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.La Estatua de la Libertad y un poema (I/III)


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

.La Estatua de la Libertad y un poema (I/III)

(Paseando por la “Esquina del Pecado“)

(Dispensa por estar en construcción)

Era una joven y apasionada poetiza judía
Quizás, los labios silentes conocen dónde está la verdad. Es la verdad de claroscuros irreverentes, donde las pasiones hicieron hito de leyendas y el mármol ensayó sonoridades amigas, mientras corría el ultimo cuarto del siglo XIX. No el de cuevas panas repletas de chascarrillos y dormideras en los zánganos echados en las hamacas que abochornan mejillas y despiertan arreboles femeninos.
Eran los tiempos de los rencores cíclicos en que la Humanidad cambiaba de centurias y filosofías, raseros para juzgar, atuendos, aromas y dogmas modales y, ¿por qué no también la manera de amar, el desorden familiar, aberraciones sociales y sexuales, el deterioro de la moral, aplicar armas letales a los terroristas, anarquistas y otros gérmenes patógen0s y la contaminación del hábitat?.
Sin embardo, una poetiza judía apasionada con su tiempo, sin saber cuántos alientos le restaban –que ya le eran pocos– caminaba solitaria en medio de la casi ventisca vespertina de enero de 1883; por la esquina de la 42 Calle y la 5ta. Avenida (“La Esquina del Pecado“, la denominarían así en una novela y posterior film, en el siglo XX siguiente). Iba solitaria como una brizna de paja al viento vespertino, recién de haber dejado a su buena amiga Georgiana en la  casa de ésta, un bello y floreciente nido.
 
–¿Sabes Emma? –le inquirió Georgiana, durante un instante en el camino– Me causó algo de zozobra cuando casi rechazas la solicitúd de Evarts (1).
Hay mucha politiquería metida en estas  colectas para el pedestal. Es casi insoportable el cacareo de los políticos y un buen número de dilettantes, que sólo mueven la lengua para escucharse ellos mismos –argulló Emma, con un marcado tono de desaliento.
 
Pero ella continuó repleta de fríos ininteligibles al describir y raros, no muy justificados en aquella primavera neoyorquina llegada con atraso. Una tristeza pegajosa y humedad, como sólo pueden experimentar las mujeres, le azotaba el alma y rompía sus visiones de un futuro incierto. Y todavía con la visión de los horribles pogromos en Rusia.
En otro día cualquiera anterior, serían los asombros y expectaciones ante la carrera de antorchas científicas y artísticas venidas desde la Ilustración, en carrera de relevos hacia los años de 1800 y tantos; ya transcurridos casi tres cuartos de este y cuidadosamente esperado por los gigantes del comercio, industria, artes, economía, humanidades, política, ciencias, guerras y otras disciplinas.
Es que todas las inteligencias y sensibilidades abrillantadas ansiaban mostrar lo mejor de su aporte al subyugante juego humano. Era ese quehacer generador de ideas y riquezas, envidiado por los morones y los lerdos, siempre atentos y en lujuriosa espera, de los descubrimientos, obras y esfuerzos ajenos para tenerlos.
Porque ya estaba delineado virtualmente, aunque aun no escrito, todo el plan a transformar el nacimiento exuberante de las naciones, es particular la nuestra; por los Morgan, Monet, Zola, Ganhdi, Roosevelt, Rockefeller, Einstein, Edison, Heisenberg, Rodin, Curie, Plank, Bohr, Wright, Tesla, Ford, Keynes y más y más de los otros brillantes.
Algunos estudiosos  de la morfología humana, en especial aquellos que hurgan por los caminos del cerebro, los sitúan en el atrio de los genios totales por estar o haber nacido por encima del paralelo 23 septentrional (Norte); los cuales como los anteriores, participaban no sólo en calidad de colegas, sino también de los apreciados competidores. El combustible del desarrollo.
Y a propósito, nada de asombrarnos que un Marx, Blanc o Engel se unieran como “colados” al torrente, pero en línea inversa de la contra corriente humanística. Decir, para disfrutar y solazarse con los éxitos de los genios, los eruditos y los elegidos.
Sucede que con esta última troika o cuádriga, como es la filosofía de otros peces pilotos (aliados todos a los tiburones, a causa de su amblyopia meridional con la que estos cacos  se  justifican), existe uno de los tantos dogmas inviolables (peros, aunque, no obstante, etc.) dentro de sus sociedades secretas, como el de : nada de trabajar para generar riquezas.

–”Eso, que lo hagan los otros idiotas, con su tiempo y su cerebro. Lo nuestro, es disfrutar“.

Decían los comunistas, liberales, progress y el resto de los fans aullantes por la violencia, para quitar al que tiene y montados en la cresta de la ola cacofónica zurda, ramplona y desaseada; aferrada a su trashumar como hacen los pastores de las manadas de vacas infértiles, de verano a invierno, regodeándose en defecar y mear, en los pastos ajenos.
Dow le dijo a Jones y éste, a Bergstresser (2).

–”Dow, cuidado con los Marx, Blanc, Bakunin, Proust, Joyce y otros pescaditos defensores del melting pot

Le alertó Dow a Jones y éste a su vez, lo descargó en Bergstresser (el silent partner) mientras se alejaban del pub con paso calmo hacia sus oficinas en el No. 15, de la que antaño fue la calle amurallada (hoy, Wall Street) y que protegió la entonces Nueva Amsterdam de sus enemigos permanentes, en plena isla de Manhattan.
Es que por aquellos tiempos, entre los herbazales, enlodamientos y las postas de los animales de tiro; sonaban distintos alaridos de timbres crípticos de cada “yes mom”, “ano pañi” o “sí señora”, caucásicos, eslovacos, flamencos o españoles.
Inundantes todos, de las tierras del Nuevo Mundo, el cual uno de los genios de la élite pensante del siglo XV; Cristóbal Colón; se tomó el trabajo de “descubrir” e iniciar la civilización occidental y judeo-cristiana, en beneficio de los nativos sumidos alegremente en el arcaico mundo esclavista y, para puntualizar la obligación europea cristiana de civilizarlos, además carnavalescos.
Es la secuela del sensei antiquísimo, como síndrome natural de reverencia a los triunfantes; no a la masa amorfa, desculturizada y pancista; disfrutadora por igualdades, arrancadas a las almas generadoras de bienes y riquezas.
También porque allí, en aquellos lares de deidades domésticas, lubricaban sombras de nacionalismos extemporáneos e igual; soles de falsedades adamadas colgadas de una civilización pujante, la europea, que no les pertenecía. Es que la cuerda de la paciencia yankee, daba fuertes señales de que arribaba al fin de su tolerancia.
En otra mañana fría y primaveral, de longitud y latitud fulgurantes aunque diferentes; en París; Frédéric Auguste Bartholdi, el escultor francés (en ocasiones, todavía envuelto en su alias de Amilcar Hasenfratz, como pintor), tomaba el desayuno en su café preferido y leía el matutino, a un costado de la Basilique du Sacré-Cœur.
Éste, andaba menos que contento con los tiempos tomados por el ingeniero civil y estructural, junto con su grupo de colaboradores, que diseñaba la armazón interior de la futura estatua. Este último, recién llegaba y se sentaba plácido frente a Bertholdi.

–”Estimado señor Bartholdi, comprendo su inquietudes. –comenzó a explicar con voz suave, arrastrando un poco la ere pero sin ninguna inquietud, ante la mirada de reproches del escultor– Pero, Usted debe entender que no es lo mismo adicionar o quitar barro de una figura escultural; claro, no intento demeritar su trabajo; que quitar y poner factores en una ecuación matemática.  Es que si nos fallan los cálculos, la estatua se nos viene abajo y nadie lo regañará a Usted, porque su modelo que resultó hermoso en el papel, pero a mí,  sí. Mi estructura no funciona sujeta a apreciaciones eurítmicas, como sucede con su maqueta“.

El escultor, dedicó la mejor de sus miradas a su interlocutor. Es que se trataba de otro gigante de la ingeniería: Gustave Eiffel, encargado de diseñar la estructura metálica de acero que conformaría el esqueleto de la estatua, que se pretendía plantar sobre el pedestal aun no construido del todo, allá por una isla de la bahía de New York.
La misma que a ciertos políticos iluminados, les dio sus buenos dolores de cabeza y querellas recalentadas. Las otras identidades, sumidas en algarabías socialistas, eran las ánimas circulantes escapadas desde los tiempos de la Ilustración en calidad de sueños eremitas, navegando y enredados entre modas tipo, a inicios del siglo XIX.
Después, sobrevendrían las nuevas olas de aquellos frágiles de espina dorsal siempre enervados, que correrían a incarse ante la gatita de María Ramos y la luminosidad del Impressionnisme tipo siglo XX, per sæcula sæculórum, porque el amén de la terminación de la disputa, brillaba por ser oído.
Sí, quizás los labios en rictus espléndido advirtieron lo real e irreal de la verdad. Porque, aquí y allá coexisten infinidad de pistas y rugosidades al respecto.
Más hoy, cuando intereses foráneos tratan de vincular el símbolo original de esta mole de preciosidades estatuarias y uno de nuestros monumentos nacionales de mayor connotación, que nos hacen reaccionar frente a la tozudeces e irregularidades de los extraños (aliens) que nos invaden.
Por sinrazones tales, es mejor soltar una mirada auscultadora al despertar reminiscente, de algunos de los hechos, porque del decir, hay buenos trechos que recorrer.
El Impressionnisme, Señor Absoluto de tumbas, corazones y cuerpos de los adalides amortajados en Les Invalides y de la palabra versada musical de Claude Joseph Rouget de Lisle, en su “Chant de guerre pour l’Armée du Rhin” (Canto de guerra para el ejército del Rhin) y que a destiempo se desdobló en “La Marseillaise“, era la responsable absoluta de la pradera parisina en llamas.
Y bien que anduvieron cerca de la tenue línea anárquica, los nuevos sans-coulottes de la Comuna de París y de sus fantasmas de marxismo trunco, llamando al extraño peregrinaje alocado de un Adan comunista, una especie de gay filosófico (ahora el gobierno cubano los ha puesto de moda) correteando sobre una mula, como un travestí desnudo por las llanuras del tropo marxistas europeo.
Pero estos jacobinos de medio palo y peor pelo, ya no dispondrían un Robespierre cruel, por la simple razón de que  Adolphe Thiers les había sacudido las posaderas cuando asomaron greñas y orejas por encima de las barricadas parisinas, en ocasión de la Comuna de París.
Estos desclasados, no tendrían a quien seguir y deberían conformarse con un Marx, tambaleándose de brazos de otro timbalero del no hacer útil, su yerno, el cubano oriental Pablo Lafargue, casado con Laura, la segunda hija del filósofo y aspirante a economista.
¿Quién es esa muchacha?
Preguntó el rabino a su compañero en el banco del parque, mientras observó a la joven que, con paso decidido, se deslizaba frente a ellos. El otro, hizo un gesto de ignorarlo. Porque, de modo semejante en la Estatua de la Libertad coexistieron rugosidades e inquerencias respecto al carácter de la espiritualidad y objetivos de esta dama incógnita.

La figura adscrita a una delicada sensualidad más que romana o espartana, impregnada de fino aroma a bouquet parisino.
Y por que no también, del exquisito olor a floresta del hidrocarburo angoleño o de los cañaverales cubanos; por entonces; repletos de mambises enamorados de sus hembras trágicas y de la patria aherrojada.
Recordar que la faz de La Gran Dama nos señala, no por casualidad geográfica y sí democrática, las coordenadas de uno de los puntos más sensibles y conocidos de todos los despiertos; claro, por cada gente del valer, saber y también de valor del planeta entero: 48º 48′ de latitud Norte y 2º 48′ Este (06:00 PM hora de París). Es L’Étoil.
La estatua es la misma que aún hoy, reverdece con más intensidad en nuestro interés; cuando intenciones foráneas tratan de vincular el símbolo original de esta, uno de nuestros monumentos insignia, a propósitos egoístas amarrados a  agendas raras exo nacionales y peor, escondiendo clamores anexionistas.

–”Con los vientres y caderas de nuestras mujeres pródigas“.

Tal fue como nos advirtieron a cajas destempladas, algunos espaldas, pero no mojadas, en plena Zona Rosa de Ciudad México. Tales son concepto de doble standard separatista después de rellenar sus morrales, sin gota de patriotismo y sí con el doble infidelidad.
Es dar preponderancia al terruño que dejaron por ser infame cueva de estupefacientes, sobre el interés reverdecido de sueños en la patria adoptiva. La que sólo les reclama lealtades.
Todo, para que cambiemos el ropaje de quienes nos invaden, sin ser llamados ni necesitados. Así dicho, de manera brutal, sin ditirambos ni redondeces. Porque a mucho, América no me demandó que la hollara con mi pisada plana de size 14. Sucede que la cuerda de la paciencia, reiteramos, ya se le estaba acabando a los yankees.
Y duele otear por entre la rendija costal de Chrestus, a quienes piensan que EE.UU les debe algo por su impericia, morosidad y falta de tenacidades en tierras propias; no las ajenas transparentes y azuladas repletas de hacendocidad, probidad, honradez, productividad y riquezas bien habidas.
No obstante, este futuro advertido sobre las oleadas de piromaníacos de bardas vecinas, que arrasan nuestros bosques, el proyecto y armado de la estatua seguía su imparable cuesta arriba.
Bartholdi junto con el compositor Charles-François Gounod, auxiliados de pingües conciertos, tómbolas y loterías efectuadas por toda Francia –especialmente en París– lograron que los franceses reunieran los dos millones y cuarto de francos necesarios para proyectar y construir la descomunal obra estatuaria.
Ninguna mejor paradoja hoy, que la estatua clavada en el vértice del Hudson donde vería desfilar “carretas y carretones” cargadas de insomnes y de los expelidos ilegítimamente, sin posibilidades de emitir una sóla queja u opinión, contra quienes les arrollan su civilización.
Statue of Liberty
Mejor ojear, sin espantar los récords contractuales, hasta los tiempos presentes. Es que en los inicios de la idea de la estatua, la pieza no fue bautizada con el nombre oficial que ostenta, “Statue of Liberty“. No, fueron otros los pre rumbos e intenciones concurrentes en la génesis estatuaria, cuajadas de alegorías y muecas no declaradas, tal fue “Skrik” (El Grito) del holandés Munch, incrustado en la pinacoteca de Oslo.
Meditamos, porque cada 28 de octubre, la “Estatua de la Libertad” cumple años. La “Noble Dama”, fue erigida en la isla Liberty City (antes Bedloe’s Island), en la boca del Río Hudson, Puerto de New York con vista al de New Jersey.
El monumento, ya in situ, despertó los naturales recelos y pesares acerca de cuál de las ciudades; New York o New Jersey, correría con los gastos de su operación como atracción turística y además, los propios del mantenimiento, por la agresividad ambiental.
Finalmente New York, aceptó la encomienda y la esperanza del dinero federal para cumplir la tarea de preservación. Fondos, los cuales estuvieron pendulando en el clásico “veremos” por los ediles neoyorquinos.
Exactamente en ese punto de la decisión aunante de ambas orillas en impulsar la obra, convergieron dos desconocidos electrizados por Thomas Alva Edison. Sería en muestra de las asimetrías Id con las del Ego, de cada uno de los caracteres. Y también las ventoleras de quienes ya miraban de reojo a nuestra América, algo desprotegida.
Se trataba de dos actores desplegados en el lado estadounidense: la escritora y poetiza neoyorquina, la judía Emma Lazarus y el publicista de origen húngaro Joseph Pulitzer III, chocarían colosidades y entrecejos por una mayor comprensión respecto al regalo francés.
Los trabajos para armar la inmensa mole de cobre y acero, comenzaron tras una larga y tormentosa gestión del lado estadounidense, tendente a recaudar los fondos necesarios para construir el pedestal. Que aumentó al monumento en tanta altura como la de la estatua propia.
Desde mucho antes, un grupo de notables franceses gestores de la idea, ya habían cumplido la tarea de diseñar y construir la estatua en sí. Ahora les faltaba la palabra crucial: erigir. Es que no se trataba de una estatua cualquiera, por y para un país cualquiera
El drama de mármoles, concreto, cobre y aceros, atañía a los admirados y también envidiados, los Estados Unidos de Norteamérica.
La obra, por su inmensidad y peso, después que sus fragmentos fueron exhibidos  en un parque de terrenos parisinos, debió ser seccionada antes para transportarla a los EE.UU. Ello fue tarea cumplida por la fragata francesa, “Isère“. El conjunto del monumento se ejecutó bajo un despliegue de opiniones y circunstancias diferentes entre sí, en unos momentos de pareceres confusos y en otros, antagónicos.
Habría que entender a la América de los melting pots apacibles, no los de roñerías diversas y de los viejos mocasines que cantan siempre que hay fuegos en los manglares. Es que los danzantes con sus flechas, plumas, macanas, lanzas y tambores cocodrilos en ristre, siempre andaban en extraños saraos y kermesses vespertinos. 
La saga continua.
©Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   William Maxwell Evarts, era a la sazón Secretario de Estado del Presidente Rutherford B. Hayes y presidente de la Comisión para el Pedestal de la Estatua de la Libertad, estaba encargado de  la “Art Loan Fund Exhibition in Aid of the Bartholdi Pedestal Fund for the Statue of Liberty“.
(2)  Charles Henry Dow, fue un periodista norteamericano y co-fundador del “Dow Jones & Company” con Edward Jones y Charles Bergstresser. Dow, también fundó el “The Wall Street Journal”, el cual devino una de las más respetadas publicaciones financieras en el mundo Él, también inventó el denominado Dow Jones Industrial Average. (wik)

Un password a los “circunstantes”, para acceder al sitio del evento trágico


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Un password a los “circunstantes“, para acceder al sitio del evento trágico

