.Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?


.Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?

I/III

Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
TESIS

“Versos Sencillos”,
Yo sé de un pesar profundo
entre las penas sin nombres:
¡la esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!

José Martí

Preámbulo distópico de especismos y veguismos
Saber que entre otras de las tantas variaciones del breviario imaginativo de los salmos antifonarios, andan escondidos un par de entes filosóficos: el especismo y su antípoda, el veguismo. En la realidad son vericuetos insomnes, no síndromes mentales, pero se convierten en exageraciones repelentes, al intentar ligarlos metafóricamente al destino propio de los humanos, o sea, el valor real del individuo en su papel de ser subsistente (auto alimentado) y después pensante que reboza inteligencia, parangonándolo con el existir de seres oxigenados como son los animales y las plantas superiores e inferiores.
En rigor, a ninguna entidad racional del clan se le ocurriría establecer una liaison, ni siquiera circunstancial o empírica, entre el ser humano y una ameba. Cierto es que bajo estas visiones, quizás susceptibles de ser tenidas en calidad de consideraciones yuxtapuestas con los modernos enunciados ambientalistas, nos sentiríamos casi avergonzados de respirar, para no malgastar un oxígeno que quizás no nos pertenezca.
Sucede que esta categoría de humanos casi del tipo ontológico, sin decirlo, nos exoneran de esas culpas; en el instante en que acentúan el referirse a la Flora y Fauna reinantes en la Naturaleza física, no la virtual poética, que conocemos a través de las ciencias y artes.
Ello estaría bien en la calidad del sicotropismo esotérico que envuelve a estas almas sensitivas, misericordiosas y buenas, con el beneplácito de grupos de opiniones tan conspicuos, que pugnan por establecer paralelos absurdos entre lo humano filosófico y otros elementos vivos, no inteligentes, capaces de casi todo, menos de filosofar.
Lo claro ha estado latente para casi lo completo lo referido a los humanos de alto coeficiente de inteligencia. Adentrándonos en el tema, establecemos que la esclavitud en su forma cruda e insolente contra la inteligencia y como subproducto de la acción triunfante de los fuertes contra los débiles. Hablamos de los hombres, no de las hormigas que ordeñan sus vacas esclavas, tal hacen otras especies.
Actuar así, por cualquier motivo; es una sinrazón abusiva que utilizaba el trabajo humano ajeno, en provecho del dueño del esclavo y sitúa a este sujeto-objeto en la categoría de no persona o en el decir piadoso de los sociólogos modernos, persona menor.
A este último, lo manifiestan como una entidad reducida a esa condición de simple generador de trabajo útil y por lo tanto una maquinaria humana rentable para el propietario, la cual debe ser cuidada con esmero para lograr su mejor eficiencia.
En el ánimo de los esclavistas, era de vital importancia que las parejas y sus proles recibieran cuidados adecuados, considerando que estas contribuían al engrandecimiento del patrimonio familiar, sin inversiones posteriores.
Es decir, la dotación debía auto regenerarse, multiplicarse y por lo tanto, ser mantenida al máximo de su rendimiento, con alimentación, adiestramiento y cuidados médicos con el costo mínimo.
Este principio ha sido el adoptado tal condición sine qua non como política de estado —que en el decir de los marxistas seria, la propia de la “burguesía criolla explotadora“— en todos y cada uno de los regímenes comunistas, instaurados a nivel mundial; con vistas a ser desdibujados en un falso paternalismo estatal –el Ogro Paternalista—, la escuela perfecta para el trotar de los lerdos que integran la militancia partidista, o sea, el lumpen proletariat izquierdista.
Tal concepción de la “dotación esclava” corre imbricada, superpuesta, sobre rieles idénticos a los extendidos por las dictaduras totalitarias degeneradas a pedazos ante un público inerte anonadado ante el asalto institucional, tales aceptaciones partieron de doctrinas políticas absolutistas a todo lo largo del siglo XX. Quedan vigentes las trazas del marxismo bipolar exótico y el indo-apocalipsismo.
El batallar de los totalitarismos, tal es el de la esclavitud adoctrinal, pretende que se le considere una realidad ad hoc y no una hipótesis falsaria. De donde, el concepto de dotación o hato de esclavos, deriva y es conducente al mismo concepto de “masa”.
Es el mismo dislate acariciado por los totalitarismos y es, sin que se lo hayan propuesto así por ser una tara filosofica de los marxistas demasiado evidente, tornados en una denominación tan ofensiva como la igualación a los Tengus animaloides, de la mitología japonesa.
Venta de garajes: burbujas de tarugos embrujados, gatos mitones e idioteces varias, todas, marxistas de pulgueros
Es un punto de vista tomado como moda en el peor sentido moderno, el armar entidades esclavistas oficiales patrocinadas por los regímenes totalitarios a los fines de su comercialización, venta o lease (arrendamiento) de sus recursos humanos; a los reyezuelos de los N-Sub Mundos. Porque las ofertas consisten en burbujas rellenas de productos materiales y humanos de desechos, que incluyen a veces atisbos de tecnologías softwares, rudimentarias. En realidad son elementos no utilizables en el país artesanal productor de los materiales o servicios contratados, para servir tanto en laboratorios, como en soires pecaminosas.
El “quid” (noeud de la question) encaja al dedillo y radica en las avanzadillas de las brigadas castristas mercenarias, de ambos sexos, compuestas de asesores militares de inteligencia y contra inteligencia, represores policíacos, soldados, médicos, ideólogos, artistas, profesores, ingenieros, economistas, tecnólogos y otras especialidades de la nada intelectual bolchevique; extraídos de esa especie de cuna para gatos marxistas maullantes, los cuales proliferan en los manicomios de sus “Animal Farms”.
Una mercancía cuya plusvalía laboral o de uso, es embolsillado alegremente por el estado explotador (Ogro Paternalista). Saber que el concepto básico de esta rapiña del régimen dueño de la dotación, que no es original de Marx; sino plagiado por éste “Carlitos way” propio del barrio habanero de “Vieja Linda” —un personaje inescrupuloso, además de souteneur de Engels— de economistas brillantes de la libre empresa como lo fueron Adam Smith y David Ricardo.
Es la burbuja clásica del sinfín de la venta de garajes de idioteces surtidas que nunca trabajaron en Cuba, no por incapacidad profesional de los brigadistas sino por la reticencia sorda de estos infelices, al verse convertidos en una moronura de tarugos seudos quinta columnistas embrujados por La Habana. Entes, los cuales la entidad esclavista habanera venden (o arrienda) a los protistas animaloides de los N-Sub Mundos; esas piaras de líderes imbeciloides de la aristocracia nativa, repletos de materias primas que nunca, por sus ineptitudes infrahumadas, les debieron pertenecer .
Sucede que todas estas avanzadillas de las animal farms, por saberse explotadas hasta el desenfreno por sus capataces capitalinos; andan plagadas y carcomidas por hemorragias imparables de desertores (en realidad fugitivos aterrados). Los mismos que anteriormente fueron cazados a mansalva de entre la población indefensa, por medio de levas para ejercer como siervos alquilados bajo coyundas represivas. Converge en unos infelices hartos del trabajo esclavo infamante, el colectivismo infecundo más el envilecimiento de su propio ser y su hábitat.
De ello, el símil comparativo con las ideas de los especimistas modernos, a quienes inconexos con este nuevo fenómeno esclavista; se les ocurrió denunciar el empleo de animales para realizar trabajos y su cría como alimentos, actividades o fines a los que han sido incorporados en versatilidades que navegan desde el transporte, guerras, producción, entretenimiento, materia prima y otros.
De modo que ello deriva en la comercialización en todas sus formas (incluyendo sus derivados consumibles) y como elementos no desechables que forman parte de la dieta alimentaria o nuestra indumentaria, tal sucede con el ganado o la cosecha de plátanos de nuestro vecino productor “de algo”.
Con estas certidumbres a vistas, es de donde los veguistas por su parte, protestan airados sus confusiones desde sus templos culinarios por la utilización de las plantas superiores y robustas hasta las semillas, destilaciones, resinas y los vegetales con propósitos semejantes; incluyendo los usos terapéuticos, entre otros.
Sucede que ambas categorías, una especie de proto esclavismo simbiótico subjetivo, concuspicente, se contradicen paso a paso en su quehacer de confrontación diaria. Es que ambos deliberan en lenguas ininteligibles para el “otro”. Pero eso, les agrada.
Porque tales apariencias proteccionistas esgrimidas por los ambientalistas, ignoran ipso facto que la primera obligación de los humanos si se quiere, es la subsistir a como de lugar el dictado de la vida, estimada bajo consideraciones éticas y morales. Y tambien, porque son en definitiva las que interesan a quienes integramos la Civilización Occidental judeo-cristiana, como la Doctrina Líder de la Humanidad.
Es la orden de subsistir como seres racionales en la conservación de la especie y no veranear entre disgregadores de estados sublimales en cada atardecer, sólo conducentes al exterminio del clan o de la gen, bajo la inexorable agresividad del medio ambiente.

