George Orwell, la insinuante celda 101 y su “1984″


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
George Orwell, la insinuante celda 101 y su “1984
Una literatura de ciencia-ficción, ¿libertaria?

Neo, siguió al conejo de Dujou
Cuando Neo despertó por el sonido de la música en sus audífonos y otros ruidos extraños, comenzaba el mensaje de un tal “Morpheus” desplegado en el monitor de su ordenador. Entonces, sin imaginarlo, se desatarían las sorpresas sucesivamente. El puntero seguía blinkeando allí y él no tenía la menor idea de quién era ese Morpheus, que le instaba con el aviso de “Despierta, Neo“. Ni de qué mierda era eso de que  “Matrix ya te tiene” o “Sigue al conejo blanco” o también el “knock, knock, ¡Neo!”, inexplicables; donde le indicaban que alguien estaba a su puerta.
Lo despabilaron dos toques reales, fuertes, como de recios alguaciles hialeahienses o de los mismísimos publicanos recaudadores en tiempos de Roma. Cuando entreabrió cauteloso, Choiel pelirojo“, estaba allí con otros tunantes de la banda de dipsómanos, todos noctámbulos. Sólo que el más asombrado pareció ser el mismo Choi, quien parado frente a la puerta con el puño levantado y los nudillos prestos a tocar, permanecía inmóvil como una estatua de sal y con su cara de “yonofuí” mirando absorto el número de la habitación de Neo, el 101. Por cierto que Neo era un hacker y por lo tanto, un marañero empedernido que no se asombraría de que los federales vinieran a cargar con él.

Yo —refunfuñó Choi, tembloroso— no he golpeado la puerta, escuché los toques y tú eres quien abre.
Choi y Neo intercambiaron dinero por disquettes de softwares con información hurtada de Internet. Choi miró a su amiga, tuvo una ocurrencia y le preguntó.
Hey, Dujou, ¿qué tú crees, si lo llevamos con nosotros?.
 —replicó ella, excitada y sonriente con su pequeña cara de loba seductora.

Tenía el cuello repleto de aros plásticos abrillantados y de diámetros diferentes. Montados los unos sobre los otros, dibujaban alrededor de su cuello el perfil de las torres de enfriamiento de las centrales eléctricas térmicas. No eran simples adornos, sino que estaban dispuestos para dar la ilusión de estar sosteniendo la cabeza de una distrófica. En realidad, el conjunto era como los de bronze de las mujeres zulú para alargarse el cuello. Se trataba de una simple moda para estar à la dernière. Y así, se colgó de los hombros de Choi en pose lasciva, dando la mitad de la espalda a Neo.
La muchacha era de figura estilizada como esas hetairas transparentes del Biscayne Boulevard miamense, las falenas deslumbrantes del Pigalle parisino o quizás; como arpegios vibrantes de poetas simbólicos ya muertos (lapidados “por hablantines”); las esforzadas cubanas ingenieras y médicos emblemáticas del jineterismo oficial.
Ellas pululan Rampa arriba y Rampa abajo, pisteando por la Zona Rosa (de tolerancia) habanera; con sus tres eternas “semis”: descalzas, hambrientas y desnudas. Las tres medallas representativas de los arquetipos cumbres de la retorta socialista. Pero eso, a los “agentes matriciales”, les importaba tres cominos.
Ellos, los comisarios; en las filiales de “Matrix” dicen que no lo son; no disponen de otros ejemplares exitosos dentro del zoo comunista; para mostrar que ellas no simbolizan los tristes especímenes, como ejemplares de la “Mujer Nueva“.
Porque en la elaboración del pretendido “Hombre Nuevo“, les salió, como a torpes   “Aprendices de Brujo” (L’Apprenti sorcier); una “cosa” disforme, una especie de alien del rag urbano, el polimorfaláctico: “Baby” Lores”, con su pellejo listo para los taxidermistas naziz.
Dujou aspiró profundo y con lo más sedoso de su voz, agregó provocativa,

Seria novedoso para la salud el grupo. En especial nosotras, las insatisfechas —y sonrió sardónica, con expresión provocativa. Choi la pellizcó con suavidad.
Eres una puta, mejor, una recontra tataranieta de puta. Tu, no tienes arreglo —le susurró en la oreja, sonriéndole a Neo como si dijera nada obsceno, de manera que sólo ella lo escuchara.

