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¿Ultimada en Cuba la opositora Laura Inés Pollán Toledo, presidenta de las Damas de Blanco? *


¿Ultimada en Cuba la opositora Laura Inés Pollán Toledo, presidenta de las Damas de Blanco? (*)
(Seria algo muy bochornoso para los comunistas, porque les implicaría: To Kill a Mockingbird)

Noticia de impacto para el pueblo cubano
En esencia, se habría tratado de algo bien sencillo, o por lo poético o macabro: matar a un ruiseñor. Es que todos coincidían en que el frágil ruiseñor, estorbaba por su valentía. No dispararle, tal acostumbran los hitmen “segurosos”. Sino, bastaba estrujarlo con la siniestra, la mano más diestra en todos los comunistas. Esa manera de ultimar un pajarito, la narra Esopo en la  fábula “El pícaro“. Así de fácil, para cualquiera de los animalejos enmarañados con la filosofía idiotizante del materialismo dialéctico e histórico. Porque esta filosofía, los comunistas cubanos han logrado sublimarla con destilaciones, hasta reducirla en sus retortas alquimistas, a una deliciosa melcocha cristalina: la miel de purga.
Ahora, retornando al mundo real hablamos del miedo animal, al que le dicen: “terror cotidiano
Es por lo que en Cuba y de igual modo en las diásporas del exilio, o donde lata un cubano solitario con su empresa de alquilar camellos o renos; se rumora con fuerzas casi ciertas; que la luchadora anti-castrista, opositora del régimen comunista cubano y adalid por la libertad y los derechos humanos, Laura I. Pollán, presidenta del ya famoso y prestigioso grupo contestatario “Las Damas de Blanco“; ha sido ultimada en el hospital “Calixto García”, en La Habana. Allí fue donde apareció recluida, desde días antes, según el parte inicial de la Seguridad del Estado (SE), “por dificultades respiratorias y síntomas de dengue“.
Saber, que en Cuba no hay otra fuente “no gubernamental” (FNG) que los refute o con la cual se cruce la información. Luego, es imposible para la opinión pública, los medios, entidades, instituciones, etc., indagar sobre el origen y veracidad de estas sintomatologías, que los obedientes aceptan como “aducidas” mientras que los escépticos las suponen “inducidas”. Tal desconcierto se debe a que es el propio gobierno el que fabrica y genera los partes médicos.
La situación creada por la “inesperada falla de salud” de Laura, hizo que el gobierno reforzara su vigilancia. El hospital, fue tomado militarmente. Sucede que esta cubana, con las bragas bien puestas; no era una paciente común, sino que de jure y de facto (sin antagonismos gramaticales ni jurídicos) se había convertido en la líder política de las mujeres cubanas oposicionistas; porque no se trata sólo que Laura liderara las “Damas de Blanco; organización de la cual fue fundadora; sino que descolló como la figura cubana cimera a nivel nacional e internacional, reconocida en cada lugar donde se respetara la libertad y los derechos humanos.
Luego, para el régimen, ella se había transformado en un descomunal torbellino político y social, no visto en años. Es probable que alguien aconsejó y otro alguien tomó una decisión. O quizás no. Eso nunca lo sabremos. Tampoco nadie, ni ahora ni después, dispondrá de evidencias. Algunos pueriles del exilio, cautelosos como siempre cuando recorren los estudios de TV y sentados en el dintel de su tienda de campaña, aguardan orondos el desfile de las “pruebas” que nunca aparecerán. Olvidan plácidos, que tratan con totalitarismos.
Sucede que todo encaja, a pesar de que el hermetismo siempre es útil a los totalitarismos y a otros pícaros, por lo que estos regímenes no permite otra fuente de información independiente, que no emane del Templo y por boca de sus chamanes, a veces brujos o babalaows. Es como situarnos en Delfos, Luxor o en el Templo Mayor de Tenochtitlan, escuchar las moncergas de los elegidos.
De hecho, desde siempre, el pueblo cubano dejó de creer en lo proveniente de los medios de información estatales los cuales amparan los intereses de los dictadores. Luego es imposible que nadie crea una sola palabra al régimen plantado en La Habana acerca de nada, ni sobre nada.
No es sorprendente, que surjan dudas absolutas sobre todo lo informado por la SE en relación al estado de salud real de Laura Pollán, del mismo modo que todo lo concerniente al Dr. Fidel Castro Rúz o al Sr. Hugo Chávez Frías, por dar ejemplos, es sórdido y oscuro como en otros casos, donde ha reinado el silencio y el misterio.
Así, ni los Castros  ni sus seguidores, ofrecen garantía alguna en los informes de la SE (Policía Política), porque todo les ha fallado siempre, lo han escondido o tergiversado, con impunidad absoluta. Es el disfrute pleno del poder. Y la gente siempre se pregunta: ¿por qué creerles ahora?.
Recaba la atención, que es vox populi entre los cubanos en general, especialmente los opositores y disidentes; el temor a ser internados en hospitales estatales (no hay otros) porque todos esos centros están controlados por los órganos represivos del gobierno y en especial, y el pueblo se pregunta, el por qué los médicos y personal de la salud comprometidos con el gobierno, son tozudamente fanáticos leales al régimen y no al juramento hipocrático, mostrando que son galenos inéticos, peligrosos. Mejor, como la voz popular les apoda: Dres. Menguele ya cuajados en la Animal Farm caribeña.
Considerando también que en general, todos los médicos y demás personal asistente, sean o no de confianza, tienen que ser miembros del Partido Comunista de Cuba (PCC) para ejercer la profesión, según han declarado en las distintas diáspora cubanas, otros médicos y enfermeros exiliados o disidentes.
Es popular que a los hospitales cubanos (del mismo modo que sucedió con los existentes en los gulags del bloque comunista), se les denominen “mataderos de opositores y disidentes” o MOD, ya sea porque el paciente fue internado en esos centros o por haber concurrido a los mismos en búsqueda de servicios médicos ambulatorios.
Luego, no es de extrañar que Laura se negó a ser chantajeada si aceptaba que la  internaran en el CIMEX; sabiendo que entre otras dependencias, se trata de un escandaloso sistema hospitalario exclusivo para los altos oficiales y dirigentes, e incluyendo sus familiares, amigos y amigas.
Una de las notas primeras, sino la única porque el régimen no informó nada al pueblo, sobre la muerte de la luchadora anti-castrista; fue suministrada a través de Twitter, por la conocida y valerosa opositora y bloguera; varias veces laureada con premios y distinciones internacionales, Yoani Sánchez.
Laura Inés Pollán Toledo, de 63 años, era esposa del ex-prisionero político Héctor F. Maseda, quien fue uno de los 75 disidentes y opositores encarcelados en el 2003 por el régimen comunista de Cuba, en la que se difundió internacionalmente como la “Primavera Negra“. Este cubano, a pesar de las presiones de la oficina cardenalicia, nunca quizo abandonar Cuba.
Esta acción represiva de los Castro, inhumana, se consideró una venganza del gobierno por el apresamiento, juicio y encarcelamiento de los espías integrantes de la “Red Avispa“, involucrados en crímenes y delitos graves (confesados), como el derribo de la avioneta de “Hermanos al Rescate” y el consecuente asesinato de los tripulantes.
En su calidad de líder de la agrupación femenina las “Damas de Blanco”, Laura ganó notoriedad nacional e internacional por su lucha frontal contra los desmanes de la dictadura castrista y su batallar por la libertad de los presos políticos.
Las “Damas de Blanco” fueron galardonadas en el 2005 con el Premio Zajarov (instituido en honor al físico nuclear ruso Andrej Zajarov), el cual constituye la más alta distinción que confiere el Parlamento Europeo a quienes luchan por los Derechos Humanos, tal es el caso de Cuba.
Héctor Fernando Maseda Gutiérrez, el esposo de Laura, es un ingeniero nuclear; presidente del Partido Liberal Democrático de Cuba; quien es en la actualidad periodista independiente. Este luchador, se destacó en áreas científicas en Cuba. Integró el Centro Nacional de Investigaciones Centíficas (CENIC) y realizó diferentes labores dentro de la estructura del gobierno, incluyendo actividades diplomáticas y fue fundador de la Sociedad de Física de Cuba. Harto de los desmanes comunistas, se declaró disidente y pasó bajo riesgos inmensos a las filas activas de la oposición. De hecho, otra víctima posible de la furia castrista.
Según fuentes allegadas a las Damas de Blanco, hay fuertes rumores de que el crimen –que nadie descarta, por la infinidad de casos anteriores de pacientes fallecidos o accidentados en circunstancias extrañas, todos vinculados a la política o por ser disidentes de las filas del propio gobierno– fue ordenado directamente por las más altas autoridades del régimen implantado en Cuba.
Las mismas fuentes independientes indican que la consumación de los hechos, estuvo a cargo de médicos cubanos (oficiales de la Seguridad de Estado) que se hicieron cargo de la Sala de Cuidados Intensivos de dicho hospital, siguiendo instrucciones de la Policía Política y según órdenes expresas recibidas en el Ministerio del Interior.
Estas graves aseveraciones deben ser tomadas con cautela, dado que pueden estar basadas en rumores, deducciones y conjeturas, que independiente de su posible veracidad trágica, como todo apunta, serian inconfirmables.
Preparación de la crisis final
Según especialistas en temas médicos y de inteligencia del exilio, se asume que los ataques físicos contra los opositores y disidentes, en particular las Damas de Blanco y en especial los dirigidos a su presidenta fallecida Laura Pollán –de lo cual existe una amplia muestra video gráfica–, fueron y son motivo de preocupación permanente, considerando la oportunidad de camuflar el objetivo verdadero del atentado personal, con estos ataques encubiertos como martingalas o artimañas disociativas.
Ello es considerado de esta forma, dado que en el transcurso de dichos ataques por agentes gubernamentales (disfrazados de turbas) dirigidos por el régimen contra estas damas inofensivas e indefensas; las mismas son arañadas y golpeadas con objetos desconocidos, mordidas, cortadas, pinchadas con agujas, picadas con tijeras y se teme que, por dichas vías y métodos, es posible que le introdujeran a Laura Pollán las infecciones que dieron inicios a la crisis, que la condujo a caer al final en manos de los médicos de la Policía Política, sus verdugos.
De modo igual, indicaron las fuentes, que estos ataque se repiten a todo lo largo y ancho de la isla en contra de estas mujeres y hombres, opositores y disidentes.
Expertos médicos y analistas de inteligencia en asuntos cubanos, consultados en el exilio, aseguran que a pesar del inmenso costo político para el régimen, estiman factible que durante los maltratos, encierros, comidas, bebidas, medicinas u otros vectores; sufridos por todos los opositores al régimen castrista.
En el caso de Laura Pollán u otros, le pueden haber inoculado virus de cultivos muy activos (mortales) del dengue, neumococos, estafilococos dorados u otros agentes patógenos y/o además de drogas o pócimas de acción inmediata o retardada, según el caso, los cuales a su vez son indetectables por las autopsias (que por otra parte siempre son manipulables por los totalitarismos) u otros métodos analíticos directos o indirectos de la medicina legal
Es conocido, que inicialmente la Seguridad del Estado castrista obtenía dichas drogas y pócimas de su homóloga en la URSS –se comenta que en la actualidad, son producidas en el CENIC, sobre lo cual existen denuncias acerca de estas y otras actividades delictivas–; donde eran utilizadas ampliamente por la medicina rusa a instancias de la KGB, para lograr en los prisioneros (en realidad condenados) un paro cardíaco inmediato o retardado, que no dejan rastros. Considerar que absolutamente en todos los regímenes comunistas (o totalitarios), además, los involucrados en autopsias o medicina legal, son miembros de la Policía Política.
Reclaman juzgar a los médicos y otros involucrados
Desde Cuba, se señala que el pueblo y la oposición, incluyendo las diferentes diásporas cubanas; se reclaman ya los nombres de los directores del Hospital “Calixto García”, Sala de Cuidados Intensivos y el resto de todo el personal médico y de enfermería ligado a la muerte de Laura; a fin de que sean conocidos de la opinión pública nacional e internacional, de manera que con posterioridad sean llevados al Tribunal Internacional, de La Haya mediando la Interpol y otros organismos judiciales que tratan estos genocidas.
La noticia de la muerte de Laura, tras ser entregada viva al hospital, ha sido confirmada por los familiares, activistas de las “Damas de Blanco” y otras fuentes independientes en Cuba.
Descanse en paz la ferviente luchadora por la libertad y los Derechos Humanos en Cuba, Laura Inés Pollán Toledo.  El pueblo y los luchadores por la libertad de Cuba, reclaman que sus victimarios, paguen por este otro desmán político horrendo. Los cubanos exiliados que admiraban a Laura y a las Damas de Blanco, han extendido el pésame a la organización y a la atribulada familia de Laura I. Pollán, por lo inconmensurable e irreparable de una pérdida tan preciosa.
Fin de la nota periodística.

Octubre 15 de 2011     00:04 h

(*)   En este trabajo, concurren informaciones, conjeturas, razonamientos y opiniones de fuentes diversas, nacionales, internacionales y de Cuba.
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*.**”¡Silencio, que’león duerme esta noche!” I/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

“¡Silencio, que’león duerme esta noche!” I/II(1)
Conjuro LXVII del “Libro de los Muertos” (*)
Oid tristes mortales
“Me dirijo hacia mis dominios,
recibo ofrendas y tomo los tributos del Príncipe de los Muertos,
voy hacia mi trono construido en medio de la barca de Amun-Ra
como un protegido por las fuerzas del mal” (sic)
(*)   Peri Em Heru  egipcio o “Libro para salir al día”,

Preludios campirannos en la caza de una fiera ya muerta
El botín de guerra inicial, que entre las cosas inertes ya sin importancia incluía al afamado líder guerrillero; vivito y coleando; incluyó su armamento personal, diario de campaña y otras documentaciones valiosas. El cenit de esta cacería tan brillante como productiva, fue resultado exquisito de una minuciosa búsqueda y captura; que efectivamente resultó letal para las dos bandas de conjurados ya en sus últimas depredaciones, y en fugas aparatosas en medio de un desorden pleno. La dinámica emprendida por el Ejército Boliviano, para cortar de raíz el script tenebroso de una aventura desplegada en favor de fuerzas políticas subversivas y terroristas ansiosas de destruir la democracia boliviana, lograron el éxito pronosticado.
La banda de subversivos perseguida sin tregua, igual que las otras desperdigadas en tierras sudamericanas; estuvieron y las hoy activas están, bajo el comando del Dr. Fidel Castro Rúz, un extranjero de origen cubano al servicio del Comintern y su brazo armado la Internacional Terrorista .
Hoy, el resto de esas gavillas delincuenciales –en los protocolos de búsqueda y captura por la Interpol– perduran enyuntadas entre sí por cohesión de los petrodólares del narcotráfico aportados por el Eje Apocalypto del ALBA. Un dispositivo apolítico de carácter subversivo declarado públicamente amigo de los terroristas musulmanes, árabes y otros oponentes tenaces de la democracia y el cristianismo.
Para la claque cotillera de pulgares automáticos –arriba o abajo según ordene el comisario– habituales de pastar en las galerías zurdas; se intentaba montar un copycat burdo manejado por las entelequias habaneras, como reflejo del ejemplo trágico de la Cuba aherrojada.
El pretexto inicial era destruir la democracia en la República de Bolivia, a la cual los estrategas habaneros estimaban una de las naciones sudamericanas más débiles, tanto en lo económico, social y político. Consideraban que la alta burguesía vivía entre lujos y aislada de las masas populares. Las huellas dejadas por las acciones del abogado y economista peruano, Ángel Victor Paz Estenssoro al frente del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) con la nacionalización del estaño, entre otras, condujeron a la sociedad boliviana hacia el desastre económico.
El segundo mandato de Estenssoro, se fue a pique por el levantamiento civil contra su gobierno nacionalista, por parte de los mineros y estudiantes y no directamente por los militares del Gral. Barrientos, tal se manejó y tergiversó por la propaganda habanera. Ello entre otros aspectos, fue ignorado por los Castro, quienes ya establecían estrategias para lanzar una aventura injerencista, en un territorio sin salida al mar y en medio de una reforma agraria ya comenzada por el nuevo gobierno de la junta militar.
Como segundo paso, consistía en establecer en ese país un centro de operaciones, en función radial hacia el resto de las democracias circundantes. Ya ciertos agentes castristas cubanos (auto declarados “exiliados” desde los inicios de la dictadura comunista) fueron colocados entre otros, en diverso puntos del aparato gubernamental boliviano y el Senado de la vecina Colombia, apuntalados por fuertes inversiones del triunfalismo desplegado por la URSS y la punta de lanza de los guerrilleros cubanos.
Mañas y marañas de una trampa “casabobos
La realidad del trasfondo boliviano, tal se demostró, yacía en una “cama” (trampa casabobos) armada con esmero, para deshacerse de uno de los lobeznos, tan incómodo como peligroso. Sucedió que éste, ya osaba emitir aullidos transnacionales propios, desde la otra acera. Lo cual, su Superego no advirtió y le resultó mortal el hacerlo, sin la venia del Líder Máximo.
Este cabecilla guerrillero, de manera inexplicable y para asombros del Superego de los hermanos Castro; se las había ingeniado para internacionalizar (con plena independencia de sus orígenes políticos) no tanto su discurso de odio y muerte, disparatado aunque conveniente para asustar, sino, algo tan malvado como una figura china de 10,000 palabras: proyectar su imagen patibularia (2).
Pero ya en esa tarde calurosa, su cuerpo languidecía derrumbado, como dinamitado, pero sin los espasmos finales de la fiera herida. Echado con su derrota vil, de cúbito supino, sobre una cama de piedra, que nunca podría ser su ara y menos su pedestal. Allí, donde los curiosos del lugar, militares y reporteros arribados a toda prisa, espantaban las moscas verdes, guazazas y dragones voladores.
Todo un trajín para husmear a qué olía aquel animal derribado, no tan barato, cebado en el corralón castrista. Los que podían, ansiosos de fotografiarlo así tal si fuera un yeti, salamandra de fuego u otra pieza horrible de los pulgueros zurdos o como si fuera una de las bestias raras cazadas durante siglos en los bosques de Sherwood.
Porque así lo fueron él y el resto de la banda de secuaces itinerantes y correveidiles, dispersos, destruidos y caídos también en combates feroces; contra los rangers –que les persiguieron como sabuesos foxhounds o tejoneros alpinos– donde se discutió cada palmo de selva y de quebradas repletas de ecos.
Porque en verdad, rangers y guerrilleros se pelearon como dos manadas enloquecidas. Los primeros, como batallones de Zeratules Templarios, mientras que los segundos tales destacamentos de fluffies tricéfalos. Ambos bandos, desplegaron lo mejor de su valentía y fiereza. Menos de los dedos de una mano, se salvaron a través de Chile
Un choque magistral cuyos resultados fueron tan iguales como noticia y pruebas inocultables de que “Manila” (La Habana), era su promotora y rampa de lanzamiento. La misma que al final los abandonó “convenientemente” en medio de las selvas, sin que pudiera refrutar complicidades, tal es práctica diversionista en los totalitarismos del mercado corriente.
Soliloquio de Perroquet Bavard, un loro viejo y además, charlatán

Porque en esta candanga y, que se sepa bien advirtió el líder desde su poltrona habanera–, que aquí habrán muchos timbaleros, pero quien tiene los timbales ¡soy yo, Fidel Castro Rúz, el hijo de Lina y Ángel…eeh! (sic).
¡Avemaríapurísima! –gritó el viejo loro charlatán (un perroquet bavard) de color verde desesperanza y con cabeza rala, renuente a abandonar el palo y a punto de ser sacrificado por bocón.

El caído estaba con los ojos semi cerrados y daban la impresión de destellos luminosos como asomados a las puertas del infierno de quien quiere escaparse o al que no desea irse. Pero no exacto donde el Dante nos avisó que se encontraba el primer palacio, el de los traidores y envidiosos arrojados al precipicio, porque él seria tildado de otras bellezas, pero no de esas.
Ni a pasos del más allá, en la rivera norte del Estigia donde el botero Caronte le esperaba paciente, para conducirlo al remolino de los siete ríos. Porque este ex-pibe de temblores psicóticos, jamás podría ser orgullo como un malambo perfumado del genial Astor Piazzolla.
Pero esta no era la filosofía del caso y habría que penetrar más profundo del infierno, para encontrar el sitio adecuado donde estaba la etiqueta de la reservación definitiva. Porque con tal muerto famoso, como un singular alucinado con los cielos bloqueados y divulgado al descaro por los Castro ateos, como un tal “San Ernesto de la Higuera“, habría que hurgarle sitio demasiado hondo.
Es que no se trataba de actitudes deleznable en su peor acepción, ejecutada por este comunista; cruel y sanguinario por antonomasia, que afectara a otro ser humano individual, como cualquiera de sus semejantes odiados. Sino, que tal conjunto de actos malvados arremetía contra toda una nación, Cuba y el resto de los países casi indefensos por donde correteó con sus tropelías.
Porque representaba una bandada de sociópatas que empleaban tácticas típicas de los vándalos u hunos depredadores, cuando ponen sus manos sobre un país. Aquella había resultado la peor tarde en la vida relampagueante del guerrillero, y también la definitiva, hasta que los rangers lo capturaron tembloroso y asustado, echado oculto detrás una roca, sangrando por el balazo en el pie.
Porque se irguió, no para el auto sacrificio como del acto final del anunciado “seppuku” o del mismo “hara-kiri” (con la última bala) como le había jurado a sus partidarios “para no ser cogido vivo“, sino, en un reviente del catecismo revolucionario, para dar un alegre alerta de bienvenida salvadora, a sus captores:

¡No me maten, que yo soy el “Che”. Y les seré más útil vivo que muerto! —les imploró a sus captores con un grito desgarrador, un clamor de clemencia pero sin arrepentimientos. Porque tal dicen que dijo, escuchado también por los vecinos del lugar.

Y así fue, porque vivió, tal como se oye. Pero no hay que regañarlo fuerte, ni criticarle “su falta de hombría”, la que todos los cabecillas asesinos exigen de sus hombres, igual que el archi asesino y ex-dictador de Libia, Muammar Gaddafi. Es la “La Condición Humana” (La condition humaine) de la que habló André Malraux, otro aventurero como él, dado que los comunistas nunca han sido consecuentes con su decir. Porque los actos sublimes, cuchichean entre ellos, se diseñan para los “otros”.
Lo cual corroboraron todos los testigos presentes en el lugar de su captura, incluyendo sus “amados campesinos”. Ninguno de los cuales se le sumó durante todo el trayecto de su aventura infame. Y que resultó en su gran dolor y rabia, en calidad de Príncipe de los Fracasos.
Una beldad isoturbiteriana, antípoda de su ancestral caucásica
Este líder, rabió ante los recuerdos amargos de su turbulencia juvenil anti gregaria, cuando se fijó en una cosa que daba saltos frente a el, en medio de la Carretera Panamericana. Y se empecinó, cuando todos sus amigos se rieron de la muchacha.

Sabé, que ya me pagarán esa cochinada. Y los muy pendejos, se dicen mis amigos. ¡Cabrones, es lo que son! –dijo, alebrestado y escupió el piso.

Lo que alguien de su entorno selvático, le escuchó maldecir en otro momento aciago. Tal era este, bajo los efectos de un “sin sentido” aparente. Por lo que ahora, no hubo espacio para otros recuerdos de juventinas. Y nada más apropiado para desechos tan elocuentes, que la opción del pronto enterramiento por parte de la Historia inexorable. No sorprendida con el nuevo cliente ni por sus enemigos terrenales, porque les eran muchos los acumulados para una sóla existencia de excesos enloquecidos.
La farsa había comenzado, según sus cronistas, cuando paseaba en una desvencijada bicicleta con motor, por cuanto vericueto le brindo abrigo a sus destemplanzas juveniles. También, quizás cuando olisqueó el primer cadáver siendo estudiante de medicina para hacerse médico. O por lo menos, mientras hacía el paripé de que estudiaba “entre comillas altas”, según sus detractores.
Los insolentes de Hollywood, en ocasión de filmarse las tribulaciones de este otro reflejo de “inquieto anacobero(3) durante su etapa de vagabundeo; brindaron una versión cinematográfica(4) estampada por los entendidos, como verdadero desastre, desde el punto de vista del buen contar y decir en la ética cinematográfica. El guionista lo bajó de la vulgar bicicleta y no dudó en encaramarlo sobre una feroz motocicleta, como las empleadas por las bandas musicales anarquista.
Porque él había dilapidado años claves de su juventud haciendo bus stop por sus alrededores, entretenido en causas injustas como buen ambicioso ya a punto de la bancarrota económica, hasta que una beldad isoturbiteriana antípoda evidente de su ascendencia caucásica, Hilda Gadea Acosta (su amante pour les pires moments, a la que después desposó) lo conectó con los aventureros del yate “Granma“.
Estos conjurados, armaban alegremente la tómbola su expedición en México con la ayuda de los exiliados cubanos, especialmente los miamenses y alguna que otra dádiva del Comintern, los cardenistas sin pasteles, los anti cardenistas oficiales con pasteles y otras mesadas del bureau de los ridículos “descamisados” peronista, los de ayer y los de hoy. De cualquier forma, el maná fluía incontenible.
Lo que a este argentino les subyugó, en modo alguno similar a como piensan los rioplatenses laboriosos; era que los líderes de estos ilusos; quienes se auto suponían los luchadores por la futura democracia en Cuba, tal les indoctrinaban viejos comunistas adheridos a esta nueva esperanza trotskistas de la revolución mundial; no daban la menor muestra de trabajar como tantos, para ganarse el pan diario .
La naturaleza de este proto líder le hacia emanar un flujo de rabias verdosas contra cualquier cosa interpuesta en su camino, como aquellos indios campesinos centroamericanos que se les enfrentaron en Guatemala, en un reten situado en la vía sudeste hacia Santa Catarina de Pinula.
Allí, fue cuando ejerció ayudantías (infidencias y tentetiesos de represiones vulgares contra los opositores democráticos) insertado en grupos paramilitares del Partido Comunista Guatemalteco; adscritos al jefe de la Seguridad Interior de ese país, durante el gobierno izquierdista del Col. Jacobo Árbenz Guzmán.
Pero, exactamente lo que más le sublevaba, siendo represor actuante como funcionario en Cuba; fue aquella confesión inesperada y brutal de su madre (enferma de muerte), cuando le dijo que su segundo apellido no era “de la Serna” sino “Sheinerman(5), lo cual no aparecía en los registros.
Él, no acababa de entender el cambio de nombre de su madre de “Sheinerman” por “de la Serna” –alegado por ella aduciendo “pura seguridad”–; porque, dijo la madre, eran los tiempos en el que el Mundo andaba en guerras y Domingo junto a Evita Perón, coqueteaban descaradamente junto con sus pandillas de lumpenessans-culottes“, similares a turbas nazi-fascistas, motivo por el cual se rotulaba “de la Serna” y el resto de la petite histoire familiar.
Y eso, nadie lo creería, además de que no estaba dispuesto a permanecer impasible mientras se deshacía lentamente el narcisismo de su figura mundial a la que tanto amaba –tal si fuera una estatua de sal convertida así por la curiosidad insaciable de la mujer de Lot–, para que lo aliaran a un “maldito apellido judío.
Un nueve de octubre, que los cubanos se alegran que no fue un diez
Pero esas eran viejas historias las cuales, aunque le desagradaban, no podía borrarlas de su pasado por una razón muy simple: ahora estaba muerto y bien muerto, ya sin leyendas heroicas ni las tizas caucasiana de los historiadores marxistas, para borrar lo feo. Cierto que toda historia parte de un pasado y un presente y ese, era su caso. De lo que sí estaba seguro, es que en ese día aciago, el destino le envió un mensaje definitivo por medio de aquellos cubanos asesores militares (falso que fueran ciudadanos norteamericanos, porque el protocolo lo prohibía) de los rangers: porque en su leyenda apócrifa, no existirían partes alícuotas para disponer garantías de un futuro luminoso y eterno. Porque ahora estaba muerto y oliendo a bien muerto y sólo le restaba desandar su camino de confusiones por el Valle de las Sombras, donde de seguro, seria un occiso que por su mala cabeza, mal recibido.
El mediodía del 9 de octubre, 1967 había quedado al doblar del camino, tras un par de ráfagas mortales que a las 13:15 h le cruzaron el plexo solar, en la soledad de la escuelita de La Higuera. Con ello se cumplió lo de “ojo por ojo y diente por diente” en medio de un silencio caído ínfimo sobre en ese aposento húmedo y mohoso, locutorio perfecto para una hermandad de ranas enloquecidas que no cesaron de croarle, ni aún después de la medianoche de todas las brujas, prestas al doblar de noviembre.
Como en las cortes aristocráticas de moscas cortesanas y no menos pervertidas, e intoxicadas con hashīsh como deliciosas pussycats de las poledancing doradas, al retorno de sus alucinaciones y ebriedades de tanta carne guerrillera engullida durante esos meses de fiestas carniceras.
Y que alcanzó lluvias rojas en medio del regueros fogonazos ensalivados, hasta empapar la carnes oblatas de pan y vino de la muchacha deutsch inmisericorde que en un sendero cualquiera dejo su virginidad y sayas.
La de suave piel blanca y alabastrina, aquella conspicua y no menos brava Tamara Bunque Bider; erótica insaciable y venusiana de talante; caída en su propia trampa mortal y entregada en emboscada a los rangers, por traidores de su amado partido comunista natal (en realidad el boliviano). La traición, un detalle chic muy propio de sus ideologías conculcadas a las putas guerrilleras, miserables.
Pero es que lo de ella fue otra cosa sucedida allá donde el río se estrecha y baja lo suficiente para el cruce en Vado del Yeso, con nuevas oleadas de moscas capitalistas aprestando sus bolsas infames, repletas de hueveras devoradoras de todo lo que un día fue humano. Porque la comedera de ambos sucedió en sitios distintos. Sabiendo que en los paraísos proletarios no hay moscas ni cucarachas, dado que no nada que comer.
Y también porque el líder de la banda armada invasora del suelo boliviano, en su mejor momento, le dijo a ella, sin aviso previo:

–”Sabés, que no habrán más correos del “llevaitrae”. Así que te quedás clavada con nosotros en medio de la selva, nuestra amada floresta“.

Quizás, pensó ella con razón, a manera de soldadera entre las miasmas rugientes de aquella manada de lobos, excitados con el olor a hembra. Después, Tamara se viró dándole las espaldas al líder guerrillero y partió rumbo a las letrinas, mientras murmuraba otras imprecaciones.

