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**.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución? II/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
**.**Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución?
II/II

Aquí lo que cuenta, es una inscripción de nacimiento“, dijo tembloroso, el funcionario al Coronel 
Los dos carros negros oficiales se detuvieron en la casona que albergaba la Junta Electoral Nacional. Del primero, descendieron el Col. Fulgencio Batista, su secretario y uno de sus abogados; del segundo carro, el resto de los escoltas, todos con Tommy Guns (Chicago Piano, entre otros apodos, por representar un arma de destrucción absoluta). En este caso, todo el armamento y seguridades estaban de mas. Porque se trataba de un aspecto importante para el coronel, sin ninguna vinculación con la violencia que sus enemigos le atribuían. Este solicitante, sólo pretendía inscribirse como cualquier ciudadano común, en la lista de los candidatos para las presidenciales en las elecciones convocadas finalmente, con la evocación de Jesús, del decisivo 1940. El Col. Batista, siguiendo las recomendaciones de su ministro de Relaciones Exteriores, optó por someterse al escrutinio de las urnas y dejar para un posible segundo round, la siempre disuasiva musculatura de sus bodygards y sus “brigadas de inmortales”.

Señor funcionario —adelantó Batista—, yo soy el jefe del Estado Mayor del Ejercito de Cuba y las demás fuerzas militares, y vengo en cumplimiento de las leyes electorales a solicitar mi inscripción como candidato presidencial, para las elecciones próximas de mil novecientos cuarenta.

Dijo, escueto, y quedó en espera de la reacción del funcionario. Sucedieron unos segundos interminables. El funcionario pareció tomar aire y advirtió a Batista.

Usted me dispensara coronel, pero para registrarse en la lista de candidatos presidenciales para las elecciones de mil novecientos cuarenta, o sea el año que viene; yo debo inscribirlo formalmente con el nombre que usted me dice. Pero, por la Ley Electoral recientemente aprobada por el Congreso de la República, usted debe presentarme una partida de nacimiento donde coincidan el nombre que usted me dice con su nombre completo de “Fulgencio Batista y Zaldívar”. Sucede que este último, no con el de “Ruben Zaldívar”, como dice esta otra. Le ruego, coronel, que usted entienda mi situación. Porque encima de mí, tengo todos los magistrados del Tribunal de Elecciones y si yo infrinjo la ley, ellos me van a dejar “entero como el picadillo”. Créame que lo lamento mucho. Pero aquí lo que cuenta es una inscripción de nacimiento, válida.

El hombre concluyó su extenso parlamento, con voz temblorosa y entrecortada, que se le apagaba por momentos. Como si sus pulmones les estuvieran desinflando como un globo. Frente a él, estaba parado el hombre más poderoso y temido de Cuba.
Cuando Batista miró fijamente al funcionario de clase cuarta que tenía sentado enfrente, fue el momento exacto en que el hombre pareció derretirse y comenzó a temblar. El funcionario miró con espanto al oficial que tenia enfrente. Si, era el mismo Batista del cual había escuchado los mejores y peores epítetos.

Lo que yo creo es que, lo del picadillo suyo; mi amigo; le quedara y… —trató de intervenir Dulcineo en un tono agresivo.

Este guardia corpulento era uno de los “músculos” que cuidaban los cuatro costados de Batista. Dispuestos expresamente por José Eleuterio Pedraza, Jefe de la Policía Nacional. Pero Batista lo detuvo con un gesto de su fusta.
Luego quedó inmóvil y con la fusta comenzó a golpearse levemente el costado de la bota derecha, tal si ganara en paciencia. Su cara pareció adquirir una tonalidad al parecer rojiza, algo impensable en quien se estimaba por sus rasgos y color de la tez, con alguna descendencia filipina o malaya.
Lo que pareció furia, no era tal, pues el candidato presidencial lo que estaba era abochornado del papelazo que le hizo pasar la educación y firmeza que adornaban a aquel funcionario de su propio gobierno. Entonces se levanto le dio la mano y las gracias al hombre, y se fue por donde vino, seguido de Dulcineo y sus otros escoltas. Sin quererlo, Batista había aprendido la misma lección de entereza que esperaba de sus subordinados.
Una historia ha, del Coronel y el Enviado Especial
El original Fulgencio Batista, ahora General en Jefe de todas las Fuerzas Armadas de Cuba —selfman por excelencia— era hasta septiembre 4 de 1933 un excelente sargento-taquígrafo, autodidacta, inteligente y perspicaz; con grandes sueños y proyectos sobre los cuales el estaba convencido, por una simple cuestión de clase social, de que nunca alcanzaría. Eso sí, ejercía su función de taqui-meca, de manera impecable, durante los juicios en los tribunales militares del Estado Mayor del Ejército Constitucional de Cuba.
Sabemos que en abril de 1933, Washington envió a Benjamin Sumner Welles en calidad de procónsul, a los fines de mediar entre el gobierno machadista y los diferentes grupos oposición política. Ciertos grupos de militares y líderes civiles, fueron contactados por Welles para sondear lo referente a la remoción definitiva del Presidente Gerardo Machado.
Derrocado Machado y conformada la “Pentarquía”, Welles fue advertido de que podría encontrar un aliado potencial, en el líder de un grupo de sargentos y soldados que conspiraron en la Unión Militar de Columbia a los fines de un “cuartelazo” contra el gobierno de Gerardo Machado.
Luego Fulgencio Batista se convirtió de inmediato en un factor de interés para el State Department, atentos a los intereses de los inversionistas. Inmediato que el gobierno de Machado fue derrocado, y el sargento Batista emergió como Jefe de todas las Fuerzas Armadas; por designación de la Junta de Gobierno que tomó el poder; Welles aceptó concederle una entrevista al nuevo líder castrence. El punto a considerar: el posible reconocimiento  de los Estados Unidos del gobierno revolucionario de facto

Entiendo que usted es la única persona en Cuba que hoy, representa la autoridad —acentuo Welles, diáfano, para que su interlocutor comprendiera la calibración que había realizado en gobierno norteamericano sobre el mismo: El Col. Fulgencio Batista

Pero esa autoridad seria fuertemente reforzada, en beneficio mutuo, si nuestro gobierno fuera reconocido por los Estados Unidos  —declaró Batista y compuso una expresión como de quien espera una respuesta—.  ¿Qué desearía su gobierno del nuestro, para lograr el reconocimiento?

Yo no estipulé condiciones específicas, porque el asunto de su gobierno es un asunto de Cuba y es para que usted decida lo que va a hacer al respecto. Nosotros, siempre estamos expectantes —replicó Welles.

Para el entendimiento de Batista, esta fue una invitación tácita para que fuera “el”, y no otro, quien gobernara en Cuba.
El trillo se convierte en autopista
Largo y tedioso resultó su camino desde el batey natal de Banes, hasta situarse de una manera sorprendente, entre los líderes (en realidad, el principal y de mayor peso) que en la década de 1934 al 1944 decidían sobre los destinos de aquella Cuba emergida tras el vendaval machadista y la posterior incipiente etapa proto revolucionaria.
La etapa de incomodidades de estar sentado sobre bayonetas, había pasado a la historia y se encontraba inmerso en otras preocupaciones, para cosmetizar su imagen pública, más ahora en 1940 que tenía el visto bueno de Washington.
En la madrugada del 4 de septiembre de 1933, seis años atrás, la balanza del poder compartido entre civiles y militares de bajo rango, se inclinó definitivamente hacia los últimos. Porque eran los poseedores de la disciplina de combate y lo vital, las armas.
Aquella masa enardecida, se mostraba dispuesta a sacudirse a los “oficiales opresores”, que por cierto nunca existieron así ni se comportaron como les endilgaban las opiniones de los vencedores. Su quehacer exclusivista, como clase castrense, no difería en nada de cualquier otra élite militar de academia, las de antes y las de ahora.
Eran y son los motes propios que revoloteaban en las épocas en que los países andan en revoluciones o agitaciones levantiscas.
Los anarquistas, se hacían eco y aunaban los fantasmas fabricados por sectores del ala izquierda oposicionista; a la cual se adherían los azuzadores comunistas; intentando confundirle al pueblo llano, siempre alelado, afirmando que los integrantes de la oficialidad de academias son umbilicales con la alta burguesía.
En la realidad, esta oficialidad estaba nutrida por las pequeñas y medianas capas burguesas. La oficialidad era la figura contra la cual las clases y sargentos pudieron despotricar ilesos, no contra las grandes compañías y los ricos. Todo ese cantar, se inició desde el mismo instante en que se produjo la caída estrepitosa del gobierno machadista, el 12 de agosto de 1933, anterior.
Los conspiradores, sin un plan detallado, se encontraron de pronto con que entre sus manos se revolvía un coup d’etat, en realidad un “complot de los sargentos”(1) Ya desde esa madrugada septembrina, Batista comenzó a moverse con cautela, aunque conociendo a fondo los puntos claves hacia donde dirigir sus capitanes (jefes de grupo) y los hombres de sus destacamentos respectivos.
Alguien señaló por ahí que fueron los sargentos principales quienes metieron a Batista en el complot. Razón: “porque éste era el único que poseía un automóvil (un lujo en aquella época), para moverse con rapidez“. Claro, era una patraña.
Tal vez parecieran decisiones tomada sobre la marcha, pero todo se precipitó, exactamente, en el momento en que divisó la rendija apropiada en aquel maremágnum revolucionario, y como todo en arrebato propio de lo tropical. Su intervención, un verdadero desconocido entre las filas civiles y militares, excepto en las de los soldados, fue la fuerza inesperada pero catalizadora de los ánimos y exhaltaciones en ese amanecer.
El diversionismo provocado por la intromisión de los comunistas con su retórica inflamatoria y la consecuente e inmediata expulsión de sus enviados del local del Club de Alistados; fue apagado por parte de aquella masa integrada por los militares, Directorio Estudiantil Universitario (DEU), anarquistas, abecedarios (ABC) y otras facciones.
Estaba incluida su respetada tropa de choque, la cual la constituían los abecedarios, anarquistas, libertarios y otros.
Casi todos integrados en comandos dedicados a actividades terroristas (iguales a los que en su tiempo y durante su revuelta, el Dr. Fidel Castro Rúz desplegó en las ciudades y a los cuales denominó “Grupos de Acción y Sabotaje”). Se trataba de simples suicidas patrióticos, pero sin el “viento divino” que adorno a los kamikases, y que salvo a Japón en 1281, hoy revolucionarios arrepentidos y desertantes en masa de las hueste castristas.
Al precipitarse la conformación de la Pentarquía, Pedraza y López Migolla se fundieron en una misma sonrisa de triunfo, en cuanto observaron la soltura tozuda del discurso de Batista; en atreverse a cursar las primeras órdenes en voz alta a los líderes militares a quienes tomarían las unidades gubernamentales, policía, ejército, emisoras de radio y centros claves, sin que ningún otro líder se le ocurriera chistar.
Él, era el Hombre de ese momento álgido y para demostrarlo, gesticulaba con fuerza y repetía una y otra vez “sus órdenes”, a viva voz a los mensajeros o por los teléfonos de campaña, instalados de inmediato a espaldas de los concurrentes. El trillo iniciado en Banes, terminaba por convertirse en una autopista.

Claro, que esto no es el asalto al Palacio de Invierno —ironizó Sergio Carbó, dirigiéndose a Carlos Prío, sentado a su lado y cabeza  del aguerrido Directorio Estudiantil Universitario DEU —. Pero tengo la impresión de que sucederá lo mismo.
Mira Sergio —apuntó Carlos Prío— este tipo, esta jugando con nosotros y no hay porque dejar de tenerlo a mano.

De una junta volátil a una Pentarquia
Benítez Pancorbo dio el parte de su gestión por teléfono, posesionado ya del mando en el Cuartel Maestre de San Ambrosio; calculaba los pertrechos que necesitarían 1,500 tropas, durante las 72 horas previstas para controlar la capital.
Tras largas deliberaciones, en la mañana del 4 de septiembre de 1933, Cuba tuvo un nuevo y denominado Gobierno Colegiado. Se le denominó “colegiado”, por sus características especiales de ser una “junta de notables”. Ello preocupo a Washington, de donde partiría la orden de enviar naves de guerra con vistas a una posible intervención militar.
Ello significó un escándalo vorticial que el Presidente Céspedes, sorprendido, sólo atinó a ver desatarse en su vaso de agua junto con el colagogo y que lo arrastró al abismo de la indiferencia, junto con todos los hilos de su efímero gobierno.
Una proclama de los estudiantes, intelectuales y soldados fue enviada a la prensa y radio, explicando los motivos y objetivos de la revolución contra Céspedes y su gobierno. La firmaban entre otros civiles, aquellos que después serían presidentes de la República de Cuba con los nombres de: Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia de los Reyes Gavilán y Carlos Prío Socarrás.
De los 19 firmantes, como señalamos,  la rúbrica del único militar de entre ellos fue la que apareció al final y quien también oficiaría más tarde como presidente electo de la república de Cuba, por el voto popular. Tal si con dicha firma, el Asunto Cubano podía darse como concluido.
Era la firma de un anodino sargento-taquígrafo, ningún otro que el ya mencionado Fulgencio Batista y Zaldívar. A su vez, era el nom de guerre que utilizaría durante los subsiguientes 6 años, debido a que nació “Ruben Zaldivar” (por la madre), entonces designado con el infamante para algunos despechados, SOA, o sea,  “sin otro apellido”. Del mismo modo le sucedió a Fidel Castro
El rollo se destapó, porque no existía una inscripción de nacimiento con el nombre de “Fulgencio Batista y Zaldivar” que mostrar a las autoridades electorales, cuando aspiró a Presidente de la República para las elecciones de 1940.
Este líder era una rara avis para los duchos ilustrados en política nacional e internacional y el carácter culminante del drama, porque Batista firmó premonitorio, en calidad de “Sargento Jefe de todas las Fuerzas Armadas de la República (de Cuba)”. La intención manifiesta de Batista no era esperar las calendas griegas, manso, varado en ese punto e instante crucial.
La anterior “Unión Militar de Columbia” (UMC), se había transformado en la “Junta Revolucionaria” (o “de los Ocho”), integrada por Pablo Rodríguez, Fulgencio Batista, José Eleuterio Pedraza, Manuel López Migolla, Juan Estevaz Maimir, Ángel Echevarría, Mario Hernández y Ramón Cruz Vidal. Ya precticamente en desbandada, cuando corrieron a ocupar los puestos ordenados por Batista.
Ellos constituían un selecto grupo de entrañados con la política cómica, cuyos miembros se habían repartido la “piñata” de mandos, responsabilidades y los inseparables peligros inherentes a los osados. Todos, aspirantes a ser los dueños del mando supremo.
Tras bambalinas, los militares serían quienes detentarían el poder real en Cuba, durante los dos lustros siguientes. Horacio Ferrer, Francisco Tabernilla Dolz y Manuel Benítez, todos oficiales de academia del Ejército Nacional anterior (machadista), renunciaron a sus grados y se integraron al golpe cívico-militar, como simples soldados.
Con inconmensurables esperanzas ciudadanas, se inauguró el nuevo gobierno al que se le denominó finalmente, “Pentarquía”. Ello fue consenso, después de aceptado con antelación un programa coherente, como el del DEU entramado con el del ABC.
El Dr. Ramón Grau San Martín resultó el Presidente, Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, Sanidad y Beneficiencia; José Miguel Irizarri cobró la atención de Obras Públicas, Agricultura, Comercio y Trabajo. Les acompañaban en la aventura, Porfirio Franca en Hacienda; Guillermo Francisco Leopoldo Portela Möller en Estado y Justicia.
Sobre Sergio Carbó Morera recayeron las secretarías de mayor peso, más en aquellos momentos, las carteras estratégicas de Gobernación, Comunicaciones, Guerra y Marina.
Carbó, junto con su inmenso prestigio controlaba las estratégicas fuerzas militares, judiciales y de policía.
Un trío preocupante para los EE.UU
Este hombre poderoso, en unión de Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras Holmes, eran estimados como el triunvirato civil perfecto para domar a Batista y al resto de los líderes militares nacientes. Pero la cosa no funciono así. Guiteras, en unión de un  grupo de sus seguidores, fundó una organización revolucionaria que denominó, “La Joven Cuba”.
Esa tarde, cuando Céspedes llamó a la cocina de Palacio, nadie contestó. Ya los Pentarcas y sus escoltas habían tomado posesión del Palacio Presidencial, mientras Batista anunciaba eufórico a Sommer Welles las indeseadas nuevas de un país en plena revolución.
Grau, fue el encargado de notificar la infausta noticia al depuesto presidente Céspedes, quien entregó al mayordomo las llaves de la casa presidencial y abandonó Palacio sin sus ayudantes.
Welles olfateó, después de ser informado por sus escuchas, que los nuevos gobernantes acusaban “tendencias comunistas”, en especial Carbó, Grau y Guiteras. Washington acarició la idea de enviar una escuadra a Cuba, acudiendo a la Enmienda Platt, la cual cernía aún su poder de alternativa sobre la Isla de Cuba y sus cayos adyacentes.
La Pentarquía ofició hasta el 10 de septiembre de 1933, con la proclamación del Dr. Ramón Grau San Martín, como Presidente Provisional y único de Cuba. Éste, no juró el cargo y la Constitución de 1901 ante el Tribunal Supremo, tal era lo acostumbrado entonces; sino ante el pueblo al cual convocó a reunirse frente a la terraza norte de Palacio, el día de la proclamación.
En enero 14, 1934, concluyo la etapa presidencial de Ramón Grau San Martín; cuando este fue forzado a renunciar, por Batista y sus seguidores; para dar paso al predilecto por Batista y Welles, Col. Carlos Mendieta Montefur, medico y coronel del Ejército Libertador. Cinco días después, Washington reconoció al nuevo gobierno cubano.
Durante el transcurso de la década próxima, iniciada con el nombramiento de Carlos Mendieta Montefur (1934-1936),  quien desempeñó un actividadó discreta pero efectiva y Batista, desde las sombras, puso en la presidencia de la república, ademas, Jose Agripino Barnet y Vinagres (1935-1936) , Miguel Mariano Gómez Árias (1936-  destituido por el Congreso en diciembre 20, 1936), Federico Laredo Brú (1936-1940).
En 1940 Fulgencio Batista y Zaldívar, tras aprobarse la Constitución de 1940; resultó elegido presidente por el voto popular en hombros de una coalición de partidos; incluyendo el Partido Comunista, para el período (1940-1944), cuando entregó mansamente la presidencia al Dr. Ramón Grau San Martín (1944-1948) a quien siguió el Dr. Carlos Prío Socarrás (derrocado por un golpe militar de Batista), dando inicios a la era de los “auténticos”.      
Un sargento llamado Batista“,  advirtió Welles
En el Hotel Nacional, Welles redactó un cablegrama trascendental. Contestaba el similar recibido desde Washington, en el cual le solicitaban indicar, “quién realmente mandaba en Cuba”. Welles trajo a su mente (así le describieron)la imagen de un tipo no alto, de habla gutural, tendente a lo rechoncho, cara redonda, piel color cartucho, de boca ranina y otras etcétera, no precisamente cinematográficas.
Se trataba de un líder con los pantalones bien puestos y que, no por casualidad, era el Big Boss; y quien en el patio cubano impartía las órdenes al Ejército, políticos, funcionarios y mantenía el orden en Cuba. Signos inequívocos, de que los interesas extranjeros invertidos en Cuba, estaban garantizados. Algo, que desde el punto de vista político y económico, no era nada despreciable para la cancillería norteamericana.

—”Un sargento llamado Batista” —señaló Welles, en su lacónica respuesta a los halcones del Potomac. Esta frase histórica, en los tiempos siguientes, se tornó simbólica para los unos y escalofriante para los demás.

El mencionado, ajeno al intercambio epistolar —lo cual tampoco le importaría, de saberlo—; ya de manera precavida, se enfrentaba a la Trigonometría del alza y deriva de los cañones de montaña, entonces, arriados por mulos. El líder intuía latente, algún tipo de enfrentamiento inevitable e inmediato con los oficiales de academia, quienes se alzarian contra el gobierno a inicios del octubre siguiente. 
Un hecho, de los tantos transcendentales que rodearon la vida de Fulgencio Batista, aconteció la tarde de septiembre 8, 1933; cuando el ministro de Gobernación Carbó recibió a Batista, quien andaba quejoso de que los oficiales afectos al nuevo gobierno revolucionario surgido el 4 de septiembre anterior, no le prestaban caso ni le obedecían por ser un simple sargento taquígrafo.

Es penoso, senor ministro, pero el gobierno revolucionario debe hacer algo, antes de que sucedan males mayores. Los oficiale hablan de un alzamiento y de otras cosas por el estilo —le anunció Batista a Carbó, expectante.

Entonces, te nombramos General y sanseacabó —apuntó Carbó,  jocoso, sabiendo que tal rango no existía en el Ejército de entonces.
Por favor, señor Ministro, es demasiado, —respondió Batista, con el aire modocito de “non queiro, non queiro, pero échamelo en el sombreiro“.

Carbó miró de hito en hito la guerrera impecable, las botas de oficial de piel de cochino con espuelas, el sable, la pistolera y la enorme gorra de plato. Todos relucientes. Después le anunció:

No estas mal para fungir de oficial. Pues, entonces, te haremos Coronel —sentenció el Ministro y agregó irónico—: Tú sabes, pondremos “por méritos de guerra y las otras etcéteras acostumbradas” y sanseacabó.
—Pues así sea, Ministro, y le agradezco —asintió Batista, cuadrándose militarmente y quien no brincó de gozo, en aras del protocolo.

Tal resultaría el inicio de los siguientes fabulosos cien días del gobierno de Grau y Guiteras, y de la carrera de este líder de botas y guerreras, las cuales entonces le quedaban grandes en responsabilidad y sapiencia, pero que era portador de una audacia excepcional. De esa unión política, Cuba pudo ver los decreto y leyes, estimados los mas beneficiosos que se emitieron para gozo del pueblo.
De inmediato Guiteras pasó a la filas de los enemigos de Batista, hasta que  cayó el 8 de mayo de 1935, en unión del venezolano Carlos Aponte, peleando contra fuerzas de la policía y el ejército de Batista, en El Morrillo, Matanzas; cuando intentaba escapar por mar hacia el exilio.

Pa’sue’copeta —farfulló de corrido Batista, ya en la calle.

Y pensando en términos de política internacional, advirtió que en cierto momento, estaría impelido a escoger el ala bajo la cual se cobijaría en los años próximos. Alas de otros líderes mundiales antagónicos entre sí: demócratas, comunistas o fascistas.

—¿Sabe usted Coronel —le sopló el ayudante desde el timón del carro blindado, ya enterado del ascenso—, cómo le dicen en voz baja, algunas damas de la high?”
Pues, no. ¿Cómo?.
Mulato lindo —contestó el cabo y aguantó la respiración, encogido como un pirulí en su asiento.

Batista sonrió incrédulo y medio que vanidoso, porque damas tan finas y de altas alcurnias, hubieran posado su mirada sobre él, quien en su pequeña patria de Banes —no muy lejos del Biran natal de Castro—, arrancó trabajando como un simple trabajador ferrocarrilero.

Carajo, y dale con la que canta y no pone —exclamó sarcástico, como Machado en su tiempo y agregó—, ya empezaron con los jodidos nombretes. Pero eso lo arreglaremos con frac y pechera, claro, si me admiten como socio en “The Havana Country Club Park & Lake“.

Exactamente, esa era una de las tantas cosas lejos del alcance cultural, social y político del ex sargento. Porque al final, cuando Batista fue Presidente Constitucional de la República de Cuba (1940-1944), —sin importar su étnia o linaje— seria reconocido como socio honorario de todos los clubs de la isla. Y no por su gusto, sino porque le correspondería la membresía de manera automática, de hecho y derecho, por ser un privilegio inherente a la dignidad presidencial.
Alrededor de 1941, camuflado entre las leyes de guerra, Batista ascendió a sus oficiales de rango alto en todas las ramas de las Fuerzas Armadas. De donde se reservó para sí mismo el el rango único de “Mayor General”. Con ello, alcanzó otro de sus sueños, equipararse con el prestigio del épico Mayor General del Ejército Libertador de Cuba, Máximo Gómez Báez . 
La revolución del 4 de septiembre de 1933, por la que clamaron y lucharon los cubanos de la “Generación del 30“, se fue desvaneciendo hasta que en1940 los líderes, políticos y cubanos notables; se dieron cita para discutir y confeccionar la Nueva Carta Magna de la República de Cuba, La Constitución de 1940. Durante este período y después, los cubanos continuaron desgarrándose entre sí por años.
Lo otro, que vino más tarde, a partir del infausto golpe de estado de Batista el 10 de marzo de 1953 y su consecuencia histórica para el devenir cubano; el infausto 1 de enero de 1959; cuando un gobierno comunista fue instaurado en Cuba, bajo el liderazgo del Dr. Fidel Castro Rúz y sus seguidores; quienes parecieron destinados a cumplir tarea, transcendental, destruir de manera minuciosa toda la nación cubana. El resto, es historia conocida.

El Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar, murió exiliado en Marbella, España el 6 de Agosto de 1973.
El Dr. Fidel Castro Rúz, continua viviendo plácido en su bunker de Punto Cero, en La Habana.

