciaga. Éste, quien sustituyó al Gral. Manuel A. Ugalde Carrillo en ese cargo la noche anterior, esperaba paciente a los fugitivos que llegarían de inmediato. Un teniente, su ayudante, se le acercó, saludó marcial y le entregó uno de los walkie-talkies (WT). El coronel activó y escuchó a quien le llamaba.
–¿Mariano? –inquirió una voz rasposa, familiar.
Sí, mi general –asintió el coronel.
Todo en verde yEl Hombre” (el presidente) va en camino. ¿Está claro, coronel?
Right, señor general.
Escúchame bien, Mariano –le recalcó el superior, en el más convincente de sus tonos–. Le prometí al Presidente que tú, eras el hombre idóneo para esta operación. Todos quedaremos en tus manos y en la de tus hombres, coronel. Y, ¡fuego a la lata, coño, hasta que suelte el fondo! –exclamó finalmente emocionado desde el otro extremo, el Gral. Eulogio Cantillo Porras, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Era uno de los dicharachos preferidos por los oficiales cubanos que combatían a los guerrilleros castristas, para arengar a la tropa.
Seguro y siempre. ¡A la orden!, mi general! –exclamó Mariano conmovido y en voz alta y, maquinalmente, hizo el saludo militar. Pero se compuso de inmediato, al ver que su ayudante se había percatado de su muestra de disciplina.
El coronel estaba dispuesto por el Alto Mando del Ejército para recibir a los fugitivos, con el máximo de consideraciones. Alto, fornido, de ojos azules, quizás alejandrinos. Cualquiera lo habría supuesto rudo, porque se trataba de un militar experimentado funcionario experto en Inteligencia y Contrainteligencia Militar, adjunto al primer círculo de protección del Presidente 1.
A éste, todos le conocían  perfectamente encajable dentro del grupo de colaboradores cercanos al mandatario, y de ser los enemigos de mayor recelos por parte de los opositores violentos, que le temían por su inexorabilidad en defensa de la democracia. Algo, que buena parte de los opositores demócratas no entendían, puesto que echaban en el mismo saco a quienes defendían ciertos privilegios; los mismos; a los cuales aspiraban los contestatarios al gobierno, tal lo demostró después la historia.
En la realidad, la expresión del coronel era afable y de maneras suaves. El oficial, esperaba a los autos y pasajeros con los brazos en jarras (la actitud de quien se las daba de ser un “militar hasta los tuétanos”), protegido por una escuadra de oficiales jóvenes, armados hasta los dientes, en especial con las novedosas metralletas Uzi israelies colgadas del cuello y pistolas Browning  parabellum de 9 mm belgas, entre otras de las armas, todavía inusuales por los oficiales de las Fuerzas Armadas cubanas.
Sucede que el tipo, quien se las gastaba de ente solitario; era quizás el más apto y sereno en la óptica presidencial; para desplegar la logística de los momentos excepcionales, como son los estados de excepción, como los que corrían ahora en medio de aquella madrugada. Nada extraordinario, salvo la previsión de un par de bazookas M1A1 (60 mm) con su parque ambulante, guardadas en los maleteros de los carros celulares.
Se trataba del anfitrión idóneo escogido por su profesionalismo frío y de una eficacia aterradora, capaz de afrontar situaciones tan excepcionales como el desvió de la sociedad gubernamental hacia ese vericueto laberíntico del exilio.
Él se hayaba dispuesto para catalizar la orientación de los prófugos civiles y militares, hacia las aeronaves ya activadas y recalentadas en las pistas. También, porque este hombre era otro de los militares de carrera más temido por los facciosos, en especial los comunistas. Se trataba del Coronel Mariano Faget Díaz 1, el eficiente ex jefe del Bureau de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), al cual los comunistas le achacaron después, otros eventos que nunca sucedieron.
Era quien debía constatar que los autos vaciaran su abigarrada carga y que todo marchara en orden, considerando la premura del tiempo disponible. Este militar aguardaba las oleada de fugitivos esperanzado en que cada cual, según las órdenes del Presidente, encontrara un puesto en el albur de arranque de acuerdo a su rango y categoría. Porque las adorables mascotas de las damas con moquillo tempranero, se quedarían en tierra, le había advertido el Presidente. Quien, ya él mismo había sacrificado sus dos Dóbermann originales de figuras imponentes, traídos desde la Selva Negra (Schwarzwald)  de Baden, Alemania. El Presidente no soportaría que los canes fueran a parar a manos guerrilleras.
El Coronel sabía que lo único importante para esas personas, era poner espacio entre ellos y los sediciosos de la oposición violenta –los mau-mau tal les decían entre la tropa–, ya conformados en partidas urbanas punitivas nutridas con apparatchiks en función de comisarios políticos. Estas tropas punitivas, iban provistas de todos los poderes verbales (que nunca dejan rastro) para la búsqueda, captura –y en ciertos casos ajusticiamiento marcial, in situ, de aquellas figuras connotadas componentes de una lista interminable elaborada personalmente por los Castro. En la misma, aparecían líderes políticos, sociales, obreros, militares, religioso,  periodistas y sus simpatizantes; los de mayor significación y a los cuales “en aras de los altos fines de la revolución, había que modificarles la salud, de cualquier manera y bajo cualquier pretexto”. Los Castro habían sido tácitos con los responsables de los grupos de exterminio:
Ante la duda, nada de piedad con los enemigos. Fusilen y después veremos. Es la Ley de la Sierra Maestra. Si es necesario, un tiro en la nuca. Dijeron los alemanes que era lo menos doloroso para los judíos.
Puesto que los “otros” serian simples cucarachas burguesas a las que se debían eliminar a cualquier costo y de manera expedita, extrajudicialmente, para 0bviar los peligrosos inconvenientes y demoras ante los tribunales; de juicios públicos formales tal indicaban las leyes que los castristas alardeaban y se ufanaban en anular.
Las hordas de comandos urbanos, ya desenfundaban sus armas en cada rincón de las ciudades, pueblos y zonas campesinas, prestos a limpiar el país de los restos de agua pesada de las instituciones gubernamentales sustentadoras del ancien régime. Los tres poderes, legislativo, judicial y ejecutivo, se barrerían sin la menor contemplación.
Se incluirían los institutos armados, la prensa radial o escrita y a los medios libres se les aplastaría bajo pretextos, destruidos o confiscados por el nouveau régime y Cuba, se convertiría en una sociedad fuera de la ley y su régimen dispondría del pase de abordo, para sumergirse en el pavor subyugante del mundillo comunista.
De inmediato, comenzaría la transformación del país cubano hacia un totalitarismo inhumanizado. Todos los ciudadanos, incluyendo personas adineradas de las clases medianas y altas andaban esa noche desesperadas y confundidas, por saberse lanzadas hacia un destino incierto. Algo que ya sabían de antemano al escrutar los ejemplos de la URSS y el desbalance social impuesto por los bolcheviques en la Europa del Este, desde la pos guerra (IIGM). Sólo una parte de la gente de “a pie” percibió la naturaleza real de aquello que se les sobrevendría.
Ya supuesto finalizado el arribo de los fugitivos, Faget se dirigió hacia el carro apartado del resto de los vehículos recien llegados, –un Cadillac limousine blindado también “Cola de Pato”, color negro–, parqueado en medio de las sombras y a la vera del edificio de la torre de control de vuelos. En dos Chevrolets “Bel Air” 1958, con los colores oficiales crema y blancos del SIM, esperaba el team de guardaespaldas armados con sendas sub metralletas, diseminados en las cercanías. Esta mini tropa era la encargada de la custodiaba presidencial, dispuesta en un dispositivo circular. Aquella élite de guards du corps, era estimada como la de mayor fiereza y lealtad al mandatario.
Un lejano tintineo metálico, a veces con un fondo sonoro de detonaciones apagadas y claxons traídos por la brisa temprana, se percibía proveniente de cada punto de la ciudad circundante. Además de algunos que otros fuegos artificiales y cohetes voladores detonantes, tardíos. Eran de simpatizantes del gobierno, ajenos al drama en Columbia, pero que daban espectáculo al cielo. Una actividad prohibida, por bordear imágenes terroristas, pero a la que ningún oficial se atrevería a cerrarle las puertas, atenidos a los rumores tremendos que circulaban.
La ventanilla derecha del pasajero descendió con lentitud. Desde el interior, el Presidente Batista, último mandatario de la era republicana; atinó a hacerle a Faget un gesto para que se acercara y le susurro algunas palabras.
Mariano, ¿cómo tú ves la cosa? –le inquirió Batista, sin gota de desaliento.
Señor Presidente, ¿puedo serle franco?
Claro, hombre. Ahora más que nunca.
Esto se jodió irremediablemente, señor Presidente –acertó decir el coronel.
Mariano, ¿y tú y tus hombres, qué?
Señor Presidente, esa bronca es mía —aseguró tácito.
Batista le saludo emocionado, con un brillo fugas en sus ojos achinados. Faget hizo un gesto de asentimiento y le devolvió un saludo militar. Era la señal para que los funcionarios y familiares allegados al mandatario, seleccionados entre los más destacados –extrañamente, excepto el Vice Presidente de la república, el cual nunca fue avisado de la estampida–; abordaran el DC-54 ejecutivo, el “Guáimaro“. Esta era una aeronave acondicionada idéntica al “Bataan“, la cual condujo a Douglas MacArthur en 1945; hasta el aeropuerto de Atsugui en Yokohama, para concluir la rendición del Shōwa japonés, el emperador Hiro-Hito2 y su ejército imperial. El mismo ejército que el Emperador estimó una vez imbatible, hasta que el general norteamericano y su corncob pipe (pipa de maíz), les demostraron lo contrario, derrotándolo ignominiosamente.
Y también para que el resto de los pasajeros corriera hacia los otros aviones, ronroneantes ensordecedoramente en las pistas. De los equipajes de mano, algunos iban atiborrados con valores, joyas y dinero cash en dólares y libras inglesas que, acumuladas previsoramente, lograron rescatar y que en ese momento constituían los bienes más preciados por los fugitivos. Otras aeronaves ligeras personales multiplazas, pertenecientes a los más previsores de que aquella guerra civil terminaría como “la fiesta del Guatao”; concluían el abasto de combustible, reventando de azorados pasajeros –los de bajo pelambre–, o rodaban enloquecidas pidiendo pista para el despegue.
Igual sucedía en otros aeropuertos privados o militares del resto de la isla. Tal era el caso de un afortunado cubano de limpio origen sajón, groupie des boîte de nuit, elegante, culto y de figura fenomenal –un verdadero Playboy de la jet-set habanera–; el cual (cuenta una de las versiones, sin confirmar) no esperó por nadie para pilotear su avioneta bimotor Cessna, desde el diminuto aeropuerto de Santa Fe, en la playa homónima, y vestir las calzas y tomar por las de Villadiego, arrancar y volar sin parar hasta el aeropuerto de Kendall, en South Miami.
Ambia, ¿te vas, y me la vas a dejar en la mano? –le inquirió en tono carinoso Lazarito, a su tycoon, al cual le cuidaba el avión.
–Sí, Lacho. Mejor te quedas. Es un vuelo sin regreso –. Y le extendió cinco billetes de 100 pesos cada uno.
En su diplomática, de cuero negro, cuentan, llevaba tres millones de dolares contantes y sonantes. Un dinero que era de su absoluta propiedad, libre de polvo y paja, ahorrado durante años –antes de que Lansky acaparara el negocio de las mesas de juego en el cabaret– mientras junto a sus socios, armaban en Villa Mina un hermoso centro nocturno. Se trataba de uno de los tres dueños del cabaret “Tropicana”. Los otros dos, indecisos, decidieron finalmemnte permanecer varados en Cuba.
Hasta que Dios y San Lazaro así lo dispongan –barruntó Echemendia.
Después de los insultos y maldiciones castristas, los nuevos hunos convirtieron el despampanante lugar de diversión, en su lugar favorito para el solaz y esparcimiento, además de trampa para los incautos fellow travellers visitantes, diplomáticos y el resto de la gente chic que se quedó revoloteando alrededor del régimen, subyugados o chantajeados por la añagaza guerrillera.
Estos últimos fugitivos de transportes auto soportados, formaban la élite de los afortunados que disponiendo de medios propios, lograron ser avisados a tiempo por amigos y simpatizantes gubernamentales. Incluyendo también los propios oposicionistas moderados, temerosos de igual modo a los desmanes y saqueos desatados por la cáfila guerrillera. El éxodo continuaría en las semanas siguientes, aunque restringido a barcos y yates privados. A estos grupos de fugitivos irregulares, se les incorporaron los primeros desertores y desengañados con el teatro castrista y la comunización de Cuba.
