Archive for 29 abril 2011

Un Benedetti desvertebrado: ¿desmistificar el culto a su personalidad? II/II


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Un Benedetti desvertebrado: ¿desmistificar el culto a su personalidad? II/II

Epílogo roto, para una saga desvertebrada
Apenas me deleitaba con la “declaración de principios” de un blog de azarosa elegancia y de redacción cuasi impecable (*), la cual el dueño colocó a manera de admonición –tan estremecedora ,como aquella otra con que se topó Dante a la entrada del infierno–; donde ahora, éste generador de ideas nos advertía tajante: “…La jerarquía del blog …actúa como juez y jurado, no reconoce el derecho a apelar y se come el hígado del ahorcado. Esto es lo que hay”.
Aunque no resalte vínculo con el tema, es muestra sui géneris del derecho sagrado del dueño del blog, a plantar en su sitio un criterio que atañe sólo a él, independientemente de otras opiniones. Y lo principal: no está vinculado a pactos, plumas viles al servicio de tiranos, filosofías de proletarios morones, adalides circunstanciales, sinvergüenzas enrojecidos y ni siquiera, a la mismísima Madre de los Tomates.
Coincide ahora, cuando llega la aluvión de ditirambos y loores mediáticos de las viudas y viudos implícitos del escritor, virtuales, ululantes sanos los unos por la pérdida del bardo y los otros; demagogos insanos de escarapela púrpura, por la pérdida de un cómplice ideológico.
Porque el Sr. Mario Benedetti fue pluma equivocada de acera y sombrero, quizás al tomar errático el mensaje surrealista de Marx Ernst; en “El sombrero hace al hombre“; a expensas de la rutilancia esquiva de su prisma artístico interno –enrojecido hasta el punzó–, un color de nombre único con el que los negros cubanos denominan al color rojo muy vivo y de destellos morados.
También porque al suyo externo parecíale apático, si las camisas pardas del Sturmabteilung (SA) de antaño (las del hitleriano Ernst Röhm, homosexual y pendenciero) se corrieran hacia el rojo einsteniano, de hogaño. Resultó una pérdida fabulosa de tiempo (que en definitiva era el suyo) además de miserable, poetizar banalidades alejadas del humano sufriente, para alabar al líder.
Es un modo de pensar y actuar tal máquina de trotar, que con sus jadeos de solteronas en busca de maridos no trotones y sudorosos como ellas, nunca llevó a nadie a ningún lugar. Es somia inherente a los intelectuales zurdos amancebado con su superego trascendental. Es que les fascina mirarse en espejos con aberraciones, también como gustan de olisquear en los manicomios castristas del “¡aé, aé, aé la chambelona!”.
El socialismo bondadoso de Fourier y Les Mamelles de Tirésias
Porque trocó lo espiritual por lo material, en lugar de extraer lo humano del socialismo bondadoso de Fourier –defendido por Dühring–. Fue y acudió orondo a las tres leyes de la dialéctica (propias de teens almidonados con bórax) defendidas por un tal Engels, también adolescente, en su “Herrn Eugen Dührings Umwälzung der Wissenschaft” (La subversión de la Ciencia por el Señor Eugen Dühring), más conocida por “Der Anti-Dühring“.
Una filosofía, del “Manual Práctico del Marxismo-Leninismo”, entre otras canzonettas que nuestro escritor apoyó junto a los desaciertos de un Karl Marx, mantenido por su amigo Engels, y su teoría general del desatino económico al entregar las riquezas atesoradas por la Humanidad palpitante, en manos de la chusma orillera y morona.
Es que toda esta capa umbilical de filosofía social y económica, además de una superficialidad astronómica; se sentía abanderada de oficio, por aquel otro proto soñador de “los cuchillos largos”, François-Noël Babeuf (aka, “Graco”). Un proto un imbécil sicosomático, aunque práctico al soñar en cómo apropiarse de las riquezas ajenas, sin dar un golpe.
Este utopista de mal dormir, proclamó en su proyecto “Conjuration des Égaux” (Conspiración de los Iguales) todo el detritus de su fracaso personal: “… a los burgueses –¡cuidado, que Benedetti nunca fue un burgués!–, hay que quitárselo todo, antes de guillotinarlos”.
Un estilo cavernario intrínseco de los comunistas, que el escritor defendió contra los creadores de riquezas en este planeta. Aunque disfrutaba a plenitud de las suyas propias, obtenidas por la pluma vil y sirviente de los déspotas, tal decía nuestro Martí.
Desconocemos si el Sr. Benedetti tuvo la gentileza de distribuir entre “sus proletarios amados” (los intelectuales zurdos, los proclaman, pero los quieren bien lejos) toda la riquezas y bienes materiales de oro y plata acumulados durante su vida prolífera, con pluma en ristre jorobada por las malas causas, según cánones imperantes en la selva roja del Graco. Perdón, rosada.
Y retornamos a la esencia fundamental de las lágrimas y gemidos tras el estallido de este otro “cadáver exquisito, surrealista”. Si, porque como otras tantas plumas atacadas por el lapsus calami de cronicidad endémica, a que les obliga la bandeja proletaria si quieren ser reconocidos, es vender su estilo cuneiforme de forma zurda, para beneplácito adulón al partido dominante.
Son los tiempos post Guerra Fría, de extrañezas iguales a los de la pre y post I Guerra Mundial, parecidos a los que tocó vivir un romano de nacimiento y parisino de convicción; Guillaume Apollinaire; en que se le ocurrió escribir una obra teatral, a la que al descuido llamó “surrealista”, cuasi travestí “Les Mamelles de Tirésias” (Las Tetas de Tirésias, 1917).
En la obra, el adivino tebano Tirésias es invertido hacia un personaje de carácter contrario, feminista y anti militarista, para dominar a los hombres (ver el original de la obra en Bibliotheca Augustana en http://www.hs-augburg.de/), dando lugar a uno de los movimientos artísticos mas sonados del siglo XX: “Le surréalism” (Surrealismo). Apollinaire no pareció en esta, haberle pedido permiso a Søren Kierkegaard, tildado de “padre del surrealismo”. Pero el escritor, sí pedía permiso a sus empleadores.
Nada semejante encontraremos en los intelectuales oficialistas de la zurdera atragantada (todos muertos de miedo, como el Sr. Mario Benedetti o la misma enrojecida Nobel de Literatura, la sudafricana comunista, Nadine Gordiner ); salvo los juegos pirotécnicos emitidos por Jean-Paul Sartre en su “L’existentialisme” (Existencialismo).
Porque si observamos a los intelectuales cubanos finos de la época republicana –también en toda Indoamérica–, encontraremos entre ellos filósofos y pensadores del “aporquesí“, sin pedirle permisos al partido comunista. Mientras que si oteamos la pajarera intelectual castrista de hogaño (todos ellos lo saben), veremos que el Gran Hermano no permite aparecer en lontananzas ni una sóla voz que se atreva a filosofar sobre lo que esté o no esculpido, en los manuales marxistas.
Es el mismo que toda la escuela zurda porta bajo el sobaco o las propias “Reflexiones” del Dr. Fidel Castro Rúz. Porque todo lo demás escrito, pintado o compuesto, son intrascendencias explicadoras del “Por qué las tonalidades argentadas de los cangrejos moros; excitan en el punto “G” de los crustaceos hembras, los diablillos del Complejo de Electra“. Y de ahí, no pasan los pucheros.
También porque para encantos del finado Sr. Benedetti, el sarao de premios y honores continuó impertérrito, sin los sustos ni riesgos que corren los intelectuales decentes y decorosos bajo los totalitarismos.
Solo ver el vía cruxis élégante –en el decir torvo de los represores–, por el que el Comandante el Jefe hizo transitar a los 75 intelectuales apresados como rehenes durante la razzia garibaldina de “La Primavera Negra”, aquella especie de “Nacht der langen Messer” (Noche de los cuchillos largos), derechitos hasta las ergástulas camaradas.
O el martirio dominical de “Las Damas de Blanco” bajo nubes de la chusma de moscas castrista. ¿Donde estaban los Benedetti entonces? Ellos, las “focas intelectuales amaestradas por La Habana”, siempre andan por ningún lugar, mirando hacia “el otro lado”.
Operación Colibrí
Los nazis la nombraron “Operation Kolibri” (Operación Colibrí, contra los homosexuales, entre otros o también la mejor conocida por “Noche de los Cuchillos Largos”) y quizás la razzia cubana contra los opositores y disidentes la nombraron “Gorriones Inconformes”. Alguien nos lo dirá. Casi siempre empujados por la mano peluda de los cómpas, quienes accionan la troqueladora para el ajuste de las “personalidades” criminalizadas por la mala costumbre de pensar libremente.
Al menos, un asesino convicto y confeso, el Dr. Ernesto Guevara de la Serna cuando vivo, no necesitó del padrinaje castrista y su maquinaria para que lo ensalzaran; porque tuvo los pantalones de jugársela al canelo, por aquello que, aun siendo un disparate criminal, entendió coincidente con sus ambiciones aberradas de protagonismo continental.
Y no permaneció aullando y azuzando detrás de la cerca, como sus mentores del buen recaudo. Aunque después de su muerte la troqueladora propagandística del régimen lo convirtió en promo tétrico, dolarizado para engrasar la propaganda castrista. Es que los muertos, ni protestan ni dan opiniones.
En 2005, Mario Benedetti presentó el poemario “Adioses y bienvenidas” y otro, “Canciones del que no canta“. En esa ocasión, también se exhibió el documental “Palabras verdaderas”, donde el poeta hizo una aparición deslumbrante, un succès encantador como el de un Sartre sin musa.
La vanidad humana, un fuego lento
Abordamos aquello de “encantos”, porque Simone de Beauvoir asó a estos abalorios de Pépé le Moko en el Casbah; en el fuego lento de la vanidad humana, cuando expresó: “Encanto es lo que tienen algunos, hasta que empiezan a creérselo“.
Todo le vino a ella (imaginamos) desde que su padre George le anunció orgulloso, con su delicado machismo: “Tu tienes el cerebro de un hombre“. Mientras Hélène, su hermana menor observaba atónita.
Simone, quien no era precisamente espejo de su amigo Jean-Paul Sartre, había sacado a éste por las orejas, cuando lo sorprendió en uno de sus interminables tête-â-tête proto filosóficos, con fogosos petite rouges del “Quartier Latin“. Es que a ciertos intelectuales, tales como a los Mario Benedetti, nunca nadie les tiró de las orejas soplonas.
Para 2005, al poeta le adjudicaron el XIX Premio Internacional Menéndez Pelayo, (48.000 €€ y Medalla de Honor), Santander. La Fundación “Lolita Rubial”, Uruguay; le vuelve a condecorar en 2006, con el “Premio Morosoli de Oro”.
En enero de 2006 hubo un simbólico-virtual Toque de Tambor Batá (kónkolo, itótele e Iyá) con el escritor presente –dicen que organizado por el bardo oficialista Pablo Milanés Arias, conocedor natural de las artes y magias de las Sangomas sudafricanas–; para demandar de los EE.UU la soberanía de Puerto Rico. Un acto, eco de un escurridizo Partido Independentista con su impresionante simpatía del 4% de toda la población boricua.
La orden del Líder Máximo, demandaba otra comedia fantasmagórica para despertar a las galerías soñolientas. Extrañas aves, sólo canoras, acudieron al silbato. Se presentaron (bajo estricta invitación) tallas intelectuales XX-Large, como: Gabriel (“Gabo“) García Márquez, Ernesto Sábato, Eduardo Galeano, Carlos Monsivais, Pablo Armando Fernández, Pablo Milanés Arias, todos, inquilinos del panal de singularidades con los principios morales y cívicos, rotos.
Destacable: en diciembre de 2007, en la sede del Paraninfo de la Universidad de la República en Montevideo, Benedetti recibió nada menos que de manos del propio Hugo Rafaél Chávez Frías, paladin democrático y de la libertad de expresión, la “Condecoración Francisco de Miranda”. Ese mismo año le colgaron la “Orden de Saurí”, de El Salvador.
Todas las cuales denotan ser artificios del quehacer político, no académico, copiando los desplantes educacionales de los voceros del régimen abroquelados en la Universidad de La Habana y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
No recordamos de éste, una sóla línea contra las barbaridades anti ciudadanas en los países que han asolado las dictaduras izquierdistas; tanto las del bloque comunistas, las africanas, musulmanas, asiáticas o como las del Eje Apocalypto (ALBA).
Como tampoco las poses lastimeras de intelectuales boyantes al estilo macondo en ese mundillo de trampas, simulaciones y sibaritismo rampante entre los perros andaluces del Bruñuel de turno.
Qué decir ante el cúmulo de méritos, reconocimientos, honores, condecoraciones, famas y glorias otorgados en vida al Sr. Mario Benedetti “estrella y orgullo de las letras”. Claro, sin atender o dar fe de las especulaciones, que aluden a posibles “honores y premios silentes”, una práctica común en los bajos fondos comunistas para subvencionar secretamente a sus corifeos.
Todo unido a su prolífera producción literaria, le abrió un lugar en el concierto de las literaturas latina, hispana y mundial. Lo difícil es leer la Histoire rélle contada al revés, que tanto duele a los castristas, como un revisionismo hermético, de calidad ordinaria. El Sr. Benedetti, tuvo suficiente claridad mental para discernir diferencias entre el dollar, euro y libra en el platillo de su pesa financiera y los pergaminos, medallas y otros comforts no suntuarios, en la otra.
Se desconoce si el escritor mostró escrúpulos, en aceptar los óbolos de los sistemas capitalistas “perversos”; porque de los totalitarismos, el repudiarlos, habría sido su suicidio intelectual, social y político.
Los desmanes dictatoriales del Dr. Fidel Castro y sus seguidores contra el pueblo de Cuba, las ejecuciones de Erich Honecker y la Stasi contra los alemanes, la represión brutal del Ejercito Rojo y la KGB en 1953 contra los patriotas húngaros, después los checoslovacos, nunca existieron.
Tampoco los millones de camboyanos asesinados al estilo fascista por Pol-Pot y el Khmer Rouge y otros (algunos de los tantos ejemplos), encontraron oídos sordos en este inefable personaje, sin otra bandera que la roja, ante la cual inclinarse.
Del serrallo Apocalypto
Bonita forma de ser ejemplo ciudadano para las personas decentes y patrón de moral y cívica para las juventudes. Si el Sr. Benedetti, tuvo alguna hipoteca castrista insondable colgando sobre su personalidad y vida, se ignora. Tampoco seria el único, chantajeado por los Servicios de Inteligencia Cubanos.
Entre los premios y honores recibidos, sin embargo, proliferan aquellos de connotación ideológica otorgados por países de dudosa reputación democrática, los países comunistas actuales y los ex de entonces, también de alguno que otro abrevadero de patanes, escapado del serrallo Apocalypto.
Es no querer diferenciar ex professo de los abusos del Dr. Fidel Castro y sus asociados, con las clases de civismo y patriotismo del electricista Lech Wałęsa y sus compañeros victoriosos de Solidaridad. ¿Qué sabría este bardo sin principios ni fines, de la solidaridad humana? Para tal abyección zurda, no se requieren versos lujuriosos ni ditirambos repletos de comejenes.
Será improbable que los gobiernos decentes que le adularon y premiaron, les exijan a la imagen virtual del poeta la devolución de todos los trofeos y distinciones recibidos; para así disculparse ante sus ciudadanos y reeducarse ellos mismos en lo que “no se debe hacer”, si no es en nombre de la virtud y los altos principio, ya olvidados en las universidades apócrifas, mancebas al servicio de la élite izquierdista.
En uno de sus últimos libros, titulado “Canciones del que no canta“, el escritor alude a su historia personal.
No fue una vida fácil, francamente –dijo, al parecer, exhausto de su farsa propia y a manera de confesión auto redentora.
Quien con su pluma quimérica e irresponsable, marcó a varias generaciones de tontos, anidados y condimentados con azafranes de la siguatera castrista; siempre de la manera equívoca y al estilo de los tirapiedras sesenteros.
Ver cuando escribió su último poema, que a mi entender, fue la única vez que se mostró sincero y tal vez improbable, con una pizca de preocupación por su deshonor familiar (sic):

