Intercambios académicos de autonomías por heteronomías


                           Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba.
¿Abominación mútua?
Los castristas nos aborrecen, pero sucede que nosotros los estadounidenses no los abominamos por igual, tal como se merecen. Ello, no es por indiferencia, candidez o falta de agresividad; ni siquiera por conmiseración; sino gracias a unos tipos estrafalarios desprendidos en racimos de la pantalla grande; enfundados en las sandalias inevitables; que tienen confundido su amor por el dinero, con el odio que profesan al gerōn pueril que les diluye sus boberías sesentonas, además de contaminantes.
Tal es y se comporta la troupeau salvaje (Caan, Duval, Murray, Penn, Glover y otros saltimbanquis de la acera zurda) representa un chiste de mal gusto para nuestra imagen norteamericana exterior, como cualesquiera de otras escenas montadas para ilustrar un juego ficticio entre adversarios reales. Con la edad, a veces, nos volvemos payasos.
Es la piedra filosofal que argumenta los esfuerzos tendentes a reanudar los intercambios académicos y otros; como la elaboración y venta de durofríos paleozoicos, repartidos en papel cartucho. Los estrategas münichistas que nos gastamos por acá, operan bajo el estigma de un modus fasciendi obvio en los totalitarismos y satrapías, tanto los viejos como los contemporáneos.
No se pretende envolver el asunto con el manto piadoso de la senectud temprana de estos personajes, puesto que tales arquetipos no diferencian con exactitud qué es derecha o izquierda en términos políticos o morales; valga que sí están enterados de aquello que les muestra distintos ante el público disforme del popcorn y las sodas obligadas en las salas cinematográficas.
De paso, ellos andan también en contra de aquello que la izquierda cantarina denomina el “bloqueo” a Cuba, que de inicio es embargo y no a los cubanos, sino a los hermanos Castro y sus secuaces. Esa tropa de mansos aparentes, disponen de distintos cuarteles generales, como es una madriguera, universidad o estudio fílmico a manera de morada; como el Laberinto de Pan, da igual el cuchitril.
Luego en nuestro caso, los participantes modelan piezas a integrarse dentro del paradigma general holográfico desdibujado por la Dirección de Inteligencia (DI) cubana. Es cierto también que allá abajo en La Habana –a 90 millas1, en 10 flat– se cambian globos por botellas. Porque tal es la esencia de los denominados “intercambios” académicos, por supuesto donde no se intercambia nada y que algunos insisten en patrocinarlos a veces por su propia cuenta (que siempre al final, es la del régimen), tal si fueran estrategias oficiales de nuestro gobierno.
Por ahí respira, aunque transpira mejor, el ala liberal de los intelectuales hollywoodenses trasnochados errando por la callejuela de “Conde Cañongo” en La Habana o el Ibo trasparente de Rodesia. Unos bichos semi raros odiadores de sus canas, que jamás han vivido bajo totalitarismos, salvo en las trancazones de sus cerebros zafios o las calideces simples, desvertebradas, en salones universitarios o de té verde.
Aquello de los globos y las botellas no es un chascarrillo, dado que en la realidad se trata de un bluff  extravagante que pace lánguido esperando el llamado del “Cazaratas de Hamelin”; el norteño clásico del jean y las botas vaqueras, sorprendentemente de una letalidad maravillosa, en cuanto se ponen bravos. Por su falta de contenido, esos tête-â-tête devienen citas para una especie de conciliábulos sixtinos repletos de sonrisas falsas, en realidad, muecas recicladas al estilo orwelliano como en la obra “1984.
Una llamada más propia de la apasionada Indian Love Call2 (Llamada de amor india), sin dejar de ser el brebaje eterno de belladona, mandrágora y beleño negro del cambia copas en la zarzuela bufa “Espérame en el suelo, vida mía“, obra maestra de los hermanos Castro.
Nos advierten que los zurdos habaneros, manipulan unos trapiches intelectuales que nunca surten guarapo, idéntico al que tampoco fluye de los intercambios académicos y faranduleros entre EE.UU y Cuba.
Debemos admitir que son banalidades entre otros biribirloques, propios de camerinos del Soho londinense. Se trata de los viejos funerales exhumados desde los 70 para reactivar puentes figurativos de una vía entre universidades y otras entidades menos elitistas, a veces cuevas del viejo barrio, claro, sin retornos del “menos allá para el más acá”.
Convienen tales somníferos en maniobras fracasadas antaño, devenidas hogaño fábulas de vacuidad desoladora. Las mismas que en los entes zurdos de la orilla sur (Cuba) generan expectativas alucinantes, ansiosos por dañar o escupir de alguna forma, a las entidades derechas de la rivera norte exitosa (EE.UU).
No hay intereses comunes o enyuntados posibles entre ambos polos, por simple disparidad ideológica; dado que en la orilla sur la volitúd autónoma de los individuos e instituciones, no existe ni en su forma más elemental.
De autonomías y heteronomías
La banda estrecha sin amplitudes de la nomenklatura manileña, fue arrojada en la charca donde pastan unos iguales que son más iguales que el resto de los otros secuestrados, y la cual es tildada como intelligenza habanera. Pero sucede que en el mundo real, tal banda sin amplitudes se encuentra supeditada a una omerta custodiada amorosamente por el ojo policíaco del Partido Comunista de Cuba (PCC).
Algunos hacen malabares y trucos mentales, imaginando ser la “oposición de izquierda”3 dentro de la  lobada zurda, a manera de ejercicio esotérico ejercido en público a la espera de que arriben los tiempos de cambios anunciados como las “Navidades del Chivo”. Mientras, en la rivera norte, la rampa que modela la voluntad es multivías y además,  es de autonomía absoluta y potestativa de todos y cada uno de los estamentos integrantes del mundo universitario. 
Pero da estupor el desconcierto de algunos cadres supérieure de nuestro patio en no entender la disimilitud, ya como categoría jerárquica pura, entre “autonomía” y “heteronomía“. Ello, sin abordar siquiera su esencia basada los altos principios éticos y morales y por su razón prima de ser, eminentemente los académicos. Luego, nos desconcierta que  estos cadres obnubilados por nadie sabe cuál melodía exótica, insistan en comprar y vender una y otra vez el mismo sofá del engaño. 
En la orilla sur pululan universidades heteronómadas donde se arman trampas papamoscas insalvables para nuestros académicos, unos pobres diablos inexpertos en escamotear huesos chatos en las tumbas izquierdista. Unos tipos en desvelo eterno porque sus allegados les enaltezcan como raros-distintos, no fogueados. Peor, sin hábitos ni experiencias en lidiar con profesionales de la intriga, pura gente de inteligencia, a la cual estos últimos braman por armarles la trampa del denominado “intercambio”.
El término “heteronomía”, recordar, lo acuñó Immanuel Kant quien definió que “en ella, la voluntad no está en función de los deseos del ser, sino en la voluntad de otros“. En ello consiste el meollo atípico entre ambas categorías, lo que al parecer es ininteligible para una buena cantidad de lobotómicos hobbyist inmersos en el no saber por voluntad propia, de nuestros ejemplares cultos. Como si a veces poseyeran un vandemécum gramatical sui generis, el cual les impide entender que en los EE.UU las universidades disponen de autonomía plena, mientras que en Cuba prevalece la heteronomía; o sea; la voluntad de otros, absoluta y dogmatizada por el PCC.
Allí es donde la autonomía es un animal de paladar raro incompatible con el pasto  totalitario y que ellos, por mandato divino y en calidad de templarios de la Orden de la Calavera original; están destinados a susurrarle a los comunistas incorregibles el Memento Mori (“Recuerda que morirás”), tal si esa fauna enajenada les hiciera caso. Sucede que los castristas, no se consideran pertenecer al subgrupo de los tristes mortales, la claque del lumpen proletariat a la cual ellos espolean y desnutren espiritualmente.
La autonomía universitaria no germina en Cuba, si no nos atenemos a cómo la definió el eslovaco Ján Amos Komenský; es decir, como una hermosa disciplina indispensable al buen ejercicio de la docencia y que además, debe ser validera en todas las culturas serias. Entonces, es inevitable admitir que en la Isla de Cuba prevalece la voluntad del régimen. Peor, sus hilos yacen en manos del Dr. Fidel Castro Rúz.
Todestrieb” (Pulsión de Muerte)
La ilusión de sumergir la intelectualidad isleña en una falsa catarsis alucinante, es inducirla a ser afín con el espejismo del tesoro freudiano ennegrecido que describe un mundo abismal, controlado por la  “Todestrieb” (Pulsión de Muerte). Este desorden de la inteligencia conlleva una inercia proclive al retorno desesperanzador de nuestros académicos enervados y a ojos cubiertos, hacia el coito mental con el Macho Alfa opresor comunista, en lo cual insisten. En esencia, se muestra como otra variedad abrumadora del síndrome de Stokolm, desparramado por los taludes de mi barrio, Pogolotti.
La rivera norte anda repleta de universidades autónomas, a veces de una ingenuidad turbadora. Son templos donde una variedad de candidatos variopintos, asilados per se en rinconeras intelectuales, aguardan con sus corazones derretidos en éxtasis sublimal, aferrados a sus mochilas, siempre prestas para el sprinting.
Son bolsas de “llévalotodo” de un modelo de excepcionalidad conspicua, diseñado para les sirva de paracaídas ético –si experimentan la sensación de gritar ¡Midway, Midway!, en la caída, para salvar su moralidad virtual, amenazada– cuando hagan en el primer ring-go en 10 flat, las 90 millas ansiadas hasta alcanzar “Manila”. Porque el detonante de la aflicción, es el ser pionero en saltar dentro de las armadijas seductoras, irremediablemente atractivas para estos snobistas pueriles, renuentes a madurar.
O quizás son, por el contrario, alguna especie de condottieris simplones, quienes con sus sandalias playeras encubren otras personalidades de temblores raros; como prognosis aleatorias guardadas en el closet de las insanías recurrentes; à la dernière,  tal es lo usual en nuestra Norteamérica Grande.
La penetración castrista hizo metástasis en todos los niveles del sistema educacional de los EE.UU. Sus fines, roerlo minuciosamente. Es para aprovechar la cercanía del centro emisor enemigo y enlace con  la magnitud y calidad4 de sus topos esparcidos en el área a quebrar. Los espías capturados en la Florida International University (FIU) indican la incompetencia y frivolidad, lamentables ambas, de los cancerberos encargados de salvaguardar el prestigio de tan alto centro de estudios, hoy vapuleado hasta lo indecible.
Sucede o tal parece, que estos gestores de la docencia; en el decir del muši-muši refranero japonés; se esfuerzan como paladines del figura’o en las crónicas sociales, a quienes nada les importa más que el brillo de los espaldarazos mutuos entre la grey gobernadora de la institución y la pléyade de mecenas dadivosos, donde estamos comprendidos a la fuerza, desde un recoveco oscuro y deslustrado; quienes somos contribuyentes de mala muerte sin voz , y tampoco sin voto.
Estos notables dan la talla, como otros muchos de nuestras comunidades políticas y educacionales, para integrar la élite savoureux que parece haber descubierto la ley antigravitatoria (lo cual les aseguraría un Nobel de Física), puesto que la maroma ficticia de caer, y nos sorprende, la ejecutan limpiamente y sin tapujos, hacia arriba. Algo similar sucede en los intercambios docentes, literarios, teatrales y de otras artes, con los lotarios de San Francisco o Manhattanville, o cualquier charco de cardúmenes frívolos de Westchester o Coral Gables.
Esta movida acechante de realambrar los intercambios académicos envía el mensaje equivocado a Manila, ya inmersa permanente y envalentonada en sus actividades anti norteamericanas. Saber que no existen paralelos ni imbricaciones académicas fiables cuando el derecho a la esperanza volitiva, sólo funciona en una de las riveras, la nuestra. El Dr. Fidel Castro se retuerce al vetar que la intelligenza cubana, aunque artificial, aplastada y aterrada logre pensar por sí misma. Quizás un buen día, esta acabe por levantarse iracunda y le de candela al sofá de las infidelidades mañosas, como los tales intercambios.
© Lionel Lejardi. Noviembre, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1)   En realidad, la distancia correcta es 94 millas entre el punto más al sur de la Florida y el más al norte de Cuba. La distancia de “90 millas” es una frase empleada el Presidente John F. Kennedy (aunque admitida) en un discurso pronunciado un mes después de iniciada la Crisis de los Cohetes, el cual siguió utilizando en sus ataques contra el castro-comunismo. 
(2)   De “Rose Marie“, una opereta musical (1924)  y un film  (1936) del Nelson Eddy y Janette MacDonald.
(3)   La oposición de izquierda fue una extraña facción informal dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética que sobrevivió entre 1923 y 1927, encabezada de facto por León Trotsky. Esa facción fue exterminada. Trotsky se exilió en un periplo que le condujo a México, donde tras un primer intento de asesinato, fue finalmente ultimado en la capital por Ramón Mercader  un agente activo (NKVD) de Stalin, quien le clavó en el cráneo una piolet. Apresado y convicto, Mercader (aka “Frank Jackson”, “Jaques Mornard”,  etc.), tras ser liberado, viajó a Rusia donde fue condecorado como “héroe de la URSS”, la más alta condecoración. Desilusionado con el desmonte parcial de la represion stalinista, fue a parar a Cuba, donde murió.  
(4)   Entender que toda actividad académica es parte del universo vigilado dentro del paradigma holográfico de la Dirección de Inteligencia (DI) de Cuba. Los académicos (designados) son entrenados en actividades de inteligencia y contra inteligencia, casi separados de sus “posibles” gestiones académicas profesionales.

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