Neo quedó en suspenso por unos segundos y miró a Dujou, como si ésta fuera un volcán sensualoide que destilaba por cada poro de su cuerpo, miriadas de femonas olorosas, enloquecidas y saltarinas, que le fluían en tropel hasta por las orejas.
Fue entonces que Neo advirtió el conejo blanco tatuado en la espalda desnuda de la muchacha, a la altura del hombro izquierdo y se erizó. Ahora vio con más detalles los excesos de maquillaje de Dujou sobre sus rasgos faciales que indicaban una mezcla rara de mestiza, mulato-thailandesa.

—¡Que diablos, es el conejo blanco! —masculló Neo, asombrado, y abrió los ojos desmesuradamente.
—¿Vamos, “jerk”? —le instó Choi, sin escucharle, expectante.
Andando, pero sólo estaré un rato —advirtió Neo, todavía embelesado, cuidadoso para no hacerles un desaire.

Otras de las muchas cosas que aún no sabía el hacker era que su “rato” no seria tal, sino la agonía de un paréntesis que se abriría eterno, al que sin ton ni son penetraría, absorbiéndole toda su vida somnolienta. Y que además le sumergió en un deleite estremecedor, sobrevenido insondable y del cual no se podría evadir.
Es que conocería a la deliciosa Trinity, la espada etérea, audáz e inexorable, lugarteniente de Morpheus.
La celda No. 101: ¿insinuante, excitante o envilecedora ?
Todo, porque el 101 era el mismo número de la celda especial de tortura dispuesta por el “Gran Hermano” de la filial “Matrix“, para la destrucción mental; los comunistas le denominan “oclusión paramétrica del Id“, y desinfección anti virus del individualismo y el coraje personal. Es el ritual conocido como “lavado de cerebro”. También el emético clásico, el aceite de castor (palmacriste o ricino, que Mussolini aplicó a los inconformes con su régimen fascista) y que se le suministra a los inconformes con el paradiso Matrix.
También para borrar e interconfundir al Id y al Superego, evaporación sublimal de la voluntad y además, para reprogramar los estamentos mentales del Ego, con el desmonte y destrucción total de la personalidad. Un succès verdadero, montado por los comunistas a los fines de reeducar a los enarboladores de la verdad; opositores o renegados; en nombre de la doctrina proto marxista del “Gran Hermano”, lo cual sucedería según predicciones literarias de 1948, corriendo el año 1984.
Ello devino durante la Guerra Fría, a finales del siglo XX; en un intento no exitoso de los partidos marxistas diseminados en el ámbito global, cuando decidieron remodelar y cosmetizar las truculencias de sus respectivas policías políticas locales (Gestapaks), tal si fueran retiros monacales para el solaz y esparcimiento de monjes cartujanos, no de prisioneros estrujados, despedazados y empalados con la verga policíaca del tentetieso. Ansiosos de las buenas nuevas y aleluyas del sacratísimo mensajero del Thor zurdo, el “Gran Hermano“.
Entonces, eran los tiempos en que las pesadillas de otro dictador, Adolph Hitler, de calzas iguales a las del “Gran Hermano”; su antecesor; porque el “bello Adolph” aprendió de los bolcheviques, las técnicas del desvanecimiento de los enemigos del III Reich en los campos de trabajo forzado. También “Animal Farms“.
Unas alucinantes experiencias, fortalecidas con los experimentos nazis, las cuales los rojos permearon más tarde a sus satélites —hasta entrado el siglo XXI—, le dieron al teutón por torturar hasta la muerte y posterior taxidermia, a los “pecadores mortales”. Cualquiera que no les aplaudiera con fervor.
Todo ello, en función de la curvatura de la nariz, conformación craneana, ángulos faciales, grosor de los labios, cuadratura mandibular, pantalla de las orejas, color de la piel, fealdad, religión, deformaciones, discapacidades físicas y mentales, aberraciones sexuales contra natura, lengua materna, etc.
Aparte, considerar las evaporaciones definitivas en el caso de los judíos acusados injustamente de matar al Cristo, todos los cuales eran pasaportes seguros para ser torturado y asesinado a sangre fría de inmediato, e incinerados en los crematorios.
A Choi todo aquello le sonaba familiar y le recordaba una vieja novela de ciencia-ficción, entre las otras de consulta obligada como referencia; titulada “MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y CUATRO”, escrita por un inglés. Fue cuando elaboró su Tesis de Grado en la Universidad, la cual tituló “La Comunicación inter personal entre los entes de planos físicos virtuales, en consonancia con la Teoría de Cuerdas”.
¿Sabe alguien si es Orwell o Freeman?.
La obra en cuestión, fue un éxito tremendo y resultó premiada a mediados del siglo XX, concluida la IIGM. Obvio que el autor no podía saber las consecuencias acarreadas por esa, su novela, un bocadillo futurista que se convertiría en su “Canto del Cisne” magistral, aunque prematuro al paladar de los torquemadas del erial comunista, patrocidados por Matrix.
La obra “1984” fue un relato escalofriante emanado de la pluma fértil del escritor, periodista, crítico literario y ensayista británico; Eric Arthur Blair; cuyos pen names ya en calidad de escritor, fueron “George Orwell” y “John Freeman”1. Blair, había nacido el 25 de junio, 1903 en Motihari, Bengala (Bangla-Desh) en la India.
Dicha obra, muestra una destilación refinada de la ordinariez bolcheviques, a partir del instrumento nazi represivo en toda su magnitud maquiavélica. Un copycat sublimado retomado por los marxistas (curioso: Orwell se compró un perrito faldero al que bautizó “KMarx”), de la antaño estrategia sociópata de represión social adjunta a la reglamentación de la “sincronización” (Gleichschaltung) hitleriana.
O sea, la puesta en marcha de la estructura represiva de la policía política; dispuesta para la aplicación masiva y aplastante del terror psicológico, cruento, inexorable y permanente, sobre la población indefensa arrinconada entre sus miedos. Porque tras desaparecer el III Reich, los comunistas tomaron la batuta de la represión contra los ciudadanos fueran o no, opositores o disidentes. Debía ser la sociedad entera pendiente del terror estatal y del partido.