Mi vida ha sido una farsa
Mi arte ha consistido
En que esta no se notara demasiado
” (frag)

“¡Avemariapurísima!” —grité.
Pero me gustó más y asoció con remembranzas habaneras (gracias al Après moi, le déluge), al poeta irlandés conocido por “Moriuht“, que nos recuerda en la crítica de aquel poema latino-normando de principios del siglo XI, que Warner de Roven hizo con su única línea en tributo al Arzobispo Robert de Rouen:
Foribus en clausis moratur pontifex HVGO” (El obispo Hugo pasa su tiempo en París, tras puertas cerradas) (sic)
Luego, como “Moriuht“, es de pensar que precisamente eso fue lo único que nuestro poeta hizo sólo para él y su egoísmo enervante; a lo largo, ancho y durante toda su vida de ilusiones marchitas desde su aburrida adolescencia. Porque niño, nunca fue.
El 17 de mayo, 2009, el poeta Mario Benedetti se apagó manso, con la cabeza gacha, quizás abochornado de toda su estulticia, y sin mirar al cielo del Montevideo que aborrecía.
Claro que no podemos desearle que descanse en paz, a quien nunca se lo mereció.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Abril, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

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Un Benedetti descosido: ¿desmistificar el culto a su personalidad? I/II


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Un Benedetti descosido: ¿desmistificar el culto a su personalidad? I/II