De talk-shows en la radio y la TV 
Algunos analistas, especialistas, expertos y también eruditos; los cuales son invitados a programas de la radio o la TV; a veces nos dejan consternados a medias, cuando censuran su ego sin que nadie se lo sugiera y no emiten a cabalidad el juicio que le solicitan –que es la razón exacta de su invitación– sobre un asunto o dilema que el conductor del programa; por lo general talk shows; desea o propende a aclarar e ilustrar en interés de sus espectadores (TV), escuchas (radio) o lectores (prensa escrita) a los que convendría nominalizar por simple comodidad gramatical y así generalizarlos bajo el titulo de circunstantes“.
Esta labor iluminadora de la comunidad en esencia, es encomiable y útil en extremo. Sobre todo para aclarar o “destapar” temas nacionales, locales o internacionales ocultos u oscurecidos de manera intencional, por los autores y co-autores de los hechos. No resulta sorprendente para los circunstantes de nuestros medios, ni es un secreto, que a la vanguardia de estos medios combatientes se han colocado las emisoras de radio WQBA  con sus programas matutinos, vespertinos y nocturnos y las programaciones vespertinas  y nocturnas de los canales de televisión 41 y 22 de televisión. Ello es sin demeritar los esfuerzos de otras estaciones.
Una acción decidida y profiláctica de los gobiernos e instituciones devoradores de los dineros de nuestras ciudades y condados –en la realidad, nuestro propio dinero–, y que no por azares y si por malversaciones encubiertas, va a parar descaradamente  a los bolsillos de los oficiales y empleados de la fauna burocrática.
Esta conjuncion de factores no aleatorios, puede interpretarse como una auto protección del invitado a cubrir su aureola de credibilidad. Sucede que tal ingenuidad supina, no les permite entender de una y por todas que los totalitarismos nunca explican sus desmanes, porque siempre están expuestos al ridículo. Es como solicitarle al vecino cretinoide y desconsiderado, que nos explique la razón por la cual su recontra condenado perrito evacua sus hediondeces sobre nuestro césped en lugar de hacerlo sobre el suyo.  
Tal es el caso de los enigmas concernientes a la muerte alevosa de Laura Pollán donde, de inicio, se evidenció el interés de La Habana en manejar el concepto de “fallecimiento” de la occisa (la víctima) en lugar de “muerte” por parte de los victimarios. Luego, el invitado no se arriesga a emitir su juicio “hasta que no existan o aparezcan pruebas de que el suceso ocurrió en una u otra forma“.
Los ingenieros, arquitectos, físicos, médicos, economistas, abogados, comunicadores y otros de los que deben “quemarse el coco y regar la inteligencia” para comer; por los general; son rápidos y precisos en dar cualquier juicio sobre un tema. No sucede así con algunos filósofos, literatos, músicos, artistas y otros de las ciencias y artes blandas (sucede igual en los premios Nobel), que en alguna forma o momento incursionan en las que ellos estiman las  “riesgosas artes de la política”.
En estos últimos (nunca se dan golpes), es como si olieran con cuál paso caerán en una tembladera, de las que nos aterraban en nuestra niñez. Entonces parecería que estos invitados nunca dejaron de ser niños, como reflejos malos de los Peter Pan norteamericanos, atascados en plena adolescencia.
Laxitud
Es una actitud de disciplina laxa ¿…? que tiende a que el circunstante suponga, quizás, que dicha pose (temor) es para no incomodar a los castristas. Luego, es dar la impresión que donde dije dije, no dije nada.
Sin embargo, este arquetipo de invitado tiende a correrse hacia el rojo einsteniano, tal hace la Galaxia Kuklos por la tangente de la pérdida de tiempo y los galimatías de la bobería criolla y deja colgado su juicio ante el asombro de los circunstantes, según el caso; quien permanece trabado en su incomprensión no satisfecha, mientras el disertante pliega sus banderas y se retira incólume.
Se induce con tal actitud olímpica, un recurrimiento obligado al estilo de Cicerón. Porque eso no vale así y no por ética y sí, se presume, por falta de valor escénico el cual de manera indisoluble va ligado a una cuota de riesgo personal. Claro que esto no se refiere a aquellos cínicos que no quieren arruinar su próxima visita a La Habana, aunque sea familiar.
Saber que no se trata de dar la impresión de un huidizo por hábito, por supuesto que este no es el caso, sino de no ser mudo por levantar el escudo. Es envolverse en una pizca de educación formal, para perfeccionar el discurso. En el caso de la Pollán todo era evidente, tanto, que unas horas más tarde estalló el asunto en los medios informativos, nacionales e internacionales.
De modo que las lagunas sobre las denominadas sintomatologías recurridas por la Seguridad del Estado (SE), comenzaron a colmarse. Por lo que es lógico que ellos se defiendan como gatos “boca arriba”, porque esa manifestación, recordemos, es el sudor helado de la soberbia.
Sucedió en la hora cumbre de uno de los programas (8-9 p.m.) de un canal prestigioso que transmite toda su programación en español. El invitado, esquivó no se atrevió a dar su opinión sobre las circunstancias probables de que el evento no fuera un “fallecimiento”, sino una “muerte anunciada” como todo se evidenciaba hasta ese momento y prefirió quedarse colgado de la brocha.
En buena técnica de los talk shows, eso no vale. Como en todo evento público, existen reglas que nadie nos la dice pero se huelen, si nos sumergimos en el mundo de la lógica, quizás de la metafísica y que son evidencias que nos proporcionan el sentido común.
El error
El error del invitado le hizo resbalar cuando quizás turbado supuso que se trataba, por ejemplo, de un acontecimiento cotidiano sucedido en París, donde siempre habrá una respuesta cuerda por parte del gobierno interpelado y no en La Habana de intramuros, cerrada a cal y canto. De donde éste testigo debe recordar que en Cuba no hay otra “fuente no gubernamental” (FNG) que los refute o con la cual se pueda cruzar la información.
Luego, es imposible para la opinión pública, los medios, entidades, instituciones, el propio individuo como tal, etc., indagar sobre el origen y veracidad de estas sintomatologías y demás circunstancias vinculadas a la muerte de Laura Pollán, mencionadas por los voceros de la SE.
Es un evento, donde los obedientes aceptan las sintomatologías como “aducidas” mientras que los escépticos las suponen “inducidas”. Tal desconcierto se debe a que es el propio gobierno cubano el que fabrica y genera los partes médicos.
Los errores del invitado se basan en asumir que en algún momento, el centro emisor de los partes médicos; la SE (que no es mas que una Policía Política de un estado totalitario), enternecida por las dudas de sus opositores, aclarará o dirá la verdad, todo, dándole la vuelta que le dieran a los detalles. Nunca de los sistemas totalitarios emanará una verdad.
No sucede en Cuba, como tampoco aconteció durante la historia trágica y sangrienta del sistema comunista implantado en todo el bloque pro soviético, desde la hecatombe de 1917; cuando asesinaron a la familia imperial completa. O el escandaloso Holodomor o estarvación (muerte deliberada por hambre) desatada por los comunistas contra el campesinado en Ukrania (invierno de 1932-1933), en el denominado “Holocausto Ucraniano”, cuando literalmente fueron matadas de hambre 7 o más millones de personas inermes. Entonces, ¿les temblaria la mano a los castristas ante un ruiseñor aislado e indefenso?.
Es probable que alguien aconsejó y otro alguien tomó la decisión de sacar esa piedra del zapato. O quizás no. Eso tampoco lo sabremos. Como que nadie, ni ahora ni después, dispondrá de las evidencias cacareadas, por la simple razón de que estas pruebas se destruyen in situ.
Algunas almas pueriles del exilio, cautelosos siempre cuando recorren los estudios de radio y TV o sentados en el dintel de su tienda de campaña, aguardan apacibles el desfile de las “pruebas” que nunca aparecerán.
Olvidan plácidos, que tratan con totalitarismos no con sistemas humanizados protectores de sus ciudadanos. Y así dejan tupidos a los circunstantes. Es soñar inútilmente con obtener de “ellos” un pass word de acceso al sitio del evento trágico.
Sucede que todo encaja, a pesar de que el hermetismo siempre es útil a los totalitarismos y a otros pícaros, por lo que estos regímenes no permiten otra fuente de información independiente, que no emane del Templo y por boca de sus chamanes, a veces brujos o babalaows.
Es como situarnos en Delfos, Luxor o en el Templo Mayor de Tenochtitlán; para que obediente como lebreles; escuchemos las moncergas y diatribas de los elegidos, que nunca jamás nos cantarán odas gregorianas. La cuota de riesgo (postura) siempre debe ser observada por el invitado o disertante, para evitar su deslustre.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
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¿Ultimada en Cuba la opositora Laura Inés Pollán Toledo, presidenta de las Damas de Blanco? *


¿Ultimada en Cuba la opositora Laura Inés Pollán Toledo, presidenta de las Damas de Blanco? (*)
(Seria algo muy bochornoso para los comunistas, porque les implicaría: To Kill a Mockingbird)

Noticia de impacto para el pueblo cubano
En esencia, se habría tratado de algo bien sencillo, o por lo poético o macabro: matar a un ruiseñor. Es que todos coincidían en que el frágil ruiseñor, estorbaba por su valentía. No dispararle, tal acostumbran los hitmen “segurosos”. Sino, bastaba estrujarlo con la siniestra, la mano más diestra en todos los comunistas. Esa manera de ultimar un pajarito, la narra Esopo en la  fábula “El pícaro“. Así de fácil, para cualquiera de los animalejos enmarañados con la filosofía idiotizante del materialismo dialéctico e histórico. Porque esta filosofía, los comunistas cubanos han logrado sublimarla con destilaciones, hasta reducirla en sus retortas alquimistas, a una deliciosa melcocha cristalina: la miel de purga.
Ahora, retornando al mundo real hablamos del miedo animal, al que le dicen: “terror cotidiano
Es por lo que en Cuba y de igual modo en las diásporas del exilio, o donde lata un cubano solitario con su empresa de alquilar camellos o renos; se rumora con fuerzas casi ciertas; que la luchadora anti-castrista, opositora del régimen comunista cubano y adalid por la libertad y los derechos humanos, Laura I. Pollán, presidenta del ya famoso y prestigioso grupo contestatario “Las Damas de Blanco“; ha sido ultimada en el hospital “Calixto García”, en La Habana. Allí fue donde apareció recluida, desde días antes, según el parte inicial de la Seguridad del Estado (SE), “por dificultades respiratorias y síntomas de dengue“.
Saber, que en Cuba no hay otra fuente “no gubernamental” (FNG) que los refute o con la cual se cruce la información. Luego, es imposible para la opinión pública, los medios, entidades, instituciones, etc., indagar sobre el origen y veracidad de estas sintomatologías, que los obedientes aceptan como “aducidas” mientras que los escépticos las suponen “inducidas”. Tal desconcierto se debe a que es el propio gobierno el que fabrica y genera los partes médicos.
La situación creada por la “inesperada falla de salud” de Laura, hizo que el gobierno reforzara su vigilancia. El hospital, fue tomado militarmente. Sucede que esta cubana, con las bragas bien puestas; no era una paciente común, sino que de jure y de facto (sin antagonismos gramaticales ni jurídicos) se había convertido en la líder política de las mujeres cubanas oposicionistas; porque no se trata sólo que Laura liderara las “Damas de Blanco; organización de la cual fue fundadora; sino que descolló como la figura cubana cimera a nivel nacional e internacional, reconocida en cada lugar donde se respetara la libertad y los derechos humanos.
Luego, para el régimen, ella se había transformado en un descomunal torbellino político y social, no visto en años. Es probable que alguien aconsejó y otro alguien tomó una decisión. O quizás no. Eso nunca lo sabremos. Tampoco nadie, ni ahora ni después, dispondrá de evidencias. Algunos pueriles del exilio, cautelosos como siempre cuando recorren los estudios de TV y sentados en el dintel de su tienda de campaña, aguardan orondos el desfile de las “pruebas” que nunca aparecerán. Olvidan plácidos, que tratan con totalitarismos.
Sucede que todo encaja, a pesar de que el hermetismo siempre es útil a los totalitarismos y a otros pícaros, por lo que estos regímenes no permite otra fuente de información independiente, que no emane del Templo y por boca de sus chamanes, a veces brujos o babalaows. Es como situarnos en Delfos, Luxor o en el Templo Mayor de Tenochtitlan, escuchar las moncergas de los elegidos.
De hecho, desde siempre, el pueblo cubano dejó de creer en lo proveniente de los medios de información estatales los cuales amparan los intereses de los dictadores. Luego es imposible que nadie crea una sola palabra al régimen plantado en La Habana acerca de nada, ni sobre nada.
No es sorprendente, que surjan dudas absolutas sobre todo lo informado por la SE en relación al estado de salud real de Laura Pollán, del mismo modo que todo lo concerniente al Dr. Fidel Castro Rúz o al Sr. Hugo Chávez Frías, por dar ejemplos, es sórdido y oscuro como en otros casos, donde ha reinado el silencio y el misterio.
Así, ni los Castros  ni sus seguidores, ofrecen garantía alguna en los informes de la SE (Policía Política), porque todo les ha fallado siempre, lo han escondido o tergiversado, con impunidad absoluta. Es el disfrute pleno del poder. Y la gente siempre se pregunta: ¿por qué creerles ahora?.
Recaba la atención, que es vox populi entre los cubanos en general, especialmente los opositores y disidentes; el temor a ser internados en hospitales estatales (no hay otros) porque todos esos centros están controlados por los órganos represivos del gobierno y en especial, y el pueblo se pregunta, el por qué los médicos y personal de la salud comprometidos con el gobierno, son tozudamente fanáticos leales al régimen y no al juramento hipocrático, mostrando que son galenos inéticos, peligrosos. Mejor, como la voz popular les apoda: Dres. Menguele ya cuajados en la Animal Farm caribeña.
Considerando también que en general, todos los médicos y demás personal asistente, sean o no de confianza, tienen que ser miembros del Partido Comunista de Cuba (PCC) para ejercer la profesión, según han declarado en las distintas diáspora cubanas, otros médicos y enfermeros exiliados o disidentes.
Es popular que a los hospitales cubanos (del mismo modo que sucedió con los existentes en los gulags del bloque comunista), se les denominen “mataderos de opositores y disidentes” o MOD, ya sea porque el paciente fue internado en esos centros o por haber concurrido a los mismos en búsqueda de servicios médicos ambulatorios.
Luego, no es de extrañar que Laura se negó a ser chantajeada si aceptaba que la  internaran en el CIMEX; sabiendo que entre otras dependencias, se trata de un escandaloso sistema hospitalario exclusivo para los altos oficiales y dirigentes, e incluyendo sus familiares, amigos y amigas.
Una de las notas primeras, sino la única porque el régimen no informó nada al pueblo, sobre la muerte de la luchadora anti-castrista; fue suministrada a través de Twitter, por la conocida y valerosa opositora y bloguera; varias veces laureada con premios y distinciones internacionales, Yoani Sánchez.
Laura Inés Pollán Toledo, de 63 años, era esposa del ex-prisionero político Héctor F. Maseda, quien fue uno de los 75 disidentes y opositores encarcelados en el 2003 por el régimen comunista de Cuba, en la que se difundió internacionalmente como la “Primavera Negra“. Este cubano, a pesar de las presiones de la oficina cardenalicia, nunca quizo abandonar Cuba.
Esta acción represiva de los Castro, inhumana, se consideró una venganza del gobierno por el apresamiento, juicio y encarcelamiento de los espías integrantes de la “Red Avispa“, involucrados en crímenes y delitos graves (confesados), como el derribo de la avioneta de “Hermanos al Rescate” y el consecuente asesinato de los tripulantes.
En su calidad de líder de la agrupación femenina las “Damas de Blanco”, Laura ganó notoriedad nacional e internacional por su lucha frontal contra los desmanes de la dictadura castrista y su batallar por la libertad de los presos políticos.
Las “Damas de Blanco” fueron galardonadas en el 2005 con el Premio Zajarov (instituido en honor al físico nuclear ruso Andrej Zajarov), el cual constituye la más alta distinción que confiere el Parlamento Europeo a quienes luchan por los Derechos Humanos, tal es el caso de Cuba.
Héctor Fernando Maseda Gutiérrez, el esposo de Laura, es un ingeniero nuclear; presidente del Partido Liberal Democrático de Cuba; quien es en la actualidad periodista independiente. Este luchador, se destacó en áreas científicas en Cuba. Integró el Centro Nacional de Investigaciones Centíficas (CENIC) y realizó diferentes labores dentro de la estructura del gobierno, incluyendo actividades diplomáticas y fue fundador de la Sociedad de Física de Cuba. Harto de los desmanes comunistas, se declaró disidente y pasó bajo riesgos inmensos a las filas activas de la oposición. De hecho, otra víctima posible de la furia castrista.
Según fuentes allegadas a las Damas de Blanco, hay fuertes rumores de que el crimen –que nadie descarta, por la infinidad de casos anteriores de pacientes fallecidos o accidentados en circunstancias extrañas, todos vinculados a la política o por ser disidentes de las filas del propio gobierno– fue ordenado directamente por las más altas autoridades del régimen implantado en Cuba.
Las mismas fuentes independientes indican que la consumación de los hechos, estuvo a cargo de médicos cubanos (oficiales de la Seguridad de Estado) que se hicieron cargo de la Sala de Cuidados Intensivos de dicho hospital, siguiendo instrucciones de la Policía Política y según órdenes expresas recibidas en el Ministerio del Interior.
Estas graves aseveraciones deben ser tomadas con cautela, dado que pueden estar basadas en rumores, deducciones y conjeturas, que independiente de su posible veracidad trágica, como todo apunta, serian inconfirmables.
Preparación de la crisis final
Según especialistas en temas médicos y de inteligencia del exilio, se asume que los ataques físicos contra los opositores y disidentes, en particular las Damas de Blanco y en especial los dirigidos a su presidenta fallecida Laura Pollán –de lo cual existe una amplia muestra video gráfica–, fueron y son motivo de preocupación permanente, considerando la oportunidad de camuflar el objetivo verdadero del atentado personal, con estos ataques encubiertos como martingalas o artimañas disociativas.
Ello es considerado de esta forma, dado que en el transcurso de dichos ataques por agentes gubernamentales (disfrazados de turbas) dirigidos por el régimen contra estas damas inofensivas e indefensas; las mismas son arañadas y golpeadas con objetos desconocidos, mordidas, cortadas, pinchadas con agujas, picadas con tijeras y se teme que, por dichas vías y métodos, es posible que le introdujeran a Laura Pollán las infecciones que dieron inicios a la crisis, que la condujo a caer al final en manos de los médicos de la Policía Política, sus verdugos.
De modo igual, indicaron las fuentes, que estos ataque se repiten a todo lo largo y ancho de la isla en contra de estas mujeres y hombres, opositores y disidentes.
Expertos médicos y analistas de inteligencia en asuntos cubanos, consultados en el exilio, aseguran que a pesar del inmenso costo político para el régimen, estiman factible que durante los maltratos, encierros, comidas, bebidas, medicinas u otros vectores; sufridos por todos los opositores al régimen castrista.
En el caso de Laura Pollán u otros, le pueden haber inoculado virus de cultivos muy activos (mortales) del dengue, neumococos, estafilococos dorados u otros agentes patógenos y/o además de drogas o pócimas de acción inmediata o retardada, según el caso, los cuales a su vez son indetectables por las autopsias (que por otra parte siempre son manipulables por los totalitarismos) u otros métodos analíticos directos o indirectos de la medicina legal
Es conocido, que inicialmente la Seguridad del Estado castrista obtenía dichas drogas y pócimas de su homóloga en la URSS –se comenta que en la actualidad, son producidas en el CENIC, sobre lo cual existen denuncias acerca de estas y otras actividades delictivas–; donde eran utilizadas ampliamente por la medicina rusa a instancias de la KGB, para lograr en los prisioneros (en realidad condenados) un paro cardíaco inmediato o retardado, que no dejan rastros. Considerar que absolutamente en todos los regímenes comunistas (o totalitarios), además, los involucrados en autopsias o medicina legal, son miembros de la Policía Política.
Reclaman juzgar a los médicos y otros involucrados
Desde Cuba, se señala que el pueblo y la oposición, incluyendo las diferentes diásporas cubanas; se reclaman ya los nombres de los directores del Hospital “Calixto García”, Sala de Cuidados Intensivos y el resto de todo el personal médico y de enfermería ligado a la muerte de Laura; a fin de que sean conocidos de la opinión pública nacional e internacional, de manera que con posterioridad sean llevados al Tribunal Internacional, de La Haya mediando la Interpol y otros organismos judiciales que tratan estos genocidas.
La noticia de la muerte de Laura, tras ser entregada viva al hospital, ha sido confirmada por los familiares, activistas de las “Damas de Blanco” y otras fuentes independientes en Cuba.
Descanse en paz la ferviente luchadora por la libertad y los Derechos Humanos en Cuba, Laura Inés Pollán Toledo.  El pueblo y los luchadores por la libertad de Cuba, reclaman que sus victimarios, paguen por este otro desmán político horrendo. Los cubanos exiliados que admiraban a Laura y a las Damas de Blanco, han extendido el pésame a la organización y a la atribulada familia de Laura I. Pollán, por lo inconmensurable e irreparable de una pérdida tan preciosa.
Fin de la nota periodística.

Octubre 15 de 2011     00:04 h

(*)   En este trabajo, concurren informaciones, conjeturas, razonamientos y opiniones de fuentes diversas, nacionales, internacionales y de Cuba.
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**.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución? II/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
**.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución?
II/II

Aquí lo que cuenta, es una inscripción de nacimiento“, dijo tembloroso, el funcionario al Coronel 
Los dos carros negros oficiales se detuvieron en la casona que albergaba la Junta Electoral Nacional. Del primero, descendieron el Col. Fulgencio Batista, su secretario y uno de sus abogados; del segundo carro, el resto de los escoltas, todos con Tommy Guns (Chicago Piano, entre otros apodos, por representar un arma de destrucción absoluta). En este caso, todo el armamento y seguridades estaban de mas. Porque se trataba de un aspecto importante para el coronel, sin ninguna vinculación con la violencia que sus enemigos le atribuían. Este solicitante, sólo pretendía inscribirse como cualquier ciudadano común, en la lista de los candidatos para las presidenciales en las elecciones convocadas finalmente, con la evocación de Jesús, del decisivo 1940. El Col. Batista, siguiendo las recomendaciones de su ministro de Relaciones Exteriores, optó por someterse al escrutinio de las urnas y dejar para un posible segundo round, la siempre disuasiva musculatura de sus bodygards y sus “brigadas de inmortales”.

Señor funcionario —adelantó Batista—, yo soy el jefe del Estado Mayor del Ejercito de Cuba y las demás fuerzas militares, y vengo en cumplimiento de las leyes electorales a solicitar mi inscripción como candidato presidencial, para las elecciones próximas de mil novecientos cuarenta.

Dijo, escueto, y quedó en espera de la reacción del funcionario. Sucedieron unos segundos interminables. El funcionario pareció tomar aire y advirtió a Batista.

Usted me dispensara coronel, pero para registrarse en la lista de candidatos presidenciales para las elecciones de mil novecientos cuarenta, o sea el año que viene; yo debo inscribirlo formalmente con el nombre que usted me dice. Pero, por la Ley Electoral recientemente aprobada por el Congreso de la República, usted debe presentarme una partida de nacimiento donde coincidan el nombre que usted me dice con su nombre completo de “Fulgencio Batista y Zaldívar”. Sucede que este último, no con el de “Ruben Zaldívar”, como dice esta otra. Le ruego, coronel, que usted entienda mi situación. Porque encima de mí, tengo todos los magistrados del Tribunal de Elecciones y si yo infrinjo la ley, ellos me van a dejar “entero como el picadillo”. Créame que lo lamento mucho. Pero aquí lo que cuenta es una inscripción de nacimiento, válida.

El hombre concluyó su extenso parlamento, con voz temblorosa y entrecortada, que se le apagaba por momentos. Como si sus pulmones les estuvieran desinflando como un globo. Frente a él, estaba parado el hombre más poderoso y temido de Cuba.
Cuando Batista miró fijamente al funcionario de clase cuarta que tenía sentado enfrente, fue el momento exacto en que el hombre pareció derretirse y comenzó a temblar. El funcionario miró con espanto al oficial que tenia enfrente. Si, era el mismo Batista del cual había escuchado los mejores y peores epítetos.

Lo que yo creo es que, lo del picadillo suyo; mi amigo; le quedara y… —trató de intervenir Dulcineo en un tono agresivo.

