..Génesis miamense: Miami sí, “Maama” no II/III.


..Génesis miamense: Miami sí, “Maama” no

  II/III.

Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Cada 28 de julio la ciudad de Miami cumple años desde su fundación a finales del siglo XIX. Oficialmente, se declaró su incorporación oficial como ciudad al condado de Dade, el 28 de diciembre de 1896. También cada año la ciudad se viste de galas, por haber logrado situarse entre las ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica, más populares y conocidas nacional e internacionalmente. Así, la ciudad cumplió su primer centenario en el pasado 1998. A pesar del erial que era la zonal del Miami actual, en especial las tierras situadas en las inmediaciones de ambos bancos de la boca del río; no fue hasta alrededor de 1836 fue cuando la urbe futura mostró algún vestigio de ser un asentamiento oficial a causa del fuerte que el gobierno federal plantó en esa zona. Se trataba de una construcción discreta de piedra y madera, erigido en las tierras de la plantación de la que fue la plantación de Richard Fitzpatrick el cual hizo de posta de correos y acantonamiento de un número reducido de tropas. La decisión del gobierno central de los Estados Unidos, se debió a la inminente II Guerra Seminole en ciernes, avizorada tras la emboscada y posterior “Masacre de Dade”, tendida por los indios seminoles en Withlacoochee a la columna del Brevet Major Francis Langhorne Dade, donde casi todos los hombres del contingente militar, fueron exterminados.
El puesto militar, que siempre se mantuvo en manos del ejército de la Unión durante la Guerra Civil, surgió  ante el asombro y después agradecimiento de los exiguos moradores del sitio, temerosos de las partidas de indios que les merodeaban. La villa evolucionó en los decenios siguientes, ganando en prosperidad a manos de sus pioneros, hasta que a mediados del último decenio del siglo XVIX, en que se precipitaron un cierto número de acontecimientos históricos, que modificaron sustancialmente la influencia de los EE.UU en el mapa mundial. Estos hechos, curiosamente, estaban vinculados con la cercana Isla de Cuba a la sazón una colonia en manos de la Corona Española. En el momento de la incorporación, esta se realizó inscribiéndola ciudad con el nombre de “Ciudad de Miami”
Por entonces, la isla de Cuba era una colonia de las tantas –aunque la más rica– propiedad de España. Los “colonizadores” de Miami, ciudadanos notables, dejaron huellas imborrables en el devenir de la ciudad tan populosa que es hoy. Recién había finalizado la Guerra Hispano-Cubana–Americana y con la victoria arrolladora de EE.UU sobre la metrópolis europea, se iniciaron los preludios de la independencia total de Cuba, cuya estructuración institucional corrió a la par con el período de intervención militar de los EE.UU en Cuba.
Antes veríamos, que cuando en 1875 se hablaba sobre el sur de la Florida, la mención obligada era Key West con sus 8000 habitantes, la ciudad situada  más al sur del territorio continental de EE.UU. En esta zona, sólo apuntaban vagas alusiones a los asentamientos dispersos en la boca del río Miami y a lo largo de Biscayne Bay y los que después serían las radas de Brickell, Bayshore, Barnacle y otros pioneros de asentamientos turísticos a lo largo de la costa este de la península. Claro, pensando de soslayo en la zona media de la costa oeste de la península; la fabulosa Tampa, la cual ya apuntaba como la más despampanante (única) y fina ciudad del golfo. En realidad, Tampa resultó un verdadero suceso en la vacuidad de aquella zona esplendida.
Mientras, en la boca del río Miami; pastaban grupos pioneros que vivían de la pesca, agricultura, explotación de maderas y fibras. Como siempre, lo que contaba entonces era el ansiado cash, un recurso obtenido localmente por la fabricación de almidón, la pesca, caza y ganadería menor, incluyendo la venta de carne salada y ahumada y el procesamiento de fibras. Estas últimas provenían de las palmeras sagú y burí las cuales, además, brindaban productos como el almidón, cuya bondad mantenía estirados los miriñaques de las damas “cayohueseras” y parte de la costa noreste de la ciudad. Mientras que las fibras, por su delicadeza, eran aptas para confeccionar sombreros, esteras y tapetes finos.
Uno de estos grupos giraba alrededor del antiguo asentamiento de Fort Dallas, que inicialmente fue una especie de staffeta militar (correos). El gobierno federal construyó un par de centenares de fuertes en la Florida, a los fines de mantener el orden en el estado, que lo fue así desde 1821 y cuyo primer gobernador fue el Gral. Andrew Jackson. Los disturbios estatales de rebeliones más serias lo constituyeron los sucesos desarrollados en ocasión de las denominadas “I y II Guerras Seminoles” (1818-1838). La primera arrancó en épocas de Jackson,  mientras que la segunda se inició en 1835. Fort Dallas, apareció en los mapas circa 1840 con el nombre de “Villa Miami”, designada así por William H. English. Este “fuerte”, que nunca estuvo fortificado, recibió tal nombre en honor de comodoro Alexander James Dallas, quien estuvo al mando de la flota de las West Indies Squadron en contra de los piratas ¹.
English, fue un notable de la zona el cual adquirió la propiedad de su abuelo Richard Fitzpatrick, quien a su vez había pagado $400 a James Egan por la misma, hasta que la propiedad entró en explotación con 60 esclavos. En 1886 una juncal y pudiente dama de la sociedad de Cleveland, quedó desolada por el fallecimiento de su amado esposo. Un hecho banal, si no fuera porque la energía de la tal viuda tendría más adelante repercusiones insospechadas sobre los destinos de la futura ciudad de Miami y, de ramalazo, sobre toda la Florida.
Los predios de la villa, aquellos 640 acres originales, son los mismos donde hoy radica el Downtown de Miami. Finalmente los acres (y una mula) pasaron a manos de la flamante viuda Julia De Forrest (née Sturtevant) Tuttle, la “mommy de Miami”. En esos trajines incorporativos apareció el tren de Henry M. Flagler, pero esa es otra historia deliciosa. Ella adquirió la propiedad en 1891 por $2000 de manos del realtor J.W. Ewan, quien fue conocido también con el sobrenombre de “El Duque de Dade“. Ewan le había machacado a Julia que el vocablo en dialecto tequesta para nombrar al lugar, se pronunciaba “Maama“, pero a ella le agradó más el de English: “Miami“, un supuesto no vinculado a varias regiones indias de igual nombre en los EE.UU por ejemplo, la localidad del mismo nombre en Ohio. Algunas otras voces apuntaron utilizar “Mayaimi” o “Mayaime“, cuyas traducciones todas, son “agua dulce“.
Aunque los tequestas fueron registrados por los españoles como los genuinos habitantes de la boca del río (no esta claro si fueron los primeros, otras etnias indocumentadas se infiltraron por la zona del Panhandle, saltando de islas en islas caribeña desde Mesoamérica o bordeando la costa del golfo de México, desde tierras de los imperios aztecas o mayas. Otras versiones disponen de evidencias antropológicas que arribaron mucho  antes a través del estrecho de Bearing durante la edad de los hielos. Los tequestas se vieron diezmando, a causa de enfermedades y guerras en las que se involucraron desde inicios del siglo XIX. El “salpafuera” que se formó con la Guerra Creek de 1813-14, fue definitivo para el arribo hacia el sur de otras tribus más guerreras; pero que ahora, aparentemente, llegaban mansas y en calidad de simples refugiados de guerra. Ello se debió, en parte, a que dicha mansedumbre fue resultado del cese de hostilidades entre EE.UU e Inglaterra, a tenor del conflicto (1812) entre ambas naciones.
Desde finales de 1600 y durante todo el siglo XVIII, ya existía una “Confederación Creek” constituida por tribus de South Caroline, Georgia y Alabama. La presión de los colonos blancos, hizo que una rama de esta confederación; soberbia y de una altivez rayando en la temeridad; los okonees, hicieran las maletas y se colaran por el Panhandle, con toda lógica, con rumbo sur. Otros confederados, los enrojecidos muskogees, no la pensaron dos veces para motear a los fugitivos (exiliados) con un apodo despectivo a quienes “abandonaron la fabulosa Confederación Creek y decidieron vivir por su cuenta en el extranjero”. Saber: cualquier similitud de esta tragedia y el drama cubano, es pura coincidencia.
El equivalente inglés del mote es wild o runaway (“cimarrón”), en lengua muskogee es: sim-in-oli, y es quizás el posible origen del vocablo “seminole“.
Mientras que los okonees no entendían ni papa de muskogee, ya que su lengua era el hitchiti. Los apacibles tequestas no se recuperaron del susto al ver deambulando por el barrio al primer seminole, porque éstos recién llegados siempre andaban de mal humor y enredados en pleitos, ensoberbecidos por la perdida de sus territorios. Chechoter (Morning Dew o Rocío Mañanero) no les temía, quizás por ser (circa 1830) quien se convirtió en la esposa del valiente cacique Osceola.
Como que hasta los indios sabían dónde estaba lo bueno, no extrañó que después el Miami de finales del siglo XIX, fuera imán para los naturales de todos los orígenes y nacionalidades pululantes por la Unión y las tierras (islas) del extranjero cercano. Esta notoriedad era observable en la composición de su población. No nos referimos a la de ahora, sino a la censada en 1900 pocos años después de la fundación de Miami como ciudad incorporada. Este evento constituyó también un inenarrable acontecimiento de colorido esplendoroso. Entonces no existían el “english only” ni “no trespassing“, por lo que la invasión de “outsiders” (como Ud. y yo, a quienes nadie nos invitó a venir a los EE.UU y nos metimos de “a porque si, para después hacerle reclamos al gobierno) resultó incontenible ¿…?.
Ephraim T. De Sturtevant, padre de Julia y William B. Brickell (ambos de Cleveland), Isidor Cohen (ruso); John Collins (New Jersey), John Seybolt y J.D. Dorn (Alemania) dan fe y constituyeron entre otros, la diversa procedencia de los notables. Según el censo de 1900, a Miami habían entrado 1950 personas; 1348 blancos provenientes de 45 estados; 599 negros; entre otros, 68 eran de South Caroline, 98 de Georgia y 25 de las Bahamas. La abigarrada población no pudo dejar de contar con 3 hacendosos chinos, quienes no rehuyeron el armar en menos de lo que pestañea un mosquito, una lavandería para mantener impecables las ropas de los miamenses.
Entre los censados se destacó uno, quizás el más vivaracho y emprendedor de los minoristas. Éste, se propuso abaratar los cigarros habanos (puros) traídos por mar a Miami, desde Key West, para el disfrute de miamenses y turistas (snowbirds), quienes no habían dejado de fluir a la zona, desde 1850, aproximadamente. No resultó sorpresivo, aunque también inevitable, que dicho empresario importara las hojas de tabaco negro, tripas, sellos, etiquetas y portadas exquisitas, gracias a la litografía alemana; para la confección de los habanos; directamente desde las zonas de Vuelta Abajo, La Habana y Sancti Spiritus. Ni tampoco extrañó que este no fuera otro que un cubano, Mateo Encinosa. Este isleño era natural de Bejucal, provincia de La Habana y se registró como dueño de la primera cigar factory de la ciudad. Luego, los hispanos arribantes a la boca del río Miami; comenzaron bien temprano a sacudirse los polvos del camino, mientras erigían la “Ciudad Mágica”. Y como diría la vox populi de ayer y hoy: la gente de nuestro patio miamense provenía de cualquier parte, menos de Miami.
© Lionel Lejardi. Diciembre, 2008
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(¹)  Este sirvió en la Guerra de 1812 contra Inglaterra, de igual modo que en Argelia en 1815. De igual modo cazó a los piratas en la Indias comandando el escuadrón de la Indias Orientales. Dallas fundó y comandó la “Pensacola Navy Yard” desde 1832, participando también en la II Guerra Seminole. Este Dallas era hijo del que fue Secretario del Tesoro durante la presidencia de Madison, del mismo nombre.

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1955

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