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Septiembre 2, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

 (1)   Técnica del colpo di Stato”  (La técnica del golpe de estado) de Curzio Malaparte, 1930 o The man on Horseback: The Role of  the military in Politicts” de Samuel Finer (El hombre a caballo: El papel de los militares en la política)
(2)   (Disculpas, en construcción)
 
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Respuestas a hitos astrosos, pero sin hitos


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Sin la venia ajena

Respuestas a hitos astrosos, pero sin hitos
El periodista Juan Carlos Chávez, publicó [ver, el Nuevo Herald, “Política migratoria levanta revuelo”, Miércoles 3 de Agosto, 2011]; varias entrevistas individuales a figuras políticas e intelectuales, indagando acerca los movimientos propagandísticos del régimen comunista atrincherado en Cuba y sus opiniones, a vuelo de pájaro, sobre la versatilidad el Asunto Cubano. Los interlocutores del reportero, algunos muy conocidos dentro del espectro de opiniones bamboleantes sobre la temática isleña, ofrecieron puntos de vista como voces individuales o a veces, sin decirlo, de grupos o sectores de la diáspora cubana en territorio estadounidense. El “toma y daca” (give-and-take) clásico, siempre vaporoso y flexible para reparar el donde dije “tal era Pascual”.
Resulta lógico y obvio que la muestra, no podía reflejar un modelo de unanimidades en pleno siglo XXI, sino, el abanico de puntos de vista diferentes, distintivo de toda diáspora. Dice el demiurgo alejandrino de guardia, que es todo un plan delineado entre un pas de deux y un pas de quatre de decir lo que no parece que dije, a veces antagónicos, en el clip art por entregas que representa el drama del Asunto Cubano.
Al parecer, se trataba de refrescar los criterios de estas figuras destacadas que arribaron en su tiempo a los EE.UU. por razones diversas. Por lo tanto, era ilógico suponerlos a todos exiliados políticos, al menos en el sentido canónico. Sólo que lo insondable de algunas de las respuestas, decimos el trasfondo que nunca será traslucido del todo, causa una sensación de estupor. Como una especie de “comezón del séptimo año” o quizás otras ardentías, por tratarse del Año del Conejo, con sus virtudes peculiares.
Las respuestas, siempre interesantes como un close-up inesperado, versaron sobre las opiniones difuminadas (o mejor, bramadas como directrices del partido único; en el sentido lato de la jerga comunista) por Raúl Castro Rúz; como extensión de la saga interminable de promesas de “cambios” políticos y económicos en el descontrol interior, desplegada a todo trapo bajo el candor del “Gran Hermano”.
En esencia, todos advierten los bolsones de vacuidad que no tienen relación provechosa, ni siquiera paliativa, para el ciudadano común atribulado por el desorden imperante en ese país, que una vez fue suyo y no una finca particular de la dinastía oriental.
Es entender que el concepto de “ciudadano común“, según el dogma castrista; aplica gramaticalmente y por unos altos principios inexistentes en la “Animal Farm“, a la ralea populachera de los rones anejo y carta blanca, arrolladora de congas en las comparsas habaneras.
Es la misma masa que conforma la canalla proletaria (Lumpenproletariat)¹, que los comunistas suponen mayoritaria y a su favor, en el apoyo incondicional al régimen por otra panacea de beatitud lisérgica impregnada de un coma inexorable, iniciado en 1959 por los terroristas seguidores de los Castro. Es la nobel comparsa habanera, macerada durante décadas para continuar sumiendo a la sociedad cubana en un sopor sicodélico del que no ha retornado  —¿querrán ellos, los embelesados?— , al mundo real.
Este funcionario del régimen, planteó otras divagaciones incongruentes con la metástasis actual, de lo que queda de la sociedad cubana de ayer. Amenaza con  poner en práctica una especie de modificación, abrir una rendija o bajar la altura de la cerca de púas sucesivas que circunvalan la “Animal Farm” cubana.
O sea, “continuar royendo las mismas osamentas de los sepulcros blanqueados, descarnados por ellos mismos y sus demonios alados“. Es revender sin afeites, el viejo evento fracasado en lo que una vez fue la nación cubana, hoy tornada manicomio goyesco, de brujas  indescriptible casi todas n-sexuales.
Lo que nos resalta como una curiosidad de feria, es la casi tonalidad idéntica tanto de políticos como de intelectuales (es su derecho); en considerar dignos de comentar, cada balbuceo de la horda rojiparda actual enquistada en la cabina de mando de los motores zurdos, en La Habana.
Esta última, ha devenido per se faro y guía de cuanta satrapia asome orejas de entre la fauna de saltimbanquis indoamericanos, árabes, africanos o asiáticos. Son las trapisondas alocutivas y fonogramas cíclicos del tercer nivel, moteados como sales analgésicas en agua tibia, para calmar con bains de siège (baños de asiento), ciertos malestares del bajo vientre.
Los bolcheviques y sus ecos locales, miamenses por antonomasia; unos intelectuales y otros artísticos, recomiendan a los cubanos oprimidos y a los exiliados, la posología de este récipe sarcástico; o sea; el tomar esos baños para mitigar las chapucerías zurdas; tales les inducían a los sodomitas en la Roma Imperial, a fin de que aquellos curaran sus daños tras retozar en los cuarteles.
Los comunistas siempre han intentado igualar a los cubanos maniatados de hoy, con la eroticidad de esos otros, sus alumnos disfuncionales de ayer, hoy encumbrados sobre panderetas repletas de abanicos. Son los cantos exóticos habituales de las Ocas Zurdas, orientales, ya en la senectud.
Qué y cómo lo dijeron
Las respuestas (todas editadas) y una evaluación que se me antoja (−10≥0≤10+), a falta de otra no proveniente de un lector, fueron las siguientes:
Una reformulación de las medidas posibilitaría una reunificación familiar“(-5)
José “Pepe” Hernández, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).
Al gobierno cubano hay que reconocerlo cuando hace cosas en la dirección correcta“(-10).
Carlos Saladrigas, presidente Cuba Study Group (CSG)
El único paso seria abrir las puertas de Cuba a todos los opositores y exiliados“(+8).
Mauricio Claver-Carone, director de Cuba Democracy
Cuba maneja el tema por intereses políticos”… “Ellos decidirán quién sale y quién entra“(+6)
Ninoska Pérez Castellón, periodista (Radio Mambí) y por el Consejo por la Libertad de Cuba.
Esto aliviara la presión interna“… “Es un negocio, no una cuestión humanitaria“(+3)
Jaime Suchlicki, director de Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS).
Beneficiaria a la comunidad“… “A que éstos se involucren en la economía cubana“(-8)
Philip Peters, vicepresidente del Instituto Lexington.
Ellos están interesados en seguir controlando el sistema político“(+5)
Andy Gómez, académico del ICCAS.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Agosto, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

‹¹›  Lumpenproletariat, esta denominación, en ingles respondería a raggedy proletarian incluye: swindlers, confidence tricksters, brothelkeepers, rag-and-bone, merchants, beggars, class fraction, etc. (wik). Karl Marx y Friedrich Engels se atribuyeron el término en la obra “Die deutsche Ideologie” (La ideología alemana)  de 1845, en la cual arremeten desesperadamente contra Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer y Max Stirner, filosofos idealistas denominados “los jóvenes hegelianos“. Ambos, vuelven a la carga en ocasión del conocido “El 18 Brumarie de Louis Bonaparte“, en 1852; donde se aventuran a incluir a Bonaparte dentro de la categoría de Lumpenproletariat.

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Uniones poimandres en nidos de hormigas tambochas


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Uniones poimandres en nidos de hormigas tambochas

Versos de rima átona, sin catarsis árticas
No es extraño que disturbios económicos como la recesión actual en EE.UU, hayan roto las cadenas que mantenían ancladas en las medias aguas de la gran ciénaga político-social; el Arca de las Trampas, subterfugios, armadijos y el resto de las inverecundias que nos atormentan. En un tropo forzado, la similitud deviene al toparnos con la farsa de un iceberg tenebroso y de gula pecaminosa, como toda mortalidad bíblica; el de los funcionarios públicos y dirigentes de uniones sindicadas, todos, invisibles en sus poimandres herméticos. Hablo de aquellos tránsfugas, quienes hicieron que el hielo diera una vuelta de campana completa, hasta que emergió chorreando toda clase de debilidades infra humanas. Nada de versos de rima atona, sino bofetadas al rostro ciudadano.
La cosa estalla con la diseminación de sartas escandalosas, que los protagonistas preferirían mantener sumergidas y enterradas en el fondo del pantano común. O también, en alguna que otra charca particular, sin catarsis árticas, a disposición de cada depredador de la vergüenza pública.
Sin artes ni magias, la indignación popular hizo que se liberaran los sellos inviolables y con ello, los secretos herméticos vedados al oído y vista de los tristes mortales, nosotros, los contribuyentes inermes e inocentes del drama. Porque nosotros, los catalogados como los juansinnada, empleados y desempleados no condales de “a pie”; somos la parte mayoritaria productora, cuya carga más álgida es la función de mantener por siempre; el fabuloso estándar de vida de esa parte no productora de la sociedad, los burócratas estatales y el resto de sus colas aladas.
Esta última porción parásita (conceptual), sin la menor compasión, vive a nuestras expensas engullendo todas las monedas del erario público y hasta aquello pensado intragable, el menudo de nuestros bolsillos. Sus componentes, “Ellos” la horda insaciable, sin lugar a confusiones son los empleados gubernamentales de la nación norteamericana, quienes han hecho del abofeteado permanente de nuestra mejillas, durante todos los minutos de nuestra vida, un hobby mórbido al estilo de los viejos esclavistas del siglo XIX.
Como en todo, hay excepciones, tales son los factores destinados a las oficinas ejecutiva u de estado, seguridad nacional y defensa, legislación y la judicatura, por mencionar ejemplos casuísticos proto salvables en este naufragio de la decencia.  Los secretos herméticos en parte, se refieren a la repartición del pastel presupuestal, intercambio de influencias, amiguismo, nepotismo, cabildeo, compromisos con y entre las uniones y las administraciones en todos los EE.UU. Y no hablar del resto de las iniquidades que van emergiendo a la superficie, en el día a día.
Paralizar a los Tres Monos Sabios de Nikko
Porque el echar aceite al mar para calmar las furias en medio de esta tormenta, en nada les ha servido a tales pícaros. Esos intentos dilatorios de escamoteo simple, ha recalentado la indignación ciudadana. Porque la cuestión atañe y es responsabilidad de las uniones y sus afiliados, los cuales se han prestado con “el silencio de las ovejas”, directa o indirectamente, a sancionar y chupar de estos manejos siempre perjudiciales a los contribuyentes.
Y como hacen buena parte de los oficiales electos de la nación estadounidense, aplican en su beneficio el dogma de laissez-faire, laissez-passer (dejar hacer, dejar pasar) émulo de las sociedades abiertas y democráticas como la norteamericana, aunque muy acorde al mercantilismo barato de pulgueros y kandongas.
Sucede que al estado, tan pequeñito como un condado o ciudad, es moda à la dernière, estandarizarlo acomodado al silabario del atagana, gobernador de los altos principios por los cuales comulgan los “Tres Monos Sabios” asilados en el  templo de Nikko, Japón. Pero lo que sí es incierto, como asegura una reportera local, que si los controladores aéreos se duermen (los cuales no tienen por qué) es debido a no estar sindicalizados, sino simplemente a que el escalón inmediato donde pace el supervisor cayuco, no funciona o también el tipo andaba dormido
Aconteció que todas las trampas que pusieron a los ciudadanos norteamericanos hasta ayer, les estuvieron saliendo bien. Nos referimos al hermetismo indecoroso en el cual, ex professo, se han envuelto desde siempre los dineros engullidos por la avidez insaciable, de los estamentos que componen la “vieja clase” gubernamental de dirigentes y los dirigidos.
Es opinión que los titulados “paquetes de beneficios”, en modo alguno son conquistas de los trabajadores, mejor decir, “empleados públicos”.

Un botín de guerra sui generis
Existen opiniones de entendidos que los consideran lo más parecido: la repartición simple de un botín de guerra, arrancado a los contribuyentes indefensos; manu militari; por los integrantes de una partida irregular al acecho en los caminos, conducentes a la perdición de la vergüenza ciudadana.
La catástrofe nacional actual, provocada por la enorme burocracia ineficiente, inoperante y gastadora; de sueldos descomunales, pensiones múltiples y el resto de los denominados “beneficios”; se traga casi el 90% (considerando el Gobierno Federal en el ámbito nacional es (2011) el 56% de los ingresos aportados por los contribuyentes fuera del juego oficial. De igual modo, y es la esencia de la denuncia, esta calamidad contamina y hace metástasis a pie de condados y municipios y sus instituciones fantasmas colaterales, lastrados todos en sus “partos de los montes” con sus uniones.
Estas capas son a grosso modo, la patronal (funcionarios) y la sindical (los empleados), donde yacen incrustados al estuco, todos y cada uno de sus integrantes. En el peor de los casos, las uniones sindicadas protegen bajo sus alas caldeadas de ventajismos, tanto a funcionarios como a los que debieran ser la  antítesis naturales de estos últimos, los empleados.
Ambos, son cocidos a fuego lento en la misma olla. Sabrán Dios y las 11,000 vírgenes, el sabor del menjurje. Pero si no lo podemos degustar, sí palpamos y conocemos sus resultados ruinosos para la sociedad entera. En nuestro caso, tienen en bancarrota plena a todas las arcas municipales y condales del estado floridense, y por simpatía dinamitera, la nación entera. De ahí, evidente, el terror del dueto (dirigente y dirigidos) y la intolerancia a las privatizaciones.
Y aquí desplegamos el abanico de los agraciados por esa mano divina, que constituyen los empleados gubernamentales. En cada piso del poimandre hermético de cada estado, anidan desde un gobernador hasta el último “limpiapisos” (les intouchables), del último de sus municipios. Nada de qué enojarse, porque en la vida civil el que suscribe, sabe las técnicas de exprimir el trapo y menear la escoba, tan temidos por los falsarios.
El estremecimiento que experimentó nuestra sociedad con la jornada exitosa de la revocación alcaldicia condal, fue desatado por “las viñas de la ira ciudadana” ante el desparpajo en la repartición de sueldos, prebendas, botellas, sinecuras, etc.; en todos los estamentos estructurales del Miami-Dade County (MDC). Ver que los líderes nuevos dicen saber del desenfreno y que barrerán con todo eso.
Estimados conservadores repetitivos desde siempre, arrojan un exceso de plantilla de los jefes alrededor del 46% y subalternos, entre un 18 y 21%. Estos valores encajan al igual en el resto de los estados y de nuestra nación, atribulada por los burócratas y sus amigos lánguidos, los ”tragasellos” y otras yerbas del welfare.
Métrica del poema nominal
¿Para qué, sino para mantener a un buen número morones (Amici degli Amici) escondidos entre los empleados decentes y trabajadores, sirve la nómina de unos 60 Jefes de Departamentos y 30,000 empleados en el MDC?. El ejemplo, es aplicable a cualquier estructura nacional. Tan es así, que de igual modo casi todos los futuros aspirantes nuevos (porque debemos desechar a los viejos burladores de la ciudadanía) a los puestos de alcaldes y comisionados en municipios y condados de toda la nación; plantean en sus plataformas reducciones de nóminas y rebajas de salarios, regalos, premios y prebendas, drásticas pero necesarias.
Y recalcamos los nuevos, porque debemos desechar a los viejos –no por viejos, sino por sinvergonzones en sus alianzas invirtuales con las uniones en la repartición del pastel– quienes nos dejaros un legado horroroso: el poema nominal de nuestra ruina como comunidad.
De ahí, y nos sorprende, que ciertos formadores de opinión de seriedad indudable, al parecer confundidos en mimetismos con lo que no son (sus voceros); quizás informales y así ruego; de los estamentos, nos hacen escuchar plañidos, voces y lamentos herrumbrosos y extrañamente amplificados por estos mismos bardos.
La cosa va con las injustificaciones orquestadas por las cabezas iracundas de los estamentos; que se resisten a modificar o poner en su verdadero lugar (el basurero), prácticas inmorales etiquetadas como lesivas a la sociedad. No son palabras, sino, ver la magnitud del desastre económico en que nos han hundido el eje de funcionarios-uniones.
¿Quién se atrevería en sus cabales de persona decente y decorosa, a justificar que un simple bombero de cualquier parte de los EE.UU se ufane de ganar $300 o $450,000 anuales, y lo mejor: haciendo qué?. Es indudable que algo muy preocupante ha entrelazado las ententes gobierno-sindicato en todo el país. ¿Resultado del cohecho? Inquirimos alarmados, porque que se trata de los dineros del pueblo. El nuestro.
El conjunto involucra sectores y actividades diversas de cabilderos de la gran masa, ya acanallada por esos mismos funcionarios y vectores sindicales; a quienes los buenos tiempos del regodeo y la gozadera con los dineros de los contribuyentes, les ha convertido en “demagogos perfectos”, reyectados por la opinión pública.
Saber que el “unionismo” (una especie viva de “unicornios azules” copycats del barrio habanero de Los Pocitos, pero sin guitarras cantautoras encenagadas en la biblia zurda) es una de tales actividades marginales al igual que improductivas –al parecer, esta se auto mantiene el estatus con dinero ajeno–; constituyen el trajín sindical típico, cuyos resultados han devenido en la indignación ciudadana a escala nacional. Ningún estado o sitio, ha escapado de esta práctica cripto proletaria nociva.
Cantos fúnebres de las ocas imperiales
Una que otra voz matutina o vespertina, quizás muto propio annon o, han elevado sus cantos funerales en defensa del sacrosanto derecho de los empleados y patronos a pagar una coima a las uniones que les representan, independientes o consolidadas. Pero claro que tienen razón, no hay por qué regañarlos, sólo recordarles que lo hacen a medias. Es que a tales adalides defensores del agua tibia, hay que enseñarles que no se pugna por un derecho que de hecho, existe por acuerdo entre las partes, aunque en contra del pueblo.
Es como lanzar exorcismos banales contra los demonios inexistentes que nos impiden respirar el aire marino de Miami Beach. Los sindicatos, uniones, clubs, gremios y asociaciones deben ser los lobbists de sus afiliados y no simples cajeros de los zánganos que cabildean en los lobbies gubernamentales. He ahí la queja, sobre los dineros supuestamente desvanecidos que las voces, al parecer no entienden, pero que al final se traducen en impuestos al contribuyente.
Cada individuo está en pleno derecho de decidir a ”quién” o a “cuálapôtre –¡por Dios, entenderlo en el sentido de “apóstol” y no de “souteneur”, porque son hechos involuntarios debidos a las trampas de las “homofonías antinómicas”, increíbles, existentes en la “perífrasis sinonímicas” de la lengua francesa!– hace la infeliz entrega mansa y perruna, de sus óbolos.
En el trasfondo –se cuenta bajo cuerdas–, que en todas partes las uniones les dicen a los afiliados de marras que ellos (quizás sucedió en Yukon), son intocables. Da igual si el acto ampara por igual a los buenos trabajadores como a los ineficientes, impuntuales, botelleros, vagos, ausentistas, amiguitas de alguien o morones del que “me duele aquí Macorina”.
Se asegura que nadie los toca, ni puede, como a los pariahs, vacas o monos sagrados, indúes. Sucede que estos líderes sacrificados, a su vez mantenidos por los empleados que les agradecen su protección, siempre cuentan con ecos cebados para descarrilar a la opinión pública y dejarla en dubitaciones asoladoras.
Es que no acaban de entender las liaisons existentes entre todos y cada uno de pejes (equivocadamente les dicen “líderes”) que detentan el poder en cada lugar. Se trata de las antiquísimas canastas intercambiadas a plena luz del día en las callejuelas de la Casbah condal, tal si fueran las de Atenas, las de los favores mutuos, grandes y chiquitos.
¿Dónde se escondieron estos líderes en ocasión del revocatorio?. Todos, sino casi todos partout, dan la impresión de estar interconectados a una misma tripa que les ensarta por el ombligo. En verdad es fea la imagen que ofrecen de nuestra hermosa sociedad norteamericana.
Para nosotros dolientes, se evidencia que la función de los sindicatos está desvirtuada, adulterada, corrompida y devastada por el oportunismo, la glotonería y la irresponsabilidad tanto de los sacrificados (líderes) como de los victimados (afiliados).
Todos piensan en cómo y cuánto acumular en las pensiones del gobierno para el retiro dorado. Que en el relajo se ha tornado el “la” por “las” pensiones. Resulta imagen vergonzosa que estos cabritos blancos al degüello en el ara del dueto funcionarios-empleados gubernamentales, cada uno a su manera, “le aguanta la pata a la vaca”.
Sindicatos de tonos amarillentos
Ahora las uniones andan en temores de la aversión exacerbada de la ciudadanía harta, que va despertando por la generosa acción de líderes del calibre del Sr. Norman Braman, y no de ninguno de los otros “líderes vaporosos”, esas postales que se escondieron a la “hora de los mameyes” y que hoy andan afilándose dientes y uñas, intentando volvernos al desparpajo que ellos crearon.
A todas esas cosas feas de la segunda personalidad u “otro yo” del individuo maligno –apuntado por Stevenson en su “The strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde“– le dicen, alter ego amarillento, al que designo como los yerbajos que comen los “Chivos de la Quirino”.
Y le nombro “Sr. Norman Braman” y no “ricachón”, “millonario”, “bimillonario”, “multimillonario” o cualesquiera de esas sandeces envidiosas que les endilgan los energúmenos de la prensa radial, TV o escrita, sencillamente: porque me da la real gana y el respeto que tengo por la que presumo magnitud de sus “joyas familiares”.
El color amarillo canario era el preferido por Henry M. Flagler para pintar sus hoteles, diseminados por toda la costa este de los Estados Unidos. Sin embargo, el “amarillismo sindical” no es nada parecido a la euritmia estética de los arquitectos e ingenieros de aquel barón de los rieles. Si no, al emético o su consecuencia, la regurgitación de los búhos.
Luego, no sucede ni es lo usual en cada sociedad emética, ante la decencia y la ética; que les espantan como la ristra de ajos o el crucifijo de plata, a los vampiros extra humanos.
Un recuento a escala nacional de la obra de estos artefactos sociales (las uniones), nos mostraría la desolación (casi el 83%) que lograron en nuestras áreas industriales y de los servicios (ejemplos simples: el desmonte de las industrias y fábricas en Detroit y Hialeah o el desguace de la Eastern en Miami), dejando cientos de miles, quizás millones, de desempleados.
El modus fasciendi de protección sindical es inmoral e inético, atenta contra los altos principios; y en nada se diferencia de las mobs de antaño, salvo las vendettas cruentas, decretando como válida la conexión coima-protección. ¿O no es visto así por el ciudadano común?. Luego, ¿a qué vienen esos ditirambos acerca de las cuotas sindicales, sabidas mal cobradas y peor empleadas, al parecer, en cabildeos fantasmas?
En la realidad contemporánea, agregan los eruditos y salvo excepciones; las uniones de empleados y funcionarios gubernamentales, han demostrado de manera magistral el dominio de dos triquiñuelas de uso corriente:
Acomodarse a los intereses de la administración de turno y subsistir en una especie de nirvana romano, acechando arrancar cada año dádivas a la administración (también corrupta en algunos casos) y que en primer lugar; van contantes y sonantes a los bolsillos de ellos mismos (los peticionarios de nuevas gabelas a los contribuyentes) en forma de sueldos, seguros, viáticos, horas extras, retiros, etc. Los distróficos mentales, que además son cínicos, tratan de seducir a los contribuyentes y les pasan el bodrio como “beneficios inocentes”.
A cambio, utilizando el sudoku de los “Tres Monos Sabios”, todos se hacen de la vista gorda ante la repartición del presupuesto oficial en cualquier instancia (después de asegurarse su mordida alícuota) por parte de la administración, gravámenes por nuevos impuestos, aumentos de cuotas por servicios y obligaciones a la población ya esquilmada, etc. En esencia, no se puede probar la malversación, cohecho, soborno o el robo.
Un parche ineludible que da ronchas
La consecuencia de este modus operandi desfachatado, nos muestra un caso típico, no singular, tal es el escándalo general desatado en el Condado de Miami Dade y ciertas de sus ciudades de relevancia nacional como Miami, que culminó con el arrebato revocatorio impuesto por el voto ciudadano, al alcalde del condado y parte de sus colegas beneficiados.
Un caso contrario, excepcional al parecer, de poner el parche antes de que salga el grano; pudo verse en Hialeah, donde el alcalde Julio Robaina dijo haberse enfrentado y contenido a las uniones, poniéndolas en su lugar. Osadía (que nadie desmintió), que al parecer no tuvieron ninguno de los “comecandelas” anteriores, ni hay trazas de que se atreverán los posteriores, ya cocinados en el mismo caldo. Desconocemos otros aspectos de la  trayectoría política o imagen moral de Robaina.
Otra de la variante de los sindicatos amarillos es aquella que se manifiesta en los países sometidos a gobiernos autoritarios, dictaduras, castas fundamentalistas y otras abyecciones políticas y religiosas (el Eje Apocalypto); donde las uniones no son libres y autónomas y sí, impuestas de dedo por la alta instancia de la pandilla depredadora nacional encaramada en la cúpula, sus caudillos, líderes, iluminados o como quiera llamárseles.
Los totalitarismos y sus instituciones, todos, operan de esta forma indecorosa, y lo mejor del cuento: no se esconden y además; desafiantes; cuentan con decenas de ecos apologistas y ocas nacionales y extranjeras (algunos pagos y el resto fellow travellers), a tiempo completo.
Volviendo al patio con el tema plañidero de lamentos, llantos y gemidos de algunos comunicadores; por las ententes de nuestras virtuosas uniones de empleados y funcionarios; es penoso el bramido de los ciudadanos inermes que ya hablan de “mafias locales oficiales a nivel nacional, que impunes se pasean uniformadas, armadas y con licencia para matar”. No sorprende que al final del día aciago, los ciudadanos les pregunten a los políticos electos, funcionarios y empleados malos; ya rabiosos y soltando espumarajos por sus bocas retorcidas y desdentadas:
 
¿Y no les da vergüenza esquilmar así también, de forma tan grosera, a sus familiares, amigos y vecinos?

—¡Claro que no! —gritan todos ellos, culpables, con voz estentórea.

O, como dijo el Hon. Thurgood Marshall, magistrado de la Corte Suprema de los Estados Unidos (1967-1991), parodiando a su manera al poeta norteamericano Lagston Hughes (1902-1967) ¹ :  “…quizás cuando América vuelva a ser la América que todavía no ha sido ²“.
Claro que la mayoría abrumadora de los ciudadanos iracundos no pensamos así y nos permitimos difanizar el aspecto histórico de aquel poema, porque decimos en Cuba: “de chiquito, no vale”. Y porque América no ha dejado de ser lo que siempre ha sido. Lo que no debemos permitir es dejarla inerme en medio de un nido de  “hormigas tambochas”.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Abril, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  Lagston Hughes fue un poeta (además de político y activista de  izquierda) que perteneció al grupo de escritores norteamericano talentosos, post a la que Gertrude Stein denoninó, cuando dijo a Hemingway: “«You’re all a Lost Generation» (Ustedes son una generación perdida), frase que el escritor popularizó más tarde. “La generación perdida” (brotada entre 1919-1930), fue conformada por Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway, Faulkner y Steinbeck  cuyas obras se manifestaron durante “La Gran Depresión” y quedaron enmarcados dentro de esa otra etapa señalada como «Época airada», uno de cuyos clásicos fue “Las viñas de la ira” de Steinbeck . Lagston Hughes, encontró en el Comunismo (como miembro de PCUSA); un escape como fellow travellers del “Comintern“, de la segregación racial en EE.UU.
(2)  “Let América Be América Again,” full test on Poets.org  (pueden ver el texto completo del poema “Déjen a América ser otra vez, América”, en el link Poets.org 

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.Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?


.Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?

I/III

Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
TESIS

“Versos Sencillos”,
Yo sé de un pesar profundo
entre las penas sin nombres:
¡la esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!