Este segundo gobierno republicano, ahora autoritario; del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar, se había instalado primero de facto y después de jure; el 10 de marzo de 1952, al derrocar por un coup d’etat incruento al gobierno constitucional del Dr. Carlos Prío Socarrás (1948-1952), echando a un lado la Constitución de 1940 que el mismo patrocinó y sancionó en uno de sus mejores gestos como gobernante, y la sustituyó por los llamados “Estatutos”.
Prío, quien fue electo Presidente de la República de Cuba en alas del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), era a su vez sucesor y discípulo del presidente que lo antecedió, Dr. Ramón Grau San Martín (1944-1448). Prío, debía concluir su mandato constitucional en los meses siguientes (junio de 1952), tras las elecciones convocadas. Ambos presidentes fueron líderes prominente del antiguo DEU (Directorio Estudiantil Universitario) y la Universidad de La Habana, como integrantes de los grupos de revolucionarios que combatieron valientemente la dictadura del Gral. Gerardo Machado Morales (1925-1933).
Aduciendo razones no claras, Batista interrumpió el proceso democrático en marcha –ya con las elecciones presidenciales a puertas–, y había ejecutado su “madrugonazo” cuidando de que dicha ilegalidad se ejecutara como una delicada práctica quirúrgica, encubriendo la estrategia golpista; a fin de lograr –y así sucedió– que el revolico castrense fuera no-violento, y de este modo deponer de manera simple al gobierno auténtico, como quien cambia el ajuar de cama, y situarse en su lugar.
Tal modo de reflexionar, le resultó fatal a su gestión gubernamental e indirectamente comprometió al pueblo cubano, en la vorágine inimaginable impuesta por la pesadilla castrista, dentro de la cual se encuentra aprisionado el país cubano.
Los sectores políticos tradicionales, las fuerzas vivas y una significativa parte de la ciudadanía, rechazaron el quehacer batistiano. De inmediato, comenzaron las conspiraciones para revertir el proceso hacia su cause normal. Los comunistas del viejo PSP, vieron con beneplácito la vuelta de Batista al poder y bajo cuerda, enviaron recados al nuevo presidente, asegurándole que éste contaría con su apoyo, como en los “viejos tiempos de la pre guerra (IIGM)”.
Ellos estaban al tanto de que una estrategia puesta en marcha tan temprano como desde 1948 por el Comintern, ya consideraba y así sucedió, incorporar a los hermanos Castro a la hoya política cubana. Raúl Castro pasó a ser miembro secreto del grupo que los comunistas denominaban “militantes positivos sin carné”, o sea, sin registro ni documentación oficial de su filiación (virtual) a la Juventud Socialista. El término de “socialista” encubría burdamente la denominación intrínseca de “comunista”, un anti valor rechazado por el pueblo cubano.
Durante la etapa pre y pos machadato, hasta 1944, Batista era considerado un líder nacional; autoritario, pero no exactamente despótico; por su actuación en normalizar el caos pos machadista, patrocinar la institucionalización del gobierno, obras públicas y educacionales, reforzamiento de la defensa nacional, economía, los emprendedores locales y sus excelentes relaciones con el gobierno de los EE.UU, entonces en manos de Franklin Delano Roosevelt.
Al estallar la IIGM, con la incorporación de EE.UU a la entente Aliada; en el conflicto contra las potencias del Eje de Acero (Alemania, Italia, Japón y otros), Cuba dispuso de una posición política privilegiada frente a los EE.UU, por su aporte de materias primas (minería), azúcar, alimentos, carnes, tabaco y otros rubros; incluyendo permisos para la instalación de bases militares, dentro de la estrategia general de los Aliados contra los fascistas.
Batista, a pesar de sus veleidades políticas similares a las de otros gobiernos latinoamericanos autoritarios o militarizados, o sea, “valorizaciones de las ideologías entre las hegemonías fascistas y democráticas, no dudó en declarar gallardamente la guerra a todas las potencias del Eje.
Con la promulgación de la Constitución de 1940 (posiblemente la más significativa y democrática de todos los tiempos), Batista tuvo un boleto fácil para ser elegido presidente de la república (1940-1944) al concluirse el grueso de la etapa pos machadista; más, cuando con todos los honores democráticos, entregó el poder al Dr. Ramón Grau San Martín en 1944, del Partido Auténtico opositor.
Luego, tras el sorpresivo golpe cívico-militar de 1952 contra el presidente constitucional Prío Socarrás, en medio de la Guerra Fría, el ambiente de respeto y admiración de la opinión publica hacia Batista, cayó a su nivel más bajo.
Los líderes del PSP recibieron un encontronazo de quien los promovió a la legalidad a finales de los años 30. Era el mismo líder al que ellos habían apoyado políticamente, asegurándole tranquilidad absoluta en el sector laboral y que dejarían a un lado la monserga de la “dictadura del proletariado” y la toma del poder por medio de la violencia.
Batista entendió en la etapa pos machadista que el ayuntamiento de las potencias del mundo democrático y cristiano (los Aliados), con el totalitarismo ateo de la dictadura moscovita, en la entente militar antifascista de los Aliados opuesta a la Alemania nazi y sus compinches europeos y asiáticos; era signo de que compadrazgos con los comunistas locales, no seria mal visto. Así, permitió que los comunistas se apoderaran del movimiento obrero, tuvieran ministros “sin cartera” y mangonearan este sector a sus antojos durante su época dorada.
Cuando Batista reasumió el poder en 1952, uno de sus primeros movimientos políticos, fue asegurarle a los EE.UU que sus devaneos de antaño con la URSS y los comunistas, no coincidían con la realidad del mundo anti comunista de hogaño. La verdad indubitable de un posible choque nuclear entre Occidente y Oriente obligó necesariamente, a que los países pro occidentales se definieran contra el bloque comunista euro-asiático. La ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba la URSS y el bloque soviético, amilanó a los comunistas cubanos quienes seguían fieles a Moscú, por lo que su Comité Central y otros líderes conocidos, debieron semi esconderse.
Esta táctica dilatoria se evidenció en un intento de limpiarse públicamente ante Batista, a raíz del ataque alevoso de los castristas al cuartel “Guillermo Moncada” en Santiago de Cuba, Oriente; el 26 de Julio de 1953. El PSP, condenó severamente lo que ellos denominaron el “putsch muniquense” de Fidel Castro y sus seguidores. Como después se evidencio tras la toma del poder de los guerrilleros, que todas aquellas poses demagógicas y rimbombantes, no fueron más que escenas de un teatro diversionista, pre elaborado.
Pero, la indignación popular que tan hábil como cruel desataron los opositores; en especial los seguidores de Castro y los disciplinados comunistas; hizo que en esa noche tan aciaga de la fuga para los últimos vestigios de la deficiente y maltrecha democracia cubana, fueran mínimos los simpatizantes de Batista que le lloraran por su derrota y escape, lastimosos. El Presidente, también estaba cesanteado en su función de “Caronte Singular”, como vigilante de la paz, felicidad y riquezas de sus ciudadanos.
Washington jugó un roll extremadamente importante en el arrinconamiento y derroque del gobierno de Batista, al meter de lleno sus manos en el Asunto Cubano, y suspenderle la ayuda económica, militar, política y diplomática, mientras propiciaba y se hacia de la vista gorda sobre los cuantiosos alijos de pertrechos que fluían incesantes hacia los revoltosos, como ahijados perfectos del Comintern.
El periodista norteamericano, Herbert Lionel Matthews, un viejo camaján de la horda maoísta y no por casualidad admirado editor del “New York Times”; fue enviado a Cuba bajo cuerdas, por el Departamento de Estado para que con el pretexto de una entrevista con el líder guerrillero; lo diera conocer a la luz pública como un “Robin Hood moderno”, con efectos desastrosos para la democracia en toda Latinoamérica.
En el trasfondo se pretendía ridiculizar a Batista e ir presentando a su nueva ficha: el guerillero Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores, como paladines en la lucha democrática. La cuartada finalizó con sus esfuerzos para lograr el cese de la ayuda en armas, dinero y pertrechos al gobierno de Batista, lo cual logró, con éxito pleno.
El embajador norteamericano en La Habana, Earl T. E. Smith, quedó paralizado de pies y manos y al cual obligaron a consultar con Matthews, todo lo relacionado con el Asunto Cubano. Nada de nuevos armamentos ni repuesto para sus equipos y municiones de guerra.
El gobierno batistiano, debió acudir a otras naciones como la Gran Bretaña y Bélgica y otras fuentes, para obtener nuevas armas (algunas utilizadas por la OTAN) como fueron los fusiles FAL 50.64 (Fusil Automatique Léger), belgas y los caza bombarderos Hawkwr Sea Fury F50, ingleses. Pero todo le resultó en vano.
El Alto Mando del ejército de Batista, fracasados los intentos de mediación –incluyendo los contactos de altos oficiales del Ejército con el propio Castro en la Sierra Maestra–; había planeado armar un tren convoy blindado; un fallido punto de vista tomado de la IGM, cargado de efectivos, armamentos, municiones de guerra y de boca, además de otros pertrechos militares; con el fin de reforzar las guarniciones que protegían la asediada ciudad de Santa Clara, en el centro de la isla. Con la caída de dicho tren en manos de los guerrilleros, en la periferia de la ciudad, comenzó la crisis final del gobierno batistiano.
Así, a la par de la última campanada navideña de la fiesta oficial del Fin del Año 1958, sobrevino el consecuente desparrame de los invitados asistentes a la fiesta del Presidente. Pocos de ellos estaban al tanto del plan en marcha preparado por Batista, ya aprobado por Washington. Luego, al conocerse la derrota del Ejército Nacional en la ciudad de Santa Clara y la rendición de los cuarteles y agrupaciones militares del centro de la isla, a manos de unidades guerrilleras de ideologías políticas diversas; desde las democráticas puras del Directorio Estudiantil Universitario (DEU), el Segundo Frente y otras fuerzas operantes en las montañas del Escambray; hasta las más rabiosas de corte maoísta del Movimiento 26 de Julio (M26J) liderado por Castro y una exigua partida de comunistas del PSP.
Estas unidades de columnas subversivas arribaron desde la provincia de Oriente, sobornando a su paso a los mandos militares del gobierno y emitiendo por su radio clandestina, partes militares donde aseguraban que el avance y victorias de estas columnas se efectuó tras “cruentos y heroicos combates”, imaginarios. Estas columnas estaban bajo el mando de dos de los capitanes de mayor confianza para el karma letal de Castro: Camilo Cienfuegos Gorraín y Ernesto Guevara de la Serna. Ambos, muertos después bajo circunstancias extrañas, sujetas a infinidad de especulaciones. La brumosidad de mayor solidez se basó en que estos líderes hacían sombra a la figura del Líder Máximo, el Dr. Fidel Castro Rúz y su hermano.
Batista, como buen capitán, fue el último funcionario de mayor jerarquía en ascender por la escalerilla del “Guáimaro“, lentamente. Con gestos simbólicos, el Presidente se despidió de manera maquinal, saludando protocolarmente a la multitud de fantasmas y sombras circundantes que le despidieron, algunas tan lejanas como sus compañeros de aventura del 4 de septiembre de 1933; otras; tan cercanas como los estudiantes del Directorio que intentaron de asesinarlo el 13 de marzo de 1957. Se trataba de entes ya incapaces de dañarlo, como el destello e intermitencias de las luces de posición y el rugido de motores de los aviones en marcha.
–Quizás todo ha sucedido,  porque mi “madrina” Lidia (Cabrera) no hizo lo que debió con mi santo” –farfulló, impenitente.
Todas las aeronaves iban al tope de gente tan ansiosa como la familia presidencial, la de mayor peligro, de poner pies en polvorosa antes de que se abrieran las puestas del infierno. Las mismas batientes de giro único, en las cuales cada fugitivo intuía poseer una parte alícuota para sí. Todo, porque la mayoría de los ciudadanos decentes y el populacho barriotero; enardecidos por un puñado de pícaros, les consideraban pecadores sin redención alguna.
El Col. Mariano Faget y sus hombres, tras apagarse los ruidos del maremágnum a su alrededor, quedaron solitarios sobre la pista, como suspendidos en el aire. Y de pronto sobrevino un silencio de presagios. Aspiró profundo el aire de la madrugada y miró a sus hombres, algunos le sonrieron. Faget hizo un gesto y, juntos todos, desaparecieron en la profundidad de la noche, como sombras diluidas con el amanecer.