Este guardia corpulento era uno de los “músculos” que cuidaban los cuatro costados de Batista. Dispuestos expresamente por José Eleuterio Pedraza, Jefe de la Policía Nacional. Pero Batista lo detuvo con un gesto de su fusta.
Luego quedó inmóvil y con la fusta comenzó a golpearse levemente el costado de la bota derecha, tal si ganara en paciencia. Su cara pareció adquirir una tonalidad al parecer rojiza, algo impensable en quien se estimaba por sus rasgos y color de la tez, con alguna descendencia filipina o malaya.
Lo que pareció furia, no era tal, pues el candidato presidencial lo que estaba era abochornado del papelazo que le hizo pasar la educación y firmeza que adornaban a aquel funcionario de su propio gobierno. Entonces se levanto le dio la mano y las gracias al hombre, y se fue por donde vino, seguido de Dulcineo y sus otros escoltas. Sin quererlo, Batista había aprendido la misma lección de entereza que esperaba de sus subordinados.
Una historia ha, del Coronel y el Enviado Especial
El original Fulgencio Batista, ahora General en Jefe de todas las Fuerzas Armadas de Cuba —selfman por excelencia— era hasta septiembre 4 de 1933 un excelente sargento-taquígrafo, autodidacta, inteligente y perspicaz; con grandes sueños y proyectos sobre los cuales el estaba convencido, por una simple cuestión de clase social, de que nunca alcanzaría. Eso sí, ejercía su función de taqui-meca, de manera impecable, durante los juicios en los tribunales militares del Estado Mayor del Ejército Constitucional de Cuba.
Sabemos que en abril de 1933, Washington envió a Benjamin Sumner Welles en calidad de procónsul, a los fines de mediar entre el gobierno machadista y los diferentes grupos oposición política. Ciertos grupos de militares y líderes civiles, fueron contactados por Welles para sondear lo referente a la remoción definitiva del Presidente Gerardo Machado.
Derrocado Machado y conformada la “Pentarquía”, Welles fue advertido de que podría encontrar un aliado potencial, en el líder de un grupo de sargentos y soldados que conspiraron en la Unión Militar de Columbia a los fines de un “cuartelazo” contra el gobierno de Gerardo Machado.
Luego Fulgencio Batista se convirtió de inmediato en un factor de interés para el State Department, atentos a los intereses de los inversionistas. Inmediato que el gobierno de Machado fue derrocado, y el sargento Batista emergió como Jefe de todas las Fuerzas Armadas; por designación de la Junta de Gobierno que tomó el poder; Welles aceptó concederle una entrevista al nuevo líder castrence. El punto a considerar: el posible reconocimiento  de los Estados Unidos del gobierno revolucionario de facto

Entiendo que usted es la única persona en Cuba que hoy, representa la autoridad —acentuo Welles, diáfano, para que su interlocutor comprendiera la calibración que había realizado en gobierno norteamericano sobre el mismo: El Col. Fulgencio Batista

Pero esa autoridad seria fuertemente reforzada, en beneficio mutuo, si nuestro gobierno fuera reconocido por los Estados Unidos  —declaró Batista y compuso una expresión como de quien espera una respuesta—.  ¿Qué desearía su gobierno del nuestro, para lograr el reconocimiento?

Yo no estipulé condiciones específicas, porque el asunto de su gobierno es un asunto de Cuba y es para que usted decida lo que va a hacer al respecto. Nosotros, siempre estamos expectantes —replicó Welles.

Para el entendimiento de Batista, esta fue una invitación tácita para que fuera “el”, y no otro, quien gobernara en Cuba.
El trillo se convierte en autopista
Largo y tedioso resultó su camino desde el batey natal de Banes, hasta situarse de una manera sorprendente, entre los líderes (en realidad, el principal y de mayor peso) que en la década de 1934 al 1944 decidían sobre los destinos de aquella Cuba emergida tras el vendaval machadista y la posterior incipiente etapa proto revolucionaria.
La etapa de incomodidades de estar sentado sobre bayonetas, había pasado a la historia y se encontraba inmerso en otras preocupaciones, para cosmetizar su imagen pública, más ahora en 1940 que tenía el visto bueno de Washington.
En la madrugada del 4 de septiembre de 1933, seis años atrás, la balanza del poder compartido entre civiles y militares de bajo rango, se inclinó definitivamente hacia los últimos. Porque eran los poseedores de la disciplina de combate y lo vital, las armas.
Aquella masa enardecida, se mostraba dispuesta a sacudirse a los “oficiales opresores”, que por cierto nunca existieron así ni se comportaron como les endilgaban las opiniones de los vencedores. Su quehacer exclusivista, como clase castrense, no difería en nada de cualquier otra élite militar de academia, las de antes y las de ahora.
Eran y son los motes propios que revoloteaban en las épocas en que los países andan en revoluciones o agitaciones levantiscas.
Los anarquistas, se hacían eco y aunaban los fantasmas fabricados por sectores del ala izquierda oposicionista; a la cual se adherían los azuzadores comunistas; intentando confundirle al pueblo llano, siempre alelado, afirmando que los integrantes de la oficialidad de academias son umbilicales con la alta burguesía.
En la realidad, esta oficialidad estaba nutrida por las pequeñas y medianas capas burguesas. La oficialidad era la figura contra la cual las clases y sargentos pudieron despotricar ilesos, no contra las grandes compañías y los ricos. Todo ese cantar, se inició desde el mismo instante en que se produjo la caída estrepitosa del gobierno machadista, el 12 de agosto de 1933, anterior.
Los conspiradores, sin un plan detallado, se encontraron de pronto con que entre sus manos se revolvía un coup d’etat, en realidad un “complot de los sargentos”(1) Ya desde esa madrugada septembrina, Batista comenzó a moverse con cautela, aunque conociendo a fondo los puntos claves hacia donde dirigir sus capitanes (jefes de grupo) y los hombres de sus destacamentos respectivos.
Alguien señaló por ahí que fueron los sargentos principales quienes metieron a Batista en el complot. Razón: “porque éste era el único que poseía un automóvil (un lujo en aquella época), para moverse con rapidez“. Claro, era una patraña.
Tal vez parecieran decisiones tomada sobre la marcha, pero todo se precipitó, exactamente, en el momento en que divisó la rendija apropiada en aquel maremágnum revolucionario, y como todo en arrebato propio de lo tropical. Su intervención, un verdadero desconocido entre las filas civiles y militares, excepto en las de los soldados, fue la fuerza inesperada pero catalizadora de los ánimos y exhaltaciones en ese amanecer.
El diversionismo provocado por la intromisión de los comunistas con su retórica inflamatoria y la consecuente e inmediata expulsión de sus enviados del local del Club de Alistados; fue apagado por parte de aquella masa integrada por los militares, Directorio Estudiantil Universitario (DEU), anarquistas, abecedarios (ABC) y otras facciones.
Estaba incluida su respetada tropa de choque, la cual la constituían los abecedarios, anarquistas, libertarios y otros.
Casi todos integrados en comandos dedicados a actividades terroristas (iguales a los que en su tiempo y durante su revuelta, el Dr. Fidel Castro Rúz desplegó en las ciudades y a los cuales denominó “Grupos de Acción y Sabotaje”). Se trataba de simples suicidas patrióticos, pero sin el “viento divino” que adorno a los kamikases, y que salvo a Japón en 1281, hoy revolucionarios arrepentidos y desertantes en masa de las hueste castristas.
Al precipitarse la conformación de la Pentarquía, Pedraza y López Migolla se fundieron en una misma sonrisa de triunfo, en cuanto observaron la soltura tozuda del discurso de Batista; en atreverse a cursar las primeras órdenes en voz alta a los líderes militares a quienes tomarían las unidades gubernamentales, policía, ejército, emisoras de radio y centros claves, sin que ningún otro líder se le ocurriera chistar.
Él, era el Hombre de ese momento álgido y para demostrarlo, gesticulaba con fuerza y repetía una y otra vez “sus órdenes”, a viva voz a los mensajeros o por los teléfonos de campaña, instalados de inmediato a espaldas de los concurrentes. El trillo iniciado en Banes, terminaba por convertirse en una autopista.

Claro, que esto no es el asalto al Palacio de Invierno —ironizó Sergio Carbó, dirigiéndose a Carlos Prío, sentado a su lado y cabeza  del aguerrido Directorio Estudiantil Universitario DEU —. Pero tengo la impresión de que sucederá lo mismo.
Mira Sergio —apuntó Carlos Prío— este tipo, esta jugando con nosotros y no hay porque dejar de tenerlo a mano.

De una junta volátil a una Pentarquia
Benítez Pancorbo dio el parte de su gestión por teléfono, posesionado ya del mando en el Cuartel Maestre de San Ambrosio; calculaba los pertrechos que necesitarían 1,500 tropas, durante las 72 horas previstas para controlar la capital.
Tras largas deliberaciones, en la mañana del 4 de septiembre de 1933, Cuba tuvo un nuevo y denominado Gobierno Colegiado. Se le denominó “colegiado”, por sus características especiales de ser una “junta de notables”. Ello preocupo a Washington, de donde partiría la orden de enviar naves de guerra con vistas a una posible intervención militar.
Ello significó un escándalo vorticial que el Presidente Céspedes, sorprendido, sólo atinó a ver desatarse en su vaso de agua junto con el colagogo y que lo arrastró al abismo de la indiferencia, junto con todos los hilos de su efímero gobierno.
Una proclama de los estudiantes, intelectuales y soldados fue enviada a la prensa y radio, explicando los motivos y objetivos de la revolución contra Céspedes y su gobierno. La firmaban entre otros civiles, aquellos que después serían presidentes de la República de Cuba con los nombres de: Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia de los Reyes Gavilán y Carlos Prío Socarrás.
De los 19 firmantes, como señalamos,  la rúbrica del único militar de entre ellos fue la que apareció al final y quien también oficiaría más tarde como presidente electo de la república de Cuba, por el voto popular. Tal si con dicha firma, el Asunto Cubano podía darse como concluido.
Era la firma de un anodino sargento-taquígrafo, ningún otro que el ya mencionado Fulgencio Batista y Zaldívar. A su vez, era el nom de guerre que utilizaría durante los subsiguientes 6 años, debido a que nació “Ruben Zaldivar” (por la madre), entonces designado con el infamante para algunos despechados, SOA, o sea,  “sin otro apellido”. Del mismo modo le sucedió a Fidel Castro
El rollo se destapó, porque no existía una inscripción de nacimiento con el nombre de “Fulgencio Batista y Zaldivar” que mostrar a las autoridades electorales, cuando aspiró a Presidente de la República para las elecciones de 1940.
Este líder era una rara avis para los duchos ilustrados en política nacional e internacional y el carácter culminante del drama, porque Batista firmó premonitorio, en calidad de “Sargento Jefe de todas las Fuerzas Armadas de la República (de Cuba)”. La intención manifiesta de Batista no era esperar las calendas griegas, manso, varado en ese punto e instante crucial.
La anterior “Unión Militar de Columbia” (UMC), se había transformado en la “Junta Revolucionaria” (o “de los Ocho”), integrada por Pablo Rodríguez, Fulgencio Batista, José Eleuterio Pedraza, Manuel López Migolla, Juan Estevaz Maimir, Ángel Echevarría, Mario Hernández y Ramón Cruz Vidal. Ya precticamente en desbandada, cuando corrieron a ocupar los puestos ordenados por Batista.
Ellos constituían un selecto grupo de entrañados con la política cómica, cuyos miembros se habían repartido la “piñata” de mandos, responsabilidades y los inseparables peligros inherentes a los osados. Todos, aspirantes a ser los dueños del mando supremo.
Tras bambalinas, los militares serían quienes detentarían el poder real en Cuba, durante los dos lustros siguientes. Horacio Ferrer, Francisco Tabernilla Dolz y Manuel Benítez, todos oficiales de academia del Ejército Nacional anterior (machadista), renunciaron a sus grados y se integraron al golpe cívico-militar, como simples soldados.
Con inconmensurables esperanzas ciudadanas, se inauguró el nuevo gobierno al que se le denominó finalmente, “Pentarquía”. Ello fue consenso, después de aceptado con antelación un programa coherente, como el del DEU entramado con el del ABC.
El Dr. Ramón Grau San Martín resultó el Presidente, Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, Sanidad y Beneficiencia; José Miguel Irizarri cobró la atención de Obras Públicas, Agricultura, Comercio y Trabajo. Les acompañaban en la aventura, Porfirio Franca en Hacienda; Guillermo Francisco Leopoldo Portela Möller en Estado y Justicia.
Sobre Sergio Carbó Morera recayeron las secretarías de mayor peso, más en aquellos momentos, las carteras estratégicas de Gobernación, Comunicaciones, Guerra y Marina.
Carbó, junto con su inmenso prestigio controlaba las estratégicas fuerzas militares, judiciales y de policía.
Un trío preocupante para los EE.UU
Este hombre poderoso, en unión de Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras Holmes, eran estimados como el triunvirato civil perfecto para domar a Batista y al resto de los líderes militares nacientes. Pero la cosa no funciono así. Guiteras, en unión de un  grupo de sus seguidores, fundó una organización revolucionaria que denominó, “La Joven Cuba”.
Esa tarde, cuando Céspedes llamó a la cocina de Palacio, nadie contestó. Ya los Pentarcas y sus escoltas habían tomado posesión del Palacio Presidencial, mientras Batista anunciaba eufórico a Sommer Welles las indeseadas nuevas de un país en plena revolución.
Grau, fue el encargado de notificar la infausta noticia al depuesto presidente Céspedes, quien entregó al mayordomo las llaves de la casa presidencial y abandonó Palacio sin sus ayudantes.
Welles olfateó, después de ser informado por sus escuchas, que los nuevos gobernantes acusaban “tendencias comunistas”, en especial Carbó, Grau y Guiteras. Washington acarició la idea de enviar una escuadra a Cuba, acudiendo a la Enmienda Platt, la cual cernía aún su poder de alternativa sobre la Isla de Cuba y sus cayos adyacentes.
La Pentarquía ofició hasta el 10 de septiembre de 1933, con la proclamación del Dr. Ramón Grau San Martín, como Presidente Provisional y único de Cuba. Éste, no juró el cargo y la Constitución de 1901 ante el Tribunal Supremo, tal era lo acostumbrado entonces; sino ante el pueblo al cual convocó a reunirse frente a la terraza norte de Palacio, el día de la proclamación.
En enero 14, 1934, concluyo la etapa presidencial de Ramón Grau San Martín; cuando este fue forzado a renunciar, por Batista y sus seguidores; para dar paso al predilecto por Batista y Welles, Col. Carlos Mendieta Montefur, medico y coronel del Ejército Libertador. Cinco días después, Washington reconoció al nuevo gobierno cubano.
Durante el transcurso de la década próxima, iniciada con el nombramiento de Carlos Mendieta Montefur (1934-1936),  quien desempeñó un actividadó discreta pero efectiva y Batista, desde las sombras, puso en la presidencia de la república, ademas, Jose Agripino Barnet y Vinagres (1935-1936) , Miguel Mariano Gómez Árias (1936-  destituido por el Congreso en diciembre 20, 1936), Federico Laredo Brú (1936-1940).
En 1940 Fulgencio Batista y Zaldívar, tras aprobarse la Constitución de 1940; resultó elegido presidente por el voto popular en hombros de una coalición de partidos; incluyendo el Partido Comunista, para el período (1940-1944), cuando entregó mansamente la presidencia al Dr. Ramón Grau San Martín (1944-1948) a quien siguió el Dr. Carlos Prío Socarrás (derrocado por un golpe militar de Batista), dando inicios a la era de los “auténticos”.      
Un sargento llamado Batista“,  advirtió Welles
En el Hotel Nacional, Welles redactó un cablegrama trascendental. Contestaba el similar recibido desde Washington, en el cual le solicitaban indicar, “quién realmente mandaba en Cuba”. Welles trajo a su mente (así le describieron)la imagen de un tipo no alto, de habla gutural, tendente a lo rechoncho, cara redonda, piel color cartucho, de boca ranina y otras etcétera, no precisamente cinematográficas.
Se trataba de un líder con los pantalones bien puestos y que, no por casualidad, era el Big Boss; y quien en el patio cubano impartía las órdenes al Ejército, políticos, funcionarios y mantenía el orden en Cuba. Signos inequívocos, de que los interesas extranjeros invertidos en Cuba, estaban garantizados. Algo, que desde el punto de vista político y económico, no era nada despreciable para la cancillería norteamericana.

—”Un sargento llamado Batista” —señaló Welles, en su lacónica respuesta a los halcones del Potomac. Esta frase histórica, en los tiempos siguientes, se tornó simbólica para los unos y escalofriante para los demás.

El mencionado, ajeno al intercambio epistolar —lo cual tampoco le importaría, de saberlo—; ya de manera precavida, se enfrentaba a la Trigonometría del alza y deriva de los cañones de montaña, entonces, arriados por mulos. El líder intuía latente, algún tipo de enfrentamiento inevitable e inmediato con los oficiales de academia, quienes se alzarian contra el gobierno a inicios del octubre siguiente. 
Un hecho, de los tantos transcendentales que rodearon la vida de Fulgencio Batista, aconteció la tarde de septiembre 8, 1933; cuando el ministro de Gobernación Carbó recibió a Batista, quien andaba quejoso de que los oficiales afectos al nuevo gobierno revolucionario surgido el 4 de septiembre anterior, no le prestaban caso ni le obedecían por ser un simple sargento taquígrafo.

Es penoso, senor ministro, pero el gobierno revolucionario debe hacer algo, antes de que sucedan males mayores. Los oficiale hablan de un alzamiento y de otras cosas por el estilo —le anunció Batista a Carbó, expectante.

Entonces, te nombramos General y sanseacabó —apuntó Carbó,  jocoso, sabiendo que tal rango no existía en el Ejército de entonces.
Por favor, señor Ministro, es demasiado, —respondió Batista, con el aire modocito de “non queiro, non queiro, pero échamelo en el sombreiro“.

Carbó miró de hito en hito la guerrera impecable, las botas de oficial de piel de cochino con espuelas, el sable, la pistolera y la enorme gorra de plato. Todos relucientes. Después le anunció:

No estas mal para fungir de oficial. Pues, entonces, te haremos Coronel —sentenció el Ministro y agregó irónico—: Tú sabes, pondremos “por méritos de guerra y las otras etcéteras acostumbradas” y sanseacabó.
—Pues así sea, Ministro, y le agradezco —asintió Batista, cuadrándose militarmente y quien no brincó de gozo, en aras del protocolo.

Tal resultaría el inicio de los siguientes fabulosos cien días del gobierno de Grau y Guiteras, y de la carrera de este líder de botas y guerreras, las cuales entonces le quedaban grandes en responsabilidad y sapiencia, pero que era portador de una audacia excepcional. De esa unión política, Cuba pudo ver los decreto y leyes, estimados los mas beneficiosos que se emitieron para gozo del pueblo.
De inmediato Guiteras pasó a la filas de los enemigos de Batista, hasta que  cayó el 8 de mayo de 1935, en unión del venezolano Carlos Aponte, peleando contra fuerzas de la policía y el ejército de Batista, en El Morrillo, Matanzas; cuando intentaba escapar por mar hacia el exilio.

Pa’sue’copeta —farfulló de corrido Batista, ya en la calle.

Y pensando en términos de política internacional, advirtió que en cierto momento, estaría impelido a escoger el ala bajo la cual se cobijaría en los años próximos. Alas de otros líderes mundiales antagónicos entre sí: demócratas, comunistas o fascistas.

—¿Sabe usted Coronel —le sopló el ayudante desde el timón del carro blindado, ya enterado del ascenso—, cómo le dicen en voz baja, algunas damas de la high?”
Pues, no. ¿Cómo?.
Mulato lindo —contestó el cabo y aguantó la respiración, encogido como un pirulí en su asiento.

Batista sonrió incrédulo y medio que vanidoso, porque damas tan finas y de altas alcurnias, hubieran posado su mirada sobre él, quien en su pequeña patria de Banes —no muy lejos del Biran natal de Castro—, arrancó trabajando como un simple trabajador ferrocarrilero.

Carajo, y dale con la que canta y no pone —exclamó sarcástico, como Machado en su tiempo y agregó—, ya empezaron con los jodidos nombretes. Pero eso lo arreglaremos con frac y pechera, claro, si me admiten como socio en “The Havana Country Club Park & Lake“.

Exactamente, esa era una de las tantas cosas lejos del alcance cultural, social y político del ex sargento. Porque al final, cuando Batista fue Presidente Constitucional de la República de Cuba (1940-1944), —sin importar su étnia o linaje— seria reconocido como socio honorario de todos los clubs de la isla. Y no por su gusto, sino porque le correspondería la membresía de manera automática, de hecho y derecho, por ser un privilegio inherente a la dignidad presidencial.
Alrededor de 1941, camuflado entre las leyes de guerra, Batista ascendió a sus oficiales de rango alto en todas las ramas de las Fuerzas Armadas. De donde se reservó para sí mismo el el rango único de “Mayor General”. Con ello, alcanzó otro de sus sueños, equipararse con el prestigio del épico Mayor General del Ejército Libertador de Cuba, Máximo Gómez Báez . 
La revolución del 4 de septiembre de 1933, por la que clamaron y lucharon los cubanos de la “Generación del 30“, se fue desvaneciendo hasta que en1940 los líderes, políticos y cubanos notables; se dieron cita para discutir y confeccionar la Nueva Carta Magna de la República de Cuba, La Constitución de 1940. Durante este período y después, los cubanos continuaron desgarrándose entre sí por años.
Lo otro, que vino más tarde, a partir del infausto golpe de estado de Batista el 10 de marzo de 1953 y su consecuencia histórica para el devenir cubano; el infausto 1 de enero de 1959; cuando un gobierno comunista fue instaurado en Cuba, bajo el liderazgo del Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores; quienes parecieron destinados a cumplir tarea, transcendental, destruir de manera minuciosa toda la nación cubana. El resto, es historia conocida.

El Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar, murió exiliado en Marbella, España el 6 de Agosto de 1973.
El Dr. Fidel Castro Rúz, continua viviendo plácido en su bunker de Punto Cero, en La Habana.

