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Al fuego, hasta el Arte


La justicia primero y el arte después…”
Cuando no se disfruta de la libertad, la única excusa del arte y su único derecho para existir es ponerse al servicio de ella”.
“Todo es útil. Todo vale. Ningún esfuerzo es en vano cuando se defiende lo más sagrado: la libertad. Y no hay goce más grande que poner al menos un poco de luz en medio de la oscuridad.
¡Todo al fuego, hasta el arte!”
José Martí

*.**”¡Silencio, que’león duerme esta noche!” I/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

“¡Silencio, que’león duerme esta noche!” I/II(1)
Conjuro LXVII del “Libro de los Muertos” (*)
Oid tristes mortales
“Me dirijo hacia mis dominios,
recibo ofrendas y tomo los tributos del Príncipe de los Muertos,
voy hacia mi trono construido en medio de la barca de Amun-Ra
como un protegido por las fuerzas del mal” (sic)
(*)   Peri Em Heru  egipcio o “Libro para salir al día”,

Preludios campirannos en la caza de una fiera ya muerta
El botín de guerra inicial, que entre las cosas inertes ya sin importancia incluía al afamado líder guerrillero; vivito y coleando; incluyó su armamento personal, diario de campaña y otras documentaciones valiosas. El cenit de esta cacería tan brillante como productiva, fue resultado exquisito de una minuciosa búsqueda y captura; que efectivamente resultó letal para las dos bandas de conjurados ya en sus últimas depredaciones, y en fugas aparatosas en medio de un desorden pleno. La dinámica emprendida por el Ejército Boliviano, para cortar de raíz el script tenebroso de una aventura desplegada en favor de fuerzas políticas subversivas y terroristas ansiosas de destruir la democracia boliviana, lograron el éxito pronosticado.
La banda de subversivos perseguida sin tregua, igual que las otras desperdigadas en tierras sudamericanas; estuvieron y las hoy activas están, bajo el comando del Dr. Fidel Castro Rúz, un extranjero de origen cubano al servicio del Comintern y su brazo armado la Internacional Terrorista .
Hoy, el resto de esas gavillas delincuenciales –en los protocolos de búsqueda y captura por la Interpol– perduran enyuntadas entre sí por cohesión de los petrodólares del narcotráfico aportados por el Eje Apocalypto del ALBA. Un dispositivo apolítico de carácter subversivo declarado públicamente amigo de los terroristas musulmanes, árabes y otros oponentes tenaces de la democracia y el cristianismo.
Para la claque cotillera de pulgares automáticos –arriba o abajo según ordene el comisario– habituales de pastar en las galerías zurdas; se intentaba montar un copycat burdo manejado por las entelequias habaneras, como reflejo del ejemplo trágico de la Cuba aherrojada.
El pretexto inicial era destruir la democracia en la República de Bolivia, a la cual los estrategas habaneros estimaban una de las naciones sudamericanas más débiles, tanto en lo económico, social y político. Consideraban que la alta burguesía vivía entre lujos y aislada de las masas populares. Las huellas dejadas por las acciones del abogado y economista peruano, Ángel Victor Paz Estenssoro al frente del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) con la nacionalización del estaño, entre otras, condujeron a la sociedad boliviana hacia el desastre económico.
El segundo mandato de Estenssoro, se fue a pique por el levantamiento civil contra su gobierno nacionalista, por parte de los mineros y estudiantes y no directamente por los militares del Gral. Barrientos, tal se manejó y tergiversó por la propaganda habanera. Ello entre otros aspectos, fue ignorado por los Castro, quienes ya establecían estrategias para lanzar una aventura injerencista, en un territorio sin salida al mar y en medio de una reforma agraria ya comenzada por el nuevo gobierno de la junta militar.
Como segundo paso, consistía en establecer en ese país un centro de operaciones, en función radial hacia el resto de las democracias circundantes. Ya ciertos agentes castristas cubanos (auto declarados “exiliados” desde los inicios de la dictadura comunista) fueron colocados entre otros, en diverso puntos del aparato gubernamental boliviano y el Senado de la vecina Colombia, apuntalados por fuertes inversiones del triunfalismo desplegado por la URSS y la punta de lanza de los guerrilleros cubanos.
Mañas y marañas de una trampa “casabobos
La realidad del trasfondo boliviano, tal se demostró, yacía en una “cama” (trampa casabobos) armada con esmero, para deshacerse de uno de los lobeznos, tan incómodo como peligroso. Sucedió que éste, ya osaba emitir aullidos transnacionales propios, desde la otra acera. Lo cual, su Superego no advirtió y le resultó mortal el hacerlo, sin la venia del Líder Máximo.
Este cabecilla guerrillero, de manera inexplicable y para asombros del Superego de los hermanos Castro; se las había ingeniado para internacionalizar (con plena independencia de sus orígenes políticos) no tanto su discurso de odio y muerte, disparatado aunque conveniente para asustar, sino, algo tan malvado como una figura china de 10,000 palabras: proyectar su imagen patibularia (2).
Pero ya en esa tarde calurosa, su cuerpo languidecía derrumbado, como dinamitado, pero sin los espasmos finales de la fiera herida. Echado con su derrota vil, de cúbito supino, sobre una cama de piedra, que nunca podría ser su ara y menos su pedestal. Allí, donde los curiosos del lugar, militares y reporteros arribados a toda prisa, espantaban las moscas verdes, guazazas y dragones voladores.
Todo un trajín para husmear a qué olía aquel animal derribado, no tan barato, cebado en el corralón castrista. Los que podían, ansiosos de fotografiarlo así tal si fuera un yeti, salamandra de fuego u otra pieza horrible de los pulgueros zurdos o como si fuera una de las bestias raras cazadas durante siglos en los bosques de Sherwood.
Porque así lo fueron él y el resto de la banda de secuaces itinerantes y correveidiles, dispersos, destruidos y caídos también en combates feroces; contra los rangers –que les persiguieron como sabuesos foxhounds o tejoneros alpinos– donde se discutió cada palmo de selva y de quebradas repletas de ecos.
Porque en verdad, rangers y guerrilleros se pelearon como dos manadas enloquecidas. Los primeros, como batallones de Zeratules Templarios, mientras que los segundos tales destacamentos de fluffies tricéfalos. Ambos bandos, desplegaron lo mejor de su valentía y fiereza. Menos de los dedos de una mano, se salvaron a través de Chile
Un choque magistral cuyos resultados fueron tan iguales como noticia y pruebas inocultables de que “Manila” (La Habana), era su promotora y rampa de lanzamiento. La misma que al final los abandonó “convenientemente” en medio de las selvas, sin que pudiera refrutar complicidades, tal es práctica diversionista en los totalitarismos del mercado corriente.
Soliloquio de Perroquet Bavard, un loro viejo y además, charlatán

Porque en esta candanga y, que se sepa bien advirtió el líder desde su poltrona habanera–, que aquí habrán muchos timbaleros, pero quien tiene los timbales ¡soy yo, Fidel Castro Rúz, el hijo de Lina y Ángel…eeh! (sic).
¡Avemaríapurísima! –gritó el viejo loro charlatán (un perroquet bavard) de color verde desesperanza y con cabeza rala, renuente a abandonar el palo y a punto de ser sacrificado por bocón.

El caído estaba con los ojos semi cerrados y daban la impresión de destellos luminosos como asomados a las puertas del infierno de quien quiere escaparse o al que no desea irse. Pero no exacto donde el Dante nos avisó que se encontraba el primer palacio, el de los traidores y envidiosos arrojados al precipicio, porque él seria tildado de otras bellezas, pero no de esas.
Ni a pasos del más allá, en la rivera norte del Estigia donde el botero Caronte le esperaba paciente, para conducirlo al remolino de los siete ríos. Porque este ex-pibe de temblores psicóticos, jamás podría ser orgullo como un malambo perfumado del genial Astor Piazzolla.
Pero esta no era la filosofía del caso y habría que penetrar más profundo del infierno, para encontrar el sitio adecuado donde estaba la etiqueta de la reservación definitiva. Porque con tal muerto famoso, como un singular alucinado con los cielos bloqueados y divulgado al descaro por los Castro ateos, como un tal “San Ernesto de la Higuera“, habría que hurgarle sitio demasiado hondo.
Es que no se trataba de actitudes deleznable en su peor acepción, ejecutada por este comunista; cruel y sanguinario por antonomasia, que afectara a otro ser humano individual, como cualquiera de sus semejantes odiados. Sino, que tal conjunto de actos malvados arremetía contra toda una nación, Cuba y el resto de los países casi indefensos por donde correteó con sus tropelías.
Porque representaba una bandada de sociópatas que empleaban tácticas típicas de los vándalos u hunos depredadores, cuando ponen sus manos sobre un país. Aquella había resultado la peor tarde en la vida relampagueante del guerrillero, y también la definitiva, hasta que los rangers lo capturaron tembloroso y asustado, echado oculto detrás una roca, sangrando por el balazo en el pie.
Porque se irguió, no para el auto sacrificio como del acto final del anunciado “seppuku” o del mismo “hara-kiri” (con la última bala) como le había jurado a sus partidarios “para no ser cogido vivo“, sino, en un reviente del catecismo revolucionario, para dar un alegre alerta de bienvenida salvadora, a sus captores:

¡No me maten, que yo soy el “Che”. Y les seré más útil vivo que muerto! —les imploró a sus captores con un grito desgarrador, un clamor de clemencia pero sin arrepentimientos. Porque tal dicen que dijo, escuchado también por los vecinos del lugar.

Y así fue, porque vivió, tal como se oye. Pero no hay que regañarlo fuerte, ni criticarle “su falta de hombría”, la que todos los cabecillas asesinos exigen de sus hombres, igual que el archi asesino y ex-dictador de Libia, Muammar Gaddafi. Es la “La Condición Humana” (La condition humaine) de la que habló André Malraux, otro aventurero como él, dado que los comunistas nunca han sido consecuentes con su decir. Porque los actos sublimes, cuchichean entre ellos, se diseñan para los “otros”.
Lo cual corroboraron todos los testigos presentes en el lugar de su captura, incluyendo sus “amados campesinos”. Ninguno de los cuales se le sumó durante todo el trayecto de su aventura infame. Y que resultó en su gran dolor y rabia, en calidad de Príncipe de los Fracasos.
Una beldad isoturbiteriana, antípoda de su ancestral caucásica
Este líder, rabió ante los recuerdos amargos de su turbulencia juvenil anti gregaria, cuando se fijó en una cosa que daba saltos frente a el, en medio de la Carretera Panamericana. Y se empecinó, cuando todos sus amigos se rieron de la muchacha.

Sabé, que ya me pagarán esa cochinada. Y los muy pendejos, se dicen mis amigos. ¡Cabrones, es lo que son! –dijo, alebrestado y escupió el piso.

Lo que alguien de su entorno selvático, le escuchó maldecir en otro momento aciago. Tal era este, bajo los efectos de un “sin sentido” aparente. Por lo que ahora, no hubo espacio para otros recuerdos de juventinas. Y nada más apropiado para desechos tan elocuentes, que la opción del pronto enterramiento por parte de la Historia inexorable. No sorprendida con el nuevo cliente ni por sus enemigos terrenales, porque les eran muchos los acumulados para una sóla existencia de excesos enloquecidos.
La farsa había comenzado, según sus cronistas, cuando paseaba en una desvencijada bicicleta con motor, por cuanto vericueto le brindo abrigo a sus destemplanzas juveniles. También, quizás cuando olisqueó el primer cadáver siendo estudiante de medicina para hacerse médico. O por lo menos, mientras hacía el paripé de que estudiaba “entre comillas altas”, según sus detractores.
Los insolentes de Hollywood, en ocasión de filmarse las tribulaciones de este otro reflejo de “inquieto anacobero(3) durante su etapa de vagabundeo; brindaron una versión cinematográfica(4) estampada por los entendidos, como verdadero desastre, desde el punto de vista del buen contar y decir en la ética cinematográfica. El guionista lo bajó de la vulgar bicicleta y no dudó en encaramarlo sobre una feroz motocicleta, como las empleadas por las bandas musicales anarquista.
Porque él había dilapidado años claves de su juventud haciendo bus stop por sus alrededores, entretenido en causas injustas como buen ambicioso ya a punto de la bancarrota económica, hasta que una beldad isoturbiteriana antípoda evidente de su ascendencia caucásica, Hilda Gadea Acosta (su amante pour les pires moments, a la que después desposó) lo conectó con los aventureros del yate “Granma“.
Estos conjurados, armaban alegremente la tómbola su expedición en México con la ayuda de los exiliados cubanos, especialmente los miamenses y alguna que otra dádiva del Comintern, los cardenistas sin pasteles, los anti cardenistas oficiales con pasteles y otras mesadas del bureau de los ridículos “descamisados” peronista, los de ayer y los de hoy. De cualquier forma, el maná fluía incontenible.
Lo que a este argentino les subyugó, en modo alguno similar a como piensan los rioplatenses laboriosos; era que los líderes de estos ilusos; quienes se auto suponían los luchadores por la futura democracia en Cuba, tal les indoctrinaban viejos comunistas adheridos a esta nueva esperanza trotskistas de la revolución mundial; no daban la menor muestra de trabajar como tantos, para ganarse el pan diario .
La naturaleza de este proto líder le hacia emanar un flujo de rabias verdosas contra cualquier cosa interpuesta en su camino, como aquellos indios campesinos centroamericanos que se les enfrentaron en Guatemala, en un reten situado en la vía sudeste hacia Santa Catarina de Pinula.
Allí, fue cuando ejerció ayudantías (infidencias y tentetiesos de represiones vulgares contra los opositores democráticos) insertado en grupos paramilitares del Partido Comunista Guatemalteco; adscritos al jefe de la Seguridad Interior de ese país, durante el gobierno izquierdista del Col. Jacobo Árbenz Guzmán.
Pero, exactamente lo que más le sublevaba, siendo represor actuante como funcionario en Cuba; fue aquella confesión inesperada y brutal de su madre (enferma de muerte), cuando le dijo que su segundo apellido no era “de la Serna” sino “Sheinerman(5), lo cual no aparecía en los registros.
Él, no acababa de entender el cambio de nombre de su madre de “Sheinerman” por “de la Serna” –alegado por ella aduciendo “pura seguridad”–; porque, dijo la madre, eran los tiempos en el que el Mundo andaba en guerras y Domingo junto a Evita Perón, coqueteaban descaradamente junto con sus pandillas de lumpenessans-culottes“, similares a turbas nazi-fascistas, motivo por el cual se rotulaba “de la Serna” y el resto de la petite histoire familiar.
Y eso, nadie lo creería, además de que no estaba dispuesto a permanecer impasible mientras se deshacía lentamente el narcisismo de su figura mundial a la que tanto amaba –tal si fuera una estatua de sal convertida así por la curiosidad insaciable de la mujer de Lot–, para que lo aliaran a un “maldito apellido judío.
Un nueve de octubre, que los cubanos se alegran que no fue un diez
Pero esas eran viejas historias las cuales, aunque le desagradaban, no podía borrarlas de su pasado por una razón muy simple: ahora estaba muerto y bien muerto, ya sin leyendas heroicas ni las tizas caucasiana de los historiadores marxistas, para borrar lo feo. Cierto que toda historia parte de un pasado y un presente y ese, era su caso. De lo que sí estaba seguro, es que en ese día aciago, el destino le envió un mensaje definitivo por medio de aquellos cubanos asesores militares (falso que fueran ciudadanos norteamericanos, porque el protocolo lo prohibía) de los rangers: porque en su leyenda apócrifa, no existirían partes alícuotas para disponer garantías de un futuro luminoso y eterno. Porque ahora estaba muerto y oliendo a bien muerto y sólo le restaba desandar su camino de confusiones por el Valle de las Sombras, donde de seguro, seria un occiso que por su mala cabeza, mal recibido.
El mediodía del 9 de octubre, 1967 había quedado al doblar del camino, tras un par de ráfagas mortales que a las 13:15 h le cruzaron el plexo solar, en la soledad de la escuelita de La Higuera. Con ello se cumplió lo de “ojo por ojo y diente por diente” en medio de un silencio caído ínfimo sobre en ese aposento húmedo y mohoso, locutorio perfecto para una hermandad de ranas enloquecidas que no cesaron de croarle, ni aún después de la medianoche de todas las brujas, prestas al doblar de noviembre.
Como en las cortes aristocráticas de moscas cortesanas y no menos pervertidas, e intoxicadas con hashīsh como deliciosas pussycats de las poledancing doradas, al retorno de sus alucinaciones y ebriedades de tanta carne guerrillera engullida durante esos meses de fiestas carniceras.
Y que alcanzó lluvias rojas en medio del regueros fogonazos ensalivados, hasta empapar la carnes oblatas de pan y vino de la muchacha deutsch inmisericorde que en un sendero cualquiera dejo su virginidad y sayas.
La de suave piel blanca y alabastrina, aquella conspicua y no menos brava Tamara Bunque Bider; erótica insaciable y venusiana de talante; caída en su propia trampa mortal y entregada en emboscada a los rangers, por traidores de su amado partido comunista natal (en realidad el boliviano). La traición, un detalle chic muy propio de sus ideologías conculcadas a las putas guerrilleras, miserables.
Pero es que lo de ella fue otra cosa sucedida allá donde el río se estrecha y baja lo suficiente para el cruce en Vado del Yeso, con nuevas oleadas de moscas capitalistas aprestando sus bolsas infames, repletas de hueveras devoradoras de todo lo que un día fue humano. Porque la comedera de ambos sucedió en sitios distintos. Sabiendo que en los paraísos proletarios no hay moscas ni cucarachas, dado que no nada que comer.
Y también porque el líder de la banda armada invasora del suelo boliviano, en su mejor momento, le dijo a ella, sin aviso previo:

–”Sabés, que no habrán más correos del “llevaitrae”. Así que te quedás clavada con nosotros en medio de la selva, nuestra amada floresta“.

Quizás, pensó ella con razón, a manera de soldadera entre las miasmas rugientes de aquella manada de lobos, excitados con el olor a hembra. Después, Tamara se viró dándole las espaldas al líder guerrillero y partió rumbo a las letrinas, mientras murmuraba otras imprecaciones.

–”Cacho de cabrón –rezongó ella, ahora desde un rincón de su tienda, ya aburrida de toda aquella farsa trágica, repleta de engaños y furias–. Todo porque esta mierda donde nos embarcó el Líder Máximo del Internacionalismo y que ya se está jodiendo y él (Guevara), no quiere irse sólo. Y lo que más me jode es que aquellos dos huevones están muy campantes en bebederas y hartaderas, echándose fresco en los cojones, allá en La Habana, en medio del aire acondicionado de su castillo de naipes” –terminó de escupir ella, su frustración, premonitora de que pronto seria destruída, al igual que el resto de la jauría.

Se trataba de algo desesperanzador y que para ella era lo más temido. Nada de retornos a La Paz como antes, con aquel par de ilusionistas estrafalarios; también intelectuales comunistas; el pintor y guerrillero argentino Ciro Bustos (Ciro Roberto Bustos Marco) también (“Pelado“, “Mauricio” o “Carlos Alberto Fructuoso“) y el periodista, profesor y escritor francés Régis Debray (Jules-Régis Debray), también “Dantón“.
La Piel de Zapa y sus mensajeros letales
Para entonces, aquella figura desmadejada, seria campo fértil a colmenares y kermeses de este otro bellaco rojizo ya irreconocible de entre sus máscaras. Porque hubo y habrían tales muertos de igual prosapia de terrores y violencias, pastos de las moscas verdes tse-tse y las de pelambres teñidas de multicolores carnavalescos, con corrimientos hacia el rojo einsteiniano. Y por qué no también sus prima hermanas de traiciones, coleteando rojuras, como las sabandijas comunistas peruanas. Es que toda estas pieles del bestiario zurdo, no son encogibles tal lo fuera del pacto diabólico en “La Piel de Zapa“.
De igual modo era esa figura serpenteante sobre el mármol del vertedero, antes temida y odiada en la Cuba castrista, tierra calcinada enhiesta de auto elogios y hoy desflorada y maldita por la miseria.
Pero que desde instantes, su imagen de fantasma terrible de conductor y protector de las sombras, descansaba quebrada y solitaria en pose tan estrambótica como la maraña de su cabellera. Y, por fin, alguien le cerró los ojos.
Cualquier poeta del Diablo, le describiría durmiente entre pliegues de miriadas de sus fantasmas victimados. Casi todos desdoblados en terríficas pesadillas vengativas, de igual volar y serpenteo al de las brujas goyescas coitantes at æternum.
Es que el líder guerrillero y sus seguidores del destacamento, valdrían como secuaces perfectos en cualesquiera de las bandas apostadas en caminos. Cierto fue que en justas verdades, estos subversivos alebrestados, pelearon con las tres furias de los leones, desde el primero hasta el último día.
Un modo de actuar inimaginable –por lo inéticos– en sus enviadores desde la “Manila” apacible, ya desinteresada de sus mensajeros letales. Los preludios de aquel aire de muerte, tan absurdo como desentonado; finalizó sin los ditirambos grisáceos y tramposos de los camisa rojas garibaldinas y sus escarapelas girondinas, siempre en calidad de mensajeros de la muerte y el “odio inconmensurable al enemigo“.
Y porque los rangers hicieron que así le fuera “de aquí hasta la eternidad” y para siempre, con su inusitada perfección de cirujanos en día fecundo para la democracia y la libertad plena del hombre. Ya se hablaría de la jornada por la libertad paralizadora de los mensajeros totalitarios enviados por “Manila“.
Una fiera Difunta Mayor, de entre piaras de otras tantas Difuntas
No era demasiado el espacio en la escuela humilde de Quebrada del Yuro, para albergar a ese Difunto Mayor de entre otros tantos difuntos, y no sólo en Bolivia sino que desde antes en la Cuba aterrada y en el África, Ásia, Indoamérica y Oriente Medio, tan amadas por ser hijastras de sus actividades desastrosas. Porque siempre fue un Poeta de las Penumbras, bien que fue evacuado por su malasombra de pechuga andina, por la falta de oxígeno. Ni dudar que este era el cuerpo del escándalo inerte que unos minutos antes, fue un guerrillero derrotado y auto humillado, en una guerra que el mismo armó donde nadie le llamó para que terciara con sus injerencias.

Pero Usted, señor Guevara, fue quien le invadió a ellos su país. Y usted y sus hombres, fueron entrenados, financiados y enviados a Bolivia con planes específicos de derrocar al gobierno boliviano y lo peor; asesinaron a ciudadanos bolivianos en su propio país; y todo, bajo las órdenes de un gobierno extranjero –le aclaró el principal asesor de los cubanos (6).

Sucedió durante el cambio de impresiones (nada parecido a un interrogatorio formal); cuando aún era un prisionero recién capturado en combate, herido e inexplicablemente capturado vivo con todo su armamento y parque en estado perfecto. Fue sorprendente, dado que (como todos los comunistas) siempre anuncian su inmolación de “mentiritas”, no como las ennoblecidas con hechos, de los altivos Samurai daimyõ.
Pero no acaeció tal historicismo épico, quizás arrepentido por habérsele aflojado las piernas, en el que pudo ser el mejor de sus momentos.
Castro, echó a rodar el rumor de que al Dr. Ernesto (Che) Guevara de la Serna (el de “hasta victoria siempre”), lo capturaron (no rendido) a causa de que sus armas le fallaron, sin mencionar lo de las piernas. Como cuando a uno de sus lugartenientes más aguerridos “Benigno” (Dariel Alarcón Ramírez), hoy exiliado en París, igual que a otros de la banda, le dijo una de las demagogias a las que el mismo nunca le hizo caso:

“Un revolucionario verdadero, jamás se rinde ni se deja apresar vivo por el enemigo. Primero, se inmola”.

Claro que nadie dio valor a esta, una de las tantas payazadas de los comunistas, que nunca se inmolan. Porque, como era de esperar, el león calló y no se inmoló, tal se comprometió. Aunque después, cuando tras ser apresado; desafiante; se atrevíó a rugir con fiereza y en la escuela donde lo encerraron, armó un soliloquio en el delicioso lunfardo de las favelas rioplatenses.
Más tarde sobrevino vino lo inevitable desde el estado mayor y presidencia boliviana:

 “El león campante, que no lo esperaba, fue medido por los bolivianos con la misma vara con la cual él personalmente midió a sus prisioneros demócratas. Partiendo del asesinato alevoso de los cubanos indefensos hasta los congoleños azorados, a los cuales asesinó para “dar el ejemplo”.

