Un Benedetti descosido: ¿desmistificar el culto a su personalidad? I/II


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Un Benedetti descosido: ¿desmistificar el culto a su personalidad? I/II

Saga de un escritor perdido dentro de su Ego, descosido
Es exactamente eso: desmistificar la entelequia ambigua de un escritor, Mario Benedetti, cuya imagen se forjó entre las comodidades del martillo y el yunque zurdo, mucho decir de padrinazgos rejectados, los que golpeaba a los inermes. Es que tal, le causaba gracias. Una ficción a la cual éste intelectual, quizás afectado por algún holismo sicosomático (o tal vez, de doble costura epistemológica, claro, no infantil); le integró de a porque sí la negación de la negación –Alma Mater de la dialéctica hegeliana, de la que ni se dio por enterado–, donde los altos principios, verdad y justicia, no existen o son considerado no valideros. A veces, instrumentos de la virtud que resultan ultra incómodos para algunos, cuando intentan disertar sobre los altos principios en los cuales, cínicos, no creen.
Es el acíbar del cardumen propio de los “marxistas sobaqueros”.
Porque el Sr. Benedetti se pasó su vida inútil de aureas mediocritas, alabando a tiranos (Fidel Castro) y terroristas (Ernesto Guevara), entre otros, sin que por un instante le temblara la pluma. Sólo ver su ceguera irresoluta ante los desmanes de los comunistas en los cinco continentes, en especial a las satrapías satélites de Moscú, que integraron el bloque comunista. Este personaje, nunca dolió por sus colegas encarcelados, estrujados y asesinados en las ergástulas rojas.
Luego, Benedetti derivó en caída libre hacia el extremismo jugoso abogado por León Trotsky. Y es sorprendente, porque cuando a finales del años 30s este viejo y cruento bolchevique andaba en el tête-â-tête surréaliste con André Breton y Diego Rivera, después de su quimérico “Manifeste pour un art révolutionaire indépendent” (Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente), encarcelo al decoro de los intelectuales uruguayos y se fue a pactar con los comunistas por encargos a parecer, presidenciales.
Lo no dicho por los comunistas desnudos y los escondidos en el closet, es que “por cuestiones tácticas” su nombre (Trostky) –embarrado con toda la sangre del Soviet de Petrogrado, el holomodor ukraniano (muerte por hambre del pueblo de Ukrania) y otras lindezas habituales en el brevario comunista–, no apareciera como firmante del manifiesto.
El poeta Benedetti, siempre miró hacia el otro lado donde imperaban las sombras, donde yacen las deli adormiladas entre cremas y los sabores del Saint Germain. Porque él, era un ente proclive a la ternura mórbida de como le decaen las lágrimas en “Les fleurs du mal” de Baudelaire, claro, sin el estorbo de la líbido.
De ahí su extraña pasión exótica de homme fatale por los totalitarismos oscurantistas, en lugar de por las democracias luminosas.
Mostró un ser omnisciente e incapaz de admitir el mal que modela y menos, excusarse con aquellos a quienes les arañó las pupilas castas con sus confusiones hieráticas. Es el intríngulis de un carácter hito, desorientado ante el camino perdido hacia la ética de grupo, tolerado sólo por su Superego.
Es la implosión de sus yerros como introito al aurea mediocritas subyugante, en el decir maravilloso del argentino José Ingenieros, que trastorna a estos proto intelectuales en parte de la juguetería de los progress mantenidos por el Comintern y las destilaciones de sus sinverguencerías.
Son sus mejores abluciones escalofriantes y cosas calenturientas, como las de viejos erocitos mórbidos en el canal de las agujas hipodérmicas. Así cantaba sus baladas poéticas a los Angeles de la Muerte del Mar Rojo y componía de la nada, un sainete.
Porque la generación latinoamericana, en especial la uruguaya —si singularizamos la duda— y tan contemporánea como la de 1945, recién despertaba envuelta en los viejos coqueteos de sus líderes con los totalitarismos nazi-fascista y comunistas.
Esta, atañe por igual a casi todos los protagonistas de la interbellum (IGM-IIGM), para justificar sus coitos virtuales y desmayos eróticos de boudoirs, a manos de esos regímenes y filosofías antidemocráticas, fueran comunistas o fascistas.
