..”¡Silencio, que’león duerme esta noche!” II/II


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
“¡Silencio, que’león duerme esta noche!” II/II(1)
(“Wimoweh”)
Conjuro Sp. 1130 del “Texto de los Sarcófagos”
Del reino Medio y su Totalitarismo Real
Oid tristes mortales
“No les he ordenado que hagan el mal,
son sus corazones los que desobedecieron,
Con mi sudor he creado a los dioses
con el llanto de mis ojos a los hombres”

(…inscrito en el interior de en algunos sarcófagos)
 
Un león tusa’o y para más desgracias, con “ñeque
Desde el instante en que Félix descendió del helicóptero militar en Valle Grande, notó una tensión en el ambiente. Ello se palpó en los cuchichear, cambios de miradas, movimientos hacia lugares de resguardo o apartados. Tanto la gente del pueblito local de “La Higuera”, como también los campesinos solitarios y las que desde el exterior; ya comenzaban a arribar para aglomerarse en la entrada de la choza que hacia de escuela.
Concurrían a pie o en cuanto medios de transporte encontraron. Venían también, desde comunidades cercanas, oliendo el espectáculo. Nada igual había sucedido en el lugar. Ni siquiera los más viejos recordaban nada parecido.
No era para menos, los rangers revoloteantes por el pueblo, habían alcanzado su objetivo cardinal: capturar en un recodo del camino hacia el lomerío, al famoso “león“, un argentino aventurero escurridizo como una anguila de río. Y como un regalo sorprendente: vivito y coleando.
Además el operativo de los rangers tan noveles, logró la destrucción absoluta de la fiera garde du Corps (guardaespaldas) del líder. Ahora, aquellos soldados jóvenes, tenían a la presunta fiera comiendo apacible de sus manos.
 
El “objetivo capturado”, anda más tranquilo, que “estate quieto” –comentó Villoldo por radio al piloto del helicóptero que ya se alejaba del lugar. Aunque debería retornar bien pronto.
 
La noticia de que el león ya estaba tusa’o (tusado) se esparció irradiada hacia los cuatro puntos cardinales, a la misma velocidad de un lince ibérico, asustado. Con ello los comandos bolivianos demostraron que la fiera no era tan mítica, inalcanzable o indestructible. 
Y por ser Félix y sus otros compañeros, integrantes del operativo de asesores militares del CIA asignados para el entrenamiento del Batallón Élite de Rangers, sentían una satisfacción inmensa por la victoria completa alcanzada contra sus enemigos.
Estos soldados jóvenes, se habían especializado de manera rápida y sorprendente para sus instructores cubanos, de una efectividad letal para las dos bandas de escopeteros.
Iinicialmente se trató de una agrupación única; dividida posteriormente en dos, la del líder  Guevara y la de uno de sus mejores capitanes, “Joaquín” (Juan Vitalo “Vilo” Acuña) a las cuales persiguieron sin descanso, durante los fríos meses del verano austral.
Les exigían una capacidad pulmonar extra, resultaba indispensable para desplegarse con efectividad por aquellas alturas, donde el aire estaba enrarecido por el bajo nivel de oxigeno Se consideró factor indispensable, inculcarle a esa tropa bisoña, la disciplina propia de un destacamento  de acciones punitivas y en estado de alerta permanente.
 