José Martí

Preámbulo distópico de especismos y veguismos
Saber que entre otras de las tantas variaciones del breviario imaginativo de los salmos antifonarios, andan escondidos un par de entes filosóficos: el especismo y su antípoda, el veguismo. En la realidad son vericuetos insomnes, no síndromes mentales, pero se convierten en exageraciones repelentes, al intentar ligarlos metafóricamente al destino propio de los humanos, o sea, el valor real del individuo en su papel de ser subsistente (auto alimentado) y después pensante que reboza inteligencia, parangonándolo con el existir de seres oxigenados como son los animales y las plantas superiores e inferiores.
En rigor, a ninguna entidad racional del clan se le ocurriría establecer una liaison, ni siquiera circunstancial o empírica, entre el ser humano y una ameba. Cierto es que bajo estas visiones, quizás susceptibles de ser tenidas en calidad de consideraciones yuxtapuestas con los modernos enunciados ambientalistas, nos sentiríamos casi avergonzados de respirar, para no malgastar un oxígeno que quizás no nos pertenezca.
Sucede que esta categoría de humanos casi del tipo ontológico, sin decirlo, nos exoneran de esas culpas; en el instante en que acentúan el referirse a la Flora y Fauna reinantes en la Naturaleza física, no la virtual poética, que conocemos a través de las ciencias y artes.
Ello estaría bien en la calidad del sicotropismo esotérico que envuelve a estas almas sensitivas, misericordiosas y buenas, con el beneplácito de grupos de opiniones tan conspicuos, que pugnan por establecer paralelos absurdos entre lo humano filosófico y otros elementos vivos, no inteligentes, capaces de casi todo, menos de filosofar.
Lo claro ha estado latente para casi lo completo lo referido a los humanos de alto coeficiente de inteligencia. Adentrándonos en el tema, establecemos que la esclavitud en su forma cruda e insolente contra la inteligencia y como subproducto de la acción triunfante de los fuertes contra los débiles. Hablamos de los hombres, no de las hormigas que ordeñan sus vacas esclavas, tal hacen otras especies.
Actuar así, por cualquier motivo; es una sinrazón abusiva que utilizaba el trabajo humano ajeno, en provecho del dueño del esclavo y sitúa a este sujeto-objeto en la categoría de no persona o en el decir piadoso de los sociólogos modernos, persona menor.
A este último, lo manifiestan como una entidad reducida a esa condición de simple generador de trabajo útil y por lo tanto una maquinaria humana rentable para el propietario, la cual debe ser cuidada con esmero para lograr su mejor eficiencia.
En el ánimo de los esclavistas, era de vital importancia que las parejas y sus proles recibieran cuidados adecuados, considerando que estas contribuían al engrandecimiento del patrimonio familiar, sin inversiones posteriores.
Es decir, la dotación debía auto regenerarse, multiplicarse y por lo tanto, ser mantenida al máximo de su rendimiento, con alimentación, adiestramiento y cuidados médicos con el costo mínimo.
Este principio ha sido el adoptado tal condición sine qua non como política de estado —que en el decir de los marxistas seria, la propia de la “burguesía criolla explotadora“— en todos y cada uno de los regímenes comunistas, instaurados a nivel mundial; con vistas a ser desdibujados en un falso paternalismo estatal –el Ogro Paternalista—, la escuela perfecta para el trotar de los lerdos que integran la militancia partidista, o sea, el lumpen proletariat izquierdista.
Tal concepción de la “dotación esclava” corre imbricada, superpuesta, sobre rieles idénticos a los extendidos por las dictaduras totalitarias degeneradas a pedazos ante un público inerte anonadado ante el asalto institucional, tales aceptaciones partieron de doctrinas políticas absolutistas a todo lo largo del siglo XX. Quedan vigentes las trazas del marxismo bipolar exótico y el indo-apocalipsismo.
El batallar de los totalitarismos, tal es el de la esclavitud adoctrinal, pretende que se le considere una realidad ad hoc y no una hipótesis falsaria. De donde, el concepto de dotación o hato de esclavos, deriva y es conducente al mismo concepto de “masa”.
Es el mismo dislate acariciado por los totalitarismos y es, sin que se lo hayan propuesto así por ser una tara filosofica de los marxistas demasiado evidente, tornados en una denominación tan ofensiva como la igualación a los Tengus animaloides, de la mitología japonesa.
Venta de garajes: burbujas de tarugos embrujados, gatos mitones e idioteces varias, todas, marxistas de pulgueros
Es un punto de vista tomado como moda en el peor sentido moderno, el armar entidades esclavistas oficiales patrocinadas por los regímenes totalitarios a los fines de su comercialización, venta o lease (arrendamiento) de sus recursos humanos; a los reyezuelos de los N-Sub Mundos. Porque las ofertas consisten en burbujas rellenas de productos materiales y humanos de desechos, que incluyen a veces atisbos de tecnologías softwares, rudimentarias. En realidad son elementos no utilizables en el país artesanal productor de los materiales o servicios contratados, para servir tanto en laboratorios, como en soires pecaminosas.
El “quid” (noeud de la question) encaja al dedillo y radica en las avanzadillas de las brigadas castristas mercenarias, de ambos sexos, compuestas de asesores militares de inteligencia y contra inteligencia, represores policíacos, soldados, médicos, ideólogos, artistas, profesores, ingenieros, economistas, tecnólogos y otras especialidades de la nada intelectual bolchevique; extraídos de esa especie de cuna para gatos marxistas maullantes, los cuales proliferan en los manicomios de sus “Animal Farms”.
Una mercancía cuya plusvalía laboral o de uso, es embolsillado alegremente por el estado explotador (Ogro Paternalista). Saber que el concepto básico de esta rapiña del régimen dueño de la dotación, que no es original de Marx; sino plagiado por éste “Carlitos way” propio del barrio habanero de “Vieja Linda” —un personaje inescrupuloso, además de souteneur de Engels— de economistas brillantes de la libre empresa como lo fueron Adam Smith y David Ricardo.
Es la burbuja clásica del sinfín de la venta de garajes de idioteces surtidas que nunca trabajaron en Cuba, no por incapacidad profesional de los brigadistas sino por la reticencia sorda de estos infelices, al verse convertidos en una moronura de tarugos seudos quinta columnistas embrujados por La Habana. Entes, los cuales la entidad esclavista habanera venden (o arrienda) a los protistas animaloides de los N-Sub Mundos; esas piaras de líderes imbeciloides de la aristocracia nativa, repletos de materias primas que nunca, por sus ineptitudes infrahumadas, les debieron pertenecer .
Sucede que todas estas avanzadillas de las animal farms, por saberse explotadas hasta el desenfreno por sus capataces capitalinos; andan plagadas y carcomidas por hemorragias imparables de desertores (en realidad fugitivos aterrados). Los mismos que anteriormente fueron cazados a mansalva de entre la población indefensa, por medio de levas para ejercer como siervos alquilados bajo coyundas represivas. Converge en unos infelices hartos del trabajo esclavo infamante, el colectivismo infecundo más el envilecimiento de su propio ser y su hábitat.
De ello, el símil comparativo con las ideas de los especimistas modernos, a quienes inconexos con este nuevo fenómeno esclavista; se les ocurrió denunciar el empleo de animales para realizar trabajos y su cría como alimentos, actividades o fines a los que han sido incorporados en versatilidades que navegan desde el transporte, guerras, producción, entretenimiento, materia prima y otros.
De modo que ello deriva en la comercialización en todas sus formas (incluyendo sus derivados consumibles) y como elementos no desechables que forman parte de la dieta alimentaria o nuestra indumentaria, tal sucede con el ganado o la cosecha de plátanos de nuestro vecino productor “de algo”.
Con estas certidumbres a vistas, es de donde los veguistas por su parte, protestan airados sus confusiones desde sus templos culinarios por la utilización de las plantas superiores y robustas hasta las semillas, destilaciones, resinas y los vegetales con propósitos semejantes; incluyendo los usos terapéuticos, entre otros.
Sucede que ambas categorías, una especie de proto esclavismo simbiótico subjetivo, concuspicente, se contradicen paso a paso en su quehacer de confrontación diaria. Es que ambos deliberan en lenguas ininteligibles para el “otro”. Pero eso, les agrada.
Porque tales apariencias proteccionistas esgrimidas por los ambientalistas, ignoran ipso facto que la primera obligación de los humanos si se quiere, es la subsistir a como de lugar el dictado de la vida, estimada bajo consideraciones éticas y morales. Y tambien, porque son en definitiva las que interesan a quienes integramos la Civilización Occidental judeo-cristiana, como la Doctrina Líder de la Humanidad.
Es la orden de subsistir como seres racionales en la conservación de la especie y no veranear entre disgregadores de estados sublimales en cada atardecer, sólo conducentes al exterminio del clan o de la gen, bajo la inexorable agresividad del medio ambiente.

“Es vivir único, para la venganza.”

Pero admitir que no fueron a pie forzado, como las llamadas “supuestas” sopladas al oído de los habitantes del planeta Tierra; cuentan las Crónicas del Hormiguero impartidas por extraterrestres, ejemplarizadas quizás procedentes del planeta K-PAX —por comodidad el las granjas con lunas gemelas—; y por boca de su super rápido mensajero no solicitado, el inefable “Prot“, es harina de otro costal.
Por lo tanto, tales afirmaciones nunca debieron ser tomadas con seriedad, si existieron y supervivieron más allá de supersticiones. En K-PAX (o como se llame la alegoría seudo pacífica del planeta subrepticio) al igual que en la Tierra, siempre hubieron trazas indelebles de esclavitud.
Ver que el mismo “Prot” acusa una indiferencia sólo comparable con el comportamiento aletargado de los Elois, en calidad de alimento de los Murlocks.
Y la cita de ciencia-ficción (1), advertimos, en modo alguno representa una broma frívola sobre el tema de la esclavitud. Quien lo dude, que hurgue en la tesis de los Mundos (o Universos) Paralelos Relativistas de Hugh Everett, Einstein o la Teoría de Cuerdas.
En la Garganta de Olduvai, encontraron el cráneo de “Lucy
Nadie tiene que confundirse con estas disgregaciones, un tanto telúricas y sin conexión fiable con los destinos de los seres humanos de la superficie. Y de ninguna forma, dedicarle atención ni tiempo. Es que en las cuestiones inherentes a la esclavitud los residuos actuales son demasiados serios, especialmente en la forma de mendacidad grosera de los marxista, bajo estrategias encubiertas de “colaboraciones desinteresadas“.
Luego, no deben coexistir junto a las otras ambigüedades que nos entretengan en descifrar leyendas, imaginaciones o ensoñaciones distópicas; casi siempre lindantes con disparates imperfectos; tales son los dogmas extremistas enarbolados por la izquierda de salón y budoirs campiranos. Esa horda universitaria y de académicos culteranos, armada con disparates y viejas amoladuras enciclopedistas, distinguidas además por sus batilongos, sandalias y rabos de mula en ristre.
Por el contrario, si algún confundido o malvado o grupos de tales raleas sinistrorsas, generalmente manejadas desde el exterior; pretenden pisotear el más mínimo privilegio de aquellos a los cuales los humanos democráticos tenemos derecho en tierras estadounidenses; por inalienables o naturales que sea camuflados, “” debemos enfrentar con énfasis a éstos violadores y neutralizarlos hasta destruirlos completamente.
Ello devino en una especie de nirvâna utopique de la mejor textura humanista imaginable y sin pensarlo, en el hito distorsionado por los propios hombres sujetos a sus crueldades y avaricias innatas, todas ancestrales.
Y sucedió exactamente lo contrario, porque lo que (hipotéticamente, tomado como una licencia literaria) hizo el primer Homo Habilis del planeta Tierra cuando en duelo irregular venció al último de los homínidos, quizás intruso o habitante de la Garganta de Olduvai, en Tanzania (sobre la cual dicen los paleontólogos y arqueólogos que fue la “Cuna de la Humanidad“); resultó de contemplar anonadado la sinuosidades corporales de la capturada, vencida o tomada rehén como trofeo.
Asombró a los científicos quizás, al toparse con el cráneo en el cuerpo acurrucado de “Lucy” (Homo Ergaster), así llamada por la canción de los Beatles, “Lucy in the Sky with Diamonds“, quien en realidad fue Lucy O’Donnel, una condiscípula de John Lennon.
Por ende, debemos suponer también con profunda circunspección, el que estos sabios doctores etiqueten a “La Garganta de Olduvai” en calidad de “cuna generadora de nuestra Civilización”, sitio donde el Homo Habilis apresó a Lucy como prisionera de guerra o por una simple cacería tal hicieron siglos más tarde los rancheadores caza-esclavos árabes y portugueses.
Un hecho banal y cotidiano posible en aquellos tiempos ilógicos, pero es que del mismo emanó algo novedoso, aunque absolutamente cínico. A saber como corolario:

“Nadie aconsejó a este salvaje vencedor qué otra cosa diferente debía hacer con la prisionera vencida (minusválida y sub desarrollada mental, la cual provenía de un eslabón inferior), y que no fuera el matarla para comerse su corazón e hígado, tal era costumbre en aquellos tiempos.”

Sin embargo al parecer, como buen proto homo, el hombrecillo erectus habilis que habitaba en un casi olvidado meandro del hemisferio izquierdo de su cerebro, le conectó su tensor de difusión en el punto exacto del axón. Entonces, el convertido de inmediato en proto homo comenzó a pensar (o pudo reflexionar también) en algo más útil y duradero. De ahí le sobrevino la idea de convertir a la prisionera, en su sirvienta.
Entonces brotó como manantial la ominosa institución legada gratis y sin solicitud previa al arco iris racial de las generaciones posteriores, las cuales la ejercieron sin una pizca de escrúpulo en todos los continentes.
De este modo, durante decenas de miles de años hasta nuestros tiempos, el anti héroe se mantuvo entre aquellos recolectores y cazadores, enarbolando el pendón de la “La Esclavitud“. Una institución falsa, contra la cual en su tiempo clamaron airados sus oponentes.
Según transcurrían los siglos, cada civilización y nación al considerarse la más fuerte a lo largo de cualquier período de su grandeza propia, vencía a sus vecinos apoderándose y sojuzgando a los más débiles y sometiéndolos a algún tipo de servidumbre esclava. Estos ciclos se repetían globalmente, entre todas las razas, sin detallar cual de estas sometía a la otra, la que quizás ayer fue su opresora.
El por qué en todas partes se cocieron y cuecen las viejas habas marxistas
Se infiere de esos mismos doctores de la pre historia, que no se trata de un fenómeno como los achacables a la típica “Tragedia Americana“, en el decir de Theodore Dreiser. Porque cuenta el refranero popular, siempre indiscreto, que “en todas partes, se cocieron y cuecen las viejas habas marxistas“, una especie de esclavismo ideológico que la sustenta.
No es valido sopesar los ditirambos de las instituciones fantasmas defensoras de cualquier cosa, integradas por nuestros venerables sordos monoaurales; contemporáneos; que por desgracia para sus discípulos, los cuales para su conveniencia cuentan con una sola oreja dirigida hacia las instituciones democráticas, no las totalitarias.
Es que la moral y la ética particular del observador, puede hacerle ver “colaboración desinteresada” donde hay esclavitud formal. Un fenómeno Impressionism clásico, donde todo depende del ángulo y del cristal a través del cual se mire el mismo fenómeno esclavista de los apocalyptus del maxismo teórico.
Para los etnólogos, sociólogos y filósofos, el fenómeno de la esclavitud y sus consecuencias dependía del tipo de sociedad imperante. Durante siglos y para sorpresa nuestra hoy, en pleno siglo XXI y nada menos que en la propia África adolorida ayer; es ver que en Sudán y Mauritania por mencionar los mas conocidos.
Alli, sin una pizca de vergüenza, se mantienen sendos y florecientes comercios de esclavos; sin ningún tipo de escrúpulos por parte de estos sustentadores esclavistas autóctonos (africanos), porque ya no tienen el pretexto de culpar a los europeos de la trata infame.
Por supuesto, sin que muchos de los grupos u organizaciones internacionales o locales, se den por enteradas y continúan en sus cínicos divertimentos izquierdistas; y traicionan a las democracias que les sacian la gula anti patriótica; mientras no les toquen los fondos operacionales.
Una de las excepciones, conocidas hasta hoy, es el American Anti-Slavery Group (AASG). Porque los otros fantasmas de la pata zurda, como las adorables bandadas migratorias folclóricas del CAUCUS NEGRO CONGRESIONAL de los EE.UU (Barbara Lee y otras criaturas raras; asiduas visitantes al zoo habanera (quien lo dude, que le pregunte a los hermanos Castro); las cuales sin lugar a dudas, adolecen del síndrome de “Los Tres Monos Sabios” del templo de Toshogu en Nikko, Japón, donde habitan Kikázaru (el sordo), Mízaru (el ciego) e Iwázaru (el mudo).
Porque nadie acierta entender la razón por la cual les dio por saltar incomodidades grotescas con una sóla extremidad inferior, la zurda.
Es que el asunto que nos ocupa  está vinculado estrechamente con los “por cuantos” anteriores, dado que en un momento de la historia de los Estados Unidos, era igual al resto de la América pos colombina que prefirio quedarse en la estacada.
Para algunos ciudadanos les fue natural que desde el despertar mañanero, encontrarse con otros grupos de personas nacionales o extranjeras que en ocasiones eran también norteamericanos “virtuales”; de acuerdo a lo estipulado posteriormente en nuestra Constitución (tras una guerra fraticida horrible); vieran cercenados sus derechos elementales, sin que ello fuera considerado un pecado mayor.
En términos generales, para los anglos puros el concepto de propiedad les inducía a considerar al esclavo como un “bien de cambio“, apto para los negocios, tal sucedía en todas las plazas esclavistas a nivel mundial.
Mientras que según apuntan los estudiosos del fenómeno de la esclavitud, en el caso específico de los iberos, ciertas jurisprudencias humanistas y religiosas les inclinaban a considerar a los esclavos, como “personas menores” (no “inferiores”) necesitadas de un paternalismo protector que les entrenara para incertarlos paulatinamente dentro de la civilización occidental.
Un caso típico de la pérdida del paternalismo, referido a la inopia (en el limbo) de inseguridad absoluta en lo referente a la economía que resultó inevitable; con el cambio brusco del estatus social significó para los libertos y sus familias por la pérdida de manutención.
Fue la crisis social abrumadora por su masividad que se presentó inmediato para la grey de los nuevos ciudadanos, ahora carentes de un sitio donde vivir y un “trabajo estable”, tras concluir la Guerra de Secesión en los EE.UU.
Ello, entre otros factores —que desde el punto de vista humano y social no eran moralmente justificativos— se debió a la ruina completa de los medios de producción pertenecientes a los antiguos “amos” (que también la de estos últimos), que de una forma u otra les proveían del sustento diario y un hábitat.
La nueva legislación, propendía a adjudicarle a los emancipados iguales derechos a los que la Carta Magna estableció ara todos los nacionales de EE.UU sin distingos de raza, fuero, gracia, exención o prerrogativa.
El efecto de estas rarezas en el sentido común de los ciudadanos originales, implicaban que estas personas “nuevas en la sociedad” y sin ninguna historia, podían ser privadas, ignoradas o perjudicadas en sus derechos y privilegios, desechando el pacto social de que la ley “es una e igual para todos”. Tal sucedió en EE.UU tras la emancipación, hacia finales del siglo XIX. Una consecuencia se manifestó con el pendiente de la segregación racial sufrida por algunas minorías, en particular los negros.
Ello se basaba una concepción tan inevitable como errónea de estimar por parte de algunas sociedades cultas en el ámbito mundial, incluyendo las más atrasadas; las cuales suponían a estas minorías de acuerdo a los cánones traspasados de una generación a otra; como gente “inferior” social y culturalmente y por lo tanto, estigmatizables como ciudadanos de segunda clase.
Esto afectó directamente a los antiguos esclavos emancipados más tarde, como una de las consecuencias faustas de la Guerra de Secesión librada entre los Estados de la Unión. Ver que los abolicionistas del Norte actuaron bajo un proyecto anti esclavista surgido en Gran Bretaña y que tomó forma como tal en los EE.UU entre 1835-1865.
Este basamento significó un valladar moral a los sureños y los estados integrantes de la denominada Confederación del Sur que apoyaban la esclavitud, tal como existía entonces (referidos a la Historia antes de 1865) como un ideal de desarrollo económico.
Los libertos por la ley (antiguos esclavos) y los manumisos (liberados por voluntad expresa y libre de los dueños), recibieron igual protección y derechos de la leyes a partir de 1865.
Pero el desastre sobrevino en 1896, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó que una ley segregacionista (Law 111) emitida unilateralmente por el estado de Louisiana —impugnada en 1892 por un ciudadano negro, Homer Adolph Plessy— a fin de separar a los blancos y los negros en el transporte público, era legal. Este nuevo estado de derecho debe ser diafanizado de la forma siguiente:

La proliferación de leyes segregacionistras, no era producto de la implantación oficial por el gobierno federal, tal desean propagar los anti norteamericanos confundidos. Las leyes y disposiciones varias, tendentes a promover e instaurar la segregación racial resultó en una práctica, aunque infausta, legitimizada por la acción inconsulta de la Corte Suprema (sin el aval de los cuerpos legislativos y ejecutivos federales) perduraría hasta mediados del siglo XX.

