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…Génesis miamense: Las delicias de un naranjo en flor III/III


 …Génesis miamense: Delicias de un naranjo en flor

III/III

 “Yo soy Julia y tú, eres Henry. ¿Y tú, machito cabrío, qué hay con  la flor del naranjo?“, reflexionó la Tuttle y se arregló las enaguas

Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

 En la boca del río San Juan
Esa mañana Henry se levantó indispuesto, después de revolverse incesantemente por decenas de veces en el lecho, junto con los remilgos nocturnos de su nueva esposa. Durante unos segundos quedó sentado en el borde de la cama a fin de estabilizar su equilibrio. Pero no pudo evitar el permanecer de envuelto en una visión de sus sueños, que se les antojaron pesadillas estáticas: los Everglades, sus ciénagas, pantanos y los temibles mosquitos capaces (lo que el no sabía) de inocularle (1) la temible  “loving” (fiebre amarilla), que le rugían desafiantes. Y lo peor, con la gente de Plant amenazando con colársele por el flanco izquierdo a fin de ganarle, en ser primero en llegar a Key West.
Era la cuestión de encontrar la manera de llegar hasta la punta sur de la Florida, hasta Key West. Una visión lejana aún, la cual no se solidificaría hasta años después, dado que esto último, eran “otros veinte pesos” ingenieriles, en el decir de los cubanos.
La única opción viable para Flagler de extender su ferrocarril hacia el sur; cuyo vértice final seria montarse sobre la cayería sur sudeste hasta Key West –sin acabar de entender plenamente la propuesta de William J. Krome (2), su ingeniero dilecto– le tenía tan inquieto como la sensibilidad de su estómago, asustadizo como una mimosa.
Y todo eso debía hacerlo antes de que su competidor y también tocayo Henry Plant. Por lo tanto, ahora debería contentarse con alcanzar Fort Lauderdale y después Miami (Mayaimi, entonces, entre otros nombre indios). Claro que esa empresa podría costar decenas de millones.
Plant, se las arreglara desde Tampa, ya deslumbrante por su sensualoide arquitectura, en alcanzar desde Tampa aquel cayuelo a un “tiro de piedra de La Habana”, en que todos convenían. Pero este proyecto no se culminaría, hasta que Flagler dio la orden en 1902, para que se iniciaran los estudios preliminares.
Pero ahí, desde siempre, rugían los Everglades. Una vastedad selvática y casi inexplorada, que separaba la costa del Atlántico con la del Pacífico, donde ya tronaba todos los encantos inimaginables, la ciudad de Tampa. Es que extenderse por el sur de la Florida, era estar a puertas de Cuba, la rica colonia española.
Además de las vinculaciones futuras con el inminente Canal de Panamá, con todo el trafico marítimo y ferrocarrilero que se vislumbraba con Centro, Sudamérica y el Pacífico. Y porque además, la otrora poderosa España; se encontraba exhausta por guerrear tozudamente contra los independentistas criollos, que la acosaban sin tregua, desde hacía la friolera de 50 años.

– ¡Para no perder Cuba, la joya de la Corona Española, hasta el último hombre y la última peseta! – había gritado en el parlamento, el primer ministro de España.

Pero todo fue en vano. Porque el imperio español y su gesta conquistadora, estaban liquidados. Sin embargo, la genuina gesta civilizadora de la avanzada europea en un continente salvaje y repleto de iniquidades (sacrificios humanos, canibalismo, etc.) resulto en el actual concierto de naciones indoamericanas, con sus virtudes y defectos, que en la actualidad son de un horror contaminantes.
Flagler, no entendió qué sucedía con su estómago
Quizás el malestar, cuidadosamente observado por su médico, se debiera a las ostras “a la crema rosa” (Huîtres à la crème en caviar rouge), le había dicho el cocinero, que así era el nombre correcto) cenadas la noche anterior en el restaurante de su bello “Ponce de León Hotel” (2una estructura de ladrillos rojizos, medio que de estilo morisco o si se quisiera, mediterráneo.
O por, lo más improbable, el par de copas (en realidad tres) del vino tinto tempranillo; de Rivera del Dueto; que le enviaron desde New York. O quizás, una sorpresa o chisme culebrino de su amigo Glenn Curtiss, quien después se convertiría en osado constructor y piloto de su propia empresa de aviones. Y que después fue la más importante de los Estados Unidos, en especial durante la IIGM.
Y también por el condenado queso azul que no cesaba de invitar a que lo devoraran junto con a la hogaza de pan blanco, rociado con ajonjolí.

Sésamo, eso es –exclamó Flagler, como un autómata.
– ¿Decías, querido? -rumió la esposa, sin abrir los ojos completamente.

La comida estuvo más ligera que el delicioso almuerzo con el “caldo gallego”, tan pesado al gusto sajón, que realizó en un recién estrenado restaurante lacustre de Anastasia, en el litoral interior de San Agustín de la Florida, cuyo dueño era español.
Éste, un genuino descendiente –en realidad, de la “oveja negra” de su familia– de la antigua estirpe de los Fatio de allá por San Agustín de la Florida. O de lo que quedaba de esta, desde cuando Florida pasó a manos de los Estados Unidos en 1821,

Henry, querido ¿en realidad te sientes tan mal? –le inquirió la esposa.
Si. Pero lo que necesito es solamente un colagogo.

Ella, extendió la mano izquierda y tiró tres veces del cordón carmelita para avisar urgencias a la servidumbre.

Solamente un tercio de la dosis –le susurró la sirvienta a la esposa. Pero Henry la escuchó.
Sí, eso es lo que me recomendó el homeópata, y no más, querida –acentuó él, para contener la sobre protección de ésta.

Por entonces, los homeópatas comenzaban a ponerse de moda a causa de la singularidad de “curar con lo semejante por la medicina natural”, sólo que las personas pudientes disponían de posibilidades de tener acceso a estos médicos.
Flagler y Krome
Luego, Flagler planeaba revisar los proyectos con el experto Krome, en específico,  los planos de la nueva estación para el caserío de Fort Lauderdale, al sur de su joya preferida, el bello hotel “Ponce de León” en  San Agustín de la Florida.
Estaba contento porque sus rieles se habían extendido ya, hasta Palm Beach (2), donde a inicios de siglo XX montaría una lujosa residencia permanente, como regalo de bodas a su esposa, la cual después seria el Museo “Henry Flagler”.

Aquí, lo que importan son la laboriosidad y la eficiencia” –reflexiono Flagler.

Todo en meticuloso orden, pues le obsesionaba que cada obra por él auspiciada, portara el estilo de optimización, euritmia y, por supuesto, su sello inconfundible: el color amarillo.
A Henry Morrison Flagler, el tycoon de los rieles de la costa Este, un perfeccionista, se sentía incapaz de admitir chapucerías por ganar dinero.
Sólo le interesaba la huella dejada por los elegidos, como él, y no las cifras a la izquierda del punto decimal en su cuenta bancaria.
Sentía picazones porque su rival, Henry Plant, y sus endemoniados capataces, anduvieran echando rieles a diestra y siniestra para conectar ferrocarriles entre Tampa, Jacksonville, Savannah y todo con lo que se encontrara por el medio, hasta la activación de líneas muertas
No deseaba ver a Plant, ni imaginar siquiera a su competidor en las veladas de cremoso chic del “Royal Ponciana Hotel” tampeño; codeándose con los Lydigs, Vandelbilts, Townsends, Stewarts y los otros chicuelos de la belle époque.
Y quizás alardeando entre sus socios comerciales,  por haberle puesto un pie delante a Flagler en la cosa de los ferrocarriles.
Por eso, se tragó de un sopetón el ruibarbo traído por Harold, y se encaminó hacia el saloncillo donde acompañaría el desayuno, después de asentar la infusión e inusualmente, con pan de manteca y mantequilla, al estilo habanero.

– ¿Se siente mejor ahora, señor? –preguntó Harold.
Creo que sí, Harold –dijo Flagler, dispéptico y exhaló un eructo, sonoro y envuelto en dólares–. Pero además, y por favor, me traes la botella del “mata bichos“.
Perdón señor -se electrizó Harold-, ¿Usted dijo del qué?
Si, hombre, el aguardiente que los españoles hacen con la cáscara de la uva. Es el de la botella fea, que me regaló el día de mi cumpleaños, ese cubano del pueblito de Arredondo, creo que era simpatizante de los independentistas. Dicen que es bueno para matar las lombrices. ¿Qué, te asombras?
No, no, Señor, le juro que yo creo todo lo que usted diga. Pero usted me perdonara el lapsus pero, es ahora que me entero de que usted tiene lombrices.
No, hombre. Es un decir. Es que no quiero que mi mujer sepa que lo hago temprano y con moderación. Es para entonar el cuerpo. ¿Entiendes ahora?

La kukulienka trina a la posta arribante
Entonces fue cuando la kukulienka (Cuco) de la Sala de Estar, dio las diez de la mañana. Junto con su trinar rocambolesco, llegó junto con el ladrido de los perros y el relincho de un caballo que penetraba en la propiedad.
Aparentaba ser el mensajero de Correos, que llegaba desde el sur, Miami, una vez a la quincena trayendo correspondencia, hasta un punto en que por barco o ferrocarril, se distribuyera para el resto de los Estados Unidos o el extranjero. Era la “subida por la bajada” del correo, después en sentido contrario
El cochero tomó el encargo, invitó al jinete a un refrigerio en la cocina y salió en busca de Harold, el mayordomo.
Este último tomó el correo, miró al cochero como sorprendido por la procedencia del envío y le dio vueltas al paquete, a fin de reconocerlo mejor. Entonces fue cuando leyó el nombre del remitente. De inmediato se encaminó a donde Flagler.

¿Qué es eso? –inquirió el tycoon.
En realidad no sé, señor –advirtió Harold–. Pero viene del sur, probablemente desde la oficina postal de Brickell en ese caserío situado en la boca del río Miami, dijo el mensajero. Por allá, por donde el diablo dio las tres voces y por el que ahora andan el mismo Brickell y Munroe, armando negocios con la promoción del turismo de yatistas y de los veraneantes del norte, que llegan por mar.
Pero qué clase de turismo es ese, amigo mío, si no hay transporte decente que llegue tan lejos, hacia el sur. Esa gente de la boca del río Miami, el resto de la costa sudeste, Key West y el resto de los cayos, dependen del cabotaje.
Señor, permítame decirle que no se descuide con el señor  Plant. –se arriesgó a decir Harold.
– ¿Quién lo manda? – inquirió Flagler, cambiando el evento original.
Creo que la misma Julia S., señor. El apellido es como Tutt.., no sé bien, quizás sea la misma señora viuda que lo visitó a usted una vez, en el “Ormond Hotel”. Parece que la tinta se humedeció con el roció y medio que lo borró. Quizás son huevos de cocodrilo. –bromeó

Harold y cortó los amarres de manila. Henry asintió, reventando de curiosidad. Cuando Harold destapó la caja abrió los ojos.

– ¿Qué es? –preguntó Henry, sospechando alguna travesura del apodado  “Duque de Dade”–. ¿De Ewan?
No, una cosa así, tan…tan delicada en su envoltorio; sólo puede ser de la “viuda” enfatizo Harold– digo, la señora Julia –sugirió este al recordar el nombre, mostrándole a Flagler el contenido.

Cierto que la viuda portaba atuendo negro
La tal “viuda” era un conspicuo ser real. Se trataba de Julia DeForrest, née Sturtevant, Tuttle. Ella provenía de una familia pudiente de Cleveland, Ohio, donde nació, se casó y enviudó de Frederick L. Tuttle. Sucede que Julia se gastaba “espuelas del quince”.
Mas tarde, compró una propiedad de 640 acres (2,6 km²) en el banco norte de la boca del río Miami, donde estaba erigido “Fort Dallas”, hacia la cual se mudo y embelleció el lugar, transformándose este en punto de recreación y atracción.
Corriendo Febrero de 1895, una helada sobrenatural se cernió sobre el centro, norte y parte superior del sur de la península, la cual resultó devastador para la Florida. Desde 1835 la península no había experimentado un desastre similar.
Las terroríficas heladas de finales de diciembre del año anterior e inicio del 1896 que corría, arrasaron con los sembrados, sólo dejando intactos los naranjos en la zona de Biscayne Bay.
El fenómeno climatológico provocó que los granjeros del centro y norte de la Florida hasta Georgia, arruinados, se esfumaran y huyeran espantados junto con las frutas.
Fue entonces que esta “milagrosa helada” acelero el movimiento para incorporar la que después seria la Ciudad de Miami.

Señora, yo la veo a usted muy tranquila. La poca gente que permanece en el lugar, se jala los pelos. Están desolados –sentenció Samantha, la sirvienta negra.
Tranquila, Samantha. Por ahora, vamos tirando con la producción de almidón. Eso se utiliza siempre, con independencia del clima.

Julia sonrió, en medio del estruendo de chiquillos, gatos y patos. A su rostro de mentón casi cuadrado, le adornaban salpiconas guedejas. Su expresión, exhalaba ternuras y un montón de los deseos reprimidos de cualquier cuarentona soltera.
Recién, después de su acostumbrada descarga religiosa para impresionar a Samantha, el brujo seminole; “Dr. Tigre”; el cual andaba en ascuas disgustado con la intromisión de sus colegas haitianos que vibraban en la misma cuerda de las magias y el esoterismo santero, se había marchado de la vivienda, con su música a otra parte.
Sucedía que ambas prácticas brujeras chocaban entre sí, más cuando se trataba pelear contra las bondades del insondable déjà-vu y otros ritos esotéricos de los negros.
Luego, las mujeres del lugar, en especial las solitarias y después de haberse encomendado por largo tiempo al santo en cuestión, posible proveedor del remedio santo para salir de la soltería, recurrían a cualquier practica o cosa oculta y, si era posible, discreta.
Después, ambas mujeres continuaron armando el paquete que enviaría al varón que disfrutaba todas las playas en la zona de San Agustín de la Florida, por el este del Panhandle, hasta West Palm Beach.
Porque Flagler era persona muy nombrada en las cosas de carreteras, real estate y en especial, las ferrocarrileras; esas ruidosas pero tan ansiadas máquinas, cuya música todos deseaban escuchar en sus vecindarios.

Pero tan necesarias a su terruño” –suspiro Julia y Samantha la miró tierna.
Yo le pondría papel de seda –propuso Samantha, en tono zalamero.
Falta la carta. Espero que él me atienda. En realidad, presiento que nada más tenemos que ofrecer al señor Flagler, salvo el hedor de los pantanos, mosquitos y la jeringa de este pegajoso calor.
Quizás sí, quizás no, señora. Tenemos playas hermosas –apuntó Samantha–. Depende de la sensibilidad del hombre.
Importante es que las flores y yemas del naranjo, no se dañen. Esta zona, será un lugar bonito, aunque por ahora, tengamos que bañarnos en el mar con esos horribles vestidos –pronosticó Julia, en un tono raro (quizás premonitorio de los que después seria la ciudad fabulosa) no muy concordante con su sobriedad indudable.

Cierto que se trataba de Julia D. Tuttle, la adelantada viuda que compró, entre otras propiedades, el viejo Fort Dallas y sus inmediaciones. La Tuttle, ya había decidido junto con Brickell, donar tierras para salvar sus sueños de lo que seria la ciudad futura.
Lo mejor era que ya había embullado a Brickell, su familia y otros notables de la villa, para que se sumara al juego, durante un opíparo almuerzo que organizó en el césped  en su barraca de Fort Dallas, en ocasión del Día de Acción de Gracias.
Exactamente, cuando el último contingente de voluntarios del Ejercito de los EE.UU que acampó en Miami, en 1896, en ocasión de estallar la Guerra Cubano-Hispano-Americana, coincidente con la Guerra de Independencia de los criollos cubanos, ansiosos de ganar su Independencia política y económica de la metrópolis.
Tras la derrota española, las fuerzas norteamericanas expedicionarias, ocuparon todo el territorio de la Isla de Cuba y sus cayos adyacentes, Puerto Rico, Filipinas y otras posesiones. En el caso de Cuba, especialmente, a los fines de comenzar la reconstrucción de la isla, tras el desastre dejado por la guerra.
Así, hasta el 20 de mayo de 1902, cuando se proclamo la República de Cuba.
Esa noche, tras el retorno de los invitados a sus casas respectivas; Julia y Samantha se sentaron en el cobertizo (hasta que los mosquitos se lo permitieran) y conversaron, confiándose sus cuitas.

– ¿Lograremos “armar el muñeco”, señora?
–Que no te quede la menor duda –le aseguró Julia. Entonces fue que sintió la punzada lacerante en el bajo vientre. Para entonces, ya estaba herida de muerte.

 Otra vez, en la boca del río San Juan

Es hermosa –dijo Harold, y le extendió a Henry el envío y la carta.

Éste la leyó, despacio. Después, permaneció meditando por unos segundos. Miro a Harold, quien se sintió escrutado por su jefe.

Y todavía yo no se cual es el empecinamiento de esa mujer en fundar una ciudad en aquel páramo.
Señor, las mujeres maduras sufren de cierto calores
Bien por la romántica rama de naranjo en flor, pero ¿qué interés tiene para nosotros ese atracadero de manatíes? –arguyó Henry, sarcástico–. En la carta, me invita a llevar máquinas y rieles desde West Palm Beach hasta Biscayne Bay. Y que la bonanza está asegurada la zona del río, que las heladas no tocaron ni tocarán el sur de la Florida, que sólo son sesenta millas desde West Palm Beach, y que…
–…y que la prueba de ello es la rama con las yemas del naranjo en flor que le envía –intervino Harold.
Cierto –asintió Flagler, y agregó –y eso, ese sueno, mi estimado Harold, cuesta dinero, ¿no?

Señor – acentuó Harold, tomando una larga bocanada de aire y con una expresión premonitoria, concluyó–, yo no sé de negocios, ni de heladas, ni del impacto de los turistas que irían al lugar. Pero le aseguro que, cuando una viuda solicita atención, es mejor hacerle caso. Me dispensa, pero se lo digo con absoluta sinceridad y… por experiencia propia.

Henry Flagler demoró solamente segundos en pensar sobre las palabras de su mayordomo.
Fue hasta el saloncillo aledaño donde su esposa, hacía trebejos como si tejiera el tapete de
Penélope.

Y tú, querida, ¿qué  piensas sobre la proposición de nuestra viuda?
– ¿Cómo?
Vamos, mujer, no te me hagas la sueca. Tú siempre tienes los oídos bien afinados.
Bueno, Henry, desde el primer momento que la ví me agradó. Y también, porque siempre da la impresión de ser tenaz, cuando se propone algo.

Dos ingenieros forasteros (muy apuestos) visitan a una viuda
Flagler, no le dio mayores vueltas al asunto y de inmediato, llamó a dos de sus mejores lugartenientes, Los ingenieros James E. Ingraham y Joseph R. Parrott. Ambos, concurrieron a la carrera hasta Miami y tocaron a la puerta de Julia, en Fort Dallas. La conversación se montó, junto con William Brickell, que a la sazón bebía su café vespertino mientras visitaba a Julia.

Señor Ingraham, me place que el señor Flagler les haya enviado con tanta premura, a conocer mi propuesta, digo, que la supongo y se, coincidente con la de los habitantes de la villa. Que como ustedes pueden constatar, esta en pleno auge –dijo Julia en tono pausado, como de quien esta completamente segura del peso de sus palabras.

Ingraham giro la cabeza y se encontró con el rostro de Parrott, quien había reaccionado igual ante el aseveramiento de la viuda respecto a la “prosperidad” de la villa y cuando miro a los ojos de este, encontró la misma expresión de estupor.

–Señora Tuttle, sin que nos entienda mal, quizás por nuestra torpeza, pero la zona aun esta virgen y…
– ¿Me permite, señora Tuttle? –intervino Parrott, en el mejor tono amistoso que encontró en su repertorio–. Cierto que el señor Flagler, por el momento, siente curiosidad por saber tanto los propósitos, como de las posibilidades de que nuestra compañía invierta; o  mejor acelere; los planes de llegar a este puebli…
Villa, señor Parrott, si me permite la corrección. Porque debemos pensar en un futuro que nos esta esperando, como quien dice, detrás de la puerta.

Fue ahora a la inversa, puesto que fue Parrott quien miró a Ingraham, el cual contuvo una sonrisa por la decisión que advirtió en aquella pueblerina (de lo cual se equivocaba, porque ella era toda una dama educada de Cleveland, lo que en las costumbre españolas recibiría el trato de “Doña”). Julia Tuttle posó su mirada profunda en los ojos de aquellos hombres.