Ustedes, estaban destinados a moverse de manera constante, a una velocidad superior a la del enemigo. A esa gente –les repetían los instructores, desde los inicios del entrenamiento–, poco a poco, les fallara su capacidad combativa. Al sentirse acosados por los cuatro costados, la incertidumbre y el temor de ser apresados, les restara velocidad.
Y con ello, el temor se convertirá en miedo atroz, de donde su vulnerabilidad aumentara, hasta el día en que; extenuados; sufrirán bajas irreemplazables. Tendrán que atender a los heridos y enfermos, lo que les restaran poco a poco su factor sorpresa como en los tiempos iniciales. Nosotros dispondremos de armas, parque y vituallas inagotables.
Ellos no –les insistía Félix–. De la posición ofensiva, pasarán a la defensiva. Y un día, caerán en nuestras manos, vivos o muertos. El Comando Central, hasta el propio presidente Barrientos, los quiere agarrar para demostrar la injerencia de estas bandas mercenarias enviadas por el gobierno comunista de Fidel Castro.
De todos ellos, debe interesarnos el cabecilla principal, el argentino Ernesto Guevara, alias “Che”. ¿Comprendieron?. 
Félix tomó aire, se arregló la gorra y les gritó,
Entiendan que estos tipos están fritos y los batiremos hasta destruirlos. ¿Y saben por qué?. Porque tienen “ñeque“. ¿Entienden lo que eso significa?
–¡No, no! –gritaron algunos.
Porque tiene mala suerte, “jettatura” le dicen los italianos; y ya huelen a muertos –les aclaró Félix, en el último día antes de comenzar las operaciones militares.

Choque de dos anti-partículas
El enemigo fue identificado como una agrupación subversiva infiltrada y articulada secretamente dentro de Bolivia; organizada, pertrechada y pagada por el régimen comunista de los hermanos Castro. Su tarea: destruir la democracia en Bolivia.
Ansiosos de repetir en Bolivia el fenómeno cubano y convertir Bolivia en centro de radiación subversiva hacia sus vecinos, especialmente con sus ya vinculaciones pre establecidas con las otras bandas comunista colombianas, ya en proceso de consolidación (2).
Sin embargo, ahora en la tensa postal después de la batalla exitosa que se extendió durante meses, Félix y sus compañeros; desconocían cómo finalizaría ese drama letal intenso, vivido por los participantes directos de ambos bandos.
También los testigos valiosos del lugar, dado que todo dependería de la decisión tomada por el más alto nivel del gobierno boliviano, respecto a los invasores, en especial su cabecilla.

Un argentino aventurero; con una extensa hoja de asesinatos a sangre fría en Cuba; que venía dando guerra desde Guatemala, cuando corrían los tiempos de Jacobo Árbens Guzmán y su gobierno nacionalista, pro comunista.
Se trataba de “Papá“, el nombre clave dado por el alto mando boliviano al jefe de las fuerzas subversivas castrista; después etiquetado con el de “león“, de manera operativa. Un tipo conocido por todos y cada uno de los miembros del batallón de rangers; el cual  había sido hecho prisionero vivo, con algunos otros de sus secuaces.
La acción bélica fausta, tuvo lugar tras largos meses de búsqueda intensa e ininterrumpida del grupo subversivo infiltrado en territorio boliviano, cuyos fines propendían a derrocar su gobierno e implantar un régimen despótico, copycat de la feroz dictadura totalitaria cubana.
Dicha estrategia se basaba en lograr una cabeza de playa con vistas a sojuzgar por etapas, al resto de los países periféricos indoamericanos. También La Habana contaba con agentes posicionados estratégicamente en algunos cuerpos legislativos, universidades, medios, fuerzas armadas Centro y Sudamericanas.
En especial Colombia, sujeta desde entonces a una astrosa guerra contra los narcotraficantes, disfrazados de oposicionistas. Todo el despliegue táctico se ejecutó, a fuerza de dólares blanqueados directamente en Moscú.

El propósito final de la estrategia siguiente: saltar sobre los EE.UU, mediando los mexicanos, siempre pendientes de una deuda que debían pagarles los Estados Unidos, según ellos.
Sólo que ahora “Papá“, joya de la corona castrista, lamentablemente para los rectores del manicomio comunista implantado en la Isla de Cuba, ya era o se les había convertido un simple león tusa’o con ñeque.
Cuando Félix tuvo delante de sí al oficial de aspecto recio, pero de modales educados, uno de los oficiales a cargo del dispositivo de combate desplegado para arremeter contra los guerrilleros, éste último lo miró de hito en hito. El oficial pareció o dio la impresión de buscar la palabra exacta.