Los líderes negros decentes y de otras etnias, batallaron contra dicha injusticia. Así, se abrieron varios escenarios donde se desarrollaron iniciativas con las cuales cada líder o facción desplegó sus tácticas y estrategias correspondientes, a fin de recuperar el terreno perdido.
Estos derivados indeseables, significaron una descomunal pérdida de tiempo y el retraso consecuente de las minorías, en evolucionar hacia el mejoramiento de su estándar de vida.
Los pintores y sus testimonios endemoniados
Y por ahí deambulaba el ojo avizor de los indeseables. Porque la cosa de la esclavitud se desarrolló, sin ataduras a las posibilidades del acertijo que pareció dejarnos el pintor Jean-Léon Gérôme en su oleo “Esclaves à la vente” (Esclavas a la venta), las cuales no nos hicieron perder el verdadero punto de vista eurítmico también aplastante; de las partes humanas vivas dejadas al abandono, como son las dos jóvenes esclavas —una blanca y otra negra— humilladas al ser expuestas a la venta por un presumible soldado (o depredador) morisco del Islam, en plena vía pública.
Ni siquiera con la presunta privacidad de un mercado con los atributos del “sin asombros”, por el tipo de “mercancía abominable” ofertada de manera tan infame.
Porque de eso se trataba en el pensar de los fuertes, de simple mercancía. Todo el paisaje, reunido con la supuesta delicadeza de un collage d’affiches voceados a pulmón pleno, montados sobre el “Skrik” (El Grito) de Edvard Münch, que aplica una relación indubitable pero no mezclada necesariamente con el resto de la muestra pictórica esclavista.
Porque en la postal triste, se incluyen como testigos mudos; los arreos militares como el saif (especie de cimitarra), casco y otros enseres del atuendo del supuesto guerrero “propietario” de esos, botines de guerra o del pillaje, donde se incluye un loro simbólico y extrañamente estático.
Claro, se evidencia que la imagen no es producto de la imaginación de Gérôme.
Otra es la visión apacible y no menos dramática que nos traspasa la visión de igual asombro en otra de sus obras, de estilo impresionante es “La marché aux esclaves” (El mercado de esclavas), donde parece transpirarse un aire calmo y tan sereno como el de las kalingas nivosas de la obra monumental “El Don Apacible ” de Mijail A. Shólojov.
Nada en esas imágenes deplorables son tales verduras frescas. Porque tras esas bambalinas no se sortean y reparten los especismos y veguismo del realismo eramista del “Lazarillo de Tormes” con sus vicisitudes de “fortunas y adversidades”.
Se trata de la crueldad humana de un submundo subyacente en aquella etapa de la Humanidad, tan reciente como hasta finales del siglo XIX al menos, porque en Cuba, los residuos de la esclavitud ya en plena decadencia como fuerza productora, perduraron hasta después de transcurrida la primera guerra independentista.
“La Guerra de los Diez Años” (1868-1878), resultó el tope del desvarío esclavista y sustentada por causa de la bien conocida tozudez burocrática española, se extendieron sin razón en los anales oficiales de las Cortes, hasta el 13 de febrero de 1880.
Con ello se dio la impresión de una España retrógrada e idiota, que ya no era. Resalta que desde el censo de 1778 (siglo XVIII), se indicó que el 61.3 % de los negros y mulatos eran libertos; o sea; entre 4 y 6 vece superior al de las sociedades sajonas.
Para los pícaros totalitarios contemporáneos (comunistas), la Trata de Esclavos es disfrazadas de ropajes y envuelta en múltiples ardides por parte de los despotismos gubernamentales en forma de cooperaciones, ayudas desinteresadas, internacionalismo proletario, intercambios científicos, culturales, artísticos y otros.
Ello responde a la idea implantados en Cuba como política, la “leva obligatoria militar-cultural de la Intelligenza nacional” (LOMCIN), de la cual se consideran dueños los líderes del régimen comunista de turno, en este caso el regentado por los hermanos Castro.
Tales eran reflejos del mundo real hasta entonces y el virtual de los artistas de ayer, no los de hoy. El inframundo de la esclavitud de los hombres, que en el decir de José Martí (2) era “un dolor inenarrable”.
Valga que este fenómeno inhumano hasta ayer, y todavía en formas iguales y de otras diversas estructuras infernales contra los ciudadanos, continúan azorando a parte de la Humanidad. Pero es que los artistas de hoy, incluyendo las manadas de juglares oficiales “cantautoresdecancionesprotestas”, no se atreven por, miedo, avaricia, comodidad y absoluta carencia de decoro.
Y bien están representados los llamados pictóricos al estudioso, a fin de reconocer quiénes en realidad eran en buena medida reyezuelos africanos, árabes, muy conocedores de cada vericueto del Valle del Gran Rift, tanto como en las zonas del Golfo de Guinea Ecuatorial (hoy, Nigeria y Benin), los cazadores y vendedores de esclavos en la vertiente atlántica del África subsahariana, quienes cargaban sus chalupas de esclavos (de cualquier color) hasta soltarlos en regiones tan lejanas como la India y Oceanía.
Porque existen errores y equivocaciones a tanto de repetirlas, son intencionadas, cuando se trata de referirnos a la Trata de Esclavos; con la cual no tuvo que ver solamente América y de esta, los Estados Unidos.
Por lo general, no eran muchos los europeos operando como cazadores de esclavos, por lo general, el comercio descansaba en los beduinos y porciones importantes de ciudadanos del antiguo Imperio Otomano (3) .
Sin intención premeditada de demonizarlos en su totalidad, dado que cualquier pillastre de cualquier cultura y religión, podía dedicarse al negocio de la Trata de Esclavos; tal continua en la África negra, sin mayores objeciones por los abanderados oficiosos de la misma etnia, que conozcamos, en el resto del planeta.
Totalitarismo vendido por Marx y Engels, a sus quebrantahuesos colectivistas
Según las absurdidades inherentes al embrollo de la propuesta totalitaria de Karl Marx y su cúmbila de disparates, el dócil Friedrich Engels; absorbidos por sus fanáticos morones, porque en el mejor de los casos todos; excepto ellos; somos “personas menores“, a expensas de que los chamanes ideológicos marxistas nos conculcaran con el lavado del cerebro, su pretendida verdad colectivista, atea y genocida. Es la filosofía de la manada conforme.
Luego, la actual América multiparlante, hispana, portuguesa, inglesa, holandesa, francesa y otras lenguas y culturas, bebieron de estas aguas; además con el concurso hipocritón de los propios aborígenes engarzados en sus satrapias locales, vendidas como culturas incas, mayas, aztecas, etc.
Todas las cuales eran sociedades de castas feroces con alto consumo de esclavos autóctonos tanto para trabajos forzados, canjes, ritos religiosos en los que eran sacrificarlos en los altares a sus dioses paganos, para además satisfacer la ferocidad de sus hábitos canibalísticos. No se escapan e incluyen también la propia África actual, de igual modo que la Eurásia y el resto de los territorios esparcidos por el Pacífico.
Casi tan vieja como el hombre, resultó la esclavitud ejercida —reiteramos en admitir que en la infamia participaron todas las naciones— primero como prisioneros de guerra o producto de las cacerías depredadoras que durante siglos, en el África subsahariana, llevaron a cabo los árabes islamitas traficantes de esclavos, antes y después de que esparcieran su religión monoteísta y fundamentalista.
Durante todo el siglo XX y todavía corriendo el actual siglo XXI coexisten formas de esclavitud tan perversa como las instauradas por los regímenes totalitarios (fascistas, nazistas, comunistas, islamitas y otras de igual corte), donde la vida de los ciudadanos —estimados por estos regímenes en calidad de entes submentales— está al servicio del partido único dominante y sus dictaduras autocráticas, de castas y absolutamente nepóticas.
En la dinámica de estas estructuras dantesca, una sola familia al estilo siciliano, ostenta el poder completo con ausencia de todo vestigio de leyes esenciales y carencia de los derechos más fundamentales.
El Comintern, y sus filiales cómplices (como los “frentes populares” armados entre la I y IIGM como fachadas para atrapar la inocencia del público desorientado) desde siempre ha tenido a los Estados Unidos en su punto de mira, a los fines ya conocidos de distorsionar la realidad y vender una imagen conveniente para opacar o bajar el perfil de las ideas totalitarias políticas o religiosas que nuestros enemigos enarbolan.
Luego, la cuestión de la discriminación racial en los EE.UU evidenciada en su injusticia hasta bien entrado los años 60’s, sirvió de rampa de lanzamiento para los radicalismos más obcecados y aupados todos, bajo cuerdas tendidas desde la antigua URSS.
Se daba la impresión de que los Estados Unidos era el único país del planeta con estos problemas, acentuados en algunos estados por atavismos caducos e improcedentes. Después disueltos con energía durante las décadas de los 50 y 60s, por el gobierno federal de los EE.UU.
Nunca estos enemigos de los EE.UU hicieron la más mínima mención de tales problemas sociales y humanos en el resto de las tierras fuera de las fronteras norteamericanas. En la URSS, Eurásia y la África Negra las minorías eran aplastadas por sus entidades nacionales o tribales, sin que el mundo supiera de los atropellos.
De modo igual sucedió en todo el bloque comunista y la canalla tercermundista encaramada en el poder. Los pescadores en aguas turbias hicieron zafra, es especial los comunistas de nuestro vecindario caribeño e hispanoamericano y los del propio patio norteamericano.
Sin embargo, ya situados en el mundo contemporáneo es saludable repasar, sucintamente, algunos jirones significativos de la Historia norteamericana al respecto y las actividades desarrolladas por los líderes de las minorías negras y otras, sus éxitos consecutivos, hasta arribar al momento actual. Los líderes negros decentes y los de otras etnias, batallaron contra dicha injusticia puntual. Se presentaron pues, varios escenarios con sus tácticas y estrategias correspondientes.
Esta panorámica y el dinamismo de la evolución histórica y social, sus vértices más prominentes hasta el tiempo presente, pretenden ser la razón y guía para un recuento de estas premisas: la tesis, el análisis y la síntesis que envolvieron el problema racial que se manifestó en los EE.UU, durante los decenios posteriores a 1896.
Ello referido a que, desde 1865, fue cuando la ciudadanía dispuso de forma integral de un vademécum que igualó, al menos en su propuesta teórica, a todos los ciudadanos de los Estados Unidos.
También como es lógico, reverdecer al menos un mínimo de los antecedentes que influyeron en la conformación de la sociedad norteamericana actual. Además de reconocer la efectividad de los puntos de vista de estos líderes, decir, los de mayor prominencia.
En este caso, involucrando los puntos de vista de dos de esos conductores perfectamente conocidos en sus trayectorias cívicas y sociales: el Dr. Thurgood Marshall (abogado) y el Dr. Martin Luther King Jr. (ministro religioso).
Un paisaje de la Revolución Americana
L’esclavage en Amérique du Nord, est un des aspects non couverts par la révolution ouvertement. C’est une affaire très sensible en raison de leurs connotations économiques, sociales et humaines
(La esclavitud en Norteamérica, es uno de los aspectos no abordados por la revolución de manera abierta. Constituye un caso muy delicado por sus connotaciones económicas, sociales y humanas) –aclaró George Washington a su interlocutor. Todo lo cual dijo de un tirón, casi sin respirar.
El Presidente, expresó las últimas palabras mirando a su esposa Martha Curtis, quien en unión de otros visitantes y sus hijos les observaban complacidos ese domingo, desde el otro extremo del cobertizo. Él, Washington, había soltado cuidadosamente su parlamento con suavidad; aunque más exhalado que dicho; con voz casi ininteligible a causa de la molestia que le producía la prótesis de porcelana y oro que le laceraba las encías.
Ahora Washington le hablaba a quien, a instancias de Benjamín Franklin y considerando su pedido de incorporarse al Ejército Continental como un voluntario sin paga, lo aceptó como aide-de-camp (ayudante de campo).
El Presidente se esforzó en recordar para repetir al dedillo y trató de chapurrear lo que dijo a su interlocutor, en el mejor francés que pudo. Se trataba de un buen de par de frases aprendidas con su l’aide de la caméra (Valet), como respuesta ante la pregunta inminente de su interlocutor, recién llegado a Mount Vernon, tras su gira por los otros estados.
Este último, francés de nacimiento, ya había acumulado suficientes méritos ante el gobierno y pueblo norteamericano, para que la nación entera viera en el privilegio otorgado de “ciudadano norteamericano por nacimiento“, como una gratitud hacia éste.
Un personaje del Viejo Mundo, personificado en un aristócrata que había abandonado la vida muelle en la corte francesa y mancomunado su destino con aquel grupo de hacendados de las tierras coloniales en América del Norte propiedades del Rey del Reino Unido, Inglaterra, el empingorotado George III, empeñados en lograr la independencia absoluta de las 13 colonias y desvincularse económica y políticamente de su metrópolis europea.
En ese momento, no solamente recibió el visto bueno del gobierno federal, sino de todo el resto de los estados que ya lo habían ratificado como ciudadano de los mismos y quien arribó a costas de Norteamérica, para unirse a los rebeldes y colaborar efectivamente por la independencia de las colonias.
Se trató de dos frases trascendentales en boca del líder que guió al Ejército Continental hasta la victoria contra las fuerzas coloniales de Gran Bretaña, su metrópolis, pero susceptibles de ser demolidas o destrozadas por medio de simples interjecciones lógicas, de las acostumbrada por el visitante cuando estaba de buen humor.
De esas imprecaciones no lesivas que sólo se aprenden entre la oficialidad, a veces la marinería ruda; durante las veladas para jugar a las cartas y matar el aburrimiento en las fragatas de la Armada francesa, cuando no hay guerras. A veces ancladas en la Rade de Marseille mirando al Mediterráneo o en el Avant-Port de Calais oteando el Atlántico, dependiendo de por donde vinieran los tiros.
Sólo que a éste francés premonitorio, le había dado por escuchar detonaciones que se les antojaron provenientes desde Norteamérica y así, un buen día arribó sorpresivamente al Nuevo Mundo en la nave el “Hermione”.
El visitante, miró reflexivo hacia la línea del atardecer que comenzaba a convertirse en acuarela de sombras, porque ya se acercaba instante de su partida y se compuso la peluca. Este patriota, desde 1783, le había escrito a Washington una carta conmovedora.

Yo les pido a los hermanos norteamericanos de la Logia (francmasones), batallar todos juntos por la libertad de toda la Humanidad y les exhorto de manera ferviente, a la emancipación de todos sus esclavos”

Marie-Joseph La Fayette, después simplemente “Lafayette” para los norteamericanos (4), miró a Washington; su hermano de cofradía, puesto que ambos eran masones; he hizo un mohín circunspecto y se colocó la mano sobre la barbilla, como para aguantar las palabras salvajes, con las cuales repostaría a su amigo y compañero de los terribles combates durante la Revolución Americana.
Ambos, charlaban a destiempo y convenientemente alejados de las mujeres.
Washington lo decidió así por delicadeza a su visitante, un genuino amante de la libertad e igualdad, dado que tal era el estilo europeo y porque en Norteamérica hombres y mujeres a inicios de la república, lo decidían todo juntos.
Ahora estaban sentados bajo el cobertizo o glorieta situada en un costado de la mansión, donde tomaban una especie de licor ámbar de sidra de manzanas, en evitación de la caída del sol y utilizado como lugar para las comidas informales de la familia, durante la mayoría de los veranos.
En esa visita a los Estados Unidos, Lafayette, fue recibido con las grandes muestras de admiración que sentía del pueblo norteamericano por este francés, que en incontables ocasiones había luchado y sido herido en combate, por la independencia de los Estados Unidos.
Ambos sonrieron y decidieron continuar el dialogo en inglés, por sugerencias del visitante, quien manejaba además tanto con el inglés como el alemán, con los cuales se las entendía bien. Lafayette había visitado a Washington ese verano, en la casa señorial de éste en su complejo de granjas de Mount Vernon, el 17 de agosto de 1784.

Estimado General —advirtió Washington a Lafayette, en un silencio que se hizo entre ambos, tras la extensa exposición del segundo sobre los ya nombrados “Derechos del Hombre”(5)—, habla Usted de la libertad y la emancipación, como de algo que esta a la vuelta de la esquina. Ustedes han colonizado otros territorios y engrandecieron el poder militar y económico de la Francia, utilizando la fuerza de trabajo y recursos de los territorios conquistados. Nuestro problema es distinto, porque esta especie de “encomienda civilizadora”; si utilizamos los términos de la colonización española, es de beneficio mutuo. Recuerde que entre la gleba y este tipo de servidumbre, no existen grandes diferencias. Y, sin embargo, ese tipo de servidumbre de por vida que coexiste en múltiples lugares de este planeta, nunca ha sido objeto de reflexión tan minuciosa.
De acuerdo estoy en no justificarla y nada más, mi señor presidente, pero —acentuó Lafayette con un cierto aire de sarcasmo moviendo el índice en señal de regaño— usted no dudará que son humillaciones similares. ¿Coincide conmigo, señor presidente?

La conversación continuó en un mismo nivel de intercambio de ideas moderadas sobre el qué y el cómo hacerlo, hasta que los insectos del anochecer, intervinieron atraídos por la luz de las lámparas. También, porque Lafayette se percató de que las vides de la libertad total con la emancipación, no estaban todavía maduras para la vendimia. Además, porque se evidenciaba que en la nobel república de los Estados Unidos de Norteamérica para tales ejercicios, faltaba un buen trecho.
Como ejemplo, Lafayette compró tierras en “La Cayene” para fundar su plantación de “La Belle Gabrielle“, y allí con las pretensiones idealistas de montar su “experimento” de emancipación y educación de los futuros libertos, pero todo aquello se diluyó en la nada.
Lafayette había vuelto a América y visitó a todos los Estados, excepto Georgia. El viaje incluyó esa visita a la granja de Washington en Mount Vernon.
En Virginia, se había dirigido a la cámara de delegados donde les pidió “libertad de toda la humanidad” y exhortó a los reunidos a apoyar la emancipación completa de los esclavos. Por supuesto, la exhortación pareció dirigirla a un desierto. Porque para ello no existían las más mínimas posibilidades ni condiciones objetivas.
Lafayette defendió en la legislatura de Pennsylvania la creación de una Unión Federal y visitó el valle Mohawk en Nueva York para las negociaciones de paz con los iroqueses, algunos conocidos de él en 1778.
Sólo que ahora, estaba frente al hombre que capitalizaba todos los hilos del poder democrático, por entonces, el único poder sobre la faz de la Tierra armado “por el hombre y para el bienestar de los hombres libres“.
Existe una coyuntura histórica, indudable, dentro del contexto en el que George Washington fue protagonista principal y la existencia de un status quo insoslayable: La Esclavitud.
Es entender que en aquella sociedad, a punto de salir de la etapa de la manufactura y no estaba presta para sumergirse a plena carga en la etapa de industrialización impulsada por la Gran Bretaña, por lo que entró en discrepancia con los sistema ya obsoletos de la mano de obra esclava.
Ningún dueño de un ato de esclavos, entendía de reservas morales o éticas en lo concerniente a un estado de cosas (de producción) en el cual nació, se crió y donde su voz era de ordeno y mando.
Un día soleado en Mount Vernon
“Nada parecía estar mal”, salvo los tenues llamados a la misericordia, conmiseración, protección y bondades que les eran solicitados y recabados de los dueños de esclavos; con respecto a las relaciones con sus dotaciones respectivas, los cuales eran desplegados esporádicamente por los líderes religiosos de todas las denominaciones activas en los Estados Unidos.
Para entonces, en París se gestaban movimientos de índoles diversas, algunos de los cuales denunciaron la esclavitud como una aberración anti humana.
El movimiento filosófico y humanista denominado “La Ilustración“, para fines del siglo XVIII ya había desarrollado y alcanzado sus objetivos fundamentales, al desplazar a los dos Estados Predominantes, la Aristocracia y el Clero, de sus prerrogativas y privilegios.
Se logró, introduciéndose a empujones ella misma (los integrantes del movimiento) como el Tercer Estado compuesto por los burgueses y los desclasados (terratenientes, banqueros, industriales, trabajadores, artesanos, artistas, comerciantes, profesionales, militares, intelectuales, etc.).
Desde entonces el mundo europeo cambió de manera radical con la vista puesta el París y no así los Estados Unidos y la que algunos denominaron “esclavitud bondadosa”. Ello era como un diálogo entre sordos, apuntalando la realidad inevitable, puesto que igual que en casi todas las colonias del imperio español, francés, británico, holandés y otros, los esclavos podían adquirir la libertad por razones diversas.
En este orden, la de mayor preponderancia era el pagar (comprar) por su emancipación, pasado cierto tiempo de trabajo o lograr la libertad por el gesto misericordioso de manumisión por parte de los propietarios.
George Washington nació en un mundo en el que la esclavitud era aceptada como una práctica tan natural como la de tener sirvientes y empleados. El comercio de esclavos continuó durante toda la vida de Washington, tanto que a la muerte de su padre en 1743, él tenía 11 años de edad, heredó 10 esclavos y además 500 acres de terreno.
Cuando comenzó la agricultura en Mount Vernon once años más tarde, a la edad de 22 años, tenía una fuerza laboral de cerca 36 esclavos.
Con su matrimonio con Martha Curtis en 1759, con lo cual 20 nuevos esclavos arribaron a Mount Vernon. Junto con la riqueza de su esposa compró tierras, triplicando el tamaño de la plantación y también los esclavos adicionales para cultivarlas.
En 1774, pagó impuestos sobre 135 esclavos, sin incluír los de la dote. El último registro de una compra de esclavos fue en 1772, más tarde recibió algunos esclavos en pago de deudas. Washington utilizaba también sirvientes blancos.
Después de su matrimonio, compró más esclavos, de donde la población de la dotación también aumentó porque sus miembros podían casarse y criar a sus propias familias. En 1799, cuando Washington murió, habían 316 esclavos viviendo en la estancia.
Antes de la Revolución Americana, no se conoce que haya expresado alguna reserva moral en contra de la esclavitud, pero en 1786, le escribió a Robert Morris diciendo:

“No hay un hombre vivo que quiera más sinceramente que yo, ver un plan adoptado para la abolición de la esclavitud.”

En 1778, escribió a su capataz en que deseaba conseguir que se marcharan sus esclavos, de la forma que quisieran, porque no serian reclamados. El mantenimiento de una ascendente población de esclavos en Mount Vernon no era rentable. Washington no podía vender legalmente los esclavos de dote, sin embargo, y debido a que estos esclavos se habían cruzado con sus esclavos, no podía vender sus esclavos sin separar a familias enteras. Los esclavos jugaron un papel integral en la historia de Mount Vernon.
Aunque existe poca documentación escrita de los propios esclavos, se sabe mucho acerca de sus vidas a través de documentos primarios. Washington fue el único Padre Fundador de la República que emancipó a su dotación. En la práctica, cada acción fue influenciada por su estrecha relación con el Marqués de Lafayette.
Sin embargo, no liberó a sus esclavos en vida, sino que incluyó una disposición con su voluntad de liberar a sus esclavos a la muerte de su esposa. En el momento de su muerte, había 317 componentes en la dotación en Mount Vernon (123 propiedad de Washington, 154 “esclavos de dote” y 40 alquilados a una vecina).
Martha Washington legó el esclavo que poseía -Elisha- a su nieto de George Washinton Parke Curtis. Tras su muerte en 1802, sus nietos heredaron los esclavos de dote. La mano de obra calificada y el manual necesarios para ejecutar Mount Vernon fue proporcionada en gran parte por esclavos que trabajaban, los cuales recibieron capacitación en oficios tales como la molturación (desgrane del trigo), tonelería, herrería, carpintería y zapatería.
Los otros trabajaban como empleados domésticos, los barqueros, cocheros o trabajadores del campo. Algunas esclavas se les enseñaron las habilidades, sobre todo hilado, tejido y costura, mientras que otros trabajaban como empleados domésticos en la ropa, lechería o la cocina.
Muchas mujeres trabajaban en los campos. Casi tres cuartas partes de los 184 esclavos que en un momento trabajaron en Mount Vernon lo hacían en el campo, y de esos, aproximadamente el 60% eran mujeres.
Los alimentos cultivados en las granjas eran distribuidos a los esclavos y sus familias. Los esclavos recibían semanalmente sus raciones de alimentos. Muchos esclavos también mantenían sus propios huertas para complementar su dieta. Estos, podían vender sus alimentos en los mercados locales para ganar un ingreso extra . Una vez al año, se les proveía de ropas.
La jornada de trabajo en Mount Vernon era de sol a sol, con 2 horas de descanso para las comidas. Recibían también entre 3 y 4 días de descanso en Navidad, y el lunes después de Pascuas y Pentecostés, así como los días festivos. Si un esclavo era obligado a trabajar un domingo durante la cosecha, les permitían un día de descanso después, y a veces les compensa con goce del sueldo.
La actitud de Washington hacia la esclavitud, cambiaba hasta el repudio a medida que envejecía. Durante la Revolución, cuando él y compañeros patriotas lucharon por la libertad, Washington se convirtió cada vez más consciente de la contradicción entre esta lucha y el sistema de la esclavitud.
En el período de su presidencia, parece haberse convencido de que la esclavitud estaba mal y que iba en contra de los principios de la nueva nación.
Como presidente, no quiso llevar una lucha pública contra la esclavitud, porque creía que iba a escindir la nueva nación. Las ideas abolicionistas tenían muchos opositores, especialmente en el Sur.
Washington parece que temió que si tomaba una posición pública, los estados del sur se retiraría de la Unión. Sin embargo este temor se materializó setenta años más tarde, dando lugar a la “Guerra Civil” (en realidad, “Guerra de Secesión“).
El pensaba que habían trabajado muy duro construyendo el nuevo país, para después aventurarse en el riesgo de destrozarlo.
En su testamento, dispuso que todos los esclavos de su propiedad fueran liberados después de su muerte. También dejó instrucciones para la atención continuada y la educación de algunos de sus antiguos esclavos, apoyó la formación de todos los niños hasta que alcanzaran la mayoría de edad, así como veló constantemente por el bienestar de las personas mayores (6).
Sin embargo, de ninguna forma por lo no inexplicable para aquella generación de hombres y mujeres notables de ideas tan avanzadas; nada de lo anterior podría representarnos hoy la figura de una postal de relaciones idílicas entre los propietarios y sus “propiedades vivientes”, porque se trataba simplemente de aquello por todos conocido: La Esclavitud. Un mal con infinidad de rostros.
¡Oh, Señor, se trata de la de la majestuosidad de nuestro sólido y profundo Sur!
Exclamó inconsolable un hacendado sureño, al romperse las hostilidades entre los estados fieles a la Unión Federal de Washington y los estados respondentes a la nueva Confederación de estados rebeldes proclamada en Richmond como la capital, renuentes a aceptar el continuar siendo parte de la Unión.
Una greña económica, después convertida en confrontacíon política y social; devenida definitivamente ruptura ideológica; desatada por el encuentro de dos criterios anti materia, de lógica divergentes, en lo referente a mantener incólume y expandir un sistema esclavista o abolirlo.
Cierto, porque en La Guerra de Secesión o Guerra Civil estadounidense (American Civil War) (7) , presenta varias facetas, algunas de carácter “independentistas; vista desde el lado Sur; pero coincidentes a su vez en varios factores comunes: la economía, sociología y el expansionismo militar por las posibilidades de adquirir nuevos territorios dentro de las fronteras de Norteamérica.
Después de la gesta independentista norteamericana de las 13 colonias (1775-1783) contra la metrópolis inglesa (Reino Unido de la Gran Bretaña y Escocia), esta guerra intestina resultó el acontecimiento de mayor significación en que se vio envuelta la nación norteamericana. La misma, tuvo lugar, entre los años 1861 y 1865.
Su resultado en pérdidas de vidas, fue de unos 620,000 muertos, por todas las causas y unos $8700 millones (304,500,000,000 millones al cambio actual) entre pérdidas materiales y económicas.
En la misma se enfrentaron dos bandos, la Unión integrada por los estados “del norte”; industriales y abolicionistas; y once estados “del Sur”; agrícolas y esclavistas. Estos últimos, recién conformados en la que estos “estados rebeldes” denominaron “Confederación”, cuya objetivo inmovilista era el de mantener y expander la esclavitud la cual estimaban indispensable para su subsistencia.
Esta Confederación alcanzó vigencia entre sus miembros, al considerar éstos que la esclavitud no debía combatirse sino proliferar con la integración de los estados nuevos. Una concepción arcaica, sin concepto del modernismo rampante hacia donde se encaminaba la Humanidad culta.
De igual modo ciertas leyes o medidas dictadas por el gobierno federal y Congreso de los Estados Unidos, los confederados las consideraban nocivas a sus intereses. Lo temido por Washington a finales del siglo XVIII tras alcanzar la independencia de las 13 colonias, una protesta de los estados esclavistas, cobró la forma de una Confederación que de hecho era una secesión del gobierno central federal.
El aspirante a senador por el partido republicano, Abraham Lincoln, había perdido una contienda electoral en la que exigía poner alto a la expansión de la esclavitud. En 1860, Lincoln y el senador Stephen Douglas, su viejo contendiente, volvieron a encontrarse ahora en calidad de sendos candidatos presidenciales; Republicano el uno y Demócrata el otro; exactamente en ocasión de que las tensiones entre el Norte y el Sur eran extremas.
Contar que en 1859 un partidario del abolicionismo, John Brown, inició por su cuenta una rebelión de esclavos en Virginia; pero fue capturado, juzgado y ahorcado; pasando a integrar la galería de los mártires entre los abolicionistas norteños. Claro, la espontaneidad de Brown, siempre cayó en evidencias, pero ganó simpatías cuando su gesto liberador le costó la vida.
Los sureños advirtieron que las libertades estatales no se mantendrían como hasta el presente, si continuaban siendo parte de la confederación original de los Estados Unidos de América, inmediato que concluyó la Guerra de Independencia.
Douglas conminó a los sureños demócratas a mantenerse como parte de la Unión, pero estos presentaron por su parte un candidato, John C. Breckinridge, amenazando con la secesión si perdían la elecciones.
Sucedió que Lincoln ganó los comicios y tomó posesión del cargo en marzo de 1861.
Entonces Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas, constituyeron los Estados Confederados de América con Jefferson Davis a la cabeza, como presidente, proclamando así la secesión de la Unión. Un acto que Lincoln declaró ilegal en su discurso inaugural como Presidente.
Los confederados tomaron la iniciativa, mas emocional que estrategica, y atacaron la guarnición de Fort Sumter en Carolina del Sur, el 12 de abril, 1861; logrando que se les unieran Virginia, Arkanzas, Tennessee y Carolina del Norte. De este modo comenzó la guerra civil entre los Confederados del Sur y los estados del Norte (Unión), que culminó con la victoria de la Unión en 1865.
A partir de ese momento, el rejuego de las libertades alcanzadas para las minorías negras, entró en una etapa de tensiones que no se calmaron plenamente hasta pasadas las 5 primeras décadas del siglo XX tras un inenarrable círculo de batallares cívicos ante la ley.
Todo ello, por efectos de que algunos líderes, agrupados alrededor de la figura del Dr. Thurgood Marshall, se decidieron a utilizar en toda su extensión, la Fuerza de la Ley, yacente entre otros en el libro ley de leyes, “La Constitución” norteamericana que rige dentro de los territorios de los Estados Unidos de América. Una estrategia paciente y exitosa que no todos los atrincherados integrantes de ambas orillas ideológicas en pugna, entendieron a plena cabalidad desde sus inicios.
Otros líderes y sus seguidores, aglutinados fervorosamente en el ámbito del Dr. Martin Luther King Jr. y sus relevos, por razones varias, optaron por operar sus agendas pro activistas en base de la confrontación directa o indirecta en contra del gobierno y sus instituciones.
Un error tremendo constatado después por los analistas e historiadores, dado que sus resultados, aunque también altruístas y cívicos, fueron nefastos.
La saga continúa.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   Ver la novela “The Time Machine” de H. G. Wells, 1895
(2)   “Versos Sencillos”,
(3)   Existe una extensa documentación literaria de los historiadores, funcionarios, negociantes y profetas árabes, donde se relatan con detalles copiosos la profundidad de la penetración del imperio árabe y con ello el islamismo, en áreas europeas, medio oriente y africanas, sus vinculaciones con las culturas locales y sus manejos comerciales y esclavistas. La costa atlántica del continente africano, fue diezmada por los traficantes, afectando a las etnias congo, carabalí, mandinga, gangá y otras. De forma similar los árabes mantuvieron un importante tráfico de personas esclavizadas africanas, tanto a través de rutas cruzando el Sahara como a través de la costa oriental de África, fundamentalmente la Isla de Zanzíbar. Este comercio se extendió desde el siglo VII hasta el siglo XX y alcanzó proporciones similares o superiores al comercio negrero del Atlántico.
(4)   Marie-Joseph Paul Yves Roch (mejor conocido por su título nobiliaro final: Gilbert du Motier, Marquis de La Fayette); estando en Francia; se unió a un grupo abolicionista “La Société des Amis des Noirs” (La Sociedad de Amigos de los Negros) creada en 1788 por Jacques-Pierr Brissot, una de las tantas Societé de Pensée (sociedades filosofales). De estas sociedades de librepensadores, Lafayette, llevó el mensaje emancipador hacia América.
(5)   “La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” emitida en 1789 por los franceses, tiene entre otras fuentes políticas norteamericanas, la “Declaración de Virginia” de junio 12, 1776 muy anterior a la francesa; que estimamos un genuino copycat mas depurado; incluyendo la “Constitución de los Estados Unidos de América” proclamada en septiembre 17 de 1787. De esta, también se nutrió la francesa y es considerada la Constitución mas antigua del mundo.
(6)   Washington tenía la costumbre de hacer registros y los mismos muestran que el cementerio estaba, cerca de la tumba de Geroge Washington. En 1929, la Asociación de “Mount Vernon Ladies” colocó una lápida de piedra para conmemorar el sitio. En 1983, un “Memorial del Esclavo”, diseñado por estudiantes de la Universidad de Howard, se erigió en honor a los hombres, mujeres y niños que sirvieron en la esclavitud en el Monte Vernon. Las palabras de amor, esperanza y fe están inscritas en los escalones del monumento. (Consultado en Wikipedia y la colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
(7)   Guerra Civil” era un evento como tal, y ya. Pero si damos vuelta a la página, encontraremos que desde el punto de vista conceptual, es así y se mantiene el concepto gramatical puesto que el objetivo (el leit motiv de trasfondo) fundamental no fue tal aducen algunos; una guerra antirracista que propendía a “lograr la emancipación de los esclavos“, en parte. Ese carácter humanitario oficial (admirable) lo adquirió después con la aprobación de la “Proclama de Emancipación” de enero 11, 1863 convoyando así el estallido civil iniciado en 1861, por razones tácticas y estratégicas. La confrontación se genera, todo apunta de manera exclusiva (al menos en sus inicios), por el acto secesionista de los estados sureños, por cuya razón en aras de mantener la unidad (de ahí lo de “Unión” del gobierno federal) y motivos por los que se le nombra “Guerra Civil” o “Guerra de Secesión” ambos valideros, como conceptos superpuestos.

