En Miami-Dade, ¿hay honestidad al contar los votos?


                                   Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
“Les Contes d’Hoffmann” (Los cuentos de Hoffmann). Debut: París, febrero 10 de 1881.
Premier Acte                               Primer Acto
Prologue                                        Prólogo
En una taberna estudiantina de Nüremberg

HOFFMANN
(gracieusement)                         
(con sorna)
Et par où votre diablerie         (¿Y por medio de qué brujería
ici, est-elle entrée                         ha entrado aquí
cher oiseau de malheur?           ese pájaro de mal agüero?)

Kermesse de los jabalíes en fiestas, tras el urbanicidio
No se trata de iglesias, sino del vagar patibulario de unos pájaros condales raros, de esos que cuando vuelan ni dejan sombras en los cirros y nimbos vespertinos. Es que no siendo humanos del trade mark corriente, adquiribles en las bolsas de valores a la baja, devienen fábulas trágicas de un Boccaccio revolcado en  su Decameron de tits modernas. Unos tipos plomisos de esos que flotan sobre el downtown en medio de odores tan letales como los que antaño envolvieron a la vieja Florencia. Tiempos en que colibríes de negritud enorme, estáticos como réplicas del tsunami japonés; que sin desplazarse abanicaban el aire –todos temían las glotonerías de los funcionarios de clase cuarta, crueles y de mal agüero como, los cuervos sacaojos en los campos de Waterloo– siempre aplastando verdores contra los ciudadanos inermes, arrastrados por entre las galerías interminables de Tántalo. Enormes eran los cúmulos polvorientos a barrer desde siempre por los Elans contribuyentes, como tributo irrechazable a la avidez de los Morlocks. 
Como doloroso es el ejemplo del urbanicidio que nos arroja al rostro el condado de Ratten Fänger donde, si a cualesquiera de las dependencias insignes Usted la inca con el índice, brota el pus corrupto y sus trampas camufladas. Las mismas que hoy algunos mansos de espíritu –almas  misericordiosas y puras a toda prueba–, les ha dado por llamar o definirlas como “simples faltas de éticas”. Tal si esas bellaquerías fueran de levedad tal como soplarse la nariz en público.
Y eso no es así de gracieusement bajo cualquier lupa peregrina, mientras los jabalíes continúan en fiestas tras el urbanicidio. Porque en nuestra casa del Círculo Tequesta, el balance del alcalde recontrasuperfuerte y el grupo mayoritario de sus ediles recontraobedientes, dan la impresión de haberle “puesto la tapa al pomo” de la indolencia y orgullo despreciativo hacia los contribuyentes. Eso dice la gente que maúlla cantos premonitorios al anochecer, igual que los gatos rocks adoloridos cuando se mecen en sus cunas. 
El concepto, condensa el esplendor unánime de la apreciación ciudadana, indignada, ya harta. Si no lo creen, revuelvan las marmitas de las abuelas, levanten los calderos y miren debajo. Porque ellas por defender a sus nietos, estas damas nobles andan en deambuleos eróticos armadas con rodillos, bajo la estampa sevillana de Rosario la mujer de Popeye, rociando lo mejor de sus indignaciones a los gañanes de marras, o quien se les pare enfrente. Es un aleluya por la democracia en las elecciones.
“¡…Ahí viene el mayoral, sonando el cuero!”
El nuevo gobernador de Florida, Rick Scott –quien no pestañea según sus críticos, tal vez desconocedores de que “quien pestañea pierde”, dicen los cubanos–; marca sus pasos calibrados al compás del son “¡…ahí viene el mayoral, sonando el cuero!” ¹. Quien admite que una administración o dependencia, en medio de este maremágnum de ineptitudes (el todavía alcalde insiste en que “son oficiales expertos”, aunque no aclara si los son descuartizando reses, porque con los dineros públicos son un fracaso) no tiene necesariamente que ser susceptible a que se le incluya de facto en la charca de este obrar abominable, tan repelido como el virus de la “gripe del pollo”, por el hecho de que el resto de la estructura se caiga a pedazos. Porque, dijo un poeta zurdo, “hará falta una carga para barrer con los bribones”².