Gracias —le expresó el oficial, lacónico, con palabras ininteligibles, casi abstrusas, pero cargadas de reconocimiento.

El otro oficial que le acompañaba, se dirigió lentamente hacia el aula de la escuela, cargando su metralleta automática de 9 mm Uzi, como las empleadas por las tripulaciones de los tanques de guerra . En ese sitio, yacía el león prisionero.

—Nada especial—apuntó el cubano— lo importante es haber neutralizado a esa gente, para que no hagan más daño.

Félix comprendió, al ver signos de emoción en los ojos del oficial, que el militar trataba de dignificar todo el denuedo desplegado por los asesores militares del CIA, en entrenarlos para la captura del cabecilla de la intentona.

Y el cubano le hizo un gesto amistoso, complacido con la victoria. Pero asaltó una duda, cuando el otro oficial entró en la escuela y cerró la puerta.
El epicentro de la banda insurgente había sido neutralizado y destruido, paso a paso, pero de manera absoluta y sin dejar cabos sueltos. Sus tentáculos, en uno de los cuales se bamboleó por un tiempo una leona inexplicable, Tamara Bunque Bider, (“Tanya“, la guerrillera) ya no existían.
Ello resultó en una operación quirúrgica exitosa de alto vuelo, desarrollada de igual modo que el cubano les pronosticó a los rangers, durante los entrenamientos. Porque aquellos soldados, ya fogueados en la selva, no habían sido escogidos de la nada o por azar. Y fue desde ese punto exacto, donde comenzaron a temblar los Castro.
Dos ráfagas de cordita y una primaveral

Me los van a traer desde los mismitos picos de la sierra –apuntó en su orden al Jefe del Ejército, el presidente de Bolivia, Gral. Réne Barrientos Ortuño– . Me los traen de la zona de peor entrada y salida. La de peor acceso por lo intrincado. Los quiero campesinos, bien campesinos serranos –dijo el Presidente, refiriéndose a la leva de alistados que integraría el Batallón de Rangers, esa tropa élite a entrenar por los asesores cubanos.

La misión conjunta de las fuerzas demócratas dejó sin opciones a quienes fueron vendidos por la propaganda castrista, como una especie de Guardia Élite como la de los 10,000 Inmortales del emperador Jerjes; el cual fue vencido en las Termópilas por Leónidas.
No hubo una orden específica impartida del rey de la floresta, ni siquiera por parte de grillos y cigarras, sus alabarderos habituales más escandalosos y recurrente.
Lo cierto fue que un silencio, el cual sorprendió también a todos los humanos cercanos al lugar, descendió pesado como si todo respondiera a un mandato, ejecutado sin solicitar permisos.

Y la cosa resultó notable, porque todo lo vivo de los alrededores de la escuela, se puso en atención ante lo premonitorio inferido sobre el fin de los invasores, aunque sin conocer los detalles.
La ruptura inmediata del silencio dio al traste con cualquier vestigio de esperanza en los capturado, quienes quizás recibieran de la propia medicina cruenta que en su tiempo ellos aplicaron a los opositores demócratas en Cuba y otros lugares, a escala mundial.
Porque de inmediato que cesaron las detonaciones provenientes de dos ráfagas intermitentes de una misma arma automática, y que se escucharon desde la dirección donde la escuela, hicieron que los curiosos presentes en las inmediaciones cortaran la respiración y quedaran en sigilosa espera.

—Es sobrecogedor–argulló candoroso, un novato recién egresado de la Escuela de Oficiales del Ejército Boliviano, hijo de un escritor.

—No me digas –le ripostó otro de sus compañeros de clases, hijo de un ingeniero en telecomunicaciones–, y no te conmovió, cacho de cabrón, la impiedad que tuvo él con los opositores que fusiló en Cuba, indefensos. A que viene esa babosidad, compa, porque el argentino tuvo la oportunidad de pelear. Sucede que perdió por inepto y por estar abandonado por Cuba.