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…Thurgood Marshall vs Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil? II/III


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Thurgood Marshall vs Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?

II/III

 ANÁLISIS
The Emancipation Proclamation
En el trasfondo del conflicto, afloraba una lucha entre dos tipos de economías: una industrial-abolicionista (Norte) y otra agraria-esclavista (Sur), las cuales eran totalmente diferentes. Los sureños declararon que no peleaban sólo por la esclavitud. Después de todo, aducían, la mayoría de los soldados confederados eran demasiado pobres para poseer esclavos y no estaban motivados. El Sur estaba empeñado en una guerra de independencia que mantuviera las relaciones entre el Norte y el Sur, pero bajo entidades jurídicas, legislativas y ejecutivas gubernamentales, separadas e independientes.
Los confederados generalmente tuvieron la ventaja de pelear en su propio territorio, y su moral era excelente. Tenían magníficos soldados, especialmente la caballería; pero eran mucho menores en número que las fuerzas de la Unión del Norte ( 2,200,000 de la Unión contra 1,064,000 de la Confederación)  y no poseían ni una sóla fábrica de armas, todas las cuales incluyendo las pesadas y el resto de los pertrechos, debieron ser importados o contrabandeadas a un costo prohibitivo. Además, el Gobierno Confederado siempre estuvo a expensas del patrullaje marítimo y bloqueos de la Armada de la Unión, mucho mas numerosa y poderosa.
El algodón, tabaco y otros rubros agrícolas, no bastaron para sufragar los gastos de la guerra, luego el Sur debió recurrir a préstamos onerosos que corroían el basamento económico de los rebeldes. Al finalizar la contienda, algunos de los integrantes de las  partidas de soldados remanentes. tras el desbande del Ejército Confederado, fueron perseguidos como forajidos por las tropelías cometidas durante la confrontación.
Para librar la guerra, el Sur se financió con la exportación de algodón que embarcaba hacia Europa y el Norte, con la emisión de un nuevo papel moneda, tras rechazar Lincoln un préstamo de $5.000.000 al 12% de interés ($175,000,000 al cambio actual) ofrecido por la firma de Moses Taylor. Ambas partes suspendieron algunas libertades civiles, imprimieron montañas de papel moneda y recurrieron al reclutamiento forzoso (leva).
La prioridad que Lincoln abrazó fue la mantener a Estados Unidos como un sólo país. Tras las pérdidas iniciales de las primeras batallas, tuvo que reconocer que el desarrollo de la guerra, pudiera cambiarlo “haciendo de la guerra una batalla contra la esclavitud” y así podría obtener apoyo para la Unión tanto en el interior del país como en el exterior. Consecuentemente, el 1 de enero de 1863, segundo año de guerra, el Presidente dio a conocer la “The Emancipation Proclamation” (La Proclama de Emancipación), por medio de la cual se otorgaba la libertad a los esclavos en todos los Estados Unidos, incluyendo aquellas áreas aún controladas por la Confederación. Un golpe demoledor para la moral de los esclavistas.
Sin embargo, el ejército sureño obtuvo importantes victorias en la etapa inicial de la guerra, pero en el año 1863 su primer comandante, el General Robert E. Lee, se dirigió hacia Pensilvania. En Gettysburg se encontró con un poderoso ejército de la Unión, y así dio comienzo la batalla de mayor magnitud jamás librada en suelo estadounidense. Después de tres días de lucha desesperada, los Confederados fueron derrotados.
La marina de la Unión rápidamente impuso un bloqueo que creó grave escasez de material bélico y bienes de consumo para la población y las fuerzas confederadas. Al mismo tiempo, en el río Mississippi el Lt. Gral. de la Unión, Ulysses S. Grant, tomó la importante ciudad de Vicksburg. Las fuerzas de la Unión controlaban ahora todo el valle del Mississippi, dividiendo en dos a la Confederación y ahogando su salida al mar.
En 1864, un ejército de la Unión al mando del General William “Tecumseh” Sherman atravesó Georgia destruyendo toda la riqueza agro-pecuaria que no pudo aprovechar para sus fuerzas. En el campo, arrasó con toda la infraestructura que encontró a su paso (1). Atlanta fue cercada y capturada el 2 de septiembre de 1864.
Entonces Sherman preparó dos ejércitos (el Tennesee y el Georgia) e inició el 15 de noviembre la conocida como “Sherman’s March to the Sea” (Marcha de Sherman hacia el mar) y de esta forma se dio inicio a la decisiva  “Campaña de Savannah”, lugar por donde Sherman llegó hasta el mar Atlántico. El objetivo estratégico seguía de modo igual una acción de destrucción total de todo aquello que sirviera como soporte al Ejército Confederado, además de batirlo militarmente, se propuso desmoralizar a la población ante la destrucción sistemática de la riqueza sureña.
El ancho estimado de la franja de devastación, algunos han sugerido en unas millas. La marcha duró unos 35 días durante los cuales las tropas de la Unión, recorrieron 400 millas, escindiendo y devastando el profundo Sur. Por este modo estratégico de pelear violento y arrasador de la tierra enemiga, pero de manera exitosa, se consideró a Sherman como el primer estratega moderno en el Ejército de los Estados Unidos, al aplicar la “guerra total”. Se trataba del corte de toda la infraestructura de apoyo al ejército confederado, al mínimo de bajas civiles y militares. Los objetivos del Norte no eran las personas enemigas, sino los medios que las soportaban. Las tropas norteñas tomaron Savannah el 20 de diciembre de 1864.
Después durante la II Guerra Mundial (IIGM) , la estrategia fue copiada por los estrategas alemanes aunque con matiz propio, en su Guerra Relampago (Blitzkrieg); con la puesta en marcha del plan “Barbarosa” y su avance contra la Unión Soviética. De igual modo que los rusos aplicaron igual práctica contra los alemanes, ante la retirada de éstos.
Mientras tanto, el general Grant se batía implacablemente con las fuerzas de Lee en Virginia. El 2 de abril de 1865, Lee fue forzado a abandonar Richmond, la capital de la Confederación tras el cerco de Petersburg. Ello signific óel fin de la lucha fraticida y el fracaso del esclavismo como doctrina inviable en el mundo moderno.
Una semana después el Ejército de Virginia del Norte y su comandante, el Gral. Robert E. Lee se rindió oficialmente en la Appamattox Court House en VA, al Ejército del Potomac comandado por el Lt. Gral. Ulysses S. Grant, y así el resto de las fuerzas confederadas dejaron todas sus armas más adelante. Para algunos sectores recalcitrantes empeñados en la ideología sureña, la guerra no había concluído.
Entonces sucedió lo inesperado, porque el Viernes Santo del 14 de abril de 1865 el Presidente de los Estados Unidos; Abraham Lincoln; fue asesinado en el “Teatro Ford”, en Washington DC.; por el actor John Wilkes Booth. El complot fue descubierto en toda su magnitud y 4 de sus cabecillas fueron ejecutados en la horca, incluyendo a una mujer. En la conspiración se incluía el asesinato en el mismo lugar y tiempo, del Secretario de Estado, William W. Servard y del Vicepresidente Andrew Johnson, entre otros miembros del gabinete presidencial. Todavía el 12 de mayo de 1865, los ejércitos de la Unión atacaban remanentes confederados en Rancho Palmito en el condado de Cameron de la frontera con México, donde dichas fuerzas enemigas rebeldes permanecían activas y desinformadas, aunque ya en fugas.
Con la derrota de los sureños, los abolicionistas lograron que la ominosa esclavitud fuera erradicada de los Estados Unidos de Norteamérica y se emitieran previamente las XIII, XIV y XV Enmiendas a la Constitución; las cuales cobraron plena vigencia, igualando a todos ciudadanos de los Estados Unidos. De inmediato comenzó el período denominado “La Reconstrucción” que perduró hasta 1877, con la salida de los remanentes de tropas federales de ocupación, en los tres últimos estados del sur.
“The Compromise of 1877
Trazas de turbidez en ciertas aguas alimentadoras del contexto socio-económico imperante en los Estados Unidos a inicios del siglo XIX, no estaban clarificadas convenientemente; tal lo fueron relativamente nítidas aquellas otras límpidas con respecto a la libertad, soberanía y derechos ciudadanos. Estas inquietudes rodaban desde los tiempos del último de los presidentes “Padres de la Patria”, el Presidente James Monroe (1817-1825); las cuales condujeron a la quietud alcanzada con posterioridad, al concretarse el denominado “Compromise of Missouri” (1820), tras un debate nacional azaroso acerca de la incorporación a los Estados Unidos de este y otros posibles nuevos estado.
Por tal acuerdo se facilitó a los dos principales sectores ciudadanos en pugna, primero la inspiración y exposición de sus tesis respectivas y con posterioridad, la separación decantada de los perfiles entre los dos bandos que además, eran correspondientes entre sí. Y cierto que lo eran, porque entre ambas plataformas existían lazos comunes, como aquellos que les unían en base de lo esculpido en piedra; como el holograma de una doctrina axiomática ideal a seguir, según los filósofos y estrategas de la época, al pie de la letra.
Los fundamentos de estas figuras filosóficas se referían a un dogma extraído al parecer –porque los albores de su quintaesencia ya venían siendo enunciados desde épocas anteriores–, de la reflexión simplista de un influyente periodista newyorquino, John L. O’Sullivan, en su artículo “Annexation” (Anexión) con cuyo dogma introdujo el concepto de “Manifest Destiny(El Destino Manifiesto) (2).
Otro evento importante y de consolidación, fue el segmento de advertencia; especialmente a Europa; de que la recién proclamada “Doctrina Monroe“, pondría freno a las injerencias en América de las potencias extra continentales.
Esta premisa reflexiva del destino manifiesto, tal como reza literalmente, fue adherida erróneamente a las bases de la política exterior de los Estados Unidos como partícula no dialéctica y símbolo de un expansionismo natural (endógeno) reinventado en el siglo XIX. Este movimiento consistía en aceptar el engrandecimiento de la nación norteamericana y su despegue hacia el lugar primado y hegemónico en el devenir internacional y mundial, dominando los territorios desde al Atlántico hasta el Pacífico. desde Canada hasta México.
Recordar que se trataba de un Nuevo Mundo y sus sociedades autóctonas plantígradas que olisqueaban finuras, pero a la vez receloso del donaire subyugante en las frivolidades del Viejo Mundo europeo; entonces enervado con los aromas culturales y de indudable refinamiento de las viejas pero eficaces, estructuras monárquicas. Una contrapartida contemporánea es el exitoso “american way of life“, tan ansiado por las democracias actuales afines a Norteamérica, como envidiado por las aberraciones tercermundistas que nos rodean en pleno siglo XXI.
No se trataba, por supuesto, de los intentos de cortes aristocráticas fantasmas y sus consecuentes payasadas fraudulentas, como las montadas efímeras en Centro y Sudamérica por riadas extraviadas de la criollera con levitas, también algun que otro extranjero confundido, que umbilicaban sus nexos con la matriz de turno tras el desorden dejado en Europa por los empiristas napoleónicos. Porque los descendientes de los pilgrims del “Mayflower“, sin embargo, pensaban de otra forma menos ditirámbica y por el contrario, tan lógica como práctica.
No obstante, todo lo concerniente a las realezas europeas de existentes tal como sucede ahora; resultaba espejo de modales, modo de vida y estándares tales como sucedió con el relevo de las casas aristocráticas por parte de la familias de las pequeñas y altas burguesías criollas, a veces incultas y sin modales. Desconocedora del savoir vivre (saber vivir) y por lo general sin historia ancestral, educación formal ni linajes de origen noble (los “Don” y “Doña” y sus versiones en otras latitudes) pero forradas con medios de fortuna cuantiosos. Un maná no divino y sí terrenal, devenido logro de la revolución industrial, del “laisser faire, laisser passé” (dejar hacer, dejar pasar) del capitalismo y el libre comercio y empresas con la consecuente rebaja en los aranceles.
Sin embargo, por este dogma del “Destino Manifiesto” y acuerdo entre las partes, cuyos sustentadores más audaces continuaban conviniendo en que aquel menjurje era por “mandato divino”; se estableció una línea virtual a partir del paralelo de los 36º 30′  hacia el Norte geográfico, donde quedaba prohibida la creación de estados esclavistas e incremento de toda forma de esclavitud. Por lo tanto, dicho “compromiso de Missouri” delimitó por el momento la frontera de contención entre los estados esclavistas y los abolicionistas.
La determinación por parte del Gobierno Federal de asumir los riesgos de esta decisión salvadora, para cercar pacíficamente los ímpetus sureños hacia el desborde de la servidumbre productora; resultó fructífera para el gobierno central; el cual sondeaba incesante la magnitud y fuerza de los bandos a favor y los en contra de la esclavitud. Y además, establecía los límites geográficos para bloquear cualquier pretensión de los esclavistas hacia nuevas tierras en el oeste y sudoeste de la nación.
Por decantación resalta la deducción no vinculante de este ajuste interno, con pretensiones “imperialistas” supra continentales, siempre achacadas a los Estados Unidos por sus enemigos. Los que eran simples litigios locales, elevados a la categoría de conflictos alejados de las fronteras de los Estados Unidos.
Ahora se trataba de las intenciones de uno de los grupos integrantes de ambas fuerzas políticas y económicas, en primicias el Norte industrial; el cual proponía utilizar el barro del destino manifiesto para instrumentar los utensilios civiles, militares y morales adecuados; a los fines de construir una nación y sociedad, nuevas y democráticas y sólidas. Mientras la otra parte, el Sur agrícola; se ofuscaba tozudo en estructurar con el mismo barro figuras alegóricas que sustentaran toda una gama de criterios justificativos, del por qué unos ciudadanos tendrían el derecho ser los dueños absolutos de otros hombres bajo su amparo.
Luego, para estos últimos estamentos, el criterio infería que la esencia del destino manifiesto no era sólo una estrategia político-económica exclusivamente exportable y de uso continental, sino también de aplicación doméstica en lo concerniente a lo socio-económico, la cual imperaría en los territorios de la después denominada Confederación.
El miedo de Micaela al “¿en qué y en cuánto?”
Por lo general, los remanentes de la veterana “Doctrina Monroe“, casi fuera del juego durante un tiempo; desarrollaron un miedo convoyado con la incertidumbre, dada la proposición de trazar un rasero igual para todos los ciudadanos hacia el nuevo estilo igualitarista de libertad plena y democracia; enunciado y sustentado por y desde Washington; cuyo basamento yacería de manera absoluta en la Constitución a la cual, sabiamente y de acuerdo a las circunstancias imperantes, se le colgarían “perchas”, las que denominaríamos Enmiendas Constitucionales.
La cuestión primordial afloraba en determinar, “¿en qué y en cuánto?” serian capaces los libertos y manumisus de asimilar el american way of life, imperante al Norte del paralelo 36. Una interrogante sin respuesta inmediata la cual ya formaba parte del sinnúmero de incógnitas revoloteantes en la mente colectiva de la antigua sociedad sureña.
Todo este intríngulis aparecía en lontananza, mientras se evidenciaba el nacimiento de un solar al que estamentos influyentes del acontecer diario; en el Norte; preferirían arquetipos polivalentes de una ciudadanía virtual monocolor y daltónica, sin atender a consideraciones étnicas. Tal figura de paráfrasis social inyectaría júbilos en las filas abolicionistas.
Ello estuvo en consonancia manifestada de manera igual, inmediato que los Confederados perdieron la guerra y con ello toda iniciativa, adocenados en sus rincones involucionistas ancestrales; mientras los republicanos de la Unión, asumieron ipso facto todo el control militar y político del Sur Profundo.
Además, sobre los estados sureños pendía ahora inmutable el problema de la esclavitud, un asunto no catártico para la eliminación de recuerdos malos, porque la presencia de la esclavitud no era un pretendido mal sueño virtual sino real.
Aunque la misma (en teoría) seria demolida gradualmente (en ello se basaba uno de los errores de la tesis abolicionista) por la implantación bona fide de la XIII Enmienda y las otras enmiendas reparadoras, no colaterales, emitidas tras el fin de la Guerra de Secesión. Ello era insustentable para los escépticos, aunque les adornaran valores nacionales como los enunciados en las proclamas de un gobierno federal unido y con el liderazgo sobre toda la inmensidad de nuestro país.
Eran los norteños, vencedores contra los restos calcinados de la entente sureña, herida y destrozada por una guerra atroz. La Unión, en una ilusoria realidad retroactiva hasta el día anterior en que se inició la conflagración secesionista; volvía a sus causes como el definitivo Gobierno Federal de los Estados Unidos de América; ya afianzado tras una guerra civil indeseada y ahora, nuevamente, conducido por el poder central de aquello que dejó de ser “la Unión”, retornando a su cause lógico.
El país entero, sin desmembramientos, retornaba de la sacudida provocada por la guerra; renqueando cojeras, heridas, cóleras y los dolores propios del conflicto fraticida desolador. Y lo más ansiado en el futuro mediato, ser una unidad integral aunque todavía no monolítica. Porque durante la etapa de la pos guerra, la conducción de los estados sureños bajo un control compasivo del Norte hacia el antaño enemigo, había extenuado sus valores.
Valga que aquella parte de los estados sureños, aun con fuertes delirios revanchistas (que por suerte, nunca se materializaron); ya habían arribado hasta un punto de tolerancia mutua, puesto que moralmente eran indefendibles con argumentos ya quebrados y con las tropas federales de ocupación acampadas todavía en varios de sus territorios.
Grant: “Primero legitimar al presidente Rutherford B. Hayes y después, la retirada de las tropas
Por otra parte, en el sentir del Presidente de los Estados Unidos en funciones, Lt. Gral. Ulysses S. Grant, el costo del mantenimiento de las tropas se hacia insostenible para el gobierno federal y los propios de los estados, enfrascados aun en rehacer sus patrimonios. Dado que además esas tropas, eran requeridas para asegurar y proteger la expansión hacia el oeste y sudoeste, mientras se mantenía vigilante al sur. De igual modo, se trataba de solidificar las relaciones con la población local dentro de un marco apropiado, que insinuaba amenazas con desatar conatos de inconformidades.
También era ostensible que en el espíritu del presidente Grant, su equipo de gobierno y el partido republicano, urgía una solución negociada entre las partes, pero ahora entre norteamericanos, no sureños y norteños sin importar la latitud y longitud de sus capitales respectivas.
Todo el cúmulo de problemas, fue conformando aquello que posterior a la inmersión de vencedores y vencidos en la tina de los reclamos, casi hasta tocar fondo; devino preludio mágico de los acuerdos a los que arribarían, por el llamado “The Compromise of 1877″  (Compromiso de 1877) (3). Un ente de acuerdos políticos puramente verbales, en cuyo pacto se establecieron de manera teórica los pasos a dar por el Partido Demócrata de los supremacistas sureños; influyentes en casi todos sus estados, aunque derrotados en las elecciones de 1876 por la irrupción del voto negro; inmediato que las tropas federales acantonadas en sus predios, abandonaran los asentamientos respectivos.
La cuestión de los negros flotaba sin mayor sustentación que los buenos deseos de los abolicionistas locales, que no eran muchos. Las tropas de la Unión, ya sólo vivaqueaban en Florida, Carolina del Sur y Louisiana, aunque ya en proceso de retirada. Si bien las denominadas “Leyes o Códigos Negros” (1800-1866), sostenidas aún de trasmano por un número apreciable de los terratenientes; todavía en poder de la tierra; no era menos cierto que las Décimotercera, Décimocuarta y Décimoquinta Enmiendas ratificadas en 1865, 1868 y 1870, respectivamente; o sea emitidas entre 1865-1870, ofrecían una sombrilla protectora incipiente a la recién emancipada población negra, repleta ahora de libertades, derechos de hacer y deshacer, movimiento y oportunidades ilimitadas para hacer negocios, tal y como les viniera en ganas dentro del marco de las leyes, la moral y la decencia.
Tanto los sureños como los norteños blancos, coincidía en que los millones de negros emancipados, no disponían del background que deja la experiencia civilizada ejercitada por siglos; ni la voluntad de entender la verdadera magnitud significativa del ser ciudadano con derecho al voto (un acto desconocido para los emancipados), moverse y estrenarse como otros ciudadanos más; por el simple hecho de disfrutar de la libertad con la cual fueron equiparados, a sus antiguos amos esclavistas.
Aunque nunca fue considerado así, ciertos sectores de la capa femenina blanca sureña, en un reflejo humanista casi igual al de las norteñas –en especial las mujeres de profunda religiosidad–; estimaban de buena fe y con misericordia extrema de acuerdo a las Escrituras; que el debut de los emancipados en el concierto de las personas libres; vivir en sociedad; alejados de la seguridad relativa del paternalismo de los antiguos amos blancos, les crearían y acarrearía confusiones extremas.
Sucede que este punto de vista, piadoso pero no práctico, no contó con los viejos sentidos ancestrales individuales de la libertad inherentes al bicho humano y su poder de adaptación al nuevo hábitat, porque también dominaban el idioma, cualquiera que fuera su entorno.
Ciertos acuerdos fueron concertados finalmente entre el gobierno federal y las distintas representaciones de los gobiernos estatales. Estos acuerdos preveían, entre otros, el retiro de las fuerzas federales, incluir un sureño como miembro activo en el gabinete de Hayes, la construcción de un ferrocarril transoceánico que partiendo de Texas llegara al Pacífico, con vistas al comercio de sus productos con el lejano Oriente y sentar las bases de la industrialización del sur.
Lo del ferrocarril, nunca se materializó. Y esta última, la industrialización, ensamblando a paso lento con la mentalidad de los potentados ex esclavistas —ahora sin los fondos, para capitalizar en las aguas turbias de la pos guerra, engullidos estos por la guerra civil— y sin preparación cultural en los asuntos de los negocios vinculados a la industrialización. Algunas fuerzas salvaban el escollo, aquellos líderes cuyos negocios agrícolas o industriales estuvieron, más pegados física o colindantes con los estados industrializados del norte.
Controversia de las “Leyes de Jim Crow” con la “Ósmosis exgénita contractual
Se trataba de la pretendida y no menos deseada, que denominamos: ósmosis exgénita contractual. En realidad, los estados del sur inmersos en nostalgias deseaban retrotraer la Historia y volver a su antiguo status segregacionista y lo principal: aprendida la lección, constituir el denominado “Sur Sólido”, que conocimos underground hasta mediados del siglo XX (1954).
Resultaba también de vital importancia para los republicanos, el incluir la “no reacción disociadora y de filibusterismo” amenazada por los demócratas contra el candidato presidencial republicano electo en las anteriores elecciones de 1876, Rutherford B. Hayes, los cuales estaban inquietos en el litigio por 20 votos electorales confusos y que nadie sabía a donde habían ido a parar.
Luego, ambos partidos convinieron en que se proclamara a Hayes, como Presidente de los Estados Unidos de América, a cambió del retiro de las tropas federales de los tres territorios sureños restantes, entre otros acuerdos. En esencia, y bajo la martingala nacional de la pos guerra, los del sur ansiaban retornar a los gobiernos locales civiles y quitarse de encima la vigilancia del gobierno militar federal.
Esta especie de “Pacto entre Caballeros” (en realidad entre los líderes de los partidos Demócrata y Republicano) se concluyó a puertas cerradas, sin consultar, invocar o involucrar al Congreso; de cuyo evento (a saber) no existen documentos algunos que lo detallen; salvo lo conocido a través de las palabras de honor empeñadas por ambas fuerzas, en no pelear nunca más utilizando la fuerza.
Tales pasos resultaron cómodos a los demócratas, de manera que el control de cada estado pasara de inmediato a manos de sus líderes y fuerzas políticas “demócratas” (redeemers) o bourbon democrats (4) y a aquellos republicanos, con suficiente fuerza electoral.
Una de las consecuencias inmediatas resultó en la apertura a las fuerzas intolerantes, en algunos casos, ansiosas de reinstalar las denominadas “leyes de Jim Crow(5) u otras camufladas, las cuales se afianzaron entre 1876 y 1965; pero irremediablemente tardías para el daño causado, fueron desmanteladas a posteriori con la promulgación de la Ley de los Derechos Civiles en 1964 y la Ley de Derecho al Voto en 1965. Recordar que en algunos estados, hasta 1965, los negros no tenían derecho al voto directo o lo poseían de manera parcial.
Los demócratas, se mostraban ansiosos de tomar nuevamente las riendas de los poderes estatales, en busca de reedificar su supremacía económica y política anterior a la derrota. Claro, que con las uñas limadas por las Enmiendas en cuestión. De manera sistemática, cada estado sureño inició el repunte de su economía y con ello, bordeando las leyes aperturistas de los derechos civiles producto de la guerra civil, promulgando las de su cosecha propia.
El propósito abierto de algunos, era en beneficio del aumento de sus prerrogativas y resentimientos contra los estados de la fenecida Unión y sus aliados durante la guerra civil. Con el “Compromiso of 1877”, se finalizó la era de bonanza y respiro de los aires de libertad y dignidad, conocida como “The Reconstruction” (La Reconstrucción), desarrollada por el gobierno de la Unión, entre 1863-1877.
Es tener en cuenta que desde 1875, el Congreso de los Estados Unidos, había aprobado la “Ley de los Derechos Civiles”, la cual fue refrendada por todos los estados. Aunque más tarde, buena parte de estos logros fueron desmontados subrepticiamente a partir del fin de “La Reconstrucción” y el retiro de las tropas.
El “Comité des Citoyens de New Orléans” y Plessy, un inconforme que encontró la horma de sus zapatos
En la realidad contractual, hasta inicios de la última década del siglo XIX, los negros y el resto de las minorías disfrutaron del placer de hacer lo legítimo que le viniera en ganas a cualquier hombre libre, cabal y decente. Corriendo 1890 todo cambió abruptamente para los negros, por la ya emitida Law 111, la denominada “Separate Car Act” o también “Law of Separate but equal“, por parte de la legislatura del estado de Louisiana, de obligatorio cumplimiento en todos los ferrocarriles de ese estado.
O sea la separación de los pasajeros de los ferrocarriles en blancos y negros (en realidad de los colored people, el melting pot de los “no-blancos” donde se incluían los negros, indios (nacionales y extranjeros), mestizos, asiáticos, medio orientales, etc. y el resto de las minorías no-blancas, o sea, cada uno de los dos grupos raciales serian puestos en sendos vagones separados, lo cual significó una brusquedad contra los derechos civiles.
Estos movimientos gubernamentales estremecieron a las minorías, de donde un grupo de notables criollos de New Orleans, entre los que se destacaban ciudadanos negros y de otras razas; de recursos y posiciones coincidentes; sintieron temores reales de las leyes caprichosas, mal pensadas y sin objetivos sociales y las que suponían haciendo fila en las gacetas oficiales. De este modo fundaron el denominado “Comitte to Test the Separate Car Act” (Comité para vigilar el “Acta de vagones separados”) creado para detectar los posibles atropellos causados por dicha Law 111. Según el “por cuanto” inicial, la ley rezaba en un tono literario de ironía abierta.