(Nota) En realidad, Faget fue uno de los elegidos por Batista para que lo acompañara en el avión en su fuga hasta Santo Domingo, donde fueron recibidos por el hijo de Trujillo.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Enero, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
 

(1)   Se trataba del Col. Mariano Faget Diaz. Un detalle sorprendente: en mayo 15,1943 encaza submarino cubano, el SC-13, hundió al submarino alemán U-176 y su tripulación de 53 hombres, el cual estaba comandado por Reiner Dierksen, cerca de la ciudad de Matanzas. Faget, fue el agente de la inteligencia cubana  que capturó a August K.  Heinz, espía alemán que operaba desde La Habana con el aka de “Henry Auguste Lunin” y era quien enviaba los mensajes a los U-boat alemanes que hundieron una docena de barcos cubanos durante la IIGM. Lunin, el cual fue ejecutado por fusilamiento.
(2) MacArthur arribó al aeropuerto de Atsugui en Yokohama, para concertar la rendición de Japón, el Ejército Imperial Japonés y de Hirohito o Emperador Shōwa (Shōwa Tennō).

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“Noli me tangere, homo” –exclamó Martha (III/IV).


               Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba 
Ella
Allí, en lo alto de la escalerilla, coronada con su sombrero coupé de fieltro graciosamente ajustado a la cabeza; estaba la esposa del Presidente Fulgencio Batista y Zaldívar, la Primera Dama de la República. Fumaba un cigarrillo de tabaco rubio insertado en una boquilla larga de tronera dorada. Era una trigueña alta e imponente, con su semblante que casi delineaba rasgos de la Medusa virgen en acecho, no la de Caravaggio sino la doncella –ya madura– que describió Ovidio en su “Metamorfosis”. En su rostro un rictus de pasión irreductible, a pesar de la furia que la embargaba en aquellos momentos álgidos, sin que nada pudiera pensar y menos hacer para detener la fuga ominosa en que se encontraba inmersa con sus compañero de los años azarosos, y también los plácidos. 
Abajo, haciendo un semicírculo de protección ante la escalerilla, los guardias de seguridad, también fumando con avidez incesante, para suponer que con ello escapaban del frío de aquella última madrugada capitalina invernal. Ellos también abandonarían familias y allegados, el confort de vivir a la sombra del poder. Ella tiró el cigarrillo, porque al Presidente le detestaba el humo del tabaco.
Y a mí, ¿qué  coño me importa que no le guste el olor, a este Fulgencio de mi alma que es mucho Batista? –farfullo entredientes, jadeo colérica y se bajó la trama del velo. Por unos instantes, quedó como petrificada. 
Por su expresión entre solemne y enojada, parecía ser recipiente de las Tres Furias devoradoras e implacables, esas guardianas celosas del Universo. Su universo amado repleto de recuerdos y melancolías, que se le desvanecía por cada instante incontrolado y del cual no deseaba moverse. Jirones de aquel espacio ínfimo que le quedaba del terruño, reflejado en ese pedazo del tubo metálico que era el fuselaje de la aeronave, que a ella se le antojaba “su tierra”, ya a punto de ser descuartizada por los guerrilleros.
Quizás, se sentía plasmada como una estatua esculpida en sal y con arenas negras como las de Isla Pinos. Esa tristeza al sur de la capital y a la cual sólo se podía llegar por mar (ferries) o aeronaves, y que albergaba la cárcel para varones de máxima seguridad del gobierno cubano, construída por el presidente Gerardo Machado. De la penitenciaría, dispusieron las administraciones posteriores de la época republicana, para albergar a los criminales peligrosos y otros no tanto. Castro y sus seguidores, tras el putsch alevoso y fallido que ejecutaron en pleno carnavales, exacto en el Día de Santa Ana, el 26 de julio de 1953, contra el Cuartel “Guillermo Moncada” en Santiago de Cuba (donde los Castro lanzaron a sus secuaces de los cuales un centenar sucumbieron, pero que ambos nunca se atrevieron a entrar) y otros objetivos militares y gubernamentales cercanos. Porque allí fueron con el máximo de garantías y seguridades judiciales, atenido a los procedimientos de un juicio limpio e impecable. Pero esos eventos ya eran cosas de un pasado hecho irreversible para los Castro, envueltos en su eterno halo de venganzas por sus disparates reiterados para sembrar el luto y muertes en las familias cubanas.
Batista miró a sus esposa detenidamente, antes de que ascendiera por la escalerilla, extasiado como siempre y además afligido, sin una razón aparente. Ahí, casi al pie de la escalerilla conversaba y daba instrucciones al Gral. Eulogio Cantillo Porras, en ese instante figura central del gobierno cubano que el líder destronado había dejado en sus manos, quien los escuchaba por disciplina, pero convencido de nada podría ser ejecutado en medio de aquel desastre.  Cantillo intentaba contactar con otras figuras que lo apoyaran en contener la situación.
Y Batista reflexionaba a la par que conversaba con su colega, meditando que más adelante dispondría de todo el tiempo del planeta para contar en detalle la historia de sus momentos finales como Presidente de la República de Cuba. De la que quizás ella, la Martha de sus amores, ni se interesaría por su obcecación actual. Porque para él seria tal como rescribir como nueva, la vieja y famosa novela biográfica de “Un sargento llamado Batista” (1954), aquella patética reseña del último presidente republicano, hecha caramelo y en un santiamén por el norteamericano Edmund Chester.
Ella era una mujer alta de atuendo y cabello negro lustroso, de línea suave y de una sobriedad impresionante, pero de quien en medio de la frialdad no podía ocultar que se remordía de confusiones interiores. Es que antes, había subido por la escalerilla del avión con su altivez de soberana arrebolada, divina, hasta detenerse en el descanso inmediato a la cabina. Miraba hacia abajo, donde el Presidente ascendería hacia ella con lentitud, después de impartir saludos que nadie contestó y órdenes que ya nadie obedecería.
Y presintió que el ánimo irritado de ella respondía a la perreta y a las altanerías propias de una dama hasta ayer poderosa, y ahora defenestrada por el destino inherente a su posesión de esposa primada. Y ella, percibía un imaginario olor a sudor acre, al trasoñar a los guerrilleros destrozando su mundo exclusivo, encristalado, ahora a expensas de aquellas hordas de salvajes desparramados por llanos y ciudades.
Echada de mi casa por unos pelandrujos, que nos vandalizarán Palacio –musitó.
La Primera Dama había antecedido al Presidente con su orgullo inventado de que él, su marido, seria el artífice que diera los toques mágicos para detener la fuga. Había subido lentamente por la escalerilla, seguida por Nany con el pequeño en brazos y otros dos edecanes, quienes portaban sendas Uzi de 9 mm, y bandoleras colmadas de cargadores con el parque.
Ella se  encontraba en medio de unos tipos con pedegrú de arrestados y fieles, juramentados con el Presidente en protegerla hasta la muerte. Y se había deslizado escalones arriba, sin desear alcanzar la portezuela que la lanzaría al exilio, esa terrible lejanía espiritual y física. Y pensando que aquellos guerrilleros la desposeerían a ella y a su familia de todo lo acumulado durante años aciagos. Pero se quedó allí, tiesa.
–”Malditos, esos mau–mau” –murmuró.
Se levantó el cuello alto del abrigo negro forrado en minsk y se apartó nuevamente la trama del velo. El cambiarse en el saloncillo angosto del ropero de damas del Club de Oficiales, a la voz del Presidente ordenando la huida, el traje sastre azul prusia a rayas tenues que ahora portaba, le había sido un tormento. Echó una mirada a la ciudad lejana resplandeciente a su alrededor la cual, como siempre era La Habana que refulgía entre las primeras urbes de América. En muy poco tiempo, la desidia de los vencedores la convertirían, minuciosamente, en un inmenso basurero. Luego quedó inmóvil. Pareció que con ella, el tiempo se había detenido e igualado sobre un lecho de pesares, que todo aquello era un mal sueño irretornable. Pero todo sucedido antes de que él subiera al avión.
Ahora, desde el interior de la nave se destacó la figura robusta del Presidente, quien le hizo un suave llamado para que entrara. Pero ella no quería ni ver ni oír nada y aspiró profundo. Estaba convencida: sería la última vez en deleitarse con el aroma de la floresta natal, ahora impregnada de rocíos humectantes. Presintió el pavoroso rugido letal de la horda guerrillera proveniente de las montañas y selvas, y también que el paisaje amado sería despedazado y pulverizado, por la gula atroz de los vencedores.
Era lo usual a inherente a la falta de “clase” en los comunistas. Igual actuaron en Rusia y en sus Animal Farms sembradas tras la Cortina de Hierro, finalizada la IIGM, cuando los rusos se apoderaron de Europa Oriental. Pero ella estaba a punto de explotar para desahogarse, y ella le hizo con la barbilla un gesto suave al Presidente, para que éste se le acercara.
–¿Cuántos te dí, Batista? –le murmuró ella a quemarropa, casi con la mandíbula cerrada, inmediato que lo tuvo a su lado bajo la mirada escrutadora de los pasajeros. Cada palabra lucia inconexa con el mundo real de ese momento, pero todas llenas de reproches suplicantes.
Todavía la Leica de 120 le colgaba de su mano izquierda, enguantada con fina cabritilla negra. La tarde anterior, había accionado el aparato con una furia indiscriminada, sin importarle si las tomas saliesen bien o mal. Y Julia, la dama de compañía, su entrañable amiga del bachillerato, debió recargarle varias veces la máquina. Quería llevarse rastros de aquella tragedia cotidiana. Deseaba quitarse un zapato y taconearle los sesos al primer cabrón comunista que tuviera a mano, pero se contuvo. Pero eso sucedió después, porque allá abajo el Presidente continuaba charlas con MarianoFaget y otros de sus defensores fieles.
Yo no puedo caer en esas cosas –trinó para sí.
A ella le impulsaba la ansiedad de escuchar las detonaciones y ver los fogonazos de las parabellum tremoladas por los amigos y seguidores de su esposo. Como cuando el asalto el 13 de marzo al Palacio Presidencial por parte de estudiantes y otros opositores. Los disparos que esperó de aquellos guapetones y que nunca se sucedieron, menos ahora, suavizados por el buen vivir pero ansiosos porque no se acababa de producir la dichosa hora del arranque.