Un leve sonido de cerrojo, indicó que la puerta se abría. Los oficiales y soldados en las afueras, sabían quién estaba dentro y quizás, la orden que llevó consigo cuando penetró en el sitio. Después todos vieron la figura alta y corpulenta del oficial ranger que se destacó en la semi penumbra del dintel de la puerta desvencijada.
Una extraña ráfaga silenciosa, esta vez de viento –quizás de alegría eufórica de Tánathos imbricado con Eros– hizo una polvareda, tal vez la última que soplaría fuerte en aquella primavera austral que ya exhausta, pero que transcurría bajo acontecimientos de profundas relevancias históricas. El aire, trajo consigo un ligero olor a cordita emanado del interior del aula, por los disparos a quemarropa.
El oficial terciaba su arma y con gestos inusuales, torpes; con su bota de campaña arrastró y echó violentamente fuera del recinto a punta pies, varios casquillos de balas esparcidos por el suelo.
El militar terminó de abrir la hoja desvencijada, chirriante, y salió al exterior donde tomó una bocanada de aire profunda y tosió y carraspeó de manera áspera. Después se descolgó el arma y la sostuvo en la izquierda. Sacó de un bolsillo pectoral una especie de pañuelo militar, camuflado como su uniforma, y se secó un imaginario sudor.
Echó una mirada fiera a los presentes, volvió a pasarse el pañuelo por el cuello y miró a Félix; quien le estampó una mirada medio que azorada, por lo que intuyó había sucedido en el interior de la escuela.

Ya está hecho —le dijo el ranger en voz baja y firme—, cruzado de pecho a cadera, para no desfigurarle el rostro. Ya no habrán más guerrilleros en mi país, que vengan a jodernos la patria. Y juramos que esto será para siempre.

Y así fue. Félix recordó que por una disposición interna, táctica para las zonas de guerra, el Ejército colombiano nunca tomaba vivos a prisioneros mercenarios extranjeros. Mas si eran capturado en combate con las armas en la mano.
Este, no era el caso de cuando una expedición de exiliados cubanos se integraron en la denominada Brigada 2506; desembarcó en Cuba por Bahía de Cochinos, en la Ciénaga de Zapata; con el fin de liberar al pueblo de Cuba del régimen totalitario comunista. Los brigadistas anti comunistas, fueron asesorados y apoyados por los EE.UU, y con ayuda de los exiliados. Sólo que en Cuba no existía tal forma de combatir.
Entonces, el incipiente Ejército Rebelde integrado por castrista y las fuerzas paramilitares de milicianos, las cuales estaban pertrechadas, entrenadas y dirigidas por asesores militares provenientes del bloque comunista a los cuales obedecían, checoslovacos y rusos.
Estos asesores, especialmente los rusos (españoles, veteranos de la Guerra Civil de España) instaron a los soldados cubanos, especialmente a los oficiales de las milicias, a que remataran a los heridos o mataran a los prisioneros,

A todos los que puedan!. Antes de que rindan —rugían los asesores, lanzando imprecaciones.

Un modo de actuar ilegal, que después fue revocado por Castro, por razones desconocidas y que nunca nunca explicadas por los régimen.
Epílogo inverso anterior a las 13:15 horas, de una tarde obstrusa
El drama final descrito, se inició en una fresca mañana de octubre, 1966, cuando el león colmado de rabias y venganzas por la frustración de sus pesadillas y derrotas africanas, siempre machucadas una y otra vez a manos de su admirado Gran Hermano, arribó al aeropuerto de La Paz, Bolivia. El Líder Máximo le reprobaba insistente, aún frente a otros miembros de la cúpula, sus torpezas y fracasos en cada misión que le encomendó. Ello sembró resquemores en el regañado.
Claro que el león tampoco sabía lo que aprendió después, mas dado a espejismos y reafirmación de su personalidad ante el Líder Máximo;  en la Sierra Maestra sobre el tema, por boca de un cubano demócrata veterano de la Guerra de Corea al que como es natural, le apodaron el “Coreano“, un tipo con los pantalones tan bien puestos como su memoria prodigiosa.
Es destacable que el Coreano, creyendo buenas intenciones en los Castro, se brindó a entrenarlos en las artes de la Guerra. Por su experiencia como veterano del ejercito de los EE.UU en la Guerra de Corea, junto con otros ex combatientes experimentados caídos en la misma trampa, brindaron entrenamiento militar teórico-práctico a la tropa bisoña de los expedicionarios del yate “Granma
Explicó el “Coreano” sus sorpresas, cuando el león se interesaba insistiendo siempre con él, acerca de,