–”Cacho de cabrón –rezongó ella, ahora desde un rincón de su tienda, ya aburrida de toda aquella farsa trágica, repleta de engaños y furias–. Todo porque esta mierda donde nos embarcó el Líder Máximo del Internacionalismo y que ya se está jodiendo y él (Guevara), no quiere irse sólo. Y lo que más me jode es que aquellos dos huevones están muy campantes en bebederas y hartaderas, echándose fresco en los cojones, allá en La Habana, en medio del aire acondicionado de su castillo de naipes” –terminó de escupir ella, su frustración, premonitora de que pronto seria destruída, al igual que el resto de la jauría.

Se trataba de algo desesperanzador y que para ella era lo más temido. Nada de retornos a La Paz como antes, con aquel par de ilusionistas estrafalarios; también intelectuales comunistas; el pintor y guerrillero argentino Ciro Bustos (Ciro Roberto Bustos Marco) también (“Pelado“, “Mauricio” o “Carlos Alberto Fructuoso“) y el periodista, profesor y escritor francés Régis Debray (Jules-Régis Debray), también “Dantón“.
La Piel de Zapa y sus mensajeros letales
Para entonces, aquella figura desmadejada, seria campo fértil a colmenares y kermeses de este otro bellaco rojizo ya irreconocible de entre sus máscaras. Porque hubo y habrían tales muertos de igual prosapia de terrores y violencias, pastos de las moscas verdes tse-tse y las de pelambres teñidas de multicolores carnavalescos, con corrimientos hacia el rojo einsteiniano. Y por qué no también sus prima hermanas de traiciones, coleteando rojuras, como las sabandijas comunistas peruanas. Es que toda estas pieles del bestiario zurdo, no son encogibles tal lo fuera del pacto diabólico en “La Piel de Zapa“.
De igual modo era esa figura serpenteante sobre el mármol del vertedero, antes temida y odiada en la Cuba castrista, tierra calcinada enhiesta de auto elogios y hoy desflorada y maldita por la miseria.
Pero que desde instantes, su imagen de fantasma terrible de conductor y protector de las sombras, descansaba quebrada y solitaria en pose tan estrambótica como la maraña de su cabellera. Y, por fin, alguien le cerró los ojos.
Cualquier poeta del Diablo, le describiría durmiente entre pliegues de miriadas de sus fantasmas victimados. Casi todos desdoblados en terríficas pesadillas vengativas, de igual volar y serpenteo al de las brujas goyescas coitantes at æternum.
Es que el líder guerrillero y sus seguidores del destacamento, valdrían como secuaces perfectos en cualesquiera de las bandas apostadas en caminos. Cierto fue que en justas verdades, estos subversivos alebrestados, pelearon con las tres furias de los leones, desde el primero hasta el último día.
Un modo de actuar inimaginable –por lo inéticos– en sus enviadores desde la “Manila” apacible, ya desinteresada de sus mensajeros letales. Los preludios de aquel aire de muerte, tan absurdo como desentonado; finalizó sin los ditirambos grisáceos y tramposos de los camisa rojas garibaldinas y sus escarapelas girondinas, siempre en calidad de mensajeros de la muerte y el “odio inconmensurable al enemigo“.
Y porque los rangers hicieron que así le fuera “de aquí hasta la eternidad” y para siempre, con su inusitada perfección de cirujanos en día fecundo para la democracia y la libertad plena del hombre. Ya se hablaría de la jornada por la libertad paralizadora de los mensajeros totalitarios enviados por “Manila“.
Una fiera Difunta Mayor, de entre piaras de otras tantas Difuntas
No era demasiado el espacio en la escuela humilde de Quebrada del Yuro, para albergar a ese Difunto Mayor de entre otros tantos difuntos, y no sólo en Bolivia sino que desde antes en la Cuba aterrada y en el África, Ásia, Indoamérica y Oriente Medio, tan amadas por ser hijastras de sus actividades desastrosas. Porque siempre fue un Poeta de las Penumbras, bien que fue evacuado por su malasombra de pechuga andina, por la falta de oxígeno. Ni dudar que este era el cuerpo del escándalo inerte que unos minutos antes, fue un guerrillero derrotado y auto humillado, en una guerra que el mismo armó donde nadie le llamó para que terciara con sus injerencias.

Pero Usted, señor Guevara, fue quien le invadió a ellos su país. Y usted y sus hombres, fueron entrenados, financiados y enviados a Bolivia con planes específicos de derrocar al gobierno boliviano y lo peor; asesinaron a ciudadanos bolivianos en su propio país; y todo, bajo las órdenes de un gobierno extranjero –le aclaró el principal asesor de los cubanos (6).

Sucedió durante el cambio de impresiones (nada parecido a un interrogatorio formal); cuando aún era un prisionero recién capturado en combate, herido e inexplicablemente capturado vivo con todo su armamento y parque en estado perfecto. Fue sorprendente, dado que (como todos los comunistas) siempre anuncian su inmolación de “mentiritas”, no como las ennoblecidas con hechos, de los altivos Samurai daimyõ.
Pero no acaeció tal historicismo épico, quizás arrepentido por habérsele aflojado las piernas, en el que pudo ser el mejor de sus momentos.
Castro, echó a rodar el rumor de que al Dr. Ernesto (Che) Guevara de la Serna (el de “hasta victoria siempre”), lo capturaron (no rendido) a causa de que sus armas le fallaron, sin mencionar lo de las piernas. Como cuando a uno de sus lugartenientes más aguerridos “Benigno” (Dariel Alarcón Ramírez), hoy exiliado en París, igual que a otros de la banda, le dijo una de las demagogias a las que el mismo nunca le hizo caso:

“Un revolucionario verdadero, jamás se rinde ni se deja apresar vivo por el enemigo. Primero, se inmola”.

Claro que nadie dio valor a esta, una de las tantas payazadas de los comunistas, que nunca se inmolan. Porque, como era de esperar, el león calló y no se inmoló, tal se comprometió. Aunque después, cuando tras ser apresado; desafiante; se atrevíó a rugir con fiereza y en la escuela donde lo encerraron, armó un soliloquio en el delicioso lunfardo de las favelas rioplatenses.
Más tarde sobrevino vino lo inevitable desde el estado mayor y presidencia boliviana:

 “El león campante, que no lo esperaba, fue medido por los bolivianos con la misma vara con la cual él personalmente midió a sus prisioneros demócratas. Partiendo del asesinato alevoso de los cubanos indefensos hasta los congoleños azorados, a los cuales asesinó para “dar el ejemplo”.

Ello fue el resultado de acudir orondo al llamado musical de un Castro disfrazado de Flautista de Hamelin. Cuya flauta siempre estuvo equivocada de melodías de entre el llamado a los niños y el de las ratas marugas, porque él y su entraña repleta de roñas y ambiciones, no cabían en la fila de humanos de diferentes prosapias.
Lo que le incitó ambiciones del poder absoluto sobre todas las cabezas pensantes, que le contradijeran su otro reflejo de maoísmo fabiano, antes de que le arrebatara la muerte. Igual que los avetontas montoneros y tupamaros y el resto de los tirapiedras sesenteros, hoy dispersos por los basureros presidenciales del Eje Apocalypto.
Era humillante para un líder ridículamente capturado vivo, obsesionado en moldear sus grandezas alejado de la Sombra Mayor interpuesta como trampa de luces entre el guerrillero peleador y el cubano tan vanidoso como mal oriental. Su mentor y promotor, Dr. Fidel Castro Rúz y los estertores de la suya propia, idiotizado cuando saltó como un jigüe trotacaminos en medio de la selva boliviana.
Porque a este líder abatido no le correspondía el sueño de los justos, porque también resultó ser una fiera acorralada víctima de sus propios odios y sañas, y de las ánimas clamantes de sus prisioneros vejados, atormentados y asesinados a sangre fría.
Un ser, del cual fluían deudas, flecos de sobrestima y quejas desnudas de sus presas inermes asesinadas en la Fortaleza de San Luis de La Cabaña, ara y pedestal de ese comunismo del “¡ahé, ahé, ahé la Chambelona!”, al ritmo de los tiros de gracia.
Ese, el mismo patrocinado por los “hermanos sufridos del Norte revuelto y brutal” que no escatiman admiraciones y siempre dispuestos a adular a los Castro, mientras levantan las ventanillas de sus Cadillac punzó, en nombre de una fementida igualdad racial, destrozadores de la encantadora “La Habana Colonial”, de la historia propia y presencia de la cubanidad arrastrada por cuanto basurero se les antojo.
Ahora aquel tipo que exudada los miasmas y fetideces propias de su vida equivocada –aunque todavía con sus sueños no descompuesto–, mal envuelto en mortajas de mil encostraduras sanguinolentas y exudaciones desesperadas, tuvo antecedentes que él y sus compinches trataron de arrancar de una Historia violada al peor estilo.
Se intentó de alterar el paso fresco de las democracias, a cambio de un infame placebo totalitario del ajiaco habanero, todavía enquistado hoy en algunas de las mentes variopintas del cocusal zurdo. Tal destilación, fue la que diseñó en su retorta alquimista, el Good Shepherd Major castrista.
Génesis del aka (“Che”)
Uno de los expedicionarios del Granma, idealista devoto de Castro, Antonio “Ñico” López, quien husmeaba junto con la Gadea entre círculos comunistas en Ciudad México, dicen que fue quien lo apodó “Che“. Se trataba, nada más ni nada menos que del Dr. Ernesto Guevara de la Serna (7). Otros aseguran que fue su colega (segundo hombre en la escala del poder) el Cmte. (Mayor) Camilo Cienfuegos Gorriarán; un personaje clave en la opereta de los comunistas auto inventados, el cual; como tantas otras sombras; desapareció convenientemente tal le sucedió al globonauta cubano, Matías Pérez.
Casi de igual lomo y canto a la diseñada y escrita –con guión dogmático– por el confundidor nato por excelencia, Vladimir Ilich Ulyanov, (aka “Lenin”), un controvertido fanático de Karl Marx, Friedrich Engels y también de su Superego propio.
Guevara “el Vivo” (no “el Muerto”), se convenció de un presentimiento que nunca existió, pero hacia el cual avanzó inexorable entre los destrozos de su vanidad herida de muerte.
El, con su andar y portar atento a la Voz del Amo, sin embargo, hizo real y mandatorio el tarareo de las cantatas impregnadas en el romancero gallego de los Castro y saltó al vacío en la matta boliviana. Y todo porque el Líder Máximo casi le cortó las ansias de emular con Babeuf (8) guillotinando a todos los burgueses a quienes pudiera echarles mano.
Porque al desplomarse la democracia en Cuba, se le excitó la avidez idéntica de los Cirilo y Metodio anidados en la Plaza Roja; ansiosos por bañar sus groserías de mujiks, anales y genitales –unos cheos irredimibles como camisetas en tendederas–, volcados sobre las playas cubanas.
El león, despechado por sus misiones fracasadas, terció en los malabarismos preliminares que años más tarde cercenaron la soberanía cubana en favor y hasta caer desmayado en brazos de la URSS. Una acción vergonzosa que fructificó en extender pasaporte válido al vasallaje de La Habana a Moscú; pos obitum; en la titulada “Constitución Socialista” de 1976.
El león se consideraba un discípulo apasionado del líder, pero aspiró profundo y se le ocurrió en mala hora rugir diabluras en las inmediaciones de la acera donde Castro dramatizaba su misantropía de optimista alegre. Fatal le resultó que tal dualidad de famas, era intolerable por el Líder Máximo y la cofradía envidiosa de los apparatchiks guerrilleros, quienes le auscultaban los sobacos por intruso.
Este pujo emulativo, unido a sus devaneos con la jauría comunista pequinesa, el grupo de los que más tarde se convirtieron en “la pandilla de los cuatro” —ya envuelta en calideces de oxidación—, lanzó al león (de súbito) por un derrotero de peligros.
Castro activó sus neuronas y armó un artilugio similar al que esfumó del juego al que al parecer era entonces su alfil preferido: el ya mentado Camilo Cienfuegos Gorriarán, otro polo sombra de mayor simpatía que la suya, pero ahora, enfocado a defenestrar a Guevara.
Peri Em Heru
Pero ni Guevara ni su león interior, también de mayor proclividad a la muerte (9), se percataron eufóricos de que dicha Constitución Socialista con la cual soñaban; no se trataba más que del viejo “Libro de los Muertos” (Peri Em Heru o “Libro para salir al día”).
Porque a eso propendía el legajo, leer las inscripciones en las paredes interiores de sus sarcófago, de abrir las doce puertas y vencer cada obstáculo antes de comparecer frente a Asir.
Es que el fin consistía en ser enviado definitivamente donde Ammit, “el devorador” y de esta forma expedita, ser borrado del Libro, para siempre.
Quizás alguna Sangoma sudafricana –traída por Castro en su periplo de santerías por el África Negra, o encargada después o desde antes– le tomó las medidas a su malasombra mientras dormitaba, tal vez tras sus tareas matutinas de fusilazos en los patios de San Luís de La Cabaña.
Ni de que hábiles egipcios, quizás recolectados desde el delta del Nilo; taladraban a partir de cada medianoche y con el mayor sigilo; oquedades al hilo maderal de la franja blanca de la cabecera del sarcófago, en una madera sagrada.
Esos artesanos del país extraño, obraban carpinterías secretas sobre un tronco inmenso de sicómoro, como si fuera de acero negro. Era la madera mítica por incorruptible con la que desde ha, se hacían los ataúdes de los faraones, del cual él, nunca disfrutó.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  “The Lion Sleeps Tonight” (El león duerme esta noche), interpretación del grupo vocal y banda The Tokens, 1961. El sudafricano negro Solomón P. Linda reclamó ser el autor de la canción con el nombre de “Wimoweh“, escrita y grabada en fonetica de la lengua zulú (1939) en estudios sudafricanos y popularizada por su conjunto vocal “Evening Birds “.
(2)  Alberto Díaz Gutierrez, aka “Korda” (y un verdadero artista del lente); hizo la fotografía famosa de Ernesto Guevara, durante un cortejo fúnebre. La propaganda castrista no desaprovecho la oportunidad de nombrar a “su martir” como “El Guerrillero Heroico”, un indeseado competidor, ya eliminado. Considerada entre las 10 mejores fotografías de todos los tiempos, ha sido aprovechada al máximo por la propaganda castrista. Korda, un alucinado verdadero con la gesta guerrillera, no se ha definido exactamente si su adoración de asceta no monacal, imbuido del dualismo, era hacia Castro, Guevara o el cruento proceso revolucionario. Al parecer, sin ambiciones personales y por su ingenuidad, pudo haber sido tomado como prototipo del un “modesto-sencillo-dilecto-perfecto” del Hombre Nuevo, otro embutido de la extensa  wurstladen (choricera) castrista.
(3)  Daniel Santos (el Inquieto Anacobero)
(4)  Ver el film “Che“! de Omar Sharif, dirigido por Richard Fleischer, 1969 USA y “Che (part I)” de Benicio del Toro, dirigido por Steven Soderbergh, 2008 USA.
(5)  En ocasiones adjetivizado “Dr.” y en realidad, el segundo apellido de Guevara debiera ser “Sheinerman” no “de la Serna“. Después de investigaciones , el CIA propone el apellido de “Sheinerman“. Para detalles de esta sorprendente revelación, ver el “ehC, el genoma sinistrorso” en cualquiera de estos blogs personales o sociales.
(6)  El dialogo es una versión libre. Ver “El Guerrero de las Sombras” de Félix Ismael Rodríguez Mendigutia y John Weisman. New York: Simon & Schuster, 1989.
(7)  Ver de Sigmund Freud,  “Zur Einführung des Narziβmus” (Introducción del Narcisismo. (8)  Ver de Françoise-Noël Babeuf,  la “Conjuration des Égaux o Le manifeste des Egaux” (La conspiración de los Iguales)
(9)  Ver de Sigmund Freud,  “Jenseits des Lustprinzips” (Más allá del principio del placer). Donde plantea el Tánathos o Pulsión de Muerte.

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..”¡Silencio, que’león duerme esta noche!” II/II


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
“¡Silencio, que’león duerme esta noche!” II/II(1)
(“Wimoweh”)
Conjuro Sp. 1130 del “Texto de los Sarcófagos”
Del reino Medio y su Totalitarismo Real
Oid tristes mortales
“No les he ordenado que hagan el mal,
son sus corazones los que desobedecieron,
Con mi sudor he creado a los dioses
con el llanto de mis ojos a los hombres”

(…inscrito en el interior de en algunos sarcófagos)
 
Un león tusa’o y para más desgracias, con “ñeque
Desde el instante en que Félix descendió del helicóptero militar en Valle Grande, notó una tensión en el ambiente. Ello se palpó en los cuchichear, cambios de miradas, movimientos hacia lugares de resguardo o apartados. Tanto la gente del pueblito local de “La Higuera”, como también los campesinos solitarios y las que desde el exterior; ya comenzaban a arribar para aglomerarse en la entrada de la choza que hacia de escuela.
Concurrían a pie o en cuanto medios de transporte encontraron. Venían también, desde comunidades cercanas, oliendo el espectáculo. Nada igual había sucedido en el lugar. Ni siquiera los más viejos recordaban nada parecido.
No era para menos, los rangers revoloteantes por el pueblo, habían alcanzado su objetivo cardinal: capturar en un recodo del camino hacia el lomerío, al famoso “león“, un argentino aventurero escurridizo como una anguila de río. Y como un regalo sorprendente: vivito y coleando.
Además el operativo de los rangers tan noveles, logró la destrucción absoluta de la fiera garde du Corps (guardaespaldas) del líder. Ahora, aquellos soldados jóvenes, tenían a la presunta fiera comiendo apacible de sus manos.
 
El “objetivo capturado”, anda más tranquilo, que “estate quieto” –comentó Villoldo por radio al piloto del helicóptero que ya se alejaba del lugar. Aunque debería retornar bien pronto.
 
La noticia de que el león ya estaba tusa’o (tusado) se esparció irradiada hacia los cuatro puntos cardinales, a la misma velocidad de un lince ibérico, asustado. Con ello los comandos bolivianos demostraron que la fiera no era tan mítica, inalcanzable o indestructible. 
Y por ser Félix y sus otros compañeros, integrantes del operativo de asesores militares del CIA asignados para el entrenamiento del Batallón Élite de Rangers, sentían una satisfacción inmensa por la victoria completa alcanzada contra sus enemigos.
Estos soldados jóvenes, se habían especializado de manera rápida y sorprendente para sus instructores cubanos, de una efectividad letal para las dos bandas de escopeteros.
Iinicialmente se trató de una agrupación única; dividida posteriormente en dos, la del líder  Guevara y la de uno de sus mejores capitanes, “Joaquín” (Juan Vitalo “Vilo” Acuña) a las cuales persiguieron sin descanso, durante los fríos meses del verano austral.
Les exigían una capacidad pulmonar extra, resultaba indispensable para desplegarse con efectividad por aquellas alturas, donde el aire estaba enrarecido por el bajo nivel de oxigeno Se consideró factor indispensable, inculcarle a esa tropa bisoña, la disciplina propia de un destacamento  de acciones punitivas y en estado de alerta permanente.
 
Ustedes, estaban destinados a moverse de manera constante, a una velocidad superior a la del enemigo. A esa gente –les repetían los instructores, desde los inicios del entrenamiento–, poco a poco, les fallara su capacidad combativa. Al sentirse acosados por los cuatro costados, la incertidumbre y el temor de ser apresados, les restara velocidad.
Y con ello, el temor se convertirá en miedo atroz, de donde su vulnerabilidad aumentara, hasta el día en que; extenuados; sufrirán bajas irreemplazables. Tendrán que atender a los heridos y enfermos, lo que les restaran poco a poco su factor sorpresa como en los tiempos iniciales. Nosotros dispondremos de armas, parque y vituallas inagotables.
Ellos no –les insistía Félix–. De la posición ofensiva, pasarán a la defensiva. Y un día, caerán en nuestras manos, vivos o muertos. El Comando Central, hasta el propio presidente Barrientos, los quiere agarrar para demostrar la injerencia de estas bandas mercenarias enviadas por el gobierno comunista de Fidel Castro.
De todos ellos, debe interesarnos el cabecilla principal, el argentino Ernesto Guevara, alias “Che”. ¿Comprendieron?. 
Félix tomó aire, se arregló la gorra y les gritó,
Entiendan que estos tipos están fritos y los batiremos hasta destruirlos. ¿Y saben por qué?. Porque tienen “ñeque“. ¿Entienden lo que eso significa?
–¡No, no! –gritaron algunos.
Porque tiene mala suerte, “jettatura” le dicen los italianos; y ya huelen a muertos –les aclaró Félix, en el último día antes de comenzar las operaciones militares.

Choque de dos anti-partículas
El enemigo fue identificado como una agrupación subversiva infiltrada y articulada secretamente dentro de Bolivia; organizada, pertrechada y pagada por el régimen comunista de los hermanos Castro. Su tarea: destruir la democracia en Bolivia.
Ansiosos de repetir en Bolivia el fenómeno cubano y convertir Bolivia en centro de radiación subversiva hacia sus vecinos, especialmente con sus ya vinculaciones pre establecidas con las otras bandas comunista colombianas, ya en proceso de consolidación (2).
Sin embargo, ahora en la tensa postal después de la batalla exitosa que se extendió durante meses, Félix y sus compañeros; desconocían cómo finalizaría ese drama letal intenso, vivido por los participantes directos de ambos bandos.
También los testigos valiosos del lugar, dado que todo dependería de la decisión tomada por el más alto nivel del gobierno boliviano, respecto a los invasores, en especial su cabecilla.

Un argentino aventurero; con una extensa hoja de asesinatos a sangre fría en Cuba; que venía dando guerra desde Guatemala, cuando corrían los tiempos de Jacobo Árbens Guzmán y su gobierno nacionalista, pro comunista.
Se trataba de “Papá“, el nombre clave dado por el alto mando boliviano al jefe de las fuerzas subversivas castrista; después etiquetado con el de “león“, de manera operativa. Un tipo conocido por todos y cada uno de los miembros del batallón de rangers; el cual  había sido hecho prisionero vivo, con algunos otros de sus secuaces.
La acción bélica fausta, tuvo lugar tras largos meses de búsqueda intensa e ininterrumpida del grupo subversivo infiltrado en territorio boliviano, cuyos fines propendían a derrocar su gobierno e implantar un régimen despótico, copycat de la feroz dictadura totalitaria cubana.
Dicha estrategia se basaba en lograr una cabeza de playa con vistas a sojuzgar por etapas, al resto de los países periféricos indoamericanos. También La Habana contaba con agentes posicionados estratégicamente en algunos cuerpos legislativos, universidades, medios, fuerzas armadas Centro y Sudamericanas.
En especial Colombia, sujeta desde entonces a una astrosa guerra contra los narcotraficantes, disfrazados de oposicionistas. Todo el despliegue táctico se ejecutó, a fuerza de dólares blanqueados directamente en Moscú.

El propósito final de la estrategia siguiente: saltar sobre los EE.UU, mediando los mexicanos, siempre pendientes de una deuda que debían pagarles los Estados Unidos, según ellos.
Sólo que ahora “Papá“, joya de la corona castrista, lamentablemente para los rectores del manicomio comunista implantado en la Isla de Cuba, ya era o se les había convertido un simple león tusa’o con ñeque.
Cuando Félix tuvo delante de sí al oficial de aspecto recio, pero de modales educados, uno de los oficiales a cargo del dispositivo de combate desplegado para arremeter contra los guerrilleros, éste último lo miró de hito en hito. El oficial pareció o dio la impresión de buscar la palabra exacta.

Gracias —le expresó el oficial, lacónico, con palabras ininteligibles, casi abstrusas, pero cargadas de reconocimiento.

El otro oficial que le acompañaba, se dirigió lentamente hacia el aula de la escuela, cargando su metralleta automática de 9 mm Uzi, como las empleadas por las tripulaciones de los tanques de guerra . En ese sitio, yacía el león prisionero.

—Nada especial—apuntó el cubano— lo importante es haber neutralizado a esa gente, para que no hagan más daño.

Félix comprendió, al ver signos de emoción en los ojos del oficial, que el militar trataba de dignificar todo el denuedo desplegado por los asesores militares del CIA, en entrenarlos para la captura del cabecilla de la intentona.

Y el cubano le hizo un gesto amistoso, complacido con la victoria. Pero asaltó una duda, cuando el otro oficial entró en la escuela y cerró la puerta.
El epicentro de la banda insurgente había sido neutralizado y destruido, paso a paso, pero de manera absoluta y sin dejar cabos sueltos. Sus tentáculos, en uno de los cuales se bamboleó por un tiempo una leona inexplicable, Tamara Bunque Bider, (“Tanya“, la guerrillera) ya no existían.
Ello resultó en una operación quirúrgica exitosa de alto vuelo, desarrollada de igual modo que el cubano les pronosticó a los rangers, durante los entrenamientos. Porque aquellos soldados, ya fogueados en la selva, no habían sido escogidos de la nada o por azar. Y fue desde ese punto exacto, donde comenzaron a temblar los Castro.
Dos ráfagas de cordita y una primaveral

Me los van a traer desde los mismitos picos de la sierra –apuntó en su orden al Jefe del Ejército, el presidente de Bolivia, Gral. Réne Barrientos Ortuño– . Me los traen de la zona de peor entrada y salida. La de peor acceso por lo intrincado. Los quiero campesinos, bien campesinos serranos –dijo el Presidente, refiriéndose a la leva de alistados que integraría el Batallón de Rangers, esa tropa élite a entrenar por los asesores cubanos.

La misión conjunta de las fuerzas demócratas dejó sin opciones a quienes fueron vendidos por la propaganda castrista, como una especie de Guardia Élite como la de los 10,000 Inmortales del emperador Jerjes; el cual fue vencido en las Termópilas por Leónidas.
No hubo una orden específica impartida del rey de la floresta, ni siquiera por parte de grillos y cigarras, sus alabarderos habituales más escandalosos y recurrente.
Lo cierto fue que un silencio, el cual sorprendió también a todos los humanos cercanos al lugar, descendió pesado como si todo respondiera a un mandato, ejecutado sin solicitar permisos.

Y la cosa resultó notable, porque todo lo vivo de los alrededores de la escuela, se puso en atención ante lo premonitorio inferido sobre el fin de los invasores, aunque sin conocer los detalles.
La ruptura inmediata del silencio dio al traste con cualquier vestigio de esperanza en los capturado, quienes quizás recibieran de la propia medicina cruenta que en su tiempo ellos aplicaron a los opositores demócratas en Cuba y otros lugares, a escala mundial.
Porque de inmediato que cesaron las detonaciones provenientes de dos ráfagas intermitentes de una misma arma automática, y que se escucharon desde la dirección donde la escuela, hicieron que los curiosos presentes en las inmediaciones cortaran la respiración y quedaran en sigilosa espera.

—Es sobrecogedor–argulló candoroso, un novato recién egresado de la Escuela de Oficiales del Ejército Boliviano, hijo de un escritor.

—No me digas –le ripostó otro de sus compañeros de clases, hijo de un ingeniero en telecomunicaciones–, y no te conmovió, cacho de cabrón, la impiedad que tuvo él con los opositores que fusiló en Cuba, indefensos. A que viene esa babosidad, compa, porque el argentino tuvo la oportunidad de pelear. Sucede que perdió por inepto y por estar abandonado por Cuba.

Un leve sonido de cerrojo, indicó que la puerta se abría. Los oficiales y soldados en las afueras, sabían quién estaba dentro y quizás, la orden que llevó consigo cuando penetró en el sitio. Después todos vieron la figura alta y corpulenta del oficial ranger que se destacó en la semi penumbra del dintel de la puerta desvencijada.
Una extraña ráfaga silenciosa, esta vez de viento –quizás de alegría eufórica de Tánathos imbricado con Eros– hizo una polvareda, tal vez la última que soplaría fuerte en aquella primavera austral que ya exhausta, pero que transcurría bajo acontecimientos de profundas relevancias históricas. El aire, trajo consigo un ligero olor a cordita emanado del interior del aula, por los disparos a quemarropa.
El oficial terciaba su arma y con gestos inusuales, torpes; con su bota de campaña arrastró y echó violentamente fuera del recinto a punta pies, varios casquillos de balas esparcidos por el suelo.
El militar terminó de abrir la hoja desvencijada, chirriante, y salió al exterior donde tomó una bocanada de aire profunda y tosió y carraspeó de manera áspera. Después se descolgó el arma y la sostuvo en la izquierda. Sacó de un bolsillo pectoral una especie de pañuelo militar, camuflado como su uniforma, y se secó un imaginario sudor.
Echó una mirada fiera a los presentes, volvió a pasarse el pañuelo por el cuello y miró a Félix; quien le estampó una mirada medio que azorada, por lo que intuyó había sucedido en el interior de la escuela.

Ya está hecho —le dijo el ranger en voz baja y firme—, cruzado de pecho a cadera, para no desfigurarle el rostro. Ya no habrán más guerrilleros en mi país, que vengan a jodernos la patria. Y juramos que esto será para siempre.

Y así fue. Félix recordó que por una disposición interna, táctica para las zonas de guerra, el Ejército colombiano nunca tomaba vivos a prisioneros mercenarios extranjeros. Mas si eran capturado en combate con las armas en la mano.
Este, no era el caso de cuando una expedición de exiliados cubanos se integraron en la denominada Brigada 2506; desembarcó en Cuba por Bahía de Cochinos, en la Ciénaga de Zapata; con el fin de liberar al pueblo de Cuba del régimen totalitario comunista. Los brigadistas anti comunistas, fueron asesorados y apoyados por los EE.UU, y con ayuda de los exiliados. Sólo que en Cuba no existía tal forma de combatir.
Entonces, el incipiente Ejército Rebelde integrado por castrista y las fuerzas paramilitares de milicianos, las cuales estaban pertrechadas, entrenadas y dirigidas por asesores militares provenientes del bloque comunista a los cuales obedecían, checoslovacos y rusos.
Estos asesores, especialmente los rusos (españoles, veteranos de la Guerra Civil de España) instaron a los soldados cubanos, especialmente a los oficiales de las milicias, a que remataran a los heridos o mataran a los prisioneros,

A todos los que puedan!. Antes de que rindan —rugían los asesores, lanzando imprecaciones.