“Es vivir único, para la venganza.”

Pero admitir que no fueron a pie forzado, como las llamadas “supuestas” sopladas al oído de los habitantes del planeta Tierra; cuentan las Crónicas del Hormiguero impartidas por extraterrestres, ejemplarizadas quizás procedentes del planeta K-PAX —por comodidad el las granjas con lunas gemelas—; y por boca de su super rápido mensajero no solicitado, el inefable “Prot“, es harina de otro costal.
Por lo tanto, tales afirmaciones nunca debieron ser tomadas con seriedad, si existieron y supervivieron más allá de supersticiones. En K-PAX (o como se llame la alegoría seudo pacífica del planeta subrepticio) al igual que en la Tierra, siempre hubieron trazas indelebles de esclavitud.
Ver que el mismo “Prot” acusa una indiferencia sólo comparable con el comportamiento aletargado de los Elois, en calidad de alimento de los Murlocks.
Y la cita de ciencia-ficción (1), advertimos, en modo alguno representa una broma frívola sobre el tema de la esclavitud. Quien lo dude, que hurgue en la tesis de los Mundos (o Universos) Paralelos Relativistas de Hugh Everett, Einstein o la Teoría de Cuerdas.
En la Garganta de Olduvai, encontraron el cráneo de “Lucy
Nadie tiene que confundirse con estas disgregaciones, un tanto telúricas y sin conexión fiable con los destinos de los seres humanos de la superficie. Y de ninguna forma, dedicarle atención ni tiempo. Es que en las cuestiones inherentes a la esclavitud los residuos actuales son demasiados serios, especialmente en la forma de mendacidad grosera de los marxista, bajo estrategias encubiertas de “colaboraciones desinteresadas“.
Luego, no deben coexistir junto a las otras ambigüedades que nos entretengan en descifrar leyendas, imaginaciones o ensoñaciones distópicas; casi siempre lindantes con disparates imperfectos; tales son los dogmas extremistas enarbolados por la izquierda de salón y budoirs campiranos. Esa horda universitaria y de académicos culteranos, armada con disparates y viejas amoladuras enciclopedistas, distinguidas además por sus batilongos, sandalias y rabos de mula en ristre.
Por el contrario, si algún confundido o malvado o grupos de tales raleas sinistrorsas, generalmente manejadas desde el exterior; pretenden pisotear el más mínimo privilegio de aquellos a los cuales los humanos democráticos tenemos derecho en tierras estadounidenses; por inalienables o naturales que sea camuflados, “” debemos enfrentar con énfasis a éstos violadores y neutralizarlos hasta destruirlos completamente.
Ello devino en una especie de nirvâna utopique de la mejor textura humanista imaginable y sin pensarlo, en el hito distorsionado por los propios hombres sujetos a sus crueldades y avaricias innatas, todas ancestrales.
Y sucedió exactamente lo contrario, porque lo que (hipotéticamente, tomado como una licencia literaria) hizo el primer Homo Habilis del planeta Tierra cuando en duelo irregular venció al último de los homínidos, quizás intruso o habitante de la Garganta de Olduvai, en Tanzania (sobre la cual dicen los paleontólogos y arqueólogos que fue la “Cuna de la Humanidad“); resultó de contemplar anonadado la sinuosidades corporales de la capturada, vencida o tomada rehén como trofeo.
Asombró a los científicos quizás, al toparse con el cráneo en el cuerpo acurrucado de “Lucy” (Homo Ergaster), así llamada por la canción de los Beatles, “Lucy in the Sky with Diamonds“, quien en realidad fue Lucy O’Donnel, una condiscípula de John Lennon.
Por ende, debemos suponer también con profunda circunspección, el que estos sabios doctores etiqueten a “La Garganta de Olduvai” en calidad de “cuna generadora de nuestra Civilización”, sitio donde el Homo Habilis apresó a Lucy como prisionera de guerra o por una simple cacería tal hicieron siglos más tarde los rancheadores caza-esclavos árabes y portugueses.
Un hecho banal y cotidiano posible en aquellos tiempos ilógicos, pero es que del mismo emanó algo novedoso, aunque absolutamente cínico. A saber como corolario:

“Nadie aconsejó a este salvaje vencedor qué otra cosa diferente debía hacer con la prisionera vencida (minusválida y sub desarrollada mental, la cual provenía de un eslabón inferior), y que no fuera el matarla para comerse su corazón e hígado, tal era costumbre en aquellos tiempos.”