“…las emociones que se experimenta cuando se asesina a un semejante a sangre fría y sin motivos”.
“¡
Avemaríapurísima! –exclamaba el Coreano– con este pibe caníbal y mi vieja pared del arrabal con su sombra letal que nunca lo fue

Cuando el león miró a su alrededor no observó nada que entendiera excepcional para ser un país de los tantos del altiplano, y sintió las frialdades propias del entretiempo mediante en el paso hacia el verano. El león arribó con la insolencia de una pose hierática, ensayada y sin expresividad al futuro teatro de la que seria “su guerra”.
Exclusivo de los torbellinos de su mente, le pareció sentirse en medio de los himnos y ruidos silentes. Pero de lo que sí estaba seguro fue de su decisión de ejecutar y conmutar para sí, en su beneficio propio, la tarea prometida a los Castro y también para repletarse de ensueños que por alguna razón los presintió mortecinos.
Nada sorprendente, que por la cervical le corriera un escalofrío para quien sabe al dedillo que cada segundo era un desafío a su destino, que para él era el agua en la que nadaba mejor.
Como les es natural a los comunistas, más por ser subversivo, el león llegaba disfrazado con personalidad, papeles y leyenda, falsos. Le siguieron por separado, utilizando otras vías y momentos, el resto de la banda de secuaces complotados ya dispuestos y entrenados en “Manila” para apoderarse por la violencia, del país al cual no pertenecían, ni al cual fueron llamados.
Eran invasores simples salteadores de caminos destacados para el ataque al descampado, expedicionarios destinados por la voluntad suprema del Líder Máximo radicado en La Habana, apoltronado a miles de millas de La Paz, expeliendo órdenes a sus agentes para un sinnúmero de actividades subversivas a las que no tenían derecho. Esta, era una de esas.
Todos juramentados en destruir a posteriori cada vestigio de democracia en el continente americano, tal iniciaron en Cuba los viejos guerrilleros cubanos en enero 1, 1959.
A los rusos, mientras, no les convenían tales desmesuras públicas sino el juego de los frente populares, la lucha de clases, los “progress” y el resto de los devaneos zurdos vendidos al detalle en las herboristerías marxistas.
Parecidas a las “botánicas” de santerías miamense actuales.La trama armada cuidadosamente por los estrategas castrista desde La Habana, teóricamente, había deslizado sus cuadros y personal operativo hacia el altiplano boliviano por vías seguras, aquellas sólo utilizadas por contrabandistas, bandoleros y narcotraficantes.
Y por ahí introdujeron también los equipos, pertrechos y armamento que la Manila fementida les proyectó como básicos y en las cantidades adecuadas, junto con las municiones de guerra y de boca indispensables.
Estas últimas, considerando que podían ser obtenidas localmente y sólo durante el tiempo preciso, hasta que alcanzaran sus objetivos primarios: disponer de un enclave militar permanente, suficientemente fortalecido en lo táctico y logístico fuerte, para el empuje final sobre el gobierno boliviano.
Sin olvidar el vivaqueo ligero en las selvas durante los primeros tiempos, con el Ejército que en algún momento les pisaría los talones, para lo cual requerirían liviandad en las mochilas.
Para el león, todavía sin melena, quien ya no dejaba de experimentar cierta desconfianza interior por el empuje insistente de sus mentores, prestó cuidado fino en conocer las cotas de los escondrijos anunciados en La Habana donde; supuestos zapadores enviados con antelación, habrían depositado el grueso de los equipos pesados, médicos, vituallas, parque, comunicaciones y otros pertrechos.
Buena parte de los “zapadores” devinieron fantasmagóricos y los más aviesos (comunistas locales) se complicaron en traiciones y escamoteos de los pertrechos un tanto raros por la naturaleza de sus fuentes de su alimentación, y no por ser gente extraña a la guerrilla.
Al león, no le convencían los pronósticos de sus mentores, acerca de una acción fulminante contra el gobierno boliviano del Presidente Gral. Barrientos y la consecuente derrota de este régimen democrático a manos de las hordas campesinas teóricas (la versión maoísta) soliviantadas por los militantes locales del Partido Comunista Boliviano, que nunca aparecieron.
Ni tampoco, que los suministros estuvieran listos en su totalidad, para iniciar la campaña incierta en un territorio que en su totalidad estaba en manos enemigas. Voces internas, y externas provenientes de paisanos, le sugirieron no confiar en un plan donde su figura se destacaría en el punto central y por ende, como un papamoscas, diana de sus perseguidores bolivianos y posiblemente de otros provenientes del extranjero.