Madam, ¿qué es lo que realidad usted propone? Porque en los planes de la compañía, se considera llegar aquí –le inquirieron, casi al unísono.
Partamos de una realidad concreta y tangible relacionada con el señor Flagler. Se trata de algo que se puede ver y tocar, tales son los rieles y los ferrocarriles que corren sobre ellos y los resorts de lujo con los que viene tapizando toda la costa este de los Estados Unidos.
Tal actividad económica y financiera, ha modificado sustancialmente todos y cada uno de los puntos donde se han establecido estaciones. Y más aun, porque aquel condado por donde atraviesa el ferrocarril, se vuelve prospero.
Y eso estimados señores, es exactamente lo que queremos para Miami, si el señor Flagler nos comprende y nos bendice corriendo hasta la boca del río sus condenados rieles y al menos una de esas ruidosas cafeteras. Que les confesamos, el señor Brickell aquí presente y yo, la señora Tuttle que necesitamos que nos ayude cuanto antes. Es que ya viene el nuevo siglo. ¿Entienden?
El señor, Henry Flagler, tiene en sus manos los destinos de esta comunidad por ser un emprendedor verdadero, no un político que promete lo que sabe no cumplirá.  Que el Señor Flagler nos ponga el ferrocarril aquí, y haremos de esto, una gran ciudad.
Como ya prometimos, tanto el Señor Brickell como yo, donaremos parte de nuestras tierras para construir la ciudad y un gran hotel, en Biscayne Bay. ¿Han visto las playas y la claridad del agua? No son como las del golfo. Igual o mejor, a los que el señor Flagler nos tiene acostumbrado en toda la zona este de Florida. Así de simple, caballeros. Eso, es “ya”, señores míos.

Aseguró Julia, enfatizando el “ya” en tono firme, de un sopetón y se cayó. Miro a Brickell y este asintió con la cabeza, Cuando miro entonces hacia la cocina, detrás de los visitantes vio que Samantha la miraba sonriente, mientras le hacia una seña de victoria con el pulgar hacia arriba.

Señora Tuttle, –riposto Ingraham, sonriente y se volvió hacia Parrott con una mirada suplicante– la defensa de sus argumentos dicen de por si mismo la solidez de las ideas de los  lugareños. En realidad, y entiéndalo bien que será entre nos, considero que el señor Flagler se solidarizara con los puntos de vista del resto de los vecinos. Pero, es el quien dice la ultima palabra. El tramo de Fort Lauderdale esta en la mira de los constructores y el tramo hasta Miami no es el de aquellos que nos presentaran dificultades.
Aunque, lo mejor del chiste  –apuró Parrott, en un tono casi sarcástico –es que el último punto en tierra firme, será Homestead. De ahí, vendrá el gran salto, de isla en isla como unos flamencos, hasta Key West. Y que Dios nos coja confesados y libre de pecados.

Cuando los dos hombres concluyeron el resto de la conversación, en cuyos detalles participó Brickell activamente, se retiraron convencidos de los argumentos de Julia Tuttle y William Brickell. La idea de fundar una ciudad en aquellos páramos, efímera y ensoñadora en sus principios, se materializaría casi de inmediato.

Qué mujercita esta –comento Ingraham, como quien no quiere las cosas, mientras caminaban rumbo a una especie de posada; muy rudimentaria que les ofreció el cubano Encinosa, dueño de la única fabrica (modesta) de tabaco, del lugar.
Mujerona, diría yo. Si la dejan, le vendería hasta hielo a los esquimales –concluyó Parrott, mientras se sacudía los mosquitos del atardecer miamense.

Entonces, devino el cambio.
La danza de los nunues
Después de los arreglos y contratos, Flagler envió a Joseph A. McDonald y sus cuadrillas de obreros, por mar, a fines de desbrozar el terreno para levantar en el futuro, el inmenso “Royal Palm Hotel”, en el banco norte de la boca del río Miami, el actual Downtown.
Sin proponérselo, la construcción se elevo sobre el antiguo asentamiento de un caserío tequesta (después, lo que hoy es el denominado “El Círculo de los Tequestas”). Esta edificación de madera, traía dotación de lo último para el disfrute de los huéspedes.
Luz eléctrica, agua corriente, bombas, elevador, piscina y otros tantos ganchos; que hicieron del lugar un verdadero success, para el fin de siglo. Ahora, con el ferrocarril, arribarían a montones para disfrutar de las aguas tibias de Biscayne Bay.
En abril 7 de 1896 los rieles llegaron hasta el “Depot” (estación o apeadero) cercano el “Royal Palm Hotel” (5). El 13 de abril arribó el primer tren de prueba con materiales múltiples para el hotel, negocios emergentes. La población ya ávida del progreso, miraba aquellos esplendores intuyendo que su terruño, no seria uno más.
El 22 de abril de 1896, finalmente, la imponente cafetera No. 12 del Florida East Coast Railway; arrastrando un vagón de correos, dos de carga y uno de pasajeros; entró oficialmente en su primer viaje comercial en los predios miamenses.
Arribaba con sus ruidos y escandaleras de siempre, hasta depositarlos a los pies de Julia y de los entusiastas miamenses congregados en la nueva estación al NE de la boca del río.
Flagler, declinó el ofrecimiento de que la nueva ciudad llevara su nombre e insistió, coincidiendo con Julia Tuttle en que la misma conservara el nombre indio del lugar. Ese día, Miami nació, siendo incorporada como ciudad en julio 28, 1896.
Por entonces, parece que los nunúes –duendes de la floresta pantanosa, de los Everglades (Rio de Yerbas) – ya elucubraban sobre un sendero hecho sobre las mismas huellas de los mocasines indios, los que corrían enrevesados por entre bosques y ciénagas.
El trillo, partía desde la boca del río Miami con rumbo oeste, bordeaba la Bahía de Carlos (Charlotte Harbor) inclinándose al norte; por donde fluiría sin parar hasta la Bahía del Espíritu Santo (Tampa Bay). Donde la Tampa (“lugar de muchas astillas”) actual.
Con el tiempo y un ganchito, además de sus buenas cargas de dinamita; este camino construido con las técnicas y estándares modernos prevalecientes a inicios del siglo XX sería denominado “Tamiami Trail” (actual carretera estatal 41).
El otrora ancestral sendero de indios, se tornaría finalmente a inicios de los 60s, en la fabulosa “Calle 8” (nervio central y asiento de la “Pequeña Habana”) de los cubanos inmigrantes, lanzados al exilio, cuando los comunistas sublevados comandados por el Dr. Fidel Castro y sus seguidores, se apoderaron de Cuba.
Esta descomunal inmigración por causas políticas, sin paralelos en la historia de Indoamérica; llegó a alcanzar en todas las diásporas brotadas, una cifra conservadora de 2 millones de perseguidos políticos. Quienes sin quererlo, se vieron empujados al exilio a causa de la férrea dictadura stalinista implantada en Cuba en 1959  a manos de los comunistas; desatada de manera inmisericorde contra el pueblo indefenso; por el Dr. Fidel Castro Rúz, su familia y seguidores.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Diciembre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  Por esa época, ya el médico cubano Dr. Carlos J. Finlay experimentaba y completaba en la finca San José de Marianao (un suburbio de La Habana), su tesis de que el mosquito ædes aegypti al picar a los humanos, era el transmisor de la enfermedad.
(2)  William J. Krome, ingeniero civil y topógrafo, andaba por entonces en los trabajos del Canal de Panamá, recién adquirido por los EE.UU, cuando fue llamado por Flagler tras la aprobación de la ley que autorizaba la extensión del ferrocarril desde Miami hasta Key West. Flagler concibió el proyecto en 1905 y tras dos años de estudios y proyectos, en 1912 se culminó la línea del ferrocarril, a un costo de unos 50 millones (USD).
(3)  El “Ponce de León Hotel”, en memoria de Flagler, fue convertido por sus herederos en el prestigioso “Henry Morrison Flagler College”, situado en la ciudad de San Agustín de la Florida, en el extremo nordeste de la península.
(4)  Precisamente en la ciudad de Palm Beach es donde el tycoon construyo su hermosa  mansión; “Whitehall”; como regalo de bodas a su nueva esposa, Mary Lily Kenan, donde residió desde inicios del siglo XX. Con posterioridad la mansión fue convertida en el actual el Museo (Bellas Arte, Exposición y Galería) “Henry Flagler”.
(5)  El “Royal Palm Hotel”, una edificación de 5 pisos, fue la última joya de resorts de lujo para las personas ricas (snowbird) que Flagler erigió, en el mismo sitio del antiguo asentamiento de los tequestas. Contaba con 450 habitaciones además de electricidad, elevadores, luz, piscina, fabrica de hielo, etc.; lo más moderno existente para la época. Lo curioso fue que Julia Tuttle, indicó en una de las cláusulas de la donación de sus tierras, que en el hotel “no se venderían bebidas alcohólicas”.

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.La Estatua de la Libertad y un poema (I/III)


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

.La Estatua de la Libertad y un poema (I/III)

(Paseando por la “Esquina del Pecado“)

(Dispensa por estar en construcción)

Era una joven y apasionada poetiza judía
Quizás, los labios silentes conocen dónde está la verdad. Es la verdad de claroscuros irreverentes, donde las pasiones hicieron hito de leyendas y el mármol ensayó sonoridades amigas, mientras corría el ultimo cuarto del siglo XIX. No el de cuevas panas repletas de chascarrillos y dormideras en los zánganos echados en las hamacas que abochornan mejillas y despiertan arreboles femeninos.
Eran los tiempos de los rencores cíclicos en que la Humanidad cambiaba de centurias y filosofías, raseros para juzgar, atuendos, aromas y dogmas modales y, ¿por qué no también la manera de amar, el desorden familiar, aberraciones sociales y sexuales, el deterioro de la moral, aplicar armas letales a los terroristas, anarquistas y otros gérmenes patógen0s y la contaminación del hábitat?.
Sin embardo, una poetiza judía apasionada con su tiempo, sin saber cuántos alientos le restaban –que ya le eran pocos– caminaba solitaria en medio de la casi ventisca vespertina de enero de 1883; por la esquina de la 42 Calle y la 5ta. Avenida (“La Esquina del Pecado“, la denominarían así en una novela y posterior film, en el siglo XX siguiente). Iba solitaria como una brizna de paja al viento vespertino, recién de haber dejado a su buena amiga Georgiana en la  casa de ésta, un bello y floreciente nido.
 
–¿Sabes Emma? –le inquirió Georgiana, durante un instante en el camino– Me causó algo de zozobra cuando casi rechazas la solicitúd de Evarts (1).
Hay mucha politiquería metida en estas  colectas para el pedestal. Es casi insoportable el cacareo de los políticos y un buen número de dilettantes, que sólo mueven la lengua para escucharse ellos mismos –argulló Emma, con un marcado tono de desaliento.
 
Pero ella continuó repleta de fríos ininteligibles al describir y raros, no muy justificados en aquella primavera neoyorquina llegada con atraso. Una tristeza pegajosa y humedad, como sólo pueden experimentar las mujeres, le azotaba el alma y rompía sus visiones de un futuro incierto. Y todavía con la visión de los horribles pogromos en Rusia.
En otro día cualquiera anterior, serían los asombros y expectaciones ante la carrera de antorchas científicas y artísticas venidas desde la Ilustración, en carrera de relevos hacia los años de 1800 y tantos; ya transcurridos casi tres cuartos de este y cuidadosamente esperado por los gigantes del comercio, industria, artes, economía, humanidades, política, ciencias, guerras y otras disciplinas.
Es que todas las inteligencias y sensibilidades abrillantadas ansiaban mostrar lo mejor de su aporte al subyugante juego humano. Era ese quehacer generador de ideas y riquezas, envidiado por los morones y los lerdos, siempre atentos y en lujuriosa espera, de los descubrimientos, obras y esfuerzos ajenos para tenerlos.
Porque ya estaba delineado virtualmente, aunque aun no escrito, todo el plan a transformar el nacimiento exuberante de las naciones, es particular la nuestra; por los Morgan, Monet, Zola, Ganhdi, Roosevelt, Rockefeller, Einstein, Edison, Heisenberg, Rodin, Curie, Plank, Bohr, Wright, Tesla, Ford, Keynes y más y más de los otros brillantes.
Algunos estudiosos  de la morfología humana, en especial aquellos que hurgan por los caminos del cerebro, los sitúan en el atrio de los genios totales por estar o haber nacido por encima del paralelo 23 septentrional (Norte); los cuales como los anteriores, participaban no sólo en calidad de colegas, sino también de los apreciados competidores. El combustible del desarrollo.
Y a propósito, nada de asombrarnos que un Marx, Blanc o Engel se unieran como “colados” al torrente, pero en línea inversa de la contra corriente humanística. Decir, para disfrutar y solazarse con los éxitos de los genios, los eruditos y los elegidos.
Sucede que con esta última troika o cuádriga, como es la filosofía de otros peces pilotos (aliados todos a los tiburones, a causa de su amblyopia meridional con la que estos cacos  se  justifican), existe uno de los tantos dogmas inviolables (peros, aunque, no obstante, etc.) dentro de sus sociedades secretas, como el de : nada de trabajar para generar riquezas.

–”Eso, que lo hagan los otros idiotas, con su tiempo y su cerebro. Lo nuestro, es disfrutar“.

Decían los comunistas, liberales, progress y el resto de los fans aullantes por la violencia, para quitar al que tiene y montados en la cresta de la ola cacofónica zurda, ramplona y desaseada; aferrada a su trashumar como hacen los pastores de las manadas de vacas infértiles, de verano a invierno, regodeándose en defecar y mear, en los pastos ajenos.
Dow le dijo a Jones y éste, a Bergstresser (2).

–”Dow, cuidado con los Marx, Blanc, Bakunin, Proust, Joyce y otros pescaditos defensores del melting pot

Le alertó Dow a Jones y éste a su vez, lo descargó en Bergstresser (el silent partner) mientras se alejaban del pub con paso calmo hacia sus oficinas en el No. 15, de la que antaño fue la calle amurallada (hoy, Wall Street) y que protegió la entonces Nueva Amsterdam de sus enemigos permanentes, en plena isla de Manhattan.
Es que por aquellos tiempos, entre los herbazales, enlodamientos y las postas de los animales de tiro; sonaban distintos alaridos de timbres crípticos de cada “yes mom”, “ano pañi” o “sí señora”, caucásicos, eslovacos, flamencos o españoles.
Inundantes todos, de las tierras del Nuevo Mundo, el cual uno de los genios de la élite pensante del siglo XV; Cristóbal Colón; se tomó el trabajo de “descubrir” e iniciar la civilización occidental y judeo-cristiana, en beneficio de los nativos sumidos alegremente en el arcaico mundo esclavista y, para puntualizar la obligación europea cristiana de civilizarlos, además carnavalescos.
Es la secuela del sensei antiquísimo, como síndrome natural de reverencia a los triunfantes; no a la masa amorfa, desculturizada y pancista; disfrutadora por igualdades, arrancadas a las almas generadoras de bienes y riquezas.
También porque allí, en aquellos lares de deidades domésticas, lubricaban sombras de nacionalismos extemporáneos e igual; soles de falsedades adamadas colgadas de una civilización pujante, la europea, que no les pertenecía. Es que la cuerda de la paciencia yankee, daba fuertes señales de que arribaba al fin de su tolerancia.
En otra mañana fría y primaveral, de longitud y latitud fulgurantes aunque diferentes; en París; Frédéric Auguste Bartholdi, el escultor francés (en ocasiones, todavía envuelto en su alias de Amilcar Hasenfratz, como pintor), tomaba el desayuno en su café preferido y leía el matutino, a un costado de la Basilique du Sacré-Cœur.
Éste, andaba menos que contento con los tiempos tomados por el ingeniero civil y estructural, junto con su grupo de colaboradores, que diseñaba la armazón interior de la futura estatua. Este último, recién llegaba y se sentaba plácido frente a Bertholdi.

–”Estimado señor Bartholdi, comprendo su inquietudes. –comenzó a explicar con voz suave, arrastrando un poco la ere pero sin ninguna inquietud, ante la mirada de reproches del escultor– Pero, Usted debe entender que no es lo mismo adicionar o quitar barro de una figura escultural; claro, no intento demeritar su trabajo; que quitar y poner factores en una ecuación matemática.  Es que si nos fallan los cálculos, la estatua se nos viene abajo y nadie lo regañará a Usted, porque su modelo que resultó hermoso en el papel, pero a mí,  sí. Mi estructura no funciona sujeta a apreciaciones eurítmicas, como sucede con su maqueta“.

El escultor, dedicó la mejor de sus miradas a su interlocutor. Es que se trataba de otro gigante de la ingeniería: Gustave Eiffel, encargado de diseñar la estructura metálica de acero que conformaría el esqueleto de la estatua, que se pretendía plantar sobre el pedestal aun no construido del todo, allá por una isla de la bahía de New York.
La misma que a ciertos políticos iluminados, les dio sus buenos dolores de cabeza y querellas recalentadas. Las otras identidades, sumidas en algarabías socialistas, eran las ánimas circulantes escapadas desde los tiempos de la Ilustración en calidad de sueños eremitas, navegando y enredados entre modas tipo, a inicios del siglo XIX.
Después, sobrevendrían las nuevas olas de aquellos frágiles de espina dorsal siempre enervados, que correrían a incarse ante la gatita de María Ramos y la luminosidad del Impressionnisme tipo siglo XX, per sæcula sæculórum, porque el amén de la terminación de la disputa, brillaba por ser oído.
Sí, quizás los labios en rictus espléndido advirtieron lo real e irreal de la verdad. Porque, aquí y allá coexisten infinidad de pistas y rugosidades al respecto.
Más hoy, cuando intereses foráneos tratan de vincular el símbolo original de esta mole de preciosidades estatuarias y uno de nuestros monumentos nacionales de mayor connotación, que nos hacen reaccionar frente a la tozudeces e irregularidades de los extraños (aliens) que nos invaden.
Por sinrazones tales, es mejor soltar una mirada auscultadora al despertar reminiscente, de algunos de los hechos, porque del decir, hay buenos trechos que recorrer.
El Impressionnisme, Señor Absoluto de tumbas, corazones y cuerpos de los adalides amortajados en Les Invalides y de la palabra versada musical de Claude Joseph Rouget de Lisle, en su “Chant de guerre pour l’Armée du Rhin” (Canto de guerra para el ejército del Rhin) y que a destiempo se desdobló en “La Marseillaise“, era la responsable absoluta de la pradera parisina en llamas.
Y bien que anduvieron cerca de la tenue línea anárquica, los nuevos sans-coulottes de la Comuna de París y de sus fantasmas de marxismo trunco, llamando al extraño peregrinaje alocado de un Adan comunista, una especie de gay filosófico (ahora el gobierno cubano los ha puesto de moda) correteando sobre una mula, como un travestí desnudo por las llanuras del tropo marxistas europeo.
Pero estos jacobinos de medio palo y peor pelo, ya no dispondrían un Robespierre cruel, por la simple razón de que  Adolphe Thiers les había sacudido las posaderas cuando asomaron greñas y orejas por encima de las barricadas parisinas, en ocasión de la Comuna de París.
Estos desclasados, no tendrían a quien seguir y deberían conformarse con un Marx, tambaleándose de brazos de otro timbalero del no hacer útil, su yerno, el cubano oriental Pablo Lafargue, casado con Laura, la segunda hija del filósofo y aspirante a economista.
¿Quién es esa muchacha?
Preguntó el rabino a su compañero en el banco del parque, mientras observó a la joven que, con paso decidido, se deslizaba frente a ellos. El otro, hizo un gesto de ignorarlo. Porque, de modo semejante en la Estatua de la Libertad coexistieron rugosidades e inquerencias respecto al carácter de la espiritualidad y objetivos de esta dama incógnita.

La figura adscrita a una delicada sensualidad más que romana o espartana, impregnada de fino aroma a bouquet parisino.
Y por que no también, del exquisito olor a floresta del hidrocarburo angoleño o de los cañaverales cubanos; por entonces; repletos de mambises enamorados de sus hembras trágicas y de la patria aherrojada.
Recordar que la faz de La Gran Dama nos señala, no por casualidad geográfica y sí democrática, las coordenadas de uno de los puntos más sensibles y conocidos de todos los despiertos; claro, por cada gente del valer, saber y también de valor del planeta entero: 48º 48′ de latitud Norte y 2º 48′ Este (06:00 PM hora de París). Es L’Étoil.
La estatua es la misma que aún hoy, reverdece con más intensidad en nuestro interés; cuando intenciones foráneas tratan de vincular el símbolo original de esta, uno de nuestros monumentos insignia, a propósitos egoístas amarrados a  agendas raras exo nacionales y peor, escondiendo clamores anexionistas.

–”Con los vientres y caderas de nuestras mujeres pródigas“.