Un modo de actuar ilegal, que después fue revocado por Castro, por razones desconocidas y que nunca nunca explicadas por los régimen.
Epílogo inverso anterior a las 13:15 horas, de una tarde obstrusa
El drama final descrito, se inició en una fresca mañana de octubre, 1966, cuando el león colmado de rabias y venganzas por la frustración de sus pesadillas y derrotas africanas, siempre machucadas una y otra vez a manos de su admirado Gran Hermano, arribó al aeropuerto de La Paz, Bolivia. El Líder Máximo le reprobaba insistente, aún frente a otros miembros de la cúpula, sus torpezas y fracasos en cada misión que le encomendó. Ello sembró resquemores en el regañado.
Claro que el león tampoco sabía lo que aprendió después, mas dado a espejismos y reafirmación de su personalidad ante el Líder Máximo;  en la Sierra Maestra sobre el tema, por boca de un cubano demócrata veterano de la Guerra de Corea al que como es natural, le apodaron el “Coreano“, un tipo con los pantalones tan bien puestos como su memoria prodigiosa.
Es destacable que el Coreano, creyendo buenas intenciones en los Castro, se brindó a entrenarlos en las artes de la Guerra. Por su experiencia como veterano del ejercito de los EE.UU en la Guerra de Corea, junto con otros ex combatientes experimentados caídos en la misma trampa, brindaron entrenamiento militar teórico-práctico a la tropa bisoña de los expedicionarios del yate “Granma
Explicó el “Coreano” sus sorpresas, cuando el león se interesaba insistiendo siempre con él, acerca de,

“…las emociones que se experimenta cuando se asesina a un semejante a sangre fría y sin motivos”.
“¡
Avemaríapurísima! –exclamaba el Coreano– con este pibe caníbal y mi vieja pared del arrabal con su sombra letal que nunca lo fue

Cuando el león miró a su alrededor no observó nada que entendiera excepcional para ser un país de los tantos del altiplano, y sintió las frialdades propias del entretiempo mediante en el paso hacia el verano. El león arribó con la insolencia de una pose hierática, ensayada y sin expresividad al futuro teatro de la que seria “su guerra”.
Exclusivo de los torbellinos de su mente, le pareció sentirse en medio de los himnos y ruidos silentes. Pero de lo que sí estaba seguro fue de su decisión de ejecutar y conmutar para sí, en su beneficio propio, la tarea prometida a los Castro y también para repletarse de ensueños que por alguna razón los presintió mortecinos.
Nada sorprendente, que por la cervical le corriera un escalofrío para quien sabe al dedillo que cada segundo era un desafío a su destino, que para él era el agua en la que nadaba mejor.
Como les es natural a los comunistas, más por ser subversivo, el león llegaba disfrazado con personalidad, papeles y leyenda, falsos. Le siguieron por separado, utilizando otras vías y momentos, el resto de la banda de secuaces complotados ya dispuestos y entrenados en “Manila” para apoderarse por la violencia, del país al cual no pertenecían, ni al cual fueron llamados.
Eran invasores simples salteadores de caminos destacados para el ataque al descampado, expedicionarios destinados por la voluntad suprema del Líder Máximo radicado en La Habana, apoltronado a miles de millas de La Paz, expeliendo órdenes a sus agentes para un sinnúmero de actividades subversivas a las que no tenían derecho. Esta, era una de esas.
Todos juramentados en destruir a posteriori cada vestigio de democracia en el continente americano, tal iniciaron en Cuba los viejos guerrilleros cubanos en enero 1, 1959.
A los rusos, mientras, no les convenían tales desmesuras públicas sino el juego de los frente populares, la lucha de clases, los “progress” y el resto de los devaneos zurdos vendidos al detalle en las herboristerías marxistas.
Parecidas a las “botánicas” de santerías miamense actuales.La trama armada cuidadosamente por los estrategas castrista desde La Habana, teóricamente, había deslizado sus cuadros y personal operativo hacia el altiplano boliviano por vías seguras, aquellas sólo utilizadas por contrabandistas, bandoleros y narcotraficantes.
Y por ahí introdujeron también los equipos, pertrechos y armamento que la Manila fementida les proyectó como básicos y en las cantidades adecuadas, junto con las municiones de guerra y de boca indispensables.
Estas últimas, considerando que podían ser obtenidas localmente y sólo durante el tiempo preciso, hasta que alcanzaran sus objetivos primarios: disponer de un enclave militar permanente, suficientemente fortalecido en lo táctico y logístico fuerte, para el empuje final sobre el gobierno boliviano.
Sin olvidar el vivaqueo ligero en las selvas durante los primeros tiempos, con el Ejército que en algún momento les pisaría los talones, para lo cual requerirían liviandad en las mochilas.
Para el león, todavía sin melena, quien ya no dejaba de experimentar cierta desconfianza interior por el empuje insistente de sus mentores, prestó cuidado fino en conocer las cotas de los escondrijos anunciados en La Habana donde; supuestos zapadores enviados con antelación, habrían depositado el grueso de los equipos pesados, médicos, vituallas, parque, comunicaciones y otros pertrechos.
Buena parte de los “zapadores” devinieron fantasmagóricos y los más aviesos (comunistas locales) se complicaron en traiciones y escamoteos de los pertrechos un tanto raros por la naturaleza de sus fuentes de su alimentación, y no por ser gente extraña a la guerrilla.
Al león, no le convencían los pronósticos de sus mentores, acerca de una acción fulminante contra el gobierno boliviano del Presidente Gral. Barrientos y la consecuente derrota de este régimen democrático a manos de las hordas campesinas teóricas (la versión maoísta) soliviantadas por los militantes locales del Partido Comunista Boliviano, que nunca aparecieron.
Ni tampoco, que los suministros estuvieran listos en su totalidad, para iniciar la campaña incierta en un territorio que en su totalidad estaba en manos enemigas. Voces internas, y externas provenientes de paisanos, le sugirieron no confiar en un plan donde su figura se destacaría en el punto central y por ende, como un papamoscas, diana de sus perseguidores bolivianos y posiblemente de otros provenientes del extranjero.
No eran los tiempos en que un puñado de terroristas descamisados (Cuba) asustaron desde el lomerío a un gobierno reconocido, una sociedad sólida y repleta de confianza en su futuro, sin embargo con un pueblo idiotizado con la consigna de demagogos, especialmente los radiales; que cualquier otra cosa era mejor que el gobierno republicano actual, aunque autoritario.
Los complotados, no obstante, parecían convencidos de que en base de la experiencia cubana, con la derrota del gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar; daría a las fuerzas bolivianas antiterroristas, estrategias pasantes del estado defensivo al de alerta ofensivo.
En marzo 11, 1967 por dos desertores de la guerrilla, Bolivia y después EE.UU advirtieron la presencia de un foco insurgente sediciosa por la zona de Valle Grande. De tal forma, el gobierno boliviano solicitó ayudas a sus aliados naturales, los EE.UU.
En un tiempo corto, casi de inmediato, los asesores cubanos del CIA pusieron en manos del Ejército boliviano un batallón de rangers; casi todos jóvenes campesinos dispuesto para la búsqueda y captura o destrucción completa, de los invasores.
En pos de otra Nueva Clase de Escopeteros
Ya desde finales de 1966, la banda de escopeteros se consideró apta para iniciar el juego mortal. Concluían la etapa preparatoria tendente a montar un enclave guerrillero en el altiplano andino. Según los planes, alcanzarían idéntica puntuación que los sediciosos cubanos, contra el gobierno de Batista.
El objetivo de la parodia boliviana se perfiló dentro de un plan maestro de batir al gobierno, utilizando terroristas disfrazados de oposicionistas y después, anulándole al pueblo todo vestigio de esencia democrática, con la imposición de una dictadura (como las apocalyptos del ALBA) sujetas al más fino corte maoísta –quizás también en su temible versión genocida del Khmer Rouge–, una variante por la cual, después de anunciada por los orates comunistas de Cambodia, el león se derretía.
Los complotados, desconocían parte de los detalles secretos de la operación armada en La Habana e inferían dudas sobre posibles copias ciegas del guión original de la Sierra Maestra. Para algunos guerrilleros cubanos, fue sospechoso la lista tan nutrida de líderes desertores del bando comunista o peor, desaparecidos en circunstancias turbias.
Los anales de la épica guerrillera, devendrían desastre natural con la extinción absoluta, en meses y por estrategias exquisitas de los asesores CIA, del síndrome terrorista inducido por la cuadrilla. La dirección guerrillera calculó, en sus paranoias, que sobrevendría la fase de expansión hacia los países periféricos.
Asegurarían el petróleo venezolano, la jungla Matto Grosso, el Pacífico y el Canal de Panamá, entre otros, como las Antillas. Una estrategia a ejecutar con la destrucción sistemática de la logística gubernamental y de la población, al generar un caos total en Bolivia. Seguiría la conquista desde su patio trasero, de la potencia que los comunistas plagiaban denominándola “pérfida Albión” (EE.UU) en el decir griego.
Ver que por los años 60 Norteamérica era supuesta por sus enemigos y hacían la propaganda la determinaran como “a punto de caramelo”. Suponían, una nación desestabilizada por los estupefacientes, Caballo de Troya de los comunistas e islamitas.
Y también, por las acciones antipatrióticas de los anarco-liberales, izquierdistas, fabianos, islamitas árabes, musulmanes negros y el desenfreno delictivo de los grupos terroristas y partidos comunistas separatistas como los terroristas del Partido Panteras Negras (a veces, denominadas “de Autodefensa”) y maras centroamericanas locales.
La Habana, aprovechó la confusión por la guerra indochina, y devino abiertamente gestora del aborto boliviano ansiosa de ensangrentar nuevamente a Indoamerica, después de los fracasos rotundos de los conatos guerrilleros aplastados durante la década de los 60s.
En el juicio del león, la diferencia consistiría en que ahora él y su Superego serían los reyes de la selva y el único apto para rugir. No como en la Sierra Maestra, donde los comandantes castristas lo tenían como un cachorro extraño a la jauría a cuyo criterio la autosuficiencia arrogante del líder, contribuía con todo esplendor.
El león siempre se presentó envuelto en un halo de estoicismo y desgano por los deleites de la vida burguesa y así, dibujo su imagen. Quizás, fue una refinada falsedad escénica, tal el Graco jacobino (François-Noël Babeuf)¹.
Él, campante, iba y venía con expresión y atuendos ajenos al pecado original de apetitos hacia el savoir-vivre (saber vivir); hedonismo criticado a la burguesía –igual al que enchumbó ruindades la Die Neue Klass oder die Bezeichnung (“La Nueva Clase” o la “Nomenklatur“) inherente a todos los totalitarismos, tal es el montado por los comunistas cubanos–, como base de su discurso babuvistas.
Manila” (La Habana) en la clave guerrillera y Poma en la de mi barrio), fungió como rampa de lanzamiento de los conjurados. La dacha moscovita, sorprendida en alguna medida; se adjudicó la primogenitura invasora dado que nadie oso desmentirla, decían, por ser ellos los gurúes más aptos para alborotar el traspatio norteamericano.
No eran los viejos “mau-maus”  de las tribus kikuyus
La artillería liberal de los medios estadounidenses, descolimó sus blancos indochinos y se enfocó hacia esta nueva travesura prometedora de glorias y famas. Tal sucedió con el complot en el que se destacó como protagonista el corresponsal del “New York Times”, Herbert L. Matthews, un mitómano de cueros rojizos y maoísta hasta la obsesión sociópata –cronista fracasado de “La Gran Marcha”–, que le caló hasta los tuétanos.
Este periodista se presentó como un adorador enfermizo e irredimible de los totalitarismos, en su entrevista a Fidel Castro en la Sierra Maestra, al cual disfrazó con una épica falsa de “Robin Hood” moderno al servicio de los pobres, eternizada después por la propaganda oficial castrista y el resto de los cotillones danzantes en las riadas izquierdas.
El triunfalismo de la añagaza guerrillera, hizo que Castro se aventurara en ciénagas profundas como la boliviana poniendo al frente de la banda de mau-maus aventureros, a uno de sus comandantes más significativos; apartando sus fracasos al exportar la panacea totalitaria con los mercenarios cubanos que invadieron África, Asia y Medio Oriente.
Pedestales trágicos donde fueron incinerados miles de jóvenes cubanos. En el caso de África, multitudes de negros cubanos por su mimetismo étnico.
El león, fascinado con sus boberías propias, ora tras errar descalabros por el Tanganica (Congo), perseguido por mercenarios belgas y patriotas africanos, rugió desvaríos en la Tarpeya marxista y ensayó teorías económicas repletas de disparates, durante el tiempo que fungió de ministro, asolando el Banco Nacional y Ministerio de Industrias.
Mediados los años 60, el león cayó en trance hipnótico imaginando ser el comandante idóneo para la aventura boliviana. Uno de sus dislates en Ñancahuazú, consistió en aceptar la encomienda de Manila; sin advertir que siendo él la estrella rutilante del affaire boliviano, no le mostraron el guión completo.
/Así, aquel felino cargado de odios y furias que aterrizó en La Paz una mañana fría, nunca pisó la selva real sino otra virtual. E ilusionado con glorias futuras, falló el escalón dando una voltereta mortal hacia el abismo, el mismo que sus promotores inundarían tras su su muerte con fanfarrias y promos dolarizados con ganancias pingües.
Difuminación paronírica de saltamontes ensoberbecidos
Aquello sobrevendría tras de la difuminación de su efigie rumbo al Partenón del Olvido, donde los Castros desechan los iconos fabulosos que fueron molestos, pero ahora ya inofensivos. Eso sí, aquellos de los que ya “ni pinchan ni cortan”.
La magistral neutralización del conato guerrillero a manos de los rangers bolivianos, no sorprendió a nadie en el barrio. El desastre fue anunciado al conocerse que esa grey aturdida era comandada por el arquetipo del tonto por excelencia del siglo XX: el Dr. Ernesto Guevara de la Serna (aka “Che“)².
Lo ocurrido a este líder cruento a la una y cuarto de la tarde, aquel 9 de octubre de 1967 en Quebrada del Yuro; no fue sólo el fin de un adalid falsario de hojalata de pulgueros, abandonado convenientemente por sus cómplices y promotores; sino el cataclismo de toda una ideología perversa saturada de ululare tiránicos, desbancada de manera definitiva con la caída del Muro de Berlín y hoy, en proceso de disolución histórica.
Esa misma noche de fiestas democráticas y cánticos luctuosos para las bandas políticas zurdas, un ranger de los más jóvenes, se levantó de junto a la hoguera del vivac. Y recordando una tonada a levantó su copa y brindó eufórico:

Silencio, que’león duerme esta noche“³.

Pero no tardó sin que les sorprendiera un rugido retumbante desde la selva, alertando que para las democracias, no habían finalizado los tiempos del terrorismo brutal y sus cúmbilas de ponchos y guarachas. Tal muestra hoy, la simbiosis narcoguerrillera e islamita con el Eje Apocalypto (ALBA).
Nada de extrañar en ese mundillo donde pululan marxistas desdentados, plumas envilecidas, guitarras pervertidas y guerrilleros ensangrentados, todos embrujados en liturgias destructivas.
El ocaso del león, resultó ser otro ridículo melodrama davidiano de los montados por los Castro, inmediato después del infausto enero 1 de 1959. Antesala de un horror devenido semejante, en septiembre 11 del 2001. ¿Alguien duda?.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  El Gral. René Barrientos Ortuño, fue presidente de la Junta Militar (1964-1965), co-presidente junto a Alfredo Ovando Candía (1965) y en 1966 fue elegido Presidente Constitucional de Bolivia. Durante su presidencia, tomo un rumbo desarrollista cercano a los campesinos. La banda de “Che” Guevara fue destruida durante su presidencia.
(2) de Pedro Antonio Marín, conocido por los alias de Manuel Marulanda o Tirofijo hasta su fallecimiento en marzo de 2008. Desde entonces, su líder en jefe es Guillermo León Sáenz aka Alfonso Cano.
(3) Ver Babeuf, Françoise-Noël “La conjuration des Égaux, Le manifeste des Egaux o La conspiration por l’égalité ” (La conspiración de los iguales).
(4) En lugar “de la Serna” el CIA propone “Sheinerman
(5) Ver The Tokens (“The Lion Sleeps Tonight”), 1961. Solomon Linda reclamó la balada zulú conocida también como “Wimoweh” o “Mbube“, escrita en 1920.
In the jungle, the mighty jungle, he lion sleeps tonight.4
(6) Ver Malan, Rian (May 25, 2000). “Where Does The Lion Sleep Tonight?” Originalmente, Rolling Stone “In the Jungle”

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Saga de Miami: ¡Espías!, gritó el blanco, azorado. ¿Dónde?, ¿Dónde?, rugió el negro, enfurecido. Y otros cuentos


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
Saga de Miami: ¡Espías!, gritó el blanco, azorado. ¿Dónde?, ¿Dónde?, rugió el negro, enfurecido(*). Y otros cuentos
(*) “Thurgood”, Laurence Fishburne
 
Treinta dracmas para Walter & Gwendolyn Myers y Carlos & Elsa Álvarez,
arpegios sincopados de kalingas nivosas a orillas del “Don Apacible
 
I. Perversidades antológicas publicables, de ciertas kalingas nivosas de antaño 
 
  Where Eagles Cry
And Vultures Laugh
Gaze Upon Heaven In Flames
An Eternal Kingdom of Fire
Heaven In Flames
An Ancient Starry Sky
Heaven In Flames
In the Valley Of Death, I Am Their King
To Embrace The Corpses Bleeding
…”

(Others “Judas Iskariot” Songs, Yahoo music)

El PhD. Walter Kendall Myers (aka, “Agent E-202“) junto a su esposa amada, Gwendolyn Steingraber Myers (aka, “Agent E-123” y “E-634” en otras ocasiones); daban la impresión en su comunidad y centro de trabajo, de ser una de las tantas parejas calmas retiradas hacia el Sunset Boulevard de su senectud. Nada extraño que cualquiera, sin conocimiento de causas, les hubiese adosado un bien ganado descanso tras una vida supuesta azarosa y cargada de emociones resplandecientes bajo el sol.

“Cuentan las crónicas, que ambos abandonaron toda esperanza y penetraron al Valle de la Muerte para integrar el Ejército de las Sombras y sus 100 millones de víctimas. Sin una simple Biblia que les protegiera, iniciaron su viaje sin retorno a través del Reino del Mal”.

Sucede que esas postales candorosas, a veces tomadas después de las batallas invernales, son bien reconocidas por las tarrayas del FBI. Siempre alertas en sus pescas en aguas no profundas, más, cuando se trataba de lanzar los avíos de redes circulares dentro de lagunas negras, donde el hábitat idóneo para los liberales, libertarios, anarquista, progress y los inevitables fellow travellers, antiguos y modernos. Da igual el hedor.
Es el disciplinado team de asalto contra las democracias, los sinistrorsos de siempre, pululantes en las aguas turbias de la traición a la patria. Porque allí es donde nuestros vigilantes se topan con alguna que otra especie rara, como en las profundidades abisales; donde esos  monstruos de boca ancha a veces incoloros, fosforescentes y otras, en camuflajes transparentes, incorpóreos o gelatinosos. Siempre renovados por la Célula Madre manileña, allá abajo, en la cota habanera del Trópico de Cáncer.
Estos oficiales del FBI son unos chicos de cultura y modales exquisitos. Y sucede que por experiencias, no dejan de chequear el reverso de cada postal, “por si las moscas“. La postal de los Myers, en específico, indicaba cautelas en el rastreo de su endémico sendero de sicarios del espionaje luminosos; concomitante con un régimen homicida, indigenizado a golpes de corazones arrancados vivos por la chamanada inca, portadora de candores tan sensualoides como mendaces.
Es la sempiterna cena caníbal de esos viejos depredadores del honor nacional norteamericano y de los que lo son apostillados, porque carecen de tierra firme; como islas de horror diseñadas como guaridas para el “El Señor de las Moscas(1) de turno, sin escrúpulos de quien sea el felón. Sucede que nuestros EE.UU, asediados, están a punto de retortijones y así barrer con el meñique a los enemigos internos y externos.
Es la licencia para el despetronque (cuyo significado único, cubano, es “partirles el cuello”) a todos nuestros enemigos y que nos da derecho por el juramento constitucional de la ciudadanía norteamericana.
La imagen mostrada por la couple evocaba difusiones tibias, tales si fueran cosacos idílicos deshojando kalingas nivosas a orillas de “El Don Apacible(2). Pero al final, ellos nos golpearon con nocturnidades y frialdades de figuras diluídas, tal si no se trataran nada más que de espejismos mesmerizados.
Saber, advirtió el FBI, que se las veían con unos comunistas cortados con plantillas de la vieja guardia bolchevique, los remanentes parias (indeseables) adheridos a la “Generación Perdida” norteamericana, sin merecerlo.
Ambos, al igual que el otro apóstata, Mariano Faget, entrenados al ajillo en las perreras castristas y añejados por decenas de años en toneles de sicómoro, entre el mosto de los revisionistas —todavía impregnados de naftalinas y puestos a orear en los closets del Comandante en Jefe—, empecinados en la obsesión picassiana de su paloma hombrona de vuelo popular.
Cuestión de que los agentes del FBI, los imaginaran seres tornados campeones de justas  heróico-trágicas del medioevo y tan imperecederos como sus amados líderes providenciales. Uno de ellos, quizás el más destacado y repleto de confusiones ahora apocalípticas; interpreta a un clon del Gran Morlock que representa la “Voz de Amo” —en el decir de la RCA Victor— hacia el cual sus Elois adamados fluyen presurosos al llamado suicida para abrirse las venas en una bañadera repleta de diamelas. Nos referimos al Comandante en Jefe, Dr. Fidel Castro Rúz, dictador vitalicio de la Isla de Cuba.
“Helene 37” y otros hobbies ignominiosos del espionaje casero
Walter y Gwendolyn, con cierta frecuencia y engañándose ellos mismos, solazaban éxtasis brumosos navegando placideces solitarias en busca de la Voz, a los 24 nudos de velocidad que les permitía su hermoso bote “Helene” de 37 pies de eslora, recién adquirido. Porque las treinta dracmas de plata, al parecer, tintinearon fuerte y cantarinas como cebos, en las palmas de los comisarios. Ella se mostró radiante el día que se internaron por vez primera en el Potomac hasta Broad Creek, en la izquierda rumbo a la bahía, donde quedaron al pairo, celebrando con libaciones por la pieza adquirida.

Es lo más hermoso que hemos tenido, dijo ella, indolente y olvidándose de todo lo humano, animal y vegetal que le rodeaba sobre el resto de su propia tierra, zaherida por ambos.

La nave les servía en ocasiones, como instrumento para sus múltiples y consuetudinarias perversidades geriátricas. Hablamos de palabras mayores, como son las de engañar a familiares, amigos, comunidad y lo peor: traicionar a su patria durante todos y cada uno de los 10,950 días (30 años) que perduraron en su felonía, sin una gota de arrepentimiento. A ojos y reflexiones de jueces y jurados, tales acciones les postularon como candidatos perfectos para un “paseo” gratis y sin retorno, a la Roca Tarpeya. Por desgracia, hoy no existen suficientes rocas capitolinas activas, para mantener los niveles de asepsia mínimos en el planeta que deseamos y vamos a adecentar.
En fin, con sus figuras ya desvanecidas en ocaso vil, pudieron transitar una hermosa vejez como tantos norteamericanos buenos de nuestra clase media, consentida y pujante. Sucede que tal vida decente, rodeados de la estima familiar y amistosa del resto que le conocían, nunca le fue grata a este par de alucinados; decididos a dar la nota familiar con tono sincopado, indigno, como un par de ovejas roñosas de sí mismas y no sólo descarriadas, con la pelambre sino con el alma ennegrecida.
Al menos Walter, era un personaje que había trabajado para el gobierno estadounidense como analista de inteligencia y por lo cual gozaba de todas las confianzas investidas a quien se le consideraba un patriota. Esto le sucedía como empleado franco en el Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, en Washington. Sólo que la actividad colateral de Walter se integraba en una couple del mal, junto con su esposa Gwendolyn, analista de una entidad bancaria. Ambos se desplazaban a sotto voce bajo una tortuosa doble personalidad. El dúo, hacía reflejos y graznidos de ocas bisexuales, hundidas en la ejecución de actos considerados entre los de mayor desprecio para cualquier ciudadano de los EE.UU o del mundo en que vivimos.
Ellos se mantuvieron durante años en calidad de espías al servicio de un país enemigo, declarado terrorista por los EE.UU y un buen resto de las naciones decentes. Era la Cuba regida por su idolatrado Dr. Fidel Castro, su clan y otros malvados, los cuales operan al más puro y eficiente estilo siciliano. Está claro que ni el quehacer torcido de los comunistas habaneros, ni su infame comportamiento en contra de sus propios ciudadanos inermes; a Walter y Gwendolyn les importó tres bledos, un síndrome intrínseco de los zurdos mentales.
Tanto como el envilecimiento y destrucción permanente de la sociedad civil cubana, desguazada y desbandada hacia diásporas desnudas y ha veces hostiles, a partir de inaugurarse el manicomio imperante hoy en la “Animal Farm” de cosecha roja reciente. Claro, bajo estrictos lineamientos del catecismo distópico orwelliano anticipacionista.
Este binomio norteamericano por equivocación y apátridas por convicción, dedicado exclusivamente a satisfacer el alter ego de Castro, se acondicionó y así fue dispuesto por los Cuban Intelligent Service (CuIS), ajustado a un culto pagano y enfermizo acorde con la personalidad del líder y su imagen autocrática.
La operación de ese grupo apolítico tiranizante, integrado por supuestos marxistas; se montó sobre Cuba el 1 de enero de 1959 siguiendo los dictados del dispositivo gansteril bolchevique; incrustado en el Kremlin desde octubre de 1917; cuyos planes y objetivos se destinaban al enriquecimiento propio, el de los miembros del clan regente y su camarilla de represores.
¿Qué, una Cuba democrática?, pues, ¡delenda est! con ella
El régimen instalado en Cuba, tras la destrucción del sistema democrático, se articuló bajo el pretexto de corregir males sociales y de corrupción, atribuidos al período republicano. Para ello, a los castristas les resultó indispensable destruir y arrasar, de paso, con todos los altos principios de la república democrática existente entonces –aunque imperfecta como todo lo humano–, desmantelar sus instituciones e imponer una satrapía feroz, colgada de la desacreditada “dictadura del proletariado”.
En el tiempo real, su vademécum se nutría de dogmas y principios filosóficos enchumbados en eufemismos teóricos del marxismo-leninismo. La Cuba democrática quedó suspendida para siempre en el ayer virtual, donde permaneció detenida at eternum hasta la polvareda de hoy, signo del derrumbe final. Pero a los rojos, todo les resultó un fracaso de estruendos y arruinaron tanto a la isla como al pueblo.
Atendiendo a estas premisas distópicas —ni siquiera las utópicas de los comunistas originarios y en el sentido menos deletéreo a los pueblos—, las cuales siempre fallaron; sino ver el derrumbe de la URSS, muros, GULAGS y sus satélites, incluyendo el descalabro de la timba cubana.
En esa isla trasnochada se instauró una entelequia armada con trozos de las peores troqueladoras subversivas totalitarias implantadas durante el siglo XX, especialmente en la Europa de interbellum, donde fascistas y comunistas intercambiaban osculaciones, mientras devoraban a los pueblos más inermes.
Se trataba de simples fantasías de gobiernos irrespetuosos de los derechos humanos elementales, tal sucedió en contra de opositores y disidentes. Ver los 75 de la Primavera Negra encarcelados sin delito alguno, por simple venganza a causa de los espías capturados, confesos y sancionados (Florida) pertenecientes a la “Red Avispa“. Todo, de acuerdo al modus operandi de los totalitarismos comunistas y sus variantes tercermundistas con la toma de rehenes.
Este panorama de horrores, de intra y extramuros, no fue captado por los sensores de maldades supuestamente habilitados en el dueto, como en cada humano limpio —en realidad y considerando el tiempo real, desconectados por una lobotomía auto infringida (lavado de cerebros)—. excepto en este par de ropavejeros espirituales y morales, del tipo “tres monos sabios“, integrados en la comparsa de Walter y Gwendolyn. Unas figuras no borrosas del todo, empeñadas en un delenda est contra el pueblo de Cuba, con los jirones que restan de la isla democrática de antaño.
Pax Romana, Pax Fidelis
Como pecesitos inquietos —al igual que otros capturados in fraganti tiempos ha como el ex superintendente del INS, Mariano Faget (3) —, arguyeron que sus actividades estaban dirigidas a defender, en el lenguaje ampuloso de los zurdos, “el maravilloso modo de vida de los pueblos auto sometidos a los regímenes socialistas y así protegerlos de las actividades liberadoras de los oposicionistas democráticos“. Pero no se trataba de eso, sino preguntarle a la otra amazona perversa de iniquidades iguales, esa boricua de realidad virtual y ciudadanía alemana aparente, Ana Belén Montes.
Tal antinomia, sumida en ese pretendido mar de confusiones, es por donde navegaban inocentemente e impolutos, este par de sorex sincopados con el meilleur style de rufianes liberaloides “con los pies puestos firmemente en el aire”, en el decir de Roosevelt . Quienes, sabiendo que al final serían abandonados por “Manila“, desconocedora de los altos principios, pero sin aprender la lección básica de los idiotas útiles detallada en el contrato concertado entre la Célula Madre y los progress como ellos.
Este equivalente al “To kill a mockingbird“, pero impreso con las mismas letras diminutas de los contratos hipotecarios confabulados para estafar a los ancianos. Cuestión de que los seniles después no argullan ignorancia.
Ellos desconocieron los miles de crímenes cometidos por Castro y sus seguidores, incluyendo los perpetrados en toda la pradera guevarista latinoamericana por las narcoguerrillas; durante los últimos 5 decenios; mientras los opresores “detentaban el poder absoluto de la isla, el mismo que los corrompió absolutamente“, en el buen decir de Lord J. Dalberg-Acton. Sobre Cuba se cernió la Pax Romana o Pax Fidelis, las de los camposantos.
Tampoco las intervenciones de los agentes de inteligencia y las tropas mercenarias cubanas, anexionistas, sueltas como “les chiens de guerre“, sobre los conflictos alimentados por los comunistas en países del Tercer Mundo, so pretexto de una independencia inmerecida.
Sólo ver, mediando el Eje Apocalypto (ALBA), la introducción de los grupos narcoguerrilleros en Centro y Sudamérica, hoy todavía activos, (y que tanto dolor han causado a EE.UU, Colombia, Perú, México, Venezuela y otros), y de los cuales la inteligencia cínica de los esposos Walter y Gwendolyn, tampoco se dio por enterada.
En junio 4, un cálido día veraniego del 2009; Walter y Gwendolyn perdieron para siempre su joya mas preciada (no los hijos, nietos u otros parientes), sino el hermoso “Helene 37” de 24 nudos. Porque, el resto de los tesoros hollados bajo sus pies, el aire puro de la floresta capitolina o los corazones afectuosos palpitantes en derredor y el maravilloso país donde vivieron y disfrutaron sus mejores años; a los Myers; como acontece con todos los buenos comunistas, todos, les importaban tres carajos.
Sucedió cuando escucharon toques extraño en sus puertas: eran los oficiales del FBI que se les encimaron, les bajaron el telón y cargaron con ambas kalingas nivosas y sus matules estereotipados.