Les gustó la marcha de los pingüinos
Los líderes latinos, en especial los castrenses, les dispensaron simpatías según les batiera el viento enrarecido de los panzers en su marcha triunfal de los pingüuinos blanquinegros y les soplara desde o hacia el altiplano, donde en las vergonzosas capitales indoamericanas unos seres antropomorfos, apostaban a cuál de los totalitarismos jugar sus cartas.
Este poeta repleto de ilusiones muertas, le apostó exactamente y ganó, el 8 de mayo de 1945 (lo de oportunista lo ponen ustedes), cuando los rusos tomaron por asalto el Reichstagsgebäude y el Hitlerbunker.
Como por encanto, durante la preguerra (IIGM), las escuelas militares francesas o inglesas, perdieron atractivos para los segmentos militares latinoamericanos. Un espacio que de inmediato ganaron las escuelas alemanes, belgas y otras.
Una parte alocada de la masa intelectual decepcionada con sus propias idioteces, se mantenía prendada de “The ten days that shook the World” (Los diez días que conmovieron al mundo), una gesta casi de épica, barata, narrada apasionadamente sobre la marcha de los destacamentos bolcheviques; por un comunista norteamericano John S. Reed.
Benedetti, anonadado con lo que nunca se atrevió (y quien además, nunca cruzó ese cómodo estado anímico, de ponerse al borde de la insurgencia, por su carencia absoluta de pantalones) no pudo resistir el llamado de la selva bolchevique. Cuando ya todo estaba en calma.
No le resultó difícil el integrarse plácido con sus bombachos, a esa banda de jóvenes descoloridos quienes; cuidadosamente; nunca se asomaron ni por curiosidad a las oficinas comunistas de reclutamiento de las “Las Brigadas Internacionales”.
Era demasiado el embeleso caprino con las suavidades de la papilla roja, pródiga a los intelectuales descoloridos, juntados en el bloque comunista. Es que la nueva entente de la lujuria por lo capitalista, hizo que los zurdos repartía invitaciones a saraos y ferias; con los gastos pagos (incluyendo los tragos); además del consabido remeneo con las jóvenes komsomolas impregnadas de muertes axilares y las uñas sucias.
Es que por aquellos tiempos, fue racha entre los intelectuales indoamericanos, el sonar con las piernas hermosas de las komsomolas, resembrando amapolas primaverales falsas (de papel rojo, con sus zayas bien cortas, como ordenaron los líderes), agachadas sobre los canteros en la Plaza Roja de Moscú.
Un erotismo político
A inicios de la Guerra Fría, ya se habían fomentado la ONU y la OEA. El gobierno democrático y constitucional de Cuba de entonces (por un buen amigo y protector de los comunisatas, El Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar) fue el promotor de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos“. Derrotada la entente del Eje de Acero (Alemania, Italia, Japón y sus aliados), el planeta se polarizó casi a ciegas entre dos grupos de naciones; las demócratas ajustadas a la civilización judeo-cristiana occidentaly las comunistas, conductoras hacia regímenes totalitarios, amorales, ateos y auto destructivos.
Nuestro escritor, no dudó en abanderarse con esa última filosofía –es lo grave– sustentadora de los despotismos comunistas, impregnados de marionetas teleguiadas entonces por el Kremlin. A estos gobiernos rufianes, Benedetti les prestó lla pluma humillante, a los cuales defendió denodado, hasta sus días finales.
Benedetti, se desvaneció, sin querer reconocer nunca; tozudo; que se equivocó no del bando digno, sino del sitio decoroso del que habló esplendores José Martí. Un sitio, impregnado de bondades ciudadanas, donde gobernaba la justicia y donde la iniquidad era repudiada.
Según uno de los principios marxista, lo social se mueve en una espiral biconvexa; lo que contradice el movimiento del universo físico; de ahí que la tesis de la praxis marxista de que en ella yace el criterio de la verdad, es tan falsa como un billete norteamericano de tres dolares. Vimos que los vetustos Frentes Populares, azuzados por el Comintern de antaño y la fascinación ante la entelequia castrista de hogaño; indujeron a sus cuadros en toda Latinoamérica al asalto del poder por medios violentos. De ello, por supuesto, el autor nunca se dio por enterado, sumido en sus comparsas walkirianas. druídricas o de duendes.