Tal fue como nos advirtieron a cajas destempladas, algunos espaldas, pero no mojadas, en plena Zona Rosa de Ciudad México. Tales son concepto de doble standard separatista después de rellenar sus morrales, sin gota de patriotismo y sí con el doble infidelidad.
Es dar preponderancia al terruño que dejaron por ser infame cueva de estupefacientes, sobre el interés reverdecido de sueños en la patria adoptiva. La que sólo les reclama lealtades.
Todo, para que cambiemos el ropaje de quienes nos invaden, sin ser llamados ni necesitados. Así dicho, de manera brutal, sin ditirambos ni redondeces. Porque a mucho, América no me demandó que la hollara con mi pisada plana de size 14. Sucede que la cuerda de la paciencia, reiteramos, ya se le estaba acabando a los yankees.
Y duele otear por entre la rendija costal de Chrestus, a quienes piensan que EE.UU les debe algo por su impericia, morosidad y falta de tenacidades en tierras propias; no las ajenas transparentes y azuladas repletas de hacendocidad, probidad, honradez, productividad y riquezas bien habidas.
No obstante, este futuro advertido sobre las oleadas de piromaníacos de bardas vecinas, que arrasan nuestros bosques, el proyecto y armado de la estatua seguía su imparable cuesta arriba.
Bartholdi junto con el compositor Charles-François Gounod, auxiliados de pingües conciertos, tómbolas y loterías efectuadas por toda Francia –especialmente en París– lograron que los franceses reunieran los dos millones y cuarto de francos necesarios para proyectar y construir la descomunal obra estatuaria.
Ninguna mejor paradoja hoy, que la estatua clavada en el vértice del Hudson donde vería desfilar “carretas y carretones” cargadas de insomnes y de los expelidos ilegítimamente, sin posibilidades de emitir una sóla queja u opinión, contra quienes les arrollan su civilización.
Statue of Liberty
Mejor ojear, sin espantar los récords contractuales, hasta los tiempos presentes. Es que en los inicios de la idea de la estatua, la pieza no fue bautizada con el nombre oficial que ostenta, “Statue of Liberty“. No, fueron otros los pre rumbos e intenciones concurrentes en la génesis estatuaria, cuajadas de alegorías y muecas no declaradas, tal fue “Skrik” (El Grito) del holandés Munch, incrustado en la pinacoteca de Oslo.
Meditamos, porque cada 28 de octubre, la “Estatua de la Libertad” cumple años. La “Noble Dama”, fue erigida en la isla Liberty City (antes Bedloe’s Island), en la boca del Río Hudson, Puerto de New York con vista al de New Jersey.
El monumento, ya in situ, despertó los naturales recelos y pesares acerca de cuál de las ciudades; New York o New Jersey, correría con los gastos de su operación como atracción turística y además, los propios del mantenimiento, por la agresividad ambiental.
Finalmente New York, aceptó la encomienda y la esperanza del dinero federal para cumplir la tarea de preservación. Fondos, los cuales estuvieron pendulando en el clásico “veremos” por los ediles neoyorquinos.
Exactamente en ese punto de la decisión aunante de ambas orillas en impulsar la obra, convergieron dos desconocidos electrizados por Thomas Alva Edison. Sería en muestra de las asimetrías Id con las del Ego, de cada uno de los caracteres. Y también las ventoleras de quienes ya miraban de reojo a nuestra América, algo desprotegida.
Se trataba de dos actores desplegados en el lado estadounidense: la escritora y poetiza neoyorquina, la judía Emma Lazarus y el publicista de origen húngaro Joseph Pulitzer III, chocarían colosidades y entrecejos por una mayor comprensión respecto al regalo francés.
Los trabajos para armar la inmensa mole de cobre y acero, comenzaron tras una larga y tormentosa gestión del lado estadounidense, tendente a recaudar los fondos necesarios para construir el pedestal. Que aumentó al monumento en tanta altura como la de la estatua propia.
Desde mucho antes, un grupo de notables franceses gestores de la idea, ya habían cumplido la tarea de diseñar y construir la estatua en sí. Ahora les faltaba la palabra crucial: erigir. Es que no se trataba de una estatua cualquiera, por y para un país cualquiera
El drama de mármoles, concreto, cobre y aceros, atañía a los admirados y también envidiados, los Estados Unidos de Norteamérica.
La obra, por su inmensidad y peso, después que sus fragmentos fueron exhibidos  en un parque de terrenos parisinos, debió ser seccionada antes para transportarla a los EE.UU. Ello fue tarea cumplida por la fragata francesa, “Isère“. El conjunto del monumento se ejecutó bajo un despliegue de opiniones y circunstancias diferentes entre sí, en unos momentos de pareceres confusos y en otros, antagónicos.
Habría que entender a la América de los melting pots apacibles, no los de roñerías diversas y de los viejos mocasines que cantan siempre que hay fuegos en los manglares. Es que los danzantes con sus flechas, plumas, macanas, lanzas y tambores cocodrilos en ristre, siempre andaban en extraños saraos y kermesses vespertinos. 
La saga continua.
©Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   William Maxwell Evarts, era a la sazón Secretario de Estado del Presidente Rutherford B. Hayes y presidente de la Comisión para el Pedestal de la Estatua de la Libertad, estaba encargado de  la “Art Loan Fund Exhibition in Aid of the Bartholdi Pedestal Fund for the Statue of Liberty“.
(2)  Charles Henry Dow, fue un periodista norteamericano y co-fundador del “Dow Jones & Company” con Edward Jones y Charles Bergstresser. Dow, también fundó el “The Wall Street Journal”, el cual devino una de las más respetadas publicaciones financieras en el mundo Él, también inventó el denominado Dow Jones Industrial Average. (wik)

..La Estatua de la Libertad y un poema II/III


..La Estatua de la Libertad y un poema II/III

 (Poema inscrito en la placa del pedestal de la estatua)
Se cumplen 52 años de un régimen comunista en Cuba

“The New Colossus”

Here at our sea-washed, sunset gates shall stand
A mighty woman with a torch, whose flame
Is the imprisoned lightning, and her name
Mother of Exiles. From her beacon-hand
Glows world-wide welcome; her mild eyes command
The air-bridged harbor that twin cities frame.
“Keep, ancient lands, your storied pomp!” cries she
With silent lips. “Give me your tired, your poor,
Your huddled masses yearning to breathe free,
The wretched refuse of your teeming shore.
Send these, the homeless, tempest-tost to me,
I lift my lamp beside the golden door!”

Emma Lazarus, 1883 (1)
(Dispensa por estar el articulo en construcción)

Un clímax dramático de motivaciones inusuales
En los preludios de la puesta en escena de este drama sorprendente, que por cierto resultó finalmente cocinado a fuego vivo en la orilla norteamericana, se contó con la espontaneidad de una trama intrincada iniciada años antes, en la orilla francesa. Esta especie de aventura fraternal –casi toda patrocinada por los francmasones de ambas orillas, quienes estaban en plena alza por sus actividades republicanas, como aconteció durante las guerras independentistas en las ex colonias españolas e inglesas–, se desenvolvió al revés de cómo indicaría la lógica.
Sucede que  el conjunto de hechos emanados de ambos proyectos (estatua y pedestal), transcurrió en medio de un clímax dramático de motivaciones inusuales, con gotas de un in crescendo apologetico de las nostalgias por las dos más importantes revoluciones políticas y sociales experimentadas por la Humanidad: la Revolucion Norteamericana y la Francesa, ambas en pleno y finales del siglo XVIII. Por el momento, resultaria saludable no mencionar siquiera, el desastre homicida de la cruenta Revolución Bolchevique y menos, sus reverdecidos émulos totalitarios, contemporáneos, desperdigados por los corralones del Eje Apocalypto (ALBA).
Más por la forma tierna del estilo poético que impregnó toda la idea estatuaria, que por el contenido físico del objetivo propuesto al cual algunos fisiócratas quizás idiotizados con zumos de hortalizas, los vegerianos eternos, la tildaron abruptamente de obsesión maniqueísta, que de hecho, es proclive al mal. Cierto es que este punto de vista de los detractores, era demasiado hiriente, injusto y sin basamentos.
Analizar tales metas sin insolencias y hurgar a la vez en las motivaciones de ciertos exhaltados, no es el objetivo mediato sino los hechos como tales. El comportamiento de los personajes y sus circunstancias contra actuales, tanto intrínsecas como extrínsecas, no interesan por estar ya hartas de ser manidas. Por cierto, tampoco es posible desecharlas y lanzarlas por la borda del olvido o peor, la indiferencia.
Transcurría ya el verano cálido de 1883 y como consecuencia del cosmopolitismo, la ciudad de New York era centro indudable donde cruzaban sables un sinnúmero de corrientes políticas, teológicas, sociales, ideológicas y artísticas —entre otras—, todas aquellas en franca emulación o en guerra, con sus iguales europeas. Eran las justas habituales entre la élites de los  intelectuales, siempre impregnadas de modas subyugantes.
Las personas cultas, educadas y jóvenes, como Emma Lazarus, casi siempre adoptaban una posición al respecto de cada nueva manifestación artística o intelectual. En particular con una fuerte dosis misericordiosa hacia los más desposeídos y el disfrutar paralelo de las cosas buenas que le ofrecía la vida, sin importar los motivos de la tal disparidad social y tampoco; sin entrar a sopesar la parte alícuota de culpa personal, vicios e idioteces intrínsecas en estos necesitados.
En su acogedor pero estrecho boudoir de la calle 42, por donde hoy se ubica el “Grand Central Oister Bar“, la joven poetiza Emma meditaba sobre el infructuoso encuentro de esa mañana con el afamado periodista Joseph Putlizer y el abogado William Maxwell Evarts. Este último, le había hecho la petición de que redactara un poema como donación; el cual seria subastado a nombre del comité recaudador de fondos para el Pedestal de la Estatua, al cual este último representaba.
Hubo sorpresas para ambos. Ella, no admitía que la poesía pudiera ser mal interpretada como una mercancía “puesta en venta” fuera del contexto literario. Es que desde antes, ella había desatado fuerzas interiores que le aplastaban el alma desde su último viaje a Europa, especialmente la de Este, donde los grandes conglomerados de judíos ashkenazís, estaban siendo atropellados a instigaciones del gobierno zarista.
Emma, con toda la delicadeza que le investía, rehusó con amabilidad extrema, enviar el poema al comité gestor denominado “Portafolio of the Art Loan Collection” (en realidad la “Art Loan Found Exhibition in Aid of the Bartholdi Pedestal Found”.
Este comité, era el albacea de los fondos de contribuciones solicitadas del pueblo norteamericano, para erigir un pedestal apropiado y en consonancia plena con la majestuosidad de la estatua a colocar en el lugar ya elegido y aprobado por las ciudades involucradas, para situar la escultura donada por el pueblo francés.
En aquel entonces, la obra disponía de un nombre original La liberté eclairant le monde” (La libertad Iluminando al Mundo), la misma que pronto arribaría a New York, segmentada por lo colosal de su tamaño, unos 350 pedazos, desde Paris.
Resultó curioso que hasta ese momento –y acentuamos la atención sobre el punto–, no se manejara el nombre final, al menos un supuesto de “Statue de la Liberté” (0, Statue of Liberty).
Lazarus vs. Pulitzer, por un match poético
Emma, una joven encantadoramente solitaria —sin compromisos sentimentales a vistas, aunque hay indicios de suavidades epistolares con Ralph Waldo Emerson—; de profundas ideas humanistas y democráticas; y un tanto liberales en el mejor sentido manejable para una soltera decente de la época. Ella, albergaba sus razones para negarse en principio a la composición del poema.
A inicios de aquellos tiempos de la colecta, Lazarus disentía del periodista Pulitzer en utilizar la poesía en la colecta de dineros para construir el pedestal de la estatua. Cuestión de estética literaria, de la cual ella se consideraba guardiana fiel. En este match poético, el periodista tuvo las de perder, aunque ganó finalmente.
Mas, cuando la calidad y cantidad de su obra poética la colocaba a ella en el estrato de los notables como “la poeta cumbre de la intelectualidad judía”, de aquella generación tan productiva.
Emma, ya convertida en escritora; y con prestigio cierto y serio entre las capas intelectuales neoyorquinas; era renuente a utilizar la poesía como elemento de atracción hacia las responsabilidades propias del comité de notables, a los cuales no les avizoraba intenciones de actuar en función de mecenas.
Este grupo de personas eminentes, era el mismo integrado por personalidades de alta relevancia social y económica, algo reticentes a contribuir de su peculio para una obra social responsada y vinculada con el gobierno federal, decían y no sin razones, que se trataba de un asunto de interés tanto de las ciudades como del gobierno nacional.
Al parecer, Emma no distinguió con exactitud plena las diferencias –no necesariamente antagónicas– entre las demandas de su sensibilidad personal; que la impulsaban hacia un esteticismo límpido en la belleza de sus sentimientos; con su habitual facultad de conocer lo ignoto. Era lo que según Immanuel Kant, definía en su “Estética Trascendental“, hasta el final de cualquier sutileza unívoca.
Sin embargo, el lienzo del balotaje popular de opiniones, daba pie para deslizarle impulsos a la poetisa hasta un Alexander Gottlieb Baumgarten –creador del concepto “Estética“– en su “Reflexiones filosóficas acerca de la poesía“. Por eso ella mostraba un ser interno diáfano, en no mezclar la euritmia poética con el dinero.
Nom de plume  “Refugitta”
Sorpresas de una amiga cercana. Quien por trato personal e inclinación la literatura igual, la prolifera e influyente escritora norteamericana Constance Cary Harrison (conocida también como “Burton Harrison” y de modo igual por el  nom de plume, “Refugitta) conocedora de su obra y calibre, logró susurarle al oído interno de su ternura y convencerla de que enviara el poema. Emma prometió recapacitar, dando muestras de una dulzura inigualable.
En su carácter humanista y durante el transcurso de unos días, ella se envolvió en un halo poético, azotada de manera incesante por evocaciones del acoso y genocidio antisemita contra los judíos Askenazís imperantes contra éstos en la Europa Oriental, especialmente en Rusia, donde unos 200 judíos fueron asesinado a golpes por las turbas divinas.
El motivo de estas persecuciones se sustentaron en el criterio exclusivo de los servicios secretos zarista y lograron encausar el malestar  del ruso iletrado y al campesinado, y así justificar la creacion de estas “turbas divinas”, al estimar a los judíos en calidad de cómplices en el asesinato del zar Alejandro II, sucedido alevosamente en 1881.
Todos los ecos de la furia antisemita desatada en Rusia, golpeó a Emma de manera indeleble; incluyendo las despótica legislación anti-judía “Leyes de Mayo” (1881) emitidas por el nuevo zar, Alejandro III, en indudables venganzas contra los judíos y marcando sin dudas el retorno del zarismo en lo que pudo ser un ablandamiento, al absolutismo.
El trasfondo afloró más tarde, cuando Emma tomó el símbolo republicano y libertario de la escultura como la parte esencial de su poema y posó su mirada inclusiva en sus ancestros europeos. Su familia, era descendiente a su vez de los judíos sefarditas expulsados de España a finales del siglo XV. Una de estas ramas, penetró en la América del Nuevo Mundo, mucho antes de que estallara la revolución Americana.
En menos de dos siglos, aquellos judíos sefarditas se convirtieron en una próspera comunidad, en cualquier lugar donde se asentaran, los Lazarus, de los cuales Emma era una de ellos. Lógico, si el tono en América era de carácter republicano mientras que en los territorios coloniales europeos, era rara –excepto en estratos culturales ínfimos– la susceptibilidad a generar exiliados.
Las grandes agrupaciones de judíos, asentados por siglos en la zona del medio y medio oeste europeo como son Alemania, los países checos, Bielorusia, Hungría, entre otros; imbricaron con parte de las culturas de los sitios del asentamiento –aunque conservando la mayoría de sus tradiciones–, con una singularidad que perduró hasta bien entrado el siglo XIX: la conformación y uso de una lengua muy generalizado, el yídish. En ocasiones también el cananeo, por sus raíces judeo-checas.
El azote de los pogroms en Rusia
Hurgando los antecedentes de los Ulianov contra la dinastía de los zares, es de estimar que buena parte de esta ojeriza  –considerando el complejo de inferioridad que azotó a Lenin durante toda su vida convirtiendolo en un ser maligno– y que selló el comportamiento definitivo del líder bolchevique; emanó de las consecuencias del complot posterior, en el cual participó activamente su hermano para asesinar en 1887 a Alejandro III, sucesor de Alejandro II.
Por estos hechos fue ahorcado, Alejandro Ulyanov, hermano mayor de Vladimir Ilyich Ulianov (alias, “Lenin“). De la ejecución del hermano de Lenin, se presume arrancó el odio visceral de éste ultimo contra la dinastía de los Romanoff. Pura venganza. De tal saña devino el exterminio completo de la familia imperial rusa, por orden del líder comunista, cuando éste y sus secuaces se adueñaron de todo el poder político y militar, que los comunistas tornaron totalitarista, en la Rusia desmadejada de 1918.
Emma, finalmente, pensando en sus coetáneos y hermanos de fe, humillados y perseguidos como fieras; sintió entonces la inspiración divina de escribir un poema hermoso. Lo mejor y más sincero que le saliera del alma,
Así, la poetisa volvió al comité del “Portafolio” y les mostró un apacible soneto de catorce versos, “The New Colossus” (El Nuevo Coloso). Este poema, entre otros similares, fue recogido por ella en su libro “Son of a Semite” (Canción del semita) publicado en 1882. Este soneto, fue subastado, a pesar de su brevedad, en $1500.
Los franceses, habían bautizado el proyecto inicial de la estatua grandiosa, con  otro nombre y no con el polémico nombre por el que después fue conocido popularmente: “Statue of Liberty“. Es que al asunto de la estatua, le convoyaba otro génesis, más que de solidaridad, de carácter económico, en términos de los intereses del escultor (2).
La muerte alevosa del Zar ruso, Alejandro II, había desatado pogromos con el consecuente flujo de exiliados o fugitivos simples; los cuales se desperdigaron por todos los rumbos; donde en su mayoría fueron mal recibidos por ser o haber sido, decían, siervos de la gleba. Y como es natural para el mundo de aquellos tiempos, estos fugitivos, según el caso, eran rechazados argullendose (una exageracion) que representaban gente inculta y sin modales.
Impresionada, Lazarus sintió conmiseración hacia las minorías judías perseguidas por los despotismos ilustrados que inundaban Europa. Cuyo clímax devino filosofía genocida con el nazi-fascismo a mediados del siglo XX. Sabido es que los nazi-fascistas eran primo hermanos totalitarios del horror comunista implantado por los bolcheviques (comunistas), al apoderarse de la Rusia zarista y posterior, a gran parte de Europa.
Tampoco los exiliados fueron un subproducto especial emanado de las satrapías arábicas fundamentalistas, fueran estas africanas, asiáticas y otras. Sin embargo, la colonias españolas de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y otras posesiones perduraron como tales hasta finales del siglo XIX, hasta que estallo la guerra Hispano-Americo-Cubana y el imperio español se deshizo..
Luego, no resiste ningún análisis socio-politico entender que por aquella época; estas posesiones sujetas al dominio español representaron casos atípicos en el mundo occidental.
Una estructura dominante muy distinta al mundo colonial desarrollado por las potencias europeas, vertidas sobre el Asia , África y porciones de la Indoamérica con balcón a la vertiente caribeña. España, per se; se tornó en centro generador excepcional de exiliados políticos genuinos. En especial Cuba, per se, se produjeron miriadas de exiliados bajo la condición de ser un territorio en estado de guerra permanente, desde 1868 hasta el 1898, al estallar las hostilidades independentistas entre los colonialistas y los patriotas.
Este cuadro singular, ya resuelto por las naciones indoamericanas, de Centro y Sudamérica, quedó fuera del entorno angustioso de Emma Lazarus, dado por una razón simple: no existían como ahora, al menos en cantidades apreciables, exiliados o perseguidos por cualquier razón. Luego, el poema de Emma, nunca pudo estar dirigido a los que hoy reclaman ser incluidos bajo la misma sombrilla espiritual del poema, como una consecuencia del retorno a la democracia de los países sujetos a la férula comunista.
Es lamentable que de todo este arreglo socio-político mundial, una de naciones arrinconadas y dejada fuera del contexto es Cuba, la cual en pleno siglo XXI continua oprimida bajo una dictadura comunista.
¿Para todos los exiliados o sólo para los judíos ashkenazí?
Analizado por eruditos de antes y ahora, el mencionado soneto aludía a los símbolos de las culturas griega y romana, al “Coloso de Rodas” (una de las maravilla del mundo antiguo) y otros, a los cuales las élites norteamericanas profesaban admiración y respetos profundos. Durante la trama estatuaria, hasta y un tiempo después de su inauguración, el gobierno de los EE.UU no prestó relevancia ni existen evidencias públicas conocidas de que el gobierno estadounidense se vinculó con el poema de Lazarus, ni el de ésta con la estatua.
Ella aludía a los puentes entre dos ciudades no cualesquiera, sino, que evidentemente se trataba de París y Brooklyn y los desterrados europeos arribados desde esos lares y vías, no los inmigrantes irregulares (indocumentados simples) proveniente de cualquier otro lugar, como el Asia o Indoamérica, por citar unos ejemplos.
Tanto es así, que el 28 de octubre de 1886 en ocasión de inaugurarse el monumento por el presidente Stephen Grover Cleveland, Emma Lazarus no fue considerada, siquiera, como uno de los más genuinos invitados a estar presentes en la trascendental ceremonia. Luego, la estatua se erigió con el nombre de “Statue of Liberty”  tomado en el camino y olvidando el nombre francés original, pero sin el poema de Emma integrado.
Sin embargo y al parecer –según cuentan crónicas de la época–, el resto de las personalidades invitadas fueron exactamente aquellas que no habían contribuido ni con un penny para materializar la obra. Ello no muestra veracidad la idea de mala intención y sí, de cierta subestimación. Emma y su poema no parecieron existir en el ánimo de las autoridades, ni se manifestaron con fuerza en el interés del comité gestor.
Así, durante las siguientes dos décadas el soneto quedó ignorado al conocimiento público, ni nadie lo mencionaban como elemento gestor o participante en la erección de la estatua. Y mucho menos, vinculado a un pretendido espíritud de protección o llamado a aceptar y recoger a cualquier inmigrante incitando a la violación de las leyes vigentes.
No fue hasta 1903, ya fallecida Lazarus en 1887 (de un linfoma), que su amiga entrañable; la enjundiosa filántropa Georgiana Schuyler, descubrió el poema en una librería. Esta dama realizó gestiones privadas con las autoridades municipales de New York y logró colocar una placa de bronce (Mayo 8, 1903) en el interior del pedestal.
La simbiosis del poema con la estatua, hasta ese momento; disfrutó de infinidad de interpretaciones, pero ninguna coincidente en sus alumbramientos respectivos. Luego, nacieron juntos pero cada gemelo ignorante de la existencia del otro, fue puesto en solitaria por las circunstancias, las cuales son todavía polemizadas en medio de las tertulias contemporáneas.
Lo destacable es que la Schuyler desconocía las intenciones y significado real del soneto escrito 16 años antes, por su amiga Emma. Es un enigma el cómo, por quién y por qué se autorizó de manera oficial, montar dicha placa en un recinto gubernamental.
No obstante y resalta como un argumento demoledor para los defensores del supuesto carácter inicial pro-inmigrante de la estatua, es que el poema de Emma Lazarus no recibió difusión pública hasta alrededor de 1934 y no desde 1886, como pretenden algunos desconocedores de la historia alrededor de la estatua y que abogan de manera constante por inyectarle connotaciones ligadas a intereses foráneos.
Por razones vinculadas con las convulciones  sociales y políticas desatadas durante las dos últimas décadas del siglo XIX; en especial corriendo los anos 80s y la inminencia de la entrada de los Estados Unidos en la guerra mundial (IGM)que ya se avecinaba a inicios del siglo XX, algunos sectores mediáticos hicieron creer a la generalidad de los ciudadanos una version acomodada a sus nacionales. De igual modo aconteció con el origen y proyecciones de la archi mencionada placa de bronce.
Una campaña publicitaria sorprendente
Tal destape, aconteció cuando el escritor esloveno-americano Louis Adamic (Aloijz Adami), nacido  en Praproe Castle, Blato, Slovenia (hoy parte de Yugoeslavia); montó una campaña publicitaria por la radio en beneficio de diseminar el conocimiento del poema.
El escritor, cubierto de prestigio y honores literarios, consideraba el interés de su propio origen como inmigrante y sus opiniones políticas socialistas, embelesadas al parecer con la línea stalinista, lo cual no resultaba raro en los países situados en la vertiente mediterránea, de lengua eslava.
No es sorprendente que dicha acción fuera planeada por el Comintern, ansioso de inundar y sembrar en los EE.UU a sus proselitistas, simpatizantes y aquellos disidentes escapados de su influencia represiva (igual sucede en El Asunto Cubano), los cuales a causa de falsos vínculos con la patria chica; estimulados por sus agentes en las diásporas, anhelaban un retorno al terruno en un futuro cercano.
Consideraban los estrategas de esta política a largo plazo, como una táctica ya fracasada de la revolución mundial, en lugar de proceder a la consolidación de la ya afirmada en la denominada Unión Soviética (URSS). Tal ha sucedido con la subversión guerrillera continental y extra continental desatada desde La Habana en el último cuarto del siglo XX, en Indoamérica, África y otros sitios.
Adamic, prolífero escritor, traductor y periodista, había emigrado en 1913 con 14 años hacia los EE.UU e bordo del buque “Niagara, yendo a parar a San Francisco. En los inicios de su adolescencia, reafirmó responder a los intereses de un inmigrante típico de ideas anti monárquicas, contra el entonces Reino de Yugoslavia.
En consonancia con sus puntos de vista, ya adulto, se hizo todo un ciudadano de los EE.UU y participó en el frente Occidental durante la I Guerra Mundial. Pasada esta, se reactivó como un furibundo detractor del reinado de Yugoslavia y su líder, el rey Alejandro I. Adamic, expuso sus puntos de vista sobre una posible socialización de la sociedad norteamericana.
En 1954 este hombre apareció muerto de un disparo en la cabeza, bajo circunstancias extrañas. Un “suicidio”, achacado como homicidio por la policía a alguna facción balcánica iracunda con los opositores al líder yugoeslavo Josip Broz (aka, Tito). O simplemente, a un regalo macabro de los servicios de la KGB; furiosos con las desviaciones del político comunista montenegrino Milován Djilas (Milovan Đilas), un crítico de los errores crasos de la teoría marxista-leninista.
Este otro líder disidente del marxismo —extraordinariamente serio, además de ser un escritor reconocido— desató un tsunami político en las esferas kremlinianas, cuando publicó su libro denuncia: “The New Class: An Analysis of the Communista System“, mejor conocido literariamente como “La Nueva Clase“.
Los comunistas pescan en remolinos de “Viñas de la Ira
La vinculación de aquellos 14 versos –ver que esta línea se reactivó 70 años después de inaugurarse la estatua y por ende sin ningun lazo visible con la obra escultórica–, a los idealistas, socialistas, etnólogos, multiculturalistas, populistas y rellenadores del melting pot; les dio por soltar críticas acerbas del sistema de vida norteamericano, la política de los EE.UU y de su “intolerancia” (3).
El deseo inconfeso era que  los funcionarios de inmigracion de los EE.UU miraran hacia otro lado y hacerse de la vista gorda, en lo referente al desorden fronterizo desatado por los ilegales provenientes, en su mayoría, desde la frontera de México. Un sistema intolerable (el norteamericano), dicen ellos, pero del cual no rehúsan disfrutar y explotar al máximo.
Del mismo modo, les convino promover la idea de que la poetiza imbricó la misericordia norteamericana; con la versión libre de incluir en su poema, a todos los inmigrantes titulados perseguidos o no. Ello per se, como es constatado en la actualidad, sin importar sus orígenes ni  antecedentes criminales, tal si fuera un mandato y voluntad del pueblo y gobierno de los EE.UU, dado a la poetiza.
El asunto es de gravedad igual, como sucede hoy con las maras de ex-comunistas procedente de los totalitarismos antaño “Animal Farms” (textual, Granjas de Animales) marxistas de Europa Oriental. Y también, con las hordas de falsos exiliados enviados por el Comintern; por ejemplo; aquellos provenientes de Asia, África, Centro, Sud América y del Caribe (ver en la web,  “El Asunto Cubano“).
Los escépticos denunciaron la tergiversación del poema, como un dolor de cabeza para los Servicios de Inmigración; estimando además que tal punto de vista representaba una invitación a violar flagrantes, las leyes norteamericanas de inmigración, ver el desastre ocasionado por los inmigrantes ilegales, cargados con cualquier número de pecados y vicios, como sucede hoy día de manera tan desmesurada.
Luego en consecuencia debemos admitir que la Schuyler, quien era una mujer de carácter fuerte, nunca consagró dicha placa al concepto de una inmigración irrestricta, sino, como manifestó públicamente, “a la memoria de mi querida amiga Emma Lazarus” (4).
Claro que, en ocasiones, existe un solapamiento inevitable entre la intención literaria de la escritora del poema y la plástica del escultor de la estatua.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2008
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