Ello fue el resultado de acudir orondo al llamado musical de un Castro disfrazado de Flautista de Hamelin. Cuya flauta siempre estuvo equivocada de melodías de entre el llamado a los niños y el de las ratas marugas, porque él y su entraña repleta de roñas y ambiciones, no cabían en la fila de humanos de diferentes prosapias.
Lo que le incitó ambiciones del poder absoluto sobre todas las cabezas pensantes, que le contradijeran su otro reflejo de maoísmo fabiano, antes de que le arrebatara la muerte. Igual que los avetontas montoneros y tupamaros y el resto de los tirapiedras sesenteros, hoy dispersos por los basureros presidenciales del Eje Apocalypto.
Era humillante para un líder ridículamente capturado vivo, obsesionado en moldear sus grandezas alejado de la Sombra Mayor interpuesta como trampa de luces entre el guerrillero peleador y el cubano tan vanidoso como mal oriental. Su mentor y promotor, Dr. Fidel Castro Rúz y los estertores de la suya propia, idiotizado cuando saltó como un jigüe trotacaminos en medio de la selva boliviana.
Porque a este líder abatido no le correspondía el sueño de los justos, porque también resultó ser una fiera acorralada víctima de sus propios odios y sañas, y de las ánimas clamantes de sus prisioneros vejados, atormentados y asesinados a sangre fría.
Un ser, del cual fluían deudas, flecos de sobrestima y quejas desnudas de sus presas inermes asesinadas en la Fortaleza de San Luis de La Cabaña, ara y pedestal de ese comunismo del “¡ahé, ahé, ahé la Chambelona!”, al ritmo de los tiros de gracia.
Ese, el mismo patrocinado por los “hermanos sufridos del Norte revuelto y brutal” que no escatiman admiraciones y siempre dispuestos a adular a los Castro, mientras levantan las ventanillas de sus Cadillac punzó, en nombre de una fementida igualdad racial, destrozadores de la encantadora “La Habana Colonial”, de la historia propia y presencia de la cubanidad arrastrada por cuanto basurero se les antojo.
Ahora aquel tipo que exudada los miasmas y fetideces propias de su vida equivocada –aunque todavía con sus sueños no descompuesto–, mal envuelto en mortajas de mil encostraduras sanguinolentas y exudaciones desesperadas, tuvo antecedentes que él y sus compinches trataron de arrancar de una Historia violada al peor estilo.
Se intentó de alterar el paso fresco de las democracias, a cambio de un infame placebo totalitario del ajiaco habanero, todavía enquistado hoy en algunas de las mentes variopintas del cocusal zurdo. Tal destilación, fue la que diseñó en su retorta alquimista, el Good Shepherd Major castrista.
Génesis del aka (“Che”)
Uno de los expedicionarios del Granma, idealista devoto de Castro, Antonio “Ñico” López, quien husmeaba junto con la Gadea entre círculos comunistas en Ciudad México, dicen que fue quien lo apodó “Che“. Se trataba, nada más ni nada menos que del Dr. Ernesto Guevara de la Serna (7). Otros aseguran que fue su colega (segundo hombre en la escala del poder) el Cmte. (Mayor) Camilo Cienfuegos Gorriarán; un personaje clave en la opereta de los comunistas auto inventados, el cual; como tantas otras sombras; desapareció convenientemente tal le sucedió al globonauta cubano, Matías Pérez.
Casi de igual lomo y canto a la diseñada y escrita –con guión dogmático– por el confundidor nato por excelencia, Vladimir Ilich Ulyanov, (aka “Lenin”), un controvertido fanático de Karl Marx, Friedrich Engels y también de su Superego propio.
Guevara “el Vivo” (no “el Muerto”), se convenció de un presentimiento que nunca existió, pero hacia el cual avanzó inexorable entre los destrozos de su vanidad herida de muerte.
El, con su andar y portar atento a la Voz del Amo, sin embargo, hizo real y mandatorio el tarareo de las cantatas impregnadas en el romancero gallego de los Castro y saltó al vacío en la matta boliviana. Y todo porque el Líder Máximo casi le cortó las ansias de emular con Babeuf (8) guillotinando a todos los burgueses a quienes pudiera echarles mano.
Porque al desplomarse la democracia en Cuba, se le excitó la avidez idéntica de los Cirilo y Metodio anidados en la Plaza Roja; ansiosos por bañar sus groserías de mujiks, anales y genitales –unos cheos irredimibles como camisetas en tendederas–, volcados sobre las playas cubanas.
El león, despechado por sus misiones fracasadas, terció en los malabarismos preliminares que años más tarde cercenaron la soberanía cubana en favor y hasta caer desmayado en brazos de la URSS. Una acción vergonzosa que fructificó en extender pasaporte válido al vasallaje de La Habana a Moscú; pos obitum; en la titulada “Constitución Socialista” de 1976.
El león se consideraba un discípulo apasionado del líder, pero aspiró profundo y se le ocurrió en mala hora rugir diabluras en las inmediaciones de la acera donde Castro dramatizaba su misantropía de optimista alegre. Fatal le resultó que tal dualidad de famas, era intolerable por el Líder Máximo y la cofradía envidiosa de los apparatchiks guerrilleros, quienes le auscultaban los sobacos por intruso.
Este pujo emulativo, unido a sus devaneos con la jauría comunista pequinesa, el grupo de los que más tarde se convirtieron en “la pandilla de los cuatro” —ya envuelta en calideces de oxidación—, lanzó al león (de súbito) por un derrotero de peligros.
Castro activó sus neuronas y armó un artilugio similar al que esfumó del juego al que al parecer era entonces su alfil preferido: el ya mentado Camilo Cienfuegos Gorriarán, otro polo sombra de mayor simpatía que la suya, pero ahora, enfocado a defenestrar a Guevara.
Peri Em Heru
Pero ni Guevara ni su león interior, también de mayor proclividad a la muerte (9), se percataron eufóricos de que dicha Constitución Socialista con la cual soñaban; no se trataba más que del viejo “Libro de los Muertos” (Peri Em Heru o “Libro para salir al día”).
Porque a eso propendía el legajo, leer las inscripciones en las paredes interiores de sus sarcófago, de abrir las doce puertas y vencer cada obstáculo antes de comparecer frente a Asir.
Es que el fin consistía en ser enviado definitivamente donde Ammit, “el devorador” y de esta forma expedita, ser borrado del Libro, para siempre.
Quizás alguna Sangoma sudafricana –traída por Castro en su periplo de santerías por el África Negra, o encargada después o desde antes– le tomó las medidas a su malasombra mientras dormitaba, tal vez tras sus tareas matutinas de fusilazos en los patios de San Luís de La Cabaña.
Ni de que hábiles egipcios, quizás recolectados desde el delta del Nilo; taladraban a partir de cada medianoche y con el mayor sigilo; oquedades al hilo maderal de la franja blanca de la cabecera del sarcófago, en una madera sagrada.
Esos artesanos del país extraño, obraban carpinterías secretas sobre un tronco inmenso de sicómoro, como si fuera de acero negro. Era la madera mítica por incorruptible con la que desde ha, se hacían los ataúdes de los faraones, del cual él, nunca disfrutó.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  “The Lion Sleeps Tonight” (El león duerme esta noche), interpretación del grupo vocal y banda The Tokens, 1961. El sudafricano negro Solomón P. Linda reclamó ser el autor de la canción con el nombre de “Wimoweh“, escrita y grabada en fonetica de la lengua zulú (1939) en estudios sudafricanos y popularizada por su conjunto vocal “Evening Birds “.
(2)  Alberto Díaz Gutierrez, aka “Korda” (y un verdadero artista del lente); hizo la fotografía famosa de Ernesto Guevara, durante un cortejo fúnebre. La propaganda castrista no desaprovecho la oportunidad de nombrar a “su martir” como “El Guerrillero Heroico”, un indeseado competidor, ya eliminado. Considerada entre las 10 mejores fotografías de todos los tiempos, ha sido aprovechada al máximo por la propaganda castrista. Korda, un alucinado verdadero con la gesta guerrillera, no se ha definido exactamente si su adoración de asceta no monacal, imbuido del dualismo, era hacia Castro, Guevara o el cruento proceso revolucionario. Al parecer, sin ambiciones personales y por su ingenuidad, pudo haber sido tomado como prototipo del un “modesto-sencillo-dilecto-perfecto” del Hombre Nuevo, otro embutido de la extensa  wurstladen (choricera) castrista.
(3)  Daniel Santos (el Inquieto Anacobero)
(4)  Ver el film “Che“! de Omar Sharif, dirigido por Richard Fleischer, 1969 USA y “Che (part I)” de Benicio del Toro, dirigido por Steven Soderbergh, 2008 USA.
(5)  En ocasiones adjetivizado “Dr.” y en realidad, el segundo apellido de Guevara debiera ser “Sheinerman” no “de la Serna“. Después de investigaciones , el CIA propone el apellido de “Sheinerman“. Para detalles de esta sorprendente revelación, ver el “ehC, el genoma sinistrorso” en cualquiera de estos blogs personales o sociales.
(6)  El dialogo es una versión libre. Ver “El Guerrero de las Sombras” de Félix Ismael Rodríguez Mendigutia y John Weisman. New York: Simon & Schuster, 1989.
(7)  Ver de Sigmund Freud,  “Zur Einführung des Narziβmus” (Introducción del Narcisismo. (8)  Ver de Françoise-Noël Babeuf,  la “Conjuration des Égaux o Le manifeste des Egaux” (La conspiración de los Iguales)
(9)  Ver de Sigmund Freud,  “Jenseits des Lustprinzips” (Más allá del principio del placer). Donde plantea el Tánathos o Pulsión de Muerte.

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*.***Aquel octubre de 1492


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Aquel octubre de 1492 

I/III

Año 1483, una riña átona entre el Papa Sixto IV y Frai Tomás de Torquemada

La ” Bullæ Sacræ Cruciatæ Dilucidatio” (Explicación de la Bula de la Santa Cruzada)

“A gloria y loor de Dios todopoderoso y ensalçamiento de nuestra santa fe catholica, nuestro muy santo padre Sixto IV por sus bulas otorgó a todos los fieles cristianos, varones y mugeres que para la santa guerra que se haze contra los moros de Granada enemigos de nuestra santa fe catholica, diere y pagare cierta quantía que cualquier confesor que eligiere, clérigo o religioso, les pueda otorgar plenaria remissión e indulgencia que comunmente es llamada culpa y pena, de todos sus pecados entonces y en otro qualquier tiempo confessados, una vez en la vida y otra vez en el verdadero artículo de la muerte…”, (continua)

La “Bula de la Santa Cruzada” vs.  la “Bula de la Inquisición
Valga que antes, durante y largo tiempo después de ese año afortunado, correrían historias paralelas, todas enlazadas, las cuales transformarían y trastocarían el entonces Viejo Mundo. Se logró hacer que el Renacimiento en ciernes, deviniera pivote sobre el cual oscilaría la revolución aterciopelada y sedosa de las artes y joyas de la cultura humana; reverdeciendo con un copycat fabuloso los valores artísticos, éticos y culturales del mundo antiguo grecolatino (1). La luz, sobrevendría sobre las virtudes de la inteligencia humana, opacados durante a Época del Oscurantismo medieval, con la afirmación del hombre frente al ascetismo puritano del cristianismo, ya extenuado y sin bases espirituales ante las masas populares extenuadas bajo la represión religiosa.
Y valga también destacar que, por esta bula papal denominada por el Vaticano como Bula de La Santa Cruzada (de consolidación) y soltando diezmos en céntimos por parte de los menos afortunados, maravedíes por parte de los mejor dotados, o nada, de los completamente desposeídos; se alcanzaba la cédula clerical para garantizar la entrada al cielo o en su lugar, sin esta dispensa papal, el desliz posible hacia el infierno.
La condición sine qua non era que la absolución de los pecados fuera efectiva, siempre y cuando todos aquellos fieles, mártires o guerreros divinos que nutrirían la fila de quienes abandonarían el mundo terrenal por el celestial, lo hicieran peleando contra los moros; árabes mahometanos opresores, por lo tanto, infieles al cristianismo. También por un simple arrepentimiento, aunque tan absolutamente sincero  y como genuino acto de contrición; la religión les tenía reservada gratis la dispensa para quienes la muerte les sorprendiera sin este concierto.
Los moros —exceptuando sus eruditos—, eran unos seres extraños en linaje, costumbres, etnia y fe religiosa; todas por su atipicidad; de los cuales ya los españoles y el resto de Europa estaban hartos y que repudiaban todo aquello que oliera a mahometanismo: su sharias, serrallos de concubinas, sunna, velos, burkas, matemáticas, química, ciencias, ajedrez, medicina, acero damasquino y todo lo demás cultural, religioso o científico que se les antojase como factores “repudiable” a la civilización judeo-cristiana.
En ocasiones no pocas, ciertos grupos europeos se sentían inferiorizados ante bagaje cultural de los árabes y también; considerando los rezagos sociales de sus invasiones por el sur de la península Ibérica y el sudeste de Europa desde el siglo VIII. Intensificados mas tarde con la caída de Constantinopla en 1453 bajo la invasión turca comandada por la dinastía Osmali, progenitora del Imperio Otomano, deshecho por Occidente en 1918, durante la I Guerra Mundial.
Ya los españoles, castellanos, venían despellejándose enrolados sucesivamente  como soldados de fortuna en las hueste de Isabel I, la activa reina de Castilla, después de las otras guerra isabelinas: Guerra de Sucesión Castellana (1479). Se trataba de los albores del cerco del la fortaleza y centro administrativo del Palacio de Alhambra (al-Ħamrā, “la Roja“;  en Granada, Andalucía) a fin de deshacer las cadenas finales impuestas por los ocupantes árabes, clavados en el sur de España desde 711 d.C.
Se trataba del último bastión sureño del reino nazarí moro de Granada en la España continental. Sólo que la cuestión siguiente seria convencer a los celadores de las puertas divinas, acerca de a cuál de los recintos celestiales o peor, infernales, serian merecedores de ser enviados expeditos, por mentirosos, traidores y cobardes u otras culpas heréticas, gestadas por los colaboracionistas con los ocupantes árabes.

No hay de que preocuparse —tranquilizaba Isabel a los temerosos de que la papeleta celestial no les sirviera por alguna causa, como el incumplimiento del pago del lay off concertado con los representantes de Cristo u otros imponderables, y concluyó— Dios es misericordioso, redentivo y siempre estará a vuestro lado.

Opciones papales de la Tarima Gralte
En aquellos tiempos, no eran variadas las opciones de entremeses en la tarima gralte de los designios apostólicos. Como autodefensa, no restó más que tomar otra vía y dar un salto temporal de seis siglos hacia delante, para constara que los nerds militares de ese pasado isabelino real, no estaban duchos en las jerigonzas de los juegos Dungeons & Dragons (Mazmorras y Dragones) popularizados después por un par de inteligentes, Gygax y Arneson.
Luego, la cosa en los inicios de la Guerra de Granada no estaba apta para acertijos virtuales en los cuales escaseaban los mosquetes y bombardas de asedio. Recordar que para entonces, España ya había logrado que el reino nazarí de Granada fuera un estado vasallo de los reyes españoles, obligado a pagar tributos  a éstos. Luego, las victorias debían ser alcanzadas a espadazos, alabardazos y ballestazos limpios. Pero la cosa cambió para finales de la guerra con la introducción de una  artillería moderna por parte de los aragoneses y el concurso de mercenarios ingleses (arqueros) al mando de Lord Scaley de otras naciones. La disyuntiva guerrera, resultó una cosa muy diferente para el rey moro, Boabdil, puesto que en su empeño defensivo, no contó con la esperada ayuda de sus colegas musulmanes asentados en los sultanatos de Fez, de Tremecén o de Egipto (wik).
Al retorno del futuro, encontraríamos a Isabel y Fernando absortos frente a dos imágenes contrapuestas, las cuales devinieron claves en el futuro colombino, casi a punto de cerrar las puertas del medioevo agonizante. La frágil estampa de Sixto IV y la tremebunda imagen del acromegálico y lombrosiano monje, el Frai Tomás de Torquemada, dominaban la atención de los señores y aristócratas de cada localidad. Tal como si el sinfín de acontecimientos, en evolución en el mundo exterior de España, fueran eventos ajenos a la corona española.
Por razones obvias, en las pinturas, donde los artistas reflejaban por encargo tanto los retratos personales o familiares de la aristocracia como los de burgueses ricos, científicos y galenos de renombre; así como paisajes de las épicas militares o sociales; los encargos a los pintores estaban matizados de sugerencias y pedidos expresos bajo contrato, de que tanto los personajes principales, y donde cupiese los secundarios de adorno, todos sin excepción salvo donde las circunstancias así lo requirieran; fueran dibujados con las líneas, expresiones y paletas de colores más favorables y cosmetizantes de juventud y alegrías.
Por ello no extraña que el Torquemada ya descrito, apareciera junto a los Reyes de España, con una figura de rostro bello y de frescura agradable y no con la de un matasietes real según muestran otras pinturas de la época.

—Su serenísima Majestad, respetuosamente pienso que la estampa de su ilustrísimo; Frai Torquemada; desencaja algo entre las bellezas de sus Majestades. Y me confunde el no hacer lo apropiado —delaró el pintor para lavarse las manos, en espera de una aprobación.

—Sepa Usted señor pintor, que valoro su arte y la única razón por la que ahora estamos hablando, es para ultimar detalles de las obras propuestas —le adelantó el rey—. ¿Un consejo?. Sepa que de sus artes no se ni papa, malamente de las militares. Usted puede sugerir un doble. Pero para ser honesto, mi sugerencia seria: pintarlo exactamente lo contrario a lo que usted ve en la realidad. Diremos, que resultó una réplica imaginativa de Usted, como pintor. ¿Vale?. Le garantizo que de esta forma, no hay peligro de que el Frai lo confronte a Usted en el futuro por algún que otro mal entendido.

El “Renacimiento” y su biznieta, la “Ilustración”, tocan a las puertas del Viejo Mundo
El inesperado desencuentro entre las dos épocas, la medieval y la facción de culteranistas derivados —los vibrantes medievalistas—; resultó en una ruptura real no virtual, y el consecuente desgarramiento producto de una explosión insospechada para la sociedad judeo-cristiana. Esta se mostraba ávida de contactar y absorber las nuevas ideas del renacimiento filosófico, sociológico, de los altos principios y de la cultura acumulada por la Humanidad y las experiencias de la élite de los genios, ocultos o aprisionados por el Oscurantismo que hartaba a todos, incluyendo sus sostenedores.

Para finales del siglo XVII y todo el siglo XVIII, hasta la Revolución Francesa, la Humanidad brindó aplausos al movimiento pos renacentista impulsado por la intelectualidad y artistas de  Inglaterra y Francia, conocido como la Ilustración, y el siglo XVIII, como “El Siglo de las Luces“.
El destape de ilusiones brotó en el mismo instante en que, la madrugada de un octubre delicioso; unos meses después de caer Granada en poder de la España católica, apostólica y romana; el capitán de la expedición ahora deambulante por la Mar Océano junto con el puñado de “locos aventureros comandados por un lunático de origen desconocido“, tal les denominaron los envidiosos de entonces.
El capitán de la expedición, en las pausas de su conversación con el timonel de la nave, meditaba a finales de la madrugada del 12 de octubre de 1492. Ambos, desconcertados en fijar rumbos por las estrellas y compases rudimentarios, en medio de un raro viento de popa.

—¡Tierra! —había gritado como un endemoniado, el marinero desde el palo mayor; con ronqueras de lengua sarmentosa, casi inaudible por ser llevadas por el viento.

La voz de alerta provenía del vigía Rodrigo de Triana, atado por su cintura al palo mayor con una cuerda de seguridad, medio que tirado sobre la angostura circular del carajo (torre de vigía). El marinero se inclino sobre la barandilla y sólo vio la figura borrosa del capitán; sentado allá abajo sobre el piso del castillo de popa, cambiando a ratos impresiones con el timonel, un judío converso oriundo de Navarra, al cual el capitán le tenía deferencias, decía de éste que “por su inteligencia”. Después vio al capitán echarse sobre piso iluminado por la luna llena.

—¡Rediez, capitán, y escuchen los de allá abajo. Por amor de Dios!

Más que una certeza lógica relacionada con la esfericidad de la Tierra, lo  cual los eruditos de la Iglesia sólo habían aceptado a regañadientes que era un planeta, él debía demostrarlo ahora junto con aquel abigarrado grupo de marinos, que navegaban como centellas rumbo oeste. Sin advertirlo, al capitán ofreció la impresión de que el Creador por un gesto divino; les había puesto al convoy de navíos un viento fuerte extrañamente sostenido en popa, sin ráfagas.
Los capitanes de la expedición, cada uno por su cuenta y experiencias, le supuso causado por alguna perturbación atmosférica, sin trazos en el cielo despejado, que por encantos y les asombraría, al disolverse más adelante.

Capitán —le alertó el piloto—, se me ocurre raro este “vent arriéere” (viento de popa) que nos viene soplando desde hace varios días, empujándonos al sudoeste.

Pero el capitán que ya estaba al tanto de la observación, no le respondió. Porque le pareció escuchar una voz lejana y apagada, que lo desembelesó de sus meditaciones y le inquietó, más tras el último motín a bordo de las tripulaciones. Cuando la cosa se le puso fea, casi color de hormigas. El capitán se irguió y le gritó fuerte al vigía castigado allá arriba, en el carajo.

—¡Rediez, Rodrigo, que coño es lo que ves, pedazo de animal! Diste los mismos gritos de una lavandera, violada en el río Tajo.

—¡Recoño, capitán —bramó enfurecido el de Triana—, ya le grité y por mis cojones le digo, que he avistado la puta tierra y algunas luces, allá por el oeste, en lontananzasy así que bájeme de este puto carajo…rediez, digo yo!

Entonces se hizo un silencio, tras el diálogo histórico “muy culto y apropiado a los oídos de toda tripulación experimentada”, que se extendió a todo el alrededor de la mar océano a vistas de la “Santa María“. El capitán suspiró y dejó correr por sus mejillas dos lagrimas furtivas. Sin saberlo, su hazaña no consistió en vencer a un enemigo en las guerras moriscas, sino convencer al resto de los amigos europeos.
Si no, que con la misma lentitud con que las luces matinales se les mostraban ascendentes por la popa de la carabela mayor; para éxtasis de todos lo integrantes de la expedición, incluyendo las tripulaciones de las otras dos embarcaciones menores que les seguían, “La Pinta” y la “Niña“; no pudieron constatar que las sombras rojizas que desaparecían tras ellos, eran las del medioevo que seria enterrado en la Historia, para siempre.

—Gracias a Dios y a esa cabrona de Isabel que se las sabe todas y de las que no, también se las imagina. No como las otras reinas europeas, todas idiotizadas por la “absenta”—, farfulló finalmente el capitán a su contramaestre, el cual había despertado después de “dormir la mona” sobre la cubierta única que caracterizaba a las carabelas.

