*.**”¡Silencio, que’león duerme esta noche!” I/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

“¡Silencio, que’león duerme esta noche!” I/II(1)
Conjuro LXVII del “Libro de los Muertos” (*)
Oid tristes mortales
“Me dirijo hacia mis dominios,
recibo ofrendas y tomo los tributos del Príncipe de los Muertos,
voy hacia mi trono construido en medio de la barca de Amun-Ra
como un protegido por las fuerzas del mal” (sic)
(*)   Peri Em Heru  egipcio o “Libro para salir al día”,

Preludios campirannos en la caza de una fiera ya muerta
El botín de guerra inicial, que entre las cosas inertes ya sin importancia incluía al afamado líder guerrillero; vivito y coleando; incluyó su armamento personal, diario de campaña y otras documentaciones valiosas. El cenit de esta cacería tan brillante como productiva, fue resultado exquisito de una minuciosa búsqueda y captura; que efectivamente resultó letal para las dos bandas de conjurados ya en sus últimas depredaciones, y en fugas aparatosas en medio de un desorden pleno. La dinámica emprendida por el Ejército Boliviano, para cortar de raíz el script tenebroso de una aventura desplegada en favor de fuerzas políticas subversivas y terroristas ansiosas de destruir la democracia boliviana, lograron el éxito pronosticado.
La banda de subversivos perseguida sin tregua, igual que las otras desperdigadas en tierras sudamericanas; estuvieron y las hoy activas están, bajo el comando del Dr. Fidel Castro Rúz, un extranjero de origen cubano al servicio del Comintern y su brazo armado la Internacional Terrorista .
Hoy, el resto de esas gavillas delincuenciales –en los protocolos de búsqueda y captura por la Interpol– perduran enyuntadas entre sí por cohesión de los petrodólares del narcotráfico aportados por el Eje Apocalypto del ALBA. Un dispositivo apolítico de carácter subversivo declarado públicamente amigo de los terroristas musulmanes, árabes y otros oponentes tenaces de la democracia y el cristianismo.
Para la claque cotillera de pulgares automáticos –arriba o abajo según ordene el comisario– habituales de pastar en las galerías zurdas; se intentaba montar un copycat burdo manejado por las entelequias habaneras, como reflejo del ejemplo trágico de la Cuba aherrojada.
El pretexto inicial era destruir la democracia en la República de Bolivia, a la cual los estrategas habaneros estimaban una de las naciones sudamericanas más débiles, tanto en lo económico, social y político. Consideraban que la alta burguesía vivía entre lujos y aislada de las masas populares. Las huellas dejadas por las acciones del abogado y economista peruano, Ángel Victor Paz Estenssoro al frente del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) con la nacionalización del estaño, entre otras, condujeron a la sociedad boliviana hacia el desastre económico.
El segundo mandato de Estenssoro, se fue a pique por el levantamiento civil contra su gobierno nacionalista, por parte de los mineros y estudiantes y no directamente por los militares del Gral. Barrientos, tal se manejó y tergiversó por la propaganda habanera. Ello entre otros aspectos, fue ignorado por los Castro, quienes ya establecían estrategias para lanzar una aventura injerencista, en un territorio sin salida al mar y en medio de una reforma agraria ya comenzada por el nuevo gobierno de la junta militar.
Como segundo paso, consistía en establecer en ese país un centro de operaciones, en función radial hacia el resto de las democracias circundantes. Ya ciertos agentes castristas cubanos (auto declarados “exiliados” desde los inicios de la dictadura comunista) fueron colocados entre otros, en diverso puntos del aparato gubernamental boliviano y el Senado de la vecina Colombia, apuntalados por fuertes inversiones del triunfalismo desplegado por la URSS y la punta de lanza de los guerrilleros cubanos.
Mañas y marañas de una trampa “casabobos
La realidad del trasfondo boliviano, tal se demostró, yacía en una “cama” (trampa casabobos) armada con esmero, para deshacerse de uno de los lobeznos, tan incómodo como peligroso. Sucedió que éste, ya osaba emitir aullidos transnacionales propios, desde la otra acera. Lo cual, su Superego no advirtió y le resultó mortal el hacerlo, sin la venia del Líder Máximo.
Este cabecilla guerrillero, de manera inexplicable y para asombros del Superego de los hermanos Castro; se las había ingeniado para internacionalizar (con plena independencia de sus orígenes políticos) no tanto su discurso de odio y muerte, disparatado aunque conveniente para asustar, sino, algo tan malvado como una figura china de 10,000 palabras: proyectar su imagen patibularia (2).
Pero ya en esa tarde calurosa, su cuerpo languidecía derrumbado, como dinamitado, pero sin los espasmos finales de la fiera herida. Echado con su derrota vil, de cúbito supino, sobre una cama de piedra, que nunca podría ser su ara y menos su pedestal. Allí, donde los curiosos del lugar, militares y reporteros arribados a toda prisa, espantaban las moscas verdes, guazazas y dragones voladores.
Todo un trajín para husmear a qué olía aquel animal derribado, no tan barato, cebado en el corralón castrista. Los que podían, ansiosos de fotografiarlo así tal si fuera un yeti, salamandra de fuego u otra pieza horrible de los pulgueros zurdos o como si fuera una de las bestias raras cazadas durante siglos en los bosques de Sherwood.
Porque así lo fueron él y el resto de la banda de secuaces itinerantes y correveidiles, dispersos, destruidos y caídos también en combates feroces; contra los rangers –que les persiguieron como sabuesos foxhounds o tejoneros alpinos– donde se discutió cada palmo de selva y de quebradas repletas de ecos.
Porque en verdad, rangers y guerrilleros se pelearon como dos manadas enloquecidas. Los primeros, como batallones de Zeratules Templarios, mientras que los segundos tales destacamentos de fluffies tricéfalos. Ambos bandos, desplegaron lo mejor de su valentía y fiereza. Menos de los dedos de una mano, se salvaron a través de Chile
Un choque magistral cuyos resultados fueron tan iguales como noticia y pruebas inocultables de que “Manila” (La Habana), era su promotora y rampa de lanzamiento. La misma que al final los abandonó “convenientemente” en medio de las selvas, sin que pudiera refrutar complicidades, tal es práctica diversionista en los totalitarismos del mercado corriente.
Soliloquio de Perroquet Bavard, un loro viejo y además, charlatán

