…Thurgood Marshall vs. Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil? VIII/VIII ***.***


Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?
III/III
Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
SÍNTESIS
 Un día aciago en Cortes
A pesar de la tensión percibida en el ambiente del Mall y sus espacios circundantes, todos sembrados de parques, estatuas, monumentos e infinidad de edificios gubernamentales —la mayoría de estilo clasico, greco romano—; desde las primeras horas de esa mañana de mayo de 1954 todo indicaba que el viento acaracolado, persistente hasta la molestia, sólo traería sobre Washington, la capital, las amenazas de esas lluvias matutinas habituales, siempre fuertes, vertidas a media mañana primaveral sobre la ciudad.
También, otros centenares de personas de edades, etnias y sexos diversos; hacían la fila frente al portón de acceso al edificio de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. Al fondo y frente al Capitolio, en la 1 First Street NE, otros cientos esperaban desparramados a la vera de la edificación, donde yacía la imponecia de las Cortes.
Al resto de los otros millones de ciudadanos de denominaciones religiosas y preferencias políticas varias, expectantes en cada rincón de los Estados Unidos, permanecían clavados frente a los televisores y radios. Una quietud alentadora era el dique de contención de la ansiedad que les colmaba como ciudadanos, hasta el momento en que la “Corte Warren” diera por terminada su sesión y cerrara puertas tras emitir el veredicto final.
Allí en ese edificio de piedras y mármoles, era donde desde 1935 se dilucidaban las cuestiones inherentes a la Justicia. Ellos esperaban que para entonces ya sabrían el desenlace de la “cosa suya” que también era de otros iguales, dejada en manos de los altos jueces y cuál fue el resultado de su queja ante las autoridades.
Todos estaban decididos a no abandonar el lugar, y menos esta vez, sin antes conocer del veredicto ansiado. Porque todos ellos aguardaban como una sola pieza, que se declarara ilegal una ley que desde hacía más de medio siglo, sirvió muy bien a una parte de norteamericanos confundidos, para mantener aplastada a un sector sustancial de la sociedad estadounidense.
Dicha parte, integrada mayoritariamente por los negros, incluía también a los judíos, mestizos, indios (criollos o extranjeros) u otras minorías penantes. Todos, habían estado demasiado tiempo silenciosos, en espera de que la sociedad norteamericana entera, recapacitara por un equívoco ya insostenible.
Porque ya habían transcurrido 57 largos años desde el fallo histórico (1896) en que la Corte Suprema de los Estados Unidos —la “Corte Warren”, entonces en funciones—, dictaminó invalidada la queja interpuesta por el ciudadano Homer Adolph Plessy en el que se constituyó después como el “caso Plessy vs Ferguson”
La Corte emitió de manera tácita un rechazo a la petición, al declarar que la queja del demandante acerca de que sus derechos constitucionales amparados por la Enmienda XIV habían sido violados por la empresa de ferrocarriles de New Orleans, quedaba “sin lugar, por infundada“. De ahí, el tema álgido de la discriminación racial saltó a primer plano, a causa de las inter relaciones étnicas inevitables
Quizás, la multa más histórica en los Estados Unidos
Porque hay que recordar que este caso, arrastrado desde 1892; emergió a flote público cuando Homer Adolph Plessy; un ciudadano oriundo de New Orleans en Louisiana; fue multado en $25 (unos $825, al cambio actual) por “sentarse en el asiento que no debía”. Tal incidente, se debió a que que ese vagón de pasajeros, en específico, estaba reservado “only for white people no for colored“.
La situación se le agravó cuando Plessy se negó, en voz alta, a trasladarse hacia el otro vagón del ferrocarril que estaba destinado “only for colored people“.
Claro, el acta de la Law 111 emitida por el estado de Louisiana en que se validaba localmente la segregación en los medios de transporte, no especificaba la gama de colores que abarcaba esa denominación de colored people.
Aunque los negros  lo sabían, porque la cosa iba con ellos, principalmente. Los resultados inmediatos del rechazo del caso Plessy por la Corte Suprema cuajaron y se demoraron.
Porque ello posibilitó la apertura de las compuertas ansiadas por los segregacionistas. Estos, aplicando las más singulares artes mágicas del birlibirloque ilógico de los prejuicios; dispusieron en sus arsenales de una sólida fundamentación legal –al menos jurídicamente-, aunque inadmisible desde todos los puntos de vista morales, éticos y humanos.
Tales quehaceres se solidificaron para continuar desarrollando y consolidando, las ideas  oniristas y cataléptiaos a fin de retorcer y enfatizar la desigualdad racial, proscrita por la Constitución de los Estados Unidos.
El criterio de la Law 111, peregrina en todas sus costuras y remiendos; era defendida por ciertos sectores sureños; considerando éstos que la segregación racial era legal y un acto soberano de los estados. Luego, cada estado podría interpretar dicho fallo a su manera y conveniencia.
Por supuesto, arguyendo que todo era “en beneficio de los negros y otras minorías”, dado que de esta forma “se les protegería a estas de los posibles acosos, por parte de elementos recalcitrantes”. No es extrañar que este lapsus de tiempo preñado de penumbras, pudiera ser enmarcado dentro de aquel período que la Historia denominó una vez, “Oscurantismo Moderno”.
Porque eso, precisamente, fue lo ocurrido en nuestro país, desde el 18 de mayo de 1896 hasta el 17 de mayo de 1954. Todo porque en una mañana de mayo de 1896 ante la “Corte Fuller” sesionada en Washington (así definida por presidirla Melville Weston Fuller) el juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Henry Billings Brown (2) en calidad de vocero, dio lectura al discutido fallo por el que le asignó la plena razón a la Law 111 (de la Louisiana Railway Car Act) emitida por dicha compañía en ese estado, corriendo 1890. Esta ley también fue conocida por “Act of Separate but Equal” (Separados pero con igualdad), la cual entró en vigor ese mismo año.
Dicha ley se diseñó y aplicó primero a los medios de transporte y después, por ósmosis intencional, en la versión elaborada por cada estado pero aplicada al resto de las actividades sociales, religiosas, artísticas, laborales, educativas u otras, en función de aquellos sus promotores, estimaban sus intereses legítimos.
Y así, desde 1896 transcurrieron los años hasta arribar al quincuagésimocuarto aniversario en el año de 1954, desde la implantación de esa ley, que sirvió de plantilla para el resto de las “Jim Crow” segregacionistas a emitir por cada estado.  Ese día, un viejo luchador por los derechos constitucionales, se detuvo brevemente ante la escalinata de la Corte, para tomar un repiro.