Saga de un escritor perdido dentro de su Ego, descosido
Es exactamente eso: desmistificar la entelequia ambigua de un escritor, Mario Benedetti, cuya imagen se forjó entre las comodidades del martillo y el yunque zurdo, mucho decir de padrinazgos rejectados, los que golpeaba a los inermes. Es que tal, le causaba gracias. Una ficción a la cual éste intelectual, quizás afectado por algún holismo sicosomático (o tal vez, de doble costura epistemológica, claro, no infantil); le integró de a porque sí la negación de la negación –Alma Mater de la dialéctica hegeliana, de la que ni se dio por enterado–, donde los altos principios, verdad y justicia, no existen o son considerado no valideros. A veces, instrumentos de la virtud que resultan ultra incómodos para algunos, cuando intentan disertar sobre los altos principios en los cuales, cínicos, no creen.
Es el acíbar del cardumen propio de los “marxistas sobaqueros”.
Porque el Sr. Benedetti se pasó su vida inútil de aureas mediocritas, alabando a tiranos (Fidel Castro) y terroristas (Ernesto Guevara), entre otros, sin que por un instante le temblara la pluma. Sólo ver su ceguera irresoluta ante los desmanes de los comunistas en los cinco continentes, en especial a las satrapías satélites de Moscú, que integraron el bloque comunista. Este personaje, nunca dolió por sus colegas encarcelados, estrujados y asesinados en las ergástulas rojas.
Luego, Benedetti derivó en caída libre hacia el extremismo jugoso abogado por León Trotsky. Y es sorprendente, porque cuando a finales del años 30s este viejo y cruento bolchevique andaba en el tête-â-tête surréaliste con André Breton y Diego Rivera, después de su quimérico “Manifeste pour un art révolutionaire indépendent” (Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente), encarcelo al decoro de los intelectuales uruguayos y se fue a pactar con los comunistas por encargos a parecer, presidenciales.
Lo no dicho por los comunistas desnudos y los escondidos en el closet, es que “por cuestiones tácticas” su nombre (Trostky) –embarrado con toda la sangre del Soviet de Petrogrado, el holomodor ukraniano (muerte por hambre del pueblo de Ukrania) y otras lindezas habituales en el brevario comunista–, no apareciera como firmante del manifiesto.
El poeta Benedetti, siempre miró hacia el otro lado donde imperaban las sombras, donde yacen las deli adormiladas entre cremas y los sabores del Saint Germain. Porque él, era un ente proclive a la ternura mórbida de como le decaen las lágrimas en “Les fleurs du mal” de Baudelaire, claro, sin el estorbo de la líbido.
De ahí su extraña pasión exótica de homme fatale por los totalitarismos oscurantistas, en lugar de por las democracias luminosas.
Mostró un ser omnisciente e incapaz de admitir el mal que modela y menos, excusarse con aquellos a quienes les arañó las pupilas castas con sus confusiones hieráticas. Es el intríngulis de un carácter hito, desorientado ante el camino perdido hacia la ética de grupo, tolerado sólo por su Superego.
Es la implosión de sus yerros como introito al aurea mediocritas subyugante, en el decir maravilloso del argentino José Ingenieros, que trastorna a estos proto intelectuales en parte de la juguetería de los progress mantenidos por el Comintern y las destilaciones de sus sinverguencerías.
Son sus mejores abluciones escalofriantes y cosas calenturientas, como las de viejos erocitos mórbidos en el canal de las agujas hipodérmicas. Así cantaba sus baladas poéticas a los Angeles de la Muerte del Mar Rojo y componía de la nada, un sainete.
Porque la generación latinoamericana, en especial la uruguaya —si singularizamos la duda— y tan contemporánea como la de 1945, recién despertaba envuelta en los viejos coqueteos de sus líderes con los totalitarismos nazi-fascista y comunistas.
Esta, atañe por igual a casi todos los protagonistas de la interbellum (IGM-IIGM), para justificar sus coitos virtuales y desmayos eróticos de boudoirs, a manos de esos regímenes y filosofías antidemocráticas, fueran comunistas o fascistas.
Les gustó la marcha de los pingüinos
Los líderes latinos, en especial los castrenses, les dispensaron simpatías según les batiera el viento enrarecido de los panzers en su marcha triunfal de los pingüuinos blanquinegros y les soplara desde o hacia el altiplano, donde en las vergonzosas capitales indoamericanas unos seres antropomorfos, apostaban a cuál de los totalitarismos jugar sus cartas.
Este poeta repleto de ilusiones muertas, le apostó exactamente y ganó, el 8 de mayo de 1945 (lo de oportunista lo ponen ustedes), cuando los rusos tomaron por asalto el Reichstagsgebäude y el Hitlerbunker.
Como por encanto, durante la preguerra (IIGM), las escuelas militares francesas o inglesas, perdieron atractivos para los segmentos militares latinoamericanos. Un espacio que de inmediato ganaron las escuelas alemanes, belgas y otras.
Una parte alocada de la masa intelectual decepcionada con sus propias idioteces, se mantenía prendada de “The ten days that shook the World” (Los diez días que conmovieron al mundo), una gesta casi de épica, barata, narrada apasionadamente sobre la marcha de los destacamentos bolcheviques; por un comunista norteamericano John S. Reed.
Benedetti, anonadado con lo que nunca se atrevió (y quien además, nunca cruzó ese cómodo estado anímico, de ponerse al borde de la insurgencia, por su carencia absoluta de pantalones) no pudo resistir el llamado de la selva bolchevique. Cuando ya todo estaba en calma.
No le resultó difícil el integrarse plácido con sus bombachos, a esa banda de jóvenes descoloridos quienes; cuidadosamente; nunca se asomaron ni por curiosidad a las oficinas comunistas de reclutamiento de las “Las Brigadas Internacionales”.
Era demasiado el embeleso caprino con las suavidades de la papilla roja, pródiga a los intelectuales descoloridos, juntados en el bloque comunista. Es que la nueva entente de la lujuria por lo capitalista, hizo que los zurdos repartía invitaciones a saraos y ferias; con los gastos pagos (incluyendo los tragos); además del consabido remeneo con las jóvenes komsomolas impregnadas de muertes axilares y las uñas sucias.
Es que por aquellos tiempos, fue racha entre los intelectuales indoamericanos, el sonar con las piernas hermosas de las komsomolas, resembrando amapolas primaverales falsas (de papel rojo, con sus zayas bien cortas, como ordenaron los líderes), agachadas sobre los canteros en la Plaza Roja de Moscú.
Un erotismo político
A inicios de la Guerra Fría, ya se habían fomentado la ONU y la OEA. El gobierno democrático y constitucional de Cuba de entonces (por un buen amigo y protector de los comunisatas, El Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar) fue el promotor de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos“. Derrotada la entente del Eje de Acero (Alemania, Italia, Japón y sus aliados), el planeta se polarizó casi a ciegas entre dos grupos de naciones; las demócratas ajustadas a la civilización judeo-cristiana occidentaly las comunistas, conductoras hacia regímenes totalitarios, amorales, ateos y auto destructivos.
Nuestro escritor, no dudó en abanderarse con esa última filosofía –es lo grave– sustentadora de los despotismos comunistas, impregnados de marionetas teleguiadas entonces por el Kremlin. A estos gobiernos rufianes, Benedetti les prestó lla pluma humillante, a los cuales defendió denodado, hasta sus días finales.
Benedetti, se desvaneció, sin querer reconocer nunca; tozudo; que se equivocó no del bando digno, sino del sitio decoroso del que habló esplendores José Martí. Un sitio, impregnado de bondades ciudadanas, donde gobernaba la justicia y donde la iniquidad era repudiada.
Según uno de los principios marxista, lo social se mueve en una espiral biconvexa; lo que contradice el movimiento del universo físico; de ahí que la tesis de la praxis marxista de que en ella yace el criterio de la verdad, es tan falsa como un billete norteamericano de tres dolares. Vimos que los vetustos Frentes Populares, azuzados por el Comintern de antaño y la fascinación ante la entelequia castrista de hogaño; indujeron a sus cuadros en toda Latinoamérica al asalto del poder por medios violentos. De ello, por supuesto, el autor nunca se dio por enterado, sumido en sus comparsas walkirianas. druídricas o de duendes.