Al parecer, nadie supo exactamente en cuáles de los idiomas que manejaba Colón, dijo su parlamento, aunque uno de los marineros confesó mas tarde que creyó oírlo hablar en una mezcla de español y yiddish (2). Colón terminó sollozando a todo trapo, lánguidamente, por la alegría inconmensurable que le embargaba por haber dado en el blanco, las soñadas Indias. Fue cuando de pronto le asaltó la duda de su invocación a Dios, porque él era un ateo silente, acerca de si Dios cristiano existía en la realidad. Si todo habría sido producto de la casualidad.
To be, or not to be: that is the question
Si, porque a la cuestión del ser o no ser de aquellos tiempos, aún no sidos, se le concedían fuertes vínculos con el famoso “Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición“, una institución fundada en 1478 por los Reyes de España, también nombrados a posteriori  los “Reyes Católicos” (3). Coincidente cuando éstos; Fernando e Isabel; requirieron del papa Sixto IV la autorización del Vaticano para reverdecer la Santa Inquisición. Una práctica casi olvidada a propósito.
Variadas son las conjeturas tenidas en consideración por los historiadores, respecto a la insistencia de los monarcas españoles en restaurar el tribunal inquisitorio, de tan triste recordación.
Los análisis se desplazan desde la expansión de la cristiandad y su identidad única, pasando por debilitar la oposición política local a los Reyes Católicos y neutralizar la poderosa minoría judeo conversa y carenar en la financiación económica del reino enfrascado en guerras contra los ocupantes árabes (wik).
Traer al tablero que los pedidos de financiamiento de la aventura solicitada por Cristóbal Colón, chocaron con los gastos finales de las guerras moriscas. Es ver que entonces, aparecieron los financieros judíos en calidad de mecenas de la expedición, para todos aventurera, quienes sin certezas se basaron en sus instintos y ciertas leyendas solo conocidas por ellos, sobre algo más allá de la Mar Océano, nombrado “Antillas”.
Tal modo de actuar, inconexo con la conocida misericordia de los palatinados fuertes y a contrapelo con la promulgación de la “Bula de la Santa Cruzada“, para sacar a los moros que dominaban todavía el poderoso (y no menos envidiado por el resto de las dinastías árabes) Reino y Califato de Granada al sureste andalusí de la península.
Eran los tiempos mejores, dada la diversidad y número de las intrigas y luchas intestinas entre los líderes árabes, por apoderarse del califato, mejor, de sus restos. El tema de la Inquisición siempre fue escabroso para el Papa Sixto IV, dado que tal responsabilidad ya molestaba a buena parte de los soberanos; cuyos ancestros la habían implantado en sus territorios, y que por peso histórico cayó en desuso, por desprestigiado.
Pero ahora, los fanáticos isabelinos religiosos se lo volvían a presentar sobre su mesa a instigaciones de las leyendas negras y las bajas pasiones de Pedro González de Mendoza, arzobispo de Sevilla y por el dominico segoviano (según crónicas, era de origen judío) Tomás de Torquemada (1420-1498),  un par de pejes taimados de la peor calaña salmantina. Saber que el Tribunal de la Santa Inquisición, ya había sido instaurado de acuerdo a la Bula “Ad abolendam” dictada en 1231 y emitida por el Papa Lucio III (4).
Luego, con los tiempos, dicha práctica represiva declinó por el poco respecto de este tribunal, a causa de un horroroso historial de crímenes que albergaba como supuesto instrumento de fe y sí, por el contrario, sentina de sentimientos bajos, pasiones y envidias humanas.
No obstante, el 1 de noviembre de 1478 el Papa Sixto IV promulgó la “Bula Exigit sinceras devotionis affectus“, por la que quedaba refrescada la Inquisición en la Corona de Castilla. El edicto, satisfizo de sobremanera a otro de los incitadores de la misma; Tomás de Torquemada; el cual fue investido con el cargo de Inquisidor General de España (Castilla y Aragón), lo cual le garantizaba un empleo permanente durante los años próximos. Los titulados “herejes”, en especial aplicados a los judíos y moros no conversos, fueron ultimados por Torquemada de manera inmisericorde, durante el holocausto sufrido en el período comprendido entre 1483 y 1498.
Además, sorpresivamente, Torquemada apareció en la Historia, en cierto momento, como el confesor de la joven reina Isabel la Católica, un alma noble de naturaleza prístina. Las víctimas y los lacerados por los activistas de la represión clerical, se calcularon en miles. A otros observadores, les dio por señalar que las víctimas fueron aún más, en mayor cuantía; lo cual a todas luces parece una exageración. Si nos atenemos a lo conocido, nunca se han mostrado los asientos eclesiásticos que apoyen uno u otro criterio.
Este monje, Torquemada, un individuo encajable dentro de los especímenes tipificados como arquetipos lombrosianos. Este personaje, tuvo además  la nefasta gloria de ser el arquitecto del trágico e inhumano “Edicto de Granada” —una idiotez cruenta e innecesaria contra los sefarditas—, por el cual se ordenaba la proscripción de todos los judíos no conversos de España, a partir del 2 de agosto de 1492.
Torquemada, se salió con las suyas y dejó que la bula paralela, “La Santa Cruzada”, le pasara por al lado considerando que esta no interfería con su labor, por él estimada profiláctica de fe, aunque tan conspicua como macabra.
Ritmos de “La Bula de la Santa Cruzada”
Esta otra bula papal, la “Bula de la Santa Cruzada“, objetivizaba un carácter eminente de fe. Sucede que el activo Papa Sixto IV, quien la sancionó y puso en vigor, fue también entre otros de sus aciertos; propulsor de la Época del Renacimiento (ya a punto de explotar y desprenderse del Medioevo), un buen número de obras monumentales, creador de museos, puentes, pavimentación (empedrado) de calles y bibliotecas vaticanas y en otros sitios imperiales, entre otras virtudes eclesiásticas en Roma. Sin embargo, no pudo escapar a la venta de indulgencias y una desaforada hemorragia de nepotismo, dado que sus familiares irrumpían en cualquier ámbito devorando todo aquello beneficioso que encontraran a su paso.
Tampoco se libró de ser acusado de incesto con su hermana y que un sobrino suyo el Cardenal Raddaele Riario, que con posterioridad fue ejecutado, conspirara para asesinar nada menos que a Lorenzo de’ Medeci, “El Magnífico“. Sin embargo, los historiadores vaticanos, atenidos al conjunto de su labor, le atribuyeron un desempeño elevado que resultó de hermoso recuerdo en su papado. Las profecías de San Malaquías se refieren a este papa, por sus orígenes sencillos, como Piscator minorita (Pescador menor).
Fernando II de Aragón, tras su azaroso matrimonio con Isabel I, tomó el nombre de Fernando V de Castilla. Isabel poseedora de la poderosa corona de Castilla, sin embargo, no pudo tomar de jure el título de reina de Aragón, pues la ley sálica de dicho reino se lo impedía. Ambos monarcas, decidieron iniciar en 1481 la guerra contra los moros, sus vecinos. El objetivo era la reconquista del Reino nazarí de Granada, fortaleza y centro administrativo de Al-Ándalus, el residuo del califato Omeya de Granada, con la venia de la “Bula de la Santa Cruzada
Ello satisfizo en gran medida al Papa y a otros reinos de Europa, dado que se trataba de echar al mar el último reducto de la ocupación árabe en tierras europeas. Esta porción española era donde pastaban los musulmanes desde el año 711 cuando en la cúspide de su expansión por norte de África, se apoderaron de España. Los restos del reino en cuestión, ahora yacía en manos del rey (califa) Muḥammad XII.
En enero 2 de 1492, Granada se rinde a los ejércitos mancomunados de Castilla y Aragón. Muhammad capituló y entregó las llaves de la ciudad y el reino completo, a los Reyes Católicos, sus vencedores naturales. España, recobraba lo suyo y lo que pertenecía a todos españoles. No históricamente no ha sido muy indagado, el hecho del disgusto de los residentes granadinos, con pasar a ser súbditos de España.
Ello significó un alivio a las arcas reales, ya agotadas. Tres meses después, el reino de España, decretó a instancias de Torquemada la arbitraria expulsión de los judíos (sefarditas) no conversos al catolicismo, revitalizando el Tribunal de la Santa Inquisición; cuyo edicto había sido sancionado desde años antes, por el Papa Sixto IV. Resultó que este Papa, una paradoja, abogó de manera constante por controlar los excesos de esa represión inhumana impuesta por el oscurantismo eclesiástico, todavía en manos de Torquemada.
Elegía a la pérdida de Al-hambra
Abū ʿAbd Allāh Muḥammad ibn ʿAlī fue el último rey de Granada. Decir tal, era gobernar sobre un inmenso y rico territorio español ; de los invadidos por los moros (árabes beriberi) del norte africano, tan temprano como desde 711 (DC) conocido entre las castas de la realeza musulmana como Muḥammad XII. Lo más cercano a la cuenta ancestral, indica que fue el undécimo sultán que llevaba el nombre de Muḥammad, gracias a la valiosa información suministrada por Yunna de Ibn ʿĀṣim. Boabdil, miembro de la dinastía nazarí, llamado por los cristianos “Boabdil” (Boabdil “el Chico“). Este singular personaje, era también conocido popularmente entre los propios árabes; con el sobrenombre de “Al-Zugabi” ( “el Desdichado”).
Epíteto al cual rindió honores hasta el 2 de enero de 1492. Esta fecha, marco un evento trascendental y de un inenarrable peso histórico, al iniciar el sellaje del salvaje desatino de los nativos americanos sujetos al vivir pre colombino. De hecho, se les hizo figurar como testigos de una nueva exuberante y arrolladora civilización superior. Se trata del Nuevo Mundo, el cual removió las entrañas del Ancien Régimen Apocalypto, imperante en el mundo pre colombino.
Boabdil, había quitado el trono a su padre Muley Hacén y durante un tiempo estuvo en disputa por éste tanto con él, como con su tío, el Zagal Abu ‘Abd Allāh, que en el habla granadina, debía pronunciarse como Bu Abdal-lah o Bu Abdil-lah, y de ahí el nombre castellano “Boabdil”, a quien se añadió el epíteto de “el Chico” para distinguirlo de su tío Abu ‘Abd Allāh “el Viejo“. Nacido en la Al-hambra (Fortaleza Roja), hijo de Muley Hacén y la sultana Aixa, se sublevó en Guadix contra su padre en 1482 y accedió al trono gracias al apoyo de los Abencerrajes y de su propia madre. Combatió a su padre y a su tío, quienes también se consideraban legítimos reyes de Granada.
Durante la batalla de “Martín González”, en el término municipal de Lucena, Boabdil fue apresado por los Reyes Católicos. Su liberación implicó dar a Castilla la parte del reino que gobernaba el Zagal, lo que favoreció la penetración castellana y el final de la guerra el 2 de enero de 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos. Boabdil, después de ser destronado (por un acuerdo con los reyes españoles, a cambio de un Señorío), se aseguró después la colaboración de las tropas castellanas en su exilio a Fez (Marruecos) en 1493, ante la posibilidad de una rebelión de su bando opuesto (wik).
Las guerras moriscas habían drenado profundamente el tesoro real y la corte española ya exhalaba jadeos frente a la banca local, la holandesa y algo de la florentina. Con la caída de Granada en enero de 1492 y la rendición del rey moro Abu’abad-Allah Muhammad XII (Abu Abdullah o Boabdil), todo cambió entre el reino de España y sus acreedores.
El antológico “Suspiro del rey moro” ante la derrota que culminó con siglos de vasallaje a la ancient dinastía Omeya de los califas árabes (711-1492); quedó petrificado en dos lágrimas derramadas por el califa y en la histórica reprimenda de la madre Aïcha al-Horra (conocida como “Aixa“, por los españoles) referida la derrota granadina,

No llores como mujer, pedazo de cerdo le espetó ella a su hijo, lo que no supiste defender como hombre“.

Aquel octubre
Cierto que “aquel octubre” de 1492, resultó decisivo para el devenir histórico del continente americano y también para el resto conocido del planeta, entonces oscilante ante su disyuntiva: admitir si el producto de la Creación bíblica en medio del entonces caos reinante, dejó nuestro hábitat actual medio que convertido de plano en una cosa esférica tal abogan las tésis geocéntricas (Platón, Aristóteles y Ptoloméo) o si por el contrario las devenidas en una cuasi esfera viajera, sospechosa de auto sustentación, oscilación, revoluciones y traslación; tal enunciarían decenios después las tesis heliocéntricas de Copérnico (Nicolaus Copernicus), Tycho Brahe (Tyge Ottesen Brahe) o Johannes Kepler.
Todo porque un hecho insólito y contundente se cerró de golpe y porrazo en las narices del tribalismo oscurantista de la Mesoamérica y sus archipiélagos —algunos soñadores de inspiración elevada, les dicen “archipiélagos sonoros”— abriendo a la Humanidad un brillante futuro, de sorpresas inimaginables. El mundo de Claudio Ptoloméo, su “Almagesto” (El Gran Tratado) y su teoría geocéntrica, devino refinación de planos orbitales respecto a las de Platón y Aristósteles, todas las cuales fueron barridas con posterioridad por Nicolás Copérnico, con su “De revolutionibus orbium coelestium” (Sobre el movimiento de las esferas celestiales) a grupas de su teoría heliocéntrica.
El “Almagesto” ptoloméico era uno de los sustentos científicos recurrido a regañadientes, para explicar lo que aparecía como misterios en las Sagradas Escrituras (además de estar sustentadas estas últimas en la lógica medieval), es que la Iglesia advirtió sólidamente que sus premoniciones sobre que toda la leyenda sobre Dios, Cristo, la Trinidad y la cristiandad se les venían abajo estrepitosamente.
Del mismo modo, el impacto en el resto de la religiones, comenzando por la mahometana, pasando por el taoísmo y el judaísmo, haciendo escala en la indu y terminando en la budista, fue desmantelante. Ninguno de sus jerarcas, acomodados por siglo bajo un manojo de preceptos indemostrables; excepto en parte de los cristianos y judaicos; tenía la menor idea de cómo explicar a sus seguidores aquel desastre teológico, inducido por la razón de un simple marino, demostrada en “aquel octubre“, sin recurrir a voces o conexión alguna con las Alturas.
Luego, todas las casas religiosas cayeron rendidas en “aquel octubre” por la inteligencia deductiva de un marino; dotado de un olfato científico especial y productivo como el de los exitosos negociantes y banqueros sefarditas. De cualquier forma, de forma y de hecho, la Iglesia admitía la concepción terráquea del mundo Ptolomeico, como un mal menor, pero necesario para calmar las inquietudes de sus feligreses.
Ello colimó con novedosas relaciones económicas y sociales, cuyos vectores decisivos fueron los mecenas de los navegantes de la expedición primada colombina, los cuales hollaron tierra firme en la isla de Guanahaní, el 12 de octubre de 1492. Desde ese instante, Rodrigo el de Triana nunca más subió castigado al dichoso carajo. Aquellos expedicionarios alcanzaron lo cimero de un sueño tan arriesgado como irrealizable, gracias a estar comandados por un intrépido capitán ansioso de famas, fortunas y glorias, Cristóbal Colón, cuyo origen es disputado a dentelladas por varios países y etnias.
Brendanianos y otras suposiciones galas
Sin embargo a los irlandeses les dio por decir a posteriori que la primera huella europea en América, resultó por obra del monje Saint Brendan de Clonfert (a veces “of Abbot“) y otros 14 mojes (algunos, aducen 16), circa 512-530 d.C. La aventura fue registrada en idioma holandés (siglo XII), entre otros, como “Des Reis van Sint Brandaen” (Los viajes de San Brendan). Siendo innumerables las historias a suceder en el “río Océano” (Atlántico), no es extraño que el viaje emprendido por Brendan le condujera aleatoriamente hacia una región por donde se encuentran las Madeira, Canarias y Cabo Verde, míticas tierras en diversas narraciones y mitologías, ya desde tiempos de Heródoto de Halicarnaso.
Desvirtuar esta leyenda tuvo contesta adecuada, entre otras, a manos de “L’Histoire Générale des Îles Canaries” (Historia General de las Islas Canarias) como explicación a la posible confusión de Saint Brendan y sus atrevidos monjes marineros. Al parecer Brendan por las malas artes de algún birlibirloque juguetón, confundió las Islas Canarias (en poder de los bereberes) con nuestra América, según muestran láminas de la orografía del lugar.
En realidad Brendan y sus peregrinos andaban en busca de la legendaria “Tír na nÓg” (Isla de la Juventud Eterna), por cierto, historia bien conocida por los floridenses de Norteamérica, USA, gracias a Don Juán Ponce de León el que tan gentil nos visitó en Florida. Sólo que en este caso, se trataba de la búsqueda y captura de una elusiva fuente que nunca apareció.
En términos mitológicos, la ansiada Ambrosía de los dioses, por la que castigaron a Tántalo por robarla incluyendo los secretos de estos. La digresión brendaniana aconteció a través de todos los tiempos por iniciativa propia o siguiendo órdenes de algún varón poderoso obsesionado con ser imperecedero. El manido viaje exploratorio del monje, no era exactamente con propósitos tan evangelizadores o civilizadores y sí, anti gerontológicos por sus posibles vínculos con la inmortalidad celestial.
El revuelo colombino de 1492 tuvo el antecedente de ser un acontecimiento real, tornado colateralmente en conquista territorial por iniciativa de banqueros, mercaderes, soldados mercenarios (desempleados de las guerras moriscas), nobles y aventureros arruinados. Los príncipes, con la anuencia atropellada de los monarcas europeos, medio oriente y después los asiáticos no gilís, se pararon ordenadamente en la fila con sendos platos y cucharas.
Sus objetivos eran adjudicarse la parte alícuota de la piñata americana a la que aspiraban gratis —excepto Portugal y sus navegantes, que se habían ganado su puesto histórico, por sí mismos— sin haber movido un dedo ni aportado siquiera una onza de oro, salvo olfatear los puntos probables del festín americano.
Es que la España de aquellos tiempos, considerada por algunos falta de finezas por sus exigentes homólogos continentales y porque le reprochaban que durante los casi siete siglos anteriores no se había quitado definitivamente de encima la zapatilla árabe. Pero que ahora los peninsulares se las cobraba en buena ley, al sorprender a todos los reinos del vecindario, por la agudeza mental e inteligencia de sus reyes, Fernando e Isabel. En especial, ella, Isabel “la castellana“.
Un oasis dentro del paraíso andaluz
Hasta entonces, en la cruda realidad histórica y precisamente considerando las naciones árabes punteras, vemos que estas últimas sin embargos, se habían tornado en una especie de albaceas de las casi olvidadas culturas egipcia, griega, romana y el resto del abrillantado mundo helénico. Luego, contando uno a uno los reales, la parte de la península sometida a los califas árabes, disfrutaba de una tolerancia casi benevolente en lo vinculado a las prácticas de religión libre, refinamientos, adelantos científicos, militares, médicos y matemáticos.
Todos, de naturaleza contrastantes y desconocidos, a veces ex professo, por una Europa increíblemente sumida en el oscurantismo medieval motivados por los excesos de la fe. Porque este capitán entre sus repasos científicos, había dado suficientes vueltas a la controversial medición egipcia del meridiano terrestre, el volúmen de la Tierra y su distancia a la Luna y el Sol. Cálculos que con sorprendente exactitud, fueron realizados exitosamente por Eratóstenes de Cirene (276-194 a.C.), el mismo erudito al cual Ptoloméo Evergetes encargó la Biblioteca de Alejandría.
Casi en su totalidad, aquello heterogéneo y disperso en cada localismo explotó con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón y su partida de alucinados. De ello surgió también la excitante posibilidad, de indudable peligrosidad, de sustentar el anatema de imaginar una Tierra redonda, no plana y sin cataratas infernales.
A estos canal nuevos de navegación segura, a la que no tardaron en incorporarse los experimentados marinos portugueses, los Reyes de España obligarían a sus incrédulos homólogos europeos —sin proponérselo— a inclinar testas y cambiar el rumbo de la dislocada política social, económica y de interminables guerras intestinas.
Porque ahora se trataba de enfilar los intereses económicos de la civilización europea, hacia una nueva era de franco pacifismo comercial, claro que desde ese momento, con el sello español. Las absurdas guerras intestinas inter estatales, debían ser abolidas. Por cierto, un triunfo que nadie hubiera osado predecir ni aprobar, por celos y las envidias naturales entre las naciones más empingorotadas.
“En esencia, son nuestros hermanos menores, ¿y por qué no, evangelizarlos?”
¿Evangelizar en la América pos colombina? Sí, y de inmediato, porque siempre fue estrategia invencible acudir al factor religioso, como guía moderadora de los inevitables excesos de la hegemonía colonizadora a causa de la avidez de intereses comerciales, después industriales, aherrojados a los fines civilizadores Más cuando Fernando e Isabel desde 1483, contaron con la anuencia del Papa Sixto IV a fin de reinstaurar el Consejo o Tribunal del Santo Oficio Inquisidor, logrado con independencia casi absoluta de la Santa Sede.
Porque cierto era, que aquellas sociedades conformadoras de la civilización judeo-cristiana imperante en el mundo de 1492, entendían de buena fe que el cristianismo garantizaba la salvación eterna, tal mandato divino, a cuyo cumplimiento debían aportar esfuerzos personales y reales,  inimaginables.

—En esencia, son nuestros hermanos menores —dijo Isabel ante el grupo de nobles de su confianza, que le acompañaba esa tarde, en Valladolid—, ¿y por qué no, evangelizarlos?”

Claro que Cristo jamás hubiera abogado por tal tribunal inquisidor, obra desgarbada de una simple debilidad humana revestida de arrogancias y omnisciencias terrenales, bien alejadas de la misericordia cristiana. Un error rectificado y repudiado siglos después por la Iglesia.
Sucedió curiosamente en España que el Santo Oficio perduró hasta bien entrado el siglo XIX, tras un breve intervalo al ser prohibido (1808-1813) por las Cortes de Cádiz al promulgarse la Constitución (mayo 19, 1812) y restaurarse la monarquía con Fernando VII, pero en esta ocasión revestida de un carácter parlamentario y constitucional.
Así, increíblemente para historiadores y sociólogos, el Consejo Supremo de la Inquisición o Santo Oficio operó entre altas y bajas, no pudo ser abolido hasta 1834, por resolución expresa de la Reina María Cristina de Borbón. Sucede que habríamos de repasar una historia de siglos imbricada con el fervor religioso de los peninsulares y la novedosa Real Politik esbozada con posterioridad por Ludwig von Rochau.
Las nuevas del hijo perdido en la Mar Océano
En marzo de 1493, después de bojear parte de la tierras descubiertas, Colón volvió triunfante a España. Sus mecenas, quienes no le solicitaron garantía alguna (y sí a la Reina Isabel) que les cubriera la fuerte inversión de la aventura expedicionaria, salvo la plena confianza en la certeza del cuento y de su fábula visionaria, se sintieron aliviados con las cúspides alcanzadas por su protegido, quien retornaba ungido en medio olivos. El Gran Capitán y su tripulación, retornaban vivitos y coleando, ansiosos de narrar en las Cortes, moradas, plazas y tabernas los increíbles portentos de aquella estimada en sus principios, desquiciada aventura. Y por la que se cruzaron fuertes apuestas acerca de cuál, si los expedicionarios o el destino, vencería.
Colón, se reinsertaba en España después de un viaje épico a territorios exóticos y cuajados de misterios que por divina confusión denominó “Las Indias”. Este equívoco cambió para siempre la faz del mundo conocido de entonces y de las demás civilizaciones exógenas a la judeo-cristiana prevaleciente, que valieran algo como tales. Infinidad de volúmenes justificadores del Dogma local, elaborados pacientemente por cada una de las civilizaciones, se quedaron sin sustento racional. En Barcelona le aguardaban los Reyes Católicos.
Los monarcas, alborozados con el extraordinario triunfo de la corona española, por la temeridad de sus capitanes y vasallos; no demoraron instantes para que sus enviados raudos como regueros de pólvora, y diseminaron por toda Europa las buenas nuevas al alcanzar las cortes de Lisboa, Londres, París, Viena, Vaticano y otros centros de poder.
Es que con su retorno, Colón echaba por tierra un cúmulo de fábulas terríficas y mitos alucinantes, arrastrados desde el pasado insondable, perdido en la noche de los tiempos americanos. Se trataba del cambio de toda una época, cultura y valores. Eran las campanadas pre renacentistas y su carga filosófica, artística y humanista; las cuales aplastaron y enterraron definitivamente, como hacen los sepultureros perfectos, al Oscurantismo agonizante y las ordalías dantescas de sus fantasmas del Medioevo.
De este modo tan singular, Cristóbal Colón se tornó de la noche a la mañana ante los ojos de sus fans, por las glorias y famas alcanzadas y a pesar de las envidias de sus múltiples enemigos, en el indiscutible ídolo en su cenit. Sin embargo, Colón ya se pronosticaba nuevos viajes a las tierras portentosas rendidas a sus pies. Se trataba del gran momento para la civilización judeo-cristiana, a causa de “aquel octubre“.
La saga, continua.
© Lionel Lejardi. Octubre 12, 2011
 lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1) Atendiendo a que Italia fue el epicentro de este movimiento de renovación cultural y artística desarrollado en Europa, dicho período histórico que abarcó los ss. xiv, xv y xvi; luego es aceptado que el Renacimiento comienzó en el Trecento (s. xiv), pero se desarrolla con mayor fuerza y esplendor, sobre todo en el Quattrocento (s. xv) y en el Cinquecento (s. xvi).
(2) El yiddish (judío), no es el hebreo convencional, sino, un lenguaje artificial mezclado y armado con retazos de otras lenguas europeas, en especial el alemán, y es (era) propio de los judíos denominados ashkenazi, que se asentaron en los países de Europa Central, Rusia, etc. Del mismo modo que a los judíos asentados en España se les denominó, sefarditas. No es un dialecto o barbarismo tal como sucedió con el francés degradado después en los denominados creoles (criollos) surgidos y evolucionados en sus antiguas colonias.
(3) En realidad, la dignidad no cabe durante el Descubrimiento de América o sea, antes de 1496; debido a que el título de Reyes Católicos fue conferido a Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla por el Papa valenciano Alejandro VI en la Bula Si convenit expedida el 19 de diciembre de 1496.
(4)  En un sínodo celebrado en Verona, el Papa   Lucio III promulgó (1231) la constitución de la Bula Ad abolendam en la que condenó las herejías cátaras, valdenses, arnaldismo, convirtiéndose en un instrumento eficaz de represión contra cualquier forma de indisciplina a la ortodoxia católica, decretando que el castigo físico de los herejes correspondía a la autoridad laica con lo que la Bula  Ad abolendam se convertiria en el embrión del futuro Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio (wik).