Sin embargo al parecer, como buen proto homo, el hombrecillo erectus habilis que habitaba en un casi olvidado meandro del hemisferio izquierdo de su cerebro, le conectó su tensor de difusión en el punto exacto del axón. Entonces, el convertido de inmediato en proto homo comenzó a pensar (o pudo reflexionar también) en algo más útil y duradero. De ahí le sobrevino la idea de convertir a la prisionera, en su sirvienta.
Entonces brotó como manantial la ominosa institución legada gratis y sin solicitud previa al arco iris racial de las generaciones posteriores, las cuales la ejercieron sin una pizca de escrúpulo en todos los continentes.
De este modo, durante decenas de miles de años hasta nuestros tiempos, el anti héroe se mantuvo entre aquellos recolectores y cazadores, enarbolando el pendón de la “La Esclavitud“. Una institución falsa, contra la cual en su tiempo clamaron airados sus oponentes.
Según transcurrían los siglos, cada civilización y nación al considerarse la más fuerte a lo largo de cualquier período de su grandeza propia, vencía a sus vecinos apoderándose y sojuzgando a los más débiles y sometiéndolos a algún tipo de servidumbre esclava. Estos ciclos se repetían globalmente, entre todas las razas, sin detallar cual de estas sometía a la otra, la que quizás ayer fue su opresora.
El por qué en todas partes se cocieron y cuecen las viejas habas marxistas
Se infiere de esos mismos doctores de la pre historia, que no se trata de un fenómeno como los achacables a la típica “Tragedia Americana“, en el decir de Theodore Dreiser. Porque cuenta el refranero popular, siempre indiscreto, que “en todas partes, se cocieron y cuecen las viejas habas marxistas“, una especie de esclavismo ideológico que la sustenta.
No es valido sopesar los ditirambos de las instituciones fantasmas defensoras de cualquier cosa, integradas por nuestros venerables sordos monoaurales; contemporáneos; que por desgracia para sus discípulos, los cuales para su conveniencia cuentan con una sola oreja dirigida hacia las instituciones democráticas, no las totalitarias.
Es que la moral y la ética particular del observador, puede hacerle ver “colaboración desinteresada” donde hay esclavitud formal. Un fenómeno Impressionism clásico, donde todo depende del ángulo y del cristal a través del cual se mire el mismo fenómeno esclavista de los apocalyptus del maxismo teórico.
Para los etnólogos, sociólogos y filósofos, el fenómeno de la esclavitud y sus consecuencias dependía del tipo de sociedad imperante. Durante siglos y para sorpresa nuestra hoy, en pleno siglo XXI y nada menos que en la propia África adolorida ayer; es ver que en Sudán y Mauritania por mencionar los mas conocidos.
Alli, sin una pizca de vergüenza, se mantienen sendos y florecientes comercios de esclavos; sin ningún tipo de escrúpulos por parte de estos sustentadores esclavistas autóctonos (africanos), porque ya no tienen el pretexto de culpar a los europeos de la trata infame.
Por supuesto, sin que muchos de los grupos u organizaciones internacionales o locales, se den por enteradas y continúan en sus cínicos divertimentos izquierdistas; y traicionan a las democracias que les sacian la gula anti patriótica; mientras no les toquen los fondos operacionales.
Una de las excepciones, conocidas hasta hoy, es el American Anti-Slavery Group (AASG). Porque los otros fantasmas de la pata zurda, como las adorables bandadas migratorias folclóricas del CAUCUS NEGRO CONGRESIONAL de los EE.UU (Barbara Lee y otras criaturas raras; asiduas visitantes al zoo habanera (quien lo dude, que le pregunte a los hermanos Castro); las cuales sin lugar a dudas, adolecen del síndrome de “Los Tres Monos Sabios” del templo de Toshogu en Nikko, Japón, donde habitan Kikázaru (el sordo), Mízaru (el ciego) e Iwázaru (el mudo).
Porque nadie acierta entender la razón por la cual les dio por saltar incomodidades grotescas con una sóla extremidad inferior, la zurda.
Es que el asunto que nos ocupa  está vinculado estrechamente con los “por cuantos” anteriores, dado que en un momento de la historia de los Estados Unidos, era igual al resto de la América pos colombina que prefirio quedarse en la estacada.
Para algunos ciudadanos les fue natural que desde el despertar mañanero, encontrarse con otros grupos de personas nacionales o extranjeras que en ocasiones eran también norteamericanos “virtuales”; de acuerdo a lo estipulado posteriormente en nuestra Constitución (tras una guerra fraticida horrible); vieran cercenados sus derechos elementales, sin que ello fuera considerado un pecado mayor.
En términos generales, para los anglos puros el concepto de propiedad les inducía a considerar al esclavo como un “bien de cambio“, apto para los negocios, tal sucedía en todas las plazas esclavistas a nivel mundial.
Mientras que según apuntan los estudiosos del fenómeno de la esclavitud, en el caso específico de los iberos, ciertas jurisprudencias humanistas y religiosas les inclinaban a considerar a los esclavos, como “personas menores” (no “inferiores”) necesitadas de un paternalismo protector que les entrenara para incertarlos paulatinamente dentro de la civilización occidental.
Un caso típico de la pérdida del paternalismo, referido a la inopia (en el limbo) de inseguridad absoluta en lo referente a la economía que resultó inevitable; con el cambio brusco del estatus social significó para los libertos y sus familias por la pérdida de manutención.
Fue la crisis social abrumadora por su masividad que se presentó inmediato para la grey de los nuevos ciudadanos, ahora carentes de un sitio donde vivir y un “trabajo estable”, tras concluir la Guerra de Secesión en los EE.UU.
Ello, entre otros factores —que desde el punto de vista humano y social no eran moralmente justificativos— se debió a la ruina completa de los medios de producción pertenecientes a los antiguos “amos” (que también la de estos últimos), que de una forma u otra les proveían del sustento diario y un hábitat.
La nueva legislación, propendía a adjudicarle a los emancipados iguales derechos a los que la Carta Magna estableció ara todos los nacionales de EE.UU sin distingos de raza, fuero, gracia, exención o prerrogativa.
El efecto de estas rarezas en el sentido común de los ciudadanos originales, implicaban que estas personas “nuevas en la sociedad” y sin ninguna historia, podían ser privadas, ignoradas o perjudicadas en sus derechos y privilegios, desechando el pacto social de que la ley “es una e igual para todos”. Tal sucedió en EE.UU tras la emancipación, hacia finales del siglo XIX. Una consecuencia se manifestó con el pendiente de la segregación racial sufrida por algunas minorías, en particular los negros.
Ello se basaba una concepción tan inevitable como errónea de estimar por parte de algunas sociedades cultas en el ámbito mundial, incluyendo las más atrasadas; las cuales suponían a estas minorías de acuerdo a los cánones traspasados de una generación a otra; como gente “inferior” social y culturalmente y por lo tanto, estigmatizables como ciudadanos de segunda clase.
Esto afectó directamente a los antiguos esclavos emancipados más tarde, como una de las consecuencias faustas de la Guerra de Secesión librada entre los Estados de la Unión. Ver que los abolicionistas del Norte actuaron bajo un proyecto anti esclavista surgido en Gran Bretaña y que tomó forma como tal en los EE.UU entre 1835-1865.
Este basamento significó un valladar moral a los sureños y los estados integrantes de la denominada Confederación del Sur que apoyaban la esclavitud, tal como existía entonces (referidos a la Historia antes de 1865) como un ideal de desarrollo económico.
Los libertos por la ley (antiguos esclavos) y los manumisos (liberados por voluntad expresa y libre de los dueños), recibieron igual protección y derechos de la leyes a partir de 1865.
Pero el desastre sobrevino en 1896, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó que una ley segregacionista (Law 111) emitida unilateralmente por el estado de Louisiana —impugnada en 1892 por un ciudadano negro, Homer Adolph Plessy— a fin de separar a los blancos y los negros en el transporte público, era legal. Este nuevo estado de derecho debe ser diafanizado de la forma siguiente:

La proliferación de leyes segregacionistras, no era producto de la implantación oficial por el gobierno federal, tal desean propagar los anti norteamericanos confundidos. Las leyes y disposiciones varias, tendentes a promover e instaurar la segregación racial resultó en una práctica, aunque infausta, legitimizada por la acción inconsulta de la Corte Suprema (sin el aval de los cuerpos legislativos y ejecutivos federales) perduraría hasta mediados del siglo XX.