La rapiña bolchevique en Asia y este de Europa, resultaron catarsis hipnótica para los Partidos Comunistas Latinoamericanos. Estas bandas, se alinearon hambrientas en pos de las riquezas nacionales, en las cuales no habían invertido ni una gota de sudor, ni un centavo de sus bolsillos.
Una fuente del saber destructivo de esta seudo filosofía, es colgada del Internet Rojo del Dr. Fidel Castro Rúz, sus asociados y la Cuba estrangulada y después despedazada.
La mise en scène abrupta de los guerrilleros castristas, subvirtió de manera inusitada la imagen influyente del viejo cartel bolchevique, el cual fue tomado (casi) por sorpresa ante la inmediata alineación de los intelectuales; hacia la nueva fuente cercana, sensual, de igual idioma y ciertas idiosincrasias étnicas de carácter variopinto. El autor, precavido, echaba su ancla flotante en cada tormenta y elucubraba los ditirambos de su próxima comparecencia pública ante un auditorio de gente desordenada.
Unos ranges inoportunos
La cuña subversiva puesta en marcha en Bolivia (1965-66) por el régimen castrista, estuvo liderada por el Dr. Ernesto Guevara de la Serna (aka “Che”). El Dr. Castro le adhirió un grupo de escopeteros de fidelidad perruna a su “yo“, sus cómplices y a “Manila” (La Habana). Era una banda de tipos que mostraron su valor y fiereza, en los combates contra los rangers de las fuerzas democráticas.
Guevara –uno de los lugartenientes dilectos del castrismo– fue eliminado a posteriori por “hacer sombra”, algo intolerable para los líderes máximos y mínimos vitalicios. Ello pretendía fomentar bolsones guerrilleros, con miras al Lebensraum clásico de los hitlerianos, bajo el supuesto prestigio a ganar por su banda.
Nadie se sumó a la pandilla guevarista, ni siquiera la membresía comunista boliviana. Abandonados a su suerte, los integrantes de la banda fascinerosa sucumbieron como licántropos rotos a palos por los rangers bolivianos, y sus restos-símbolos, dispersados al olvido.
El rotundo fracaso de la intentona, por la decidida acción de los rangers bolivianos, bajo la excelente asesoría de instructores norteamericanos y cubanos anticomunistas, paró en seco otros planes pasionistas urdidos desde La Habana. Donde Bolivia seria el epicentro.
La izquierda intelectual dominada por los comunistas, puso sordina a estos complots contra sus propios países. Los comunistas uruguayos enyuntaron con una facción terrorista de opositores (“Tupamaros”) controlada por los castristas y fundaron en 1971 una agrupación que se integró a la coalición izquierdista del Frente Amplio (Movimiento 26 de Marzo).
Ver que este autor nació en 1920, en “Paso de los Toros”, Uruguay nombrado con la ridiculez de: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia (aka, “Mario Benedetti”). Para 1949, Benedetti entró en conflicto con el gobierno uruguayo, cuando su partido le hizo criticar el Tratado Militar con los Estados Unidos.
Más tarde, deslumbrado por la saga guerrillera castrista; integra la Mesa Ejecutiva del Frente Amplio, agrupación izquierdista de profundas proyecciones sediciosas. Benedetti viajó a Cuba, y participó en el jurado del concurso de Casa de las Américas.
De brinco en brinco
De ahí salta al encuentro sobre “Rubén Darío”. Viaja a México y coadyuva en el II Congreso Latinoamericano de Escritores, urdido por La Habana. Junto a la camada azteca izquierdista, actúa en el Congreso Cultural de La Habana proponiendo un disparate perfecto, apologético de la violencia y del “macho cabrio predestinado”. Su tesis involutiva la apodó, “Sobre las relaciones entre el hombre de acción y el intelectual“.
Se embobece en brazos del primero y repta bajo el ala del segundo. Le solicitan para el Consejo de Dirección de Casa de las Américas –excluyente de los escritores demócratas y anti comunistas–; y Benedetti, al parecer, se torna en cirujano torquemada literario e intelectual de sus colegas, pero ahora en calidad de Compañero Índice Expurgatorio (censor).