Por ese chisme que me cuenta “Primito”, esto del comunismo, se lo meterán a su madre por el cu… —comentó Neo a Choi, esa noche, junto a la mesita del bar.

Tal libro por su excepcionalidad, está considerado entre los 100 mejores del siglo XX. En esencia, este amante de las letras ciencia-ficcionables y distópicas, entre otras no menos controvertibles y que, finalmente, fue reconocido por el sobrenombre de “George Orwell” (el nombre, se especula, está relacionado con uno de los reyes ingleses, George, y el apellido, al río de homónimo que atraviesa el condado de Suffolk, en Inglaterra) luego dicha obra viene a colación en su calidad de la exposición de una letra de ficción futurista tan virtual (por su anticipación) como real.
Golem, ese homúnculo alquímico juvenil, “hetronosesabeque”
Loa paraisos zurdos son muestrarios de basureros exquisitos. También por la crudeza trágica de la existencia de ese Golem (homúnculo alquímico) de cuando el Génesis hebréico de la desesperación ciudadana, creado como silogismo multi premisas del “Hombre Nuevo” en cada una de las dictaduras comunistas.
En el caso de Cuba, fue un kripto maltusiano engendro, aun no nato del, onirismo castrista, un ente confeccionado con pedazos de cadáveres unidos a martillazos (es una forma peculiar de los alquimistas zurdos para soldar partes humanas) con ripios de zorgs diferentes, oxidados entre las manos delicadas y siempre fructíferas de las comunistas hetero hembras de la horda.
Se trató de crear en laboratorios y retortas, un hombrecillo copia espeluznante de las sociedades armadas en todas las satrapías europeas y asiáticas, succionadas en calidad de satélites de la URSS e instauradas durante la Guerra Fría.
Incluyendo las de nuevo corte populista, unos desgajes de payasos y payasas totalitarios o en vías de serlo; como son las troqueladoras de las dictaduras izquierdistas recicladas del Caribe, Centro y Sudamérica. Si viéramos lo fácil que es el confeccionarlas, pues se trata de juntar un montón de basura humana y prensarla.
Cierto, sin que faltara en el vodevil el fósil cumbre de la Guerra Fría, el Buque Fantasma de la Animal Farm,  la rumbita fracasada por excelencia durante el interregno entre ambos siglos; el régimen comunista del Dr. Fidel Castro Rúz. Un líder indiscutible reinante en una Cuba bajo los sables de su clan y otros miembros de la secta exógena, (Amici delle cheerleaders), desde 1959. Es que pocos pudieron suponer que al final de la sexta década, toparían con un Hasper Lee generoso, un David, un Tell un Cid matador de capa obispo, mockingbirds indefensos, a diestra y siniestra con el estilo inconfundible de los anti derechos.
Todo ello devino en la tragi-comédie coincidente con el diferendo Este-Oeste, la confrontación entre las democracias y los totalitarismos, que se identificó con la línea virtual fronteriza que separó ideológica y políticamente la libertad occidental radiante; de la opresión oriental oscurecida, en los territorios incertados detrás de la denominada “Cortina (o Telón) de Hierro”. Es que la libertad moralizadora es una sarta de ajos, cruces papales y balas de plata aniquiladores del vampirismo de los licántropos zurdos.
George Orwell fue un socialista amante de la libertad plena, de ideas políticas y económicas democráticas, anti totalitarias a carta cabal, el cual luchó en la Guerra Civil española (en el lado equivocado, el republicano), tal le sucedió a tantos jóvenes embelesados con las historietas bolcheviques.