Crueles que sois —claman plañideros los funcionarios golosos—, por no entender el deleite inigualable que nos embarga. Porque al desobrar en nombre del pueblo (esa especie de “you people”), nos embarga un éxtasis catatónico, un nirvana genuino, al saludar bondades del amanecer con sombreros ajenos.

* Del desconcierto que abruma a los ciudadanos, ante los ofensores que de manera consuetudinaria les hieren con sus flechas; no extrañó que surgieran inquietudes acerca de hasta dónde alcanza la opacidad condal desvarió; dando la imagen penosa de estar articulada, diseñada y dispuesta a esquilmar a los contribuyentes, años tras años, inmisericorde, sin que nada ni nadie los ataje o detenga. Y ya, es hora de enfoguecer las bardas para que no penetren los topos orodadores.
Saber, en justeza, que el chiste actual no es atañible únicamente a esta administración bajo escrutinio. Porque tal incita la lógica y posiblemente cierto, sólo restaría sacar a flote los récords de aquellos inolvidables sueños en una noche de verano; también de éxtasis funcionarios oníricos, sucedidos en las arrebatiñas de los últimos 30 años, por todos y cada uno de los líderes que nos han gobernado junto con sus cuadrillas; tan coloridas y propias de la Fiesta Brava, o mejor, del cantejondo. Cuando, quizás, se despertarían sorpresas y temblores ya sepultados en la tranquilidad cómplice de los sepulcros blanqueados, propios del Laberinto de Pan.
Diógenes, en busca de un líder
En prodigios a cada Diógenes ciudadano, ya iracundos, le resultó infructuoso buscar con su linterna “a pleno sol”²  y también durante la noche de los tiempos; a ver si aparecía alguno de sus cientos de líderes políticos, religiosos, docentes, periodistas, artístas, escolares, deportivos, faranduleros, saltimbanquis, modistillas de boudoir, científicos o literatos. Y también personajes burlescos, calisténicos, similicupríticos, poliformalácticos, soplavuvuselas o quizás, algún que otro modesto encantador de serpientes DUI.
Porque la comunidad está hambrienta de pastores verdaderos, aquellos por los que clama desde lo más profundo del abismo espiritual; a donde estos escamoteadores de lo ajeno, egotistas fariséicos, dibujadores del Superyo que se adulan frente a los espejos de la rabia ciudadana, nunca los auxiliaron. Y es por lo que con la comparsa de esta pleyade de orobios y oromiños vizcaínos, incapaces de arriesgar la blanca palidez de sus pellejos (perdón, quise decir “la tesitura de sus tezes”), los Castro, quizás convenientemente, reinarán un milenio.
Por Dios, aunque fuera uno sólo de los que tan límpidos y planchaditos roban cámaras multitudinarias en nuestras benditas páginas sociales, bajo el manto de sus áureas mediocritas; almas transparentes del Reino Hipócrita, con sus cohortes de aduladores y pokémones índigos.
Y que el Creador, ruego, los mantenga así ungidos con los santos óleos de su gracia divina tan merecida en su otro reino de  “Por Siempre Jamás”. Es que, al final, son humanos y es su derecho. ¿No?. Y porque ellos no son culpables de la nada cotidiana revuelta patas arriba por los políticos y otras medianías como el hijo de “Pepe, el globero“. O porque, al menos fuera de las fanfarrias, nos hubiese deleitado escucharles decir a alguno, aunque fuese siquiera con una voz de contralto buffa o su equivalente sine castrati:

       –¡Aquí presente, mis adorados conciudadanos. Hacedme un hueco, que vamos a empujar juntos!.