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Pablo & Silvio Inc. Musicales zurdos y otras timbas del Punto Cero


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Pablo & Silvio Inc. Musicales zurdos y otras timbas del Punto Cero
Postales terroristas contra molinos de vientos, burgueses

—Entonces, tu mayor deseo y a lo que aspiras, no a ser un padre de familia, cuidar de tu hogar, tu esposa y tus hijos; sino; andar como una picha loca, sin responsabilidad alguna y que el resto de la Humanidad, hable admirada de tí por tus azañas anti imperialistas. ¿Es eso lo que quieres?.
—No amor, es que yo necesito…
—No te das cuenta que siempre es el “yo, quiero, yo necesito…” Eso, Ilich, es puro egotismo. En lo único que piensas, es en tu gloria personal.
—No lo es. Y por favor, no me llames más “Ilich”,  te dije que ahora soy “Carlos” (1) —le advirtió Ilich a su esposa, Lana.
—Carajo —protestó Lena—. Y ahora, vuelves con la misma mierda. ¿Y nosotras dos aquí, yo y nuestra hija qué, pedazo de cabrón?.
Tras el almuerzo tormentoso en el restaurante londinense, fueron hacia el apartamento, en Village Ave.,  en Ashford. Allí, Carlos se armó con la Beretta (9 mm) que Moukharbal le había entregado días antes en París, sólo que con cinco proyectiles. Esa tarde el Chacal, tranquilamente, se fue a asesinar al judío Sieff, presidente de la Cámara de Comercio Sionista de Londres. Carlos cumplía un encargo de la célula terrorista “Boudia“, del Frente Popular Para la Liberación de Palestina (FPLP), anclada en operaciones casi impunes, aprovechando el París democrático y acogedor.
Los terroristas palestinos, siempre andaban de fiestas. Porque las fastuosidades demagógicas de Arrafat y en especial las su batallón de familiares recostados en el colchón parisino, eran sufragadas por La ONU. O lo que es lo mismo, el  “” norteamericano legítimo y “yo“, un inmigrante nacionalizado, idiotas ambos en contribuir a la panacea diversionista de la ONU.
Sucedió que la pistola, de manera inexplicable aunque posible; le “falló” a Carlos en el intento y éste huyó hacia la casa de su amante uruguaya de 18 de 18 años. En el lugar, sacó de una maleta una pistola Makarov (de un inusual calibre .38 ACP)  y dos granadas. La muchacha se le echó encima. Él no pudo resistir, la desnudó y le acarició el rostro y todo el cuerpo e hizo que ella lamiera el arma, la  besara y acariciara, pasándosela por el cuerpo entero.

Las armas son extensiones de mis manos y de todo el cuerpo. Chúpala por el cañón, igual que haces conmigo. Ahora restriégatela por tu sexo y agarra entre tus dientes el percutor de la granada y siente el sabor del metal. Así es mi vida, puro metal y balas; y ahora… —le ordenó Carlos—, mastúrbate con el cañón sin soltar de tu boca la granada.

La escena aproximada (ver “Carlos”) constituyó la línea de trabajo y tema central de la trilogía fílmica acerca del terrorista palestino, de origen venezolano. Así continuó la ordalía, en tanto la amante se desvanecía por el exceso de orgasmos. Mientras, escuchamos en el trasfondo canciones de Pablo Milanés, cómo se desplegaba en todo el incisivo fondo musical del film…

Ya ves,
y yo sigo pensando en tí
como, nave, que retornará
y yo sigo pensando en tí
aunque, sepa, que después te iras…”
o, en otras;
Guerrero fiel, guerrero sin lanza, pan y miel,
guerrero sin guerra para ganar,
guerrero de todos para perder“. 
                                        El Guerrero

Tales repertorios de Pablo Milanés y también los de Silvio Rodríguez sin parecerlo, entre otras canciones sin marchas guerreras y de ahí sus encantos y frivolidades; sirvieron de himnos catalizadores de una izquierda juvenil siempre atontada con el mito puber que dibujaba a ultranzas la épica sierramaestrina; desde cómodos boudoirs parisinos, pagados por los “papitos” burgueses del “Eje Apocalypto“: la mal llamada “Revolución Cubana”. La cual, simplemente era el reflejo de la toma violenta del poder por El Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores, bajo las banderas de la “dictadura del proletariado”; culminada en la reconquista de una parte del Nuevo Mundo por un Klan Exótico. Los grupos anclados en París, no se imaginaron que muchas de estas canciones, evocaban imágenes contractuales del castrismo. Sin embargo, en una acción de puro oportunismo; a todos; trovadores, régimen y la audiencia caprina, les cuadró la melodiosa piedra filosofal anti imperialista y sobre todo, por las  envidias perversas del lumpenproletariat, la anti norteamericana.
Ambos trovadores, medio que empujados y con las promesas y auspicios del régimen (impensables para el cubano de a pie) de un enriquecimiento inmediato y fácil, concluyeron en que hoy ambos son millonarios. Todo ello, encajó muy bien dentro del discurso oficial castrista, las opiniones maoístas, el mal ejemplo del egotismo guevarista y el destrozo de las nación cubana. Son las trazas del pecado entero, el articulo mortis, de la “Nueva Trova” auspiciada y aprovechada durante no menos de 30 anos; por este par de perlas tercermundistas tan azules como los unicornios del “dulce de coco”.
Eran los himnos de guerra de la generación sesentera, de los “tirapiedras” palestinos. Hoy en el poder (Eje Apocalypto). Allá por los años 70s, los grupos izquierdistas acampados en Europa —especialmente en París—, se entretenían en armar teorías conspirativas de Café au lait (café con leche) entre bacanales sexuales, donde abundaban el licor y las drogas, suministrados por las diferentes bancadas árabes de sectas, otras facciones terroristas o las “repúblicas democráticas” europeas, tercermundistas y africanas satélites de Moscú.
Todo, para acabar con el “imperialismo” y la civilización judeo-cristiana; una regurgitación extemporánea; sobrevenida después en los estrepitosos fracasos de la guerra de guerrillas, guevaristas, promovidas y sustentadas por La Habana, en su calidad funcional de cabeza de turco del Kremlin. Los cantautores de la Nueva Trova, especialmente los cubanos, tremolaban la batuta melodiosa del idioma que entendían los indoamericanos izquierdistas asentados cómodamente en las capitales europeas. Sus canciones, son consideradas como himnos de la izquierda terrorista como clarines para las batallas anti capitalistas, sin ser tales..
Perlas acuarinas inenarrables en los insilios de intramuros (2)
Por décadas, estos misiles musicales zurdos, portan también tripulaciones de las otras timbas del deleite humano. Y es curioso, porque estos seres nos revistan sin tocar a la puerta. Se comportan igual a visitantes extra galácticos, quizás ovnis o tarecos del mismo estilo y que de pronto, desaparecen hasta la nueva temporada de los simunes.  Es cuando se alborotan los enjambre y brotan esas pobres almas asaltadas y depredadas al descampado por los policías culturales del régimen. Se trata del despertar breve de los otros hormigueros, habitats de esas entidades grises y despersonalizadas, que coexisten sin esperanzas en cada mundillo totalitario, sea este nazi, comunista o una mezcla de ambos decamerones. El filósofo alemán, Jürgen Habermas, coincide en que el comunismo; el cual en esencia no pudo justificar su fracaso absoluto, por su estela interminable de millones de seres inermes martirizados y masacrados, es idéntico al nazismo. O sea: es el mismo fascismo, pero el de (la) izquierda (hipocritona).
Saber que los acrídidos (aka de los comunistas extra zurdos), alcanzan unas 25 familias o subgrupos de grillos convertibles en misiles. En la realidad cruel, constituyen identidades similares, inéticas, a las plagas bíblicas de langostas. Todos provienen del criadero común, como los otros todos del país entero; subvencionados por el partido (el eufemismo que los líderes máximos denominan “gobierno”); donde pulula el resto de los intelectuales activos, siempre atentos a los giros de la batuta comisarial.
Allí pacen, cineastas, literatos, dramaturgos, académicos, diseñadores, artistas y otros seres que el partido inmortal y sus canchanchanes, jalalevas, chicharrones, soplatuberías y otros inquilinos del manicomio, que los líderes considera entes menores, pero útiles. Nada de que indisponerse, dado que por acá, en Miami, los hay que adoptan poses similares en la danse burlesque ” del tubo”, como les adornan a los integrantes de los enjambres isleños, que nos hacen esas raras y no solicitadas visitaciones del diablo. Sólo, que se trata de langostas con atuendos mejores,  jusqu’à la dernière goutte.
Los de allá, son los desdichados sobrevivientes de la Revolución Cultural Cubana, puesta en marcha de manera oficial en junio de 1961; porque en lo real, el arranque comenzó en 1959 con la irrupción de las hordas guerrilleras en el escenario socio-político cubano. Una consecuencia devino acto publico increíble, que tal sucediera en la misma Biblioteca Nacional de Cuba, reino teórico de la cultura ancestral isleña.
En este objetivo cultural, subversivo para los totalitarismos; se inició el primer desmoche indiscriminado del Fondo Cultural Nacional contentivo de las obras literarias, pictográficas, fotográficas, musicales, de personas y de otros elementos e índoles; los legados sagrados de la cubanía, destruidos hasta hacerlos polvo virtual.
Después de la ordalía depredadora, ordenada por sonrisas de los Líderes Máximos, continuó el frenesí acudiendo a la trituración mecánica minuciosa y quema en las hogueras (hornos del Ministerio del Interior, en la Plaza del Centenario de José Martí y calderas del ingenio (central azucarero) “Toledo”, en Marianao), de los residuos vandalizados del cuban way of life. Más tarde, sobrevino un silencio de camposanto, donde las auras permanecieron posadas sobre los bordes altos del Gran Muro, desde hace más de medio siglo, vigilando el parloteo de los grillos dentro de la jaula.
Casi la totalidad del insilio intelectual de intramuros al parecer, considerando su inacción ante los desmanes gubernamentales —ejemplo ultimos, los abusos contra las “Damas de Blanco” por las brigadas hetero-femeninas represoras, los maltratos a opositores y disidentes indefensos—, indican que estos reeducandos parecen gozar cuando son aplastados por el sistema.
En especial resaltan los creadores “itos“, los cuales durante decenios el régimen les ha condenado a pastar en el zoo cultural de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), cantando loas a esa especie de “La Katrina” revolucionaria.
“Échate ahí, Canelo, y confiesa tu crimen de pensamiento
En esa institución similicuprítica (algunos humorista la catalogan también de polimorfaláctica), yace la cripta de los secret0s donde operan la troqueladora y la despalilladora del INDEX oficial. Las funciones estas, no son secretas, pero si, muy trabajosas de explicar. Aparte del morbo. El sitio, es parada obligada de cuanto malandro o malandrina intelectual, artístico o político con trazas literarias o artísticas; repletos o no, de premios ominosos (como son los Nobel blanditos, o sea, de Literatura y de la Paz) que haga tours por La Habana, pagado por el cubano de a pié.
El lugar, es también después de la Revolución Cultural; la primera parada soft de la represión cotidiana y nido de los oficiosos policías culturales que reparten los tapabocas, tentetiesos y a veces “aceite de castor”, esta ultima, una forma delicada de los yonis para nombrar al palmacristi o ricino, del Duce Mussolini.
Claro que a los intelectuales dóciles ni los apalean, ni les hacen tragar nada. Basta que el “oficial-pastor (de la Contrainteligencia) que los atiende” les ordene el clásico “échate ahí, Canelo, y confiesa tu crimen de pensamiento” y que el reo, obedezca y confiese sus languideces. De lo contrario, pasa al corredor infamante de las no personas, en una ergástula. Ver las 75 víctimas de la Primavera Negra.
Cierto que coexisten los entes despreciables, en el decir martiano, cuyas plumas, voces y odas mercenarias, sirven a cualquier tiranía (sólo ir y revisar la pajarera indoamericana), envueltos en el mejor de sus éxtasis perfumados. Todos, por mimetismo concomitante con el miedo, pero que no obvian otear siempre sus temores hacia la Ceca del Punto Cero; nido del Comandante en Jefe; desde donde son colimados por las reflexiones acuciosas del Dr. Fidel Castro Rúz el cual, digan lo que digan, sigue al mando de la batería coheteril.
Así, de improviso y periódicamente, cada andanada de esos artefactos es impelida; sujeta a una cadencia cultural inodora (ellos, no se atreven con la política) contra el diapasón apasionado del exilio real, en medio de las abluciones matinales o vespertinas del Líder Máximo. Ahora, a éste se le ve ojeroso y desencajado; por el ejercicio de su estereotipo personal, que repite hasta el cansancio.
Para nutrir la recarga del envío próximo, todo dependerá de la jaula a la cual le corresponda el turno en el zoo; de acuerdo a la “libreta de abastecimientos (racionamiento)”; para que le abran la escotilla de la trampa a los inquilinos a fin de ventilarlos y asearlos, incluyendo su habitat, con miras a vivificarlos a costas del aire bendito miamense.
Y nada de sonrisas sardónicas, pensando que Cuba puede estar en Juegos de Guerras galácticas con alguna otra potencia estelar. Lo que sucede es que en el paraíso cubano, los líderes máximos no parecen haberse enterado que la II Guerra Mundial terminó hace 70 años, que las trompetas democráticas derrumbaron el Berliner Mauer (Muro de Berlín) como los de Jericó y tampoco que nadie, ni siquiera los golems mutantes asentados en los palos inferiores del gallinero (salvo en cuidarse de las heces divinas que echan los líderes posados arriba), se hayan molestado en informárselo a los atribulados ciudadanos, esa gentuza que siempre anda implorante con las manos extendidas.
El Muro de los Dulces Guerreros
De ahí, las causas probables del atrincheramiento cultural y político a cal y canto, sostenido por el régimen a lo largo de más de medio siglo, detrás del “Muro de los Dulces Guerreros”, tal apodó a éstos un escritor cubano, hoy exiliado. Porque y aun que los celadores arguyen que la muralla es de Saccharum officinarum (cañas de azúcar, entrelazadas) legítima, los seres inermes que vagan en intramuros de la ciudadela no se dejan engañar y saben que una muralla irrebasable e impenetrable, sin importar de lo que sea construida, es siempre una cárcel.
Y dije del exilio real y no virtual, porque los caracteres son entes físicos no leyendas armadas por la entelequia ideológica oficialista de la policía cultural (el INDEX del medioevo), tal nos muestra La Habana con estos botoncitos de la Nueva Trova, ya rancia.
Una troqueladora de cerebros que, con sus habituales lindezas les dicta a los candidatos; fusta en mano; desde los milímetros que pueden abrir la boca, hasta el nivel de las octavas que pueden raspar en sus guitarras, soplar en sus cornetas o batir con sus tambores. Son las perlas acuarinas del insilio ominoso, los atormentados isleños exiliados dentro de sí mismos.
Es que los comandantes orientales que nos encharcan la patria, siempre se muestran ansiosos de clavar sus “picas en Flandes”, o sea, la obsesión coital del punto G, que les compulsa de rasgar cualquier parte de la diáspora cubana, tal si fuera el hímen de sus células madres. En ellos, es simple deleite vampiresco el ver correr la sangre (true blood) temerosos del Doomsday en La Haya.
Y no lo aparentan ser sino que lo son, una especie muy peculiar de pterodáctilos emplumados; ya sin nidos que los alberguen; porque ahora se transmutaron en otras aves de confuso helenismo en la dicción, que nadie cree ni desea entender.
Harto menos, tenerlas cerca u olerles las miasmas entretelas, como pariahs verdaderos. Es el resultado triste de quienes practican la eternalidad, propia de Wells y Arrio en su tiempo, ante el Concilio de Nicea.
A ellos, el partido inmortal les obliga a cursos impartidos por lo más granado de la intelectualidad marxista criolla (unos hippies de cabellera y barba tipo Eloi, a veces Murlock) y que son lecciones muy rigurosas sobre “El arte de pasarle el sombrero a los idiotas nostálgicos” y/o “Cómo rascarle los ijares al exilio tolerante, para que los aplauda y derrame cada vez, 30 monedas de plata sobre Cuba“.
Tales visitantes, menos que luciérnagas nocturnas, son también iguales a esos pájaros simbólicos, recreados por un escritor estadounidense —según creo y de seguro que me equivoco— en una de sus novelas; los cuales estaban condenados a volar sus holgazanerías consuetudinarias por toda la eternidad, sin poder posarse a descansar, beber o comer. Aunque fuera sobre una simple ramita de olivo, como hacen sus congéneres mansos.
Por la razón primera, de que los ideológos de las bandadas ordenaron derribar y quemar todos los olivos que mostraran atisbos de pacifismo con la diáspora, y a los que no, también. Y por razón segunda, que esos pájaros opacos a causa del peso y gravedad de sus pecados contra natura, temen ser (como serán) condenados y estigmatizados por los dioses iracundos del Valhalla en La Haya.
Por el estigma, algo semejante a la pupa de las arañas, habrían de nacer sin patas y a los ya vivos, un día cualquiera despertarían sin estas, que también pudiera ser el Doomsday. Implicaría además, el silogismo de un no “exilio” sino de un “insilio protuberante”.
Algo similar, tratándose de castigos, seria digestivo para los meandros de estos mensajeros de turbideces musicales.
Recordarles el deshacerse de prendas íntimas como los “matailusiones”, porque pueden además ser prendados con el suplicio de Tántalo y castigados debajo la roca de la cual debía vivir el tunante, temeroso de por siempre. Primero, por divulgar entre los humanos los secretos de los dioses y por último, robarles la Ambrosía. La postal corresponde a la de un desvalijador comunista perfecto.
Porque estos pájaros marxistas sin patas, después de quitarles las libertades y los derechos a los ciudadanos decentes; además de estrujarlos hasta el paroxismo; aspiran ahora a revolvernos el panal, que de seguro se les convertiría en avispero cuando menos se lo piensen. Toda la juerga, guitarrera de “palos pa’ rumbas” es para implantarnos células ya reventadas por la mismísima Madre de los Tomates.
Arpegios zurdos y libadores de siropes de Artemisia Absintium (Ajenjo)
Tales parecen ser todos los casos de quienes como los “pablito y silvito” (mejor anotar los términos para referencias futuras), unos curiosos tarrajalludos a quienes ya en la vejez les sobran esos “itos” ridículos. Lo de los “itos“, y así han declarado solemnemente las vírgenes vestales de Calcuta, excepto la anciana locuaz; una devota que ni el Vaticano ha podido determinar si estaba posesa o espiritada de una extraña adoración mística  (¡que vergüenza!) de un asesino convicto y confeso, como el Dr. Ernesto “Che” Guevara de la Serna (¿o, Scheinermann?), es una cuestión propia de los deslices de sus autoestimas envilecidas en la celda 101 de la “Animal Farm“. En Cuba, se igualarían a los vertederos de las horribles y no menos comprometedoras, Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).
Igual sucede con estos misiles de arpegios zurdos yolanderos y unicornios que aterrizan por aquí, en Miami, sin ton ni son, en búsqueda de admiradores y fanáticos arrepentidos. Al parecer, hoy nostálgicos de otras sesiones del tentetieso a manos de los represores castrista (puro masoquismo, propio de la zona de tolerancia de “El Pilar”) o sus agentes turísticos a través de la Lotería de Visas.
El “yolandar” y el “ojalar” son neologismos forzados para equipararlos con un lanzamiento clandestino desde el mundo irreal virtual (porque el marxismo, es ciencia-ficción pura) de la “Animal Farm” cubana, hacia el nuestro “real maravilloso”, en el decir de Carpentier.
Tal le sucedió a Neo cuando Morpheus lo despertó con el ordenador, para que continuara el flujo de las no-sorpresas de algunos de esos felinos que cuando cantan, dan la impresión de que maúllan a la luna llena. Es que estos juglares, como Sans Culottes perfectos, se pasan la vida persiguiendo a la conejita de Matrix. Cada uno, dicen los ancianos, son “partos de los montes”, únicos.
Estos misiles portan saltimbanquis, pintores, intelectuales, juglares, malabaristas, dramaturgos, cantautoresprotestas (sin vigor para protestar) y el resto de las tribus de tambores y maracas, de poetas y escritores amorosos enfundados en alpargatas socialistas (¡y a mucha honra!), se desgañitan gritando desesperados; siempre y cuando no pierdan el avión hacia la Yuma esplendorosa, donde son intercambiados por dólares, como en los mercados de esclavos, en el “Marché aux Puces” del “Pepe el Globero” de turno en la garita farandulera miamense, los mismos tipos que aquí nos crean los patiñeros.
En retaguardia, tales chacras rojas disponen de institutos dedicados a estudiar el “comportamiento aleatorio de las masas enemigas”, (nosotros), a los fines de ver por donde le entran al exilio. A los comunistas, en su ridiculez sempiterna, les ha dado por “hacerlo todo con amor”, empezando con el bife a la Milanés, pasando por las roscas estomacales de la Sosa, escanciado en las vides secas de la Parra y finalizando, clavados en el unicornio de Silvito.
En el medio, yacen los zánganos fracasados supervivientes de la “Nueva Trova”, que taconean encanecidos por aquí y por allá, a los sones de la que ni es nueva y ni es trova, sino “Oda Ptiálica” a los líderes inmortales.
Son ditirambos intravenosos que les plantan, para suplirles la incapacidad de auto mantenerse (nunca lo han hecho), sino es por los totalitarismos que les sufragaban veraneos, y que les hacen deambular como cucarachas de aguas negras, desde el Río Grande hasta la Patagonia. La ridiculez comunista es amplia, como la morosidad que hace croar a estos payasos de medio palo que, sin los sueros del Comandante en Jefe, no serian conocidos ni en su casa.
Es que casi todo en ellos depende de la bisagra herrumbrosa que les colocan en la espalda para genuflexarse délicieusement con chirridos perrunos, ante el dueño que les alimenta con su mano. Y lo mejor de la saga, es la altanería de los derechos que claman para que les permitan contorsionarse en el “baile del tubo” miamense. Ellos no interesan a los decentes, sino, a la claque de odaliscas del serrallo de focas amaestradas para el aplauso. Los zurdos “sin carnet a la vista” (en realidad los tienen escondidos, como les mandó el partido), que nos entran a diario por el “Bombo“.
¿Zurdos con derechos? ¿Cuales, salvo los palos gratis), porque acaso ellos les han devuelto sus derechos y libertades a los cubanos; desde que se los secuestraron en 1959; con alevosía, premeditación, ventaja, ensañamiento y nocturnidad? Sí, porque así de malvado fue el crimen que ellos hicieron y hacen contra el pueblo cubano, y que no es un “homicidio no culposo de segundo grado”, sino un asesinato en primer grado con todas sus agravantes.
Decir hoy a piernas sueltas, que en Cuba la cultura es apolítica, en el decir de los “itos“, es una falacia burlesca. Sólo repasar los lineamientos amenazadores y de advertencia que Fidel Castro dirigió a los intelectuales y artistas en la Biblioteca Nacional de Cuba, el 30 de Junio de 1961 en su discurso “Palabras a los intelectuales(3) . Ello como colofón a las reuniones que éstos cubanos inteligentes llevaron a cabo, aterrados, confundidos y desorientados entre los días 16 al 30 de junio en dicha entidad. Porque una buena parte de los aplausos “espontáneos” al Líder Máximo, como siempre, provenían de la claque coral de cantores siempre en guardia cosaca, imbricados (infiltrados) entre las filas de los legionarios de peor monta.
La certeza de que la censura en Cuba es absoluta desde ese día nefasto hasta la fecha, permanece inamovible. Nos lo reiteró, el comportamiento de un supuesto reportero joven de la delegación castrista que acompañó a Milanés, el cual en la realidad debe ser uno de los policías culturales que lo vigilan a él, quien se viró los bolsillos al revés frente al reportero de la MEGA. Y ante la pregunta sobre cómo pensaba él de la jira, respondió.

—”Yo soy el ideológico de la delegación” —confesó el entrevistado, desafiante, sin darse cuenta de que enterraba a su jefe.