La rapiña bolchevique en Asia y este de Europa, resultaron catarsis hipnótica para los Partidos Comunistas Latinoamericanos. Estas bandas, se alinearon hambrientas en pos de las riquezas nacionales, en las cuales no habían invertido ni una gota de sudor, ni un centavo de sus bolsillos.
Una fuente del saber destructivo de esta seudo filosofía, es colgada del Internet Rojo del Dr. Fidel Castro Rúz, sus asociados y la Cuba estrangulada y después despedazada.
La mise en scène abrupta de los guerrilleros castristas, subvirtió de manera inusitada la imagen influyente del viejo cartel bolchevique, el cual fue tomado (casi) por sorpresa ante la inmediata alineación de los intelectuales; hacia la nueva fuente cercana, sensual, de igual idioma y ciertas idiosincrasias étnicas de carácter variopinto. El autor, precavido, echaba su ancla flotante en cada tormenta y elucubraba los ditirambos de su próxima comparecencia pública ante un auditorio de gente desordenada.
Unos ranges inoportunos
La cuña subversiva puesta en marcha en Bolivia (1965-66) por el régimen castrista, estuvo liderada por el Dr. Ernesto Guevara de la Serna (aka “Che”). El Dr. Castro le adhirió un grupo de escopeteros de fidelidad perruna a su “yo“, sus cómplices y a “Manila” (La Habana). Era una banda de tipos que mostraron su valor y fiereza, en los combates contra los rangers de las fuerzas democráticas.
Guevara –uno de los lugartenientes dilectos del castrismo– fue eliminado a posteriori por “hacer sombra”, algo intolerable para los líderes máximos y mínimos vitalicios. Ello pretendía fomentar bolsones guerrilleros, con miras al Lebensraum clásico de los hitlerianos, bajo el supuesto prestigio a ganar por su banda.
Nadie se sumó a la pandilla guevarista, ni siquiera la membresía comunista boliviana. Abandonados a su suerte, los integrantes de la banda fascinerosa sucumbieron como licántropos rotos a palos por los rangers bolivianos, y sus restos-símbolos, dispersados al olvido.
El rotundo fracaso de la intentona, por la decidida acción de los rangers bolivianos, bajo la excelente asesoría de instructores norteamericanos y cubanos anticomunistas, paró en seco otros planes pasionistas urdidos desde La Habana. Donde Bolivia seria el epicentro.
La izquierda intelectual dominada por los comunistas, puso sordina a estos complots contra sus propios países. Los comunistas uruguayos enyuntaron con una facción terrorista de opositores (“Tupamaros”) controlada por los castristas y fundaron en 1971 una agrupación que se integró a la coalición izquierdista del Frente Amplio (Movimiento 26 de Marzo).
Ver que este autor nació en 1920, en “Paso de los Toros”, Uruguay nombrado con la ridiculez de: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia (aka, “Mario Benedetti”). Para 1949, Benedetti entró en conflicto con el gobierno uruguayo, cuando su partido le hizo criticar el Tratado Militar con los Estados Unidos.
Más tarde, deslumbrado por la saga guerrillera castrista; integra la Mesa Ejecutiva del Frente Amplio, agrupación izquierdista de profundas proyecciones sediciosas. Benedetti viajó a Cuba, y participó en el jurado del concurso de Casa de las Américas.
De brinco en brinco
De ahí salta al encuentro sobre “Rubén Darío”. Viaja a México y coadyuva en el II Congreso Latinoamericano de Escritores, urdido por La Habana. Junto a la camada azteca izquierdista, actúa en el Congreso Cultural de La Habana proponiendo un disparate perfecto, apologético de la violencia y del “macho cabrio predestinado”. Su tesis involutiva la apodó, “Sobre las relaciones entre el hombre de acción y el intelectual“.
Se embobece en brazos del primero y repta bajo el ala del segundo. Le solicitan para el Consejo de Dirección de Casa de las Américas –excluyente de los escritores demócratas y anti comunistas–; y Benedetti, al parecer, se torna en cirujano torquemada literario e intelectual de sus colegas, pero ahora en calidad de Compañero Índice Expurgatorio (censor).
En 1968 funda el Centro de Investigaciones Literarias (sobre las obras comunistas, no las demócratas) de Casa de las Américas. El golpe de estado de junio 27 de 1973, le hace abandonar Uruguay rumbo al exilio en Buenos Aires. Después a Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado; para saltar al Gulag cubano, esta vez como exiliado. Su reincorporación al Consejo de Dirección de Casa de las Américas, es el acto final para la consumación de su idolatría por el Líder Máximo.
La Habana, ya desde 1959, había montado un aparato de auspicio de los intelectuales adictos al Dr. Castro y su régimen dictatorial. Este intelectual de moneda de cambio, vendió las imágenes latinoamericanas a la troqueladora del bloque comunista, de donde se obtuvieron pingües ganancias propagandísticas, tanto para la causa castrista como para la pléyade chata de sus promocionados.
Desde 1980 Benedetti recibió múltiples honores como la “Orden Félix Varela”, Cuba; “Premio Jristo Bote”, Bulgaria; “Llama de Oro de Amnistía Internacional ¿…a uno que apoyo a los totalitarismos?”, Bélgica; “Medalla Haydée Santamaría” (suicidada ésta, por disparidades con el Dr. Castro), Cuba; “Premio Maricela de Plata”, Uruguay; “Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral”, Chile.
De igual modo se le orlo Doctor honoris causa, Alicante; igual en Valladolid; “Premio León Felipe”, España; Doctor honoris causa en “Ciencias Filológicas”; Cuba. En 1999 “VIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana”; España, habilitado con 6,000,000 Ptas.
Por la mano del propio Castro, “I Premio Iberoamericano José Martí”, España. “Ciudadano ilustre”, Uruguay; “Premio Etnosur”, España. Roma, en 2004, exhibe un documenta, “Mario Benedetti y otras sorpresas”. Éste, participó en el “Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano”, Cuba; “XIX Festival del Cinema Latinoamericano di Trieste” y “Festival Internacional de Cine de Santo Domingo”.
Domeñado por avideces de famas, nunca rechazó distinciones y dineros de las democracias a las que él y sus iguales ansiaban destruir; obvio; ni de dictaduras, países u organizaciones izquierdistas y comunistas. Tal es el caso de Cuba todavía considerada hoy entre los países terrorista o que apoyan el terrorismo. Quizás, para el autor se trató de una simple cuestión de paladares o de “no escrúpulos”.
Se nos muestra como un autor minusvalidado, para representar algo tan serio como el aplicar los principios austeros de la vieja y selecta rectitud romana, implícita de los grandes caracteres. Y menos la Lex Oppia (un anatema exorcizante para los payasos garibaldinos), los mismos compas que antaño envolvieron en asfixias a Catón, “El Viejo”.
Fueron décadas en el Jardín de las Delicias, de fiestas, pietajes, brindis y solazamientos –cierto que de “crueldad abrumadora”–; durante su calvario maravilloso a través del mundo occidental; al que envidian y odian los intelectuales descosidos, no auténticos como el mismo (un enfant terrible de la nada piccasiana), que nos da escozor durante todas las primaveras aleutinas.
A Benedetti le resultó suave accionar desde adentro los resortes democráticos, para obrar plumas necias contra el mismo Occidente democrático que le abrigó y al que despreció, como es dogma y endemia de cada indoamericano.
Aprovechó cada rendija para loar tiranos o, hacerse el loco cómplice (al estilo de la Menchú, la sugerente indita esbelta tal sílfide en Emaus y además, anti sex-appeal por excelencia) frente a los desmanes de la canalla roja dorada.
Espiritual, ética e ideológicamente, Mario Benedetti resultó ser otra “Gran Estafa” –en el buen decir de Eudocio Ravines, el peruano valiente–, dañina y decepcionante para las juventudes latinoamericanas.
Es el tiempo presente, un día antes, cuando aún estaba vivo y de cuando yo pensaba que un toque divino le haría arrepentirse. Pero cruel, no lo hizo antes de “estirar la pata”.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Julio, 2010
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George Orwell, la insinuante celda 101 y su “1984″


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
George Orwell, la insinuante celda 101 y su “1984
Una literatura de ciencia-ficción, ¿libertaria?