 II. Petición al vate de la “Divina Commedia“: Un círculo de tiza caucasiano, para ciertas kalingas nivosas de hogaño

In a many dark hour
I’ve been thinkin’ about this
That Jesus Christ
Was betrayed by a kiss
But I can’t think for you
You’ll have to decide
Whether Judas Iscariot
Had God on his side
“.
From Bob Dylan songWith God on Our Side

Con este otro par, la mendacidad de la pareja sajona, coincide con otro dueto de serigrafías a la laca, ahora malahierbas del patio miamense y de igual pedegrû malévolo, pero esta vez oriundas de Cuba. Una especie de epítome repetitivo detectado en otro dúo de académicos atrapados por tarrayas similares del FBI floridense. Estos pescaditos, cálidos veraneantes en este mundo cruel; fueron sorprendidos in fraganti mientras nadaban al estilo libre —inexplicablemente, para todos los testigos cercanos al entorno de los espías— por entre las siempre acogedoras aulas de la Florida International University (FIU) y la sede de los Servicios de Inteligencia de Cuba (CuIS).
Resultaba también curioso, según versiones, que dichas prácticas de natación se ejecutara sin que nadie (ni siquiera los mentores, admisores y jefes; que en opiniones varias, nadie les cree ya en los campuses universitarios de los cuatro puntos cardinales, advirtiera o fuera informados de la labor de espionaje escandaloso desarrollada “por la libre” por estos personajes.
La cuestión resultó, en que dichas actividades ilícitas fueron ejecutadas en favor del mismo régimen totalitario comunista apoltronado en Cuba, al cual los EE.UU tienen sindicado en la lista de países terroristas y al cual esta couple sirvió también religiosamente, durante decenas años. Un verdadero succès de fiesta para quienes se derriten por los thrillers al estilo de Graham Greene o John Le Carré.
Ellos, ya deambulaban orondos por los mundos oscuros y sórdidos del espionaje, antes de conocerse entre lujurias propias de tembaspuros (mujeres y hombres mediotiempos) ansiosos de encontrar un puerto seguro e intercambiar votos de fidelidad eterna. Falsos, hasta que les envolvió el desastre.

Esto apunta a que nunca se acabará. Pero vamos por buen camino, reflexionó él, introvertido en lo más ignoto de su interior tembloroso.

Aunque desalentado esa tarde otoñal, quizás por olores extraños y amenazantes percibidos en derredor y miró tierno a la esposa fiel, orgulloso de sus mutuas travesuras. Algo le recordó sus juventinas en la universidad de Gainesville (1974), cuando se unió a los estridentes contra la Guerra de Vietnam y cualquier otra cosa anti norteamericana; también a inicios de sus contactos con el espionaje, actividad a la cual amó de manera entrañable.

No estoy arrepentida, porque al final, acabaremos con ellos, le contestó ella a Carlos, ante una pregunta de éste respecto a si sentía temores de ser descubierto. Entonces, ella desde lo alto de su soberbia, lo miró arrogante, como si el marido se hubiera achicado.

Y rememoró, aún soltera, la primera noche deleitosa en el cabaret “Tropicana” —invitada gratis por el gobierno castrista junto con otros “tontos útiles”—, donde brincó con los exotismo del punk rock de la banda “Buzzcock“, que ella bailaba orgullosa (decía) de menear cinturas con ritmos de la rumba cubana. Inicios de la gran aventura revolucionaria para ganarse sus ansiados 15 minutos de fama, en la trampa inicial de las “cazabobos”. Un sitio tan exclusivo que ni los propios cubanos podían entrar y también, tan distinto a las que ella estimaba “insipideces y vulgaridades country”, de sus viejos cúmbilas de las recholatas en Gainesville.

Paisajes de la saga a ver en: http://www.latinamericanstudies.org/alvarez-espionage.htm.

Fue cuando en 1979 la ensartaron por medio de José Ignacio Márquez —un semental, machazo halterófilo—; y además apuesto oficial de la CuIS escogido por su talante, educación y entrenado para esas “Noches de Cabiria” siempre repetitivas con las loquitas americanas y de otras latitudes, razas, lenguas y oficios. Porque a los agentes les exigen “buen diente y estómago, para digerir todo lo que les pongan delante“. Pero ello a  Márquez le importaban tres cominos, dado que además del español, hablaba con fluidez aceptable el francés, inglés a italiano) y mejor, si eran solteronas como la tal Elsa, ahora desesperada por el disfrute en el turno que le tocaba esa noche.
Y se lo echaron encima, como escorts o call boys profesionales destinados a otras (u otros visitantes, empresarios, artistas o diplomáticos de paso de la Ceca a la Meca), de las mariposas nocturnas arribadas desde cualquier punto del planeta; excitadas, curiosas y ansiosas de un buen cuento que llevar a la vuelta a las amigas curiosas, acerca de las fabulosas experiencias y sensualidades tropicales.
Unas experiencias inolvidables y despampanantes, daba igual si era bailando una columbia solitaria o una rumba o yambaó tipo capetillo en parejas; en el mismísimo barrio de “Los Sitios“; nada de lo cual ese grupo entendía y lo mejor del tour sicalíptico: aventuras con habitación, comida y bebidas pagadas por los anfitriones comunistas, en nombre del “generoso pueblo cubano”. Cierto era, que no existía nada igual a las fiestas amistosas perpétuas en la Cuba socialista.

Porque la de los “bolos” (rusos y otras nacionalidades comunista), no hay quien se las dispare —clamaban las candidatas, con aire de experiencias extremas.

El agente Márquez, fue un tipo que por breve se convirtió en el affaire dorado de ella (tal aparece en las confesiones del atestado judicial). Y así, tras el rendez-vous galant sobrevino el chantaje programado, dado que en especial con todos los norteamericanos (agentes futuros o no) el protocolo indica que deben ser fotografiados y video grabados en y durante todas sus actividades en el país (aplicando las técnicas del momento, en el montaje de las pruebas) especialmente durante los contactos íntimos (coitus reservatus).
Tales paisajes de la saga, son válidos de igual modo que con otros extranjeros o funcionarios que puedan hacer sombra al Líder Máximo, todos de interés para los CuIS. Es la rutina de cualquiera de los Servicios de Inteligencia, para saber lo más íntimo o impublicable de las debilidades de sus candidatos en ciernes, hombres y mujeres. Observar que todos los lugares (no existe la posibilidad de otros) donde se llevan a cabo los rendez-vous, están absolutamente controlados por los CuIS.
Después, cuando en 1981 ella se topó con Carlos, un docente divorciado con dos hijos pequeños, en los predios del Instituto de Estudios Cubanos, de inmediato hicieron química, hasta que se casaron. Se desconoce si el encuentro fue casual o programado, con o por alguno de los dos, inducidos por los CuIS.
Arrobadores “gatitos de María Ramos”, unos testigos de excepción fracasados
Nos referimos a este otro dúo –ominoso como los Myers y doblemente desagradecidos perfectos– cuyas acciones les encasillaron como arquetipos de “gatitos de María Ramos”, el PhD. Carlos M. Álvarez Sánchez (aka, “David”) y su tierna esposa la Lic. Elsa R. Prieto Álvarez (aka, “Deborah”). Ambos fueron condenados a prisión según el memorándum del Juez Federal, K. Michael Moore, por ser espías confesos de actividades subversivas anti norteamericanas en favor del régimen comunista de los Castro (entre otros cargos), enemigo declarado de los EE.UU.
Sin embargo, es opinión generalizada, es lamentable que en el memorándum condenatorio, no se explicaran las razones por las que estas personas no fueron multadas en los $250,000 c/u tal manda la ley, ni obligadas a devolver salarios, viáticos y otros rubros a la FIU, cuyos tiempos de espionaje (infidencias y entrenamiento) corrían a cargo de fondos de contribuyentes y otras entidades particulares. En desfavor de ellos, existen versiones de ciertas complicidades que no salieron (o poderoso intereses no las dejaron salir a flote), según fuentes no confirmadas
Una curiosa vinculación de estos espías con “Manila” (La Habana), aflora con sus respectivos noms de guerre. “David” era uno de los sobrenombres validados entre Fidel Castro Rúz y Frank País García, jefe la filial del “Movimiento 26 de Julio” (M26J) en Oriente, cuyo brazo terrorista eran los grupos de “Acción y Sabotaje” del clandestinaje castrista; en el extremo oriental de la isla (además utilizados por “héroes represivos” fabricados por el CuIS en las óperas jaboneras de la TV y cine (ICAIC) castristas); este último; un líder sano de amplia simpatía y desde luego una sombra política incómoda para el primero.
País, un líder cristiano, resultó muerto a finales de noviembre de 1956 en un enfrentamiento sospechoso con la policía del presidente Fulgencio Batista. Un evento que coincidió con el naufragio a inicios de diciembre de 1956 de Fidel Castro y un grupo de aventureros garibaldinos en el yate “Granma” y naufragados en la ciénaga “Las Coloradas”, al sur de Cuba, en la provincia de Oriente.
Mientras que el seudónimo de “Déborah” era uno de los akas de Vilma Espín Guillois, la finada esposa de Raúl Castro Rúz, a la cual, sectores de revolucionarios combatientes contra el gobierno de Fulgencio Batista, enlazan con rumores de una delación a la policía, que culminó curiosamente con la muerte del mencionado líder, Frank País.
Para Carlos, eran sus segundas nupcias al unirse a Elsa. Las cuales disfrutaron a todo vapor en sus provechosas visitas a Cuba, casi anuales, y otros países para contactos y entrenamientos. Al parecer, apuntan crónicas oficiales, la Fundación Ford auspició y pagó parte de los tours. Aunque los gastos como empleados de la FIU eran suplidos, según informó el más alto nivel de esa institución, no con el bolsillo de los contribuyentes norteamericanos.
El trasiego de estos cuerpecitos docentes angelicales, entre ambas orillas, se efectuaba bajo el archi manido por buena parte de los acuclillados envueltos en algodones finos, en las alas yogas de las universidades norteamericanas; de igual prosapia ideológica y por supuesto estudiosos del pulguero castrista; utilizando el pretexto de los denominados “intercambios académicos de diálogos educacionales y culturales”.
Elsa, la esposa de Carlos, estuvo fichada como elemento pro castrista. Repasar la lista denunciada de agentes y colaboracionistas (unos 92) emitida en enero de 1980, por el Rev. Manuel A. Espinosa  y por ende, éste último la vinculaba a grupos que obedecían directa o indirectamente dictados de los CuIS.

Sucede que al menos con el arresto de los Álvarez, todo apunta de que Espinosa estaba en lo cierto. Por ello y sus filiaciones pro izquierdistas, ella compareció ante un Gran Jurado para dar explicaciones sin que sucediera nada. Uno de los grupos considerados como “afectos” al régimen habanero y así declarado por sus dirigentes, al menos por parte de los estudiosos del Asunto Cubano, es la denominada “Brigada Antonio Macéo”, al parecer, hoy diluida en la nada.
Estas actividades raras de Elsa, que a su vez eran manifiestas y de conocimiento público (no sotto voce, porque en todos los decanatos universitarios; como regla; se conoce “desde el dos hasta la vela” de cada docente ); iban codo a codo con las contorsiones arabescas de otras “damas” cultas (no necesariamente todas cubanas) integradas a las cumbanchas zurdas convocadas con cierta regularidad, al los saraos habaneros.
Estas otras personas, al parecer, están asentadas de igual modo en nuestras universidades, barras profesionales, medios de comunicación masiva, empresas, clubs, entidades gubernamentales y otros.
La pirámide de Tres Monos Sabios
Estos tête-â-tête académicos han demostrado ser una estafa monumental, al parecer, aprobada y santificada por juntas de gobernadores y rectores de cada universidad norteamericana involucrada en estos intercambios. Ello se ponía en marcha a instancias de los departamentos y secciones correspondientes, después que estos últimos acordaran inteligencias con sus homólogos en la isla. Como oficiales académicos jerárquicos, estaban bien al tanto de las nefastas experiencias similares de penetración desarrolladas durante la Guerra Fría, articuladas y montadas por la entonces URSS y sus satélites.
Respondía a cuando el bloque comunista era pródigo en invitaciones insípidas de este tipo  Sólo que en estos casos, por magias del biribirloque esotérico del mundillo izquierdista pululante en nuestros centros universitarios; estos líderes docentes –protectores designados de nuestras universidades– de tan brillante prosapia comunitaria y educacional, han dado la impresión de ser asiduos virtuales al santuario de Toshogu en Nikko, Japón.
Allí, a los Tres Monos Sabios o Místicos; representados por “Kikasaru, el Sordo”, “Misaru el Ciego” e “Iwasaru el Mudo”. Cada uno de los cuales posee dos virtudes y un defecto, a fin de pescar y delatar las malas acciones de los humanos por medio de un conjuro mágico y adheridos a los tres defectos: al parecer, somáticos en ciertos jerarcas de nuestras universidades.
Es una especie de dengue peripatético que genera sordera, ceguera y mudez concordantes en ciertos intelectuales; apoltronados in sæcula sæculorum en los hemiciclos de cada Alma Mater, insensibles a que sus centros educacionales están bajo ataques directos del espionaje enemigo.
Ilustra que ninguno de los interesados y obligados a preservar el prestigio de nuestras instituciones, comenzando por los encargados de filtrar la fuerza laboral hasta el último de los niveles de dirección , seguridad, requisitos del historial y antecedentes académicos, filosóficos, penales, morales, etc. de los aplicantes; no parecieron haberse molestado nunca sobre estos particulares, ni tampoco aquellos otros del segundo balcony quienes debían pedirles cuentas a estos primeros “rompeolas”, todos  los cuales  al parecer ni antes, durante ni después de las condenas permaneciendo sin mover un dedo. 
Es detestable que no exista por el Ministerio de Educación de los EE.UU, un protocolo exquisito único que norme, detecte y drene las penetraciones enemigas en nuestros centros docentes, a todos los niveles. Claro que después de cada desastre, todo se transforma en los “yonofuiymeenteroahora“, “yonoestabaltanto” y “quienlohubierasabido“; clásicos; que en el buen decir del refranero cubano es “échale tierra y dale pisón“; todo hasta el próximo intercambio académico entre Cuba y EE.UU que concluirá el día en que aparezcan nuevamente las badges, pistols y handcuffs de los inexorables del FBI, y se produzcan los consabidos arrestos.
De manera inexplicable, las señales apuntan y quizás es de presumir que; bajo presiones de una o varias altas voluntades de la pirámide educacional; estatal o peor nacional; el “caso de los Álvarez, de la FIU” —tras la condena en firme de ambos espías— reapareció como empantanado en el lodazal del olvido, carente de oxígeno y sin que se dilucidarán otras interrogantes abiertas sobre los comics representados por estos aparentes “Llaneros Solitarios” (The lone rangers) que para conveniencias del entorno, actuaban por su cuenta.
Curiosidades de un copycat resuelto en las pistas de un canódromo
Siguiendo por iguales vericuetos, por ejemplo, asombra el silencio acerca de si existieron vínculos con los niveles superiores o empresariales que les posibilitaron y aprobaron los “intercambios”, la existencia de otros implicados o reclutamiento de los mismos niveles docentes en otras universidades en o fuera de la Florida; detalles del movimiento de los bienes, acciones de la bolsa, cuentas de banco, etc.; o lo mejor de todo: si alguien ordenó parar la investigación y por qué. Tal vez, algún investigador nos refresque a los contribuyentes, estas nebulosas.
Observando lo sucedido con Carlos y Elsa Álvares, no queda menos que coincidir en un sugestivo copycat , tal si siguiera el patrón de liebres de canódromos inalcanzables por los judiciales, con el caso de Walter y Gwendolyn Myers; también capturados por el FBI y llevados ante los tribunales, igualmente bajo los cargos de espiar durante 3 décadas para el gobierno cubano actual y que en ocasiones se dice, cobrando estipendios, aunque todos lo han negado y que todo hecho fue por un desmedido amor por las artes del espionaje, contra sus patrias.
Los Myers, alardearon de haberse reunido personalmente en La Habana (1995) con el Dr. Castro, quien les colmó de diplomas y medallas por sus actividades relevantes de traición a los EE.UU. Como todos estos sociópatas, en realidad simple ególatras que se las dan de pícaros; argumentaron motivos ideológicos y humanitarios falaces, como los motores que les impulsaron en su prolongada actividad de ensañamiento felón contra los EE.UU.
Ambos dúos, convertidos en una mezcla de chantaje y muto propio, emularon con la archi traidora Ana Belén Montes (una solterona de rarezas empedernidas; sobre la que rumora —sin confirmar, dada la posible hermeticidad de la delegación— que también fue “traqueteada” en Cuba, aunque a la inversa), el musulmán Padilla, Los macheteros, la finada terrorista Lolita Lebrón y su banda de asesinos, entre otros en remojo. Se incluyen artistas, empresarios, políticos, legisladores y jurisconsultos exudados por igual; los cuales se han declarado activistas del odio contra los EE.UU, los mismos que les proveen sus canastas familiares ingratas y nuestro fabuloso sistema democrático, al cual ansían desmantelar.
Es comprender que estos agentes conspiraban incesantemente para destruir nuestras familias, nación, futuro de nuestros hijos, estándar de vida, educación, herencia cultural, valores religiosos, morales y éticos; y otras bondades que distinguen a nuestra sociedad libre, independiente, soberana y democrática, contrarias todas al servilismo que ellos profesan a su adorado “Gran Hermano” comunista.

Es la transfiguración de la primavera limpia al horror invernal comunista de los gulags, cuando decidieron alevosos –en el caso de los cubanos, como inmigrantes venidos a EE.UU sin que nadie los llamara ni necesitara– apoyar una satrapía despretigiada desde su inicios. Carlos, según el dossier del FBI traicionó a su patria (por naturalización), consuetudinariamente durante 30 largos años; mientras que Elsa resultó un poco más modocita, ya que su espiadera la ejecutó cabalgando impunemente a través de sólo dos décadas, rayándonos las espaldas.
En ocasión justa, dijo el juez Walton,

“Estados Unidos no es una nación perfecta. Pero no es el demonio que usted podría creer. Usted contó con privilegios que otros no tuvieron, pero usted derrochó esos privilegios a expensas de su propio gobierno. Si usted creía en la revolución (cubana), usted debió haberse ido del país (a Cuba)”

Así les dijo a Walter Myers y a su esposa Gwendolyn, el juez del Distrito Federal Reggie B. Walton, cuyo bisabuelo curiosamente había sido esclavo, [“ver, el Nuevo Herald, sábado 17 de julio, 2010, “Duras sentencias a agentes que espiaron para Cuba”].
Exactamente esas eran las palabras sabias que también les encajaban a los Álvarez. Walter, el personaje aludido, enarboló algunos ditirambos e intríngulis de la sarta de versículos raros extraídos del diccionario felón, del Manual de Marxismo-Leninismo, los que declamó durante diez minutos en la Corte, utilizando la habitual jerigonza comunista de retrete.
Resaltan paradojas históricas de sus ancestros respectivos, cuando Walter es también un biznieto y descendiente directo nada más ni nada menos que del destacado inventor del teléfono, Alexander Graham Bell, un patriota íntegro sin lugar a dudas.
Entre otras de las cosas bochornosas a anotar en el dossier familiar de los Myers —si observamos de soslayo y sin aspirar profundo—, es el hecho de que este conspicuo personaje en momentos en que el gobierno de Bush estaba en baja, tras la pérdida sufrida en las elecciones legislativas del 2006 (“midterm elections“, criticó a Bush de manera inmisericorde.

No en balde, Denis MacShaue, un alto funcionario y ministro del gobierno laborista de la época, calificó a Myers de “rata inmunda que abandona el barco”. Ya desde 2006, Walter Myers se quejaba públicamente de lo que él (siguiendo quizás instrucciones de La Habana) denominaba “relación especial”; referido a la exitosa colaboración EE.UU y el Reino Unido (entre el presidente George W. Bush y el primer ministro Tony Blair), en los asuntos de la Guerra contra el Terrorismo.
Walter y Gwendolyn Myers, fueron condenados respectivamente a cadena perpetua para él (sin derecho a parolee) y 5 años de prisión para ella; más la devolución al gobierno y los contribuyentes de los EE.UU, de $1,735,054 millones de dólares, por salarios y viáticos indebidamente ganados durante sus labores de espionaje.
Carlos y Elsa Álvarez, curiosamente, fueron condenados respectivamente a 5 años de prisión con 3 años de probatoria para él y 3 años de prisión para ella con 1 año de probatoria.
Nada en el pliego de la condena indica las intenciones de los Servicios de Inmigración de EE.UU con respecto a los dos cubanos, de su deportación futura a Cuba. Los cargos criminales imputados a los Álvarez, de ser hallados culpables (tal lo fueron), implicaban una pena máxima de 10 años de prisión, más el pago de una multa $250,000, cada uno de ellos. Tampoco, nada en la condena indica el pago de la multa obligatoria, ni la devolución de los dineros mal habidos en beneficio de sus labores de espionaje.

Las autoridades federales de la Florida les suspendieron sus respectivas licencias profesionales para ejercer por su falta de ética, al utilizar las mismas para realizar actos de felonía.
Cantata Misericordium, Op. 69, que nadie desea escuchar, por resortijar ombligos cartujanos
Porque estas kalingas nivosas de antaño y hogaño, no dudaron en enlodar y comprometer el futuro de sus seres allegados con tanta basura bolchevique (obviamos lo de “queridos”, por lo imposible de suponer en estas personas, un destello de amor al prójimo) sin sentir una gota de arrepentimiento.
¿Quién se atreverá a justificar tales traiciones contra los Estados Unidos de Norteamérica? Por lo pronto, de quienes sienten compasión y misericordia por los descendientes actuales y futuros de éstos señalados: ajústense los cinturones, porque la felonía desejemplarizante de éstos nuevos Arnold (ambas parejas), no consistió en un simple gesto, toma de posición o criterio, por una vez, como la de Arnold. Porque se trata de toda una saga desarrollada por décadas y que nunca caducará. Jamás, esperen disculpas de un comunista ni de sus allegados

Alguien apuntado no perder tiempo en preocupaciones por el futuro de esas familias dejadas atrás. Éste opinante argumentó que según crónicas de los reseñadores de los juicios, existe una post data:

Los allegados de ambas familias, se personaron en Cortes para dar soporte “moral y espiritual”, durante todo el tiempo, a estas personas acusadas de alta traición a la patria.

Es impredecible definir cuáles cantatas les serán entonadas a los hijos, nietos, bisnietos y al resto de las familias heridas para siempre; con la desgracia de estar vinculadas a esta mancha deshonorable. Será alucinante para los descendientes (inocentes) de las actividades de estos ambiciosos de poder, ver sus apellidos de “Myers y Álvarez”; ligados al traidor eterno de nuestra impresionante historia, el tal Gral. Benedict Arnold V.
Es que existen diferencias notables entre un ombligo cartujano, dos tropicales y otros dos sajones, expuestos ante un juez de urgencias. Algunas opiniones especulan que si se atiene al modo de actuar de familiares y amigos, indicaría –una realidad monstruosa– que en casa o el entorno de sus vidas, si otros estarían al tanto de las actividades delictivas de estas parejas.
 ¿Entonces … ?
Epílogo sin ton ni son para un pase de vareta “a la una mi mula”
Se sucederán los inviernos y miriadas de snowbirds azotarán las playas de Florida y las islas, con un pase de vareta de “a la una mi mula”. Los prisioneros, mirarán todo desde el hueco alto de las celdas, no percibirán aromas de flores muertas y ni tan siquiera canoridades de pájaros infernales.

Para ellos, que laboraron para asesinar a mansalva a todos los sinsontes de la libertad, democracia y patriotismo, se abatirán las tremendas soledades del Palacio donde Lucifer, el de las tres cabezas, campea en el círculo destinado por el Dante a los traidores. Sus jugos interiores, se les secarán como las uvas que el lobo arrogante quiso ver verdes, aunque estaban secas.
Pero el mayor “pase de vareta” entre los Álvarez, por citar un hecho sobrecogedor dentro de un matrimonio; sobrevino cuando Elsa, aterrada por las dentelladas del cancerbero que le devoraba por dentro, supo con estupor que su amado Carlos; el de los tantos años disfrutados entre las mentiras y triquiñuelas sabrosas del espionaje; en un gesto viril tipificado en los comunistas; la había “echa’o p’alante” (echada para adelante) con el FBI, como si ella fuera el “carrito del’ela’o” (carrito del helado)
4.
Pudieran quedar pendientes reflexiones y preguntas admonitorias a estas cuatro personas, destrozadas y azotadas por el vendaval de sus culpas terribles. Todo, a causa de los simpáticos hermanos Castro, los cuales les han dejado en la estacada (tal sucedio con “Che” Guevara) y quienes con sus demagogias engañaron y empobrecieron un país y envilecieron a su población, otrora florecientes
Todas, perfectamente solucionables por la vía democrática en lugar de sumergirlos en un totalitarismo depravado. Sin embargo, los Castro siguen haciendo de las suyas y disfrutando de la misma dolce vita que se auto impusieron y extendieron a sus parientes y cómplices, desde el primer día que se encaramaron en el poder.
Trágico que estas cuatro personas, los comunistas les arruinaron absolutamente la vida actual y el resto de la que les queda por vivir e incluyendo a las almas de su entorno íntimo, al dejarlas abandonadas en medio de la selva. Seria preguntarles a estas personas: ¿aparte de arruinarse ellos mismos y que “en el pecado original conllevan el castigo”, les valió la pena arrastrarse por ese pantano y quedar enterrados y olvidados allí, para siempre?
Una de las divisas más hermosas del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos de América, entre las otras instituciones armadas, la que es parte del “esprit de corps” de los soldados norteamericanos en misiones de guerra:

“Es que aún en medio de las situaciones más terribles, nunca dejan abandonados a sus hombres ni sus cuerpos abatidos, en territorio ni manos enemigas”. 

¿Álguien puede imaginarse en los comunistas tal forma de actuar con devoción, honor y espiritualidad? No, por una razón histórica y social bien antigua: porque tal forma de asumir actitudes dignas ante el peligro; debe estar antecedida de un código de honor y de los altos principios morales, éticos, cívicos y espirituales propios de la civilización judeo-cristiana, de los cuales los comunistas ni siquiera han oído hablar.
Estos son los casos lamentables de los esposos Myers y Álvarez, a quienes les vendría bien que les esculpieran a cada uno sobre sus lápidas mortuorias los versos –quizás redentores de sus pecados–, de una teutona dolida y golpeada a causa del holocausto judío y que estas personas malvadas, intentaban armar contra los EE.UU. Se trata de la Premio Nobel de Literatura (1966) la judía Nelly (née “Leonie”) Sachs.

In den Wohnungen des Todes
 (En las moradas de la muerte)

“Quién vació la arena de vuestros zapatos
Cuando debíais levantaros de la muerte”
Nelly Sachs (Berlín, 1946)

© Lionel Lejardi. Julio, 2011
    lejardil@bellsouth.net
    Legacy Press

Addendum
(1)   “El Señor de las Moscas”, 1990 film de Harry Hook

(2)   “El Don Apacible” (1928-1940), una novela de Mijaíl Aleksándrovich Shólojov (Premio Nobel, 1965); la cual está considerada -igual que su autor- como una de las mejores muestras de la literaria rusa del siglo XX, aunque vista desde el punto de vista de los stalinistas. Se trata de la lucha de resistencia de los cosacos contra la imposición del régimen comunista en Rusia. Shólojov, sin embargo, ha sido despreciado mundialmente al empañar su talento literario por su apoyo incondicional a los regímenes comunistas. A diferencia del respetado escritor Aleksandr Isayevich Solzhenisynt (Premio Nobel, 1970), un apasionado defensor de la democracia, en especial, para el pueblo ruso. Ver “Archipiélago GULAG”
(3)   Ver detalles en: http://www.latinamericanstudies.org/faget.htm
(4)   Metáfora por “denunciado o delatado”, que el argot cubano denota el concepto de “chivatazo”, mientras que “alante“, es un vulgarismo por “delante“.

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Lid EE.UU-CUBA: de autonomías vs heteronomías universitarias


Sin la venia agena

Lid EE.UU-CUBA: de autonomías vs. heteronomías universitarias  

 Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
(Vivisección de un introito viejo, por la muerte ansiada de un pirulelo insigne)

Exhumación del prestigio académico, con algunas pizcas de ingenuidad

Nada más parecido al cotejo entre una pléyade de cisnes inteligentes, bregando contra una bandada de sinsontes astrosos de igual trino; que el dulce gorjeo (chasquidos y gesticulaciones) concertado entre dos equipos callejeros de bosquimanos académicos, cuasi solterones empedernidos, insistiendo en dilucidar lo que defino como “catatonía exuberante”, en aquello axiomático de “¿por dónde es que le entra el agua al coco cubano?”. En esencia, concierne a la lucha eterna entre la Pulsión de la Vida (Eros) y la Pulsión de la Muerte (Thánatos) o en términos simples, la lucha del bien contra el mal, alegóricos. 

Entre los comunistas, esta última Pulsión no es un morbo circunstancial, sino obsesión permanente del Idiot-savant. que les habita clandestinamente en el Superego. De ahí su fracaso en todos los órdenes de la actividad humana. Freud, en unión de Phyquis e Hipnos, les definió en sus tratados acerca del psicoanálisis.

Cierto es que, una actividad erróneamente interpretada por cierto tipo de ciudadanos estadounidenses generalmente alelados, cultos, educados, eruditos verdaderos; son aquellos a quienes cualesquiera de los zurdos ya maduros como plátano para sinsontes (bolcheviques de La Vieille Garde); pudiera lanzarse sobre ellos (nuestros académicos ingenuos) y confundirlos como a unos Peter Pan saturados de juventinas rebeldes y de  envidias genuinas a todo lo esplendoroso que hizo del finado James Dean.  

Nuestros académicos, son cortados con la plantilla de unos unos tipos razonables, autodidactas brillantes y entrenados como bodygards.  En esencia, unos escuderos cervantinos del prestigio académico de  los EE.UU; los tolerantes y mansos. 

ero sucede que estos adalides del bien andar no gozan de esas habilidades selváticas, decir, para subsistir al menos por unas horas, en el Mato Grosso político presentado por la corriente zurda. 

Bajo tales fulgores, dan la impresión de estar recubiertos con manolas de ungüentos topicales para absorber lo mejor de las terribles obsesiones libertarias, irredimibles y que; por antonomasia; añoran los encantos del viejo Mons Mercore decimonónico, que por efectos de la regresión tanto impresionan a cada visitante de la isla malquista, por la acción abrumadora del Hades escarlata. 

Nada de asombros, pues tales joyas evocadoras de mimosas como las de “Kiki” de Montparnasse y su violón, contemporánea en algún le petit déjeuner parisino; aunque norteamericanas hasta los tuétanos; son las hadas que nutren sin ton ni son a nuestros teams nacionales de académicos, intercambiables en los superbowls veraniegos lidiados a sandalia limpia. 

Quizás, en algunos casos relevantes, rentables al mejor liberalismo ékue, hoy los observamos enfrascados en piruetas que se asemejan a un nuevo estilo, peculiar de la arrebatadora “música disco”; danzadas en asociaciones y fraternidades universitarias con tocados de cilicios temerarios

Todas, políticamente incorrectas; pero entrelazadas con la vieja diplomacia del ping-pong, tal ensayó en su tiempo el carismático Presidente Richard Nixon en ocasión de su encuentro histórico con el propio dictador comunista, el macabro Mao Tse-Tung, artífice de ciertas espureas obscenidades políticas y sociales en Indoamérica.

Al parecer, quiera Dios que así sea y atendiendo a la hermeticidad de sus actividades acechadas por la pupila insomne ciudadana, (una licencia literaria hurtada al poema de Villena); no actúen aceitados con dineros de los contribuyentes, amparados bajo cualquier pretexto baladí y/o por disposiciones legales estrambóticas. Preguntan airados, los altos principios:

¿Valen más estas maromas sincopadas que el prestigio de las universidades que les gestan? 

Ciertos reflejos detectados en el iris de los experimentados filósofos ciegos de la hleba liberal, hacen reflexionar sobre qué hace que los corazones de estos curiosos añejos, permanezcan expectantes mirando embelesados hacia el Este siempre amenazante, que los sorprende con la guardia baja, como si los pretendidos colegas de los talegos comunistas, fueran unos tipos de fiar.

A saber, ninguno de los promotores de estas actividades alegres y también los participantes de cualquier época, que sepamos; ha explicado al público ni siquiera en dos líneas; los resultados positivos o negativos de los recursos y tiempo empleados en estos menesteres “investigativos” donde al parecer no se investiga nada, salvo las noches de Cabiria en los tabla’os de las amenidades comunistas.

Todo, a pesar de que el sainete EE.UU-Cuba se ha  desarrollado por decenios sin resultados (salvo para los enemigos), nos alegraría en extremo tener acceso a tales “estudios sobre el Asunto Cubano”, al menos, los locales. 

Indican ser conciliábulos sellados a lo copto, y son desplegados como si fueran simples reencuentros entre pepillones colegiados de antiguas fraternidades democráticas, juntados ad hoc para reverdecer filosofías con puntos de vista comunes. Es que en la realidad formal y al parecer por resultas del silencio vacuo, devienen exactamente en lo contrario. 

Ello, sin advertir que desde hace rato; parte de quienes integraron tiempos ha; otros teams de fraternidades adictas a la fiereza de estas cumbanchas picozas del  ¡ahé, ahé, ahé la chambelona!  (¿o, serán las mismas?) yacen en la cárcel. Y nada menos que por delitos probados y confesos de “alta traición a la patria y otras bellezas infernales. 

Casi nada, para quienes siempre giran sus rostros hacia el otro lado, el cómodo. Les seria desatender que señales evidentes y de manera indubitable, saltan por encima de la fragilidad del carácter y frivolidad individual del candidato; al participar en las óperas soperas que algunos les mencionan como kemesses frívolos armados en Poma (La Habana). 

Son así, porque ello induce inexorablemente a esos piélagos de albatroces de ambos sexos, unidos como  unos chicuelos inexperimentados para lidiar con un enemigo repleto de experiencias. Los que les hacen deslizarse raudos en brazos del macho cabrio o amazona lúbrica que, según el caso y ocasión, los Cuban Intelligence Services (CuIS) les descubren delante, de sopetón, en el momento en que el brochure les resulta irrechasables a las víctimas stokolmianas

Millones de DNA ópticos y acústicos, asados sobre una chancleta

Se trata de un guión tan burdo como intrigante y de una finura sutil, como la de cambiar globos por botellas. Sin embargo, cuando el especímen despierta del sopor, la taxidermia a la cual le han sometido los CuIS, arrojó muestras de un DNA óptico y acústico compuestos de medio millón de fotos, pietajes y grabaciones, ante lo cual la víctima queda inerme, desecha por sus excesos nocturnos y la desvergüenza le queda abierta a todo chantaje. 

Es común el uso de drogas y anestésicos varios, durante la serie de actos programados y de los cuales las víctimas no recuerden. Pero ellos, sí, porque atane por igual a amigos del campo socialista como a los emplumados americanos o africanos. Las plumas, son las que menos importan.

Claro, estos descalabros per se no deben ser siempre así, pero sucede que no recordamos ni una sola declaración condenatoria de sus fuentes gestoras a estos malos norteamericanos, peor si son unos de los tantos extranjeros desagradecidos, investidos como tales.

Similar a como sucedió en el caso de los espias capturados en la Florida International University (FIU); por parte de quienes claman por la intensificación de los intercambios en los cuales, a veces, pueden haber participado. Tampoco, el aire de los recintos universitarios ha vibrado con las voces desde donde truenan los preclaros niveles docentes superiores, sabidos, de una impolutez indudable.

Es lamentable lidiar a nivel nacional con un cúmulo tan abrumador de tales de chaturas. Porque a la luz de la tesitura de los altos principios helénicos y también romanos (¿y por qué no, también de los valores de nuestra sociedad judeo-cristiana?), tales parquedades vergonzosamente floridenses en dar la nota, resultarían lamentables por inéticas.

Es decir, como sucede en apreciable número de instituciones, centros de altos estudios y negocios a lo largo y ancho de los EE.UU; inmersos en estas “verbenas de palomas” de amistad hueca como las calabazas de Halloween. Luego, es viable reconsiderar el criterio de admitir como un fracaso rotundo, estas inutilidades académicas con las cuales nos atiborran.

Espanta que en nuestro país, unos cuantos alegres playboys de pelo largo y sandalias búlgaras (claro que son adjetivizaciones tropistas, dado el desplante que significaría ser descubiertos con la copiosidad de sus canas), no cesan en sus empeños concertivos con espinos filosos como sus guerreros agridulces (según los bardos de la corte) los cuales nos reiteran su enemistad eterna, al ser uña y mugre amigas de todos los críticos de EE.UU. 

Nadie entiende la reincidencia en extender estos garfios sonoros de abordaje piratas entre los académicos (algunos les califican de punks orilleros, algo bien fuerte) de ambas riveras.

Los intercambios académicos exhumados esta vez por la administración de nuestro Presidente Barack Hussein Obama, con vistas a reanudar contactos bilaterales entre los EE.UU y Cuba, son primores normales entre países decentes. Otra cosa es suponer o insinuar que algo le debemos.

Pero no se ha avalado el daño devenido de estas lides de fábulas asimétricas peligrosas, mientras entonan loas y albricias esperanzadoras en esos sectores puntuales acampados en sus roñas, alrededor de fogatas de boyscouts, armadas en ambas orillas del Canal de la Florida.

Saber que cada una de estas hogueras aventa señales de humo con cifrados propios; tan sutiles como los sonidos guturales de alerta emitidos por los pescadoree submarinos; si nos atenemos a sus lamentos e insistencias en la necesidad de reiniciar los “chic to chic”, bajo cualquier pretexto.

Candidatos rojos envueltos en sus álter ego partidistas, aderezados con semifusas confusas

Tales encuentros de intelectuales son muy fáciles de programar y ejecutar desde “aquí para allá”, utilizando los medios y técnicas de comunicación modernos y muy pocas veces obstaculizado por nuestro gobierno. Exactamente el instante en que por ahí comienza el relajo. Resalta que es bastante y más difícil (tan obvio, que imposibles) si se intentan en sentido contrario. Pero es de recordar que los totalitarismos, no admiten sengundas opiniones.

Ello, dado que los enemigos utilizan las balsas silenciosas de los teams especiales SWAT de intelectuales plegados administrados por los CuIS, quienes fungirían en tropos intrascendentes si estas fábulas fueran  elaboradas con maderas de sicómoros africanos o sándalo hindú. Tales serian otras aldabas sobre aldabas falaces.

Los académicos simbólicos pululan agazapados en la orilla sur del canal (Cuba) y están representados por unos conejillos de Indias encapsulados en grajeas peripatéticas, colmadas de dogmas destructivos a todo lo civilizado que ven y tocan; mientras deambulan insomnios perennes por las callejuelas de sus “kasbahs congelados”.

Saber que son las moradas de los viejos y nuevos carcamales, agrupadas para el pastoreo facil por los CuIS; en los antaños barrios aristocráticos despojados a los burgueses y hoy, los mejores hábitats exclusivos para el solaz y esparcimiento de los líderes y sus allegados, enquistados para siempre en la cúpula gobernadora del rocío manilense, La Habana damnificada por el poder castrista.

Esos cáderes (cátedras) comunistas y sus álter ego partidistas, son indivisibles y se encuentran entrelazados en sus pedaleos; ávidos por aspirar el aire libre democrático al cual no se atreven. 

Coincidimos en que es mismo, cuyos capos les ordenan emponzoñar en cada oportunidad; para así aumentar el tamaño de la limosna gubernamental –aunque esta nunca les cubra las treinta dracmas bíblicas–, que les protege y mantienes ajenos a la cartilla de racionamiento yacente con su pesadez implacable sobre el pueblo, inerme.

Es el mismo pueblo, acorralado en esa Animal Farm gigantesca y de la cual estos próceres populares rojos, guardan distancias de cuarentena desde enero de 1959. Porque eso, que anda sobre el lomo de la chusma, es contagioso en extremo y lo mejor, “se pega, se pega” como la conga de TV… 

Los integrantes del lado democrático, asentados en la vastedad de nuestra orilla Norte (EE.UU) se cuentan; entre otros ejemplares notorios por su sapiencia, honorabilidad, compromisos empíricos con la libertad y democracia. 

Ello es a contrapelo de que algunos chips raros, tan malcriados como candorosos (excéntricos de weekends); los cuales pugnan por desafiar al gobierno norteamericano que les ampara los flecos de sus pecados Ashtolls.

Son los indiferentes a todo aquello que acontece en su derredor, pero sedientos por revolverse y ser parte en ese cóctel pecaminoso con los colegas hostiles y colegios marañeros del “menos allá”, a los que como buenos obtusos, ellos estiman sus iguales, siendo gente menor. Es un error de ligereza ilógica por la cual ya hemos pagado con el escándalo de los espías atrapados en Miami.

Sólo ver los detritus de académicos, funcionarios gubernamentales, civiles de cualquier ralea, artistas y militares, encontrados coleando en las tarrayas lanzadas con colimación perfecta y recogidas con todo éxito por los oficiales del FBI. Tal sucede, cuando esos chicos lanzan dichas redes en las aguas negras totalitarias o en las dulces del Dew Morning, académico y edulcorado donde retozan apacibles, sus fellow travellers

¿Serán de simpáticos estos chicuelos del la fauna  liberal universitaria?

Parece que sí. Porque algunos de estos trotadores en tenis, dan la impresion de ansiar ser atrapados en sus devaneos sospechosos, para disfrutar la banalidad preferida de entre sus frivolidedes: el atontamiento enervante de los fascinantes  quince minutos de fama, quimérica..

Intereses matriciales no convergentes, en el lím (alg.) → ∞, de la bobera académica

No es que existan líneas de intereses comunes entre ambas voluntades concurrentes –un imposible–, aunque disimiles; porque la voluntad de acá  (EE.UU) es inspirada por una candidez sana que, al parecer, en casi todas las ocasiones, linda en una idiotez supina.

Claro que la mente humana y sus voceros, las opiniones propias o las dictadas por los totalitarismos de chupete, son tan variadas hasta el infinito como la gama de los colores primarios.

Mientras que en la orilla del menos allá (Cuba) languidece bajo la bota militar de los camilitos (alumnos de una escuela militar de represores juveniles, con una filosofia maoísta y stalinista), es cruel per se, no por las órdenes insanas que siempre les están dadas, por ser intrínsecas de las telarañas inteligentes. 

Es que en esa orilla sur, el concepto de “autonomía universitaria” no existe; ni siquiera estampada en su forma canónica y la formalidad de papeles; así como tampoco descuellan las voces de “libertad” y “democracia”, motores de la sociedad que nunca echa a andar, ni se ejercen.

Es un territorio audaz, decimos de ese erial, desnacionalizado como una tierra de ciencia-ficción; donde tampoco tienen vida sana las malquistas intituladas “universidades”; en el sentido purista original, hoy apostilladas y recubiertas con escamas de todos los pecados inimaginables.

Es la herencia endémica de los totalitarismos, bien apostillado, en su inevitable derrumbe social, moral y económico. Recordar que bajo el dogma totalitario (comunista y fascistoide, o ambos imbricados) la Intelligenz, no es una virtud o don celestial, sino una desinencia filosófica a la cual hay que mantener por siempre “amarrada a lo cortico”, so pena de ser encarcelado para siempre.

Esas dependencias oficialista (las universidades totalitarias) de volitud opaca, despampanantes; según la propaganda de la troqueladora zurda; no son más que secciones administrativas ordinarias del sistema educacional diabólico de control del individual, armado por los comunistas auto proclamados marxista-leninistas y ateos.

Tales unidades educativas no tienen voz ni voto en sus asuntos, dado que esas prácticas per se están supeditadas no a planes y proyectos educacionales generados por las propias universidades; sino a órdenes políticas y burocráticas emanadas desde la cúpula del régimen totalitario. Allá se le llama Ministerio de la Educación Superior.

Estos lineamientos docentes, son puestos bajo custodias y ejecutados inexorables por los cuadros del Partido Comunista de Cuba (PCC), in situ. Suena así como bochorno cruel de un sistema educacional adamado y asustadizo, gobernado por leyes muy propias para ejercer en las caballerizas decimonónicas.

Es atender que en la orilla norte, el resorte que libera la voluntad de la autonomía es un dispositivo con grados de libertad absolutos como pares cinemáticos de categorías filosóficas; tal enuncia el criterio de Grübler-Kutsbach.

Este criterio, es propio de las leyes inherentes a los mecanismos planos; los cuales atienden supeditados a la dirección del claustro o la junta de gobernadores, profesores y estudiantes respectiva de cada universidad, sin atender a los intereses del partido político en el poder. En estos artilugios, no hay espacio vital para el pensamiento.

En nuestra casa, el gobierno federal no osa y se abstiene, de meter la cuchara en los asuntos de los centros de altos estudios, tan groseramente hacen los castristas en la Isla de Cuba, incluyendo los polos culturales de los medios e instituciones de intelectuales y artistas. Es que todo eso forma parte de su patrimonio personal.

Situados en ese enclave castrence no educacional, los planes de estudio, carreras, destino de los egresados, su orientación política, naturaleza de las tesis de grado y los proyectos de intercambio docente son dictados por el régimen; sin tener en cuenta el interés nacional, solo lo atañible a su seguridad política.

Tampoco les interesan , profesores, educandos y su futuro; despreciados todos en aras del interés personalizado con voz única en la figura del Líder Máximo, el inefable Dr. Fidel Castro Rúz.

Oscuridades en la Cuba deshuesada y la Trata de Esclavos Cultos (TEC), existe per se

Es una de las tantas graciosas entidades e individuos, son aquellos curiosos de ver por dentro con el ojo turístico, el lado oscuro y deleznable de la venta, trasiego y arriendo de personas educadas e inteligentes; sometidos a la vieja Trata de Esclavos Cultos.

Esta anomalía del comportamiento inhumano de los comunistas cubanos, cuyas víctimas son considerados y tratados por éstos en calidad de dislépsicos mentales; es una corriente alimentada por profesionales, técnicos de educación media y superior, además de otros trabajadores simples de las diferentes ramas, destinados al negocio de cuerpos humanos.

Ellos, son los candidatos sujetos diferentes grados de presiones para que acepten el extrañamiento de sus familias. Estas presiones en ciertos casos, son de sutilezas extremas; que actúan sobre los candidatos los cuales son doblegados y enviados a trabajar por anos a diferentes países bajo el pretexto de “ayuda, colaboración, asesoría, etc.”. 

Claro es que se excluyen en los cómputos, el personal y tropas de apoyo y entrenamiento, seguridad personal y también de dirección efectiva sobre las fuerzas represivas locales, accionadas contra el pueblo que pretenden ayudar.

Para ello, ver las misiones permanentes que además de ser ilustrativas, en algunos de los países ingenuos integrantes del Eje Apocalypto. Este, es el el grupo recién fundado en Venezuela el 3 de diciembre de 2011, denominado en su cuna de confusiones, “Comunidad de Estados Latinoamericanos” (CELAC), al cual se han adherido las naciones  indo americanas. 

La esencia de los actos es para que los recogidos por la leva estatal, ejecuten trabajos miserables en calidad de siervos de la gleba, los cuales son de propiedad absoluta durante el tiempo del arriendo, de los señores despóticos (especialmente de los reyezuelos africanos, asiáticos, mahometanos e indo americanos), que los compran, alquilan y explotan de manera inmisericorde.

Es la vieja Trata de Esclavos, ahora en venganzas anti coloniales, corriendo en sentido inverso, desde la América caribeña hacia África, Ásia y Medio Oriente; conducida por estos negreros modernos de chistera y levita roja como las semillas del marañón. Los comunistas cubanos, se han convertido en los rancheadores esclavizantes del Tercer Mundo, en contra de sus compatriotas.

Por medio de los residuos cultos del aparato educacional, los comunistas venden al melting pot tercermundista, imágenes específicas de profesionales blancos de ambos sexos, sujetos al servicio humillante de patrones de aquellas razas clamantes antaño por la igual racial, ahora convertidos en empleadores crueles  domeñadores de la mano de obra esclavizada.

Caso típico, es el embeleso vergonzoso que absorbe y traga sin atender a su naturaleza maleante, el  “Black Congressional Caucus” norteamericano; con respecto a las políticas de falsa integración, propagandizada por La Habana.

Ello se observa en las visitas periódicas de este CAUCUS a la Ceca limosnera cubana, es otra variante de estos encuentros académicos propuestos a priori.

Los sueldos y beneficios que se obtiene de este trabajo esclavo (incluyendo el docente y el mercenario militar), son remitidos en su totalidad a las arcas del Dr. Fidel Castro Rúz, sin excusas ni pretextos, y sin que el profesional atropellado y envilecido, vea un céntimo.

La tasa de deserción de estos infelices es impresionante, aunque tengan en Cuba sus familias en calidad de rehenes del régimen castrista.


¿Seria en algún orden moral y ético el que nuestros académicos se sentaran a dilucidar incontinencias viscerales en esos coloquios entre sordomudos, de igual a igual, con modelos del “Hombre Nuevo” de tercera mano?.


Luego, infunde estupor una actitud que obvia los altos principios, de quienes apoyan los intercambios. La diferencia entre los pucheros esbozados en cada orilla, igual que la confusión de nuestros cadres supérieure avalando los conceptos de autonomía y heteronomía, aterra.

También la valoración enceguecida de ambas categorías tal si fueran vitolas tabacaleras de dos células madres iguales y gloriosas, sin entender (o no querer) que los mencionados principios morales y éticos difieren entre un país libre, democrático y soberano (EE.UU) y una simple granja de animales totalitaria y colectivizada (Cuba).

Una ex-nación, aherrojada además, a los humores según avatares políticos consensuales concertados por Manila con metrópolis subversivas de extramuros, por ejemplo, Rusia, China, Irán, Libia o Venezuela.

Se destaca la rivera sur por estar repleta de secciones educativas de enseñanza superior que operan abiertamente como filiales del Departamento Ideológico del PCC, que ellos apodan “escuelas universitarias”; lógico, todas heteronómadas. 

Una de las especialidades de estos académicos zurdos, en la vastedad de su tiempo libre, es el pasatiempo de armar trampas “papamoscas” insalvables para nuestras lumbreras académicas. Éstos últimos, sueñan en deambular descalzos por entre esos paradisos bananeros, sin el entrenamiento indispensable para lidiar con profesionales de la intriga y el espionaje.

Pero es que nuestros académicos, obnubilados, gimen delicadezas por adherirse al cóctel de ese desastre, que parece excitarlos con igual ansia que el amok filipino. Se trata de uno de los toques sutiles de la inética  del ente social atrapado entre sus angustias propias y sus fracasos personales.

Heteronomía kantiana

El término “heteronomía”, recordemos, lo acuñó Immanuel Kant quien definió que en esta categoría “la voluntad no está en función de los deseos del ser, sino en la voluntad de otros”. Es obvio que esos “otros” es el andamiaje gobernado por los Servicios de Inteligencia del Gran Hermano. Es la tipificación tergiversada del principio kantiano fundamentado en el cumplimiento absoluto del deber.

Los bolcheviques castristas, como buenos picaros, enarbolan la naturaleza de este “deber a cumplir” como la sumisión al dogma del estado totalitario; cuya imagen y semejanza esta representada en la opinión omnisciente del Líder Máximo, Comandante en Jefe, etc.: el simpático Dr. Fidel Castro Rúz.

O sea, el acatar con los ojos cerrados “la voluntad del otro”. 

Adolph Hitler, otro pícaro, se auto personalizaba en calidad de ser también ese “otro”, un verdadero y único Ser Providencial (1),  doblando a su gusto lo enunciado por Inmanuel Kant. Claro que este último patán, Hitler, se cuidó mucho o así fue aconsejado, de no presentarse ante las masas fanáticas como un “Salvador”, por la implicación que ello le conduciría al judeo-cristianismo, de donde le seria imposible explicar sus salvajadas genocidas.  

Luego, es razón válida y suficiente para definir que la titulada “autonomía universitaria” no existe en Cuba, puesto que la voluntad prevaleciente es la del régimen político dominante, totalitario y dictatorial.

Este, es un aspecto que ya nadie discute, salvo, al parecer dolorosamente no muy bien advertido en nuestras universidades y colleges comunitarios, al menos los floridenses.

Ello se evidencia si estudiamos los algoritmos de los códices (casi pueriles), emitidos al respecto por los Presidentes y sus Juntas de Gobernadores, tal como si en nuestro sistema de enseñanza no existiera tal asunto. Una verdadera filosofía de avestruces.

En la Cuba castrista, la inescrupulosidad latente y evidente en los estatutos organizativos emitidos por los centros docentes; implantados (no legislados) por la plana mayor que gobierna las universidades; todas estatales y sujetas al gobierno comunista; responde a las directivas del Ministerio de Educación Superior, cuyos resultados al final del día, van a parar a manos del Líder Máximo. Desde cuya mesa, se realizan las distribuciones de cada arrendamiento y de ello el destino, de cada profesional egresado.

Es la inmersión de la masa intelectual isleña, ya envilecida, en el abismo freudiano del “Todestrieb” (Pulsión de Muerte); se revuelve al parecer intoxicada, al parecer con ansias de retornar a la desesperación adictiva del coito louco mental enervante, con sus opresores (síndrome de Stokolm). 

Es en ese páramo abismal donde pretende acampar las fuerzas de inteligencia de nuestros novedosos boy scouts de hogaño.

Mientras que en la frescura norteña, florecen universidades autónomas legítimas, aunque a veces de una apasionada ingenuidad victoriana, tal cuando cubrían con el mantel las patas de las mesas para que no evocaran en los caballeros las piernas de las damas.

Hoy no es para tanto el fervor aguamantino, pero sí somos también tierra donde candidatos variopintos de cualquier rincón de los EE.UU aguardan regados por los suelos, embelesados, con sus mochilas prestas –una especie de paracaídas virtuosos–, a fin de estar listos para que a la voz del primer ¡go on!, hacer en 10 segundos flat las 90 millas entre ambas riveras y ser así los pioneros, en saltar dentro de esas armadijas seductoras.

Quizás, porque algunos devotos arrastran en sus sandalias y moños adamados, otras personalidades temblorosas y atípicas, como prognosis aleatorias guardadas en el closet de las hetero insanías preferenciales, recurrentes en cualquier momento del baile de máscaras.

La penetración castrista atañe a todo el Sistema Educacional Nacional de los EE.UU desde la primaria hasta la universitaria.

Entre otros estamentos estratégicos, para lo cual han dispuesto de cinco decenios, los espías activos capturados en el interior de la Florida International University (FIU), indican la ingenua soberbia omnisciente de las figuras rectoras encargadas de cuidar el prestigio de ese tan alto y respetado centro de estudios.

Ello deslustra y serrucha los intentos del Presidente Obama, en pos de nuevos encuentros furtivos –como de adolescentes al primer beso–, no precisamente de “tercer grado” tal sucede en los dramas de ciencia-ficción.

Esta movida presidencial al realambrar los contactos para continuar los intercambios, al parecer estratégica, envía el mensaje equivocado a la cúpula habanera, para que esta se envalentone en sus actividades anti norteamericanas. Recordar, que el Dr. Fidel Castro Rúz y su cúmbila de travesuras, el alucinado Mahmoud Ahmadinejad, juraron publicamente: 

“Pronto, entre Cuba e Irán, pondremos de rodillas a los Estados Unidos”.

Si algún descreído gusta de reflexionar en la posible exageración de estos pronunciamientos, seria aconsejable que preguntara a los israelíes sobre sus experiencias con estos tipos de locos homicidas.

Atomizar el id, ego y superego de los cáderes luminosos

Claro, estos particulares no parecen importarles un bledo a nuestros académicos itinerantes, turbados con su patriotismo deslustrado. No existen paralelos éticos, morales o valores docentes entre las instituciones y el material humano de ambas riveras. En la una se crean cadenas de inteligencias esplendorosas, mientras que en la otra trituran y atomizan el id, ego y superego de los cáderes luminosos.

Una de las diferencias fundamentales estriba en que en la esquina norteamericana no existen dolo o agendas secretas, mientras que en la isleña, sí. Y lo peor, la sintomatologia del dislate, es conocida por todos. Es el intríngulis en que se basa la tragedia de la lid interminable EE.UU-Cuba. 

Sin embargo y a contrapelo de nuestra seguridad nacional, instituciones docentes de alto nivel como son ciertas universidades de EE.UU; establecieron per se proyectos biunívocos basados en la autonomía universitaria, libertad académica y la I Enmienda.

Todos reales bajo la democracia –un trío de delikatessen no aptas para el paladar remendado de la chusma totalitaria castrista, como líneas de intercambios oscuros entre expertos tipo tresmonosabios de ambas orillas.

Obvio, incluyendo los rendez-vous nocturnos entre cálidos sueños encantadores en las noches de verano; con agendas privadas; que de una u otra forma estan en dependencia de la’uedta que les den sus anfitriones cheos; y que sufragaremos los contribuyentes mansos.

A saber, temas como la política democrática pluralista, psicología, psiquiatría o derechos humanos y políticas de comportamientos de grupos librepensadores, libertarios u otros temas políticos, sociales, filosóficos (ética, moral y cívica) aleatorios, son tabúes que nadie se atreve a destapar, salvo quizás, en las pausas comerciales.

Son ejemplos inabordables las tesis de un psiquiatra y psicoanalistas prestigioso, aunque comunista en sus inicios, como Erich S. Fromm (consideradas en sentido inverso), o sea, el efecto (como daños irreparables) sobre la psiquis del individuo aislado y tiranizado por los totalitarismos y la psicología de las masas degrada en su autovaloración y sujetas a una polarización en favor del régimen dominante.

Seria regodear temas trascendentales (todos ilegales en el paraíso isleño) tales aborda en su obra “Anatomie der menschlichen Destruktivität” (Anatomía de la destructividad humana) y otras obras destacables de este profesional prominente.

Fromm y el retorno de la chapusería roja

No tarde, Fromm, desorientado y confuso con el shock que le impuso el genocidio contra el pueblo ukraniano (2)  en –especial la estarvación cruel de millones de estos ciudadanos, castigados a muerte por los comunistas, los cuales consideraron a todo el pueblo como “opositores”–, porque Fromm retornó exhausto de la chapusería asqueante del bolchevismo soviético, tal como haría al observar el implantado hoy en Cuba. 

Se trata del mismo dueto de la hoz y el martillo; recocida al ajillo y a fuego lento por los pirómanos a full-time comandados por el Dr. Fidel Castro Rúz y las delicadezas perfumadas de sus torquemadas; a fin de que el pueblo indefenso no se olvide de quién es el dueño de la llama comunista, la cual sus hitmen fanáticos estiman eterna.

Lo que Fromm determinó, espantado, es la resonancia ideológica del “narcisismo maligno” de los líderes marxistas mediocres, habilitados con poderes extraordinarios (Castro, Mao, Lenin, etc.), con la manera de actuar de los nazi-fascistas. 

Fueron los mismos delitos genocidas entre otros abusos execrables, que espantaron a André Breton, cuando ensayaba su pas de deux yuxtapuesto junto a otros dos viejos carcamales del terrorismo de izquierda, el mexicano Diego Rivera y el ukraniano León Trotsky, en sus andares por la Zona Rosa capitalina del DF

Es otra de las asignaturas pendientes de absolver por la tozudez de nuestros intelectuales y artistas zurdos, boyantes en la inagotable Jauja norteamericana, renuentes a repasar los resultados de sus vergonzosas osculaciones con los totalitarismos. 

Más de lo mismo, serán las nuevas autopsias propuestas a este cadáver insepulto, un sistema que el propio Castro confesó a las medias en público:

 “El sistema cubano ni siquiera nos funciona a nosotros, por lo que no es exportable”.

Imaginar lo discutido en Cuba durante esos “encuentros académicos”, por un dúo de perlas del calibre de los espias castristas; nadadores olímpicos al estilo libre, inexplicablemente inmunes e intocables por sus superiores, durante 30 años.

Los mismos que saltaban y brincaban orondos entre la aulas de la FIU y las oficinas del Cuban Intelligence Services (CuIS), hasta el aterrizaje extasiado en brazos de sus adorados hitmen habaneros.

