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**.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución? II/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
**.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución?
II/II

Aquí lo que cuenta, es una inscripción de nacimiento“, dijo tembloroso, el funcionario al Coronel 
Los dos carros negros oficiales se detuvieron en la casona que albergaba la Junta Electoral Nacional. Del primero, descendieron el Col. Fulgencio Batista, su secretario y uno de sus abogados; del segundo carro, el resto de los escoltas, todos con Tommy Guns (Chicago Piano, entre otros apodos, por representar un arma de destrucción absoluta). En este caso, todo el armamento y seguridades estaban de mas. Porque se trataba de un aspecto importante para el coronel, sin ninguna vinculación con la violencia que sus enemigos le atribuían. Este solicitante, sólo pretendía inscribirse como cualquier ciudadano común, en la lista de los candidatos para las presidenciales en las elecciones convocadas finalmente, con la evocación de Jesús, del decisivo 1940. El Col. Batista, siguiendo las recomendaciones de su ministro de Relaciones Exteriores, optó por someterse al escrutinio de las urnas y dejar para un posible segundo round, la siempre disuasiva musculatura de sus bodygards y sus “brigadas de inmortales”.

Señor funcionario —adelantó Batista—, yo soy el jefe del Estado Mayor del Ejercito de Cuba y las demás fuerzas militares, y vengo en cumplimiento de las leyes electorales a solicitar mi inscripción como candidato presidencial, para las elecciones próximas de mil novecientos cuarenta.

Dijo, escueto, y quedó en espera de la reacción del funcionario. Sucedieron unos segundos interminables. El funcionario pareció tomar aire y advirtió a Batista.

Usted me dispensara coronel, pero para registrarse en la lista de candidatos presidenciales para las elecciones de mil novecientos cuarenta, o sea el año que viene; yo debo inscribirlo formalmente con el nombre que usted me dice. Pero, por la Ley Electoral recientemente aprobada por el Congreso de la República, usted debe presentarme una partida de nacimiento donde coincidan el nombre que usted me dice con su nombre completo de “Fulgencio Batista y Zaldívar”. Sucede que este último, no con el de “Ruben Zaldívar”, como dice esta otra. Le ruego, coronel, que usted entienda mi situación. Porque encima de mí, tengo todos los magistrados del Tribunal de Elecciones y si yo infrinjo la ley, ellos me van a dejar “entero como el picadillo”. Créame que lo lamento mucho. Pero aquí lo que cuenta es una inscripción de nacimiento, válida.

El hombre concluyó su extenso parlamento, con voz temblorosa y entrecortada, que se le apagaba por momentos. Como si sus pulmones les estuvieran desinflando como un globo. Frente a él, estaba parado el hombre más poderoso y temido de Cuba.
Cuando Batista miró fijamente al funcionario de clase cuarta que tenía sentado enfrente, fue el momento exacto en que el hombre pareció derretirse y comenzó a temblar. El funcionario miró con espanto al oficial que tenia enfrente. Si, era el mismo Batista del cual había escuchado los mejores y peores epítetos.

Lo que yo creo es que, lo del picadillo suyo; mi amigo; le quedara y… —trató de intervenir Dulcineo en un tono agresivo.

Este guardia corpulento era uno de los “músculos” que cuidaban los cuatro costados de Batista. Dispuestos expresamente por José Eleuterio Pedraza, Jefe de la Policía Nacional. Pero Batista lo detuvo con un gesto de su fusta.
Luego quedó inmóvil y con la fusta comenzó a golpearse levemente el costado de la bota derecha, tal si ganara en paciencia. Su cara pareció adquirir una tonalidad al parecer rojiza, algo impensable en quien se estimaba por sus rasgos y color de la tez, con alguna descendencia filipina o malaya.
Lo que pareció furia, no era tal, pues el candidato presidencial lo que estaba era abochornado del papelazo que le hizo pasar la educación y firmeza que adornaban a aquel funcionario de su propio gobierno. Entonces se levanto le dio la mano y las gracias al hombre, y se fue por donde vino, seguido de Dulcineo y sus otros escoltas. Sin quererlo, Batista había aprendido la misma lección de entereza que esperaba de sus subordinados.
Una historia ha, del Coronel y el Enviado Especial
El original Fulgencio Batista, ahora General en Jefe de todas las Fuerzas Armadas de Cuba —selfman por excelencia— era hasta septiembre 4 de 1933 un excelente sargento-taquígrafo, autodidacta, inteligente y perspicaz; con grandes sueños y proyectos sobre los cuales el estaba convencido, por una simple cuestión de clase social, de que nunca alcanzaría. Eso sí, ejercía su función de taqui-meca, de manera impecable, durante los juicios en los tribunales militares del Estado Mayor del Ejército Constitucional de Cuba.
Sabemos que en abril de 1933, Washington envió a Benjamin Sumner Welles en calidad de procónsul, a los fines de mediar entre el gobierno machadista y los diferentes grupos oposición política. Ciertos grupos de militares y líderes civiles, fueron contactados por Welles para sondear lo referente a la remoción definitiva del Presidente Gerardo Machado.
Derrocado Machado y conformada la “Pentarquía”, Welles fue advertido de que podría encontrar un aliado potencial, en el líder de un grupo de sargentos y soldados que conspiraron en la Unión Militar de Columbia a los fines de un “cuartelazo” contra el gobierno de Gerardo Machado.
Luego Fulgencio Batista se convirtió de inmediato en un factor de interés para el State Department, atentos a los intereses de los inversionistas. Inmediato que el gobierno de Machado fue derrocado, y el sargento Batista emergió como Jefe de todas las Fuerzas Armadas; por designación de la Junta de Gobierno que tomó el poder; Welles aceptó concederle una entrevista al nuevo líder castrence. El punto a considerar: el posible reconocimiento  de los Estados Unidos del gobierno revolucionario de facto

Entiendo que usted es la única persona en Cuba que hoy, representa la autoridad —acentuo Welles, diáfano, para que su interlocutor comprendiera la calibración que había realizado en gobierno norteamericano sobre el mismo: El Col. Fulgencio Batista

Pero esa autoridad seria fuertemente reforzada, en beneficio mutuo, si nuestro gobierno fuera reconocido por los Estados Unidos  —declaró Batista y compuso una expresión como de quien espera una respuesta—.  ¿Qué desearía su gobierno del nuestro, para lograr el reconocimiento?

Yo no estipulé condiciones específicas, porque el asunto de su gobierno es un asunto de Cuba y es para que usted decida lo que va a hacer al respecto. Nosotros, siempre estamos expectantes —replicó Welles.

Para el entendimiento de Batista, esta fue una invitación tácita para que fuera “el”, y no otro, quien gobernara en Cuba.
El trillo se convierte en autopista
Largo y tedioso resultó su camino desde el batey natal de Banes, hasta situarse de una manera sorprendente, entre los líderes (en realidad, el principal y de mayor peso) que en la década de 1934 al 1944 decidían sobre los destinos de aquella Cuba emergida tras el vendaval machadista y la posterior incipiente etapa proto revolucionaria.
La etapa de incomodidades de estar sentado sobre bayonetas, había pasado a la historia y se encontraba inmerso en otras preocupaciones, para cosmetizar su imagen pública, más ahora en 1940 que tenía el visto bueno de Washington.
En la madrugada del 4 de septiembre de 1933, seis años atrás, la balanza del poder compartido entre civiles y militares de bajo rango, se inclinó definitivamente hacia los últimos. Porque eran los poseedores de la disciplina de combate y lo vital, las armas.
Aquella masa enardecida, se mostraba dispuesta a sacudirse a los “oficiales opresores”, que por cierto nunca existieron así ni se comportaron como les endilgaban las opiniones de los vencedores. Su quehacer exclusivista, como clase castrense, no difería en nada de cualquier otra élite militar de academia, las de antes y las de ahora.
Eran y son los motes propios que revoloteaban en las épocas en que los países andan en revoluciones o agitaciones levantiscas.
Los anarquistas, se hacían eco y aunaban los fantasmas fabricados por sectores del ala izquierda oposicionista; a la cual se adherían los azuzadores comunistas; intentando confundirle al pueblo llano, siempre alelado, afirmando que los integrantes de la oficialidad de academias son umbilicales con la alta burguesía.
En la realidad, esta oficialidad estaba nutrida por las pequeñas y medianas capas burguesas. La oficialidad era la figura contra la cual las clases y sargentos pudieron despotricar ilesos, no contra las grandes compañías y los ricos. Todo ese cantar, se inició desde el mismo instante en que se produjo la caída estrepitosa del gobierno machadista, el 12 de agosto de 1933, anterior.
Los conspiradores, sin un plan detallado, se encontraron de pronto con que entre sus manos se revolvía un coup d’etat, en realidad un “complot de los sargentos”(1) Ya desde esa madrugada septembrina, Batista comenzó a moverse con cautela, aunque conociendo a fondo los puntos claves hacia donde dirigir sus capitanes (jefes de grupo) y los hombres de sus destacamentos respectivos.
Alguien señaló por ahí que fueron los sargentos principales quienes metieron a Batista en el complot. Razón: “porque éste era el único que poseía un automóvil (un lujo en aquella época), para moverse con rapidez“. Claro, era una patraña.
Tal vez parecieran decisiones tomada sobre la marcha, pero todo se precipitó, exactamente, en el momento en que divisó la rendija apropiada en aquel maremágnum revolucionario, y como todo en arrebato propio de lo tropical. Su intervención, un verdadero desconocido entre las filas civiles y militares, excepto en las de los soldados, fue la fuerza inesperada pero catalizadora de los ánimos y exhaltaciones en ese amanecer.
El diversionismo provocado por la intromisión de los comunistas con su retórica inflamatoria y la consecuente e inmediata expulsión de sus enviados del local del Club de Alistados; fue apagado por parte de aquella masa integrada por los militares, Directorio Estudiantil Universitario (DEU), anarquistas, abecedarios (ABC) y otras facciones.
Estaba incluida su respetada tropa de choque, la cual la constituían los abecedarios, anarquistas, libertarios y otros.
Casi todos integrados en comandos dedicados a actividades terroristas (iguales a los que en su tiempo y durante su revuelta, el Dr. Fidel Castro Rúz desplegó en las ciudades y a los cuales denominó “Grupos de Acción y Sabotaje”). Se trataba de simples suicidas patrióticos, pero sin el “viento divino” que adorno a los kamikases, y que salvo a Japón en 1281, hoy revolucionarios arrepentidos y desertantes en masa de las hueste castristas.
Al precipitarse la conformación de la Pentarquía, Pedraza y López Migolla se fundieron en una misma sonrisa de triunfo, en cuanto observaron la soltura tozuda del discurso de Batista; en atreverse a cursar las primeras órdenes en voz alta a los líderes militares a quienes tomarían las unidades gubernamentales, policía, ejército, emisoras de radio y centros claves, sin que ningún otro líder se le ocurriera chistar.
Él, era el Hombre de ese momento álgido y para demostrarlo, gesticulaba con fuerza y repetía una y otra vez “sus órdenes”, a viva voz a los mensajeros o por los teléfonos de campaña, instalados de inmediato a espaldas de los concurrentes. El trillo iniciado en Banes, terminaba por convertirse en una autopista.

Claro, que esto no es el asalto al Palacio de Invierno —ironizó Sergio Carbó, dirigiéndose a Carlos Prío, sentado a su lado y cabeza  del aguerrido Directorio Estudiantil Universitario DEU —. Pero tengo la impresión de que sucederá lo mismo.
Mira Sergio —apuntó Carlos Prío— este tipo, esta jugando con nosotros y no hay porque dejar de tenerlo a mano.

De una junta volátil a una Pentarquia
Benítez Pancorbo dio el parte de su gestión por teléfono, posesionado ya del mando en el Cuartel Maestre de San Ambrosio; calculaba los pertrechos que necesitarían 1,500 tropas, durante las 72 horas previstas para controlar la capital.
Tras largas deliberaciones, en la mañana del 4 de septiembre de 1933, Cuba tuvo un nuevo y denominado Gobierno Colegiado. Se le denominó “colegiado”, por sus características especiales de ser una “junta de notables”. Ello preocupo a Washington, de donde partiría la orden de enviar naves de guerra con vistas a una posible intervención militar.
Ello significó un escándalo vorticial que el Presidente Céspedes, sorprendido, sólo atinó a ver desatarse en su vaso de agua junto con el colagogo y que lo arrastró al abismo de la indiferencia, junto con todos los hilos de su efímero gobierno.
Una proclama de los estudiantes, intelectuales y soldados fue enviada a la prensa y radio, explicando los motivos y objetivos de la revolución contra Céspedes y su gobierno. La firmaban entre otros civiles, aquellos que después serían presidentes de la República de Cuba con los nombres de: Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia de los Reyes Gavilán y Carlos Prío Socarrás.
De los 19 firmantes, como señalamos,  la rúbrica del único militar de entre ellos fue la que apareció al final y quien también oficiaría más tarde como presidente electo de la república de Cuba, por el voto popular. Tal si con dicha firma, el Asunto Cubano podía darse como concluido.
Era la firma de un anodino sargento-taquígrafo, ningún otro que el ya mencionado Fulgencio Batista y Zaldívar. A su vez, era el nom de guerre que utilizaría durante los subsiguientes 6 años, debido a que nació “Ruben Zaldivar” (por la madre), entonces designado con el infamante para algunos despechados, SOA, o sea,  “sin otro apellido”. Del mismo modo le sucedió a Fidel Castro
El rollo se destapó, porque no existía una inscripción de nacimiento con el nombre de “Fulgencio Batista y Zaldivar” que mostrar a las autoridades electorales, cuando aspiró a Presidente de la República para las elecciones de 1940.
Este líder era una rara avis para los duchos ilustrados en política nacional e internacional y el carácter culminante del drama, porque Batista firmó premonitorio, en calidad de “Sargento Jefe de todas las Fuerzas Armadas de la República (de Cuba)”. La intención manifiesta de Batista no era esperar las calendas griegas, manso, varado en ese punto e instante crucial.
La anterior “Unión Militar de Columbia” (UMC), se había transformado en la “Junta Revolucionaria” (o “de los Ocho”), integrada por Pablo Rodríguez, Fulgencio Batista, José Eleuterio Pedraza, Manuel López Migolla, Juan Estevaz Maimir, Ángel Echevarría, Mario Hernández y Ramón Cruz Vidal. Ya precticamente en desbandada, cuando corrieron a ocupar los puestos ordenados por Batista.
Ellos constituían un selecto grupo de entrañados con la política cómica, cuyos miembros se habían repartido la “piñata” de mandos, responsabilidades y los inseparables peligros inherentes a los osados. Todos, aspirantes a ser los dueños del mando supremo.
Tras bambalinas, los militares serían quienes detentarían el poder real en Cuba, durante los dos lustros siguientes. Horacio Ferrer, Francisco Tabernilla Dolz y Manuel Benítez, todos oficiales de academia del Ejército Nacional anterior (machadista), renunciaron a sus grados y se integraron al golpe cívico-militar, como simples soldados.
Con inconmensurables esperanzas ciudadanas, se inauguró el nuevo gobierno al que se le denominó finalmente, “Pentarquía”. Ello fue consenso, después de aceptado con antelación un programa coherente, como el del DEU entramado con el del ABC.
El Dr. Ramón Grau San Martín resultó el Presidente, Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, Sanidad y Beneficiencia; José Miguel Irizarri cobró la atención de Obras Públicas, Agricultura, Comercio y Trabajo. Les acompañaban en la aventura, Porfirio Franca en Hacienda; Guillermo Francisco Leopoldo Portela Möller en Estado y Justicia.
Sobre Sergio Carbó Morera recayeron las secretarías de mayor peso, más en aquellos momentos, las carteras estratégicas de Gobernación, Comunicaciones, Guerra y Marina.
Carbó, junto con su inmenso prestigio controlaba las estratégicas fuerzas militares, judiciales y de policía.
Un trío preocupante para los EE.UU
Este hombre poderoso, en unión de Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras Holmes, eran estimados como el triunvirato civil perfecto para domar a Batista y al resto de los líderes militares nacientes. Pero la cosa no funciono así. Guiteras, en unión de un  grupo de sus seguidores, fundó una organización revolucionaria que denominó, “La Joven Cuba”.
Esa tarde, cuando Céspedes llamó a la cocina de Palacio, nadie contestó. Ya los Pentarcas y sus escoltas habían tomado posesión del Palacio Presidencial, mientras Batista anunciaba eufórico a Sommer Welles las indeseadas nuevas de un país en plena revolución.
Grau, fue el encargado de notificar la infausta noticia al depuesto presidente Céspedes, quien entregó al mayordomo las llaves de la casa presidencial y abandonó Palacio sin sus ayudantes.
Welles olfateó, después de ser informado por sus escuchas, que los nuevos gobernantes acusaban “tendencias comunistas”, en especial Carbó, Grau y Guiteras. Washington acarició la idea de enviar una escuadra a Cuba, acudiendo a la Enmienda Platt, la cual cernía aún su poder de alternativa sobre la Isla de Cuba y sus cayos adyacentes.
La Pentarquía ofició hasta el 10 de septiembre de 1933, con la proclamación del Dr. Ramón Grau San Martín, como Presidente Provisional y único de Cuba. Éste, no juró el cargo y la Constitución de 1901 ante el Tribunal Supremo, tal era lo acostumbrado entonces; sino ante el pueblo al cual convocó a reunirse frente a la terraza norte de Palacio, el día de la proclamación.
En enero 14, 1934, concluyo la etapa presidencial de Ramón Grau San Martín; cuando este fue forzado a renunciar, por Batista y sus seguidores; para dar paso al predilecto por Batista y Welles, Col. Carlos Mendieta Montefur, medico y coronel del Ejército Libertador. Cinco días después, Washington reconoció al nuevo gobierno cubano.
Durante el transcurso de la década próxima, iniciada con el nombramiento de Carlos Mendieta Montefur (1934-1936),  quien desempeñó un actividadó discreta pero efectiva y Batista, desde las sombras, puso en la presidencia de la república, ademas, Jose Agripino Barnet y Vinagres (1935-1936) , Miguel Mariano Gómez Árias (1936-  destituido por el Congreso en diciembre 20, 1936), Federico Laredo Brú (1936-1940).
En 1940 Fulgencio Batista y Zaldívar, tras aprobarse la Constitución de 1940; resultó elegido presidente por el voto popular en hombros de una coalición de partidos; incluyendo el Partido Comunista, para el período (1940-1944), cuando entregó mansamente la presidencia al Dr. Ramón Grau San Martín (1944-1948) a quien siguió el Dr. Carlos Prío Socarrás (derrocado por un golpe militar de Batista), dando inicios a la era de los “auténticos”.      
Un sargento llamado Batista“,  advirtió Welles
En el Hotel Nacional, Welles redactó un cablegrama trascendental. Contestaba el similar recibido desde Washington, en el cual le solicitaban indicar, “quién realmente mandaba en Cuba”. Welles trajo a su mente (así le describieron)la imagen de un tipo no alto, de habla gutural, tendente a lo rechoncho, cara redonda, piel color cartucho, de boca ranina y otras etcétera, no precisamente cinematográficas.
Se trataba de un líder con los pantalones bien puestos y que, no por casualidad, era el Big Boss; y quien en el patio cubano impartía las órdenes al Ejército, políticos, funcionarios y mantenía el orden en Cuba. Signos inequívocos, de que los interesas extranjeros invertidos en Cuba, estaban garantizados. Algo, que desde el punto de vista político y económico, no era nada despreciable para la cancillería norteamericana.

—”Un sargento llamado Batista” —señaló Welles, en su lacónica respuesta a los halcones del Potomac. Esta frase histórica, en los tiempos siguientes, se tornó simbólica para los unos y escalofriante para los demás.

El mencionado, ajeno al intercambio epistolar —lo cual tampoco le importaría, de saberlo—; ya de manera precavida, se enfrentaba a la Trigonometría del alza y deriva de los cañones de montaña, entonces, arriados por mulos. El líder intuía latente, algún tipo de enfrentamiento inevitable e inmediato con los oficiales de academia, quienes se alzarian contra el gobierno a inicios del octubre siguiente. 
Un hecho, de los tantos transcendentales que rodearon la vida de Fulgencio Batista, aconteció la tarde de septiembre 8, 1933; cuando el ministro de Gobernación Carbó recibió a Batista, quien andaba quejoso de que los oficiales afectos al nuevo gobierno revolucionario surgido el 4 de septiembre anterior, no le prestaban caso ni le obedecían por ser un simple sargento taquígrafo.

Es penoso, senor ministro, pero el gobierno revolucionario debe hacer algo, antes de que sucedan males mayores. Los oficiale hablan de un alzamiento y de otras cosas por el estilo —le anunció Batista a Carbó, expectante.

Entonces, te nombramos General y sanseacabó —apuntó Carbó,  jocoso, sabiendo que tal rango no existía en el Ejército de entonces.
Por favor, señor Ministro, es demasiado, —respondió Batista, con el aire modocito de “non queiro, non queiro, pero échamelo en el sombreiro“.

Carbó miró de hito en hito la guerrera impecable, las botas de oficial de piel de cochino con espuelas, el sable, la pistolera y la enorme gorra de plato. Todos relucientes. Después le anunció:

No estas mal para fungir de oficial. Pues, entonces, te haremos Coronel —sentenció el Ministro y agregó irónico—: Tú sabes, pondremos “por méritos de guerra y las otras etcéteras acostumbradas” y sanseacabó.
—Pues así sea, Ministro, y le agradezco —asintió Batista, cuadrándose militarmente y quien no brincó de gozo, en aras del protocolo.

Tal resultaría el inicio de los siguientes fabulosos cien días del gobierno de Grau y Guiteras, y de la carrera de este líder de botas y guerreras, las cuales entonces le quedaban grandes en responsabilidad y sapiencia, pero que era portador de una audacia excepcional. De esa unión política, Cuba pudo ver los decreto y leyes, estimados los mas beneficiosos que se emitieron para gozo del pueblo.
De inmediato Guiteras pasó a la filas de los enemigos de Batista, hasta que  cayó el 8 de mayo de 1935, en unión del venezolano Carlos Aponte, peleando contra fuerzas de la policía y el ejército de Batista, en El Morrillo, Matanzas; cuando intentaba escapar por mar hacia el exilio.

Pa’sue’copeta —farfulló de corrido Batista, ya en la calle.

Y pensando en términos de política internacional, advirtió que en cierto momento, estaría impelido a escoger el ala bajo la cual se cobijaría en los años próximos. Alas de otros líderes mundiales antagónicos entre sí: demócratas, comunistas o fascistas.

—¿Sabe usted Coronel —le sopló el ayudante desde el timón del carro blindado, ya enterado del ascenso—, cómo le dicen en voz baja, algunas damas de la high?”
Pues, no. ¿Cómo?.
Mulato lindo —contestó el cabo y aguantó la respiración, encogido como un pirulí en su asiento.

Batista sonrió incrédulo y medio que vanidoso, porque damas tan finas y de altas alcurnias, hubieran posado su mirada sobre él, quien en su pequeña patria de Banes —no muy lejos del Biran natal de Castro—, arrancó trabajando como un simple trabajador ferrocarrilero.

Carajo, y dale con la que canta y no pone —exclamó sarcástico, como Machado en su tiempo y agregó—, ya empezaron con los jodidos nombretes. Pero eso lo arreglaremos con frac y pechera, claro, si me admiten como socio en “The Havana Country Club Park & Lake“.

Exactamente, esa era una de las tantas cosas lejos del alcance cultural, social y político del ex sargento. Porque al final, cuando Batista fue Presidente Constitucional de la República de Cuba (1940-1944), —sin importar su étnia o linaje— seria reconocido como socio honorario de todos los clubs de la isla. Y no por su gusto, sino porque le correspondería la membresía de manera automática, de hecho y derecho, por ser un privilegio inherente a la dignidad presidencial.
Alrededor de 1941, camuflado entre las leyes de guerra, Batista ascendió a sus oficiales de rango alto en todas las ramas de las Fuerzas Armadas. De donde se reservó para sí mismo el el rango único de “Mayor General”. Con ello, alcanzó otro de sus sueños, equipararse con el prestigio del épico Mayor General del Ejército Libertador de Cuba, Máximo Gómez Báez . 
La revolución del 4 de septiembre de 1933, por la que clamaron y lucharon los cubanos de la “Generación del 30“, se fue desvaneciendo hasta que en1940 los líderes, políticos y cubanos notables; se dieron cita para discutir y confeccionar la Nueva Carta Magna de la República de Cuba, La Constitución de 1940. Durante este período y después, los cubanos continuaron desgarrándose entre sí por años.
Lo otro, que vino más tarde, a partir del infausto golpe de estado de Batista el 10 de marzo de 1953 y su consecuencia histórica para el devenir cubano; el infausto 1 de enero de 1959; cuando un gobierno comunista fue instaurado en Cuba, bajo el liderazgo del Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores; quienes parecieron destinados a cumplir tarea, transcendental, destruir de manera minuciosa toda la nación cubana. El resto, es historia conocida.

El Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar, murió exiliado en Marbella, España el 6 de Agosto de 1973.
El Dr. Fidel Castro Rúz, continua viviendo plácido en su bunker de Punto Cero, en La Habana.

