Estados Unidos vs un libro llamado “Ulysses”


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba

Estados Unidos vs un libro llamado “Ulysses”

Un “ULYSSES” entre frou frou y lencerías literarias
Para entonces, la corte había fallado sobre un libro de James Joyce. Aunque bastante desilusionados con los tiempos en que vivieron, Leopold Bloom y Stephen Dedalus se enterarían años más tarde del significado explosivo de todo aquello que hicieron un cierto día en Dublin (bordeando sorpresas del Doomsday¹), cuando sorpresivamente dejaron fluir desde sus conciencias largos monólogos interiores. Ambos, no podían estar al tanto de que en ese otro de los tantos días aciagos, estarían bajo la mirilla fiscalizadora de los aduaneros norteamericanos. Ello sucedió en ocasión de la entrada a los EE.UU de un libro relacionado con la saga de ese día.
Los oficiales de Aduanas actuaron entonces en base de la McKinley Tariff Act (1890), por cuya Acta se facultaba al Bureau de Aduanas de EE.UU –y sustentado en una percha colgada al cuerpo del espíritu original de la ley–, a que sus oficiales confiscaran cualquier libro importado considerado obsceno. En 1930 el asunto explotó públicamente en las Cortes Federales, de donde los cuños de “libelo” u “obsceno” sólo podían ser aplicados bajo la Sección 305 del Título 19 del Código. Estas son facultades legales típicas que en los estados modernos molestan a algunos, sin embargo, constituyen dispositivos de protección de la sociedad y los valores éticos y morales del ciudadano común.
Hablamos acerca de esa especie de bicho vivíparo y altamente maleable, que en la abrumadora mayoría de los casos no discierne diferencias entre las disquisiciones de Proudhon, las veleidades de Proust o las erudiciones de Mirándola; por no decir de la paranoia homicida de un Hitler o las reflexiones y onirismos letales de un Castro anti cultural y sus émulos obtusos del Eje Apocalypto.
Sin embargo en las democracias de buen andar y a los fines de mejorar la salud de las disciplinas expresivas que atañen a todos los componentes de la sociedad, tales fueros democráticos (una fiesta de privilegios, verdadera) se ejercen al mínimo o simplemente no existe; en salvaguarda de la esencia de los altos principios de la ciudadanía. Por el contrario, liberales, comunistas, anarquistas (libertarios), terroristas intelectuales de nuestro patio; en especial; los homínidos embrutecidos con su fanatismo alocado de pasarelas filosóficas, despotrican a fin de enaltecer el culto a la personalidad del líder.
Por el catecismo zurdo, se auto complacen auxiliados de confusiones propias; empeñados en entender la esencia de la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU, aparentando interesarse por la libertad de expresión tal si fueran eunucos ridículos encargados del orden reinante en el serrallo de su intelectualidad naufragada. En realidad su interés único yace en cómo molestar a la sociedad norteamericana en su conjunto en beneficio de los enemigos internos y externos. Es por ello que la Acta de 1890, pulida por Dingley en 1897, marcó puntos de confrontación del gobierno con la intelectualidad anti purista y pre liberal boyante en la sociedad norteamericana de entonces. Bloom y Dedalus se sorprenderían más adelante con la ventolera provocada por las remembranzas de aquel día.
Coito entre escarabajos y mariposas zurdas de vuelo popular
Ayer y hoy, en el lado opuesto al de las democracias; se imbrican escarajos ansiosos de coitar mariposas zurdas del batilongo, como las palomas picassianas de vuelo popular. Sistemas totalitarios del INDEX sinistrorso, por donde deambulan mochilas al hombro, marxistas, fascistas, izquierdistas, fundamentalistas islámicos y los de otros costales del tentetieso. Donde la censura brota y es llevada a cabo tal si fuera un oficio excitante y no menos libidinoso. Un ejercicio de entes lúbricos atormentados entre las sombras, con la participación de mediocridades sensuales del partido político, plutocracia o secta religiosa que detente el absolutismo en ese momento.
Tales medianías burocráticas alardean de practicar esta cirugía pateta de cómo le conviene a sus colmillos tiránicos y a lo burdo de la tarea de opresión sobre los individuos, que en su esencia de mayor repugnancia, es aplicada empleando serruchos en lugar de escalpelos.