Hablamos con palabras mayores, porque existen otros pecesitos adormilados con ese bossa-nova que se baila en los “cuartitos de al lado”, que siempre son remanentes, dada la magnitud del descuido de nuestras instituciones académicas.

Es peor, puesto que el asunto no parece haber sido captado en su profundidad, en el interés de nuestras autoridades judiciales y educacionales, extendidas hasta los niveles locales, estatales y federales.

Luego, es ahí donde yacen los peligros a multiplicar de manera exponencial estos pretendidos tête-à-tête . Todo ello a causa de estas incursiones nuevas; proyectada a desplegar por nuestros académicos bisoños; en territorio enemigo, pero dejando abierta nuestra puerta trasera.

Y pensar que con solo tres gotas: una de patriotismo, otra de ética moral y una última de decencia, se podría barrer a sombrerazos tanta confusión.

Observar que sin lugar a dudas, este mío, es un sermón inescuchable..

Lionel Lejardi. Octubre, 2011

lejardil@bellsouth.net

Legacy Press


(1)   Tal nos viene a la atención, porque, primero en el discurso en su defensa que Adolph Hitler hizo en el juicio por su liderazgo en el fracaso (1923) del denominado putsch de München (Múnich), y después como declaró en su ópera prima, “Mein Kampf” (Mi Lucha); biblia del nazismo; este líder dejó bien claro sus concepción del “Nuevo Orden para Alemania” (y Mundial) que estaría por mandato divino, bajo su tutelaje. También la proyección eugénesica para la Humanidad. 

El reflejo de todo el episodio anterior y sus consecuencias nefastas que ello tuvo para Cuba, en el comportamiento y formación del actual régimen comunista (castrismo) y de su líder, el Dr. Fidel Castro Rúz, es objeto de otro trabajo.

(2)   Holodomor (wik), en ucraniano: “matar de hambre”, también llamado Genocidio Ucraniano u Holocausto Ucraniano; es el nombre atribuido a la hambruna provocada por el régimen comunista; que asoló el territorio de la entonces República Socialista Soviética de Ucrania; durante los años de 1932-1933. Se trató, como sucedió con la poblacion de la Sierra del Escambrai, al centro sur de Cuba, durante este período trágico, fueron literalmente matadas de hambre luego eliminados físicamente; más de  7 millones de personas, entre hombres, mujeres y niños (un número aún mayor al del doloroso Holocausto infringido por los nazi-fascistas al pueblo judío y otros ciudadanos indefensos.

En hebreo la hecatombe es conocida como Shoáh, donde fueron asesinadas en masa y sistemáticamente, aproximadamente 6 millones de personas de todos los sexos y edades

Teniendo como referencia la definición jurídica de genocidio y numerosas evidencias, se verificaría la naturaleza genocida del Holodomor al haber fuertes indicios de haber sido una hambruna artificial creada por el régimen soviético, extendida por mimetismo político a los integrantes del bloque comunista.

Estas acciones vituperables de los comunistas fueron ordenadas y comandado por Joseph Vissarionovich Stalin. 

Si bien otras hambrunas también fueron provocadas en diferentes regiones de la URSS, el término Holodomor es aplicado específicamente a los sucesos ocurridos en Ucrania.

Hacia marzo de 2008, el parlamento de Ucrania y diecinueve, gobiernos de otros países han reconocido las acciones del gobierno soviético (comunista) como un acto de genocidio premeditado y ejecutado inexorablemente por los Servicios de la Seguridad del Estado.

La declaración conjunta de las Naciones Unidas de 2003 ha definido la hambruna como el resultado de políticas y acciones “crueles” del régimen totalitario que causaron la muerte de millones de personas de etnias como la ucraniana rusa, campucheana, kazaja y otras de la contemporaneidad latina. El 23 de octubre de 2008, el Parlamento Europeo adoptó una resolución, en la que se reconocía el Holodomor como un crimen contra la humanidad (lesa humanitas).


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*.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución? I/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución I/II
 
Un agosto caliente sin bañistas, ni en Jaimanitas ni en Viriato
“Hay sol bueno y mar de espumas,
Y arena fina, y Pilar”
“Quiere salir a estrenar
Su sombrerito de plumas”
(“Los Zapaticos de Rosa”, José Martí)
No, no, no. No en ese agosto tan fiero. Porque entonces, la gente rugía fuegos y no estaba para zapaticos tan tiernos como los de Pilar, ni aunque fueran de rosa. Es que la huelga general contra el gobierno del entonces Presidente de Cuba, Gral. Gerardo Machado Morales, había comenzado primero en la capital, incontenible, precisamente en esos primeros días del mes de agosto de 1933. El evento arrancó suave, sin estridencias, en una anodina ruta de autobuses (las “guaguas de palo”) situada en la periferia de la ciudad. El motivo, la corrupción del alcalde de La Habana, José “Pepito” Izquierdo quien de manera abierta, extorsionaba a los dueños de los ómnibus. La huelga cobró fuerza general el 5 de agosto entre toda la ciudadanía ya harta de aquella locura nacional de apaleos, atentados personales, petardos, bombazos y escopetazos, que ni los políticos de la Mediación pudieron controlar.
Los comunistas intentaron deshacer la huelga, siguiendo uno de los acuerdos pactados días antes entre sus mensajeros; Juan Marinello Vidaurreta, Blas Roca Calderío y Joaquín Ordoqui Mesa y el Presidente Gerardo Machado. Para ello colgaron al frente de la huelga a Rubén Martínez Villena y a Joaquín Ordoqui Mesa, a fin de redibujar ante la opinión pública la huelga política revolucionaria, y transfigurarla en otra de imagen y efectos inocuos, de carácter económico y pacífico. Pero el doble juego les delató ante la ciudadanía, como una traición flagrante al movimiento revolucionario imparable y que por esos imponderables de las turbulencias sociales, ya se autodirigía.
El 7 de agosto, ante una falsa noticia de la huida de Machado, el pueblo se desbordó en las calles y fue ametrallado a mansalva, específicamente frente al Capitolio, por efectivos de represión política integrantes de “La Porra” y el Ejército, allí apostados en espera de los manifestantes. En tanto la embajada norteamericana movía sus cuadros de la Medición y militares preferidos, a fin de conjugar un coup d’état incruento contra Machado. Para agosto 12 de 1933, la “Magdalena cubana ya no estaba para tafetanes”. Decir, de las sedas bíblicas y sus arrepentimientos humanos, y el desenlace se precipitó sin frenos.
Machado, se vio y sintió arrinconado por todas las fuerzas interiores y exteriores centradas sobre Cuba. Finalmente renunció en primera instancia por la presión de la banca, finanzas, las clases vivas (alta y mediana burguesía), además de la oposición civil y militar entre otros factores. En el empujón, no pudo faltar el inevitable toque de gracia  propinado; como encargo del Presidente Franklin D. Roosevelt; por su enviado especial el Exc. Benjamín Sumner Welles, atrincherado desde antes en el lujoso Hotel Nacional. A quien Machado lo había puesto en la acera de sus enemigos.
De inmediato, una junta cívico-militar de notables, parte de ellos pertenecientes al Ancien Régime; tras ciertos enjuagues políticos y burocráticos —sugeridos o por lo menos con el visto bueno de los Estados Unidos— tomó las riendas del gobierno. Un apacible coronel mambí, el Carlos Manuel de Céspedes y Quesada fue designado Presidente de la República. Céspedes había nacido en New York (nunca conoció a su padre) y educado en los propios EE.UU. y Alemania. Fue funcionario de varios gobiernos y ejerció en el servicio diplomático por largo tiempo, pero era prácticamente un líder desconocido. Lo peor, carecía del más mínimo carisma o voluntad.
El New Deal de Roosevelt
La sociedad entera, se dio un respiro para abordar el resto de los problemas cabalgantes sobre la Isla. De este modo, brotó en la mentalidad cubana y sin advertirlo los propios actores del drama, no ya los instigadores, una ciudadanía en estado pre revolucionario. Lo cual era, exactamente, lo temido por la política del “New Deal” (Nuevo Trato), auspiciada por el estrenado Presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt. Los cubanos con su revolución, como siempre en el decir norteño, se estaban propasando más allá de las expectativas.
El gobierno defenestrado, estaba presidido entonces (aunque en lo técnico, de manera inconstitucional) por el Gral. Gerardo Machado y Morales (1925-1933); un político muy popular en sus inicios pero que, terco como un mulo; echó por la borda lo positivo de su labor durante el primer período, al dejarse conducir en el segundo por sus lisonjeadores (chicharrones y jalalevas) hacia un punto sin retroceso. Hasta unos años antes, este líder era un respetado general mambí.
Como líder político entendió que era un ser insustituible como presidente y en 1929, a finales de su primer y único mandato constitucional para el cual había sido elegido democráticamente por el pueblo, cometió un error imborrable: impulsó una prórroga de poderes en complicidad con el Congreso amañado, a los fines de continuar en el cargo de Presidente de la República. Tal acción reeleccionista era ilegal, puesto que la misma estaba prevista y prohibida específicamente en el artículo 115 de la Constitución de 1901. No es extraño que hoy veamos a los integrantes de Eje Apocalypto (ALBA), basados en artimañas y subterfugios, bregando en andanzas similares.
Para resolver sus aspiraciones, el Presidente logró que se emitiera la denominada Constitución de 1928, enmendando y remendando la de 1901, que le permitía no los dos años iniciales de prórroga solicitados al Congreso sino, extenderlos a seis. Echarlo de la silla presidencial y tomar el poder político, aunque de manera provisional para retornar el país al cause legal, requirió de una serie de acciones violentas llevadas a cabo por las fuerzas oposicionistas. Porque así, fue la decisión de sus líderes. 
¡Cuidad de los cuadros, como de la niña de vuestro ojos!, clamó Trotsky
Los líderes comunistas, siempre se mantenían al margen de figurar en la línea frontal; allí donde existiera peligro; siguiendo la máxima trotskista de: “cuidad de los cuadros, como (cuidais) de la niña de vuestros ojos“. El lema suscribe que sus líderes se reservarían durante la etapa anti machadista, para la hora 25, la cual ellos estimaban la óptima para “repartir el pastel”. Fijada esta coyuntura, en el momento que estallara la huelga general en ciernes; de cuya dirección se apoderarían y conducirían, como acto final del drama. La filosofía de los bolcheviques siempre advertía que los “cuadros” deben arribar intactos al final de las contiendas, para rehacer el menjurje a su antojo. Es decir, que los héroes los pusieran las facciones nutridas con idiotas románticos (los otros, salvo excepciones o confusiones).
Resultó que durante esta última etapa del gobierno de Machado, la victoria democrática cuajó en medio de una Cuba convulsionada por antagonismos previos entre el gobierno y cada estamento de la oposición. No se trataba de una pugna convencional entre fuerzas políticas de criterios e ideologías distintas, dentro del marco natural de las democracias. Sino entre un presidente que al concluir el período presidencial cuatrienal para el cual fue elegido, y por su voluntad expresa, violó la Constitución de 1901 al imponer su propia reelección a contrapelo del sentir popular, reluctante hacia los proto caudillos.
El descontento de la población aumentó, durante ese segundo período de Machado; dado que esta gestión ejecutiva derivó hacia un gobierno dictatorial y despótico, en medio de la crisis financiera mundial de 1929. Los cubanos se indignaron, puesto que sus quejas ante el gobierno no fueron escuchadas.
El gobierno ripostó desplegando un autoritarismo abusivo, que los ciudadanos entendieron represivo. Una consecuencia resultó en que la paz social quedó rota de manera irremediable. Los opositores tradicionales y los inducidos por la situación general, se agruparon e iniciaron actividades conspirativas; desarrollando acciones violentas, incluyendo el terrorismo urbano. En esencia, se trataba de una guerra civil sin fronteras; puesto que cada contrincantes peleaba dentro del otro. La denominada “Generación del 30” con el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) a la cabeza, marcaron los pasos más arriesgados.
Una poderosa facción política de carácter secreto, integrada por intelectuales avanzados y líderes de las clases vivas, denominada “ABC” (sus militantes eran conocidos como los abecedarios) (1), llevaba buena parte la batuta en la confrontación violenta contra el gobierno.
Los estudiantes, políticos y líderes sindicales de varios niveles, se adhirieron al (DEU), junto con otras facciones que siguieron iguales actividades anti gubernamentales. De este modo, estalló la lucha armada irregular urbana entre las fuerzas opositoras de todas tendencias y el gobierno machadista.
No podía faltar el hecho y es bueno de recordarlo, que a inicios del primer gobierno constitucional de Machado, un abigarrado grupo de comunistas, socialistas, libertarios, sindicalistas, nihilistas, anarquistas, logreros y otros desequilibrados criollos y extranjeros; tras sesionar durante los días 16 y 17 de agosto,1925; fundaron en La Habana el Partido Comunista de Cuba (PCC) (2), el cual juró fidelidad ciega a la nueva metrópolis ideológica anidada en el Kremlin. Dos de sus líderes principales fueron Julio Antonio Mella (3) y Carlos Baliño López.
“Agua, caminos y escuelas”, prometió Machado
Y así propuso y lo cumplió el Presidente electo. Porque el lema de campaña de Machado cuando aspiró a la presidencia en 1925 fue: “Agua, Caminos y Escuelas”, y el cual se implementó con éxito enorme bajo el mando del dinámico ministro de Obras Públicas, Carlos Miguel T. de Céspedes y Ortíz.
Dos de las obras más destacadas de nivel nacional construidas por el gobierno de Machado entre muchas otras, fueron la Carretera Central que unió todas y cada una de las capitales provinciales, incluyendo las ciudades de mayor importancia y el majestuoso Capitolio Nacional (4) . El país, como nunca antes, floreció en medio de las esperanzas ciudadanas.
Machado, como general mambí, había ganado corajudamente sus grados militares durante la Guerra de Independencia de Cuba, luchando contra los ejércitos coloniales de España. Sin embargo, mientras transcurría su segundo y turbulento período presidencial, Machado condujo a la república sin razón alguna, hacia el borde de un abismo.
Coincidía con la crisis económica mundial, que ya azotaba todo el planeta; acentuada desde el Jueves Negro por el Crash de la Bolsa de Wall Street el 28 de octubre de 1929. Para agosto de 1933, la situación económica y política en Cuba, estaba deteriorada al extremo.
Los opositores que le combatían, no desechaban que el gobierno de EE.UU acudiera a la denominada “Enmienda Platt“, un apéndice insertado en la Constitución Cubana de 1901; bajo el pretexto de la casi guerra civil en la isla, la cual no daba señales de cuándo acabaría, sino que se intrincaba involucrando intereses ajenos al Asunto Cubano.
Dicha enmienda, facultaba a los Estados Unidos –entre otras perrogativas– intervenir militarmente en Cuba, para aplacar los ánimos de los ciudadanos, bajo estados de caos político y peligro para los intereses norteamericanos. Los fines propuestos, una especie de romanticismo paternal, mantener la paz entre las facciones en discordia.
Ahora, corriendo 1933, ya habían transcurrido décadas desde el instante en que se proclamó la soberanía de la República de Cuba, en 1902 y al gobierno machadista se le achacaron un cierto número de torturas, atropellos y crímenes políticos, algunos horrendos, que asombraron a la población. Las mujeres, no escaparon del tentetieso.
¿Acaso fue una guerra bendita?
El drama de la emancipación cubana del dominio español, hizo crisis en las relaciones entre las dos potencias, EE.UU. y España; cuando el Congreso norteamericano emitió la “Joint Resolution” (Resolución Conjunta) de Abril 19, 1898 considerando el genocidio escandaloso en Cuba por parte de la metrópolis. Un caso específico, fue “La Reconcentración de Weyler” del campesinado ordenada por el Gobernador de la Isla, Gral. Valeriano Weyler y Nicolau. Ello hizo que Washington rompiera hostilidades con Madrid (Abril 25, 1898) y estalló la guerra.
El 16 de julio de 1898, tras sendas batallas marítimas fulminantes; el poderío marítimo de España era obsoleto (los navíos no disponían de torretas giratorias de sus cañones,  movidas eléctricamente) , fue neutralizado completamente y desmantelado de manera definitiva. La destrucción absoluta de las escuadras españolas deambulantes en la Bahía de Santiago de Cuba y Cavite (Filipinas); respectivamente; y un asalto terrestre (playa Siboney en Santiago de Cuba, Oriente) con el apoyo en tierra de fuerzas mambisas, hicieron que España se rindiera a las fuerzas mancomunadas de EE.UU y los patriotas independentistas cubanos.
Con ello, concluyó la guerra Cubano-hispano-americana y de inmediato, comenzó el retiro de las tropas españolas y la ocupación militar de la Isla de Cuba por los norteamericanos y de otras posesiones españolas de ultramar en las Antillas y el Pacífico. La ocupación de Cuba, fue por un período de tiempo estimado relativamente corto.
El triunfo de los patriotas quedó ensombrecido por dos causas. La negación del general Shafter de que las tropas mambisas entraran triunfantes en la ciudad de Santiago de Cuba, junto con las norteamericanas y la ausencia de los representantes cubanos en las deliberaciones del “Tratado de París” en Diciembre 15, 1898, concertado entre los EE.UU y España. Olvidando que los mambises independentistas eran parte cosustancial de las fuerzas vencedoras.
España y su altanería caduca, no admitía humillarse rindiéndose ante los patriotas cubanos; arguyendo que el ejército español capitularía “ante un ejército decente como el norteamericano, no una banda de indigentes“. Una completa falta de hidalguía, ante una derrota honorable librada en buena lid, durante decenas de años.
Después de 4 años de ocupación norteamericana, para restaurar y estabilizar sanitaria, institucional y económicamente la isla en ruinas; al mediodía del 20 de Mayo de 1902, fue proclamada la ansiada independencia de la República de Cuba, cesando con ello la intervención en la isla y no así en Puerto Rico, Filipinas, Guam y otras posesiones antes españolas.
Los norteamericanos, dejaron en manos criollas el estrenado gobierno republicano. De acuerdo a una disposición antiséptica incluida (obligatoriamente) por los constituyentes en la Carta Magna de 1901, se señalaba que “ningún presidente podría reelegirse por períodos sucesivos”. La violación de esta cláusula por el gobierno machadista, fue el leit motiv de la trifulca entre el pueblo tornado opositor iracundo y el gobierno.
Una premonición preciosa
Esta premonición preciosa de los políticos cubanos, indica que la no reelección presidencial les preservaba de la existencia de “caudillos providenciales” deseosos de implantar dictaduras para enriquecerse y eternizarse en el poder, tal si Cuba fuera una finca particular.
El sello de este punto de vista malévolo lo estampó, la horda guerrillera que se encaramó en el poder político de la isla en enero 1 de 1959, devenida en el actual régimen comunista totalitario implantado en Cuba por los hermanos Castro y sus seguidores (5).
Los EE.UU, habían observado con inquietud los inicios desordenados del republicanismo independentista de las ex colonias españolas, ya a nivel continental. Un estado de cosas desprendido al cortarse (provisionalmente) los nexos de estas naciones nuevas con la metrópolis española y de paso, la entronización del caudillismo como antítesis de la democracia.
Esta particularidad inquietaba a la Cancillería del Potomac, siguiendo el rastro de la historia de las repúblicas indoamericanas incluyendo, en especial, desde los inicios de la independencia; las pretensiones monárquicas primero e imperiales después, de los primeros líderes haitianos. Entre ellos Dessalines, Henry Christophe, Soulouque, etc. (proclamadores de monarquías e imperios intrascendentes) y a posteriori, quienes además invadieron en varias ocasiones entre 1823 y 1849, el resto de La Española, territorios que después conformaron la actual República Dominicana.
Resultaba que estas naciones nuevas, ya no eran países noveles inexpertos estrenando independencias, cuando entonces se igualaban en tesituras camorristas idénticas a las de otras repúblicas a lo largo del siglo XIX. En el caso de Cuba, Washington previó introducir en la Constitución de 1901 la mencionada “Enmienda Platt“, algunos de cuyos poderes y prerrogativas ya molestaban a parte de los cubanos (otros la consideraban un bálsamo protector) desde sus inicios, hasta que fue abolida al consolidarse la revolución anti machadista impulsada por la maravillosa Generación del 30 y el “presidente de los cien días, Dr. Ramón Grau San Martín”, uno de los pentarcas.
Por la actuación de Machado y la reacción violenta de los opositores, indicaba que las fuerzas políticas enfrentadas se desviaron del camino del orden y del quehacer democrático. Machado, constituyó parte del período presidencial cubano, durante la etapa última de la inevitable “república de los generales” (José Miguel Gómez, Mario García Menocal, Gerardo Machado Morales y otros), a la cual siguió desde 1933, la “de los doctores” (Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia y de los Reyes-Gavilán, Carlos Prío Socarrás, etc.).
Esta primera etapa republicana entre el 20 de mayo de 1902 y el 1 enero de 1959 (interrumpida violentamente en 1959 por los comunistas castristas dirigidos por el Comintern), es conocida con el nombre de la “República de Generales y Doctores“.
Gerardo Machado, era un pichón perfecto de español, nacido con la osadía y tozudez ibérica, clásicas. Bajo los fulgores de su primer período, distanciado del su antecesor el Presidente Dr. Alfredo Zayas Alfonso (1921-1925), el dinamismo de la novel presidencia estremeció Cuba con vastos planes de obras públicas y leyes beneficiosas para la consolidación de la economía.
Un sinfín de industrias nacionales, fueron impulsadas con los ya lejanos estertores ventoleros de la Belle Époque (1880-1914), ultimada más adelante por el suicidio masivo de la gran catástrofe que significó —fiesta oportuna para los extremistas de toda laya— la I Guerra Mundial (IGM), iniciada en 1914 y finalizada en 1918 en medio de inenarrables horrores.
De inmediato, Europa entró en un giro vorticial irretornable de profundas convulsiones sociales. Iniciada la pos guerra y dentro del maremágnum europeo, el desborde de anarquistas, nazis, fascistas y comunistas entre otras facciones; rumiaban venganzas, desquites y vagancias contra las sociedades organizadas; remanentes de la civilización occidental; entre ellas y en especial, las monárquicas y las conformadas como naciones con los restos imperiales (prusiano, austro-húngaro y otomano).
La horda de las bondades
Entre las huestes de radicales a principios del siglo XX, se destacaron los bolcheviques (comunistas) rusos, abanderados con un marxismo feroz. Estos personajes eran de una prosapia radical y extremista y demostraron desde el punto de vista partidista y como organización subversiva, ser y constituir la horda anarco-revolucionaria más disciplinada, cruel, obediente y organizada de entonces. Ello sustentado por una no tan novedosa como regimentada ideología, basada en la abolición de la propiedad privada, el apoderarse de las riquezas atesoradas por la nación en su conjunto, la burguesía y la repartición manirota entre sus secuaces y los restos de esos bienes, supuestamente entre la chusma del lumpemproletariat.
Ello convino en atracción singular para estos últimos, de lo cual en la realidad resultó en la repartición de la pobreza. Tales bondades ideales para sus líderes ansiosos de una militancia de autómatas, corrían sus acciones en la bolsa de valores del extremismo destructor; sujetas a una doctrina ideológica férrea cuyo entramado de violencia sociopática, estaba definida y esculpida en piedra, cuidadosamente.
En sus pretensiones comunistas, los líderes marxistas cubanos albergaban la idea de igual formula  rusa para alcanzar el poder político de manera violenta e implantar de inmediato el Terrorismo de Estado (Époque de la Terreur, copiado del terror jacobino). Tras lo cual vendría la degollina. Nazis y fascistas, les imitaron a su vez con el mayor de entusiasmo.
Los comunistas abogaban por tales fines, independientemente de que ello significara el atropello de todas las libertades; la opresión sobre el pueblo, degradamiento y envilecimiento de los ciudadanos así como la ruina económica, el empobrecimiento pertinaz y permanente de toda la nación, arrasando con sus valores y tradiciones.
Por supuesto que en el breviario de los comunistas, dentro del grillete no se incluiría toda la nomenclatura burocrática sustentadora del aparato de la Nueva Clase de funcionarios del partido, los militares y sus allegados. A pesar de la prometida igualdad, ellos instauraron una clase social separada, una elite sub cultural opresora y que en realidad era un “supra estamento aristocrático” aunque denostado vulgâris tan absolutista como impenetrable.
En la otra parte, el socialismo corporativo de estado, de raíz antisemita, adquirió igualmente a manos de los fascistas (fascio) de Benito Mussolini en realidad (Almicar Andrea Mussolini) y nacional-socialistas (Nazi) de Adolph Hitler, ademas de aquellos otros líderes europeos pro fascista; sendos caracteres violentos, totalitarios y genocidas.
Tal proyección en su modo de actuar se auto imprimía, tal mostraban los ejemplos de la monstruosidad terrorista del comunismo en sus campos de trabajo forzado, a manos de Lenin y sus seguidores de la CHEKA, al triunfar los comunistas en Rusia.
Sólo que en Cuba, estas corrientes ya desarrolladas mundialmente a plenitud a inicios de los años 30, se encontraron con un Presidente tozudo pero patriota; que era un hueso duro de roer y menos; apto para ser convencido para enrolarlo en alguna de las opciones filosóficas deambulantes por el planeta, todas, sustentadas por sus pandillas mafiosas respectivas.
Sin embargo, Machado, sucumbió a su propia egolatría y egotismo e impuso un segundo período en su controvertida reelección —para ello, alteró la Constitución de 1901— y además del desastre del caprichoso mandato presidencial, la figura del presidente declinó en la opinión favorable que le dispensaban y admiraban inicialmente la mayoría del pueblo y las clases vivas.
Esto se manifestó, en especial, en las inconformidades de aquellos grupos, fuerzas y élites intelectuales tan vanguardistas como el Art Nouveau; los cuales lo consideraron un dictador detestable y por lo tanto, punible con el derrocamiento de su gobierno por la fuerza.
El Crash de Wall Street
Los opositores activos, armados como pudieron, se nuclearon alrededor de los estudiantes universitarios e intelectuales, iniciando el ataque para el desmonte definitivo del gobierno. Nadie se detuvo en aplicar de manera inexorable, cuanto medio y acciones violentas, de sabotajes, atentados personales, terrorismo y de toda índole que encontraron a mano, las cuales fueron fuertemente repelidas por los machadistas y sus aparatos de represión.
Claro, Cuba yacía entrampada en la crisis mundial económica iniciada tan temprano como en 1927 y marchitada definitivamente por la caída de la Bolsa de New York, extendida (en teoría) hasta 1933, la que en realidad continuó hasta 1939. El tropezón fue detenido con un repunte vigoroso de la economía, coincidiendo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial (IIGM).
Todo el crash económico, al que fueron arrastradas el resto de las bolsas, se inició por la sobre valoración especulativa de las acciones bursátiles y el estado desastroso de las economías europeas, tras los embates de la IGM.
Otros factores colaterales fueron la abrupta caída de los precios de los productos agrícolas —el precio del azúcar cubano se cotizó a nivel de piso, a medio centavo la libra— y las restricciones de crédito, pues los bancos se quedaron sin activos y las industrias locales dejaron de producir. El gobierno machadista se estremeció cuando sintió las primeras ráfagas de la crisis y quedó en atormentada espera.
El patrón oro, no pudo solucionar la crisis y resultó inservible. Este, dejaría de funcionar hasta que un decenio después, en 1939, el británico John Keynes propició que Gran Bretaña renunciara al patrón oro, en cuya acción fue seguida por otros países industriales.
Al caer las bolsas paulatinamente desde 1927, sometidas al efecto dominó; ello significó un factor de punta negativa para cualquier gobierno. Todo devino desastre natural para el presidente Machado, con la consecuente pérdida de popularidad y simpatías ciudadanas.
Atisbos del hambre se cernieron sobre la isla, bajo un gobierno insolvente en cumplir con sus compromisos internos y externos. La falta de liquidez no permitió pagar los sueldos de los funcionarios. Los ánimos, se caldearon al máximo entre el gobierno y los ciudadanos enardecidos, y los comunistas se frotaron las manos, como siempre, listos a pescar en río revuelto.
La oposición contra el gobierno machadista, articulada por los estudiantes e intelectuales incluyendo algunos estratos obreros; hizo derroche de un heroísmo innecesario, desplegado igual por el resto de las fuerzas revolucionarias anti-machadistas; cuyo drama tan filoso, conmovió el interés hollywoodense (6).
La violencia popularizada desde inicios de 1930, condujo a un desenlace favorable para la oposición que culminó con la caída del gobierno machadista en agosto 12 de 1933. De inmediato, se inició el caos social ante la ausencia de autoridades.
Las fuerzas vivas, los estudiantes y la oposición política, concertaron acuerdos sobre la marcha para normalizar la situación caótica del país y brindar una imagen más ordenada y compuesta, a la opinión publica internacional.
Céspedes y el Gabinete de Concentración
Una Junta o Gabinete de Concentración, fue conformada de inmediato por la presión y el discreto beneplácito del gobierno norteamericano. Dicha Junta diseñó e instauró un gobierno provisional de facto, previendo el desborde del populacho. Nada pudo evitar que lo integraran personalidades que de una forma u otra estuvieran ligadas al gobierno machadista, los moderados. Pero el pueblo deseaba lo contrario, porque durante todo el tiempo que sobrevivió, resultó un aparato inoperante.
Sin embargo, sus integrantes, poseían un pedigree de indudable probidad moral y política. El aval revolucionario adquirió una validez insospechada como nunca antes. El color verde distintivo de los abecedarios, se popularizó de inmediato.
El bastón presidencial, recayó en el Dr. Carlos Manuel de Céspedes y Quesada; hijo del prócer independentista y Padre de la Patria, el abogado Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, muerto en combate durante la “Guerra de los Diez Años” (1868-1878).
Entonces Cuba tuvo un nuevo presidente, pero como un parto de los montes, no natural, emanado de la disolución del gobierno ante la huida del Presidente Machado hacia Nassau en un avión militar facilitado por los oficiales adepto al gobierno machadista, en unión de algunos de sus colaboradores más comprometidos, en la tarde de ese mismo 12 de agosto de 1933.
Pero los ciudadanos deseaban otros cambios. El nuevo presidente cometió varios errores que desdoraron su pedigri y abolengo, dado que contemporizó con la oficialidad, ratificó al Senado el cual se había plegado a los deseos de Machado; una pifia que despues corrigió; y en especial, por no haber movido un dedo en escuchar los clamores del pueblo, ansioso de reformas económicas y sociales.
 