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Septiembre 2, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

 (1)   Técnica del colpo di Stato”  (La técnica del golpe de estado) de Curzio Malaparte, 1930 o The man on Horseback: The Role of  the military in Politicts” de Samuel Finer (El hombre a caballo: El papel de los militares en la política)
(2)   (Disculpas, en construcción)
 
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Respuestas a hitos astrosos, pero sin hitos


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Sin la venia ajena

Respuestas a hitos astrosos, pero sin hitos
El periodista Juan Carlos Chávez, publicó [ver, el Nuevo Herald, “Política migratoria levanta revuelo”, Miércoles 3 de Agosto, 2011]; varias entrevistas individuales a figuras políticas e intelectuales, indagando acerca los movimientos propagandísticos del régimen comunista atrincherado en Cuba y sus opiniones, a vuelo de pájaro, sobre la versatilidad el Asunto Cubano. Los interlocutores del reportero, algunos muy conocidos dentro del espectro de opiniones bamboleantes sobre la temática isleña, ofrecieron puntos de vista como voces individuales o a veces, sin decirlo, de grupos o sectores de la diáspora cubana en territorio estadounidense. El “toma y daca” (give-and-take) clásico, siempre vaporoso y flexible para reparar el donde dije “tal era Pascual”.
Resulta lógico y obvio que la muestra, no podía reflejar un modelo de unanimidades en pleno siglo XXI, sino, el abanico de puntos de vista diferentes, distintivo de toda diáspora. Dice el demiurgo alejandrino de guardia, que es todo un plan delineado entre un pas de deux y un pas de quatre de decir lo que no parece que dije, a veces antagónicos, en el clip art por entregas que representa el drama del Asunto Cubano.
Al parecer, se trataba de refrescar los criterios de estas figuras destacadas que arribaron en su tiempo a los EE.UU. por razones diversas. Por lo tanto, era ilógico suponerlos a todos exiliados políticos, al menos en el sentido canónico. Sólo que lo insondable de algunas de las respuestas, decimos el trasfondo que nunca será traslucido del todo, causa una sensación de estupor. Como una especie de “comezón del séptimo año” o quizás otras ardentías, por tratarse del Año del Conejo, con sus virtudes peculiares.
Las respuestas, siempre interesantes como un close-up inesperado, versaron sobre las opiniones difuminadas (o mejor, bramadas como directrices del partido único; en el sentido lato de la jerga comunista) por Raúl Castro Rúz; como extensión de la saga interminable de promesas de “cambios” políticos y económicos en el descontrol interior, desplegada a todo trapo bajo el candor del “Gran Hermano”.
En esencia, todos advierten los bolsones de vacuidad que no tienen relación provechosa, ni siquiera paliativa, para el ciudadano común atribulado por el desorden imperante en ese país, que una vez fue suyo y no una finca particular de la dinastía oriental.
Es entender que el concepto de “ciudadano común“, según el dogma castrista; aplica gramaticalmente y por unos altos principios inexistentes en la “Animal Farm“, a la ralea populachera de los rones anejo y carta blanca, arrolladora de congas en las comparsas habaneras.
Es la misma masa que conforma la canalla proletaria (Lumpenproletariat)¹, que los comunistas suponen mayoritaria y a su favor, en el apoyo incondicional al régimen por otra panacea de beatitud lisérgica impregnada de un coma inexorable, iniciado en 1959 por los terroristas seguidores de los Castro. Es la nobel comparsa habanera, macerada durante décadas para continuar sumiendo a la sociedad cubana en un sopor sicodélico del que no ha retornado  —¿querrán ellos, los embelesados?— , al mundo real.
Este funcionario del régimen, planteó otras divagaciones incongruentes con la metástasis actual, de lo que queda de la sociedad cubana de ayer. Amenaza con  poner en práctica una especie de modificación, abrir una rendija o bajar la altura de la cerca de púas sucesivas que circunvalan la “Animal Farm” cubana.
O sea, “continuar royendo las mismas osamentas de los sepulcros blanqueados, descarnados por ellos mismos y sus demonios alados“. Es revender sin afeites, el viejo evento fracasado en lo que una vez fue la nación cubana, hoy tornada manicomio goyesco, de brujas  indescriptible casi todas n-sexuales.
Lo que nos resalta como una curiosidad de feria, es la casi tonalidad idéntica tanto de políticos como de intelectuales (es su derecho); en considerar dignos de comentar, cada balbuceo de la horda rojiparda actual enquistada en la cabina de mando de los motores zurdos, en La Habana.
Esta última, ha devenido per se faro y guía de cuanta satrapia asome orejas de entre la fauna de saltimbanquis indoamericanos, árabes, africanos o asiáticos. Son las trapisondas alocutivas y fonogramas cíclicos del tercer nivel, moteados como sales analgésicas en agua tibia, para calmar con bains de siège (baños de asiento), ciertos malestares del bajo vientre.
Los bolcheviques y sus ecos locales, miamenses por antonomasia; unos intelectuales y otros artísticos, recomiendan a los cubanos oprimidos y a los exiliados, la posología de este récipe sarcástico; o sea; el tomar esos baños para mitigar las chapucerías zurdas; tales les inducían a los sodomitas en la Roma Imperial, a fin de que aquellos curaran sus daños tras retozar en los cuarteles.
Los comunistas siempre han intentado igualar a los cubanos maniatados de hoy, con la eroticidad de esos otros, sus alumnos disfuncionales de ayer, hoy encumbrados sobre panderetas repletas de abanicos. Son los cantos exóticos habituales de las Ocas Zurdas, orientales, ya en la senectud.
Qué y cómo lo dijeron
Las respuestas (todas editadas) y una evaluación que se me antoja (−10≥0≤10+), a falta de otra no proveniente de un lector, fueron las siguientes:
Una reformulación de las medidas posibilitaría una reunificación familiar“(-5)
José “Pepe” Hernández, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).
Al gobierno cubano hay que reconocerlo cuando hace cosas en la dirección correcta“(-10).
Carlos Saladrigas, presidente Cuba Study Group (CSG)
El único paso seria abrir las puertas de Cuba a todos los opositores y exiliados“(+8).
Mauricio Claver-Carone, director de Cuba Democracy
Cuba maneja el tema por intereses políticos”… “Ellos decidirán quién sale y quién entra“(+6)
Ninoska Pérez Castellón, periodista (Radio Mambí) y por el Consejo por la Libertad de Cuba.
Esto aliviara la presión interna“… “Es un negocio, no una cuestión humanitaria“(+3)
Jaime Suchlicki, director de Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS).
Beneficiaria a la comunidad“… “A que éstos se involucren en la economía cubana“(-8)
Philip Peters, vicepresidente del Instituto Lexington.
Ellos están interesados en seguir controlando el sistema político“(+5)
Andy Gómez, académico del ICCAS.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Agosto, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

‹¹›  Lumpenproletariat, esta denominación, en ingles respondería a raggedy proletarian incluye: swindlers, confidence tricksters, brothelkeepers, rag-and-bone, merchants, beggars, class fraction, etc. (wik). Karl Marx y Friedrich Engels se atribuyeron el término en la obra “Die deutsche Ideologie” (La ideología alemana)  de 1845, en la cual arremeten desesperadamente contra Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer y Max Stirner, filosofos idealistas denominados “los jóvenes hegelianos“. Ambos, vuelven a la carga en ocasión del conocido “El 18 Brumarie de Louis Bonaparte“, en 1852; donde se aventuran a incluir a Bonaparte dentro de la categoría de Lumpenproletariat.

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1008

.Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?


.Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?

I/III

Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
TESIS

“Versos Sencillos”,
Yo sé de un pesar profundo
entre las penas sin nombres:
¡la esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!

José Martí

Preámbulo distópico de especismos y veguismos
Saber que entre otras de las tantas variaciones del breviario imaginativo de los salmos antifonarios, andan escondidos un par de entes filosóficos: el especismo y su antípoda, el veguismo. En la realidad son vericuetos insomnes, no síndromes mentales, pero se convierten en exageraciones repelentes, al intentar ligarlos metafóricamente al destino propio de los humanos, o sea, el valor real del individuo en su papel de ser subsistente (auto alimentado) y después pensante que reboza inteligencia, parangonándolo con el existir de seres oxigenados como son los animales y las plantas superiores e inferiores.
En rigor, a ninguna entidad racional del clan se le ocurriría establecer una liaison, ni siquiera circunstancial o empírica, entre el ser humano y una ameba. Cierto es que bajo estas visiones, quizás susceptibles de ser tenidas en calidad de consideraciones yuxtapuestas con los modernos enunciados ambientalistas, nos sentiríamos casi avergonzados de respirar, para no malgastar un oxígeno que quizás no nos pertenezca.
Sucede que esta categoría de humanos casi del tipo ontológico, sin decirlo, nos exoneran de esas culpas; en el instante en que acentúan el referirse a la Flora y Fauna reinantes en la Naturaleza física, no la virtual poética, que conocemos a través de las ciencias y artes.
Ello estaría bien en la calidad del sicotropismo esotérico que envuelve a estas almas sensitivas, misericordiosas y buenas, con el beneplácito de grupos de opiniones tan conspicuos, que pugnan por establecer paralelos absurdos entre lo humano filosófico y otros elementos vivos, no inteligentes, capaces de casi todo, menos de filosofar.
Lo claro ha estado latente para casi lo completo lo referido a los humanos de alto coeficiente de inteligencia. Adentrándonos en el tema, establecemos que la esclavitud en su forma cruda e insolente contra la inteligencia y como subproducto de la acción triunfante de los fuertes contra los débiles. Hablamos de los hombres, no de las hormigas que ordeñan sus vacas esclavas, tal hacen otras especies.
Actuar así, por cualquier motivo; es una sinrazón abusiva que utilizaba el trabajo humano ajeno, en provecho del dueño del esclavo y sitúa a este sujeto-objeto en la categoría de no persona o en el decir piadoso de los sociólogos modernos, persona menor.
A este último, lo manifiestan como una entidad reducida a esa condición de simple generador de trabajo útil y por lo tanto una maquinaria humana rentable para el propietario, la cual debe ser cuidada con esmero para lograr su mejor eficiencia.
En el ánimo de los esclavistas, era de vital importancia que las parejas y sus proles recibieran cuidados adecuados, considerando que estas contribuían al engrandecimiento del patrimonio familiar, sin inversiones posteriores.
Es decir, la dotación debía auto regenerarse, multiplicarse y por lo tanto, ser mantenida al máximo de su rendimiento, con alimentación, adiestramiento y cuidados médicos con el costo mínimo.
Este principio ha sido el adoptado tal condición sine qua non como política de estado —que en el decir de los marxistas seria, la propia de la “burguesía criolla explotadora“— en todos y cada uno de los regímenes comunistas, instaurados a nivel mundial; con vistas a ser desdibujados en un falso paternalismo estatal –el Ogro Paternalista—, la escuela perfecta para el trotar de los lerdos que integran la militancia partidista, o sea, el lumpen proletariat izquierdista.
Tal concepción de la “dotación esclava” corre imbricada, superpuesta, sobre rieles idénticos a los extendidos por las dictaduras totalitarias degeneradas a pedazos ante un público inerte anonadado ante el asalto institucional, tales aceptaciones partieron de doctrinas políticas absolutistas a todo lo largo del siglo XX. Quedan vigentes las trazas del marxismo bipolar exótico y el indo-apocalipsismo.
El batallar de los totalitarismos, tal es el de la esclavitud adoctrinal, pretende que se le considere una realidad ad hoc y no una hipótesis falsaria. De donde, el concepto de dotación o hato de esclavos, deriva y es conducente al mismo concepto de “masa”.
Es el mismo dislate acariciado por los totalitarismos y es, sin que se lo hayan propuesto así por ser una tara filosofica de los marxistas demasiado evidente, tornados en una denominación tan ofensiva como la igualación a los Tengus animaloides, de la mitología japonesa.
Venta de garajes: burbujas de tarugos embrujados, gatos mitones e idioteces varias, todas, marxistas de pulgueros
Es un punto de vista tomado como moda en el peor sentido moderno, el armar entidades esclavistas oficiales patrocinadas por los regímenes totalitarios a los fines de su comercialización, venta o lease (arrendamiento) de sus recursos humanos; a los reyezuelos de los N-Sub Mundos. Porque las ofertas consisten en burbujas rellenas de productos materiales y humanos de desechos, que incluyen a veces atisbos de tecnologías softwares, rudimentarias. En realidad son elementos no utilizables en el país artesanal productor de los materiales o servicios contratados, para servir tanto en laboratorios, como en soires pecaminosas.
El “quid” (noeud de la question) encaja al dedillo y radica en las avanzadillas de las brigadas castristas mercenarias, de ambos sexos, compuestas de asesores militares de inteligencia y contra inteligencia, represores policíacos, soldados, médicos, ideólogos, artistas, profesores, ingenieros, economistas, tecnólogos y otras especialidades de la nada intelectual bolchevique; extraídos de esa especie de cuna para gatos marxistas maullantes, los cuales proliferan en los manicomios de sus “Animal Farms”.
Una mercancía cuya plusvalía laboral o de uso, es embolsillado alegremente por el estado explotador (Ogro Paternalista). Saber que el concepto básico de esta rapiña del régimen dueño de la dotación, que no es original de Marx; sino plagiado por éste “Carlitos way” propio del barrio habanero de “Vieja Linda” —un personaje inescrupuloso, además de souteneur de Engels— de economistas brillantes de la libre empresa como lo fueron Adam Smith y David Ricardo.
Es la burbuja clásica del sinfín de la venta de garajes de idioteces surtidas que nunca trabajaron en Cuba, no por incapacidad profesional de los brigadistas sino por la reticencia sorda de estos infelices, al verse convertidos en una moronura de tarugos seudos quinta columnistas embrujados por La Habana. Entes, los cuales la entidad esclavista habanera venden (o arrienda) a los protistas animaloides de los N-Sub Mundos; esas piaras de líderes imbeciloides de la aristocracia nativa, repletos de materias primas que nunca, por sus ineptitudes infrahumadas, les debieron pertenecer .
Sucede que todas estas avanzadillas de las animal farms, por saberse explotadas hasta el desenfreno por sus capataces capitalinos; andan plagadas y carcomidas por hemorragias imparables de desertores (en realidad fugitivos aterrados). Los mismos que anteriormente fueron cazados a mansalva de entre la población indefensa, por medio de levas para ejercer como siervos alquilados bajo coyundas represivas. Converge en unos infelices hartos del trabajo esclavo infamante, el colectivismo infecundo más el envilecimiento de su propio ser y su hábitat.
De ello, el símil comparativo con las ideas de los especimistas modernos, a quienes inconexos con este nuevo fenómeno esclavista; se les ocurrió denunciar el empleo de animales para realizar trabajos y su cría como alimentos, actividades o fines a los que han sido incorporados en versatilidades que navegan desde el transporte, guerras, producción, entretenimiento, materia prima y otros.
De modo que ello deriva en la comercialización en todas sus formas (incluyendo sus derivados consumibles) y como elementos no desechables que forman parte de la dieta alimentaria o nuestra indumentaria, tal sucede con el ganado o la cosecha de plátanos de nuestro vecino productor “de algo”.
Con estas certidumbres a vistas, es de donde los veguistas por su parte, protestan airados sus confusiones desde sus templos culinarios por la utilización de las plantas superiores y robustas hasta las semillas, destilaciones, resinas y los vegetales con propósitos semejantes; incluyendo los usos terapéuticos, entre otros.
Sucede que ambas categorías, una especie de proto esclavismo simbiótico subjetivo, concuspicente, se contradicen paso a paso en su quehacer de confrontación diaria. Es que ambos deliberan en lenguas ininteligibles para el “otro”. Pero eso, les agrada.
Porque tales apariencias proteccionistas esgrimidas por los ambientalistas, ignoran ipso facto que la primera obligación de los humanos si se quiere, es la subsistir a como de lugar el dictado de la vida, estimada bajo consideraciones éticas y morales. Y tambien, porque son en definitiva las que interesan a quienes integramos la Civilización Occidental judeo-cristiana, como la Doctrina Líder de la Humanidad.
Es la orden de subsistir como seres racionales en la conservación de la especie y no veranear entre disgregadores de estados sublimales en cada atardecer, sólo conducentes al exterminio del clan o de la gen, bajo la inexorable agresividad del medio ambiente.

“Es vivir único, para la venganza.”

Pero admitir que no fueron a pie forzado, como las llamadas “supuestas” sopladas al oído de los habitantes del planeta Tierra; cuentan las Crónicas del Hormiguero impartidas por extraterrestres, ejemplarizadas quizás procedentes del planeta K-PAX —por comodidad el las granjas con lunas gemelas—; y por boca de su super rápido mensajero no solicitado, el inefable “Prot“, es harina de otro costal.
Por lo tanto, tales afirmaciones nunca debieron ser tomadas con seriedad, si existieron y supervivieron más allá de supersticiones. En K-PAX (o como se llame la alegoría seudo pacífica del planeta subrepticio) al igual que en la Tierra, siempre hubieron trazas indelebles de esclavitud.
Ver que el mismo “Prot” acusa una indiferencia sólo comparable con el comportamiento aletargado de los Elois, en calidad de alimento de los Murlocks.
Y la cita de ciencia-ficción (1), advertimos, en modo alguno representa una broma frívola sobre el tema de la esclavitud. Quien lo dude, que hurgue en la tesis de los Mundos (o Universos) Paralelos Relativistas de Hugh Everett, Einstein o la Teoría de Cuerdas.
En la Garganta de Olduvai, encontraron el cráneo de “Lucy
Nadie tiene que confundirse con estas disgregaciones, un tanto telúricas y sin conexión fiable con los destinos de los seres humanos de la superficie. Y de ninguna forma, dedicarle atención ni tiempo. Es que en las cuestiones inherentes a la esclavitud los residuos actuales son demasiados serios, especialmente en la forma de mendacidad grosera de los marxista, bajo estrategias encubiertas de “colaboraciones desinteresadas“.
Luego, no deben coexistir junto a las otras ambigüedades que nos entretengan en descifrar leyendas, imaginaciones o ensoñaciones distópicas; casi siempre lindantes con disparates imperfectos; tales son los dogmas extremistas enarbolados por la izquierda de salón y budoirs campiranos. Esa horda universitaria y de académicos culteranos, armada con disparates y viejas amoladuras enciclopedistas, distinguidas además por sus batilongos, sandalias y rabos de mula en ristre.
Por el contrario, si algún confundido o malvado o grupos de tales raleas sinistrorsas, generalmente manejadas desde el exterior; pretenden pisotear el más mínimo privilegio de aquellos a los cuales los humanos democráticos tenemos derecho en tierras estadounidenses; por inalienables o naturales que sea camuflados, “” debemos enfrentar con énfasis a éstos violadores y neutralizarlos hasta destruirlos completamente.
Ello devino en una especie de nirvâna utopique de la mejor textura humanista imaginable y sin pensarlo, en el hito distorsionado por los propios hombres sujetos a sus crueldades y avaricias innatas, todas ancestrales.
Y sucedió exactamente lo contrario, porque lo que (hipotéticamente, tomado como una licencia literaria) hizo el primer Homo Habilis del planeta Tierra cuando en duelo irregular venció al último de los homínidos, quizás intruso o habitante de la Garganta de Olduvai, en Tanzania (sobre la cual dicen los paleontólogos y arqueólogos que fue la “Cuna de la Humanidad“); resultó de contemplar anonadado la sinuosidades corporales de la capturada, vencida o tomada rehén como trofeo.
Asombró a los científicos quizás, al toparse con el cráneo en el cuerpo acurrucado de “Lucy” (Homo Ergaster), así llamada por la canción de los Beatles, “Lucy in the Sky with Diamonds“, quien en realidad fue Lucy O’Donnel, una condiscípula de John Lennon.
Por ende, debemos suponer también con profunda circunspección, el que estos sabios doctores etiqueten a “La Garganta de Olduvai” en calidad de “cuna generadora de nuestra Civilización”, sitio donde el Homo Habilis apresó a Lucy como prisionera de guerra o por una simple cacería tal hicieron siglos más tarde los rancheadores caza-esclavos árabes y portugueses.
Un hecho banal y cotidiano posible en aquellos tiempos ilógicos, pero es que del mismo emanó algo novedoso, aunque absolutamente cínico. A saber como corolario:

“Nadie aconsejó a este salvaje vencedor qué otra cosa diferente debía hacer con la prisionera vencida (minusválida y sub desarrollada mental, la cual provenía de un eslabón inferior), y que no fuera el matarla para comerse su corazón e hígado, tal era costumbre en aquellos tiempos.”

Sin embargo al parecer, como buen proto homo, el hombrecillo erectus habilis que habitaba en un casi olvidado meandro del hemisferio izquierdo de su cerebro, le conectó su tensor de difusión en el punto exacto del axón. Entonces, el convertido de inmediato en proto homo comenzó a pensar (o pudo reflexionar también) en algo más útil y duradero. De ahí le sobrevino la idea de convertir a la prisionera, en su sirvienta.
Entonces brotó como manantial la ominosa institución legada gratis y sin solicitud previa al arco iris racial de las generaciones posteriores, las cuales la ejercieron sin una pizca de escrúpulo en todos los continentes.
De este modo, durante decenas de miles de años hasta nuestros tiempos, el anti héroe se mantuvo entre aquellos recolectores y cazadores, enarbolando el pendón de la “La Esclavitud“. Una institución falsa, contra la cual en su tiempo clamaron airados sus oponentes.
Según transcurrían los siglos, cada civilización y nación al considerarse la más fuerte a lo largo de cualquier período de su grandeza propia, vencía a sus vecinos apoderándose y sojuzgando a los más débiles y sometiéndolos a algún tipo de servidumbre esclava. Estos ciclos se repetían globalmente, entre todas las razas, sin detallar cual de estas sometía a la otra, la que quizás ayer fue su opresora.
El por qué en todas partes se cocieron y cuecen las viejas habas marxistas
Se infiere de esos mismos doctores de la pre historia, que no se trata de un fenómeno como los achacables a la típica “Tragedia Americana“, en el decir de Theodore Dreiser. Porque cuenta el refranero popular, siempre indiscreto, que “en todas partes, se cocieron y cuecen las viejas habas marxistas“, una especie de esclavismo ideológico que la sustenta.
No es valido sopesar los ditirambos de las instituciones fantasmas defensoras de cualquier cosa, integradas por nuestros venerables sordos monoaurales; contemporáneos; que por desgracia para sus discípulos, los cuales para su conveniencia cuentan con una sola oreja dirigida hacia las instituciones democráticas, no las totalitarias.
Es que la moral y la ética particular del observador, puede hacerle ver “colaboración desinteresada” donde hay esclavitud formal. Un fenómeno Impressionism clásico, donde todo depende del ángulo y del cristal a través del cual se mire el mismo fenómeno esclavista de los apocalyptus del maxismo teórico.
Para los etnólogos, sociólogos y filósofos, el fenómeno de la esclavitud y sus consecuencias dependía del tipo de sociedad imperante. Durante siglos y para sorpresa nuestra hoy, en pleno siglo XXI y nada menos que en la propia África adolorida ayer; es ver que en Sudán y Mauritania por mencionar los mas conocidos.
Alli, sin una pizca de vergüenza, se mantienen sendos y florecientes comercios de esclavos; sin ningún tipo de escrúpulos por parte de estos sustentadores esclavistas autóctonos (africanos), porque ya no tienen el pretexto de culpar a los europeos de la trata infame.
Por supuesto, sin que muchos de los grupos u organizaciones internacionales o locales, se den por enteradas y continúan en sus cínicos divertimentos izquierdistas; y traicionan a las democracias que les sacian la gula anti patriótica; mientras no les toquen los fondos operacionales.
Una de las excepciones, conocidas hasta hoy, es el American Anti-Slavery Group (AASG). Porque los otros fantasmas de la pata zurda, como las adorables bandadas migratorias folclóricas del CAUCUS NEGRO CONGRESIONAL de los EE.UU (Barbara Lee y otras criaturas raras; asiduas visitantes al zoo habanera (quien lo dude, que le pregunte a los hermanos Castro); las cuales sin lugar a dudas, adolecen del síndrome de “Los Tres Monos Sabios” del templo de Toshogu en Nikko, Japón, donde habitan Kikázaru (el sordo), Mízaru (el ciego) e Iwázaru (el mudo).
Porque nadie acierta entender la razón por la cual les dio por saltar incomodidades grotescas con una sóla extremidad inferior, la zurda.
Es que el asunto que nos ocupa  está vinculado estrechamente con los “por cuantos” anteriores, dado que en un momento de la historia de los Estados Unidos, era igual al resto de la América pos colombina que prefirio quedarse en la estacada.
Para algunos ciudadanos les fue natural que desde el despertar mañanero, encontrarse con otros grupos de personas nacionales o extranjeras que en ocasiones eran también norteamericanos “virtuales”; de acuerdo a lo estipulado posteriormente en nuestra Constitución (tras una guerra fraticida horrible); vieran cercenados sus derechos elementales, sin que ello fuera considerado un pecado mayor.
En términos generales, para los anglos puros el concepto de propiedad les inducía a considerar al esclavo como un “bien de cambio“, apto para los negocios, tal sucedía en todas las plazas esclavistas a nivel mundial.
Mientras que según apuntan los estudiosos del fenómeno de la esclavitud, en el caso específico de los iberos, ciertas jurisprudencias humanistas y religiosas les inclinaban a considerar a los esclavos, como “personas menores” (no “inferiores”) necesitadas de un paternalismo protector que les entrenara para incertarlos paulatinamente dentro de la civilización occidental.
Un caso típico de la pérdida del paternalismo, referido a la inopia (en el limbo) de inseguridad absoluta en lo referente a la economía que resultó inevitable; con el cambio brusco del estatus social significó para los libertos y sus familias por la pérdida de manutención.
Fue la crisis social abrumadora por su masividad que se presentó inmediato para la grey de los nuevos ciudadanos, ahora carentes de un sitio donde vivir y un “trabajo estable”, tras concluir la Guerra de Secesión en los EE.UU.
Ello, entre otros factores —que desde el punto de vista humano y social no eran moralmente justificativos— se debió a la ruina completa de los medios de producción pertenecientes a los antiguos “amos” (que también la de estos últimos), que de una forma u otra les proveían del sustento diario y un hábitat.
La nueva legislación, propendía a adjudicarle a los emancipados iguales derechos a los que la Carta Magna estableció ara todos los nacionales de EE.UU sin distingos de raza, fuero, gracia, exención o prerrogativa.
El efecto de estas rarezas en el sentido común de los ciudadanos originales, implicaban que estas personas “nuevas en la sociedad” y sin ninguna historia, podían ser privadas, ignoradas o perjudicadas en sus derechos y privilegios, desechando el pacto social de que la ley “es una e igual para todos”. Tal sucedió en EE.UU tras la emancipación, hacia finales del siglo XIX. Una consecuencia se manifestó con el pendiente de la segregación racial sufrida por algunas minorías, en particular los negros.
Ello se basaba una concepción tan inevitable como errónea de estimar por parte de algunas sociedades cultas en el ámbito mundial, incluyendo las más atrasadas; las cuales suponían a estas minorías de acuerdo a los cánones traspasados de una generación a otra; como gente “inferior” social y culturalmente y por lo tanto, estigmatizables como ciudadanos de segunda clase.
Esto afectó directamente a los antiguos esclavos emancipados más tarde, como una de las consecuencias faustas de la Guerra de Secesión librada entre los Estados de la Unión. Ver que los abolicionistas del Norte actuaron bajo un proyecto anti esclavista surgido en Gran Bretaña y que tomó forma como tal en los EE.UU entre 1835-1865.
Este basamento significó un valladar moral a los sureños y los estados integrantes de la denominada Confederación del Sur que apoyaban la esclavitud, tal como existía entonces (referidos a la Historia antes de 1865) como un ideal de desarrollo económico.
Los libertos por la ley (antiguos esclavos) y los manumisos (liberados por voluntad expresa y libre de los dueños), recibieron igual protección y derechos de la leyes a partir de 1865.
Pero el desastre sobrevino en 1896, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó que una ley segregacionista (Law 111) emitida unilateralmente por el estado de Louisiana —impugnada en 1892 por un ciudadano negro, Homer Adolph Plessy— a fin de separar a los blancos y los negros en el transporte público, era legal. Este nuevo estado de derecho debe ser diafanizado de la forma siguiente:

La proliferación de leyes segregacionistras, no era producto de la implantación oficial por el gobierno federal, tal desean propagar los anti norteamericanos confundidos. Las leyes y disposiciones varias, tendentes a promover e instaurar la segregación racial resultó en una práctica, aunque infausta, legitimizada por la acción inconsulta de la Corte Suprema (sin el aval de los cuerpos legislativos y ejecutivos federales) perduraría hasta mediados del siglo XX.