En dichos sistemas totalitarios liderados por un déspota o por una entelequia teocrática de las más aburridas y grotescas como son las musulmanas, sin importar la etnia, el pastel es ofrecido falsamente envuelto en perfecciones diabólicas de un cuerpo y un espíritu, humanos. Los individuos son lacerados cuando se les aplica la censura oficial, la cual es para los torturadores un filtro osmótico amoral sub ideologizado y desinfectador policíaco. Este último tornillo de los tiranos es de instalación obligada entre los centros generadores de ideas y el cerebro inerme del ciudadano común. Dedalus, nunca entendió el intríngulis.
Bajo estos regímenes la censura es coquetonamente partidista y sectaria, supeditadas en cuerpo y alma a la voluntad del líder. En su plano genético paralelo, la lengua se tuerce y abdica solemnidades, cada día y por siempre y la acción represiva brota en unos casos del éxtasis coital (sublimado) entre escarabajos kafkianos de vuelo popular y mariposas exóticas fellow-travellers.
Mientras que en otros, la torcedura del Id venal y el Superyo pinial, deviene envuelta en la más letal de las supersticiones. Y se torna un avatar que vibra entre el tipo que ulula enloquecido en el alminar del censor público y la yegua alada que le revolotea erotismos paradisíacos aferrándolo más a sus ilusiones adictivas para dañar lo mejor de la intelectualidad nacional. Bloom y Dedalus navegaban en una nave de excitante lujuria, ajenos a oficiales de aduanas y las circuncisiones estelares de un Toulouse-Lautrec en el “Moulin Rouge”ascanciando Pinot.
¿Qué es obsceno? –inquirió el magistrado J. Woolsey
En la disyuntiva de los términos latos inherentes a la censura apoligética de los obsceno, basta que el ciudadano alcance el punto excelso de la oclusión psíquica, o sea, que se sienta azocado por el terror clásico de su propia flagelación a causa de su auto censura, para que las cúpulas se regodeen gozosas y seguras en medio del rebaño, obediente y silencioso. Tales son los casos de Cuba, China e Irán, una tripleta perfecta de saurios políticos que rondan tercamente la quinta edad de la destornillada era comunista-musulmana.
En forma directa, es el ciudadano quien se reprime a sí mismo, en auto flagelación sin atender a cualquier vicio de dicción o arrepentimiento ante el entorno del estado policíaco o curia islámica y fundamentalista que le rodee. Recordar los “Versos satánicos” de Ahmed Salman Rushdie.
Luego, el concepto varía en cada sociedad aunque su definición siempre ha reñido con la época y clases dominantes. Es entonces que los magistrados debieron replantearse ¿qué es obsceno?, como expresión de una forma artística contraria a lo que acontece con el resto de los elementos exaltadores de valores éticos tales como: decencia, moral, euritmia, civismo y lealtad. Es el rubor del comedimiento. El meollo para solventar la cuestión de lo que se puede interpretar como obsceno, fue reeditado entonces en la Corte Suprema de EE.UU, cuando surgió la controversia a causa del mencionado libro “inmigrante”; que daba patadas en las canillas de los aduaneros para que lo dejaran entrar indocumentado nada menos que al paraíso terrenal americano de la expresión libre. Dicha Corte, había dictado cuerdamente: “Obsceno es aquello tendente a provocar impulsos sexuales o inducir a una sexualidad impura y de pensamientos lujuriosos“.
Luego, el tratamiento de lo obsceno es atemperado a las realidades ético-morales in situ, no como proclamación pública. Pero resulta equivocado sostener que éstas naturalidades son valores exclusivos de Occidente, ya que tal modo de pensar conduciría a mistificaciones peligrosas. Por otra parte vemos los casos de absolutismos aberrantes observados en sociedades selváticas o de cafres mentales; donde es oficial la poligamia, maltrato y ablación de la mujer (el salvajismo de las mutilaciones sexuales), por no decir más allá de las infamias mortales.
En esencia, son las mismas entelequias demagógicas que hipócritamente sólo dejan mostrar los ojos a sus mujeres, relegándolas mentalmente a la miserable vida burka. Sería ingenuo suponer que estas calamidades no se extiendan al resto de las actividades de sus ciudadanos maltrechos, como es el abanico de las bellas artes. Tales iniquidades resultan inmorales y obscenas, bajo la sensibilidad de la exquisita moral ciudadana en las democracias occidentales y las doctrina judeo-cristianas. Por lo que debemos estar atentos, como el ojo negro del canario.
¿Qué dijo J. Woolsey?
En esas otras sociedades totalitarias, tales desmanes están pretextados en dogmas políticos, tribales, étnicos, religiosos o todos juntos. Estos tipos de oligarquías ensoberbecidas e inmersas en sus impunidades, tremolan su propio mal concepto de la moral y decencia al determinar el diapasón monoaural sin derecho a réplica, dentro del cual han de moverse las virtudes y defectos de sus ciudadanos. Por eso fue importante para los EE.UU, discernir gradaciones en aplicar el sello de “obsceno” respecto a la publicación de marras (Ulysses); ya que se hubiera confundido o arruinado la preservación del patrimonio ético-moral de la sociedad occidental (ver los anales de: “The EE.UU versus a book….”) de implantarse ominosas censuras literarias aunque fueran sin intenciones dolosas.
Sucedió que la moción no pleiteaba contra un libro del trópico sensual y tibio sino, sorprendentemente, contra una obra arribada desde la fría Irlanda.
Cuando la cuestión fue puesta en manos del magistrado J. Woolsey, la cosa tomó su nivel, ya que desde 1929 el Senador Cutting había desentrañado parte del acertijo. A Woolsey le recayó la tarea de opinar acerca de la obscenidad sospechada por los oficiales de aduana, con respecto a esta publicación extranjera que se pretendía ingresar en los EE.UU. Woolsey no entendió otra forma más justa de opinar, que leerse la obra de cabo a rabo y tomar criterios de otras personas, ajenas entre sí.
El fallo final, de unas 1800 palabras, señaló la obra como “…un tour de force sorprendente, en un intento sincero y serio de desarrollar métodos nuevos para observar y describir el comportamiento humano. No es apreciable que haya sido un intento pornográfico. La posibilidad de que dicho libro despierte tales sensaciones en una persona de instinto sexual promedio” (los franceses le denominan l’hommemoyen sensuel), es remota. Después que hice largas reflexiones” concluyo Woolsey–, “…considero que la obra en ciertos aspectos es emética para los lectores, pero de ningún modo afrodisíaca. El libro, por lo tanto, puede ser admitido en los Estados Unidos de Norteamérica”.
Dicho fallo devino lección trascendental que marcó época para todos los estamentos de la sociedad norteamericana. Woolsey, dejó establecida la diferencia entre lo decente y lo obsceno, sospechado infundadamente por los puntillosos, pero alertas, aduaneros.
La moción
En esencia, el choque de los puntos de vista entre ambas corrientes, hizo que la moción apuntaba al caso: UNITED STATES vs. ONE BOOK CALLED “ULYSSES” (Estados Unidos vs un libro llamado “Ulysses“) de 5 Fedd. 182, 1933 Nuestro autor era un irlandés nombrado James Augustus Aloysius Joyce (1882–1941). Tras el fallo de Woolsey acerca del “ULYSSES“, y ya liberada la obra de sombras, la misma fue acogida en los EE.UU con todos los honores del beneplácito sajón.
Este clásico y sus personajes, de manera permanente, son objetos de discusión a través de los años, por parte de sus admiradores en Talleres y Círculos Literarios. Es el por qué estas actividades se acostumbran realizar durante todo el mes de junio –tal ocurrió en junio del 2004–, a causa del centenario del Doomsday de marras. Sucede que también, medio que cunde el pánico en la efeméride, puesto que Joyce nació en febrero de 1882 y murió en enero de 1941, todo un enigma que al parecer, todavía nadie ha podido descifrar.
© Lionel Lejardi. Febrero, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(¹) En algunas inscripciones calendáricas en el sistema de cuenta larga, encontradas en antiguas ciudades mayas como las correspondientes a los mencionados monumentos de Quiriguá y Cobá, la fecha de la conclusión de la presente era cosmogónica —siempre desde el punto de vista de las religiones mesoamericanas— correspondería al último día del baktún (como en el calendario gregoriano, décadas, lustros, siglos, etc. los mayas consideraban el kaktún como una serie de 20 años) que en los maya es decimotercero, es decir, a la fecha 12.19.19.17.19 (21 de diciembre de 2012) (wik).

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