 (1)  “El Nuevo Coloso”
No como el mítico gigante griego de bronce
De miembros conquistadores a horcajadas de tierra a tierra;
Aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar se yerguerá
Una poderos mujer con una antorcha cuya llama
Es el relámpago aprisionado, y su nombre
Madre de los Desterrados. Desde el faro de su mano
Brilla la bienvenida para todo el mundo; sus ojos templados dominan
Las ciudades gemelas que enmarcan el puerto de puentes aéreos
“¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria!” grita ella.
“¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres
Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad
El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas
Enviadme a éstos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a
mí Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!”

(2)  El escultor, por entonces hacía tratos con el rey de Egipto a los fines de colocar una estatua (colosal) a la entrada del Canal de Suez a los efectos de su inauguración.
(3)  No todos los nortemericanos estuvieron conformes con la empresa. Incluso, algunos la tildaron de ser un símbolo pagano. A otros, se le asemejó a una de las imágenes (también por lo mitológico) de Nabucodonosor II, rey de Babilonia. Tales criticas, retardaron la recoleccion de los fondos. A causa de la urgencia de colectar el dinero necesario, connotados artistas, literatos, escritores y otros intelectuales urgieron la necesidad de fundar un comité que recaudara fondos a partir de donaciones y una subasta pública (wik).
(4)  El autor e historiador de New Jersey,  John T. Cunningham, escribio, que “The Statue of Liberty” no fue concebida ni esculpida como un simbolo de la inmigracion,  (sigue)…but it quickly became so as immigrant ships passed under the statue. However, it was Lazarus’s poem that permanently stamped on “Miss Liberty” the role of unofficial greeter of incoming immigrants”.
The title of the poem and the first two lines refer to the Colossus of Rhodes, one of the Seven Wonders of the Ancient World. The poem talks about the millions of immigrants who came to the United States (many of them through Ellis Island at the port of New York).
The “air-bridged harbor that twin cities frame” refers to New York City and Brooklyn, not yet consolidated into one unit in 1883.

Por otra parte, Paul B. Auster, el prolífero y bien galardonado escritor; escribió que “la efigie gigante de Bertholdi fue originalmente entendida como un monumento a los principios del “republicanismo internacional” , sin embargo a la estatua de “El Nuevo Coloso” le fue reinventado otro propósito, al cambiar o tornar el concepto de Libertad por el de una madre que da la bienvenida a todos, un símbolo de esperanza a los marginados (parias) y oprimidos del mundo (planeta)”.

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4020

…La Estatua de la Libertad y un poema III/II)


La Estatua de la Libertad y un poema

III/III

Se cumplen 52 años de un régimen comunista en Cuba
 
La Estatua

Coraje, la Madre Pícara o Vagabunda y su fosterfather

La estatua y placa se conjugaron a destiempo bajo maravillosos puentes de democracia y libertad. Por entonces, dos de los muchos adalides democráticos del orbe decimonónico; se destacaban en ambos campos de la acción y el pensamiento filosófico y humanista: los Estados Unidos de Norteamérica y Francia. Tal si ambos fueran hijos propios de una “Madre Grajales y sus hijos“, democrática también; peleando entonces sus hijosdalgos por la independencia de Cuba. Y no los de una “Madre Coraje y sus hijos“, un título ajustado, para encubrir un drama comunista caótico y mendaz. Nos referimos al conocido adefesio del dramaturgo, Berthold Brecht, quien se convirtió de facto, el fosterfather del drama.
La Estatua de la Libertad, decimos, no es la madre de los expatriados; excepto la de aquellos que les son leales, por decir; contados con los dedos de una mano y de la que sobran dedos. No hay que engañarse con que la mayoría son de los agradecidos.
Porque a este autor considerado en el mundillo comunista, y así propagandizado como un genuino Iman Intelectual, prolífero y genial, pero embobecido o asustado con las diatribas de los tangos bolcheviques; le salió casi bien el tropo falsario de armar un drama torcido a la conveniencia de la izquierda. Este personaje simbólico de lo que “debe ser el intelectual”, tuvo la osadía de plagiar lo hecho por otro colega y coterraneo suyo, un habitante terraqueo tan lejano como del siglo XVII.
Esa tragedia la celebérrima, “Madre Coraje y sus hijos“, resultó adjetivada como una obra patriótica anti-nazi por la troqueladora stalinista manoseada por la STASI. Sucede que mientras tanto, la burda eficiencia de sus anteojeras, a Brecht se le nublaron inexplicablemente ante los desmanes de sus primos comunistas asentados en el mundillo cavernario de la satelitera moscovita. Todos ellos, se auto declararon comunistas convictos y confesos.
Estos eran los mismos cachivaches que a la par, hacían de las suyas con textura refinada e igual a los otros totalitarismos caníbales, de vuelo tan popular como la paloma bipolar e infidente del andaluz Pablo Picasso. esa tortuosa progenitora emblemática de los fementidos “Congresos por la Paz”, tejidos por el Comintern.
Es que este curioso ejemplar de semblanza doble, un progress típico, Eugen Berthold Friedrich Brecht, fundador epónimo del Berliner Ensemble –tal es endémico a cada comunista–, descendió al fondo sin resistir la tentación de hacer un copycat a plena luz del día, de un viejo relato o pasaje de la Guerra de los 30 Años centro europea (1618-1648).
Se trataba de “Die Landstörzerin Courasche” (La Pícara o Vagabunda Coraje), del escritor alemán (del período Barroco) y burgomaestre de Renchen en Baden, Hans Jakob Christoph von Grimmelshausen, colgado entonces en la teátrica alemana al estilo de las romanzas de la picaresca española. Brecht no dudó en convertir la comedia de Grimmelshausen en un drama épico troquelado con el sello de la escuela comunista stalinista. Finalizando la década de los 50s, pareció despertar de su letargo, en el atardecer rojizo.
En el cincuentenario de su muerte, agosto 14, 2009; el diario Tagesspiegel indicó (lo cual no sorprendió a nadie y menos a su tía Tkla) y echó a rodar la versión de que por sus críticas tardías al comunismo, cayo en desgracia y dejó de ser un camarada intelectual obediente y confiable.
Brecht, con y por sus infidencias ante el partido comunista alemán, destrozó a infinidad de sus compañeros intelectuales. Luego, este “tonto útil” fue eliminado por decreto estatal, a manos de la STASI (Staatssiicherheit) en 1959. Sus médicos, dice la nota periodística, lo “enfermaron del corazón”.
Antecedentes de la amistad franco-americana
Es que en la Francia y Norteamérica de entonces, paladines de la libertad, nunca se disfrutarían de tales bellaquerías puestas de moda por la nueva clase. Estas naciones se hermanaron indisolubles desde 1774 bajo el redoblar del Primer Congreso Continental de las 13 Colonias, como preludio de la Revolución Americana independentista y la posterior Revolución Francesa.
Esta última, resultó hundida salvajemente a finales del propio siglo XVIII, por la gracia de los chicuelos que implantaron la Époque de la Terreur (“Terror Jacobino”), cuando Robespierre hizo de las suyas contra los aristócratas. Tal como sucedió en Cuba, a partir de 1959 pasando los mediados del siglo XX, a manos de los castrista. No existen diferencias filosóficas o conceptuales entre los finales cruentos de estos dos últimos fenómenos históricos.
El largo y agotador nombre de, Marie Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Montier; más conocido como el Marqués de Lafayette; quien fue uno de los que tendieron los primeros cabos de enlace entre ambas naciones, con el concurso de George Washington. Ello los indicó que como visionarios deslindados de sus lazos ancestrales, cambiarían el status quo de la sociedad aristocrática, ya enmohecida, en alumbramientos de los enciclopedistas con las herramientas de la Ilustración no de la guillotina o los paredones de fusilamiento.
La épica del drama Lafayette se inició cuando éste, de su propio peculio, compró un barco y en unión de una tripulación de aventureros contratados como mercenarios a paga futura, se sumergió dentro de la causa de los patriotas americanos. El francés se dispuso a luchar contra los colonialistas británicos. George Washington, no tardó en darle el rango de Mayor General, asignándolo a la jefatura del Comandante en Jefe.
Ambos derroteros, vistos ahora contemporáneos por los patriotas franceses; después de transcurridos 100 años de la Declaración de Independencia de las 13 Colonias, se iniciaron bajo los mejores auspicios.
Una noche veraniega cerca de Versalles
Ello ocurrió una noche veraniega de 1865 cerca de Versalles en el Departamento de Yvelines, a 16 kilómetros al sudoeste de París.
Entonces, una parte de la opinión pública francesa, en especial las altas esferas militares y gubernamentales, mantenía sus mohines contra EE.UU por lo que estimaban su lasitud, aunque siendo esta una novel nación aún no consolidada completamente, frente a las pérdidas territoriales francesas de la inmensa y estratégica región de Alsacia-Lorena.
Estos territorios gobernados por Francia, debieron ser entregados a Prusia tras la derrota francesa en Sedán, durante la guerra franco-prusiana (1870-1871). El vector de simpatía emanó de la nutrida comunidad alemana asentada en los EE.UU, lo cual no agradó a Francia.
Sin embargo, un lustro después el panorama político había cambiado.
Ello ocurrió, exactamente en el momento y lugar, cuando floreció la idea nueva de la estatua.
El fuero patriótico francés reverdeció iluminaciones del viejo estilo, al fijar su mirada sobre la república hermana allende el Atlántico. La cual por esos tiempos, andaba enfrascada en los preparativos para celebrar su primer centenario como nación libre e independiente.
Tanto, que esa noche en su casa de Glatygny, uno de los republicanos de la élite liberal parisina; Édouard René Lefèvre de Laboulaye; reunió a varios amigos y hermanos de logia; también republicanos como él mismo, considerando que todos eran pacifistas opuestos a Napoleón III (Charles Louis Napoleón Bonaparte).
Casi en su totalidad o mayoría, se declaraban fervorosos antiesclavistas y admiradores convencidos de EE.UU, y estaban adscritos a alguna de las fraternidades masónicas o francmasónicas en boga. Las mismas que ejercieron una influencia fundamental y decisiva en la independencia de los países centro y sudamericanos.
Para estos hombres preclaros, se trataba del mismo Napoleón que fue Presidente de la II República y el cual un tiempo después, fue elevado al trono de Francia, con el título de Emperador de Francia. Estos cargos, Napoleón III los mantuvo de manera simultánea.
Por entonces, ante los ojos de la opinión publica al emperador se le había considerado como un líder romántico, liberal, socialista utópico; por supuesto nada tonto; a pesar de las estocadas que le lanzó Victor M. Hugo cuando lo apodó cruel, Napoleón “el Pequeño“.
En las penumbras del río revuelto, Karl Marx y sus adeptos, divergían ostentosamente de cualquier idea que no sustentara sus dogmas y tesis del Materialismo Histórico y del Dialéctico; ambos materialismos zoquetes, de carpintería; como el dogma irrebatible proclive a la utopía de implantar la tenebrosa dictadura del proletariado.
Todas las cuales vistas hoy sus radiografías crueles, fueron simples satrapías clepto-oligárquicas, tal muestra el desastre de los líderes indoamericanos, incluyendo el manicomio cubano armado por los hermanos Castro en la Cuba de hoy, herida mortalmente desde entonces.
El escultor y el Khedive egipcio, un maruga simpático
Entre el grupo de intelectuales franceses reunidos se destacaba un joven escultor, Frédéric-Auguste Bartholdi. En una de las pausas de incertidumbres, se escuchó la voz de Laboulaye, quien planteó a viva voz, la idea de hacer un regalo de la nación francesa “a la hermana república de los Estados Unidos de Norteamérica”.
El gesto seria en celebración de la alianza entre América y Francia durante la Revolución Americana (1775-1783) y también en ocasión del centenario de la independencia de los EE.UU. Ya Napoleón III (conocido también como “el príncipe-presidente“), dejó Francia como el último monarca francés tras la derrota de Verdún, dando paso a la III República.
La idea de la estatua ascendió hasta los líderes políticos de la nueva República, ya en el poder, de manera que éstos últimos –siguiendo los objetivos iniciales de la democracia y la libertad– valoraran como meta única, aprovechar el proyecto “como símbolo propagandístico para que los europeos notaran las virtudes de la democracia“, en oposición a la casi inexistentes ideas democráticas en las monarquías inoperantes.
Nadie de la época actual, debe suponer por la comodidad que ofrece la conveniencia de un humanitarismo político extemporáneo; otras ideas diferentes (patrióticas o de solidaridad) de los auspiciadores oficiales del proyecto. Tal ha sido el caso de la manipulación del proyecto fundamental, imbricando el poema de Lazarus a otras corrientes disfrazadas de restauradoras, las que en realidad son propiciadoras a la exportación de felones.
Los monárquicos, desde la sombra opositora, estimaban que el gobierno de la III República era temporal, de mal gusto e impregnado de gente vulgar y chabacana, por lo que ansiaban el retorno a una monarquía esplendorosa y cargada de los ritos y oropeles propios de la aristocracia, pero constitucional, al tipo de Napoleón I.
Viendo un segundo aspecto, nada indicó que en el ánimo del grupo estuvieron evaluaciones de incluir en la tesis ideológica otras áreas diferentes a las europeas. La idea culminó en diseñar y construir una estatua gigantesca para ser erigida en New York, cuya grandeza representara los ideales modernos de la libertad y la democracia.
Bartholdi, en calidad de escultor y con merecida fama como creador de figuras monumentales, dio la impresión de sentirse fascinado nuevamente en elaborar una estatua tan descomunal que lo eternizara como creador. El sueño, para realizarse, debía ingeniárselas para obtener un billón de francos.
La épica de la Guerra Civil en EE.UU y un Canal de Suez atravesado
Todos los presentes en la reunión de marras, eran sinceros admiradores de la épica de la Guerra Civil en EE.UU. Les impresionaba, la figura de Abraham Lincoln, sus esfuerzos en pro de la igualdad y libertad plena de los ciudadanos y en especial, la abolición de la infame esclavitud. Pareció que la tierra en ambas riveras del Atlántico estaba fértil para el mutuo e imperecedero espaldarazo democrático.
Se evidenció por estos razonamientos que la estatua nunca fue supuesta “Madre de los Exiliados”, como quizás alguien imaginó palpar románticamente en Emma Lazarus, o por una simple conveniencia política.
Los comunistas, entre los muchos enemigos de EE.UU y otros pancistas, hipocritones de la zurda; estructuraban aprovechar otros objetivos políticos inmediatos de la obra escultórica, tan loables como: promover el republicanismo y la libertad en contraposición a los despotismo ilustrados y tiranías descabelladas de ciertas naciones europeas.
Para los historiadores resultó paradigmático constatar que en 1869, 17 años antes de la erección de la State of Liberty in Bedlve’s Island (octubre 28 de 1886); ya el estratégico Canal de Suez había entrado en operaciones, uniendo la navegación entre los mares de Europa y Asia (mediterráneo y Mar Rojo).
Dicha construcción era la obra magistral del vizconde e ingeniero francés, Ferdinand Marie de Lesseps. Para nuestros contemporáneos sorprendió a sotto voce que, ya desde 1867 por una visita que Bartholdi realizó a Egipto, éste retornó a Europa deslumbrado con la magnitud de los monumentos faraónicos de los egipcios.
En aquel entonces, el escultor imaginó y así propuso al Khedive (virrey) de Egipto y Sudan (con anterioridad, wāli o gobernador), Isma’il Pacha, una estatua-faro colosal inspirada en la diosa romana Libertas. Esta estatua la nombrarían, para nuestro asombro, “Egipto, diseminando la Luz por el Asia” o “El Progreso”.
Sin embargo, esta construcción representaría a una mujer campesina egipcia (falaha) envuelta en togas, calzada con sandalias, vestida al estilo griego y portando antorchas. Así, históricamente nos encontramos con que la imagen de esta figura seria la misma a erigir a la entrada del Canal de Suez, por el lado del mar Mediterráneo, en ocasión de inaugurarse aquella maravilla de la ingeniería moderna.
Los egipcios declinaron la oferta dado que estaban en bancarrotas al declararse insolventes para pagar sus deudas. Razón por la cual ya tenían en esos momentos intervenidas sus aduanas por funcionarios de otras potencias europeas, con el propósito de incautarse de los dividendos aduanales y así amortizar la deuda. Por cuyo fracaso Ism’ail fue expulsado del cargo por el Sultán otomano, su jefe superior.
No quiero, no quiero; pero échamelo en el sombrero
Los ingleses, los accionistas mayores de la empresa, se quedaron con la operación del canal y su control militar hasta 1954, cuando en 1952 el Gral. Gamal Abdel Nasser (Jamāl ‘Abd an-Nāsir) lideró una revolución anti monárquica e irrumpió en el panorama político de la estratégica zona, creando el caos económico y político que perduró hasta el 2011, con la primavera árabe.
Una maqueta de la estatua, de unos 2.7 metros de alto y para estupor de los historiadores de hoy, parece que resultó ser la misma reciclada y cosmetizada después por Bartholdi —aunque éste siempre lo negó—. El Ing. Gustave Alexandre Eiffel, diseñador de la Torre Eiffel fue encargado de la ingeniería estructural, lo cual delegó en otro ingeniero tan famoso y diestro como él, Maurice Koechlin. Centavo a centavo, los franceses reunieron los cientos de miles de francos requeridos para la fabricación de la estatua.
En América, sucedió algo parecido en lo relacionado a la construcción del pedestal, aunque mediando fuertemente el comité de Joseph Pulitzer. Al final, Richard Morris Hunt concluyó el pedestal en 1886. Por su parte en Francia, la colecta para la construcción de la estatua comenzó en 1874 y la conclusión de la obra finalizó en Julio de 1884.
Un punto de interés fue la identidad de la modelo. Algunos argumentaron que fue Isabella Eugenie Boyer, viuda del conocido y poderoso industrial judío Isaac Singer (el de las máquinas de coser “Singer” y otros artefactos). Otros asumen que fue Jeanne-Emile Baheux of Puysieux, modelo del escultor, desposada por Bartholdi. Los terceros sitúan a Charlotte Bartholdi, madre del escultor, una mujer de impresionante belleza caucasiana, de mediana edad. Otros, asumen fragmentos de cuerpos de varias mujeres de la época. Tras una breve exhibición de algunos fragmentos en parques parisinos, la obra —ya seccionada en varios cientos de pedazos— fue llevada a New York en la mencionada fragata “Isere“, a donde arribó en junio de 1885.
Su llegada a los EE.UU resultó en un dolor de cabeza para los norteamericanos, puesto que no estaban preparados para el arribo de aquella mole de cobre y acero. Y tampoco para las incontrolables oleadas de inmigrantes que siguieron como los niños de Hamelin a esta exuberante dama, sólo que en lugar del río Weser lo harían por el Hudson. Conociendo la lógica de la opinión pública norteamericana, no extrañó que algunos sectores de la ciudadanía protestaran, tanto de la estatua como de sus objetivos, por no entender las razones de todo aquel barrullo.
Una intención del Bartholdi político
Sin embargo, de todas formas la pieza se tornó después símbolo de democracia y libertad, seduciendo a los benévolos y a aquellos que no.
Quizás la respuesta emanó del Bartholdi político, todavía en París y enfrascado en los quehaceres del embarque de la estatua, quien al caer en una encerrona de la prensa expresó en sentido paliativo:Yo intentaré glorificar allí las ideas republicanas y de la libertad, con la esperanza de que algún día las volveré a encontrar aquí, en Francia“.Tal declaración, indudablemente cargada de patriotismo, en una significativa parte de la opinión pública norteamericana, se llegó a preguntar con ciertos aires dubitativos, acerca de:

“Cuales eran los motivos reales que impulsaban a los  franceses  y el por qué, si andaban tan  embrollados en sus trifulcas sobre la libertad, imperios, monarquías y repúblicas; se abrogaban el derecho de proponer e implantar un faro de libertad en donde esta ya existía, sólida“.

De todo esto se desprende y observado en los hechos, que la estatua de Bartholdi y más tarde el poema de Lazarus, fueron sobrepuestos e imbricados para confundirlos intencionadamente bajo un solo fin; inducido por promotores desconocidos los cuales  —aunque en apariencias, con propósitos humanistas—, forzaban dar una idea confusa unica y falsamente clonada, desvirtuada  de las dos originales o sea, la de la estatua del escultor Bartholdi y la del poema de la poetiza Lazarus. Pero las suspicacias se desvanecieron por sí sólas.
En general, a partir de las actividades radiofónicas de propaganda iniciadas por de Adamovic y los grupos socialistas, y no de cuando su inauguración como erróneamente se ha entendido, es el momento en que el símbolo de la estatua-poema comienza a acercarse a su imagen actual.Sin embargo, valdría preguntarnos si la interpretación —sin destrucción del enigma y el mito—, aportaría algo a la causa de la democracia y los derechos humanos. Es posible que no tendría efecto alguno, considerando el inmenso prestigio de este símbolo en metal y mármoles, per se.
Aunque nos parece bien claro, que los refugiados ilegales por motivos económicos, los irregulares o ilegales indocumentados, no guardan una relación directa estrecha , ni colateral, con los principios políticos y humanistas originales de la Estatua de la Libertad y los EE.UU. Valga que EE.UU, poseedora de un diapazón humanista bien organizado, ha logrado que los brazos abiertos de The Great Lady, no hayan cambiado de posición.
Por lo que cabría, a manera de colofón o síntesis de esta historia y a los fines de enriquecer nuestro juicio; que verdaderamente hay brumosidades con relación a esta popularizada incógnita, hoy casi un mito. Pero Emma Lazarus, en la dulzura infinita de su poema “The New Colossus“, de cualquier manera, siempre permanecerá contenta.
Luego, hagamos un alto y detengamos el cernido de argumentos de uno y otro lado, para aquilatar hasta el infinito, lo evidente. Porque quizás la mántica de Pitia, como oráculo délfico, aún conserve toda la verdad aprisionada entre los metales y mármoles de la “Lady of Liberty“.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Octubre 30, 2011
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Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Un password a los “circunstantes“, para acceder al sitio del evento trágico

De talk-shows en la radio y la TV 
Algunos analistas, especialistas, expertos y también eruditos; los cuales son invitados a programas de la radio o la TV; a veces nos dejan consternados a medias, cuando censuran su ego sin que nadie se lo sugiera y no emiten a cabalidad el juicio que le solicitan –que es la razón exacta de su invitación– sobre un asunto o dilema que el conductor del programa; por lo general talk shows; desea o propende a aclarar e ilustrar en interés de sus espectadores (TV), escuchas (radio) o lectores (prensa escrita) a los que convendría nominalizar por simple comodidad gramatical y así generalizarlos bajo el titulo de circunstantes“.
Esta labor iluminadora de la comunidad en esencia, es encomiable y útil en extremo. Sobre todo para aclarar o “destapar” temas nacionales, locales o internacionales ocultos u oscurecidos de manera intencional, por los autores y co-autores de los hechos. No resulta sorprendente para los circunstantes de nuestros medios, ni es un secreto, que a la vanguardia de estos medios combatientes se han colocado las emisoras de radio WQBA  con sus programas matutinos, vespertinos y nocturnos y las programaciones vespertinas  y nocturnas de los canales de televisión 41 y 22 de televisión. Ello es sin demeritar los esfuerzos de otras estaciones.
Una acción decidida y profiláctica de los gobiernos e instituciones devoradores de los dineros de nuestras ciudades y condados –en la realidad, nuestro propio dinero–, y que no por azares y si por malversaciones encubiertas, va a parar descaradamente  a los bolsillos de los oficiales y empleados de la fauna burocrática.
Esta conjuncion de factores no aleatorios, puede interpretarse como una auto protección del invitado a cubrir su aureola de credibilidad. Sucede que tal ingenuidad supina, no les permite entender de una y por todas que los totalitarismos nunca explican sus desmanes, porque siempre están expuestos al ridículo. Es como solicitarle al vecino cretinoide y desconsiderado, que nos explique la razón por la cual su recontra condenado perrito evacua sus hediondeces sobre nuestro césped en lugar de hacerlo sobre el suyo.  
Tal es el caso de los enigmas concernientes a la muerte alevosa de Laura Pollán donde, de inicio, se evidenció el interés de La Habana en manejar el concepto de “fallecimiento” de la occisa (la víctima) en lugar de “muerte” por parte de los victimarios. Luego, el invitado no se arriesga a emitir su juicio “hasta que no existan o aparezcan pruebas de que el suceso ocurrió en una u otra forma“.
Los ingenieros, arquitectos, físicos, médicos, economistas, abogados, comunicadores y otros de los que deben “quemarse el coco y regar la inteligencia” para comer; por los general; son rápidos y precisos en dar cualquier juicio sobre un tema. No sucede así con algunos filósofos, literatos, músicos, artistas y otros de las ciencias y artes blandas (sucede igual en los premios Nobel), que en alguna forma o momento incursionan en las que ellos estiman las  “riesgosas artes de la política”.
En estos últimos (nunca se dan golpes), es como si olieran con cuál paso caerán en una tembladera, de las que nos aterraban en nuestra niñez. Entonces parecería que estos invitados nunca dejaron de ser niños, como reflejos malos de los Peter Pan norteamericanos, atascados en plena adolescencia.
Laxitud
Es una actitud de disciplina laxa ¿…? que tiende a que el circunstante suponga, quizás, que dicha pose (temor) es para no incomodar a los castristas. Luego, es dar la impresión que donde dije dije, no dije nada.
Sin embargo, este arquetipo de invitado tiende a correrse hacia el rojo einsteniano, tal hace la Galaxia Kuklos por la tangente de la pérdida de tiempo y los galimatías de la bobería criolla y deja colgado su juicio ante el asombro de los circunstantes, según el caso; quien permanece trabado en su incomprensión no satisfecha, mientras el disertante pliega sus banderas y se retira incólume.
Se induce con tal actitud olímpica, un recurrimiento obligado al estilo de Cicerón. Porque eso no vale así y no por ética y sí, se presume, por falta de valor escénico el cual de manera indisoluble va ligado a una cuota de riesgo personal. Claro que esto no se refiere a aquellos cínicos que no quieren arruinar su próxima visita a La Habana, aunque sea familiar.
Saber que no se trata de dar la impresión de un huidizo por hábito, por supuesto que este no es el caso, sino de no ser mudo por levantar el escudo. Es envolverse en una pizca de educación formal, para perfeccionar el discurso. En el caso de la Pollán todo era evidente, tanto, que unas horas más tarde estalló el asunto en los medios informativos, nacionales e internacionales.
De modo que las lagunas sobre las denominadas sintomatologías recurridas por la Seguridad del Estado (SE), comenzaron a colmarse. Por lo que es lógico que ellos se defiendan como gatos “boca arriba”, porque esa manifestación, recordemos, es el sudor helado de la soberbia.
Sucedió en la hora cumbre de uno de los programas (8-9 p.m.) de un canal prestigioso que transmite toda su programación en español. El invitado, esquivó no se atrevió a dar su opinión sobre las circunstancias probables de que el evento no fuera un “fallecimiento”, sino una “muerte anunciada” como todo se evidenciaba hasta ese momento y prefirió quedarse colgado de la brocha.
En buena técnica de los talk shows, eso no vale. Como en todo evento público, existen reglas que nadie nos la dice pero se huelen, si nos sumergimos en el mundo de la lógica, quizás de la metafísica y que son evidencias que nos proporcionan el sentido común.
El error
El error del invitado le hizo resbalar cuando quizás turbado supuso que se trataba, por ejemplo, de un acontecimiento cotidiano sucedido en París, donde siempre habrá una respuesta cuerda por parte del gobierno interpelado y no en La Habana de intramuros, cerrada a cal y canto. De donde éste testigo debe recordar que en Cuba no hay otra “fuente no gubernamental” (FNG) que los refute o con la cual se pueda cruzar la información.
Luego, es imposible para la opinión pública, los medios, entidades, instituciones, el propio individuo como tal, etc., indagar sobre el origen y veracidad de estas sintomatologías y demás circunstancias vinculadas a la muerte de Laura Pollán, mencionadas por los voceros de la SE.
Es un evento, donde los obedientes aceptan las sintomatologías como “aducidas” mientras que los escépticos las suponen “inducidas”. Tal desconcierto se debe a que es el propio gobierno cubano el que fabrica y genera los partes médicos.
Los errores del invitado se basan en asumir que en algún momento, el centro emisor de los partes médicos; la SE (que no es mas que una Policía Política de un estado totalitario), enternecida por las dudas de sus opositores, aclarará o dirá la verdad, todo, dándole la vuelta que le dieran a los detalles. Nunca de los sistemas totalitarios emanará una verdad.
No sucede en Cuba, como tampoco aconteció durante la historia trágica y sangrienta del sistema comunista implantado en todo el bloque pro soviético, desde la hecatombe de 1917; cuando asesinaron a la familia imperial completa. O el escandaloso Holodomor o estarvación (muerte deliberada por hambre) desatada por los comunistas contra el campesinado en Ukrania (invierno de 1932-1933), en el denominado “Holocausto Ucraniano”, cuando literalmente fueron matadas de hambre 7 o más millones de personas inermes. Entonces, ¿les temblaria la mano a los castristas ante un ruiseñor aislado e indefenso?.
Es probable que alguien aconsejó y otro alguien tomó la decisión de sacar esa piedra del zapato. O quizás no. Eso tampoco lo sabremos. Como que nadie, ni ahora ni después, dispondrá de las evidencias cacareadas, por la simple razón de que estas pruebas se destruyen in situ.
Algunas almas pueriles del exilio, cautelosos siempre cuando recorren los estudios de radio y TV o sentados en el dintel de su tienda de campaña, aguardan apacibles el desfile de las “pruebas” que nunca aparecerán.
Olvidan plácidos, que tratan con totalitarismos no con sistemas humanizados protectores de sus ciudadanos. Y así dejan tupidos a los circunstantes. Es soñar inútilmente con obtener de “ellos” un pass word de acceso al sitio del evento trágico.
Sucede que todo encaja, a pesar de que el hermetismo siempre es útil a los totalitarismos y a otros pícaros, por lo que estos regímenes no permiten otra fuente de información independiente, que no emane del Templo y por boca de sus chamanes, a veces brujos o babalaows.
Es como situarnos en Delfos, Luxor o en el Templo Mayor de Tenochtitlán; para que obediente como lebreles; escuchemos las moncergas y diatribas de los elegidos, que nunca jamás nos cantarán odas gregorianas. La cuota de riesgo (postura) siempre debe ser observada por el invitado o disertante, para evitar su deslustre.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
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*.**”¡Silencio, que’león duerme esta noche!” I/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

“¡Silencio, que’león duerme esta noche!” I/II(1)
Conjuro LXVII del “Libro de los Muertos” (*)
Oid tristes mortales
“Me dirijo hacia mis dominios,
recibo ofrendas y tomo los tributos del Príncipe de los Muertos,
voy hacia mi trono construido en medio de la barca de Amun-Ra
como un protegido por las fuerzas del mal” (sic)
(*)   Peri Em Heru  egipcio o “Libro para salir al día”,