Trinity te busca por todas las cloacas de Zión —advirtió Morpheus a Neo, furioso de que algún agente la hubiese secuestrado.

Este detalle le impidió en cierto momento ser tomado por el Servicio Exterior británico dado que entonces (y ahora) se le consideraba a estas personas lo que ellos denominan “internacionalistas”, como fellow travellers o progress en la monserga comunista. Tal sucedió después con picaruelos tales como Charles Chaplin y otros vividores que paciron orondos bajo “capitalismo salvaje”.
Desde el rumbo traidor tomado por la Revolución Rusa de 1917 bajo la dirección de Stalin y sus secuaces, implantando el totalitarismo comunista; fueron muchos los intelectuales y socialistas honestos decepcionados con las mentiras bolcheviques. Orwell tomó parte de esos decepcionados de la “Generación Perdida” inglesa (es un tropo, en relación con sus iguales contemporáneos intelectuales norteamericanos) con la línea política bolchevique, las atrocidades ejecutadas por los comunistas rusos, los partidos y gobiernos adheridos, enceguecidos, al Comintern.
El Comintern (la Internacional Comunista o la III Internacional Comunista, creada por Lenin y el Partido Bolchevique); la cual en teoría agrupaba a todos los partidos comunistas del mundo, adheridos a la filosofía marxista-leninista liderada por los bolcheviques, a fin de extender la denominada “revolución rusa” al resto del planeta. Un chiste, que por su maridaje entre la perfidia y la avaricia, costo a la Humanidad (hasta ahora contabilizadas) unos 100 millones de víctimas.
Entonces, Orwell dedicó el resto de su vida a promover la democracia, la defensa de las libertades, derechos humanos y los principios teológicos y humanistas de la civilización judeo-cristiana occidental. Sin olvidar poner en jaque a sus lectores, con sus novedosos puntos de vista.
Se especula que el título “1984” de la novela provino del año en que de terminó el libro (1948), pero con las dos últimas cifras (48) al revés del año (84). Los analistas e historiadores, por su parte, estimaron que de acuerdo a la vertiginosa velocidad de la expansión del mundo comunista, el desastre total material, espiritual, moral y teológico de la Humanidad; tras la resaca cruenta de la pos guerra (IIGM) y según Orwell; sobrevendría cuando el totalitarismo comunista triunfara en el ámbito planetario, pasados unos 30 años, o sea, eligió el 1984, que en numerología es el 4. Una cifra en la que hay que pensar.

—Sólo nos restan cuatro cargas —le recordó Choi a Neo, en medio del estruendo de la batalla.
—¿Y que carajos tu me dices con eso, si nos basta sólo con una carga para matar a todos los bribomes? —puntualizó Neo. Miró hacia ambos lados y extrajo de su mochila “una rosa del torero“, fresca. —Esta, es para Trinity —, aseguró.
—Dujou, cayó peleando junto con el cerrajero —sentenció Choi sollozante.

El triunfo de las huestes comunistas de Mao-Tsé-Tung en China contra el gobierno republicano de Chiang Kai-shek, quien lideraba el Kuomintang, literalmente “Partido Nacionalista de China”, desbalancearon la correlación de fuerzas mundiales.
Los movimientos nacionalistas árabes, indochinos, Pacífico Nororiental y africanos; condujeron a la hipótesis de que irremediablemente, las hordas marxistas-leninistas conquistarían el mundo civilizado y democrático. Estamos en el momento en que la Humanidad se dividió en dos filosofías hegemónicas que campearon por sus respetos en la pos guerra (1948); las democracias lideradas por los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU) y los totalitarismos comunistas nutridos a la fuerza (con nombres diversos), cuyos hilos yacían en manos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
¿Cortina de qué, dijo el señor Gauleiter, número dos?
Preguntó confuso Hans, uno de los viejos militantes del Partido Nazi ahora tullido, tras la derrota en Tsaritsyn (“Stalingrado”, durante el terror rojo y “Volgogrado” en la actualidad), tiritando de frío y sentado en la última fila del local atestado de correligionarios fanatizados con la hecatombe inminente del Führer y sus días últimos.
Era fenomenal la confusión dejada por las palabras finales del orador. Corría un frío canalla y ligero, en los primeros días de mayo de 1945. La II Guerra Mundial para Europa, estaba por concluir con la derrota del socio principal del Eje de Acero, la Alemania nazi. En la tribuna, un ayudante, tembloroso, se acercó a los oídos del orador y le susurró:
Mi Señor Gauleiter, los de atrás, parece que no entendieron bien sus palabras finales.
¡Carajo, dije Cortina de Hierro
! gritó la diminuta figura desde el proscenio, ahogado nuevamente por el estruendo de sus partidarios y quien, a la sazón, fungía como Gauleiter (Jefe de Zona) de Berlín en su calidad de hombre de la ultra confianza del Führer.
Transcurrido diez meses desde la rendición de Alemania y sus aliados europeos, el 8 de mayo, 1945; el ex Primer Ministro británico durante la IIGM, Winston Churchill, esperaba apacible a que descorrieran las cortinas del pequeño teatro del College donde lanzaría su discurso histórico.
El lugar no era el idóneo para la importancia y prestigio del visitante. Pero este político de sensibilidad extra sensorial y visión preclara, portaba un discurso el cual había preparado con esmero y que resultó trascendental.
Un tiempo antes, le invitaron a dictar esa conferencia el 5 de marzo, 1946; en el Westminster College del pequeño pueblo de Fulton, Missouri. La visita era en ocasión de recibir una distinción honorífica de dicha institución. Churchill, quien gozaba de un prestigio inmenso, tituló a su discurso “The Sinews of Peace” (En la relación especial entre EE.UU y Gran Bretaña, radica la fuerza de la Paz Mundial). En el párrafo más importante y deseado, señaló:

Desde Stettin en él (Mar) Báltico hasta Trieste en el Adriático, una Cortina de Hierro ha descendido a través del continente (europeo). Detrás de esa línea (fronteriza) yacen las capitales de los viejos estados de la Europa Central y del Este. Varsovia, Berlín, (Praga, Bratislava, Berlín), Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas esas ciudades famosas y sus ciudadanos habitantes de esos países yacen en la que yo llamo la esfera soviética, donde todos (los integrantes de la misma) están sujetos en una forma u otra, no solamente a la influencia soviética sino también en alto grado y en muchos casos, incrementando las medidas de control (provenientes) desde Moscu…”.

En efecto, Churchill utilizó (un eufemismo) para referirse a la frontera virtual, no sólo física sino también ideológica que dividió a Europa en dos, después de la II GM. Los historiadores aciertan cuando afirman que ese fue el instante inicial que demarcó el inicio de la denominada ”Guerra Fría”
La línea fronteriza de la que hablaba Winston Churchill, era aquella que separaba a los estados comunistas totalitarios, encabezados y bajo la batuta política, económica y militarmente de la Unión Soviética y aquellos otros estados democráticos alineados con los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Por error histórico, se identificó durante largo tiempo la frase de “Cortina de Hierro” como originalmente gestada por el estadista inglés
Sorpresas que da la vida
Sí, porque el 25 de febrero de 1945, en un artículo publicado varias semanas antes de finalizar la II GM con la rendición de Alemania a los Aliados, en el semanario nazi, “Das Reich”, apareció un artículo titulado “Das Jahr 2000” (El año 2000) de su editor y director (premonitorio) decía en su acostumbrado editorial de barricadas:

Si los alemanes bajan sus armas, los soviéticos, de acuerdo con el arreglo al que han llegado Roosevelt, Churchill y Stalin, ocuparán todo el este y el sudeste de Europa, así como gran parte del Reich. Una cortina de acero (Ein Eiserner Vorhang) caerá sobre este enorme territorio controlado por la Unión Soviética, detrás de la cual las naciones serán degolladas. La prensa judía en Londres y Nueva York seguirá aplaudiendo, probablemente”.

El autor del artículo en cuestión, no fue nada ni nada menos que quien entonces fungía de Gauleiter de Berlín y Ministro de Propaganda e Información del gobierno nazi, el archi conocido Paul Joseph Goebbels, el mismo que en mayo 1 de 1945 se suicidó junto su esposa Magda y los seis hijos de ambos, en el Führerkunker cerca de su amado líder Adolph Hitler y su esposa Eva Braun.

El mismo Gauleiter al cual el viejo Hans no le escuchó bien la frase de marras. Era la sentencia que tanto Joseph Goebbels como Lutz Schwering von Krosigk, repetían incesantemente. El primero, penúltimo canciller de Alemania; mientras que el segundo, fue el último, hasta la derrota nazi en mayo 8 de 1945.
Resultó sorprendente también y para mayor estupor histórico, que la frase ya era empleada desde mucho tiempo antes al menos como está registrado; sazonada con sus correspondientes ajos y cebollas diplomáticas; por escritores, miembros de las cancillerías, generales y gobernantes de los países europeos en sus disputas, encuentros, reclamos y guerras verbales entre sí.

Claro, antes del desastre iniciado en Sarajevo en 1914, por unos terroristas servios. Por otra parte resalta coincidente, que las leyes de protección ambiental vigentes en Alemania obligaban a que los teatros dispusieran de una pesada “cortina de plomo”, la cual serviría de protección a los espectadores en caso de incendios provenientes de los escenarios
La contra-obertura
Luego, es de entender el entorno bélico y totalitario que envolvió a la Humanidad y con ello a George Orwell y sus reacciones psíquicas y espirituales, durante toda su vida de observador del quehacer del individuo. Sin embargo éste supo también reseñar tanto lo que veía como lo que intuía. La novela de Orwell, “1984” ; que pudo haberse titulado también, “2012“, con el arribo de los desastres pronosticados por la llegada del “Doomsday” maya.
En esta, se mostraba la sociedad totalitaria en que se convertiría el mundo civilizado bajo un régimen totalitario dictatorial comunista, absolutamente cerrado y despótico; sustentado por un partido y filosofía únicos; integrado todos sus componentes como sicarios estatales para la conservación vitalicia del régimen opresor y una extensa capa de burócratas alabanciosos del Líder Máximo, de turno, parados sobre las espaldas del pueblo aterrorizado.
Nos clarifica el concepto de la dicotomía fascismo-comunismo, con la concepción del filósofo alemán contemporáneo Jürgen Habermas, quien de manera escueta definió que el comunismo es el simple “fascismo de (la) izquierda”. En el caso de Cuba, es una vitrina zoológica sofisticada, minuciosamente diseñada por la Nomenklatur habanera; bajo la inefable dirección artística y guión cinematográfico de los hermanos Castro. La muestra puede ser vista (bajo un tono gris) entre los escombros de la que entonces fue la ciudad de La Habana, capital de la Isla de Cuba. Es que para muestra del diluvio nacional cubano, basta un botón.
Los pueblos dominados por los comunistas, estarían inmersos por los regímenes locales en una guerra permanente contra enemigos extranjeros imaginarios; sumidos en una hambruna perenne controlada por cartillas de racionamiento y un cúmulo de arbitrariedades por la ausencia de todo derecho personal, de expresión, reunión, progreso, asociación y tránsito; y carentes de lo más indispensable para la vida personal, a la que no tendrían acceso por designios del dogma comunista opresor.
En este caso, Orwell veía al mundo liderado por el denominado “Gran Hermano o Hermano Mayor” el cual les advertía por las cámaras de TV y pantallas de vigilancia que “él, el Gran Hermano, siempre los vigila”.
Titulación de la obra
Es interesante como preludio, observar lo acontecido con otra novela (anterior) de Orwell, “Animal Farm”; un juguete de procacidad anti-totalitaria genial, aunque de estilo diferente. Orwell, ya advertido y convencido por su intuición propia de los planes comunistas desde los años de la pre guerra (IIGM), en 1943 comenzó a escribir la novela satírica “Animal Farm”, la cual para abril de 1944 ya estaba lista para imprimir.
Pero sucedió que el supuesto editor Victor Gollancz (Left Book Club), dueño de la editora que también resultó la fuente inagotable de la que fluía la literatura izquierdista, la “Gollancz Inc.” de Inglaterra.
En realidad, Gollancz era un conocido y monísimo izquierdista de esos camuflados bajo “frac y chaqué”, un comunista redomado por el stalinismo, quienes disfrutan a todo tren (ver el catalán Picasso o al francés Sartre) de la dolce vita que ellos criticaban, sin dejar de disfrutarla.
Encarnaba a uno de esos tipos con aspecto burgués rancio de salones y ateliers, quien se negó a publicar la novela de Orwell, aduciendo “porque atacaba y se burlaba del régimen soviético, que a la sazón era un aliado en la guerra contra el Eje de Acero”. Cierto, tanto como el escritor sabía de que era una alianza circunstancial con una manada de lobos, cuyo objetivo era arrasar con las democracias de una manera cruenta y animal, tal hicieron con el zarismo.
De igual modo le sucedió a Orwell con otro peje conocidísimo en la misma charca, T. S. Eliot; también poeta, antisemita y amigo de los izquierdistas. De paso, integrado en los siempre dudosos Premio Nobel de Literatura o de la Paz. Este último, fungía como editor de la editorial norteamericana de Faber and Faber en Londres. Éste personaje (quien nos torpedeaba desde la otra orilla) le rechazó tanto “Animal Farm” como “A Scullions Tale” (Cuentos de pinches de cocina), la versión primera de “Down and Out in Paris and London”).
Las desgracias del autor no pararon ahí, ni cuando Jonathan Cape aceptó publicarle el libro; porque en un cierto momento Cape se vio imposibilitado de cumplir su palabra a causa de las intrigas de un individuo (agente ruso) que trabajaba en el Ministerio de Información Británico: Peter Smollet.
Sucedió que el tal Smollet, por sus influencias en dicho ministerio (nunca se explicó el “por qué“), presionó a Cape para que no publicara “Animal Farm”. Resultó ridículo que un tiempo después, el tipo fuera capturado por los servicios del MI5 británico y acusado como agente de la KGB, espiando en el Ministerio de Información. Finalmente, Secker and Warburg accedió a la publicación lo cual se materializó en Agosto de 1945.
Más adelante, corriendo Agosto de 1948, Orwell todavía no había elegido el título que pondría a la que seria su obra fundamental. Para el otoño de ese mismo año, ya el escritor disponía de dos títulos, sobre los cuales se expreso así:

“…I haven’t definitely fixed on the title but I am hesitating between NINETEEN EIGHTY-FOUR and THE LAST MAN IN EUROPE.”
“… No he fijado definitivamente cuál sera el título, porque dudo entre MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y CUATRO y EL ÚLTIMO HOMBRE EN EUROPA”.

No demoró en escoger el primero. Entonces se estableció una disyuntiva nueva, entre elegir el título simple con la cifra numérica del año o la ortografía literal de dicho número. En Diciembre de 1948 envíó el libro para edición con el título de “1984“. Sorpresivamente, en Junio de 1949 el libro, finalmente, se publicó ¿…? como “NINETEEN EIGHTY-FOURwik.
La distopía orwelliana
Ya en plena Guerra Fría, es cuando Orwell decide lanzar otra ofensiva con sus publicaciones; esta vez apoyado bajo cuerdas por el gobierno británico, las cuales resultaron un éxito notable. Matrix, bien alejada en tiempo y espacio nos deja, sin embargo  estados ontológicos de similitud literaria.
La obra “1984” de Orwell es frecuentemente comparada con otra del mismo genero “Brave new world” literalmente (Esplendido Nuevo Mundo), la cual es la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley publicada en 1932. El título de esta última, tiene origen en la obra de William Shakespeare, “La Tempestad”, cuando Miranda pronuncia su discurso wik. Es una obra de ciencia-ficción (fabularia).
En ambos casos, se trataba de sendas antinomias distópicas de las novelas utópicas (como las de Platón, Moro, Campanella, Harrington, Spencer, etc.); las cuales conducen a imágenes anticipadoras al mundo futuro, imperfecto, donde la maquinaria estatal trituradora ejerce el control totalitario (completo) de la vida social e individual como tal, reduciéndolo a un número aleatorio dentro del hormiguero.
Las estructuras políticas que hemos conocido en la actualidad como formas grotescas que devinieron en las sociedades reales comunistas (marxistas, fundamentalistas, trostkistas, castrista o maoístas) en las que se instalaron férreas y ominosas dictaduras totalitarias como las de URSS, China, Cambodia, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, etc.; primas hermanas de las sociedades fascistas y nazis; y sus posibles homologadoras en ciernes como Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia o las que andan en remojos como Argentina, Brazil o quizás Uruguay, entre otros regímenes pro izquierdistas. Todos, ahora en manos de los tirapiedras y ex guerrilleros sesenteros.
En 1984, “Mil novecientos ochenta y cuatro” de George Orwell junto a la obra maestra de Ray Bradbury, “Fahrenheit 451“, fueron honradas con el galardón del “Prometheus Award” ³, por su contribución a la literatura distópica de ciencia-ficción.
Destacamos que el segundo título “EL ÚLTIMO HOMBRE EN EUROPA”, manoseado por Orwell para su obra maestra (“1984″) les viene al régimen cubano como anillo al dedo. Representa el “sálvese quien pueda” que trasfigura la banalidad totalitaria imperante en Cuba, conducido por los hermanos Castro, en una botija repleta no de errores y sí de pecados de lesa humanitas tan inimaginables como inenarrables, por supuesto, todos punibles por las leyes de los tribunales internacionales. Y lo mejor del cuento: que no proscriben. He ahí los motivos por los cuales los dictadores actuales, aterrados, ya no pueden abandonar impunes el poder.

“George Orwell” (née, Eric Arthur Blair) murió tranquilamente de tisis (¿…?) en Camden, Londres, UK; el 21 de enero 1950 a los 46 años de edad. Este iluminado nos dejó con las manos extendidas en espera de sus brotes nuevos. Quizás, se debe a que le faltó la otra mitad del trecho por recorrer, en su batallar anti comunista. Sin embargo, de acuerdo al pedegru habitual en el modus fasciendi de los comunistas, cabe preguntar:

¿Tuvo el escritor la certera e indetectable premonición de una venganza por parte del Comintern, —entonces en las manos redentoras de José “Pepe” (El Viejo) Stalin—, organismo represivo destinado a modificarle la salud, “amablemente” y temprano a todos los considerados enemigos?.

Notas adicionales del obituario comunista
Los cubanos, no deben olvidar que el líder estudiantil comunista Nicanor Mc Partland y Diez (aka, “Julio Antonio Mella“) fue asesinado a balazos el 10 de enero de 1929 en Ciudad México DF, cuando paseaba con su amante, la fotógrafa Tina Modotti; a manos de sicarios italianos de la entonces KGB bolchevique; entre otras razones, por abjurar del stalinismo y pasarse a las líneas trotskista.
Saber que Lev Davidovich Bronshtein (aka, “León Trotsky“), también abjuró del stalinismo y fue asesinado en la misma ciudad mexicana, el 21 August de 1940; por un agente stalinista de la KGB bolchevique, Ramón Mercader (aka, “Jackes Monard“). Este asesino, fue homenajeado por el Dr. Fidel Castro Ruz y vivió en Cuba un tiempo, después de ser liberado de prisión), de igual modo, un sicario catalán miembro del Partido Comunista Español (stalinista).
Fin de la saga.

(1) En realidad el pen name de “John Freeman”, el escritor lo utilizó una sola vez en un ensayo.
(2) El Gauleiter de la Zona de Berlín, en la práctica, tenía casi más poder político que todos los ministros del III Reich.
(3) El “Prometheus” (Prometheus Award) es un premio literario de ciencia-ficción otorgado anualmente por la Sociedad Libertaria Futurista (Libertarian Futurist Society). Fue creado en 1979 por L. Neil Smith, pero no se comenzó a entregar con regularidad, hasta la creación de la sociedad en 1982. Los títulos premiados deben obras con la temática sobre ciencia-ficción libertaria, es decir, centradas en la política y el orden social derivados de las aplicaciones a la ciencia-ficción de los principios filosóficos del libertarismo 4. El trofeo consiste en una moneda de oro que representa el comercio y el pensamiento libre.
(4) El “libertarismo” (del inglés libertarianism, traducido al español en ocasiones como libertarianismo o liberalismo libertario), es una filosofía política que afirma la vigencia suprema de la libertad individual (o libertad negativa), es decir, el derecho del individuo sobre sí mismo, cuyo límite no es otro más que el derecho ajeno. El sustento de la ideología libertaria es la filosofía individualista, la política antiestatista y la economía capitalista laissez faire et laissez passer (dejar hacer y dejar pasar), en razón de que para los libertarios, toda relación humana debe ser producto de pactos voluntarios y la fuerza sólo puede emplearse legítimamente contra otros de manera defensiva o ante el incumplimiento de un acuerdo (“principio de no-agresión”) wik .

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