Los líderes negros decentes y de otras etnias, batallaron contra dicha injusticia. Así, se abrieron varios escenarios donde se desarrollaron iniciativas con las cuales cada líder o facción desplegó sus tácticas y estrategias correspondientes, a fin de recuperar el terreno perdido.
Estos derivados indeseables, significaron una descomunal pérdida de tiempo y el retraso consecuente de las minorías, en evolucionar hacia el mejoramiento de su estándar de vida.
Los pintores y sus testimonios endemoniados
Y por ahí deambulaba el ojo avizor de los indeseables. Porque la cosa de la esclavitud se desarrolló, sin ataduras a las posibilidades del acertijo que pareció dejarnos el pintor Jean-Léon Gérôme en su oleo “Esclaves à la vente” (Esclavas a la venta), las cuales no nos hicieron perder el verdadero punto de vista eurítmico también aplastante; de las partes humanas vivas dejadas al abandono, como son las dos jóvenes esclavas —una blanca y otra negra— humilladas al ser expuestas a la venta por un presumible soldado (o depredador) morisco del Islam, en plena vía pública.
Ni siquiera con la presunta privacidad de un mercado con los atributos del “sin asombros”, por el tipo de “mercancía abominable” ofertada de manera tan infame.
Porque de eso se trataba en el pensar de los fuertes, de simple mercancía. Todo el paisaje, reunido con la supuesta delicadeza de un collage d’affiches voceados a pulmón pleno, montados sobre el “Skrik” (El Grito) de Edvard Münch, que aplica una relación indubitable pero no mezclada necesariamente con el resto de la muestra pictórica esclavista.
Porque en la postal triste, se incluyen como testigos mudos; los arreos militares como el saif (especie de cimitarra), casco y otros enseres del atuendo del supuesto guerrero “propietario” de esos, botines de guerra o del pillaje, donde se incluye un loro simbólico y extrañamente estático.
Claro, se evidencia que la imagen no es producto de la imaginación de Gérôme.
Otra es la visión apacible y no menos dramática que nos traspasa la visión de igual asombro en otra de sus obras, de estilo impresionante es “La marché aux esclaves” (El mercado de esclavas), donde parece transpirarse un aire calmo y tan sereno como el de las kalingas nivosas de la obra monumental “El Don Apacible ” de Mijail A. Shólojov.
Nada en esas imágenes deplorables son tales verduras frescas. Porque tras esas bambalinas no se sortean y reparten los especismos y veguismo del realismo eramista del “Lazarillo de Tormes” con sus vicisitudes de “fortunas y adversidades”.
Se trata de la crueldad humana de un submundo subyacente en aquella etapa de la Humanidad, tan reciente como hasta finales del siglo XIX al menos, porque en Cuba, los residuos de la esclavitud ya en plena decadencia como fuerza productora, perduraron hasta después de transcurrida la primera guerra independentista.
“La Guerra de los Diez Años” (1868-1878), resultó el tope del desvarío esclavista y sustentada por causa de la bien conocida tozudez burocrática española, se extendieron sin razón en los anales oficiales de las Cortes, hasta el 13 de febrero de 1880.
Con ello se dio la impresión de una España retrógrada e idiota, que ya no era. Resalta que desde el censo de 1778 (siglo XVIII), se indicó que el 61.3 % de los negros y mulatos eran libertos; o sea; entre 4 y 6 vece superior al de las sociedades sajonas.
Para los pícaros totalitarios contemporáneos (comunistas), la Trata de Esclavos es disfrazadas de ropajes y envuelta en múltiples ardides por parte de los despotismos gubernamentales en forma de cooperaciones, ayudas desinteresadas, internacionalismo proletario, intercambios científicos, culturales, artísticos y otros.
Ello responde a la idea implantados en Cuba como política, la “leva obligatoria militar-cultural de la Intelligenza nacional” (LOMCIN), de la cual se consideran dueños los líderes del régimen comunista de turno, en este caso el regentado por los hermanos Castro.
Tales eran reflejos del mundo real hasta entonces y el virtual de los artistas de ayer, no los de hoy. El inframundo de la esclavitud de los hombres, que en el decir de José Martí (2) era “un dolor inenarrable”.
Valga que este fenómeno inhumano hasta ayer, y todavía en formas iguales y de otras diversas estructuras infernales contra los ciudadanos, continúan azorando a parte de la Humanidad. Pero es que los artistas de hoy, incluyendo las manadas de juglares oficiales “cantautoresdecancionesprotestas”, no se atreven por, miedo, avaricia, comodidad y absoluta carencia de decoro.
Y bien están representados los llamados pictóricos al estudioso, a fin de reconocer quiénes en realidad eran en buena medida reyezuelos africanos, árabes, muy conocedores de cada vericueto del Valle del Gran Rift, tanto como en las zonas del Golfo de Guinea Ecuatorial (hoy, Nigeria y Benin), los cazadores y vendedores de esclavos en la vertiente atlántica del África subsahariana, quienes cargaban sus chalupas de esclavos (de cualquier color) hasta soltarlos en regiones tan lejanas como la India y Oceanía.
Porque existen errores y equivocaciones a tanto de repetirlas, son intencionadas, cuando se trata de referirnos a la Trata de Esclavos; con la cual no tuvo que ver solamente América y de esta, los Estados Unidos.
Por lo general, no eran muchos los europeos operando como cazadores de esclavos, por lo general, el comercio descansaba en los beduinos y porciones importantes de ciudadanos del antiguo Imperio Otomano (3) .
Sin intención premeditada de demonizarlos en su totalidad, dado que cualquier pillastre de cualquier cultura y religión, podía dedicarse al negocio de la Trata de Esclavos; tal continua en la África negra, sin mayores objeciones por los abanderados oficiosos de la misma etnia, que conozcamos, en el resto del planeta.
Totalitarismo vendido por Marx y Engels, a sus quebrantahuesos colectivistas
Según las absurdidades inherentes al embrollo de la propuesta totalitaria de Karl Marx y su cúmbila de disparates, el dócil Friedrich Engels; absorbidos por sus fanáticos morones, porque en el mejor de los casos todos; excepto ellos; somos “personas menores“, a expensas de que los chamanes ideológicos marxistas nos conculcaran con el lavado del cerebro, su pretendida verdad colectivista, atea y genocida. Es la filosofía de la manada conforme.
Luego, la actual América multiparlante, hispana, portuguesa, inglesa, holandesa, francesa y otras lenguas y culturas, bebieron de estas aguas; además con el concurso hipocritón de los propios aborígenes engarzados en sus satrapias locales, vendidas como culturas incas, mayas, aztecas, etc.
Todas las cuales eran sociedades de castas feroces con alto consumo de esclavos autóctonos tanto para trabajos forzados, canjes, ritos religiosos en los que eran sacrificarlos en los altares a sus dioses paganos, para además satisfacer la ferocidad de sus hábitos canibalísticos. No se escapan e incluyen también la propia África actual, de igual modo que la Eurásia y el resto de los territorios esparcidos por el Pacífico.
Casi tan vieja como el hombre, resultó la esclavitud ejercida —reiteramos en admitir que en la infamia participaron todas las naciones— primero como prisioneros de guerra o producto de las cacerías depredadoras que durante siglos, en el África subsahariana, llevaron a cabo los árabes islamitas traficantes de esclavos, antes y después de que esparcieran su religión monoteísta y fundamentalista.