En 1968 funda el Centro de Investigaciones Literarias (sobre las obras comunistas, no las demócratas) de Casa de las Américas. El golpe de estado de junio 27 de 1973, le hace abandonar Uruguay rumbo al exilio en Buenos Aires. Después a Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado; para saltar al Gulag cubano, esta vez como exiliado. Su reincorporación al Consejo de Dirección de Casa de las Américas, es el acto final para la consumación de su idolatría por el Líder Máximo.
La Habana, ya desde 1959, había montado un aparato de auspicio de los intelectuales adictos al Dr. Castro y su régimen dictatorial. Este intelectual de moneda de cambio, vendió las imágenes latinoamericanas a la troqueladora del bloque comunista, de donde se obtuvieron pingües ganancias propagandísticas, tanto para la causa castrista como para la pléyade chata de sus promocionados.
Desde 1980 Benedetti recibió múltiples honores como la “Orden Félix Varela”, Cuba; “Premio Jristo Bote”, Bulgaria; “Llama de Oro de Amnistía Internacional ¿…a uno que apoyo a los totalitarismos?”, Bélgica; “Medalla Haydée Santamaría” (suicidada ésta, por disparidades con el Dr. Castro), Cuba; “Premio Maricela de Plata”, Uruguay; “Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral”, Chile.
De igual modo se le orlo Doctor honoris causa, Alicante; igual en Valladolid; “Premio León Felipe”, España; Doctor honoris causa en “Ciencias Filológicas”; Cuba. En 1999 “VIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana”; España, habilitado con 6,000,000 Ptas.
Por la mano del propio Castro, “I Premio Iberoamericano José Martí”, España. “Ciudadano ilustre”, Uruguay; “Premio Etnosur”, España. Roma, en 2004, exhibe un documenta, “Mario Benedetti y otras sorpresas”. Éste, participó en el “Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano”, Cuba; “XIX Festival del Cinema Latinoamericano di Trieste” y “Festival Internacional de Cine de Santo Domingo”.
Domeñado por avideces de famas, nunca rechazó distinciones y dineros de las democracias a las que él y sus iguales ansiaban destruir; obvio; ni de dictaduras, países u organizaciones izquierdistas y comunistas. Tal es el caso de Cuba todavía considerada hoy entre los países terrorista o que apoyan el terrorismo. Quizás, para el autor se trató de una simple cuestión de paladares o de “no escrúpulos”.
Se nos muestra como un autor minusvalidado, para representar algo tan serio como el aplicar los principios austeros de la vieja y selecta rectitud romana, implícita de los grandes caracteres. Y menos la Lex Oppia (un anatema exorcizante para los payasos garibaldinos), los mismos compas que antaño envolvieron en asfixias a Catón, “El Viejo”.
Fueron décadas en el Jardín de las Delicias, de fiestas, pietajes, brindis y solazamientos –cierto que de “crueldad abrumadora”–; durante su calvario maravilloso a través del mundo occidental; al que envidian y odian los intelectuales descosidos, no auténticos como el mismo (un enfant terrible de la nada piccasiana), que nos da escozor durante todas las primaveras aleutinas.
A Benedetti le resultó suave accionar desde adentro los resortes democráticos, para obrar plumas necias contra el mismo Occidente democrático que le abrigó y al que despreció, como es dogma y endemia de cada indoamericano.
Aprovechó cada rendija para loar tiranos o, hacerse el loco cómplice (al estilo de la Menchú, la sugerente indita esbelta tal sílfide en Emaus y además, anti sex-appeal por excelencia) frente a los desmanes de la canalla roja dorada.
Espiritual, ética e ideológicamente, Mario Benedetti resultó ser otra “Gran Estafa” –en el buen decir de Eudocio Ravines, el peruano valiente–, dañina y decepcionante para las juventudes latinoamericanas.
Es el tiempo presente, un día antes, cuando aún estaba vivo y de cuando yo pensaba que un toque divino le haría arrepentirse. Pero cruel, no lo hizo antes de “estirar la pata”.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Julio, 2010
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