Porque en esta candanga y, que se sepa bien advirtió el líder desde su poltrona habanera–, que aquí habrán muchos timbaleros, pero quien tiene los timbales ¡soy yo, Fidel Castro Rúz, el hijo de Lina y Ángel…eeh! (sic).
¡Avemaríapurísima! –gritó el viejo loro charlatán (un perroquet bavard) de color verde desesperanza y con cabeza rala, renuente a abandonar el palo y a punto de ser sacrificado por bocón.

El caído estaba con los ojos semi cerrados y daban la impresión de destellos luminosos como asomados a las puertas del infierno de quien quiere escaparse o al que no desea irse. Pero no exacto donde el Dante nos avisó que se encontraba el primer palacio, el de los traidores y envidiosos arrojados al precipicio, porque él seria tildado de otras bellezas, pero no de esas.
Ni a pasos del más allá, en la rivera norte del Estigia donde el botero Caronte le esperaba paciente, para conducirlo al remolino de los siete ríos. Porque este ex-pibe de temblores psicóticos, jamás podría ser orgullo como un malambo perfumado del genial Astor Piazzolla.
Pero esta no era la filosofía del caso y habría que penetrar más profundo del infierno, para encontrar el sitio adecuado donde estaba la etiqueta de la reservación definitiva. Porque con tal muerto famoso, como un singular alucinado con los cielos bloqueados y divulgado al descaro por los Castro ateos, como un tal “San Ernesto de la Higuera“, habría que hurgarle sitio demasiado hondo.
Es que no se trataba de actitudes deleznable en su peor acepción, ejecutada por este comunista; cruel y sanguinario por antonomasia, que afectara a otro ser humano individual, como cualquiera de sus semejantes odiados. Sino, que tal conjunto de actos malvados arremetía contra toda una nación, Cuba y el resto de los países casi indefensos por donde correteó con sus tropelías.
Porque representaba una bandada de sociópatas que empleaban tácticas típicas de los vándalos u hunos depredadores, cuando ponen sus manos sobre un país. Aquella había resultado la peor tarde en la vida relampagueante del guerrillero, y también la definitiva, hasta que los rangers lo capturaron tembloroso y asustado, echado oculto detrás una roca, sangrando por el balazo en el pie.
Porque se irguió, no para el auto sacrificio como del acto final del anunciado “seppuku” o del mismo “hara-kiri” (con la última bala) como le había jurado a sus partidarios “para no ser cogido vivo“, sino, en un reviente del catecismo revolucionario, para dar un alegre alerta de bienvenida salvadora, a sus captores:

¡No me maten, que yo soy el “Che”. Y les seré más útil vivo que muerto! —les imploró a sus captores con un grito desgarrador, un clamor de clemencia pero sin arrepentimientos. Porque tal dicen que dijo, escuchado también por los vecinos del lugar.