Durante todo el siglo XX y todavía corriendo el actual siglo XXI coexisten formas de esclavitud tan perversa como las instauradas por los regímenes totalitarios (fascistas, nazistas, comunistas, islamitas y otras de igual corte), donde la vida de los ciudadanos —estimados por estos regímenes en calidad de entes submentales— está al servicio del partido único dominante y sus dictaduras autocráticas, de castas y absolutamente nepóticas.
En la dinámica de estas estructuras dantesca, una sola familia al estilo siciliano, ostenta el poder completo con ausencia de todo vestigio de leyes esenciales y carencia de los derechos más fundamentales.
El Comintern, y sus filiales cómplices (como los “frentes populares” armados entre la I y IIGM como fachadas para atrapar la inocencia del público desorientado) desde siempre ha tenido a los Estados Unidos en su punto de mira, a los fines ya conocidos de distorsionar la realidad y vender una imagen conveniente para opacar o bajar el perfil de las ideas totalitarias políticas o religiosas que nuestros enemigos enarbolan.
Luego, la cuestión de la discriminación racial en los EE.UU evidenciada en su injusticia hasta bien entrado los años 60’s, sirvió de rampa de lanzamiento para los radicalismos más obcecados y aupados todos, bajo cuerdas tendidas desde la antigua URSS.
Se daba la impresión de que los Estados Unidos era el único país del planeta con estos problemas, acentuados en algunos estados por atavismos caducos e improcedentes. Después disueltos con energía durante las décadas de los 50 y 60s, por el gobierno federal de los EE.UU.
Nunca estos enemigos de los EE.UU hicieron la más mínima mención de tales problemas sociales y humanos en el resto de las tierras fuera de las fronteras norteamericanas. En la URSS, Eurásia y la África Negra las minorías eran aplastadas por sus entidades nacionales o tribales, sin que el mundo supiera de los atropellos.
De modo igual sucedió en todo el bloque comunista y la canalla tercermundista encaramada en el poder. Los pescadores en aguas turbias hicieron zafra, es especial los comunistas de nuestro vecindario caribeño e hispanoamericano y los del propio patio norteamericano.
Sin embargo, ya situados en el mundo contemporáneo es saludable repasar, sucintamente, algunos jirones significativos de la Historia norteamericana al respecto y las actividades desarrolladas por los líderes de las minorías negras y otras, sus éxitos consecutivos, hasta arribar al momento actual. Los líderes negros decentes y los de otras etnias, batallaron contra dicha injusticia puntual. Se presentaron pues, varios escenarios con sus tácticas y estrategias correspondientes.
Esta panorámica y el dinamismo de la evolución histórica y social, sus vértices más prominentes hasta el tiempo presente, pretenden ser la razón y guía para un recuento de estas premisas: la tesis, el análisis y la síntesis que envolvieron el problema racial que se manifestó en los EE.UU, durante los decenios posteriores a 1896.
Ello referido a que, desde 1865, fue cuando la ciudadanía dispuso de forma integral de un vademécum que igualó, al menos en su propuesta teórica, a todos los ciudadanos de los Estados Unidos.
También como es lógico, reverdecer al menos un mínimo de los antecedentes que influyeron en la conformación de la sociedad norteamericana actual. Además de reconocer la efectividad de los puntos de vista de estos líderes, decir, los de mayor prominencia.
En este caso, involucrando los puntos de vista de dos de esos conductores perfectamente conocidos en sus trayectorias cívicas y sociales: el Dr. Thurgood Marshall (abogado) y el Dr. Martin Luther King Jr. (ministro religioso).
Un paisaje de la Revolución Americana
L’esclavage en Amérique du Nord, est un des aspects non couverts par la révolution ouvertement. C’est une affaire très sensible en raison de leurs connotations économiques, sociales et humaines
(La esclavitud en Norteamérica, es uno de los aspectos no abordados por la revolución de manera abierta. Constituye un caso muy delicado por sus connotaciones económicas, sociales y humanas) –aclaró George Washington a su interlocutor. Todo lo cual dijo de un tirón, casi sin respirar.
El Presidente, expresó las últimas palabras mirando a su esposa Martha Curtis, quien en unión de otros visitantes y sus hijos les observaban complacidos ese domingo, desde el otro extremo del cobertizo. Él, Washington, había soltado cuidadosamente su parlamento con suavidad; aunque más exhalado que dicho; con voz casi ininteligible a causa de la molestia que le producía la prótesis de porcelana y oro que le laceraba las encías.
Ahora Washington le hablaba a quien, a instancias de Benjamín Franklin y considerando su pedido de incorporarse al Ejército Continental como un voluntario sin paga, lo aceptó como aide-de-camp (ayudante de campo).
El Presidente se esforzó en recordar para repetir al dedillo y trató de chapurrear lo que dijo a su interlocutor, en el mejor francés que pudo. Se trataba de un buen de par de frases aprendidas con su l’aide de la caméra (Valet), como respuesta ante la pregunta inminente de su interlocutor, recién llegado a Mount Vernon, tras su gira por los otros estados.
Este último, francés de nacimiento, ya había acumulado suficientes méritos ante el gobierno y pueblo norteamericano, para que la nación entera viera en el privilegio otorgado de “ciudadano norteamericano por nacimiento“, como una gratitud hacia éste.
Un personaje del Viejo Mundo, personificado en un aristócrata que había abandonado la vida muelle en la corte francesa y mancomunado su destino con aquel grupo de hacendados de las tierras coloniales en América del Norte propiedades del Rey del Reino Unido, Inglaterra, el empingorotado George III, empeñados en lograr la independencia absoluta de las 13 colonias y desvincularse económica y políticamente de su metrópolis europea.
En ese momento, no solamente recibió el visto bueno del gobierno federal, sino de todo el resto de los estados que ya lo habían ratificado como ciudadano de los mismos y quien arribó a costas de Norteamérica, para unirse a los rebeldes y colaborar efectivamente por la independencia de las colonias.
Se trató de dos frases trascendentales en boca del líder que guió al Ejército Continental hasta la victoria contra las fuerzas coloniales de Gran Bretaña, su metrópolis, pero susceptibles de ser demolidas o destrozadas por medio de simples interjecciones lógicas, de las acostumbrada por el visitante cuando estaba de buen humor.
De esas imprecaciones no lesivas que sólo se aprenden entre la oficialidad, a veces la marinería ruda; durante las veladas para jugar a las cartas y matar el aburrimiento en las fragatas de la Armada francesa, cuando no hay guerras. A veces ancladas en la Rade de Marseille mirando al Mediterráneo o en el Avant-Port de Calais oteando el Atlántico, dependiendo de por donde vinieran los tiros.
Sólo que a éste francés premonitorio, le había dado por escuchar detonaciones que se les antojaron provenientes desde Norteamérica y así, un buen día arribó sorpresivamente al Nuevo Mundo en la nave el “Hermione”.
El visitante, miró reflexivo hacia la línea del atardecer que comenzaba a convertirse en acuarela de sombras, porque ya se acercaba instante de su partida y se compuso la peluca. Este patriota, desde 1783, le había escrito a Washington una carta conmovedora.