“Acta para promover la comodidad de los pasajeros en los ferrocarriles de Louisiana”

Este documento y sus 13 fatídicas palabras, fueron el inicio. Recordar que durante toda la historia del sur de los Estados Unidos, un sinnúmero de blancos pobres (ejemplo, los crackers de la Florida, Louisiana y otros estados, los cuales sobrevivían enterrados en los bosques y pantanos), estaban excluidos y marginados de los beneficios de la ciudadanía; no tenían derecho al voto, a ser elegidos como jurados, puestos públicos, etc. y permanecían casi desprotegidos por los tribunales. La Law 111  fue el motivo principal de la gestión del Comité des Citoyens de New Orléans, sin que fuera la causa principal del conflicto, aunque resultó su detonante.
Homer Adolph Plessy, un artesano local manufacturero de zapatos finos y de ascendencia afrofrancesa no parecía estar muy alejado —y así quizás lo presentía— de que los inicios de ese verano de 1892; no entrarían como los anteriores y que tampoco les serían buenos y sustanciosos a él, ni al resto de los ciudadanos norteamericanos preocupados por las nuevas circunstancias prevalecientes a raíz de la ley sorpresiva, Law 111, emanada desde la legislatura estatal. Porque ya las otras minorías y los negros se sentían renqueando cojeras espirituales y decepcionantes al ver sus derechos civiles, evidente, violados de manera consuetudinaria.
Plessy, a causa de la situación racial imperante en New Orleans, se sentía moralmente y de hecho; atropellado en sus derechos civiles, como el resto de los ciudadanos clasificados como “negros” y también por ser un activista de los derechos civiles y escolares. Tales derechos fueron difumados silenciosamente, aunque en el papel estaban garantizados por las XIII, XIV y XV Enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos vigentes antes de 1890.
Lo curioso es que este ciudadano “negro”, no lo era tal ni parecido como se concibe. Sino que se trataba de un individuo alto y distinguido, percibido por cualquiera de su tiempo como blanco por sus rasgos; pero que sus coetáneos conocidos lo estimaban (o él se declaraba per se) de la raza “negra” en base de una medida racial “científica” de la época, además de idiota.
La cosa era que tener en la masa sanguínea un octavo o más de ascendencia negra, era condición sine qua non para ser considerado como afroamericano, indoamericano, sinoamericano, nipoamericano, etc. En su caso él , Plessy, era clasificado como ” 7/8 blanco” o sea, de los denominados octoroon, de acuerdo a la terminología “científica de las razas” (muy impregnada del darwinismo) empleada en esa época.
Homer, en unión de otros negros dispuestos a pelear por los derechos obtenidos desde el final de la guerra civil; especialmente los estipulados en la Décimotercera y Décimocuarta Enmiendas, fueron seleccionados por el Comité des Citoyens de New Orléans para montar una provocación contra las autoridades de New Orleans, con vistas a tener (apelación tras apelación) acceso a la Corte Suprema de los Estados Unidos, donde se batirían por anular todas las “Leyes de Jim Crow” existentes y en especial, aquellas que pecaran de inconstitucionales.
Se refería a una acción de protesta (desobediencia civil, la misma enarbolada por Henry David Thoreau y más tarde adoptada en su activismo por los derechos civiles por Martin Luther King Jr.) coordinada por este Comité a los fines de llamar la atención sobre el alcance tremendo, deteriorante de los derechos civiles, pero sin otras connotaciones de rebelión o uso de la fuerza. Sucede que desde cada rincón, asomaban orejas las denominadas y conocidísimas “Leyes de Jim Crow“, temidas aunque lo fueran de jure no de facto y que apuntalaban presagiosas la segregación racial.
En buena lid, cualquier otro grupo de ciudadanos sujeto a tales tensiones, habría obrado defensivamente de forma igual, por supuesto dejando claro que utilizarían medios pacíficos. Ello asevera que el posterior “caso Plessy vs Ferguson“, histórico, no fue obra de la casualidad.
Se intuía, de seguro, que eventos violentos de igual tipo sucederían en cualquier momento; los cuales no se podrían controlar si detonaba un conato de violencia impremeditada, tal como los organizadores del evento tenían previsto y así ir acumulando pruebas.
A tales fines, dicho Comité hizo colectas y recaudaron $1412 (al cambio actual, suponen unos $33,716). Se localizó a uno de los abogados notables en la defensa de otras personas discriminadas, el republicano radical y neoyorquino Dr. Albion W. Tourgée, para que se encargara del caso. Sin embargo este jurista asumiría la responsabilidad más tarde, gratis (o, pro bono). Del mismo modo dicho Comité alquiló los servicios de un detective privado, Chris C. Cain, el cual efectuaría la detención simbólica de Plessy en plena vía pública y así comenzar a matizar de veracidad el show.
Todo ello, impulsó la acción con el propósito de llamar la atención acerca de esas leyes injustas, en especial la Law 111 o “Law of Separate but equal” la cual per se detonó la problemática. El Comité pretendía lograr su derogación en los tribunales, por su estimada inconstitucionalidad y racismo; exacerbadas injustamente con el fallo negativo contra el caso Plessy estaría destinado a jugar un papel fundamental, indirectamente, en la solidificación del que después fueron el conjunto de leyes estatales que vigorizaron y establecieron, ipso facto, la legalización de la “segregación racial”.
El candidato a prisión estaba instruido de ejecutar cuatro tareas: comprar el boleto, subirse en el vagón de los blancos y sentarse, anunciar a viva voz su raza en el vagón y dejarse prender y presentado ante el juez, por manos de la “policía amiga”: representada en la figura de Chris C. Cain.
¡Coño, dije que soy un octonoon…, un carajo de negro!
Esa tarde del 7 de junio , 1892, Plessy se arregló el cabello y se afeitó en la barbería cercana y después, ya en su habitación, se acicaló meticulosamente con lo mejor de su ropero dominical, joyas, afeites y perfumes; algunos facilitados en préstamo (o alquilados en Paw Shops) por el Comité, ante la mirada atónita de su esposa, Louise Bordenanve.  Homer, se vistió con ropa interior de hilo y camiseta “PR” de mangas cortas (las de tres ojales al frente) y le montó su ristra de botones de oro 24k (romboides), con sus iniciales grabadas en relieve.
La camisa de seda con mangas y yugos del mismo metal, de color purpura brillante al tornasol morado (el color punzó, que tanto gustaba a los “negros curros” cubanos) y se adornó con la inevitable cadena gruesa y crucifijo de oro con brillantes colgados por fuera de la camisa, igual que la leontina del chaleco. El traje blanco de fino “dril 100” cerrado al frente con pañuelo de igual color al de la camisa y botines de tacón alto con broches en los costados. Por haberlos elaborado por el mismo, como zapatero, su mayor orgullo.
La estampa, cerraba con un ‘jipijapa” semiduro de ala ancha, de los tejidos por las ecuatorianas debajo del agua. La cuestión se basaba en inspirar respeto e impresionar a los espectadores, para que no olvidaran el hecho. Cuando se miró de cuerpo entero en el espejo, exclamó:

Negrón, estás “pasa’o’e’rosca” —le dijo a su imagen, burlón, con voz fuerte; porque su figura de seis pies dos pulgadas, le daba un porte impresionante. Louise, lo miró con la boca abierta y pensó: “¿En verdad, será éste mi marido?”.

Pero no, lo de “negro” era lo que menos le pegaba; porque Plessy era una especie de “jaba’o blanconazo” (en la jerga inglesa, “light-skinned colored people“) con un fuerte componente de francés blanco, perfectamente confundible con un comerciante o terrateniente adinerado de paso por la ciudad. Las instrucciones que recibió como parte del programa que el Comité solicitó de Homer Adolph Plessy, éste las cumplió al pie de la letra. Avanzaba, como un optimista loa “El elogio de la tristeza“, hacia la boca augusta y pletórico de esperanzas.
Exacto, y precisamente por esas razones fue el elegido por el Comité para ejecutar la acción; algo vedado a los afroamericanos si intentaban siquiera pasar a la zona de los blancos en la estación o apeadero elegido. A él no. A él, no habría quien lo parara y bajara del tren. Y Plessy se sintió en verdad como un potentado y también fue escogido porque no tenia hijos, dado que existía peligro potencial de muerte a manos de algún exaltado.
Después, Homer tomó uno de los “Coches de Rúa” aparcados alrededor de la Fuente de la India y ordenó al cochero que lo condujera a la Estación Terminal del Ferrocarril del Este. Allí, compró un boleto de primera clase hacia Covintong (hoy una ciudad pujante) para los vagones reservados a los ciudadanos blancos, subió al vagón y se sentó orondo en uno de los cómodos asientos.
Entonces fue que se regodeó a sus anchas. La cosa comenzó, de acuerdo al guión, en el momento en que se le acercó el conductor para poncharle el boleto. Entonces, todo se volvió color de hormiga. Homer escuchó las lejanas cortesías intercambiadas entre el conductor y los pasajeros, cada vez que éstos entregaban sus boletos y les eran devueltos por el empleado.

Buenas tardes señor —le dijo el conductor a Plessy, en tono amable, quien lo miró fijamente y le entregó el boleto. El empleado ponchó el cartoncillo y se lo devolvió. El hombre miró a Plessy, un pasajero no habitual, y le sonrió.
Gracias señor, es usted muy amable y que pase una muy buena….
—¿Sabe usted, mi señor conductor —le interrumpió Plessy en un tono serio—, que ni son ni serán buenas las tardes ni las noches que pasaré?
Disculpe, señor, pero no entendí muy bien.
Pues es exactamente así como lo oyó. ¿Y sabe usted porque? —le inquirió Plessy .
No, señor, ni me imagino y lo lamento —contestó el conductor, ahora más confundido.
Plessy le hizo conductor un gesto con el índice para que se le acercara. Y el hombre se inclinó ligeramente sobre él. Entonces, le susurró para que nadie más escuchara.
Porque yo soy un “octonoon”, sí, un “octonoon de mierda”, legítimo y además, perfecto —dijo Plessy.
—¿Un que?, y usted me dispensa, señor —atinó a balbucear el empleado, sin atenerse a entender aquella situación.
—¡Coño, dije que soy un “octonoon” o sea, un tipo que es solamente siete octavos de blanco…, o sea, un carajo de negro. Mire mi pasión! —gritó Plessy y se quitó el sombrero, mostrando el pelo hirsuto, para que todos le vieran y escucharan—. Y yo no creo en eso de vagones separados para blancos y negros. Yo pagué por mi boleto con el mismo dinero que pagan los blancos y me siento aquí por mis reales coj

De inmediato, el resto de los pasajeros se viró hacia el hombre alto, apuesto y vestido con elegancia relativa; a quien unos minutos antes vieron entrar al vagón y acomodarse, ahora sentado en el mismo medio del vagón. Todos, sin excepción, reflejaron en su rostro la sorpresa que quizás jamás habían experimentado en su vida. Un par de niños en el otro extremo del vagón rieron de lo que estimaban una broma, mientras las damas candorosas les tapaban lo oídos.

Señor, me desanima su actitud. Usted no puede, usted no debe hacer eso ni expresarse así, es contra la ley. Y usted debe cambiarse de vagón, por favor.
—Yo no tengo nada que hacer allá y aquí, me quedo —respodió Plessy, desafiante.

El conductor, aterrado dio media vuelta en busca de su supervisor. Al retornar con su jefe, ya con más confianza y aplomo en sí mismo; también porque le acompañaba otro hombre fornido que se le apareció de la nada: el detective privado “amigo” Chris C. Cain. Plessy fue sacado de la estación, a regañadientes y en la vía pública, detenido, esposado y conducido hasta cárcel de la St. Tammany Parish (Paroisse de Saint-Tammany), donde quedó encarcelado. Al día siguiente, salió libre después de pagar (el Comité) una fianza de $500.
Como era de esperar, Homer Adolph Plessy compareció un mes después ante el juez John Howard Ferguson en la “New Orleans Parish Criminal Court”. Ya frente al juez Ferguson, Plessy se quejó de que el estado de Louisiana había violado sus derechos amparados en la Décimotercera y Décimocuarta Enmiendas.
Ferguson estimó que el estado de Louisiana estaba en el derecho de dictar ordenanzas a los ferrocarriles que operaran dentro del estado de Louisiana y que dicha enmienda sólo era válida en asuntos gubernamentales, no entre particulares. Fue multado en $25 por infringir la ley.
Homer Plessy se negó a pagar la multa y en unión de sus abogados, apeló a la Corte Suprema de Louisiana, la cual también le denegó la demanda y desestimó el caso por “no ha lugar”, solidarizándose con el dictamen del juez Ferguson.
Como el hecho no resultó de un “arresto por vagancia”, Plessy tuvo el derecho de apelar a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Los abogados de Homer A. Plessy prepararon sendos recursos de apelación en nombre de Plessy, uno firmado por Albion W. Tourgée y James C. Walker y el otro por Samuel F. Phillips y su socio legal F. D. McKenney.
El 13 de abril de 1896, transcurridos cuatro años, la demanda fue presentada en la Corte Fuller (entonces presidida por el magistrado Melville Fuller) y escuchada por dicho tribunal. El 18 de mayo de 1896 esa instancia emitió su decisión, rechazando la queja por motivos iguales de “no ha lugar por carecer de fundamento”, derrotada por una votación de 7 a 1.
El voto en contra fue del magistrado John Marshall Harlan, curiosamente, antiguo propietario de esclavos pero crítico del Ku Klux Klan. En el documento del veredicto mayoritario y sus razones, el magistrado Henry Billings Brown, designado speaker, lo redactó interpretando las opiniones de sus colegas, donde los jueces alegaron que:

La Décimo Cuarta Enmienda, nunca pretendió hacer cumplir la igualdad social. Consideramos la falacia subyacente del argumento del demandante que consiste en la asunción de que la separación forzosa de las dos razas marca a la raza de color con un distintivo de inferioridad. Si fuese así, no sería por culpa de nada (intencional u ofensivo) que hubiese en el acto (de la discriminación por razas) , sino sólo porque la raza de color elige imponer esa connotación sobre sí.

La Corte consideró que no existían diferencias entre los vagones asignados a cada raza y por lo tanto,”no había lugar para acoger favorablemente la petición de violación de la XIV Enmienda” y por lo tanto: la Corte Suprema coincidía con los veredictos de las cortes inferiores. Sin embargo, existían diferencias marcadas, en algunos casos notables, de la calidad en el resto de los servicios públicos como bebederos, baños, urinarios, parques, bibliotecas, escuelas y otros.
Pero estos colaterales no eran el motivo de la queja. Por primera vez, la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, advertía a todo el país que la “segregación por causa de la raza, con igualdad de derechos, estaba legalizada por la ley. Entonces devino el desastre nacional para los negros y el resto de las minorías.
De igual modo devino golpe devastador sentimental para los historiadores anti segregacionistas románticos (contemporáneos), entender que el caso de Homer Adolph Plessy en su litigio iniciado en 1892 por un oscuro ciudadano en una corte desteñida en lo más recóndito del corazón del sur; contra el estado de Louisiana; resultó de la fabricación de un caso artificial articulado como estrategia defensiva de sus derechos, por el Comité des Citoyens de New Orléans.
Este Comité
, provenía del antiguo Free People of Color of New Orleans, modificado. O sea, se preparó un guión de lo que “se quería que sucediera de manera forzada”, a fin de contar con un leitmotiv (un estímulo reiterante como en las obras teatrales de Ionescu y Beckett, la reducción al absurdo) y así fundamentar una demanda sólida y real contra las injustas leyes segregacionistas existentes.
Con frecuencia casi religiosa, la historología contemporánea presentada el caso envuelto con el halo romántico de un David èpico (Homer Adolph Plessy), enfrentándose a un Goliat perverso (la burocracia del gobierno de Louisiana y los ferrocarriles, que con certeza se comportaban como tales); cuya respuesta ante las quejas del ciudadano, fue pisarlo inmisericorde tal si fuera un bicharraco.
Sin embargo bajo un análisis crítico, los estudiosos y expertos en la idiosincrasia y espíritu de las leyes; atenidos estrictamente a los hechos y alejados de partidismos y sectarismos raciales, políticos o religiosos; lo consideran fríamente como una provocación deliberada (en esencia una conspiración) articulada por un grupo de ciudadanos privados de New Orleans, los cuales estaban tan enfurecidos como temerosos, de las leyes injustas vigentes y de las que inexorablemente estimaban, se les vendrían encima, todas inhumanas y reprobables.
En la realidad objetiva, el caso promovido por Homer Adolph Plessy contra el estado de Louisiana, resultó un fracaso total desde el punto vista jurídico (no por contenido sino por chocar con los intereses creados) y sus consecuencias segregacionistas fueron endurecidas no solamente a los ferrocarriles, sino extendidas al ámbito social y cultural, nacionalmente.
Ese día nefasto, América se enteró de que las “actividades relacionadas con la segregación racial no eran objetables, dado que estaban legalizadas por la Corte Suprema de los Estados Unidos, a partir del 18 de mayo de 1896.
No obstante el traspié eventual, con el acto de protesta promovido por Plessy; bajo la égida del Comité; entre otros efectos beneficiosos, se logró sacar del anonimato virtual al plano real y público, toda la urdimbre subyacente en las desigualdades ciudadanas. Se este modo, se preparaba así también el camino para desarrollar otras tácticas y estrategias, tal como hicieron ya en pleno siglo XX, Thurgood Marshall, Martin Luther King Jr. y otros activistas por los Derechos Civiles.
En este punto y decantados los líderes que auspiciaban abiertamente la confrontación con el status quo legal (gobierno y sus instituciones, incluyendo aquella parte de la sociedad de ideas diferentes a las de los abolicionistas) veríamos aflorar dos corrientes pacifistas, las cuales convergieron en un punto dilemático. Tales fueron específicamente las lideradas y esgrimidas como estrategias por Thurgood Marshall y Martin Luther King Jr.
El desenlace final de cada estrategia adoptadas respectivamente por estos líderes anti segregacionistas, tuvo sus frutos o fracasos definitivos a partir de segundo decenio del siglo XX próximo pasado. La una (de Thurgood Marshall), dirimida exitosa en la apacible santidad de las cortes; mientras que la otra (de Martin Luther King Jr. y otros líderes de ideas coincidentes) se ventiló entre luctuosidades encrespadas y en medio de las siempre infaustas trifulcas callejeras.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)     Sherman, en su ofensiva capturó y atravesó Atlanta. El episodio fue motivo del film “Gone with the wind” (Lo que el viento se llevó), basado en la novela homónima de Margaret Mitchell, dirigida por Victor Flemming (1939) protagonizado por Clark Gables y Vivian Leigh.
(2) La frase “Destino Manifiesto” apareció por primera vez en un artículo que escribió el periodista John L. O’Sullivan, para la United States Magazine and Democratic Review de Nueva York, en su numero de July/August 1845. En su artículo, O’Sullivan explicaba las razones de la necesaria expansión territorial de los Estados Unidos (por destino manifiesto y mandato de Dios) y apoyaba la anexión de Texas y Oregon, una política expansionista a la cual se opusieron Henry Clay, Daniel Webster, and Abraham Lincoln (wik) .
(3)    También fue conocido como “Corrupt Bargain“. No tienen por qué ser vinculado al “Compromise of 1850“, un intrincado despliegue de acuerdos relacionados con la “operación y gobernabilidad” de los nuevos territorios ganados (California, Texas y Nuevo México) tras la guerra con México, límites de los nuevos estados, la esclavitud (Compromise of Misuri de 1820), etc.
(4)    Los bourbon democrat, (demócratas bourbones) fueron moteados así, pues era la fracción revanchista asociada al espíritu de retorno de la dinastía de los Bourbon franceses, que fueron defenestrados por la Revolución Francesa y que no pudieron retornar al poder hasta que se produjo la Restauración de 1815.
(5)   Las denominadas “Leyes de Jim Crow” son apócrifas y nunca existieron como tales, dado que el término (despectivo) fue utilizado como mote a toda ley estimada segregacionista. El mismo, fue extraído de un personaje de la comedia bufa “Jump, Jump Jim Crow” creado por un artista blanco, Thomas D. Rice (disfrazado de negro en la obra), con la intención de ridiculizar el populismo atribuido al presidente Gral. Andrew “Old Hickory” Jackson. De este personaje, se tomó también el nombre para así designar los antiguos “códigos negros” de 1800 a 1865, incluyendo las legislaciones de jure (de derecho) semejantes del tipo Law 111, y las ulteriores, consideradas segregacionistas, emitidas por los estados a partir del cese de la “La Reconstrucción” o sea, entre el 1876 y el 1965, contemporáneo.