¿Realidad o idiotez? El hecho, está registrado perfectamente con todos sus cuños, en el pietaje fílmico del reportaje de marras (4).
Un epílogo ingrato
Quizás, Pablo Milanés Arias, haya reflexionado sinceramente. No por que haya escuchado las opiniones de quienes le creen, ni de los que le dudan, sino, porque siempre hay un espacio disponible en la acera de los justos. La cuestión no consiste en quemar las naves como tantos cubanos dignos hicieron, pese a las consecuencias terribles que les acarreó el acto viril. Pero advertimos que tiene él, nada tiene que hacer ya junto al coro ptiálico de esos “dulces guerreros de molinos de viento” (como otro intelectual les sobrenombró) en batallas no libradas contra enemigos de la nación cubana, sino en lides solariegas odiosas contra el pueblo inerme.
Nada hay ni nunca hubo de glorioso en batallas pírricas masacrando a los infelices desarmados, en La Habana, Sudáfrica o en Angola; y saturarse el pecho con medallas y distinciones tan espurias como las miserias humanas que arrastran quienes las portan.
Quizás un día, ojalá temprano, cruce la senda hacia la acera democrática y le cante al pueblo cubano, y no a las calles envenenadas con consignas marxistas de pulguero, en  aquel miserable Santiago de entonces.

© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  En realidad, el aka de Ilich Ramírez  Sánchez era con el que se autotituló, “Carlos” (quizás por lo de Karl Marx). Con posterioridad, el alias de “El Chacal” se le atribuyó al periódico “The Guardian” el cual reportó que entre las pertenencias del fugitivo, apareció una copia de “The Day of the Jackal “, de  Frederick Forsyth. Ramírez es hijo de un rico abogado miembro del Partido Comunista Venezolano (PCV) y una respetada dama católica. El fanatismo del padre le condujo a nombrar a sus tres hijos varones, Ilich, Vladimir y Lenín, indistintamente. Carlos “el Chacal“, no tardó en someterse a los adoctrinamientos de La Habana, donde fue enrolado durante el Congreso de la Organización Tricontinental; por el Col. de la KGB Viktor Simenov; para ser entrenado como terrorista en la falsa  Universidad de la Amistad “Patricio Lumumba”, en Moscú (wik)  .
(2)  “Exilio, insilio y diáspora. La literatura cubana en la época de las literaturas sin residencia fija“, por Dieter Ingenschay, 2010, Universidad de Humbolt de Berlin.
(3)   “Palabras a los intelectuales” fueron los cimientos de la Revolución Cultural que acompaña a los gobiernos comunistas. Saber que Saloth Sar, aka Pol “el Suave” Pot (mejor, Pol-Pot) fue el principal líder de los Jemeres Rojos, después Khemer Rouge, una banda de comunistas asesinos de tendencia maoísta, que asolaron Cambodia durante su Revolución Cultural, donde entre 1975-1979, los comunistas asesinaron fríamente a la cuarta parte de la población camboyana.
En los tiempos de “Palabras a los intelectuales” proferidas amenazantes por el Dr. Fidel Castro Rúz, sugieren ciertas fuentes, que algunos líderes comunistas de su entorno, sin precisar si hablaban en su nombre, acariciaron las ideas maoístas propuestas inicialmente por Pol Pot, anterior a 1961. Proyectaban la “aceleración y sincronización” de la revolución (este último concepto, Das Gleichschaltung, alemana) una técnica impuesta por los nazis, desde 1933. Ello promovía sondear primero y proponer después, si encontraban algún consenso, la versión cubana de la Revolución Cultural maoísta, decir la de Pol-Pot. La misma, desplegada después (1975) por Pol Pot en Cambodia. Tales insinuaciones (a sotto voce)fueron rechazadas por los primeros intelectuales, aunque aterrados pero firmes, en sus aspiraciones. Además se adicionan (lo que nadie dudaría), indicios de que el Dr. Ernesto Guevara, como el promotor tras bambalinas, quien coincidió con este punto de vista malsano.
(4)   El programa diario “Sobre mis pasos“, dirigido por Tony Cortes, salió como regularmente al aire en sep. 5, 2011 en el horario de 20.00-21.00 h.

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.Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?


.Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?

I/III

Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
TESIS

“Versos Sencillos”,
Yo sé de un pesar profundo
entre las penas sin nombres:
¡la esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!

José Martí

Preámbulo distópico de especismos y veguismos
Saber que entre otras de las tantas variaciones del breviario imaginativo de los salmos antifonarios, andan escondidos un par de entes filosóficos: el especismo y su antípoda, el veguismo. En la realidad son vericuetos insomnes, no síndromes mentales, pero se convierten en exageraciones repelentes, al intentar ligarlos metafóricamente al destino propio de los humanos, o sea, el valor real del individuo en su papel de ser subsistente (auto alimentado) y después pensante que reboza inteligencia, parangonándolo con el existir de seres oxigenados como son los animales y las plantas superiores e inferiores.
En rigor, a ninguna entidad racional del clan se le ocurriría establecer una liaison, ni siquiera circunstancial o empírica, entre el ser humano y una ameba. Cierto es que bajo estas visiones, quizás susceptibles de ser tenidas en calidad de consideraciones yuxtapuestas con los modernos enunciados ambientalistas, nos sentiríamos casi avergonzados de respirar, para no malgastar un oxígeno que quizás no nos pertenezca.
Sucede que esta categoría de humanos casi del tipo ontológico, sin decirlo, nos exoneran de esas culpas; en el instante en que acentúan el referirse a la Flora y Fauna reinantes en la Naturaleza física, no la virtual poética, que conocemos a través de las ciencias y artes.
Ello estaría bien en la calidad del sicotropismo esotérico que envuelve a estas almas sensitivas, misericordiosas y buenas, con el beneplácito de grupos de opiniones tan conspicuos, que pugnan por establecer paralelos absurdos entre lo humano filosófico y otros elementos vivos, no inteligentes, capaces de casi todo, menos de filosofar.
Lo claro ha estado latente para casi lo completo lo referido a los humanos de alto coeficiente de inteligencia. Adentrándonos en el tema, establecemos que la esclavitud en su forma cruda e insolente contra la inteligencia y como subproducto de la acción triunfante de los fuertes contra los débiles. Hablamos de los hombres, no de las hormigas que ordeñan sus vacas esclavas, tal hacen otras especies.
Actuar así, por cualquier motivo; es una sinrazón abusiva que utilizaba el trabajo humano ajeno, en provecho del dueño del esclavo y sitúa a este sujeto-objeto en la categoría de no persona o en el decir piadoso de los sociólogos modernos, persona menor.
A este último, lo manifiestan como una entidad reducida a esa condición de simple generador de trabajo útil y por lo tanto una maquinaria humana rentable para el propietario, la cual debe ser cuidada con esmero para lograr su mejor eficiencia.
En el ánimo de los esclavistas, era de vital importancia que las parejas y sus proles recibieran cuidados adecuados, considerando que estas contribuían al engrandecimiento del patrimonio familiar, sin inversiones posteriores.
Es decir, la dotación debía auto regenerarse, multiplicarse y por lo tanto, ser mantenida al máximo de su rendimiento, con alimentación, adiestramiento y cuidados médicos con el costo mínimo.
Este principio ha sido el adoptado tal condición sine qua non como política de estado —que en el decir de los marxistas seria, la propia de la “burguesía criolla explotadora“— en todos y cada uno de los regímenes comunistas, instaurados a nivel mundial; con vistas a ser desdibujados en un falso paternalismo estatal –el Ogro Paternalista—, la escuela perfecta para el trotar de los lerdos que integran la militancia partidista, o sea, el lumpen proletariat izquierdista.
Tal concepción de la “dotación esclava” corre imbricada, superpuesta, sobre rieles idénticos a los extendidos por las dictaduras totalitarias degeneradas a pedazos ante un público inerte anonadado ante el asalto institucional, tales aceptaciones partieron de doctrinas políticas absolutistas a todo lo largo del siglo XX. Quedan vigentes las trazas del marxismo bipolar exótico y el indo-apocalipsismo.
El batallar de los totalitarismos, tal es el de la esclavitud adoctrinal, pretende que se le considere una realidad ad hoc y no una hipótesis falsaria. De donde, el concepto de dotación o hato de esclavos, deriva y es conducente al mismo concepto de “masa”.
Es el mismo dislate acariciado por los totalitarismos y es, sin que se lo hayan propuesto así por ser una tara filosofica de los marxistas demasiado evidente, tornados en una denominación tan ofensiva como la igualación a los Tengus animaloides, de la mitología japonesa.
Venta de garajes: burbujas de tarugos embrujados, gatos mitones e idioteces varias, todas, marxistas de pulgueros
Es un punto de vista tomado como moda en el peor sentido moderno, el armar entidades esclavistas oficiales patrocinadas por los regímenes totalitarios a los fines de su comercialización, venta o lease (arrendamiento) de sus recursos humanos; a los reyezuelos de los N-Sub Mundos. Porque las ofertas consisten en burbujas rellenas de productos materiales y humanos de desechos, que incluyen a veces atisbos de tecnologías softwares, rudimentarias. En realidad son elementos no utilizables en el país artesanal productor de los materiales o servicios contratados, para servir tanto en laboratorios, como en soires pecaminosas.
El “quid” (noeud de la question) encaja al dedillo y radica en las avanzadillas de las brigadas castristas mercenarias, de ambos sexos, compuestas de asesores militares de inteligencia y contra inteligencia, represores policíacos, soldados, médicos, ideólogos, artistas, profesores, ingenieros, economistas, tecnólogos y otras especialidades de la nada intelectual bolchevique; extraídos de esa especie de cuna para gatos marxistas maullantes, los cuales proliferan en los manicomios de sus “Animal Farms”.
Una mercancía cuya plusvalía laboral o de uso, es embolsillado alegremente por el estado explotador (Ogro Paternalista). Saber que el concepto básico de esta rapiña del régimen dueño de la dotación, que no es original de Marx; sino plagiado por éste “Carlitos way” propio del barrio habanero de “Vieja Linda” —un personaje inescrupuloso, además de souteneur de Engels— de economistas brillantes de la libre empresa como lo fueron Adam Smith y David Ricardo.
Es la burbuja clásica del sinfín de la venta de garajes de idioteces surtidas que nunca trabajaron en Cuba, no por incapacidad profesional de los brigadistas sino por la reticencia sorda de estos infelices, al verse convertidos en una moronura de tarugos seudos quinta columnistas embrujados por La Habana. Entes, los cuales la entidad esclavista habanera venden (o arrienda) a los protistas animaloides de los N-Sub Mundos; esas piaras de líderes imbeciloides de la aristocracia nativa, repletos de materias primas que nunca, por sus ineptitudes infrahumadas, les debieron pertenecer .
Sucede que todas estas avanzadillas de las animal farms, por saberse explotadas hasta el desenfreno por sus capataces capitalinos; andan plagadas y carcomidas por hemorragias imparables de desertores (en realidad fugitivos aterrados). Los mismos que anteriormente fueron cazados a mansalva de entre la población indefensa, por medio de levas para ejercer como siervos alquilados bajo coyundas represivas. Converge en unos infelices hartos del trabajo esclavo infamante, el colectivismo infecundo más el envilecimiento de su propio ser y su hábitat.
De ello, el símil comparativo con las ideas de los especimistas modernos, a quienes inconexos con este nuevo fenómeno esclavista; se les ocurrió denunciar el empleo de animales para realizar trabajos y su cría como alimentos, actividades o fines a los que han sido incorporados en versatilidades que navegan desde el transporte, guerras, producción, entretenimiento, materia prima y otros.
De modo que ello deriva en la comercialización en todas sus formas (incluyendo sus derivados consumibles) y como elementos no desechables que forman parte de la dieta alimentaria o nuestra indumentaria, tal sucede con el ganado o la cosecha de plátanos de nuestro vecino productor “de algo”.
Con estas certidumbres a vistas, es de donde los veguistas por su parte, protestan airados sus confusiones desde sus templos culinarios por la utilización de las plantas superiores y robustas hasta las semillas, destilaciones, resinas y los vegetales con propósitos semejantes; incluyendo los usos terapéuticos, entre otros.
Sucede que ambas categorías, una especie de proto esclavismo simbiótico subjetivo, concuspicente, se contradicen paso a paso en su quehacer de confrontación diaria. Es que ambos deliberan en lenguas ininteligibles para el “otro”. Pero eso, les agrada.
Porque tales apariencias proteccionistas esgrimidas por los ambientalistas, ignoran ipso facto que la primera obligación de los humanos si se quiere, es la subsistir a como de lugar el dictado de la vida, estimada bajo consideraciones éticas y morales. Y tambien, porque son en definitiva las que interesan a quienes integramos la Civilización Occidental judeo-cristiana, como la Doctrina Líder de la Humanidad.
Es la orden de subsistir como seres racionales en la conservación de la especie y no veranear entre disgregadores de estados sublimales en cada atardecer, sólo conducentes al exterminio del clan o de la gen, bajo la inexorable agresividad del medio ambiente.

“Es vivir único, para la venganza.”

Pero admitir que no fueron a pie forzado, como las llamadas “supuestas” sopladas al oído de los habitantes del planeta Tierra; cuentan las Crónicas del Hormiguero impartidas por extraterrestres, ejemplarizadas quizás procedentes del planeta K-PAX —por comodidad el las granjas con lunas gemelas—; y por boca de su super rápido mensajero no solicitado, el inefable “Prot“, es harina de otro costal.
Por lo tanto, tales afirmaciones nunca debieron ser tomadas con seriedad, si existieron y supervivieron más allá de supersticiones. En K-PAX (o como se llame la alegoría seudo pacífica del planeta subrepticio) al igual que en la Tierra, siempre hubieron trazas indelebles de esclavitud.
Ver que el mismo “Prot” acusa una indiferencia sólo comparable con el comportamiento aletargado de los Elois, en calidad de alimento de los Murlocks.
Y la cita de ciencia-ficción (1), advertimos, en modo alguno representa una broma frívola sobre el tema de la esclavitud. Quien lo dude, que hurgue en la tesis de los Mundos (o Universos) Paralelos Relativistas de Hugh Everett, Einstein o la Teoría de Cuerdas.
En la Garganta de Olduvai, encontraron el cráneo de “Lucy
Nadie tiene que confundirse con estas disgregaciones, un tanto telúricas y sin conexión fiable con los destinos de los seres humanos de la superficie. Y de ninguna forma, dedicarle atención ni tiempo. Es que en las cuestiones inherentes a la esclavitud los residuos actuales son demasiados serios, especialmente en la forma de mendacidad grosera de los marxista, bajo estrategias encubiertas de “colaboraciones desinteresadas“.
Luego, no deben coexistir junto a las otras ambigüedades que nos entretengan en descifrar leyendas, imaginaciones o ensoñaciones distópicas; casi siempre lindantes con disparates imperfectos; tales son los dogmas extremistas enarbolados por la izquierda de salón y budoirs campiranos. Esa horda universitaria y de académicos culteranos, armada con disparates y viejas amoladuras enciclopedistas, distinguidas además por sus batilongos, sandalias y rabos de mula en ristre.
Por el contrario, si algún confundido o malvado o grupos de tales raleas sinistrorsas, generalmente manejadas desde el exterior; pretenden pisotear el más mínimo privilegio de aquellos a los cuales los humanos democráticos tenemos derecho en tierras estadounidenses; por inalienables o naturales que sea camuflados, “” debemos enfrentar con énfasis a éstos violadores y neutralizarlos hasta destruirlos completamente.
Ello devino en una especie de nirvâna utopique de la mejor textura humanista imaginable y sin pensarlo, en el hito distorsionado por los propios hombres sujetos a sus crueldades y avaricias innatas, todas ancestrales.
Y sucedió exactamente lo contrario, porque lo que (hipotéticamente, tomado como una licencia literaria) hizo el primer Homo Habilis del planeta Tierra cuando en duelo irregular venció al último de los homínidos, quizás intruso o habitante de la Garganta de Olduvai, en Tanzania (sobre la cual dicen los paleontólogos y arqueólogos que fue la “Cuna de la Humanidad“); resultó de contemplar anonadado la sinuosidades corporales de la capturada, vencida o tomada rehén como trofeo.
Asombró a los científicos quizás, al toparse con el cráneo en el cuerpo acurrucado de “Lucy” (Homo Ergaster), así llamada por la canción de los Beatles, “Lucy in the Sky with Diamonds“, quien en realidad fue Lucy O’Donnel, una condiscípula de John Lennon.
Por ende, debemos suponer también con profunda circunspección, el que estos sabios doctores etiqueten a “La Garganta de Olduvai” en calidad de “cuna generadora de nuestra Civilización”, sitio donde el Homo Habilis apresó a Lucy como prisionera de guerra o por una simple cacería tal hicieron siglos más tarde los rancheadores caza-esclavos árabes y portugueses.
Un hecho banal y cotidiano posible en aquellos tiempos ilógicos, pero es que del mismo emanó algo novedoso, aunque absolutamente cínico. A saber como corolario:

“Nadie aconsejó a este salvaje vencedor qué otra cosa diferente debía hacer con la prisionera vencida (minusválida y sub desarrollada mental, la cual provenía de un eslabón inferior), y que no fuera el matarla para comerse su corazón e hígado, tal era costumbre en aquellos tiempos.”

Sin embargo al parecer, como buen proto homo, el hombrecillo erectus habilis que habitaba en un casi olvidado meandro del hemisferio izquierdo de su cerebro, le conectó su tensor de difusión en el punto exacto del axón. Entonces, el convertido de inmediato en proto homo comenzó a pensar (o pudo reflexionar también) en algo más útil y duradero. De ahí le sobrevino la idea de convertir a la prisionera, en su sirvienta.
Entonces brotó como manantial la ominosa institución legada gratis y sin solicitud previa al arco iris racial de las generaciones posteriores, las cuales la ejercieron sin una pizca de escrúpulo en todos los continentes.
De este modo, durante decenas de miles de años hasta nuestros tiempos, el anti héroe se mantuvo entre aquellos recolectores y cazadores, enarbolando el pendón de la “La Esclavitud“. Una institución falsa, contra la cual en su tiempo clamaron airados sus oponentes.
Según transcurrían los siglos, cada civilización y nación al considerarse la más fuerte a lo largo de cualquier período de su grandeza propia, vencía a sus vecinos apoderándose y sojuzgando a los más débiles y sometiéndolos a algún tipo de servidumbre esclava. Estos ciclos se repetían globalmente, entre todas las razas, sin detallar cual de estas sometía a la otra, la que quizás ayer fue su opresora.
El por qué en todas partes se cocieron y cuecen las viejas habas marxistas
Se infiere de esos mismos doctores de la pre historia, que no se trata de un fenómeno como los achacables a la típica “Tragedia Americana“, en el decir de Theodore Dreiser. Porque cuenta el refranero popular, siempre indiscreto, que “en todas partes, se cocieron y cuecen las viejas habas marxistas“, una especie de esclavismo ideológico que la sustenta.
No es valido sopesar los ditirambos de las instituciones fantasmas defensoras de cualquier cosa, integradas por nuestros venerables sordos monoaurales; contemporáneos; que por desgracia para sus discípulos, los cuales para su conveniencia cuentan con una sola oreja dirigida hacia las instituciones democráticas, no las totalitarias.
Es que la moral y la ética particular del observador, puede hacerle ver “colaboración desinteresada” donde hay esclavitud formal. Un fenómeno Impressionism clásico, donde todo depende del ángulo y del cristal a través del cual se mire el mismo fenómeno esclavista de los apocalyptus del maxismo teórico.
Para los etnólogos, sociólogos y filósofos, el fenómeno de la esclavitud y sus consecuencias dependía del tipo de sociedad imperante. Durante siglos y para sorpresa nuestra hoy, en pleno siglo XXI y nada menos que en la propia África adolorida ayer; es ver que en Sudán y Mauritania por mencionar los mas conocidos.
Alli, sin una pizca de vergüenza, se mantienen sendos y florecientes comercios de esclavos; sin ningún tipo de escrúpulos por parte de estos sustentadores esclavistas autóctonos (africanos), porque ya no tienen el pretexto de culpar a los europeos de la trata infame.
Por supuesto, sin que muchos de los grupos u organizaciones internacionales o locales, se den por enteradas y continúan en sus cínicos divertimentos izquierdistas; y traicionan a las democracias que les sacian la gula anti patriótica; mientras no les toquen los fondos operacionales.
Una de las excepciones, conocidas hasta hoy, es el American Anti-Slavery Group (AASG). Porque los otros fantasmas de la pata zurda, como las adorables bandadas migratorias folclóricas del CAUCUS NEGRO CONGRESIONAL de los EE.UU (Barbara Lee y otras criaturas raras; asiduas visitantes al zoo habanera (quien lo dude, que le pregunte a los hermanos Castro); las cuales sin lugar a dudas, adolecen del síndrome de “Los Tres Monos Sabios” del templo de Toshogu en Nikko, Japón, donde habitan Kikázaru (el sordo), Mízaru (el ciego) e Iwázaru (el mudo).
Porque nadie acierta entender la razón por la cual les dio por saltar incomodidades grotescas con una sóla extremidad inferior, la zurda.
Es que el asunto que nos ocupa  está vinculado estrechamente con los “por cuantos” anteriores, dado que en un momento de la historia de los Estados Unidos, era igual al resto de la América pos colombina que prefirio quedarse en la estacada.
Para algunos ciudadanos les fue natural que desde el despertar mañanero, encontrarse con otros grupos de personas nacionales o extranjeras que en ocasiones eran también norteamericanos “virtuales”; de acuerdo a lo estipulado posteriormente en nuestra Constitución (tras una guerra fraticida horrible); vieran cercenados sus derechos elementales, sin que ello fuera considerado un pecado mayor.
En términos generales, para los anglos puros el concepto de propiedad les inducía a considerar al esclavo como un “bien de cambio“, apto para los negocios, tal sucedía en todas las plazas esclavistas a nivel mundial.
Mientras que según apuntan los estudiosos del fenómeno de la esclavitud, en el caso específico de los iberos, ciertas jurisprudencias humanistas y religiosas les inclinaban a considerar a los esclavos, como “personas menores” (no “inferiores”) necesitadas de un paternalismo protector que les entrenara para incertarlos paulatinamente dentro de la civilización occidental.
Un caso típico de la pérdida del paternalismo, referido a la inopia (en el limbo) de inseguridad absoluta en lo referente a la economía que resultó inevitable; con el cambio brusco del estatus social significó para los libertos y sus familias por la pérdida de manutención.
Fue la crisis social abrumadora por su masividad que se presentó inmediato para la grey de los nuevos ciudadanos, ahora carentes de un sitio donde vivir y un “trabajo estable”, tras concluir la Guerra de Secesión en los EE.UU.
Ello, entre otros factores —que desde el punto de vista humano y social no eran moralmente justificativos— se debió a la ruina completa de los medios de producción pertenecientes a los antiguos “amos” (que también la de estos últimos), que de una forma u otra les proveían del sustento diario y un hábitat.
La nueva legislación, propendía a adjudicarle a los emancipados iguales derechos a los que la Carta Magna estableció ara todos los nacionales de EE.UU sin distingos de raza, fuero, gracia, exención o prerrogativa.
El efecto de estas rarezas en el sentido común de los ciudadanos originales, implicaban que estas personas “nuevas en la sociedad” y sin ninguna historia, podían ser privadas, ignoradas o perjudicadas en sus derechos y privilegios, desechando el pacto social de que la ley “es una e igual para todos”. Tal sucedió en EE.UU tras la emancipación, hacia finales del siglo XIX. Una consecuencia se manifestó con el pendiente de la segregación racial sufrida por algunas minorías, en particular los negros.
Ello se basaba una concepción tan inevitable como errónea de estimar por parte de algunas sociedades cultas en el ámbito mundial, incluyendo las más atrasadas; las cuales suponían a estas minorías de acuerdo a los cánones traspasados de una generación a otra; como gente “inferior” social y culturalmente y por lo tanto, estigmatizables como ciudadanos de segunda clase.
Esto afectó directamente a los antiguos esclavos emancipados más tarde, como una de las consecuencias faustas de la Guerra de Secesión librada entre los Estados de la Unión. Ver que los abolicionistas del Norte actuaron bajo un proyecto anti esclavista surgido en Gran Bretaña y que tomó forma como tal en los EE.UU entre 1835-1865.
Este basamento significó un valladar moral a los sureños y los estados integrantes de la denominada Confederación del Sur que apoyaban la esclavitud, tal como existía entonces (referidos a la Historia antes de 1865) como un ideal de desarrollo económico.
Los libertos por la ley (antiguos esclavos) y los manumisos (liberados por voluntad expresa y libre de los dueños), recibieron igual protección y derechos de la leyes a partir de 1865.
Pero el desastre sobrevino en 1896, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó que una ley segregacionista (Law 111) emitida unilateralmente por el estado de Louisiana —impugnada en 1892 por un ciudadano negro, Homer Adolph Plessy— a fin de separar a los blancos y los negros en el transporte público, era legal. Este nuevo estado de derecho debe ser diafanizado de la forma siguiente:

La proliferación de leyes segregacionistras, no era producto de la implantación oficial por el gobierno federal, tal desean propagar los anti norteamericanos confundidos. Las leyes y disposiciones varias, tendentes a promover e instaurar la segregación racial resultó en una práctica, aunque infausta, legitimizada por la acción inconsulta de la Corte Suprema (sin el aval de los cuerpos legislativos y ejecutivos federales) perduraría hasta mediados del siglo XX.