Y así fue, porque vivió, tal como se oye. Pero no hay que regañarlo fuerte, ni criticarle “su falta de hombría”, la que todos los cabecillas asesinos exigen de sus hombres, igual que el archi asesino y ex-dictador de Libia, Muammar Gaddafi. Es la “La Condición Humana” (La condition humaine) de la que habló André Malraux, otro aventurero como él, dado que los comunistas nunca han sido consecuentes con su decir. Porque los actos sublimes, cuchichean entre ellos, se diseñan para los “otros”.
Lo cual corroboraron todos los testigos presentes en el lugar de su captura, incluyendo sus “amados campesinos”. Ninguno de los cuales se le sumó durante todo el trayecto de su aventura infame. Y que resultó en su gran dolor y rabia, en calidad de Príncipe de los Fracasos.
Una beldad isoturbiteriana, antípoda de su ancestral caucásica
Este líder, rabió ante los recuerdos amargos de su turbulencia juvenil anti gregaria, cuando se fijó en una cosa que daba saltos frente a el, en medio de la Carretera Panamericana. Y se empecinó, cuando todos sus amigos se rieron de la muchacha.

Sabé, que ya me pagarán esa cochinada. Y los muy pendejos, se dicen mis amigos. ¡Cabrones, es lo que son! –dijo, alebrestado y escupió el piso.