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Septiembre 2, 2010
lejardil@bellsouth.net
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 (1)   Técnica del colpo di Stato”  (La técnica del golpe de estado) de Curzio Malaparte, 1930 o The man on Horseback: The Role of  the military in Politicts” de Samuel Finer (El hombre a caballo: El papel de los militares en la política)
(2)   (Disculpas, en construcción)
 

Uniones poimandres en nidos de hormigas tambochas


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Uniones poimandres en nidos de hormigas tambochas

Versos de rima átona, sin catarsis árticas
No es extraño que disturbios económicos como la recesión actual en EE.UU, hayan roto las cadenas que mantenían ancladas en las medias aguas de la gran ciénaga político-social; el Arca de las Trampas, subterfugios, armadijos y el resto de las inverecundias que nos atormentan. En un tropo forzado, la similitud deviene al toparnos con la farsa de un iceberg tenebroso y de gula pecaminosa, como toda mortalidad bíblica; el de los funcionarios públicos y dirigentes de uniones sindicadas, todos, invisibles en sus poimandres herméticos. Hablo de aquellos tránsfugas, quienes hicieron que el hielo diera una vuelta de campana completa, hasta que emergió chorreando toda clase de debilidades infra humanas. Nada de versos de rima atona, sino bofetadas al rostro ciudadano.
La cosa estalla con la diseminación de sartas escandalosas, que los protagonistas preferirían mantener sumergidas y enterradas en el fondo del pantano común. O también, en alguna que otra charca particular, sin catarsis árticas, a disposición de cada depredador de la vergüenza pública.
Sin artes ni magias, la indignación popular hizo que se liberaran los sellos inviolables y con ello, los secretos herméticos vedados al oído y vista de los tristes mortales, nosotros, los contribuyentes inermes e inocentes del drama. Porque nosotros, los catalogados como los juansinnada, empleados y desempleados no condales de “a pie”; somos la parte mayoritaria productora, cuya carga más álgida es la función de mantener por siempre; el fabuloso estándar de vida de esa parte no productora de la sociedad, los burócratas estatales y el resto de sus colas aladas.
Esta última porción parásita (conceptual), sin la menor compasión, vive a nuestras expensas engullendo todas las monedas del erario público y hasta aquello pensado intragable, el menudo de nuestros bolsillos. Sus componentes, “Ellos” la horda insaciable, sin lugar a confusiones son los empleados gubernamentales de la nación norteamericana, quienes han hecho del abofeteado permanente de nuestra mejillas, durante todos los minutos de nuestra vida, un hobby mórbido al estilo de los viejos esclavistas del siglo XIX.
Como en todo, hay excepciones, tales son los factores destinados a las oficinas ejecutiva u de estado, seguridad nacional y defensa, legislación y la judicatura, por mencionar ejemplos casuísticos proto salvables en este naufragio de la decencia.  Los secretos herméticos en parte, se refieren a la repartición del pastel presupuestal, intercambio de influencias, amiguismo, nepotismo, cabildeo, compromisos con y entre las uniones y las administraciones en todos los EE.UU. Y no hablar del resto de las iniquidades que van emergiendo a la superficie, en el día a día.
Paralizar a los Tres Monos Sabios de Nikko
Porque el echar aceite al mar para calmar las furias en medio de esta tormenta, en nada les ha servido a tales pícaros. Esos intentos dilatorios de escamoteo simple, ha recalentado la indignación ciudadana. Porque la cuestión atañe y es responsabilidad de las uniones y sus afiliados, los cuales se han prestado con “el silencio de las ovejas”, directa o indirectamente, a sancionar y chupar de estos manejos siempre perjudiciales a los contribuyentes.
Y como hacen buena parte de los oficiales electos de la nación estadounidense, aplican en su beneficio el dogma de laissez-faire, laissez-passer (dejar hacer, dejar pasar) émulo de las sociedades abiertas y democráticas como la norteamericana, aunque muy acorde al mercantilismo barato de pulgueros y kandongas.
Sucede que al estado, tan pequeñito como un condado o ciudad, es moda à la dernière, estandarizarlo acomodado al silabario del atagana, gobernador de los altos principios por los cuales comulgan los “Tres Monos Sabios” asilados en el  templo de Nikko, Japón. Pero lo que sí es incierto, como asegura una reportera local, que si los controladores aéreos se duermen (los cuales no tienen por qué) es debido a no estar sindicalizados, sino simplemente a que el escalón inmediato donde pace el supervisor cayuco, no funciona o también el tipo andaba dormido
Aconteció que todas las trampas que pusieron a los ciudadanos norteamericanos hasta ayer, les estuvieron saliendo bien. Nos referimos al hermetismo indecoroso en el cual, ex professo, se han envuelto desde siempre los dineros engullidos por la avidez insaciable, de los estamentos que componen la “vieja clase” gubernamental de dirigentes y los dirigidos.
Es opinión que los titulados “paquetes de beneficios”, en modo alguno son conquistas de los trabajadores, mejor decir, “empleados públicos”.

Un botín de guerra sui generis
Existen opiniones de entendidos que los consideran lo más parecido: la repartición simple de un botín de guerra, arrancado a los contribuyentes indefensos; manu militari; por los integrantes de una partida irregular al acecho en los caminos, conducentes a la perdición de la vergüenza ciudadana.
La catástrofe nacional actual, provocada por la enorme burocracia ineficiente, inoperante y gastadora; de sueldos descomunales, pensiones múltiples y el resto de los denominados “beneficios”; se traga casi el 90% (considerando el Gobierno Federal en el ámbito nacional es (2011) el 56% de los ingresos aportados por los contribuyentes fuera del juego oficial. De igual modo, y es la esencia de la denuncia, esta calamidad contamina y hace metástasis a pie de condados y municipios y sus instituciones fantasmas colaterales, lastrados todos en sus “partos de los montes” con sus uniones.
Estas capas son a grosso modo, la patronal (funcionarios) y la sindical (los empleados), donde yacen incrustados al estuco, todos y cada uno de sus integrantes. En el peor de los casos, las uniones sindicadas protegen bajo sus alas caldeadas de ventajismos, tanto a funcionarios como a los que debieran ser la  antítesis naturales de estos últimos, los empleados.
Ambos, son cocidos a fuego lento en la misma olla. Sabrán Dios y las 11,000 vírgenes, el sabor del menjurje. Pero si no lo podemos degustar, sí palpamos y conocemos sus resultados ruinosos para la sociedad entera. En nuestro caso, tienen en bancarrota plena a todas las arcas municipales y condales del estado floridense, y por simpatía dinamitera, la nación entera. De ahí, evidente, el terror del dueto (dirigente y dirigidos) y la intolerancia a las privatizaciones.
Y aquí desplegamos el abanico de los agraciados por esa mano divina, que constituyen los empleados gubernamentales. En cada piso del poimandre hermético de cada estado, anidan desde un gobernador hasta el último “limpiapisos” (les intouchables), del último de sus municipios. Nada de qué enojarse, porque en la vida civil el que suscribe, sabe las técnicas de exprimir el trapo y menear la escoba, tan temidos por los falsarios.
El estremecimiento que experimentó nuestra sociedad con la jornada exitosa de la revocación alcaldicia condal, fue desatado por “las viñas de la ira ciudadana” ante el desparpajo en la repartición de sueldos, prebendas, botellas, sinecuras, etc.; en todos los estamentos estructurales del Miami-Dade County (MDC). Ver que los líderes nuevos dicen saber del desenfreno y que barrerán con todo eso.
Estimados conservadores repetitivos desde siempre, arrojan un exceso de plantilla de los jefes alrededor del 46% y subalternos, entre un 18 y 21%. Estos valores encajan al igual en el resto de los estados y de nuestra nación, atribulada por los burócratas y sus amigos lánguidos, los ”tragasellos” y otras yerbas del welfare.
Métrica del poema nominal
¿Para qué, sino para mantener a un buen número morones (Amici degli Amici) escondidos entre los empleados decentes y trabajadores, sirve la nómina de unos 60 Jefes de Departamentos y 30,000 empleados en el MDC?. El ejemplo, es aplicable a cualquier estructura nacional. Tan es así, que de igual modo casi todos los futuros aspirantes nuevos (porque debemos desechar a los viejos burladores de la ciudadanía) a los puestos de alcaldes y comisionados en municipios y condados de toda la nación; plantean en sus plataformas reducciones de nóminas y rebajas de salarios, regalos, premios y prebendas, drásticas pero necesarias.
Y recalcamos los nuevos, porque debemos desechar a los viejos –no por viejos, sino por sinvergonzones en sus alianzas invirtuales con las uniones en la repartición del pastel– quienes nos dejaros un legado horroroso: el poema nominal de nuestra ruina como comunidad.
De ahí, y nos sorprende, que ciertos formadores de opinión de seriedad indudable, al parecer confundidos en mimetismos con lo que no son (sus voceros); quizás informales y así ruego; de los estamentos, nos hacen escuchar plañidos, voces y lamentos herrumbrosos y extrañamente amplificados por estos mismos bardos.
La cosa va con las injustificaciones orquestadas por las cabezas iracundas de los estamentos; que se resisten a modificar o poner en su verdadero lugar (el basurero), prácticas inmorales etiquetadas como lesivas a la sociedad. No son palabras, sino, ver la magnitud del desastre económico en que nos han hundido el eje de funcionarios-uniones.
¿Quién se atrevería en sus cabales de persona decente y decorosa, a justificar que un simple bombero de cualquier parte de los EE.UU se ufane de ganar $300 o $450,000 anuales, y lo mejor: haciendo qué?. Es indudable que algo muy preocupante ha entrelazado las ententes gobierno-sindicato en todo el país. ¿Resultado del cohecho? Inquirimos alarmados, porque que se trata de los dineros del pueblo. El nuestro.
El conjunto involucra sectores y actividades diversas de cabilderos de la gran masa, ya acanallada por esos mismos funcionarios y vectores sindicales; a quienes los buenos tiempos del regodeo y la gozadera con los dineros de los contribuyentes, les ha convertido en “demagogos perfectos”, reyectados por la opinión pública.
Saber que el “unionismo” (una especie viva de “unicornios azules” copycats del barrio habanero de Los Pocitos, pero sin guitarras cantautoras encenagadas en la biblia zurda) es una de tales actividades marginales al igual que improductivas –al parecer, esta se auto mantiene el estatus con dinero ajeno–; constituyen el trajín sindical típico, cuyos resultados han devenido en la indignación ciudadana a escala nacional. Ningún estado o sitio, ha escapado de esta práctica cripto proletaria nociva.
Cantos fúnebres de las ocas imperiales
Una que otra voz matutina o vespertina, quizás muto propio annon o, han elevado sus cantos funerales en defensa del sacrosanto derecho de los empleados y patronos a pagar una coima a las uniones que les representan, independientes o consolidadas. Pero claro que tienen razón, no hay por qué regañarlos, sólo recordarles que lo hacen a medias. Es que a tales adalides defensores del agua tibia, hay que enseñarles que no se pugna por un derecho que de hecho, existe por acuerdo entre las partes, aunque en contra del pueblo.
Es como lanzar exorcismos banales contra los demonios inexistentes que nos impiden respirar el aire marino de Miami Beach. Los sindicatos, uniones, clubs, gremios y asociaciones deben ser los lobbists de sus afiliados y no simples cajeros de los zánganos que cabildean en los lobbies gubernamentales. He ahí la queja, sobre los dineros supuestamente desvanecidos que las voces, al parecer no entienden, pero que al final se traducen en impuestos al contribuyente.
Cada individuo está en pleno derecho de decidir a ”quién” o a “cuálapôtre –¡por Dios, entenderlo en el sentido de “apóstol” y no de “souteneur”, porque son hechos involuntarios debidos a las trampas de las “homofonías antinómicas”, increíbles, existentes en la “perífrasis sinonímicas” de la lengua francesa!– hace la infeliz entrega mansa y perruna, de sus óbolos.
En el trasfondo –se cuenta bajo cuerdas–, que en todas partes las uniones les dicen a los afiliados de marras que ellos (quizás sucedió en Yukon), son intocables. Da igual si el acto ampara por igual a los buenos trabajadores como a los ineficientes, impuntuales, botelleros, vagos, ausentistas, amiguitas de alguien o morones del que “me duele aquí Macorina”.
Se asegura que nadie los toca, ni puede, como a los pariahs, vacas o monos sagrados, indúes. Sucede que estos líderes sacrificados, a su vez mantenidos por los empleados que les agradecen su protección, siempre cuentan con ecos cebados para descarrilar a la opinión pública y dejarla en dubitaciones asoladoras.
Es que no acaban de entender las liaisons existentes entre todos y cada uno de pejes (equivocadamente les dicen “líderes”) que detentan el poder en cada lugar. Se trata de las antiquísimas canastas intercambiadas a plena luz del día en las callejuelas de la Casbah condal, tal si fueran las de Atenas, las de los favores mutuos, grandes y chiquitos.
¿Dónde se escondieron estos líderes en ocasión del revocatorio?. Todos, sino casi todos partout, dan la impresión de estar interconectados a una misma tripa que les ensarta por el ombligo. En verdad es fea la imagen que ofrecen de nuestra hermosa sociedad norteamericana.
Para nosotros dolientes, se evidencia que la función de los sindicatos está desvirtuada, adulterada, corrompida y devastada por el oportunismo, la glotonería y la irresponsabilidad tanto de los sacrificados (líderes) como de los victimados (afiliados).
Todos piensan en cómo y cuánto acumular en las pensiones del gobierno para el retiro dorado. Que en el relajo se ha tornado el “la” por “las” pensiones. Resulta imagen vergonzosa que estos cabritos blancos al degüello en el ara del dueto funcionarios-empleados gubernamentales, cada uno a su manera, “le aguanta la pata a la vaca”.
Sindicatos de tonos amarillentos
Ahora las uniones andan en temores de la aversión exacerbada de la ciudadanía harta, que va despertando por la generosa acción de líderes del calibre del Sr. Norman Braman, y no de ninguno de los otros “líderes vaporosos”, esas postales que se escondieron a la “hora de los mameyes” y que hoy andan afilándose dientes y uñas, intentando volvernos al desparpajo que ellos crearon.
A todas esas cosas feas de la segunda personalidad u “otro yo” del individuo maligno –apuntado por Stevenson en su “The strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde“– le dicen, alter ego amarillento, al que designo como los yerbajos que comen los “Chivos de la Quirino”.
Y le nombro “Sr. Norman Braman” y no “ricachón”, “millonario”, “bimillonario”, “multimillonario” o cualesquiera de esas sandeces envidiosas que les endilgan los energúmenos de la prensa radial, TV o escrita, sencillamente: porque me da la real gana y el respeto que tengo por la que presumo magnitud de sus “joyas familiares”.
El color amarillo canario era el preferido por Henry M. Flagler para pintar sus hoteles, diseminados por toda la costa este de los Estados Unidos. Sin embargo, el “amarillismo sindical” no es nada parecido a la euritmia estética de los arquitectos e ingenieros de aquel barón de los rieles. Si no, al emético o su consecuencia, la regurgitación de los búhos.
Luego, no sucede ni es lo usual en cada sociedad emética, ante la decencia y la ética; que les espantan como la ristra de ajos o el crucifijo de plata, a los vampiros extra humanos.
Un recuento a escala nacional de la obra de estos artefactos sociales (las uniones), nos mostraría la desolación (casi el 83%) que lograron en nuestras áreas industriales y de los servicios (ejemplos simples: el desmonte de las industrias y fábricas en Detroit y Hialeah o el desguace de la Eastern en Miami), dejando cientos de miles, quizás millones, de desempleados.
El modus fasciendi de protección sindical es inmoral e inético, atenta contra los altos principios; y en nada se diferencia de las mobs de antaño, salvo las vendettas cruentas, decretando como válida la conexión coima-protección. ¿O no es visto así por el ciudadano común?. Luego, ¿a qué vienen esos ditirambos acerca de las cuotas sindicales, sabidas mal cobradas y peor empleadas, al parecer, en cabildeos fantasmas?
En la realidad contemporánea, agregan los eruditos y salvo excepciones; las uniones de empleados y funcionarios gubernamentales, han demostrado de manera magistral el dominio de dos triquiñuelas de uso corriente:
Acomodarse a los intereses de la administración de turno y subsistir en una especie de nirvana romano, acechando arrancar cada año dádivas a la administración (también corrupta en algunos casos) y que en primer lugar; van contantes y sonantes a los bolsillos de ellos mismos (los peticionarios de nuevas gabelas a los contribuyentes) en forma de sueldos, seguros, viáticos, horas extras, retiros, etc. Los distróficos mentales, que además son cínicos, tratan de seducir a los contribuyentes y les pasan el bodrio como “beneficios inocentes”.
A cambio, utilizando el sudoku de los “Tres Monos Sabios”, todos se hacen de la vista gorda ante la repartición del presupuesto oficial en cualquier instancia (después de asegurarse su mordida alícuota) por parte de la administración, gravámenes por nuevos impuestos, aumentos de cuotas por servicios y obligaciones a la población ya esquilmada, etc. En esencia, no se puede probar la malversación, cohecho, soborno o el robo.
Un parche ineludible que da ronchas
La consecuencia de este modus operandi desfachatado, nos muestra un caso típico, no singular, tal es el escándalo general desatado en el Condado de Miami Dade y ciertas de sus ciudades de relevancia nacional como Miami, que culminó con el arrebato revocatorio impuesto por el voto ciudadano, al alcalde del condado y parte de sus colegas beneficiados.
Un caso contrario, excepcional al parecer, de poner el parche antes de que salga el grano; pudo verse en Hialeah, donde el alcalde Julio Robaina dijo haberse enfrentado y contenido a las uniones, poniéndolas en su lugar. Osadía (que nadie desmintió), que al parecer no tuvieron ninguno de los “comecandelas” anteriores, ni hay trazas de que se atreverán los posteriores, ya cocinados en el mismo caldo. Desconocemos otros aspectos de la  trayectoría política o imagen moral de Robaina.
Otra de la variante de los sindicatos amarillos es aquella que se manifiesta en los países sometidos a gobiernos autoritarios, dictaduras, castas fundamentalistas y otras abyecciones políticas y religiosas (el Eje Apocalypto); donde las uniones no son libres y autónomas y sí, impuestas de dedo por la alta instancia de la pandilla depredadora nacional encaramada en la cúpula, sus caudillos, líderes, iluminados o como quiera llamárseles.
Los totalitarismos y sus instituciones, todos, operan de esta forma indecorosa, y lo mejor del cuento: no se esconden y además; desafiantes; cuentan con decenas de ecos apologistas y ocas nacionales y extranjeras (algunos pagos y el resto fellow travellers), a tiempo completo.
Volviendo al patio con el tema plañidero de lamentos, llantos y gemidos de algunos comunicadores; por las ententes de nuestras virtuosas uniones de empleados y funcionarios; es penoso el bramido de los ciudadanos inermes que ya hablan de “mafias locales oficiales a nivel nacional, que impunes se pasean uniformadas, armadas y con licencia para matar”. No sorprende que al final del día aciago, los ciudadanos les pregunten a los políticos electos, funcionarios y empleados malos; ya rabiosos y soltando espumarajos por sus bocas retorcidas y desdentadas:
 
¿Y no les da vergüenza esquilmar así también, de forma tan grosera, a sus familiares, amigos y vecinos?

—¡Claro que no! —gritan todos ellos, culpables, con voz estentórea.

O, como dijo el Hon. Thurgood Marshall, magistrado de la Corte Suprema de los Estados Unidos (1967-1991), parodiando a su manera al poeta norteamericano Lagston Hughes (1902-1967) ¹ :  “…quizás cuando América vuelva a ser la América que todavía no ha sido ²“.
Claro que la mayoría abrumadora de los ciudadanos iracundos no pensamos así y nos permitimos difanizar el aspecto histórico de aquel poema, porque decimos en Cuba: “de chiquito, no vale”. Y porque América no ha dejado de ser lo que siempre ha sido. Lo que no debemos permitir es dejarla inerme en medio de un nido de  “hormigas tambochas”.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Abril, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  Lagston Hughes fue un poeta (además de político y activista de  izquierda) que perteneció al grupo de escritores norteamericano talentosos, post a la que Gertrude Stein denoninó, cuando dijo a Hemingway: “«You’re all a Lost Generation» (Ustedes son una generación perdida), frase que el escritor popularizó más tarde. “La generación perdida” (brotada entre 1919-1930), fue conformada por Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway, Faulkner y Steinbeck  cuyas obras se manifestaron durante “La Gran Depresión” y quedaron enmarcados dentro de esa otra etapa señalada como «Época airada», uno de cuyos clásicos fue “Las viñas de la ira” de Steinbeck . Lagston Hughes, encontró en el Comunismo (como miembro de PCUSA); un escape como fellow travellers del “Comintern“, de la segregación racial en EE.UU.
(2)  “Let América Be América Again,” full test on Poets.org  (pueden ver el texto completo del poema “Déjen a América ser otra vez, América”, en el link Poets.org 

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…Thurgood Marshall vs Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil? II/III


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Thurgood Marshall vs Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?