Los líderes negros decentes y de otras etnias, batallaron contra dicha injusticia. Así, se abrieron varios escenarios donde se desarrollaron iniciativas con las cuales cada líder o facción desplegó sus tácticas y estrategias correspondientes, a fin de recuperar el terreno perdido.
Estos derivados indeseables, significaron una descomunal pérdida de tiempo y el retraso consecuente de las minorías, en evolucionar hacia el mejoramiento de su estándar de vida.
Los pintores y sus testimonios endemoniados
Y por ahí deambulaba el ojo avizor de los indeseables. Porque la cosa de la esclavitud se desarrolló, sin ataduras a las posibilidades del acertijo que pareció dejarnos el pintor Jean-Léon Gérôme en su oleo “Esclaves à la vente” (Esclavas a la venta), las cuales no nos hicieron perder el verdadero punto de vista eurítmico también aplastante; de las partes humanas vivas dejadas al abandono, como son las dos jóvenes esclavas —una blanca y otra negra— humilladas al ser expuestas a la venta por un presumible soldado (o depredador) morisco del Islam, en plena vía pública.
Ni siquiera con la presunta privacidad de un mercado con los atributos del “sin asombros”, por el tipo de “mercancía abominable” ofertada de manera tan infame.
Porque de eso se trataba en el pensar de los fuertes, de simple mercancía. Todo el paisaje, reunido con la supuesta delicadeza de un collage d’affiches voceados a pulmón pleno, montados sobre el “Skrik” (El Grito) de Edvard Münch, que aplica una relación indubitable pero no mezclada necesariamente con el resto de la muestra pictórica esclavista.
Porque en la postal triste, se incluyen como testigos mudos; los arreos militares como el saif (especie de cimitarra), casco y otros enseres del atuendo del supuesto guerrero “propietario” de esos, botines de guerra o del pillaje, donde se incluye un loro simbólico y extrañamente estático.
Claro, se evidencia que la imagen no es producto de la imaginación de Gérôme.
Otra es la visión apacible y no menos dramática que nos traspasa la visión de igual asombro en otra de sus obras, de estilo impresionante es “La marché aux esclaves” (El mercado de esclavas), donde parece transpirarse un aire calmo y tan sereno como el de las kalingas nivosas de la obra monumental “El Don Apacible ” de Mijail A. Shólojov.
Nada en esas imágenes deplorables son tales verduras frescas. Porque tras esas bambalinas no se sortean y reparten los especismos y veguismo del realismo eramista del “Lazarillo de Tormes” con sus vicisitudes de “fortunas y adversidades”.
Se trata de la crueldad humana de un submundo subyacente en aquella etapa de la Humanidad, tan reciente como hasta finales del siglo XIX al menos, porque en Cuba, los residuos de la esclavitud ya en plena decadencia como fuerza productora, perduraron hasta después de transcurrida la primera guerra independentista.
“La Guerra de los Diez Años” (1868-1878), resultó el tope del desvarío esclavista y sustentada por causa de la bien conocida tozudez burocrática española, se extendieron sin razón en los anales oficiales de las Cortes, hasta el 13 de febrero de 1880.
Con ello se dio la impresión de una España retrógrada e idiota, que ya no era. Resalta que desde el censo de 1778 (siglo XVIII), se indicó que el 61.3 % de los negros y mulatos eran libertos; o sea; entre 4 y 6 vece superior al de las sociedades sajonas.
Para los pícaros totalitarios contemporáneos (comunistas), la Trata de Esclavos es disfrazadas de ropajes y envuelta en múltiples ardides por parte de los despotismos gubernamentales en forma de cooperaciones, ayudas desinteresadas, internacionalismo proletario, intercambios científicos, culturales, artísticos y otros.
Ello responde a la idea implantados en Cuba como política, la “leva obligatoria militar-cultural de la Intelligenza nacional” (LOMCIN), de la cual se consideran dueños los líderes del régimen comunista de turno, en este caso el regentado por los hermanos Castro.
Tales eran reflejos del mundo real hasta entonces y el virtual de los artistas de ayer, no los de hoy. El inframundo de la esclavitud de los hombres, que en el decir de José Martí (2) era “un dolor inenarrable”.
Valga que este fenómeno inhumano hasta ayer, y todavía en formas iguales y de otras diversas estructuras infernales contra los ciudadanos, continúan azorando a parte de la Humanidad. Pero es que los artistas de hoy, incluyendo las manadas de juglares oficiales “cantautoresdecancionesprotestas”, no se atreven por, miedo, avaricia, comodidad y absoluta carencia de decoro.
Y bien están representados los llamados pictóricos al estudioso, a fin de reconocer quiénes en realidad eran en buena medida reyezuelos africanos, árabes, muy conocedores de cada vericueto del Valle del Gran Rift, tanto como en las zonas del Golfo de Guinea Ecuatorial (hoy, Nigeria y Benin), los cazadores y vendedores de esclavos en la vertiente atlántica del África subsahariana, quienes cargaban sus chalupas de esclavos (de cualquier color) hasta soltarlos en regiones tan lejanas como la India y Oceanía.
Porque existen errores y equivocaciones a tanto de repetirlas, son intencionadas, cuando se trata de referirnos a la Trata de Esclavos; con la cual no tuvo que ver solamente América y de esta, los Estados Unidos.
Por lo general, no eran muchos los europeos operando como cazadores de esclavos, por lo general, el comercio descansaba en los beduinos y porciones importantes de ciudadanos del antiguo Imperio Otomano (3) .
Sin intención premeditada de demonizarlos en su totalidad, dado que cualquier pillastre de cualquier cultura y religión, podía dedicarse al negocio de la Trata de Esclavos; tal continua en la África negra, sin mayores objeciones por los abanderados oficiosos de la misma etnia, que conozcamos, en el resto del planeta.
Totalitarismo vendido por Marx y Engels, a sus quebrantahuesos colectivistas
Según las absurdidades inherentes al embrollo de la propuesta totalitaria de Karl Marx y su cúmbila de disparates, el dócil Friedrich Engels; absorbidos por sus fanáticos morones, porque en el mejor de los casos todos; excepto ellos; somos “personas menores“, a expensas de que los chamanes ideológicos marxistas nos conculcaran con el lavado del cerebro, su pretendida verdad colectivista, atea y genocida. Es la filosofía de la manada conforme.
Luego, la actual América multiparlante, hispana, portuguesa, inglesa, holandesa, francesa y otras lenguas y culturas, bebieron de estas aguas; además con el concurso hipocritón de los propios aborígenes engarzados en sus satrapias locales, vendidas como culturas incas, mayas, aztecas, etc.
Todas las cuales eran sociedades de castas feroces con alto consumo de esclavos autóctonos tanto para trabajos forzados, canjes, ritos religiosos en los que eran sacrificarlos en los altares a sus dioses paganos, para además satisfacer la ferocidad de sus hábitos canibalísticos. No se escapan e incluyen también la propia África actual, de igual modo que la Eurásia y el resto de los territorios esparcidos por el Pacífico.
Casi tan vieja como el hombre, resultó la esclavitud ejercida —reiteramos en admitir que en la infamia participaron todas las naciones— primero como prisioneros de guerra o producto de las cacerías depredadoras que durante siglos, en el África subsahariana, llevaron a cabo los árabes islamitas traficantes de esclavos, antes y después de que esparcieran su religión monoteísta y fundamentalista.
Durante todo el siglo XX y todavía corriendo el actual siglo XXI coexisten formas de esclavitud tan perversa como las instauradas por los regímenes totalitarios (fascistas, nazistas, comunistas, islamitas y otras de igual corte), donde la vida de los ciudadanos —estimados por estos regímenes en calidad de entes submentales— está al servicio del partido único dominante y sus dictaduras autocráticas, de castas y absolutamente nepóticas.
En la dinámica de estas estructuras dantesca, una sola familia al estilo siciliano, ostenta el poder completo con ausencia de todo vestigio de leyes esenciales y carencia de los derechos más fundamentales.
El Comintern, y sus filiales cómplices (como los “frentes populares” armados entre la I y IIGM como fachadas para atrapar la inocencia del público desorientado) desde siempre ha tenido a los Estados Unidos en su punto de mira, a los fines ya conocidos de distorsionar la realidad y vender una imagen conveniente para opacar o bajar el perfil de las ideas totalitarias políticas o religiosas que nuestros enemigos enarbolan.
Luego, la cuestión de la discriminación racial en los EE.UU evidenciada en su injusticia hasta bien entrado los años 60’s, sirvió de rampa de lanzamiento para los radicalismos más obcecados y aupados todos, bajo cuerdas tendidas desde la antigua URSS.
Se daba la impresión de que los Estados Unidos era el único país del planeta con estos problemas, acentuados en algunos estados por atavismos caducos e improcedentes. Después disueltos con energía durante las décadas de los 50 y 60s, por el gobierno federal de los EE.UU.
Nunca estos enemigos de los EE.UU hicieron la más mínima mención de tales problemas sociales y humanos en el resto de las tierras fuera de las fronteras norteamericanas. En la URSS, Eurásia y la África Negra las minorías eran aplastadas por sus entidades nacionales o tribales, sin que el mundo supiera de los atropellos.
De modo igual sucedió en todo el bloque comunista y la canalla tercermundista encaramada en el poder. Los pescadores en aguas turbias hicieron zafra, es especial los comunistas de nuestro vecindario caribeño e hispanoamericano y los del propio patio norteamericano.
Sin embargo, ya situados en el mundo contemporáneo es saludable repasar, sucintamente, algunos jirones significativos de la Historia norteamericana al respecto y las actividades desarrolladas por los líderes de las minorías negras y otras, sus éxitos consecutivos, hasta arribar al momento actual. Los líderes negros decentes y los de otras etnias, batallaron contra dicha injusticia puntual. Se presentaron pues, varios escenarios con sus tácticas y estrategias correspondientes.
Esta panorámica y el dinamismo de la evolución histórica y social, sus vértices más prominentes hasta el tiempo presente, pretenden ser la razón y guía para un recuento de estas premisas: la tesis, el análisis y la síntesis que envolvieron el problema racial que se manifestó en los EE.UU, durante los decenios posteriores a 1896.
Ello referido a que, desde 1865, fue cuando la ciudadanía dispuso de forma integral de un vademécum que igualó, al menos en su propuesta teórica, a todos los ciudadanos de los Estados Unidos.
También como es lógico, reverdecer al menos un mínimo de los antecedentes que influyeron en la conformación de la sociedad norteamericana actual. Además de reconocer la efectividad de los puntos de vista de estos líderes, decir, los de mayor prominencia.
En este caso, involucrando los puntos de vista de dos de esos conductores perfectamente conocidos en sus trayectorias cívicas y sociales: el Dr. Thurgood Marshall (abogado) y el Dr. Martin Luther King Jr. (ministro religioso).
Un paisaje de la Revolución Americana
L’esclavage en Amérique du Nord, est un des aspects non couverts par la révolution ouvertement. C’est une affaire très sensible en raison de leurs connotations économiques, sociales et humaines
(La esclavitud en Norteamérica, es uno de los aspectos no abordados por la revolución de manera abierta. Constituye un caso muy delicado por sus connotaciones económicas, sociales y humanas) –aclaró George Washington a su interlocutor. Todo lo cual dijo de un tirón, casi sin respirar.
El Presidente, expresó las últimas palabras mirando a su esposa Martha Curtis, quien en unión de otros visitantes y sus hijos les observaban complacidos ese domingo, desde el otro extremo del cobertizo. Él, Washington, había soltado cuidadosamente su parlamento con suavidad; aunque más exhalado que dicho; con voz casi ininteligible a causa de la molestia que le producía la prótesis de porcelana y oro que le laceraba las encías.
Ahora Washington le hablaba a quien, a instancias de Benjamín Franklin y considerando su pedido de incorporarse al Ejército Continental como un voluntario sin paga, lo aceptó como aide-de-camp (ayudante de campo).
El Presidente se esforzó en recordar para repetir al dedillo y trató de chapurrear lo que dijo a su interlocutor, en el mejor francés que pudo. Se trataba de un buen de par de frases aprendidas con su l’aide de la caméra (Valet), como respuesta ante la pregunta inminente de su interlocutor, recién llegado a Mount Vernon, tras su gira por los otros estados.
Este último, francés de nacimiento, ya había acumulado suficientes méritos ante el gobierno y pueblo norteamericano, para que la nación entera viera en el privilegio otorgado de “ciudadano norteamericano por nacimiento“, como una gratitud hacia éste.
Un personaje del Viejo Mundo, personificado en un aristócrata que había abandonado la vida muelle en la corte francesa y mancomunado su destino con aquel grupo de hacendados de las tierras coloniales en América del Norte propiedades del Rey del Reino Unido, Inglaterra, el empingorotado George III, empeñados en lograr la independencia absoluta de las 13 colonias y desvincularse económica y políticamente de su metrópolis europea.
En ese momento, no solamente recibió el visto bueno del gobierno federal, sino de todo el resto de los estados que ya lo habían ratificado como ciudadano de los mismos y quien arribó a costas de Norteamérica, para unirse a los rebeldes y colaborar efectivamente por la independencia de las colonias.
Se trató de dos frases trascendentales en boca del líder que guió al Ejército Continental hasta la victoria contra las fuerzas coloniales de Gran Bretaña, su metrópolis, pero susceptibles de ser demolidas o destrozadas por medio de simples interjecciones lógicas, de las acostumbrada por el visitante cuando estaba de buen humor.
De esas imprecaciones no lesivas que sólo se aprenden entre la oficialidad, a veces la marinería ruda; durante las veladas para jugar a las cartas y matar el aburrimiento en las fragatas de la Armada francesa, cuando no hay guerras. A veces ancladas en la Rade de Marseille mirando al Mediterráneo o en el Avant-Port de Calais oteando el Atlántico, dependiendo de por donde vinieran los tiros.
Sólo que a éste francés premonitorio, le había dado por escuchar detonaciones que se les antojaron provenientes desde Norteamérica y así, un buen día arribó sorpresivamente al Nuevo Mundo en la nave el “Hermione”.
El visitante, miró reflexivo hacia la línea del atardecer que comenzaba a convertirse en acuarela de sombras, porque ya se acercaba instante de su partida y se compuso la peluca. Este patriota, desde 1783, le había escrito a Washington una carta conmovedora.

Yo les pido a los hermanos norteamericanos de la Logia (francmasones), batallar todos juntos por la libertad de toda la Humanidad y les exhorto de manera ferviente, a la emancipación de todos sus esclavos”

Marie-Joseph La Fayette, después simplemente “Lafayette” para los norteamericanos (4), miró a Washington; su hermano de cofradía, puesto que ambos eran masones; he hizo un mohín circunspecto y se colocó la mano sobre la barbilla, como para aguantar las palabras salvajes, con las cuales repostaría a su amigo y compañero de los terribles combates durante la Revolución Americana.
Ambos, charlaban a destiempo y convenientemente alejados de las mujeres.
Washington lo decidió así por delicadeza a su visitante, un genuino amante de la libertad e igualdad, dado que tal era el estilo europeo y porque en Norteamérica hombres y mujeres a inicios de la república, lo decidían todo juntos.
Ahora estaban sentados bajo el cobertizo o glorieta situada en un costado de la mansión, donde tomaban una especie de licor ámbar de sidra de manzanas, en evitación de la caída del sol y utilizado como lugar para las comidas informales de la familia, durante la mayoría de los veranos.
En esa visita a los Estados Unidos, Lafayette, fue recibido con las grandes muestras de admiración que sentía del pueblo norteamericano por este francés, que en incontables ocasiones había luchado y sido herido en combate, por la independencia de los Estados Unidos.
Ambos sonrieron y decidieron continuar el dialogo en inglés, por sugerencias del visitante, quien manejaba además tanto con el inglés como el alemán, con los cuales se las entendía bien. Lafayette había visitado a Washington ese verano, en la casa señorial de éste en su complejo de granjas de Mount Vernon, el 17 de agosto de 1784.

Estimado General —advirtió Washington a Lafayette, en un silencio que se hizo entre ambos, tras la extensa exposición del segundo sobre los ya nombrados “Derechos del Hombre”(5)—, habla Usted de la libertad y la emancipación, como de algo que esta a la vuelta de la esquina. Ustedes han colonizado otros territorios y engrandecieron el poder militar y económico de la Francia, utilizando la fuerza de trabajo y recursos de los territorios conquistados. Nuestro problema es distinto, porque esta especie de “encomienda civilizadora”; si utilizamos los términos de la colonización española, es de beneficio mutuo. Recuerde que entre la gleba y este tipo de servidumbre, no existen grandes diferencias. Y, sin embargo, ese tipo de servidumbre de por vida que coexiste en múltiples lugares de este planeta, nunca ha sido objeto de reflexión tan minuciosa.
De acuerdo estoy en no justificarla y nada más, mi señor presidente, pero —acentuó Lafayette con un cierto aire de sarcasmo moviendo el índice en señal de regaño— usted no dudará que son humillaciones similares. ¿Coincide conmigo, señor presidente?

La conversación continuó en un mismo nivel de intercambio de ideas moderadas sobre el qué y el cómo hacerlo, hasta que los insectos del anochecer, intervinieron atraídos por la luz de las lámparas. También, porque Lafayette se percató de que las vides de la libertad total con la emancipación, no estaban todavía maduras para la vendimia. Además, porque se evidenciaba que en la nobel república de los Estados Unidos de Norteamérica para tales ejercicios, faltaba un buen trecho.
Como ejemplo, Lafayette compró tierras en “La Cayene” para fundar su plantación de “La Belle Gabrielle“, y allí con las pretensiones idealistas de montar su “experimento” de emancipación y educación de los futuros libertos, pero todo aquello se diluyó en la nada.
Lafayette había vuelto a América y visitó a todos los Estados, excepto Georgia. El viaje incluyó esa visita a la granja de Washington en Mount Vernon.
En Virginia, se había dirigido a la cámara de delegados donde les pidió “libertad de toda la humanidad” y exhortó a los reunidos a apoyar la emancipación completa de los esclavos. Por supuesto, la exhortación pareció dirigirla a un desierto. Porque para ello no existían las más mínimas posibilidades ni condiciones objetivas.
Lafayette defendió en la legislatura de Pennsylvania la creación de una Unión Federal y visitó el valle Mohawk en Nueva York para las negociaciones de paz con los iroqueses, algunos conocidos de él en 1778.
Sólo que ahora, estaba frente al hombre que capitalizaba todos los hilos del poder democrático, por entonces, el único poder sobre la faz de la Tierra armado “por el hombre y para el bienestar de los hombres libres“.
Existe una coyuntura histórica, indudable, dentro del contexto en el que George Washington fue protagonista principal y la existencia de un status quo insoslayable: La Esclavitud.
Es entender que en aquella sociedad, a punto de salir de la etapa de la manufactura y no estaba presta para sumergirse a plena carga en la etapa de industrialización impulsada por la Gran Bretaña, por lo que entró en discrepancia con los sistema ya obsoletos de la mano de obra esclava.
Ningún dueño de un ato de esclavos, entendía de reservas morales o éticas en lo concerniente a un estado de cosas (de producción) en el cual nació, se crió y donde su voz era de ordeno y mando.
Un día soleado en Mount Vernon
“Nada parecía estar mal”, salvo los tenues llamados a la misericordia, conmiseración, protección y bondades que les eran solicitados y recabados de los dueños de esclavos; con respecto a las relaciones con sus dotaciones respectivas, los cuales eran desplegados esporádicamente por los líderes religiosos de todas las denominaciones activas en los Estados Unidos.
Para entonces, en París se gestaban movimientos de índoles diversas, algunos de los cuales denunciaron la esclavitud como una aberración anti humana.
El movimiento filosófico y humanista denominado “La Ilustración“, para fines del siglo XVIII ya había desarrollado y alcanzado sus objetivos fundamentales, al desplazar a los dos Estados Predominantes, la Aristocracia y el Clero, de sus prerrogativas y privilegios.
Se logró, introduciéndose a empujones ella misma (los integrantes del movimiento) como el Tercer Estado compuesto por los burgueses y los desclasados (terratenientes, banqueros, industriales, trabajadores, artesanos, artistas, comerciantes, profesionales, militares, intelectuales, etc.).
Desde entonces el mundo europeo cambió de manera radical con la vista puesta el París y no así los Estados Unidos y la que algunos denominaron “esclavitud bondadosa”. Ello era como un diálogo entre sordos, apuntalando la realidad inevitable, puesto que igual que en casi todas las colonias del imperio español, francés, británico, holandés y otros, los esclavos podían adquirir la libertad por razones diversas.
En este orden, la de mayor preponderancia era el pagar (comprar) por su emancipación, pasado cierto tiempo de trabajo o lograr la libertad por el gesto misericordioso de manumisión por parte de los propietarios.
George Washington nació en un mundo en el que la esclavitud era aceptada como una práctica tan natural como la de tener sirvientes y empleados. El comercio de esclavos continuó durante toda la vida de Washington, tanto que a la muerte de su padre en 1743, él tenía 11 años de edad, heredó 10 esclavos y además 500 acres de terreno.
Cuando comenzó la agricultura en Mount Vernon once años más tarde, a la edad de 22 años, tenía una fuerza laboral de cerca 36 esclavos.
Con su matrimonio con Martha Curtis en 1759, con lo cual 20 nuevos esclavos arribaron a Mount Vernon. Junto con la riqueza de su esposa compró tierras, triplicando el tamaño de la plantación y también los esclavos adicionales para cultivarlas.
En 1774, pagó impuestos sobre 135 esclavos, sin incluír los de la dote. El último registro de una compra de esclavos fue en 1772, más tarde recibió algunos esclavos en pago de deudas. Washington utilizaba también sirvientes blancos.
Después de su matrimonio, compró más esclavos, de donde la población de la dotación también aumentó porque sus miembros podían casarse y criar a sus propias familias. En 1799, cuando Washington murió, habían 316 esclavos viviendo en la estancia.
Antes de la Revolución Americana, no se conoce que haya expresado alguna reserva moral en contra de la esclavitud, pero en 1786, le escribió a Robert Morris diciendo:

“No hay un hombre vivo que quiera más sinceramente que yo, ver un plan adoptado para la abolición de la esclavitud.”