Yo les pido a los hermanos norteamericanos de la Logia (francmasones), batallar todos juntos por la libertad de toda la Humanidad y les exhorto de manera ferviente, a la emancipación de todos sus esclavos”

Marie-Joseph La Fayette, después simplemente “Lafayette” para los norteamericanos (4), miró a Washington; su hermano de cofradía, puesto que ambos eran masones; he hizo un mohín circunspecto y se colocó la mano sobre la barbilla, como para aguantar las palabras salvajes, con las cuales repostaría a su amigo y compañero de los terribles combates durante la Revolución Americana.
Ambos, charlaban a destiempo y convenientemente alejados de las mujeres.
Washington lo decidió así por delicadeza a su visitante, un genuino amante de la libertad e igualdad, dado que tal era el estilo europeo y porque en Norteamérica hombres y mujeres a inicios de la república, lo decidían todo juntos.
Ahora estaban sentados bajo el cobertizo o glorieta situada en un costado de la mansión, donde tomaban una especie de licor ámbar de sidra de manzanas, en evitación de la caída del sol y utilizado como lugar para las comidas informales de la familia, durante la mayoría de los veranos.
En esa visita a los Estados Unidos, Lafayette, fue recibido con las grandes muestras de admiración que sentía del pueblo norteamericano por este francés, que en incontables ocasiones había luchado y sido herido en combate, por la independencia de los Estados Unidos.
Ambos sonrieron y decidieron continuar el dialogo en inglés, por sugerencias del visitante, quien manejaba además tanto con el inglés como el alemán, con los cuales se las entendía bien. Lafayette había visitado a Washington ese verano, en la casa señorial de éste en su complejo de granjas de Mount Vernon, el 17 de agosto de 1784.

Estimado General —advirtió Washington a Lafayette, en un silencio que se hizo entre ambos, tras la extensa exposición del segundo sobre los ya nombrados “Derechos del Hombre”(5)—, habla Usted de la libertad y la emancipación, como de algo que esta a la vuelta de la esquina. Ustedes han colonizado otros territorios y engrandecieron el poder militar y económico de la Francia, utilizando la fuerza de trabajo y recursos de los territorios conquistados. Nuestro problema es distinto, porque esta especie de “encomienda civilizadora”; si utilizamos los términos de la colonización española, es de beneficio mutuo. Recuerde que entre la gleba y este tipo de servidumbre, no existen grandes diferencias. Y, sin embargo, ese tipo de servidumbre de por vida que coexiste en múltiples lugares de este planeta, nunca ha sido objeto de reflexión tan minuciosa.
De acuerdo estoy en no justificarla y nada más, mi señor presidente, pero —acentuó Lafayette con un cierto aire de sarcasmo moviendo el índice en señal de regaño— usted no dudará que son humillaciones similares. ¿Coincide conmigo, señor presidente?

La conversación continuó en un mismo nivel de intercambio de ideas moderadas sobre el qué y el cómo hacerlo, hasta que los insectos del anochecer, intervinieron atraídos por la luz de las lámparas. También, porque Lafayette se percató de que las vides de la libertad total con la emancipación, no estaban todavía maduras para la vendimia. Además, porque se evidenciaba que en la nobel república de los Estados Unidos de Norteamérica para tales ejercicios, faltaba un buen trecho.
Como ejemplo, Lafayette compró tierras en “La Cayene” para fundar su plantación de “La Belle Gabrielle“, y allí con las pretensiones idealistas de montar su “experimento” de emancipación y educación de los futuros libertos, pero todo aquello se diluyó en la nada.
Lafayette había vuelto a América y visitó a todos los Estados, excepto Georgia. El viaje incluyó esa visita a la granja de Washington en Mount Vernon.
En Virginia, se había dirigido a la cámara de delegados donde les pidió “libertad de toda la humanidad” y exhortó a los reunidos a apoyar la emancipación completa de los esclavos. Por supuesto, la exhortación pareció dirigirla a un desierto. Porque para ello no existían las más mínimas posibilidades ni condiciones objetivas.
Lafayette defendió en la legislatura de Pennsylvania la creación de una Unión Federal y visitó el valle Mohawk en Nueva York para las negociaciones de paz con los iroqueses, algunos conocidos de él en 1778.
Sólo que ahora, estaba frente al hombre que capitalizaba todos los hilos del poder democrático, por entonces, el único poder sobre la faz de la Tierra armado “por el hombre y para el bienestar de los hombres libres“.
Existe una coyuntura histórica, indudable, dentro del contexto en el que George Washington fue protagonista principal y la existencia de un status quo insoslayable: La Esclavitud.
Es entender que en aquella sociedad, a punto de salir de la etapa de la manufactura y no estaba presta para sumergirse a plena carga en la etapa de industrialización impulsada por la Gran Bretaña, por lo que entró en discrepancia con los sistema ya obsoletos de la mano de obra esclava.
Ningún dueño de un ato de esclavos, entendía de reservas morales o éticas en lo concerniente a un estado de cosas (de producción) en el cual nació, se crió y donde su voz era de ordeno y mando.
Un día soleado en Mount Vernon
“Nada parecía estar mal”, salvo los tenues llamados a la misericordia, conmiseración, protección y bondades que les eran solicitados y recabados de los dueños de esclavos; con respecto a las relaciones con sus dotaciones respectivas, los cuales eran desplegados esporádicamente por los líderes religiosos de todas las denominaciones activas en los Estados Unidos.
Para entonces, en París se gestaban movimientos de índoles diversas, algunos de los cuales denunciaron la esclavitud como una aberración anti humana.
El movimiento filosófico y humanista denominado “La Ilustración“, para fines del siglo XVIII ya había desarrollado y alcanzado sus objetivos fundamentales, al desplazar a los dos Estados Predominantes, la Aristocracia y el Clero, de sus prerrogativas y privilegios.
Se logró, introduciéndose a empujones ella misma (los integrantes del movimiento) como el Tercer Estado compuesto por los burgueses y los desclasados (terratenientes, banqueros, industriales, trabajadores, artesanos, artistas, comerciantes, profesionales, militares, intelectuales, etc.).
Desde entonces el mundo europeo cambió de manera radical con la vista puesta el París y no así los Estados Unidos y la que algunos denominaron “esclavitud bondadosa”. Ello era como un diálogo entre sordos, apuntalando la realidad inevitable, puesto que igual que en casi todas las colonias del imperio español, francés, británico, holandés y otros, los esclavos podían adquirir la libertad por razones diversas.
En este orden, la de mayor preponderancia era el pagar (comprar) por su emancipación, pasado cierto tiempo de trabajo o lograr la libertad por el gesto misericordioso de manumisión por parte de los propietarios.
George Washington nació en un mundo en el que la esclavitud era aceptada como una práctica tan natural como la de tener sirvientes y empleados. El comercio de esclavos continuó durante toda la vida de Washington, tanto que a la muerte de su padre en 1743, él tenía 11 años de edad, heredó 10 esclavos y además 500 acres de terreno.
Cuando comenzó la agricultura en Mount Vernon once años más tarde, a la edad de 22 años, tenía una fuerza laboral de cerca 36 esclavos.
Con su matrimonio con Martha Curtis en 1759, con lo cual 20 nuevos esclavos arribaron a Mount Vernon. Junto con la riqueza de su esposa compró tierras, triplicando el tamaño de la plantación y también los esclavos adicionales para cultivarlas.
En 1774, pagó impuestos sobre 135 esclavos, sin incluír los de la dote. El último registro de una compra de esclavos fue en 1772, más tarde recibió algunos esclavos en pago de deudas. Washington utilizaba también sirvientes blancos.
Después de su matrimonio, compró más esclavos, de donde la población de la dotación también aumentó porque sus miembros podían casarse y criar a sus propias familias. En 1799, cuando Washington murió, habían 316 esclavos viviendo en la estancia.
Antes de la Revolución Americana, no se conoce que haya expresado alguna reserva moral en contra de la esclavitud, pero en 1786, le escribió a Robert Morris diciendo:

“No hay un hombre vivo que quiera más sinceramente que yo, ver un plan adoptado para la abolición de la esclavitud.”

En 1778, escribió a su capataz en que deseaba conseguir que se marcharan sus esclavos, de la forma que quisieran, porque no serian reclamados. El mantenimiento de una ascendente población de esclavos en Mount Vernon no era rentable. Washington no podía vender legalmente los esclavos de dote, sin embargo, y debido a que estos esclavos se habían cruzado con sus esclavos, no podía vender sus esclavos sin separar a familias enteras. Los esclavos jugaron un papel integral en la historia de Mount Vernon.
Aunque existe poca documentación escrita de los propios esclavos, se sabe mucho acerca de sus vidas a través de documentos primarios. Washington fue el único Padre Fundador de la República que emancipó a su dotación. En la práctica, cada acción fue influenciada por su estrecha relación con el Marqués de Lafayette.
Sin embargo, no liberó a sus esclavos en vida, sino que incluyó una disposición con su voluntad de liberar a sus esclavos a la muerte de su esposa. En el momento de su muerte, había 317 componentes en la dotación en Mount Vernon (123 propiedad de Washington, 154 “esclavos de dote” y 40 alquilados a una vecina).
Martha Washington legó el esclavo que poseía -Elisha- a su nieto de George Washinton Parke Curtis. Tras su muerte en 1802, sus nietos heredaron los esclavos de dote. La mano de obra calificada y el manual necesarios para ejecutar Mount Vernon fue proporcionada en gran parte por esclavos que trabajaban, los cuales recibieron capacitación en oficios tales como la molturación (desgrane del trigo), tonelería, herrería, carpintería y zapatería.
Los otros trabajaban como empleados domésticos, los barqueros, cocheros o trabajadores del campo. Algunas esclavas se les enseñaron las habilidades, sobre todo hilado, tejido y costura, mientras que otros trabajaban como empleados domésticos en la ropa, lechería o la cocina.
Muchas mujeres trabajaban en los campos. Casi tres cuartas partes de los 184 esclavos que en un momento trabajaron en Mount Vernon lo hacían en el campo, y de esos, aproximadamente el 60% eran mujeres.
Los alimentos cultivados en las granjas eran distribuidos a los esclavos y sus familias. Los esclavos recibían semanalmente sus raciones de alimentos. Muchos esclavos también mantenían sus propios huertas para complementar su dieta. Estos, podían vender sus alimentos en los mercados locales para ganar un ingreso extra . Una vez al año, se les proveía de ropas.
La jornada de trabajo en Mount Vernon era de sol a sol, con 2 horas de descanso para las comidas. Recibían también entre 3 y 4 días de descanso en Navidad, y el lunes después de Pascuas y Pentecostés, así como los días festivos. Si un esclavo era obligado a trabajar un domingo durante la cosecha, les permitían un día de descanso después, y a veces les compensa con goce del sueldo.
La actitud de Washington hacia la esclavitud, cambiaba hasta el repudio a medida que envejecía. Durante la Revolución, cuando él y compañeros patriotas lucharon por la libertad, Washington se convirtió cada vez más consciente de la contradicción entre esta lucha y el sistema de la esclavitud.
En el período de su presidencia, parece haberse convencido de que la esclavitud estaba mal y que iba en contra de los principios de la nueva nación.
Como presidente, no quiso llevar una lucha pública contra la esclavitud, porque creía que iba a escindir la nueva nación. Las ideas abolicionistas tenían muchos opositores, especialmente en el Sur.
Washington parece que temió que si tomaba una posición pública, los estados del sur se retiraría de la Unión. Sin embargo este temor se materializó setenta años más tarde, dando lugar a la “Guerra Civil” (en realidad, “Guerra de Secesión“).
El pensaba que habían trabajado muy duro construyendo el nuevo país, para después aventurarse en el riesgo de destrozarlo.
En su testamento, dispuso que todos los esclavos de su propiedad fueran liberados después de su muerte. También dejó instrucciones para la atención continuada y la educación de algunos de sus antiguos esclavos, apoyó la formación de todos los niños hasta que alcanzaran la mayoría de edad, así como veló constantemente por el bienestar de las personas mayores (6).
Sin embargo, de ninguna forma por lo no inexplicable para aquella generación de hombres y mujeres notables de ideas tan avanzadas; nada de lo anterior podría representarnos hoy la figura de una postal de relaciones idílicas entre los propietarios y sus “propiedades vivientes”, porque se trataba simplemente de aquello por todos conocido: La Esclavitud. Un mal con infinidad de rostros.
¡Oh, Señor, se trata de la de la majestuosidad de nuestro sólido y profundo Sur!
Exclamó inconsolable un hacendado sureño, al romperse las hostilidades entre los estados fieles a la Unión Federal de Washington y los estados respondentes a la nueva Confederación de estados rebeldes proclamada en Richmond como la capital, renuentes a aceptar el continuar siendo parte de la Unión.
Una greña económica, después convertida en confrontacíon política y social; devenida definitivamente ruptura ideológica; desatada por el encuentro de dos criterios anti materia, de lógica divergentes, en lo referente a mantener incólume y expandir un sistema esclavista o abolirlo.
Cierto, porque en La Guerra de Secesión o Guerra Civil estadounidense (American Civil War) (7) , presenta varias facetas, algunas de carácter “independentistas; vista desde el lado Sur; pero coincidentes a su vez en varios factores comunes: la economía, sociología y el expansionismo militar por las posibilidades de adquirir nuevos territorios dentro de las fronteras de Norteamérica.
Después de la gesta independentista norteamericana de las 13 colonias (1775-1783) contra la metrópolis inglesa (Reino Unido de la Gran Bretaña y Escocia), esta guerra intestina resultó el acontecimiento de mayor significación en que se vio envuelta la nación norteamericana. La misma, tuvo lugar, entre los años 1861 y 1865.
Su resultado en pérdidas de vidas, fue de unos 620,000 muertos, por todas las causas y unos $8700 millones (304,500,000,000 millones al cambio actual) entre pérdidas materiales y económicas.
En la misma se enfrentaron dos bandos, la Unión integrada por los estados “del norte”; industriales y abolicionistas; y once estados “del Sur”; agrícolas y esclavistas. Estos últimos, recién conformados en la que estos “estados rebeldes” denominaron “Confederación”, cuya objetivo inmovilista era el de mantener y expander la esclavitud la cual estimaban indispensable para su subsistencia.
Esta Confederación alcanzó vigencia entre sus miembros, al considerar éstos que la esclavitud no debía combatirse sino proliferar con la integración de los estados nuevos. Una concepción arcaica, sin concepto del modernismo rampante hacia donde se encaminaba la Humanidad culta.