No eran los tiempos en que un puñado de terroristas descamisados (Cuba) asustaron desde el lomerío a un gobierno reconocido, una sociedad sólida y repleta de confianza en su futuro, sin embargo con un pueblo idiotizado con la consigna de demagogos, especialmente los radiales; que cualquier otra cosa era mejor que el gobierno republicano actual, aunque autoritario.
Los complotados, no obstante, parecían convencidos de que en base de la experiencia cubana, con la derrota del gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar; daría a las fuerzas bolivianas antiterroristas, estrategias pasantes del estado defensivo al de alerta ofensivo.
En marzo 11, 1967 por dos desertores de la guerrilla, Bolivia y después EE.UU advirtieron la presencia de un foco insurgente sediciosa por la zona de Valle Grande. De tal forma, el gobierno boliviano solicitó ayudas a sus aliados naturales, los EE.UU.
En un tiempo corto, casi de inmediato, los asesores cubanos del CIA pusieron en manos del Ejército boliviano un batallón de rangers; casi todos jóvenes campesinos dispuesto para la búsqueda y captura o destrucción completa, de los invasores.
En pos de otra Nueva Clase de Escopeteros
Ya desde finales de 1966, la banda de escopeteros se consideró apta para iniciar el juego mortal. Concluían la etapa preparatoria tendente a montar un enclave guerrillero en el altiplano andino. Según los planes, alcanzarían idéntica puntuación que los sediciosos cubanos, contra el gobierno de Batista.
El objetivo de la parodia boliviana se perfiló dentro de un plan maestro de batir al gobierno, utilizando terroristas disfrazados de oposicionistas y después, anulándole al pueblo todo vestigio de esencia democrática, con la imposición de una dictadura (como las apocalyptos del ALBA) sujetas al más fino corte maoísta –quizás también en su temible versión genocida del Khmer Rouge–, una variante por la cual, después de anunciada por los orates comunistas de Cambodia, el león se derretía.
Los complotados, desconocían parte de los detalles secretos de la operación armada en La Habana e inferían dudas sobre posibles copias ciegas del guión original de la Sierra Maestra. Para algunos guerrilleros cubanos, fue sospechoso la lista tan nutrida de líderes desertores del bando comunista o peor, desaparecidos en circunstancias turbias.
Los anales de la épica guerrillera, devendrían desastre natural con la extinción absoluta, en meses y por estrategias exquisitas de los asesores CIA, del síndrome terrorista inducido por la cuadrilla. La dirección guerrillera calculó, en sus paranoias, que sobrevendría la fase de expansión hacia los países periféricos.
Asegurarían el petróleo venezolano, la jungla Matto Grosso, el Pacífico y el Canal de Panamá, entre otros, como las Antillas. Una estrategia a ejecutar con la destrucción sistemática de la logística gubernamental y de la población, al generar un caos total en Bolivia. Seguiría la conquista desde su patio trasero, de la potencia que los comunistas plagiaban denominándola “pérfida Albión” (EE.UU) en el decir griego.
Ver que por los años 60 Norteamérica era supuesta por sus enemigos y hacían la propaganda la determinaran como “a punto de caramelo”. Suponían, una nación desestabilizada por los estupefacientes, Caballo de Troya de los comunistas e islamitas.
Y también, por las acciones antipatrióticas de los anarco-liberales, izquierdistas, fabianos, islamitas árabes, musulmanes negros y el desenfreno delictivo de los grupos terroristas y partidos comunistas separatistas como los terroristas del Partido Panteras Negras (a veces, denominadas “de Autodefensa”) y maras centroamericanas locales.
La Habana, aprovechó la confusión por la guerra indochina, y devino abiertamente gestora del aborto boliviano ansiosa de ensangrentar nuevamente a Indoamerica, después de los fracasos rotundos de los conatos guerrilleros aplastados durante la década de los 60s.
En el juicio del león, la diferencia consistiría en que ahora él y su Superego serían los reyes de la selva y el único apto para rugir. No como en la Sierra Maestra, donde los comandantes castristas lo tenían como un cachorro extraño a la jauría a cuyo criterio la autosuficiencia arrogante del líder, contribuía con todo esplendor.