“¡Á la merde!”, exclamó Thurgood, indignado 

Ahora, exactamente en este día primaveral y trascendente; el Dr. Thurgood Marshall (3), abogado y consejero principal de asuntos legales de la National Association for el Advancement of the Colored People NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color), promotora del caso; miró por encima de los aros gruesos de sus espejuelos, la cuesta empinada que tenía ante sí y que le conduciría a la Sala del Tribunal de la Corte Suprema, donde se dilucidaría aquel drama intenso.
Thurgood, tiempo después, seria escogido en 1967 por el Presidente Lyndon B. Johnson como miembro de esa misma Corte Suprema de los Estados Unidos. La cuestión consistía ahora, en 1954, que él era el abogado acusador contra el gobierno de los Estados Unidos; el cual de simple espectador ante la demanda contra Louisiana, al sancionarla, se convirtió en ejecutor.
Éste, había ocupado ese cargo en la NAACP desde 1938, en sustitución de su mentor el Dr. Charles Hamilton Houston.

“¡Á la merde!, ya me sé de memoria cuántos son los escalones —farfulló, repitiendo con voz queda, para darse ánimos.

Tal como rumió Rodrígo, el de Triana cuando Colón lo envió castigado a la Torre del Vigía en el Palo Mayor (el “carajo“), de la carabela “La Santa María”.

