“Les Misérables”, de Victor-Marie Hugo y los cuervos de Ratten Fänger


“Les Misérables”, de Victor-Marie Hugo y los cuervos de Ratten Fänger ¹
(En una versión libre, más canalla que la impudicia de los defenestrados)
SEGUNDA PARTE
Cossette
Libro Primero: Condado de Ratten Fänger auf Das Land der Vollidioten
 
I. El 15 de marzo de 2011
La noche del 14 al 15 de marzo de 2011, no llovió ni una sola gota. Luego, la caballería ciudadana podría arremeter a todo tren contra los pájaros ennegrecidos, highlighted como dianas a colimar en los comicios de ese día. Y resultó espléndida para el porvenir del condado de Ratten Fänger y el resto del País de los Idiotas. Todo sucedió en orden, cada centro de votación abrió en hora, como una iglesia para recibir a los pecadores. Porque los ciudadanos decepcionados con el sistema, sus líderes apócrifos y también por su propia inacción y pasividad, pareció que habían olvidado la fuerza que podrían ejercer con sus votos. Resultó lamentable que del desprecio olímpico, envidia y soberbia por ineptitudes propias de los supuestos líderes comunitarios (les dicen “postalitas de fashion show“); sólo una cantidad ínfima de líderes dignos entre ellos, el principal promotor de la rebelión ciudadana contra el status quo imperante el Caballero del Rizo Blanco que le dicen  “El Quebrama“; respondieron presentes, situándose al frente de las columnas ciudadanas para guiarlos en el combate. El resto de los capitanes, eran gentes del pueblo humilde.
Y así fue mejor, sin amarres ni compromisos; puesto que después del triunfo electoral de los rebeldes, el cinismo intrínseco de los líderes rezagados y acomodaticios les hizo desvanecerse en disculpas ptiálicas, por lo demás, vergonzosas. Hora a hora, los mejores y más poderosos cuerpos enemigos, uno tras otro, eran barridos por las fuerzas patrióticas en las urnas .
Los buenos, sin embargo, albergaron temores iniciales por la escasa participación de los electores durante las horas tempranas de esa mañana de ese martes, fijado para las elecciones. Porque ellos no contaban con escuadrones de infantería ni artillería de reserva, para enfrentar las huestes bien pertrechadas de los gobernantes retados; quienes controlaban el poder sobre la inmensa mayoría de los burócratas, empleados, sus familiares,  amigos y la pléyade escandalosa de botelleros, chicharrones, canchanchanes y los inevitables jalalevas. Una fuerza descomunal obligada a rendirle a los Morloks de “Las Dos Torres” en el Innenstadt, la cuenta de sus votos Elans, ya de vocación perruna, so pena de ser devorados, inmisericordemente. Pero los buenos, premonitorios, se sabían ungidos con los olivos de la victoria y la espontaneidad de los electores divinos. 
Ya era tiempo que cayeran las escuadras de infanterías y las alas protectoras de las caballerías de aquellos políticos de guardia, mañas y estilos viejos, que gobernaban a sus antojos ignorando el bienestar de los ciudadanos adormilados, confiados en los curules mendaces. Estos de las gavillas, sin control ni supervisión alguna, concertaban negocios onerosos para una comunidad pretendida secuestrada y obligada a sufragarles la vida muelle de por toda la eternidad; se repartían escandalosamente las prebendas y caudales públicos entre sus amigos cercanos y lejanos, además violaban con demagogias las leyes que ellos mismos habían sancionado; supuestas para beneficio del pueblo; mientras hacían silencios y escondederas de top secrets, los inmensos beneficios auto asignados. De esas sinecuras y otras suciedades descubiertas, narraron después las  crónicas minuciosas de la época.
Pero la caída de ese gobierno insensato e inepto, estaba decidida; no sólo por la acción de los escuadrones populares; sino también por las torpezas y abusos aflorados, entronizados por los propios gobernantes y las tácticas infames que utilizaron para dirigir. Casi todo el andamiaje del escamoteo, funcionaba como en los viejos y tortuosos tiempos de la Ley Seca.
Al final, Ratten Fänger no fue una batalla, sino el cambio de un frente local de combate al Universo de la Unión.
Era digno recordar que casi dos siglos antes y después del desastre bonapartista en Waterloo, el rey de Francia Luís XVIII, firmó, autenticó y acató la “ Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos“, emitido por la Asamblea Nacional Constituyente el 26 de agosto de 1789, en tiempos de la Revolución Francesa. Lo cual nos indicaba que la filosofía política defendida por los jerarcas condales en complicidad y auxilio de todo el stablishement burocrático, no debía ni podía ser modificada, sino, desechada por completo y lanzada al basurero.
Los ciudadanos de Ratten Fänger estaban dispuestos a que en la península, sucediera lo mismo que en la Francia de entonces. ¿Y por que no extender los aires frescos de la Nueva Ilustración, al resto de la nación atenta y azorada con lo que se desarrollaba en Ratten Fänger, catalogada por los escépticos como Das Land der Vollidioten? Y ese día, se disiparon los temores y sucedió lo inevitable para exterminar la flora letal de los funcionarios, ahilados en el punto de mira ciudadano.
 
II. Postal nocturna del campo de batalla tras el combate del 15 de marzo de 2011,  sobre las arenas del Innenstadt (Downtown)
 Aquella noche de marzo había luna llena. La de mayor tamaño en los últimos 18 años, un tercio más brillante de lo habitual y mostrándose a la vista un sexto mayor, por ser casi las vísperas de San Patrick’s Day y además coincidente con el inicio de la primavera. Era una postal de nitidez inigualable después de la batalla, claro, en extremo triste para los funcionarios vencidos juntos a sus huestes desmoralizadas en medio de la mayor desolación, del “sálvese quien pueda”. Eran los mismos altaneros hasta ayer, prepotentes y arrogantes, ahora con los pendones bajos.
Una confrontación incruenta al pie de las urnas, a la vez gloriosa para los ciudadanos; porque la batalla transcurrió sin dudas aunque larga, en la cual se peleó palmo a palmo el camino arduo, hasta conseguir la victoria final; aunque no la completamente definitiva porque restaba bajar de la jaula a los restantes pájaros funcionarios cómplices del ataque al pueblo y sobre todo, modificar y reparar la constitución repleta de agujeros.
La noche, cualquiera, se complace algunas veces en ser testigo de horribles catástrofe para los malos ensoberbecidos, tal aconteció en la gresca condal reciente; cuando los ciudadanos iracundos con los líderes políticos que les desgobernaban, decidieron expulsarlos por cafres y tortuosos. Estaba por verse si éstos personajes serian encausados por corruptos o cohecho, lo cual definiría entre otras, las causales posibles de la ansiedad de los impugnados por conservar los cargos y mantener el top secret de su beneficios y de existir, otras andanzas inconfesables.
Los suspicaces, pensarían que bregaban por ganar tiempo para borrar huellas, quizás de latrocinios y venalidades. ¿Quién lo sabría, si no ellos?. El pueblo demandaba desde antes el investigar sobre los posibles manejos y negocios de los fondos públicos y otras artimañas con lobbyists de consorcios privados.
Después de disparada la última salva victoriosa, la ciudad quedó desierta y en silencio. Miles de los ciudadanos buenos, todavía enfurecidos; curaban sus heridas y laceraciones abiertas desde hacia decenios atrás; cuando nadie les atendía o les contestaban con burlas dubitativas, o alardeando de nuevas bellaquerías, mientras algo de la paz alcanzada ya se esparcía por el condado.
Todos sonreían, pues habían logrado la victoria sobre la facción de grupúsculos políticos aferrados al ancien régime, que ante la opinión pública aparecían como “buenos carcamales” encubiertos; mientras otras facciones espectadoras y oportunistas, no beligerantes, se aprestaban envueltos en afeites y manicuras para reclamar derechos; enfundados en su look de petimetres elegantes; en los talk shows de la radio y TV. Y también en las soirées, donde cantaban victorias como si fueran de ellos los vencedores, en la intimidad de cónclaves reservados a la elíte ausente de la confrontación; que anhelaban como “su parte de destrezas y experiencia al soporte espiritual de la victoria”, en un simple acopio de despojos.
Porque ellos, aludían ser los sabios que estaban en posesión del know-how, para gobernar el condado por el que nunca habían hecho nada destacado, salvo cuidar sus asientos mientras  engrosaban las prebendas y montos de sus retiros jugosos a cargar sobre las espaldas de sus conciudadanos.
Uno de ellos era el activo tejedor de recetas chinas, el catastro futurólogo y ex cacique de la llanura cercana de Haiyakpo Hili; la cual abandonó y entregó a su sucesor envuelta en llamas. Otro de los gurúes era el viejo catastro honorable, maniatado por excelencia al dogma del ancien régime, también ex cacique de complacencias condensadas y disciplente del boquerón de Maama, la ciudad junto a la bahía. Pero el más osado resultó el último cacique de Ratten Fänger, un “babyface” de la última camada desfasada en tiempo y espacio; que le dio por andar siempre en reverse como un colibrí genuino en su Máquina de Tiempo (inexplicablemente consultor en un talk show matutino, como “asesor experto en desastres condales”); quien con torceduras gramaticales insinuaba un desastre para el condado si el voto fuera “SÍ” rotundo, para limpiar la mesa de botonillas, sin haber despertado aún de sus visiones de la Vieja Era, recién parida en la “La nouvelle trova“.
Este último, graciosamente y al parecer y según crónicas de “a confesión de partes, relevo de pruebas”; no dudó en afirmar (dicen que dijo en las medias) motu proprio entre otros desatinos; que dilapidó los fondos de los impuestos recientes destinados para mejoras en el transporte; en asegurar el pago de sueldos suntuosos a sus amigos burócratas y sus huestes funcionarias (sin dar explicaciones a los contribuyentes), a todas luces en silencio cómplice.
Son algunos de los botones de muestras, de quienes constituían un coro mudo de liturgias gregorianas, destacados por no apoyar a los ciudadanos en la batalla concluida, salvo airear sus togas enmohecidas y discursear sonseras a las olas de la bahía. De modo igual al de las asociaciones empresariales, industriales, sociales y benéficas, faranduleras e incluyendo los líderes comunitarios chics, escondidos convenientemente durante la refriega. Ellos, ahora en el interregno,  pronosticaban desastres por la acefalía y preparaban apacibles sus acostumbrados discursos altisonante, que a nadie interesarían. Era la cuestión filosófica del Tártufo, el embeleso en escucharse ellos mismos.
Eran los vampiros y colibríes monstruosos que engendra esa oscuridad que se llama guerra. Y otras sartas de periféricos no oficiales; unos fantasmas que ni van de uniforme ni combaten, falsos enfermos, funcionarios venales, desfalcadores, estafadores, contrabandistas de leyes y prebendas, mendigos morones, granujas de siete puestos condales a la vez, traidores al pueblo y a los altos principios que, en tropeles disonantes les hacían de comparsas. Eran los eternos arrolladores en la comparsa del…¡Aé, aé, aé la chambelona!
Justo a la Medianoche
A las doce de esa noche ya vagaban hombres sin sombras: eran los cuervos que acudía a saquear a los caídos en el combate. De vez en cuando se detenían, revolvían la tierra y luego se esfumaban para caer sobre otra presa inerte. Iban escudriñando raterías en aquella inmensa tumba de Ratten Fänger. De pronto, uno de ellos se detuvo. Debajo de un montón de cadáveres sobresalía una mano semi abierta alumbrada por la luna chismosa. En su mano brillaba una Constitución carcomida y agujereada por los disparos funcionarios. El hombre se inclinó y trato de cogerla, pero la mano se cerró con mayor fuerza. Un hombre honrado hubiera tenido miedo, pero éste se echó a reír. Él, no creía en eso de “una opinión pública hablando con voz única”.
      —¡Caramba! —dijo el cuervo—. ¿Estará vivo este alcalde recontrasuperfuerte?
      —No idiota, no es el chico malo achicharrado por las Dos Torres, ese es de los chicos buenos— rumió otro de los fantasmas cercanos, quien continuó su faena de cortar dedos para sacarles los anillos y sortijas. Pequeñeces de cuervos.
Las guerras ciudadanas pueden tener bellezas tremendas, pero muestran también cosas muy feas. Una de las más sorprendentes es el rápido despojo de los muertos. Son los cuervos, que no se han dignado en la batalla, pero acuden golosos desde las barreras, tras homicidiado el toro, en reclamo por su parte alícuota en el festín; porque ellos los sacaojos experimentados; al igual que los cacos, son depredadores que hurtan al descuido. Pero a estos sepulcros blanqueados, mejor les era pelearse por los despojos, sin los riesgos políticos de la contienda abierta. Ellos, siempre han preferido las sombras.
Entonces, con las primeras albas, un cernido fino, extrañamente blanqueador, bañó el campo de batalla y con ellos limpió los cuerpos desnudos de los caídos. Porque el alba que sigue a una batalla amanece siempre para alumbrar a los que ya, definitivamente; son simples cadáveres de funcionarios secándose a pleno sol, junto a sus cómplices revocados y en lástimas, algún guerrero de los buenos. También saqueados por los pícaros que empujan y no se dan golpes. A la hora vespertina ya todos los ciudadanos habían respondido con un mensaje fuerte e inconfundible. 
      —”¡Consumatum Est!”  —exclamó un oficial clase cuarta tembloroso, superviviente, encaramado y extrañamente en cuclillas sobre un latón de basura; desesperado por la pérdida de su buró y aún más, por la de su bastón de mando y la credit card a costa de los ciudadanos.
 Así terminó la batalla. Y al renacer la esperanza en esa mañana, murciélagos, vampiros, colibríes, cuervos y el resto de las alimañas, se dieron a la desbandada. Desintegrados en polvos de cometas indeseados, por los rayos mágicos de la Fiesta de Luces.
Cossette, esa mañna, yacía alicaída y destilando melancolías sobre la cerca de piedra a la que truncaba un viejo roble. Ella miró sus vestidos desgarrados, con manchas de pólvora negra y cieno de la tierra herida; pero se sintió orgullosa por la multitud de aves funcionarias siniestradas o fallecidas por cometer seppuku y suspiró enervada, envuelta en evocaciones del Señor Magdalena.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
 lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
 
(¹)  Nota a los Hipógeos Alucinados
Cualquier semejanza, semblanza, parecido, evento, fechas, geoposición, nombres, lugar, territorio con personas naturales o jurídicas, entidades, instituciones, situaciones u otra posible conexión de esta narración imaginaria con las mismas, es pura coincidencia en su desastrosa calidad poética. Nada en la misma, es intencional o real sino puramente imaginación del Id o quizás virtual de ciencia-ficción. Ello, dado que es imposible soñar la existencia de tales perversidades, aún en el plano del mundo real de las debilidades humanas. O quizás explicable en la oblicuidad de los mundos multi dimencionales, con la “Teoría de las Cuerdas” y sus 11 planos.
 
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