Creo que Masferrer era el único con suficientes coj… para detener en seco a esos pelu’os de mierda –le puntualizó al Presidente la tarde anterior, inusualmente zafia, en ocasión de tomar el café vespertino–. Y ni tú, ni el Francisco Tabernilla ese, con su título de Jefe del Estado Mayor Conjunto. Ni su hijito, tu “mano derecha” como dices; ése “Silito” que bien se las baila, fueron quienes le impidieron a él y a Rafael Díaz-Balart subir a la Sierra Maestra con sus “tigres”, para cazar al tipejo. Rolando se lo hubiera bailado en “menos de lo que pestañea un mosquito”. Tú y sólo tú, y no estoy cantando la ranchera, eres responsable de las vacilaciones de Zaydin y tus generales –le sentenció en tono lóbrego.
Tranquila, mujer, ya todo eso pasó. Y modérate, por favor –apuntó el Presidente.
Los líderes batistianos habían soltado interminables tremoles sobre su decisión a sucumbir antes que fugarse. Pero en ese momento, mostraron no desear un fin numantino y sí, un apacible retiro playero tal como hicieron quienes les antecedieron. Salvo el ex presidente auténtico, anterior al derrocado Carlos Prío Socarrás; el sorprendente Ramón Grau San Martín,  “El Divino Galimatías” como le chiqueaban sus seguidores; a quien nunca nadie, ni siquiera los comunistas, lograron sacarlo de su residencia –la que él llamaba su “Choza”– en la 5ta. Avenida del exclusivo barrio de Miramar.
A todos los fugitivos les apremiaba estar lo más lejos posible de aquella isla en llamas, a la que Enrico Caruso –el mismo que escapó del terremoto de San Francisco de 1906– y que estando en Cuba denominó “…questo paese di merda“, el día que estrenando “Aida” en el Teatro Nacional, cuando explotó la bomba. Fue mientras corrían los tiempos del presidente Mario García Menocal y los oposicionistas al gobierno de “El Mayoral“, tuvieron la gentileza de detonarle el artefacto explosivo, sólo ruidoso, en las cercanías del teatro.
Batista se le acercó a Martha, la miró condescendiente y trató de comprenderla, haciendo un gesto de quien esta confundido sobre qué hacer en momentos tan cruciales. Es que los nervios de todos, sin excepción, estaban tensados al máximo.
Te pregunto, que ¿cuántos, cuánt…ooos hijos te dí, Fulgencio? –insistió ella enfatizando la última palabra, ante el asombro de los pasajeros más cercanos a la portezuela de la nave. Atónitos.
Nany, que cargaba al pequeño, abrió los ojos desmesuradamente. “Oh, mi pobre señora”, se lamentó en silencio y comenzó a temblar.
Ella se calza espuelas del quince –murmuró una pasajera a su esposo, uno de los ex ministros sobrecogido de miedo, encajado entre orines que le navegaban por el fondo de su asiento.
El Presidente miró a su esposa, anonadado, sorprendido de aquel arranque, alejado de la realidad. Pero el más asombrado fue un sobrecargo, el cual se juró interiormente nunca recordarse de esas frases. Se sabía al dedillo la regla principal de los clanes: “todo lo dicho o hecho por la familia real, es secreto”.
A pesar del disparo a quemarropa, Batista movió la cabeza con aire benevolente, apenado con los testigos presentes. Pero había comprendido el excitante significado de la pregunta.
Ella es maravillosa. Así de magnífica e inesperada, siempre“, se reconfortó en sus reflexiones y sonrió, mirando a su entorno, pero aquello le terminó en una mueca. Todas las miradas apuntaban al techo. Nadie quería haber visto ni oído.
Tampoco era esa la pregunta que ella deseaba hacerle, ni de la cual esperaría una respuesta pública de su marido. Sin embargo, sí sabía lo que pensaba la faz del otro, no su Presidente, sino la del compañero de vicisitudes. Después volvió la vista hacia la ciudad que se le desvanecía en escape y exhaló un suspiro. El Presidente, se acercó amable a la portezuela y la asió suavemente por el codo.
Vamos, mujer, tenemos responsabilidades con toda esta gente, fueron nuestros colaboradores hasta el día de hoy.
–¡Noli me tangere, homo! –exclamó Martha, pero con la frase envuelta en un bisbiseó con los dientes unidos, bíblica, para que salvo él y ningún otro, entendiera.
Después miró fijo la mano que la asía y se soltó haciendo un gesto discreto. Estaba furiosa como una guajira ariqueña con la “punz’á de Pascuas”. Era la segunda vez que él le escuchó la frase.
–¿Por qué no quieres que te toque, mujer? –murmuró Batista, inquieto, ahora un tanto confuso y poniendo un acento fuerte en la última palabra. Y la miró profundo.
Porque perdiste, hombre, ¡perdisteee! Y mi marido Batista, entiendes Fulgencio, mi “ma–ri–do” nunca debió perder –ripostó ella, deletreando cada sílaba, escrutándolo. Quizás en espera de que éste le propinara un buen jaquimazo, aunque fuera simbólico. Pero él nunca lo habría hecho, y menos ahora, que estaban “en baja”.
No, señora. No es así como usted dice. Simplemente, perdimos el juego –enfatizó el Presidente, pausado, en tono irónico.
También, incontenible, hizo un rictus de amargura filipina, como cuando era solamente un mandadero en el cuartel de la Guardia Rural del pueblecito de Banes. Eran códices secretos entre marido y mujer. Ella suavizó la expresión sombría por el alelamiento, tal como siempre le sucedía cuando lo enfrentaba. Y convino sorpresas con él en una pícara mirada de amada seductora y tibia, además de insinuante, alejada de luctuosidades y compromisos con el resto de quienes le rodeaban. Ella, se sentía como si estuviera caminando en babuchas por el centro de un pasillo cálido, interminable.
Es que le fue difícil y tortuoso, aunque inolvidable, el trecho recorrido con el “Mulato Lindo“, como le apodaban las damas encopetadas de la high life. Pero tal sucedió cuando era el “Hombre Fuerte” de Cuba, allá por 1933, cuando ambos no se conocían aun. Porque él fue exitoso en estabilizar la república –tras el vendaval anti machadista de 1933–, reactivó la democracia, logró que se aprobara la nueva Constitución de 1940 y que, finalmente, cerrara con un broche aceptable para la ciudadanía, ser elegido como Presidente de la República de Cuba (1940-1944), durante los siguientes cuatro años sin reelección, porque la nueva Constitución lo prohibía por el voto popular y no por los sables y bayonetas.
Quizás fue una larga aventura, como las de Sagan –comentó Batista, como adivinando el tono que la consolaría.
Era verdad. Los últimos fueron 7 largos años entre sustos y pocas diversiones, mientras se bamboleaban en la cima del poder, no absoluto ni totalitario como el de su predecesor Castro, y del peligro siempre presente ante sus enemigos. Adulados y consentidos por una sociedad que casi los evadía, y que siempre los dejó, al menos virtualmente, en la puerta de entrada de los salones. Y que también les codeaba de manera formal por ser considerados “gente sin mucha clase”, a pesar que fueran los guardianes feroces, los Cerbero singulares de sus riquezas, como los Inferi Dii de Hades.
Sí, muy bello y excitante el trayecto –rezongó ella, tiritando, sarcástica–, pero ¡coño!, me lo hiciste caminar con esos tacones altos del poder, tipo lápiz Mikado número dos; y con el jodido corazón en la punta de la lengua. Y todo, por nuestra seguridad y la de los niños. ¿Valió la pena?, dime, Fulgencio.
–¿Decías, querida? –indagó él pacíficamente, a pesar del tono gutural, como haciéndose el sueco.
No me hagas caso, Fulgencio. Son naderías de mujeres –argulló ella, conciliadora, tratando de bajar el tono álgido hacia lo conciliador.
Tranquila, mujer, que no son muchas las veces que hago de movie star. Sólo que en esta, con los mau-mau, no me fue taquillera como la del treinta y tres –confesó el Presidente, frívolo, susurrándole quedo al oído pero con un marcado tono displicente.
Ella, finalmente determinó sentarse y él se deleitó nuevamente al sentir el aroma esparcido por Martha al dejar su lado. Ella se alejó, rozándole adrede el brazo con sus pechos de una firmeza sorprendente; seductora; supuestos tan tensos como los virtuales de “Kiki“, la modelo del “Le Violon d’Ingres“. Rauda, caminó rumbo a su asiento, envuelta en la mirada de sus adoradores.
¿Le Panthère de Cartier? –le había preguntado él, enfebrecido, cuando ella le requirió hacia la portezuela de la aeronave.
Non, cherry, Chanel numéro cinq –le aclaró ella, en la cúspide su coquetería, como si estuvieran solos en su recámara de Palacio.
Definitivamente estoy en baja. No pongo una, ni en la charada de Castillo“, discurrió Batista, con su mejor tonalidad interior, con aire casi festivo.
Nadie movió ni un sólo músculo o pelo, cuando advirtieron el “pase” de la pareja presidencial. Todos, habían sido testigos excepcionales de una intimidad inconcebible, entre quienes siempre se habían mantenido intocables, a la altura de las pompas y circunstancias.
No fue así tan sencillo –dijo Martha, estampando en su rostro un gesto de intención acentuada de quien vuela con intenciones de remontar la artillería gruesa.
Deja que salgamos de todo esto. Iremos a Daytona, Venezuela, quizás lleguemos a la Quisqueya de Trujillo o a España –le advirtió Batista, abriéndole los ojos, insinuante. Ella ni suspiró. Recordó los años felices–. Pero dejemos por ahora estas frivolidades –apuntó él, como un cerrojo presto a trancarse por siempre, pero suave como un aguamanil repleto de rosas.
De las viajeras, la Primera Dama era la única que no mostraba los ojos llorosos. Le aguijoneaba la impotencia, no el miedo. Pareció tal si desde que decidió unirse a Batista, estaba preparada para momentos tan amargos y los muchos otros de sensualidades impronunciables.
Cuando finalmente se acomodó, experimentó una serenidad inexplicable. Como si el frágil metal del fuselaje, se hubiera tornado coraza inexpugnable que la salvaría de todo peligro, a ella y al pequeño, desmadejado con indiferencia en brazos de Nany. Ya no le importaba que la oyeran o la miraran.
Por unos instantes experimentó la sensación apacible de sentir que la tensión acumulada en las últimas semanas había desaparecido. Ella, representó siempre un soporte espiritual para el régimen, frente a los enemigos del gobierno y, como ella misma acentuaba: “…de mi mismísimo marido“.
Fue entonces cuando Martha Fernández Miranda de Batista compuso su expresión. Y sonrió sorpresivamente, con tanta dulzura como la de una gata melosa, tal como correspondía a la Primera Dama de la República de Cuba.
La saga continua.
©Lionel Lejardi. Enero, 2011
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“Noli me tangere, homo” -exclamó Martha IV/IV