Neo, siguió al conejo de Dujou
Cuando Neo despertó por el sonido de la música en sus audífonos y otros ruidos extraños, comenzaba el mensaje de un tal “Morpheus” desplegado en el monitor de su ordenador. Entonces, sin imaginarlo, se desatarían las sorpresas sucesivamente. El puntero seguía blinkeando allí y él no tenía la menor idea de quién era ese Morpheus, que le instaba con el aviso de “Despierta, Neo“. Ni de qué mierda era eso de que  “Matrix ya te tiene” o “Sigue al conejo blanco” o también el “knock, knock, ¡Neo!”, inexplicables; donde le indicaban que alguien estaba a su puerta.
Lo despabilaron dos toques reales, fuertes, como de recios alguaciles hialeahienses o de los mismísimos publicanos recaudadores en tiempos de Roma. Cuando entreabrió cauteloso, Choiel pelirojo“, estaba allí con otros tunantes de la banda de dipsómanos, todos noctámbulos. Sólo que el más asombrado pareció ser el mismo Choi, quien parado frente a la puerta con el puño levantado y los nudillos prestos a tocar, permanecía inmóvil como una estatua de sal y con su cara de “yonofuí” mirando absorto el número de la habitación de Neo, el 101. Por cierto que Neo era un hacker y por lo tanto, un marañero empedernido que no se asombraría de que los federales vinieran a cargar con él.

Yo —refunfuñó Choi, tembloroso— no he golpeado la puerta, escuché los toques y tú eres quien abre.
Choi y Neo intercambiaron dinero por disquettes de softwares con información hurtada de Internet. Choi miró a su amiga, tuvo una ocurrencia y le preguntó.
Hey, Dujou, ¿qué tú crees, si lo llevamos con nosotros?.
 —replicó ella, excitada y sonriente con su pequeña cara de loba seductora.

Tenía el cuello repleto de aros plásticos abrillantados y de diámetros diferentes. Montados los unos sobre los otros, dibujaban alrededor de su cuello el perfil de las torres de enfriamiento de las centrales eléctricas térmicas. No eran simples adornos, sino que estaban dispuestos para dar la ilusión de estar sosteniendo la cabeza de una distrófica. En realidad, el conjunto era como los de bronze de las mujeres zulú para alargarse el cuello. Se trataba de una simple moda para estar à la dernière. Y así, se colgó de los hombros de Choi en pose lasciva, dando la mitad de la espalda a Neo.
La muchacha era de figura estilizada como esas hetairas transparentes del Biscayne Boulevard miamense, las falenas deslumbrantes del Pigalle parisino o quizás; como arpegios vibrantes de poetas simbólicos ya muertos (lapidados “por hablantines”); las esforzadas cubanas ingenieras y médicos emblemáticas del jineterismo oficial.
Ellas pululan Rampa arriba y Rampa abajo, pisteando por la Zona Rosa (de tolerancia) habanera; con sus tres eternas “semis”: descalzas, hambrientas y desnudas. Las tres medallas representativas de los arquetipos cumbres de la retorta socialista. Pero eso, a los “agentes matriciales”, les importaba tres cominos.
Ellos, los comisarios; en las filiales de “Matrix” dicen que no lo son; no disponen de otros ejemplares exitosos dentro del zoo comunista; para mostrar que ellas no simbolizan los tristes especímenes, como ejemplares de la “Mujer Nueva“.
Porque en la elaboración del pretendido “Hombre Nuevo“, les salió, como a torpes   “Aprendices de Brujo” (L’Apprenti sorcier); una “cosa” disforme, una especie de alien del rag urbano, el polimorfaláctico: “Baby” Lores”, con su pellejo listo para los taxidermistas naziz.
Dujou aspiró profundo y con lo más sedoso de su voz, agregó provocativa,

Seria novedoso para la salud el grupo. En especial nosotras, las insatisfechas —y sonrió sardónica, con expresión provocativa. Choi la pellizcó con suavidad.
Eres una puta, mejor, una recontra tataranieta de puta. Tu, no tienes arreglo —le susurró en la oreja, sonriéndole a Neo como si dijera nada obsceno, de manera que sólo ella lo escuchara.

Neo quedó en suspenso por unos segundos y miró a Dujou, como si ésta fuera un volcán sensualoide que destilaba por cada poro de su cuerpo, miriadas de femonas olorosas, enloquecidas y saltarinas, que le fluían en tropel hasta por las orejas.
Fue entonces que Neo advirtió el conejo blanco tatuado en la espalda desnuda de la muchacha, a la altura del hombro izquierdo y se erizó. Ahora vio con más detalles los excesos de maquillaje de Dujou sobre sus rasgos faciales que indicaban una mezcla rara de mestiza, mulato-thailandesa.

—¡Que diablos, es el conejo blanco! —masculló Neo, asombrado, y abrió los ojos desmesuradamente.
—¿Vamos, “jerk”? —le instó Choi, sin escucharle, expectante.
Andando, pero sólo estaré un rato —advirtió Neo, todavía embelesado, cuidadoso para no hacerles un desaire.

Otras de las muchas cosas que aún no sabía el hacker era que su “rato” no seria tal, sino la agonía de un paréntesis que se abriría eterno, al que sin ton ni son penetraría, absorbiéndole toda su vida somnolienta. Y que además le sumergió en un deleite estremecedor, sobrevenido insondable y del cual no se podría evadir.
Es que conocería a la deliciosa Trinity, la espada etérea, audáz e inexorable, lugarteniente de Morpheus.
La celda No. 101: ¿insinuante, excitante o envilecedora ?
Todo, porque el 101 era el mismo número de la celda especial de tortura dispuesta por el “Gran Hermano” de la filial “Matrix“, para la destrucción mental; los comunistas le denominan “oclusión paramétrica del Id“, y desinfección anti virus del individualismo y el coraje personal. Es el ritual conocido como “lavado de cerebro”. También el emético clásico, el aceite de castor (palmacriste o ricino, que Mussolini aplicó a los inconformes con su régimen fascista) y que se le suministra a los inconformes con el paradiso Matrix.
También para borrar e interconfundir al Id y al Superego, evaporación sublimal de la voluntad y además, para reprogramar los estamentos mentales del Ego, con el desmonte y destrucción total de la personalidad. Un succès verdadero, montado por los comunistas a los fines de reeducar a los enarboladores de la verdad; opositores o renegados; en nombre de la doctrina proto marxista del “Gran Hermano”, lo cual sucedería según predicciones literarias de 1948, corriendo el año 1984.
Ello devino durante la Guerra Fría, a finales del siglo XX; en un intento no exitoso de los partidos marxistas diseminados en el ámbito global, cuando decidieron remodelar y cosmetizar las truculencias de sus respectivas policías políticas locales (Gestapaks), tal si fueran retiros monacales para el solaz y esparcimiento de monjes cartujanos, no de prisioneros estrujados, despedazados y empalados con la verga policíaca del tentetieso. Ansiosos de las buenas nuevas y aleluyas del sacratísimo mensajero del Thor zurdo, el “Gran Hermano“.
Entonces, eran los tiempos en que las pesadillas de otro dictador, Adolph Hitler, de calzas iguales a las del “Gran Hermano”; su antecesor; porque el “bello Adolph” aprendió de los bolcheviques, las técnicas del desvanecimiento de los enemigos del III Reich en los campos de trabajo forzado. También “Animal Farms“.
Unas alucinantes experiencias, fortalecidas con los experimentos nazis, las cuales los rojos permearon más tarde a sus satélites —hasta entrado el siglo XXI—, le dieron al teutón por torturar hasta la muerte y posterior taxidermia, a los “pecadores mortales”. Cualquiera que no les aplaudiera con fervor.
Todo ello, en función de la curvatura de la nariz, conformación craneana, ángulos faciales, grosor de los labios, cuadratura mandibular, pantalla de las orejas, color de la piel, fealdad, religión, deformaciones, discapacidades físicas y mentales, aberraciones sexuales contra natura, lengua materna, etc.
Aparte, considerar las evaporaciones definitivas en el caso de los judíos acusados injustamente de matar al Cristo, todos los cuales eran pasaportes seguros para ser torturado y asesinado a sangre fría de inmediato, e incinerados en los crematorios.
A Choi todo aquello le sonaba familiar y le recordaba una vieja novela de ciencia-ficción, entre las otras de consulta obligada como referencia; titulada “MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y CUATRO”, escrita por un inglés. Fue cuando elaboró su Tesis de Grado en la Universidad, la cual tituló “La Comunicación inter personal entre los entes de planos físicos virtuales, en consonancia con la Teoría de Cuerdas”.
¿Sabe alguien si es Orwell o Freeman?.
La obra en cuestión, fue un éxito tremendo y resultó premiada a mediados del siglo XX, concluida la IIGM. Obvio que el autor no podía saber las consecuencias acarreadas por esa, su novela, un bocadillo futurista que se convertiría en su “Canto del Cisne” magistral, aunque prematuro al paladar de los torquemadas del erial comunista, patrocidados por Matrix.
La obra “1984” fue un relato escalofriante emanado de la pluma fértil del escritor, periodista, crítico literario y ensayista británico; Eric Arthur Blair; cuyos pen names ya en calidad de escritor, fueron “George Orwell” y “John Freeman”1. Blair, había nacido el 25 de junio, 1903 en Motihari, Bengala (Bangla-Desh) en la India.
Dicha obra, muestra una destilación refinada de la ordinariez bolcheviques, a partir del instrumento nazi represivo en toda su magnitud maquiavélica. Un copycat sublimado retomado por los marxistas (curioso: Orwell se compró un perrito faldero al que bautizó “KMarx”), de la antaño estrategia sociópata de represión social adjunta a la reglamentación de la “sincronización” (Gleichschaltung) hitleriana.
O sea, la puesta en marcha de la estructura represiva de la policía política; dispuesta para la aplicación masiva y aplastante del terror psicológico, cruento, inexorable y permanente, sobre la población indefensa arrinconada entre sus miedos. Porque tras desaparecer el III Reich, los comunistas tomaron la batuta de la represión contra los ciudadanos fueran o no, opositores o disidentes. Debía ser la sociedad entera pendiente del terror estatal y del partido.