Los líderes negros decentes y de otras etnias, batallaron contra dicha injusticia. Así, se abrieron varios escenarios donde se desarrollaron iniciativas con las cuales cada líder o facción desplegó sus tácticas y estrategias correspondientes, a fin de recuperar el terreno perdido.
Estos derivados indeseables, significaron una descomunal pérdida de tiempo y el retraso consecuente de las minorías, en evolucionar hacia el mejoramiento de su estándar de vida.
Los pintores y sus testimonios endemoniados
Y por ahí deambulaba el ojo avizor de los indeseables. Porque la cosa de la esclavitud se desarrolló, sin ataduras a las posibilidades del acertijo que pareció dejarnos el pintor Jean-Léon Gérôme en su oleo “Esclaves à la vente” (Esclavas a la venta), las cuales no nos hicieron perder el verdadero punto de vista eurítmico también aplastante; de las partes humanas vivas dejadas al abandono, como son las dos jóvenes esclavas —una blanca y otra negra— humilladas al ser expuestas a la venta por un presumible soldado (o depredador) morisco del Islam, en plena vía pública.
Ni siquiera con la presunta privacidad de un mercado con los atributos del “sin asombros”, por el tipo de “mercancía abominable” ofertada de manera tan infame.
Porque de eso se trataba en el pensar de los fuertes, de simple mercancía. Todo el paisaje, reunido con la supuesta delicadeza de un collage d’affiches voceados a pulmón pleno, montados sobre el “Skrik” (El Grito) de Edvard Münch, que aplica una relación indubitable pero no mezclada necesariamente con el resto de la muestra pictórica esclavista.
Porque en la postal triste, se incluyen como testigos mudos; los arreos militares como el saif (especie de cimitarra), casco y otros enseres del atuendo del supuesto guerrero “propietario” de esos, botines de guerra o del pillaje, donde se incluye un loro simbólico y extrañamente estático.
Claro, se evidencia que la imagen no es producto de la imaginación de Gérôme.
Otra es la visión apacible y no menos dramática que nos traspasa la visión de igual asombro en otra de sus obras, de estilo impresionante es “La marché aux esclaves” (El mercado de esclavas), donde parece transpirarse un aire calmo y tan sereno como el de las kalingas nivosas de la obra monumental “El Don Apacible ” de Mijail A. Shólojov.
Nada en esas imágenes deplorables son tales verduras frescas. Porque tras esas bambalinas no se sortean y reparten los especismos y veguismo del realismo eramista del “Lazarillo de Tormes” con sus vicisitudes de “fortunas y adversidades”.
Se trata de la crueldad humana de un submundo subyacente en aquella etapa de la Humanidad, tan reciente como hasta finales del siglo XIX al menos, porque en Cuba, los residuos de la esclavitud ya en plena decadencia como fuerza productora, perduraron hasta después de transcurrida la primera guerra independentista.
“La Guerra de los Diez Años” (1868-1878), resultó el tope del desvarío esclavista y sustentada por causa de la bien conocida tozudez burocrática española, se extendieron sin razón en los anales oficiales de las Cortes, hasta el 13 de febrero de 1880.
Con ello se dio la impresión de una España retrógrada e idiota, que ya no era. Resalta que desde el censo de 1778 (siglo XVIII), se indicó que el 61.3 % de los negros y mulatos eran libertos; o sea; entre 4 y 6 vece superior al de las sociedades sajonas.
Para los pícaros totalitarios contemporáneos (comunistas), la Trata de Esclavos es disfrazadas de ropajes y envuelta en múltiples ardides por parte de los despotismos gubernamentales en forma de cooperaciones, ayudas desinteresadas, internacionalismo proletario, intercambios científicos, culturales, artísticos y otros.
Ello responde a la idea implantados en Cuba como política, la “leva obligatoria militar-cultural de la Intelligenza nacional” (LOMCIN), de la cual se consideran dueños los líderes del régimen comunista de turno, en este caso el regentado por los hermanos Castro.
Tales eran reflejos del mundo real hasta entonces y el virtual de los artistas de ayer, no los de hoy. El inframundo de la esclavitud de los hombres, que en el decir de José Martí (2) era “un dolor inenarrable”.
Valga que este fenómeno inhumano hasta ayer, y todavía en formas iguales y de otras diversas estructuras infernales contra los ciudadanos, continúan azorando a parte de la Humanidad. Pero es que los artistas de hoy, incluyendo las manadas de juglares oficiales “cantautoresdecancionesprotestas”, no se atreven por, miedo, avaricia, comodidad y absoluta carencia de decoro.
Y bien están representados los llamados pictóricos al estudioso, a fin de reconocer quiénes en realidad eran en buena medida reyezuelos africanos, árabes, muy conocedores de cada vericueto del Valle del Gran Rift, tanto como en las zonas del Golfo de Guinea Ecuatorial (hoy, Nigeria y Benin), los cazadores y vendedores de esclavos en la vertiente atlántica del África subsahariana, quienes cargaban sus chalupas de esclavos (de cualquier color) hasta soltarlos en regiones tan lejanas como la India y Oceanía.
Porque existen errores y equivocaciones a tanto de repetirlas, son intencionadas, cuando se trata de referirnos a la Trata de Esclavos; con la cual no tuvo que ver solamente América y de esta, los Estados Unidos.
Por lo general, no eran muchos los europeos operando como cazadores de esclavos, por lo general, el comercio descansaba en los beduinos y porciones importantes de ciudadanos del antiguo Imperio Otomano (3) .
Sin intención premeditada de demonizarlos en su totalidad, dado que cualquier pillastre de cualquier cultura y religión, podía dedicarse al negocio de la Trata de Esclavos; tal continua en la África negra, sin mayores objeciones por los abanderados oficiosos de la misma etnia, que conozcamos, en el resto del planeta.
Totalitarismo vendido por Marx y Engels, a sus quebrantahuesos colectivistas
Según las absurdidades inherentes al embrollo de la propuesta totalitaria de Karl Marx y su cúmbila de disparates, el dócil Friedrich Engels; absorbidos por sus fanáticos morones, porque en el mejor de los casos todos; excepto ellos; somos “personas menores“, a expensas de que los chamanes ideológicos marxistas nos conculcaran con el lavado del cerebro, su pretendida verdad colectivista, atea y genocida. Es la filosofía de la manada conforme.
Luego, la actual América multiparlante, hispana, portuguesa, inglesa, holandesa, francesa y otras lenguas y culturas, bebieron de estas aguas; además con el concurso hipocritón de los propios aborígenes engarzados en sus satrapias locales, vendidas como culturas incas, mayas, aztecas, etc.
Todas las cuales eran sociedades de castas feroces con alto consumo de esclavos autóctonos tanto para trabajos forzados, canjes, ritos religiosos en los que eran sacrificarlos en los altares a sus dioses paganos, para además satisfacer la ferocidad de sus hábitos canibalísticos. No se escapan e incluyen también la propia África actual, de igual modo que la Eurásia y el resto de los territorios esparcidos por el Pacífico.
Casi tan vieja como el hombre, resultó la esclavitud ejercida —reiteramos en admitir que en la infamia participaron todas las naciones— primero como prisioneros de guerra o producto de las cacerías depredadoras que durante siglos, en el África subsahariana, llevaron a cabo los árabes islamitas traficantes de esclavos, antes y después de que esparcieran su religión monoteísta y fundamentalista.
Durante todo el siglo XX y todavía corriendo el actual siglo XXI coexisten formas de esclavitud tan perversa como las instauradas por los regímenes totalitarios (fascistas, nazistas, comunistas, islamitas y otras de igual corte), donde la vida de los ciudadanos —estimados por estos regímenes en calidad de entes submentales— está al servicio del partido único dominante y sus dictaduras autocráticas, de castas y absolutamente nepóticas.
En la dinámica de estas estructuras dantesca, una sola familia al estilo siciliano, ostenta el poder completo con ausencia de todo vestigio de leyes esenciales y carencia de los derechos más fundamentales.
El Comintern, y sus filiales cómplices (como los “frentes populares” armados entre la I y IIGM como fachadas para atrapar la inocencia del público desorientado) desde siempre ha tenido a los Estados Unidos en su punto de mira, a los fines ya conocidos de distorsionar la realidad y vender una imagen conveniente para opacar o bajar el perfil de las ideas totalitarias políticas o religiosas que nuestros enemigos enarbolan.
Luego, la cuestión de la discriminación racial en los EE.UU evidenciada en su injusticia hasta bien entrado los años 60’s, sirvió de rampa de lanzamiento para los radicalismos más obcecados y aupados todos, bajo cuerdas tendidas desde la antigua URSS.
Se daba la impresión de que los Estados Unidos era el único país del planeta con estos problemas, acentuados en algunos estados por atavismos caducos e improcedentes. Después disueltos con energía durante las décadas de los 50 y 60s, por el gobierno federal de los EE.UU.
Nunca estos enemigos de los EE.UU hicieron la más mínima mención de tales problemas sociales y humanos en el resto de las tierras fuera de las fronteras norteamericanas. En la URSS, Eurásia y la África Negra las minorías eran aplastadas por sus entidades nacionales o tribales, sin que el mundo supiera de los atropellos.
De modo igual sucedió en todo el bloque comunista y la canalla tercermundista encaramada en el poder. Los pescadores en aguas turbias hicieron zafra, es especial los comunistas de nuestro vecindario caribeño e hispanoamericano y los del propio patio norteamericano.
Sin embargo, ya situados en el mundo contemporáneo es saludable repasar, sucintamente, algunos jirones significativos de la Historia norteamericana al respecto y las actividades desarrolladas por los líderes de las minorías negras y otras, sus éxitos consecutivos, hasta arribar al momento actual. Los líderes negros decentes y los de otras etnias, batallaron contra dicha injusticia puntual. Se presentaron pues, varios escenarios con sus tácticas y estrategias correspondientes.
Esta panorámica y el dinamismo de la evolución histórica y social, sus vértices más prominentes hasta el tiempo presente, pretenden ser la razón y guía para un recuento de estas premisas: la tesis, el análisis y la síntesis que envolvieron el problema racial que se manifestó en los EE.UU, durante los decenios posteriores a 1896.
Ello referido a que, desde 1865, fue cuando la ciudadanía dispuso de forma integral de un vademécum que igualó, al menos en su propuesta teórica, a todos los ciudadanos de los Estados Unidos.
También como es lógico, reverdecer al menos un mínimo de los antecedentes que influyeron en la conformación de la sociedad norteamericana actual. Además de reconocer la efectividad de los puntos de vista de estos líderes, decir, los de mayor prominencia.
En este caso, involucrando los puntos de vista de dos de esos conductores perfectamente conocidos en sus trayectorias cívicas y sociales: el Dr. Thurgood Marshall (abogado) y el Dr. Martin Luther King Jr. (ministro religioso).
Un paisaje de la Revolución Americana
L’esclavage en Amérique du Nord, est un des aspects non couverts par la révolution ouvertement. C’est une affaire très sensible en raison de leurs connotations économiques, sociales et humaines
(La esclavitud en Norteamérica, es uno de los aspectos no abordados por la revolución de manera abierta. Constituye un caso muy delicado por sus connotaciones económicas, sociales y humanas) –aclaró George Washington a su interlocutor. Todo lo cual dijo de un tirón, casi sin respirar.
El Presidente, expresó las últimas palabras mirando a su esposa Martha Curtis, quien en unión de otros visitantes y sus hijos les observaban complacidos ese domingo, desde el otro extremo del cobertizo. Él, Washington, había soltado cuidadosamente su parlamento con suavidad; aunque más exhalado que dicho; con voz casi ininteligible a causa de la molestia que le producía la prótesis de porcelana y oro que le laceraba las encías.
Ahora Washington le hablaba a quien, a instancias de Benjamín Franklin y considerando su pedido de incorporarse al Ejército Continental como un voluntario sin paga, lo aceptó como aide-de-camp (ayudante de campo).
El Presidente se esforzó en recordar para repetir al dedillo y trató de chapurrear lo que dijo a su interlocutor, en el mejor francés que pudo. Se trataba de un buen de par de frases aprendidas con su l’aide de la caméra (Valet), como respuesta ante la pregunta inminente de su interlocutor, recién llegado a Mount Vernon, tras su gira por los otros estados.
Este último, francés de nacimiento, ya había acumulado suficientes méritos ante el gobierno y pueblo norteamericano, para que la nación entera viera en el privilegio otorgado de “ciudadano norteamericano por nacimiento“, como una gratitud hacia éste.
Un personaje del Viejo Mundo, personificado en un aristócrata que había abandonado la vida muelle en la corte francesa y mancomunado su destino con aquel grupo de hacendados de las tierras coloniales en América del Norte propiedades del Rey del Reino Unido, Inglaterra, el empingorotado George III, empeñados en lograr la independencia absoluta de las 13 colonias y desvincularse económica y políticamente de su metrópolis europea.
En ese momento, no solamente recibió el visto bueno del gobierno federal, sino de todo el resto de los estados que ya lo habían ratificado como ciudadano de los mismos y quien arribó a costas de Norteamérica, para unirse a los rebeldes y colaborar efectivamente por la independencia de las colonias.
Se trató de dos frases trascendentales en boca del líder que guió al Ejército Continental hasta la victoria contra las fuerzas coloniales de Gran Bretaña, su metrópolis, pero susceptibles de ser demolidas o destrozadas por medio de simples interjecciones lógicas, de las acostumbrada por el visitante cuando estaba de buen humor.
De esas imprecaciones no lesivas que sólo se aprenden entre la oficialidad, a veces la marinería ruda; durante las veladas para jugar a las cartas y matar el aburrimiento en las fragatas de la Armada francesa, cuando no hay guerras. A veces ancladas en la Rade de Marseille mirando al Mediterráneo o en el Avant-Port de Calais oteando el Atlántico, dependiendo de por donde vinieran los tiros.
Sólo que a éste francés premonitorio, le había dado por escuchar detonaciones que se les antojaron provenientes desde Norteamérica y así, un buen día arribó sorpresivamente al Nuevo Mundo en la nave el “Hermione”.
El visitante, miró reflexivo hacia la línea del atardecer que comenzaba a convertirse en acuarela de sombras, porque ya se acercaba instante de su partida y se compuso la peluca. Este patriota, desde 1783, le había escrito a Washington una carta conmovedora.

Yo les pido a los hermanos norteamericanos de la Logia (francmasones), batallar todos juntos por la libertad de toda la Humanidad y les exhorto de manera ferviente, a la emancipación de todos sus esclavos”

Marie-Joseph La Fayette, después simplemente “Lafayette” para los norteamericanos (4), miró a Washington; su hermano de cofradía, puesto que ambos eran masones; he hizo un mohín circunspecto y se colocó la mano sobre la barbilla, como para aguantar las palabras salvajes, con las cuales repostaría a su amigo y compañero de los terribles combates durante la Revolución Americana.
Ambos, charlaban a destiempo y convenientemente alejados de las mujeres.
Washington lo decidió así por delicadeza a su visitante, un genuino amante de la libertad e igualdad, dado que tal era el estilo europeo y porque en Norteamérica hombres y mujeres a inicios de la república, lo decidían todo juntos.
Ahora estaban sentados bajo el cobertizo o glorieta situada en un costado de la mansión, donde tomaban una especie de licor ámbar de sidra de manzanas, en evitación de la caída del sol y utilizado como lugar para las comidas informales de la familia, durante la mayoría de los veranos.
En esa visita a los Estados Unidos, Lafayette, fue recibido con las grandes muestras de admiración que sentía del pueblo norteamericano por este francés, que en incontables ocasiones había luchado y sido herido en combate, por la independencia de los Estados Unidos.
Ambos sonrieron y decidieron continuar el dialogo en inglés, por sugerencias del visitante, quien manejaba además tanto con el inglés como el alemán, con los cuales se las entendía bien. Lafayette había visitado a Washington ese verano, en la casa señorial de éste en su complejo de granjas de Mount Vernon, el 17 de agosto de 1784.

Estimado General —advirtió Washington a Lafayette, en un silencio que se hizo entre ambos, tras la extensa exposición del segundo sobre los ya nombrados “Derechos del Hombre”(5)—, habla Usted de la libertad y la emancipación, como de algo que esta a la vuelta de la esquina. Ustedes han colonizado otros territorios y engrandecieron el poder militar y económico de la Francia, utilizando la fuerza de trabajo y recursos de los territorios conquistados. Nuestro problema es distinto, porque esta especie de “encomienda civilizadora”; si utilizamos los términos de la colonización española, es de beneficio mutuo. Recuerde que entre la gleba y este tipo de servidumbre, no existen grandes diferencias. Y, sin embargo, ese tipo de servidumbre de por vida que coexiste en múltiples lugares de este planeta, nunca ha sido objeto de reflexión tan minuciosa.
De acuerdo estoy en no justificarla y nada más, mi señor presidente, pero —acentuó Lafayette con un cierto aire de sarcasmo moviendo el índice en señal de regaño— usted no dudará que son humillaciones similares. ¿Coincide conmigo, señor presidente?

La conversación continuó en un mismo nivel de intercambio de ideas moderadas sobre el qué y el cómo hacerlo, hasta que los insectos del anochecer, intervinieron atraídos por la luz de las lámparas. También, porque Lafayette se percató de que las vides de la libertad total con la emancipación, no estaban todavía maduras para la vendimia. Además, porque se evidenciaba que en la nobel república de los Estados Unidos de Norteamérica para tales ejercicios, faltaba un buen trecho.
Como ejemplo, Lafayette compró tierras en “La Cayene” para fundar su plantación de “La Belle Gabrielle“, y allí con las pretensiones idealistas de montar su “experimento” de emancipación y educación de los futuros libertos, pero todo aquello se diluyó en la nada.
Lafayette había vuelto a América y visitó a todos los Estados, excepto Georgia. El viaje incluyó esa visita a la granja de Washington en Mount Vernon.
En Virginia, se había dirigido a la cámara de delegados donde les pidió “libertad de toda la humanidad” y exhortó a los reunidos a apoyar la emancipación completa de los esclavos. Por supuesto, la exhortación pareció dirigirla a un desierto. Porque para ello no existían las más mínimas posibilidades ni condiciones objetivas.
Lafayette defendió en la legislatura de Pennsylvania la creación de una Unión Federal y visitó el valle Mohawk en Nueva York para las negociaciones de paz con los iroqueses, algunos conocidos de él en 1778.
Sólo que ahora, estaba frente al hombre que capitalizaba todos los hilos del poder democrático, por entonces, el único poder sobre la faz de la Tierra armado “por el hombre y para el bienestar de los hombres libres“.
Existe una coyuntura histórica, indudable, dentro del contexto en el que George Washington fue protagonista principal y la existencia de un status quo insoslayable: La Esclavitud.
Es entender que en aquella sociedad, a punto de salir de la etapa de la manufactura y no estaba presta para sumergirse a plena carga en la etapa de industrialización impulsada por la Gran Bretaña, por lo que entró en discrepancia con los sistema ya obsoletos de la mano de obra esclava.
Ningún dueño de un ato de esclavos, entendía de reservas morales o éticas en lo concerniente a un estado de cosas (de producción) en el cual nació, se crió y donde su voz era de ordeno y mando.
Un día soleado en Mount Vernon
“Nada parecía estar mal”, salvo los tenues llamados a la misericordia, conmiseración, protección y bondades que les eran solicitados y recabados de los dueños de esclavos; con respecto a las relaciones con sus dotaciones respectivas, los cuales eran desplegados esporádicamente por los líderes religiosos de todas las denominaciones activas en los Estados Unidos.
Para entonces, en París se gestaban movimientos de índoles diversas, algunos de los cuales denunciaron la esclavitud como una aberración anti humana.
El movimiento filosófico y humanista denominado “La Ilustración“, para fines del siglo XVIII ya había desarrollado y alcanzado sus objetivos fundamentales, al desplazar a los dos Estados Predominantes, la Aristocracia y el Clero, de sus prerrogativas y privilegios.
Se logró, introduciéndose a empujones ella misma (los integrantes del movimiento) como el Tercer Estado compuesto por los burgueses y los desclasados (terratenientes, banqueros, industriales, trabajadores, artesanos, artistas, comerciantes, profesionales, militares, intelectuales, etc.).
Desde entonces el mundo europeo cambió de manera radical con la vista puesta el París y no así los Estados Unidos y la que algunos denominaron “esclavitud bondadosa”. Ello era como un diálogo entre sordos, apuntalando la realidad inevitable, puesto que igual que en casi todas las colonias del imperio español, francés, británico, holandés y otros, los esclavos podían adquirir la libertad por razones diversas.
En este orden, la de mayor preponderancia era el pagar (comprar) por su emancipación, pasado cierto tiempo de trabajo o lograr la libertad por el gesto misericordioso de manumisión por parte de los propietarios.
George Washington nació en un mundo en el que la esclavitud era aceptada como una práctica tan natural como la de tener sirvientes y empleados. El comercio de esclavos continuó durante toda la vida de Washington, tanto que a la muerte de su padre en 1743, él tenía 11 años de edad, heredó 10 esclavos y además 500 acres de terreno.
Cuando comenzó la agricultura en Mount Vernon once años más tarde, a la edad de 22 años, tenía una fuerza laboral de cerca 36 esclavos.
Con su matrimonio con Martha Curtis en 1759, con lo cual 20 nuevos esclavos arribaron a Mount Vernon. Junto con la riqueza de su esposa compró tierras, triplicando el tamaño de la plantación y también los esclavos adicionales para cultivarlas.
En 1774, pagó impuestos sobre 135 esclavos, sin incluír los de la dote. El último registro de una compra de esclavos fue en 1772, más tarde recibió algunos esclavos en pago de deudas. Washington utilizaba también sirvientes blancos.
Después de su matrimonio, compró más esclavos, de donde la población de la dotación también aumentó porque sus miembros podían casarse y criar a sus propias familias. En 1799, cuando Washington murió, habían 316 esclavos viviendo en la estancia.
Antes de la Revolución Americana, no se conoce que haya expresado alguna reserva moral en contra de la esclavitud, pero en 1786, le escribió a Robert Morris diciendo:

“No hay un hombre vivo que quiera más sinceramente que yo, ver un plan adoptado para la abolición de la esclavitud.”