Luego, exactamente el 3 de septiembre de 1933, un ambicioso sargento frunció el ceño frente al espejo de su lavamanos. Era la enésima vez que lo hacía para darse ánimos. Se había despertado temprano, todavía insomne. Y después de sus abluciones matinales, deambulaba por su modesto apartamento en los altos de la panadería y dulcería ubicada en la bulliciosa “Esquina de Toyo”, en Luyanó, el barrio de “Bigote de Gato”.

–¿Qué tienes, papi mío? –inquirió la esposa, Elisa, inquieta con el ir y venir de su marido.

El sargento contaba cada minuto trascurrido, puesto que una serie de acontecimientos se desencadenarían entre la noche de ese día y la madrugada del siguiente. La esposa, casi que fotografiaba cada paso y gesto de su amado. Éste se arrodilló ante el modesto altar de la Vírgen de la Caridad del Cobre y le rogó, pidió y meditó por unos instantes, solicitándole a la vírgen quién sabe cuáles milagros o diabluras.

Y lo bien que lucirá como oficial con su uniforme de gala —y se hizo la sempiterna pregunta que todas las esposas de militares de bajo rango, se inquieren y no confiesan—. ¿Cuándo podré ver a mi marido vestido de oficial, lleno de medallas y entochados; con sus botas altas de piel de cochino y sus espuelas, una fusta y un dichoso sable?. ¡Por Dios que me derrito por verlo de gala con su sable colgado y las espuelas plateadas en sus botas!”.

Quizás sea la última“, pensaba él por su parte.

Porque el sargento se encontraba dentro un mundo silogístico, donde su alma sobrecogida inmersa en dudas, inconexa a las preguntas de su esposa y también a cualquier ruido ambiental que lo rodeaba. Era la sensación de como si le hubiera entrado agua en los oídos. Pero reaccionó e hizo como si no la hubiese escuchado y se disculpó. Ella sonrió, al sentir de que no estaba hablando a un manojo de albaca.
Desde la calle, se escucharon las notas aflautadas del caramillo del afilador de tijeras, confundido con el ruido de los claxons y tranvías, los unos tomando la Calzada de Jesús del Monte y los otros, doblando en la bifurcación de la Calzada de Luyanó con rumbo a Mantilla y otros barrios periféricos.
El ABC pierde el bate y sale del juego
Ya desde el 22 de agosto de 1933, el ABC, Directorio Estudiantil Revolucionario, líderes de los sargentos y soldados de la Marina y el Ejército se rebelaron en una resistencia pacífica contra las órdenes de los oficiales administrativos y emitieron e hicieron circular en los medios, un manifiesto pidiendo la radicalización del gobierno de Céspedes y reiterando un llamando solemne a fin de convocar una Asamblea Constituyente, para estabilizar el caos legal constitucional. Pero el ABC quería otra cosa.
Al sargento, en ese día específico, se le destacaban signos inequívocos de insomnio y cansancio. Su semblante rasurado por completo, acusaba una mezcla de rasgos achinados y mestizos. Su cabellera de un lacio negro; peinada hacia atrás según la moda; pero sin la raya al medio como la de su futuro opositor Antonio (“Tony“) Guiteras Holmes, le daba a su aspecto el tono exacto que sus seguidores necesitaban.
No el de los otros oficiales de rango alto y de academias, empingorotados y fatuos, a los que él y los otros complotados esperaban ajustarles las cuentas, aunque fuera sólo de “boca pa’fuera“, para excitar o calmar a la soldadesca enterada de su papel en los acontecimientos de inevitable precipitación.
El sargento, meditaba desde hacía semanas. Reflexionando con los otros conjurados sobre lo ignoto e impredecible que se le presentaría en ese día septembrino, el más decisivo de su vida. Porque esa tarde el grupo de los militares complotados, habían citado a una reunión urgente, la cual efectuarían en la casa de un extranjero nacionalizado, amigo de alguien. Esas actividades fueron conocidas como “la revuelta de los sargentos y clases“.
Tarde en la noche anterior, el sargento había retornado de Matanzas de verse con otros conjurados de aquella zona, evadiendo los agentes y chivatos (apapipios) de la incipiente Inteligencia Militar del gobierno, apostados en la “pesa de camino”.
Su esposa le trajo café con leche, pan de flauta y mantequilla. Y ella quedó, contemplativa de “su hombre” y suspiró orgullosa. No estaba muy al tanto de los trajines conspirativos del marido, pero su sexto sentido le anunciaba buenas y peligrosas nuevas.
El reloj, ya marcaba las siete de la mañana. Afuera, el chillido inconfundible del Hispano-Suiza J12 de 12 cilindros, un cabriolet negro grande, y recordó que el cabo Urría venía por él. Ya vestido, se colgó maquinalmente los arreos militares por estrenar, a la derecha se estrenó la Cold .45 “Caballo de Flecha” nueva y a la izquierda, el par de magazines extras, todo, “de paquete”. Era un ensayo.
Un armamento que adquirió a consignación en una armería de la Habana Vieja. Porque el arma corta de reglamento, en algunos casos, era el pesado revolver Colt .45 heredado de los norteamericanos. Sin ser tirador experto, era capaz de hacer diana en un blanco fijo colocado a 25 metros de distancia.
Pero finalmente el fundamento del atuendo se redujo al uniforme convencional de sargento. Pero ya Elisa le tenía preparado el “otro completo” para vestirse de pies a cabeza, con gorra, arreos, armamento, sus entochados e insignias de oficial.

Porque de que eso viene, viene. Y no sera extraño que pronto la tenga que probar al duro y sin guantes“, reflexionó mirando el arma.

El inquilino de Refugio No. 1
Era (y es) la dirección postal del Palacio Presidencial, construido durante la etapa del Presidente Mario García Menocal (1913-1921 y residencia oficial del Presidente de la República de Cuba. Allí, quedaban pastando los viejos integrantes de la Guardia Presidencial de Palacio. La que ahora cuidaba el Presidente Interino, Carlos Manuel de Céspedes, un producto emblemático de la revuelta armada bajo el ala de Welles; pero inocuo para todas las facciones, en sus remembranzas del abolengo y al que nadie, respetuosamente, le hacía caso.
Por entonces, Céspedes inspeccionaba solazadamente los daños causados por el ciclón que azotó días antes las ciudades de Cárdenas y Sagua la Grande, al nordeste y sudeste de la isla, a unos cientos de kilómetros de la capital. Su ausencia de la capital, le venía como anillo al dedo a los conspiradores de todas las tendencias. En especial, los ávidos por radicalizar el proceso, sin quitarle el ojo a los “correveydile” de la embajada norteamericana.
A la sazón, bien temprano y muy lejos de la capital cubana, el ex presidente Machado deambulaba aburrido y roñoso sobre una arena quieta de Nassau. Era su destino desde la aparatosa fuga. Ahora caminaba por una de las playas del sector residencial, de aquellas posesiones británicas en el archipiélago de las Bermudas. Esperaba un correo secreto que nunca llegó.
Al parecer, sólo le restaba irse a vivir en Miami, “La Ciudad Mágica“. Porque estaba claro en que él y su familia nunca volverían a Cuba, y motivo por el cual desde antes había encargado un lote y lápidas sencillas en el cementerio principal de Miami, para él y su fidelísima esposa Elvira.
Ella, su compañera amable, miraba asombrada desde el cobertizo del chalet; sin ningún lujo; a la figura corpulenta e inconfundible del ex presidente, su marido de tantos años. Claro que aquello no era Palacio, pero lo importante es que hubiesen salvado la vida.
Aunque le sorprendió que un hombre tan conservador y de rectitud fiera en su vida personal, se remangara los pantalones para caminar descalzo, zapatos y medias en mano, pisando el agua de la orilla. Ella no había advertido desde cuando su “Gerardito” andaba por las afueras del bungalow, reflexionando como una tortuga vieja metida en un carapacho todavía jóven.

–¡”Coño, me cago en la que canta y no pone” –maldijo Machado entre dientes, empleando una expresión campesina, al sentirse arañado por un diminuto caracol y chasqueó la lengua y se reconfortó diciendo–. De verdad, que no hay nada como Varadero. Pero es el colmo y lo que no acabo de entender, es cómo carajos los americanos les han dejado pasar a esos comunistas, la frescura de que se sienten en mi silla presidencial.”

Sandwichs cubanos del “OK” de Zanja
En la capital cubana, en tanto, la cosa no era así de apacible. El pueblo, ahora sumado en masa a los vencedores, se dedicaba a cazar a los chivatos, “apapipios” y porristas —porque Machado en su desesperación, creó “La Porra“, un destacamento represor de búsqueda y castigo de los opositores activos, casi idéntica a la de los fascistas italianos—, algunos de los cuales fueron ajusticiados en plena calle durante los primeros días de la caída del gobierno. Casi a diario, encontraban alguno y lo cazaban como a una fiera.
Cada grupo oposicionista se consideraba con el mejor derecho a conducir los destinos patrios. Entre ellos, las clases y soldados de las Fuerzas Armadas, casi acéfalas de su oficialidad de academia, puestos a dormir a buen resguardo, para los tiempos que se avecinaban durante el período de paz.
Durante la primera etapa, se las había arreglado para denominarse simplemente el “sargento Batista”, porque todavía no era “Fulgencio Batista y Zaldívar”, sino “Rubén Zaldívar”, así de pela’o, era su nombre original. Y no dispuso de su último nombre completo hasta 1939, cuando se presentó como candidato presidencial para las elecciones generales de 1940, donde sin excusas, le exigían una partida de nacimiento.
Fue entonces cuando estaba en vísperas de comenzar su época de oro como “Promotor de la Constitución de 1940 y Presidente de la República de Cuba (1940-1944)”, una verdadera joya para su tiempo, en su memento cimero. Pero eso sucedería mucho después, traspasando por muchas vicisitudes, aprietos y aventuras riesgosas, incluyendo la eliminación de sus enemigos que proliferaban en función del ascenso de su fama y notoriedad.

—Mi jefe, el carro esta listo —dijo Urría, el cabo, y saludó militarmente a su pasajero en cuanto la esposa abrió la puerta
—Quiero que para las diez, encargues a alguien que nos lleven café con leche y 20 sandwichs, del “OK” de Zanja, y de paso lo que encarguen los demás. Contacta con el mayordomo para que dispongan el servicio. No quiero recargar a los señores dueños de esta casa —le ordenó Batista al chófer, sin que se le escapara lo de “demás oficiales”, para no levantar la paloma.

Y ahora le habían vuelto a la realidad la insistencia de los golpes de Urría en la puerta, pues le esperaba un viaje largo hasta la casona de los libaneses. Ante la insistencia del cabo, ya arribado el carro a la mansión regia, descendió del mismo tomando cuidados extremos en aquel ambiente extraño y refinado. El punto de reunión era una impresionante edificación del estilo español, sin patio interior y prestada con servidumbre y todo, al grupo de los militares conspiradores.
La casa pertenecía a una familia de joyeros del Callejón del Cristo, en la Habana Vieja, ahora en un conveniente viajes de paseo por la Florida. Una familia, increíblemente aliada en negocios con sefarditas moderados, dedicados al mercadeo de telas y productos ópticos, en los almacenes de la calle Muralla.
“Yo creo y …no es un mandato”, señaló Batista
Allí, en una edificación lujosa de dos pisos; funcionaba el punto de la conspiradera militar armada por los sargentos. En el lugar, lo esperaban entre otros, el sargento Andrés Benítez Pancorbo, designado como futuro jefe del estratégico Cuartel Maestre de “San Ambrosio“, situado al borde de la bahía de La Habana y el resto de los otros sargentos y civiles complotados. Era un grupo no muy numeroso, pero decidido a salirse con las suyas.
Batista abrió la reunión y disertó por un rato sobre aspectos generales, de manera que fuese él y no otro, quien abriera el juego. Además, se había sentado convenientemente en la cabecera de la mesa, para que sus compañeros de aventuras; sin él insinuarlo; se acostumbran a verlo en el punto central de las reuniones. Trucos muy simples, que les había recomendado el “Viejo Lulo”, un oficial del Ejército Mambí, ya retirado.

Coincido en que este es el instante preciso, Batista —le interpeló uno de los sargentos, José Eleuterio Pedraza Cabrera, su principal cuadro de fuerza, uno de los “músculos” de los complotados y del gobierno futuro—. Contamos con el Directorio, los intelectuales, Carbó, Guiteras, el ABC y un montón de civiles y por supuesto, nuestras clases y alistados—, apuntó finalmente desde la gran mesa oval. Los complotados, deliberaron largo rato, a los que se incorporaron varios civiles.
Caballeros, dicen ustedes que el ABC? No todos los mencionados son aliados seguros —alertó Estevaz Maimir en tono jocoso—, ya es tarde y nos vamos a perder las croquetas de jamón, pasteles de guayaba y bocaditos que nos trajeron cortesía de la casa.
Sí, hay que estar temprano en Columbia —coincidió otro de los asistentes—, porque los amarres debemos hacerlos antes del meeting.
Yo creo, y no quiero que mi opinión se interprete como un mandato, porque aquí soy el último de los últimos. Es que ya cada uno de ustedes, sabe a cual unidad debe dirigirse, para asumir el mando. Recuerden siempre ir por lo menos con una escuadra de soldados portando armas largas, cortas y parque para dos horas. Y nada de policías—, señaló Batista. En tanto, Benítez y Pedraza miraron recelosos hacia el cielo encapotado.

Batista, todavía no había contactado con la que seria su “Madrina Mayor”, una culta cubana estudiosa de las religiones del sincretismo africano, la cual poseía una residencia enorme (Finca “San José”), cercada sólida con dos metros de altura, en una propiedad lindante con la “Calzada Real” (actual, Ave. 51) y la calle Primelles, en el barrio obrero de Pogolotti, Marianao.

Todo les irá bien—, les había profetizado también Silvio, un babalaow (también sargento político de un concejal de ese mismo barrio, pero colindante con la “finquita, donde la iglesia de los ñañigos”, tal se le conocía —por donde Carlos J. Finlay hizo sus experimentos, sobre el mosquito y la fiebre amarilla—, mientras sostenía una cabeza sangrante de un gallo bolo entre los dientes y se azotaba la espalda desnuda con un mazo de “escoba amarga”.

“¿A qué esperar para comenzar la Revolución?”, escribió Carbó
En una tarde anterior igual, pero lluviosa y de presagios raros, Sergio Carbó Morera, el popular líder oposicionista y también entonces; el periodista de mayor empuje en la política del Asunto Cubano; había publicado un sugestivo artículo en su periódico de “La Semana”: “¿A qué esperar para comenzar la revolución?”
Evidenció ser una incitación abierta a la subversión contra el gobierno de Céspedes. Claro que el periodista por entonces y al parecer, tenía enchumbado el cerebro quizás con una tisana de té mongol “real”, del recolectado para el emperador de Manchuria y café caracolillo de la Sierra Maestra. Pero sus lectores, ya acostumbrados a estas genialidades, no le prestaron mayor atención. No por eso Carbó se desdoró ni un ápice ante sus simpatizantes, que abarcaban casi toda la ciudadanía.
Sin embargo, un hábil taqui-mecanógrafo de las cortes militares del Estado Mayor del Ejército; otrora un campesino sin mayor instrucción y que había trepado de la nada como retranquero de trenes hasta alcanzar su honorable empleo actual; tras devorar el artículo una y otra vez hasta memorizarlo, quedó meditando si tal sería la llave de su triunfo personal. El mismo militar que ahora despachaba a pleno goze como guía en la casa de los libaneses.
Después de su visita a Moscú, Carbó, invitado por el Kremlin dado que en los pasillos se le tenía como un “comunista sin carné” y por instantes ya olvidados, Carbó dio a sus amigos más cercanos —para encanto de los comunistas—, la impresión de estar al punto del embobecimiento con las monsergas y postales deliciosas preparadas para los turistas progress, por los comisarios y agentes de Dzerzhinsky.
Fue quizás cuando en una especie de agradecimiento, escribió un libro extraño, ditirámbico, elogiando a la Rusia Soviética, pero del cual ni él ni nadie más, se atrevió nunca más a hablar ni mencionar, salvo como aquella desolada pecatta minuta literaria.
Sin olvidar a las deliciosas komsomolas de la Juventud Comunista, con pechos exuberantes por entre las blusas abiertas y piernas esbeltas; las hacían como que sembraban tulipanes en los canteros de la Plaza Roja, al paso de las caravanas de visitantes, una gama de idiotas con levitas proveniente de los cinco continentes.
Aquello era para chuparse los dedos. Al igual que hace hoy Castro con todas y cada una de su team de carcamalas admiradoras; que ocasionalmente le rondan el patio, para soltar babas mientras le tocan la barba.
Las muchachas provenían de los lupanares moscovitas reservados a “los camaradas de confianza, que en la Granja de Animales, son un poquito más iguales que los otros iguales”. Por lo general funcionarios y oficiales de alto rango, y algún que otro visitante, candidato a fotografiarlo o filmarlo para comprometerlo en su futuro.
Pero como sucede a todos los constipados de las almas noveles, fascinadas con la narración de “Los 10 días que conmovieron al mundo“, de John S. Reed; el deslumbramiento aparente de Carbó, se le diluyó como el azúcar en un vaso de limonada, por aburrido y por lo macabro que descubrió después. Algo, algo que nunca (raro en un periodista) se atrevió a decir en público.
Las grullas y los flamencos graznan de noche, mientras fornican en el “Oriental Park”
Antes de las 19:00 hr, después de pertrecharse de gasolina, la pequeña caravana de autos negros y lujosos, pasó frente a los centinelas sonrientes de la posta No. 1; que les franquearon el paso a una sena de Batista hacia el interior del Campamento Militar de Columbia, al oeste de la capital.
Dentro, una reunión de las fuerzas políticas contrarias al gobierno provisional de Céspedes –¿igual como le sucedió al de Kerensky?–, tomaba forma de conspiración abierta para el coup d’etat o asonada cívico-militar, con el consecuente asalto simbólico y pacífico al poder presidencial en manos de Céspedes, el presidente manso, ya en funciones desde el mismo 12 de agosto anterior, justo a la huida de Machado.
Los autos soltaron la carga barroca en el Club de Alistados. El salón de reuniones era una confusión paralela a la que existió en la Torre de Babel en sus buenos tiempos. Los sargentos, estudiantes universitarios, civiles y soldados concertados para el meeting, confuso en extremo para los reporteros, no veían la ocasión en que alguien llamara al orden y cada cual se revolvía dentro de su asamblea particular.
El grupo de sargentos conjurados, quienes ya desde antes se habían hecho o mandado a hacer con los sastres militares (para el gran momento a la vuelta de la esquina), todo lo que componía el atuendo y armas exclusivas de los oficiales, estaban conformes en utilizar ahora el uniforme de faena. El drama en gestación estaba por un cambio radical en su condición de aforados simples, claro, con rumbo hacia las filas de la oficialidad.
Pero, a última hora, decidieron vestirse con el uniforme de reglamento para evitar especulaciones y resquemor en los asistentes, y cuyos aplausos más estusiastas estaban seguros provendrían de sus iguales, los soldados rasos.
Estos líderes militares, en plena conspiración, integraban el pequeño núcleo de la denominada “Unión Militar de Columbia” (UMC), cuyo objetivo inicial era derrocar al gobierno machadista e instaurar un gobierno cívico-militar, de facto. Todo estaba planeado para que en su andar hacia la cima, contaran con los oposicionistas civiles, confusamente colgados de la cola militar.
Pero ese escollo, ya estaba salvado de manera intrínseca desde el 12 de agosto; por la junta de notables apoyada por la embajada norteamericana y que de repente les pasó por encima como un “volador de a peso”, elevando a Céspedes como un Presidente azorado que ni sabía qué estaba sucediendo a su alrededor.
Al igual que la mayoría de los asistentes, los sargentos estaban seguros de poder alzarse esa madrugada, sino militarmente, con una sustancial parte alícuota del triunfo. Pero fue destacable que de los militares conjurados, el que mejor salió en la charada por un golpe de suerte y su indudable osadía, fue Batista.
Más al sur, no lejos y al anochecer, detrás de las caballerizas del hipódromo “Oriental Park “; en Marianao al suroeste de La Habana, dos de los más altos líderes del Partido Comunista especulaban en un establo, entre graznidos y suspiros sensuales de las zancudas como música de fondo. Discutían sobre la manera de colarse en la reunión.
De paso purgarían al dirigente del Partido Comunista, Rubén Martínez Villena (7), por fracasar éste en abortar –según un acuerdo anterior secreto entre los comunistas y Machado– la huelga general oposicionista que se les escurrió entre los dedos a los comunistas, convocada a inicios del agosto pasado y la cual dio el golpe final al gobierno machadista y el derrumbe de su régimen.

—Ojalá que el lato (el mulato Batista), no nos falle —soltó el más viejo. En un comentario fuera de lugar en el tema que abordaban.
—¿Nos? ¿Y en qué “no nos iba a fallar”? —inquirió el más joven, sorprendido, porque a pesar de estar al tanto de lo que hacia su mano derecha, por el cargo que ostentaba en el Buró Político Provincial; ignoraba las andanzas en que andaba la mano izquierda del Buró Político Nacional quien era el tal “lato”. Pero el más viejo no respondió de inicio, pero después argulló ,
—No me hagas caso. Además, es una información compartimentada, de las que el Buró Político denomina “sensible” y a la que ni siquiera yo, tengo acceso. Eso sucede en los tiempos difíciles.

La Caridad del Cobre, ¿madrina del 4 de septiembre de 1933?
Al menos, Batista, así lo creyó. Porque en la madrugada del 4 de septiembre de 1933, ya un ciclón le había allanado el camino al Palacio Presidencial, al sacar al Presidente Carlos Manuel de Céspedes y enredarlo en la inspección de los daños en Cárdenas y Sagua la Grande, lejos de La Habana. Esa noche, la sargentada inducida por los sargentos integrantes del ahora denominado “Grupo de los Ocho”, de soldados y marinos, el DEU (universitarios), ABC y el resto de las facciones (excepto los comunistas) integrantes todos de la recién formada Agrupación Revolucionaria de Cuba (ARC), hicieron pública una Proclama al Pueblo de Cuba, donde desconocían a Céspedes y su gobierno de facto, e indicando que todo el poder político estaba en manos de la ARC. Céspedes y su gobierno quedaron disueltos, volatizados y los oficiales de las fuerzas armadas quedaban sin mando y en una especie de “plan pijama”. De inmediato, se conformó el Gobierno Provisional Colegiado (conocido en la Historia de Cuba como “La Pentarquía”)
La primera firma estampada en el documento de la Proclama, fue la del apasionado líder universitario del DEU,  Carlos Prío Socarrás, futuro presidente democrático de Cuba (1948-1952); quien a su vez fue derrocado por una cuartelazo, inexplicablente a posteriori el 13 de marzo de 1952, a unos meses de las elecciones presidenciales de ese año, por un Batista ya senador y con una vejez asegurada, junto con sus ávidos seguidores.
Según un análisis somero, resultó evidente este paso temerario de Batista, propició el inicio de toda la aventura castrista y el consecuente desastre de la nación cubana; con la destrucción absoluta de todo su pasado y futuro. Cuba, dejaría de tener Historia salvo la rescatada por los patriotas del Exilio.
A la firma de Carlos Prío Socarrás le siguieron otras 18. La última de aquellas firmas estampadas en la Proclama inflamatoria de los revolucionarios; como una paradoja del destino; resultó ser nada menos que la del propio Fulgencio Batista, el cual se rubricó entonces como “…sargento jefe de todas las Fuerzas Armadas de la República (de Cuba)”.
La agenda pública de los líderes cívico-militares proponía, entre otras demandas, aumentos de sueldo y mejoras en la vida de las clases y soldados entre otros no declarados. La privada, mantener el orden, vigilar a los oficiales y auscultar a la Embajada de los Estados Unidos, con respecto a ciertas leyes que estiman serían secundadas por el pueblo llano.
Sin embargo, el guión real oculto incluía el aprovechar la situación de confusión; la carencia de un líder civil destacado y en consecuencia, provocar la asonada cívico-militar y tomar el poder político y militar de Cuba, arrollando al gobierno opaco de Céspedes. Después, verían como se las arreglarían con el gobierno norteamericano.
Los altos mandos de Ejército y los viejos líderes políticos del Ancien Régime, andaban en un limbo, atentos a los caprichos y embelesos del Enviado Especial Exc. Benjamín Sumner Welles. Éste funcionario —quien formó parte de la estrategia global del Presidente Franklin D. Roosevelt—, debía bloquear cualquier intento de radicalizar al gobierno de Céspedes, mientras olisqueaba a los radicales.
La estrategia de los halcones
La estrategia de los halcones de Washington iba más allá del guiso fraguado en Columbia. Necesitaban a Cuba como puerto seguro, sus bases (carboneras), el niquel, cobalto y el especialísimo y estratégico “hierro de las minas de Mayarí”, entre otras bondades cubanas; al lado de las democracias y en favor de la guerra que ya se perfilaba contra Alemania e Italia y algunos gobiernos (Argentina, Brasil y Chile) que trataban de congraciarse con los nazi-fascistas. Pero la otra parte de los cubanos, ya habían urdido y puesto en marcha sus planes propios. Sólo que eran como todo los sueño, virtuales.

–Queremos –clamó de pronto en medio de la reunión, uno de los militares complotados, el sargento Pablo Rodríguez, aprovechando un inesperado impasse que abrió un pequeño hueco de silencio– que el sargento Batista hable sobre lo nuestro, nuestras demandas de mejoras en el trato.

El que escenificó la pala (llamado pre elaborado de la propuesta) era otro de los complotado, Pablo Rodríguez; el más culto de entre ellos; pero sin carisma ni habilidad para enfrentar a los reunidos. El que habló, era quien ahora apuntaba la veleta de la atención del auditorio hacia el extraño rostro oscuro y achinado de Batista, el más inteligente y decidido de todos los militares conspiradores, apostado en la mesa ejecutiva.
Éste, se ajustó la guerrera, levantó el mentón, aspiró profundo. Entonces asumió una expresión tan dura como la vista en una foto del periódico pro machadista “Heraldo de Cuba“. Se trataba nada menos que la del Duce, el líder italiano.
Advirtió, por vez primera, los deleites y sensaciones que experimentó al oír su dulce nombre resonando ante un público, que le observaba entre atónito y receloso.
Como líder, se convenció de que “ese” y no otro era instante esperado y que se la estaba jugando el todo por el todo. Porque ese y no otro, era la ocasión de su clímax. Con voz un tanto gutural e ignorando las eses, pero de verbo fácil; habló a los soldados en el idioma cuartelario y de caballerizas, que ellos entendían y los civiles no. Finalizó la arenga entre aplausos y vítores.

—Es verdad lo que dice el amigo Carbó —gritó finalmente un Batista, enardecido—, no hay que esperar más para iniciar la revolución.

Dijo lo último en un tono casi diluido entre el estruendo que ya había estallado en el salón. Entonces, pareció que el resto de todas las furias se habían desatado. Los comunistas, colados no invitados, se escurrieron previsoramente tal hacen los animalejos nocturnos. Ellos andaban en otras patrañas, temerosos de que se descubrieran sus cambalaches con Machado.
Un telefonema al cuervo insomne
En consonancia con esa madrugada del 4 de septiembre de 1933 y las horas cruciales que le siguieron, en otra parte de la ciudad, en el elegante barrio del Vedado; un telefonema despertó a un apacible ex-funcionario del gobierno machadista. Este cuervo, mensajero insomne, no demoró en vestirse de drill 100 crudo impecable, zapatos marrones de dos tonos, corbatín carmelita y sombrero “de pajita”; se sentó en el asiento trasero de su Packard Phaeton rojo y a pesar de lo avanzado de la hora, le ordenó al chófer:

—Lalo, al Hotel Nacional, ¡rápido!. Que quiero ver a Welles. Porque ya se armó la gorda.

Por entonces, el Hotel Nacional era el lugar de la residencia oficial de Benjamín Sumner Welles, quien a la sazón era de hecho una especie de pro cónsul norteamericano, cuyo poder estaba por encima del propio embajador. Éste funcionario, era el mismo Enviado Especial del State Department, al cual el cubano ensoberbecido con sus primicias andaba en ascuas y culillos, por contarle el último chisme del Asunto Cubano. Porque esas noticias es un desperdicio decirlas por teléfono, sino que se dan personalmente, para que el recipiente no se olvide de su cara.
Esa noche, allá en Nassau y antes de irse a dormir, Gerardo Machado le confió a su esposa una cuita: le confesó acerca de la altura real del Capitolio Nacional con respecto a la de Washington D.C.

—”Por eso es que no importa que los yankees no me hayan apoyado esta vez, porque yo, ya se las había cobrado por adelantado desde mucho antes. Y ahora, gústele o no, los cubanos podemos gritar que Cuba está por encima de los Estados Unidos” —le dijo al concluir en tono socarrón, como un niño que comenta sus maldades de la escuela. Pero en el fondo, Machado estaba repleto de orgullo por la zancadilla que un cubano le puso “a los del Norte”.

En cuanto Batista abandonó Columbia, instó a Urría a que lo llevara hasta la planta telefónica situada cerca de la Parroquia de Marianao. No quería seguir a la celebración instada por sus compañeros, tras disolverse la reunión y disponer de lo inimaginable para un ex-retranquero de trenes.
Además él, ni fumaba ni bebía. Era un abstenio absoluto. Y porque lo que ahora quería, era utilizar un teléfono seguro; que no estuviera interceptado por los abecedarios que andaban metidos en todas partes. Ningún lugar mejor que donde el jefe de la central telefónica, su amigo Rafael, el violinista.

—Mi amor, estamos en alzas, ganamos. Los de La Pentarquía, me hicieron jefe de todos los ejércitos de Cuba —le enfatizó a su esposa, en el tono de voz que más moderado le salió—. Así que ahora, sí prepárame los arreos y el uniforme de oficial completo, desde la gorra hasta las botas. Y quiero que todo este lustroso y brillante —exclamó entusiasmado. Claro que todavía no eran los tiempos para exhibir los oropeles ni entonar fanfarrias militares.