Lo que alguien de su entorno selvático, le escuchó maldecir en otro momento aciago. Tal era este, bajo los efectos de un “sin sentido” aparente. Por lo que ahora, no hubo espacio para otros recuerdos de juventinas. Y nada más apropiado para desechos tan elocuentes, que la opción del pronto enterramiento por parte de la Historia inexorable. No sorprendida con el nuevo cliente ni por sus enemigos terrenales, porque les eran muchos los acumulados para una sóla existencia de excesos enloquecidos.
La farsa había comenzado, según sus cronistas, cuando paseaba en una desvencijada bicicleta con motor, por cuanto vericueto le brindo abrigo a sus destemplanzas juveniles. También, quizás cuando olisqueó el primer cadáver siendo estudiante de medicina para hacerse médico. O por lo menos, mientras hacía el paripé de que estudiaba “entre comillas altas”, según sus detractores.
Los insolentes de Hollywood, en ocasión de filmarse las tribulaciones de este otro reflejo de “inquieto anacobero(3) durante su etapa de vagabundeo; brindaron una versión cinematográfica(4) estampada por los entendidos, como verdadero desastre, desde el punto de vista del buen contar y decir en la ética cinematográfica. El guionista lo bajó de la vulgar bicicleta y no dudó en encaramarlo sobre una feroz motocicleta, como las empleadas por las bandas musicales anarquista.
Porque él había dilapidado años claves de su juventud haciendo bus stop por sus alrededores, entretenido en causas injustas como buen ambicioso ya a punto de la bancarrota económica, hasta que una beldad isoturbiteriana antípoda evidente de su ascendencia caucásica, Hilda Gadea Acosta (su amante pour les pires moments, a la que después desposó) lo conectó con los aventureros del yate “Granma“.
Estos conjurados, armaban alegremente la tómbola su expedición en México con la ayuda de los exiliados cubanos, especialmente los miamenses y alguna que otra dádiva del Comintern, los cardenistas sin pasteles, los anti cardenistas oficiales con pasteles y otras mesadas del bureau de los ridículos “descamisados” peronista, los de ayer y los de hoy. De cualquier forma, el maná fluía incontenible.
Lo que a este argentino les subyugó, en modo alguno similar a como piensan los rioplatenses laboriosos; era que los líderes de estos ilusos; quienes se auto suponían los luchadores por la futura democracia en Cuba, tal les indoctrinaban viejos comunistas adheridos a esta nueva esperanza trotskistas de la revolución mundial; no daban la menor muestra de trabajar como tantos, para ganarse el pan diario .
La naturaleza de este proto líder le hacia emanar un flujo de rabias verdosas contra cualquier cosa interpuesta en su camino, como aquellos indios campesinos centroamericanos que se les enfrentaron en Guatemala, en un reten situado en la vía sudeste hacia Santa Catarina de Pinula.
Allí, fue cuando ejerció ayudantías (infidencias y tentetiesos de represiones vulgares contra los opositores democráticos) insertado en grupos paramilitares del Partido Comunista Guatemalteco; adscritos al jefe de la Seguridad Interior de ese país, durante el gobierno izquierdista del Col. Jacobo Árbenz Guzmán.
Pero, exactamente lo que más le sublevaba, siendo represor actuante como funcionario en Cuba; fue aquella confesión inesperada y brutal de su madre (enferma de muerte), cuando le dijo que su segundo apellido no era “de la Serna” sino “Sheinerman(5), lo cual no aparecía en los registros.
Él, no acababa de entender el cambio de nombre de su madre de “Sheinerman” por “de la Serna” –alegado por ella aduciendo “pura seguridad”–; porque, dijo la madre, eran los tiempos en el que el Mundo andaba en guerras y Domingo junto a Evita Perón, coqueteaban descaradamente junto con sus pandillas de lumpenessans-culottes“, similares a turbas nazi-fascistas, motivo por el cual se rotulaba “de la Serna” y el resto de la petite histoire familiar.
Y eso, nadie lo creería, además de que no estaba dispuesto a permanecer impasible mientras se deshacía lentamente el narcisismo de su figura mundial a la que tanto amaba –tal si fuera una estatua de sal convertida así por la curiosidad insaciable de la mujer de Lot–, para que lo aliaran a un “maldito apellido judío.
Un nueve de octubre, que los cubanos se alegran que no fue un diez
Pero esas eran viejas historias las cuales, aunque le desagradaban, no podía borrarlas de su pasado por una razón muy simple: ahora estaba muerto y bien muerto, ya sin leyendas heroicas ni las tizas caucasiana de los historiadores marxistas, para borrar lo feo. Cierto que toda historia parte de un pasado y un presente y ese, era su caso. De lo que sí estaba seguro, es que en ese día aciago, el destino le envió un mensaje definitivo por medio de aquellos cubanos asesores militares (falso que fueran ciudadanos norteamericanos, porque el protocolo lo prohibía) de los rangers: porque en su leyenda apócrifa, no existirían partes alícuotas para disponer garantías de un futuro luminoso y eterno. Porque ahora estaba muerto y oliendo a bien muerto y sólo le restaba desandar su camino de confusiones por el Valle de las Sombras, donde de seguro, seria un occiso que por su mala cabeza, mal recibido.
El mediodía del 9 de octubre, 1967 había quedado al doblar del camino, tras un par de ráfagas mortales que a las 13:15 h le cruzaron el plexo solar, en la soledad de la escuelita de La Higuera. Con ello se cumplió lo de “ojo por ojo y diente por diente” en medio de un silencio caído ínfimo sobre en ese aposento húmedo y mohoso, locutorio perfecto para una hermandad de ranas enloquecidas que no cesaron de croarle, ni aún después de la medianoche de todas las brujas, prestas al doblar de noviembre.
Como en las cortes aristocráticas de moscas cortesanas y no menos pervertidas, e intoxicadas con hashīsh como deliciosas pussycats de las poledancing doradas, al retorno de sus alucinaciones y ebriedades de tanta carne guerrillera engullida durante esos meses de fiestas carniceras.
Y que alcanzó lluvias rojas en medio del regueros fogonazos ensalivados, hasta empapar la carnes oblatas de pan y vino de la muchacha deutsch inmisericorde que en un sendero cualquiera dejo su virginidad y sayas.
La de suave piel blanca y alabastrina, aquella conspicua y no menos brava Tamara Bunque Bider; erótica insaciable y venusiana de talante; caída en su propia trampa mortal y entregada en emboscada a los rangers, por traidores de su amado partido comunista natal (en realidad el boliviano). La traición, un detalle chic muy propio de sus ideologías conculcadas a las putas guerrilleras, miserables.
Pero es que lo de ella fue otra cosa sucedida allá donde el río se estrecha y baja lo suficiente para el cruce en Vado del Yeso, con nuevas oleadas de moscas capitalistas aprestando sus bolsas infames, repletas de hueveras devoradoras de todo lo que un día fue humano. Porque la comedera de ambos sucedió en sitios distintos. Sabiendo que en los paraísos proletarios no hay moscas ni cucarachas, dado que no nada que comer.
Y también porque el líder de la banda armada invasora del suelo boliviano, en su mejor momento, le dijo a ella, sin aviso previo:

–”Sabés, que no habrán más correos del “llevaitrae”. Así que te quedás clavada con nosotros en medio de la selva, nuestra amada floresta“.