                                     Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
¡Andando!
El capitán de la aeronave, Crol. Antonio Soto Rodríguez, se acercó a su líder y esperó que éste terminara de adecuarse junto a su esposa. Inquieto, echó una mirada de soslayo hacia la cabina de mandos, donde el copiloto le hacía fuertes señas apuntando a su reloj de pulsera, conminándolo al despegue. El capitán, aspiro profundo, trato de ponerse en atención y se inclinó respetuoso hacia la pareja presidencial, y le susurró al Presidente.
Señor, cuando usted ordene –inquirió con voz un tanto temblorosa, esperanzado en recibir una respuesta positiva sobre el despegue de la aeronave.
Batista lo miro penetrante a los ojos, asombrado.
Mi estimado Coronel Soto, ¿habré entendido mal o usted dijo: “Señor, Presidente?” –le preguntó, enfatizando las últimas palabras. Y se revolvió en el asiento, hojeando la agenda abierta, con la picazón de los buenos tiempos, cuando estaba encerrado en aquel uniforme de khaki en los cuarteles.
Como aquella vez, veintiséis años atrás, cuando el entonces sargento Andrés Benites Pancorbo (después teniente coronel) otro de sus compañeros complotado en la aventura de la asonada militar “de los sargentos” del 4 de septiembre de 1933; se le encaró en el Cuartel Maestre de “San Ambrosio”, La Habana. El diferendo fue a causa de la entrega de unos pertrechos, municiones de boca y de guerra; que le exigía Batista cuando preparaba el cerco a los oficiales de academia –tildados injustamente de machadistas,  cuando su pundonor como egresados de las academias militares, les obligaba a prestar lealtad al presidente de la república– sublevados contra los revolucionarios, clases y soldados; que habían derrocado al gobierno interino del Dr Carlos Manuel de Céspedes, tras el derrocamiento de Machado.
El asunto cubano devino en una confrontación entre los oficiales de academia y la facción integrada por las clases y sargentos en unión de los civiles revolucionarios del Directorio Estudiantil, el ABC y otros grupos armados, los cuales demandaron ser ellos quienes tenían el poder político y militar en Cuba. Loa oficiales rebelados, sin ningún plan futuro, se refugiaron en el Hotel Nacional, situado en una elevación frente al litoral habanero, donde se hicieron fuerte. Por entonces, el hotel fungió de residencia del Enviado Especial del Dpto. de Estado, el discutido  Benjamín Sumner Welles; quien ostentaba el cargo de Asistente del Dpto. de Estado para América Latina.
Soto, había quedado en suspenso, aleteando de atrás para alante como un colibrí.
Oh, por supuesto: Señor, Presidente –intervino Soto, disculpándose y reaccionando como quien sintió de pronto en su nuca el aliento del presidente, tal si fuera el de un oso; o como si tuviera trabado en el gaznate, la mitad de un ladrillo de vidrio refractario.
Fulgencio, por favor. Ya todo se acabó y cierra el libro de tus pensamientos –le recordó Martha con un tropo. Con el mejor de sus susurros, relacionado con ese momento crucial.
Batista la miro, levanto la mano y chasqueó los dedos. La figura de civil que esperaba junto a la portezuela del avión se le acercó a paso rápido.
–¿Sí, Señor Presidente? –preguntó atento el jefe de los ayudantes.
–¿Todos a bordo, los equipajes y las protecciones?
Todos y todo a bordo, señor Presidente –aseguró el oficial.
Batista acarició al pequeño Jorge y miró a Martha. Ella asintió con un brevísimo pestañeo.
El seco detonar de armas de fuego llegados ahora desde más cerca, erizó a los fugitivos. Indicaban el inminente peligro representado por la población ya desbordada en las calles, festejando un cruento ajuste de cuentas, a los que entonces estimaban, los peores gobernantes del planeta Tierra.
Los dos restantes comecandelas, se precipitaron a través de la escotilla y sin mediar orden, la portezuela fue cerrada apresuradamente por un sobrecargo, el cual permaneció tieso en espera del regaño. El capitán de la nave le hizo una seña discreta de espera, desde la cabina.
Batista pensó por un momento en dejarles hacer lo que desearan por primera vez en su vida, e intentó un gesto de aprobación. Pero recapacitó.
Genio y figura hasta la sepultura –masculló, de manera que sólo ella lo oyera..
Martha lo miró sorprendida, sobresaltada al entender el bisbiseo de los nuevos bríos presidenciales y contuvo el aire.
Oh, Cachita, por Dios, que no le vuelva otra vez el “ataquito” por el poder –rogó o ella, clavando su mirada en el techo.
Un inmediato y esperado carraspeo que exhaló el Presidente para aclararse la voz, compitió con el tronar de los motores y estremeció la nave. El resultado del retumbó presidencial, no era nada distinto de lo acontecido con el país entero, aún cuando en calidad de sargento, allá por el 33, sostenía las riendas del poder. La totalidad de los pasajeros sabía interpretar el significado, tono y compás de cada rugido presidencial. Y éste último tampoco pareció distinguirse, ni en una octava, de los anteriores.
–¡Andando! –ordenó Batista en tono bajo, pero con la firmeza de siempre.
Martha soltó el aliento contenido. Es que con el ascenso del “Guáimaro”, el hasta entonces “Hombre Fuerte” se percató de algo inevitable: su antaña categoría como Presidente de la República de Cuba, disminuía en la misma medida en que el avión aumentaba la altura que le separaba del cocodrilo cubano. Eran, las 2:30 de la madrugada del 1ro. de enero de 1959. No por casualidad, Martha le dio en la mejilla un beso cálido.
Felicidades por tu santo, amor –le susurró ella al oído. Porque el santoral del día indicaba “San Fulgencio”.
–¡Cará…! –reflexionó Batista–, el tal Fulgencio tuvo la suerte de que lo hicieran santo, y sin embargo a mí, no. –murmuró desalentado y miró a Martha, contraída de la emoción.
Abajo en tierra, en el Palacio de los Yesistas, continuaban los acordes del danzonette “Suavecito”, con Paulina Álvarez y el Sexteto Nacional y los sones de Miguelito Cuní con el conjunto de Félix Chapottín.
En la “Iglesia de la Finquita”, al sudeste del barrio obrero de Redención; se acentuaban los ritmos de los batá y obatalá en el toque de tambores montado en el plante por las potencias ñáñigas de Redención, en Marianao. Los feligreses desbordaban frenesíes desde el domingo anterior, en los rituales: “para salvar el gobierno del mulato de la pinta (Batista)”, decían. Después, la tonada y los tambores serian repicados en honor de los Castro.
La tarde anterior a ese Año Nuevo, ya “Papito Mentiritas” (el de las tres “C”); había dirigido la primera exhibición pública del ritmo “Casino”, bailado por seis parejas veinteañeras del barrio de Pogolotti, en los salones playeros del “Casino Deportivo de La Habana”, amenizados por el Conjunto de Roberto Faz. Los asistentes al baile, quedaron con boca abierta por la coreografía.
Esa madrugada no lejos de ese barrio obrero, en el jardín central del hipódromo “Oriental Park” casi a la vera de otro barrio marginal “La Isla del Polvo”, el ruido de los aviones fugitivos despertaron a dos hermosos cisnes azules que desenrollaron su abrazo tibio nocturnal. Yacían sobre el domo de juncos, gladiolos y nenúfares, en medio del lago cristalino, con vestigios de escarcha en sus bordes. También bajo las miradas curiosas de unos flamencos floridenses, snowbirds recién llegados, siempre inoportunos en las citas sensuales.
Y las dos aves espantadas también con los ruidos levantaron majestuosas su vuelo virtual rumbo al norte, aterradas como todos, pero sin importarles que el trayecto hacia la libertad, les tardaría treinta de sus mejores años.
Así cerró el capítulo de la huida presidencial de Fulgencio, Martha y dos de los tantos cisnes azules que abandonarían pronto su hábitat, quizás para siempre.

De las bitácoras de vuelo,
Las tripulaciones de las aeronaves fueron citadas de completo uniforme, a las 2:00 PM del 31 de diciembre de 1958 en la pista No. 1 del aeropuerto militar del campamento de Columbia. Sin orden del día. Al final, fueron seis las aeronaves disponibles, las visible, del tipo DC–4 y DC–54 que partieron de la pista. Tres se dirigieron hacia República Dominicana, dos hacia West Palm Beach y una hacia Jacksonville. Sin embargo, no fue del dominio público que otra séptima aeronave DC–54; de rango de vuelo mayor (no censada) y con unos pocos pasajeros y guardianes de una misteriosa carga sólo conocida por la pareja presidencial, no paró hasta New Orleans.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Enero, 2011
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Cómo asesinar a un Zar y a su familia de ruiseñores


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Cómo asesinar a un Zar y a su familia de ruiseñores
Un correo militar desde el Kremlin

(Telegrama Secreto, “apócrifo”(NDE), transliterar al Código Morse)
DE : Vladímir Ilich Uliánov
Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo
A : Yákov Sverdlov
Asunto: Descubierta conspiración para rescatar Zar y familia por tropas blancas de Kolchak. De inmediato, se ordena al Comité Central Ejecutivo Región Urales en zona de Ekaterimburg: Ejecutar la tarea de acuerdo al protocolo “Tierra Limpia”. Confirmar por vía clasificada.
Lenin.