Por ese chisme que me cuenta “Primito”, esto del comunismo, se lo meterán a su madre por el cu… —comentó Neo a Choi, esa noche, junto a la mesita del bar.

Tal libro por su excepcionalidad, está considerado entre los 100 mejores del siglo XX. En esencia, este amante de las letras ciencia-ficcionables y distópicas, entre otras no menos controvertibles y que, finalmente, fue reconocido por el sobrenombre de “George Orwell” (el nombre, se especula, está relacionado con uno de los reyes ingleses, George, y el apellido, al río de homónimo que atraviesa el condado de Suffolk, en Inglaterra) luego dicha obra viene a colación en su calidad de la exposición de una letra de ficción futurista tan virtual (por su anticipación) como real.
Golem, ese homúnculo alquímico juvenil, “hetronosesabeque”
Loa paraisos zurdos son muestrarios de basureros exquisitos. También por la crudeza trágica de la existencia de ese Golem (homúnculo alquímico) de cuando el Génesis hebréico de la desesperación ciudadana, creado como silogismo multi premisas del “Hombre Nuevo” en cada una de las dictaduras comunistas.
En el caso de Cuba, fue un kripto maltusiano engendro, aun no nato del, onirismo castrista, un ente confeccionado con pedazos de cadáveres unidos a martillazos (es una forma peculiar de los alquimistas zurdos para soldar partes humanas) con ripios de zorgs diferentes, oxidados entre las manos delicadas y siempre fructíferas de las comunistas hetero hembras de la horda.
Se trató de crear en laboratorios y retortas, un hombrecillo copia espeluznante de las sociedades armadas en todas las satrapías europeas y asiáticas, succionadas en calidad de satélites de la URSS e instauradas durante la Guerra Fría.
Incluyendo las de nuevo corte populista, unos desgajes de payasos y payasas totalitarios o en vías de serlo; como son las troqueladoras de las dictaduras izquierdistas recicladas del Caribe, Centro y Sudamérica. Si viéramos lo fácil que es el confeccionarlas, pues se trata de juntar un montón de basura humana y prensarla.
Cierto, sin que faltara en el vodevil el fósil cumbre de la Guerra Fría, el Buque Fantasma de la Animal Farm,  la rumbita fracasada por excelencia durante el interregno entre ambos siglos; el régimen comunista del Dr. Fidel Castro Rúz. Un líder indiscutible reinante en una Cuba bajo los sables de su clan y otros miembros de la secta exógena, (Amici delle cheerleaders), desde 1959. Es que pocos pudieron suponer que al final de la sexta década, toparían con un Hasper Lee generoso, un David, un Tell un Cid matador de capa obispo, mockingbirds indefensos, a diestra y siniestra con el estilo inconfundible de los anti derechos.
Todo ello devino en la tragi-comédie coincidente con el diferendo Este-Oeste, la confrontación entre las democracias y los totalitarismos, que se identificó con la línea virtual fronteriza que separó ideológica y políticamente la libertad occidental radiante; de la opresión oriental oscurecida, en los territorios incertados detrás de la denominada “Cortina (o Telón) de Hierro”. Es que la libertad moralizadora es una sarta de ajos, cruces papales y balas de plata aniquiladores del vampirismo de los licántropos zurdos.
George Orwell fue un socialista amante de la libertad plena, de ideas políticas y económicas democráticas, anti totalitarias a carta cabal, el cual luchó en la Guerra Civil española (en el lado equivocado, el republicano), tal le sucedió a tantos jóvenes embelesados con las historietas bolcheviques.

Trinity te busca por todas las cloacas de Zión —advirtió Morpheus a Neo, furioso de que algún agente la hubiese secuestrado.

Este detalle le impidió en cierto momento ser tomado por el Servicio Exterior británico dado que entonces (y ahora) se le consideraba a estas personas lo que ellos denominan “internacionalistas”, como fellow travellers o progress en la monserga comunista. Tal sucedió después con picaruelos tales como Charles Chaplin y otros vividores que paciron orondos bajo “capitalismo salvaje”.
Desde el rumbo traidor tomado por la Revolución Rusa de 1917 bajo la dirección de Stalin y sus secuaces, implantando el totalitarismo comunista; fueron muchos los intelectuales y socialistas honestos decepcionados con las mentiras bolcheviques. Orwell tomó parte de esos decepcionados de la “Generación Perdida” inglesa (es un tropo, en relación con sus iguales contemporáneos intelectuales norteamericanos) con la línea política bolchevique, las atrocidades ejecutadas por los comunistas rusos, los partidos y gobiernos adheridos, enceguecidos, al Comintern.
El Comintern (la Internacional Comunista o la III Internacional Comunista, creada por Lenin y el Partido Bolchevique); la cual en teoría agrupaba a todos los partidos comunistas del mundo, adheridos a la filosofía marxista-leninista liderada por los bolcheviques, a fin de extender la denominada “revolución rusa” al resto del planeta. Un chiste, que por su maridaje entre la perfidia y la avaricia, costo a la Humanidad (hasta ahora contabilizadas) unos 100 millones de víctimas.
Entonces, Orwell dedicó el resto de su vida a promover la democracia, la defensa de las libertades, derechos humanos y los principios teológicos y humanistas de la civilización judeo-cristiana occidental. Sin olvidar poner en jaque a sus lectores, con sus novedosos puntos de vista.
Se especula que el título “1984” de la novela provino del año en que de terminó el libro (1948), pero con las dos últimas cifras (48) al revés del año (84). Los analistas e historiadores, por su parte, estimaron que de acuerdo a la vertiginosa velocidad de la expansión del mundo comunista, el desastre total material, espiritual, moral y teológico de la Humanidad; tras la resaca cruenta de la pos guerra (IIGM) y según Orwell; sobrevendría cuando el totalitarismo comunista triunfara en el ámbito planetario, pasados unos 30 años, o sea, eligió el 1984, que en numerología es el 4. Una cifra en la que hay que pensar.

—Sólo nos restan cuatro cargas —le recordó Choi a Neo, en medio del estruendo de la batalla.
—¿Y que carajos tu me dices con eso, si nos basta sólo con una carga para matar a todos los bribomes? —puntualizó Neo. Miró hacia ambos lados y extrajo de su mochila “una rosa del torero“, fresca. —Esta, es para Trinity —, aseguró.
—Dujou, cayó peleando junto con el cerrajero —sentenció Choi sollozante.

El triunfo de las huestes comunistas de Mao-Tsé-Tung en China contra el gobierno republicano de Chiang Kai-shek, quien lideraba el Kuomintang, literalmente “Partido Nacionalista de China”, desbalancearon la correlación de fuerzas mundiales.
Los movimientos nacionalistas árabes, indochinos, Pacífico Nororiental y africanos; condujeron a la hipótesis de que irremediablemente, las hordas marxistas-leninistas conquistarían el mundo civilizado y democrático. Estamos en el momento en que la Humanidad se dividió en dos filosofías hegemónicas que campearon por sus respetos en la pos guerra (1948); las democracias lideradas por los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU) y los totalitarismos comunistas nutridos a la fuerza (con nombres diversos), cuyos hilos yacían en manos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
¿Cortina de qué, dijo el señor Gauleiter, número dos?
Preguntó confuso Hans, uno de los viejos militantes del Partido Nazi ahora tullido, tras la derrota en Tsaritsyn (“Stalingrado”, durante el terror rojo y “Volgogrado” en la actualidad), tiritando de frío y sentado en la última fila del local atestado de correligionarios fanatizados con la hecatombe inminente del Führer y sus días últimos.
Era fenomenal la confusión dejada por las palabras finales del orador. Corría un frío canalla y ligero, en los primeros días de mayo de 1945. La II Guerra Mundial para Europa, estaba por concluir con la derrota del socio principal del Eje de Acero, la Alemania nazi. En la tribuna, un ayudante, tembloroso, se acercó a los oídos del orador y le susurró:
Mi Señor Gauleiter, los de atrás, parece que no entendieron bien sus palabras finales.
¡Carajo, dije Cortina de Hierro
! gritó la diminuta figura desde el proscenio, ahogado nuevamente por el estruendo de sus partidarios y quien, a la sazón, fungía como Gauleiter (Jefe de Zona) de Berlín en su calidad de hombre de la ultra confianza del Führer.
Transcurrido diez meses desde la rendición de Alemania y sus aliados europeos, el 8 de mayo, 1945; el ex Primer Ministro británico durante la IIGM, Winston Churchill, esperaba apacible a que descorrieran las cortinas del pequeño teatro del College donde lanzaría su discurso histórico.
El lugar no era el idóneo para la importancia y prestigio del visitante. Pero este político de sensibilidad extra sensorial y visión preclara, portaba un discurso el cual había preparado con esmero y que resultó trascendental.
Un tiempo antes, le invitaron a dictar esa conferencia el 5 de marzo, 1946; en el Westminster College del pequeño pueblo de Fulton, Missouri. La visita era en ocasión de recibir una distinción honorífica de dicha institución. Churchill, quien gozaba de un prestigio inmenso, tituló a su discurso “The Sinews of Peace” (En la relación especial entre EE.UU y Gran Bretaña, radica la fuerza de la Paz Mundial). En el párrafo más importante y deseado, señaló:

Desde Stettin en él (Mar) Báltico hasta Trieste en el Adriático, una Cortina de Hierro ha descendido a través del continente (europeo). Detrás de esa línea (fronteriza) yacen las capitales de los viejos estados de la Europa Central y del Este. Varsovia, Berlín, (Praga, Bratislava, Berlín), Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas esas ciudades famosas y sus ciudadanos habitantes de esos países yacen en la que yo llamo la esfera soviética, donde todos (los integrantes de la misma) están sujetos en una forma u otra, no solamente a la influencia soviética sino también en alto grado y en muchos casos, incrementando las medidas de control (provenientes) desde Moscu…”.

En efecto, Churchill utilizó (un eufemismo) para referirse a la frontera virtual, no sólo física sino también ideológica que dividió a Europa en dos, después de la II GM. Los historiadores aciertan cuando afirman que ese fue el instante inicial que demarcó el inicio de la denominada ”Guerra Fría”
La línea fronteriza de la que hablaba Winston Churchill, era aquella que separaba a los estados comunistas totalitarios, encabezados y bajo la batuta política, económica y militarmente de la Unión Soviética y aquellos otros estados democráticos alineados con los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Por error histórico, se identificó durante largo tiempo la frase de “Cortina de Hierro” como originalmente gestada por el estadista inglés
Sorpresas que da la vida
Sí, porque el 25 de febrero de 1945, en un artículo publicado varias semanas antes de finalizar la II GM con la rendición de Alemania a los Aliados, en el semanario nazi, “Das Reich”, apareció un artículo titulado “Das Jahr 2000” (El año 2000) de su editor y director (premonitorio) decía en su acostumbrado editorial de barricadas:

Si los alemanes bajan sus armas, los soviéticos, de acuerdo con el arreglo al que han llegado Roosevelt, Churchill y Stalin, ocuparán todo el este y el sudeste de Europa, así como gran parte del Reich. Una cortina de acero (Ein Eiserner Vorhang) caerá sobre este enorme territorio controlado por la Unión Soviética, detrás de la cual las naciones serán degolladas. La prensa judía en Londres y Nueva York seguirá aplaudiendo, probablemente”.

El autor del artículo en cuestión, no fue nada ni nada menos que quien entonces fungía de Gauleiter de Berlín y Ministro de Propaganda e Información del gobierno nazi, el archi conocido Paul Joseph Goebbels, el mismo que en mayo 1 de 1945 se suicidó junto su esposa Magda y los seis hijos de ambos, en el Führerkunker cerca de su amado líder Adolph Hitler y su esposa Eva Braun.

El mismo Gauleiter al cual el viejo Hans no le escuchó bien la frase de marras. Era la sentencia que tanto Joseph Goebbels como Lutz Schwering von Krosigk, repetían incesantemente. El primero, penúltimo canciller de Alemania; mientras que el segundo, fue el último, hasta la derrota nazi en mayo 8 de 1945.
Resultó sorprendente también y para mayor estupor histórico, que la frase ya era empleada desde mucho tiempo antes al menos como está registrado; sazonada con sus correspondientes ajos y cebollas diplomáticas; por escritores, miembros de las cancillerías, generales y gobernantes de los países europeos en sus disputas, encuentros, reclamos y guerras verbales entre sí.

Claro, antes del desastre iniciado en Sarajevo en 1914, por unos terroristas servios. Por otra parte resalta coincidente, que las leyes de protección ambiental vigentes en Alemania obligaban a que los teatros dispusieran de una pesada “cortina de plomo”, la cual serviría de protección a los espectadores en caso de incendios provenientes de los escenarios
La contra-obertura
Luego, es de entender el entorno bélico y totalitario que envolvió a la Humanidad y con ello a George Orwell y sus reacciones psíquicas y espirituales, durante toda su vida de observador del quehacer del individuo. Sin embargo éste supo también reseñar tanto lo que veía como lo que intuía. La novela de Orwell, “1984” ; que pudo haberse titulado también, “2012“, con el arribo de los desastres pronosticados por la llegada del “Doomsday” maya.
En esta, se mostraba la sociedad totalitaria en que se convertiría el mundo civilizado bajo un régimen totalitario dictatorial comunista, absolutamente cerrado y despótico; sustentado por un partido y filosofía únicos; integrado todos sus componentes como sicarios estatales para la conservación vitalicia del régimen opresor y una extensa capa de burócratas alabanciosos del Líder Máximo, de turno, parados sobre las espaldas del pueblo aterrorizado.
Nos clarifica el concepto de la dicotomía fascismo-comunismo, con la concepción del filósofo alemán contemporáneo Jürgen Habermas, quien de manera escueta definió que el comunismo es el simple “fascismo de (la) izquierda”. En el caso de Cuba, es una vitrina zoológica sofisticada, minuciosamente diseñada por la Nomenklatur habanera; bajo la inefable dirección artística y guión cinematográfico de los hermanos Castro. La muestra puede ser vista (bajo un tono gris) entre los escombros de la que entonces fue la ciudad de La Habana, capital de la Isla de Cuba. Es que para muestra del diluvio nacional cubano, basta un botón.
Los pueblos dominados por los comunistas, estarían inmersos por los regímenes locales en una guerra permanente contra enemigos extranjeros imaginarios; sumidos en una hambruna perenne controlada por cartillas de racionamiento y un cúmulo de arbitrariedades por la ausencia de todo derecho personal, de expresión, reunión, progreso, asociación y tránsito; y carentes de lo más indispensable para la vida personal, a la que no tendrían acceso por designios del dogma comunista opresor.
En este caso, Orwell veía al mundo liderado por el denominado “Gran Hermano o Hermano Mayor” el cual les advertía por las cámaras de TV y pantallas de vigilancia que “él, el Gran Hermano, siempre los vigila”.
Titulación de la obra
Es interesante como preludio, observar lo acontecido con otra novela (anterior) de Orwell, “Animal Farm”; un juguete de procacidad anti-totalitaria genial, aunque de estilo diferente. Orwell, ya advertido y convencido por su intuición propia de los planes comunistas desde los años de la pre guerra (IIGM), en 1943 comenzó a escribir la novela satírica “Animal Farm”, la cual para abril de 1944 ya estaba lista para imprimir.
Pero sucedió que el supuesto editor Victor Gollancz (Left Book Club), dueño de la editora que también resultó la fuente inagotable de la que fluía la literatura izquierdista, la “Gollancz Inc.” de Inglaterra.
En realidad, Gollancz era un conocido y monísimo izquierdista de esos camuflados bajo “frac y chaqué”, un comunista redomado por el stalinismo, quienes disfrutan a todo tren (ver el catalán Picasso o al francés Sartre) de la dolce vita que ellos criticaban, sin dejar de disfrutarla.
Encarnaba a uno de esos tipos con aspecto burgués rancio de salones y ateliers, quien se negó a publicar la novela de Orwell, aduciendo “porque atacaba y se burlaba del régimen soviético, que a la sazón era un aliado en la guerra contra el Eje de Acero”. Cierto, tanto como el escritor sabía de que era una alianza circunstancial con una manada de lobos, cuyo objetivo era arrasar con las democracias de una manera cruenta y animal, tal hicieron con el zarismo.
De igual modo le sucedió a Orwell con otro peje conocidísimo en la misma charca, T. S. Eliot; también poeta, antisemita y amigo de los izquierdistas. De paso, integrado en los siempre dudosos Premio Nobel de Literatura o de la Paz. Este último, fungía como editor de la editorial norteamericana de Faber and Faber en Londres. Éste personaje (quien nos torpedeaba desde la otra orilla) le rechazó tanto “Animal Farm” como “A Scullions Tale” (Cuentos de pinches de cocina), la versión primera de “Down and Out in Paris and London”).
Las desgracias del autor no pararon ahí, ni cuando Jonathan Cape aceptó publicarle el libro; porque en un cierto momento Cape se vio imposibilitado de cumplir su palabra a causa de las intrigas de un individuo (agente ruso) que trabajaba en el Ministerio de Información Británico: Peter Smollet.
Sucedió que el tal Smollet, por sus influencias en dicho ministerio (nunca se explicó el “por qué“), presionó a Cape para que no publicara “Animal Farm”. Resultó ridículo que un tiempo después, el tipo fuera capturado por los servicios del MI5 británico y acusado como agente de la KGB, espiando en el Ministerio de Información. Finalmente, Secker and Warburg accedió a la publicación lo cual se materializó en Agosto de 1945.
Más adelante, corriendo Agosto de 1948, Orwell todavía no había elegido el título que pondría a la que seria su obra fundamental. Para el otoño de ese mismo año, ya el escritor disponía de dos títulos, sobre los cuales se expreso así:

“…I haven’t definitely fixed on the title but I am hesitating between NINETEEN EIGHTY-FOUR and THE LAST MAN IN EUROPE.”
“… No he fijado definitivamente cuál sera el título, porque dudo entre MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y CUATRO y EL ÚLTIMO HOMBRE EN EUROPA”.

No demoró en escoger el primero. Entonces se estableció una disyuntiva nueva, entre elegir el título simple con la cifra numérica del año o la ortografía literal de dicho número. En Diciembre de 1948 envíó el libro para edición con el título de “1984“. Sorpresivamente, en Junio de 1949 el libro, finalmente, se publicó ¿…? como “NINETEEN EIGHTY-FOURwik.
La distopía orwelliana
Ya en plena Guerra Fría, es cuando Orwell decide lanzar otra ofensiva con sus publicaciones; esta vez apoyado bajo cuerdas por el gobierno británico, las cuales resultaron un éxito notable. Matrix, bien alejada en tiempo y espacio nos deja, sin embargo  estados ontológicos de similitud literaria.
La obra “1984” de Orwell es frecuentemente comparada con otra del mismo genero “Brave new world” literalmente (Esplendido Nuevo Mundo), la cual es la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley publicada en 1932. El título de esta última, tiene origen en la obra de William Shakespeare, “La Tempestad”, cuando Miranda pronuncia su discurso wik. Es una obra de ciencia-ficción (fabularia).
En ambos casos, se trataba de sendas antinomias distópicas de las novelas utópicas (como las de Platón, Moro, Campanella, Harrington, Spencer, etc.); las cuales conducen a imágenes anticipadoras al mundo futuro, imperfecto, donde la maquinaria estatal trituradora ejerce el control totalitario (completo) de la vida social e individual como tal, reduciéndolo a un número aleatorio dentro del hormiguero.
Las estructuras políticas que hemos conocido en la actualidad como formas grotescas que devinieron en las sociedades reales comunistas (marxistas, fundamentalistas, trostkistas, castrista o maoístas) en las que se instalaron férreas y ominosas dictaduras totalitarias como las de URSS, China, Cambodia, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, etc.; primas hermanas de las sociedades fascistas y nazis; y sus posibles homologadoras en ciernes como Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia o las que andan en remojos como Argentina, Brazil o quizás Uruguay, entre otros regímenes pro izquierdistas. Todos, ahora en manos de los tirapiedras y ex guerrilleros sesenteros.
En 1984, “Mil novecientos ochenta y cuatro” de George Orwell junto a la obra maestra de Ray Bradbury, “Fahrenheit 451“, fueron honradas con el galardón del “Prometheus Award” ³, por su contribución a la literatura distópica de ciencia-ficción.
Destacamos que el segundo título “EL ÚLTIMO HOMBRE EN EUROPA”, manoseado por Orwell para su obra maestra (“1984″) les viene al régimen cubano como anillo al dedo. Representa el “sálvese quien pueda” que trasfigura la banalidad totalitaria imperante en Cuba, conducido por los hermanos Castro, en una botija repleta no de errores y sí de pecados de lesa humanitas tan inimaginables como inenarrables, por supuesto, todos punibles por las leyes de los tribunales internacionales. Y lo mejor del cuento: que no proscriben. He ahí los motivos por los cuales los dictadores actuales, aterrados, ya no pueden abandonar impunes el poder.

“George Orwell” (née, Eric Arthur Blair) murió tranquilamente de tisis (¿…?) en Camden, Londres, UK; el 21 de enero 1950 a los 46 años de edad. Este iluminado nos dejó con las manos extendidas en espera de sus brotes nuevos. Quizás, se debe a que le faltó la otra mitad del trecho por recorrer, en su batallar anti comunista. Sin embargo, de acuerdo al pedegru habitual en el modus fasciendi de los comunistas, cabe preguntar:

¿Tuvo el escritor la certera e indetectable premonición de una venganza por parte del Comintern, —entonces en las manos redentoras de José “Pepe” (El Viejo) Stalin—, organismo represivo destinado a modificarle la salud, “amablemente” y temprano a todos los considerados enemigos?.

Notas adicionales del obituario comunista
Los cubanos, no deben olvidar que el líder estudiantil comunista Nicanor Mc Partland y Diez (aka, “Julio Antonio Mella“) fue asesinado a balazos el 10 de enero de 1929 en Ciudad México DF, cuando paseaba con su amante, la fotógrafa Tina Modotti; a manos de sicarios italianos de la entonces KGB bolchevique; entre otras razones, por abjurar del stalinismo y pasarse a las líneas trotskista.
Saber que Lev Davidovich Bronshtein (aka, “León Trotsky“), también abjuró del stalinismo y fue asesinado en la misma ciudad mexicana, el 21 August de 1940; por un agente stalinista de la KGB bolchevique, Ramón Mercader (aka, “Jackes Monard“). Este asesino, fue homenajeado por el Dr. Fidel Castro Ruz y vivió en Cuba un tiempo, después de ser liberado de prisión), de igual modo, un sicario catalán miembro del Partido Comunista Español (stalinista).
Fin de la saga.

(1) En realidad el pen name de “John Freeman”, el escritor lo utilizó una sola vez en un ensayo.
(2) El Gauleiter de la Zona de Berlín, en la práctica, tenía casi más poder político que todos los ministros del III Reich.
(3) El “Prometheus” (Prometheus Award) es un premio literario de ciencia-ficción otorgado anualmente por la Sociedad Libertaria Futurista (Libertarian Futurist Society). Fue creado en 1979 por L. Neil Smith, pero no se comenzó a entregar con regularidad, hasta la creación de la sociedad en 1982. Los títulos premiados deben obras con la temática sobre ciencia-ficción libertaria, es decir, centradas en la política y el orden social derivados de las aplicaciones a la ciencia-ficción de los principios filosóficos del libertarismo 4. El trofeo consiste en una moneda de oro que representa el comercio y el pensamiento libre.
(4) El “libertarismo” (del inglés libertarianism, traducido al español en ocasiones como libertarianismo o liberalismo libertario), es una filosofía política que afirma la vigencia suprema de la libertad individual (o libertad negativa), es decir, el derecho del individuo sobre sí mismo, cuyo límite no es otro más que el derecho ajeno. El sustento de la ideología libertaria es la filosofía individualista, la política antiestatista y la economía capitalista laissez faire et laissez passer (dejar hacer y dejar pasar), en razón de que para los libertarios, toda relación humana debe ser producto de pactos voluntarios y la fuerza sólo puede emplearse legítimamente contra otros de manera defensiva o ante el incumplimiento de un acuerdo (“principio de no-agresión”) wik .

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