De igual modo ciertas leyes o medidas dictadas por el gobierno federal y Congreso de los Estados Unidos, los confederados las consideraban nocivas a sus intereses. Lo temido por Washington a finales del siglo XVIII tras alcanzar la independencia de las 13 colonias, una protesta de los estados esclavistas, cobró la forma de una Confederación que de hecho era una secesión del gobierno central federal.
El aspirante a senador por el partido republicano, Abraham Lincoln, había perdido una contienda electoral en la que exigía poner alto a la expansión de la esclavitud. En 1860, Lincoln y el senador Stephen Douglas, su viejo contendiente, volvieron a encontrarse ahora en calidad de sendos candidatos presidenciales; Republicano el uno y Demócrata el otro; exactamente en ocasión de que las tensiones entre el Norte y el Sur eran extremas.
Contar que en 1859 un partidario del abolicionismo, John Brown, inició por su cuenta una rebelión de esclavos en Virginia; pero fue capturado, juzgado y ahorcado; pasando a integrar la galería de los mártires entre los abolicionistas norteños. Claro, la espontaneidad de Brown, siempre cayó en evidencias, pero ganó simpatías cuando su gesto liberador le costó la vida.
Los sureños advirtieron que las libertades estatales no se mantendrían como hasta el presente, si continuaban siendo parte de la confederación original de los Estados Unidos de América, inmediato que concluyó la Guerra de Independencia.
Douglas conminó a los sureños demócratas a mantenerse como parte de la Unión, pero estos presentaron por su parte un candidato, John C. Breckinridge, amenazando con la secesión si perdían la elecciones.
Sucedió que Lincoln ganó los comicios y tomó posesión del cargo en marzo de 1861.
Entonces Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas, constituyeron los Estados Confederados de América con Jefferson Davis a la cabeza, como presidente, proclamando así la secesión de la Unión. Un acto que Lincoln declaró ilegal en su discurso inaugural como Presidente.
Los confederados tomaron la iniciativa, mas emocional que estrategica, y atacaron la guarnición de Fort Sumter en Carolina del Sur, el 12 de abril, 1861; logrando que se les unieran Virginia, Arkanzas, Tennessee y Carolina del Norte. De este modo comenzó la guerra civil entre los Confederados del Sur y los estados del Norte (Unión), que culminó con la victoria de la Unión en 1865.
A partir de ese momento, el rejuego de las libertades alcanzadas para las minorías negras, entró en una etapa de tensiones que no se calmaron plenamente hasta pasadas las 5 primeras décadas del siglo XX tras un inenarrable círculo de batallares cívicos ante la ley.
Todo ello, por efectos de que algunos líderes, agrupados alrededor de la figura del Dr. Thurgood Marshall, se decidieron a utilizar en toda su extensión, la Fuerza de la Ley, yacente entre otros en el libro ley de leyes, “La Constitución” norteamericana que rige dentro de los territorios de los Estados Unidos de América. Una estrategia paciente y exitosa que no todos los atrincherados integrantes de ambas orillas ideológicas en pugna, entendieron a plena cabalidad desde sus inicios.
Otros líderes y sus seguidores, aglutinados fervorosamente en el ámbito del Dr. Martin Luther King Jr. y sus relevos, por razones varias, optaron por operar sus agendas pro activistas en base de la confrontación directa o indirecta en contra del gobierno y sus instituciones.
Un error tremendo constatado después por los analistas e historiadores, dado que sus resultados, aunque también altruístas y cívicos, fueron nefastos.
La saga continúa.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   Ver la novela “The Time Machine” de H. G. Wells, 1895
(2)   “Versos Sencillos”,
(3)   Existe una extensa documentación literaria de los historiadores, funcionarios, negociantes y profetas árabes, donde se relatan con detalles copiosos la profundidad de la penetración del imperio árabe y con ello el islamismo, en áreas europeas, medio oriente y africanas, sus vinculaciones con las culturas locales y sus manejos comerciales y esclavistas. La costa atlántica del continente africano, fue diezmada por los traficantes, afectando a las etnias congo, carabalí, mandinga, gangá y otras. De forma similar los árabes mantuvieron un importante tráfico de personas esclavizadas africanas, tanto a través de rutas cruzando el Sahara como a través de la costa oriental de África, fundamentalmente la Isla de Zanzíbar. Este comercio se extendió desde el siglo VII hasta el siglo XX y alcanzó proporciones similares o superiores al comercio negrero del Atlántico.
(4)   Marie-Joseph Paul Yves Roch (mejor conocido por su título nobiliaro final: Gilbert du Motier, Marquis de La Fayette); estando en Francia; se unió a un grupo abolicionista “La Société des Amis des Noirs” (La Sociedad de Amigos de los Negros) creada en 1788 por Jacques-Pierr Brissot, una de las tantas Societé de Pensée (sociedades filosofales). De estas sociedades de librepensadores, Lafayette, llevó el mensaje emancipador hacia América.
(5)   “La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” emitida en 1789 por los franceses, tiene entre otras fuentes políticas norteamericanas, la “Declaración de Virginia” de junio 12, 1776 muy anterior a la francesa; que estimamos un genuino copycat mas depurado; incluyendo la “Constitución de los Estados Unidos de América” proclamada en septiembre 17 de 1787. De esta, también se nutrió la francesa y es considerada la Constitución mas antigua del mundo.
(6)   Washington tenía la costumbre de hacer registros y los mismos muestran que el cementerio estaba, cerca de la tumba de Geroge Washington. En 1929, la Asociación de “Mount Vernon Ladies” colocó una lápida de piedra para conmemorar el sitio. En 1983, un “Memorial del Esclavo”, diseñado por estudiantes de la Universidad de Howard, se erigió en honor a los hombres, mujeres y niños que sirvieron en la esclavitud en el Monte Vernon. Las palabras de amor, esperanza y fe están inscritas en los escalones del monumento. (Consultado en Wikipedia y la colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
(7)   Guerra Civil” era un evento como tal, y ya. Pero si damos vuelta a la página, encontraremos que desde el punto de vista conceptual, es así y se mantiene el concepto gramatical puesto que el objetivo (el leit motiv de trasfondo) fundamental no fue tal aducen algunos; una guerra antirracista que propendía a “lograr la emancipación de los esclavos“, en parte. Ese carácter humanitario oficial (admirable) lo adquirió después con la aprobación de la “Proclama de Emancipación” de enero 11, 1863 convoyando así el estallido civil iniciado en 1861, por razones tácticas y estratégicas. La confrontación se genera, todo apunta de manera exclusiva (al menos en sus inicios), por el acto secesionista de los estados sureños, por cuya razón en aras de mantener la unidad (de ahí lo de “Unión” del gobierno federal) y motivos por los que se le nombra “Guerra Civil” o “Guerra de Secesión” ambos valideros, como conceptos superpuestos.

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