Preludios campirannos en la caza de una fiera ya muerta
El botín de guerra inicial, que entre las cosas inertes ya sin importancia incluía al afamado líder guerrillero; vivito y coleando; incluyó su armamento personal, diario de campaña y otras documentaciones valiosas. El cenit de esta cacería tan brillante como productiva, fue resultado exquisito de una minuciosa búsqueda y captura; que efectivamente resultó letal para las dos bandas de conjurados ya en sus últimas depredaciones, y en fugas aparatosas en medio de un desorden pleno. La dinámica emprendida por el Ejército Boliviano, para cortar de raíz el script tenebroso de una aventura desplegada en favor de fuerzas políticas subversivas y terroristas ansiosas de destruir la democracia boliviana, lograron el éxito pronosticado.
La banda de subversivos perseguida sin tregua, igual que las otras desperdigadas en tierras sudamericanas; estuvieron y las hoy activas están, bajo el comando del Dr. Fidel Castro Rúz, un extranjero de origen cubano al servicio del Comintern y su brazo armado la Internacional Terrorista .
Hoy, el resto de esas gavillas delincuenciales –en los protocolos de búsqueda y captura por la Interpol– perduran enyuntadas entre sí por cohesión de los petrodólares del narcotráfico aportados por el Eje Apocalypto del ALBA. Un dispositivo apolítico de carácter subversivo declarado públicamente amigo de los terroristas musulmanes, árabes y otros oponentes tenaces de la democracia y el cristianismo.
Para la claque cotillera de pulgares automáticos –arriba o abajo según ordene el comisario– habituales de pastar en las galerías zurdas; se intentaba montar un copycat burdo manejado por las entelequias habaneras, como reflejo del ejemplo trágico de la Cuba aherrojada.
El pretexto inicial era destruir la democracia en la República de Bolivia, a la cual los estrategas habaneros estimaban una de las naciones sudamericanas más débiles, tanto en lo económico, social y político. Consideraban que la alta burguesía vivía entre lujos y aislada de las masas populares. Las huellas dejadas por las acciones del abogado y economista peruano, Ángel Victor Paz Estenssoro al frente del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) con la nacionalización del estaño, entre otras, condujeron a la sociedad boliviana hacia el desastre económico.
El segundo mandato de Estenssoro, se fue a pique por el levantamiento civil contra su gobierno nacionalista, por parte de los mineros y estudiantes y no directamente por los militares del Gral. Barrientos, tal se manejó y tergiversó por la propaganda habanera. Ello entre otros aspectos, fue ignorado por los Castro, quienes ya establecían estrategias para lanzar una aventura injerencista, en un territorio sin salida al mar y en medio de una reforma agraria ya comenzada por el nuevo gobierno de la junta militar.
Como segundo paso, consistía en establecer en ese país un centro de operaciones, en función radial hacia el resto de las democracias circundantes. Ya ciertos agentes castristas cubanos (auto declarados “exiliados” desde los inicios de la dictadura comunista) fueron colocados entre otros, en diverso puntos del aparato gubernamental boliviano y el Senado de la vecina Colombia, apuntalados por fuertes inversiones del triunfalismo desplegado por la URSS y la punta de lanza de los guerrilleros cubanos.
Mañas y marañas de una trampa “casabobos
La realidad del trasfondo boliviano, tal se demostró, yacía en una “cama” (trampa casabobos) armada con esmero, para deshacerse de uno de los lobeznos, tan incómodo como peligroso. Sucedió que éste, ya osaba emitir aullidos transnacionales propios, desde la otra acera. Lo cual, su Superego no advirtió y le resultó mortal el hacerlo, sin la venia del Líder Máximo.
Este cabecilla guerrillero, de manera inexplicable y para asombros del Superego de los hermanos Castro; se las había ingeniado para internacionalizar (con plena independencia de sus orígenes políticos) no tanto su discurso de odio y muerte, disparatado aunque conveniente para asustar, sino, algo tan malvado como una figura china de 10,000 palabras: proyectar su imagen patibularia (2).
Pero ya en esa tarde calurosa, su cuerpo languidecía derrumbado, como dinamitado, pero sin los espasmos finales de la fiera herida. Echado con su derrota vil, de cúbito supino, sobre una cama de piedra, que nunca podría ser su ara y menos su pedestal. Allí, donde los curiosos del lugar, militares y reporteros arribados a toda prisa, espantaban las moscas verdes, guazazas y dragones voladores.
Todo un trajín para husmear a qué olía aquel animal derribado, no tan barato, cebado en el corralón castrista. Los que podían, ansiosos de fotografiarlo así tal si fuera un yeti, salamandra de fuego u otra pieza horrible de los pulgueros zurdos o como si fuera una de las bestias raras cazadas durante siglos en los bosques de Sherwood.
Porque así lo fueron él y el resto de la banda de secuaces itinerantes y correveidiles, dispersos, destruidos y caídos también en combates feroces; contra los rangers –que les persiguieron como sabuesos foxhounds o tejoneros alpinos– donde se discutió cada palmo de selva y de quebradas repletas de ecos.
Porque en verdad, rangers y guerrilleros se pelearon como dos manadas enloquecidas. Los primeros, como batallones de Zeratules Templarios, mientras que los segundos tales destacamentos de fluffies tricéfalos. Ambos bandos, desplegaron lo mejor de su valentía y fiereza. Menos de los dedos de una mano, se salvaron a través de Chile
Un choque magistral cuyos resultados fueron tan iguales como noticia y pruebas inocultables de que “Manila” (La Habana), era su promotora y rampa de lanzamiento. La misma que al final los abandonó “convenientemente” en medio de las selvas, sin que pudiera refrutar complicidades, tal es práctica diversionista en los totalitarismos del mercado corriente.
Soliloquio de Perroquet Bavard, un loro viejo y además, charlatán

Porque en esta candanga y, que se sepa bien advirtió el líder desde su poltrona habanera–, que aquí habrán muchos timbaleros, pero quien tiene los timbales ¡soy yo, Fidel Castro Rúz, el hijo de Lina y Ángel…eeh! (sic).
¡Avemaríapurísima! –gritó el viejo loro charlatán (un perroquet bavard) de color verde desesperanza y con cabeza rala, renuente a abandonar el palo y a punto de ser sacrificado por bocón.

El caído estaba con los ojos semi cerrados y daban la impresión de destellos luminosos como asomados a las puertas del infierno de quien quiere escaparse o al que no desea irse. Pero no exacto donde el Dante nos avisó que se encontraba el primer palacio, el de los traidores y envidiosos arrojados al precipicio, porque él seria tildado de otras bellezas, pero no de esas.
Ni a pasos del más allá, en la rivera norte del Estigia donde el botero Caronte le esperaba paciente, para conducirlo al remolino de los siete ríos. Porque este ex-pibe de temblores psicóticos, jamás podría ser orgullo como un malambo perfumado del genial Astor Piazzolla.
Pero esta no era la filosofía del caso y habría que penetrar más profundo del infierno, para encontrar el sitio adecuado donde estaba la etiqueta de la reservación definitiva. Porque con tal muerto famoso, como un singular alucinado con los cielos bloqueados y divulgado al descaro por los Castro ateos, como un tal “San Ernesto de la Higuera“, habría que hurgarle sitio demasiado hondo.
Es que no se trataba de actitudes deleznable en su peor acepción, ejecutada por este comunista; cruel y sanguinario por antonomasia, que afectara a otro ser humano individual, como cualquiera de sus semejantes odiados. Sino, que tal conjunto de actos malvados arremetía contra toda una nación, Cuba y el resto de los países casi indefensos por donde correteó con sus tropelías.
Porque representaba una bandada de sociópatas que empleaban tácticas típicas de los vándalos u hunos depredadores, cuando ponen sus manos sobre un país. Aquella había resultado la peor tarde en la vida relampagueante del guerrillero, y también la definitiva, hasta que los rangers lo capturaron tembloroso y asustado, echado oculto detrás una roca, sangrando por el balazo en el pie.
Porque se irguió, no para el auto sacrificio como del acto final del anunciado “seppuku” o del mismo “hara-kiri” (con la última bala) como le había jurado a sus partidarios “para no ser cogido vivo“, sino, en un reviente del catecismo revolucionario, para dar un alegre alerta de bienvenida salvadora, a sus captores:

¡No me maten, que yo soy el “Che”. Y les seré más útil vivo que muerto! —les imploró a sus captores con un grito desgarrador, un clamor de clemencia pero sin arrepentimientos. Porque tal dicen que dijo, escuchado también por los vecinos del lugar.

Y así fue, porque vivió, tal como se oye. Pero no hay que regañarlo fuerte, ni criticarle “su falta de hombría”, la que todos los cabecillas asesinos exigen de sus hombres, igual que el archi asesino y ex-dictador de Libia, Muammar Gaddafi. Es la “La Condición Humana” (La condition humaine) de la que habló André Malraux, otro aventurero como él, dado que los comunistas nunca han sido consecuentes con su decir. Porque los actos sublimes, cuchichean entre ellos, se diseñan para los “otros”.
Lo cual corroboraron todos los testigos presentes en el lugar de su captura, incluyendo sus “amados campesinos”. Ninguno de los cuales se le sumó durante todo el trayecto de su aventura infame. Y que resultó en su gran dolor y rabia, en calidad de Príncipe de los Fracasos.
Una beldad isoturbiteriana, antípoda de su ancestral caucásica
Este líder, rabió ante los recuerdos amargos de su turbulencia juvenil anti gregaria, cuando se fijó en una cosa que daba saltos frente a el, en medio de la Carretera Panamericana. Y se empecinó, cuando todos sus amigos se rieron de la muchacha.

Sabé, que ya me pagarán esa cochinada. Y los muy pendejos, se dicen mis amigos. ¡Cabrones, es lo que son! –dijo, alebrestado y escupió el piso.

Lo que alguien de su entorno selvático, le escuchó maldecir en otro momento aciago. Tal era este, bajo los efectos de un “sin sentido” aparente. Por lo que ahora, no hubo espacio para otros recuerdos de juventinas. Y nada más apropiado para desechos tan elocuentes, que la opción del pronto enterramiento por parte de la Historia inexorable. No sorprendida con el nuevo cliente ni por sus enemigos terrenales, porque les eran muchos los acumulados para una sóla existencia de excesos enloquecidos.
La farsa había comenzado, según sus cronistas, cuando paseaba en una desvencijada bicicleta con motor, por cuanto vericueto le brindo abrigo a sus destemplanzas juveniles. También, quizás cuando olisqueó el primer cadáver siendo estudiante de medicina para hacerse médico. O por lo menos, mientras hacía el paripé de que estudiaba “entre comillas altas”, según sus detractores.
Los insolentes de Hollywood, en ocasión de filmarse las tribulaciones de este otro reflejo de “inquieto anacobero(3) durante su etapa de vagabundeo; brindaron una versión cinematográfica(4) estampada por los entendidos, como verdadero desastre, desde el punto de vista del buen contar y decir en la ética cinematográfica. El guionista lo bajó de la vulgar bicicleta y no dudó en encaramarlo sobre una feroz motocicleta, como las empleadas por las bandas musicales anarquista.
Porque él había dilapidado años claves de su juventud haciendo bus stop por sus alrededores, entretenido en causas injustas como buen ambicioso ya a punto de la bancarrota económica, hasta que una beldad isoturbiteriana antípoda evidente de su ascendencia caucásica, Hilda Gadea Acosta (su amante pour les pires moments, a la que después desposó) lo conectó con los aventureros del yate “Granma“.
Estos conjurados, armaban alegremente la tómbola su expedición en México con la ayuda de los exiliados cubanos, especialmente los miamenses y alguna que otra dádiva del Comintern, los cardenistas sin pasteles, los anti cardenistas oficiales con pasteles y otras mesadas del bureau de los ridículos “descamisados” peronista, los de ayer y los de hoy. De cualquier forma, el maná fluía incontenible.
Lo que a este argentino les subyugó, en modo alguno similar a como piensan los rioplatenses laboriosos; era que los líderes de estos ilusos; quienes se auto suponían los luchadores por la futura democracia en Cuba, tal les indoctrinaban viejos comunistas adheridos a esta nueva esperanza trotskistas de la revolución mundial; no daban la menor muestra de trabajar como tantos, para ganarse el pan diario .
La naturaleza de este proto líder le hacia emanar un flujo de rabias verdosas contra cualquier cosa interpuesta en su camino, como aquellos indios campesinos centroamericanos que se les enfrentaron en Guatemala, en un reten situado en la vía sudeste hacia Santa Catarina de Pinula.
Allí, fue cuando ejerció ayudantías (infidencias y tentetiesos de represiones vulgares contra los opositores democráticos) insertado en grupos paramilitares del Partido Comunista Guatemalteco; adscritos al jefe de la Seguridad Interior de ese país, durante el gobierno izquierdista del Col. Jacobo Árbenz Guzmán.
Pero, exactamente lo que más le sublevaba, siendo represor actuante como funcionario en Cuba; fue aquella confesión inesperada y brutal de su madre (enferma de muerte), cuando le dijo que su segundo apellido no era “de la Serna” sino “Sheinerman(5), lo cual no aparecía en los registros.
Él, no acababa de entender el cambio de nombre de su madre de “Sheinerman” por “de la Serna” –alegado por ella aduciendo “pura seguridad”–; porque, dijo la madre, eran los tiempos en el que el Mundo andaba en guerras y Domingo junto a Evita Perón, coqueteaban descaradamente junto con sus pandillas de lumpenessans-culottes“, similares a turbas nazi-fascistas, motivo por el cual se rotulaba “de la Serna” y el resto de la petite histoire familiar.
Y eso, nadie lo creería, además de que no estaba dispuesto a permanecer impasible mientras se deshacía lentamente el narcisismo de su figura mundial a la que tanto amaba –tal si fuera una estatua de sal convertida así por la curiosidad insaciable de la mujer de Lot–, para que lo aliaran a un “maldito apellido judío.
Un nueve de octubre, que los cubanos se alegran que no fue un diez
Pero esas eran viejas historias las cuales, aunque le desagradaban, no podía borrarlas de su pasado por una razón muy simple: ahora estaba muerto y bien muerto, ya sin leyendas heroicas ni las tizas caucasiana de los historiadores marxistas, para borrar lo feo. Cierto que toda historia parte de un pasado y un presente y ese, era su caso. De lo que sí estaba seguro, es que en ese día aciago, el destino le envió un mensaje definitivo por medio de aquellos cubanos asesores militares (falso que fueran ciudadanos norteamericanos, porque el protocolo lo prohibía) de los rangers: porque en su leyenda apócrifa, no existirían partes alícuotas para disponer garantías de un futuro luminoso y eterno. Porque ahora estaba muerto y oliendo a bien muerto y sólo le restaba desandar su camino de confusiones por el Valle de las Sombras, donde de seguro, seria un occiso que por su mala cabeza, mal recibido.
El mediodía del 9 de octubre, 1967 había quedado al doblar del camino, tras un par de ráfagas mortales que a las 13:15 h le cruzaron el plexo solar, en la soledad de la escuelita de La Higuera. Con ello se cumplió lo de “ojo por ojo y diente por diente” en medio de un silencio caído ínfimo sobre en ese aposento húmedo y mohoso, locutorio perfecto para una hermandad de ranas enloquecidas que no cesaron de croarle, ni aún después de la medianoche de todas las brujas, prestas al doblar de noviembre.
Como en las cortes aristocráticas de moscas cortesanas y no menos pervertidas, e intoxicadas con hashīsh como deliciosas pussycats de las poledancing doradas, al retorno de sus alucinaciones y ebriedades de tanta carne guerrillera engullida durante esos meses de fiestas carniceras.
Y que alcanzó lluvias rojas en medio del regueros fogonazos ensalivados, hasta empapar la carnes oblatas de pan y vino de la muchacha deutsch inmisericorde que en un sendero cualquiera dejo su virginidad y sayas.
La de suave piel blanca y alabastrina, aquella conspicua y no menos brava Tamara Bunque Bider; erótica insaciable y venusiana de talante; caída en su propia trampa mortal y entregada en emboscada a los rangers, por traidores de su amado partido comunista natal (en realidad el boliviano). La traición, un detalle chic muy propio de sus ideologías conculcadas a las putas guerrilleras, miserables.
Pero es que lo de ella fue otra cosa sucedida allá donde el río se estrecha y baja lo suficiente para el cruce en Vado del Yeso, con nuevas oleadas de moscas capitalistas aprestando sus bolsas infames, repletas de hueveras devoradoras de todo lo que un día fue humano. Porque la comedera de ambos sucedió en sitios distintos. Sabiendo que en los paraísos proletarios no hay moscas ni cucarachas, dado que no nada que comer.
Y también porque el líder de la banda armada invasora del suelo boliviano, en su mejor momento, le dijo a ella, sin aviso previo:

–”Sabés, que no habrán más correos del “llevaitrae”. Así que te quedás clavada con nosotros en medio de la selva, nuestra amada floresta“.

Quizás, pensó ella con razón, a manera de soldadera entre las miasmas rugientes de aquella manada de lobos, excitados con el olor a hembra. Después, Tamara se viró dándole las espaldas al líder guerrillero y partió rumbo a las letrinas, mientras murmuraba otras imprecaciones.

–”Cacho de cabrón –rezongó ella, ahora desde un rincón de su tienda, ya aburrida de toda aquella farsa trágica, repleta de engaños y furias–. Todo porque esta mierda donde nos embarcó el Líder Máximo del Internacionalismo y que ya se está jodiendo y él (Guevara), no quiere irse sólo. Y lo que más me jode es que aquellos dos huevones están muy campantes en bebederas y hartaderas, echándose fresco en los cojones, allá en La Habana, en medio del aire acondicionado de su castillo de naipes” –terminó de escupir ella, su frustración, premonitora de que pronto seria destruída, al igual que el resto de la jauría.

Se trataba de algo desesperanzador y que para ella era lo más temido. Nada de retornos a La Paz como antes, con aquel par de ilusionistas estrafalarios; también intelectuales comunistas; el pintor y guerrillero argentino Ciro Bustos (Ciro Roberto Bustos Marco) también (“Pelado“, “Mauricio” o “Carlos Alberto Fructuoso“) y el periodista, profesor y escritor francés Régis Debray (Jules-Régis Debray), también “Dantón“.
La Piel de Zapa y sus mensajeros letales
Para entonces, aquella figura desmadejada, seria campo fértil a colmenares y kermeses de este otro bellaco rojizo ya irreconocible de entre sus máscaras. Porque hubo y habrían tales muertos de igual prosapia de terrores y violencias, pastos de las moscas verdes tse-tse y las de pelambres teñidas de multicolores carnavalescos, con corrimientos hacia el rojo einsteiniano. Y por qué no también sus prima hermanas de traiciones, coleteando rojuras, como las sabandijas comunistas peruanas. Es que toda estas pieles del bestiario zurdo, no son encogibles tal lo fuera del pacto diabólico en “La Piel de Zapa“.
De igual modo era esa figura serpenteante sobre el mármol del vertedero, antes temida y odiada en la Cuba castrista, tierra calcinada enhiesta de auto elogios y hoy desflorada y maldita por la miseria.
Pero que desde instantes, su imagen de fantasma terrible de conductor y protector de las sombras, descansaba quebrada y solitaria en pose tan estrambótica como la maraña de su cabellera. Y, por fin, alguien le cerró los ojos.
Cualquier poeta del Diablo, le describiría durmiente entre pliegues de miriadas de sus fantasmas victimados. Casi todos desdoblados en terríficas pesadillas vengativas, de igual volar y serpenteo al de las brujas goyescas coitantes at æternum.
Es que el líder guerrillero y sus seguidores del destacamento, valdrían como secuaces perfectos en cualesquiera de las bandas apostadas en caminos. Cierto fue que en justas verdades, estos subversivos alebrestados, pelearon con las tres furias de los leones, desde el primero hasta el último día.
Un modo de actuar inimaginable –por lo inéticos– en sus enviadores desde la “Manila” apacible, ya desinteresada de sus mensajeros letales. Los preludios de aquel aire de muerte, tan absurdo como desentonado; finalizó sin los ditirambos grisáceos y tramposos de los camisa rojas garibaldinas y sus escarapelas girondinas, siempre en calidad de mensajeros de la muerte y el “odio inconmensurable al enemigo“.
Y porque los rangers hicieron que así le fuera “de aquí hasta la eternidad” y para siempre, con su inusitada perfección de cirujanos en día fecundo para la democracia y la libertad plena del hombre. Ya se hablaría de la jornada por la libertad paralizadora de los mensajeros totalitarios enviados por “Manila“.
Una fiera Difunta Mayor, de entre piaras de otras tantas Difuntas
No era demasiado el espacio en la escuela humilde de Quebrada del Yuro, para albergar a ese Difunto Mayor de entre otros tantos difuntos, y no sólo en Bolivia sino que desde antes en la Cuba aterrada y en el África, Ásia, Indoamérica y Oriente Medio, tan amadas por ser hijastras de sus actividades desastrosas. Porque siempre fue un Poeta de las Penumbras, bien que fue evacuado por su malasombra de pechuga andina, por la falta de oxígeno. Ni dudar que este era el cuerpo del escándalo inerte que unos minutos antes, fue un guerrillero derrotado y auto humillado, en una guerra que el mismo armó donde nadie le llamó para que terciara con sus injerencias.

Pero Usted, señor Guevara, fue quien le invadió a ellos su país. Y usted y sus hombres, fueron entrenados, financiados y enviados a Bolivia con planes específicos de derrocar al gobierno boliviano y lo peor; asesinaron a ciudadanos bolivianos en su propio país; y todo, bajo las órdenes de un gobierno extranjero –le aclaró el principal asesor de los cubanos (6).

Sucedió durante el cambio de impresiones (nada parecido a un interrogatorio formal); cuando aún era un prisionero recién capturado en combate, herido e inexplicablemente capturado vivo con todo su armamento y parque en estado perfecto. Fue sorprendente, dado que (como todos los comunistas) siempre anuncian su inmolación de “mentiritas”, no como las ennoblecidas con hechos, de los altivos Samurai daimyõ.
Pero no acaeció tal historicismo épico, quizás arrepentido por habérsele aflojado las piernas, en el que pudo ser el mejor de sus momentos.
Castro, echó a rodar el rumor de que al Dr. Ernesto (Che) Guevara de la Serna (el de “hasta victoria siempre”), lo capturaron (no rendido) a causa de que sus armas le fallaron, sin mencionar lo de las piernas. Como cuando a uno de sus lugartenientes más aguerridos “Benigno” (Dariel Alarcón Ramírez), hoy exiliado en París, igual que a otros de la banda, le dijo una de las demagogias a las que el mismo nunca le hizo caso:

“Un revolucionario verdadero, jamás se rinde ni se deja apresar vivo por el enemigo. Primero, se inmola”.