Quizás, pensó ella con razón, a manera de soldadera entre las miasmas rugientes de aquella manada de lobos, excitados con el olor a hembra. Después, Tamara se viró dándole las espaldas al líder guerrillero y partió rumbo a las letrinas, mientras murmuraba otras imprecaciones.

–”Cacho de cabrón –rezongó ella, ahora desde un rincón de su tienda, ya aburrida de toda aquella farsa trágica, repleta de engaños y furias–. Todo porque esta mierda donde nos embarcó el Líder Máximo del Internacionalismo y que ya se está jodiendo y él (Guevara), no quiere irse sólo. Y lo que más me jode es que aquellos dos huevones están muy campantes en bebederas y hartaderas, echándose fresco en los cojones, allá en La Habana, en medio del aire acondicionado de su castillo de naipes” –terminó de escupir ella, su frustración, premonitora de que pronto seria destruída, al igual que el resto de la jauría.

Se trataba de algo desesperanzador y que para ella era lo más temido. Nada de retornos a La Paz como antes, con aquel par de ilusionistas estrafalarios; también intelectuales comunistas; el pintor y guerrillero argentino Ciro Bustos (Ciro Roberto Bustos Marco) también (“Pelado“, “Mauricio” o “Carlos Alberto Fructuoso“) y el periodista, profesor y escritor francés Régis Debray (Jules-Régis Debray), también “Dantón“.
La Piel de Zapa y sus mensajeros letales
Para entonces, aquella figura desmadejada, seria campo fértil a colmenares y kermeses de este otro bellaco rojizo ya irreconocible de entre sus máscaras. Porque hubo y habrían tales muertos de igual prosapia de terrores y violencias, pastos de las moscas verdes tse-tse y las de pelambres teñidas de multicolores carnavalescos, con corrimientos hacia el rojo einsteiniano. Y por qué no también sus prima hermanas de traiciones, coleteando rojuras, como las sabandijas comunistas peruanas. Es que toda estas pieles del bestiario zurdo, no son encogibles tal lo fuera del pacto diabólico en “La Piel de Zapa“.
De igual modo era esa figura serpenteante sobre el mármol del vertedero, antes temida y odiada en la Cuba castrista, tierra calcinada enhiesta de auto elogios y hoy desflorada y maldita por la miseria.
Pero que desde instantes, su imagen de fantasma terrible de conductor y protector de las sombras, descansaba quebrada y solitaria en pose tan estrambótica como la maraña de su cabellera. Y, por fin, alguien le cerró los ojos.
Cualquier poeta del Diablo, le describiría durmiente entre pliegues de miriadas de sus fantasmas victimados. Casi todos desdoblados en terríficas pesadillas vengativas, de igual volar y serpenteo al de las brujas goyescas coitantes at æternum.
Es que el líder guerrillero y sus seguidores del destacamento, valdrían como secuaces perfectos en cualesquiera de las bandas apostadas en caminos. Cierto fue que en justas verdades, estos subversivos alebrestados, pelearon con las tres furias de los leones, desde el primero hasta el último día.
Un modo de actuar inimaginable –por lo inéticos– en sus enviadores desde la “Manila” apacible, ya desinteresada de sus mensajeros letales. Los preludios de aquel aire de muerte, tan absurdo como desentonado; finalizó sin los ditirambos grisáceos y tramposos de los camisa rojas garibaldinas y sus escarapelas girondinas, siempre en calidad de mensajeros de la muerte y el “odio inconmensurable al enemigo“.
Y porque los rangers hicieron que así le fuera “de aquí hasta la eternidad” y para siempre, con su inusitada perfección de cirujanos en día fecundo para la democracia y la libertad plena del hombre. Ya se hablaría de la jornada por la libertad paralizadora de los mensajeros totalitarios enviados por “Manila“.
Una fiera Difunta Mayor, de entre piaras de otras tantas Difuntas
No era demasiado el espacio en la escuela humilde de Quebrada del Yuro, para albergar a ese Difunto Mayor de entre otros tantos difuntos, y no sólo en Bolivia sino que desde antes en la Cuba aterrada y en el África, Ásia, Indoamérica y Oriente Medio, tan amadas por ser hijastras de sus actividades desastrosas. Porque siempre fue un Poeta de las Penumbras, bien que fue evacuado por su malasombra de pechuga andina, por la falta de oxígeno. Ni dudar que este era el cuerpo del escándalo inerte que unos minutos antes, fue un guerrillero derrotado y auto humillado, en una guerra que el mismo armó donde nadie le llamó para que terciara con sus injerencias.