En 1778, escribió a su capataz en que deseaba conseguir que se marcharan sus esclavos, de la forma que quisieran, porque no serian reclamados. El mantenimiento de una ascendente población de esclavos en Mount Vernon no era rentable. Washington no podía vender legalmente los esclavos de dote, sin embargo, y debido a que estos esclavos se habían cruzado con sus esclavos, no podía vender sus esclavos sin separar a familias enteras. Los esclavos jugaron un papel integral en la historia de Mount Vernon.
Aunque existe poca documentación escrita de los propios esclavos, se sabe mucho acerca de sus vidas a través de documentos primarios. Washington fue el único Padre Fundador de la República que emancipó a su dotación. En la práctica, cada acción fue influenciada por su estrecha relación con el Marqués de Lafayette.
Sin embargo, no liberó a sus esclavos en vida, sino que incluyó una disposición con su voluntad de liberar a sus esclavos a la muerte de su esposa. En el momento de su muerte, había 317 componentes en la dotación en Mount Vernon (123 propiedad de Washington, 154 “esclavos de dote” y 40 alquilados a una vecina).
Martha Washington legó el esclavo que poseía -Elisha- a su nieto de George Washinton Parke Curtis. Tras su muerte en 1802, sus nietos heredaron los esclavos de dote. La mano de obra calificada y el manual necesarios para ejecutar Mount Vernon fue proporcionada en gran parte por esclavos que trabajaban, los cuales recibieron capacitación en oficios tales como la molturación (desgrane del trigo), tonelería, herrería, carpintería y zapatería.
Los otros trabajaban como empleados domésticos, los barqueros, cocheros o trabajadores del campo. Algunas esclavas se les enseñaron las habilidades, sobre todo hilado, tejido y costura, mientras que otros trabajaban como empleados domésticos en la ropa, lechería o la cocina.
Muchas mujeres trabajaban en los campos. Casi tres cuartas partes de los 184 esclavos que en un momento trabajaron en Mount Vernon lo hacían en el campo, y de esos, aproximadamente el 60% eran mujeres.
Los alimentos cultivados en las granjas eran distribuidos a los esclavos y sus familias. Los esclavos recibían semanalmente sus raciones de alimentos. Muchos esclavos también mantenían sus propios huertas para complementar su dieta. Estos, podían vender sus alimentos en los mercados locales para ganar un ingreso extra . Una vez al año, se les proveía de ropas.
La jornada de trabajo en Mount Vernon era de sol a sol, con 2 horas de descanso para las comidas. Recibían también entre 3 y 4 días de descanso en Navidad, y el lunes después de Pascuas y Pentecostés, así como los días festivos. Si un esclavo era obligado a trabajar un domingo durante la cosecha, les permitían un día de descanso después, y a veces les compensa con goce del sueldo.
La actitud de Washington hacia la esclavitud, cambiaba hasta el repudio a medida que envejecía. Durante la Revolución, cuando él y compañeros patriotas lucharon por la libertad, Washington se convirtió cada vez más consciente de la contradicción entre esta lucha y el sistema de la esclavitud.
En el período de su presidencia, parece haberse convencido de que la esclavitud estaba mal y que iba en contra de los principios de la nueva nación.
Como presidente, no quiso llevar una lucha pública contra la esclavitud, porque creía que iba a escindir la nueva nación. Las ideas abolicionistas tenían muchos opositores, especialmente en el Sur.
Washington parece que temió que si tomaba una posición pública, los estados del sur se retiraría de la Unión. Sin embargo este temor se materializó setenta años más tarde, dando lugar a la “Guerra Civil” (en realidad, “Guerra de Secesión“).
El pensaba que habían trabajado muy duro construyendo el nuevo país, para después aventurarse en el riesgo de destrozarlo.
En su testamento, dispuso que todos los esclavos de su propiedad fueran liberados después de su muerte. También dejó instrucciones para la atención continuada y la educación de algunos de sus antiguos esclavos, apoyó la formación de todos los niños hasta que alcanzaran la mayoría de edad, así como veló constantemente por el bienestar de las personas mayores (6).
Sin embargo, de ninguna forma por lo no inexplicable para aquella generación de hombres y mujeres notables de ideas tan avanzadas; nada de lo anterior podría representarnos hoy la figura de una postal de relaciones idílicas entre los propietarios y sus “propiedades vivientes”, porque se trataba simplemente de aquello por todos conocido: La Esclavitud. Un mal con infinidad de rostros.
¡Oh, Señor, se trata de la de la majestuosidad de nuestro sólido y profundo Sur!
Exclamó inconsolable un hacendado sureño, al romperse las hostilidades entre los estados fieles a la Unión Federal de Washington y los estados respondentes a la nueva Confederación de estados rebeldes proclamada en Richmond como la capital, renuentes a aceptar el continuar siendo parte de la Unión.
Una greña económica, después convertida en confrontacíon política y social; devenida definitivamente ruptura ideológica; desatada por el encuentro de dos criterios anti materia, de lógica divergentes, en lo referente a mantener incólume y expandir un sistema esclavista o abolirlo.
Cierto, porque en La Guerra de Secesión o Guerra Civil estadounidense (American Civil War) (7) , presenta varias facetas, algunas de carácter “independentistas; vista desde el lado Sur; pero coincidentes a su vez en varios factores comunes: la economía, sociología y el expansionismo militar por las posibilidades de adquirir nuevos territorios dentro de las fronteras de Norteamérica.
Después de la gesta independentista norteamericana de las 13 colonias (1775-1783) contra la metrópolis inglesa (Reino Unido de la Gran Bretaña y Escocia), esta guerra intestina resultó el acontecimiento de mayor significación en que se vio envuelta la nación norteamericana. La misma, tuvo lugar, entre los años 1861 y 1865.
Su resultado en pérdidas de vidas, fue de unos 620,000 muertos, por todas las causas y unos $8700 millones (304,500,000,000 millones al cambio actual) entre pérdidas materiales y económicas.
En la misma se enfrentaron dos bandos, la Unión integrada por los estados “del norte”; industriales y abolicionistas; y once estados “del Sur”; agrícolas y esclavistas. Estos últimos, recién conformados en la que estos “estados rebeldes” denominaron “Confederación”, cuya objetivo inmovilista era el de mantener y expander la esclavitud la cual estimaban indispensable para su subsistencia.
Esta Confederación alcanzó vigencia entre sus miembros, al considerar éstos que la esclavitud no debía combatirse sino proliferar con la integración de los estados nuevos. Una concepción arcaica, sin concepto del modernismo rampante hacia donde se encaminaba la Humanidad culta.
De igual modo ciertas leyes o medidas dictadas por el gobierno federal y Congreso de los Estados Unidos, los confederados las consideraban nocivas a sus intereses. Lo temido por Washington a finales del siglo XVIII tras alcanzar la independencia de las 13 colonias, una protesta de los estados esclavistas, cobró la forma de una Confederación que de hecho era una secesión del gobierno central federal.
El aspirante a senador por el partido republicano, Abraham Lincoln, había perdido una contienda electoral en la que exigía poner alto a la expansión de la esclavitud. En 1860, Lincoln y el senador Stephen Douglas, su viejo contendiente, volvieron a encontrarse ahora en calidad de sendos candidatos presidenciales; Republicano el uno y Demócrata el otro; exactamente en ocasión de que las tensiones entre el Norte y el Sur eran extremas.
Contar que en 1859 un partidario del abolicionismo, John Brown, inició por su cuenta una rebelión de esclavos en Virginia; pero fue capturado, juzgado y ahorcado; pasando a integrar la galería de los mártires entre los abolicionistas norteños. Claro, la espontaneidad de Brown, siempre cayó en evidencias, pero ganó simpatías cuando su gesto liberador le costó la vida.
Los sureños advirtieron que las libertades estatales no se mantendrían como hasta el presente, si continuaban siendo parte de la confederación original de los Estados Unidos de América, inmediato que concluyó la Guerra de Independencia.
Douglas conminó a los sureños demócratas a mantenerse como parte de la Unión, pero estos presentaron por su parte un candidato, John C. Breckinridge, amenazando con la secesión si perdían la elecciones.
Sucedió que Lincoln ganó los comicios y tomó posesión del cargo en marzo de 1861.
Entonces Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas, constituyeron los Estados Confederados de América con Jefferson Davis a la cabeza, como presidente, proclamando así la secesión de la Unión. Un acto que Lincoln declaró ilegal en su discurso inaugural como Presidente.
Los confederados tomaron la iniciativa, mas emocional que estrategica, y atacaron la guarnición de Fort Sumter en Carolina del Sur, el 12 de abril, 1861; logrando que se les unieran Virginia, Arkanzas, Tennessee y Carolina del Norte. De este modo comenzó la guerra civil entre los Confederados del Sur y los estados del Norte (Unión), que culminó con la victoria de la Unión en 1865.
A partir de ese momento, el rejuego de las libertades alcanzadas para las minorías negras, entró en una etapa de tensiones que no se calmaron plenamente hasta pasadas las 5 primeras décadas del siglo XX tras un inenarrable círculo de batallares cívicos ante la ley.
Todo ello, por efectos de que algunos líderes, agrupados alrededor de la figura del Dr. Thurgood Marshall, se decidieron a utilizar en toda su extensión, la Fuerza de la Ley, yacente entre otros en el libro ley de leyes, “La Constitución” norteamericana que rige dentro de los territorios de los Estados Unidos de América. Una estrategia paciente y exitosa que no todos los atrincherados integrantes de ambas orillas ideológicas en pugna, entendieron a plena cabalidad desde sus inicios.
Otros líderes y sus seguidores, aglutinados fervorosamente en el ámbito del Dr. Martin Luther King Jr. y sus relevos, por razones varias, optaron por operar sus agendas pro activistas en base de la confrontación directa o indirecta en contra del gobierno y sus instituciones.
Un error tremendo constatado después por los analistas e historiadores, dado que sus resultados, aunque también altruístas y cívicos, fueron nefastos.
La saga continúa.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
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(1)   Ver la novela “The Time Machine” de H. G. Wells, 1895
(2)   “Versos Sencillos”,
(3)   Existe una extensa documentación literaria de los historiadores, funcionarios, negociantes y profetas árabes, donde se relatan con detalles copiosos la profundidad de la penetración del imperio árabe y con ello el islamismo, en áreas europeas, medio oriente y africanas, sus vinculaciones con las culturas locales y sus manejos comerciales y esclavistas. La costa atlántica del continente africano, fue diezmada por los traficantes, afectando a las etnias congo, carabalí, mandinga, gangá y otras. De forma similar los árabes mantuvieron un importante tráfico de personas esclavizadas africanas, tanto a través de rutas cruzando el Sahara como a través de la costa oriental de África, fundamentalmente la Isla de Zanzíbar. Este comercio se extendió desde el siglo VII hasta el siglo XX y alcanzó proporciones similares o superiores al comercio negrero del Atlántico.
(4)   Marie-Joseph Paul Yves Roch (mejor conocido por su título nobiliaro final: Gilbert du Motier, Marquis de La Fayette); estando en Francia; se unió a un grupo abolicionista “La Société des Amis des Noirs” (La Sociedad de Amigos de los Negros) creada en 1788 por Jacques-Pierr Brissot, una de las tantas Societé de Pensée (sociedades filosofales). De estas sociedades de librepensadores, Lafayette, llevó el mensaje emancipador hacia América.
(5)   “La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” emitida en 1789 por los franceses, tiene entre otras fuentes políticas norteamericanas, la “Declaración de Virginia” de junio 12, 1776 muy anterior a la francesa; que estimamos un genuino copycat mas depurado; incluyendo la “Constitución de los Estados Unidos de América” proclamada en septiembre 17 de 1787. De esta, también se nutrió la francesa y es considerada la Constitución mas antigua del mundo.
(6)   Washington tenía la costumbre de hacer registros y los mismos muestran que el cementerio estaba, cerca de la tumba de Geroge Washington. En 1929, la Asociación de “Mount Vernon Ladies” colocó una lápida de piedra para conmemorar el sitio. En 1983, un “Memorial del Esclavo”, diseñado por estudiantes de la Universidad de Howard, se erigió en honor a los hombres, mujeres y niños que sirvieron en la esclavitud en el Monte Vernon. Las palabras de amor, esperanza y fe están inscritas en los escalones del monumento. (Consultado en Wikipedia y la colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
(7)   Guerra Civil” era un evento como tal, y ya. Pero si damos vuelta a la página, encontraremos que desde el punto de vista conceptual, es así y se mantiene el concepto gramatical puesto que el objetivo (el leit motiv de trasfondo) fundamental no fue tal aducen algunos; una guerra antirracista que propendía a “lograr la emancipación de los esclavos“, en parte. Ese carácter humanitario oficial (admirable) lo adquirió después con la aprobación de la “Proclama de Emancipación” de enero 11, 1863 convoyando así el estallido civil iniciado en 1861, por razones tácticas y estratégicas. La confrontación se genera, todo apunta de manera exclusiva (al menos en sus inicios), por el acto secesionista de los estados sureños, por cuya razón en aras de mantener la unidad (de ahí lo de “Unión” del gobierno federal) y motivos por los que se le nombra “Guerra Civil” o “Guerra de Secesión” ambos valideros, como conceptos superpuestos.

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“Noli me tangere, homo” -exclamó Martha (I/IV).


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Preludios
La madrugada de Año Nuevo 1959 recién avanzaba sobre una ciudad que no quería despertar. Es que los cubanos reñían entre sí, en una bronca comenzada siete años antes (10 de marzo, 1952), donde se discutían asuntos de familia y donde cada cual se creía poseedor de la verdad. Era razón por la que La Habana, demoraría en deslumbrar con su blancura inmaculada. Claro, no parecida en luminosidad a la Casablanca del Magreb. Todavía los primeros resplandores no alcanzaban diafanizar sobre las caravanas de Cadillac lujosos, unos impresionantes sedanes y limusinas de negro resplandeciente, pero ninguno tipo cabriolet. Tal fue moda chic el 12 de agosto de 1933, bajo una estampida similar a la caída del gobierno del Gral. Gerardo Machado y Morales (1925-1933), un veterano independentista que intentó reelegirse como presidente,violando la Constitución de 1901; y resultó repudiado por el pueblo, ya atosigado por la Gran Depresión de Mundial (martes negro de octubre 29, 1929).
Por razones no claras, las águilas del Potomac; en una jugada sin precedentes; le habían retirado al gobierno cubano todo el apoyo económico, militar y diplomático; con el cual contó hasta la fecha. El gobierno, desesperado, envió sus emisarios a Europa, (Bélgica, Francia e Inglaterra) en busca de armas y pertrechos para defender a Cuba de la inminente catástrofe a manos de los comunistas.
Las máquinas rodaban colmadas de funcionarios, sus familiares y en algunos casos, con sirvientes o “comecandelas” (bodygards). Los carros se desplazaban desde diferentes lugares de la ciudad y sus entornos, hacia un punto común: el aeropuerto aledaño al campamento militar de Columbia, donde también operaban aerolíneas civiles como “Aerovías Q” y “Aeropostal Venezolana”. El sitio era un dispositivo de uso doble, civil y militar, acondicionado como tal en el influyente municipio de Marianao; al noroeste de la capital, y en cuyos predios de los alrededores se asentaban las zonas residenciales de la mediana y alta burguesía, las cuales serian barridas y arruinadas por el vendaval castrista. Todo el entramado democrático armado con dificultad extrema durante los 50 años anteriores, se vino abajo.
Era gente fugitiva impregnada de temores, desorientada; sorprendida porque el gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar –uno de los “héroes epónimos” de la Revolución Anti-machadista de 1933 1–; al cual casi todos ellos habían apostado, apoyado y estimado inconmovible; aun sometido a los embates de una oposición apasionada y democrática, aunque enfebrecida y confundida por sus argumentos impropios; se derrumbó de manera sorpresiva en esa madrugada fatal de Año Nuevo del 1959. Ello culminó en la huida del Presidente, su familia y colaboradores más cercanos. El desconcierto de estas personas poderosas, que después contagió a la ciudadanía aún soñolienta, fue total.
Igual de aterrados, los fugitivos temían las ya anunciadas represalias de los revolucionarios; cuyos efectivos guerrilleros correteaban siniestros por los montes, pueblos y ciudades, apoyados por milicianos urbanos armados con aquello arrebatado a los aforados gubernamentales o con lo que pudiera servirles de arma. Estos últimos, terroristas urbanos, se la habían estado “jugaban al canelo” día a día, perseguidos por la policía, paramilitares y los órganos de seguridad interior.
En realidad, con el enemigo en fugas, no eran necesarias esas armas salvo para contener a los saqueadores. Sin embargo, los guerrilleros castristas auto apuntalados como los vencedores –bien asesorados por los estrategas del Comintern, tal confesaron éstos después se alertaban contra el reclamo justo de sus competidores apoyados por otras facciones revolucionarias también beligerantes y armados (genuinos demócratas); para que éstos no les demandaran una parte alícuota justa en el gobierno que los castristas estimaban “su” botín exclusivo.
Casi todos los fugitivos eran políticos miembros prominentes o negociantes vinculados al gobierno batistiano. Otros, consideraban que las represalias podían a alcanzar a cualesquiera de las fuerzas cívicas y sociales, aunque no beligerantes, que a los vencedores les olieran o les convinieran tildarlos como colaboradores gubernamentales.
Eventos tales que sucedieron en realidad, con exterminios masivos inmediatos, desatados por los guerrilleros contra los implicados con el gobierno. Copiaban excesos similares a los ejecutados por los bolcheviques contra la pequeña y alta burguesía rusa, incluyendo campesinos y terratenientes, llevados a cabo a posteriori del asalto al Palacio de Invierno de Petrogrado en octubre de 1917. Exacto cuando en febrero de ese mismo año el Gobierno Provisional Republicano de Aleksandr F. Kérenski, cuyos partidarios demócratas lograron que el Zar Nicolás II abdicara y disolviera el ancestral gobierno de los Romanoff 2.
Los viejos comunistas cubanos, quienes hasta la fecha se mostraban ante el pueblo como dechados de demócratas y humanistas; no dejaron ser más que combatientes simbólicos que nunca pelearon; y que tras la victoria de los alzados desplegaron igual furia implacable contra sus adversarios, sirviéndole a los castristas como música de fondo y pretexto para eliminarlos si ello les fuera útil, ante cualquier reacción de Washington.
Todos los prófugos de esa madrugada, se ufanaban en obtener para sí un puesto salvador en los aviones, militares y civiles, que rugían en las pistas y a las salidas de los hangares. No hubo santos, patronas o demonios a los cuales, estos ciudadanos en desgracia no recurrieran in articulo mortis. Dado que eran personas consideradas culpables a priori ante la opinión ciudadana, de haberles impuesto al pueblo un gobierno autoritario (“dictablanda”, en el decir de algunos cronistas desapasionados), que a los ciudadanos les pareció sofocante. Curiosamente, tutelados por un gobierno de facto, donde los opositores pacíficos hacían lo que les daban sus reales ganas democráticas, comparada con el totalitarismo absolutista cernido después sobre Cuba, bajo la férula impuesta por el Dr. Fidel Castro Rúz, su clan familiar de aprovechados y seguidores ávidos de hurtar y apoderarse (como hicieron) de las riquezas de los burgueses y arcas de la nación cubana entera, antes de poner la soberanía de la isla en manos de Moscú.
No tardó que este nuevo “líder providencial” –quien de inmediato regodeó su ego frustrante al disfrazarse como el “Cristo aparecido en Emaús”, sólo que esta vez el teatro fue montado en Cuba– se declarara: “Dictador vitalicio de la República de Cuba, gracias a la revolución humanista y verde como las palmas” y el ulular de su grey de idólatras ávidos. Esta práctica populista, resultó cartabón para el destape subversivo de las izquierdas mal encasilladas como “democráticas, progresistas o radicales (Arévalo, Betancourt, Haya de la Torre, Estensoro, Perón, Cárdenas y otros) comenzando por las entronizadas de manera encubierta en Indoamérica, inmediato que sobrevino la etapa de la pos II Guerra Mundial (IIGM).
Lo sorprendente del gobierno del presidente Batista, es que se mantuvo funcionado con el mismo guión de criticas y desórdenes públicos de los oposicionistas, protestas ciudadanas, actividades contestatarias legales e incluyendo su inevitable batallar contra el terrorismos de los castristas y comunistas; adjudicables a cualquiera de las facciones oponentes latinoamericanas, inmersas en el batallar democrático convencional. Esta forma de gobernar y sus vicisitudes, resultaban imposibles para los radicales subversivos.
Una etapa que perduró durante los siete años anteriores a la instauración de la dictadura castrista en lugar del ahora gobierno evadido. No se trataba de “la comezón del séptimo año”, siempre pendulando sobre los destinos de la Isla; porque una parte sustancial del pueblo fue inclinada por demagogos profesionales, a sentirse divorciada de su gobierno.
Sectores irresponsables de la oposición, donde se incluían partidos políticos, líderes y en especial, medios de comunicación importantes; montaron una presión descomunal personalizada e intolerable; sobre el gobierno de Batista y sus instituciones, hasta entonces invulneradas desde la época de los gobiernos auténticos. Luego, el temor fundamentado de los fugitivos, se basaba en que la componente activa (violenta) de los comandos subversivos; ejecutores experimentados de actos terroristas indiscriminados durante los dos años del conflicto de la guerra civil; pasarían de inmediato a fungir en calidad de cazadores de aquelarres imaginarios, al servicio de los revoltosos.
Estas unidades obraron casi igual a los Einsatzgruppen (Grupos de Acción de la SS) como unidades especiales de castigo, paramilitares, armadas por los hitlerianos inmediato que tomaron el poder el Alemania, a inicios de los años 30. Así se conjugaron elementos de los “Grupos de Acción y Sabotaje” clandestinos del Movimiento 26 de Julio (M26J), junto con los arribistas de la vieja guardia comunistas, del Partido Socialista Popular (PSP) y los destacamentos guerrilleros punitivos. Ciegamente, lo más sano del resto de las fuerzas oposicionistas se dejaban sopapear por los demagogos comunistas, quienes después condujeron a marcha forzada la república hasta el desastre actual.
La irrupción de estos nuevos aventureros y líderes desconocidos, no pasó desapercibida para ciertos bien informados políticos y analistas, como el periodista Salvador Díaz-Versón (Castro le destruyó todos los archivos con las fichas y dossiers de los comunistas latinoamericanos), Rafael Díaz-Balart y otros fervientes demócratas, quienes aunque apoyaban al gobierno de facto estaban convencidos de la decisiva ascendencia de la inteligencia del Comintern sobre los comandantes guerrilleros, excepto los del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) y otros combatientes de la zona de la Sierra del Escambray, en centro-sur de la isla.
Uno de los líderes derechistas afectos al gobierno, activo anti comunista y quizás el más osado, de empuje y arresto personal; era el periodista defensor de la política gubernamental; específicamente la anti subversiva; Dr. Rolando Masferrer Rojas, senador de la república y director de los periódicos “El Tiempo” (La Habana) y “Libertad” (Oriente).
Es de destacar la singularidad de que este líder había integrado a finales de los años 30, la denominada “Brigada Internacionalista Abrahan Lincoln” (otro sacrilegio histórico del Comintern) la cual invadió España bajo órdenes y apoyo logístico de la URSS, bajo el pretexto de defender al gobierno republicano de Manuel Azaña Díaz de la II República Española (1936-1939) ante la insurrección de las tropas falangistas comandadas por el Gral. Francisco Franco Bahamonde. Este caudillo (tal se autodenominaba), a su vez estaba apoyado por la coalición del “Eje de Acero”. Los rusos, pretendían bolcheviquizar España en un copycat burdo del disparate comunista en versión ibérica, tal como harían después en Cuba el Dr. Fidel Castro y sus seguidores.
Luego, Masferrer era un decepcionado y además disidente pro activo del izquierdismo infantil, romántico y naturalista; pululante entre los jóvenes idealistas de los años 30, por lo cual, este político ya maduro estaba perfectamente al tanto de la prosapia subversiva y anti democrática de los principales cabecillas anidados en la Sierra Maestra. Todos los cuales, dormitaban apacibles en brazos de la Internacional Comunista, a cuya rama latinoamericana, se le adjudicaba sede en Ciudad México DF.
Es precisamente allí, en México, el país donde los Castro y la retahíla de sus adeptos armaron; contando con el apoyo de ingenuos exiliados demócratas (en especial el depuesto presidente Dr. Carlos Prío Socarrás); la expedición armada –culminada en el desembarco fracasado del contingente subversivo del yate “Granma” en las ciénagas de “Las Coloradas”–, con la cual invadieron Cuba por la provincia de Oriente, en diciembre de 1956, mal armados y peor entrenados. Recién pisaron tierra, les sobrevino el desastre al caer en la emboscada de “Alegría del Pío”, donde fueron emboscados y diezmados por las fuerzas gubernamentales.
Ello se debía, a la política de puertas abiertas del gobierno mexicano hacia los exiliados republicanos españoles y otros perseguidos políticos latinoamericanos y europeos, agobiado por las intemperancias irresolutas de los nacionalistas cardenistas. Estos últimos, entre otros países del cono sur (Argentina, Chile, Brasil, etc.) no ocultaron sus coqueteos de entonces (pre IIGM) tanto con la URSS como con la Alemania, Italia y las potencias del Eje. Sin embargo, en realidad el gobierno mexicano mantuvo firme e invariable su faz democrática, que nunca abortó ni renuncio. Masferrer, entre los adversarios de los guerrilleros, era el hombre más temido por Castro.
Los líderes de las bandas armadas alzadas en las montañas de la Sierra Maestra en Oriente, aparentaban en público estar distanciados y desvinculados del PSP. Este partido político como abrevadero de los comunistas criollos, se alineó desde sus inicios (1925) con las prácticas feroces desarrolladas por los stalinistas en Rusia.
Uno de los fundadores del partido comunista cubano (1925), fue el destacado líder estudiantil universitario, Nicanor McPartland y Diez (aka, “Julio Antonio Mella”) jugó un roll sorprendente entre las fuerzas oposicionistas. Mella, fue asesinado en Ciudad México DF en 1929. Según versiones, por disentir de la línea moscovita, otra, por una simple cuestión de faldas, mientras que las mas pregrinas (en el decir de los comunistas) achacaron el crimen a un supuesto pistolero (Quico Magriñat) enviado por el Presidente Machado.
El PSP, se sometió a los dictados del Kremlin, aplicó sus métodos clásicos de purga y asesinatos, tal los implementados por el buró político de asuntos internacionales –Comintern– que operaba en el ámbito mundial y el cual se le supuso disuelto tras concluir la IIGM, bajo otro nombre como bluff armado al estilo ruso para engañar a Occidente.
Nadie hubiera dado ni un penny (kilo prieto) por la seguridad de ninguno de los integrantes de estas capas de la jet set dorada de la aristocracia social tradicional cubana ni de la castrense batistiana, ahora fuera del juego político y en pleno movimiento de abandono del poder en Cuba. Este horror a vistas, en unos casos fue articulado en segmentos por la oposición honesta, que aspiraba un retorno al sistema republicano, democrático y de libertad plena, fracturado inexplicablemente por Batista en marzo de 1952.
Mientras, la otra facción de oposicionistas violentos, patrocinada por los comunistas (castristas, anarquistas, libertarios, aventureros y mercenarios extranjeros, etc.) afilaba sus “cuchillos largos” tendentes a sumir la Isla de Cuba, para siempre, en las redes totalitarias típicas de las “Animal Farms” orwellianas. Idénticas a las sembradas por los rusos en sus satélites detrás de la Cortina de Hierro, a partir de 1948. Una visión sobre la cual alertó el líder nazi y Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, tan temprano como en enero de 1945.
Tanto los errores y respuestas violentas del gobierno de Batista, ante el acoso del terror oposicionista; como la excelente propaganda desarrollada a su vez por la candidez de los opositores demócratas y la muy profesionalmente activa de los comunistas, mantenían al gobierno a la defensiva. A ello se sumaban los siempre acechantes cultores de la izquierda liberal del periodismo norteamericano. Uno de cuyos íconos más dañinos –casi de la textura cósmica del Presidente Jimmy Carter– fue el conocido editorialista del New York Times, Herbert Lionel Matthews, furibundo defensor de todos los pillos y pillajes de la triquiñuela roja, sustentados a su vez en sus fechorías por las bandas bolcheviques.
La mayoría de los pasajeros de ese viaje al horror infinito, eran figuras poderosas y osadas a toda prueba; pero que tras el discurso de despedida del Presidente de la República, con la última campanada de medianoche, quedaron desarmadas moralmente y petrificadas, al abandonar su líder de manera tan abrupta la fiesta de Fín de Año 1958. Ahora el conjunto de fugitivos del gentío se redujo a simples personas posesionadas por el miedo. Se trataba de integrantes de un gobierno en fugas, sin puentes de plata, derrocado al grito de “sálvese quien pueda” dado por la más alta esfera gubernamental.
Ahora, esa masa de confundidos se encontraba envuelta en una espantada masiva espectacular nunca vista antes, en medio de la noche y tiritando de frío. Finalmente las caravanas de carros, algunas provenientes desde la Casa y Polígono Presidencial del propio campamento de Columbia, terminaron de arribar silenciosas al aeropuerto. La terminal, ya había sido militarizada desde la semana anterior, al saberse que los guerrilleros del oriente y centro de la isla; mancomunados bajo el mando de dos de los capitanes preferidos por el fatalismo histórico de Castro, Camilo Cienfuegos Gorriarán y Ernesto Guevara de la Serna (eliminados sucesivamente, a posteriori); ponían sitio a la ciudad de Santa Clara en el centro de la Isla, hasta la rendición de esta urbe a los guerrilleros, a finales de Diciembre de 1958.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Enero, 2011
lejardil@bellsouth.net
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(1) En realidad las figuras visibles pos machadistas, fueron los miembros de la Pentarquía, el Directorio Estudiantil, la facción ABC y otros. Batista, sin embargo, ya después de haber saltado de sargento a coronel, tras el putsch de 4 de septiembre, 1933; resultó el Hombre Fuerte tras bambalinas, entre septiembre de 1933 y junio de 1940, cuando fue precipitado por el voto popular, hacia la presidencia democrática (1940-1944).
(2) Para octubre, el gobierno republicano de Kerensky se deshizo ante el “genial” coup d’etat (desde el punto de vista del escritor e historiador italiano Curcio Malaparte) desarrollado por los destacamentos armados bajo el mando de Trotski. Estos pícaros de la izquierda rusa, no habían contribuido en nada al derrocamiento del Zar y sí, actores que escenificaron el papel de cuervos perfectos tras la batalla, sin arriesgarse, salvo para llenarse los morrales.