Quizás a los aldeanos del cantón de Ratten Fänger en el reino de Oz, frustrados, sólo les restó hurgar constricciones admonitorias en las trampas nemotécnicas del “Libro de Eli“. Porque las caras que nunca existieron ni aparecieron, las ofrecieron los bayardos épicos de las medias, los “sin rostro” –porque para serlo ni habrían tenido que pelear en las Termópilas– pero dotados de una buena lengua sin pelos, de las que ya no se fabrican ni en el viejo templo de Kamá Kurá, en Cipango. Digo, los chicos y chicas de la radio y TV local, abanderados. Felicidades por la bravura de éstos, nuestros mensajeros de la verguenza ciudadana.
Unos cuentos que no son de Hoffmann
Luego, ya se conversaban interrogantes acerca de si el desastre no habría salpicado también al Departamento de Elecciones de Miami-Dade; piedra angular del entuerto a deshacer por un Quijote fantasma; cuando el aria de la “La Barcarola” condal (que no es la prístina de los “Cuentos de Hoffman“) indica que el bajel hace aguas por doquier. Pero ello no ha sucedido así, por suerte, y las elecciones siguen cuidadas con esmero por esa especie de Guardia Suiza papal; como unas damas honestas, con sus vestidos largos y su virginidad intacta; salvándose así uno de los pocos islotes restantes como remansos de la paz ciudadana, que tanto necesitamos. ¿O es que obnubilados los ofensores esperan por un 18 Brumario?. Pero ¿y por qué, si ya tienen el revocatorio con el que los ciudadanos los harán picadillo a la cubana?
En eso estalló el escándalo y un cierto número de ciudadanos dignos, aunó fuerzas y apoyaron a un adalid que se convirtió en líder (al que tantos desaforados envidian y no imitan); el Caballero de Guedejas Blancas y de lanza en ristre –al que yo nombro “Elquebrama“–, todos los cuales decidieron montar justas y lides contra los supuestos adversarios. Buena parte de esos ciudadanos que han seguido la saga del alboroto por la posible corrupción esparcida, se preguntó:

“¿Existe también la posibilidad de que la mano larga de estas fuerzas umbrosas, puedan de alguna forma influir en los resultados de los comicios electorales revocatorios en curso (o futuros de cualquier otro tipo), incoados por el pueblo en contra del alcalde condal y comisionados?”.

No existe la posibilidad, digo. Porque la mano se queda corta si lo intenta, aún en medio de las penumbras. Y como un elector sato y del montón (de a burujón puña’o), tomé la pregunta e indagué en el Departamento de Elecciones de Miami-Dade. Tras una atención esmerada, oficiales especializados (porque como los de Fuenteovejuna, una voz malva habló por todos a la una) y me ofreció detalles pormenorizados de las leyes, procedimientos y protocolos que regulan todo el proceso electoral, del cual yo poseía algunas informaciones extraoficiales. Ambas, coincidieron felices.
También aspectos vinculados a las actividades específicas de los funcionarios que procesan y revisan lo arrojado por las urnas. Se trata de un team de expertos electorales y judiciales acreditados –que por su categoría y responsabilidades acusan una moral a toda prueba–; los cuales son quienes certifican la validez de los resultados electivos, ofrecidos como expresión de la “voluntad pública”. Allí, no hay espacio para quien pretenda moverse por la tangencial. Luego, en respuesta a la pregunta, puedo de manera muy personal; expresar y señalar en síntesis, mis impresiones omniscientes (dirán con razón) de acuerdo al punto de vista siguiente:

Toda la estructura administrativa, procedimientos y protocolos actuales establecidos y vigentes; en aras de lograr la diafanidad de los procesos electorales –gobernados todos por el Departamento de Elecciones de Miami-Dade–; garantizan por la dinámica programada de su diseño intrínseco, la invulnerabilidad del sistema a disturbios de vectores aleatórios. Por lo tanto, no hay razón para albergar temores ante intentos de ingerencia supuesta, sea la misma de carácter endógeno o exógeno, e independientemente de su virtualidad o tangibilidad real

En español simple: no hay posibilidades ni rendijas para las “manos peludas” de las aves funcionarias. Los detalles, están a disposición a cualquier ciudadano en dicho departamento. Con ello, se valida la importancia de los denominados “récords públicos”. Luego, sólo nos resta salir a votar o enviar nuestra boleta ausente. *
© Lionel Lejardi. Marzo, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   Expresión cubana atribuida a los partidarios del presidente cubano Gral. Mario García-Menocal Deop (1913-1921), cuando se referían a la forma peculiar de proyectarse políticamente; este viejo soldado mambí, durante sus campañas electorales.
(2) El verso (acondicionado) fue tomado “prestado” del original que dice: “Hace falta una carga para matar bribones…”. Se trata del poema largo, del escritor y poeta Rubén Martínez Villena titulado: “Mensaje lírico civil” (1923)
(3)   Alain Delon. Su consagración, “Plein soleil” (A pleno sol), 1960. Un film de René Clément.

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