Thurgood, ya se conocía de memoria cada loza del camino a vencer con la mole de su cuerpo. Y sin pensarlo dos veces, echó a andar a zancadas subiendo cada peldaño, jadeando con el alma y también como le permitieron sus tendones. Thurgood ya frisaba los 46 años de edad y andaba por las nueve arrobas de peso.
Es que a las 10:00 de esa mañana, el Marshall de la Corte haría su llamado acostumbrado a los asistentes, de hecho y por derecho y de igual modo extendido a los curiosos hacinados en la sala y las galerías altas. Y él, era el único de los representantes de los quejosos, que no podía faltar al acto en la acera de los demandantes.
Se trataba de un juicio importante de apelación del cual los presentes en la sala y una multitud de ciudadanos dolientes en toda la nación, clamaban por el veredicto condenatorio de las leyes de segregación racial y su anulación inmediata, sobre aquel infundio que les trancaba la garganta desde hacía la friolera de 57 años.
Todos los espectadores en la sala se revolvían ansiosos, los unos por curiosidad y los más, repletos de esperanzas. Entonces, con la solemnidad acostumbrada, los 9 jueces integrantes de la “Corte Warren”, entraron ceremoniosos; enfundados en sus togas negras; lustrosas e impresionantes.
Resultaba curioso, porque ahora les tocó a estos magistrados oficiantes a mediados del siglo XX; decidir sobre los derechos civiles del color negro, luego también del carmelita, el amarillo y el resto de la tonalidades.
No se trataba de las briquetas de carbón, el papel carbón de copias, el negro humo o de la “tinta china”; sino; acerca de los derechos de los escolares norteamericanos, específicamente los de color negro; segregados en las escuelas públicas, en casi toda la nación norteamericana.
Los magistrados, dictarían por boca del presidente de la corte el veredicto final sobre la controvertida y sonada ley, que hasta los felinos del Camino de los Gatos sabían de sus urdimbres al detalle.
El meollo de la querella versaba sobre la queja interpuesta por un ciudadano, Oliver L. Brown (4) , contra la poderosa Junta Escolar del Distrito Condal de Topeka, Kansas. En esencia, a causa de la discriminación racial sufrida por su hija Linda al no permitírsele, como a otros niños, matricular en la escuela primaria para blancos, cercana a su vivienda.
En consecuencia, dicha junta estaba acusada en esta ocasión de cometer actos de segregación, congénitos en el profundo sur, en contra de escolares quienes no por casualidad, eran negros.
En esta apelación de Brown los abogados de los demandantes consolidaron bajo el mismo nombre, otros 4 casos de características similares, lo cual convirtió la demanda individual, en una querella colectiva que, de inmediato, cobró de mayor peso.
Marshall temió a Warren, a causa de un viejo fantasma japonés
Thurgood albergaba temores de que en la “Corte Warren”, al estar presidida por el juez Hon. Earl Warren; les fallara desfavorable a los demandantes sobre el caso Brown, como sucedió antaño con el de Plessy (en 1896). Aunque este magistrado era considerado un republicano liberal y que lo siguió siendo a las dos manos durante el resto de su actividad en la Corte Suprema; dado que dictaminó en casos muy álgidos sobre los cuales debió emitir su opinión, contra viento y marea. Sin embargo, de la volubilidad de Warren podía esperarse, como en todo lo que intervino, cualquier sorpresa.
El resquemor se basaba en una decisión judicial emitida por Warren en el pasado, cuando todavía fungía como Fiscal General de California (5), antes de ser elegido gobernador de ese estado y después, candidato en la boleta presidencial.
Pero esa mañana fue de sorpresas inigualables para el diligente Thurgood Marshall. América, amagaba en danzar con su alegría soberbia y modocita; sobre sus pies genuinos, no los de barro, como cuando el “asunto Plessy”.
Porque precisamente en ese día aciago para Thurgood, la Corte Suprema de los Estados Unidos debía emitir uno de los fallos de mayor trascendencia en la historia de los Derechos Civiles y Constitucionales de la nación norteamericana.
Quizás, considerado desde puntos de vista ético, decencia, moral y altos principios; los jueces también altos de la Corte Suprema fueron conducidos por Warren de manera magistral, hacia una decisión unánime que dejó en ascuas a los oponentes de la integración. Norteamérica se anotaría otro tanto, aunque fuera en contra de su propia imagen como nación poderosa, en ocasiones omnisciente.
Algo así, seria inimaginable en otras latitudes o sociedades de “different way of lifes“, y que además, sus enemigos envidiosos jamás la entenderían. Se trataba de la resolución acerca del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas(6).
Con este veredicto, de ser favorable a los quejosos, se enmendaría un abominable entuerto que nunca debió ocurrir: la promulgación de la Law 111 (Separate but Equal) emitida en 1890 por el estado de Louisiana, basada exclusivamente en un acta irracional emitida internamente por la Compañía de Ferrocarriles de Louisiana.
Esta ley fue legalizada en 1896, inexplicablemente, por la Corte Suprema de los Estados Unidos, al desestimar la apelación de amparo formulada por un zapatero casi olvidado, protagonista del “caso Plessy vs Ferguson” de 1896, pie de base del conflicto actual.
¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!, anunció el Marshall de la Corte
Thurgood había entrado a la Sala de la Corte y se sentó exhausto en el asiento reservado a los abogados actuantes. Sucedió en el mismo instante en que se escucharon los golpes del mazo del Secretario del Tribunal; anunciando a los presentes el ponerse de pie, en espera de la entrada inminente de los magistrados e instándolos a aguardar de pie hasta que éstos se sentaran. Entonces, se escuchó la voz fuerte del :

Los muy Honorables, el Presidente del Tribunal y los Magistrados de la Suprema de Corte de Justicia de los Estados Unidos. ¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!.

Todas las personas que tengan peticiones ante los Honorables Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, deben prestar atención, porque la Corte desde ahora está en sesión.

¡Que Dios salve a los Estados Unidos y a esta Honorable Corte!.

Los magistrados entraron lentamente y tomaron asiento. El Presidente de la Corte dio un golpe con su mazo y todo el público se sentó. La apertura de la sesión y la alocución a los peticionarios se realizaría de inmediato.
El Presidente de la Corte, el juez Earl Warren, fue hacia el estrado con paso lento, pero con la expresión de quien sabe exactamente el alcance del veredicto que portaba entre sus manos. Un enorme silencio se tendió sobre la sala, como si todos los sonidos y ruidos del mundo se hubiesen escapado a otro planeta. Ya en el podio, carraspeó, abrió una carpeta de piel negra y anunció:

“Decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos. ¿Justicia igualitaria conforme al derecho?. Daré a conocer el dictamen de la corte con respecto a la alegación de Brown contra la Junta Educativa (de Topeka).

Al abordar esta cuestión no podemos regresar al año 1868 cuando se promulgó la Décimocuarta Enmienda, ni al 1896 cuando se instruyó el caso Plessy contra Ferguson. Debemos observar la Instrucción Pública a la luz de su papel actual en la vida del país.

Y enfrentamos la pregunta, ¿puede la segregación en las escuelas públicas, basada meramente en la raza, a pesar de que las instalaciones sean iguales, privar a los niños de la minoría de oportunidades educativas igualitarias?.

Creemos, unánimemente, que sí. Concluimos, que en el área de la Educación Pública, la doctrina de separarlos por iguales, no tiene cabida. Por lo tanto, sostenemos, que se ha privado a los demandantes de la protección equitativa de las leyes garantizadas por la Décimocuarta Enmienda. Así se ordena.” (7)

Warren, dejó que se escucharan por última vez quejas sobre la segregación racial por motivos de la raza en las escuelas y volvió a golpear con el mazo, dando la sesión por concluida. América, resultó salvada nuevamente por sus jueces. El público, aplaudía delirante aquel fallo justo e irrevocable. Hubo una historia anterior a ese momento crucial.
El  antecedente del ciudadano Brown, contra la Junta Escolar de Topeka.
Este mandato de la Corte Suprema, posibilitó que la pequeña hija de Brown, Linda, pudiera matricularse en la escuela primaria de blancos; cercana a su hogar en el distrito de Topeka; en lugar de caminar solitaria bajo cualquier condición del tiempo, hasta su escuela primaria situada casi a una milla de su hogar.
Porque resultó fabuloso que, de golpe y porrazo, la “Corte Warren” revivió, de manera implícita, la Décimocuarta Enmienda y revitalizó la Décimotercera y de paso, consolidó la Décimoquinta; las cuales nunca fueron derogadas ni resucitadas oficialmente sino, simplemente resultaron freezing y olvidadas en un rincón.
Sin embargo, a pesar del intríngulis legal, este evento jurídico corrector resultó el remedio preciso que no dejó espacio a dubitaciones y que además; marcó un hito en la lucha por la dignificación de un sector de ciudadanos estadounidenses segregados del buen vivir en democracia.
Porque el intríngulis generado premeditadamente en 1896 y cuyos vértices exponenciales atacados durante decenas de años entre otras minorías relegadas; eran los negros y, como sucede en todas las razas, con su gama plena de tonalidades.
Como una consecuencia inevitable de este desastre social impuesto por la ceguera de unos jueces ofuscados de prejuicios, la segregación y los temores de su recrudecimiento ya abocados; hicieron que ya desde 1909 ciudadanos de diversas características étnicas y sociales como negros, hispanos, judíos, asiáticos y de otras nacionalidades; se conformaran bajo la sombrilla de la nobel NAACP, recién fundada.
Esta asociación, popularizada como “The Call” (La llamada), estuvo antecedida por el “Comité Nacional Negro” o el original “Niagara Movement“. Lo sorprendente y novedoso de esta asociación, es que se conformó integrando en su membresía a otros grupos étnicos, no negros.
Luego resaltó que con este modo de actuar gregario, la NAACP daba muestras de cómo el país norteamericano debería conformarse, sin la existencia de exclusiones ofensivas. Es decir, que la NAACP, era la auspiciadora y promotora; entre otros muchos cientos desde su fundación, del “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
El evento judicial del 17 de mayo de 1954 por su parte, emanado como dictado inapelable de la Corte Suprema; fungió en calidad de elemento restaurador de las leyes originales, las denominadas XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales.
Estas modalidades, fueron diseñadas y puestas en vigor, a raíz de concluir del conflicto (muy cruento) entre las fuerzas de la Unión (el Norte) y las de los Confederados (el Sur). Ambos criterios de gobernabilidad, estuvieron enfrentados militarmente durante largos y penosos años (1861-1865).
En primera instancia, se trataba atajar el cisma provocado por la disidencia de los estados separatistas del sur; lo cual se logró al final; momento en que el presidente Abraham Lincoln incorporó estratégicamente el tema álgido en extremo, concerniente a la abolición de la esclavitud.
Con ello se posibilitó con posterioridad, que la Unión ya victoriosa, adhiriera a la Constitución norteamericana las mencionadas enmiendas a los fines de proteger los derechos y libertades adquiridas por los antiguos esclavos, principalmente.
Por imbricación lógica, el resto de la nación pudo respirar a pulmón pleno, dado que esas leyes eran aplicables a todos los ciudadanos, sin distinción de razas, fueros ni privilegios. Un conjunto posible, tras la victoria del ideario abolicionista de los estados norteños integrantes de la Unión, sobre el capricho esclavista enarbolado por los estados sureños, adheridos a la nombrada Confederación.
El fallo reparador emitido por la Corte Suprema de Justicia, pasó a los anales de la judicatura norteamericana con el nombre del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
Por el mismo, los ciudadanos quejosos como Brown contra el status quo segregacionista implantado legalmente desde 1896, emanado a su vez del dictamen de la Corte Suprema entonces actuante, consiguieron ser escuchados con éxito.
Un “no ha lugar” que perduró 57 años
Una ley injusta, la Law 111, (en realidad, formó parte de un conjunto de leyes, por lo general agrupadas bajo el, nominativo de “leyes de Jim Crow” y disposiciones locales promulgadas por los estados), emitida por el entonces gobierno estatal de Louisiana; y después imitadas por otros estados, saltando sobre las Enmiendas Constitucionales; provocó a mediados del siglo XX la queja de un ciudadano negro, el cual emplazó al estado de Kansas con su apelación contra el viejo fallo judicial, “Plessy vs Ferguson”. El mismo caso de Rosa Parks (8) cuando la crisis de los autobuses, a mediados del siglo XX.
La apelación de Plessy ante la Corte Suprema Distrital de New Orleans y posteriormente en 1896, ante la Corte Suprema de Apelaciones de los Estados Unidos, fue declarado “sin lugar” en ambas instancias, de donde la Law 111 cobró valor. Este caso devino en consecuencia desastrosa para toda la estructura legal de la “Ley de los Derechos Civiles”, emitida por el gobierno republicano en 1875.
En modo alguno, el proceso incoado por el Comité de notables de New Orleans; que guió el “caso de Plessy vs Ferguson” en New Orleans, aunque derrotado en cortes; no lo fue por negligencias sino, por imponderar que el ambiente hostil del sur estaba impregnado de un apasionamiento fuera de la lógica justiciera y de imparcialidad, que debió primar en la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.
Esta institución, a la que suponía alejada de la influencia sureña, o de cualquier otra, se dejó arrastrar inexplicablemente por su falta de ética profesional y humanística hacia un abismo legal, luego, fue esta corte la que le falló al pueblo norteamericano.
Entonces, la Law 111 fue el punto de apoyo de los segregacionistas, quienes campearon por sus respetos durante los siguientes cincuenta y siete años, hasta que el fallo dictado por la Corte Suprema el 17 de mayo de 1954, en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, rectificaría todo lo que jorobó y amargó a los negros, otras minorías y a la vergüenza nacional de los Estados Unidos.
En este veredicto trascendental se declaraba que:

“La segregación racial en el campo de la enseñanza (de donde provenía la queja), era ilegal y estaba proscrita desde ese momento por las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual será extendible a posteriori, hasta cualquier sitio y actividad pública“.

Esta victoria posibilitó, aunque ahora a la inversa y en revancha, que los anti segregacionistas tomaran el fallo como catapulta, para irle encima a los promotores de la segregación, pero ahora a marcha forzada en todo el ámbito nacional, a fin de ecualizar el error judicial.
Se determinó “campo”, dado que en lo que a esta resolución refería, era al “campo educacional” en específico y no, al resto de las otras esferas sociales del país y cualquier otra actividad. Estas eran semejantes a las de aquellos estados que se encontraban atorados con tales problema, tal como sería alcanzado posteriormente y de manera paulatina, con un tono bastante pacífico (con algunas excepciones), utilizando al descubierto los recursos propios de la leyes norteamericanas.
Se había alcanzado la victoria jurídica, pero de igual modo; se iniciaba otra etapa cuesta arriba para lograr la implantación y reglamentación igualitaria de todas las actividades en el ámbito nacional.
Restaba lo más importante y de sensibilidad extrema en una nación que había hecho su historia peleando por las causas justas –en especial por otros pueblos oprimidos o en vías de serlo, lo que así se logró–, que la ciudadanía entera comprendiera que tenía por delante el abordar un camino álgido.
El dilema
Alcanzado este punto, ante todos los activista que se esforzaron en lograr la anulación de las leyes segregacionistas, se les presentó el dilema de decidir en qué forma desarrollarían su futura lucha por extender a toda la nación los beneficios del veredicto final de la Corte Suprema, al abolir la segregación en las escuelas. Porque ya se había arribado exitosamente a un punto de inflexión, que inclinaba a escoger entre la estrategia legal absolutamente pacifista de Thurgood Marshall, acudiendo a “la fuerza de las leyes vigentes” y por otra parte entre lo opuesto y tangencial, “la fuerza de la desobediencia civil pro activa“, sustentada por Martin Luther King Jr.
Sin embargo, no resultaba saludable olvidar las otras corrientes minoritarias (los furiosos) capitaneados por Malcom X , Farrakhan y otros, vinculados al Islam, comunistas, fundamentalistas negros, y en ocasiones (no clarificadas) a maffias locales y grupos de intelectuales, plebeyos y resentidos interesados en mantener en ebullición el estado de animo adverso de ciertos sectores de estas minorías; por ejemplo; las actividades anti norteamericanas exógenas patrocinadas por el Comintern.
De igual modo, se destacaron ya después corriendo los 60’s, las corrientes redundantes con los grupos terroristas auspiciados por anarquistas, etarras, castristas, maoistas, fundamentalistas islámicos y otros de igual prosapia. No desprendernos de los reclamos que la justicia de los Estados Unidos solicita en especial, a los países miembros del Eje Apocalypto (ALBA), donde se han refugiado elementos subversivos, terroristas y delincuentes comunes, amparados por esos gobiernos hostiles a los EE.UU.
La esencia del objetivo final, consistía en hacerle entender al resto de los norteamericanos –hasta entonces privilegiados indirectamente–, la justeza de las leyes anti segregacionistas y la necesidad de que las mismas fueran apoyadas con fervor por el resto de la nación, en aras de la unidad nacional. Pero todo este trajín cenagoso de casi seis decenios, tuvo sus antecedentes a causa de una jugarreta del destino y el desatino de los hombres en pugna.
Sucedió que transcurrido el primer tercio del siglo XX, arreció la lucha de varios grupos; algunos inmersos en la violencia preconizada y aprovechada por los comunistas de nuestro vecindario (castristas, senderistas, tupamarus y otros grupos violentos).
Tales sectores tenían en sus agendas el interés en tomar ventajas de las tensiones sociales generadas por la segregación, exacerbadas por el boicot impuesto a Sudáfrica en consonancia con el sistema del apartheid y en especial, por las actividades disociativas (en ocasiones, subversivas) de agitadores profesionales envueltos en las protestas contra la guerra de Viet Nam.
Entre estos movimientos se destacaban sendos grupos de activistas pacifistas (de los principales) liderados por el Dr. Thurgood (née, “Thuroughgood”) Marshall (1908-1993) el uno y el Dr. Martin (née, “Michael”) Luther King Jr. (1929-1968) el otro; quienes enfocaron los esfuerzos y luchas anti segregacionistas, empleando tácticas y estrategias muy diferentes.
El uno, dispuesto a eliminar toda tendencia racista de ciertos supremacistas blancos y negros; mientras que el otro, de alguna forma, preconizaba puntos de vista no exactamente tendentes a la unidad nacional.
Se trataba del rescate y revalidación plena, como seguimiento del dictamen de la Corte Suprema en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”; de los Derechos Civiles y la revitalización de las XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales, concordantes con la erradicación de la ominosa segregación racial, exacerbada por grupos aislados en cada bando.
¿Esencia de la táctica teórica de Martin Luther King Jr.?
El Dr. Martin Luther King Jr., quien escogió para su justa “el Poder de la Desobediencia Civil pro activa”, un abanderado incansable de la lucha por los Derechos Civiles; fundó (1957) la Southern Christian Leadership Conference, SCLC (Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano), la cual dirigió hasta su muerte. Este proyecto de activismo pro activo, se estructuró bajo el proyecto de un dispositivo pacifista.
Sin embargo por razones desconocidas o al parecer permeado por la influencia de sus consejeros (9), lograron que Luther King Jr. deslizara sus acciones de protesta por el sendero intrincado e impredecible de la entonces en boga “Desobediencia Civil” (10).
Esta táctica (que había dejado de ser estrategia), inevitablemente; conduciría más tarde o temprano a la exacerbación de las pasiones y el ineludible encontronazo físico con las autoridades del orden o sus oponentes segregacionistas; lidiando sus diferencias en medio de las calles; tuvieron o no éstos, la razón.
Tal se demostró en cada uno de los choques anteriores y posteriores a la etapa de Luther King Jr. como líder de ese movimiento de ciudadanos (o sus seguidores) inconformes con el status quo imperante. Por ejemplo, notorias fueron las protestas de los veteranos de la I Guerra Mundial ante la falta de empleos, la lucha de las mujeres por el derecho al voto, las que el propio King auspició en contra de la Guerra de Viet Nam.
También se destacaron la batalla sobre el boicot al transporte o las riñas anti aborto, la efervecencia ambientalistas o cualesquiera de los otros aspectos por los que sectores ciudadanos se sintieran molestos o quejosos.
Luther King Jr. decidió en alguna forma o por motivos no diafanizados del todo, quizás fundamentalistas hermeticos; entrar en consonancia con las modas de la época y limpiamente, abrazó las doctrinas de Henry David Thoreau. Este ideologo exhaltado, era autor de un panfleto “La Desobediencia Civil” (lamentablemente escrito en la cárcel) y algunos puntos de vista de Tolstoy, Gandhi, Habermas y otros tantos connotados.
La desobediencia civil en la esencia de su estilo como lucha contestataria, es una forma de disidencia política, propia de los ciudadanos objetores de conciencia que; dentro de una democracia; dicen y muestran pacíficamente (por lo general) sus inconformidades con ciertas actividades o puntos de vista del gobierno actual. O si se entiende “de la política de estado”, que puede ser general y sostenida.
Uno de los rasgo característico de dicha táctica como instrumento de lucha, sino el de mayor distinción, es de la desobediencia civil como tal (donde Luther King Jr. aplicó con frecuencia los enunciados tácticos de Gandhi); la cual es su ejecución de forma consciente y sin estridencias públicas, pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad.
Tal modo de divergencia, asume otras fases de violencia extrema bajo los totalitarismos y la cuestión de agudiza por la intolerancia extrema del régimen opresor, a abrir un espacio que ha estado cerrado a cal y canto para el resto de la ciudadanía inerme.
Esta actitud contestataria, puede ser silente y de inamovilidad absoluta en un lugar o zona específica; tras el envío de un mensaje a la autoridad pública, aduciendo las razones del tal quehacer de manera indefinida, hasta conseguir que las autoridades cesen o mitiguen una actitud antipersonal (anti humana) contra un individuo o grupos específicos.
La cuestión, por ejemplo, se manifestó en el rechazo a la encarcelación represiva de 75 intelectuales y disidentes pacíficos, tal como sucedió en Cuba en 2003 durante la denominada “Primavera egra“.
En el caso isleño, de igual modo y dentro de una particularización notable, es también asumir una actitud dinámica de auto flagelación pública de no ingerir agua o alimentos de manera indefinida, tal como ha venido aconteciendo en Cuba desde la instauración del régimen comunista de los hermanos Castro.
Ejemplos resaltables devienen en tragedias cuando en 2010 un opositor negro, Orlando Zapata Tamayo (encarcelado desde 2003) activista de los derechos humanos, murió por estarvación (de hambre y sed) en febrero 23, 2010 tras 83 días de huelga de hambre.
O la del también disidente y opositor negro Guillermo Fariñas Hernandez, “Premio Zajarov 2010“; quien sufrió 11 años de prisión y protagonizó 23 huelgas de hambre; al cual el régimen castrista mantiene aprisionado como otros tantos opositores, sin derechos a movimientos dentro o fuera de la isla.
En el caso de Martin Luther King Jr. (tal por otras razones sectarias, sucedió también mortalmente con uno de los furiosos, Malcom X) se habia sumergido muto propio en las prácticas de desobediencia civil callejeras tuvieron de modo igual o resultados trágicos.
Dado que a su pesar y en el de todos los humanistas, derivó en desatar los nudos de una violencia lamentable entre blancos y negros; la cual era exacto a lo que Martin Luther King Jr. no deseaba y lo peor, sin obtener a cambio un resultado tangible, salvo el asesinato alevoso de este líder por un supremacista.
¿Esencia de la estrategia práctica de Thurgood Marshall?.
Este prominente abogado y veterano no de decenas, sino de cientos de pleitos ante los tribunales norteamericanos, Dr. Thurgood Marshall, quien escogió como arma por los derechos civiles; “el Poder de las Leyes”; propuso una estrategia mancomunada de herramientas más simple y al alcance de la mano de cualquier ciudadano decoroso: las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica y su hito, la Ley Constitucional, ambas vigentes.
Thurgood era del criterio de que un hombre sólo, per se, podría exponer su queja ante los tribunales, y ganar. Tanto el poeta Langston Hughes así como otro luchador por los derechos civiles, su mentor Charles Hamilton Houston, influyeron en estas conclusiones. Decia, que con el auxilio de instrumentos tales, planteaba Thurgood, cualquier hombre seria capaz de lograr un cambio y sin rasgos de violencias posibles, tal lo demostró durante toda su vida de activista anti segregación, en cualesquiera de sus formas.
Tal enfoque sobre la manera de solucionar un mismo conflicto, inobtenible cuando se recurría a la confrontación callejera; Thurgood se convenció desde temprano, que había posibilidades legales de eliminar nacionalmente la segregación, dado que por las leyes norteamericanas; era un instrumento legal, a partir del fallo adverso en 1896 de la Corte Suprema en el “caso de Plessy vs Ferguson”.
Su estrategia consistió en no combatir la ley “legal” de la segregación (Law 111) de Louisiana (1890), sino, demostrar en un primer paso: que la mencionada doctrina de “separados pero con igualdad”; funcionaba a toda marcha en su primera parte, la de “separados”; mientras que en la segunda parte, en lo de “con igualdad”, era un desastre inconstitucional.
Así paso a paso, desde su posición y tal como preconizo, este logró desmontar pieza a pieza ese desastre segregacionista y alcanzar el triunfo del 17 de mayo de 1954.
Un balance sorprendente
Pasado el balance final, inexplicable, la memoria de Martin Luther King Jr. –un gran líder y mejor humanista– se alzó sin proponérselo con todos los honores; mientras que Thurgood Marshall, Charles H. Houston y otros –que en nuestro criterio fueron los arquitectos del triunfo estratégico anti segregacionista por métodos pacíficos– quedaran relegados a un lugar más discreto.
Al parecer, en el caso de Marshall además de otros destacados, no se ponderó justamente su paciente y real cadena de triunfos; iniciados desde la exitosa acción judicial emprendida el 25 de junio de 1935; al lograr que la Facultad de Derecho de la Universidad de Maryland, admitiera en sus aulas al primer estudiante negro.
Así, al paso de los años y triunfo tras triunfo en las cortes, la razón silente acerca de cuál estrategia y tipo de “fuerza” resultó la idónea; estuvo de parte de Thurgood Marshall, como lo demostró en mayo de 1954, apoyado por la NAACP, y el resto de su carrera exitosa hasta su culminación como miembro de la Corte Suprema.
Sin embargo, si bien per se, el veredicto de la “Corte Warren” de 1954, en su esencia intrínseca e implícita abogaba por la eliminación de la segregación en cada estamento de la sociedad norteamericana, no fue hasta el 13 de noviembre de 1956que la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó por su mandato irrevocable que:

“La segregación racial en cualesquiera de sus manifestaciones, lugar o actividad, era ilegal.”

De ello se derivó que toda la estructura judicial, legislativa y ejecutiva de la nación norteamericana, dispuso de una herramienta definitiva e invaluable para eliminar cualquier manifestación de discriminación racial en los territorios de los Estados Unidos de América, sin aplastar la libertad de expresión amparada constitucionalmente.
Recordemos otro evento notorio que fue elevado hasta la Corte Suprema (estando Marshall ya en funciones como magistrado de la misma), el cual fue generado y dirimido en el ámbito de deporte profesional, específicamente en el área del baseball.
El pleito ganó la atención del gran público norteamericano, sobre otras disparidades económicas; en cierta forma amparadas por la Ley Anti-Trust; tal surgió en el denominado “caso Curt Flood vs. Bowie Kuhn (407 U.S. 258)” de marzo 20, 1972 por una queja elevada por Flood contra la existencia de la injusta “reserve clause” (cláusula de reserva).
Marshall dio su voto al demandante, Curtis Charles Flood. Aunque éste último perdió el caso, 25 años después, su queja se materializó (11) en el justo medio en base del criterio de Thurgood Marshall.
Un estudio reciente, acerca de esta especie de palíndromo absurdo; nos arroja explicaciones diversas, incluyendo razones algunas delicadas, arrancadas y disputadas desde los preludios de la Guerra de Secesión (1861-1865). Desentrañarla, es volver a los preludio expuestos en la “Tesis”.
Conclusión

(Una dispensa por estar en construcción…)

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   “Plessy vs Ferguson” [163 U.S. 537 (1896)]. Lo curioso es que la esposa del juez John Howard Ferguson, Virginia, se dice que mantenía fuertes vínculos con los abolicionistas de Massachusetts, entre ellos su padre, Thomas Jefferson Earhart
(2)   Algo inedito: “If one race be inferior to the other socially, the Constitution of the United States cannot put them upon the same plane“, Brown wrote.
(“Si una raza es inferior a otra socialmente, la Constitución de los Estados Unidos no puede ponerlas al mismo nivel….” escribió Brown).
(3)   Thurgood“, un film de George Stevens, JFK Center 2010, interpretado por Laurence Fishburne. (4) Oliver L. Brown, era un soldador de los talleres Atchison en la Topeka and Santa Fe Railway, en Kansas. Su queja surgió porque su hija menor debía caminar sóla, toda una milla para llegar a su Escuela Primaria, cuando la misma escuela, para niños blancos, le quedaba a unos bloques cerca de su casa y la Junta Escolar le negó a Linda el uso del transporte escolar.
(5)   A Earl Warren, en su función de Fiscal General de California, le tocó propiciar la relocalización e internamiento en campos de retención diseminados en los EE.UU (una práctica de común de acuerdo en el derecho internacional) a los extranjeros; en este caso ciudadanos japoneses (y japoneses-norteamericanos); que permanecerían detenidos en los EE.UU (incluyendo los territorios de ultramar), durante toda la II Guerra Mundial. Estas personas, durante el gobierno de Ronald Reagan, fueron indemnizados, por una decisión que muy pocos entendieron fundamentada.
(6)   “Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, [347 U.S. 483 (1954)].
(7)   La decisión original en ingles de la Corte Suprema de los Estados Unidos, el 17 de mayo, 1954 fue la siguiente:

We come then to the question presented: Does segregation of children in public schools solely on the basis of race, even though the physical facilities and other “tangible” factors may be equal, deprive the children of the minority group of equal educational opportunities? We believe that it does…We conclude that in the field of public education the doctrine of ‘separate but equal’ has no place. Separate educational facilities are inherently unequal. Therefore, we hold that the plaintiffs and others similarly situated for whom the actions have been brought are, by reason of the segregation complained of, deprived of equal protection of the laws guaranteed by the Fourteenth Amendment

(8)   El boicot terminó gracias a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos del 13 de noviembre de 1956 que declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.
(9)   La consejería advertida o inducida en Luther King por fuerzas extrínsecas, no deben dejar de vincularse con la existencia de factores enemigos jurados de los Estados Unidos. Recordar que por entonces, los restos del nacionalismo tercermundista (empantanados por la corrupción en sus fracasos económicos y políticos totales), aupado y subvencionado por la URSS y su brazo político armado y subversivo; el Comintern (todavía activo en la introducción de drogas para destruir la moral de la juventud estadounidense); arribaron a las entrañas de los norteamericanos disconformes, convoyados y vigorizado con la mensajería testaferra castro-comunistas.
(10)   Henry David Thoreau (1817-1862) fue un poeta, escritor y filósofo estadounidense de tendencia trascendentalista y origen puritano, autor de “La Desobediencia Civil”, entre otras obras y se le considera entre los padres de la literatura norteamericana. En 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México (también lo era Lincoln) y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue encarcelado. De este hecho nace su tratado, La desobediencia civil, pionero al proponer algunas ideas como el pacifismo y la no violencia que resurgirían con fuerza en el altermundismo ya anticipado por Thoreau para el siglo XX pasado.
(11)  El caso…

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