Pero Usted, señor Guevara, fue quien le invadió a ellos su país. Y usted y sus hombres, fueron entrenados, financiados y enviados a Bolivia con planes específicos de derrocar al gobierno boliviano y lo peor; asesinaron a ciudadanos bolivianos en su propio país; y todo, bajo las órdenes de un gobierno extranjero –le aclaró el principal asesor de los cubanos (6).

Sucedió durante el cambio de impresiones (nada parecido a un interrogatorio formal); cuando aún era un prisionero recién capturado en combate, herido e inexplicablemente capturado vivo con todo su armamento y parque en estado perfecto. Fue sorprendente, dado que (como todos los comunistas) siempre anuncian su inmolación de “mentiritas”, no como las ennoblecidas con hechos, de los altivos Samurai daimyõ.
Pero no acaeció tal historicismo épico, quizás arrepentido por habérsele aflojado las piernas, en el que pudo ser el mejor de sus momentos.
Castro, echó a rodar el rumor de que al Dr. Ernesto (Che) Guevara de la Serna (el de “hasta victoria siempre”), lo capturaron (no rendido) a causa de que sus armas le fallaron, sin mencionar lo de las piernas. Como cuando a uno de sus lugartenientes más aguerridos “Benigno” (Dariel Alarcón Ramírez), hoy exiliado en París, igual que a otros de la banda, le dijo una de las demagogias a las que el mismo nunca le hizo caso:

“Un revolucionario verdadero, jamás se rinde ni se deja apresar vivo por el enemigo. Primero, se inmola”.

Claro que nadie dio valor a esta, una de las tantas payazadas de los comunistas, que nunca se inmolan. Porque, como era de esperar, el león calló y no se inmoló, tal se comprometió. Aunque después, cuando tras ser apresado; desafiante; se atrevíó a rugir con fiereza y en la escuela donde lo encerraron, armó un soliloquio en el delicioso lunfardo de las favelas rioplatenses.
Más tarde sobrevino vino lo inevitable desde el estado mayor y presidencia boliviana:

 “El león campante, que no lo esperaba, fue medido por los bolivianos con la misma vara con la cual él personalmente midió a sus prisioneros demócratas. Partiendo del asesinato alevoso de los cubanos indefensos hasta los congoleños azorados, a los cuales asesinó para “dar el ejemplo”.