El león siempre se presentó envuelto en un halo de estoicismo y desgano por los deleites de la vida burguesa y así, dibujo su imagen. Quizás, fue una refinada falsedad escénica, tal el Graco jacobino (François-Noël Babeuf)¹.
Él, campante, iba y venía con expresión y atuendos ajenos al pecado original de apetitos hacia el savoir-vivre (saber vivir); hedonismo criticado a la burguesía –igual al que enchumbó ruindades la Die Neue Klass oder die Bezeichnung (“La Nueva Clase” o la “Nomenklatur“) inherente a todos los totalitarismos, tal es el montado por los comunistas cubanos–, como base de su discurso babuvistas.
Manila” (La Habana) en la clave guerrillera y Poma en la de mi barrio), fungió como rampa de lanzamiento de los conjurados. La dacha moscovita, sorprendida en alguna medida; se adjudicó la primogenitura invasora dado que nadie oso desmentirla, decían, por ser ellos los gurúes más aptos para alborotar el traspatio norteamericano.
No eran los viejos “mau-maus”  de las tribus kikuyus
La artillería liberal de los medios estadounidenses, descolimó sus blancos indochinos y se enfocó hacia esta nueva travesura prometedora de glorias y famas. Tal sucedió con el complot en el que se destacó como protagonista el corresponsal del “New York Times”, Herbert L. Matthews, un mitómano de cueros rojizos y maoísta hasta la obsesión sociópata –cronista fracasado de “La Gran Marcha”–, que le caló hasta los tuétanos.
Este periodista se presentó como un adorador enfermizo e irredimible de los totalitarismos, en su entrevista a Fidel Castro en la Sierra Maestra, al cual disfrazó con una épica falsa de “Robin Hood” moderno al servicio de los pobres, eternizada después por la propaganda oficial castrista y el resto de los cotillones danzantes en las riadas izquierdas.
El triunfalismo de la añagaza guerrillera, hizo que Castro se aventurara en ciénagas profundas como la boliviana poniendo al frente de la banda de mau-maus aventureros, a uno de sus comandantes más significativos; apartando sus fracasos al exportar la panacea totalitaria con los mercenarios cubanos que invadieron África, Asia y Medio Oriente.
Pedestales trágicos donde fueron incinerados miles de jóvenes cubanos. En el caso de África, multitudes de negros cubanos por su mimetismo étnico.
El león, fascinado con sus boberías propias, ora tras errar descalabros por el Tanganica (Congo), perseguido por mercenarios belgas y patriotas africanos, rugió desvaríos en la Tarpeya marxista y ensayó teorías económicas repletas de disparates, durante el tiempo que fungió de ministro, asolando el Banco Nacional y Ministerio de Industrias.
Mediados los años 60, el león cayó en trance hipnótico imaginando ser el comandante idóneo para la aventura boliviana. Uno de sus dislates en Ñancahuazú, consistió en aceptar la encomienda de Manila; sin advertir que siendo él la estrella rutilante del affaire boliviano, no le mostraron el guión completo.
/Así, aquel felino cargado de odios y furias que aterrizó en La Paz una mañana fría, nunca pisó la selva real sino otra virtual. E ilusionado con glorias futuras, falló el escalón dando una voltereta mortal hacia el abismo, el mismo que sus promotores inundarían tras su su muerte con fanfarrias y promos dolarizados con ganancias pingües.
Difuminación paronírica de saltamontes ensoberbecidos
Aquello sobrevendría tras de la difuminación de su efigie rumbo al Partenón del Olvido, donde los Castros desechan los iconos fabulosos que fueron molestos, pero ahora ya inofensivos. Eso sí, aquellos de los que ya “ni pinchan ni cortan”.
La magistral neutralización del conato guerrillero a manos de los rangers bolivianos, no sorprendió a nadie en el barrio. El desastre fue anunciado al conocerse que esa grey aturdida era comandada por el arquetipo del tonto por excelencia del siglo XX: el Dr. Ernesto Guevara de la Serna (aka “Che“)².
Lo ocurrido a este líder cruento a la una y cuarto de la tarde, aquel 9 de octubre de 1967 en Quebrada del Yuro; no fue sólo el fin de un adalid falsario de hojalata de pulgueros, abandonado convenientemente por sus cómplices y promotores; sino el cataclismo de toda una ideología perversa saturada de ululare tiránicos, desbancada de manera definitiva con la caída del Muro de Berlín y hoy, en proceso de disolución histórica.
Esa misma noche de fiestas democráticas y cánticos luctuosos para las bandas políticas zurdas, un ranger de los más jóvenes, se levantó de junto a la hoguera del vivac. Y recordando una tonada a levantó su copa y brindó eufórico:

Silencio, que’león duerme esta noche“³.

Pero no tardó sin que les sorprendiera un rugido retumbante desde la selva, alertando que para las democracias, no habían finalizado los tiempos del terrorismo brutal y sus cúmbilas de ponchos y guarachas. Tal muestra hoy, la simbiosis narcoguerrillera e islamita con el Eje Apocalypto (ALBA).
Nada de extrañar en ese mundillo donde pululan marxistas desdentados, plumas envilecidas, guitarras pervertidas y guerrilleros ensangrentados, todos embrujados en liturgias destructivas.
El ocaso del león, resultó ser otro ridículo melodrama davidiano de los montados por los Castro, inmediato después del infausto enero 1 de 1959. Antesala de un horror devenido semejante, en septiembre 11 del 2001. ¿Alguien duda?.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)  El Gral. René Barrientos Ortuño, fue presidente de la Junta Militar (1964-1965), co-presidente junto a Alfredo Ovando Candía (1965) y en 1966 fue elegido Presidente Constitucional de Bolivia. Durante su presidencia, tomo un rumbo desarrollista cercano a los campesinos. La banda de “Che” Guevara fue destruida durante su presidencia.
(2) de Pedro Antonio Marín, conocido por los alias de Manuel Marulanda o Tirofijo hasta su fallecimiento en marzo de 2008. Desde entonces, su líder en jefe es Guillermo León Sáenz aka Alfonso Cano.
(3) Ver Babeuf, Françoise-Noël “La conjuration des Égaux, Le manifeste des Egaux o La conspiration por l’égalité ” (La conspiración de los iguales).
(4) En lugar “de la Serna” el CIA propone “Sheinerman
(5) Ver The Tokens (“The Lion Sleeps Tonight”), 1961. Solomon Linda reclamó la balada zulú conocida también como “Wimoweh” o “Mbube“, escrita en 1920.
In the jungle, the mighty jungle, he lion sleeps tonight.4
(6) Ver Malan, Rian (May 25, 2000). “Where Does The Lion Sleep Tonight?” Originalmente, Rolling Stone “In the Jungle”

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