II/III

 ANÁLISIS
The Emancipation Proclamation
En el trasfondo del conflicto, afloraba una lucha entre dos tipos de economías: una industrial-abolicionista (Norte) y otra agraria-esclavista (Sur), las cuales eran totalmente diferentes. Los sureños declararon que no peleaban sólo por la esclavitud. Después de todo, aducían, la mayoría de los soldados confederados eran demasiado pobres para poseer esclavos y no estaban motivados. El Sur estaba empeñado en una guerra de independencia que mantuviera las relaciones entre el Norte y el Sur, pero bajo entidades jurídicas, legislativas y ejecutivas gubernamentales, separadas e independientes.
Los confederados generalmente tuvieron la ventaja de pelear en su propio territorio, y su moral era excelente. Tenían magníficos soldados, especialmente la caballería; pero eran mucho menores en número que las fuerzas de la Unión del Norte ( 2,200,000 de la Unión contra 1,064,000 de la Confederación)  y no poseían ni una sóla fábrica de armas, todas las cuales incluyendo las pesadas y el resto de los pertrechos, debieron ser importados o contrabandeadas a un costo prohibitivo. Además, el Gobierno Confederado siempre estuvo a expensas del patrullaje marítimo y bloqueos de la Armada de la Unión, mucho mas numerosa y poderosa.
El algodón, tabaco y otros rubros agrícolas, no bastaron para sufragar los gastos de la guerra, luego el Sur debió recurrir a préstamos onerosos que corroían el basamento económico de los rebeldes. Al finalizar la contienda, algunos de los integrantes de las  partidas de soldados remanentes. tras el desbande del Ejército Confederado, fueron perseguidos como forajidos por las tropelías cometidas durante la confrontación.
Para librar la guerra, el Sur se financió con la exportación de algodón que embarcaba hacia Europa y el Norte, con la emisión de un nuevo papel moneda, tras rechazar Lincoln un préstamo de $5.000.000 al 12% de interés ($175,000,000 al cambio actual) ofrecido por la firma de Moses Taylor. Ambas partes suspendieron algunas libertades civiles, imprimieron montañas de papel moneda y recurrieron al reclutamiento forzoso (leva).
La prioridad que Lincoln abrazó fue la mantener a Estados Unidos como un sólo país. Tras las pérdidas iniciales de las primeras batallas, tuvo que reconocer que el desarrollo de la guerra, pudiera cambiarlo “haciendo de la guerra una batalla contra la esclavitud” y así podría obtener apoyo para la Unión tanto en el interior del país como en el exterior. Consecuentemente, el 1 de enero de 1863, segundo año de guerra, el Presidente dio a conocer la “The Emancipation Proclamation” (La Proclama de Emancipación), por medio de la cual se otorgaba la libertad a los esclavos en todos los Estados Unidos, incluyendo aquellas áreas aún controladas por la Confederación. Un golpe demoledor para la moral de los esclavistas.
Sin embargo, el ejército sureño obtuvo importantes victorias en la etapa inicial de la guerra, pero en el año 1863 su primer comandante, el General Robert E. Lee, se dirigió hacia Pensilvania. En Gettysburg se encontró con un poderoso ejército de la Unión, y así dio comienzo la batalla de mayor magnitud jamás librada en suelo estadounidense. Después de tres días de lucha desesperada, los Confederados fueron derrotados.
La marina de la Unión rápidamente impuso un bloqueo que creó grave escasez de material bélico y bienes de consumo para la población y las fuerzas confederadas. Al mismo tiempo, en el río Mississippi el Lt. Gral. de la Unión, Ulysses S. Grant, tomó la importante ciudad de Vicksburg. Las fuerzas de la Unión controlaban ahora todo el valle del Mississippi, dividiendo en dos a la Confederación y ahogando su salida al mar.
En 1864, un ejército de la Unión al mando del General William “Tecumseh” Sherman atravesó Georgia destruyendo toda la riqueza agro-pecuaria que no pudo aprovechar para sus fuerzas. En el campo, arrasó con toda la infraestructura que encontró a su paso (1). Atlanta fue cercada y capturada el 2 de septiembre de 1864.
Entonces Sherman preparó dos ejércitos (el Tennesee y el Georgia) e inició el 15 de noviembre la conocida como “Sherman’s March to the Sea” (Marcha de Sherman hacia el mar) y de esta forma se dio inicio a la decisiva  “Campaña de Savannah”, lugar por donde Sherman llegó hasta el mar Atlántico. El objetivo estratégico seguía de modo igual una acción de destrucción total de todo aquello que sirviera como soporte al Ejército Confederado, además de batirlo militarmente, se propuso desmoralizar a la población ante la destrucción sistemática de la riqueza sureña.
El ancho estimado de la franja de devastación, algunos han sugerido en unas millas. La marcha duró unos 35 días durante los cuales las tropas de la Unión, recorrieron 400 millas, escindiendo y devastando el profundo Sur. Por este modo estratégico de pelear violento y arrasador de la tierra enemiga, pero de manera exitosa, se consideró a Sherman como el primer estratega moderno en el Ejército de los Estados Unidos, al aplicar la “guerra total”. Se trataba del corte de toda la infraestructura de apoyo al ejército confederado, al mínimo de bajas civiles y militares. Los objetivos del Norte no eran las personas enemigas, sino los medios que las soportaban. Las tropas norteñas tomaron Savannah el 20 de diciembre de 1864.
Después durante la II Guerra Mundial (IIGM) , la estrategia fue copiada por los estrategas alemanes aunque con matiz propio, en su Guerra Relampago (Blitzkrieg); con la puesta en marcha del plan “Barbarosa” y su avance contra la Unión Soviética. De igual modo que los rusos aplicaron igual práctica contra los alemanes, ante la retirada de éstos.
Mientras tanto, el general Grant se batía implacablemente con las fuerzas de Lee en Virginia. El 2 de abril de 1865, Lee fue forzado a abandonar Richmond, la capital de la Confederación tras el cerco de Petersburg. Ello signific óel fin de la lucha fraticida y el fracaso del esclavismo como doctrina inviable en el mundo moderno.
Una semana después el Ejército de Virginia del Norte y su comandante, el Gral. Robert E. Lee se rindió oficialmente en la Appamattox Court House en VA, al Ejército del Potomac comandado por el Lt. Gral. Ulysses S. Grant, y así el resto de las fuerzas confederadas dejaron todas sus armas más adelante. Para algunos sectores recalcitrantes empeñados en la ideología sureña, la guerra no había concluído.
Entonces sucedió lo inesperado, porque el Viernes Santo del 14 de abril de 1865 el Presidente de los Estados Unidos; Abraham Lincoln; fue asesinado en el “Teatro Ford”, en Washington DC.; por el actor John Wilkes Booth. El complot fue descubierto en toda su magnitud y 4 de sus cabecillas fueron ejecutados en la horca, incluyendo a una mujer. En la conspiración se incluía el asesinato en el mismo lugar y tiempo, del Secretario de Estado, William W. Servard y del Vicepresidente Andrew Johnson, entre otros miembros del gabinete presidencial. Todavía el 12 de mayo de 1865, los ejércitos de la Unión atacaban remanentes confederados en Rancho Palmito en el condado de Cameron de la frontera con México, donde dichas fuerzas enemigas rebeldes permanecían activas y desinformadas, aunque ya en fugas.
Con la derrota de los sureños, los abolicionistas lograron que la ominosa esclavitud fuera erradicada de los Estados Unidos de Norteamérica y se emitieran previamente las XIII, XIV y XV Enmiendas a la Constitución; las cuales cobraron plena vigencia, igualando a todos ciudadanos de los Estados Unidos. De inmediato comenzó el período denominado “La Reconstrucción” que perduró hasta 1877, con la salida de los remanentes de tropas federales de ocupación, en los tres últimos estados del sur.
“The Compromise of 1877
Trazas de turbidez en ciertas aguas alimentadoras del contexto socio-económico imperante en los Estados Unidos a inicios del siglo XIX, no estaban clarificadas convenientemente; tal lo fueron relativamente nítidas aquellas otras límpidas con respecto a la libertad, soberanía y derechos ciudadanos. Estas inquietudes rodaban desde los tiempos del último de los presidentes “Padres de la Patria”, el Presidente James Monroe (1817-1825); las cuales condujeron a la quietud alcanzada con posterioridad, al concretarse el denominado “Compromise of Missouri” (1820), tras un debate nacional azaroso acerca de la incorporación a los Estados Unidos de este y otros posibles nuevos estado.
Por tal acuerdo se facilitó a los dos principales sectores ciudadanos en pugna, primero la inspiración y exposición de sus tesis respectivas y con posterioridad, la separación decantada de los perfiles entre los dos bandos que además, eran correspondientes entre sí. Y cierto que lo eran, porque entre ambas plataformas existían lazos comunes, como aquellos que les unían en base de lo esculpido en piedra; como el holograma de una doctrina axiomática ideal a seguir, según los filósofos y estrategas de la época, al pie de la letra.
Los fundamentos de estas figuras filosóficas se referían a un dogma extraído al parecer –porque los albores de su quintaesencia ya venían siendo enunciados desde épocas anteriores–, de la reflexión simplista de un influyente periodista newyorquino, John L. O’Sullivan, en su artículo “Annexation” (Anexión) con cuyo dogma introdujo el concepto de “Manifest Destiny(El Destino Manifiesto) (2).
Otro evento importante y de consolidación, fue el segmento de advertencia; especialmente a Europa; de que la recién proclamada “Doctrina Monroe“, pondría freno a las injerencias en América de las potencias extra continentales.
Esta premisa reflexiva del destino manifiesto, tal como reza literalmente, fue adherida erróneamente a las bases de la política exterior de los Estados Unidos como partícula no dialéctica y símbolo de un expansionismo natural (endógeno) reinventado en el siglo XIX. Este movimiento consistía en aceptar el engrandecimiento de la nación norteamericana y su despegue hacia el lugar primado y hegemónico en el devenir internacional y mundial, dominando los territorios desde al Atlántico hasta el Pacífico. desde Canada hasta México.
Recordar que se trataba de un Nuevo Mundo y sus sociedades autóctonas plantígradas que olisqueaban finuras, pero a la vez receloso del donaire subyugante en las frivolidades del Viejo Mundo europeo; entonces enervado con los aromas culturales y de indudable refinamiento de las viejas pero eficaces, estructuras monárquicas. Una contrapartida contemporánea es el exitoso “american way of life“, tan ansiado por las democracias actuales afines a Norteamérica, como envidiado por las aberraciones tercermundistas que nos rodean en pleno siglo XXI.
No se trataba, por supuesto, de los intentos de cortes aristocráticas fantasmas y sus consecuentes payasadas fraudulentas, como las montadas efímeras en Centro y Sudamérica por riadas extraviadas de la criollera con levitas, también algun que otro extranjero confundido, que umbilicaban sus nexos con la matriz de turno tras el desorden dejado en Europa por los empiristas napoleónicos. Porque los descendientes de los pilgrims del “Mayflower“, sin embargo, pensaban de otra forma menos ditirámbica y por el contrario, tan lógica como práctica.
No obstante, todo lo concerniente a las realezas europeas de existentes tal como sucede ahora; resultaba espejo de modales, modo de vida y estándares tales como sucedió con el relevo de las casas aristocráticas por parte de la familias de las pequeñas y altas burguesías criollas, a veces incultas y sin modales. Desconocedora del savoir vivre (saber vivir) y por lo general sin historia ancestral, educación formal ni linajes de origen noble (los “Don” y “Doña” y sus versiones en otras latitudes) pero forradas con medios de fortuna cuantiosos. Un maná no divino y sí terrenal, devenido logro de la revolución industrial, del “laisser faire, laisser passé” (dejar hacer, dejar pasar) del capitalismo y el libre comercio y empresas con la consecuente rebaja en los aranceles.
Sin embargo, por este dogma del “Destino Manifiesto” y acuerdo entre las partes, cuyos sustentadores más audaces continuaban conviniendo en que aquel menjurje era por “mandato divino”; se estableció una línea virtual a partir del paralelo de los 36º 30′  hacia el Norte geográfico, donde quedaba prohibida la creación de estados esclavistas e incremento de toda forma de esclavitud. Por lo tanto, dicho “compromiso de Missouri” delimitó por el momento la frontera de contención entre los estados esclavistas y los abolicionistas.
La determinación por parte del Gobierno Federal de asumir los riesgos de esta decisión salvadora, para cercar pacíficamente los ímpetus sureños hacia el desborde de la servidumbre productora; resultó fructífera para el gobierno central; el cual sondeaba incesante la magnitud y fuerza de los bandos a favor y los en contra de la esclavitud. Y además, establecía los límites geográficos para bloquear cualquier pretensión de los esclavistas hacia nuevas tierras en el oeste y sudoeste de la nación.
Por decantación resalta la deducción no vinculante de este ajuste interno, con pretensiones “imperialistas” supra continentales, siempre achacadas a los Estados Unidos por sus enemigos. Los que eran simples litigios locales, elevados a la categoría de conflictos alejados de las fronteras de los Estados Unidos.
Ahora se trataba de las intenciones de uno de los grupos integrantes de ambas fuerzas políticas y económicas, en primicias el Norte industrial; el cual proponía utilizar el barro del destino manifiesto para instrumentar los utensilios civiles, militares y morales adecuados; a los fines de construir una nación y sociedad, nuevas y democráticas y sólidas. Mientras la otra parte, el Sur agrícola; se ofuscaba tozudo en estructurar con el mismo barro figuras alegóricas que sustentaran toda una gama de criterios justificativos, del por qué unos ciudadanos tendrían el derecho ser los dueños absolutos de otros hombres bajo su amparo.
Luego, para estos últimos estamentos, el criterio infería que la esencia del destino manifiesto no era sólo una estrategia político-económica exclusivamente exportable y de uso continental, sino también de aplicación doméstica en lo concerniente a lo socio-económico, la cual imperaría en los territorios de la después denominada Confederación.
El miedo de Micaela al “¿en qué y en cuánto?”
Por lo general, los remanentes de la veterana “Doctrina Monroe“, casi fuera del juego durante un tiempo; desarrollaron un miedo convoyado con la incertidumbre, dada la proposición de trazar un rasero igual para todos los ciudadanos hacia el nuevo estilo igualitarista de libertad plena y democracia; enunciado y sustentado por y desde Washington; cuyo basamento yacería de manera absoluta en la Constitución a la cual, sabiamente y de acuerdo a las circunstancias imperantes, se le colgarían “perchas”, las que denominaríamos Enmiendas Constitucionales.
La cuestión primordial afloraba en determinar, “¿en qué y en cuánto?” serian capaces los libertos y manumisus de asimilar el american way of life, imperante al Norte del paralelo 36. Una interrogante sin respuesta inmediata la cual ya formaba parte del sinnúmero de incógnitas revoloteantes en la mente colectiva de la antigua sociedad sureña.
Todo este intríngulis aparecía en lontananza, mientras se evidenciaba el nacimiento de un solar al que estamentos influyentes del acontecer diario; en el Norte; preferirían arquetipos polivalentes de una ciudadanía virtual monocolor y daltónica, sin atender a consideraciones étnicas. Tal figura de paráfrasis social inyectaría júbilos en las filas abolicionistas.
Ello estuvo en consonancia manifestada de manera igual, inmediato que los Confederados perdieron la guerra y con ello toda iniciativa, adocenados en sus rincones involucionistas ancestrales; mientras los republicanos de la Unión, asumieron ipso facto todo el control militar y político del Sur Profundo.
Además, sobre los estados sureños pendía ahora inmutable el problema de la esclavitud, un asunto no catártico para la eliminación de recuerdos malos, porque la presencia de la esclavitud no era un pretendido mal sueño virtual sino real.
Aunque la misma (en teoría) seria demolida gradualmente (en ello se basaba uno de los errores de la tesis abolicionista) por la implantación bona fide de la XIII Enmienda y las otras enmiendas reparadoras, no colaterales, emitidas tras el fin de la Guerra de Secesión. Ello era insustentable para los escépticos, aunque les adornaran valores nacionales como los enunciados en las proclamas de un gobierno federal unido y con el liderazgo sobre toda la inmensidad de nuestro país.
Eran los norteños, vencedores contra los restos calcinados de la entente sureña, herida y destrozada por una guerra atroz. La Unión, en una ilusoria realidad retroactiva hasta el día anterior en que se inició la conflagración secesionista; volvía a sus causes como el definitivo Gobierno Federal de los Estados Unidos de América; ya afianzado tras una guerra civil indeseada y ahora, nuevamente, conducido por el poder central de aquello que dejó de ser “la Unión”, retornando a su cause lógico.
El país entero, sin desmembramientos, retornaba de la sacudida provocada por la guerra; renqueando cojeras, heridas, cóleras y los dolores propios del conflicto fraticida desolador. Y lo más ansiado en el futuro mediato, ser una unidad integral aunque todavía no monolítica. Porque durante la etapa de la pos guerra, la conducción de los estados sureños bajo un control compasivo del Norte hacia el antaño enemigo, había extenuado sus valores.
Valga que aquella parte de los estados sureños, aun con fuertes delirios revanchistas (que por suerte, nunca se materializaron); ya habían arribado hasta un punto de tolerancia mutua, puesto que moralmente eran indefendibles con argumentos ya quebrados y con las tropas federales de ocupación acampadas todavía en varios de sus territorios.
Grant: “Primero legitimar al presidente Rutherford B. Hayes y después, la retirada de las tropas
Por otra parte, en el sentir del Presidente de los Estados Unidos en funciones, Lt. Gral. Ulysses S. Grant, el costo del mantenimiento de las tropas se hacia insostenible para el gobierno federal y los propios de los estados, enfrascados aun en rehacer sus patrimonios. Dado que además esas tropas, eran requeridas para asegurar y proteger la expansión hacia el oeste y sudoeste, mientras se mantenía vigilante al sur. De igual modo, se trataba de solidificar las relaciones con la población local dentro de un marco apropiado, que insinuaba amenazas con desatar conatos de inconformidades.
También era ostensible que en el espíritu del presidente Grant, su equipo de gobierno y el partido republicano, urgía una solución negociada entre las partes, pero ahora entre norteamericanos, no sureños y norteños sin importar la latitud y longitud de sus capitales respectivas.
Todo el cúmulo de problemas, fue conformando aquello que posterior a la inmersión de vencedores y vencidos en la tina de los reclamos, casi hasta tocar fondo; devino preludio mágico de los acuerdos a los que arribarían, por el llamado “The Compromise of 1877″  (Compromiso de 1877) (3). Un ente de acuerdos políticos puramente verbales, en cuyo pacto se establecieron de manera teórica los pasos a dar por el Partido Demócrata de los supremacistas sureños; influyentes en casi todos sus estados, aunque derrotados en las elecciones de 1876 por la irrupción del voto negro; inmediato que las tropas federales acantonadas en sus predios, abandonaran los asentamientos respectivos.
La cuestión de los negros flotaba sin mayor sustentación que los buenos deseos de los abolicionistas locales, que no eran muchos. Las tropas de la Unión, ya sólo vivaqueaban en Florida, Carolina del Sur y Louisiana, aunque ya en proceso de retirada. Si bien las denominadas “Leyes o Códigos Negros” (1800-1866), sostenidas aún de trasmano por un número apreciable de los terratenientes; todavía en poder de la tierra; no era menos cierto que las Décimotercera, Décimocuarta y Décimoquinta Enmiendas ratificadas en 1865, 1868 y 1870, respectivamente; o sea emitidas entre 1865-1870, ofrecían una sombrilla protectora incipiente a la recién emancipada población negra, repleta ahora de libertades, derechos de hacer y deshacer, movimiento y oportunidades ilimitadas para hacer negocios, tal y como les viniera en ganas dentro del marco de las leyes, la moral y la decencia.
Tanto los sureños como los norteños blancos, coincidía en que los millones de negros emancipados, no disponían del background que deja la experiencia civilizada ejercitada por siglos; ni la voluntad de entender la verdadera magnitud significativa del ser ciudadano con derecho al voto (un acto desconocido para los emancipados), moverse y estrenarse como otros ciudadanos más; por el simple hecho de disfrutar de la libertad con la cual fueron equiparados, a sus antiguos amos esclavistas.
Aunque nunca fue considerado así, ciertos sectores de la capa femenina blanca sureña, en un reflejo humanista casi igual al de las norteñas –en especial las mujeres de profunda religiosidad–; estimaban de buena fe y con misericordia extrema de acuerdo a las Escrituras; que el debut de los emancipados en el concierto de las personas libres; vivir en sociedad; alejados de la seguridad relativa del paternalismo de los antiguos amos blancos, les crearían y acarrearía confusiones extremas.
Sucede que este punto de vista, piadoso pero no práctico, no contó con los viejos sentidos ancestrales individuales de la libertad inherentes al bicho humano y su poder de adaptación al nuevo hábitat, porque también dominaban el idioma, cualquiera que fuera su entorno.
Ciertos acuerdos fueron concertados finalmente entre el gobierno federal y las distintas representaciones de los gobiernos estatales. Estos acuerdos preveían, entre otros, el retiro de las fuerzas federales, incluir un sureño como miembro activo en el gabinete de Hayes, la construcción de un ferrocarril transoceánico que partiendo de Texas llegara al Pacífico, con vistas al comercio de sus productos con el lejano Oriente y sentar las bases de la industrialización del sur.
Lo del ferrocarril, nunca se materializó. Y esta última, la industrialización, ensamblando a paso lento con la mentalidad de los potentados ex esclavistas —ahora sin los fondos, para capitalizar en las aguas turbias de la pos guerra, engullidos estos por la guerra civil— y sin preparación cultural en los asuntos de los negocios vinculados a la industrialización. Algunas fuerzas salvaban el escollo, aquellos líderes cuyos negocios agrícolas o industriales estuvieron, más pegados física o colindantes con los estados industrializados del norte.
Controversia de las “Leyes de Jim Crow” con la “Ósmosis exgénita contractual
Se trataba de la pretendida y no menos deseada, que denominamos: ósmosis exgénita contractual. En realidad, los estados del sur inmersos en nostalgias deseaban retrotraer la Historia y volver a su antiguo status segregacionista y lo principal: aprendida la lección, constituir el denominado “Sur Sólido”, que conocimos underground hasta mediados del siglo XX (1954).
Resultaba también de vital importancia para los republicanos, el incluir la “no reacción disociadora y de filibusterismo” amenazada por los demócratas contra el candidato presidencial republicano electo en las anteriores elecciones de 1876, Rutherford B. Hayes, los cuales estaban inquietos en el litigio por 20 votos electorales confusos y que nadie sabía a donde habían ido a parar.
Luego, ambos partidos convinieron en que se proclamara a Hayes, como Presidente de los Estados Unidos de América, a cambió del retiro de las tropas federales de los tres territorios sureños restantes, entre otros acuerdos. En esencia, y bajo la martingala nacional de la pos guerra, los del sur ansiaban retornar a los gobiernos locales civiles y quitarse de encima la vigilancia del gobierno militar federal.
Esta especie de “Pacto entre Caballeros” (en realidad entre los líderes de los partidos Demócrata y Republicano) se concluyó a puertas cerradas, sin consultar, invocar o involucrar al Congreso; de cuyo evento (a saber) no existen documentos algunos que lo detallen; salvo lo conocido a través de las palabras de honor empeñadas por ambas fuerzas, en no pelear nunca más utilizando la fuerza.
Tales pasos resultaron cómodos a los demócratas, de manera que el control de cada estado pasara de inmediato a manos de sus líderes y fuerzas políticas “demócratas” (redeemers) o bourbon democrats (4) y a aquellos republicanos, con suficiente fuerza electoral.
Una de las consecuencias inmediatas resultó en la apertura a las fuerzas intolerantes, en algunos casos, ansiosas de reinstalar las denominadas “leyes de Jim Crow(5) u otras camufladas, las cuales se afianzaron entre 1876 y 1965; pero irremediablemente tardías para el daño causado, fueron desmanteladas a posteriori con la promulgación de la Ley de los Derechos Civiles en 1964 y la Ley de Derecho al Voto en 1965. Recordar que en algunos estados, hasta 1965, los negros no tenían derecho al voto directo o lo poseían de manera parcial.
Los demócratas, se mostraban ansiosos de tomar nuevamente las riendas de los poderes estatales, en busca de reedificar su supremacía económica y política anterior a la derrota. Claro, que con las uñas limadas por las Enmiendas en cuestión. De manera sistemática, cada estado sureño inició el repunte de su economía y con ello, bordeando las leyes aperturistas de los derechos civiles producto de la guerra civil, promulgando las de su cosecha propia.
El propósito abierto de algunos, era en beneficio del aumento de sus prerrogativas y resentimientos contra los estados de la fenecida Unión y sus aliados durante la guerra civil. Con el “Compromiso of 1877”, se finalizó la era de bonanza y respiro de los aires de libertad y dignidad, conocida como “The Reconstruction” (La Reconstrucción), desarrollada por el gobierno de la Unión, entre 1863-1877.
Es tener en cuenta que desde 1875, el Congreso de los Estados Unidos, había aprobado la “Ley de los Derechos Civiles”, la cual fue refrendada por todos los estados. Aunque más tarde, buena parte de estos logros fueron desmontados subrepticiamente a partir del fin de “La Reconstrucción” y el retiro de las tropas.
El “Comité des Citoyens de New Orléans” y Plessy, un inconforme que encontró la horma de sus zapatos
En la realidad contractual, hasta inicios de la última década del siglo XIX, los negros y el resto de las minorías disfrutaron del placer de hacer lo legítimo que le viniera en ganas a cualquier hombre libre, cabal y decente. Corriendo 1890 todo cambió abruptamente para los negros, por la ya emitida Law 111, la denominada “Separate Car Act” o también “Law of Separate but equal“, por parte de la legislatura del estado de Louisiana, de obligatorio cumplimiento en todos los ferrocarriles de ese estado.
O sea la separación de los pasajeros de los ferrocarriles en blancos y negros (en realidad de los colored people, el melting pot de los “no-blancos” donde se incluían los negros, indios (nacionales y extranjeros), mestizos, asiáticos, medio orientales, etc. y el resto de las minorías no-blancas, o sea, cada uno de los dos grupos raciales serian puestos en sendos vagones separados, lo cual significó una brusquedad contra los derechos civiles.
Estos movimientos gubernamentales estremecieron a las minorías, de donde un grupo de notables criollos de New Orleans, entre los que se destacaban ciudadanos negros y de otras razas; de recursos y posiciones coincidentes; sintieron temores reales de las leyes caprichosas, mal pensadas y sin objetivos sociales y las que suponían haciendo fila en las gacetas oficiales. De este modo fundaron el denominado “Comitte to Test the Separate Car Act” (Comité para vigilar el “Acta de vagones separados”) creado para detectar los posibles atropellos causados por dicha Law 111. Según el “por cuanto” inicial, la ley rezaba en un tono literario de ironía abierta.