Prólogo
La noche del 16 al 17 de julio de 1918, calurosa y húmeda, se diferenciaba poco de las transcurridas en años anteriores. Salvo por la cadena horrores que los bolcheviques (1) marxistas-leninistas rusos (en lo adelante “comunistas” o “bolcheviques”), integrantes del Comité Central de la zona de Ekaterimburg; desencadenaron la madrugada del día 17 en los sótanos de la llamada “Casa Ipátieff“, siguiendo órdenes expresas de Vladímir Ilich Uliánov (aka, Lenin); Primer Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (comunista).
Dicha casa, durante la época civilizada en Rusia (hasta octubre de 1917) era una residencia situada en una campiña bucólica de apacibilidad deliciosa. La mansión señorial perteneció al el Ingeniero Militar y Químico destacado, Vladimir. N. Ipátieff, miembro de la burguesía local. Tal como sucedió en toda Rusia después de esa fecha, la policía política (CHEKA) (2) confiscó la vivienda a la fuerza, para su uso por el régimen comunista triunfante, liderado por Lenin, tras la mal denominada “Revolución de Octubre” (en realidad, noviembre de 1917). Dadas sus condiciones estructurales se le reasignó otras funciones bien diferentes de las pacíficas originales.
El alto mando de la CHEKA la denomino ,”Casa de Propósitos Especiales“, una denominación que en la jerga comunista se identifica con la de un centro dispuesto especialmente para la represión, tortura y asesinato de los indeseables. Para tales fechorías los jefes máximos y subalternos locales, disponían de cuadrillas de agentes, reclutados entre lo peor de los Nachtasyl (bajos fondos) del lumpenproletariat (canalla proletaria), dos iluminaciones que nos legaron Marx y Engels.
En Ekaterinburg, no podía faltar un grupo tan selecto, y todos –condición indispensable– miembros fanáticos del Partido Comunista Ruso, chekistas de mente y corazón. El jefe responsable de la unidad local, Yákov Mikhaylovich Yurovsky, un siberiano de origen judío, era quien comandaba el escuadrón de sicarios destinados a exterminar por todos los medios disponibles, a los opositores del Poder Rojo; a saber, los denominados contrarrevolucionarios, disidentes, intelectuales, opositores, republicanos, religiosos, demócratas, idealistas, etc.; fueran o no opositores o críticos no violentos, porque se les consideraba con el apelativo común de “enemigos de los soviets y el pueblo” .
En esencia, el nombre estaba muy a tono con la feria macabra a desatar allí, en día tan aciag0, por una banda de agentes CHEKA comunistas. Es que, durante el transcurso de esa noche; Nicolás II, Emperador y Autócrata de Todas las Rusias (Nikolai Aleksandrovich Romanov); el último Zar, su familia y acompañantes, fueron ejecutados de manera inmisericorde y a mansalva, por una banda de agentes chekistas. Los cuerpos de los asesinados fueron medio incinerados y sus restos ocultados en una mina abandonada. Todo ello se mantuvo en secreto durante decenas de años por órdenes iniciales del propio Lenin. El motivo principal del mandato, era a los fines de que el lugar de la ejecución ni las tumbas; no se convirtieran en centro de peregrinación religiosa por parte del pueblo
Un antecedente democrático breve, decir, purgar la historia
El arribo a este día, estuvo antecedido de una serie de acontecimientos políticos, militares y sociales, que revolvieron Rusia en los finales de la Primera Guerra Mundial (IGM). Este inmenso país y su Régimen Imperial, en manos de un autócrata Nicolás II de Rusia, un gobernante pasivo y desconocedor de las artes mínimas de como gobernar un país inconmensurable, había sucumbido ante un reducido grupo de opositores anti monárquicos, de todas las tendencias políticas activas en el panorama de Rusia. Por siglos este país, multiétnico y de culturas diversas e idiomas diferentes, había sido gobernado con mano dura por todos los zares y zarinas anteriores.
En el oeste de Rusia, era evidente la tensión que electrizaba el ámbito en San Peterburgo, especialmente en el Palacio de Invierno. Ello, debido a los desastres en el frente oeste-sur, teatro de operaciones de la guerra entre Rusia junto a las potencias de la “Triple Entente” (Los Aliados) por una parte, contra “La Doble Alianza” (Las potencias Centrales) integrada por el Imperio Austro-Húngaro, el Otomano, el Prusiano y Bulgaria por el otro.
Todas estas naciones, fueron las esencias que aromatizaron la Primera Guerra Mundial (IGM), entonces dicha como “La Gran Guerra”, transcurrida entre 1914 y 1918, y la cual fue detonada por el drama anti romántico de Sarajevo, donde fueron asesinados por extremistas armados por el fascismo temprano, del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek, el 28 de junio de 1914.
La acción la ejecutó el grupo servio “La Joven Bosnia” ligado a otro también terrorista, “La Mano Negra” (su lema, Union o Muerte) de nacionalistas rabiosos promovidos por intereses servios, que pugnaba por integrar Servia y Bosnia. Los austro húngaros atacaron Servia y se inició el conflicto. Dado que el imperio ruso se enarboló como protector de los eslavos, entró en guerra contra los austro húngaros.
Desde febrero del año 1917, Rusia había experimentado transformaciones inauditas que la llevaron de un extremo a otro del espectro socio político de la época. Uno de los factores acumulados, era el descontento popular arrastrado desde la bochornosa derrota rusa en la guerra contra Japón (1904-1905), unido a la represión cruenta de una manifestación aparentemente pacífica (en realidad una provocación) organizada por el Pope Georgy A. Gapón; el domingo 22 de enero de 1905 (el Domingo Sangriento), frente a las puertas del Palacio de Invierno, en San Peterburgo.
Gapón era un sacerdote ortodoxo revolucionario, de tendencias extremistas y comunistas, que organizó la que denominó Asamblea de Obreros Industriales Rusos de San Petersburgo; se dice; auspiciada por el Departamento de Policía y la Policía Secreta de San Petersburgo, la Okhrana. Los manifestantes, planearon entregar al Zar Nicolás II una carta solicitando reivindicaciones laborales, sociales y políticas. Pero el Zar ese día , estaba fuera de San Peterburgo. En ese invierno, el Gran Duque Vladimir ordenó a la Guardia Imperial disparar contra la manifestación amenazante.
Este incidente, hizo que al Zar sus enemigos le apodaran Nicolás “el Sangriento“, lo que tuvo un significado fatal para él y su familia, cuando Kerensky solicitó que un país amigo le diera asilo. Luego, estos hechos y sus actores, podían indicar una provocación armada por los comunistas con ayuda de Gapón (supuesto religioso y no, ateista adorador del marxismo), para deteriorar la imagen del Zar. Lo curioso es que el sacerdote, más tarde y después de su peregrinar europeo en calidad de exiliado político, apareció misteriosamente ahorcado en una cabaña en Finlandia, acusado de “provocador” por el Partido Social-Revolucionario, en esencia, no tan radical como el de los comunistas.
Una de las variantes iniciales de las fuerzas políticas democráticas existente tras la derrota Rusa frente al Japón, era convertir la autocracia zarista en una monarquía constitucional, al estilo inglés. Ello transcurrió con el paso vertiginoso del gobierno autocrático zarista, hacia otro moderno, al estilo de los social-demócratas. La Duma (Asamblea Consultiva o Parlamento) creada en 1905 por el propio zar ruso Nicolás II , tras el “Domingo Sangriento”, el cual se rumoró que a instancias de la Zarina, pretendía aplacar los ánimos, prometiendo concesiones y aperturas, que nunca se materializaron plenamente.
Más adelante, después de una década de inquietudes; en 1914 estalló la IGM que se desarrolló entre el 28 de junio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918. Al inicios del tercer año de la guerra, Rusia y el zarismo estaban extenuados por el conflicto. El pueblo y los trabajadores se encontraban bajo un estado revolucionario, consecuente con iguales eventos en otros países colindantes.
Estas facciones en Rusia estaban incitadas por la facción bolchevique, que ya controlaba los soviets (consejos de trabajadores) fabriles. Los primeros de estos soviets (databan desde los albores de la revolución de 1905) los cuales constituyeron los elementos de la posteriormente denominada “República Socialista Federativa Soviética de Rusia”. Claro, que después que los comunistas liderados por Lenin, tomaron el poder utilizando la violencia proclamada en los cánones marxista.
El 18 de febrero de 1917 estalló la revolución guiada por la fuerzas democráticas (Revolución de Febrero de 1917) sin los bolcheviques ni la facción extremista de los comunista; como un pacto entre liberales y socialistas burgueses. La Duma y el resto del gobierno zarista fueron desarticulados bajo un Ejecutivo representativo de la Asamblea Constituyente la cual eligió a un aristócrata, el príncipe Georgy Yevguénievich Lvov, como Primer Ministro del nobel Gobierno Provisional democrático.
El Gobierno Provisional fracasó en conseguir encausar el maremágnum imperante en toda la nación rusa, principalmente por la agitación y sabotajes provocados por los comunistas; y fue cuando el 17 de julio de 1917 la Social-Democracia dio paso a su líder más prominente, el político revolucionario y abogado Aleksanr Fiodorovich Kérenski, quien fue designado Primer Ministro del Gobierno Provisional, con vistas a las elecciones generales.
Este líder, muy activo en la preparación de la Revolución de Febrero; pudo con pleno éxito neutralizar el coup d’etat intentado por el general Lavr G. Kornilov contra su gobierno, a la sazón Jefe del Ejército del Gobierno Provisional. Kornilov, un militar recio y a igual que la clase media; apuntaba a detener el deterioro social propiciado por los comunistas, instaurar una dictadura, eliminar a Lenin y los comunistas (incluyendo los soviets) y devolverle a Rusia su antiguo esplendor, pero sin la monarquía.
Sucedió que en el plan de una de las facciones subversivas, los comunistas de Lenin; enmascarados dentro de los bolcheviques (denominados “los miembros de la mayoría”, tal los mencheviques eran “los miembros de la minoría”) ahora reaparecidos en el Soviet de Petrogrado (3), la democracia les resultaba un estorbo repulsivo y anatemático que les obstruía sus planes de implantar lo que el y su grupo denominaban “dictadura del proleteriado”. Una distopía de características macabras y sociopáticas.
Los comunistas reforzaron su labor de subversión en la capital rusa (Moscú) iniciando su plan con la huelga de la “Factoría Putilov”, arrancada desde febrero a instancias del soviet local, el cual los comunistas manejaban a su voluntad. Éstos, representativos de la facción leninista, ya habían desarrollado su tesis del “marxismo-leninismo” y planeado eliminar (liquidar) a los soviet de obreros de San Peterburgo, Omsk , Moscú y otras ciudades, que no les secundaran adhiriéndose a la huelga.
A su regreso del frente en marzo de 1917, el Zar fue arrestado junto con su familia y encerrado (para su protección) en el Palacio de Alexander en Tsárkoye Seló, San Peterburgo. El Zar, aceptando la existencia de la Revolución de Febrero y abrumado por su fracaso en gobernar a tan inmenso país atenazado por la guerra, abdicó el 20 de marzo, 1917 en favor del zarevich Alexei, permutado después con el Príncipe Miguel (el cual no aceptó), de donde la monarquía quedó acéfala.
Ya estando Kerensky al mando de la nave rusa, pudo acercarse al zar para lograr un asilo de la familia imperial en Alemania, Inglaterra o Francia. Pero fracasó porque esas potencias no querían agravar la situación europea, admitiendo un huésped tan embarazoso. Con ello, el destino de los Románov quedó sellado. En esencia, repudiando al Zar por los hechos que le imputaban quizás injustamente, por el “Domingo Sangriento”.
En agosto de 1917 Kerensky, tremolando todavía el “asunto Kornilov”; previendo que los comunistas lo asesinaran a él y al propio Zar; alertó al soberano sobre lo peligroso de la situación y lo envió junto con su familia, sirvientes y una guardia fuerte; a la Mansión del Gobernador en Tobolsk, Siberia. allí lo rodeó de un confort aceptable.

Antes de partir, Kerensky le insistió al Zar:Los soviets desean mi cabeza, después en venganza, Lenin demandará la de usted y su familia“.

El gobierno de Kerensky, arrinconado por el desorden de los radicales, fue derrocado por la denominada “Revolución de Octubre” iniciada el 23 de octubre de 1917 (calendario juliano), correspondiente al 8 de noviembre del actual gregoriano. Kerensky trató en vano de traer tropas leales a Petrogrado. La facción armada de los bolcheviques (comunistas) del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia liderada por Lenin y Trotsky, se alzó con el poder.
En los combates de Petrogrado, las fuerzas beligerantes estaban constituidas en la parte de los comunistas por 40,000 marinos y soldados de la Guardia Roja y en la parte democrática, la defensa del Palacio de Invierno, un objetivo simbólico, por unos 1000 soldados voluntarios, cadetes, cosacos y 1000 efectivos, del Batallón de Mujeres.

Entre los comunistas hubieron algunas bajas, en unas escaramuzas ridículas, mientras que en lado democrático todos perecieron, parte los combates y la mayoría masacrados después de rendirse. Tal fue la tarjeta de presentación al pueblo ruso de Lenin, Trotsky, Stalin y Dibenko, los comandantes de los destacamentos atacantes.

Así, como fue siempre de manera violenta, se implantó la denominada “Dictadura del Proletariado” (4). El resto de las fuerzas democráticas fueron aplastadas sucesivamente por la cruenta dictadura, de manera inmisericorde. Ningún partido, tendencia, opinión, filosofía, fuerza cívica o social, u oposición; sobrevivió la represión comunista.
Entonces, se inició a la Guerra Civil (1918-1922) hasta su conclusión, por la victoria del Ejército Rojo, hasta que en 1922 se creó la Unión Soviética.
El desconcierto de los líderes del gobierno de Kerensky y el de toda la capa aristocrática y de la alta burguesía sustentadora de la monarquía imperial; ahora dispuesta a reformas; se desmoronó en cuestión de horas, ante unos estimados erróneamente como “simples motines callejeros”, comandados por un agitador de tendencia subversivas (intelectual, de inteligencia extrema), Troskty.
Este personaje, transformó todo el ideario arrastrado por el líder principal de la tesis comunista (Lenin), hasta convertirla en una estrategia de combate. Lenin lo transformó en su Némesis, del mismo modo que se le presentó, con sus profundas diferencias con Stalin.
En marzo de 1918 las facilidades les fueron retiradas a la familia imperial, ahora bajo un régimen alimentario militar; y su séquito original entre médicos y sirvientes, les fue reducido a unos 12 personas. El deterioro de las condiciones de vida de la familia zarista derivó en atropellos lindando la humillación.
El 30 de abril, la familia, los sirvientes y el médico personal, fueron trasladados por los comunistas desde Tobolsk hasta la ya mencionada Casa Ipátieff cercana a Ekaterimburgo, su última residencia. Esta decisión fue tomada directamente por Lenin, e implementada perruna,por Yakov Mikhaylovich Sverdlov a los fines de crear las condiciones para deshacerse de los Románov en un lugar apartado, y a cuyos fines urdirían un pretexto creíble para el pueblo, sumido entonces en aquel mar de confusiones. Pero esperanzado aún en un arreglo político y el retorno a la tranquilidad.
Un correo militar hacia el Kremlin, confirma el protocolo “Tierra Limpia”
Cerca de la medianoche del 18 de julio, 1918; un correo militar a bordo de un sidecar, traspasó raudo un portón lateral del Kremlin. El mensajero fue conducido directamente a un saloncillo de reuniones repleto de humo de cigarrillos, entre víveres y licores finos, adjunto al lujoso despacho ocupado a la sazón por Lenin (el hombre del Lena).
Allí, el líder de los conspiradores deliberaba acerca de cuando y como eliminar a sus competidores y de alguna forma, hacer que los líderes de barricadas —ahora al mando de los organismos e industrias claves del estado burgues— ejercieran las funciones de los antiguos dueños y dirigentes de la estructura social y estatal de Rusia, como era de esperar de manera desastrosa, para lo cual eran unos ineptos perfectos.
El caos y la hambruna se comenzaba a cernir sobre el antiguo imperio de los zares. Los interlocutores de Lenin, en coro, lo integraban sus colaboradores cercanos y funcionarios de menor rango. Entre los principales se encontraban, Lev Davidovich Bronstein, (aka, “Trotsky”) un teórico y táctico fuera de serie por su inteligencia y astucia; Joseph Vissarionovich Dzhugashvili (aka, “Stalin“, el “Hombre de Acero”) un matarife de marca mayor, cruel e inexorable y, por ultimo, un curioso ejemplar de origen polaco, de facciones agudas, el patético Féliks Edmundovich Dzerzhinsky (aka, “Kruk“, el Cuervo) el temido jefe de la CHEKA.
Cuando el correo entró al salón, se cuadró en medio del salón y saludó militarmente a los presentes –aunque ninguno de aquellos presonajes tétricos era militar por rango ni escuela– y puso el sobre lacrado directamente en las manos de Lenin. Esa era la orden que acompañó al correo durante todo el trayecto, entregar el correo en manos del líder, no a Trotsky, Presidente del Comité Militar Revolucionario de Petrogrado.
El pliego portaba un mensaje esperado con ansiedad por aquellos hombres endurecidos en el clandestinaje y la subversión terrorista. Era un telegrama secreto dirigido a Lenin, emitido desde Ekaterimburgo, por el presidente del Comité Central Ejecutivo de esa región de los Urales, Yákov Sverdlov. Cuando Lenin leyó la nota sonrió y recabó la atención de sus capitanes y ordenó la salida del resto de los asistentes. Cuando se hizo el silencio, el líder tomó aire y con extrema parsimonia anunció:

Camaradas, tengo el gusto de informarles que el Zar , el tirano Nicolás II y sus colaboradores, han sido pasados por las armas, marcialmente, por delitos de alta traición. El camarada Sverdlov cumplió la orden ante el avance de los “blancos” y encargó la tarea a un fiel chekistas; Yákov Yurovsky; el cual comandó personalmente el escuadrón punitivo. Les advierto, que sólo mencionaremos al pueblo la ejecución del Zar, pero nada de su familia, para evitar sentimentalismos en la población. Y menos, revelar el sitio donde fueron enterrados los cuerpos, a los fines de atajar que el lugar se convierta en un punto de peregrinación supersticiosa” —concluyó en tono vibrante.

Tornó ligeramente su rostro orientaloide y miró de soslayo a Dzerzhinsky, quien estampó en su rostro una mueca cómplice; más bien sibilina; porque este asesinato a sangre fría de la familia imperial presagiaba el recrudecimiento de la degollina general desatada por los comunistas desde la caída del Gobierno Provisional de Kerensky.
La ola represiva iniciada en contra los políticos demócratas, la pequeña y alta burguesía, los kulaks, mujiks y el resto de los obreros y del campesinado; rebeldes contra la colectivización de las tierras y medios; con la consecuente hambruna ya desatada por los comunistas, fue de una magnitud arrolladora. Las mejores inteligencias y los capitanes de la economía, industria, educación y las artes, más emprendedores, fueron diezmados.
Lo que estos líderes desconocían era que en la zona del crimen real, de inmediato, corrieron rumores sobre la atrocidad comunista ejecutada en los sótanos de la Casa Ipátieff y que los intentos de los asesinos en destruir los cadáveres se entorpecieron. Los cuerpos fueron extraídos del sótano y amontonados sobre la cama del vehículo que los conducía , pero este se averió en el camino hacia la localidad de Koptyaki. El sicario Yurovsky, aterrado, decidió inhumarlos en una vieja mina de hierro “Chatiri Brata” (Los cuatro hermanos) situada en un recodo del camino, a unos 12 kilómetros al norte de Ekaterinburg.
Los cadáveres de las víctimas fueron rociados con ácidos y gasolina y quemados, con el intento de reducirlos a cenizas. Pero los asesinos se encontraron con una tonelada de carne. En esta liturgia macabra transcurrieron tres días y ante el fracaso de la tarea inconclusa y la represalia del propio Dzerzhinsky , Yurovsky ordenó a sus secuaces que echaran los restos quemados (aun intactos en sus miembros y articulaciones), en un lodazal de la propia mina y tapió la entrada.
Así, el sepulcro de aquellas víctimas inocentes (tal reconoció a posteriori el propio gobierno ruso y un alto tribunal de la actual Federación Rusa), quedó casi desconocido hasta después de la caída del Muro de Berlín.
El coup d’etat bolchevique
Un poco de prehistoria. En la noche del 6-7 de noviembre de 1917 (los comunistas dicen “octubre”), los seguidores de Lenin, ansiosos de tomar el poder para desmontar la democracia incipiente e iniciar el despoje de bienes y matanza de los burgueses, terratenientes, funcionarios r intelectuales; derrocaron al Gobierno Provisional de Kérensky y ocuparon todos los centros administrativos, de servicio y militares. Estas acciones fueron ejecutadas por detacamentos del lumpen proletario comandados cronométricamente, por Trotsky.
Resultó ser un coup d’etat incruento, repleto de alborotos pero casi sin derramamientos de sangre (excepto las matanzas salvajes de los defensores del Palacio de Invierno, después de rendirse, en especial los batallones de jóvenes Cadetes de las Escuelas de Oficiales y el de las Mujeres, este último, con el cual los chekistas se ensañaron). Uno de los artificios magnificados por los historiadores comunistas, fue la aparatosa salva del cañonazo del crucero “Aurora“, anclado en puerto, el cual le indicó a los complotados el iniciar las operaciones de ataque a los objetivos civiles y militares (5).
Los historiadores comunistas maquillaron estas coreografías baratas, como batallas épicas. Solo atenernos a la filmografía comunista desarrollada pos revolución por creadores como Sergei Mikhailovich Eisenstein en el film “Octubre” (1927) y otros de calidad estereotipada. La novel democracia rusa sucumbió, aplastada por la dictadura del proletariado basada en las “Las Tesis de Abril” enunciadas por Lenin. Quien de inmediato creó la CHEKA, un proto organismo represivo eficiente por utilizar el Terror Rojo (asistido por Sverdlov) que; todo lo cual resultó nominalmente en un simple copycat de la eficiente Okhrana (Okhranka” despectivamente) –policía política zarista, la cual quedó a cargo de Dzerzhinsky.
Con ello, Lenin dispuso del instrumento de represión idóneo y ordenó la implantación del “Terror Rojo“.
Kérensky, el único protector efectivo del Zar; se replegó a Pskov y reorganizó la contraofensiva con tropas leales a la democracia y tomó Tsárkoye Seló. Derrotado en Pulkovo y acosado, deambuló por Europa hasta exiliarse en Francia. La familia imperial quedaba desde entonces, en manos de los comunistas y abandonada a su suerte.
Yákov Sverdlov, uno de los sicarios dilectos de Lenin, fue el apparatchick encargado del “asunto del Zar y su familia”, por ese tiempo albergados en Tobolsk. Este personaje no tardó en brindar y hacerle notar a Nicolás II la furia vengativa de su jefe, Lenin.
Tiempos anteriores, durante las etapas de conspiraciones para derrocar a los zaristas, Lenin, uno de los líderes de entonces, agradeció al Kaiser Wilhelm II el que éste lo enviara a Rusia en un vagón sellado, desde su escondite en Suiza, donde había pasado alegre y cómodamente la guerra europea.
Los motivos de que Lenin se plegara en favores del Kaiser lindaba con una genuina traición a Rusia, su país natal, ya que éste en pago debía abogar por detener la guerra en el frente ruso, ofreciéndole al pueblo “pan, tierras y paz”. El favor fue revertido al Káiser, cuando los bolcheviques firmaron más tarde, el pacto Brest-Litovsk, al salirse unilateralmente de la guerra, abandonando y traicionando a sus aliados europeos.
Lenin, por su parte, envuelto en su áureas mediocritas, moral y espiritual, odiaba y envidiaba con furia animal a los Románov. Aparte por la vulgaridad de su físico oriental, alopécico y repulsivo –por los estragos físicos y mentales causados en él por la sífilis galopante que lo consumía–; también porque su hermano Alexander un terrorista de carrera fue fusilado por vínculos con el intento de asesinar al Zar Alexander III, en 1887.
Cursando el 4 de julio de 1918, con el pretexto del avance de los checos, el Soviet de los Urales mangoneado por Sverdlov, éste envió a Yurovsky a relevar la guardia de soldados rusos que protegían al Zar, considerando que éstos nunca dispararían contra la familia imperial y colocó en su lugar, a un escuadrón integrado por prisioneros de guerra húngaros, desertados al Ejército Rojo.
Las condiciones esperadas por Lenin, ya estaban creadas. El 13 de julio el soviet local, mediando Sverdlov, redactó la nota oficial (a) relacionada con la orden secreta implícita de Lenin: “…fusilar a toda la familia imperial, y no dejar rastro.”
La noche de Tatiana y Ortino
A las 02:00 h del 17 de julio de 1918, el Yákov Yurovsky, cuatro chekistas rusos y siete húngaros (6); ex-prisioneros de guerra que no sabían ruso ni a quiénes les ordenarían ejecutar; descendieron al sótano de la Casa Ipatieff, escoltando al Zar Nicolás II y el resto de los prisioneros, todos, completamente anonadados. Los líderes rusos, se entendían con los húngaros mediando el alemán. Eran 12 los reos entre hombres, mujeres y niños, azorados por el repentino despertar a deshora. Todos intercambiaban miradas de pavor –en especial los niños–, el Zar presintió que algo muy grave les sucedería. No en balde desde semanas antes, los carceleros habían levantado una extraña palizada de madera alrededor de la Casa.
Se rumoraba fuertemente que los bolcheviques temían la reacción de la población fiel al Zar o el rescate de los prisioneros por la cercana Legión Checoslovaca, del Ejército Blanco comandado por el respetado héroe de la Armada Imperial Rusa, Almirante Aleksandr V. Kolchak. Estos rumores fueron esparcidos intencionalmente por la zona, por boca de los chekistas, a instancias de la CHEKA (7), para aprovechar el peligro real en su favor, con respecto al asesinato premeditado
Esa madrugada del 17 de julio, los ejecutores a una orden de Yurovsky estaban formados frente al Zar y su familia. Los engañaron con la treta de que la ida al sótano, era “para tomarles fotografías”. Yurovsky radiante bajo la luz de un candil, sacó un papel sucio de su camisa y ensayó leerle a los reos lo que pareció una sentencia, firmada por Svérdlov.

“¿Qué?”, “¿Qué?” preguntó el Zar, asombrado ante las palabras terribles, temblorosas del chekista.

Yurovsky le respondió de la manera peculiar en los comunistas: y le disparó en el pecho (fue varias veces a quemarropa), descargando su odio con su revolver “Nagant” de 7.62 mm. Y así comenzó la ejecución minuciosa de toda la familia imperial. Este buen comunista, alardeó después de que él se había reservado para sí, el asesinar al Zar y al Zarevich, para acabar con las dinastía Románov.
Cada ejecutor sabía en detalle a quién balear, pues el jefe del escuadrón les hizo caminar el trayecto hasta el sótano (en realidad, entre sótano), junto a su víctima escogida. La masacre duró casi un minuto y quienes gemían heridos, eran rematados a tiros en la cabeza o bayonetazos.
Tatiana, la segunda hija del Zar se arrastró protegiendo a Ortino, el perrito del zarevich. El niño, herido, se movió llorando por su mascota y Yurosky, furioso, lo tiroteó y bayoneteó varias veces. Ortino se escapó de los brazos de Tatiana, a la cual otro soldado remató de un tiro de fusil en la cabeza y, con su bayoneta, clavó al perro en el tablado del piso.