Ello fue el resultado de acudir orondo al llamado musical de un Castro disfrazado de Flautista de Hamelin. Cuya flauta siempre estuvo equivocada de melodías de entre el llamado a los niños y el de las ratas marugas, porque él y su entraña repleta de roñas y ambiciones, no cabían en la fila de humanos de diferentes prosapias.
Lo que le incitó ambiciones del poder absoluto sobre todas las cabezas pensantes, que le contradijeran su otro reflejo de maoísmo fabiano, antes de que le arrebatara la muerte. Igual que los avetontas montoneros y tupamaros y el resto de los tirapiedras sesenteros, hoy dispersos por los basureros presidenciales del Eje Apocalypto.
Era humillante para un líder ridículamente capturado vivo, obsesionado en moldear sus grandezas alejado de la Sombra Mayor interpuesta como trampa de luces entre el guerrillero peleador y el cubano tan vanidoso como mal oriental. Su mentor y promotor, Dr. Fidel Castro Rúz y los estertores de la suya propia, idiotizado cuando saltó como un jigüe trotacaminos en medio de la selva boliviana.
Porque a este líder abatido no le correspondía el sueño de los justos, porque también resultó ser una fiera acorralada víctima de sus propios odios y sañas, y de las ánimas clamantes de sus prisioneros vejados, atormentados y asesinados a sangre fría.
Un ser, del cual fluían deudas, flecos de sobrestima y quejas desnudas de sus presas inermes asesinadas en la Fortaleza de San Luis de La Cabaña, ara y pedestal de ese comunismo del “¡ahé, ahé, ahé la Chambelona!”, al ritmo de los tiros de gracia.
Ese, el mismo patrocinado por los “hermanos sufridos del Norte revuelto y brutal” que no escatiman admiraciones y siempre dispuestos a adular a los Castro, mientras levantan las ventanillas de sus Cadillac punzó, en nombre de una fementida igualdad racial, destrozadores de la encantadora “La Habana Colonial”, de la historia propia y presencia de la cubanidad arrastrada por cuanto basurero se les antojo.
Ahora aquel tipo que exudada los miasmas y fetideces propias de su vida equivocada –aunque todavía con sus sueños no descompuesto–, mal envuelto en mortajas de mil encostraduras sanguinolentas y exudaciones desesperadas, tuvo antecedentes que él y sus compinches trataron de arrancar de una Historia violada al peor estilo.
Se intentó de alterar el paso fresco de las democracias, a cambio de un infame placebo totalitario del ajiaco habanero, todavía enquistado hoy en algunas de las mentes variopintas del cocusal zurdo. Tal destilación, fue la que diseñó en su retorta alquimista, el Good Shepherd Major castrista.
Génesis del aka (“Che”)
Uno de los expedicionarios del Granma, idealista devoto de Castro, Antonio “Ñico” López, quien husmeaba junto con la Gadea entre círculos comunistas en Ciudad México, dicen que fue quien lo apodó “Che“. Se trataba, nada más ni nada menos que del Dr. Ernesto Guevara de la Serna (7). Otros aseguran que fue su colega (segundo hombre en la escala del poder) el Cmte. (Mayor) Camilo Cienfuegos Gorriarán; un personaje clave en la opereta de los comunistas auto inventados, el cual; como tantas otras sombras; desapareció convenientemente tal le sucedió al globonauta cubano, Matías Pérez.
Casi de igual lomo y canto a la diseñada y escrita –con guión dogmático– por el confundidor nato por excelencia, Vladimir Ilich Ulyanov, (aka “Lenin”), un controvertido fanático de Karl Marx, Friedrich Engels y también de su Superego propio.
Guevara “el Vivo” (no “el Muerto”), se convenció de un presentimiento que nunca existió, pero hacia el cual avanzó inexorable entre los destrozos de su vanidad herida de muerte.
El, con su andar y portar atento a la Voz del Amo, sin embargo, hizo real y mandatorio el tarareo de las cantatas impregnadas en el romancero gallego de los Castro y saltó al vacío en la matta boliviana. Y todo porque el Líder Máximo casi le cortó las ansias de emular con Babeuf (8) guillotinando a todos los burgueses a quienes pudiera echarles mano.
Porque al desplomarse la democracia en Cuba, se le excitó la avidez idéntica de los Cirilo y Metodio anidados en la Plaza Roja; ansiosos por bañar sus groserías de mujiks, anales y genitales –unos cheos irredimibles como camisetas en tendederas–, volcados sobre las playas cubanas.
El león, despechado por sus misiones fracasadas, terció en los malabarismos preliminares que años más tarde cercenaron la soberanía cubana en favor y hasta caer desmayado en brazos de la URSS. Una acción vergonzosa que fructificó en extender pasaporte válido al vasallaje de La Habana a Moscú; pos obitum; en la titulada “Constitución Socialista” de 1976.