“Acta para promover la comodidad de los pasajeros en los ferrocarriles de Louisiana”

Este documento y sus 13 fatídicas palabras, fueron el inicio. Recordar que durante toda la historia del sur de los Estados Unidos, un sinnúmero de blancos pobres (ejemplo, los crackers de la Florida, Louisiana y otros estados, los cuales sobrevivían enterrados en los bosques y pantanos), estaban excluidos y marginados de los beneficios de la ciudadanía; no tenían derecho al voto, a ser elegidos como jurados, puestos públicos, etc. y permanecían casi desprotegidos por los tribunales. La Law 111  fue el motivo principal de la gestión del Comité des Citoyens de New Orléans, sin que fuera la causa principal del conflicto, aunque resultó su detonante.
Homer Adolph Plessy, un artesano local manufacturero de zapatos finos y de ascendencia afrofrancesa no parecía estar muy alejado —y así quizás lo presentía— de que los inicios de ese verano de 1892; no entrarían como los anteriores y que tampoco les serían buenos y sustanciosos a él, ni al resto de los ciudadanos norteamericanos preocupados por las nuevas circunstancias prevalecientes a raíz de la ley sorpresiva, Law 111, emanada desde la legislatura estatal. Porque ya las otras minorías y los negros se sentían renqueando cojeras espirituales y decepcionantes al ver sus derechos civiles, evidente, violados de manera consuetudinaria.
Plessy, a causa de la situación racial imperante en New Orleans, se sentía moralmente y de hecho; atropellado en sus derechos civiles, como el resto de los ciudadanos clasificados como “negros” y también por ser un activista de los derechos civiles y escolares. Tales derechos fueron difumados silenciosamente, aunque en el papel estaban garantizados por las XIII, XIV y XV Enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos vigentes antes de 1890.
Lo curioso es que este ciudadano “negro”, no lo era tal ni parecido como se concibe. Sino que se trataba de un individuo alto y distinguido, percibido por cualquiera de su tiempo como blanco por sus rasgos; pero que sus coetáneos conocidos lo estimaban (o él se declaraba per se) de la raza “negra” en base de una medida racial “científica” de la época, además de idiota.
La cosa era que tener en la masa sanguínea un octavo o más de ascendencia negra, era condición sine qua non para ser considerado como afroamericano, indoamericano, sinoamericano, nipoamericano, etc. En su caso él , Plessy, era clasificado como ” 7/8 blanco” o sea, de los denominados octoroon, de acuerdo a la terminología “científica de las razas” (muy impregnada del darwinismo) empleada en esa época.
Homer, en unión de otros negros dispuestos a pelear por los derechos obtenidos desde el final de la guerra civil; especialmente los estipulados en la Décimotercera y Décimocuarta Enmiendas, fueron seleccionados por el Comité des Citoyens de New Orléans para montar una provocación contra las autoridades de New Orleans, con vistas a tener (apelación tras apelación) acceso a la Corte Suprema de los Estados Unidos, donde se batirían por anular todas las “Leyes de Jim Crow” existentes y en especial, aquellas que pecaran de inconstitucionales.
Se refería a una acción de protesta (desobediencia civil, la misma enarbolada por Henry David Thoreau y más tarde adoptada en su activismo por los derechos civiles por Martin Luther King Jr.) coordinada por este Comité a los fines de llamar la atención sobre el alcance tremendo, deteriorante de los derechos civiles, pero sin otras connotaciones de rebelión o uso de la fuerza. Sucede que desde cada rincón, asomaban orejas las denominadas y conocidísimas “Leyes de Jim Crow“, temidas aunque lo fueran de jure no de facto y que apuntalaban presagiosas la segregación racial.
En buena lid, cualquier otro grupo de ciudadanos sujeto a tales tensiones, habría obrado defensivamente de forma igual, por supuesto dejando claro que utilizarían medios pacíficos. Ello asevera que el posterior “caso Plessy vs Ferguson“, histórico, no fue obra de la casualidad.
Se intuía, de seguro, que eventos violentos de igual tipo sucederían en cualquier momento; los cuales no se podrían controlar si detonaba un conato de violencia impremeditada, tal como los organizadores del evento tenían previsto y así ir acumulando pruebas.
A tales fines, dicho Comité hizo colectas y recaudaron $1412 (al cambio actual, suponen unos $33,716). Se localizó a uno de los abogados notables en la defensa de otras personas discriminadas, el republicano radical y neoyorquino Dr. Albion W. Tourgée, para que se encargara del caso. Sin embargo este jurista asumiría la responsabilidad más tarde, gratis (o, pro bono). Del mismo modo dicho Comité alquiló los servicios de un detective privado, Chris C. Cain, el cual efectuaría la detención simbólica de Plessy en plena vía pública y así comenzar a matizar de veracidad el show.
Todo ello, impulsó la acción con el propósito de llamar la atención acerca de esas leyes injustas, en especial la Law 111 o “Law of Separate but equal” la cual per se detonó la problemática. El Comité pretendía lograr su derogación en los tribunales, por su estimada inconstitucionalidad y racismo; exacerbadas injustamente con el fallo negativo contra el caso Plessy estaría destinado a jugar un papel fundamental, indirectamente, en la solidificación del que después fueron el conjunto de leyes estatales que vigorizaron y establecieron, ipso facto, la legalización de la “segregación racial”.
El candidato a prisión estaba instruido de ejecutar cuatro tareas: comprar el boleto, subirse en el vagón de los blancos y sentarse, anunciar a viva voz su raza en el vagón y dejarse prender y presentado ante el juez, por manos de la “policía amiga”: representada en la figura de Chris C. Cain.
¡Coño, dije que soy un octonoon…, un carajo de negro!
Esa tarde del 7 de junio , 1892, Plessy se arregló el cabello y se afeitó en la barbería cercana y después, ya en su habitación, se acicaló meticulosamente con lo mejor de su ropero dominical, joyas, afeites y perfumes; algunos facilitados en préstamo (o alquilados en Paw Shops) por el Comité, ante la mirada atónita de su esposa, Louise Bordenanve.  Homer, se vistió con ropa interior de hilo y camiseta “PR” de mangas cortas (las de tres ojales al frente) y le montó su ristra de botones de oro 24k (romboides), con sus iniciales grabadas en relieve.
La camisa de seda con mangas y yugos del mismo metal, de color purpura brillante al tornasol morado (el color punzó, que tanto gustaba a los “negros curros” cubanos) y se adornó con la inevitable cadena gruesa y crucifijo de oro con brillantes colgados por fuera de la camisa, igual que la leontina del chaleco. El traje blanco de fino “dril 100” cerrado al frente con pañuelo de igual color al de la camisa y botines de tacón alto con broches en los costados. Por haberlos elaborado por el mismo, como zapatero, su mayor orgullo.
La estampa, cerraba con un ‘jipijapa” semiduro de ala ancha, de los tejidos por las ecuatorianas debajo del agua. La cuestión se basaba en inspirar respeto e impresionar a los espectadores, para que no olvidaran el hecho. Cuando se miró de cuerpo entero en el espejo, exclamó:

Negrón, estás “pasa’o’e’rosca” —le dijo a su imagen, burlón, con voz fuerte; porque su figura de seis pies dos pulgadas, le daba un porte impresionante. Louise, lo miró con la boca abierta y pensó: “¿En verdad, será éste mi marido?”.

Pero no, lo de “negro” era lo que menos le pegaba; porque Plessy era una especie de “jaba’o blanconazo” (en la jerga inglesa, “light-skinned colored people“) con un fuerte componente de francés blanco, perfectamente confundible con un comerciante o terrateniente adinerado de paso por la ciudad. Las instrucciones que recibió como parte del programa que el Comité solicitó de Homer Adolph Plessy, éste las cumplió al pie de la letra. Avanzaba, como un optimista loa “El elogio de la tristeza“, hacia la boca augusta y pletórico de esperanzas.
Exacto, y precisamente por esas razones fue el elegido por el Comité para ejecutar la acción; algo vedado a los afroamericanos si intentaban siquiera pasar a la zona de los blancos en la estación o apeadero elegido. A él no. A él, no habría quien lo parara y bajara del tren. Y Plessy se sintió en verdad como un potentado y también fue escogido porque no tenia hijos, dado que existía peligro potencial de muerte a manos de algún exaltado.
Después, Homer tomó uno de los “Coches de Rúa” aparcados alrededor de la Fuente de la India y ordenó al cochero que lo condujera a la Estación Terminal del Ferrocarril del Este. Allí, compró un boleto de primera clase hacia Covintong (hoy una ciudad pujante) para los vagones reservados a los ciudadanos blancos, subió al vagón y se sentó orondo en uno de los cómodos asientos.
Entonces fue que se regodeó a sus anchas. La cosa comenzó, de acuerdo al guión, en el momento en que se le acercó el conductor para poncharle el boleto. Entonces, todo se volvió color de hormiga. Homer escuchó las lejanas cortesías intercambiadas entre el conductor y los pasajeros, cada vez que éstos entregaban sus boletos y les eran devueltos por el empleado.

Buenas tardes señor —le dijo el conductor a Plessy, en tono amable, quien lo miró fijamente y le entregó el boleto. El empleado ponchó el cartoncillo y se lo devolvió. El hombre miró a Plessy, un pasajero no habitual, y le sonrió.
Gracias señor, es usted muy amable y que pase una muy buena….
—¿Sabe usted, mi señor conductor —le interrumpió Plessy en un tono serio—, que ni son ni serán buenas las tardes ni las noches que pasaré?
Disculpe, señor, pero no entendí muy bien.
Pues es exactamente así como lo oyó. ¿Y sabe usted porque? —le inquirió Plessy .
No, señor, ni me imagino y lo lamento —contestó el conductor, ahora más confundido.
Plessy le hizo conductor un gesto con el índice para que se le acercara. Y el hombre se inclinó ligeramente sobre él. Entonces, le susurró para que nadie más escuchara.
Porque yo soy un “octonoon”, sí, un “octonoon de mierda”, legítimo y además, perfecto —dijo Plessy.
—¿Un que?, y usted me dispensa, señor —atinó a balbucear el empleado, sin atenerse a entender aquella situación.
—¡Coño, dije que soy un “octonoon” o sea, un tipo que es solamente siete octavos de blanco…, o sea, un carajo de negro. Mire mi pasión! —gritó Plessy y se quitó el sombrero, mostrando el pelo hirsuto, para que todos le vieran y escucharan—. Y yo no creo en eso de vagones separados para blancos y negros. Yo pagué por mi boleto con el mismo dinero que pagan los blancos y me siento aquí por mis reales coj

De inmediato, el resto de los pasajeros se viró hacia el hombre alto, apuesto y vestido con elegancia relativa; a quien unos minutos antes vieron entrar al vagón y acomodarse, ahora sentado en el mismo medio del vagón. Todos, sin excepción, reflejaron en su rostro la sorpresa que quizás jamás habían experimentado en su vida. Un par de niños en el otro extremo del vagón rieron de lo que estimaban una broma, mientras las damas candorosas les tapaban lo oídos.

Señor, me desanima su actitud. Usted no puede, usted no debe hacer eso ni expresarse así, es contra la ley. Y usted debe cambiarse de vagón, por favor.
—Yo no tengo nada que hacer allá y aquí, me quedo —respodió Plessy, desafiante.

El conductor, aterrado dio media vuelta en busca de su supervisor. Al retornar con su jefe, ya con más confianza y aplomo en sí mismo; también porque le acompañaba otro hombre fornido que se le apareció de la nada: el detective privado “amigo” Chris C. Cain. Plessy fue sacado de la estación, a regañadientes y en la vía pública, detenido, esposado y conducido hasta cárcel de la St. Tammany Parish (Paroisse de Saint-Tammany), donde quedó encarcelado. Al día siguiente, salió libre después de pagar (el Comité) una fianza de $500.
Como era de esperar, Homer Adolph Plessy compareció un mes después ante el juez John Howard Ferguson en la “New Orleans Parish Criminal Court”. Ya frente al juez Ferguson, Plessy se quejó de que el estado de Louisiana había violado sus derechos amparados en la Décimotercera y Décimocuarta Enmiendas.
Ferguson estimó que el estado de Louisiana estaba en el derecho de dictar ordenanzas a los ferrocarriles que operaran dentro del estado de Louisiana y que dicha enmienda sólo era válida en asuntos gubernamentales, no entre particulares. Fue multado en $25 por infringir la ley.
Homer Plessy se negó a pagar la multa y en unión de sus abogados, apeló a la Corte Suprema de Louisiana, la cual también le denegó la demanda y desestimó el caso por “no ha lugar”, solidarizándose con el dictamen del juez Ferguson.
Como el hecho no resultó de un “arresto por vagancia”, Plessy tuvo el derecho de apelar a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Los abogados de Homer A. Plessy prepararon sendos recursos de apelación en nombre de Plessy, uno firmado por Albion W. Tourgée y James C. Walker y el otro por Samuel F. Phillips y su socio legal F. D. McKenney.
El 13 de abril de 1896, transcurridos cuatro años, la demanda fue presentada en la Corte Fuller (entonces presidida por el magistrado Melville Fuller) y escuchada por dicho tribunal. El 18 de mayo de 1896 esa instancia emitió su decisión, rechazando la queja por motivos iguales de “no ha lugar por carecer de fundamento”, derrotada por una votación de 7 a 1.
El voto en contra fue del magistrado John Marshall Harlan, curiosamente, antiguo propietario de esclavos pero crítico del Ku Klux Klan. En el documento del veredicto mayoritario y sus razones, el magistrado Henry Billings Brown, designado speaker, lo redactó interpretando las opiniones de sus colegas, donde los jueces alegaron que:

La Décimo Cuarta Enmienda, nunca pretendió hacer cumplir la igualdad social. Consideramos la falacia subyacente del argumento del demandante que consiste en la asunción de que la separación forzosa de las dos razas marca a la raza de color con un distintivo de inferioridad. Si fuese así, no sería por culpa de nada (intencional u ofensivo) que hubiese en el acto (de la discriminación por razas) , sino sólo porque la raza de color elige imponer esa connotación sobre sí.