En 1778, escribió a su capataz en que deseaba conseguir que se marcharan sus esclavos, de la forma que quisieran, porque no serian reclamados. El mantenimiento de una ascendente población de esclavos en Mount Vernon no era rentable. Washington no podía vender legalmente los esclavos de dote, sin embargo, y debido a que estos esclavos se habían cruzado con sus esclavos, no podía vender sus esclavos sin separar a familias enteras. Los esclavos jugaron un papel integral en la historia de Mount Vernon.
Aunque existe poca documentación escrita de los propios esclavos, se sabe mucho acerca de sus vidas a través de documentos primarios. Washington fue el único Padre Fundador de la República que emancipó a su dotación. En la práctica, cada acción fue influenciada por su estrecha relación con el Marqués de Lafayette.
Sin embargo, no liberó a sus esclavos en vida, sino que incluyó una disposición con su voluntad de liberar a sus esclavos a la muerte de su esposa. En el momento de su muerte, había 317 componentes en la dotación en Mount Vernon (123 propiedad de Washington, 154 “esclavos de dote” y 40 alquilados a una vecina).
Martha Washington legó el esclavo que poseía -Elisha- a su nieto de George Washinton Parke Curtis. Tras su muerte en 1802, sus nietos heredaron los esclavos de dote. La mano de obra calificada y el manual necesarios para ejecutar Mount Vernon fue proporcionada en gran parte por esclavos que trabajaban, los cuales recibieron capacitación en oficios tales como la molturación (desgrane del trigo), tonelería, herrería, carpintería y zapatería.
Los otros trabajaban como empleados domésticos, los barqueros, cocheros o trabajadores del campo. Algunas esclavas se les enseñaron las habilidades, sobre todo hilado, tejido y costura, mientras que otros trabajaban como empleados domésticos en la ropa, lechería o la cocina.
Muchas mujeres trabajaban en los campos. Casi tres cuartas partes de los 184 esclavos que en un momento trabajaron en Mount Vernon lo hacían en el campo, y de esos, aproximadamente el 60% eran mujeres.
Los alimentos cultivados en las granjas eran distribuidos a los esclavos y sus familias. Los esclavos recibían semanalmente sus raciones de alimentos. Muchos esclavos también mantenían sus propios huertas para complementar su dieta. Estos, podían vender sus alimentos en los mercados locales para ganar un ingreso extra . Una vez al año, se les proveía de ropas.
La jornada de trabajo en Mount Vernon era de sol a sol, con 2 horas de descanso para las comidas. Recibían también entre 3 y 4 días de descanso en Navidad, y el lunes después de Pascuas y Pentecostés, así como los días festivos. Si un esclavo era obligado a trabajar un domingo durante la cosecha, les permitían un día de descanso después, y a veces les compensa con goce del sueldo.
La actitud de Washington hacia la esclavitud, cambiaba hasta el repudio a medida que envejecía. Durante la Revolución, cuando él y compañeros patriotas lucharon por la libertad, Washington se convirtió cada vez más consciente de la contradicción entre esta lucha y el sistema de la esclavitud.
En el período de su presidencia, parece haberse convencido de que la esclavitud estaba mal y que iba en contra de los principios de la nueva nación.
Como presidente, no quiso llevar una lucha pública contra la esclavitud, porque creía que iba a escindir la nueva nación. Las ideas abolicionistas tenían muchos opositores, especialmente en el Sur.
Washington parece que temió que si tomaba una posición pública, los estados del sur se retiraría de la Unión. Sin embargo este temor se materializó setenta años más tarde, dando lugar a la “Guerra Civil” (en realidad, “Guerra de Secesión“).
El pensaba que habían trabajado muy duro construyendo el nuevo país, para después aventurarse en el riesgo de destrozarlo.
En su testamento, dispuso que todos los esclavos de su propiedad fueran liberados después de su muerte. También dejó instrucciones para la atención continuada y la educación de algunos de sus antiguos esclavos, apoyó la formación de todos los niños hasta que alcanzaran la mayoría de edad, así como veló constantemente por el bienestar de las personas mayores (6).
Sin embargo, de ninguna forma por lo no inexplicable para aquella generación de hombres y mujeres notables de ideas tan avanzadas; nada de lo anterior podría representarnos hoy la figura de una postal de relaciones idílicas entre los propietarios y sus “propiedades vivientes”, porque se trataba simplemente de aquello por todos conocido: La Esclavitud. Un mal con infinidad de rostros.
¡Oh, Señor, se trata de la de la majestuosidad de nuestro sólido y profundo Sur!
Exclamó inconsolable un hacendado sureño, al romperse las hostilidades entre los estados fieles a la Unión Federal de Washington y los estados respondentes a la nueva Confederación de estados rebeldes proclamada en Richmond como la capital, renuentes a aceptar el continuar siendo parte de la Unión.
Una greña económica, después convertida en confrontacíon política y social; devenida definitivamente ruptura ideológica; desatada por el encuentro de dos criterios anti materia, de lógica divergentes, en lo referente a mantener incólume y expandir un sistema esclavista o abolirlo.
Cierto, porque en La Guerra de Secesión o Guerra Civil estadounidense (American Civil War) (7) , presenta varias facetas, algunas de carácter “independentistas; vista desde el lado Sur; pero coincidentes a su vez en varios factores comunes: la economía, sociología y el expansionismo militar por las posibilidades de adquirir nuevos territorios dentro de las fronteras de Norteamérica.
Después de la gesta independentista norteamericana de las 13 colonias (1775-1783) contra la metrópolis inglesa (Reino Unido de la Gran Bretaña y Escocia), esta guerra intestina resultó el acontecimiento de mayor significación en que se vio envuelta la nación norteamericana. La misma, tuvo lugar, entre los años 1861 y 1865.
Su resultado en pérdidas de vidas, fue de unos 620,000 muertos, por todas las causas y unos $8700 millones (304,500,000,000 millones al cambio actual) entre pérdidas materiales y económicas.
En la misma se enfrentaron dos bandos, la Unión integrada por los estados “del norte”; industriales y abolicionistas; y once estados “del Sur”; agrícolas y esclavistas. Estos últimos, recién conformados en la que estos “estados rebeldes” denominaron “Confederación”, cuya objetivo inmovilista era el de mantener y expander la esclavitud la cual estimaban indispensable para su subsistencia.
Esta Confederación alcanzó vigencia entre sus miembros, al considerar éstos que la esclavitud no debía combatirse sino proliferar con la integración de los estados nuevos. Una concepción arcaica, sin concepto del modernismo rampante hacia donde se encaminaba la Humanidad culta.
De igual modo ciertas leyes o medidas dictadas por el gobierno federal y Congreso de los Estados Unidos, los confederados las consideraban nocivas a sus intereses. Lo temido por Washington a finales del siglo XVIII tras alcanzar la independencia de las 13 colonias, una protesta de los estados esclavistas, cobró la forma de una Confederación que de hecho era una secesión del gobierno central federal.
El aspirante a senador por el partido republicano, Abraham Lincoln, había perdido una contienda electoral en la que exigía poner alto a la expansión de la esclavitud. En 1860, Lincoln y el senador Stephen Douglas, su viejo contendiente, volvieron a encontrarse ahora en calidad de sendos candidatos presidenciales; Republicano el uno y Demócrata el otro; exactamente en ocasión de que las tensiones entre el Norte y el Sur eran extremas.
Contar que en 1859 un partidario del abolicionismo, John Brown, inició por su cuenta una rebelión de esclavos en Virginia; pero fue capturado, juzgado y ahorcado; pasando a integrar la galería de los mártires entre los abolicionistas norteños. Claro, la espontaneidad de Brown, siempre cayó en evidencias, pero ganó simpatías cuando su gesto liberador le costó la vida.
Los sureños advirtieron que las libertades estatales no se mantendrían como hasta el presente, si continuaban siendo parte de la confederación original de los Estados Unidos de América, inmediato que concluyó la Guerra de Independencia.
Douglas conminó a los sureños demócratas a mantenerse como parte de la Unión, pero estos presentaron por su parte un candidato, John C. Breckinridge, amenazando con la secesión si perdían la elecciones.
Sucedió que Lincoln ganó los comicios y tomó posesión del cargo en marzo de 1861.
Entonces Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas, constituyeron los Estados Confederados de América con Jefferson Davis a la cabeza, como presidente, proclamando así la secesión de la Unión. Un acto que Lincoln declaró ilegal en su discurso inaugural como Presidente.
Los confederados tomaron la iniciativa, mas emocional que estrategica, y atacaron la guarnición de Fort Sumter en Carolina del Sur, el 12 de abril, 1861; logrando que se les unieran Virginia, Arkanzas, Tennessee y Carolina del Norte. De este modo comenzó la guerra civil entre los Confederados del Sur y los estados del Norte (Unión), que culminó con la victoria de la Unión en 1865.
A partir de ese momento, el rejuego de las libertades alcanzadas para las minorías negras, entró en una etapa de tensiones que no se calmaron plenamente hasta pasadas las 5 primeras décadas del siglo XX tras un inenarrable círculo de batallares cívicos ante la ley.
Todo ello, por efectos de que algunos líderes, agrupados alrededor de la figura del Dr. Thurgood Marshall, se decidieron a utilizar en toda su extensión, la Fuerza de la Ley, yacente entre otros en el libro ley de leyes, “La Constitución” norteamericana que rige dentro de los territorios de los Estados Unidos de América. Una estrategia paciente y exitosa que no todos los atrincherados integrantes de ambas orillas ideológicas en pugna, entendieron a plena cabalidad desde sus inicios.
Otros líderes y sus seguidores, aglutinados fervorosamente en el ámbito del Dr. Martin Luther King Jr. y sus relevos, por razones varias, optaron por operar sus agendas pro activistas en base de la confrontación directa o indirecta en contra del gobierno y sus instituciones.
Un error tremendo constatado después por los analistas e historiadores, dado que sus resultados, aunque también altruístas y cívicos, fueron nefastos.
La saga continúa.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   Ver la novela “The Time Machine” de H. G. Wells, 1895
(2)   “Versos Sencillos”,
(3)   Existe una extensa documentación literaria de los historiadores, funcionarios, negociantes y profetas árabes, donde se relatan con detalles copiosos la profundidad de la penetración del imperio árabe y con ello el islamismo, en áreas europeas, medio oriente y africanas, sus vinculaciones con las culturas locales y sus manejos comerciales y esclavistas. La costa atlántica del continente africano, fue diezmada por los traficantes, afectando a las etnias congo, carabalí, mandinga, gangá y otras. De forma similar los árabes mantuvieron un importante tráfico de personas esclavizadas africanas, tanto a través de rutas cruzando el Sahara como a través de la costa oriental de África, fundamentalmente la Isla de Zanzíbar. Este comercio se extendió desde el siglo VII hasta el siglo XX y alcanzó proporciones similares o superiores al comercio negrero del Atlántico.
(4)   Marie-Joseph Paul Yves Roch (mejor conocido por su título nobiliaro final: Gilbert du Motier, Marquis de La Fayette); estando en Francia; se unió a un grupo abolicionista “La Société des Amis des Noirs” (La Sociedad de Amigos de los Negros) creada en 1788 por Jacques-Pierr Brissot, una de las tantas Societé de Pensée (sociedades filosofales). De estas sociedades de librepensadores, Lafayette, llevó el mensaje emancipador hacia América.
(5)   “La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” emitida en 1789 por los franceses, tiene entre otras fuentes políticas norteamericanas, la “Declaración de Virginia” de junio 12, 1776 muy anterior a la francesa; que estimamos un genuino copycat mas depurado; incluyendo la “Constitución de los Estados Unidos de América” proclamada en septiembre 17 de 1787. De esta, también se nutrió la francesa y es considerada la Constitución mas antigua del mundo.
(6)   Washington tenía la costumbre de hacer registros y los mismos muestran que el cementerio estaba, cerca de la tumba de Geroge Washington. En 1929, la Asociación de “Mount Vernon Ladies” colocó una lápida de piedra para conmemorar el sitio. En 1983, un “Memorial del Esclavo”, diseñado por estudiantes de la Universidad de Howard, se erigió en honor a los hombres, mujeres y niños que sirvieron en la esclavitud en el Monte Vernon. Las palabras de amor, esperanza y fe están inscritas en los escalones del monumento. (Consultado en Wikipedia y la colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
(7)   Guerra Civil” era un evento como tal, y ya. Pero si damos vuelta a la página, encontraremos que desde el punto de vista conceptual, es así y se mantiene el concepto gramatical puesto que el objetivo (el leit motiv de trasfondo) fundamental no fue tal aducen algunos; una guerra antirracista que propendía a “lograr la emancipación de los esclavos“, en parte. Ese carácter humanitario oficial (admirable) lo adquirió después con la aprobación de la “Proclama de Emancipación” de enero 11, 1863 convoyando así el estallido civil iniciado en 1861, por razones tácticas y estratégicas. La confrontación se genera, todo apunta de manera exclusiva (al menos en sus inicios), por el acto secesionista de los estados sureños, por cuya razón en aras de mantener la unidad (de ahí lo de “Unión” del gobierno federal) y motivos por los que se le nombra “Guerra Civil” o “Guerra de Secesión” ambos valideros, como conceptos superpuestos.

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…Thurgood Marshall vs. Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil? VIII/VIII ***.***


Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?
III/III
Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
SÍNTESIS
 Un día aciago en Cortes
A pesar de la tensión percibida en el ambiente del Mall y sus espacios circundantes, todos sembrados de parques, estatuas, monumentos e infinidad de edificios gubernamentales —la mayoría de estilo clasico, greco romano—; desde las primeras horas de esa mañana de mayo de 1954 todo indicaba que el viento acaracolado, persistente hasta la molestia, sólo traería sobre Washington, la capital, las amenazas de esas lluvias matutinas habituales, siempre fuertes, vertidas a media mañana primaveral sobre la ciudad.
También, otros centenares de personas de edades, etnias y sexos diversos; hacían la fila frente al portón de acceso al edificio de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. Al fondo y frente al Capitolio, en la 1 First Street NE, otros cientos esperaban desparramados a la vera de la edificación, donde yacía la imponecia de las Cortes.
Al resto de los otros millones de ciudadanos de denominaciones religiosas y preferencias políticas varias, expectantes en cada rincón de los Estados Unidos, permanecían clavados frente a los televisores y radios. Una quietud alentadora era el dique de contención de la ansiedad que les colmaba como ciudadanos, hasta el momento en que la “Corte Warren” diera por terminada su sesión y cerrara puertas tras emitir el veredicto final.
Allí en ese edificio de piedras y mármoles, era donde desde 1935 se dilucidaban las cuestiones inherentes a la Justicia. Ellos esperaban que para entonces ya sabrían el desenlace de la “cosa suya” que también era de otros iguales, dejada en manos de los altos jueces y cuál fue el resultado de su queja ante las autoridades.
Todos estaban decididos a no abandonar el lugar, y menos esta vez, sin antes conocer del veredicto ansiado. Porque todos ellos aguardaban como una sola pieza, que se declarara ilegal una ley que desde hacía más de medio siglo, sirvió muy bien a una parte de norteamericanos confundidos, para mantener aplastada a un sector sustancial de la sociedad estadounidense.
Dicha parte, integrada mayoritariamente por los negros, incluía también a los judíos, mestizos, indios (criollos o extranjeros) u otras minorías penantes. Todos, habían estado demasiado tiempo silenciosos, en espera de que la sociedad norteamericana entera, recapacitara por un equívoco ya insostenible.
Porque ya habían transcurrido 57 largos años desde el fallo histórico (1896) en que la Corte Suprema de los Estados Unidos —la “Corte Warren”, entonces en funciones—, dictaminó invalidada la queja interpuesta por el ciudadano Homer Adolph Plessy en el que se constituyó después como el “caso Plessy vs Ferguson”
La Corte emitió de manera tácita un rechazo a la petición, al declarar que la queja del demandante acerca de que sus derechos constitucionales amparados por la Enmienda XIV habían sido violados por la empresa de ferrocarriles de New Orleans, quedaba “sin lugar, por infundada“. De ahí, el tema álgido de la discriminación racial saltó a primer plano, a causa de las inter relaciones étnicas inevitables
Quizás, la multa más histórica en los Estados Unidos
Porque hay que recordar que este caso, arrastrado desde 1892; emergió a flote público cuando Homer Adolph Plessy; un ciudadano oriundo de New Orleans en Louisiana; fue multado en $25 (unos $825, al cambio actual) por “sentarse en el asiento que no debía”. Tal incidente, se debió a que que ese vagón de pasajeros, en específico, estaba reservado “only for white people no for colored“.
La situación se le agravó cuando Plessy se negó, en voz alta, a trasladarse hacia el otro vagón del ferrocarril que estaba destinado “only for colored people“.
Claro, el acta de la Law 111 emitida por el estado de Louisiana en que se validaba localmente la segregación en los medios de transporte, no especificaba la gama de colores que abarcaba esa denominación de colored people.
Aunque los negros  lo sabían, porque la cosa iba con ellos, principalmente. Los resultados inmediatos del rechazo del caso Plessy por la Corte Suprema cuajaron y se demoraron.
Porque ello posibilitó la apertura de las compuertas ansiadas por los segregacionistas. Estos, aplicando las más singulares artes mágicas del birlibirloque ilógico de los prejuicios; dispusieron en sus arsenales de una sólida fundamentación legal –al menos jurídicamente-, aunque inadmisible desde todos los puntos de vista morales, éticos y humanos.
Tales quehaceres se solidificaron para continuar desarrollando y consolidando, las ideas  oniristas y cataléptiaos a fin de retorcer y enfatizar la desigualdad racial, proscrita por la Constitución de los Estados Unidos.
El criterio de la Law 111, peregrina en todas sus costuras y remiendos; era defendida por ciertos sectores sureños; considerando éstos que la segregación racial era legal y un acto soberano de los estados. Luego, cada estado podría interpretar dicho fallo a su manera y conveniencia.
Por supuesto, arguyendo que todo era “en beneficio de los negros y otras minorías”, dado que de esta forma “se les protegería a estas de los posibles acosos, por parte de elementos recalcitrantes”. No es extrañar que este lapsus de tiempo preñado de penumbras, pudiera ser enmarcado dentro de aquel período que la Historia denominó una vez, “Oscurantismo Moderno”.
Porque eso, precisamente, fue lo ocurrido en nuestro país, desde el 18 de mayo de 1896 hasta el 17 de mayo de 1954. Todo porque en una mañana de mayo de 1896 ante la “Corte Fuller” sesionada en Washington (así definida por presidirla Melville Weston Fuller) el juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Henry Billings Brown (2) en calidad de vocero, dio lectura al discutido fallo por el que le asignó la plena razón a la Law 111 (de la Louisiana Railway Car Act) emitida por dicha compañía en ese estado, corriendo 1890. Esta ley también fue conocida por “Act of Separate but Equal” (Separados pero con igualdad), la cual entró en vigor ese mismo año.
Dicha ley se diseñó y aplicó primero a los medios de transporte y después, por ósmosis intencional, en la versión elaborada por cada estado pero aplicada al resto de las actividades sociales, religiosas, artísticas, laborales, educativas u otras, en función de aquellos sus promotores, estimaban sus intereses legítimos.
Y así, desde 1896 transcurrieron los años hasta arribar al quincuagésimocuarto aniversario en el año de 1954, desde la implantación de esa ley, que sirvió de plantilla para el resto de las “Jim Crow” segregacionistas a emitir por cada estado.  Ese día, un viejo luchador por los derechos constitucionales, se detuvo brevemente ante la escalinata de la Corte, para tomar un repiro.

“¡Á la merde!”, exclamó Thurgood, indignado 

Ahora, exactamente en este día primaveral y trascendente; el Dr. Thurgood Marshall (3), abogado y consejero principal de asuntos legales de la National Association for el Advancement of the Colored People NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color), promotora del caso; miró por encima de los aros gruesos de sus espejuelos, la cuesta empinada que tenía ante sí y que le conduciría a la Sala del Tribunal de la Corte Suprema, donde se dilucidaría aquel drama intenso.
Thurgood, tiempo después, seria escogido en 1967 por el Presidente Lyndon B. Johnson como miembro de esa misma Corte Suprema de los Estados Unidos. La cuestión consistía ahora, en 1954, que él era el abogado acusador contra el gobierno de los Estados Unidos; el cual de simple espectador ante la demanda contra Louisiana, al sancionarla, se convirtió en ejecutor.
Éste, había ocupado ese cargo en la NAACP desde 1938, en sustitución de su mentor el Dr. Charles Hamilton Houston.

“¡Á la merde!, ya me sé de memoria cuántos son los escalones —farfulló, repitiendo con voz queda, para darse ánimos.

Tal como rumió Rodrígo, el de Triana cuando Colón lo envió castigado a la Torre del Vigía en el Palo Mayor (el “carajo“), de la carabela “La Santa María”.

Thurgood, ya se conocía de memoria cada loza del camino a vencer con la mole de su cuerpo. Y sin pensarlo dos veces, echó a andar a zancadas subiendo cada peldaño, jadeando con el alma y también como le permitieron sus tendones. Thurgood ya frisaba los 46 años de edad y andaba por las nueve arrobas de peso.
Es que a las 10:00 de esa mañana, el Marshall de la Corte haría su llamado acostumbrado a los asistentes, de hecho y por derecho y de igual modo extendido a los curiosos hacinados en la sala y las galerías altas. Y él, era el único de los representantes de los quejosos, que no podía faltar al acto en la acera de los demandantes.
Se trataba de un juicio importante de apelación del cual los presentes en la sala y una multitud de ciudadanos dolientes en toda la nación, clamaban por el veredicto condenatorio de las leyes de segregación racial y su anulación inmediata, sobre aquel infundio que les trancaba la garganta desde hacía la friolera de 57 años.
Todos los espectadores en la sala se revolvían ansiosos, los unos por curiosidad y los más, repletos de esperanzas. Entonces, con la solemnidad acostumbrada, los 9 jueces integrantes de la “Corte Warren”, entraron ceremoniosos; enfundados en sus togas negras; lustrosas e impresionantes.
Resultaba curioso, porque ahora les tocó a estos magistrados oficiantes a mediados del siglo XX; decidir sobre los derechos civiles del color negro, luego también del carmelita, el amarillo y el resto de la tonalidades.
No se trataba de las briquetas de carbón, el papel carbón de copias, el negro humo o de la “tinta china”; sino; acerca de los derechos de los escolares norteamericanos, específicamente los de color negro; segregados en las escuelas públicas, en casi toda la nación norteamericana.
Los magistrados, dictarían por boca del presidente de la corte el veredicto final sobre la controvertida y sonada ley, que hasta los felinos del Camino de los Gatos sabían de sus urdimbres al detalle.
El meollo de la querella versaba sobre la queja interpuesta por un ciudadano, Oliver L. Brown (4) , contra la poderosa Junta Escolar del Distrito Condal de Topeka, Kansas. En esencia, a causa de la discriminación racial sufrida por su hija Linda al no permitírsele, como a otros niños, matricular en la escuela primaria para blancos, cercana a su vivienda.
En consecuencia, dicha junta estaba acusada en esta ocasión de cometer actos de segregación, congénitos en el profundo sur, en contra de escolares quienes no por casualidad, eran negros.
En esta apelación de Brown los abogados de los demandantes consolidaron bajo el mismo nombre, otros 4 casos de características similares, lo cual convirtió la demanda individual, en una querella colectiva que, de inmediato, cobró de mayor peso.
Marshall temió a Warren, a causa de un viejo fantasma japonés
Thurgood albergaba temores de que en la “Corte Warren”, al estar presidida por el juez Hon. Earl Warren; les fallara desfavorable a los demandantes sobre el caso Brown, como sucedió antaño con el de Plessy (en 1896). Aunque este magistrado era considerado un republicano liberal y que lo siguió siendo a las dos manos durante el resto de su actividad en la Corte Suprema; dado que dictaminó en casos muy álgidos sobre los cuales debió emitir su opinión, contra viento y marea. Sin embargo, de la volubilidad de Warren podía esperarse, como en todo lo que intervino, cualquier sorpresa.
El resquemor se basaba en una decisión judicial emitida por Warren en el pasado, cuando todavía fungía como Fiscal General de California (5), antes de ser elegido gobernador de ese estado y después, candidato en la boleta presidencial.
Pero esa mañana fue de sorpresas inigualables para el diligente Thurgood Marshall. América, amagaba en danzar con su alegría soberbia y modocita; sobre sus pies genuinos, no los de barro, como cuando el “asunto Plessy”.
Porque precisamente en ese día aciago para Thurgood, la Corte Suprema de los Estados Unidos debía emitir uno de los fallos de mayor trascendencia en la historia de los Derechos Civiles y Constitucionales de la nación norteamericana.
Quizás, considerado desde puntos de vista ético, decencia, moral y altos principios; los jueces también altos de la Corte Suprema fueron conducidos por Warren de manera magistral, hacia una decisión unánime que dejó en ascuas a los oponentes de la integración. Norteamérica se anotaría otro tanto, aunque fuera en contra de su propia imagen como nación poderosa, en ocasiones omnisciente.
Algo así, seria inimaginable en otras latitudes o sociedades de “different way of lifes“, y que además, sus enemigos envidiosos jamás la entenderían. Se trataba de la resolución acerca del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas(6).
Con este veredicto, de ser favorable a los quejosos, se enmendaría un abominable entuerto que nunca debió ocurrir: la promulgación de la Law 111 (Separate but Equal) emitida en 1890 por el estado de Louisiana, basada exclusivamente en un acta irracional emitida internamente por la Compañía de Ferrocarriles de Louisiana.
Esta ley fue legalizada en 1896, inexplicablemente, por la Corte Suprema de los Estados Unidos, al desestimar la apelación de amparo formulada por un zapatero casi olvidado, protagonista del “caso Plessy vs Ferguson” de 1896, pie de base del conflicto actual.
¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!, anunció el Marshall de la Corte
Thurgood había entrado a la Sala de la Corte y se sentó exhausto en el asiento reservado a los abogados actuantes. Sucedió en el mismo instante en que se escucharon los golpes del mazo del Secretario del Tribunal; anunciando a los presentes el ponerse de pie, en espera de la entrada inminente de los magistrados e instándolos a aguardar de pie hasta que éstos se sentaran. Entonces, se escuchó la voz fuerte del :

Los muy Honorables, el Presidente del Tribunal y los Magistrados de la Suprema de Corte de Justicia de los Estados Unidos. ¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!.

Todas las personas que tengan peticiones ante los Honorables Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, deben prestar atención, porque la Corte desde ahora está en sesión.

¡Que Dios salve a los Estados Unidos y a esta Honorable Corte!.

Los magistrados entraron lentamente y tomaron asiento. El Presidente de la Corte dio un golpe con su mazo y todo el público se sentó. La apertura de la sesión y la alocución a los peticionarios se realizaría de inmediato.
El Presidente de la Corte, el juez Earl Warren, fue hacia el estrado con paso lento, pero con la expresión de quien sabe exactamente el alcance del veredicto que portaba entre sus manos. Un enorme silencio se tendió sobre la sala, como si todos los sonidos y ruidos del mundo se hubiesen escapado a otro planeta. Ya en el podio, carraspeó, abrió una carpeta de piel negra y anunció:

“Decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos. ¿Justicia igualitaria conforme al derecho?. Daré a conocer el dictamen de la corte con respecto a la alegación de Brown contra la Junta Educativa (de Topeka).

Al abordar esta cuestión no podemos regresar al año 1868 cuando se promulgó la Décimocuarta Enmienda, ni al 1896 cuando se instruyó el caso Plessy contra Ferguson. Debemos observar la Instrucción Pública a la luz de su papel actual en la vida del país.

Y enfrentamos la pregunta, ¿puede la segregación en las escuelas públicas, basada meramente en la raza, a pesar de que las instalaciones sean iguales, privar a los niños de la minoría de oportunidades educativas igualitarias?.

Creemos, unánimemente, que sí. Concluimos, que en el área de la Educación Pública, la doctrina de separarlos por iguales, no tiene cabida. Por lo tanto, sostenemos, que se ha privado a los demandantes de la protección equitativa de las leyes garantizadas por la Décimocuarta Enmienda. Así se ordena.” (7)

Warren, dejó que se escucharan por última vez quejas sobre la segregación racial por motivos de la raza en las escuelas y volvió a golpear con el mazo, dando la sesión por concluida. América, resultó salvada nuevamente por sus jueces. El público, aplaudía delirante aquel fallo justo e irrevocable. Hubo una historia anterior a ese momento crucial.
El  antecedente del ciudadano Brown, contra la Junta Escolar de Topeka.
Este mandato de la Corte Suprema, posibilitó que la pequeña hija de Brown, Linda, pudiera matricularse en la escuela primaria de blancos; cercana a su hogar en el distrito de Topeka; en lugar de caminar solitaria bajo cualquier condición del tiempo, hasta su escuela primaria situada casi a una milla de su hogar.
Porque resultó fabuloso que, de golpe y porrazo, la “Corte Warren” revivió, de manera implícita, la Décimocuarta Enmienda y revitalizó la Décimotercera y de paso, consolidó la Décimoquinta; las cuales nunca fueron derogadas ni resucitadas oficialmente sino, simplemente resultaron freezing y olvidadas en un rincón.
Sin embargo, a pesar del intríngulis legal, este evento jurídico corrector resultó el remedio preciso que no dejó espacio a dubitaciones y que además; marcó un hito en la lucha por la dignificación de un sector de ciudadanos estadounidenses segregados del buen vivir en democracia.
Porque el intríngulis generado premeditadamente en 1896 y cuyos vértices exponenciales atacados durante decenas de años entre otras minorías relegadas; eran los negros y, como sucede en todas las razas, con su gama plena de tonalidades.
Como una consecuencia inevitable de este desastre social impuesto por la ceguera de unos jueces ofuscados de prejuicios, la segregación y los temores de su recrudecimiento ya abocados; hicieron que ya desde 1909 ciudadanos de diversas características étnicas y sociales como negros, hispanos, judíos, asiáticos y de otras nacionalidades; se conformaran bajo la sombrilla de la nobel NAACP, recién fundada.
Esta asociación, popularizada como “The Call” (La llamada), estuvo antecedida por el “Comité Nacional Negro” o el original “Niagara Movement“. Lo sorprendente y novedoso de esta asociación, es que se conformó integrando en su membresía a otros grupos étnicos, no negros.
Luego resaltó que con este modo de actuar gregario, la NAACP daba muestras de cómo el país norteamericano debería conformarse, sin la existencia de exclusiones ofensivas. Es decir, que la NAACP, era la auspiciadora y promotora; entre otros muchos cientos desde su fundación, del “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
El evento judicial del 17 de mayo de 1954 por su parte, emanado como dictado inapelable de la Corte Suprema; fungió en calidad de elemento restaurador de las leyes originales, las denominadas XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales.
Estas modalidades, fueron diseñadas y puestas en vigor, a raíz de concluir del conflicto (muy cruento) entre las fuerzas de la Unión (el Norte) y las de los Confederados (el Sur). Ambos criterios de gobernabilidad, estuvieron enfrentados militarmente durante largos y penosos años (1861-1865).
En primera instancia, se trataba atajar el cisma provocado por la disidencia de los estados separatistas del sur; lo cual se logró al final; momento en que el presidente Abraham Lincoln incorporó estratégicamente el tema álgido en extremo, concerniente a la abolición de la esclavitud.
Con ello se posibilitó con posterioridad, que la Unión ya victoriosa, adhiriera a la Constitución norteamericana las mencionadas enmiendas a los fines de proteger los derechos y libertades adquiridas por los antiguos esclavos, principalmente.
Por imbricación lógica, el resto de la nación pudo respirar a pulmón pleno, dado que esas leyes eran aplicables a todos los ciudadanos, sin distinción de razas, fueros ni privilegios. Un conjunto posible, tras la victoria del ideario abolicionista de los estados norteños integrantes de la Unión, sobre el capricho esclavista enarbolado por los estados sureños, adheridos a la nombrada Confederación.
El fallo reparador emitido por la Corte Suprema de Justicia, pasó a los anales de la judicatura norteamericana con el nombre del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
Por el mismo, los ciudadanos quejosos como Brown contra el status quo segregacionista implantado legalmente desde 1896, emanado a su vez del dictamen de la Corte Suprema entonces actuante, consiguieron ser escuchados con éxito.
Un “no ha lugar” que perduró 57 años
Una ley injusta, la Law 111, (en realidad, formó parte de un conjunto de leyes, por lo general agrupadas bajo el, nominativo de “leyes de Jim Crow” y disposiciones locales promulgadas por los estados), emitida por el entonces gobierno estatal de Louisiana; y después imitadas por otros estados, saltando sobre las Enmiendas Constitucionales; provocó a mediados del siglo XX la queja de un ciudadano negro, el cual emplazó al estado de Kansas con su apelación contra el viejo fallo judicial, “Plessy vs Ferguson”. El mismo caso de Rosa Parks (8) cuando la crisis de los autobuses, a mediados del siglo XX.
La apelación de Plessy ante la Corte Suprema Distrital de New Orleans y posteriormente en 1896, ante la Corte Suprema de Apelaciones de los Estados Unidos, fue declarado “sin lugar” en ambas instancias, de donde la Law 111 cobró valor. Este caso devino en consecuencia desastrosa para toda la estructura legal de la “Ley de los Derechos Civiles”, emitida por el gobierno republicano en 1875.
En modo alguno, el proceso incoado por el Comité de notables de New Orleans; que guió el “caso de Plessy vs Ferguson” en New Orleans, aunque derrotado en cortes; no lo fue por negligencias sino, por imponderar que el ambiente hostil del sur estaba impregnado de un apasionamiento fuera de la lógica justiciera y de imparcialidad, que debió primar en la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.
Esta institución, a la que suponía alejada de la influencia sureña, o de cualquier otra, se dejó arrastrar inexplicablemente por su falta de ética profesional y humanística hacia un abismo legal, luego, fue esta corte la que le falló al pueblo norteamericano.
Entonces, la Law 111 fue el punto de apoyo de los segregacionistas, quienes campearon por sus respetos durante los siguientes cincuenta y siete años, hasta que el fallo dictado por la Corte Suprema el 17 de mayo de 1954, en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, rectificaría todo lo que jorobó y amargó a los negros, otras minorías y a la vergüenza nacional de los Estados Unidos.
En este veredicto trascendental se declaraba que:

“La segregación racial en el campo de la enseñanza (de donde provenía la queja), era ilegal y estaba proscrita desde ese momento por las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual será extendible a posteriori, hasta cualquier sitio y actividad pública“.

Esta victoria posibilitó, aunque ahora a la inversa y en revancha, que los anti segregacionistas tomaran el fallo como catapulta, para irle encima a los promotores de la segregación, pero ahora a marcha forzada en todo el ámbito nacional, a fin de ecualizar el error judicial.
Se determinó “campo”, dado que en lo que a esta resolución refería, era al “campo educacional” en específico y no, al resto de las otras esferas sociales del país y cualquier otra actividad. Estas eran semejantes a las de aquellos estados que se encontraban atorados con tales problema, tal como sería alcanzado posteriormente y de manera paulatina, con un tono bastante pacífico (con algunas excepciones), utilizando al descubierto los recursos propios de la leyes norteamericanas.
Se había alcanzado la victoria jurídica, pero de igual modo; se iniciaba otra etapa cuesta arriba para lograr la implantación y reglamentación igualitaria de todas las actividades en el ámbito nacional.
Restaba lo más importante y de sensibilidad extrema en una nación que había hecho su historia peleando por las causas justas –en especial por otros pueblos oprimidos o en vías de serlo, lo que así se logró–, que la ciudadanía entera comprendiera que tenía por delante el abordar un camino álgido.
El dilema
Alcanzado este punto, ante todos los activista que se esforzaron en lograr la anulación de las leyes segregacionistas, se les presentó el dilema de decidir en qué forma desarrollarían su futura lucha por extender a toda la nación los beneficios del veredicto final de la Corte Suprema, al abolir la segregación en las escuelas. Porque ya se había arribado exitosamente a un punto de inflexión, que inclinaba a escoger entre la estrategia legal absolutamente pacifista de Thurgood Marshall, acudiendo a “la fuerza de las leyes vigentes” y por otra parte entre lo opuesto y tangencial, “la fuerza de la desobediencia civil pro activa“, sustentada por Martin Luther King Jr.
Sin embargo, no resultaba saludable olvidar las otras corrientes minoritarias (los furiosos) capitaneados por Malcom X , Farrakhan y otros, vinculados al Islam, comunistas, fundamentalistas negros, y en ocasiones (no clarificadas) a maffias locales y grupos de intelectuales, plebeyos y resentidos interesados en mantener en ebullición el estado de animo adverso de ciertos sectores de estas minorías; por ejemplo; las actividades anti norteamericanas exógenas patrocinadas por el Comintern.
De igual modo, se destacaron ya después corriendo los 60’s, las corrientes redundantes con los grupos terroristas auspiciados por anarquistas, etarras, castristas, maoistas, fundamentalistas islámicos y otros de igual prosapia. No desprendernos de los reclamos que la justicia de los Estados Unidos solicita en especial, a los países miembros del Eje Apocalypto (ALBA), donde se han refugiado elementos subversivos, terroristas y delincuentes comunes, amparados por esos gobiernos hostiles a los EE.UU.
La esencia del objetivo final, consistía en hacerle entender al resto de los norteamericanos –hasta entonces privilegiados indirectamente–, la justeza de las leyes anti segregacionistas y la necesidad de que las mismas fueran apoyadas con fervor por el resto de la nación, en aras de la unidad nacional. Pero todo este trajín cenagoso de casi seis decenios, tuvo sus antecedentes a causa de una jugarreta del destino y el desatino de los hombres en pugna.
Sucedió que transcurrido el primer tercio del siglo XX, arreció la lucha de varios grupos; algunos inmersos en la violencia preconizada y aprovechada por los comunistas de nuestro vecindario (castristas, senderistas, tupamarus y otros grupos violentos).
Tales sectores tenían en sus agendas el interés en tomar ventajas de las tensiones sociales generadas por la segregación, exacerbadas por el boicot impuesto a Sudáfrica en consonancia con el sistema del apartheid y en especial, por las actividades disociativas (en ocasiones, subversivas) de agitadores profesionales envueltos en las protestas contra la guerra de Viet Nam.
Entre estos movimientos se destacaban sendos grupos de activistas pacifistas (de los principales) liderados por el Dr. Thurgood (née, “Thuroughgood”) Marshall (1908-1993) el uno y el Dr. Martin (née, “Michael”) Luther King Jr. (1929-1968) el otro; quienes enfocaron los esfuerzos y luchas anti segregacionistas, empleando tácticas y estrategias muy diferentes.
El uno, dispuesto a eliminar toda tendencia racista de ciertos supremacistas blancos y negros; mientras que el otro, de alguna forma, preconizaba puntos de vista no exactamente tendentes a la unidad nacional.
Se trataba del rescate y revalidación plena, como seguimiento del dictamen de la Corte Suprema en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”; de los Derechos Civiles y la revitalización de las XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales, concordantes con la erradicación de la ominosa segregación racial, exacerbada por grupos aislados en cada bando.
¿Esencia de la táctica teórica de Martin Luther King Jr.?
El Dr. Martin Luther King Jr., quien escogió para su justa “el Poder de la Desobediencia Civil pro activa”, un abanderado incansable de la lucha por los Derechos Civiles; fundó (1957) la Southern Christian Leadership Conference, SCLC (Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano), la cual dirigió hasta su muerte. Este proyecto de activismo pro activo, se estructuró bajo el proyecto de un dispositivo pacifista.
Sin embargo por razones desconocidas o al parecer permeado por la influencia de sus consejeros (9), lograron que Luther King Jr. deslizara sus acciones de protesta por el sendero intrincado e impredecible de la entonces en boga “Desobediencia Civil” (10).
Esta táctica (que había dejado de ser estrategia), inevitablemente; conduciría más tarde o temprano a la exacerbación de las pasiones y el ineludible encontronazo físico con las autoridades del orden o sus oponentes segregacionistas; lidiando sus diferencias en medio de las calles; tuvieron o no éstos, la razón.
Tal se demostró en cada uno de los choques anteriores y posteriores a la etapa de Luther King Jr. como líder de ese movimiento de ciudadanos (o sus seguidores) inconformes con el status quo imperante. Por ejemplo, notorias fueron las protestas de los veteranos de la I Guerra Mundial ante la falta de empleos, la lucha de las mujeres por el derecho al voto, las que el propio King auspició en contra de la Guerra de Viet Nam.
También se destacaron la batalla sobre el boicot al transporte o las riñas anti aborto, la efervecencia ambientalistas o cualesquiera de los otros aspectos por los que sectores ciudadanos se sintieran molestos o quejosos.
Luther King Jr. decidió en alguna forma o por motivos no diafanizados del todo, quizás fundamentalistas hermeticos; entrar en consonancia con las modas de la época y limpiamente, abrazó las doctrinas de Henry David Thoreau. Este ideologo exhaltado, era autor de un panfleto “La Desobediencia Civil” (lamentablemente escrito en la cárcel) y algunos puntos de vista de Tolstoy, Gandhi, Habermas y otros tantos connotados.
La desobediencia civil en la esencia de su estilo como lucha contestataria, es una forma de disidencia política, propia de los ciudadanos objetores de conciencia que; dentro de una democracia; dicen y muestran pacíficamente (por lo general) sus inconformidades con ciertas actividades o puntos de vista del gobierno actual. O si se entiende “de la política de estado”, que puede ser general y sostenida.
Uno de los rasgo característico de dicha táctica como instrumento de lucha, sino el de mayor distinción, es de la desobediencia civil como tal (donde Luther King Jr. aplicó con frecuencia los enunciados tácticos de Gandhi); la cual es su ejecución de forma consciente y sin estridencias públicas, pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad.
Tal modo de divergencia, asume otras fases de violencia extrema bajo los totalitarismos y la cuestión de agudiza por la intolerancia extrema del régimen opresor, a abrir un espacio que ha estado cerrado a cal y canto para el resto de la ciudadanía inerme.
Esta actitud contestataria, puede ser silente y de inamovilidad absoluta en un lugar o zona específica; tras el envío de un mensaje a la autoridad pública, aduciendo las razones del tal quehacer de manera indefinida, hasta conseguir que las autoridades cesen o mitiguen una actitud antipersonal (anti humana) contra un individuo o grupos específicos.
La cuestión, por ejemplo, se manifestó en el rechazo a la encarcelación represiva de 75 intelectuales y disidentes pacíficos, tal como sucedió en Cuba en 2003 durante la denominada “Primavera egra“.
En el caso isleño, de igual modo y dentro de una particularización notable, es también asumir una actitud dinámica de auto flagelación pública de no ingerir agua o alimentos de manera indefinida, tal como ha venido aconteciendo en Cuba desde la instauración del régimen comunista de los hermanos Castro.
Ejemplos resaltables devienen en tragedias cuando en 2010 un opositor negro, Orlando Zapata Tamayo (encarcelado desde 2003) activista de los derechos humanos, murió por estarvación (de hambre y sed) en febrero 23, 2010 tras 83 días de huelga de hambre.
O la del también disidente y opositor negro Guillermo Fariñas Hernandez, “Premio Zajarov 2010“; quien sufrió 11 años de prisión y protagonizó 23 huelgas de hambre; al cual el régimen castrista mantiene aprisionado como otros tantos opositores, sin derechos a movimientos dentro o fuera de la isla.
En el caso de Martin Luther King Jr. (tal por otras razones sectarias, sucedió también mortalmente con uno de los furiosos, Malcom X) se habia sumergido muto propio en las prácticas de desobediencia civil callejeras tuvieron de modo igual o resultados trágicos.
Dado que a su pesar y en el de todos los humanistas, derivó en desatar los nudos de una violencia lamentable entre blancos y negros; la cual era exacto a lo que Martin Luther King Jr. no deseaba y lo peor, sin obtener a cambio un resultado tangible, salvo el asesinato alevoso de este líder por un supremacista.
¿Esencia de la estrategia práctica de Thurgood Marshall?.
Este prominente abogado y veterano no de decenas, sino de cientos de pleitos ante los tribunales norteamericanos, Dr. Thurgood Marshall, quien escogió como arma por los derechos civiles; “el Poder de las Leyes”; propuso una estrategia mancomunada de herramientas más simple y al alcance de la mano de cualquier ciudadano decoroso: las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica y su hito, la Ley Constitucional, ambas vigentes.
Thurgood era del criterio de que un hombre sólo, per se, podría exponer su queja ante los tribunales, y ganar. Tanto el poeta Langston Hughes así como otro luchador por los derechos civiles, su mentor Charles Hamilton Houston, influyeron en estas conclusiones. Decia, que con el auxilio de instrumentos tales, planteaba Thurgood, cualquier hombre seria capaz de lograr un cambio y sin rasgos de violencias posibles, tal lo demostró durante toda su vida de activista anti segregación, en cualesquiera de sus formas.
Tal enfoque sobre la manera de solucionar un mismo conflicto, inobtenible cuando se recurría a la confrontación callejera; Thurgood se convenció desde temprano, que había posibilidades legales de eliminar nacionalmente la segregación, dado que por las leyes norteamericanas; era un instrumento legal, a partir del fallo adverso en 1896 de la Corte Suprema en el “caso de Plessy vs Ferguson”.
Su estrategia consistió en no combatir la ley “legal” de la segregación (Law 111) de Louisiana (1890), sino, demostrar en un primer paso: que la mencionada doctrina de “separados pero con igualdad”; funcionaba a toda marcha en su primera parte, la de “separados”; mientras que en la segunda parte, en lo de “con igualdad”, era un desastre inconstitucional.
Así paso a paso, desde su posición y tal como preconizo, este logró desmontar pieza a pieza ese desastre segregacionista y alcanzar el triunfo del 17 de mayo de 1954.
Un balance sorprendente
Pasado el balance final, inexplicable, la memoria de Martin Luther King Jr. –un gran líder y mejor humanista– se alzó sin proponérselo con todos los honores; mientras que Thurgood Marshall, Charles H. Houston y otros –que en nuestro criterio fueron los arquitectos del triunfo estratégico anti segregacionista por métodos pacíficos– quedaran relegados a un lugar más discreto.
Al parecer, en el caso de Marshall además de otros destacados, no se ponderó justamente su paciente y real cadena de triunfos; iniciados desde la exitosa acción judicial emprendida el 25 de junio de 1935; al lograr que la Facultad de Derecho de la Universidad de Maryland, admitiera en sus aulas al primer estudiante negro.
Así, al paso de los años y triunfo tras triunfo en las cortes, la razón silente acerca de cuál estrategia y tipo de “fuerza” resultó la idónea; estuvo de parte de Thurgood Marshall, como lo demostró en mayo de 1954, apoyado por la NAACP, y el resto de su carrera exitosa hasta su culminación como miembro de la Corte Suprema.
Sin embargo, si bien per se, el veredicto de la “Corte Warren” de 1954, en su esencia intrínseca e implícita abogaba por la eliminación de la segregación en cada estamento de la sociedad norteamericana, no fue hasta el 13 de noviembre de 1956que la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó por su mandato irrevocable que:

“La segregación racial en cualesquiera de sus manifestaciones, lugar o actividad, era ilegal.”

De ello se derivó que toda la estructura judicial, legislativa y ejecutiva de la nación norteamericana, dispuso de una herramienta definitiva e invaluable para eliminar cualquier manifestación de discriminación racial en los territorios de los Estados Unidos de América, sin aplastar la libertad de expresión amparada constitucionalmente.
Recordemos otro evento notorio que fue elevado hasta la Corte Suprema (estando Marshall ya en funciones como magistrado de la misma), el cual fue generado y dirimido en el ámbito de deporte profesional, específicamente en el área del baseball.
El pleito ganó la atención del gran público norteamericano, sobre otras disparidades económicas; en cierta forma amparadas por la Ley Anti-Trust; tal surgió en el denominado “caso Curt Flood vs. Bowie Kuhn (407 U.S. 258)” de marzo 20, 1972 por una queja elevada por Flood contra la existencia de la injusta “reserve clause” (cláusula de reserva).
Marshall dio su voto al demandante, Curtis Charles Flood. Aunque éste último perdió el caso, 25 años después, su queja se materializó (11) en el justo medio en base del criterio de Thurgood Marshall.
Un estudio reciente, acerca de esta especie de palíndromo absurdo; nos arroja explicaciones diversas, incluyendo razones algunas delicadas, arrancadas y disputadas desde los preludios de la Guerra de Secesión (1861-1865). Desentrañarla, es volver a los preludio expuestos en la “Tesis”.
Conclusión

(Una dispensa por estar en construcción…)

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   “Plessy vs Ferguson” [163 U.S. 537 (1896)]. Lo curioso es que la esposa del juez John Howard Ferguson, Virginia, se dice que mantenía fuertes vínculos con los abolicionistas de Massachusetts, entre ellos su padre, Thomas Jefferson Earhart
(2)   Algo inedito: “If one race be inferior to the other socially, the Constitution of the United States cannot put them upon the same plane“, Brown wrote.
(“Si una raza es inferior a otra socialmente, la Constitución de los Estados Unidos no puede ponerlas al mismo nivel….” escribió Brown).
(3)   Thurgood“, un film de George Stevens, JFK Center 2010, interpretado por Laurence Fishburne. (4) Oliver L. Brown, era un soldador de los talleres Atchison en la Topeka and Santa Fe Railway, en Kansas. Su queja surgió porque su hija menor debía caminar sóla, toda una milla para llegar a su Escuela Primaria, cuando la misma escuela, para niños blancos, le quedaba a unos bloques cerca de su casa y la Junta Escolar le negó a Linda el uso del transporte escolar.
(5)   A Earl Warren, en su función de Fiscal General de California, le tocó propiciar la relocalización e internamiento en campos de retención diseminados en los EE.UU (una práctica de común de acuerdo en el derecho internacional) a los extranjeros; en este caso ciudadanos japoneses (y japoneses-norteamericanos); que permanecerían detenidos en los EE.UU (incluyendo los territorios de ultramar), durante toda la II Guerra Mundial. Estas personas, durante el gobierno de Ronald Reagan, fueron indemnizados, por una decisión que muy pocos entendieron fundamentada.
(6)   “Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, [347 U.S. 483 (1954)].
(7)   La decisión original en ingles de la Corte Suprema de los Estados Unidos, el 17 de mayo, 1954 fue la siguiente:

We come then to the question presented: Does segregation of children in public schools solely on the basis of race, even though the physical facilities and other “tangible” factors may be equal, deprive the children of the minority group of equal educational opportunities? We believe that it does…We conclude that in the field of public education the doctrine of ‘separate but equal’ has no place. Separate educational facilities are inherently unequal. Therefore, we hold that the plaintiffs and others similarly situated for whom the actions have been brought are, by reason of the segregation complained of, deprived of equal protection of the laws guaranteed by the Fourteenth Amendment

(8)   El boicot terminó gracias a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos del 13 de noviembre de 1956 que declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.
(9)   La consejería advertida o inducida en Luther King por fuerzas extrínsecas, no deben dejar de vincularse con la existencia de factores enemigos jurados de los Estados Unidos. Recordar que por entonces, los restos del nacionalismo tercermundista (empantanados por la corrupción en sus fracasos económicos y políticos totales), aupado y subvencionado por la URSS y su brazo político armado y subversivo; el Comintern (todavía activo en la introducción de drogas para destruir la moral de la juventud estadounidense); arribaron a las entrañas de los norteamericanos disconformes, convoyados y vigorizado con la mensajería testaferra castro-comunistas.
(10)   Henry David Thoreau (1817-1862) fue un poeta, escritor y filósofo estadounidense de tendencia trascendentalista y origen puritano, autor de “La Desobediencia Civil”, entre otras obras y se le considera entre los padres de la literatura norteamericana. En 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México (también lo era Lincoln) y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue encarcelado. De este hecho nace su tratado, La desobediencia civil, pionero al proponer algunas ideas como el pacifismo y la no violencia que resurgirían con fuerza en el altermundismo ya anticipado por Thoreau para el siglo XX pasado.
(11)  El caso…

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Un Benedetti desvertebrado: ¿desmistificar el culto a su personalidad? II/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Un Benedetti desvertebrado: ¿desmistificar el culto a su personalidad? II/II

Epílogo roto, para una saga desvertebrada
Apenas me deleitaba con la “declaración de principios” de un blog de azarosa elegancia y de redacción cuasi impecable (*), la cual el dueño colocó a manera de admonición –tan estremecedora ,como aquella otra con que se topó Dante a la entrada del infierno–; donde ahora, éste generador de ideas nos advertía tajante: “…La jerarquía del blog …actúa como juez y jurado, no reconoce el derecho a apelar y se come el hígado del ahorcado. Esto es lo que hay”.
Aunque no resalte vínculo con el tema, es muestra sui géneris del derecho sagrado del dueño del blog, a plantar en su sitio un criterio que atañe sólo a él, independientemente de otras opiniones. Y lo principal: no está vinculado a pactos, plumas viles al servicio de tiranos, filosofías de proletarios morones, adalides circunstanciales, sinvergüenzas enrojecidos y ni siquiera, a la mismísima Madre de los Tomates.
Coincide ahora, cuando llega la aluvión de ditirambos y loores mediáticos de las viudas y viudos implícitos del escritor, virtuales, ululantes sanos los unos por la pérdida del bardo y los otros; demagogos insanos de escarapela púrpura, por la pérdida de un cómplice ideológico.
Porque el Sr. Mario Benedetti fue pluma equivocada de acera y sombrero, quizás al tomar errático el mensaje surrealista de Marx Ernst; en “El sombrero hace al hombre“; a expensas de la rutilancia esquiva de su prisma artístico interno –enrojecido hasta el punzó–, un color de nombre único con el que los negros cubanos denominan al color rojo muy vivo y de destellos morados.
También porque al suyo externo parecíale apático, si las camisas pardas del Sturmabteilung (SA) de antaño (las del hitleriano Ernst Röhm, homosexual y pendenciero) se corrieran hacia el rojo einsteniano, de hogaño. Resultó una pérdida fabulosa de tiempo (que en definitiva era el suyo) además de miserable, poetizar banalidades alejadas del humano sufriente, para alabar al líder.
Es un modo de pensar y actuar tal máquina de trotar, que con sus jadeos de solteronas en busca de maridos no trotones y sudorosos como ellas, nunca llevó a nadie a ningún lugar. Es somia inherente a los intelectuales zurdos amancebado con su superego trascendental. Es que les fascina mirarse en espejos con aberraciones, también como gustan de olisquear en los manicomios castristas del “¡aé, aé, aé la chambelona!”.
El socialismo bondadoso de Fourier y Les Mamelles de Tirésias
Porque trocó lo espiritual por lo material, en lugar de extraer lo humano del socialismo bondadoso de Fourier –defendido por Dühring–. Fue y acudió orondo a las tres leyes de la dialéctica (propias de teens almidonados con bórax) defendidas por un tal Engels, también adolescente, en su “Herrn Eugen Dührings Umwälzung der Wissenschaft” (La subversión de la Ciencia por el Señor Eugen Dühring), más conocida por “Der Anti-Dühring“.
Una filosofía, del “Manual Práctico del Marxismo-Leninismo”, entre otras canzonettas que nuestro escritor apoyó junto a los desaciertos de un Karl Marx, mantenido por su amigo Engels, y su teoría general del desatino económico al entregar las riquezas atesoradas por la Humanidad palpitante, en manos de la chusma orillera y morona.
Es que toda esta capa umbilical de filosofía social y económica, además de una superficialidad astronómica; se sentía abanderada de oficio, por aquel otro proto soñador de “los cuchillos largos”, François-Noël Babeuf (aka, “Graco”). Un proto un imbécil sicosomático, aunque práctico al soñar en cómo apropiarse de las riquezas ajenas, sin dar un golpe.
Este utopista de mal dormir, proclamó en su proyecto “Conjuration des Égaux” (Conspiración de los Iguales) todo el detritus de su fracaso personal: “… a los burgueses –¡cuidado, que Benedetti nunca fue un burgués!–, hay que quitárselo todo, antes de guillotinarlos”.
Un estilo cavernario intrínseco de los comunistas, que el escritor defendió contra los creadores de riquezas en este planeta. Aunque disfrutaba a plenitud de las suyas propias, obtenidas por la pluma vil y sirviente de los déspotas, tal decía nuestro Martí.
Desconocemos si el Sr. Benedetti tuvo la gentileza de distribuir entre “sus proletarios amados” (los intelectuales zurdos, los proclaman, pero los quieren bien lejos) toda la riquezas y bienes materiales de oro y plata acumulados durante su vida prolífera, con pluma en ristre jorobada por las malas causas, según cánones imperantes en la selva roja del Graco. Perdón, rosada.
Y retornamos a la esencia fundamental de las lágrimas y gemidos tras el estallido de este otro “cadáver exquisito, surrealista”. Si, porque como otras tantas plumas atacadas por el lapsus calami de cronicidad endémica, a que les obliga la bandeja proletaria si quieren ser reconocidos, es vender su estilo cuneiforme de forma zurda, para beneplácito adulón al partido dominante.
Son los tiempos post Guerra Fría, de extrañezas iguales a los de la pre y post I Guerra Mundial, parecidos a los que tocó vivir un romano de nacimiento y parisino de convicción; Guillaume Apollinaire; en que se le ocurrió escribir una obra teatral, a la que al descuido llamó “surrealista”, cuasi travestí “Les Mamelles de Tirésias” (Las Tetas de Tirésias, 1917).
En la obra, el adivino tebano Tirésias es invertido hacia un personaje de carácter contrario, feminista y anti militarista, para dominar a los hombres (ver el original de la obra en Bibliotheca Augustana en http://www.hs-augburg.de/), dando lugar a uno de los movimientos artísticos mas sonados del siglo XX: “Le surréalism” (Surrealismo). Apollinaire no pareció en esta, haberle pedido permiso a Søren Kierkegaard, tildado de “padre del surrealismo”. Pero el escritor, sí pedía permiso a sus empleadores.
Nada semejante encontraremos en los intelectuales oficialistas de la zurdera atragantada (todos muertos de miedo, como el Sr. Mario Benedetti o la misma enrojecida Nobel de Literatura, la sudafricana comunista, Nadine Gordiner ); salvo los juegos pirotécnicos emitidos por Jean-Paul Sartre en su “L’existentialisme” (Existencialismo).
Porque si observamos a los intelectuales cubanos finos de la época republicana –también en toda Indoamérica–, encontraremos entre ellos filósofos y pensadores del “aporquesí“, sin pedirle permisos al partido comunista. Mientras que si oteamos la pajarera intelectual castrista de hogaño (todos ellos lo saben), veremos que el Gran Hermano no permite aparecer en lontananzas ni una sóla voz que se atreva a filosofar sobre lo que esté o no esculpido, en los manuales marxistas.
Es el mismo que toda la escuela zurda porta bajo el sobaco o las propias “Reflexiones” del Dr. Fidel Castro Rúz. Porque todo lo demás escrito, pintado o compuesto, son intrascendencias explicadoras del “Por qué las tonalidades argentadas de los cangrejos moros; excitan en el punto “G” de los crustaceos hembras, los diablillos del Complejo de Electra“. Y de ahí, no pasan los pucheros.
También porque para encantos del finado Sr. Benedetti, el sarao de premios y honores continuó impertérrito, sin los sustos ni riesgos que corren los intelectuales decentes y decorosos bajo los totalitarismos.
Solo ver el vía cruxis élégante –en el decir torvo de los represores–, por el que el Comandante el Jefe hizo transitar a los 75 intelectuales apresados como rehenes durante la razzia garibaldina de “La Primavera Negra”, aquella especie de “Nacht der langen Messer” (Noche de los cuchillos largos), derechitos hasta las ergástulas camaradas.
O el martirio dominical de “Las Damas de Blanco” bajo nubes de la chusma de moscas castrista. ¿Donde estaban los Benedetti entonces? Ellos, las “focas intelectuales amaestradas por La Habana”, siempre andan por ningún lugar, mirando hacia “el otro lado”.
Operación Colibrí
Los nazis la nombraron “Operation Kolibri” (Operación Colibrí, contra los homosexuales, entre otros o también la mejor conocida por “Noche de los Cuchillos Largos”) y quizás la razzia cubana contra los opositores y disidentes la nombraron “Gorriones Inconformes”. Alguien nos lo dirá. Casi siempre empujados por la mano peluda de los cómpas, quienes accionan la troqueladora para el ajuste de las “personalidades” criminalizadas por la mala costumbre de pensar libremente.
Al menos, un asesino convicto y confeso, el Dr. Ernesto Guevara de la Serna cuando vivo, no necesitó del padrinaje castrista y su maquinaria para que lo ensalzaran; porque tuvo los pantalones de jugársela al canelo, por aquello que, aun siendo un disparate criminal, entendió coincidente con sus ambiciones aberradas de protagonismo continental.
Y no permaneció aullando y azuzando detrás de la cerca, como sus mentores del buen recaudo. Aunque después de su muerte la troqueladora propagandística del régimen lo convirtió en promo tétrico, dolarizado para engrasar la propaganda castrista. Es que los muertos, ni protestan ni dan opiniones.
En 2005, Mario Benedetti presentó el poemario “Adioses y bienvenidas” y otro, “Canciones del que no canta“. En esa ocasión, también se exhibió el documental “Palabras verdaderas”, donde el poeta hizo una aparición deslumbrante, un succès encantador como el de un Sartre sin musa.
La vanidad humana, un fuego lento
Abordamos aquello de “encantos”, porque Simone de Beauvoir asó a estos abalorios de Pépé le Moko en el Casbah; en el fuego lento de la vanidad humana, cuando expresó: “Encanto es lo que tienen algunos, hasta que empiezan a creérselo“.
Todo le vino a ella (imaginamos) desde que su padre George le anunció orgulloso, con su delicado machismo: “Tu tienes el cerebro de un hombre“. Mientras Hélène, su hermana menor observaba atónita.
Simone, quien no era precisamente espejo de su amigo Jean-Paul Sartre, había sacado a éste por las orejas, cuando lo sorprendió en uno de sus interminables tête-â-tête proto filosóficos, con fogosos petite rouges del “Quartier Latin“. Es que a ciertos intelectuales, tales como a los Mario Benedetti, nunca nadie les tiró de las orejas soplonas.
Para 2005, al poeta le adjudicaron el XIX Premio Internacional Menéndez Pelayo, (48.000 €€ y Medalla de Honor), Santander. La Fundación “Lolita Rubial”, Uruguay; le vuelve a condecorar en 2006, con el “Premio Morosoli de Oro”.
En enero de 2006 hubo un simbólico-virtual Toque de Tambor Batá (kónkolo, itótele e Iyá) con el escritor presente –dicen que organizado por el bardo oficialista Pablo Milanés Arias, conocedor natural de las artes y magias de las Sangomas sudafricanas–; para demandar de los EE.UU la soberanía de Puerto Rico. Un acto, eco de un escurridizo Partido Independentista con su impresionante simpatía del 4% de toda la población boricua.
La orden del Líder Máximo, demandaba otra comedia fantasmagórica para despertar a las galerías soñolientas. Extrañas aves, sólo canoras, acudieron al silbato. Se presentaron (bajo estricta invitación) tallas intelectuales XX-Large, como: Gabriel (“Gabo“) García Márquez, Ernesto Sábato, Eduardo Galeano, Carlos Monsivais, Pablo Armando Fernández, Pablo Milanés Arias, todos, inquilinos del panal de singularidades con los principios morales y cívicos, rotos.
Destacable: en diciembre de 2007, en la sede del Paraninfo de la Universidad de la República en Montevideo, Benedetti recibió nada menos que de manos del propio Hugo Rafaél Chávez Frías, paladin democrático y de la libertad de expresión, la “Condecoración Francisco de Miranda”. Ese mismo año le colgaron la “Orden de Saurí”, de El Salvador.
Todas las cuales denotan ser artificios del quehacer político, no académico, copiando los desplantes educacionales de los voceros del régimen abroquelados en la Universidad de La Habana y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
No recordamos de éste, una sóla línea contra las barbaridades anti ciudadanas en los países que han asolado las dictaduras izquierdistas; tanto las del bloque comunistas, las africanas, musulmanas, asiáticas o como las del Eje Apocalypto (ALBA).
Como tampoco las poses lastimeras de intelectuales boyantes al estilo macondo en ese mundillo de trampas, simulaciones y sibaritismo rampante entre los perros andaluces del Bruñuel de turno.
Qué decir ante el cúmulo de méritos, reconocimientos, honores, condecoraciones, famas y glorias otorgados en vida al Sr. Mario Benedetti “estrella y orgullo de las letras”. Claro, sin atender o dar fe de las especulaciones, que aluden a posibles “honores y premios silentes”, una práctica común en los bajos fondos comunistas para subvencionar secretamente a sus corifeos.
Todo unido a su prolífera producción literaria, le abrió un lugar en el concierto de las literaturas latina, hispana y mundial. Lo difícil es leer la Histoire rélle contada al revés, que tanto duele a los castristas, como un revisionismo hermético, de calidad ordinaria. El Sr. Benedetti, tuvo suficiente claridad mental para discernir diferencias entre el dollar, euro y libra en el platillo de su pesa financiera y los pergaminos, medallas y otros comforts no suntuarios, en la otra.
Se desconoce si el escritor mostró escrúpulos, en aceptar los óbolos de los sistemas capitalistas “perversos”; porque de los totalitarismos, el repudiarlos, habría sido su suicidio intelectual, social y político.
Los desmanes dictatoriales del Dr. Fidel Castro y sus seguidores contra el pueblo de Cuba, las ejecuciones de Erich Honecker y la Stasi contra los alemanes, la represión brutal del Ejercito Rojo y la KGB en 1953 contra los patriotas húngaros, después los checoslovacos, nunca existieron.
Tampoco los millones de camboyanos asesinados al estilo fascista por Pol-Pot y el Khmer Rouge y otros (algunos de los tantos ejemplos), encontraron oídos sordos en este inefable personaje, sin otra bandera que la roja, ante la cual inclinarse.
Del serrallo Apocalypto
Bonita forma de ser ejemplo ciudadano para las personas decentes y patrón de moral y cívica para las juventudes. Si el Sr. Benedetti, tuvo alguna hipoteca castrista insondable colgando sobre su personalidad y vida, se ignora. Tampoco seria el único, chantajeado por los Servicios de Inteligencia Cubanos.
Entre los premios y honores recibidos, sin embargo, proliferan aquellos de connotación ideológica otorgados por países de dudosa reputación democrática, los países comunistas actuales y los ex de entonces, también de alguno que otro abrevadero de patanes, escapado del serrallo Apocalypto.
Es no querer diferenciar ex professo de los abusos del Dr. Fidel Castro y sus asociados, con las clases de civismo y patriotismo del electricista Lech Wałęsa y sus compañeros victoriosos de Solidaridad. ¿Qué sabría este bardo sin principios ni fines, de la solidaridad humana? Para tal abyección zurda, no se requieren versos lujuriosos ni ditirambos repletos de comejenes.
Será improbable que los gobiernos decentes que le adularon y premiaron, les exijan a la imagen virtual del poeta la devolución de todos los trofeos y distinciones recibidos; para así disculparse ante sus ciudadanos y reeducarse ellos mismos en lo que “no se debe hacer”, si no es en nombre de la virtud y los altos principio, ya olvidados en las universidades apócrifas, mancebas al servicio de la élite izquierdista.
En uno de sus últimos libros, titulado “Canciones del que no canta“, el escritor alude a su historia personal.
No fue una vida fácil, francamente –dijo, al parecer, exhausto de su farsa propia y a manera de confesión auto redentora.
Quien con su pluma quimérica e irresponsable, marcó a varias generaciones de tontos, anidados y condimentados con azafranes de la siguatera castrista; siempre de la manera equívoca y al estilo de los tirapiedras sesenteros.
Ver cuando escribió su último poema, que a mi entender, fue la única vez que se mostró sincero y tal vez improbable, con una pizca de preocupación por su deshonor familiar (sic):

Mi vida ha sido una farsa
Mi arte ha consistido
En que esta no se notara demasiado
” (frag)

“¡Avemariapurísima!” —grité.
Pero me gustó más y asoció con remembranzas habaneras (gracias al Après moi, le déluge), al poeta irlandés conocido por “Moriuht“, que nos recuerda en la crítica de aquel poema latino-normando de principios del siglo XI, que Warner de Roven hizo con su única línea en tributo al Arzobispo Robert de Rouen:
Foribus en clausis moratur pontifex HVGO” (El obispo Hugo pasa su tiempo en París, tras puertas cerradas) (sic)
Luego, como “Moriuht“, es de pensar que precisamente eso fue lo único que nuestro poeta hizo sólo para él y su egoísmo enervante; a lo largo, ancho y durante toda su vida de ilusiones marchitas desde su aburrida adolescencia. Porque niño, nunca fue.
El 17 de mayo, 2009, el poeta Mario Benedetti se apagó manso, con la cabeza gacha, quizás abochornado de toda su estulticia, y sin mirar al cielo del Montevideo que aborrecía.
Claro que no podemos desearle que descanse en paz, a quien nunca se lo mereció.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Abril, 2011
lejardil@bellsouth.net
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George Orwell, la insinuante celda 101 y su “1984″


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
George Orwell, la insinuante celda 101 y su “1984
Una literatura de ciencia-ficción, ¿libertaria?

Neo, siguió al conejo de Dujou
Cuando Neo despertó por el sonido de la música en sus audífonos y otros ruidos extraños, comenzaba el mensaje de un tal “Morpheus” desplegado en el monitor de su ordenador. Entonces, sin imaginarlo, se desatarían las sorpresas sucesivamente. El puntero seguía blinkeando allí y él no tenía la menor idea de quién era ese Morpheus, que le instaba con el aviso de “Despierta, Neo“. Ni de qué mierda era eso de que  “Matrix ya te tiene” o “Sigue al conejo blanco” o también el “knock, knock, ¡Neo!”, inexplicables; donde le indicaban que alguien estaba a su puerta.
Lo despabilaron dos toques reales, fuertes, como de recios alguaciles hialeahienses o de los mismísimos publicanos recaudadores en tiempos de Roma. Cuando entreabrió cauteloso, Choiel pelirojo“, estaba allí con otros tunantes de la banda de dipsómanos, todos noctámbulos. Sólo que el más asombrado pareció ser el mismo Choi, quien parado frente a la puerta con el puño levantado y los nudillos prestos a tocar, permanecía inmóvil como una estatua de sal y con su cara de “yonofuí” mirando absorto el número de la habitación de Neo, el 101. Por cierto que Neo era un hacker y por lo tanto, un marañero empedernido que no se asombraría de que los federales vinieran a cargar con él.

Yo —refunfuñó Choi, tembloroso— no he golpeado la puerta, escuché los toques y tú eres quien abre.
Choi y Neo intercambiaron dinero por disquettes de softwares con información hurtada de Internet. Choi miró a su amiga, tuvo una ocurrencia y le preguntó.
Hey, Dujou, ¿qué tú crees, si lo llevamos con nosotros?.
 —replicó ella, excitada y sonriente con su pequeña cara de loba seductora.

Tenía el cuello repleto de aros plásticos abrillantados y de diámetros diferentes. Montados los unos sobre los otros, dibujaban alrededor de su cuello el perfil de las torres de enfriamiento de las centrales eléctricas térmicas. No eran simples adornos, sino que estaban dispuestos para dar la ilusión de estar sosteniendo la cabeza de una distrófica. En realidad, el conjunto era como los de bronze de las mujeres zulú para alargarse el cuello. Se trataba de una simple moda para estar à la dernière. Y así, se colgó de los hombros de Choi en pose lasciva, dando la mitad de la espalda a Neo.
La muchacha era de figura estilizada como esas hetairas transparentes del Biscayne Boulevard miamense, las falenas deslumbrantes del Pigalle parisino o quizás; como arpegios vibrantes de poetas simbólicos ya muertos (lapidados “por hablantines”); las esforzadas cubanas ingenieras y médicos emblemáticas del jineterismo oficial.
Ellas pululan Rampa arriba y Rampa abajo, pisteando por la Zona Rosa (de tolerancia) habanera; con sus tres eternas “semis”: descalzas, hambrientas y desnudas. Las tres medallas representativas de los arquetipos cumbres de la retorta socialista. Pero eso, a los “agentes matriciales”, les importaba tres cominos.
Ellos, los comisarios; en las filiales de “Matrix” dicen que no lo son; no disponen de otros ejemplares exitosos dentro del zoo comunista; para mostrar que ellas no simbolizan los tristes especímenes, como ejemplares de la “Mujer Nueva“.
Porque en la elaboración del pretendido “Hombre Nuevo“, les salió, como a torpes   “Aprendices de Brujo” (L’Apprenti sorcier); una “cosa” disforme, una especie de alien del rag urbano, el polimorfaláctico: “Baby” Lores”, con su pellejo listo para los taxidermistas naziz.
Dujou aspiró profundo y con lo más sedoso de su voz, agregó provocativa,

Seria novedoso para la salud el grupo. En especial nosotras, las insatisfechas —y sonrió sardónica, con expresión provocativa. Choi la pellizcó con suavidad.
Eres una puta, mejor, una recontra tataranieta de puta. Tu, no tienes arreglo —le susurró en la oreja, sonriéndole a Neo como si dijera nada obsceno, de manera que sólo ella lo escuchara.

Neo quedó en suspenso por unos segundos y miró a Dujou, como si ésta fuera un volcán sensualoide que destilaba por cada poro de su cuerpo, miriadas de femonas olorosas, enloquecidas y saltarinas, que le fluían en tropel hasta por las orejas.
Fue entonces que Neo advirtió el conejo blanco tatuado en la espalda desnuda de la muchacha, a la altura del hombro izquierdo y se erizó. Ahora vio con más detalles los excesos de maquillaje de Dujou sobre sus rasgos faciales que indicaban una mezcla rara de mestiza, mulato-thailandesa.

—¡Que diablos, es el conejo blanco! —masculló Neo, asombrado, y abrió los ojos desmesuradamente.
—¿Vamos, “jerk”? —le instó Choi, sin escucharle, expectante.
Andando, pero sólo estaré un rato —advirtió Neo, todavía embelesado, cuidadoso para no hacerles un desaire.

Otras de las muchas cosas que aún no sabía el hacker era que su “rato” no seria tal, sino la agonía de un paréntesis que se abriría eterno, al que sin ton ni son penetraría, absorbiéndole toda su vida somnolienta. Y que además le sumergió en un deleite estremecedor, sobrevenido insondable y del cual no se podría evadir.
Es que conocería a la deliciosa Trinity, la espada etérea, audáz e inexorable, lugarteniente de Morpheus.
La celda No. 101: ¿insinuante, excitante o envilecedora ?
Todo, porque el 101 era el mismo número de la celda especial de tortura dispuesta por el “Gran Hermano” de la filial “Matrix“, para la destrucción mental; los comunistas le denominan “oclusión paramétrica del Id“, y desinfección anti virus del individualismo y el coraje personal. Es el ritual conocido como “lavado de cerebro”. También el emético clásico, el aceite de castor (palmacriste o ricino, que Mussolini aplicó a los inconformes con su régimen fascista) y que se le suministra a los inconformes con el paradiso Matrix.
También para borrar e interconfundir al Id y al Superego, evaporación sublimal de la voluntad y además, para reprogramar los estamentos mentales del Ego, con el desmonte y destrucción total de la personalidad. Un succès verdadero, montado por los comunistas a los fines de reeducar a los enarboladores de la verdad; opositores o renegados; en nombre de la doctrina proto marxista del “Gran Hermano”, lo cual sucedería según predicciones literarias de 1948, corriendo el año 1984.
Ello devino durante la Guerra Fría, a finales del siglo XX; en un intento no exitoso de los partidos marxistas diseminados en el ámbito global, cuando decidieron remodelar y cosmetizar las truculencias de sus respectivas policías políticas locales (Gestapaks), tal si fueran retiros monacales para el solaz y esparcimiento de monjes cartujanos, no de prisioneros estrujados, despedazados y empalados con la verga policíaca del tentetieso. Ansiosos de las buenas nuevas y aleluyas del sacratísimo mensajero del Thor zurdo, el “Gran Hermano“.
Entonces, eran los tiempos en que las pesadillas de otro dictador, Adolph Hitler, de calzas iguales a las del “Gran Hermano”; su antecesor; porque el “bello Adolph” aprendió de los bolcheviques, las técnicas del desvanecimiento de los enemigos del III Reich en los campos de trabajo forzado. También “Animal Farms“.
Unas alucinantes experiencias, fortalecidas con los experimentos nazis, las cuales los rojos permearon más tarde a sus satélites —hasta entrado el siglo XXI—, le dieron al teutón por torturar hasta la muerte y posterior taxidermia, a los “pecadores mortales”. Cualquiera que no les aplaudiera con fervor.
Todo ello, en función de la curvatura de la nariz, conformación craneana, ángulos faciales, grosor de los labios, cuadratura mandibular, pantalla de las orejas, color de la piel, fealdad, religión, deformaciones, discapacidades físicas y mentales, aberraciones sexuales contra natura, lengua materna, etc.
Aparte, considerar las evaporaciones definitivas en el caso de los judíos acusados injustamente de matar al Cristo, todos los cuales eran pasaportes seguros para ser torturado y asesinado a sangre fría de inmediato, e incinerados en los crematorios.
A Choi todo aquello le sonaba familiar y le recordaba una vieja novela de ciencia-ficción, entre las otras de consulta obligada como referencia; titulada “MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y CUATRO”, escrita por un inglés. Fue cuando elaboró su Tesis de Grado en la Universidad, la cual tituló “La Comunicación inter personal entre los entes de planos físicos virtuales, en consonancia con la Teoría de Cuerdas”.
¿Sabe alguien si es Orwell o Freeman?.
La obra en cuestión, fue un éxito tremendo y resultó premiada a mediados del siglo XX, concluida la IIGM. Obvio que el autor no podía saber las consecuencias acarreadas por esa, su novela, un bocadillo futurista que se convertiría en su “Canto del Cisne” magistral, aunque prematuro al paladar de los torquemadas del erial comunista, patrocidados por Matrix.
La obra “1984” fue un relato escalofriante emanado de la pluma fértil del escritor, periodista, crítico literario y ensayista británico; Eric Arthur Blair; cuyos pen names ya en calidad de escritor, fueron “George Orwell” y “John Freeman”1. Blair, había nacido el 25 de junio, 1903 en Motihari, Bengala (Bangla-Desh) en la India.
Dicha obra, muestra una destilación refinada de la ordinariez bolcheviques, a partir del instrumento nazi represivo en toda su magnitud maquiavélica. Un copycat sublimado retomado por los marxistas (curioso: Orwell se compró un perrito faldero al que bautizó “KMarx”), de la antaño estrategia sociópata de represión social adjunta a la reglamentación de la “sincronización” (Gleichschaltung) hitleriana.
O sea, la puesta en marcha de la estructura represiva de la policía política; dispuesta para la aplicación masiva y aplastante del terror psicológico, cruento, inexorable y permanente, sobre la población indefensa arrinconada entre sus miedos. Porque tras desaparecer el III Reich, los comunistas tomaron la batuta de la represión contra los ciudadanos fueran o no, opositores o disidentes. Debía ser la sociedad entera pendiente del terror estatal y del partido.

Por ese chisme que me cuenta “Primito”, esto del comunismo, se lo meterán a su madre por el cu… —comentó Neo a Choi, esa noche, junto a la mesita del bar.

Tal libro por su excepcionalidad, está considerado entre los 100 mejores del siglo XX. En esencia, este amante de las letras ciencia-ficcionables y distópicas, entre otras no menos controvertibles y que, finalmente, fue reconocido por el sobrenombre de “George Orwell” (el nombre, se especula, está relacionado con uno de los reyes ingleses, George, y el apellido, al río de homónimo que atraviesa el condado de Suffolk, en Inglaterra) luego dicha obra viene a colación en su calidad de la exposición de una letra de ficción futurista tan virtual (por su anticipación) como real.
Golem, ese homúnculo alquímico juvenil, “hetronosesabeque”
Loa paraisos zurdos son muestrarios de basureros exquisitos. También por la crudeza trágica de la existencia de ese Golem (homúnculo alquímico) de cuando el Génesis hebréico de la desesperación ciudadana, creado como silogismo multi premisas del “Hombre Nuevo” en cada una de las dictaduras comunistas.
En el caso de Cuba, fue un kripto maltusiano engendro, aun no nato del, onirismo castrista, un ente confeccionado con pedazos de cadáveres unidos a martillazos (es una forma peculiar de los alquimistas zurdos para soldar partes humanas) con ripios de zorgs diferentes, oxidados entre las manos delicadas y siempre fructíferas de las comunistas hetero hembras de la horda.
Se trató de crear en laboratorios y retortas, un hombrecillo copia espeluznante de las sociedades armadas en todas las satrapías europeas y asiáticas, succionadas en calidad de satélites de la URSS e instauradas durante la Guerra Fría.
Incluyendo las de nuevo corte populista, unos desgajes de payasos y payasas totalitarios o en vías de serlo; como son las troqueladoras de las dictaduras izquierdistas recicladas del Caribe, Centro y Sudamérica. Si viéramos lo fácil que es el confeccionarlas, pues se trata de juntar un montón de basura humana y prensarla.
Cierto, sin que faltara en el vodevil el fósil cumbre de la Guerra Fría, el Buque Fantasma de la Animal Farm,  la rumbita fracasada por excelencia durante el interregno entre ambos siglos; el régimen comunista del Dr. Fidel Castro Rúz. Un líder indiscutible reinante en una Cuba bajo los sables de su clan y otros miembros de la secta exógena, (Amici delle cheerleaders), desde 1959. Es que pocos pudieron suponer que al final de la sexta década, toparían con un Hasper Lee generoso, un David, un Tell un Cid matador de capa obispo, mockingbirds indefensos, a diestra y siniestra con el estilo inconfundible de los anti derechos.
Todo ello devino en la tragi-comédie coincidente con el diferendo Este-Oeste, la confrontación entre las democracias y los totalitarismos, que se identificó con la línea virtual fronteriza que separó ideológica y políticamente la libertad occidental radiante; de la opresión oriental oscurecida, en los territorios incertados detrás de la denominada “Cortina (o Telón) de Hierro”. Es que la libertad moralizadora es una sarta de ajos, cruces papales y balas de plata aniquiladores del vampirismo de los licántropos zurdos.
George Orwell fue un socialista amante de la libertad plena, de ideas políticas y económicas democráticas, anti totalitarias a carta cabal, el cual luchó en la Guerra Civil española (en el lado equivocado, el republicano), tal le sucedió a tantos jóvenes embelesados con las historietas bolcheviques.

Trinity te busca por todas las cloacas de Zión —advirtió Morpheus a Neo, furioso de que algún agente la hubiese secuestrado.

Este detalle le impidió en cierto momento ser tomado por el Servicio Exterior británico dado que entonces (y ahora) se le consideraba a estas personas lo que ellos denominan “internacionalistas”, como fellow travellers o progress en la monserga comunista. Tal sucedió después con picaruelos tales como Charles Chaplin y otros vividores que paciron orondos bajo “capitalismo salvaje”.
Desde el rumbo traidor tomado por la Revolución Rusa de 1917 bajo la dirección de Stalin y sus secuaces, implantando el totalitarismo comunista; fueron muchos los intelectuales y socialistas honestos decepcionados con las mentiras bolcheviques. Orwell tomó parte de esos decepcionados de la “Generación Perdida” inglesa (es un tropo, en relación con sus iguales contemporáneos intelectuales norteamericanos) con la línea política bolchevique, las atrocidades ejecutadas por los comunistas rusos, los partidos y gobiernos adheridos, enceguecidos, al Comintern.
El Comintern (la Internacional Comunista o la III Internacional Comunista, creada por Lenin y el Partido Bolchevique); la cual en teoría agrupaba a todos los partidos comunistas del mundo, adheridos a la filosofía marxista-leninista liderada por los bolcheviques, a fin de extender la denominada “revolución rusa” al resto del planeta. Un chiste, que por su maridaje entre la perfidia y la avaricia, costo a la Humanidad (hasta ahora contabilizadas) unos 100 millones de víctimas.
Entonces, Orwell dedicó el resto de su vida a promover la democracia, la defensa de las libertades, derechos humanos y los principios teológicos y humanistas de la civilización judeo-cristiana occidental. Sin olvidar poner en jaque a sus lectores, con sus novedosos puntos de vista.
Se especula que el título “1984” de la novela provino del año en que de terminó el libro (1948), pero con las dos últimas cifras (48) al revés del año (84). Los analistas e historiadores, por su parte, estimaron que de acuerdo a la vertiginosa velocidad de la expansión del mundo comunista, el desastre total material, espiritual, moral y teológico de la Humanidad; tras la resaca cruenta de la pos guerra (IIGM) y según Orwell; sobrevendría cuando el totalitarismo comunista triunfara en el ámbito planetario, pasados unos 30 años, o sea, eligió el 1984, que en numerología es el 4. Una cifra en la que hay que pensar.

—Sólo nos restan cuatro cargas —le recordó Choi a Neo, en medio del estruendo de la batalla.
—¿Y que carajos tu me dices con eso, si nos basta sólo con una carga para matar a todos los bribomes? —puntualizó Neo. Miró hacia ambos lados y extrajo de su mochila “una rosa del torero“, fresca. —Esta, es para Trinity —, aseguró.
—Dujou, cayó peleando junto con el cerrajero —sentenció Choi sollozante.

El triunfo de las huestes comunistas de Mao-Tsé-Tung en China contra el gobierno republicano de Chiang Kai-shek, quien lideraba el Kuomintang, literalmente “Partido Nacionalista de China”, desbalancearon la correlación de fuerzas mundiales.
Los movimientos nacionalistas árabes, indochinos, Pacífico Nororiental y africanos; condujeron a la hipótesis de que irremediablemente, las hordas marxistas-leninistas conquistarían el mundo civilizado y democrático. Estamos en el momento en que la Humanidad se dividió en dos filosofías hegemónicas que campearon por sus respetos en la pos guerra (1948); las democracias lideradas por los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU) y los totalitarismos comunistas nutridos a la fuerza (con nombres diversos), cuyos hilos yacían en manos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
¿Cortina de qué, dijo el señor Gauleiter, número dos?
Preguntó confuso Hans, uno de los viejos militantes del Partido Nazi ahora tullido, tras la derrota en Tsaritsyn (“Stalingrado”, durante el terror rojo y “Volgogrado” en la actualidad), tiritando de frío y sentado en la última fila del local atestado de correligionarios fanatizados con la hecatombe inminente del Führer y sus días últimos.
Era fenomenal la confusión dejada por las palabras finales del orador. Corría un frío canalla y ligero, en los primeros días de mayo de 1945. La II Guerra Mundial para Europa, estaba por concluir con la derrota del socio principal del Eje de Acero, la Alemania nazi. En la tribuna, un ayudante, tembloroso, se acercó a los oídos del orador y le susurró:
Mi Señor Gauleiter, los de atrás, parece que no entendieron bien sus palabras finales.
¡Carajo, dije Cortina de Hierro
! gritó la diminuta figura desde el proscenio, ahogado nuevamente por el estruendo de sus partidarios y quien, a la sazón, fungía como Gauleiter (Jefe de Zona) de Berlín en su calidad de hombre de la ultra confianza del Führer.
Transcurrido diez meses desde la rendición de Alemania y sus aliados europeos, el 8 de mayo, 1945; el ex Primer Ministro británico durante la IIGM, Winston Churchill, esperaba apacible a que descorrieran las cortinas del pequeño teatro del College donde lanzaría su discurso histórico.
El lugar no era el idóneo para la importancia y prestigio del visitante. Pero este político de sensibilidad extra sensorial y visión preclara, portaba un discurso el cual había preparado con esmero y que resultó trascendental.
Un tiempo antes, le invitaron a dictar esa conferencia el 5 de marzo, 1946; en el Westminster College del pequeño pueblo de Fulton, Missouri. La visita era en ocasión de recibir una distinción honorífica de dicha institución. Churchill, quien gozaba de un prestigio inmenso, tituló a su discurso “The Sinews of Peace” (En la relación especial entre EE.UU y Gran Bretaña, radica la fuerza de la Paz Mundial). En el párrafo más importante y deseado, señaló:

Desde Stettin en él (Mar) Báltico hasta Trieste en el Adriático, una Cortina de Hierro ha descendido a través del continente (europeo). Detrás de esa línea (fronteriza) yacen las capitales de los viejos estados de la Europa Central y del Este. Varsovia, Berlín, (Praga, Bratislava, Berlín), Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas esas ciudades famosas y sus ciudadanos habitantes de esos países yacen en la que yo llamo la esfera soviética, donde todos (los integrantes de la misma) están sujetos en una forma u otra, no solamente a la influencia soviética sino también en alto grado y en muchos casos, incrementando las medidas de control (provenientes) desde Moscu…”.

En efecto, Churchill utilizó (un eufemismo) para referirse a la frontera virtual, no sólo física sino también ideológica que dividió a Europa en dos, después de la II GM. Los historiadores aciertan cuando afirman que ese fue el instante inicial que demarcó el inicio de la denominada ”Guerra Fría”
La línea fronteriza de la que hablaba Winston Churchill, era aquella que separaba a los estados comunistas totalitarios, encabezados y bajo la batuta política, económica y militarmente de la Unión Soviética y aquellos otros estados democráticos alineados con los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Por error histórico, se identificó durante largo tiempo la frase de “Cortina de Hierro” como originalmente gestada por el estadista inglés
Sorpresas que da la vida
Sí, porque el 25 de febrero de 1945, en un artículo publicado varias semanas antes de finalizar la II GM con la rendición de Alemania a los Aliados, en el semanario nazi, “Das Reich”, apareció un artículo titulado “Das Jahr 2000” (El año 2000) de su editor y director (premonitorio) decía en su acostumbrado editorial de barricadas:

Si los alemanes bajan sus armas, los soviéticos, de acuerdo con el arreglo al que han llegado Roosevelt, Churchill y Stalin, ocuparán todo el este y el sudeste de Europa, así como gran parte del Reich. Una cortina de acero (Ein Eiserner Vorhang) caerá sobre este enorme territorio controlado por la Unión Soviética, detrás de la cual las naciones serán degolladas. La prensa judía en Londres y Nueva York seguirá aplaudiendo, probablemente”.

El autor del artículo en cuestión, no fue nada ni nada menos que quien entonces fungía de Gauleiter de Berlín y Ministro de Propaganda e Información del gobierno nazi, el archi conocido Paul Joseph Goebbels, el mismo que en mayo 1 de 1945 se suicidó junto su esposa Magda y los seis hijos de ambos, en el Führerkunker cerca de su amado líder Adolph Hitler y su esposa Eva Braun.

El mismo Gauleiter al cual el viejo Hans no le escuchó bien la frase de marras. Era la sentencia que tanto Joseph Goebbels como Lutz Schwering von Krosigk, repetían incesantemente. El primero, penúltimo canciller de Alemania; mientras que el segundo, fue el último, hasta la derrota nazi en mayo 8 de 1945.
Resultó sorprendente también y para mayor estupor histórico, que la frase ya era empleada desde mucho tiempo antes al menos como está registrado; sazonada con sus correspondientes ajos y cebollas diplomáticas; por escritores, miembros de las cancillerías, generales y gobernantes de los países europeos en sus disputas, encuentros, reclamos y guerras verbales entre sí.

Claro, antes del desastre iniciado en Sarajevo en 1914, por unos terroristas servios. Por otra parte resalta coincidente, que las leyes de protección ambiental vigentes en Alemania obligaban a que los teatros dispusieran de una pesada “cortina de plomo”, la cual serviría de protección a los espectadores en caso de incendios provenientes de los escenarios
La contra-obertura
Luego, es de entender el entorno bélico y totalitario que envolvió a la Humanidad y con ello a George Orwell y sus reacciones psíquicas y espirituales, durante toda su vida de observador del quehacer del individuo. Sin embargo éste supo también reseñar tanto lo que veía como lo que intuía. La novela de Orwell, “1984” ; que pudo haberse titulado también, “2012“, con el arribo de los desastres pronosticados por la llegada del “Doomsday” maya.
En esta, se mostraba la sociedad totalitaria en que se convertiría el mundo civilizado bajo un régimen totalitario dictatorial comunista, absolutamente cerrado y despótico; sustentado por un partido y filosofía únicos; integrado todos sus componentes como sicarios estatales para la conservación vitalicia del régimen opresor y una extensa capa de burócratas alabanciosos del Líder Máximo, de turno, parados sobre las espaldas del pueblo aterrorizado.
Nos clarifica el concepto de la dicotomía fascismo-comunismo, con la concepción del filósofo alemán contemporáneo Jürgen Habermas, quien de manera escueta definió que el comunismo es el simple “fascismo de (la) izquierda”. En el caso de Cuba, es una vitrina zoológica sofisticada, minuciosamente diseñada por la Nomenklatur habanera; bajo la inefable dirección artística y guión cinematográfico de los hermanos Castro. La muestra puede ser vista (bajo un tono gris) entre los escombros de la que entonces fue la ciudad de La Habana, capital de la Isla de Cuba. Es que para muestra del diluvio nacional cubano, basta un botón.
Los pueblos dominados por los comunistas, estarían inmersos por los regímenes locales en una guerra permanente contra enemigos extranjeros imaginarios; sumidos en una hambruna perenne controlada por cartillas de racionamiento y un cúmulo de arbitrariedades por la ausencia de todo derecho personal, de expresión, reunión, progreso, asociación y tránsito; y carentes de lo más indispensable para la vida personal, a la que no tendrían acceso por designios del dogma comunista opresor.
En este caso, Orwell veía al mundo liderado por el denominado “Gran Hermano o Hermano Mayor” el cual les advertía por las cámaras de TV y pantallas de vigilancia que “él, el Gran Hermano, siempre los vigila”.
Titulación de la obra
Es interesante como preludio, observar lo acontecido con otra novela (anterior) de Orwell, “Animal Farm”; un juguete de procacidad anti-totalitaria genial, aunque de estilo diferente. Orwell, ya advertido y convencido por su intuición propia de los planes comunistas desde los años de la pre guerra (IIGM), en 1943 comenzó a escribir la novela satírica “Animal Farm”, la cual para abril de 1944 ya estaba lista para imprimir.
Pero sucedió que el supuesto editor Victor Gollancz (Left Book Club), dueño de la editora que también resultó la fuente inagotable de la que fluía la literatura izquierdista, la “Gollancz Inc.” de Inglaterra.
En realidad, Gollancz era un conocido y monísimo izquierdista de esos camuflados bajo “frac y chaqué”, un comunista redomado por el stalinismo, quienes disfrutan a todo tren (ver el catalán Picasso o al francés Sartre) de la dolce vita que ellos criticaban, sin dejar de disfrutarla.
Encarnaba a uno de esos tipos con aspecto burgués rancio de salones y ateliers, quien se negó a publicar la novela de Orwell, aduciendo “porque atacaba y se burlaba del régimen soviético, que a la sazón era un aliado en la guerra contra el Eje de Acero”. Cierto, tanto como el escritor sabía de que era una alianza circunstancial con una manada de lobos, cuyo objetivo era arrasar con las democracias de una manera cruenta y animal, tal hicieron con el zarismo.
De igual modo le sucedió a Orwell con otro peje conocidísimo en la misma charca, T. S. Eliot; también poeta, antisemita y amigo de los izquierdistas. De paso, integrado en los siempre dudosos Premio Nobel de Literatura o de la Paz. Este último, fungía como editor de la editorial norteamericana de Faber and Faber en Londres. Éste personaje (quien nos torpedeaba desde la otra orilla) le rechazó tanto “Animal Farm” como “A Scullions Tale” (Cuentos de pinches de cocina), la versión primera de “Down and Out in Paris and London”).
Las desgracias del autor no pararon ahí, ni cuando Jonathan Cape aceptó publicarle el libro; porque en un cierto momento Cape se vio imposibilitado de cumplir su palabra a causa de las intrigas de un individuo (agente ruso) que trabajaba en el Ministerio de Información Británico: Peter Smollet.
Sucedió que el tal Smollet, por sus influencias en dicho ministerio (nunca se explicó el “por qué“), presionó a Cape para que no publicara “Animal Farm”. Resultó ridículo que un tiempo después, el tipo fuera capturado por los servicios del MI5 británico y acusado como agente de la KGB, espiando en el Ministerio de Información. Finalmente, Secker and Warburg accedió a la publicación lo cual se materializó en Agosto de 1945.
Más adelante, corriendo Agosto de 1948, Orwell todavía no había elegido el título que pondría a la que seria su obra fundamental. Para el otoño de ese mismo año, ya el escritor disponía de dos títulos, sobre los cuales se expreso así:

“…I haven’t definitely fixed on the title but I am hesitating between NINETEEN EIGHTY-FOUR and THE LAST MAN IN EUROPE.”
“… No he fijado definitivamente cuál sera el título, porque dudo entre MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y CUATRO y EL ÚLTIMO HOMBRE EN EUROPA”.

No demoró en escoger el primero. Entonces se estableció una disyuntiva nueva, entre elegir el título simple con la cifra numérica del año o la ortografía literal de dicho número. En Diciembre de 1948 envíó el libro para edición con el título de “1984“. Sorpresivamente, en Junio de 1949 el libro, finalmente, se publicó ¿…? como “NINETEEN EIGHTY-FOURwik.
La distopía orwelliana
Ya en plena Guerra Fría, es cuando Orwell decide lanzar otra ofensiva con sus publicaciones; esta vez apoyado bajo cuerdas por el gobierno británico, las cuales resultaron un éxito notable. Matrix, bien alejada en tiempo y espacio nos deja, sin embargo  estados ontológicos de similitud literaria.
La obra “1984” de Orwell es frecuentemente comparada con otra del mismo genero “Brave new world” literalmente (Esplendido Nuevo Mundo), la cual es la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley publicada en 1932. El título de esta última, tiene origen en la obra de William Shakespeare, “La Tempestad”, cuando Miranda pronuncia su discurso wik. Es una obra de ciencia-ficción (fabularia).
En ambos casos, se trataba de sendas antinomias distópicas de las novelas utópicas (como las de Platón, Moro, Campanella, Harrington, Spencer, etc.); las cuales conducen a imágenes anticipadoras al mundo futuro, imperfecto, donde la maquinaria estatal trituradora ejerce el control totalitario (completo) de la vida social e individual como tal, reduciéndolo a un número aleatorio dentro del hormiguero.
Las estructuras políticas que hemos conocido en la actualidad como formas grotescas que devinieron en las sociedades reales comunistas (marxistas, fundamentalistas, trostkistas, castrista o maoístas) en las que se instalaron férreas y ominosas dictaduras totalitarias como las de URSS, China, Cambodia, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, etc.; primas hermanas de las sociedades fascistas y nazis; y sus posibles homologadoras en ciernes como Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia o las que andan en remojos como Argentina, Brazil o quizás Uruguay, entre otros regímenes pro izquierdistas. Todos, ahora en manos de los tirapiedras y ex guerrilleros sesenteros.
En 1984, “Mil novecientos ochenta y cuatro” de George Orwell junto a la obra maestra de Ray Bradbury, “Fahrenheit 451“, fueron honradas con el galardón del “Prometheus Award” ³, por su contribución a la literatura distópica de ciencia-ficción.
Destacamos que el segundo título “EL ÚLTIMO HOMBRE EN EUROPA”, manoseado por Orwell para su obra maestra (“1984″) les viene al régimen cubano como anillo al dedo. Representa el “sálvese quien pueda” que trasfigura la banalidad totalitaria imperante en Cuba, conducido por los hermanos Castro, en una botija repleta no de errores y sí de pecados de lesa humanitas tan inimaginables como inenarrables, por supuesto, todos punibles por las leyes de los tribunales internacionales. Y lo mejor del cuento: que no proscriben. He ahí los motivos por los cuales los dictadores actuales, aterrados, ya no pueden abandonar impunes el poder.

“George Orwell” (née, Eric Arthur Blair) murió tranquilamente de tisis (¿…?) en Camden, Londres, UK; el 21 de enero 1950 a los 46 años de edad. Este iluminado nos dejó con las manos extendidas en espera de sus brotes nuevos. Quizás, se debe a que le faltó la otra mitad del trecho por recorrer, en su batallar anti comunista. Sin embargo, de acuerdo al pedegru habitual en el modus fasciendi de los comunistas, cabe preguntar:

¿Tuvo el escritor la certera e indetectable premonición de una venganza por parte del Comintern, —entonces en las manos redentoras de José “Pepe” (El Viejo) Stalin—, organismo represivo destinado a modificarle la salud, “amablemente” y temprano a todos los considerados enemigos?.

Notas adicionales del obituario comunista
Los cubanos, no deben olvidar que el líder estudiantil comunista Nicanor Mc Partland y Diez (aka, “Julio Antonio Mella“) fue asesinado a balazos el 10 de enero de 1929 en Ciudad México DF, cuando paseaba con su amante, la fotógrafa Tina Modotti; a manos de sicarios italianos de la entonces KGB bolchevique; entre otras razones, por abjurar del stalinismo y pasarse a las líneas trotskista.
Saber que Lev Davidovich Bronshtein (aka, “León Trotsky“), también abjuró del stalinismo y fue asesinado en la misma ciudad mexicana, el 21 August de 1940; por un agente stalinista de la KGB bolchevique, Ramón Mercader (aka, “Jackes Monard“). Este asesino, fue homenajeado por el Dr. Fidel Castro Ruz y vivió en Cuba un tiempo, después de ser liberado de prisión), de igual modo, un sicario catalán miembro del Partido Comunista Español (stalinista).
Fin de la saga.

(1) En realidad el pen name de “John Freeman”, el escritor lo utilizó una sola vez en un ensayo.
(2) El Gauleiter de la Zona de Berlín, en la práctica, tenía casi más poder político que todos los ministros del III Reich.
(3) El “Prometheus” (Prometheus Award) es un premio literario de ciencia-ficción otorgado anualmente por la Sociedad Libertaria Futurista (Libertarian Futurist Society). Fue creado en 1979 por L. Neil Smith, pero no se comenzó a entregar con regularidad, hasta la creación de la sociedad en 1982. Los títulos premiados deben obras con la temática sobre ciencia-ficción libertaria, es decir, centradas en la política y el orden social derivados de las aplicaciones a la ciencia-ficción de los principios filosóficos del libertarismo 4. El trofeo consiste en una moneda de oro que representa el comercio y el pensamiento libre.
(4) El “libertarismo” (del inglés libertarianism, traducido al español en ocasiones como libertarianismo o liberalismo libertario), es una filosofía política que afirma la vigencia suprema de la libertad individual (o libertad negativa), es decir, el derecho del individuo sobre sí mismo, cuyo límite no es otro más que el derecho ajeno. El sustento de la ideología libertaria es la filosofía individualista, la política antiestatista y la economía capitalista laissez faire et laissez passer (dejar hacer y dejar pasar), en razón de que para los libertarios, toda relación humana debe ser producto de pactos voluntarios y la fuerza sólo puede emplearse legítimamente contra otros de manera defensiva o ante el incumplimiento de un acuerdo (“principio de no-agresión”) wik .

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Libia: al-Alà los cría y ellos se acoyundan


                                       Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Libertad contra miedo
Todo comenzó a raíz del hervidero popular que estalló (arrancando en Túnez), en rebeliones ciudadanas socio-políticas que los pueblos árabes han puesto en marcha a lo largo de la faja norafricana, la media luna del Mar Mediterráneo y cono sur del Medio Oriente. Cada analista político o teológico ha corrido a ofrecer interpretaciones, en ocasiones las más –sin bordear lo filosófico y el temido concepto de libertad–, en lo que cada cual entiende como las raíces y orígenes de las rebeliones.
Todo enfoque, tiende a ser desarrollado a partir de las peculiaridades inherentes a cada sociedad musulmana, considerando la uniformidad lingüística, religiosa y ética. Valdría si en algunos casos, echamos a un lado las diferencias irreconciliables desde el punto de vista teológico, en ese mundo catalogado por los entendidos como “tenebroso”. A estas temperaturas, nadie se atreve a definir qué es una sociedad musulmana, porque el Internet y las redes sociales, les sofocan sus dogmas oscurantistas.
En estas rebeliones, el meollo del asunto trata de otra cosa sorprendente, hasta maravillosa: enarbolar la idea novedosa de la libertad democrática. Maravilla y deberíamos observar con sutileza y atenernos, a que las mismas no son producto de deslindamientos teológicos entre sus sectas, ni a luchas por el poder. Sino, a categorías filosóficas tan simples como permitir que nuestros vecinos empapados (y no es temprano decir) de una moral y ética de civismo ciudadano deliciosamente coincidentes con nuestros valores judeo-cristianos, han despertado a un mundo nuevo. Ello, quizás, sin que sus promotores y actores se hayan dado cuenta. Todo sorprende tanto, como que entre los musulmanes el hablar de libertad, derechos, libre albedrío o renunciar a la miserable ablación del clítoris de las mujeres indefensas, entre otras sinvergüencerías, es como mencionar la soga en casa del ahorcado. Chocando con estos especímenes irredentos de la vieja guardia musulmana, solamente prima una categoría ecléctica: destruirlos. Pero, ahora no es el caso.
Es que el tema y reclamo único hasta ahora visible es la libertad, la cual conlleva un cambio político anterior desechador del viejo dogma y no la elección plena. Luego resulta natural que los ayatollahs (generalizados) chiítas, sunitas o yariyistas; consideren que los hilos de conexión entre ellos distantes desde sus alminares celestes y sus adoradores terrestres, se les diluye de entre los dedos. Todo apunta a que la libertad se impondrá sobre el miedo.
Sin embargo, y a contrapelo de los sentimientos históricos de esa parte de la humanidad que siente o sigue las incidencias del mundo musulmán, vinculado territorialmente a la cuenca mediterránea; le es inquietante no sólo la rebelión popular de los árabes del Magreb contra sus opresores ancestrales; sino, los efectos colaterales en los suministros de petróleo a las economías de los tres mundos registrados.
Por otra parte, inquieta si una situación tan volátil como la libia, a causa de un golpe ciego, pueda afectar en alguna forma el equilibrio entre Israel y sus vecinos que les rodean. Unos conglomerados de gente confusa –en ocasiones condenada a la morosidad y el vagabundeo por el paternalismo irresponsable y cómplice de la ONU– con los cuales esta nación estabilizadora está obligado a lidiar por desgracia divina y en casos extremos, por ser sus antagonistas violentos generadores de un terrorismo antisemita y anti occidental, per se. Tal se manifiesta en las acciones violentas descabelladas y reiterantes de manera cotidiana, sin sentido alguno. Aunque parezca redundante, es vital para la región y la estabilidad mundial que aseguremos por todos los medios una paz absoluta al estado y pueblo de Israel junto con aquella parte sus vecinos pacíficos.
Procacidades y otras auto burlas
No obstante, a nadie extrañan las procacidades pueriles emitidas públicamente y sin el menor escrúpulo, relacionadas con la situación especifica de guerra civil en Libia. Una gresca entre la mayoría del pueblo enfurecido hora a hora, con el cacicazgo opresor del líder al-GaddÂfi y su dictadura ancestral, de un nepotismo mafioso y sanguinario. Un divertimento apoyado de manera abierta por los comunistas (Cuba, Venezuela. Perú, Argentina, Brasil, Ecuador y las otras etcéteras conocidas; por boca de líderes, tan serios y respetados, como el Dr. Fidel Castro, dictador vitalicio de Cuba y varios de sus epónimos de entre sus alumnos dilectos. Uno de los cuales es el acusado de violación e incesto por su víctima filial, Daniel Ortega, quien en unión de sus secuaces aplasta Nicaragua. Mientras que le convoya el no menos estimado por las delicadezas de su carácter, modales y expresiones finas; tan dignas de la corte del Rey Sol o los esplendores de su educación chola, al parecer, igualmente exquisita como la ofrecida por el rector de Oxford (Dominus Illuminatio Mea) a este benefactor absoluto de sí mismo y de su Superego, el impronunciable Hugo R. Chávez Frías.
Las expresiones de estos líderes sin fronteras, sí nos sorprenden en verdad por ser novedosas y repletas de una cordura desacontumbrada; en sus apoyos irestrictos a las acciones criminales de un carnicero, de la calaña del bienhechor providencial auto declarado Lord Protektor ad æternum de Libia, el ya mencionado líder tribal, Mu’ammar Abu Minyar al-GaddÂfi.
Curiosamente y nadie debe llamarse a engaños, es yerro denominar a este peje con el titulo de  “presidente”, porque el cargo lo ostenta su muñeco Mohamed Abu Al-Quasim al-Zwai; dado que este líder tripolitano de su inventada “jamahiriya” socialista –fracasada como el resto del “socialismo”  armado en el mundillo árabe–, no posee cargo oficial alguno al ser considerado junto con su familia prolifera, un señor de horca y cuchillo. Este coro angelical de voces primas, califica como el oro viejo maléfico y de deshonorables verdores, con los cuales valdría aquello de que “al-Alà los cría y ellos se acoyundan”.   
Saber que faltan en este coro zurdo disonante, otros residuos pegados a las paredes interiores del Eje Apocalypto como son: Evo, Correa, Lugo, Cristina y Rousseff y el resto en remojo. Las dos piezas últimas con sus pedegrús respectivos de tirapiedras sesentera la una y ex guerrillera convicta y encarcelada por terrorismo, la otra (wik). Es sabido que este enjambre Korb, como las abejas africanas; integran un retablo zoológico letal de primera línea; donde cada espécimen dispone de su team’s escort cubano. Estos cuadros políticos, son unos ejemplares gimnásticos rutilantes al estilo de los machos cabríos (tipo Alfa), de excitación sólo igualable a la del Hombre de Vitruvio.
Se trata de una especie sui generis de comandos vestidos de etiqueta o de camuflaje, según soplen los vientos desde La Habana. Ellos, están dispuestos por la Dirección de Inteligencia de Cuba (DI) para que no les pierdan ni pie ni pisada a sus pichones de querequetés, les orienten en las labores represivas cotidianas o actúen en vivo, como lo hacen hoy en Libia junto a otros mercenarios africanos. En modo alguno, la adjetivación propende al insulto de los líderes mencionados, por el contrario, disecciona a psicópatas natos perfectamente conocidos por nuestros servicios de seguridad interna.
Los escort destacados en Libia, indicaron fuentes periodísticas fiables; hicieron que el norafricano al-GaddÃfi, aterrado, alquilara mercenarios castristas los cuales son muy baratos en el mercado mundial. Cada soldado cubano del Servicio Militar Obligatorio (SMO), una leva amorosa por tres años, cuesta/le pagan $7.00 pesos cubanos mensuales, unos $0.12 USD al cambio actual, 4 cajetillas de cigarros y dos tabacos, o sea, más baratos que un tubo pequeño de pasta dentífrica de los regalados como muestra por la Colgate. Una movida, para que le ayudaran en la carnicería; tal (recordar las intervenciones castristas en los cinco continentes) es usual en los comunistas cubanos, siempre prestos en la primera fila de los desalmados Además, al-GaddÃfi adquirió una piara extensa de ex-oprichniks de las viejas “Animal Farms” europeas, entonces a cargo de la Asociación Benevolente de la Internacional Comunista del Terror (una filial, en realidad el brazo armado del Comintern). Porque las cajas de mimbre repletas de mercenarios africanos, ya les habían llegado con antelación, aunque (increíble) no son tan baratos por docenas como los cubanos
¿Un Consejo de Inseguridades y Crímenes Impunes (CICI)?
En los pasillos o de la ONU, funcionarios del “corre ve y dile pero no hagamos nada”, por supuesto, nunca dicen que “esta boca es mía”; comenzaron sus saltitos de rana de buró en buró y mostraron sorpresas por la danza del pájaro de fuego; montada alrededor del barril de pólvora destapado por los árabes demócratas, que los hay, indignados con sus opresores. La OTAN y el Consejo de Seguridad de ONU (CSNU), si a estos les restaran vestigios o pizcas de vergüenza; considerando que sin ambages adoptaron como miembro honorable del CSNU al terrorista al-GaddÃfi y al cual amamantaron con sus pechos ya resecos; deben intervenir en Libia por razones humanitarias y deshacer la mafia musulmana opresora de ese pueblo, encabezada por el misericordioso Coronel y su banda familiar. El tirano, junto con su sicario dilecto Abdelbaset Ali Mohmend al-Megrahi, después de ser apresados, deben ser aherrojados, enviados expeditos y entregados al gobierno de los EE.UU.
Ello es porque ambos pejes, en representación de los represores libios, deben cuentas que saldar entre otras muchas, con nuestro gobierno y el resto de la Humanidad. Esta deuda a nuestro país, se relaciona con la bomba plantada por al-Megrahi –un oficial de la Inteligencia libia–; siguiendo órdenes directas de al-GaddÃfi; la cual al ser activada derribó una aeronave norteamericana con 243 pasajeros y 16 tripulantes navegantes a bordo del vuelo PANAM 103, en Diciembre 21, 1988 sobre el pueblo de Lockerbie, Escocia. Con los 11 habitantes del pueblo muertos conjuntamente por la caída del avión siniestrado, los asesinados totalizaron 270 personas inocentes.
Un crimen que Castro, Chávez, Ortega, Correa, Evo, Lugo y otros conductores tercermundistas; incluyendo las dos enrojecidas damas sudamericanas en cuestión, aplauden; los unos por convicción equivocada y los otros, por omisión –una especie de sordera asexual endémica en los comunistas, claro, después de enriquecidos– siempre ávidos de protagonismos. Ver que para continuar el despelote, el libio recibe de las corporaciones internacionales, unos 200 millones de USD, diarios.
Aunque al-GaddÃfi pagó las demandas a los asesinados (unos $2,6 billones) le restan otros cargos por terrorismo, genocidio, destrucción de propiedades norteamericanas y otras acciones de lesa humanitas. Ambos ofensores, deben ser juzgados en EE.UU tipificados como genocidas consuetudinarios, en primer término. La pena máxima es indudable, atendiendo a los preceptos judiciales sobre la perpetración de asesinatos; donde concurren agravantes tales como alevosía, premeditación, ventaja, ensañamiento y nocturnidad; dado que se trata de crímenes masivos sobre personas indefensas, desprevenidas e inermes. Es de entender que en Inglaterra se juzgó a al-Megrahi, no a al-GaddÃfi.
Luego, no se trata de juzgar dos veces a reos confesos por lo mismo, sino juzgar a líder libio por su confesión posterior al crimen de Lockerbie e instalándole a ambos las agravantes y el resto de los delitos conocidos después. Ello, con plena independencia de la cobarde decisión del gobierno escocés, el cual ilegalmente liberó a al-Megrahi (agosto 20, 2009) mediante un engaño, siendo éste musulmán, el asesino directo y confeso del crimen. En esencia, ambos junto a otros criminales del clan tribal, son punibles de aplicarles 270 penas máximas consecutivas, sólo por este crimen. El evento, continua en evolución, actualmente.
© Lionel Lejardi. Febrero, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

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Libertad contra miedo
Todo comenzó a raíz del hervidero popular que estalló (arrancando en Túnez), en rebeliones ciudadanas socio-políticas que los pueblos árabes han puesto en marcha a lo largo de la faja nordafricana, la media luna del Mar Mediterráneo y cono sur del Medio Oriente. Cada analista político o teológico ha corrido a ofrecer interpretaciones, en ocasiones las más –sin bordear lo filosófico y el temido concepto de libertad–, en lo que cada cual entiende como las raíces y orígenes de las rebeliones.
Todo enfoque, tiende a ser desarrollado a partir de las peculiaridades inherentes a cada sociedad musulmana, considerando la uniformidad lingüística, religiosa y ética. Valdría si en algunos casos, echamos a un lado las diferencias irreconciliables desde el punto de vista teológico, en ese mundo catalogado por los entendidos como “tenebroso”. A estas temperaturas, nadie se atreve a definir qué es una sociedad musulmana, porque el Internet y las redes sociales, las sofocan.
En estas rebeliones, el meollo del asunto trata de otra cosa sorprendente, hasta maravillosa: la libertad democrática. Maravilla y deberíamos observar con sutileza y atenernos, a que las mismas no son producto de deslindamientos teológicos entre sus sectas, ni a luchas por el poder. Sino, a categorías filosóficas tan simples como permitir que nuestros vecino empapados (y no es temprano decir) de una moral y ética de civismo ciudadano deliciosamente coincidentes con nuestros valores judeo-cristianos. Ello, sin que sus promotores y actores ni se hayan dado cuenta. Todo sorprende tanto, que entre los musulmanes el hablar de libertad o renunciar a la miserable ablación del clítoris de las mujeres indefensas, entre otras sinvergüencerias, es como mencionar la soga en casa del ahorcado. Chocando con estos animales irredentos, solamente prima una categoría ecléctica: destruirlos.
Es que el tema y reclamo único hasta ahora visible es la libertad, la cual conlleva un cambio político anterior desechador del viejo dogma y no la elección plena. Luego resulta natural que los ayatollahs (generalizados) chiítas, sunitas o yariyistas; consideren que los hilos de conexión entre ellos distantes desde sus alminares y sus adoradores terrestres, se les diluye de entre los dedos. Todo apunta a que la libertad se impondrá sobre el miedo.
Sin embargo, y a contrapelo de los sentimientos históricos de esa parte de la humanidad que siente o sigue las incidencias del mundo musulmán, vinculado territorialmente a la cuenca mediterránea; le es inquietante no sólo la rebelión popular de los árabes del Magreb contra sus opresores ancestrales; sino, los efectos colaterales en los suministros de petroleo a las economías de los tres mundos registrados.
Por otra parte, inquieta si una situación tan volátil como la libiana, a causa de un golpe ciego, pueda afectar en alguna forma el equilibrio entre Israel y sus vecinos. Unos conglomerados de gente confusa –en ocasiones condenada a la morosidad y el vagabundeo por el padrinazgo irresponsable de la ONU– con los cuales esta nación estabilizadora está obligado a lidiar por desgracia divina y en casos extremos, por ser sus antagonistas violentos generadores de un terrorismo antisemita y anti occidental, per se. Tal se manifiesta en las acciones violentas descabelladas y reiterantes de manera cotidiana, sin sentido alguno. Aunque parezca redundante, es vital para la región y la estabilidad mundial que aseguremos por todos los medios una paz absoluta al estado y pueblo de Israel junto con aquella parte sus vecinos pacíficos.
Procacidades y otras auto burlas
No obstante, a nadie extrañan las procacidades pueriles emitidas públicamente y sin el menor escrúpulo, relacionadas con la situación especifica de guerra civil en Libia. Una gresca entre la mayoría del pueblo enfurecido hora a hora, con el cacicazgo opresor del líder al-GaddÂfi y su dictadura de un nepotismo mafioso y sanguinario apoyado de manera abierta por los por los comunistas (Cuba, Venezuela. Perú, Argentina, Brasil, Ecuador y las etcéteras conocidas; por boca de sus líderes, tan serios y respetados, como el Dr. Fidel Castro, dictador vitalicio de Cuba y varios de sus epónimos de entre sus alumnos dilectos. Uno de los cuales es el acusado de violación e incesto, Daniel Ortega, quien en unión de sus secuaces aplasta Nicaragua. Mientras que le convoya el no menos estimado por las delicadezas de su carácter, modales y expresiones finas; tan dignas de la corte del Rey Sol o los esplendores de su educación chola, al parecer, igualmente exquisita como la ofrecida por el rector de Oxford (Dominus Illuminatio Mea) a este benefactor absoluto de sí mismo y de su Superego, el impronunciable Hugo R. Chávez Frías.
Las expresiones de estos líderes sin fronteras, sí nos sorprenden en verdad por ser novedosas y repletas de una cordura desacontumbrada; en sus apoyos irestrictos a las acciones criminales de un carnicero, de la calaña del bienhechor providencial auto declarado Lord Protektor ad æternum de Libia, el ya mencionado líder tribal, Mu’ammar Abu Minyar al-GaddÂfi.
Curiosamente y nadie debe llamarse a engaños, es yerro denominar a este peje con el titulo de  “presidente”, porque el cargo lo ostenta Mohamed Abu Al-Quasim al-Zwai; dado que este líder tripolitano de su inventada “jamahiriya” socialista –fracasada como el resto del “socialismo”  armado en el mundillo árabe–, no posee cargo oficial alguno al ser considerado junto con su familia prolifera, un señor de horca y cuchillo. Este cuarteto de voces primas ya mencionado, califica como el oro viejo maléfico y de deshonorables verdores, con los cuales valdría aquello de que “al-Alà los cría y ellos se acoyundan”.   
Saber que faltan en este coro zurdo disonante, otros residuos pegados a las paredes interiores del Eje Apocalypto como son: Evo, Correa, Lugo, Cristina y Rousseff y otros en remojo. Las dos piezas últimas con sus pedegrús respectivos de tirapiedras sesentera la una y ex guerrillera convicta y encarcelada por terrorismo, la otra (wik). Es sabido que este enjambre Korb, como las abejas africanas; integran un retablo zoológico letal de primera línea; donde cada espécimen dispone de su team’s escort cubano. Se trata de unos ejemplares gimnásticos rutilantes al estilo de los machos cabríos (tipo Alfa), de excitación sólo igualable a la del Hombre de Vitruvio.
Esta especie de comandos andan vestidos de etiqueta o de camuflaje, según soplen los vientos desde La Habana. Ellos, están dispuestos por la Dirección de Inteligencia de Cuba (DI) para que no les pierdan ni pie ni pisada a estos pichones de querequetés, les orienten en las labores represivas cotidianas o actúen en vivo, como lo hacen hoy en Libia junto a otros mercenarios africanos. En modo alguno, la adjetivación propende al insulto de los líderes mencionados, por el contrario, disecciona a psicópatas natos perfectamente conocidos por nuestros servicios de seguridad interna.
Los escort destacados en Libia, indicaron fuentes periodísticas fiables; hicieron que el nordafricano Gaddfi, aterrado, alquilara mercenarios castristas de los que son muy baratos en el mercado mundial. Cada soldado cubano del Servicio Militar Obligatorio (SMO), una leva por tres años, cuesta/le pagan $7.00 pesos mensuales, unos $0.12 USD al cambio actual, 4 cajetillas de cigarros y dos tabacos mensuales, o sea, más baratos que un tubo pequeño de pasta dentrífica de los regalados como muestra por la Colgate. Todo, para que le ayudaran en la carnicería tal es usual en los comunistas cubanos, siempre prestos en la primera fila de los desalmados y además, al-GaddÃfi adquirió una piara extensa de ex-oprichniks de las viejas “Animal Farms” europeas, entonces a cargo de la Asociación Benevolente de la Internacional Comunista del Terror (una filial, en realidad el brazo armado del Comintern). Porque las cajas de mimbre repletas de mercenarios africanos, ya le habían llegado con antelación, aunque (increíble) no tan baratos por docenas.
¿Un Consejo de Inseguridades y Crímenes Impunes (CICI)?
En los pasillos o de la ONU, funcionarios del “corre ve y dile pero no hagamos nada”, por supuesto, nunca dicen que “esta boca es mía”; comenzaron sus saltitos de rana de buró en buró y mostraron sorpresas por la danza del pájaro de fuego; montada alrededor del barril de pólvora destapado por los árabes demócratas, que los hay, indignados con sus opresores. La OTAN y el Consejo de Seguridad de ONU (CSNU), si a estos les restaran vestigios o pizcas de vergüenza; considerando que sin ambages adoptaron como miembro honorable del CSNU al terrorista al-GaddÃfi y al cual amamantaron con sus pechos ya resecos; deben intervenir en Libia por razones humanitarias y deshacer la mafia musulmana opresora de ese pueblo, encabezada por el misericordioso Coronel y su banda familiar. El tirano, junto con su sicario dilecto Abdelbaset Ali Mohmend al-Megrahi, después de ser apresados, deben ser aherrojados, enviados expeditos y entregados al gobierno de los EE.UU.
Ello es porque ambos pejes, en representación de los represores libios, deben cuentas que saldar entre otras muchas, con nuestro gobierno y el resto de la Humanidad. Esta deuda a nuestro país, se relaciona con la bomba plantada por al-Megrahi –un oficial de la Inteligencia libia–; siguiendo órdenes directas de al-GaddÃfi; la cual al ser activada derribó una aeronave norteamericana con 243 pasajeros y 16 tripulantes navegantes a bordo del vuelo PANAM 103, en Diciembre 21, 1988 sobre el pueblo de Lockerbie, Escocia. Con los 11 habitantes del pueblo muertos conjuntamente por la caída del avión siniestrado, los asesinados totalizaron 270 personas inocentes.
Un crimen que Castro, Chávez, Ortega, Correa, Evo, Lugo y otros conductores tercermundistas; incluyendo las dos enrojecidas sudamericanas en cuestión, aplauden; los unos por convicción equivocada y los otros, por omisión –una especie de sordera asexual endémica en los comunistas, claro, después de enriquecidos– siempre ávidos de protagonismos. Ver que para continuar el despelote, el libio recibe de las corporaciones internacionales, unos 200 millones de USD, diarios.
Aunque al-GaddÃfi pagó las demandas a los asesinados (unos $2,6 billones) le restan otros cargos por terrorismo, genocidio, destrucción de propiedades norteamericanas y otras acciones de lesa humanitas. Ambos ofensores, deben ser juzgados en EE.UU tipificados como genocidas consuetudinarios, en primer término. La pena máxima es indudable, atendiendo a los preceptos judiciales sobre la perpetración de asesinatos; donde concurren agravantes tales como alevosía, premeditación, ventaja, ensañamiento y nocturnidad; dado que se trata de crímenes masivos sobre personas indefensas, desprevenidas e inermes. Es de entender que en Inglaterra se juzgó a al-Megrahi, no a al-GaddÃfi.
Luego, no se trata de juzgar dos veces a reos confesos por lo mismo, sino juzgar a líder libio por su confesión posterior al crimen de Lockerbie e instalándole a ambos las agravantes y el resto de los delitos conocidos después, incluyendo los perpetrados ahora. Ello, con plena independencia de la cobarde decisión del gobierno escocés, el cual ilegalmente liberó a al-Megrahi (agosto 20, 2009) mediante un engaño, siendo éste musulmán, el asesino directo y confeso del crimen. En esencia, ambos junto a otros criminales del clan tribal, son punibles de aplicarles 270 penas máximas consecutivas, sólo por este crimen. El evento, continua en evolución, actualmente.
© Lionel Lejardi. Febrero, 2011
lejardil@bellsouth.net
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(Seras bienvenido a mis blogs alternos:
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