Claro que nadie dio valor a esta, una de las tantas payazadas de los comunistas, que nunca se inmolan. Porque, como era de esperar, el león calló y no se inmoló, tal se comprometió. Aunque después, cuando tras ser apresado; desafiante; se atrevíó a rugir con fiereza y en la escuela donde lo encerraron, armó un soliloquio en el delicioso lunfardo de las favelas rioplatenses.
Más tarde sobrevino vino lo inevitable desde el estado mayor y presidencia boliviana:

 “El león campante, que no lo esperaba, fue medido por los bolivianos con la misma vara con la cual él personalmente midió a sus prisioneros demócratas. Partiendo del asesinato alevoso de los cubanos indefensos hasta los congoleños azorados, a los cuales asesinó para “dar el ejemplo”.

Ello fue el resultado de acudir orondo al llamado musical de un Castro disfrazado de Flautista de Hamelin. Cuya flauta siempre estuvo equivocada de melodías de entre el llamado a los niños y el de las ratas marugas, porque él y su entraña repleta de roñas y ambiciones, no cabían en la fila de humanos de diferentes prosapias.
Lo que le incitó ambiciones del poder absoluto sobre todas las cabezas pensantes, que le contradijeran su otro reflejo de maoísmo fabiano, antes de que le arrebatara la muerte. Igual que los avetontas montoneros y tupamaros y el resto de los tirapiedras sesenteros, hoy dispersos por los basureros presidenciales del Eje Apocalypto.
Era humillante para un líder ridículamente capturado vivo, obsesionado en moldear sus grandezas alejado de la Sombra Mayor interpuesta como trampa de luces entre el guerrillero peleador y el cubano tan vanidoso como mal oriental. Su mentor y promotor, Dr. Fidel Castro Rúz y los estertores de la suya propia, idiotizado cuando saltó como un jigüe trotacaminos en medio de la selva boliviana.
Porque a este líder abatido no le correspondía el sueño de los justos, porque también resultó ser una fiera acorralada víctima de sus propios odios y sañas, y de las ánimas clamantes de sus prisioneros vejados, atormentados y asesinados a sangre fría.
Un ser, del cual fluían deudas, flecos de sobrestima y quejas desnudas de sus presas inermes asesinadas en la Fortaleza de San Luis de La Cabaña, ara y pedestal de ese comunismo del “¡ahé, ahé, ahé la Chambelona!”, al ritmo de los tiros de gracia.
Ese, el mismo patrocinado por los “hermanos sufridos del Norte revuelto y brutal” que no escatiman admiraciones y siempre dispuestos a adular a los Castro, mientras levantan las ventanillas de sus Cadillac punzó, en nombre de una fementida igualdad racial, destrozadores de la encantadora “La Habana Colonial”, de la historia propia y presencia de la cubanidad arrastrada por cuanto basurero se les antojo.
Ahora aquel tipo que exudada los miasmas y fetideces propias de su vida equivocada –aunque todavía con sus sueños no descompuesto–, mal envuelto en mortajas de mil encostraduras sanguinolentas y exudaciones desesperadas, tuvo antecedentes que él y sus compinches trataron de arrancar de una Historia violada al peor estilo.
Se intentó de alterar el paso fresco de las democracias, a cambio de un infame placebo totalitario del ajiaco habanero, todavía enquistado hoy en algunas de las mentes variopintas del cocusal zurdo. Tal destilación, fue la que diseñó en su retorta alquimista, el Good Shepherd Major castrista.
Génesis del aka (“Che”)
Uno de los expedicionarios del Granma, idealista devoto de Castro, Antonio “Ñico” López, quien husmeaba junto con la Gadea entre círculos comunistas en Ciudad México, dicen que fue quien lo apodó “Che“. Se trataba, nada más ni nada menos que del Dr. Ernesto Guevara de la Serna (7). Otros aseguran que fue su colega (segundo hombre en la escala del poder) el Cmte. (Mayor) Camilo Cienfuegos Gorriarán; un personaje clave en la opereta de los comunistas auto inventados, el cual; como tantas otras sombras; desapareció convenientemente tal le sucedió al globonauta cubano, Matías Pérez.
Casi de igual lomo y canto a la diseñada y escrita –con guión dogmático– por el confundidor nato por excelencia, Vladimir Ilich Ulyanov, (aka “Lenin”), un controvertido fanático de Karl Marx, Friedrich Engels y también de su Superego propio.
Guevara “el Vivo” (no “el Muerto”), se convenció de un presentimiento que nunca existió, pero hacia el cual avanzó inexorable entre los destrozos de su vanidad herida de muerte.
El, con su andar y portar atento a la Voz del Amo, sin embargo, hizo real y mandatorio el tarareo de las cantatas impregnadas en el romancero gallego de los Castro y saltó al vacío en la matta boliviana. Y todo porque el Líder Máximo casi le cortó las ansias de emular con Babeuf (8) guillotinando a todos los burgueses a quienes pudiera echarles mano.
Porque al desplomarse la democracia en Cuba, se le excitó la avidez idéntica de los Cirilo y Metodio anidados en la Plaza Roja; ansiosos por bañar sus groserías de mujiks, anales y genitales –unos cheos irredimibles como camisetas en tendederas–, volcados sobre las playas cubanas.
El león, despechado por sus misiones fracasadas, terció en los malabarismos preliminares que años más tarde cercenaron la soberanía cubana en favor y hasta caer desmayado en brazos de la URSS. Una acción vergonzosa que fructificó en extender pasaporte válido al vasallaje de La Habana a Moscú; pos obitum; en la titulada “Constitución Socialista” de 1976.
El león se consideraba un discípulo apasionado del líder, pero aspiró profundo y se le ocurrió en mala hora rugir diabluras en las inmediaciones de la acera donde Castro dramatizaba su misantropía de optimista alegre. Fatal le resultó que tal dualidad de famas, era intolerable por el Líder Máximo y la cofradía envidiosa de los apparatchiks guerrilleros, quienes le auscultaban los sobacos por intruso.
Este pujo emulativo, unido a sus devaneos con la jauría comunista pequinesa, el grupo de los que más tarde se convirtieron en “la pandilla de los cuatro” —ya envuelta en calideces de oxidación—, lanzó al león (de súbito) por un derrotero de peligros.
Castro activó sus neuronas y armó un artilugio similar al que esfumó del juego al que al parecer era entonces su alfil preferido: el ya mentado Camilo Cienfuegos Gorriarán, otro polo sombra de mayor simpatía que la suya, pero ahora, enfocado a defenestrar a Guevara.
Peri Em Heru
Pero ni Guevara ni su león interior, también de mayor proclividad a la muerte (9), se percataron eufóricos de que dicha Constitución Socialista con la cual soñaban; no se trataba más que del viejo “Libro de los Muertos” (Peri Em Heru o “Libro para salir al día”).
Porque a eso propendía el legajo, leer las inscripciones en las paredes interiores de sus sarcófago, de abrir las doce puertas y vencer cada obstáculo antes de comparecer frente a Asir.
Es que el fin consistía en ser enviado definitivamente donde Ammit, “el devorador” y de esta forma expedita, ser borrado del Libro, para siempre.
Quizás alguna Sangoma sudafricana –traída por Castro en su periplo de santerías por el África Negra, o encargada después o desde antes– le tomó las medidas a su malasombra mientras dormitaba, tal vez tras sus tareas matutinas de fusilazos en los patios de San Luís de La Cabaña.
Ni de que hábiles egipcios, quizás recolectados desde el delta del Nilo; taladraban a partir de cada medianoche y con el mayor sigilo; oquedades al hilo maderal de la franja blanca de la cabecera del sarcófago, en una madera sagrada.
Esos artesanos del país extraño, obraban carpinterías secretas sobre un tronco inmenso de sicómoro, como si fuera de acero negro. Era la madera mítica por incorruptible con la que desde ha, se hacían los ataúdes de los faraones, del cual él, nunca disfrutó.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  “The Lion Sleeps Tonight” (El león duerme esta noche), interpretación del grupo vocal y banda The Tokens, 1961. El sudafricano negro Solomón P. Linda reclamó ser el autor de la canción con el nombre de “Wimoweh“, escrita y grabada en fonetica de la lengua zulú (1939) en estudios sudafricanos y popularizada por su conjunto vocal “Evening Birds “.
(2)  Alberto Díaz Gutierrez, aka “Korda” (y un verdadero artista del lente); hizo la fotografía famosa de Ernesto Guevara, durante un cortejo fúnebre. La propaganda castrista no desaprovecho la oportunidad de nombrar a “su martir” como “El Guerrillero Heroico”, un indeseado competidor, ya eliminado. Considerada entre las 10 mejores fotografías de todos los tiempos, ha sido aprovechada al máximo por la propaganda castrista. Korda, un alucinado verdadero con la gesta guerrillera, no se ha definido exactamente si su adoración de asceta no monacal, imbuido del dualismo, era hacia Castro, Guevara o el cruento proceso revolucionario. Al parecer, sin ambiciones personales y por su ingenuidad, pudo haber sido tomado como prototipo del un “modesto-sencillo-dilecto-perfecto” del Hombre Nuevo, otro embutido de la extensa  wurstladen (choricera) castrista.
(3)  Daniel Santos (el Inquieto Anacobero)
(4)  Ver el film “Che“! de Omar Sharif, dirigido por Richard Fleischer, 1969 USA y “Che (part I)” de Benicio del Toro, dirigido por Steven Soderbergh, 2008 USA.
(5)  En ocasiones adjetivizado “Dr.” y en realidad, el segundo apellido de Guevara debiera ser “Sheinerman” no “de la Serna“. Después de investigaciones , el CIA propone el apellido de “Sheinerman“. Para detalles de esta sorprendente revelación, ver el “ehC, el genoma sinistrorso” en cualquiera de estos blogs personales o sociales.
(6)  El dialogo es una versión libre. Ver “El Guerrero de las Sombras” de Félix Ismael Rodríguez Mendigutia y John Weisman. New York: Simon & Schuster, 1989.
(7)  Ver de Sigmund Freud,  “Zur Einführung des Narziβmus” (Introducción del Narcisismo. (8)  Ver de Françoise-Noël Babeuf,  la “Conjuration des Égaux o Le manifeste des Egaux” (La conspiración de los Iguales)
(9)  Ver de Sigmund Freud,  “Jenseits des Lustprinzips” (Más allá del principio del placer). Donde plantea el Tánathos o Pulsión de Muerte.

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..”¡Silencio, que’león duerme esta noche!” II/II


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
“¡Silencio, que’león duerme esta noche!” II/II(1)
(“Wimoweh”)
Conjuro Sp. 1130 del “Texto de los Sarcófagos”
Del reino Medio y su Totalitarismo Real
Oid tristes mortales
“No les he ordenado que hagan el mal,
son sus corazones los que desobedecieron,
Con mi sudor he creado a los dioses
con el llanto de mis ojos a los hombres”

(…inscrito en el interior de en algunos sarcófagos)
 
Un león tusa’o y para más desgracias, con “ñeque
Desde el instante en que Félix descendió del helicóptero militar en Valle Grande, notó una tensión en el ambiente. Ello se palpó en los cuchichear, cambios de miradas, movimientos hacia lugares de resguardo o apartados. Tanto la gente del pueblito local de “La Higuera”, como también los campesinos solitarios y las que desde el exterior; ya comenzaban a arribar para aglomerarse en la entrada de la choza que hacia de escuela.
Concurrían a pie o en cuanto medios de transporte encontraron. Venían también, desde comunidades cercanas, oliendo el espectáculo. Nada igual había sucedido en el lugar. Ni siquiera los más viejos recordaban nada parecido.
No era para menos, los rangers revoloteantes por el pueblo, habían alcanzado su objetivo cardinal: capturar en un recodo del camino hacia el lomerío, al famoso “león“, un argentino aventurero escurridizo como una anguila de río. Y como un regalo sorprendente: vivito y coleando.
Además el operativo de los rangers tan noveles, logró la destrucción absoluta de la fiera garde du Corps (guardaespaldas) del líder. Ahora, aquellos soldados jóvenes, tenían a la presunta fiera comiendo apacible de sus manos.
 
El “objetivo capturado”, anda más tranquilo, que “estate quieto” –comentó Villoldo por radio al piloto del helicóptero que ya se alejaba del lugar. Aunque debería retornar bien pronto.
 
La noticia de que el león ya estaba tusa’o (tusado) se esparció irradiada hacia los cuatro puntos cardinales, a la misma velocidad de un lince ibérico, asustado. Con ello los comandos bolivianos demostraron que la fiera no era tan mítica, inalcanzable o indestructible. 
Y por ser Félix y sus otros compañeros, integrantes del operativo de asesores militares del CIA asignados para el entrenamiento del Batallón Élite de Rangers, sentían una satisfacción inmensa por la victoria completa alcanzada contra sus enemigos.
Estos soldados jóvenes, se habían especializado de manera rápida y sorprendente para sus instructores cubanos, de una efectividad letal para las dos bandas de escopeteros.
Iinicialmente se trató de una agrupación única; dividida posteriormente en dos, la del líder  Guevara y la de uno de sus mejores capitanes, “Joaquín” (Juan Vitalo “Vilo” Acuña) a las cuales persiguieron sin descanso, durante los fríos meses del verano austral.
Les exigían una capacidad pulmonar extra, resultaba indispensable para desplegarse con efectividad por aquellas alturas, donde el aire estaba enrarecido por el bajo nivel de oxigeno Se consideró factor indispensable, inculcarle a esa tropa bisoña, la disciplina propia de un destacamento  de acciones punitivas y en estado de alerta permanente.
 
Ustedes, estaban destinados a moverse de manera constante, a una velocidad superior a la del enemigo. A esa gente –les repetían los instructores, desde los inicios del entrenamiento–, poco a poco, les fallara su capacidad combativa. Al sentirse acosados por los cuatro costados, la incertidumbre y el temor de ser apresados, les restara velocidad.
Y con ello, el temor se convertirá en miedo atroz, de donde su vulnerabilidad aumentara, hasta el día en que; extenuados; sufrirán bajas irreemplazables. Tendrán que atender a los heridos y enfermos, lo que les restaran poco a poco su factor sorpresa como en los tiempos iniciales. Nosotros dispondremos de armas, parque y vituallas inagotables.
Ellos no –les insistía Félix–. De la posición ofensiva, pasarán a la defensiva. Y un día, caerán en nuestras manos, vivos o muertos. El Comando Central, hasta el propio presidente Barrientos, los quiere agarrar para demostrar la injerencia de estas bandas mercenarias enviadas por el gobierno comunista de Fidel Castro.
De todos ellos, debe interesarnos el cabecilla principal, el argentino Ernesto Guevara, alias “Che”. ¿Comprendieron?. 
Félix tomó aire, se arregló la gorra y les gritó,
Entiendan que estos tipos están fritos y los batiremos hasta destruirlos. ¿Y saben por qué?. Porque tienen “ñeque“. ¿Entienden lo que eso significa?
–¡No, no! –gritaron algunos.
Porque tiene mala suerte, “jettatura” le dicen los italianos; y ya huelen a muertos –les aclaró Félix, en el último día antes de comenzar las operaciones militares.

Choque de dos anti-partículas
El enemigo fue identificado como una agrupación subversiva infiltrada y articulada secretamente dentro de Bolivia; organizada, pertrechada y pagada por el régimen comunista de los hermanos Castro. Su tarea: destruir la democracia en Bolivia.
Ansiosos de repetir en Bolivia el fenómeno cubano y convertir Bolivia en centro de radiación subversiva hacia sus vecinos, especialmente con sus ya vinculaciones pre establecidas con las otras bandas comunista colombianas, ya en proceso de consolidación (2).
Sin embargo, ahora en la tensa postal después de la batalla exitosa que se extendió durante meses, Félix y sus compañeros; desconocían cómo finalizaría ese drama letal intenso, vivido por los participantes directos de ambos bandos.
También los testigos valiosos del lugar, dado que todo dependería de la decisión tomada por el más alto nivel del gobierno boliviano, respecto a los invasores, en especial su cabecilla.

Un argentino aventurero; con una extensa hoja de asesinatos a sangre fría en Cuba; que venía dando guerra desde Guatemala, cuando corrían los tiempos de Jacobo Árbens Guzmán y su gobierno nacionalista, pro comunista.
Se trataba de “Papá“, el nombre clave dado por el alto mando boliviano al jefe de las fuerzas subversivas castrista; después etiquetado con el de “león“, de manera operativa. Un tipo conocido por todos y cada uno de los miembros del batallón de rangers; el cual  había sido hecho prisionero vivo, con algunos otros de sus secuaces.
La acción bélica fausta, tuvo lugar tras largos meses de búsqueda intensa e ininterrumpida del grupo subversivo infiltrado en territorio boliviano, cuyos fines propendían a derrocar su gobierno e implantar un régimen despótico, copycat de la feroz dictadura totalitaria cubana.
Dicha estrategia se basaba en lograr una cabeza de playa con vistas a sojuzgar por etapas, al resto de los países periféricos indoamericanos. También La Habana contaba con agentes posicionados estratégicamente en algunos cuerpos legislativos, universidades, medios, fuerzas armadas Centro y Sudamericanas.
En especial Colombia, sujeta desde entonces a una astrosa guerra contra los narcotraficantes, disfrazados de oposicionistas. Todo el despliegue táctico se ejecutó, a fuerza de dólares blanqueados directamente en Moscú.

El propósito final de la estrategia siguiente: saltar sobre los EE.UU, mediando los mexicanos, siempre pendientes de una deuda que debían pagarles los Estados Unidos, según ellos.
Sólo que ahora “Papá“, joya de la corona castrista, lamentablemente para los rectores del manicomio comunista implantado en la Isla de Cuba, ya era o se les había convertido un simple león tusa’o con ñeque.
Cuando Félix tuvo delante de sí al oficial de aspecto recio, pero de modales educados, uno de los oficiales a cargo del dispositivo de combate desplegado para arremeter contra los guerrilleros, éste último lo miró de hito en hito. El oficial pareció o dio la impresión de buscar la palabra exacta.

Gracias —le expresó el oficial, lacónico, con palabras ininteligibles, casi abstrusas, pero cargadas de reconocimiento.

El otro oficial que le acompañaba, se dirigió lentamente hacia el aula de la escuela, cargando su metralleta automática de 9 mm Uzi, como las empleadas por las tripulaciones de los tanques de guerra . En ese sitio, yacía el león prisionero.

—Nada especial—apuntó el cubano— lo importante es haber neutralizado a esa gente, para que no hagan más daño.

Félix comprendió, al ver signos de emoción en los ojos del oficial, que el militar trataba de dignificar todo el denuedo desplegado por los asesores militares del CIA, en entrenarlos para la captura del cabecilla de la intentona.

Y el cubano le hizo un gesto amistoso, complacido con la victoria. Pero asaltó una duda, cuando el otro oficial entró en la escuela y cerró la puerta.
El epicentro de la banda insurgente había sido neutralizado y destruido, paso a paso, pero de manera absoluta y sin dejar cabos sueltos. Sus tentáculos, en uno de los cuales se bamboleó por un tiempo una leona inexplicable, Tamara Bunque Bider, (“Tanya“, la guerrillera) ya no existían.
Ello resultó en una operación quirúrgica exitosa de alto vuelo, desarrollada de igual modo que el cubano les pronosticó a los rangers, durante los entrenamientos. Porque aquellos soldados, ya fogueados en la selva, no habían sido escogidos de la nada o por azar. Y fue desde ese punto exacto, donde comenzaron a temblar los Castro.
Dos ráfagas de cordita y una primaveral

Me los van a traer desde los mismitos picos de la sierra –apuntó en su orden al Jefe del Ejército, el presidente de Bolivia, Gral. Réne Barrientos Ortuño– . Me los traen de la zona de peor entrada y salida. La de peor acceso por lo intrincado. Los quiero campesinos, bien campesinos serranos –dijo el Presidente, refiriéndose a la leva de alistados que integraría el Batallón de Rangers, esa tropa élite a entrenar por los asesores cubanos.

La misión conjunta de las fuerzas demócratas dejó sin opciones a quienes fueron vendidos por la propaganda castrista, como una especie de Guardia Élite como la de los 10,000 Inmortales del emperador Jerjes; el cual fue vencido en las Termópilas por Leónidas.
No hubo una orden específica impartida del rey de la floresta, ni siquiera por parte de grillos y cigarras, sus alabarderos habituales más escandalosos y recurrente.
Lo cierto fue que un silencio, el cual sorprendió también a todos los humanos cercanos al lugar, descendió pesado como si todo respondiera a un mandato, ejecutado sin solicitar permisos.