La Corte consideró que no existían diferencias entre los vagones asignados a cada raza y por lo tanto,”no había lugar para acoger favorablemente la petición de violación de la XIV Enmienda” y por lo tanto: la Corte Suprema coincidía con los veredictos de las cortes inferiores. Sin embargo, existían diferencias marcadas, en algunos casos notables, de la calidad en el resto de los servicios públicos como bebederos, baños, urinarios, parques, bibliotecas, escuelas y otros.
Pero estos colaterales no eran el motivo de la queja. Por primera vez, la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, advertía a todo el país que la “segregación por causa de la raza, con igualdad de derechos, estaba legalizada por la ley. Entonces devino el desastre nacional para los negros y el resto de las minorías.
De igual modo devino golpe devastador sentimental para los historiadores anti segregacionistas románticos (contemporáneos), entender que el caso de Homer Adolph Plessy en su litigio iniciado en 1892 por un oscuro ciudadano en una corte desteñida en lo más recóndito del corazón del sur; contra el estado de Louisiana; resultó de la fabricación de un caso artificial articulado como estrategia defensiva de sus derechos, por el Comité des Citoyens de New Orléans.
Este Comité
, provenía del antiguo Free People of Color of New Orleans, modificado. O sea, se preparó un guión de lo que “se quería que sucediera de manera forzada”, a fin de contar con un leitmotiv (un estímulo reiterante como en las obras teatrales de Ionescu y Beckett, la reducción al absurdo) y así fundamentar una demanda sólida y real contra las injustas leyes segregacionistas existentes.
Con frecuencia casi religiosa, la historología contemporánea presentada el caso envuelto con el halo romántico de un David èpico (Homer Adolph Plessy), enfrentándose a un Goliat perverso (la burocracia del gobierno de Louisiana y los ferrocarriles, que con certeza se comportaban como tales); cuya respuesta ante las quejas del ciudadano, fue pisarlo inmisericorde tal si fuera un bicharraco.
Sin embargo bajo un análisis crítico, los estudiosos y expertos en la idiosincrasia y espíritu de las leyes; atenidos estrictamente a los hechos y alejados de partidismos y sectarismos raciales, políticos o religiosos; lo consideran fríamente como una provocación deliberada (en esencia una conspiración) articulada por un grupo de ciudadanos privados de New Orleans, los cuales estaban tan enfurecidos como temerosos, de las leyes injustas vigentes y de las que inexorablemente estimaban, se les vendrían encima, todas inhumanas y reprobables.
En la realidad objetiva, el caso promovido por Homer Adolph Plessy contra el estado de Louisiana, resultó un fracaso total desde el punto vista jurídico (no por contenido sino por chocar con los intereses creados) y sus consecuencias segregacionistas fueron endurecidas no solamente a los ferrocarriles, sino extendidas al ámbito social y cultural, nacionalmente.
Ese día nefasto, América se enteró de que las “actividades relacionadas con la segregación racial no eran objetables, dado que estaban legalizadas por la Corte Suprema de los Estados Unidos, a partir del 18 de mayo de 1896.
No obstante el traspié eventual, con el acto de protesta promovido por Plessy; bajo la égida del Comité; entre otros efectos beneficiosos, se logró sacar del anonimato virtual al plano real y público, toda la urdimbre subyacente en las desigualdades ciudadanas. Se este modo, se preparaba así también el camino para desarrollar otras tácticas y estrategias, tal como hicieron ya en pleno siglo XX, Thurgood Marshall, Martin Luther King Jr. y otros activistas por los Derechos Civiles.
En este punto y decantados los líderes que auspiciaban abiertamente la confrontación con el status quo legal (gobierno y sus instituciones, incluyendo aquella parte de la sociedad de ideas diferentes a las de los abolicionistas) veríamos aflorar dos corrientes pacifistas, las cuales convergieron en un punto dilemático. Tales fueron específicamente las lideradas y esgrimidas como estrategias por Thurgood Marshall y Martin Luther King Jr.
El desenlace final de cada estrategia adoptadas respectivamente por estos líderes anti segregacionistas, tuvo sus frutos o fracasos definitivos a partir de segundo decenio del siglo XX próximo pasado. La una (de Thurgood Marshall), dirimida exitosa en la apacible santidad de las cortes; mientras que la otra (de Martin Luther King Jr. y otros líderes de ideas coincidentes) se ventiló entre luctuosidades encrespadas y en medio de las siempre infaustas trifulcas callejeras.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)     Sherman, en su ofensiva capturó y atravesó Atlanta. El episodio fue motivo del film “Gone with the wind” (Lo que el viento se llevó), basado en la novela homónima de Margaret Mitchell, dirigida por Victor Flemming (1939) protagonizado por Clark Gables y Vivian Leigh.
(2) La frase “Destino Manifiesto” apareció por primera vez en un artículo que escribió el periodista John L. O’Sullivan, para la United States Magazine and Democratic Review de Nueva York, en su numero de July/August 1845. En su artículo, O’Sullivan explicaba las razones de la necesaria expansión territorial de los Estados Unidos (por destino manifiesto y mandato de Dios) y apoyaba la anexión de Texas y Oregon, una política expansionista a la cual se opusieron Henry Clay, Daniel Webster, and Abraham Lincoln (wik) .
(3)    También fue conocido como “Corrupt Bargain“. No tienen por qué ser vinculado al “Compromise of 1850“, un intrincado despliegue de acuerdos relacionados con la “operación y gobernabilidad” de los nuevos territorios ganados (California, Texas y Nuevo México) tras la guerra con México, límites de los nuevos estados, la esclavitud (Compromise of Misuri de 1820), etc.
(4)    Los bourbon democrat, (demócratas bourbones) fueron moteados así, pues era la fracción revanchista asociada al espíritu de retorno de la dinastía de los Bourbon franceses, que fueron defenestrados por la Revolución Francesa y que no pudieron retornar al poder hasta que se produjo la Restauración de 1815.
(5)   Las denominadas “Leyes de Jim Crow” son apócrifas y nunca existieron como tales, dado que el término (despectivo) fue utilizado como mote a toda ley estimada segregacionista. El mismo, fue extraído de un personaje de la comedia bufa “Jump, Jump Jim Crow” creado por un artista blanco, Thomas D. Rice (disfrazado de negro en la obra), con la intención de ridiculizar el populismo atribuido al presidente Gral. Andrew “Old Hickory” Jackson. De este personaje, se tomó también el nombre para así designar los antiguos “códigos negros” de 1800 a 1865, incluyendo las legislaciones de jure (de derecho) semejantes del tipo Law 111, y las ulteriores, consideradas segregacionistas, emitidas por los estados a partir del cese de la “La Reconstrucción” o sea, entre el 1876 y el 1965, contemporáneo.

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…Thurgood Marshall vs. Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil? VIII/VIII ***.***


Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?
III/III
Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
SÍNTESIS
 Un día aciago en Cortes
A pesar de la tensión percibida en el ambiente del Mall y sus espacios circundantes, todos sembrados de parques, estatuas, monumentos e infinidad de edificios gubernamentales —la mayoría de estilo clasico, greco romano—; desde las primeras horas de esa mañana de mayo de 1954 todo indicaba que el viento acaracolado, persistente hasta la molestia, sólo traería sobre Washington, la capital, las amenazas de esas lluvias matutinas habituales, siempre fuertes, vertidas a media mañana primaveral sobre la ciudad.
También, otros centenares de personas de edades, etnias y sexos diversos; hacían la fila frente al portón de acceso al edificio de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. Al fondo y frente al Capitolio, en la 1 First Street NE, otros cientos esperaban desparramados a la vera de la edificación, donde yacía la imponecia de las Cortes.
Al resto de los otros millones de ciudadanos de denominaciones religiosas y preferencias políticas varias, expectantes en cada rincón de los Estados Unidos, permanecían clavados frente a los televisores y radios. Una quietud alentadora era el dique de contención de la ansiedad que les colmaba como ciudadanos, hasta el momento en que la “Corte Warren” diera por terminada su sesión y cerrara puertas tras emitir el veredicto final.
Allí en ese edificio de piedras y mármoles, era donde desde 1935 se dilucidaban las cuestiones inherentes a la Justicia. Ellos esperaban que para entonces ya sabrían el desenlace de la “cosa suya” que también era de otros iguales, dejada en manos de los altos jueces y cuál fue el resultado de su queja ante las autoridades.
Todos estaban decididos a no abandonar el lugar, y menos esta vez, sin antes conocer del veredicto ansiado. Porque todos ellos aguardaban como una sola pieza, que se declarara ilegal una ley que desde hacía más de medio siglo, sirvió muy bien a una parte de norteamericanos confundidos, para mantener aplastada a un sector sustancial de la sociedad estadounidense.
Dicha parte, integrada mayoritariamente por los negros, incluía también a los judíos, mestizos, indios (criollos o extranjeros) u otras minorías penantes. Todos, habían estado demasiado tiempo silenciosos, en espera de que la sociedad norteamericana entera, recapacitara por un equívoco ya insostenible.
Porque ya habían transcurrido 57 largos años desde el fallo histórico (1896) en que la Corte Suprema de los Estados Unidos —la “Corte Warren”, entonces en funciones—, dictaminó invalidada la queja interpuesta por el ciudadano Homer Adolph Plessy en el que se constituyó después como el “caso Plessy vs Ferguson”
La Corte emitió de manera tácita un rechazo a la petición, al declarar que la queja del demandante acerca de que sus derechos constitucionales amparados por la Enmienda XIV habían sido violados por la empresa de ferrocarriles de New Orleans, quedaba “sin lugar, por infundada“. De ahí, el tema álgido de la discriminación racial saltó a primer plano, a causa de las inter relaciones étnicas inevitables
Quizás, la multa más histórica en los Estados Unidos
Porque hay que recordar que este caso, arrastrado desde 1892; emergió a flote público cuando Homer Adolph Plessy; un ciudadano oriundo de New Orleans en Louisiana; fue multado en $25 (unos $825, al cambio actual) por “sentarse en el asiento que no debía”. Tal incidente, se debió a que que ese vagón de pasajeros, en específico, estaba reservado “only for white people no for colored“.
La situación se le agravó cuando Plessy se negó, en voz alta, a trasladarse hacia el otro vagón del ferrocarril que estaba destinado “only for colored people“.
Claro, el acta de la Law 111 emitida por el estado de Louisiana en que se validaba localmente la segregación en los medios de transporte, no especificaba la gama de colores que abarcaba esa denominación de colored people.
Aunque los negros  lo sabían, porque la cosa iba con ellos, principalmente. Los resultados inmediatos del rechazo del caso Plessy por la Corte Suprema cuajaron y se demoraron.
Porque ello posibilitó la apertura de las compuertas ansiadas por los segregacionistas. Estos, aplicando las más singulares artes mágicas del birlibirloque ilógico de los prejuicios; dispusieron en sus arsenales de una sólida fundamentación legal –al menos jurídicamente-, aunque inadmisible desde todos los puntos de vista morales, éticos y humanos.
Tales quehaceres se solidificaron para continuar desarrollando y consolidando, las ideas  oniristas y cataléptiaos a fin de retorcer y enfatizar la desigualdad racial, proscrita por la Constitución de los Estados Unidos.
El criterio de la Law 111, peregrina en todas sus costuras y remiendos; era defendida por ciertos sectores sureños; considerando éstos que la segregación racial era legal y un acto soberano de los estados. Luego, cada estado podría interpretar dicho fallo a su manera y conveniencia.
Por supuesto, arguyendo que todo era “en beneficio de los negros y otras minorías”, dado que de esta forma “se les protegería a estas de los posibles acosos, por parte de elementos recalcitrantes”. No es extrañar que este lapsus de tiempo preñado de penumbras, pudiera ser enmarcado dentro de aquel período que la Historia denominó una vez, “Oscurantismo Moderno”.
Porque eso, precisamente, fue lo ocurrido en nuestro país, desde el 18 de mayo de 1896 hasta el 17 de mayo de 1954. Todo porque en una mañana de mayo de 1896 ante la “Corte Fuller” sesionada en Washington (así definida por presidirla Melville Weston Fuller) el juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Henry Billings Brown (2) en calidad de vocero, dio lectura al discutido fallo por el que le asignó la plena razón a la Law 111 (de la Louisiana Railway Car Act) emitida por dicha compañía en ese estado, corriendo 1890. Esta ley también fue conocida por “Act of Separate but Equal” (Separados pero con igualdad), la cual entró en vigor ese mismo año.
Dicha ley se diseñó y aplicó primero a los medios de transporte y después, por ósmosis intencional, en la versión elaborada por cada estado pero aplicada al resto de las actividades sociales, religiosas, artísticas, laborales, educativas u otras, en función de aquellos sus promotores, estimaban sus intereses legítimos.
Y así, desde 1896 transcurrieron los años hasta arribar al quincuagésimocuarto aniversario en el año de 1954, desde la implantación de esa ley, que sirvió de plantilla para el resto de las “Jim Crow” segregacionistas a emitir por cada estado.  Ese día, un viejo luchador por los derechos constitucionales, se detuvo brevemente ante la escalinata de la Corte, para tomar un repiro.

“¡Á la merde!”, exclamó Thurgood, indignado 

Ahora, exactamente en este día primaveral y trascendente; el Dr. Thurgood Marshall (3), abogado y consejero principal de asuntos legales de la National Association for el Advancement of the Colored People NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color), promotora del caso; miró por encima de los aros gruesos de sus espejuelos, la cuesta empinada que tenía ante sí y que le conduciría a la Sala del Tribunal de la Corte Suprema, donde se dilucidaría aquel drama intenso.
Thurgood, tiempo después, seria escogido en 1967 por el Presidente Lyndon B. Johnson como miembro de esa misma Corte Suprema de los Estados Unidos. La cuestión consistía ahora, en 1954, que él era el abogado acusador contra el gobierno de los Estados Unidos; el cual de simple espectador ante la demanda contra Louisiana, al sancionarla, se convirtió en ejecutor.
Éste, había ocupado ese cargo en la NAACP desde 1938, en sustitución de su mentor el Dr. Charles Hamilton Houston.

“¡Á la merde!, ya me sé de memoria cuántos son los escalones —farfulló, repitiendo con voz queda, para darse ánimos.

Tal como rumió Rodrígo, el de Triana cuando Colón lo envió castigado a la Torre del Vigía en el Palo Mayor (el “carajo“), de la carabela “La Santa María”.

Thurgood, ya se conocía de memoria cada loza del camino a vencer con la mole de su cuerpo. Y sin pensarlo dos veces, echó a andar a zancadas subiendo cada peldaño, jadeando con el alma y también como le permitieron sus tendones. Thurgood ya frisaba los 46 años de edad y andaba por las nueve arrobas de peso.
Es que a las 10:00 de esa mañana, el Marshall de la Corte haría su llamado acostumbrado a los asistentes, de hecho y por derecho y de igual modo extendido a los curiosos hacinados en la sala y las galerías altas. Y él, era el único de los representantes de los quejosos, que no podía faltar al acto en la acera de los demandantes.
Se trataba de un juicio importante de apelación del cual los presentes en la sala y una multitud de ciudadanos dolientes en toda la nación, clamaban por el veredicto condenatorio de las leyes de segregación racial y su anulación inmediata, sobre aquel infundio que les trancaba la garganta desde hacía la friolera de 57 años.
Todos los espectadores en la sala se revolvían ansiosos, los unos por curiosidad y los más, repletos de esperanzas. Entonces, con la solemnidad acostumbrada, los 9 jueces integrantes de la “Corte Warren”, entraron ceremoniosos; enfundados en sus togas negras; lustrosas e impresionantes.
Resultaba curioso, porque ahora les tocó a estos magistrados oficiantes a mediados del siglo XX; decidir sobre los derechos civiles del color negro, luego también del carmelita, el amarillo y el resto de la tonalidades.
No se trataba de las briquetas de carbón, el papel carbón de copias, el negro humo o de la “tinta china”; sino; acerca de los derechos de los escolares norteamericanos, específicamente los de color negro; segregados en las escuelas públicas, en casi toda la nación norteamericana.
Los magistrados, dictarían por boca del presidente de la corte el veredicto final sobre la controvertida y sonada ley, que hasta los felinos del Camino de los Gatos sabían de sus urdimbres al detalle.
El meollo de la querella versaba sobre la queja interpuesta por un ciudadano, Oliver L. Brown (4) , contra la poderosa Junta Escolar del Distrito Condal de Topeka, Kansas. En esencia, a causa de la discriminación racial sufrida por su hija Linda al no permitírsele, como a otros niños, matricular en la escuela primaria para blancos, cercana a su vivienda.
En consecuencia, dicha junta estaba acusada en esta ocasión de cometer actos de segregación, congénitos en el profundo sur, en contra de escolares quienes no por casualidad, eran negros.
En esta apelación de Brown los abogados de los demandantes consolidaron bajo el mismo nombre, otros 4 casos de características similares, lo cual convirtió la demanda individual, en una querella colectiva que, de inmediato, cobró de mayor peso.
Marshall temió a Warren, a causa de un viejo fantasma japonés
Thurgood albergaba temores de que en la “Corte Warren”, al estar presidida por el juez Hon. Earl Warren; les fallara desfavorable a los demandantes sobre el caso Brown, como sucedió antaño con el de Plessy (en 1896). Aunque este magistrado era considerado un republicano liberal y que lo siguió siendo a las dos manos durante el resto de su actividad en la Corte Suprema; dado que dictaminó en casos muy álgidos sobre los cuales debió emitir su opinión, contra viento y marea. Sin embargo, de la volubilidad de Warren podía esperarse, como en todo lo que intervino, cualquier sorpresa.
El resquemor se basaba en una decisión judicial emitida por Warren en el pasado, cuando todavía fungía como Fiscal General de California (5), antes de ser elegido gobernador de ese estado y después, candidato en la boleta presidencial.
Pero esa mañana fue de sorpresas inigualables para el diligente Thurgood Marshall. América, amagaba en danzar con su alegría soberbia y modocita; sobre sus pies genuinos, no los de barro, como cuando el “asunto Plessy”.
Porque precisamente en ese día aciago para Thurgood, la Corte Suprema de los Estados Unidos debía emitir uno de los fallos de mayor trascendencia en la historia de los Derechos Civiles y Constitucionales de la nación norteamericana.
Quizás, considerado desde puntos de vista ético, decencia, moral y altos principios; los jueces también altos de la Corte Suprema fueron conducidos por Warren de manera magistral, hacia una decisión unánime que dejó en ascuas a los oponentes de la integración. Norteamérica se anotaría otro tanto, aunque fuera en contra de su propia imagen como nación poderosa, en ocasiones omnisciente.
Algo así, seria inimaginable en otras latitudes o sociedades de “different way of lifes“, y que además, sus enemigos envidiosos jamás la entenderían. Se trataba de la resolución acerca del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas(6).
Con este veredicto, de ser favorable a los quejosos, se enmendaría un abominable entuerto que nunca debió ocurrir: la promulgación de la Law 111 (Separate but Equal) emitida en 1890 por el estado de Louisiana, basada exclusivamente en un acta irracional emitida internamente por la Compañía de Ferrocarriles de Louisiana.
Esta ley fue legalizada en 1896, inexplicablemente, por la Corte Suprema de los Estados Unidos, al desestimar la apelación de amparo formulada por un zapatero casi olvidado, protagonista del “caso Plessy vs Ferguson” de 1896, pie de base del conflicto actual.
¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!, anunció el Marshall de la Corte
Thurgood había entrado a la Sala de la Corte y se sentó exhausto en el asiento reservado a los abogados actuantes. Sucedió en el mismo instante en que se escucharon los golpes del mazo del Secretario del Tribunal; anunciando a los presentes el ponerse de pie, en espera de la entrada inminente de los magistrados e instándolos a aguardar de pie hasta que éstos se sentaran. Entonces, se escuchó la voz fuerte del :

Los muy Honorables, el Presidente del Tribunal y los Magistrados de la Suprema de Corte de Justicia de los Estados Unidos. ¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!.

Todas las personas que tengan peticiones ante los Honorables Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, deben prestar atención, porque la Corte desde ahora está en sesión.

¡Que Dios salve a los Estados Unidos y a esta Honorable Corte!.

Los magistrados entraron lentamente y tomaron asiento. El Presidente de la Corte dio un golpe con su mazo y todo el público se sentó. La apertura de la sesión y la alocución a los peticionarios se realizaría de inmediato.
El Presidente de la Corte, el juez Earl Warren, fue hacia el estrado con paso lento, pero con la expresión de quien sabe exactamente el alcance del veredicto que portaba entre sus manos. Un enorme silencio se tendió sobre la sala, como si todos los sonidos y ruidos del mundo se hubiesen escapado a otro planeta. Ya en el podio, carraspeó, abrió una carpeta de piel negra y anunció:

“Decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos. ¿Justicia igualitaria conforme al derecho?. Daré a conocer el dictamen de la corte con respecto a la alegación de Brown contra la Junta Educativa (de Topeka).

Al abordar esta cuestión no podemos regresar al año 1868 cuando se promulgó la Décimocuarta Enmienda, ni al 1896 cuando se instruyó el caso Plessy contra Ferguson. Debemos observar la Instrucción Pública a la luz de su papel actual en la vida del país.

Y enfrentamos la pregunta, ¿puede la segregación en las escuelas públicas, basada meramente en la raza, a pesar de que las instalaciones sean iguales, privar a los niños de la minoría de oportunidades educativas igualitarias?.