Fue entonces cuando al enterarse los oficiales de carrera que obedecerían a un simple sargento taquígrafo, todos y cada uno de ellos se envolvieron en furias y les comenzó el ataque de histeria rabiosa y convulsiva (y no era para menos). La cual un mes después les condujo al alzamiento militar cruento tras acantonarse en el Hotel Nacional; acción que los oficiales efectuaron el 2 de octubre de 1933.
Al rechazar las condiciones que Batista les ofreció para que se rindieran, estalló el combate; donde los rebelados también fueron cañoneados desde tierra y mar, por tropas del batallón de montañas y los marinos de dos fragatas (“Patria” y “Cuba”) apostadas en el litoral.
El combate duró unas horas, hasta que a los oficiales se les acabó el parque. Al final, los muertos de las fuerzas atacantes sumaron más de un ciento. La de los oficiales sólo un par. Batista no habían entendido que los oficiales era tiradores expertos y certeros con los rifles Springfield 30.06, algunos con mirillas telescópicas y que disparaban con ventaja por estar en las alturas del Hotel Nacional.
Para los oficiales, era como cazar conejos. Y lo peor para los atacantes, porque entre los oficiales se encontraba completo el Team de Tiro Olímpico del Ejército de Cuba. Cuando la soldadesca se enteró de la descomunal diferencia de las bajas, Batista no encontró la forma de aplacar a los soldados, ni que parte de los oficiales fueran masacrados tras rendirse.
La saga, continua.
© Lionel Lejardi. Septiembre 3, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1) El partido ABC se fundó en 1931 (como una organización secreta clandestina, de tipo celular, que adoptó métodos del terrorismo urbano para luchar contra el gobierno de Machado. Los jefes del mismo: Carlos Saladrigas Zayas, Jorge Mañach Robato, Joaquín Martínez Sáenz, Emeterio Santovenia Echaide y Francisco Ichazo Macías. Más tarde, se transformó en partido político.
(2) Participaron en el acto Julio Antonio Mella un conspicuo y respetado líder universitario quien después fue asesinado (1929) en Ciudad México D.F. por órdenes del Comintern; también participó Carlos Baliño López cofundador en unión de José Martí del Partido Revolucionario Cubano PRC), José Peña Vilaboa, pintor menor y líder obrero, además de José Miguel Pérez Pérez, Alejandro Barreiro, Miguel Valdés. También incorporaron al cónclave secreto a un polaco, Fabio Grobart (née, Abraham Grobart y con el aka de “Simjovitch”); un oscuro personaje adicto al Kremlin y el cual provenía de la Agrupación Hebrea Comunista de La Habana, y otros seguidores de la corriente stalinista. Este grupo subversivo, fundó el Partido Comunista de Cuba (PCC), subordinado según sus propios estatutos al control de la III Internacional Comunista (Comintern), mangoneada desde entonces por el Politburó del Kremlin.
(3) Mella fue inscrito con el nombre de “Nicanor Mc Partland y Diez”, puesto que era un hijo bastardo de Nicanor Mella Brea (satre dominicano) y Cecilia Magdalena McPartland Diez (inglesa nacida en Hampshire). Luego lo de “Julio Antonio Mella” es un “aka“, tal sucedió con Blas Roca Calderío, Lázaro Peña Gonzáles, Ernesto Guevara de la Serna, etc.; nombres por los que conocemos y que no son sus nombres reales. El escamoteo patronímico, es una práctica común entre los comunistas.
(4) El presidente Machado, en un gesto que algunos de sus biógrafos e historiadores interpretaron como sardónico sino claramente burlón; sugirió con delicadeza extrema a los arquitectos que “le seria muy placentero a la presidencia, si el Capitolio Nacional acusara dos o tres pies de altura por encima del de Washington D.C.”. De alguna forma no percibida por los contemporáneos, ni tampoco por los inquilinos de la Casa Blanca, la sugerencia así fue ejecutada.
(5) En el caso de la Cuba actual (antinomia excelente, parangonada con los líderes del Eje Apocalypto (ALBA) que optaron por no ser nunca presidentes transparentes) la Constitución de 1940 fue violada y hecha pedazos por sus antípodas, el Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores. Éstos, desde 1959 hicieron trampas consuetudinarias a los fines de perpetuarse dinásticamente en el poder. Otros países hispanos de ideologías iguales, izquierdistas y totalitarias, continúan en sendas luminosas hacia la destrucción de sus propias naciones.
(6) Un ejemplo puede ser visto en el ver el film “We Were Strangers“, 1949 (en español, “Rompiendo las cadenas”), 1949 de John Garfield, cuyas copias (salvo una, cuentan los analistas de cine) fueron incineradas por los castristas, inmediato que se encaramaron en el poder. Trataba sobre un hecho real sucedido cuando el machadato: el intento de asesinar al Presidente Machado, cuando éste asistiera al entierro de Clemente L. Vásquez- Bello, Presidente del Senado, quien previamente había sido escopeteado y muerto por los opositores. Los Castro, temían el ejemplo de un pueblo cubano iracundo, contra un gobierno que los ciudadanos de entonces (como los de ahora) estimaron despótico y tiránico.
(7) El Dr. Rubén Martínez Villena, era abogado y en 1923 formó parte de “La protesta de los 13” contra el Presidente Alfredo Zayas. De ideas radicales, contactó con el grupo comunista de Julio Antonio Mella. Fue el defensor de este último en el juicio donde se le acusaba de terrorismo por colocar una bomba en el teatro “Pairet”. Su purga, se justificó aduciendo que estaba enfermo de tisis (murió en 1934), lo cierto era que el puesto de Secretario General del PCC era para Blas Roca Calderío, de tendencia stalinista.

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**.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución? II/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
**.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución?
II/II

Aquí lo que cuenta, es una inscripción de nacimiento“, dijo tembloroso, el funcionario al Coronel 
Los dos carros negros oficiales se detuvieron en la casona que albergaba la Junta Electoral Nacional. Del primero, descendieron el Col. Fulgencio Batista, su secretario y uno de sus abogados; del segundo carro, el resto de los escoltas, todos con Tommy Guns (Chicago Piano, entre otros apodos, por representar un arma de destrucción absoluta). En este caso, todo el armamento y seguridades estaban de mas. Porque se trataba de un aspecto importante para el coronel, sin ninguna vinculación con la violencia que sus enemigos le atribuían. Este solicitante, sólo pretendía inscribirse como cualquier ciudadano común, en la lista de los candidatos para las presidenciales en las elecciones convocadas finalmente, con la evocación de Jesús, del decisivo 1940. El Col. Batista, siguiendo las recomendaciones de su ministro de Relaciones Exteriores, optó por someterse al escrutinio de las urnas y dejar para un posible segundo round, la siempre disuasiva musculatura de sus bodygards y sus “brigadas de inmortales”.

Señor funcionario —adelantó Batista—, yo soy el jefe del Estado Mayor del Ejercito de Cuba y las demás fuerzas militares, y vengo en cumplimiento de las leyes electorales a solicitar mi inscripción como candidato presidencial, para las elecciones próximas de mil novecientos cuarenta.

Dijo, escueto, y quedó en espera de la reacción del funcionario. Sucedieron unos segundos interminables. El funcionario pareció tomar aire y advirtió a Batista.

Usted me dispensara coronel, pero para registrarse en la lista de candidatos presidenciales para las elecciones de mil novecientos cuarenta, o sea el año que viene; yo debo inscribirlo formalmente con el nombre que usted me dice. Pero, por la Ley Electoral recientemente aprobada por el Congreso de la República, usted debe presentarme una partida de nacimiento donde coincidan el nombre que usted me dice con su nombre completo de “Fulgencio Batista y Zaldívar”. Sucede que este último, no con el de “Ruben Zaldívar”, como dice esta otra. Le ruego, coronel, que usted entienda mi situación. Porque encima de mí, tengo todos los magistrados del Tribunal de Elecciones y si yo infrinjo la ley, ellos me van a dejar “entero como el picadillo”. Créame que lo lamento mucho. Pero aquí lo que cuenta es una inscripción de nacimiento, válida.

El hombre concluyó su extenso parlamento, con voz temblorosa y entrecortada, que se le apagaba por momentos. Como si sus pulmones les estuvieran desinflando como un globo. Frente a él, estaba parado el hombre más poderoso y temido de Cuba.
Cuando Batista miró fijamente al funcionario de clase cuarta que tenía sentado enfrente, fue el momento exacto en que el hombre pareció derretirse y comenzó a temblar. El funcionario miró con espanto al oficial que tenia enfrente. Si, era el mismo Batista del cual había escuchado los mejores y peores epítetos.

Lo que yo creo es que, lo del picadillo suyo; mi amigo; le quedara y… —trató de intervenir Dulcineo en un tono agresivo.

Este guardia corpulento era uno de los “músculos” que cuidaban los cuatro costados de Batista. Dispuestos expresamente por José Eleuterio Pedraza, Jefe de la Policía Nacional. Pero Batista lo detuvo con un gesto de su fusta.
Luego quedó inmóvil y con la fusta comenzó a golpearse levemente el costado de la bota derecha, tal si ganara en paciencia. Su cara pareció adquirir una tonalidad al parecer rojiza, algo impensable en quien se estimaba por sus rasgos y color de la tez, con alguna descendencia filipina o malaya.
Lo que pareció furia, no era tal, pues el candidato presidencial lo que estaba era abochornado del papelazo que le hizo pasar la educación y firmeza que adornaban a aquel funcionario de su propio gobierno. Entonces se levanto le dio la mano y las gracias al hombre, y se fue por donde vino, seguido de Dulcineo y sus otros escoltas. Sin quererlo, Batista había aprendido la misma lección de entereza que esperaba de sus subordinados.
Una historia ha, del Coronel y el Enviado Especial
El original Fulgencio Batista, ahora General en Jefe de todas las Fuerzas Armadas de Cuba —selfman por excelencia— era hasta septiembre 4 de 1933 un excelente sargento-taquígrafo, autodidacta, inteligente y perspicaz; con grandes sueños y proyectos sobre los cuales el estaba convencido, por una simple cuestión de clase social, de que nunca alcanzaría. Eso sí, ejercía su función de taqui-meca, de manera impecable, durante los juicios en los tribunales militares del Estado Mayor del Ejército Constitucional de Cuba.
Sabemos que en abril de 1933, Washington envió a Benjamin Sumner Welles en calidad de procónsul, a los fines de mediar entre el gobierno machadista y los diferentes grupos oposición política. Ciertos grupos de militares y líderes civiles, fueron contactados por Welles para sondear lo referente a la remoción definitiva del Presidente Gerardo Machado.
Derrocado Machado y conformada la “Pentarquía”, Welles fue advertido de que podría encontrar un aliado potencial, en el líder de un grupo de sargentos y soldados que conspiraron en la Unión Militar de Columbia a los fines de un “cuartelazo” contra el gobierno de Gerardo Machado.
Luego Fulgencio Batista se convirtió de inmediato en un factor de interés para el State Department, atentos a los intereses de los inversionistas. Inmediato que el gobierno de Machado fue derrocado, y el sargento Batista emergió como Jefe de todas las Fuerzas Armadas; por designación de la Junta de Gobierno que tomó el poder; Welles aceptó concederle una entrevista al nuevo líder castrence. El punto a considerar: el posible reconocimiento  de los Estados Unidos del gobierno revolucionario de facto

Entiendo que usted es la única persona en Cuba que hoy, representa la autoridad —acentuo Welles, diáfano, para que su interlocutor comprendiera la calibración que había realizado en gobierno norteamericano sobre el mismo: El Col. Fulgencio Batista

Pero esa autoridad seria fuertemente reforzada, en beneficio mutuo, si nuestro gobierno fuera reconocido por los Estados Unidos  —declaró Batista y compuso una expresión como de quien espera una respuesta—.  ¿Qué desearía su gobierno del nuestro, para lograr el reconocimiento?

Yo no estipulé condiciones específicas, porque el asunto de su gobierno es un asunto de Cuba y es para que usted decida lo que va a hacer al respecto. Nosotros, siempre estamos expectantes —replicó Welles.

Para el entendimiento de Batista, esta fue una invitación tácita para que fuera “el”, y no otro, quien gobernara en Cuba.
El trillo se convierte en autopista
Largo y tedioso resultó su camino desde el batey natal de Banes, hasta situarse de una manera sorprendente, entre los líderes (en realidad, el principal y de mayor peso) que en la década de 1934 al 1944 decidían sobre los destinos de aquella Cuba emergida tras el vendaval machadista y la posterior incipiente etapa proto revolucionaria.
La etapa de incomodidades de estar sentado sobre bayonetas, había pasado a la historia y se encontraba inmerso en otras preocupaciones, para cosmetizar su imagen pública, más ahora en 1940 que tenía el visto bueno de Washington.
En la madrugada del 4 de septiembre de 1933, seis años atrás, la balanza del poder compartido entre civiles y militares de bajo rango, se inclinó definitivamente hacia los últimos. Porque eran los poseedores de la disciplina de combate y lo vital, las armas.
Aquella masa enardecida, se mostraba dispuesta a sacudirse a los “oficiales opresores”, que por cierto nunca existieron así ni se comportaron como les endilgaban las opiniones de los vencedores. Su quehacer exclusivista, como clase castrense, no difería en nada de cualquier otra élite militar de academia, las de antes y las de ahora.
Eran y son los motes propios que revoloteaban en las épocas en que los países andan en revoluciones o agitaciones levantiscas.
Los anarquistas, se hacían eco y aunaban los fantasmas fabricados por sectores del ala izquierda oposicionista; a la cual se adherían los azuzadores comunistas; intentando confundirle al pueblo llano, siempre alelado, afirmando que los integrantes de la oficialidad de academias son umbilicales con la alta burguesía.
En la realidad, esta oficialidad estaba nutrida por las pequeñas y medianas capas burguesas. La oficialidad era la figura contra la cual las clases y sargentos pudieron despotricar ilesos, no contra las grandes compañías y los ricos. Todo ese cantar, se inició desde el mismo instante en que se produjo la caída estrepitosa del gobierno machadista, el 12 de agosto de 1933, anterior.
Los conspiradores, sin un plan detallado, se encontraron de pronto con que entre sus manos se revolvía un coup d’etat, en realidad un “complot de los sargentos”(1) Ya desde esa madrugada septembrina, Batista comenzó a moverse con cautela, aunque conociendo a fondo los puntos claves hacia donde dirigir sus capitanes (jefes de grupo) y los hombres de sus destacamentos respectivos.
Alguien señaló por ahí que fueron los sargentos principales quienes metieron a Batista en el complot. Razón: “porque éste era el único que poseía un automóvil (un lujo en aquella época), para moverse con rapidez“. Claro, era una patraña.
Tal vez parecieran decisiones tomada sobre la marcha, pero todo se precipitó, exactamente, en el momento en que divisó la rendija apropiada en aquel maremágnum revolucionario, y como todo en arrebato propio de lo tropical. Su intervención, un verdadero desconocido entre las filas civiles y militares, excepto en las de los soldados, fue la fuerza inesperada pero catalizadora de los ánimos y exhaltaciones en ese amanecer.
El diversionismo provocado por la intromisión de los comunistas con su retórica inflamatoria y la consecuente e inmediata expulsión de sus enviados del local del Club de Alistados; fue apagado por parte de aquella masa integrada por los militares, Directorio Estudiantil Universitario (DEU), anarquistas, abecedarios (ABC) y otras facciones.
Estaba incluida su respetada tropa de choque, la cual la constituían los abecedarios, anarquistas, libertarios y otros.
Casi todos integrados en comandos dedicados a actividades terroristas (iguales a los que en su tiempo y durante su revuelta, el Dr. Fidel Castro Rúz desplegó en las ciudades y a los cuales denominó “Grupos de Acción y Sabotaje”). Se trataba de simples suicidas patrióticos, pero sin el “viento divino” que adorno a los kamikases, y que salvo a Japón en 1281, hoy revolucionarios arrepentidos y desertantes en masa de las hueste castristas.
Al precipitarse la conformación de la Pentarquía, Pedraza y López Migolla se fundieron en una misma sonrisa de triunfo, en cuanto observaron la soltura tozuda del discurso de Batista; en atreverse a cursar las primeras órdenes en voz alta a los líderes militares a quienes tomarían las unidades gubernamentales, policía, ejército, emisoras de radio y centros claves, sin que ningún otro líder se le ocurriera chistar.
Él, era el Hombre de ese momento álgido y para demostrarlo, gesticulaba con fuerza y repetía una y otra vez “sus órdenes”, a viva voz a los mensajeros o por los teléfonos de campaña, instalados de inmediato a espaldas de los concurrentes. El trillo iniciado en Banes, terminaba por convertirse en una autopista.

Claro, que esto no es el asalto al Palacio de Invierno —ironizó Sergio Carbó, dirigiéndose a Carlos Prío, sentado a su lado y cabeza  del aguerrido Directorio Estudiantil Universitario DEU —. Pero tengo la impresión de que sucederá lo mismo.
Mira Sergio —apuntó Carlos Prío— este tipo, esta jugando con nosotros y no hay porque dejar de tenerlo a mano.

De una junta volátil a una Pentarquia
Benítez Pancorbo dio el parte de su gestión por teléfono, posesionado ya del mando en el Cuartel Maestre de San Ambrosio; calculaba los pertrechos que necesitarían 1,500 tropas, durante las 72 horas previstas para controlar la capital.
Tras largas deliberaciones, en la mañana del 4 de septiembre de 1933, Cuba tuvo un nuevo y denominado Gobierno Colegiado. Se le denominó “colegiado”, por sus características especiales de ser una “junta de notables”. Ello preocupo a Washington, de donde partiría la orden de enviar naves de guerra con vistas a una posible intervención militar.
Ello significó un escándalo vorticial que el Presidente Céspedes, sorprendido, sólo atinó a ver desatarse en su vaso de agua junto con el colagogo y que lo arrastró al abismo de la indiferencia, junto con todos los hilos de su efímero gobierno.
Una proclama de los estudiantes, intelectuales y soldados fue enviada a la prensa y radio, explicando los motivos y objetivos de la revolución contra Céspedes y su gobierno. La firmaban entre otros civiles, aquellos que después serían presidentes de la República de Cuba con los nombres de: Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia de los Reyes Gavilán y Carlos Prío Socarrás.
De los 19 firmantes, como señalamos,  la rúbrica del único militar de entre ellos fue la que apareció al final y quien también oficiaría más tarde como presidente electo de la república de Cuba, por el voto popular. Tal si con dicha firma, el Asunto Cubano podía darse como concluido.
Era la firma de un anodino sargento-taquígrafo, ningún otro que el ya mencionado Fulgencio Batista y Zaldívar. A su vez, era el nom de guerre que utilizaría durante los subsiguientes 6 años, debido a que nació “Ruben Zaldivar” (por la madre), entonces designado con el infamante para algunos despechados, SOA, o sea,  “sin otro apellido”. Del mismo modo le sucedió a Fidel Castro
El rollo se destapó, porque no existía una inscripción de nacimiento con el nombre de “Fulgencio Batista y Zaldivar” que mostrar a las autoridades electorales, cuando aspiró a Presidente de la República para las elecciones de 1940.
Este líder era una rara avis para los duchos ilustrados en política nacional e internacional y el carácter culminante del drama, porque Batista firmó premonitorio, en calidad de “Sargento Jefe de todas las Fuerzas Armadas de la República (de Cuba)”. La intención manifiesta de Batista no era esperar las calendas griegas, manso, varado en ese punto e instante crucial.
La anterior “Unión Militar de Columbia” (UMC), se había transformado en la “Junta Revolucionaria” (o “de los Ocho”), integrada por Pablo Rodríguez, Fulgencio Batista, José Eleuterio Pedraza, Manuel López Migolla, Juan Estevaz Maimir, Ángel Echevarría, Mario Hernández y Ramón Cruz Vidal. Ya precticamente en desbandada, cuando corrieron a ocupar los puestos ordenados por Batista.
Ellos constituían un selecto grupo de entrañados con la política cómica, cuyos miembros se habían repartido la “piñata” de mandos, responsabilidades y los inseparables peligros inherentes a los osados. Todos, aspirantes a ser los dueños del mando supremo.
Tras bambalinas, los militares serían quienes detentarían el poder real en Cuba, durante los dos lustros siguientes. Horacio Ferrer, Francisco Tabernilla Dolz y Manuel Benítez, todos oficiales de academia del Ejército Nacional anterior (machadista), renunciaron a sus grados y se integraron al golpe cívico-militar, como simples soldados.
Con inconmensurables esperanzas ciudadanas, se inauguró el nuevo gobierno al que se le denominó finalmente, “Pentarquía”. Ello fue consenso, después de aceptado con antelación un programa coherente, como el del DEU entramado con el del ABC.
El Dr. Ramón Grau San Martín resultó el Presidente, Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, Sanidad y Beneficiencia; José Miguel Irizarri cobró la atención de Obras Públicas, Agricultura, Comercio y Trabajo. Les acompañaban en la aventura, Porfirio Franca en Hacienda; Guillermo Francisco Leopoldo Portela Möller en Estado y Justicia.
Sobre Sergio Carbó Morera recayeron las secretarías de mayor peso, más en aquellos momentos, las carteras estratégicas de Gobernación, Comunicaciones, Guerra y Marina.
Carbó, junto con su inmenso prestigio controlaba las estratégicas fuerzas militares, judiciales y de policía.
Un trío preocupante para los EE.UU
Este hombre poderoso, en unión de Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras Holmes, eran estimados como el triunvirato civil perfecto para domar a Batista y al resto de los líderes militares nacientes. Pero la cosa no funciono así. Guiteras, en unión de un  grupo de sus seguidores, fundó una organización revolucionaria que denominó, “La Joven Cuba”.
Esa tarde, cuando Céspedes llamó a la cocina de Palacio, nadie contestó. Ya los Pentarcas y sus escoltas habían tomado posesión del Palacio Presidencial, mientras Batista anunciaba eufórico a Sommer Welles las indeseadas nuevas de un país en plena revolución.
Grau, fue el encargado de notificar la infausta noticia al depuesto presidente Céspedes, quien entregó al mayordomo las llaves de la casa presidencial y abandonó Palacio sin sus ayudantes.
Welles olfateó, después de ser informado por sus escuchas, que los nuevos gobernantes acusaban “tendencias comunistas”, en especial Carbó, Grau y Guiteras. Washington acarició la idea de enviar una escuadra a Cuba, acudiendo a la Enmienda Platt, la cual cernía aún su poder de alternativa sobre la Isla de Cuba y sus cayos adyacentes.
La Pentarquía ofició hasta el 10 de septiembre de 1933, con la proclamación del Dr. Ramón Grau San Martín, como Presidente Provisional y único de Cuba. Éste, no juró el cargo y la Constitución de 1901 ante el Tribunal Supremo, tal era lo acostumbrado entonces; sino ante el pueblo al cual convocó a reunirse frente a la terraza norte de Palacio, el día de la proclamación.
En enero 14, 1934, concluyo la etapa presidencial de Ramón Grau San Martín; cuando este fue forzado a renunciar, por Batista y sus seguidores; para dar paso al predilecto por Batista y Welles, Col. Carlos Mendieta Montefur, medico y coronel del Ejército Libertador. Cinco días después, Washington reconoció al nuevo gobierno cubano.
Durante el transcurso de la década próxima, iniciada con el nombramiento de Carlos Mendieta Montefur (1934-1936),  quien desempeñó un actividadó discreta pero efectiva y Batista, desde las sombras, puso en la presidencia de la república, ademas, Jose Agripino Barnet y Vinagres (1935-1936) , Miguel Mariano Gómez Árias (1936-  destituido por el Congreso en diciembre 20, 1936), Federico Laredo Brú (1936-1940).
En 1940 Fulgencio Batista y Zaldívar, tras aprobarse la Constitución de 1940; resultó elegido presidente por el voto popular en hombros de una coalición de partidos; incluyendo el Partido Comunista, para el período (1940-1944), cuando entregó mansamente la presidencia al Dr. Ramón Grau San Martín (1944-1948) a quien siguió el Dr. Carlos Prío Socarrás (derrocado por un golpe militar de Batista), dando inicios a la era de los “auténticos”.      
Un sargento llamado Batista“,  advirtió Welles
En el Hotel Nacional, Welles redactó un cablegrama trascendental. Contestaba el similar recibido desde Washington, en el cual le solicitaban indicar, “quién realmente mandaba en Cuba”. Welles trajo a su mente (así le describieron)la imagen de un tipo no alto, de habla gutural, tendente a lo rechoncho, cara redonda, piel color cartucho, de boca ranina y otras etcétera, no precisamente cinematográficas.
Se trataba de un líder con los pantalones bien puestos y que, no por casualidad, era el Big Boss; y quien en el patio cubano impartía las órdenes al Ejército, políticos, funcionarios y mantenía el orden en Cuba. Signos inequívocos, de que los interesas extranjeros invertidos en Cuba, estaban garantizados. Algo, que desde el punto de vista político y económico, no era nada despreciable para la cancillería norteamericana.

—”Un sargento llamado Batista” —señaló Welles, en su lacónica respuesta a los halcones del Potomac. Esta frase histórica, en los tiempos siguientes, se tornó simbólica para los unos y escalofriante para los demás.

El mencionado, ajeno al intercambio epistolar —lo cual tampoco le importaría, de saberlo—; ya de manera precavida, se enfrentaba a la Trigonometría del alza y deriva de los cañones de montaña, entonces, arriados por mulos. El líder intuía latente, algún tipo de enfrentamiento inevitable e inmediato con los oficiales de academia, quienes se alzarian contra el gobierno a inicios del octubre siguiente. 
Un hecho, de los tantos transcendentales que rodearon la vida de Fulgencio Batista, aconteció la tarde de septiembre 8, 1933; cuando el ministro de Gobernación Carbó recibió a Batista, quien andaba quejoso de que los oficiales afectos al nuevo gobierno revolucionario surgido el 4 de septiembre anterior, no le prestaban caso ni le obedecían por ser un simple sargento taquígrafo.

Es penoso, senor ministro, pero el gobierno revolucionario debe hacer algo, antes de que sucedan males mayores. Los oficiale hablan de un alzamiento y de otras cosas por el estilo —le anunció Batista a Carbó, expectante.

Entonces, te nombramos General y sanseacabó —apuntó Carbó,  jocoso, sabiendo que tal rango no existía en el Ejército de entonces.
Por favor, señor Ministro, es demasiado, —respondió Batista, con el aire modocito de “non queiro, non queiro, pero échamelo en el sombreiro“.

Carbó miró de hito en hito la guerrera impecable, las botas de oficial de piel de cochino con espuelas, el sable, la pistolera y la enorme gorra de plato. Todos relucientes. Después le anunció:

No estas mal para fungir de oficial. Pues, entonces, te haremos Coronel —sentenció el Ministro y agregó irónico—: Tú sabes, pondremos “por méritos de guerra y las otras etcéteras acostumbradas” y sanseacabó.
—Pues así sea, Ministro, y le agradezco —asintió Batista, cuadrándose militarmente y quien no brincó de gozo, en aras del protocolo.

Tal resultaría el inicio de los siguientes fabulosos cien días del gobierno de Grau y Guiteras, y de la carrera de este líder de botas y guerreras, las cuales entonces le quedaban grandes en responsabilidad y sapiencia, pero que era portador de una audacia excepcional. De esa unión política, Cuba pudo ver los decreto y leyes, estimados los mas beneficiosos que se emitieron para gozo del pueblo.
De inmediato Guiteras pasó a la filas de los enemigos de Batista, hasta que  cayó el 8 de mayo de 1935, en unión del venezolano Carlos Aponte, peleando contra fuerzas de la policía y el ejército de Batista, en El Morrillo, Matanzas; cuando intentaba escapar por mar hacia el exilio.

Pa’sue’copeta —farfulló de corrido Batista, ya en la calle.

Y pensando en términos de política internacional, advirtió que en cierto momento, estaría impelido a escoger el ala bajo la cual se cobijaría en los años próximos. Alas de otros líderes mundiales antagónicos entre sí: demócratas, comunistas o fascistas.

—¿Sabe usted Coronel —le sopló el ayudante desde el timón del carro blindado, ya enterado del ascenso—, cómo le dicen en voz baja, algunas damas de la high?”
Pues, no. ¿Cómo?.
Mulato lindo —contestó el cabo y aguantó la respiración, encogido como un pirulí en su asiento.

Batista sonrió incrédulo y medio que vanidoso, porque damas tan finas y de altas alcurnias, hubieran posado su mirada sobre él, quien en su pequeña patria de Banes —no muy lejos del Biran natal de Castro—, arrancó trabajando como un simple trabajador ferrocarrilero.

Carajo, y dale con la que canta y no pone —exclamó sarcástico, como Machado en su tiempo y agregó—, ya empezaron con los jodidos nombretes. Pero eso lo arreglaremos con frac y pechera, claro, si me admiten como socio en “The Havana Country Club Park & Lake“.

Exactamente, esa era una de las tantas cosas lejos del alcance cultural, social y político del ex sargento. Porque al final, cuando Batista fue Presidente Constitucional de la República de Cuba (1940-1944), —sin importar su étnia o linaje— seria reconocido como socio honorario de todos los clubs de la isla. Y no por su gusto, sino porque le correspondería la membresía de manera automática, de hecho y derecho, por ser un privilegio inherente a la dignidad presidencial.
Alrededor de 1941, camuflado entre las leyes de guerra, Batista ascendió a sus oficiales de rango alto en todas las ramas de las Fuerzas Armadas. De donde se reservó para sí mismo el el rango único de “Mayor General”. Con ello, alcanzó otro de sus sueños, equipararse con el prestigio del épico Mayor General del Ejército Libertador de Cuba, Máximo Gómez Báez . 
La revolución del 4 de septiembre de 1933, por la que clamaron y lucharon los cubanos de la “Generación del 30“, se fue desvaneciendo hasta que en1940 los líderes, políticos y cubanos notables; se dieron cita para discutir y confeccionar la Nueva Carta Magna de la República de Cuba, La Constitución de 1940. Durante este período y después, los cubanos continuaron desgarrándose entre sí por años.
Lo otro, que vino más tarde, a partir del infausto golpe de estado de Batista el 10 de marzo de 1953 y su consecuencia histórica para el devenir cubano; el infausto 1 de enero de 1959; cuando un gobierno comunista fue instaurado en Cuba, bajo el liderazgo del Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores; quienes parecieron destinados a cumplir tarea, transcendental, destruir de manera minuciosa toda la nación cubana. El resto, es historia conocida.

El Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar, murió exiliado en Marbella, España el 6 de Agosto de 1973.
El Dr. Fidel Castro Rúz, continua viviendo plácido en su bunker de Punto Cero, en La Habana.

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Septiembre 2, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

 (1)   Técnica del colpo di Stato”  (La técnica del golpe de estado) de Curzio Malaparte, 1930 o The man on Horseback: The Role of  the military in Politicts” de Samuel Finer (El hombre a caballo: El papel de los militares en la política)
(2)   (Disculpas, en construcción)