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“Noli me tangere, homo” –exclamó Martha (III/IV).


               Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba 
Ella
Allí, en lo alto de la escalerilla, coronada con su sombrero coupé de fieltro graciosamente ajustado a la cabeza; estaba la esposa del Presidente Fulgencio Batista y Zaldívar, la Primera Dama de la República. Fumaba un cigarrillo de tabaco rubio insertado en una boquilla larga de tronera dorada. Era una trigueña alta e imponente, con su semblante que casi delineaba rasgos de la Medusa virgen en acecho, no la de Caravaggio sino la doncella –ya madura– que describió Ovidio en su “Metamorfosis”. En su rostro un rictus de pasión irreductible, a pesar de la furia que la embargaba en aquellos momentos álgidos, sin que nada pudiera pensar y menos hacer para detener la fuga ominosa en que se encontraba inmersa con sus compañero de los años azarosos, y también los plácidos. 
Abajo, haciendo un semicírculo de protección ante la escalerilla, los guardias de seguridad, también fumando con avidez incesante, para suponer que con ello escapaban del frío de aquella última madrugada capitalina invernal. Ellos también abandonarían familias y allegados, el confort de vivir a la sombra del poder. Ella tiró el cigarrillo, porque al Presidente le detestaba el humo del tabaco.
Y a mí, ¿qué  coño me importa que no le guste el olor, a este Fulgencio de mi alma que es mucho Batista? –farfullo entredientes, jadeo colérica y se bajó la trama del velo. Por unos instantes, quedó como petrificada. 
Por su expresión entre solemne y enojada, parecía ser recipiente de las Tres Furias devoradoras e implacables, esas guardianas celosas del Universo. Su universo amado repleto de recuerdos y melancolías, que se le desvanecía por cada instante incontrolado y del cual no deseaba moverse. Jirones de aquel espacio ínfimo que le quedaba del terruño, reflejado en ese pedazo del tubo metálico que era el fuselaje de la aeronave, que a ella se le antojaba “su tierra”, ya a punto de ser descuartizada por los guerrilleros.
Quizás, se sentía plasmada como una estatua esculpida en sal y con arenas negras como las de Isla Pinos. Esa tristeza al sur de la capital y a la cual sólo se podía llegar por mar (ferries) o aeronaves, y que albergaba la cárcel para varones de máxima seguridad del gobierno cubano, construída por el presidente Gerardo Machado. De la penitenciaría, dispusieron las administraciones posteriores de la época republicana, para albergar a los criminales peligrosos y otros no tanto. Castro y sus seguidores, tras el putsch alevoso y fallido que ejecutaron en pleno carnavales, exacto en el Día de Santa Ana, el 26 de julio de 1953, contra el Cuartel “Guillermo Moncada” en Santiago de Cuba (donde los Castro lanzaron a sus secuaces de los cuales un centenar sucumbieron, pero que ambos nunca se atrevieron a entrar) y otros objetivos militares y gubernamentales cercanos. Porque allí fueron con el máximo de garantías y seguridades judiciales, atenido a los procedimientos de un juicio limpio e impecable. Pero esos eventos ya eran cosas de un pasado hecho irreversible para los Castro, envueltos en su eterno halo de venganzas por sus disparates reiterados para sembrar el luto y muertes en las familias cubanas.
Batista miró a sus esposa detenidamente, antes de que ascendiera por la escalerilla, extasiado como siempre y además afligido, sin una razón aparente. Ahí, casi al pie de la escalerilla conversaba y daba instrucciones al Gral. Eulogio Cantillo Porras, en ese instante figura central del gobierno cubano que el líder destronado había dejado en sus manos, quien los escuchaba por disciplina, pero convencido de nada podría ser ejecutado en medio de aquel desastre.  Cantillo intentaba contactar con otras figuras que lo apoyaran en contener la situación.
Y Batista reflexionaba a la par que conversaba con su colega, meditando que más adelante dispondría de todo el tiempo del planeta para contar en detalle la historia de sus momentos finales como Presidente de la República de Cuba. De la que quizás ella, la Martha de sus amores, ni se interesaría por su obcecación actual. Porque para él seria tal como rescribir como nueva, la vieja y famosa novela biográfica de “Un sargento llamado Batista” (1954), aquella patética reseña del último presidente republicano, hecha caramelo y en un santiamén por el norteamericano Edmund Chester.
Ella era una mujer alta de atuendo y cabello negro lustroso, de línea suave y de una sobriedad impresionante, pero de quien en medio de la frialdad no podía ocultar que se remordía de confusiones interiores. Es que antes, había subido por la escalerilla del avión con su altivez de soberana arrebolada, divina, hasta detenerse en el descanso inmediato a la cabina. Miraba hacia abajo, donde el Presidente ascendería hacia ella con lentitud, después de impartir saludos que nadie contestó y órdenes que ya nadie obedecería.
Y presintió que el ánimo irritado de ella respondía a la perreta y a las altanerías propias de una dama hasta ayer poderosa, y ahora defenestrada por el destino inherente a su posesión de esposa primada. Y ella, percibía un imaginario olor a sudor acre, al trasoñar a los guerrilleros destrozando su mundo exclusivo, encristalado, ahora a expensas de aquellas hordas de salvajes desparramados por llanos y ciudades.
Echada de mi casa por unos pelandrujos, que nos vandalizarán Palacio –musitó.
La Primera Dama había antecedido al Presidente con su orgullo inventado de que él, su marido, seria el artífice que diera los toques mágicos para detener la fuga. Había subido lentamente por la escalerilla, seguida por Nany con el pequeño en brazos y otros dos edecanes, quienes portaban sendas Uzi de 9 mm, y bandoleras colmadas de cargadores con el parque.
Ella se  encontraba en medio de unos tipos con pedegrú de arrestados y fieles, juramentados con el Presidente en protegerla hasta la muerte. Y se había deslizado escalones arriba, sin desear alcanzar la portezuela que la lanzaría al exilio, esa terrible lejanía espiritual y física. Y pensando que aquellos guerrilleros la desposeerían a ella y a su familia de todo lo acumulado durante años aciagos. Pero se quedó allí, tiesa.
–”Malditos, esos mau–mau” –murmuró.
Se levantó el cuello alto del abrigo negro forrado en minsk y se apartó nuevamente la trama del velo. El cambiarse en el saloncillo angosto del ropero de damas del Club de Oficiales, a la voz del Presidente ordenando la huida, el traje sastre azul prusia a rayas tenues que ahora portaba, le había sido un tormento. Echó una mirada a la ciudad lejana resplandeciente a su alrededor la cual, como siempre era La Habana que refulgía entre las primeras urbes de América. En muy poco tiempo, la desidia de los vencedores la convertirían, minuciosamente, en un inmenso basurero. Luego quedó inmóvil. Pareció que con ella, el tiempo se había detenido e igualado sobre un lecho de pesares, que todo aquello era un mal sueño irretornable. Pero todo sucedido antes de que él subiera al avión.
Ahora, desde el interior de la nave se destacó la figura robusta del Presidente, quien le hizo un suave llamado para que entrara. Pero ella no quería ni ver ni oír nada y aspiró profundo. Estaba convencida: sería la última vez en deleitarse con el aroma de la floresta natal, ahora impregnada de rocíos humectantes. Presintió el pavoroso rugido letal de la horda guerrillera proveniente de las montañas y selvas, y también que el paisaje amado sería despedazado y pulverizado, por la gula atroz de los vencedores.
Era lo usual a inherente a la falta de “clase” en los comunistas. Igual actuaron en Rusia y en sus Animal Farms sembradas tras la Cortina de Hierro, finalizada la IIGM, cuando los rusos se apoderaron de Europa Oriental. Pero ella estaba a punto de explotar para desahogarse, y ella le hizo con la barbilla un gesto suave al Presidente, para que éste se le acercara.
–¿Cuántos te dí, Batista? –le murmuró ella a quemarropa, casi con la mandíbula cerrada, inmediato que lo tuvo a su lado bajo la mirada escrutadora de los pasajeros. Cada palabra lucia inconexa con el mundo real de ese momento, pero todas llenas de reproches suplicantes.
Todavía la Leica de 120 le colgaba de su mano izquierda, enguantada con fina cabritilla negra. La tarde anterior, había accionado el aparato con una furia indiscriminada, sin importarle si las tomas saliesen bien o mal. Y Julia, la dama de compañía, su entrañable amiga del bachillerato, debió recargarle varias veces la máquina. Quería llevarse rastros de aquella tragedia cotidiana. Deseaba quitarse un zapato y taconearle los sesos al primer cabrón comunista que tuviera a mano, pero se contuvo. Pero eso sucedió después, porque allá abajo el Presidente continuaba charlas con MarianoFaget y otros de sus defensores fieles.
Yo no puedo caer en esas cosas –trinó para sí.
A ella le impulsaba la ansiedad de escuchar las detonaciones y ver los fogonazos de las parabellum tremoladas por los amigos y seguidores de su esposo. Como cuando el asalto el 13 de marzo al Palacio Presidencial por parte de estudiantes y otros opositores. Los disparos que esperó de aquellos guapetones y que nunca se sucedieron, menos ahora, suavizados por el buen vivir pero ansiosos porque no se acababa de producir la dichosa hora del arranque.
Creo que Masferrer era el único con suficientes coj… para detener en seco a esos pelu’os de mierda –le puntualizó al Presidente la tarde anterior, inusualmente zafia, en ocasión de tomar el café vespertino–. Y ni tú, ni el Francisco Tabernilla ese, con su título de Jefe del Estado Mayor Conjunto. Ni su hijito, tu “mano derecha” como dices; ése “Silito” que bien se las baila, fueron quienes le impidieron a él y a Rafael Díaz-Balart subir a la Sierra Maestra con sus “tigres”, para cazar al tipejo. Rolando se lo hubiera bailado en “menos de lo que pestañea un mosquito”. Tú y sólo tú, y no estoy cantando la ranchera, eres responsable de las vacilaciones de Zaydin y tus generales –le sentenció en tono lóbrego.
Tranquila, mujer, ya todo eso pasó. Y modérate, por favor –apuntó el Presidente.
Los líderes batistianos habían soltado interminables tremoles sobre su decisión a sucumbir antes que fugarse. Pero en ese momento, mostraron no desear un fin numantino y sí, un apacible retiro playero tal como hicieron quienes les antecedieron. Salvo el ex presidente auténtico, anterior al derrocado Carlos Prío Socarrás; el sorprendente Ramón Grau San Martín,  “El Divino Galimatías” como le chiqueaban sus seguidores; a quien nunca nadie, ni siquiera los comunistas, lograron sacarlo de su residencia –la que él llamaba su “Choza”– en la 5ta. Avenida del exclusivo barrio de Miramar.
A todos los fugitivos les apremiaba estar lo más lejos posible de aquella isla en llamas, a la que Enrico Caruso –el mismo que escapó del terremoto de San Francisco de 1906– y que estando en Cuba denominó “…questo paese di merda“, el día que estrenando “Aida” en el Teatro Nacional, cuando explotó la bomba. Fue mientras corrían los tiempos del presidente Mario García Menocal y los oposicionistas al gobierno de “El Mayoral“, tuvieron la gentileza de detonarle el artefacto explosivo, sólo ruidoso, en las cercanías del teatro.
Batista se le acercó a Martha, la miró condescendiente y trató de comprenderla, haciendo un gesto de quien esta confundido sobre qué hacer en momentos tan cruciales. Es que los nervios de todos, sin excepción, estaban tensados al máximo.
Te pregunto, que ¿cuántos, cuánt…ooos hijos te dí, Fulgencio? –insistió ella enfatizando la última palabra, ante el asombro de los pasajeros más cercanos a la portezuela de la nave. Atónitos.
Nany, que cargaba al pequeño, abrió los ojos desmesuradamente. “Oh, mi pobre señora”, se lamentó en silencio y comenzó a temblar.
Ella se calza espuelas del quince –murmuró una pasajera a su esposo, uno de los ex ministros sobrecogido de miedo, encajado entre orines que le navegaban por el fondo de su asiento.
El Presidente miró a su esposa, anonadado, sorprendido de aquel arranque, alejado de la realidad. Pero el más asombrado fue un sobrecargo, el cual se juró interiormente nunca recordarse de esas frases. Se sabía al dedillo la regla principal de los clanes: “todo lo dicho o hecho por la familia real, es secreto”.
A pesar del disparo a quemarropa, Batista movió la cabeza con aire benevolente, apenado con los testigos presentes. Pero había comprendido el excitante significado de la pregunta.
Ella es maravillosa. Así de magnífica e inesperada, siempre“, se reconfortó en sus reflexiones y sonrió, mirando a su entorno, pero aquello le terminó en una mueca. Todas las miradas apuntaban al techo. Nadie quería haber visto ni oído.
Tampoco era esa la pregunta que ella deseaba hacerle, ni de la cual esperaría una respuesta pública de su marido. Sin embargo, sí sabía lo que pensaba la faz del otro, no su Presidente, sino la del compañero de vicisitudes. Después volvió la vista hacia la ciudad que se le desvanecía en escape y exhaló un suspiro. El Presidente, se acercó amable a la portezuela y la asió suavemente por el codo.
Vamos, mujer, tenemos responsabilidades con toda esta gente, fueron nuestros colaboradores hasta el día de hoy.
–¡Noli me tangere, homo! –exclamó Martha, pero con la frase envuelta en un bisbiseó con los dientes unidos, bíblica, para que salvo él y ningún otro, entendiera.
Después miró fijo la mano que la asía y se soltó haciendo un gesto discreto. Estaba furiosa como una guajira ariqueña con la “punz’á de Pascuas”. Era la segunda vez que él le escuchó la frase.
–¿Por qué no quieres que te toque, mujer? –murmuró Batista, inquieto, ahora un tanto confuso y poniendo un acento fuerte en la última palabra. Y la miró profundo.
Porque perdiste, hombre, ¡perdisteee! Y mi marido Batista, entiendes Fulgencio, mi “ma–ri–do” nunca debió perder –ripostó ella, deletreando cada sílaba, escrutándolo. Quizás en espera de que éste le propinara un buen jaquimazo, aunque fuera simbólico. Pero él nunca lo habría hecho, y menos ahora, que estaban “en baja”.
No, señora. No es así como usted dice. Simplemente, perdimos el juego –enfatizó el Presidente, pausado, en tono irónico.
También, incontenible, hizo un rictus de amargura filipina, como cuando era solamente un mandadero en el cuartel de la Guardia Rural del pueblecito de Banes. Eran códices secretos entre marido y mujer. Ella suavizó la expresión sombría por el alelamiento, tal como siempre le sucedía cuando lo enfrentaba. Y convino sorpresas con él en una pícara mirada de amada seductora y tibia, además de insinuante, alejada de luctuosidades y compromisos con el resto de quienes le rodeaban. Ella, se sentía como si estuviera caminando en babuchas por el centro de un pasillo cálido, interminable.
Es que le fue difícil y tortuoso, aunque inolvidable, el trecho recorrido con el “Mulato Lindo“, como le apodaban las damas encopetadas de la high life. Pero tal sucedió cuando era el “Hombre Fuerte” de Cuba, allá por 1933, cuando ambos no se conocían aun. Porque él fue exitoso en estabilizar la república –tras el vendaval anti machadista de 1933–, reactivó la democracia, logró que se aprobara la nueva Constitución de 1940 y que, finalmente, cerrara con un broche aceptable para la ciudadanía, ser elegido como Presidente de la República de Cuba (1940-1944), durante los siguientes cuatro años sin reelección, porque la nueva Constitución lo prohibía por el voto popular y no por los sables y bayonetas.
Quizás fue una larga aventura, como las de Sagan –comentó Batista, como adivinando el tono que la consolaría.
Era verdad. Los últimos fueron 7 largos años entre sustos y pocas diversiones, mientras se bamboleaban en la cima del poder, no absoluto ni totalitario como el de su predecesor Castro, y del peligro siempre presente ante sus enemigos. Adulados y consentidos por una sociedad que casi los evadía, y que siempre los dejó, al menos virtualmente, en la puerta de entrada de los salones. Y que también les codeaba de manera formal por ser considerados “gente sin mucha clase”, a pesar que fueran los guardianes feroces, los Cerbero singulares de sus riquezas, como los Inferi Dii de Hades.
Sí, muy bello y excitante el trayecto –rezongó ella, tiritando, sarcástica–, pero ¡coño!, me lo hiciste caminar con esos tacones altos del poder, tipo lápiz Mikado número dos; y con el jodido corazón en la punta de la lengua. Y todo, por nuestra seguridad y la de los niños. ¿Valió la pena?, dime, Fulgencio.
–¿Decías, querida? –indagó él pacíficamente, a pesar del tono gutural, como haciéndose el sueco.
No me hagas caso, Fulgencio. Son naderías de mujeres –argulló ella, conciliadora, tratando de bajar el tono álgido hacia lo conciliador.
Tranquila, mujer, que no son muchas las veces que hago de movie star. Sólo que en esta, con los mau-mau, no me fue taquillera como la del treinta y tres –confesó el Presidente, frívolo, susurrándole quedo al oído pero con un marcado tono displicente.
Ella, finalmente determinó sentarse y él se deleitó nuevamente al sentir el aroma esparcido por Martha al dejar su lado. Ella se alejó, rozándole adrede el brazo con sus pechos de una firmeza sorprendente; seductora; supuestos tan tensos como los virtuales de “Kiki“, la modelo del “Le Violon d’Ingres“. Rauda, caminó rumbo a su asiento, envuelta en la mirada de sus adoradores.
¿Le Panthère de Cartier? –le había preguntado él, enfebrecido, cuando ella le requirió hacia la portezuela de la aeronave.
Non, cherry, Chanel numéro cinq –le aclaró ella, en la cúspide su coquetería, como si estuvieran solos en su recámara de Palacio.
Definitivamente estoy en baja. No pongo una, ni en la charada de Castillo“, discurrió Batista, con su mejor tonalidad interior, con aire casi festivo.
Nadie movió ni un sólo músculo o pelo, cuando advirtieron el “pase” de la pareja presidencial. Todos, habían sido testigos excepcionales de una intimidad inconcebible, entre quienes siempre se habían mantenido intocables, a la altura de las pompas y circunstancias.
No fue así tan sencillo –dijo Martha, estampando en su rostro un gesto de intención acentuada de quien vuela con intenciones de remontar la artillería gruesa.
Deja que salgamos de todo esto. Iremos a Daytona, Venezuela, quizás lleguemos a la Quisqueya de Trujillo o a España –le advirtió Batista, abriéndole los ojos, insinuante. Ella ni suspiró. Recordó los años felices–. Pero dejemos por ahora estas frivolidades –apuntó él, como un cerrojo presto a trancarse por siempre, pero suave como un aguamanil repleto de rosas.
De las viajeras, la Primera Dama era la única que no mostraba los ojos llorosos. Le aguijoneaba la impotencia, no el miedo. Pareció tal si desde que decidió unirse a Batista, estaba preparada para momentos tan amargos y los muchos otros de sensualidades impronunciables.
Cuando finalmente se acomodó, experimentó una serenidad inexplicable. Como si el frágil metal del fuselaje, se hubiera tornado coraza inexpugnable que la salvaría de todo peligro, a ella y al pequeño, desmadejado con indiferencia en brazos de Nany. Ya no le importaba que la oyeran o la miraran.
Por unos instantes experimentó la sensación apacible de sentir que la tensión acumulada en las últimas semanas había desaparecido. Ella, representó siempre un soporte espiritual para el régimen, frente a los enemigos del gobierno y, como ella misma acentuaba: “…de mi mismísimo marido“.
Fue entonces cuando Martha Fernández Miranda de Batista compuso su expresión. Y sonrió sorpresivamente, con tanta dulzura como la de una gata melosa, tal como correspondía a la Primera Dama de la República de Cuba.
La saga continua.
©Lionel Lejardi. Enero, 2011
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