Después, fue el silencio. Cerca, se escuchaba el ronronear del viejo camión militar donde se trasladarían los cadáveres tras el festín macabro. Más allá, se sintió el llanto inconsolable de una anciana aterrada, lloviendo lágrimas sobre la tierra rusa zaherida por unos rufianes.
A lo lejos, todo se confundió con los aullidos de una inmensa manada de lobos correteando alegremente por entre el bosque reverdecido. Sólo que las fieras todavía jadeaban hambres eternas sobre la taiga rusa, como los buitres de Prometeo, y así continuarían los horrores por los decenios siguientes.
Sólo 8 días después de la masacre, las tropas checoslovacas del Ejército Blanco al mando de Kolchak, lograron liberar el lugar donde la Casa Ipátieff. De haber sido así, días antes, el Zar Nicolás II, su familia, todos, se habrían salvado de la hecatombe.

Estos son los detalles sucintos, de cómo asesinar a un Zar y a su familia de ruiseñores.

Epílogo (sic)
Corriendo julio de 1977 un misericordioso Boris Nikolayevich Yeltsin , entonces disciplinado líder local del Partido Comunista de Rusia, ordenó la demolición “…hasta los mismos cimientos” de la Casa Ipátieff. El motivo principal de esta decisión vesánica por parte de los comunistas rusos, se fundamentaba en destruir las huellas del lugar del crimen; además que rumores sobre ciertas excavaciones oficiales de expertos rusos, un equipo multidisciplinar compuesto por arqueólogos, antropólogos y médicos forenses; hicieron que el lugar se convirtiera lentamente en sitio de peregrinación de religiosos y turistas. Algo que aterraba a los comunistas.
En el mismo lugar del crimen, el propio gobierno ruso autorizó en septiembre 20, 1990 a que la Iglesia Ortodoxa Rusa construyera una iglesia (hermosa Catedral). El 16 de junio, 2003 fue consagrado e inaugurado el bello complejo de la “Iglesia Sobre la Sangre”, coincidiendo con el aniversario y canonización de la familia real asesinada.
Resalta que en las memorias de Boris N. Yeltsin, este conspicuo comunista abriera su corazón y apuntara “…más tarde o temprano nos avergonzaremos de actos tan barbáricos.”
En 1979, los historiadores Alessandra Avdonin y Geli Riábov hallaron el sitio (tumba) de la familia imperial asesinada en el bosque de Koptiakí, por orden de explícitas de Vladímir Ilich Uliánov (aka, Lenin), Presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Temerosos de los comunistas fanáticos anidados en la KGB (versión moderna de la CHEKA), estos historiadores no lo informaron a la ratonera-madre, hasta años después. Tal actuar, inconcebible en cualquier sociedad libre, era resultado del Terror Rojo, idéntico al que los comunistas rusos y sus cómplices locales, implantaron detrás de la Cortina de Hierro en todas las “Animal Farms” del denominado “bloque comunista”; desde Europa, Ásia, África y América Latina, a partir de los inicios de la Guerra Fría.
Los periódicos rusos sólo informaron del hallazgo, hasta abril 12, 1989. Cuando la tumba fue abierta por los comunistas, se encontraron nueve cuerpos. Los propios funcionarios identificaron los restos por el ADN. Concluyeron que faltaban los cuerpos del zarevich Alexis y la Gran Duquesa María. Las identificaciones fueron a confirmadas igualmente a posteriori mediante el ADN.
Con el asesinato (puesto que ningún juez o jurado les condenó a muerte, ni ordenó su ejecución) por las fuerzas represivas del movimiento revolucionario de los bolcheviques, durante la Segunda Revolución Rusa, se extinguió la dinastía Románov.
El Zar yace enterrado desde 1997, en la Catedral de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo junto con el resto de la familia imperial y los demás zares rusos. En 2007 se anunció el descubrimiento de los cuerpos de María y Alexis, que, tras realizarles las pruebas de ADN, serían enterrados posteriormente al lado de sus padres y hermanas.
Canonización
En 1981, la Iglesia Ortodoxa Rusa en el exilio canonizó a los integrantes de la familia Románov, una decisión refrendada en agosto de 2000 por el sínodo de la Ortodoxia Rusa. Desde 1998 sus restos reposan en la Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo.
Rehabilitación.
El de octubre de 2008 el Tribunal Supremo de Justicia de la Federación de Rusia rehabilitó a Nicolás II y su familia, teniendo en cuenta a las víctimas de la regresión política bolchevique, una decisión muy esperada por los descendientes de la familia imperial y la Iglesia Ortodoxa Rusa.
De acuerdo al veredicto pronunciado por el juez, el Tribunal Supremo calificó de infundada la regresión y estableció la rehabilitación de los Románov (Nicolás II), Alejandra Románova (su esposa), Alexis, el príncipe heredero (zarevich) y sus hijas las Grandes Duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia.
Esta decisión respondió favorablemente a una denuncia presentada en 2005 por el abogado de la Gran Duquesa María Vladímirovna, que afirma ser la heredera de Nicolás II. La familia expresó «alegría y satisfacción», dijo su portavoz Iván Artsichevski, representante de otra rama de descendientes de los Románov.
También acogió con beneplácito la decisión de reducir al mínimo su ámbito de aplicación: «El hecho de que el Estado ha reconocido su responsabilidad en este asesinato es un paso hacia un arrepentimiento general y la de rehabilitación de todas las víctimas inocentes de los bolcheviques».
Resalta la ironía histórica de este drama es que Boris N.Yeltsin (1931–23 Abril 2007) fue el primer Presidente de la recién inaugurada Federación Rusa (a la cual sirvió desde 1991 a 1999) y se erigió, junto a Mikhail Sergeyevich Gorbachev, en los adalides del desmonte del totalitarismo comunista en Rusia.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Julio, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1) Primero fue el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) fundado en 1898. Después de la toma del poder por los comunistas (1917) se transformó en el Partido Comunista Ruso (Bolchevique), en1918. En 1925 fue Partido Comunista de los Bolcheviques de la Unión (PCBU). Más tarde en 1952, en Partido Comunista de la Union Sovietica (PCUS).
(2) CHEKA, “Vserossíiskaya chrezvicháinaya komissia po borbié s kontrrevoliútsiyey i sabotázhem” (Comisión Extraordinaria de Todas las Rusias para Combatir la Contrarrevolución y el Sabotaje).
(3) A pesar de las mendacidades de los historiadores marxistas, en ningún libro de Marx u otros teóricos (según los estudiosos), aparece la palabra “soviet“, la cual tampoco fue invención de Lenin y sus partidarios, como han pretendido durante años. Desde los tiempos del Zar se empleó el término de Consejo de Estado con el nombre de “Soviet de Ministros“. Los comunistas, hicieron un copycat del término y se lo adjudicaron a su estructura para dar nombre creíble a su régimen espurio.
(4) La dictadura del proletariado es un tipo de régimen político postulado por el marxismo como fase de transición revolucionaria entre el capitalismo y la sociedad comunista. Previo los trabajadores deben tomar el poder de manera violenta y establecer su dictadura sobre la burguesía hacia una sociedad sin clases. La Historia ha demostrado la veracidad de este disparate.
(5) Según el escritor italiano Curzio Malaparte, en su obra “La Técnica del Golpe de Estado; la acción del golpe de mano ejecutado por los bolcheviques comunistas —cuyos destacamentos armados fueron entrenados por Leon Trotsky—, fue el mejor planeado y ejecutado táctica y estrégicamente en toda la historia.
(6) Se ha advertido que entre los soldados húngaros se encontraba Imre Nagy. Versiones no confirmadas, apuntan de que es el mismo que como soldado autro-húngaron fue hecho prisionero en el Frente Este y que participo en los acontecimientos de la muerte del Zar y familia. después de liberado se fue a la Unión Soviética a estudiar agricultura y apareció años más tarde, como Primer Ministro del gobierno húngaro. Curiosamente, se infiere, que fue el mismo que dirigió la Revolución Húngara de 1956 contra los comunistas rusos. Apresado en Rumanía, después de su asilo en Yugoslavia, fue entregado a Hungría, donde tras un juicio secreto, fue sentenciado y ahorcado por los comunistas.
(7) Okhrana u Okhranka, era el Departamento de Seguridad, adjunto al Ministerio del Interior (MDV), como la Policía Secreta del gobierno. Colaboraban con esta, los gendarmes, en la protección de la familia imperial y la vigilancia de los revolucionario socialistas y anarquistas rusos, tanto en el interior como en el exterior de Rusia, los cuales bregaban por destruir la dinastía de los Románov. Representó la Policía Política, similar a la Okhrana zarista, aunque infinitamente mas cruel y sanguinaria.

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Addendum
(a)Comunicado oficial del Soviet de los Urales (sic)
Decisión del Presídium del Consejo de Diputados, Obreros, Campesinos y Guardias Rojos de los Urales
En vista del hecho de que bandas checoslovacas amenazan la capital roja de los Urales, Ekaterimburgo, que el verdugo coronado podía escapar al tribunal del pueblo (un complot de la Guardia Blanca para llevarse a toda la familia imperial, acaba de ser descubierto) el Presidium del Comité Divisional, cumpliendo con la voluntad del pueblo, ha decidido que el ex Zar Nicolás Románov, culpable ante el pueblo de innumerables crímenes sangrientos, sea fusilado.

La decisión del Presídium del Comité Divisional se llevó a cabo en la noche entre el 16 y 17 de julio de 1917.”
(b) Endoso del Soviet Central
“Decisión del Presídium del Comité Central Ejecutivo de Todas las Rusias del 18 de julio:
El Comité Central Ejecutivo de los Consejos de Diputados de Obreros, Campesinos, Guardias Rojos y Cosacos, en la persona de su presidente, aprueba la acción del Presídium del Consejo de los Urales.
El presidente del Comité Central Ejecutivo, Sverdlov ”

Este otro animal de la banda comunista que asoló los Urales y toda Rusia, Yákov Mikhaylovich Sverdlov (aka, “Andrei“, “Max“, “Smirnov“,… etc), especifícamente por su intervención directa en el asesinato del Zar Nicolás II Románov y el resto de la familia imperial rusa, fue premiado en 1924 –post morten– por el Politburó del Partido Comunista de la fenecida URSS. Sucedió cuando en 1924 la ciudad de Ekaterimburgo fue rebautizada por los comunistas (propuesto por Lenin, antes de morir reventado de sífilis, en 1924) con el nombre de “Sverdlovk”.
En 1991, la Federación Rusa decidió limpiar el nombre de la ciudad al restituirle su patronímico original, el de “Ekaterimburg”, dentro del conjunto de medidas reparadoras relacionadas con las arbitrariedades ejecutadas por los comunistas durante la Época del Terror.
(c) El Conde Tatistchef, la Condesa Anastasia Hendrikova, la Profesora Catherine Adolphovna Schneider y el valet del Zar, Alexei Volkov; fueron llevados directamente a otra prisión en Ekaterimburgo. Más tarde fueron sacados a las afueras de la ciudad, asesinados y enterrados. Lo mismo le ocurrió al marinero Nagorny uno de los dos que cuidaban del Zarevitch desde su nacimiento y con Sedniev que fueron fusilados aparte. Otro criado, Tchemadurof, enfermó y fué trasladado a la enfermería de la prisión, donde se olvidaron de él y por eso se salvó.
Al día siguiente del asesinato del Zar y su familia, en horas de la noche fueron sacados de la CHEKA de Perm donde se encontraban, varios miembros de la familia Románov, entre los que se sabe estaban la Gran Duquesa Elisabeth, Princesa de Hesse y del Rhine, el Gran Duque Sergei Mijailovich Romanov, tres hijos del Gran Duque Konstantin Romanov y un hijo del Gran Duque Pavel.
Llevados al bosque cercano fueron asesinados, tirando sus cuerpos dentro de un pozo de mina de Apalaievsk. Cuando llegaron las tropas del Ejército Blanco de Kolchak a aquella región, el juez Sergueiev, se presentó en el lugar haciendo el levantamiento de los cadáveres. El exámen forense reveló que la mayoría estaban aún vivos cuando sus cuerpos fueron arrojados al pozo. Pudieron ser identificados todos. (sic)

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