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…Thurgood Marshall vs. Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil? VIII/VIII ***.***


Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?
III/III
Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
SÍNTESIS
 Un día aciago en Cortes
A pesar de la tensión percibida en el ambiente del Mall y sus espacios circundantes, todos sembrados de parques, estatuas, monumentos e infinidad de edificios gubernamentales —la mayoría de estilo clasico, greco romano—; desde las primeras horas de esa mañana de mayo de 1954 todo indicaba que el viento acaracolado, persistente hasta la molestia, sólo traería sobre Washington, la capital, las amenazas de esas lluvias matutinas habituales, siempre fuertes, vertidas a media mañana primaveral sobre la ciudad.
También, otros centenares de personas de edades, etnias y sexos diversos; hacían la fila frente al portón de acceso al edificio de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. Al fondo y frente al Capitolio, en la 1 First Street NE, otros cientos esperaban desparramados a la vera de la edificación, donde yacía la imponecia de las Cortes.
Al resto de los otros millones de ciudadanos de denominaciones religiosas y preferencias políticas varias, expectantes en cada rincón de los Estados Unidos, permanecían clavados frente a los televisores y radios. Una quietud alentadora era el dique de contención de la ansiedad que les colmaba como ciudadanos, hasta el momento en que la “Corte Warren” diera por terminada su sesión y cerrara puertas tras emitir el veredicto final.
Allí en ese edificio de piedras y mármoles, era donde desde 1935 se dilucidaban las cuestiones inherentes a la Justicia. Ellos esperaban que para entonces ya sabrían el desenlace de la “cosa suya” que también era de otros iguales, dejada en manos de los altos jueces y cuál fue el resultado de su queja ante las autoridades.
Todos estaban decididos a no abandonar el lugar, y menos esta vez, sin antes conocer del veredicto ansiado. Porque todos ellos aguardaban como una sola pieza, que se declarara ilegal una ley que desde hacía más de medio siglo, sirvió muy bien a una parte de norteamericanos confundidos, para mantener aplastada a un sector sustancial de la sociedad estadounidense.
Dicha parte, integrada mayoritariamente por los negros, incluía también a los judíos, mestizos, indios (criollos o extranjeros) u otras minorías penantes. Todos, habían estado demasiado tiempo silenciosos, en espera de que la sociedad norteamericana entera, recapacitara por un equívoco ya insostenible.
Porque ya habían transcurrido 57 largos años desde el fallo histórico (1896) en que la Corte Suprema de los Estados Unidos —la “Corte Warren”, entonces en funciones—, dictaminó invalidada la queja interpuesta por el ciudadano Homer Adolph Plessy en el que se constituyó después como el “caso Plessy vs Ferguson”
La Corte emitió de manera tácita un rechazo a la petición, al declarar que la queja del demandante acerca de que sus derechos constitucionales amparados por la Enmienda XIV habían sido violados por la empresa de ferrocarriles de New Orleans, quedaba “sin lugar, por infundada“. De ahí, el tema álgido de la discriminación racial saltó a primer plano, a causa de las inter relaciones étnicas inevitables
Quizás, la multa más histórica en los Estados Unidos
Porque hay que recordar que este caso, arrastrado desde 1892; emergió a flote público cuando Homer Adolph Plessy; un ciudadano oriundo de New Orleans en Louisiana; fue multado en $25 (unos $825, al cambio actual) por “sentarse en el asiento que no debía”. Tal incidente, se debió a que que ese vagón de pasajeros, en específico, estaba reservado “only for white people no for colored“.
La situación se le agravó cuando Plessy se negó, en voz alta, a trasladarse hacia el otro vagón del ferrocarril que estaba destinado “only for colored people“.
Claro, el acta de la Law 111 emitida por el estado de Louisiana en que se validaba localmente la segregación en los medios de transporte, no especificaba la gama de colores que abarcaba esa denominación de colored people.
Aunque los negros  lo sabían, porque la cosa iba con ellos, principalmente. Los resultados inmediatos del rechazo del caso Plessy por la Corte Suprema cuajaron y se demoraron.
Porque ello posibilitó la apertura de las compuertas ansiadas por los segregacionistas. Estos, aplicando las más singulares artes mágicas del birlibirloque ilógico de los prejuicios; dispusieron en sus arsenales de una sólida fundamentación legal –al menos jurídicamente-, aunque inadmisible desde todos los puntos de vista morales, éticos y humanos.
Tales quehaceres se solidificaron para continuar desarrollando y consolidando, las ideas  oniristas y cataléptiaos a fin de retorcer y enfatizar la desigualdad racial, proscrita por la Constitución de los Estados Unidos.
El criterio de la Law 111, peregrina en todas sus costuras y remiendos; era defendida por ciertos sectores sureños; considerando éstos que la segregación racial era legal y un acto soberano de los estados. Luego, cada estado podría interpretar dicho fallo a su manera y conveniencia.
Por supuesto, arguyendo que todo era “en beneficio de los negros y otras minorías”, dado que de esta forma “se les protegería a estas de los posibles acosos, por parte de elementos recalcitrantes”. No es extrañar que este lapsus de tiempo preñado de penumbras, pudiera ser enmarcado dentro de aquel período que la Historia denominó una vez, “Oscurantismo Moderno”.
Porque eso, precisamente, fue lo ocurrido en nuestro país, desde el 18 de mayo de 1896 hasta el 17 de mayo de 1954. Todo porque en una mañana de mayo de 1896 ante la “Corte Fuller” sesionada en Washington (así definida por presidirla Melville Weston Fuller) el juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Henry Billings Brown (2) en calidad de vocero, dio lectura al discutido fallo por el que le asignó la plena razón a la Law 111 (de la Louisiana Railway Car Act) emitida por dicha compañía en ese estado, corriendo 1890. Esta ley también fue conocida por “Act of Separate but Equal” (Separados pero con igualdad), la cual entró en vigor ese mismo año.
Dicha ley se diseñó y aplicó primero a los medios de transporte y después, por ósmosis intencional, en la versión elaborada por cada estado pero aplicada al resto de las actividades sociales, religiosas, artísticas, laborales, educativas u otras, en función de aquellos sus promotores, estimaban sus intereses legítimos.
Y así, desde 1896 transcurrieron los años hasta arribar al quincuagésimocuarto aniversario en el año de 1954, desde la implantación de esa ley, que sirvió de plantilla para el resto de las “Jim Crow” segregacionistas a emitir por cada estado.  Ese día, un viejo luchador por los derechos constitucionales, se detuvo brevemente ante la escalinata de la Corte, para tomar un repiro.

“¡Á la merde!”, exclamó Thurgood, indignado 

Ahora, exactamente en este día primaveral y trascendente; el Dr. Thurgood Marshall (3), abogado y consejero principal de asuntos legales de la National Association for el Advancement of the Colored People NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color), promotora del caso; miró por encima de los aros gruesos de sus espejuelos, la cuesta empinada que tenía ante sí y que le conduciría a la Sala del Tribunal de la Corte Suprema, donde se dilucidaría aquel drama intenso.
Thurgood, tiempo después, seria escogido en 1967 por el Presidente Lyndon B. Johnson como miembro de esa misma Corte Suprema de los Estados Unidos. La cuestión consistía ahora, en 1954, que él era el abogado acusador contra el gobierno de los Estados Unidos; el cual de simple espectador ante la demanda contra Louisiana, al sancionarla, se convirtió en ejecutor.
Éste, había ocupado ese cargo en la NAACP desde 1938, en sustitución de su mentor el Dr. Charles Hamilton Houston.

“¡Á la merde!, ya me sé de memoria cuántos son los escalones —farfulló, repitiendo con voz queda, para darse ánimos.

Tal como rumió Rodrígo, el de Triana cuando Colón lo envió castigado a la Torre del Vigía en el Palo Mayor (el “carajo“), de la carabela “La Santa María”.

Thurgood, ya se conocía de memoria cada loza del camino a vencer con la mole de su cuerpo. Y sin pensarlo dos veces, echó a andar a zancadas subiendo cada peldaño, jadeando con el alma y también como le permitieron sus tendones. Thurgood ya frisaba los 46 años de edad y andaba por las nueve arrobas de peso.
Es que a las 10:00 de esa mañana, el Marshall de la Corte haría su llamado acostumbrado a los asistentes, de hecho y por derecho y de igual modo extendido a los curiosos hacinados en la sala y las galerías altas. Y él, era el único de los representantes de los quejosos, que no podía faltar al acto en la acera de los demandantes.
Se trataba de un juicio importante de apelación del cual los presentes en la sala y una multitud de ciudadanos dolientes en toda la nación, clamaban por el veredicto condenatorio de las leyes de segregación racial y su anulación inmediata, sobre aquel infundio que les trancaba la garganta desde hacía la friolera de 57 años.
Todos los espectadores en la sala se revolvían ansiosos, los unos por curiosidad y los más, repletos de esperanzas. Entonces, con la solemnidad acostumbrada, los 9 jueces integrantes de la “Corte Warren”, entraron ceremoniosos; enfundados en sus togas negras; lustrosas e impresionantes.
Resultaba curioso, porque ahora les tocó a estos magistrados oficiantes a mediados del siglo XX; decidir sobre los derechos civiles del color negro, luego también del carmelita, el amarillo y el resto de la tonalidades.
No se trataba de las briquetas de carbón, el papel carbón de copias, el negro humo o de la “tinta china”; sino; acerca de los derechos de los escolares norteamericanos, específicamente los de color negro; segregados en las escuelas públicas, en casi toda la nación norteamericana.
Los magistrados, dictarían por boca del presidente de la corte el veredicto final sobre la controvertida y sonada ley, que hasta los felinos del Camino de los Gatos sabían de sus urdimbres al detalle.
El meollo de la querella versaba sobre la queja interpuesta por un ciudadano, Oliver L. Brown (4) , contra la poderosa Junta Escolar del Distrito Condal de Topeka, Kansas. En esencia, a causa de la discriminación racial sufrida por su hija Linda al no permitírsele, como a otros niños, matricular en la escuela primaria para blancos, cercana a su vivienda.
En consecuencia, dicha junta estaba acusada en esta ocasión de cometer actos de segregación, congénitos en el profundo sur, en contra de escolares quienes no por casualidad, eran negros.
En esta apelación de Brown los abogados de los demandantes consolidaron bajo el mismo nombre, otros 4 casos de características similares, lo cual convirtió la demanda individual, en una querella colectiva que, de inmediato, cobró de mayor peso.
Marshall temió a Warren, a causa de un viejo fantasma japonés
Thurgood albergaba temores de que en la “Corte Warren”, al estar presidida por el juez Hon. Earl Warren; les fallara desfavorable a los demandantes sobre el caso Brown, como sucedió antaño con el de Plessy (en 1896). Aunque este magistrado era considerado un republicano liberal y que lo siguió siendo a las dos manos durante el resto de su actividad en la Corte Suprema; dado que dictaminó en casos muy álgidos sobre los cuales debió emitir su opinión, contra viento y marea. Sin embargo, de la volubilidad de Warren podía esperarse, como en todo lo que intervino, cualquier sorpresa.
El resquemor se basaba en una decisión judicial emitida por Warren en el pasado, cuando todavía fungía como Fiscal General de California (5), antes de ser elegido gobernador de ese estado y después, candidato en la boleta presidencial.
Pero esa mañana fue de sorpresas inigualables para el diligente Thurgood Marshall. América, amagaba en danzar con su alegría soberbia y modocita; sobre sus pies genuinos, no los de barro, como cuando el “asunto Plessy”.
Porque precisamente en ese día aciago para Thurgood, la Corte Suprema de los Estados Unidos debía emitir uno de los fallos de mayor trascendencia en la historia de los Derechos Civiles y Constitucionales de la nación norteamericana.
Quizás, considerado desde puntos de vista ético, decencia, moral y altos principios; los jueces también altos de la Corte Suprema fueron conducidos por Warren de manera magistral, hacia una decisión unánime que dejó en ascuas a los oponentes de la integración. Norteamérica se anotaría otro tanto, aunque fuera en contra de su propia imagen como nación poderosa, en ocasiones omnisciente.
Algo así, seria inimaginable en otras latitudes o sociedades de “different way of lifes“, y que además, sus enemigos envidiosos jamás la entenderían. Se trataba de la resolución acerca del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas(6).
Con este veredicto, de ser favorable a los quejosos, se enmendaría un abominable entuerto que nunca debió ocurrir: la promulgación de la Law 111 (Separate but Equal) emitida en 1890 por el estado de Louisiana, basada exclusivamente en un acta irracional emitida internamente por la Compañía de Ferrocarriles de Louisiana.
Esta ley fue legalizada en 1896, inexplicablemente, por la Corte Suprema de los Estados Unidos, al desestimar la apelación de amparo formulada por un zapatero casi olvidado, protagonista del “caso Plessy vs Ferguson” de 1896, pie de base del conflicto actual.
¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!, anunció el Marshall de la Corte
Thurgood había entrado a la Sala de la Corte y se sentó exhausto en el asiento reservado a los abogados actuantes. Sucedió en el mismo instante en que se escucharon los golpes del mazo del Secretario del Tribunal; anunciando a los presentes el ponerse de pie, en espera de la entrada inminente de los magistrados e instándolos a aguardar de pie hasta que éstos se sentaran. Entonces, se escuchó la voz fuerte del :

Los muy Honorables, el Presidente del Tribunal y los Magistrados de la Suprema de Corte de Justicia de los Estados Unidos. ¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!.

Todas las personas que tengan peticiones ante los Honorables Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, deben prestar atención, porque la Corte desde ahora está en sesión.

¡Que Dios salve a los Estados Unidos y a esta Honorable Corte!.

Los magistrados entraron lentamente y tomaron asiento. El Presidente de la Corte dio un golpe con su mazo y todo el público se sentó. La apertura de la sesión y la alocución a los peticionarios se realizaría de inmediato.
El Presidente de la Corte, el juez Earl Warren, fue hacia el estrado con paso lento, pero con la expresión de quien sabe exactamente el alcance del veredicto que portaba entre sus manos. Un enorme silencio se tendió sobre la sala, como si todos los sonidos y ruidos del mundo se hubiesen escapado a otro planeta. Ya en el podio, carraspeó, abrió una carpeta de piel negra y anunció:

“Decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos. ¿Justicia igualitaria conforme al derecho?. Daré a conocer el dictamen de la corte con respecto a la alegación de Brown contra la Junta Educativa (de Topeka).

Al abordar esta cuestión no podemos regresar al año 1868 cuando se promulgó la Décimocuarta Enmienda, ni al 1896 cuando se instruyó el caso Plessy contra Ferguson. Debemos observar la Instrucción Pública a la luz de su papel actual en la vida del país.

Y enfrentamos la pregunta, ¿puede la segregación en las escuelas públicas, basada meramente en la raza, a pesar de que las instalaciones sean iguales, privar a los niños de la minoría de oportunidades educativas igualitarias?.

Creemos, unánimemente, que sí. Concluimos, que en el área de la Educación Pública, la doctrina de separarlos por iguales, no tiene cabida. Por lo tanto, sostenemos, que se ha privado a los demandantes de la protección equitativa de las leyes garantizadas por la Décimocuarta Enmienda. Así se ordena.” (7)

Warren, dejó que se escucharan por última vez quejas sobre la segregación racial por motivos de la raza en las escuelas y volvió a golpear con el mazo, dando la sesión por concluida. América, resultó salvada nuevamente por sus jueces. El público, aplaudía delirante aquel fallo justo e irrevocable. Hubo una historia anterior a ese momento crucial.
El  antecedente del ciudadano Brown, contra la Junta Escolar de Topeka.
Este mandato de la Corte Suprema, posibilitó que la pequeña hija de Brown, Linda, pudiera matricularse en la escuela primaria de blancos; cercana a su hogar en el distrito de Topeka; en lugar de caminar solitaria bajo cualquier condición del tiempo, hasta su escuela primaria situada casi a una milla de su hogar.
Porque resultó fabuloso que, de golpe y porrazo, la “Corte Warren” revivió, de manera implícita, la Décimocuarta Enmienda y revitalizó la Décimotercera y de paso, consolidó la Décimoquinta; las cuales nunca fueron derogadas ni resucitadas oficialmente sino, simplemente resultaron freezing y olvidadas en un rincón.
Sin embargo, a pesar del intríngulis legal, este evento jurídico corrector resultó el remedio preciso que no dejó espacio a dubitaciones y que además; marcó un hito en la lucha por la dignificación de un sector de ciudadanos estadounidenses segregados del buen vivir en democracia.
Porque el intríngulis generado premeditadamente en 1896 y cuyos vértices exponenciales atacados durante decenas de años entre otras minorías relegadas; eran los negros y, como sucede en todas las razas, con su gama plena de tonalidades.
Como una consecuencia inevitable de este desastre social impuesto por la ceguera de unos jueces ofuscados de prejuicios, la segregación y los temores de su recrudecimiento ya abocados; hicieron que ya desde 1909 ciudadanos de diversas características étnicas y sociales como negros, hispanos, judíos, asiáticos y de otras nacionalidades; se conformaran bajo la sombrilla de la nobel NAACP, recién fundada.
Esta asociación, popularizada como “The Call” (La llamada), estuvo antecedida por el “Comité Nacional Negro” o el original “Niagara Movement“. Lo sorprendente y novedoso de esta asociación, es que se conformó integrando en su membresía a otros grupos étnicos, no negros.
Luego resaltó que con este modo de actuar gregario, la NAACP daba muestras de cómo el país norteamericano debería conformarse, sin la existencia de exclusiones ofensivas. Es decir, que la NAACP, era la auspiciadora y promotora; entre otros muchos cientos desde su fundación, del “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
El evento judicial del 17 de mayo de 1954 por su parte, emanado como dictado inapelable de la Corte Suprema; fungió en calidad de elemento restaurador de las leyes originales, las denominadas XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales.
Estas modalidades, fueron diseñadas y puestas en vigor, a raíz de concluir del conflicto (muy cruento) entre las fuerzas de la Unión (el Norte) y las de los Confederados (el Sur). Ambos criterios de gobernabilidad, estuvieron enfrentados militarmente durante largos y penosos años (1861-1865).
En primera instancia, se trataba atajar el cisma provocado por la disidencia de los estados separatistas del sur; lo cual se logró al final; momento en que el presidente Abraham Lincoln incorporó estratégicamente el tema álgido en extremo, concerniente a la abolición de la esclavitud.
Con ello se posibilitó con posterioridad, que la Unión ya victoriosa, adhiriera a la Constitución norteamericana las mencionadas enmiendas a los fines de proteger los derechos y libertades adquiridas por los antiguos esclavos, principalmente.
Por imbricación lógica, el resto de la nación pudo respirar a pulmón pleno, dado que esas leyes eran aplicables a todos los ciudadanos, sin distinción de razas, fueros ni privilegios. Un conjunto posible, tras la victoria del ideario abolicionista de los estados norteños integrantes de la Unión, sobre el capricho esclavista enarbolado por los estados sureños, adheridos a la nombrada Confederación.
El fallo reparador emitido por la Corte Suprema de Justicia, pasó a los anales de la judicatura norteamericana con el nombre del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
Por el mismo, los ciudadanos quejosos como Brown contra el status quo segregacionista implantado legalmente desde 1896, emanado a su vez del dictamen de la Corte Suprema entonces actuante, consiguieron ser escuchados con éxito.
Un “no ha lugar” que perduró 57 años
Una ley injusta, la Law 111, (en realidad, formó parte de un conjunto de leyes, por lo general agrupadas bajo el, nominativo de “leyes de Jim Crow” y disposiciones locales promulgadas por los estados), emitida por el entonces gobierno estatal de Louisiana; y después imitadas por otros estados, saltando sobre las Enmiendas Constitucionales; provocó a mediados del siglo XX la queja de un ciudadano negro, el cual emplazó al estado de Kansas con su apelación contra el viejo fallo judicial, “Plessy vs Ferguson”. El mismo caso de Rosa Parks (8) cuando la crisis de los autobuses, a mediados del siglo XX.
La apelación de Plessy ante la Corte Suprema Distrital de New Orleans y posteriormente en 1896, ante la Corte Suprema de Apelaciones de los Estados Unidos, fue declarado “sin lugar” en ambas instancias, de donde la Law 111 cobró valor. Este caso devino en consecuencia desastrosa para toda la estructura legal de la “Ley de los Derechos Civiles”, emitida por el gobierno republicano en 1875.
En modo alguno, el proceso incoado por el Comité de notables de New Orleans; que guió el “caso de Plessy vs Ferguson” en New Orleans, aunque derrotado en cortes; no lo fue por negligencias sino, por imponderar que el ambiente hostil del sur estaba impregnado de un apasionamiento fuera de la lógica justiciera y de imparcialidad, que debió primar en la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.
Esta institución, a la que suponía alejada de la influencia sureña, o de cualquier otra, se dejó arrastrar inexplicablemente por su falta de ética profesional y humanística hacia un abismo legal, luego, fue esta corte la que le falló al pueblo norteamericano.
Entonces, la Law 111 fue el punto de apoyo de los segregacionistas, quienes campearon por sus respetos durante los siguientes cincuenta y siete años, hasta que el fallo dictado por la Corte Suprema el 17 de mayo de 1954, en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, rectificaría todo lo que jorobó y amargó a los negros, otras minorías y a la vergüenza nacional de los Estados Unidos.
En este veredicto trascendental se declaraba que:

“La segregación racial en el campo de la enseñanza (de donde provenía la queja), era ilegal y estaba proscrita desde ese momento por las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual será extendible a posteriori, hasta cualquier sitio y actividad pública“.

Esta victoria posibilitó, aunque ahora a la inversa y en revancha, que los anti segregacionistas tomaran el fallo como catapulta, para irle encima a los promotores de la segregación, pero ahora a marcha forzada en todo el ámbito nacional, a fin de ecualizar el error judicial.
Se determinó “campo”, dado que en lo que a esta resolución refería, era al “campo educacional” en específico y no, al resto de las otras esferas sociales del país y cualquier otra actividad. Estas eran semejantes a las de aquellos estados que se encontraban atorados con tales problema, tal como sería alcanzado posteriormente y de manera paulatina, con un tono bastante pacífico (con algunas excepciones), utilizando al descubierto los recursos propios de la leyes norteamericanas.
Se había alcanzado la victoria jurídica, pero de igual modo; se iniciaba otra etapa cuesta arriba para lograr la implantación y reglamentación igualitaria de todas las actividades en el ámbito nacional.
Restaba lo más importante y de sensibilidad extrema en una nación que había hecho su historia peleando por las causas justas –en especial por otros pueblos oprimidos o en vías de serlo, lo que así se logró–, que la ciudadanía entera comprendiera que tenía por delante el abordar un camino álgido.
El dilema
Alcanzado este punto, ante todos los activista que se esforzaron en lograr la anulación de las leyes segregacionistas, se les presentó el dilema de decidir en qué forma desarrollarían su futura lucha por extender a toda la nación los beneficios del veredicto final de la Corte Suprema, al abolir la segregación en las escuelas. Porque ya se había arribado exitosamente a un punto de inflexión, que inclinaba a escoger entre la estrategia legal absolutamente pacifista de Thurgood Marshall, acudiendo a “la fuerza de las leyes vigentes” y por otra parte entre lo opuesto y tangencial, “la fuerza de la desobediencia civil pro activa“, sustentada por Martin Luther King Jr.
Sin embargo, no resultaba saludable olvidar las otras corrientes minoritarias (los furiosos) capitaneados por Malcom X , Farrakhan y otros, vinculados al Islam, comunistas, fundamentalistas negros, y en ocasiones (no clarificadas) a maffias locales y grupos de intelectuales, plebeyos y resentidos interesados en mantener en ebullición el estado de animo adverso de ciertos sectores de estas minorías; por ejemplo; las actividades anti norteamericanas exógenas patrocinadas por el Comintern.
De igual modo, se destacaron ya después corriendo los 60’s, las corrientes redundantes con los grupos terroristas auspiciados por anarquistas, etarras, castristas, maoistas, fundamentalistas islámicos y otros de igual prosapia. No desprendernos de los reclamos que la justicia de los Estados Unidos solicita en especial, a los países miembros del Eje Apocalypto (ALBA), donde se han refugiado elementos subversivos, terroristas y delincuentes comunes, amparados por esos gobiernos hostiles a los EE.UU.
La esencia del objetivo final, consistía en hacerle entender al resto de los norteamericanos –hasta entonces privilegiados indirectamente–, la justeza de las leyes anti segregacionistas y la necesidad de que las mismas fueran apoyadas con fervor por el resto de la nación, en aras de la unidad nacional. Pero todo este trajín cenagoso de casi seis decenios, tuvo sus antecedentes a causa de una jugarreta del destino y el desatino de los hombres en pugna.
Sucedió que transcurrido el primer tercio del siglo XX, arreció la lucha de varios grupos; algunos inmersos en la violencia preconizada y aprovechada por los comunistas de nuestro vecindario (castristas, senderistas, tupamarus y otros grupos violentos).
Tales sectores tenían en sus agendas el interés en tomar ventajas de las tensiones sociales generadas por la segregación, exacerbadas por el boicot impuesto a Sudáfrica en consonancia con el sistema del apartheid y en especial, por las actividades disociativas (en ocasiones, subversivas) de agitadores profesionales envueltos en las protestas contra la guerra de Viet Nam.
Entre estos movimientos se destacaban sendos grupos de activistas pacifistas (de los principales) liderados por el Dr. Thurgood (née, “Thuroughgood”) Marshall (1908-1993) el uno y el Dr. Martin (née, “Michael”) Luther King Jr. (1929-1968) el otro; quienes enfocaron los esfuerzos y luchas anti segregacionistas, empleando tácticas y estrategias muy diferentes.
El uno, dispuesto a eliminar toda tendencia racista de ciertos supremacistas blancos y negros; mientras que el otro, de alguna forma, preconizaba puntos de vista no exactamente tendentes a la unidad nacional.
Se trataba del rescate y revalidación plena, como seguimiento del dictamen de la Corte Suprema en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”; de los Derechos Civiles y la revitalización de las XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales, concordantes con la erradicación de la ominosa segregación racial, exacerbada por grupos aislados en cada bando.
¿Esencia de la táctica teórica de Martin Luther King Jr.?
El Dr. Martin Luther King Jr., quien escogió para su justa “el Poder de la Desobediencia Civil pro activa”, un abanderado incansable de la lucha por los Derechos Civiles; fundó (1957) la Southern Christian Leadership Conference, SCLC (Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano), la cual dirigió hasta su muerte. Este proyecto de activismo pro activo, se estructuró bajo el proyecto de un dispositivo pacifista.
Sin embargo por razones desconocidas o al parecer permeado por la influencia de sus consejeros (9), lograron que Luther King Jr. deslizara sus acciones de protesta por el sendero intrincado e impredecible de la entonces en boga “Desobediencia Civil” (10).
Esta táctica (que había dejado de ser estrategia), inevitablemente; conduciría más tarde o temprano a la exacerbación de las pasiones y el ineludible encontronazo físico con las autoridades del orden o sus oponentes segregacionistas; lidiando sus diferencias en medio de las calles; tuvieron o no éstos, la razón.
Tal se demostró en cada uno de los choques anteriores y posteriores a la etapa de Luther King Jr. como líder de ese movimiento de ciudadanos (o sus seguidores) inconformes con el status quo imperante. Por ejemplo, notorias fueron las protestas de los veteranos de la I Guerra Mundial ante la falta de empleos, la lucha de las mujeres por el derecho al voto, las que el propio King auspició en contra de la Guerra de Viet Nam.
También se destacaron la batalla sobre el boicot al transporte o las riñas anti aborto, la efervecencia ambientalistas o cualesquiera de los otros aspectos por los que sectores ciudadanos se sintieran molestos o quejosos.
Luther King Jr. decidió en alguna forma o por motivos no diafanizados del todo, quizás fundamentalistas hermeticos; entrar en consonancia con las modas de la época y limpiamente, abrazó las doctrinas de Henry David Thoreau. Este ideologo exhaltado, era autor de un panfleto “La Desobediencia Civil” (lamentablemente escrito en la cárcel) y algunos puntos de vista de Tolstoy, Gandhi, Habermas y otros tantos connotados.
La desobediencia civil en la esencia de su estilo como lucha contestataria, es una forma de disidencia política, propia de los ciudadanos objetores de conciencia que; dentro de una democracia; dicen y muestran pacíficamente (por lo general) sus inconformidades con ciertas actividades o puntos de vista del gobierno actual. O si se entiende “de la política de estado”, que puede ser general y sostenida.
Uno de los rasgo característico de dicha táctica como instrumento de lucha, sino el de mayor distinción, es de la desobediencia civil como tal (donde Luther King Jr. aplicó con frecuencia los enunciados tácticos de Gandhi); la cual es su ejecución de forma consciente y sin estridencias públicas, pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad.
Tal modo de divergencia, asume otras fases de violencia extrema bajo los totalitarismos y la cuestión de agudiza por la intolerancia extrema del régimen opresor, a abrir un espacio que ha estado cerrado a cal y canto para el resto de la ciudadanía inerme.
Esta actitud contestataria, puede ser silente y de inamovilidad absoluta en un lugar o zona específica; tras el envío de un mensaje a la autoridad pública, aduciendo las razones del tal quehacer de manera indefinida, hasta conseguir que las autoridades cesen o mitiguen una actitud antipersonal (anti humana) contra un individuo o grupos específicos.
La cuestión, por ejemplo, se manifestó en el rechazo a la encarcelación represiva de 75 intelectuales y disidentes pacíficos, tal como sucedió en Cuba en 2003 durante la denominada “Primavera egra“.
En el caso isleño, de igual modo y dentro de una particularización notable, es también asumir una actitud dinámica de auto flagelación pública de no ingerir agua o alimentos de manera indefinida, tal como ha venido aconteciendo en Cuba desde la instauración del régimen comunista de los hermanos Castro.
Ejemplos resaltables devienen en tragedias cuando en 2010 un opositor negro, Orlando Zapata Tamayo (encarcelado desde 2003) activista de los derechos humanos, murió por estarvación (de hambre y sed) en febrero 23, 2010 tras 83 días de huelga de hambre.
O la del también disidente y opositor negro Guillermo Fariñas Hernandez, “Premio Zajarov 2010“; quien sufrió 11 años de prisión y protagonizó 23 huelgas de hambre; al cual el régimen castrista mantiene aprisionado como otros tantos opositores, sin derechos a movimientos dentro o fuera de la isla.
En el caso de Martin Luther King Jr. (tal por otras razones sectarias, sucedió también mortalmente con uno de los furiosos, Malcom X) se habia sumergido muto propio en las prácticas de desobediencia civil callejeras tuvieron de modo igual o resultados trágicos.
Dado que a su pesar y en el de todos los humanistas, derivó en desatar los nudos de una violencia lamentable entre blancos y negros; la cual era exacto a lo que Martin Luther King Jr. no deseaba y lo peor, sin obtener a cambio un resultado tangible, salvo el asesinato alevoso de este líder por un supremacista.
¿Esencia de la estrategia práctica de Thurgood Marshall?.
Este prominente abogado y veterano no de decenas, sino de cientos de pleitos ante los tribunales norteamericanos, Dr. Thurgood Marshall, quien escogió como arma por los derechos civiles; “el Poder de las Leyes”; propuso una estrategia mancomunada de herramientas más simple y al alcance de la mano de cualquier ciudadano decoroso: las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica y su hito, la Ley Constitucional, ambas vigentes.
Thurgood era del criterio de que un hombre sólo, per se, podría exponer su queja ante los tribunales, y ganar. Tanto el poeta Langston Hughes así como otro luchador por los derechos civiles, su mentor Charles Hamilton Houston, influyeron en estas conclusiones. Decia, que con el auxilio de instrumentos tales, planteaba Thurgood, cualquier hombre seria capaz de lograr un cambio y sin rasgos de violencias posibles, tal lo demostró durante toda su vida de activista anti segregación, en cualesquiera de sus formas.
Tal enfoque sobre la manera de solucionar un mismo conflicto, inobtenible cuando se recurría a la confrontación callejera; Thurgood se convenció desde temprano, que había posibilidades legales de eliminar nacionalmente la segregación, dado que por las leyes norteamericanas; era un instrumento legal, a partir del fallo adverso en 1896 de la Corte Suprema en el “caso de Plessy vs Ferguson”.
Su estrategia consistió en no combatir la ley “legal” de la segregación (Law 111) de Louisiana (1890), sino, demostrar en un primer paso: que la mencionada doctrina de “separados pero con igualdad”; funcionaba a toda marcha en su primera parte, la de “separados”; mientras que en la segunda parte, en lo de “con igualdad”, era un desastre inconstitucional.
Así paso a paso, desde su posición y tal como preconizo, este logró desmontar pieza a pieza ese desastre segregacionista y alcanzar el triunfo del 17 de mayo de 1954.
Un balance sorprendente
Pasado el balance final, inexplicable, la memoria de Martin Luther King Jr. –un gran líder y mejor humanista– se alzó sin proponérselo con todos los honores; mientras que Thurgood Marshall, Charles H. Houston y otros –que en nuestro criterio fueron los arquitectos del triunfo estratégico anti segregacionista por métodos pacíficos– quedaran relegados a un lugar más discreto.
Al parecer, en el caso de Marshall además de otros destacados, no se ponderó justamente su paciente y real cadena de triunfos; iniciados desde la exitosa acción judicial emprendida el 25 de junio de 1935; al lograr que la Facultad de Derecho de la Universidad de Maryland, admitiera en sus aulas al primer estudiante negro.
Así, al paso de los años y triunfo tras triunfo en las cortes, la razón silente acerca de cuál estrategia y tipo de “fuerza” resultó la idónea; estuvo de parte de Thurgood Marshall, como lo demostró en mayo de 1954, apoyado por la NAACP, y el resto de su carrera exitosa hasta su culminación como miembro de la Corte Suprema.
Sin embargo, si bien per se, el veredicto de la “Corte Warren” de 1954, en su esencia intrínseca e implícita abogaba por la eliminación de la segregación en cada estamento de la sociedad norteamericana, no fue hasta el 13 de noviembre de 1956que la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó por su mandato irrevocable que:

“La segregación racial en cualesquiera de sus manifestaciones, lugar o actividad, era ilegal.”

De ello se derivó que toda la estructura judicial, legislativa y ejecutiva de la nación norteamericana, dispuso de una herramienta definitiva e invaluable para eliminar cualquier manifestación de discriminación racial en los territorios de los Estados Unidos de América, sin aplastar la libertad de expresión amparada constitucionalmente.
Recordemos otro evento notorio que fue elevado hasta la Corte Suprema (estando Marshall ya en funciones como magistrado de la misma), el cual fue generado y dirimido en el ámbito de deporte profesional, específicamente en el área del baseball.
El pleito ganó la atención del gran público norteamericano, sobre otras disparidades económicas; en cierta forma amparadas por la Ley Anti-Trust; tal surgió en el denominado “caso Curt Flood vs. Bowie Kuhn (407 U.S. 258)” de marzo 20, 1972 por una queja elevada por Flood contra la existencia de la injusta “reserve clause” (cláusula de reserva).
Marshall dio su voto al demandante, Curtis Charles Flood. Aunque éste último perdió el caso, 25 años después, su queja se materializó (11) en el justo medio en base del criterio de Thurgood Marshall.
Un estudio reciente, acerca de esta especie de palíndromo absurdo; nos arroja explicaciones diversas, incluyendo razones algunas delicadas, arrancadas y disputadas desde los preludios de la Guerra de Secesión (1861-1865). Desentrañarla, es volver a los preludio expuestos en la “Tesis”.
Conclusión

(Una dispensa por estar en construcción…)

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   “Plessy vs Ferguson” [163 U.S. 537 (1896)]. Lo curioso es que la esposa del juez John Howard Ferguson, Virginia, se dice que mantenía fuertes vínculos con los abolicionistas de Massachusetts, entre ellos su padre, Thomas Jefferson Earhart
(2)   Algo inedito: “If one race be inferior to the other socially, the Constitution of the United States cannot put them upon the same plane“, Brown wrote.
(“Si una raza es inferior a otra socialmente, la Constitución de los Estados Unidos no puede ponerlas al mismo nivel….” escribió Brown).
(3)   Thurgood“, un film de George Stevens, JFK Center 2010, interpretado por Laurence Fishburne. (4) Oliver L. Brown, era un soldador de los talleres Atchison en la Topeka and Santa Fe Railway, en Kansas. Su queja surgió porque su hija menor debía caminar sóla, toda una milla para llegar a su Escuela Primaria, cuando la misma escuela, para niños blancos, le quedaba a unos bloques cerca de su casa y la Junta Escolar le negó a Linda el uso del transporte escolar.
(5)   A Earl Warren, en su función de Fiscal General de California, le tocó propiciar la relocalización e internamiento en campos de retención diseminados en los EE.UU (una práctica de común de acuerdo en el derecho internacional) a los extranjeros; en este caso ciudadanos japoneses (y japoneses-norteamericanos); que permanecerían detenidos en los EE.UU (incluyendo los territorios de ultramar), durante toda la II Guerra Mundial. Estas personas, durante el gobierno de Ronald Reagan, fueron indemnizados, por una decisión que muy pocos entendieron fundamentada.
(6)   “Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, [347 U.S. 483 (1954)].
(7)   La decisión original en ingles de la Corte Suprema de los Estados Unidos, el 17 de mayo, 1954 fue la siguiente:

We come then to the question presented: Does segregation of children in public schools solely on the basis of race, even though the physical facilities and other “tangible” factors may be equal, deprive the children of the minority group of equal educational opportunities? We believe that it does…We conclude that in the field of public education the doctrine of ‘separate but equal’ has no place. Separate educational facilities are inherently unequal. Therefore, we hold that the plaintiffs and others similarly situated for whom the actions have been brought are, by reason of the segregation complained of, deprived of equal protection of the laws guaranteed by the Fourteenth Amendment

(8)   El boicot terminó gracias a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos del 13 de noviembre de 1956 que declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.
(9)   La consejería advertida o inducida en Luther King por fuerzas extrínsecas, no deben dejar de vincularse con la existencia de factores enemigos jurados de los Estados Unidos. Recordar que por entonces, los restos del nacionalismo tercermundista (empantanados por la corrupción en sus fracasos económicos y políticos totales), aupado y subvencionado por la URSS y su brazo político armado y subversivo; el Comintern (todavía activo en la introducción de drogas para destruir la moral de la juventud estadounidense); arribaron a las entrañas de los norteamericanos disconformes, convoyados y vigorizado con la mensajería testaferra castro-comunistas.
(10)   Henry David Thoreau (1817-1862) fue un poeta, escritor y filósofo estadounidense de tendencia trascendentalista y origen puritano, autor de “La Desobediencia Civil”, entre otras obras y se le considera entre los padres de la literatura norteamericana. En 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México (también lo era Lincoln) y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue encarcelado. De este hecho nace su tratado, La desobediencia civil, pionero al proponer algunas ideas como el pacifismo y la no violencia que resurgirían con fuerza en el altermundismo ya anticipado por Thoreau para el siglo XX pasado.
(11)  El caso…

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Un Benedetti desvertebrado: ¿desmistificar el culto a su personalidad? II/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Un Benedetti desvertebrado: ¿desmistificar el culto a su personalidad? II/II

Epílogo roto, para una saga desvertebrada
Apenas me deleitaba con la “declaración de principios” de un blog de azarosa elegancia y de redacción cuasi impecable (*), la cual el dueño colocó a manera de admonición –tan estremecedora ,como aquella otra con que se topó Dante a la entrada del infierno–; donde ahora, éste generador de ideas nos advertía tajante: “…La jerarquía del blog …actúa como juez y jurado, no reconoce el derecho a apelar y se come el hígado del ahorcado. Esto es lo que hay”.
Aunque no resalte vínculo con el tema, es muestra sui géneris del derecho sagrado del dueño del blog, a plantar en su sitio un criterio que atañe sólo a él, independientemente de otras opiniones. Y lo principal: no está vinculado a pactos, plumas viles al servicio de tiranos, filosofías de proletarios morones, adalides circunstanciales, sinvergüenzas enrojecidos y ni siquiera, a la mismísima Madre de los Tomates.
Coincide ahora, cuando llega la aluvión de ditirambos y loores mediáticos de las viudas y viudos implícitos del escritor, virtuales, ululantes sanos los unos por la pérdida del bardo y los otros; demagogos insanos de escarapela púrpura, por la pérdida de un cómplice ideológico.
Porque el Sr. Mario Benedetti fue pluma equivocada de acera y sombrero, quizás al tomar errático el mensaje surrealista de Marx Ernst; en “El sombrero hace al hombre“; a expensas de la rutilancia esquiva de su prisma artístico interno –enrojecido hasta el punzó–, un color de nombre único con el que los negros cubanos denominan al color rojo muy vivo y de destellos morados.
También porque al suyo externo parecíale apático, si las camisas pardas del Sturmabteilung (SA) de antaño (las del hitleriano Ernst Röhm, homosexual y pendenciero) se corrieran hacia el rojo einsteniano, de hogaño. Resultó una pérdida fabulosa de tiempo (que en definitiva era el suyo) además de miserable, poetizar banalidades alejadas del humano sufriente, para alabar al líder.
Es un modo de pensar y actuar tal máquina de trotar, que con sus jadeos de solteronas en busca de maridos no trotones y sudorosos como ellas, nunca llevó a nadie a ningún lugar. Es somia inherente a los intelectuales zurdos amancebado con su superego trascendental. Es que les fascina mirarse en espejos con aberraciones, también como gustan de olisquear en los manicomios castristas del “¡aé, aé, aé la chambelona!”.
El socialismo bondadoso de Fourier y Les Mamelles de Tirésias
Porque trocó lo espiritual por lo material, en lugar de extraer lo humano del socialismo bondadoso de Fourier –defendido por Dühring–. Fue y acudió orondo a las tres leyes de la dialéctica (propias de teens almidonados con bórax) defendidas por un tal Engels, también adolescente, en su “Herrn Eugen Dührings Umwälzung der Wissenschaft” (La subversión de la Ciencia por el Señor Eugen Dühring), más conocida por “Der Anti-Dühring“.
Una filosofía, del “Manual Práctico del Marxismo-Leninismo”, entre otras canzonettas que nuestro escritor apoyó junto a los desaciertos de un Karl Marx, mantenido por su amigo Engels, y su teoría general del desatino económico al entregar las riquezas atesoradas por la Humanidad palpitante, en manos de la chusma orillera y morona.
Es que toda esta capa umbilical de filosofía social y económica, además de una superficialidad astronómica; se sentía abanderada de oficio, por aquel otro proto soñador de “los cuchillos largos”, François-Noël Babeuf (aka, “Graco”). Un proto un imbécil sicosomático, aunque práctico al soñar en cómo apropiarse de las riquezas ajenas, sin dar un golpe.
Este utopista de mal dormir, proclamó en su proyecto “Conjuration des Égaux” (Conspiración de los Iguales) todo el detritus de su fracaso personal: “… a los burgueses –¡cuidado, que Benedetti nunca fue un burgués!–, hay que quitárselo todo, antes de guillotinarlos”.
Un estilo cavernario intrínseco de los comunistas, que el escritor defendió contra los creadores de riquezas en este planeta. Aunque disfrutaba a plenitud de las suyas propias, obtenidas por la pluma vil y sirviente de los déspotas, tal decía nuestro Martí.
Desconocemos si el Sr. Benedetti tuvo la gentileza de distribuir entre “sus proletarios amados” (los intelectuales zurdos, los proclaman, pero los quieren bien lejos) toda la riquezas y bienes materiales de oro y plata acumulados durante su vida prolífera, con pluma en ristre jorobada por las malas causas, según cánones imperantes en la selva roja del Graco. Perdón, rosada.
Y retornamos a la esencia fundamental de las lágrimas y gemidos tras el estallido de este otro “cadáver exquisito, surrealista”. Si, porque como otras tantas plumas atacadas por el lapsus calami de cronicidad endémica, a que les obliga la bandeja proletaria si quieren ser reconocidos, es vender su estilo cuneiforme de forma zurda, para beneplácito adulón al partido dominante.
Son los tiempos post Guerra Fría, de extrañezas iguales a los de la pre y post I Guerra Mundial, parecidos a los que tocó vivir un romano de nacimiento y parisino de convicción; Guillaume Apollinaire; en que se le ocurrió escribir una obra teatral, a la que al descuido llamó “surrealista”, cuasi travestí “Les Mamelles de Tirésias” (Las Tetas de Tirésias, 1917).
En la obra, el adivino tebano Tirésias es invertido hacia un personaje de carácter contrario, feminista y anti militarista, para dominar a los hombres (ver el original de la obra en Bibliotheca Augustana en http://www.hs-augburg.de/), dando lugar a uno de los movimientos artísticos mas sonados del siglo XX: “Le surréalism” (Surrealismo). Apollinaire no pareció en esta, haberle pedido permiso a Søren Kierkegaard, tildado de “padre del surrealismo”. Pero el escritor, sí pedía permiso a sus empleadores.
Nada semejante encontraremos en los intelectuales oficialistas de la zurdera atragantada (todos muertos de miedo, como el Sr. Mario Benedetti o la misma enrojecida Nobel de Literatura, la sudafricana comunista, Nadine Gordiner ); salvo los juegos pirotécnicos emitidos por Jean-Paul Sartre en su “L’existentialisme” (Existencialismo).
Porque si observamos a los intelectuales cubanos finos de la época republicana –también en toda Indoamérica–, encontraremos entre ellos filósofos y pensadores del “aporquesí“, sin pedirle permisos al partido comunista. Mientras que si oteamos la pajarera intelectual castrista de hogaño (todos ellos lo saben), veremos que el Gran Hermano no permite aparecer en lontananzas ni una sóla voz que se atreva a filosofar sobre lo que esté o no esculpido, en los manuales marxistas.
Es el mismo que toda la escuela zurda porta bajo el sobaco o las propias “Reflexiones” del Dr. Fidel Castro Rúz. Porque todo lo demás escrito, pintado o compuesto, son intrascendencias explicadoras del “Por qué las tonalidades argentadas de los cangrejos moros; excitan en el punto “G” de los crustaceos hembras, los diablillos del Complejo de Electra“. Y de ahí, no pasan los pucheros.
También porque para encantos del finado Sr. Benedetti, el sarao de premios y honores continuó impertérrito, sin los sustos ni riesgos que corren los intelectuales decentes y decorosos bajo los totalitarismos.
Solo ver el vía cruxis élégante –en el decir torvo de los represores–, por el que el Comandante el Jefe hizo transitar a los 75 intelectuales apresados como rehenes durante la razzia garibaldina de “La Primavera Negra”, aquella especie de “Nacht der langen Messer” (Noche de los cuchillos largos), derechitos hasta las ergástulas camaradas.
O el martirio dominical de “Las Damas de Blanco” bajo nubes de la chusma de moscas castrista. ¿Donde estaban los Benedetti entonces? Ellos, las “focas intelectuales amaestradas por La Habana”, siempre andan por ningún lugar, mirando hacia “el otro lado”.
Operación Colibrí
Los nazis la nombraron “Operation Kolibri” (Operación Colibrí, contra los homosexuales, entre otros o también la mejor conocida por “Noche de los Cuchillos Largos”) y quizás la razzia cubana contra los opositores y disidentes la nombraron “Gorriones Inconformes”. Alguien nos lo dirá. Casi siempre empujados por la mano peluda de los cómpas, quienes accionan la troqueladora para el ajuste de las “personalidades” criminalizadas por la mala costumbre de pensar libremente.
Al menos, un asesino convicto y confeso, el Dr. Ernesto Guevara de la Serna cuando vivo, no necesitó del padrinaje castrista y su maquinaria para que lo ensalzaran; porque tuvo los pantalones de jugársela al canelo, por aquello que, aun siendo un disparate criminal, entendió coincidente con sus ambiciones aberradas de protagonismo continental.
Y no permaneció aullando y azuzando detrás de la cerca, como sus mentores del buen recaudo. Aunque después de su muerte la troqueladora propagandística del régimen lo convirtió en promo tétrico, dolarizado para engrasar la propaganda castrista. Es que los muertos, ni protestan ni dan opiniones.
En 2005, Mario Benedetti presentó el poemario “Adioses y bienvenidas” y otro, “Canciones del que no canta“. En esa ocasión, también se exhibió el documental “Palabras verdaderas”, donde el poeta hizo una aparición deslumbrante, un succès encantador como el de un Sartre sin musa.
La vanidad humana, un fuego lento
Abordamos aquello de “encantos”, porque Simone de Beauvoir asó a estos abalorios de Pépé le Moko en el Casbah; en el fuego lento de la vanidad humana, cuando expresó: “Encanto es lo que tienen algunos, hasta que empiezan a creérselo“.
Todo le vino a ella (imaginamos) desde que su padre George le anunció orgulloso, con su delicado machismo: “Tu tienes el cerebro de un hombre“. Mientras Hélène, su hermana menor observaba atónita.
Simone, quien no era precisamente espejo de su amigo Jean-Paul Sartre, había sacado a éste por las orejas, cuando lo sorprendió en uno de sus interminables tête-â-tête proto filosóficos, con fogosos petite rouges del “Quartier Latin“. Es que a ciertos intelectuales, tales como a los Mario Benedetti, nunca nadie les tiró de las orejas soplonas.
Para 2005, al poeta le adjudicaron el XIX Premio Internacional Menéndez Pelayo, (48.000 €€ y Medalla de Honor), Santander. La Fundación “Lolita Rubial”, Uruguay; le vuelve a condecorar en 2006, con el “Premio Morosoli de Oro”.
En enero de 2006 hubo un simbólico-virtual Toque de Tambor Batá (kónkolo, itótele e Iyá) con el escritor presente –dicen que organizado por el bardo oficialista Pablo Milanés Arias, conocedor natural de las artes y magias de las Sangomas sudafricanas–; para demandar de los EE.UU la soberanía de Puerto Rico. Un acto, eco de un escurridizo Partido Independentista con su impresionante simpatía del 4% de toda la población boricua.
La orden del Líder Máximo, demandaba otra comedia fantasmagórica para despertar a las galerías soñolientas. Extrañas aves, sólo canoras, acudieron al silbato. Se presentaron (bajo estricta invitación) tallas intelectuales XX-Large, como: Gabriel (“Gabo“) García Márquez, Ernesto Sábato, Eduardo Galeano, Carlos Monsivais, Pablo Armando Fernández, Pablo Milanés Arias, todos, inquilinos del panal de singularidades con los principios morales y cívicos, rotos.
Destacable: en diciembre de 2007, en la sede del Paraninfo de la Universidad de la República en Montevideo, Benedetti recibió nada menos que de manos del propio Hugo Rafaél Chávez Frías, paladin democrático y de la libertad de expresión, la “Condecoración Francisco de Miranda”. Ese mismo año le colgaron la “Orden de Saurí”, de El Salvador.
Todas las cuales denotan ser artificios del quehacer político, no académico, copiando los desplantes educacionales de los voceros del régimen abroquelados en la Universidad de La Habana y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
No recordamos de éste, una sóla línea contra las barbaridades anti ciudadanas en los países que han asolado las dictaduras izquierdistas; tanto las del bloque comunistas, las africanas, musulmanas, asiáticas o como las del Eje Apocalypto (ALBA).
Como tampoco las poses lastimeras de intelectuales boyantes al estilo macondo en ese mundillo de trampas, simulaciones y sibaritismo rampante entre los perros andaluces del Bruñuel de turno.
Qué decir ante el cúmulo de méritos, reconocimientos, honores, condecoraciones, famas y glorias otorgados en vida al Sr. Mario Benedetti “estrella y orgullo de las letras”. Claro, sin atender o dar fe de las especulaciones, que aluden a posibles “honores y premios silentes”, una práctica común en los bajos fondos comunistas para subvencionar secretamente a sus corifeos.
Todo unido a su prolífera producción literaria, le abrió un lugar en el concierto de las literaturas latina, hispana y mundial. Lo difícil es leer la Histoire rélle contada al revés, que tanto duele a los castristas, como un revisionismo hermético, de calidad ordinaria. El Sr. Benedetti, tuvo suficiente claridad mental para discernir diferencias entre el dollar, euro y libra en el platillo de su pesa financiera y los pergaminos, medallas y otros comforts no suntuarios, en la otra.
Se desconoce si el escritor mostró escrúpulos, en aceptar los óbolos de los sistemas capitalistas “perversos”; porque de los totalitarismos, el repudiarlos, habría sido su suicidio intelectual, social y político.
Los desmanes dictatoriales del Dr. Fidel Castro y sus seguidores contra el pueblo de Cuba, las ejecuciones de Erich Honecker y la Stasi contra los alemanes, la represión brutal del Ejercito Rojo y la KGB en 1953 contra los patriotas húngaros, después los checoslovacos, nunca existieron.
Tampoco los millones de camboyanos asesinados al estilo fascista por Pol-Pot y el Khmer Rouge y otros (algunos de los tantos ejemplos), encontraron oídos sordos en este inefable personaje, sin otra bandera que la roja, ante la cual inclinarse.
Del serrallo Apocalypto
Bonita forma de ser ejemplo ciudadano para las personas decentes y patrón de moral y cívica para las juventudes. Si el Sr. Benedetti, tuvo alguna hipoteca castrista insondable colgando sobre su personalidad y vida, se ignora. Tampoco seria el único, chantajeado por los Servicios de Inteligencia Cubanos.
Entre los premios y honores recibidos, sin embargo, proliferan aquellos de connotación ideológica otorgados por países de dudosa reputación democrática, los países comunistas actuales y los ex de entonces, también de alguno que otro abrevadero de patanes, escapado del serrallo Apocalypto.
Es no querer diferenciar ex professo de los abusos del Dr. Fidel Castro y sus asociados, con las clases de civismo y patriotismo del electricista Lech Wałęsa y sus compañeros victoriosos de Solidaridad. ¿Qué sabría este bardo sin principios ni fines, de la solidaridad humana? Para tal abyección zurda, no se requieren versos lujuriosos ni ditirambos repletos de comejenes.
Será improbable que los gobiernos decentes que le adularon y premiaron, les exijan a la imagen virtual del poeta la devolución de todos los trofeos y distinciones recibidos; para así disculparse ante sus ciudadanos y reeducarse ellos mismos en lo que “no se debe hacer”, si no es en nombre de la virtud y los altos principio, ya olvidados en las universidades apócrifas, mancebas al servicio de la élite izquierdista.
En uno de sus últimos libros, titulado “Canciones del que no canta“, el escritor alude a su historia personal.
No fue una vida fácil, francamente –dijo, al parecer, exhausto de su farsa propia y a manera de confesión auto redentora.
Quien con su pluma quimérica e irresponsable, marcó a varias generaciones de tontos, anidados y condimentados con azafranes de la siguatera castrista; siempre de la manera equívoca y al estilo de los tirapiedras sesenteros.
Ver cuando escribió su último poema, que a mi entender, fue la única vez que se mostró sincero y tal vez improbable, con una pizca de preocupación por su deshonor familiar (sic):

Mi vida ha sido una farsa
Mi arte ha consistido
En que esta no se notara demasiado
” (frag)

“¡Avemariapurísima!” —grité.
Pero me gustó más y asoció con remembranzas habaneras (gracias al Après moi, le déluge), al poeta irlandés conocido por “Moriuht“, que nos recuerda en la crítica de aquel poema latino-normando de principios del siglo XI, que Warner de Roven hizo con su única línea en tributo al Arzobispo Robert de Rouen:
Foribus en clausis moratur pontifex HVGO” (El obispo Hugo pasa su tiempo en París, tras puertas cerradas) (sic)
Luego, como “Moriuht“, es de pensar que precisamente eso fue lo único que nuestro poeta hizo sólo para él y su egoísmo enervante; a lo largo, ancho y durante toda su vida de ilusiones marchitas desde su aburrida adolescencia. Porque niño, nunca fue.
El 17 de mayo, 2009, el poeta Mario Benedetti se apagó manso, con la cabeza gacha, quizás abochornado de toda su estulticia, y sin mirar al cielo del Montevideo que aborrecía.
Claro que no podemos desearle que descanse en paz, a quien nunca se lo mereció.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Abril, 2011
lejardil@bellsouth.net
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