Y la cosa resultó notable, porque todo lo vivo de los alrededores de la escuela, se puso en atención ante lo premonitorio inferido sobre el fin de los invasores, aunque sin conocer los detalles.
La ruptura inmediata del silencio dio al traste con cualquier vestigio de esperanza en los capturado, quienes quizás recibieran de la propia medicina cruenta que en su tiempo ellos aplicaron a los opositores demócratas en Cuba y otros lugares, a escala mundial.
Porque de inmediato que cesaron las detonaciones provenientes de dos ráfagas intermitentes de una misma arma automática, y que se escucharon desde la dirección donde la escuela, hicieron que los curiosos presentes en las inmediaciones cortaran la respiración y quedaran en sigilosa espera.

—Es sobrecogedor–argulló candoroso, un novato recién egresado de la Escuela de Oficiales del Ejército Boliviano, hijo de un escritor.

—No me digas –le ripostó otro de sus compañeros de clases, hijo de un ingeniero en telecomunicaciones–, y no te conmovió, cacho de cabrón, la impiedad que tuvo él con los opositores que fusiló en Cuba, indefensos. A que viene esa babosidad, compa, porque el argentino tuvo la oportunidad de pelear. Sucede que perdió por inepto y por estar abandonado por Cuba.

Un leve sonido de cerrojo, indicó que la puerta se abría. Los oficiales y soldados en las afueras, sabían quién estaba dentro y quizás, la orden que llevó consigo cuando penetró en el sitio. Después todos vieron la figura alta y corpulenta del oficial ranger que se destacó en la semi penumbra del dintel de la puerta desvencijada.
Una extraña ráfaga silenciosa, esta vez de viento –quizás de alegría eufórica de Tánathos imbricado con Eros– hizo una polvareda, tal vez la última que soplaría fuerte en aquella primavera austral que ya exhausta, pero que transcurría bajo acontecimientos de profundas relevancias históricas. El aire, trajo consigo un ligero olor a cordita emanado del interior del aula, por los disparos a quemarropa.
El oficial terciaba su arma y con gestos inusuales, torpes; con su bota de campaña arrastró y echó violentamente fuera del recinto a punta pies, varios casquillos de balas esparcidos por el suelo.
El militar terminó de abrir la hoja desvencijada, chirriante, y salió al exterior donde tomó una bocanada de aire profunda y tosió y carraspeó de manera áspera. Después se descolgó el arma y la sostuvo en la izquierda. Sacó de un bolsillo pectoral una especie de pañuelo militar, camuflado como su uniforma, y se secó un imaginario sudor.
Echó una mirada fiera a los presentes, volvió a pasarse el pañuelo por el cuello y miró a Félix; quien le estampó una mirada medio que azorada, por lo que intuyó había sucedido en el interior de la escuela.

Ya está hecho —le dijo el ranger en voz baja y firme—, cruzado de pecho a cadera, para no desfigurarle el rostro. Ya no habrán más guerrilleros en mi país, que vengan a jodernos la patria. Y juramos que esto será para siempre.

Y así fue. Félix recordó que por una disposición interna, táctica para las zonas de guerra, el Ejército colombiano nunca tomaba vivos a prisioneros mercenarios extranjeros. Mas si eran capturado en combate con las armas en la mano.
Este, no era el caso de cuando una expedición de exiliados cubanos se integraron en la denominada Brigada 2506; desembarcó en Cuba por Bahía de Cochinos, en la Ciénaga de Zapata; con el fin de liberar al pueblo de Cuba del régimen totalitario comunista. Los brigadistas anti comunistas, fueron asesorados y apoyados por los EE.UU, y con ayuda de los exiliados. Sólo que en Cuba no existía tal forma de combatir.
Entonces, el incipiente Ejército Rebelde integrado por castrista y las fuerzas paramilitares de milicianos, las cuales estaban pertrechadas, entrenadas y dirigidas por asesores militares provenientes del bloque comunista a los cuales obedecían, checoslovacos y rusos.
Estos asesores, especialmente los rusos (españoles, veteranos de la Guerra Civil de España) instaron a los soldados cubanos, especialmente a los oficiales de las milicias, a que remataran a los heridos o mataran a los prisioneros,

A todos los que puedan!. Antes de que rindan —rugían los asesores, lanzando imprecaciones.

Un modo de actuar ilegal, que después fue revocado por Castro, por razones desconocidas y que nunca nunca explicadas por los régimen.
Epílogo inverso anterior a las 13:15 horas, de una tarde obstrusa
El drama final descrito, se inició en una fresca mañana de octubre, 1966, cuando el león colmado de rabias y venganzas por la frustración de sus pesadillas y derrotas africanas, siempre machucadas una y otra vez a manos de su admirado Gran Hermano, arribó al aeropuerto de La Paz, Bolivia. El Líder Máximo le reprobaba insistente, aún frente a otros miembros de la cúpula, sus torpezas y fracasos en cada misión que le encomendó. Ello sembró resquemores en el regañado.
Claro que el león tampoco sabía lo que aprendió después, mas dado a espejismos y reafirmación de su personalidad ante el Líder Máximo;  en la Sierra Maestra sobre el tema, por boca de un cubano demócrata veterano de la Guerra de Corea al que como es natural, le apodaron el “Coreano“, un tipo con los pantalones tan bien puestos como su memoria prodigiosa.
Es destacable que el Coreano, creyendo buenas intenciones en los Castro, se brindó a entrenarlos en las artes de la Guerra. Por su experiencia como veterano del ejercito de los EE.UU en la Guerra de Corea, junto con otros ex combatientes experimentados caídos en la misma trampa, brindaron entrenamiento militar teórico-práctico a la tropa bisoña de los expedicionarios del yate “Granma
Explicó el “Coreano” sus sorpresas, cuando el león se interesaba insistiendo siempre con él, acerca de,

“…las emociones que se experimenta cuando se asesina a un semejante a sangre fría y sin motivos”.
“¡
Avemaríapurísima! –exclamaba el Coreano– con este pibe caníbal y mi vieja pared del arrabal con su sombra letal que nunca lo fue

Cuando el león miró a su alrededor no observó nada que entendiera excepcional para ser un país de los tantos del altiplano, y sintió las frialdades propias del entretiempo mediante en el paso hacia el verano. El león arribó con la insolencia de una pose hierática, ensayada y sin expresividad al futuro teatro de la que seria “su guerra”.
Exclusivo de los torbellinos de su mente, le pareció sentirse en medio de los himnos y ruidos silentes. Pero de lo que sí estaba seguro fue de su decisión de ejecutar y conmutar para sí, en su beneficio propio, la tarea prometida a los Castro y también para repletarse de ensueños que por alguna razón los presintió mortecinos.
Nada sorprendente, que por la cervical le corriera un escalofrío para quien sabe al dedillo que cada segundo era un desafío a su destino, que para él era el agua en la que nadaba mejor.
Como les es natural a los comunistas, más por ser subversivo, el león llegaba disfrazado con personalidad, papeles y leyenda, falsos. Le siguieron por separado, utilizando otras vías y momentos, el resto de la banda de secuaces complotados ya dispuestos y entrenados en “Manila” para apoderarse por la violencia, del país al cual no pertenecían, ni al cual fueron llamados.
Eran invasores simples salteadores de caminos destacados para el ataque al descampado, expedicionarios destinados por la voluntad suprema del Líder Máximo radicado en La Habana, apoltronado a miles de millas de La Paz, expeliendo órdenes a sus agentes para un sinnúmero de actividades subversivas a las que no tenían derecho. Esta, era una de esas.
Todos juramentados en destruir a posteriori cada vestigio de democracia en el continente americano, tal iniciaron en Cuba los viejos guerrilleros cubanos en enero 1, 1959.
A los rusos, mientras, no les convenían tales desmesuras públicas sino el juego de los frente populares, la lucha de clases, los “progress” y el resto de los devaneos zurdos vendidos al detalle en las herboristerías marxistas.
Parecidas a las “botánicas” de santerías miamense actuales.La trama armada cuidadosamente por los estrategas castrista desde La Habana, teóricamente, había deslizado sus cuadros y personal operativo hacia el altiplano boliviano por vías seguras, aquellas sólo utilizadas por contrabandistas, bandoleros y narcotraficantes.
Y por ahí introdujeron también los equipos, pertrechos y armamento que la Manila fementida les proyectó como básicos y en las cantidades adecuadas, junto con las municiones de guerra y de boca indispensables.
Estas últimas, considerando que podían ser obtenidas localmente y sólo durante el tiempo preciso, hasta que alcanzaran sus objetivos primarios: disponer de un enclave militar permanente, suficientemente fortalecido en lo táctico y logístico fuerte, para el empuje final sobre el gobierno boliviano.
Sin olvidar el vivaqueo ligero en las selvas durante los primeros tiempos, con el Ejército que en algún momento les pisaría los talones, para lo cual requerirían liviandad en las mochilas.
Para el león, todavía sin melena, quien ya no dejaba de experimentar cierta desconfianza interior por el empuje insistente de sus mentores, prestó cuidado fino en conocer las cotas de los escondrijos anunciados en La Habana donde; supuestos zapadores enviados con antelación, habrían depositado el grueso de los equipos pesados, médicos, vituallas, parque, comunicaciones y otros pertrechos.
Buena parte de los “zapadores” devinieron fantasmagóricos y los más aviesos (comunistas locales) se complicaron en traiciones y escamoteos de los pertrechos un tanto raros por la naturaleza de sus fuentes de su alimentación, y no por ser gente extraña a la guerrilla.
Al león, no le convencían los pronósticos de sus mentores, acerca de una acción fulminante contra el gobierno boliviano del Presidente Gral. Barrientos y la consecuente derrota de este régimen democrático a manos de las hordas campesinas teóricas (la versión maoísta) soliviantadas por los militantes locales del Partido Comunista Boliviano, que nunca aparecieron.
Ni tampoco, que los suministros estuvieran listos en su totalidad, para iniciar la campaña incierta en un territorio que en su totalidad estaba en manos enemigas. Voces internas, y externas provenientes de paisanos, le sugirieron no confiar en un plan donde su figura se destacaría en el punto central y por ende, como un papamoscas, diana de sus perseguidores bolivianos y posiblemente de otros provenientes del extranjero.
No eran los tiempos en que un puñado de terroristas descamisados (Cuba) asustaron desde el lomerío a un gobierno reconocido, una sociedad sólida y repleta de confianza en su futuro, sin embargo con un pueblo idiotizado con la consigna de demagogos, especialmente los radiales; que cualquier otra cosa era mejor que el gobierno republicano actual, aunque autoritario.
Los complotados, no obstante, parecían convencidos de que en base de la experiencia cubana, con la derrota del gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar; daría a las fuerzas bolivianas antiterroristas, estrategias pasantes del estado defensivo al de alerta ofensivo.
En marzo 11, 1967 por dos desertores de la guerrilla, Bolivia y después EE.UU advirtieron la presencia de un foco insurgente sediciosa por la zona de Valle Grande. De tal forma, el gobierno boliviano solicitó ayudas a sus aliados naturales, los EE.UU.
En un tiempo corto, casi de inmediato, los asesores cubanos del CIA pusieron en manos del Ejército boliviano un batallón de rangers; casi todos jóvenes campesinos dispuesto para la búsqueda y captura o destrucción completa, de los invasores.
En pos de otra Nueva Clase de Escopeteros
Ya desde finales de 1966, la banda de escopeteros se consideró apta para iniciar el juego mortal. Concluían la etapa preparatoria tendente a montar un enclave guerrillero en el altiplano andino. Según los planes, alcanzarían idéntica puntuación que los sediciosos cubanos, contra el gobierno de Batista.
El objetivo de la parodia boliviana se perfiló dentro de un plan maestro de batir al gobierno, utilizando terroristas disfrazados de oposicionistas y después, anulándole al pueblo todo vestigio de esencia democrática, con la imposición de una dictadura (como las apocalyptos del ALBA) sujetas al más fino corte maoísta –quizás también en su temible versión genocida del Khmer Rouge–, una variante por la cual, después de anunciada por los orates comunistas de Cambodia, el león se derretía.
Los complotados, desconocían parte de los detalles secretos de la operación armada en La Habana e inferían dudas sobre posibles copias ciegas del guión original de la Sierra Maestra. Para algunos guerrilleros cubanos, fue sospechoso la lista tan nutrida de líderes desertores del bando comunista o peor, desaparecidos en circunstancias turbias.
Los anales de la épica guerrillera, devendrían desastre natural con la extinción absoluta, en meses y por estrategias exquisitas de los asesores CIA, del síndrome terrorista inducido por la cuadrilla. La dirección guerrillera calculó, en sus paranoias, que sobrevendría la fase de expansión hacia los países periféricos.
Asegurarían el petróleo venezolano, la jungla Matto Grosso, el Pacífico y el Canal de Panamá, entre otros, como las Antillas. Una estrategia a ejecutar con la destrucción sistemática de la logística gubernamental y de la población, al generar un caos total en Bolivia. Seguiría la conquista desde su patio trasero, de la potencia que los comunistas plagiaban denominándola “pérfida Albión” (EE.UU) en el decir griego.
Ver que por los años 60 Norteamérica era supuesta por sus enemigos y hacían la propaganda la determinaran como “a punto de caramelo”. Suponían, una nación desestabilizada por los estupefacientes, Caballo de Troya de los comunistas e islamitas.
Y también, por las acciones antipatrióticas de los anarco-liberales, izquierdistas, fabianos, islamitas árabes, musulmanes negros y el desenfreno delictivo de los grupos terroristas y partidos comunistas separatistas como los terroristas del Partido Panteras Negras (a veces, denominadas “de Autodefensa”) y maras centroamericanas locales.
La Habana, aprovechó la confusión por la guerra indochina, y devino abiertamente gestora del aborto boliviano ansiosa de ensangrentar nuevamente a Indoamerica, después de los fracasos rotundos de los conatos guerrilleros aplastados durante la década de los 60s.
En el juicio del león, la diferencia consistiría en que ahora él y su Superego serían los reyes de la selva y el único apto para rugir. No como en la Sierra Maestra, donde los comandantes castristas lo tenían como un cachorro extraño a la jauría a cuyo criterio la autosuficiencia arrogante del líder, contribuía con todo esplendor.
El león siempre se presentó envuelto en un halo de estoicismo y desgano por los deleites de la vida burguesa y así, dibujo su imagen. Quizás, fue una refinada falsedad escénica, tal el Graco jacobino (François-Noël Babeuf)¹.
Él, campante, iba y venía con expresión y atuendos ajenos al pecado original de apetitos hacia el savoir-vivre (saber vivir); hedonismo criticado a la burguesía –igual al que enchumbó ruindades la Die Neue Klass oder die Bezeichnung (“La Nueva Clase” o la “Nomenklatur“) inherente a todos los totalitarismos, tal es el montado por los comunistas cubanos–, como base de su discurso babuvistas.
Manila” (La Habana) en la clave guerrillera y Poma en la de mi barrio), fungió como rampa de lanzamiento de los conjurados. La dacha moscovita, sorprendida en alguna medida; se adjudicó la primogenitura invasora dado que nadie oso desmentirla, decían, por ser ellos los gurúes más aptos para alborotar el traspatio norteamericano.
No eran los viejos “mau-maus”  de las tribus kikuyus
La artillería liberal de los medios estadounidenses, descolimó sus blancos indochinos y se enfocó hacia esta nueva travesura prometedora de glorias y famas. Tal sucedió con el complot en el que se destacó como protagonista el corresponsal del “New York Times”, Herbert L. Matthews, un mitómano de cueros rojizos y maoísta hasta la obsesión sociópata –cronista fracasado de “La Gran Marcha”–, que le caló hasta los tuétanos.
Este periodista se presentó como un adorador enfermizo e irredimible de los totalitarismos, en su entrevista a Fidel Castro en la Sierra Maestra, al cual disfrazó con una épica falsa de “Robin Hood” moderno al servicio de los pobres, eternizada después por la propaganda oficial castrista y el resto de los cotillones danzantes en las riadas izquierdas.
El triunfalismo de la añagaza guerrillera, hizo que Castro se aventurara en ciénagas profundas como la boliviana poniendo al frente de la banda de mau-maus aventureros, a uno de sus comandantes más significativos; apartando sus fracasos al exportar la panacea totalitaria con los mercenarios cubanos que invadieron África, Asia y Medio Oriente.
Pedestales trágicos donde fueron incinerados miles de jóvenes cubanos. En el caso de África, multitudes de negros cubanos por su mimetismo étnico.
El león, fascinado con sus boberías propias, ora tras errar descalabros por el Tanganica (Congo), perseguido por mercenarios belgas y patriotas africanos, rugió desvaríos en la Tarpeya marxista y ensayó teorías económicas repletas de disparates, durante el tiempo que fungió de ministro, asolando el Banco Nacional y Ministerio de Industrias.
Mediados los años 60, el león cayó en trance hipnótico imaginando ser el comandante idóneo para la aventura boliviana. Uno de sus dislates en Ñancahuazú, consistió en aceptar la encomienda de Manila; sin advertir que siendo él la estrella rutilante del affaire boliviano, no le mostraron el guión completo.
/Así, aquel felino cargado de odios y furias que aterrizó en La Paz una mañana fría, nunca pisó la selva real sino otra virtual. E ilusionado con glorias futuras, falló el escalón dando una voltereta mortal hacia el abismo, el mismo que sus promotores inundarían tras su su muerte con fanfarrias y promos dolarizados con ganancias pingües.
Difuminación paronírica de saltamontes ensoberbecidos
Aquello sobrevendría tras de la difuminación de su efigie rumbo al Partenón del Olvido, donde los Castros desechan los iconos fabulosos que fueron molestos, pero ahora ya inofensivos. Eso sí, aquellos de los que ya “ni pinchan ni cortan”.
La magistral neutralización del conato guerrillero a manos de los rangers bolivianos, no sorprendió a nadie en el barrio. El desastre fue anunciado al conocerse que esa grey aturdida era comandada por el arquetipo del tonto por excelencia del siglo XX: el Dr. Ernesto Guevara de la Serna (aka “Che“)².
Lo ocurrido a este líder cruento a la una y cuarto de la tarde, aquel 9 de octubre de 1967 en Quebrada del Yuro; no fue sólo el fin de un adalid falsario de hojalata de pulgueros, abandonado convenientemente por sus cómplices y promotores; sino el cataclismo de toda una ideología perversa saturada de ululare tiránicos, desbancada de manera definitiva con la caída del Muro de Berlín y hoy, en proceso de disolución histórica.
Esa misma noche de fiestas democráticas y cánticos luctuosos para las bandas políticas zurdas, un ranger de los más jóvenes, se levantó de junto a la hoguera del vivac. Y recordando una tonada a levantó su copa y brindó eufórico:

Silencio, que’león duerme esta noche“³.

Pero no tardó sin que les sorprendiera un rugido retumbante desde la selva, alertando que para las democracias, no habían finalizado los tiempos del terrorismo brutal y sus cúmbilas de ponchos y guarachas. Tal muestra hoy, la simbiosis narcoguerrillera e islamita con el Eje Apocalypto (ALBA).
Nada de extrañar en ese mundillo donde pululan marxistas desdentados, plumas envilecidas, guitarras pervertidas y guerrilleros ensangrentados, todos embrujados en liturgias destructivas.
El ocaso del león, resultó ser otro ridículo melodrama davidiano de los montados por los Castro, inmediato después del infausto enero 1 de 1959. Antesala de un horror devenido semejante, en septiembre 11 del 2001. ¿Alguien duda?.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  El Gral. René Barrientos Ortuño, fue presidente de la Junta Militar (1964-1965), co-presidente junto a Alfredo Ovando Candía (1965) y en 1966 fue elegido Presidente Constitucional de Bolivia. Durante su presidencia, tomo un rumbo desarrollista cercano a los campesinos. La banda de “Che” Guevara fue destruida durante su presidencia.
(2) de Pedro Antonio Marín, conocido por los alias de Manuel Marulanda o Tirofijo hasta su fallecimiento en marzo de 2008. Desde entonces, su líder en jefe es Guillermo León Sáenz aka Alfonso Cano.
(3) Ver Babeuf, Françoise-Noël “La conjuration des Égaux, Le manifeste des Egaux o La conspiration por l’égalité ” (La conspiración de los iguales).
(4) En lugar “de la Serna” el CIA propone “Sheinerman
(5) Ver The Tokens (“The Lion Sleeps Tonight”), 1961. Solomon Linda reclamó la balada zulú conocida también como “Wimoweh” o “Mbube“, escrita en 1920.
In the jungle, the mighty jungle, he lion sleeps tonight.4
(6) Ver Malan, Rian (May 25, 2000). “Where Does The Lion Sleep Tonight?” Originalmente, Rolling Stone “In the Jungle”

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