Creemos, unánimemente, que sí. Concluimos, que en el área de la Educación Pública, la doctrina de separarlos por iguales, no tiene cabida. Por lo tanto, sostenemos, que se ha privado a los demandantes de la protección equitativa de las leyes garantizadas por la Décimocuarta Enmienda. Así se ordena.” (7)

Warren, dejó que se escucharan por última vez quejas sobre la segregación racial por motivos de la raza en las escuelas y volvió a golpear con el mazo, dando la sesión por concluida. América, resultó salvada nuevamente por sus jueces. El público, aplaudía delirante aquel fallo justo e irrevocable. Hubo una historia anterior a ese momento crucial.
El  antecedente del ciudadano Brown, contra la Junta Escolar de Topeka.
Este mandato de la Corte Suprema, posibilitó que la pequeña hija de Brown, Linda, pudiera matricularse en la escuela primaria de blancos; cercana a su hogar en el distrito de Topeka; en lugar de caminar solitaria bajo cualquier condición del tiempo, hasta su escuela primaria situada casi a una milla de su hogar.
Porque resultó fabuloso que, de golpe y porrazo, la “Corte Warren” revivió, de manera implícita, la Décimocuarta Enmienda y revitalizó la Décimotercera y de paso, consolidó la Décimoquinta; las cuales nunca fueron derogadas ni resucitadas oficialmente sino, simplemente resultaron freezing y olvidadas en un rincón.
Sin embargo, a pesar del intríngulis legal, este evento jurídico corrector resultó el remedio preciso que no dejó espacio a dubitaciones y que además; marcó un hito en la lucha por la dignificación de un sector de ciudadanos estadounidenses segregados del buen vivir en democracia.
Porque el intríngulis generado premeditadamente en 1896 y cuyos vértices exponenciales atacados durante decenas de años entre otras minorías relegadas; eran los negros y, como sucede en todas las razas, con su gama plena de tonalidades.
Como una consecuencia inevitable de este desastre social impuesto por la ceguera de unos jueces ofuscados de prejuicios, la segregación y los temores de su recrudecimiento ya abocados; hicieron que ya desde 1909 ciudadanos de diversas características étnicas y sociales como negros, hispanos, judíos, asiáticos y de otras nacionalidades; se conformaran bajo la sombrilla de la nobel NAACP, recién fundada.
Esta asociación, popularizada como “The Call” (La llamada), estuvo antecedida por el “Comité Nacional Negro” o el original “Niagara Movement“. Lo sorprendente y novedoso de esta asociación, es que se conformó integrando en su membresía a otros grupos étnicos, no negros.
Luego resaltó que con este modo de actuar gregario, la NAACP daba muestras de cómo el país norteamericano debería conformarse, sin la existencia de exclusiones ofensivas. Es decir, que la NAACP, era la auspiciadora y promotora; entre otros muchos cientos desde su fundación, del “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
El evento judicial del 17 de mayo de 1954 por su parte, emanado como dictado inapelable de la Corte Suprema; fungió en calidad de elemento restaurador de las leyes originales, las denominadas XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales.
Estas modalidades, fueron diseñadas y puestas en vigor, a raíz de concluir del conflicto (muy cruento) entre las fuerzas de la Unión (el Norte) y las de los Confederados (el Sur). Ambos criterios de gobernabilidad, estuvieron enfrentados militarmente durante largos y penosos años (1861-1865).
En primera instancia, se trataba atajar el cisma provocado por la disidencia de los estados separatistas del sur; lo cual se logró al final; momento en que el presidente Abraham Lincoln incorporó estratégicamente el tema álgido en extremo, concerniente a la abolición de la esclavitud.
Con ello se posibilitó con posterioridad, que la Unión ya victoriosa, adhiriera a la Constitución norteamericana las mencionadas enmiendas a los fines de proteger los derechos y libertades adquiridas por los antiguos esclavos, principalmente.
Por imbricación lógica, el resto de la nación pudo respirar a pulmón pleno, dado que esas leyes eran aplicables a todos los ciudadanos, sin distinción de razas, fueros ni privilegios. Un conjunto posible, tras la victoria del ideario abolicionista de los estados norteños integrantes de la Unión, sobre el capricho esclavista enarbolado por los estados sureños, adheridos a la nombrada Confederación.
El fallo reparador emitido por la Corte Suprema de Justicia, pasó a los anales de la judicatura norteamericana con el nombre del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
Por el mismo, los ciudadanos quejosos como Brown contra el status quo segregacionista implantado legalmente desde 1896, emanado a su vez del dictamen de la Corte Suprema entonces actuante, consiguieron ser escuchados con éxito.
Un “no ha lugar” que perduró 57 años
Una ley injusta, la Law 111, (en realidad, formó parte de un conjunto de leyes, por lo general agrupadas bajo el, nominativo de “leyes de Jim Crow” y disposiciones locales promulgadas por los estados), emitida por el entonces gobierno estatal de Louisiana; y después imitadas por otros estados, saltando sobre las Enmiendas Constitucionales; provocó a mediados del siglo XX la queja de un ciudadano negro, el cual emplazó al estado de Kansas con su apelación contra el viejo fallo judicial, “Plessy vs Ferguson”. El mismo caso de Rosa Parks (8) cuando la crisis de los autobuses, a mediados del siglo XX.
La apelación de Plessy ante la Corte Suprema Distrital de New Orleans y posteriormente en 1896, ante la Corte Suprema de Apelaciones de los Estados Unidos, fue declarado “sin lugar” en ambas instancias, de donde la Law 111 cobró valor. Este caso devino en consecuencia desastrosa para toda la estructura legal de la “Ley de los Derechos Civiles”, emitida por el gobierno republicano en 1875.
En modo alguno, el proceso incoado por el Comité de notables de New Orleans; que guió el “caso de Plessy vs Ferguson” en New Orleans, aunque derrotado en cortes; no lo fue por negligencias sino, por imponderar que el ambiente hostil del sur estaba impregnado de un apasionamiento fuera de la lógica justiciera y de imparcialidad, que debió primar en la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.
Esta institución, a la que suponía alejada de la influencia sureña, o de cualquier otra, se dejó arrastrar inexplicablemente por su falta de ética profesional y humanística hacia un abismo legal, luego, fue esta corte la que le falló al pueblo norteamericano.
Entonces, la Law 111 fue el punto de apoyo de los segregacionistas, quienes campearon por sus respetos durante los siguientes cincuenta y siete años, hasta que el fallo dictado por la Corte Suprema el 17 de mayo de 1954, en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, rectificaría todo lo que jorobó y amargó a los negros, otras minorías y a la vergüenza nacional de los Estados Unidos.
En este veredicto trascendental se declaraba que:

“La segregación racial en el campo de la enseñanza (de donde provenía la queja), era ilegal y estaba proscrita desde ese momento por las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual será extendible a posteriori, hasta cualquier sitio y actividad pública“.

Esta victoria posibilitó, aunque ahora a la inversa y en revancha, que los anti segregacionistas tomaran el fallo como catapulta, para irle encima a los promotores de la segregación, pero ahora a marcha forzada en todo el ámbito nacional, a fin de ecualizar el error judicial.
Se determinó “campo”, dado que en lo que a esta resolución refería, era al “campo educacional” en específico y no, al resto de las otras esferas sociales del país y cualquier otra actividad. Estas eran semejantes a las de aquellos estados que se encontraban atorados con tales problema, tal como sería alcanzado posteriormente y de manera paulatina, con un tono bastante pacífico (con algunas excepciones), utilizando al descubierto los recursos propios de la leyes norteamericanas.
Se había alcanzado la victoria jurídica, pero de igual modo; se iniciaba otra etapa cuesta arriba para lograr la implantación y reglamentación igualitaria de todas las actividades en el ámbito nacional.
Restaba lo más importante y de sensibilidad extrema en una nación que había hecho su historia peleando por las causas justas –en especial por otros pueblos oprimidos o en vías de serlo, lo que así se logró–, que la ciudadanía entera comprendiera que tenía por delante el abordar un camino álgido.
El dilema
Alcanzado este punto, ante todos los activista que se esforzaron en lograr la anulación de las leyes segregacionistas, se les presentó el dilema de decidir en qué forma desarrollarían su futura lucha por extender a toda la nación los beneficios del veredicto final de la Corte Suprema, al abolir la segregación en las escuelas. Porque ya se había arribado exitosamente a un punto de inflexión, que inclinaba a escoger entre la estrategia legal absolutamente pacifista de Thurgood Marshall, acudiendo a “la fuerza de las leyes vigentes” y por otra parte entre lo opuesto y tangencial, “la fuerza de la desobediencia civil pro activa“, sustentada por Martin Luther King Jr.
Sin embargo, no resultaba saludable olvidar las otras corrientes minoritarias (los furiosos) capitaneados por Malcom X , Farrakhan y otros, vinculados al Islam, comunistas, fundamentalistas negros, y en ocasiones (no clarificadas) a maffias locales y grupos de intelectuales, plebeyos y resentidos interesados en mantener en ebullición el estado de animo adverso de ciertos sectores de estas minorías; por ejemplo; las actividades anti norteamericanas exógenas patrocinadas por el Comintern.
De igual modo, se destacaron ya después corriendo los 60’s, las corrientes redundantes con los grupos terroristas auspiciados por anarquistas, etarras, castristas, maoistas, fundamentalistas islámicos y otros de igual prosapia. No desprendernos de los reclamos que la justicia de los Estados Unidos solicita en especial, a los países miembros del Eje Apocalypto (ALBA), donde se han refugiado elementos subversivos, terroristas y delincuentes comunes, amparados por esos gobiernos hostiles a los EE.UU.
La esencia del objetivo final, consistía en hacerle entender al resto de los norteamericanos –hasta entonces privilegiados indirectamente–, la justeza de las leyes anti segregacionistas y la necesidad de que las mismas fueran apoyadas con fervor por el resto de la nación, en aras de la unidad nacional. Pero todo este trajín cenagoso de casi seis decenios, tuvo sus antecedentes a causa de una jugarreta del destino y el desatino de los hombres en pugna.
Sucedió que transcurrido el primer tercio del siglo XX, arreció la lucha de varios grupos; algunos inmersos en la violencia preconizada y aprovechada por los comunistas de nuestro vecindario (castristas, senderistas, tupamarus y otros grupos violentos).
Tales sectores tenían en sus agendas el interés en tomar ventajas de las tensiones sociales generadas por la segregación, exacerbadas por el boicot impuesto a Sudáfrica en consonancia con el sistema del apartheid y en especial, por las actividades disociativas (en ocasiones, subversivas) de agitadores profesionales envueltos en las protestas contra la guerra de Viet Nam.
Entre estos movimientos se destacaban sendos grupos de activistas pacifistas (de los principales) liderados por el Dr. Thurgood (née, “Thuroughgood”) Marshall (1908-1993) el uno y el Dr. Martin (née, “Michael”) Luther King Jr. (1929-1968) el otro; quienes enfocaron los esfuerzos y luchas anti segregacionistas, empleando tácticas y estrategias muy diferentes.
El uno, dispuesto a eliminar toda tendencia racista de ciertos supremacistas blancos y negros; mientras que el otro, de alguna forma, preconizaba puntos de vista no exactamente tendentes a la unidad nacional.
Se trataba del rescate y revalidación plena, como seguimiento del dictamen de la Corte Suprema en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”; de los Derechos Civiles y la revitalización de las XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales, concordantes con la erradicación de la ominosa segregación racial, exacerbada por grupos aislados en cada bando.
¿Esencia de la táctica teórica de Martin Luther King Jr.?
El Dr. Martin Luther King Jr., quien escogió para su justa “el Poder de la Desobediencia Civil pro activa”, un abanderado incansable de la lucha por los Derechos Civiles; fundó (1957) la Southern Christian Leadership Conference, SCLC (Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano), la cual dirigió hasta su muerte. Este proyecto de activismo pro activo, se estructuró bajo el proyecto de un dispositivo pacifista.
Sin embargo por razones desconocidas o al parecer permeado por la influencia de sus consejeros (9), lograron que Luther King Jr. deslizara sus acciones de protesta por el sendero intrincado e impredecible de la entonces en boga “Desobediencia Civil” (10).
Esta táctica (que había dejado de ser estrategia), inevitablemente; conduciría más tarde o temprano a la exacerbación de las pasiones y el ineludible encontronazo físico con las autoridades del orden o sus oponentes segregacionistas; lidiando sus diferencias en medio de las calles; tuvieron o no éstos, la razón.
Tal se demostró en cada uno de los choques anteriores y posteriores a la etapa de Luther King Jr. como líder de ese movimiento de ciudadanos (o sus seguidores) inconformes con el status quo imperante. Por ejemplo, notorias fueron las protestas de los veteranos de la I Guerra Mundial ante la falta de empleos, la lucha de las mujeres por el derecho al voto, las que el propio King auspició en contra de la Guerra de Viet Nam.
También se destacaron la batalla sobre el boicot al transporte o las riñas anti aborto, la efervecencia ambientalistas o cualesquiera de los otros aspectos por los que sectores ciudadanos se sintieran molestos o quejosos.
Luther King Jr. decidió en alguna forma o por motivos no diafanizados del todo, quizás fundamentalistas hermeticos; entrar en consonancia con las modas de la época y limpiamente, abrazó las doctrinas de Henry David Thoreau. Este ideologo exhaltado, era autor de un panfleto “La Desobediencia Civil” (lamentablemente escrito en la cárcel) y algunos puntos de vista de Tolstoy, Gandhi, Habermas y otros tantos connotados.
La desobediencia civil en la esencia de su estilo como lucha contestataria, es una forma de disidencia política, propia de los ciudadanos objetores de conciencia que; dentro de una democracia; dicen y muestran pacíficamente (por lo general) sus inconformidades con ciertas actividades o puntos de vista del gobierno actual. O si se entiende “de la política de estado”, que puede ser general y sostenida.
Uno de los rasgo característico de dicha táctica como instrumento de lucha, sino el de mayor distinción, es de la desobediencia civil como tal (donde Luther King Jr. aplicó con frecuencia los enunciados tácticos de Gandhi); la cual es su ejecución de forma consciente y sin estridencias públicas, pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad.
Tal modo de divergencia, asume otras fases de violencia extrema bajo los totalitarismos y la cuestión de agudiza por la intolerancia extrema del régimen opresor, a abrir un espacio que ha estado cerrado a cal y canto para el resto de la ciudadanía inerme.
Esta actitud contestataria, puede ser silente y de inamovilidad absoluta en un lugar o zona específica; tras el envío de un mensaje a la autoridad pública, aduciendo las razones del tal quehacer de manera indefinida, hasta conseguir que las autoridades cesen o mitiguen una actitud antipersonal (anti humana) contra un individuo o grupos específicos.
La cuestión, por ejemplo, se manifestó en el rechazo a la encarcelación represiva de 75 intelectuales y disidentes pacíficos, tal como sucedió en Cuba en 2003 durante la denominada “Primavera egra“.
En el caso isleño, de igual modo y dentro de una particularización notable, es también asumir una actitud dinámica de auto flagelación pública de no ingerir agua o alimentos de manera indefinida, tal como ha venido aconteciendo en Cuba desde la instauración del régimen comunista de los hermanos Castro.
Ejemplos resaltables devienen en tragedias cuando en 2010 un opositor negro, Orlando Zapata Tamayo (encarcelado desde 2003) activista de los derechos humanos, murió por estarvación (de hambre y sed) en febrero 23, 2010 tras 83 días de huelga de hambre.
O la del también disidente y opositor negro Guillermo Fariñas Hernandez, “Premio Zajarov 2010“; quien sufrió 11 años de prisión y protagonizó 23 huelgas de hambre; al cual el régimen castrista mantiene aprisionado como otros tantos opositores, sin derechos a movimientos dentro o fuera de la isla.
En el caso de Martin Luther King Jr. (tal por otras razones sectarias, sucedió también mortalmente con uno de los furiosos, Malcom X) se habia sumergido muto propio en las prácticas de desobediencia civil callejeras tuvieron de modo igual o resultados trágicos.
Dado que a su pesar y en el de todos los humanistas, derivó en desatar los nudos de una violencia lamentable entre blancos y negros; la cual era exacto a lo que Martin Luther King Jr. no deseaba y lo peor, sin obtener a cambio un resultado tangible, salvo el asesinato alevoso de este líder por un supremacista.
¿Esencia de la estrategia práctica de Thurgood Marshall?.
Este prominente abogado y veterano no de decenas, sino de cientos de pleitos ante los tribunales norteamericanos, Dr. Thurgood Marshall, quien escogió como arma por los derechos civiles; “el Poder de las Leyes”; propuso una estrategia mancomunada de herramientas más simple y al alcance de la mano de cualquier ciudadano decoroso: las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica y su hito, la Ley Constitucional, ambas vigentes.
Thurgood era del criterio de que un hombre sólo, per se, podría exponer su queja ante los tribunales, y ganar. Tanto el poeta Langston Hughes así como otro luchador por los derechos civiles, su mentor Charles Hamilton Houston, influyeron en estas conclusiones. Decia, que con el auxilio de instrumentos tales, planteaba Thurgood, cualquier hombre seria capaz de lograr un cambio y sin rasgos de violencias posibles, tal lo demostró durante toda su vida de activista anti segregación, en cualesquiera de sus formas.
Tal enfoque sobre la manera de solucionar un mismo conflicto, inobtenible cuando se recurría a la confrontación callejera; Thurgood se convenció desde temprano, que había posibilidades legales de eliminar nacionalmente la segregación, dado que por las leyes norteamericanas; era un instrumento legal, a partir del fallo adverso en 1896 de la Corte Suprema en el “caso de Plessy vs Ferguson”.
Su estrategia consistió en no combatir la ley “legal” de la segregación (Law 111) de Louisiana (1890), sino, demostrar en un primer paso: que la mencionada doctrina de “separados pero con igualdad”; funcionaba a toda marcha en su primera parte, la de “separados”; mientras que en la segunda parte, en lo de “con igualdad”, era un desastre inconstitucional.
Así paso a paso, desde su posición y tal como preconizo, este logró desmontar pieza a pieza ese desastre segregacionista y alcanzar el triunfo del 17 de mayo de 1954.
Un balance sorprendente
Pasado el balance final, inexplicable, la memoria de Martin Luther King Jr. –un gran líder y mejor humanista– se alzó sin proponérselo con todos los honores; mientras que Thurgood Marshall, Charles H. Houston y otros –que en nuestro criterio fueron los arquitectos del triunfo estratégico anti segregacionista por métodos pacíficos– quedaran relegados a un lugar más discreto.
Al parecer, en el caso de Marshall además de otros destacados, no se ponderó justamente su paciente y real cadena de triunfos; iniciados desde la exitosa acción judicial emprendida el 25 de junio de 1935; al lograr que la Facultad de Derecho de la Universidad de Maryland, admitiera en sus aulas al primer estudiante negro.
Así, al paso de los años y triunfo tras triunfo en las cortes, la razón silente acerca de cuál estrategia y tipo de “fuerza” resultó la idónea; estuvo de parte de Thurgood Marshall, como lo demostró en mayo de 1954, apoyado por la NAACP, y el resto de su carrera exitosa hasta su culminación como miembro de la Corte Suprema.
Sin embargo, si bien per se, el veredicto de la “Corte Warren” de 1954, en su esencia intrínseca e implícita abogaba por la eliminación de la segregación en cada estamento de la sociedad norteamericana, no fue hasta el 13 de noviembre de 1956que la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó por su mandato irrevocable que:

“La segregación racial en cualesquiera de sus manifestaciones, lugar o actividad, era ilegal.”

De ello se derivó que toda la estructura judicial, legislativa y ejecutiva de la nación norteamericana, dispuso de una herramienta definitiva e invaluable para eliminar cualquier manifestación de discriminación racial en los territorios de los Estados Unidos de América, sin aplastar la libertad de expresión amparada constitucionalmente.
Recordemos otro evento notorio que fue elevado hasta la Corte Suprema (estando Marshall ya en funciones como magistrado de la misma), el cual fue generado y dirimido en el ámbito de deporte profesional, específicamente en el área del baseball.
El pleito ganó la atención del gran público norteamericano, sobre otras disparidades económicas; en cierta forma amparadas por la Ley Anti-Trust; tal surgió en el denominado “caso Curt Flood vs. Bowie Kuhn (407 U.S. 258)” de marzo 20, 1972 por una queja elevada por Flood contra la existencia de la injusta “reserve clause” (cláusula de reserva).
Marshall dio su voto al demandante, Curtis Charles Flood. Aunque éste último perdió el caso, 25 años después, su queja se materializó (11) en el justo medio en base del criterio de Thurgood Marshall.
Un estudio reciente, acerca de esta especie de palíndromo absurdo; nos arroja explicaciones diversas, incluyendo razones algunas delicadas, arrancadas y disputadas desde los preludios de la Guerra de Secesión (1861-1865). Desentrañarla, es volver a los preludio expuestos en la “Tesis”.
Conclusión

(Una dispensa por estar en construcción…)

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   “Plessy vs Ferguson” [163 U.S. 537 (1896)]. Lo curioso es que la esposa del juez John Howard Ferguson, Virginia, se dice que mantenía fuertes vínculos con los abolicionistas de Massachusetts, entre ellos su padre, Thomas Jefferson Earhart
(2)   Algo inedito: “If one race be inferior to the other socially, the Constitution of the United States cannot put them upon the same plane“, Brown wrote.
(“Si una raza es inferior a otra socialmente, la Constitución de los Estados Unidos no puede ponerlas al mismo nivel….” escribió Brown).
(3)   Thurgood“, un film de George Stevens, JFK Center 2010, interpretado por Laurence Fishburne. (4) Oliver L. Brown, era un soldador de los talleres Atchison en la Topeka and Santa Fe Railway, en Kansas. Su queja surgió porque su hija menor debía caminar sóla, toda una milla para llegar a su Escuela Primaria, cuando la misma escuela, para niños blancos, le quedaba a unos bloques cerca de su casa y la Junta Escolar le negó a Linda el uso del transporte escolar.
(5)   A Earl Warren, en su función de Fiscal General de California, le tocó propiciar la relocalización e internamiento en campos de retención diseminados en los EE.UU (una práctica de común de acuerdo en el derecho internacional) a los extranjeros; en este caso ciudadanos japoneses (y japoneses-norteamericanos); que permanecerían detenidos en los EE.UU (incluyendo los territorios de ultramar), durante toda la II Guerra Mundial. Estas personas, durante el gobierno de Ronald Reagan, fueron indemnizados, por una decisión que muy pocos entendieron fundamentada.
(6)   “Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, [347 U.S. 483 (1954)].
(7)   La decisión original en ingles de la Corte Suprema de los Estados Unidos, el 17 de mayo, 1954 fue la siguiente:

We come then to the question presented: Does segregation of children in public schools solely on the basis of race, even though the physical facilities and other “tangible” factors may be equal, deprive the children of the minority group of equal educational opportunities? We believe that it does…We conclude that in the field of public education the doctrine of ‘separate but equal’ has no place. Separate educational facilities are inherently unequal. Therefore, we hold that the plaintiffs and others similarly situated for whom the actions have been brought are, by reason of the segregation complained of, deprived of equal protection of the laws guaranteed by the Fourteenth Amendment

(8)   El boicot terminó gracias a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos del 13 de noviembre de 1956 que declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.
(9)   La consejería advertida o inducida en Luther King por fuerzas extrínsecas, no deben dejar de vincularse con la existencia de factores enemigos jurados de los Estados Unidos. Recordar que por entonces, los restos del nacionalismo tercermundista (empantanados por la corrupción en sus fracasos económicos y políticos totales), aupado y subvencionado por la URSS y su brazo político armado y subversivo; el Comintern (todavía activo en la introducción de drogas para destruir la moral de la juventud estadounidense); arribaron a las entrañas de los norteamericanos disconformes, convoyados y vigorizado con la mensajería testaferra castro-comunistas.
(10)   Henry David Thoreau (1817-1862) fue un poeta, escritor y filósofo estadounidense de tendencia trascendentalista y origen puritano, autor de “La Desobediencia Civil”, entre otras obras y se le considera entre los padres de la literatura norteamericana. En 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México (también lo era Lincoln) y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue encarcelado. De este hecho nace su tratado, La desobediencia civil, pionero al proponer algunas ideas como el pacifismo y la no violencia que resurgirían con fuerza en el altermundismo ya anticipado por Thoreau para el siglo XX pasado.
(11)  El caso…

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