El león se consideraba un discípulo apasionado del líder, pero aspiró profundo y se le ocurrió en mala hora rugir diabluras en las inmediaciones de la acera donde Castro dramatizaba su misantropía de optimista alegre. Fatal le resultó que tal dualidad de famas, era intolerable por el Líder Máximo y la cofradía envidiosa de los apparatchiks guerrilleros, quienes le auscultaban los sobacos por intruso.
Este pujo emulativo, unido a sus devaneos con la jauría comunista pequinesa, el grupo de los que más tarde se convirtieron en “la pandilla de los cuatro” —ya envuelta en calideces de oxidación—, lanzó al león (de súbito) por un derrotero de peligros.
Castro activó sus neuronas y armó un artilugio similar al que esfumó del juego al que al parecer era entonces su alfil preferido: el ya mentado Camilo Cienfuegos Gorriarán, otro polo sombra de mayor simpatía que la suya, pero ahora, enfocado a defenestrar a Guevara.
Peri Em Heru
Pero ni Guevara ni su león interior, también de mayor proclividad a la muerte (9), se percataron eufóricos de que dicha Constitución Socialista con la cual soñaban; no se trataba más que del viejo “Libro de los Muertos” (Peri Em Heru o “Libro para salir al día”).
Porque a eso propendía el legajo, leer las inscripciones en las paredes interiores de sus sarcófago, de abrir las doce puertas y vencer cada obstáculo antes de comparecer frente a Asir.
Es que el fin consistía en ser enviado definitivamente donde Ammit, “el devorador” y de esta forma expedita, ser borrado del Libro, para siempre.
Quizás alguna Sangoma sudafricana –traída por Castro en su periplo de santerías por el África Negra, o encargada después o desde antes– le tomó las medidas a su malasombra mientras dormitaba, tal vez tras sus tareas matutinas de fusilazos en los patios de San Luís de La Cabaña.
Ni de que hábiles egipcios, quizás recolectados desde el delta del Nilo; taladraban a partir de cada medianoche y con el mayor sigilo; oquedades al hilo maderal de la franja blanca de la cabecera del sarcófago, en una madera sagrada.
Esos artesanos del país extraño, obraban carpinterías secretas sobre un tronco inmenso de sicómoro, como si fuera de acero negro. Era la madera mítica por incorruptible con la que desde ha, se hacían los ataúdes de los faraones, del cual él, nunca disfrutó.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  “The Lion Sleeps Tonight” (El león duerme esta noche), interpretación del grupo vocal y banda The Tokens, 1961. El sudafricano negro Solomón P. Linda reclamó ser el autor de la canción con el nombre de “Wimoweh“, escrita y grabada en fonetica de la lengua zulú (1939) en estudios sudafricanos y popularizada por su conjunto vocal “Evening Birds “.
(2)  Alberto Díaz Gutierrez, aka “Korda” (y un verdadero artista del lente); hizo la fotografía famosa de Ernesto Guevara, durante un cortejo fúnebre. La propaganda castrista no desaprovecho la oportunidad de nombrar a “su martir” como “El Guerrillero Heroico”, un indeseado competidor, ya eliminado. Considerada entre las 10 mejores fotografías de todos los tiempos, ha sido aprovechada al máximo por la propaganda castrista. Korda, un alucinado verdadero con la gesta guerrillera, no se ha definido exactamente si su adoración de asceta no monacal, imbuido del dualismo, era hacia Castro, Guevara o el cruento proceso revolucionario. Al parecer, sin ambiciones personales y por su ingenuidad, pudo haber sido tomado como prototipo del un “modesto-sencillo-dilecto-perfecto” del Hombre Nuevo, otro embutido de la extensa  wurstladen (choricera) castrista.
(3)  Daniel Santos (el Inquieto Anacobero)
(4)  Ver el film “Che“! de Omar Sharif, dirigido por Richard Fleischer, 1969 USA y “Che (part I)” de Benicio del Toro, dirigido por Steven Soderbergh, 2008 USA.
(5)  En ocasiones adjetivizado “Dr.” y en realidad, el segundo apellido de Guevara debiera ser “Sheinerman” no “de la Serna“. Después de investigaciones , el CIA propone el apellido de “Sheinerman“. Para detalles de esta sorprendente revelación, ver el “ehC, el genoma sinistrorso” en cualquiera de estos blogs personales o sociales.
(6)  El dialogo es una versión libre. Ver “El Guerrero de las Sombras” de Félix Ismael Rodríguez Mendigutia y John Weisman. New York: Simon & Schuster, 1989.
(7)  Ver de Sigmund Freud,  “Zur Einführung des Narziβmus” (Introducción del Narcisismo. (8)  Ver de Françoise-Noël Babeuf,  la “Conjuration des Égaux o Le manifeste des Egaux” (La conspiración de los Iguales)
(9)  Ver de Sigmund Freud,  “Jenseits des Lustprinzips” (Más allá del principio del placer). Donde plantea el Tánathos o Pulsión de Muerte.

(Serás bienvenido a mis blogs alternos:
http://www.elasuntocubano.net/
http://www.liolejardi.wordpress.com/
http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/post/
http://www.facebook.com/lionel.lejardi/
http://www.twitter.com/bieladom/
5268

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: