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…Thurgood Marshall vs Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil? II/III


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Thurgood Marshall vs Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?

II/III

 ANÁLISIS
The Emancipation Proclamation
En el trasfondo del conflicto, afloraba una lucha entre dos tipos de economías: una industrial-abolicionista (Norte) y otra agraria-esclavista (Sur), las cuales eran totalmente diferentes. Los sureños declararon que no peleaban sólo por la esclavitud. Después de todo, aducían, la mayoría de los soldados confederados eran demasiado pobres para poseer esclavos y no estaban motivados. El Sur estaba empeñado en una guerra de independencia que mantuviera las relaciones entre el Norte y el Sur, pero bajo entidades jurídicas, legislativas y ejecutivas gubernamentales, separadas e independientes.
Los confederados generalmente tuvieron la ventaja de pelear en su propio territorio, y su moral era excelente. Tenían magníficos soldados, especialmente la caballería; pero eran mucho menores en número que las fuerzas de la Unión del Norte ( 2,200,000 de la Unión contra 1,064,000 de la Confederación)  y no poseían ni una sóla fábrica de armas, todas las cuales incluyendo las pesadas y el resto de los pertrechos, debieron ser importados o contrabandeadas a un costo prohibitivo. Además, el Gobierno Confederado siempre estuvo a expensas del patrullaje marítimo y bloqueos de la Armada de la Unión, mucho mas numerosa y poderosa.
El algodón, tabaco y otros rubros agrícolas, no bastaron para sufragar los gastos de la guerra, luego el Sur debió recurrir a préstamos onerosos que corroían el basamento económico de los rebeldes. Al finalizar la contienda, algunos de los integrantes de las  partidas de soldados remanentes. tras el desbande del Ejército Confederado, fueron perseguidos como forajidos por las tropelías cometidas durante la confrontación.
Para librar la guerra, el Sur se financió con la exportación de algodón que embarcaba hacia Europa y el Norte, con la emisión de un nuevo papel moneda, tras rechazar Lincoln un préstamo de $5.000.000 al 12% de interés ($175,000,000 al cambio actual) ofrecido por la firma de Moses Taylor. Ambas partes suspendieron algunas libertades civiles, imprimieron montañas de papel moneda y recurrieron al reclutamiento forzoso (leva).
La prioridad que Lincoln abrazó fue la mantener a Estados Unidos como un sólo país. Tras las pérdidas iniciales de las primeras batallas, tuvo que reconocer que el desarrollo de la guerra, pudiera cambiarlo “haciendo de la guerra una batalla contra la esclavitud” y así podría obtener apoyo para la Unión tanto en el interior del país como en el exterior. Consecuentemente, el 1 de enero de 1863, segundo año de guerra, el Presidente dio a conocer la “The Emancipation Proclamation” (La Proclama de Emancipación), por medio de la cual se otorgaba la libertad a los esclavos en todos los Estados Unidos, incluyendo aquellas áreas aún controladas por la Confederación. Un golpe demoledor para la moral de los esclavistas.
Sin embargo, el ejército sureño obtuvo importantes victorias en la etapa inicial de la guerra, pero en el año 1863 su primer comandante, el General Robert E. Lee, se dirigió hacia Pensilvania. En Gettysburg se encontró con un poderoso ejército de la Unión, y así dio comienzo la batalla de mayor magnitud jamás librada en suelo estadounidense. Después de tres días de lucha desesperada, los Confederados fueron derrotados.
La marina de la Unión rápidamente impuso un bloqueo que creó grave escasez de material bélico y bienes de consumo para la población y las fuerzas confederadas. Al mismo tiempo, en el río Mississippi el Lt. Gral. de la Unión, Ulysses S. Grant, tomó la importante ciudad de Vicksburg. Las fuerzas de la Unión controlaban ahora todo el valle del Mississippi, dividiendo en dos a la Confederación y ahogando su salida al mar.
En 1864, un ejército de la Unión al mando del General William “Tecumseh” Sherman atravesó Georgia destruyendo toda la riqueza agro-pecuaria que no pudo aprovechar para sus fuerzas. En el campo, arrasó con toda la infraestructura que encontró a su paso (1). Atlanta fue cercada y capturada el 2 de septiembre de 1864.
Entonces Sherman preparó dos ejércitos (el Tennesee y el Georgia) e inició el 15 de noviembre la conocida como “Sherman’s March to the Sea” (Marcha de Sherman hacia el mar) y de esta forma se dio inicio a la decisiva  “Campaña de Savannah”, lugar por donde Sherman llegó hasta el mar Atlántico. El objetivo estratégico seguía de modo igual una acción de destrucción total de todo aquello que sirviera como soporte al Ejército Confederado, además de batirlo militarmente, se propuso desmoralizar a la población ante la destrucción sistemática de la riqueza sureña.
El ancho estimado de la franja de devastación, algunos han sugerido en unas millas. La marcha duró unos 35 días durante los cuales las tropas de la Unión, recorrieron 400 millas, escindiendo y devastando el profundo Sur. Por este modo estratégico de pelear violento y arrasador de la tierra enemiga, pero de manera exitosa, se consideró a Sherman como el primer estratega moderno en el Ejército de los Estados Unidos, al aplicar la “guerra total”. Se trataba del corte de toda la infraestructura de apoyo al ejército confederado, al mínimo de bajas civiles y militares. Los objetivos del Norte no eran las personas enemigas, sino los medios que las soportaban. Las tropas norteñas tomaron Savannah el 20 de diciembre de 1864.
Después durante la II Guerra Mundial (IIGM) , la estrategia fue copiada por los estrategas alemanes aunque con matiz propio, en su Guerra Relampago (Blitzkrieg); con la puesta en marcha del plan “Barbarosa” y su avance contra la Unión Soviética. De igual modo que los rusos aplicaron igual práctica contra los alemanes, ante la retirada de éstos.
Mientras tanto, el general Grant se batía implacablemente con las fuerzas de Lee en Virginia. El 2 de abril de 1865, Lee fue forzado a abandonar Richmond, la capital de la Confederación tras el cerco de Petersburg. Ello signific óel fin de la lucha fraticida y el fracaso del esclavismo como doctrina inviable en el mundo moderno.
Una semana después el Ejército de Virginia del Norte y su comandante, el Gral. Robert E. Lee se rindió oficialmente en la Appamattox Court House en VA, al Ejército del Potomac comandado por el Lt. Gral. Ulysses S. Grant, y así el resto de las fuerzas confederadas dejaron todas sus armas más adelante. Para algunos sectores recalcitrantes empeñados en la ideología sureña, la guerra no había concluído.
Entonces sucedió lo inesperado, porque el Viernes Santo del 14 de abril de 1865 el Presidente de los Estados Unidos; Abraham Lincoln; fue asesinado en el “Teatro Ford”, en Washington DC.; por el actor John Wilkes Booth. El complot fue descubierto en toda su magnitud y 4 de sus cabecillas fueron ejecutados en la horca, incluyendo a una mujer. En la conspiración se incluía el asesinato en el mismo lugar y tiempo, del Secretario de Estado, William W. Servard y del Vicepresidente Andrew Johnson, entre otros miembros del gabinete presidencial. Todavía el 12 de mayo de 1865, los ejércitos de la Unión atacaban remanentes confederados en Rancho Palmito en el condado de Cameron de la frontera con México, donde dichas fuerzas enemigas rebeldes permanecían activas y desinformadas, aunque ya en fugas.
Con la derrota de los sureños, los abolicionistas lograron que la ominosa esclavitud fuera erradicada de los Estados Unidos de Norteamérica y se emitieran previamente las XIII, XIV y XV Enmiendas a la Constitución; las cuales cobraron plena vigencia, igualando a todos ciudadanos de los Estados Unidos. De inmediato comenzó el período denominado “La Reconstrucción” que perduró hasta 1877, con la salida de los remanentes de tropas federales de ocupación, en los tres últimos estados del sur.
“The Compromise of 1877
Trazas de turbidez en ciertas aguas alimentadoras del contexto socio-económico imperante en los Estados Unidos a inicios del siglo XIX, no estaban clarificadas convenientemente; tal lo fueron relativamente nítidas aquellas otras límpidas con respecto a la libertad, soberanía y derechos ciudadanos. Estas inquietudes rodaban desde los tiempos del último de los presidentes “Padres de la Patria”, el Presidente James Monroe (1817-1825); las cuales condujeron a la quietud alcanzada con posterioridad, al concretarse el denominado “Compromise of Missouri” (1820), tras un debate nacional azaroso acerca de la incorporación a los Estados Unidos de este y otros posibles nuevos estado.
Por tal acuerdo se facilitó a los dos principales sectores ciudadanos en pugna, primero la inspiración y exposición de sus tesis respectivas y con posterioridad, la separación decantada de los perfiles entre los dos bandos que además, eran correspondientes entre sí. Y cierto que lo eran, porque entre ambas plataformas existían lazos comunes, como aquellos que les unían en base de lo esculpido en piedra; como el holograma de una doctrina axiomática ideal a seguir, según los filósofos y estrategas de la época, al pie de la letra.
Los fundamentos de estas figuras filosóficas se referían a un dogma extraído al parecer –porque los albores de su quintaesencia ya venían siendo enunciados desde épocas anteriores–, de la reflexión simplista de un influyente periodista newyorquino, John L. O’Sullivan, en su artículo “Annexation” (Anexión) con cuyo dogma introdujo el concepto de “Manifest Destiny(El Destino Manifiesto) (2).
Otro evento importante y de consolidación, fue el segmento de advertencia; especialmente a Europa; de que la recién proclamada “Doctrina Monroe“, pondría freno a las injerencias en América de las potencias extra continentales.
Esta premisa reflexiva del destino manifiesto, tal como reza literalmente, fue adherida erróneamente a las bases de la política exterior de los Estados Unidos como partícula no dialéctica y símbolo de un expansionismo natural (endógeno) reinventado en el siglo XIX. Este movimiento consistía en aceptar el engrandecimiento de la nación norteamericana y su despegue hacia el lugar primado y hegemónico en el devenir internacional y mundial, dominando los territorios desde al Atlántico hasta el Pacífico. desde Canada hasta México.
Recordar que se trataba de un Nuevo Mundo y sus sociedades autóctonas plantígradas que olisqueaban finuras, pero a la vez receloso del donaire subyugante en las frivolidades del Viejo Mundo europeo; entonces enervado con los aromas culturales y de indudable refinamiento de las viejas pero eficaces, estructuras monárquicas. Una contrapartida contemporánea es el exitoso “american way of life“, tan ansiado por las democracias actuales afines a Norteamérica, como envidiado por las aberraciones tercermundistas que nos rodean en pleno siglo XXI.
No se trataba, por supuesto, de los intentos de cortes aristocráticas fantasmas y sus consecuentes payasadas fraudulentas, como las montadas efímeras en Centro y Sudamérica por riadas extraviadas de la criollera con levitas, también algun que otro extranjero confundido, que umbilicaban sus nexos con la matriz de turno tras el desorden dejado en Europa por los empiristas napoleónicos. Porque los descendientes de los pilgrims del “Mayflower“, sin embargo, pensaban de otra forma menos ditirámbica y por el contrario, tan lógica como práctica.
No obstante, todo lo concerniente a las realezas europeas de existentes tal como sucede ahora; resultaba espejo de modales, modo de vida y estándares tales como sucedió con el relevo de las casas aristocráticas por parte de la familias de las pequeñas y altas burguesías criollas, a veces incultas y sin modales. Desconocedora del savoir vivre (saber vivir) y por lo general sin historia ancestral, educación formal ni linajes de origen noble (los “Don” y “Doña” y sus versiones en otras latitudes) pero forradas con medios de fortuna cuantiosos. Un maná no divino y sí terrenal, devenido logro de la revolución industrial, del “laisser faire, laisser passé” (dejar hacer, dejar pasar) del capitalismo y el libre comercio y empresas con la consecuente rebaja en los aranceles.
Sin embargo, por este dogma del “Destino Manifiesto” y acuerdo entre las partes, cuyos sustentadores más audaces continuaban conviniendo en que aquel menjurje era por “mandato divino”; se estableció una línea virtual a partir del paralelo de los 36º 30′  hacia el Norte geográfico, donde quedaba prohibida la creación de estados esclavistas e incremento de toda forma de esclavitud. Por lo tanto, dicho “compromiso de Missouri” delimitó por el momento la frontera de contención entre los estados esclavistas y los abolicionistas.
La determinación por parte del Gobierno Federal de asumir los riesgos de esta decisión salvadora, para cercar pacíficamente los ímpetus sureños hacia el desborde de la servidumbre productora; resultó fructífera para el gobierno central; el cual sondeaba incesante la magnitud y fuerza de los bandos a favor y los en contra de la esclavitud. Y además, establecía los límites geográficos para bloquear cualquier pretensión de los esclavistas hacia nuevas tierras en el oeste y sudoeste de la nación.
Por decantación resalta la deducción no vinculante de este ajuste interno, con pretensiones “imperialistas” supra continentales, siempre achacadas a los Estados Unidos por sus enemigos. Los que eran simples litigios locales, elevados a la categoría de conflictos alejados de las fronteras de los Estados Unidos.
Ahora se trataba de las intenciones de uno de los grupos integrantes de ambas fuerzas políticas y económicas, en primicias el Norte industrial; el cual proponía utilizar el barro del destino manifiesto para instrumentar los utensilios civiles, militares y morales adecuados; a los fines de construir una nación y sociedad, nuevas y democráticas y sólidas. Mientras la otra parte, el Sur agrícola; se ofuscaba tozudo en estructurar con el mismo barro figuras alegóricas que sustentaran toda una gama de criterios justificativos, del por qué unos ciudadanos tendrían el derecho ser los dueños absolutos de otros hombres bajo su amparo.
Luego, para estos últimos estamentos, el criterio infería que la esencia del destino manifiesto no era sólo una estrategia político-económica exclusivamente exportable y de uso continental, sino también de aplicación doméstica en lo concerniente a lo socio-económico, la cual imperaría en los territorios de la después denominada Confederación.
El miedo de Micaela al “¿en qué y en cuánto?”
Por lo general, los remanentes de la veterana “Doctrina Monroe“, casi fuera del juego durante un tiempo; desarrollaron un miedo convoyado con la incertidumbre, dada la proposición de trazar un rasero igual para todos los ciudadanos hacia el nuevo estilo igualitarista de libertad plena y democracia; enunciado y sustentado por y desde Washington; cuyo basamento yacería de manera absoluta en la Constitución a la cual, sabiamente y de acuerdo a las circunstancias imperantes, se le colgarían “perchas”, las que denominaríamos Enmiendas Constitucionales.
La cuestión primordial afloraba en determinar, “¿en qué y en cuánto?” serian capaces los libertos y manumisus de asimilar el american way of life, imperante al Norte del paralelo 36. Una interrogante sin respuesta inmediata la cual ya formaba parte del sinnúmero de incógnitas revoloteantes en la mente colectiva de la antigua sociedad sureña.
Todo este intríngulis aparecía en lontananza, mientras se evidenciaba el nacimiento de un solar al que estamentos influyentes del acontecer diario; en el Norte; preferirían arquetipos polivalentes de una ciudadanía virtual monocolor y daltónica, sin atender a consideraciones étnicas. Tal figura de paráfrasis social inyectaría júbilos en las filas abolicionistas.
Ello estuvo en consonancia manifestada de manera igual, inmediato que los Confederados perdieron la guerra y con ello toda iniciativa, adocenados en sus rincones involucionistas ancestrales; mientras los republicanos de la Unión, asumieron ipso facto todo el control militar y político del Sur Profundo.
Además, sobre los estados sureños pendía ahora inmutable el problema de la esclavitud, un asunto no catártico para la eliminación de recuerdos malos, porque la presencia de la esclavitud no era un pretendido mal sueño virtual sino real.
Aunque la misma (en teoría) seria demolida gradualmente (en ello se basaba uno de los errores de la tesis abolicionista) por la implantación bona fide de la XIII Enmienda y las otras enmiendas reparadoras, no colaterales, emitidas tras el fin de la Guerra de Secesión. Ello era insustentable para los escépticos, aunque les adornaran valores nacionales como los enunciados en las proclamas de un gobierno federal unido y con el liderazgo sobre toda la inmensidad de nuestro país.
Eran los norteños, vencedores contra los restos calcinados de la entente sureña, herida y destrozada por una guerra atroz. La Unión, en una ilusoria realidad retroactiva hasta el día anterior en que se inició la conflagración secesionista; volvía a sus causes como el definitivo Gobierno Federal de los Estados Unidos de América; ya afianzado tras una guerra civil indeseada y ahora, nuevamente, conducido por el poder central de aquello que dejó de ser “la Unión”, retornando a su cause lógico.
El país entero, sin desmembramientos, retornaba de la sacudida provocada por la guerra; renqueando cojeras, heridas, cóleras y los dolores propios del conflicto fraticida desolador. Y lo más ansiado en el futuro mediato, ser una unidad integral aunque todavía no monolítica. Porque durante la etapa de la pos guerra, la conducción de los estados sureños bajo un control compasivo del Norte hacia el antaño enemigo, había extenuado sus valores.
Valga que aquella parte de los estados sureños, aun con fuertes delirios revanchistas (que por suerte, nunca se materializaron); ya habían arribado hasta un punto de tolerancia mutua, puesto que moralmente eran indefendibles con argumentos ya quebrados y con las tropas federales de ocupación acampadas todavía en varios de sus territorios.
Grant: “Primero legitimar al presidente Rutherford B. Hayes y después, la retirada de las tropas
Por otra parte, en el sentir del Presidente de los Estados Unidos en funciones, Lt. Gral. Ulysses S. Grant, el costo del mantenimiento de las tropas se hacia insostenible para el gobierno federal y los propios de los estados, enfrascados aun en rehacer sus patrimonios. Dado que además esas tropas, eran requeridas para asegurar y proteger la expansión hacia el oeste y sudoeste, mientras se mantenía vigilante al sur. De igual modo, se trataba de solidificar las relaciones con la población local dentro de un marco apropiado, que insinuaba amenazas con desatar conatos de inconformidades.
También era ostensible que en el espíritu del presidente Grant, su equipo de gobierno y el partido republicano, urgía una solución negociada entre las partes, pero ahora entre norteamericanos, no sureños y norteños sin importar la latitud y longitud de sus capitales respectivas.
Todo el cúmulo de problemas, fue conformando aquello que posterior a la inmersión de vencedores y vencidos en la tina de los reclamos, casi hasta tocar fondo; devino preludio mágico de los acuerdos a los que arribarían, por el llamado “The Compromise of 1877″  (Compromiso de 1877) (3). Un ente de acuerdos políticos puramente verbales, en cuyo pacto se establecieron de manera teórica los pasos a dar por el Partido Demócrata de los supremacistas sureños; influyentes en casi todos sus estados, aunque derrotados en las elecciones de 1876 por la irrupción del voto negro; inmediato que las tropas federales acantonadas en sus predios, abandonaran los asentamientos respectivos.
La cuestión de los negros flotaba sin mayor sustentación que los buenos deseos de los abolicionistas locales, que no eran muchos. Las tropas de la Unión, ya sólo vivaqueaban en Florida, Carolina del Sur y Louisiana, aunque ya en proceso de retirada. Si bien las denominadas “Leyes o Códigos Negros” (1800-1866), sostenidas aún de trasmano por un número apreciable de los terratenientes; todavía en poder de la tierra; no era menos cierto que las Décimotercera, Décimocuarta y Décimoquinta Enmiendas ratificadas en 1865, 1868 y 1870, respectivamente; o sea emitidas entre 1865-1870, ofrecían una sombrilla protectora incipiente a la recién emancipada población negra, repleta ahora de libertades, derechos de hacer y deshacer, movimiento y oportunidades ilimitadas para hacer negocios, tal y como les viniera en ganas dentro del marco de las leyes, la moral y la decencia.
Tanto los sureños como los norteños blancos, coincidía en que los millones de negros emancipados, no disponían del background que deja la experiencia civilizada ejercitada por siglos; ni la voluntad de entender la verdadera magnitud significativa del ser ciudadano con derecho al voto (un acto desconocido para los emancipados), moverse y estrenarse como otros ciudadanos más; por el simple hecho de disfrutar de la libertad con la cual fueron equiparados, a sus antiguos amos esclavistas.
Aunque nunca fue considerado así, ciertos sectores de la capa femenina blanca sureña, en un reflejo humanista casi igual al de las norteñas –en especial las mujeres de profunda religiosidad–; estimaban de buena fe y con misericordia extrema de acuerdo a las Escrituras; que el debut de los emancipados en el concierto de las personas libres; vivir en sociedad; alejados de la seguridad relativa del paternalismo de los antiguos amos blancos, les crearían y acarrearía confusiones extremas.
Sucede que este punto de vista, piadoso pero no práctico, no contó con los viejos sentidos ancestrales individuales de la libertad inherentes al bicho humano y su poder de adaptación al nuevo hábitat, porque también dominaban el idioma, cualquiera que fuera su entorno.
Ciertos acuerdos fueron concertados finalmente entre el gobierno federal y las distintas representaciones de los gobiernos estatales. Estos acuerdos preveían, entre otros, el retiro de las fuerzas federales, incluir un sureño como miembro activo en el gabinete de Hayes, la construcción de un ferrocarril transoceánico que partiendo de Texas llegara al Pacífico, con vistas al comercio de sus productos con el lejano Oriente y sentar las bases de la industrialización del sur.
Lo del ferrocarril, nunca se materializó. Y esta última, la industrialización, ensamblando a paso lento con la mentalidad de los potentados ex esclavistas —ahora sin los fondos, para capitalizar en las aguas turbias de la pos guerra, engullidos estos por la guerra civil— y sin preparación cultural en los asuntos de los negocios vinculados a la industrialización. Algunas fuerzas salvaban el escollo, aquellos líderes cuyos negocios agrícolas o industriales estuvieron, más pegados física o colindantes con los estados industrializados del norte.
Controversia de las “Leyes de Jim Crow” con la “Ósmosis exgénita contractual
Se trataba de la pretendida y no menos deseada, que denominamos: ósmosis exgénita contractual. En realidad, los estados del sur inmersos en nostalgias deseaban retrotraer la Historia y volver a su antiguo status segregacionista y lo principal: aprendida la lección, constituir el denominado “Sur Sólido”, que conocimos underground hasta mediados del siglo XX (1954).
Resultaba también de vital importancia para los republicanos, el incluir la “no reacción disociadora y de filibusterismo” amenazada por los demócratas contra el candidato presidencial republicano electo en las anteriores elecciones de 1876, Rutherford B. Hayes, los cuales estaban inquietos en el litigio por 20 votos electorales confusos y que nadie sabía a donde habían ido a parar.
Luego, ambos partidos convinieron en que se proclamara a Hayes, como Presidente de los Estados Unidos de América, a cambió del retiro de las tropas federales de los tres territorios sureños restantes, entre otros acuerdos. En esencia, y bajo la martingala nacional de la pos guerra, los del sur ansiaban retornar a los gobiernos locales civiles y quitarse de encima la vigilancia del gobierno militar federal.
Esta especie de “Pacto entre Caballeros” (en realidad entre los líderes de los partidos Demócrata y Republicano) se concluyó a puertas cerradas, sin consultar, invocar o involucrar al Congreso; de cuyo evento (a saber) no existen documentos algunos que lo detallen; salvo lo conocido a través de las palabras de honor empeñadas por ambas fuerzas, en no pelear nunca más utilizando la fuerza.
Tales pasos resultaron cómodos a los demócratas, de manera que el control de cada estado pasara de inmediato a manos de sus líderes y fuerzas políticas “demócratas” (redeemers) o bourbon democrats (4) y a aquellos republicanos, con suficiente fuerza electoral.
Una de las consecuencias inmediatas resultó en la apertura a las fuerzas intolerantes, en algunos casos, ansiosas de reinstalar las denominadas “leyes de Jim Crow(5) u otras camufladas, las cuales se afianzaron entre 1876 y 1965; pero irremediablemente tardías para el daño causado, fueron desmanteladas a posteriori con la promulgación de la Ley de los Derechos Civiles en 1964 y la Ley de Derecho al Voto en 1965. Recordar que en algunos estados, hasta 1965, los negros no tenían derecho al voto directo o lo poseían de manera parcial.
Los demócratas, se mostraban ansiosos de tomar nuevamente las riendas de los poderes estatales, en busca de reedificar su supremacía económica y política anterior a la derrota. Claro, que con las uñas limadas por las Enmiendas en cuestión. De manera sistemática, cada estado sureño inició el repunte de su economía y con ello, bordeando las leyes aperturistas de los derechos civiles producto de la guerra civil, promulgando las de su cosecha propia.
El propósito abierto de algunos, era en beneficio del aumento de sus prerrogativas y resentimientos contra los estados de la fenecida Unión y sus aliados durante la guerra civil. Con el “Compromiso of 1877”, se finalizó la era de bonanza y respiro de los aires de libertad y dignidad, conocida como “The Reconstruction” (La Reconstrucción), desarrollada por el gobierno de la Unión, entre 1863-1877.
Es tener en cuenta que desde 1875, el Congreso de los Estados Unidos, había aprobado la “Ley de los Derechos Civiles”, la cual fue refrendada por todos los estados. Aunque más tarde, buena parte de estos logros fueron desmontados subrepticiamente a partir del fin de “La Reconstrucción” y el retiro de las tropas.
El “Comité des Citoyens de New Orléans” y Plessy, un inconforme que encontró la horma de sus zapatos
En la realidad contractual, hasta inicios de la última década del siglo XIX, los negros y el resto de las minorías disfrutaron del placer de hacer lo legítimo que le viniera en ganas a cualquier hombre libre, cabal y decente. Corriendo 1890 todo cambió abruptamente para los negros, por la ya emitida Law 111, la denominada “Separate Car Act” o también “Law of Separate but equal“, por parte de la legislatura del estado de Louisiana, de obligatorio cumplimiento en todos los ferrocarriles de ese estado.
O sea la separación de los pasajeros de los ferrocarriles en blancos y negros (en realidad de los colored people, el melting pot de los “no-blancos” donde se incluían los negros, indios (nacionales y extranjeros), mestizos, asiáticos, medio orientales, etc. y el resto de las minorías no-blancas, o sea, cada uno de los dos grupos raciales serian puestos en sendos vagones separados, lo cual significó una brusquedad contra los derechos civiles.
Estos movimientos gubernamentales estremecieron a las minorías, de donde un grupo de notables criollos de New Orleans, entre los que se destacaban ciudadanos negros y de otras razas; de recursos y posiciones coincidentes; sintieron temores reales de las leyes caprichosas, mal pensadas y sin objetivos sociales y las que suponían haciendo fila en las gacetas oficiales. De este modo fundaron el denominado “Comitte to Test the Separate Car Act” (Comité para vigilar el “Acta de vagones separados”) creado para detectar los posibles atropellos causados por dicha Law 111. Según el “por cuanto” inicial, la ley rezaba en un tono literario de ironía abierta.

“Acta para promover la comodidad de los pasajeros en los ferrocarriles de Louisiana”

Este documento y sus 13 fatídicas palabras, fueron el inicio. Recordar que durante toda la historia del sur de los Estados Unidos, un sinnúmero de blancos pobres (ejemplo, los crackers de la Florida, Louisiana y otros estados, los cuales sobrevivían enterrados en los bosques y pantanos), estaban excluidos y marginados de los beneficios de la ciudadanía; no tenían derecho al voto, a ser elegidos como jurados, puestos públicos, etc. y permanecían casi desprotegidos por los tribunales. La Law 111  fue el motivo principal de la gestión del Comité des Citoyens de New Orléans, sin que fuera la causa principal del conflicto, aunque resultó su detonante.
Homer Adolph Plessy, un artesano local manufacturero de zapatos finos y de ascendencia afrofrancesa no parecía estar muy alejado —y así quizás lo presentía— de que los inicios de ese verano de 1892; no entrarían como los anteriores y que tampoco les serían buenos y sustanciosos a él, ni al resto de los ciudadanos norteamericanos preocupados por las nuevas circunstancias prevalecientes a raíz de la ley sorpresiva, Law 111, emanada desde la legislatura estatal. Porque ya las otras minorías y los negros se sentían renqueando cojeras espirituales y decepcionantes al ver sus derechos civiles, evidente, violados de manera consuetudinaria.
Plessy, a causa de la situación racial imperante en New Orleans, se sentía moralmente y de hecho; atropellado en sus derechos civiles, como el resto de los ciudadanos clasificados como “negros” y también por ser un activista de los derechos civiles y escolares. Tales derechos fueron difumados silenciosamente, aunque en el papel estaban garantizados por las XIII, XIV y XV Enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos vigentes antes de 1890.
Lo curioso es que este ciudadano “negro”, no lo era tal ni parecido como se concibe. Sino que se trataba de un individuo alto y distinguido, percibido por cualquiera de su tiempo como blanco por sus rasgos; pero que sus coetáneos conocidos lo estimaban (o él se declaraba per se) de la raza “negra” en base de una medida racial “científica” de la época, además de idiota.
La cosa era que tener en la masa sanguínea un octavo o más de ascendencia negra, era condición sine qua non para ser considerado como afroamericano, indoamericano, sinoamericano, nipoamericano, etc. En su caso él , Plessy, era clasificado como ” 7/8 blanco” o sea, de los denominados octoroon, de acuerdo a la terminología “científica de las razas” (muy impregnada del darwinismo) empleada en esa época.
Homer, en unión de otros negros dispuestos a pelear por los derechos obtenidos desde el final de la guerra civil; especialmente los estipulados en la Décimotercera y Décimocuarta Enmiendas, fueron seleccionados por el Comité des Citoyens de New Orléans para montar una provocación contra las autoridades de New Orleans, con vistas a tener (apelación tras apelación) acceso a la Corte Suprema de los Estados Unidos, donde se batirían por anular todas las “Leyes de Jim Crow” existentes y en especial, aquellas que pecaran de inconstitucionales.
Se refería a una acción de protesta (desobediencia civil, la misma enarbolada por Henry David Thoreau y más tarde adoptada en su activismo por los derechos civiles por Martin Luther King Jr.) coordinada por este Comité a los fines de llamar la atención sobre el alcance tremendo, deteriorante de los derechos civiles, pero sin otras connotaciones de rebelión o uso de la fuerza. Sucede que desde cada rincón, asomaban orejas las denominadas y conocidísimas “Leyes de Jim Crow“, temidas aunque lo fueran de jure no de facto y que apuntalaban presagiosas la segregación racial.
En buena lid, cualquier otro grupo de ciudadanos sujeto a tales tensiones, habría obrado defensivamente de forma igual, por supuesto dejando claro que utilizarían medios pacíficos. Ello asevera que el posterior “caso Plessy vs Ferguson“, histórico, no fue obra de la casualidad.
Se intuía, de seguro, que eventos violentos de igual tipo sucederían en cualquier momento; los cuales no se podrían controlar si detonaba un conato de violencia impremeditada, tal como los organizadores del evento tenían previsto y así ir acumulando pruebas.
A tales fines, dicho Comité hizo colectas y recaudaron $1412 (al cambio actual, suponen unos $33,716). Se localizó a uno de los abogados notables en la defensa de otras personas discriminadas, el republicano radical y neoyorquino Dr. Albion W. Tourgée, para que se encargara del caso. Sin embargo este jurista asumiría la responsabilidad más tarde, gratis (o, pro bono). Del mismo modo dicho Comité alquiló los servicios de un detective privado, Chris C. Cain, el cual efectuaría la detención simbólica de Plessy en plena vía pública y así comenzar a matizar de veracidad el show.
Todo ello, impulsó la acción con el propósito de llamar la atención acerca de esas leyes injustas, en especial la Law 111 o “Law of Separate but equal” la cual per se detonó la problemática. El Comité pretendía lograr su derogación en los tribunales, por su estimada inconstitucionalidad y racismo; exacerbadas injustamente con el fallo negativo contra el caso Plessy estaría destinado a jugar un papel fundamental, indirectamente, en la solidificación del que después fueron el conjunto de leyes estatales que vigorizaron y establecieron, ipso facto, la legalización de la “segregación racial”.
El candidato a prisión estaba instruido de ejecutar cuatro tareas: comprar el boleto, subirse en el vagón de los blancos y sentarse, anunciar a viva voz su raza en el vagón y dejarse prender y presentado ante el juez, por manos de la “policía amiga”: representada en la figura de Chris C. Cain.
¡Coño, dije que soy un octonoon…, un carajo de negro!
Esa tarde del 7 de junio , 1892, Plessy se arregló el cabello y se afeitó en la barbería cercana y después, ya en su habitación, se acicaló meticulosamente con lo mejor de su ropero dominical, joyas, afeites y perfumes; algunos facilitados en préstamo (o alquilados en Paw Shops) por el Comité, ante la mirada atónita de su esposa, Louise Bordenanve.  Homer, se vistió con ropa interior de hilo y camiseta “PR” de mangas cortas (las de tres ojales al frente) y le montó su ristra de botones de oro 24k (romboides), con sus iniciales grabadas en relieve.
La camisa de seda con mangas y yugos del mismo metal, de color purpura brillante al tornasol morado (el color punzó, que tanto gustaba a los “negros curros” cubanos) y se adornó con la inevitable cadena gruesa y crucifijo de oro con brillantes colgados por fuera de la camisa, igual que la leontina del chaleco. El traje blanco de fino “dril 100” cerrado al frente con pañuelo de igual color al de la camisa y botines de tacón alto con broches en los costados. Por haberlos elaborado por el mismo, como zapatero, su mayor orgullo.
La estampa, cerraba con un ‘jipijapa” semiduro de ala ancha, de los tejidos por las ecuatorianas debajo del agua. La cuestión se basaba en inspirar respeto e impresionar a los espectadores, para que no olvidaran el hecho. Cuando se miró de cuerpo entero en el espejo, exclamó:

Negrón, estás “pasa’o’e’rosca” —le dijo a su imagen, burlón, con voz fuerte; porque su figura de seis pies dos pulgadas, le daba un porte impresionante. Louise, lo miró con la boca abierta y pensó: “¿En verdad, será éste mi marido?”.

Pero no, lo de “negro” era lo que menos le pegaba; porque Plessy era una especie de “jaba’o blanconazo” (en la jerga inglesa, “light-skinned colored people“) con un fuerte componente de francés blanco, perfectamente confundible con un comerciante o terrateniente adinerado de paso por la ciudad. Las instrucciones que recibió como parte del programa que el Comité solicitó de Homer Adolph Plessy, éste las cumplió al pie de la letra. Avanzaba, como un optimista loa “El elogio de la tristeza“, hacia la boca augusta y pletórico de esperanzas.
Exacto, y precisamente por esas razones fue el elegido por el Comité para ejecutar la acción; algo vedado a los afroamericanos si intentaban siquiera pasar a la zona de los blancos en la estación o apeadero elegido. A él no. A él, no habría quien lo parara y bajara del tren. Y Plessy se sintió en verdad como un potentado y también fue escogido porque no tenia hijos, dado que existía peligro potencial de muerte a manos de algún exaltado.
Después, Homer tomó uno de los “Coches de Rúa” aparcados alrededor de la Fuente de la India y ordenó al cochero que lo condujera a la Estación Terminal del Ferrocarril del Este. Allí, compró un boleto de primera clase hacia Covintong (hoy una ciudad pujante) para los vagones reservados a los ciudadanos blancos, subió al vagón y se sentó orondo en uno de los cómodos asientos.
Entonces fue que se regodeó a sus anchas. La cosa comenzó, de acuerdo al guión, en el momento en que se le acercó el conductor para poncharle el boleto. Entonces, todo se volvió color de hormiga. Homer escuchó las lejanas cortesías intercambiadas entre el conductor y los pasajeros, cada vez que éstos entregaban sus boletos y les eran devueltos por el empleado.

Buenas tardes señor —le dijo el conductor a Plessy, en tono amable, quien lo miró fijamente y le entregó el boleto. El empleado ponchó el cartoncillo y se lo devolvió. El hombre miró a Plessy, un pasajero no habitual, y le sonrió.
Gracias señor, es usted muy amable y que pase una muy buena….
—¿Sabe usted, mi señor conductor —le interrumpió Plessy en un tono serio—, que ni son ni serán buenas las tardes ni las noches que pasaré?
Disculpe, señor, pero no entendí muy bien.
Pues es exactamente así como lo oyó. ¿Y sabe usted porque? —le inquirió Plessy .
No, señor, ni me imagino y lo lamento —contestó el conductor, ahora más confundido.
Plessy le hizo conductor un gesto con el índice para que se le acercara. Y el hombre se inclinó ligeramente sobre él. Entonces, le susurró para que nadie más escuchara.
Porque yo soy un “octonoon”, sí, un “octonoon de mierda”, legítimo y además, perfecto —dijo Plessy.
—¿Un que?, y usted me dispensa, señor —atinó a balbucear el empleado, sin atenerse a entender aquella situación.
—¡Coño, dije que soy un “octonoon” o sea, un tipo que es solamente siete octavos de blanco…, o sea, un carajo de negro. Mire mi pasión! —gritó Plessy y se quitó el sombrero, mostrando el pelo hirsuto, para que todos le vieran y escucharan—. Y yo no creo en eso de vagones separados para blancos y negros. Yo pagué por mi boleto con el mismo dinero que pagan los blancos y me siento aquí por mis reales coj

De inmediato, el resto de los pasajeros se viró hacia el hombre alto, apuesto y vestido con elegancia relativa; a quien unos minutos antes vieron entrar al vagón y acomodarse, ahora sentado en el mismo medio del vagón. Todos, sin excepción, reflejaron en su rostro la sorpresa que quizás jamás habían experimentado en su vida. Un par de niños en el otro extremo del vagón rieron de lo que estimaban una broma, mientras las damas candorosas les tapaban lo oídos.

Señor, me desanima su actitud. Usted no puede, usted no debe hacer eso ni expresarse así, es contra la ley. Y usted debe cambiarse de vagón, por favor.
—Yo no tengo nada que hacer allá y aquí, me quedo —respodió Plessy, desafiante.

El conductor, aterrado dio media vuelta en busca de su supervisor. Al retornar con su jefe, ya con más confianza y aplomo en sí mismo; también porque le acompañaba otro hombre fornido que se le apareció de la nada: el detective privado “amigo” Chris C. Cain. Plessy fue sacado de la estación, a regañadientes y en la vía pública, detenido, esposado y conducido hasta cárcel de la St. Tammany Parish (Paroisse de Saint-Tammany), donde quedó encarcelado. Al día siguiente, salió libre después de pagar (el Comité) una fianza de $500.
Como era de esperar, Homer Adolph Plessy compareció un mes después ante el juez John Howard Ferguson en la “New Orleans Parish Criminal Court”. Ya frente al juez Ferguson, Plessy se quejó de que el estado de Louisiana había violado sus derechos amparados en la Décimotercera y Décimocuarta Enmiendas.
Ferguson estimó que el estado de Louisiana estaba en el derecho de dictar ordenanzas a los ferrocarriles que operaran dentro del estado de Louisiana y que dicha enmienda sólo era válida en asuntos gubernamentales, no entre particulares. Fue multado en $25 por infringir la ley.
Homer Plessy se negó a pagar la multa y en unión de sus abogados, apeló a la Corte Suprema de Louisiana, la cual también le denegó la demanda y desestimó el caso por “no ha lugar”, solidarizándose con el dictamen del juez Ferguson.
Como el hecho no resultó de un “arresto por vagancia”, Plessy tuvo el derecho de apelar a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Los abogados de Homer A. Plessy prepararon sendos recursos de apelación en nombre de Plessy, uno firmado por Albion W. Tourgée y James C. Walker y el otro por Samuel F. Phillips y su socio legal F. D. McKenney.
El 13 de abril de 1896, transcurridos cuatro años, la demanda fue presentada en la Corte Fuller (entonces presidida por el magistrado Melville Fuller) y escuchada por dicho tribunal. El 18 de mayo de 1896 esa instancia emitió su decisión, rechazando la queja por motivos iguales de “no ha lugar por carecer de fundamento”, derrotada por una votación de 7 a 1.
El voto en contra fue del magistrado John Marshall Harlan, curiosamente, antiguo propietario de esclavos pero crítico del Ku Klux Klan. En el documento del veredicto mayoritario y sus razones, el magistrado Henry Billings Brown, designado speaker, lo redactó interpretando las opiniones de sus colegas, donde los jueces alegaron que:

La Décimo Cuarta Enmienda, nunca pretendió hacer cumplir la igualdad social. Consideramos la falacia subyacente del argumento del demandante que consiste en la asunción de que la separación forzosa de las dos razas marca a la raza de color con un distintivo de inferioridad. Si fuese así, no sería por culpa de nada (intencional u ofensivo) que hubiese en el acto (de la discriminación por razas) , sino sólo porque la raza de color elige imponer esa connotación sobre sí.

La Corte consideró que no existían diferencias entre los vagones asignados a cada raza y por lo tanto,”no había lugar para acoger favorablemente la petición de violación de la XIV Enmienda” y por lo tanto: la Corte Suprema coincidía con los veredictos de las cortes inferiores. Sin embargo, existían diferencias marcadas, en algunos casos notables, de la calidad en el resto de los servicios públicos como bebederos, baños, urinarios, parques, bibliotecas, escuelas y otros.
Pero estos colaterales no eran el motivo de la queja. Por primera vez, la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, advertía a todo el país que la “segregación por causa de la raza, con igualdad de derechos, estaba legalizada por la ley. Entonces devino el desastre nacional para los negros y el resto de las minorías.
De igual modo devino golpe devastador sentimental para los historiadores anti segregacionistas románticos (contemporáneos), entender que el caso de Homer Adolph Plessy en su litigio iniciado en 1892 por un oscuro ciudadano en una corte desteñida en lo más recóndito del corazón del sur; contra el estado de Louisiana; resultó de la fabricación de un caso artificial articulado como estrategia defensiva de sus derechos, por el Comité des Citoyens de New Orléans.
Este Comité
, provenía del antiguo Free People of Color of New Orleans, modificado. O sea, se preparó un guión de lo que “se quería que sucediera de manera forzada”, a fin de contar con un leitmotiv (un estímulo reiterante como en las obras teatrales de Ionescu y Beckett, la reducción al absurdo) y así fundamentar una demanda sólida y real contra las injustas leyes segregacionistas existentes.
Con frecuencia casi religiosa, la historología contemporánea presentada el caso envuelto con el halo romántico de un David èpico (Homer Adolph Plessy), enfrentándose a un Goliat perverso (la burocracia del gobierno de Louisiana y los ferrocarriles, que con certeza se comportaban como tales); cuya respuesta ante las quejas del ciudadano, fue pisarlo inmisericorde tal si fuera un bicharraco.
Sin embargo bajo un análisis crítico, los estudiosos y expertos en la idiosincrasia y espíritu de las leyes; atenidos estrictamente a los hechos y alejados de partidismos y sectarismos raciales, políticos o religiosos; lo consideran fríamente como una provocación deliberada (en esencia una conspiración) articulada por un grupo de ciudadanos privados de New Orleans, los cuales estaban tan enfurecidos como temerosos, de las leyes injustas vigentes y de las que inexorablemente estimaban, se les vendrían encima, todas inhumanas y reprobables.
En la realidad objetiva, el caso promovido por Homer Adolph Plessy contra el estado de Louisiana, resultó un fracaso total desde el punto vista jurídico (no por contenido sino por chocar con los intereses creados) y sus consecuencias segregacionistas fueron endurecidas no solamente a los ferrocarriles, sino extendidas al ámbito social y cultural, nacionalmente.
Ese día nefasto, América se enteró de que las “actividades relacionadas con la segregación racial no eran objetables, dado que estaban legalizadas por la Corte Suprema de los Estados Unidos, a partir del 18 de mayo de 1896.
No obstante el traspié eventual, con el acto de protesta promovido por Plessy; bajo la égida del Comité; entre otros efectos beneficiosos, se logró sacar del anonimato virtual al plano real y público, toda la urdimbre subyacente en las desigualdades ciudadanas. Se este modo, se preparaba así también el camino para desarrollar otras tácticas y estrategias, tal como hicieron ya en pleno siglo XX, Thurgood Marshall, Martin Luther King Jr. y otros activistas por los Derechos Civiles.
En este punto y decantados los líderes que auspiciaban abiertamente la confrontación con el status quo legal (gobierno y sus instituciones, incluyendo aquella parte de la sociedad de ideas diferentes a las de los abolicionistas) veríamos aflorar dos corrientes pacifistas, las cuales convergieron en un punto dilemático. Tales fueron específicamente las lideradas y esgrimidas como estrategias por Thurgood Marshall y Martin Luther King Jr.
El desenlace final de cada estrategia adoptadas respectivamente por estos líderes anti segregacionistas, tuvo sus frutos o fracasos definitivos a partir de segundo decenio del siglo XX próximo pasado. La una (de Thurgood Marshall), dirimida exitosa en la apacible santidad de las cortes; mientras que la otra (de Martin Luther King Jr. y otros líderes de ideas coincidentes) se ventiló entre luctuosidades encrespadas y en medio de las siempre infaustas trifulcas callejeras.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)     Sherman, en su ofensiva capturó y atravesó Atlanta. El episodio fue motivo del film “Gone with the wind” (Lo que el viento se llevó), basado en la novela homónima de Margaret Mitchell, dirigida por Victor Flemming (1939) protagonizado por Clark Gables y Vivian Leigh.
(2) La frase “Destino Manifiesto” apareció por primera vez en un artículo que escribió el periodista John L. O’Sullivan, para la United States Magazine and Democratic Review de Nueva York, en su numero de July/August 1845. En su artículo, O’Sullivan explicaba las razones de la necesaria expansión territorial de los Estados Unidos (por destino manifiesto y mandato de Dios) y apoyaba la anexión de Texas y Oregon, una política expansionista a la cual se opusieron Henry Clay, Daniel Webster, and Abraham Lincoln (wik) .
(3)    También fue conocido como “Corrupt Bargain“. No tienen por qué ser vinculado al “Compromise of 1850“, un intrincado despliegue de acuerdos relacionados con la “operación y gobernabilidad” de los nuevos territorios ganados (California, Texas y Nuevo México) tras la guerra con México, límites de los nuevos estados, la esclavitud (Compromise of Misuri de 1820), etc.
(4)    Los bourbon democrat, (demócratas bourbones) fueron moteados así, pues era la fracción revanchista asociada al espíritu de retorno de la dinastía de los Bourbon franceses, que fueron defenestrados por la Revolución Francesa y que no pudieron retornar al poder hasta que se produjo la Restauración de 1815.
(5)   Las denominadas “Leyes de Jim Crow” son apócrifas y nunca existieron como tales, dado que el término (despectivo) fue utilizado como mote a toda ley estimada segregacionista. El mismo, fue extraído de un personaje de la comedia bufa “Jump, Jump Jim Crow” creado por un artista blanco, Thomas D. Rice (disfrazado de negro en la obra), con la intención de ridiculizar el populismo atribuido al presidente Gral. Andrew “Old Hickory” Jackson. De este personaje, se tomó también el nombre para así designar los antiguos “códigos negros” de 1800 a 1865, incluyendo las legislaciones de jure (de derecho) semejantes del tipo Law 111, y las ulteriores, consideradas segregacionistas, emitidas por los estados a partir del cese de la “La Reconstrucción” o sea, entre el 1876 y el 1965, contemporáneo.

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…Thurgood Marshall vs. Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil? VIII/VIII ***.***


Thurgood Marshall vs. Martin Luther King Jr. ante un dilema: ¿utilizar el Poder de la Ley o el de la Desobediencia Civil?
III/III
Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 
SÍNTESIS
 Un día aciago en Cortes
A pesar de la tensión percibida en el ambiente del Mall y sus espacios circundantes, todos sembrados de parques, estatuas, monumentos e infinidad de edificios gubernamentales —la mayoría de estilo clasico, greco romano—; desde las primeras horas de esa mañana de mayo de 1954 todo indicaba que el viento acaracolado, persistente hasta la molestia, sólo traería sobre Washington, la capital, las amenazas de esas lluvias matutinas habituales, siempre fuertes, vertidas a media mañana primaveral sobre la ciudad.
También, otros centenares de personas de edades, etnias y sexos diversos; hacían la fila frente al portón de acceso al edificio de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. Al fondo y frente al Capitolio, en la 1 First Street NE, otros cientos esperaban desparramados a la vera de la edificación, donde yacía la imponecia de las Cortes.
Al resto de los otros millones de ciudadanos de denominaciones religiosas y preferencias políticas varias, expectantes en cada rincón de los Estados Unidos, permanecían clavados frente a los televisores y radios. Una quietud alentadora era el dique de contención de la ansiedad que les colmaba como ciudadanos, hasta el momento en que la “Corte Warren” diera por terminada su sesión y cerrara puertas tras emitir el veredicto final.
Allí en ese edificio de piedras y mármoles, era donde desde 1935 se dilucidaban las cuestiones inherentes a la Justicia. Ellos esperaban que para entonces ya sabrían el desenlace de la “cosa suya” que también era de otros iguales, dejada en manos de los altos jueces y cuál fue el resultado de su queja ante las autoridades.
Todos estaban decididos a no abandonar el lugar, y menos esta vez, sin antes conocer del veredicto ansiado. Porque todos ellos aguardaban como una sola pieza, que se declarara ilegal una ley que desde hacía más de medio siglo, sirvió muy bien a una parte de norteamericanos confundidos, para mantener aplastada a un sector sustancial de la sociedad estadounidense.
Dicha parte, integrada mayoritariamente por los negros, incluía también a los judíos, mestizos, indios (criollos o extranjeros) u otras minorías penantes. Todos, habían estado demasiado tiempo silenciosos, en espera de que la sociedad norteamericana entera, recapacitara por un equívoco ya insostenible.
Porque ya habían transcurrido 57 largos años desde el fallo histórico (1896) en que la Corte Suprema de los Estados Unidos —la “Corte Warren”, entonces en funciones—, dictaminó invalidada la queja interpuesta por el ciudadano Homer Adolph Plessy en el que se constituyó después como el “caso Plessy vs Ferguson”
La Corte emitió de manera tácita un rechazo a la petición, al declarar que la queja del demandante acerca de que sus derechos constitucionales amparados por la Enmienda XIV habían sido violados por la empresa de ferrocarriles de New Orleans, quedaba “sin lugar, por infundada“. De ahí, el tema álgido de la discriminación racial saltó a primer plano, a causa de las inter relaciones étnicas inevitables
Quizás, la multa más histórica en los Estados Unidos
Porque hay que recordar que este caso, arrastrado desde 1892; emergió a flote público cuando Homer Adolph Plessy; un ciudadano oriundo de New Orleans en Louisiana; fue multado en $25 (unos $825, al cambio actual) por “sentarse en el asiento que no debía”. Tal incidente, se debió a que que ese vagón de pasajeros, en específico, estaba reservado “only for white people no for colored“.
La situación se le agravó cuando Plessy se negó, en voz alta, a trasladarse hacia el otro vagón del ferrocarril que estaba destinado “only for colored people“.
Claro, el acta de la Law 111 emitida por el estado de Louisiana en que se validaba localmente la segregación en los medios de transporte, no especificaba la gama de colores que abarcaba esa denominación de colored people.
Aunque los negros  lo sabían, porque la cosa iba con ellos, principalmente. Los resultados inmediatos del rechazo del caso Plessy por la Corte Suprema cuajaron y se demoraron.
Porque ello posibilitó la apertura de las compuertas ansiadas por los segregacionistas. Estos, aplicando las más singulares artes mágicas del birlibirloque ilógico de los prejuicios; dispusieron en sus arsenales de una sólida fundamentación legal –al menos jurídicamente-, aunque inadmisible desde todos los puntos de vista morales, éticos y humanos.
Tales quehaceres se solidificaron para continuar desarrollando y consolidando, las ideas  oniristas y cataléptiaos a fin de retorcer y enfatizar la desigualdad racial, proscrita por la Constitución de los Estados Unidos.
El criterio de la Law 111, peregrina en todas sus costuras y remiendos; era defendida por ciertos sectores sureños; considerando éstos que la segregación racial era legal y un acto soberano de los estados. Luego, cada estado podría interpretar dicho fallo a su manera y conveniencia.
Por supuesto, arguyendo que todo era “en beneficio de los negros y otras minorías”, dado que de esta forma “se les protegería a estas de los posibles acosos, por parte de elementos recalcitrantes”. No es extrañar que este lapsus de tiempo preñado de penumbras, pudiera ser enmarcado dentro de aquel período que la Historia denominó una vez, “Oscurantismo Moderno”.
Porque eso, precisamente, fue lo ocurrido en nuestro país, desde el 18 de mayo de 1896 hasta el 17 de mayo de 1954. Todo porque en una mañana de mayo de 1896 ante la “Corte Fuller” sesionada en Washington (así definida por presidirla Melville Weston Fuller) el juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Henry Billings Brown (2) en calidad de vocero, dio lectura al discutido fallo por el que le asignó la plena razón a la Law 111 (de la Louisiana Railway Car Act) emitida por dicha compañía en ese estado, corriendo 1890. Esta ley también fue conocida por “Act of Separate but Equal” (Separados pero con igualdad), la cual entró en vigor ese mismo año.
Dicha ley se diseñó y aplicó primero a los medios de transporte y después, por ósmosis intencional, en la versión elaborada por cada estado pero aplicada al resto de las actividades sociales, religiosas, artísticas, laborales, educativas u otras, en función de aquellos sus promotores, estimaban sus intereses legítimos.
Y así, desde 1896 transcurrieron los años hasta arribar al quincuagésimocuarto aniversario en el año de 1954, desde la implantación de esa ley, que sirvió de plantilla para el resto de las “Jim Crow” segregacionistas a emitir por cada estado.  Ese día, un viejo luchador por los derechos constitucionales, se detuvo brevemente ante la escalinata de la Corte, para tomar un repiro.

“¡Á la merde!”, exclamó Thurgood, indignado 

Ahora, exactamente en este día primaveral y trascendente; el Dr. Thurgood Marshall (3), abogado y consejero principal de asuntos legales de la National Association for el Advancement of the Colored People NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color), promotora del caso; miró por encima de los aros gruesos de sus espejuelos, la cuesta empinada que tenía ante sí y que le conduciría a la Sala del Tribunal de la Corte Suprema, donde se dilucidaría aquel drama intenso.
Thurgood, tiempo después, seria escogido en 1967 por el Presidente Lyndon B. Johnson como miembro de esa misma Corte Suprema de los Estados Unidos. La cuestión consistía ahora, en 1954, que él era el abogado acusador contra el gobierno de los Estados Unidos; el cual de simple espectador ante la demanda contra Louisiana, al sancionarla, se convirtió en ejecutor.
Éste, había ocupado ese cargo en la NAACP desde 1938, en sustitución de su mentor el Dr. Charles Hamilton Houston.

“¡Á la merde!, ya me sé de memoria cuántos son los escalones —farfulló, repitiendo con voz queda, para darse ánimos.

Tal como rumió Rodrígo, el de Triana cuando Colón lo envió castigado a la Torre del Vigía en el Palo Mayor (el “carajo“), de la carabela “La Santa María”.

Thurgood, ya se conocía de memoria cada loza del camino a vencer con la mole de su cuerpo. Y sin pensarlo dos veces, echó a andar a zancadas subiendo cada peldaño, jadeando con el alma y también como le permitieron sus tendones. Thurgood ya frisaba los 46 años de edad y andaba por las nueve arrobas de peso.
Es que a las 10:00 de esa mañana, el Marshall de la Corte haría su llamado acostumbrado a los asistentes, de hecho y por derecho y de igual modo extendido a los curiosos hacinados en la sala y las galerías altas. Y él, era el único de los representantes de los quejosos, que no podía faltar al acto en la acera de los demandantes.
Se trataba de un juicio importante de apelación del cual los presentes en la sala y una multitud de ciudadanos dolientes en toda la nación, clamaban por el veredicto condenatorio de las leyes de segregación racial y su anulación inmediata, sobre aquel infundio que les trancaba la garganta desde hacía la friolera de 57 años.
Todos los espectadores en la sala se revolvían ansiosos, los unos por curiosidad y los más, repletos de esperanzas. Entonces, con la solemnidad acostumbrada, los 9 jueces integrantes de la “Corte Warren”, entraron ceremoniosos; enfundados en sus togas negras; lustrosas e impresionantes.
Resultaba curioso, porque ahora les tocó a estos magistrados oficiantes a mediados del siglo XX; decidir sobre los derechos civiles del color negro, luego también del carmelita, el amarillo y el resto de la tonalidades.
No se trataba de las briquetas de carbón, el papel carbón de copias, el negro humo o de la “tinta china”; sino; acerca de los derechos de los escolares norteamericanos, específicamente los de color negro; segregados en las escuelas públicas, en casi toda la nación norteamericana.
Los magistrados, dictarían por boca del presidente de la corte el veredicto final sobre la controvertida y sonada ley, que hasta los felinos del Camino de los Gatos sabían de sus urdimbres al detalle.
El meollo de la querella versaba sobre la queja interpuesta por un ciudadano, Oliver L. Brown (4) , contra la poderosa Junta Escolar del Distrito Condal de Topeka, Kansas. En esencia, a causa de la discriminación racial sufrida por su hija Linda al no permitírsele, como a otros niños, matricular en la escuela primaria para blancos, cercana a su vivienda.
En consecuencia, dicha junta estaba acusada en esta ocasión de cometer actos de segregación, congénitos en el profundo sur, en contra de escolares quienes no por casualidad, eran negros.
En esta apelación de Brown los abogados de los demandantes consolidaron bajo el mismo nombre, otros 4 casos de características similares, lo cual convirtió la demanda individual, en una querella colectiva que, de inmediato, cobró de mayor peso.
Marshall temió a Warren, a causa de un viejo fantasma japonés
Thurgood albergaba temores de que en la “Corte Warren”, al estar presidida por el juez Hon. Earl Warren; les fallara desfavorable a los demandantes sobre el caso Brown, como sucedió antaño con el de Plessy (en 1896). Aunque este magistrado era considerado un republicano liberal y que lo siguió siendo a las dos manos durante el resto de su actividad en la Corte Suprema; dado que dictaminó en casos muy álgidos sobre los cuales debió emitir su opinión, contra viento y marea. Sin embargo, de la volubilidad de Warren podía esperarse, como en todo lo que intervino, cualquier sorpresa.
El resquemor se basaba en una decisión judicial emitida por Warren en el pasado, cuando todavía fungía como Fiscal General de California (5), antes de ser elegido gobernador de ese estado y después, candidato en la boleta presidencial.
Pero esa mañana fue de sorpresas inigualables para el diligente Thurgood Marshall. América, amagaba en danzar con su alegría soberbia y modocita; sobre sus pies genuinos, no los de barro, como cuando el “asunto Plessy”.
Porque precisamente en ese día aciago para Thurgood, la Corte Suprema de los Estados Unidos debía emitir uno de los fallos de mayor trascendencia en la historia de los Derechos Civiles y Constitucionales de la nación norteamericana.
Quizás, considerado desde puntos de vista ético, decencia, moral y altos principios; los jueces también altos de la Corte Suprema fueron conducidos por Warren de manera magistral, hacia una decisión unánime que dejó en ascuas a los oponentes de la integración. Norteamérica se anotaría otro tanto, aunque fuera en contra de su propia imagen como nación poderosa, en ocasiones omnisciente.
Algo así, seria inimaginable en otras latitudes o sociedades de “different way of lifes“, y que además, sus enemigos envidiosos jamás la entenderían. Se trataba de la resolución acerca del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas(6).
Con este veredicto, de ser favorable a los quejosos, se enmendaría un abominable entuerto que nunca debió ocurrir: la promulgación de la Law 111 (Separate but Equal) emitida en 1890 por el estado de Louisiana, basada exclusivamente en un acta irracional emitida internamente por la Compañía de Ferrocarriles de Louisiana.
Esta ley fue legalizada en 1896, inexplicablemente, por la Corte Suprema de los Estados Unidos, al desestimar la apelación de amparo formulada por un zapatero casi olvidado, protagonista del “caso Plessy vs Ferguson” de 1896, pie de base del conflicto actual.
¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!, anunció el Marshall de la Corte
Thurgood había entrado a la Sala de la Corte y se sentó exhausto en el asiento reservado a los abogados actuantes. Sucedió en el mismo instante en que se escucharon los golpes del mazo del Secretario del Tribunal; anunciando a los presentes el ponerse de pie, en espera de la entrada inminente de los magistrados e instándolos a aguardar de pie hasta que éstos se sentaran. Entonces, se escuchó la voz fuerte del :

Los muy Honorables, el Presidente del Tribunal y los Magistrados de la Suprema de Corte de Justicia de los Estados Unidos. ¡Oyez!, ¡Oyez!, ¡Oyez!.

Todas las personas que tengan peticiones ante los Honorables Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, deben prestar atención, porque la Corte desde ahora está en sesión.

¡Que Dios salve a los Estados Unidos y a esta Honorable Corte!.

Los magistrados entraron lentamente y tomaron asiento. El Presidente de la Corte dio un golpe con su mazo y todo el público se sentó. La apertura de la sesión y la alocución a los peticionarios se realizaría de inmediato.
El Presidente de la Corte, el juez Earl Warren, fue hacia el estrado con paso lento, pero con la expresión de quien sabe exactamente el alcance del veredicto que portaba entre sus manos. Un enorme silencio se tendió sobre la sala, como si todos los sonidos y ruidos del mundo se hubiesen escapado a otro planeta. Ya en el podio, carraspeó, abrió una carpeta de piel negra y anunció:

“Decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos. ¿Justicia igualitaria conforme al derecho?. Daré a conocer el dictamen de la corte con respecto a la alegación de Brown contra la Junta Educativa (de Topeka).

Al abordar esta cuestión no podemos regresar al año 1868 cuando se promulgó la Décimocuarta Enmienda, ni al 1896 cuando se instruyó el caso Plessy contra Ferguson. Debemos observar la Instrucción Pública a la luz de su papel actual en la vida del país.

Y enfrentamos la pregunta, ¿puede la segregación en las escuelas públicas, basada meramente en la raza, a pesar de que las instalaciones sean iguales, privar a los niños de la minoría de oportunidades educativas igualitarias?.

Creemos, unánimemente, que sí. Concluimos, que en el área de la Educación Pública, la doctrina de separarlos por iguales, no tiene cabida. Por lo tanto, sostenemos, que se ha privado a los demandantes de la protección equitativa de las leyes garantizadas por la Décimocuarta Enmienda. Así se ordena.” (7)

Warren, dejó que se escucharan por última vez quejas sobre la segregación racial por motivos de la raza en las escuelas y volvió a golpear con el mazo, dando la sesión por concluida. América, resultó salvada nuevamente por sus jueces. El público, aplaudía delirante aquel fallo justo e irrevocable. Hubo una historia anterior a ese momento crucial.
El  antecedente del ciudadano Brown, contra la Junta Escolar de Topeka.
Este mandato de la Corte Suprema, posibilitó que la pequeña hija de Brown, Linda, pudiera matricularse en la escuela primaria de blancos; cercana a su hogar en el distrito de Topeka; en lugar de caminar solitaria bajo cualquier condición del tiempo, hasta su escuela primaria situada casi a una milla de su hogar.
Porque resultó fabuloso que, de golpe y porrazo, la “Corte Warren” revivió, de manera implícita, la Décimocuarta Enmienda y revitalizó la Décimotercera y de paso, consolidó la Décimoquinta; las cuales nunca fueron derogadas ni resucitadas oficialmente sino, simplemente resultaron freezing y olvidadas en un rincón.
Sin embargo, a pesar del intríngulis legal, este evento jurídico corrector resultó el remedio preciso que no dejó espacio a dubitaciones y que además; marcó un hito en la lucha por la dignificación de un sector de ciudadanos estadounidenses segregados del buen vivir en democracia.
Porque el intríngulis generado premeditadamente en 1896 y cuyos vértices exponenciales atacados durante decenas de años entre otras minorías relegadas; eran los negros y, como sucede en todas las razas, con su gama plena de tonalidades.
Como una consecuencia inevitable de este desastre social impuesto por la ceguera de unos jueces ofuscados de prejuicios, la segregación y los temores de su recrudecimiento ya abocados; hicieron que ya desde 1909 ciudadanos de diversas características étnicas y sociales como negros, hispanos, judíos, asiáticos y de otras nacionalidades; se conformaran bajo la sombrilla de la nobel NAACP, recién fundada.
Esta asociación, popularizada como “The Call” (La llamada), estuvo antecedida por el “Comité Nacional Negro” o el original “Niagara Movement“. Lo sorprendente y novedoso de esta asociación, es que se conformó integrando en su membresía a otros grupos étnicos, no negros.
Luego resaltó que con este modo de actuar gregario, la NAACP daba muestras de cómo el país norteamericano debería conformarse, sin la existencia de exclusiones ofensivas. Es decir, que la NAACP, era la auspiciadora y promotora; entre otros muchos cientos desde su fundación, del “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
El evento judicial del 17 de mayo de 1954 por su parte, emanado como dictado inapelable de la Corte Suprema; fungió en calidad de elemento restaurador de las leyes originales, las denominadas XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales.
Estas modalidades, fueron diseñadas y puestas en vigor, a raíz de concluir del conflicto (muy cruento) entre las fuerzas de la Unión (el Norte) y las de los Confederados (el Sur). Ambos criterios de gobernabilidad, estuvieron enfrentados militarmente durante largos y penosos años (1861-1865).
En primera instancia, se trataba atajar el cisma provocado por la disidencia de los estados separatistas del sur; lo cual se logró al final; momento en que el presidente Abraham Lincoln incorporó estratégicamente el tema álgido en extremo, concerniente a la abolición de la esclavitud.
Con ello se posibilitó con posterioridad, que la Unión ya victoriosa, adhiriera a la Constitución norteamericana las mencionadas enmiendas a los fines de proteger los derechos y libertades adquiridas por los antiguos esclavos, principalmente.
Por imbricación lógica, el resto de la nación pudo respirar a pulmón pleno, dado que esas leyes eran aplicables a todos los ciudadanos, sin distinción de razas, fueros ni privilegios. Un conjunto posible, tras la victoria del ideario abolicionista de los estados norteños integrantes de la Unión, sobre el capricho esclavista enarbolado por los estados sureños, adheridos a la nombrada Confederación.
El fallo reparador emitido por la Corte Suprema de Justicia, pasó a los anales de la judicatura norteamericana con el nombre del “caso de Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”.
Por el mismo, los ciudadanos quejosos como Brown contra el status quo segregacionista implantado legalmente desde 1896, emanado a su vez del dictamen de la Corte Suprema entonces actuante, consiguieron ser escuchados con éxito.
Un “no ha lugar” que perduró 57 años
Una ley injusta, la Law 111, (en realidad, formó parte de un conjunto de leyes, por lo general agrupadas bajo el, nominativo de “leyes de Jim Crow” y disposiciones locales promulgadas por los estados), emitida por el entonces gobierno estatal de Louisiana; y después imitadas por otros estados, saltando sobre las Enmiendas Constitucionales; provocó a mediados del siglo XX la queja de un ciudadano negro, el cual emplazó al estado de Kansas con su apelación contra el viejo fallo judicial, “Plessy vs Ferguson”. El mismo caso de Rosa Parks (8) cuando la crisis de los autobuses, a mediados del siglo XX.
La apelación de Plessy ante la Corte Suprema Distrital de New Orleans y posteriormente en 1896, ante la Corte Suprema de Apelaciones de los Estados Unidos, fue declarado “sin lugar” en ambas instancias, de donde la Law 111 cobró valor. Este caso devino en consecuencia desastrosa para toda la estructura legal de la “Ley de los Derechos Civiles”, emitida por el gobierno republicano en 1875.
En modo alguno, el proceso incoado por el Comité de notables de New Orleans; que guió el “caso de Plessy vs Ferguson” en New Orleans, aunque derrotado en cortes; no lo fue por negligencias sino, por imponderar que el ambiente hostil del sur estaba impregnado de un apasionamiento fuera de la lógica justiciera y de imparcialidad, que debió primar en la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.
Esta institución, a la que suponía alejada de la influencia sureña, o de cualquier otra, se dejó arrastrar inexplicablemente por su falta de ética profesional y humanística hacia un abismo legal, luego, fue esta corte la que le falló al pueblo norteamericano.
Entonces, la Law 111 fue el punto de apoyo de los segregacionistas, quienes campearon por sus respetos durante los siguientes cincuenta y siete años, hasta que el fallo dictado por la Corte Suprema el 17 de mayo de 1954, en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, rectificaría todo lo que jorobó y amargó a los negros, otras minorías y a la vergüenza nacional de los Estados Unidos.
En este veredicto trascendental se declaraba que:

“La segregación racial en el campo de la enseñanza (de donde provenía la queja), era ilegal y estaba proscrita desde ese momento por las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual será extendible a posteriori, hasta cualquier sitio y actividad pública“.

Esta victoria posibilitó, aunque ahora a la inversa y en revancha, que los anti segregacionistas tomaran el fallo como catapulta, para irle encima a los promotores de la segregación, pero ahora a marcha forzada en todo el ámbito nacional, a fin de ecualizar el error judicial.
Se determinó “campo”, dado que en lo que a esta resolución refería, era al “campo educacional” en específico y no, al resto de las otras esferas sociales del país y cualquier otra actividad. Estas eran semejantes a las de aquellos estados que se encontraban atorados con tales problema, tal como sería alcanzado posteriormente y de manera paulatina, con un tono bastante pacífico (con algunas excepciones), utilizando al descubierto los recursos propios de la leyes norteamericanas.
Se había alcanzado la victoria jurídica, pero de igual modo; se iniciaba otra etapa cuesta arriba para lograr la implantación y reglamentación igualitaria de todas las actividades en el ámbito nacional.
Restaba lo más importante y de sensibilidad extrema en una nación que había hecho su historia peleando por las causas justas –en especial por otros pueblos oprimidos o en vías de serlo, lo que así se logró–, que la ciudadanía entera comprendiera que tenía por delante el abordar un camino álgido.
El dilema
Alcanzado este punto, ante todos los activista que se esforzaron en lograr la anulación de las leyes segregacionistas, se les presentó el dilema de decidir en qué forma desarrollarían su futura lucha por extender a toda la nación los beneficios del veredicto final de la Corte Suprema, al abolir la segregación en las escuelas. Porque ya se había arribado exitosamente a un punto de inflexión, que inclinaba a escoger entre la estrategia legal absolutamente pacifista de Thurgood Marshall, acudiendo a “la fuerza de las leyes vigentes” y por otra parte entre lo opuesto y tangencial, “la fuerza de la desobediencia civil pro activa“, sustentada por Martin Luther King Jr.
Sin embargo, no resultaba saludable olvidar las otras corrientes minoritarias (los furiosos) capitaneados por Malcom X , Farrakhan y otros, vinculados al Islam, comunistas, fundamentalistas negros, y en ocasiones (no clarificadas) a maffias locales y grupos de intelectuales, plebeyos y resentidos interesados en mantener en ebullición el estado de animo adverso de ciertos sectores de estas minorías; por ejemplo; las actividades anti norteamericanas exógenas patrocinadas por el Comintern.
De igual modo, se destacaron ya después corriendo los 60’s, las corrientes redundantes con los grupos terroristas auspiciados por anarquistas, etarras, castristas, maoistas, fundamentalistas islámicos y otros de igual prosapia. No desprendernos de los reclamos que la justicia de los Estados Unidos solicita en especial, a los países miembros del Eje Apocalypto (ALBA), donde se han refugiado elementos subversivos, terroristas y delincuentes comunes, amparados por esos gobiernos hostiles a los EE.UU.
La esencia del objetivo final, consistía en hacerle entender al resto de los norteamericanos –hasta entonces privilegiados indirectamente–, la justeza de las leyes anti segregacionistas y la necesidad de que las mismas fueran apoyadas con fervor por el resto de la nación, en aras de la unidad nacional. Pero todo este trajín cenagoso de casi seis decenios, tuvo sus antecedentes a causa de una jugarreta del destino y el desatino de los hombres en pugna.
Sucedió que transcurrido el primer tercio del siglo XX, arreció la lucha de varios grupos; algunos inmersos en la violencia preconizada y aprovechada por los comunistas de nuestro vecindario (castristas, senderistas, tupamarus y otros grupos violentos).
Tales sectores tenían en sus agendas el interés en tomar ventajas de las tensiones sociales generadas por la segregación, exacerbadas por el boicot impuesto a Sudáfrica en consonancia con el sistema del apartheid y en especial, por las actividades disociativas (en ocasiones, subversivas) de agitadores profesionales envueltos en las protestas contra la guerra de Viet Nam.
Entre estos movimientos se destacaban sendos grupos de activistas pacifistas (de los principales) liderados por el Dr. Thurgood (née, “Thuroughgood”) Marshall (1908-1993) el uno y el Dr. Martin (née, “Michael”) Luther King Jr. (1929-1968) el otro; quienes enfocaron los esfuerzos y luchas anti segregacionistas, empleando tácticas y estrategias muy diferentes.
El uno, dispuesto a eliminar toda tendencia racista de ciertos supremacistas blancos y negros; mientras que el otro, de alguna forma, preconizaba puntos de vista no exactamente tendentes a la unidad nacional.
Se trataba del rescate y revalidación plena, como seguimiento del dictamen de la Corte Suprema en el “caso Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”; de los Derechos Civiles y la revitalización de las XIII, XIV y XV Enmiendas Constitucionales, concordantes con la erradicación de la ominosa segregación racial, exacerbada por grupos aislados en cada bando.
¿Esencia de la táctica teórica de Martin Luther King Jr.?
El Dr. Martin Luther King Jr., quien escogió para su justa “el Poder de la Desobediencia Civil pro activa”, un abanderado incansable de la lucha por los Derechos Civiles; fundó (1957) la Southern Christian Leadership Conference, SCLC (Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano), la cual dirigió hasta su muerte. Este proyecto de activismo pro activo, se estructuró bajo el proyecto de un dispositivo pacifista.
Sin embargo por razones desconocidas o al parecer permeado por la influencia de sus consejeros (9), lograron que Luther King Jr. deslizara sus acciones de protesta por el sendero intrincado e impredecible de la entonces en boga “Desobediencia Civil” (10).
Esta táctica (que había dejado de ser estrategia), inevitablemente; conduciría más tarde o temprano a la exacerbación de las pasiones y el ineludible encontronazo físico con las autoridades del orden o sus oponentes segregacionistas; lidiando sus diferencias en medio de las calles; tuvieron o no éstos, la razón.
Tal se demostró en cada uno de los choques anteriores y posteriores a la etapa de Luther King Jr. como líder de ese movimiento de ciudadanos (o sus seguidores) inconformes con el status quo imperante. Por ejemplo, notorias fueron las protestas de los veteranos de la I Guerra Mundial ante la falta de empleos, la lucha de las mujeres por el derecho al voto, las que el propio King auspició en contra de la Guerra de Viet Nam.
También se destacaron la batalla sobre el boicot al transporte o las riñas anti aborto, la efervecencia ambientalistas o cualesquiera de los otros aspectos por los que sectores ciudadanos se sintieran molestos o quejosos.
Luther King Jr. decidió en alguna forma o por motivos no diafanizados del todo, quizás fundamentalistas hermeticos; entrar en consonancia con las modas de la época y limpiamente, abrazó las doctrinas de Henry David Thoreau. Este ideologo exhaltado, era autor de un panfleto “La Desobediencia Civil” (lamentablemente escrito en la cárcel) y algunos puntos de vista de Tolstoy, Gandhi, Habermas y otros tantos connotados.
La desobediencia civil en la esencia de su estilo como lucha contestataria, es una forma de disidencia política, propia de los ciudadanos objetores de conciencia que; dentro de una democracia; dicen y muestran pacíficamente (por lo general) sus inconformidades con ciertas actividades o puntos de vista del gobierno actual. O si se entiende “de la política de estado”, que puede ser general y sostenida.
Uno de los rasgo característico de dicha táctica como instrumento de lucha, sino el de mayor distinción, es de la desobediencia civil como tal (donde Luther King Jr. aplicó con frecuencia los enunciados tácticos de Gandhi); la cual es su ejecución de forma consciente y sin estridencias públicas, pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad.
Tal modo de divergencia, asume otras fases de violencia extrema bajo los totalitarismos y la cuestión de agudiza por la intolerancia extrema del régimen opresor, a abrir un espacio que ha estado cerrado a cal y canto para el resto de la ciudadanía inerme.
Esta actitud contestataria, puede ser silente y de inamovilidad absoluta en un lugar o zona específica; tras el envío de un mensaje a la autoridad pública, aduciendo las razones del tal quehacer de manera indefinida, hasta conseguir que las autoridades cesen o mitiguen una actitud antipersonal (anti humana) contra un individuo o grupos específicos.
La cuestión, por ejemplo, se manifestó en el rechazo a la encarcelación represiva de 75 intelectuales y disidentes pacíficos, tal como sucedió en Cuba en 2003 durante la denominada “Primavera egra“.
En el caso isleño, de igual modo y dentro de una particularización notable, es también asumir una actitud dinámica de auto flagelación pública de no ingerir agua o alimentos de manera indefinida, tal como ha venido aconteciendo en Cuba desde la instauración del régimen comunista de los hermanos Castro.
Ejemplos resaltables devienen en tragedias cuando en 2010 un opositor negro, Orlando Zapata Tamayo (encarcelado desde 2003) activista de los derechos humanos, murió por estarvación (de hambre y sed) en febrero 23, 2010 tras 83 días de huelga de hambre.
O la del también disidente y opositor negro Guillermo Fariñas Hernandez, “Premio Zajarov 2010“; quien sufrió 11 años de prisión y protagonizó 23 huelgas de hambre; al cual el régimen castrista mantiene aprisionado como otros tantos opositores, sin derechos a movimientos dentro o fuera de la isla.
En el caso de Martin Luther King Jr. (tal por otras razones sectarias, sucedió también mortalmente con uno de los furiosos, Malcom X) se habia sumergido muto propio en las prácticas de desobediencia civil callejeras tuvieron de modo igual o resultados trágicos.
Dado que a su pesar y en el de todos los humanistas, derivó en desatar los nudos de una violencia lamentable entre blancos y negros; la cual era exacto a lo que Martin Luther King Jr. no deseaba y lo peor, sin obtener a cambio un resultado tangible, salvo el asesinato alevoso de este líder por un supremacista.
¿Esencia de la estrategia práctica de Thurgood Marshall?.
Este prominente abogado y veterano no de decenas, sino de cientos de pleitos ante los tribunales norteamericanos, Dr. Thurgood Marshall, quien escogió como arma por los derechos civiles; “el Poder de las Leyes”; propuso una estrategia mancomunada de herramientas más simple y al alcance de la mano de cualquier ciudadano decoroso: las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica y su hito, la Ley Constitucional, ambas vigentes.
Thurgood era del criterio de que un hombre sólo, per se, podría exponer su queja ante los tribunales, y ganar. Tanto el poeta Langston Hughes así como otro luchador por los derechos civiles, su mentor Charles Hamilton Houston, influyeron en estas conclusiones. Decia, que con el auxilio de instrumentos tales, planteaba Thurgood, cualquier hombre seria capaz de lograr un cambio y sin rasgos de violencias posibles, tal lo demostró durante toda su vida de activista anti segregación, en cualesquiera de sus formas.
Tal enfoque sobre la manera de solucionar un mismo conflicto, inobtenible cuando se recurría a la confrontación callejera; Thurgood se convenció desde temprano, que había posibilidades legales de eliminar nacionalmente la segregación, dado que por las leyes norteamericanas; era un instrumento legal, a partir del fallo adverso en 1896 de la Corte Suprema en el “caso de Plessy vs Ferguson”.
Su estrategia consistió en no combatir la ley “legal” de la segregación (Law 111) de Louisiana (1890), sino, demostrar en un primer paso: que la mencionada doctrina de “separados pero con igualdad”; funcionaba a toda marcha en su primera parte, la de “separados”; mientras que en la segunda parte, en lo de “con igualdad”, era un desastre inconstitucional.
Así paso a paso, desde su posición y tal como preconizo, este logró desmontar pieza a pieza ese desastre segregacionista y alcanzar el triunfo del 17 de mayo de 1954.
Un balance sorprendente
Pasado el balance final, inexplicable, la memoria de Martin Luther King Jr. –un gran líder y mejor humanista– se alzó sin proponérselo con todos los honores; mientras que Thurgood Marshall, Charles H. Houston y otros –que en nuestro criterio fueron los arquitectos del triunfo estratégico anti segregacionista por métodos pacíficos– quedaran relegados a un lugar más discreto.
Al parecer, en el caso de Marshall además de otros destacados, no se ponderó justamente su paciente y real cadena de triunfos; iniciados desde la exitosa acción judicial emprendida el 25 de junio de 1935; al lograr que la Facultad de Derecho de la Universidad de Maryland, admitiera en sus aulas al primer estudiante negro.
Así, al paso de los años y triunfo tras triunfo en las cortes, la razón silente acerca de cuál estrategia y tipo de “fuerza” resultó la idónea; estuvo de parte de Thurgood Marshall, como lo demostró en mayo de 1954, apoyado por la NAACP, y el resto de su carrera exitosa hasta su culminación como miembro de la Corte Suprema.
Sin embargo, si bien per se, el veredicto de la “Corte Warren” de 1954, en su esencia intrínseca e implícita abogaba por la eliminación de la segregación en cada estamento de la sociedad norteamericana, no fue hasta el 13 de noviembre de 1956que la Corte Suprema de los Estados Unidos, dictaminó por su mandato irrevocable que:

“La segregación racial en cualesquiera de sus manifestaciones, lugar o actividad, era ilegal.”

De ello se derivó que toda la estructura judicial, legislativa y ejecutiva de la nación norteamericana, dispuso de una herramienta definitiva e invaluable para eliminar cualquier manifestación de discriminación racial en los territorios de los Estados Unidos de América, sin aplastar la libertad de expresión amparada constitucionalmente.
Recordemos otro evento notorio que fue elevado hasta la Corte Suprema (estando Marshall ya en funciones como magistrado de la misma), el cual fue generado y dirimido en el ámbito de deporte profesional, específicamente en el área del baseball.
El pleito ganó la atención del gran público norteamericano, sobre otras disparidades económicas; en cierta forma amparadas por la Ley Anti-Trust; tal surgió en el denominado “caso Curt Flood vs. Bowie Kuhn (407 U.S. 258)” de marzo 20, 1972 por una queja elevada por Flood contra la existencia de la injusta “reserve clause” (cláusula de reserva).
Marshall dio su voto al demandante, Curtis Charles Flood. Aunque éste último perdió el caso, 25 años después, su queja se materializó (11) en el justo medio en base del criterio de Thurgood Marshall.
Un estudio reciente, acerca de esta especie de palíndromo absurdo; nos arroja explicaciones diversas, incluyendo razones algunas delicadas, arrancadas y disputadas desde los preludios de la Guerra de Secesión (1861-1865). Desentrañarla, es volver a los preludio expuestos en la “Tesis”.
Conclusión

(Una dispensa por estar en construcción…)

Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   “Plessy vs Ferguson” [163 U.S. 537 (1896)]. Lo curioso es que la esposa del juez John Howard Ferguson, Virginia, se dice que mantenía fuertes vínculos con los abolicionistas de Massachusetts, entre ellos su padre, Thomas Jefferson Earhart
(2)   Algo inedito: “If one race be inferior to the other socially, the Constitution of the United States cannot put them upon the same plane“, Brown wrote.
(“Si una raza es inferior a otra socialmente, la Constitución de los Estados Unidos no puede ponerlas al mismo nivel….” escribió Brown).
(3)   Thurgood“, un film de George Stevens, JFK Center 2010, interpretado por Laurence Fishburne. (4) Oliver L. Brown, era un soldador de los talleres Atchison en la Topeka and Santa Fe Railway, en Kansas. Su queja surgió porque su hija menor debía caminar sóla, toda una milla para llegar a su Escuela Primaria, cuando la misma escuela, para niños blancos, le quedaba a unos bloques cerca de su casa y la Junta Escolar le negó a Linda el uso del transporte escolar.
(5)   A Earl Warren, en su función de Fiscal General de California, le tocó propiciar la relocalización e internamiento en campos de retención diseminados en los EE.UU (una práctica de común de acuerdo en el derecho internacional) a los extranjeros; en este caso ciudadanos japoneses (y japoneses-norteamericanos); que permanecerían detenidos en los EE.UU (incluyendo los territorios de ultramar), durante toda la II Guerra Mundial. Estas personas, durante el gobierno de Ronald Reagan, fueron indemnizados, por una decisión que muy pocos entendieron fundamentada.
(6)   “Brown vs Board of Education of Topeka, Kansas”, [347 U.S. 483 (1954)].
(7)   La decisión original en ingles de la Corte Suprema de los Estados Unidos, el 17 de mayo, 1954 fue la siguiente:

We come then to the question presented: Does segregation of children in public schools solely on the basis of race, even though the physical facilities and other “tangible” factors may be equal, deprive the children of the minority group of equal educational opportunities? We believe that it does…We conclude that in the field of public education the doctrine of ‘separate but equal’ has no place. Separate educational facilities are inherently unequal. Therefore, we hold that the plaintiffs and others similarly situated for whom the actions have been brought are, by reason of the segregation complained of, deprived of equal protection of the laws guaranteed by the Fourteenth Amendment

(8)   El boicot terminó gracias a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos del 13 de noviembre de 1956 que declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.
(9)   La consejería advertida o inducida en Luther King por fuerzas extrínsecas, no deben dejar de vincularse con la existencia de factores enemigos jurados de los Estados Unidos. Recordar que por entonces, los restos del nacionalismo tercermundista (empantanados por la corrupción en sus fracasos económicos y políticos totales), aupado y subvencionado por la URSS y su brazo político armado y subversivo; el Comintern (todavía activo en la introducción de drogas para destruir la moral de la juventud estadounidense); arribaron a las entrañas de los norteamericanos disconformes, convoyados y vigorizado con la mensajería testaferra castro-comunistas.
(10)   Henry David Thoreau (1817-1862) fue un poeta, escritor y filósofo estadounidense de tendencia trascendentalista y origen puritano, autor de “La Desobediencia Civil”, entre otras obras y se le considera entre los padres de la literatura norteamericana. En 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México (también lo era Lincoln) y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue encarcelado. De este hecho nace su tratado, La desobediencia civil, pionero al proponer algunas ideas como el pacifismo y la no violencia que resurgirían con fuerza en el altermundismo ya anticipado por Thoreau para el siglo XX pasado.
(11)  El caso…

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