ehC, el genoma sinistrorso y con una voz


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Caron pregunto por el “Che”
No todos los veranos las golondrinas prestan sus encantos a beatitufrd
 
 
 
ehC, el genoma sinistrorso

¿…de la Serna, Scheinermann o Sheinerman?
Tampoco es de nuestro dominio (ni de nadie en particular), la indubitable propensión de ciertos tipos de personajes  históricos, conocidos o no, a ser —por razones diversas— moteados en ocasiones de manera profusa, a veces exhuberante, con voces de elogio, admiración, maldición, denuncia, letales, condena u otras. Ver que en el caso de esta figura histórica que nos ocupa teaginar por estas fechas, le adornaron con alias, sobre nombres, nombretes, etc. o  akas (en USA), este ultimo, si se les considera por lo general involucrados en actividades delictivas. La  índole puede ser variada, mas si en alguna medida, fueron líderes políticos y/o militares.
Por que en el caso del gran conjurado, Dr. Ernesto Guevara (temporalmente dejemos a un lado el apellido), también ademas del mote “Che(1), este fue conocido en cada circunstancia por los akas de  Chang-cho, Ramón o Teté. Nadie se atrevería a decir con exactitud cuál o cuáles de estos sayos les vendrían bien a nuestro personaje, de acuerdo al momento o circunstancias a través de las cuales transcurrió su existencia de manera peligrosa o en su peor etapa, cruenta.
Lo cierto es que, la bien informada revista argentina “La Voz y la Opinión” —voz de la comunidad judía bonaerense— nos trajo una revelación sorpresiva (2), desconocida comochisme para el gran público de la derecha inmortal, pero demoledora para el público mísero de la izquierda mortal; y por supuesto negada o peor, ignorada olímpicamente y a regañadientes por estos últimos.
El artefacto informativo versaba sobre un holismo aristotélico de carácter dualista, en medio del caos amnióticos in vitro de una izquierda idiotizada que a nivel mundial, siempre ha estado confusa. Ello, repuntó con posterioridad en lo que seria conocido —no como una aberración científica extrauterina—, sino a lo que percibimos como denominable, con el título de “el genoma sinistrorso, ehC“.
No es un juego de palabras, ni siquiera un acrónimo. Puesto que el tema, por su singularidad en el ámbito de su origen, abordaba un tema impropio de difundir en podios o palestras públicas sino, sólo apto para ser recirculado en la intimidad familiar.
Pero ni eso, porque la generatríz humana se lo engulló tal como hace un agujero negro, aunque rodeado de amorosos torbellinos maternales. El ente devino, por su naturaleza encrespada, en genuino secreto de alcoba sin pecado concebido –no adúltero, aberrante ni vergonzoso en forma alguna– pero sí como a grand succès deliciosamente peregrino, teniendo en cuenta el patetismo del nervio óptico oblicuo, inspirado por el personaje.
Desde las alturas oligárquicas de la “Manila” (La Habana) subversiva, también lugar desde donde se sopapea impunemente al pueblo cubano, era imposible destapar al olisqueo público lo cognoscible sólo por las esferas altas del régimen de los comandantes imperecederos.
El denominado “rumor” versaba sobre una apacible dama de nombre Celia de la Serna (confundida a veces, con otra “Celia de la Serna de la Llosa”, en opinión de algunos entendidos), la cual continuaba enlistada de manera errónea como una baja colateral más; en la “pelea cubana contra los demonios”; quizás propia para ser escondida debajo de la alfombra familiar, a manera de evocación dentro del terrible drama isleño. Valga que por su apacibilidad y dulzura, clásicas en una madre, le hicieron ocultar el intríngulis ancestral de su tragedia interior repleta de gritos alucinantes.

Esta esta mujer atormentada por el fracaso de su matrimonio, ya en el meridiano exacto que precedió a su encuentro inminente con Morta; se había tornado en madre confesa de un secreto de virtud prístina, claro según fueran el tiempo y lugares siderales, de la justa cólera popular de madres clamantes por los otros hijos inermes, atropellados “revolucionariamente” por el vástago de esta madre.
Con buen juicio, quizás sin proponérselo, esta dama optó por emplear palabras simples que coadyuvarán a clarificar turbulencias que circunvalaban a su hijo, el primogénito. Con ello, la sarta de placideces sustentadoras del mito que envolvería al niño en su adultez; revertiría en picajosa hipoteca de sensibilidad un tanto impresionista. Una indudable relevancia a sotto voce dentro del seno familiar, casto.
Cierto que nuestro personaje no emergió de la nada, en justicia, sino de una realidad embarazosa, por él ignorada. Es la beatificación de la fábula horrenda que a manera de pedigree enaltecedor, continúa enarbolando la tozuda izquierda totalitaria y fascistoide, ptiálica y secular, a pesar de sus fracasos a todo lo largo del siglo XX y los tropezones en el XXI.
Valga que la bancarrota zurda, como la revelación tardía de Celia, no encajan en el diseño humanitario desplegado por nuestra civilización dextrorsa, siempre hacia la derecha. Y esta última es adecuada, porque además de ser ética y de altos principios, es de profunda misericordia y humanista. Vale que un halo de penumbras envolvió a casi todo aquel ser singular, ante y después “de” (no “del Che” sacrílego), con trampas, medias verdades y falacias.
Los iracundos no tomistas, sostienen que el alumbramiento sano de la Sra. Celia, debió ser encajado después y de todas formas, en el decameron de las historias malditas. Nada de eso, ya que el futuro líder de las motocicletas anarquistas; no tendría relación con vaginas y sí, por sus prácticas exterminadoras, con las viejas artes del Dr. Guillotin, en ocasiones, del Dr. Malthus.
A ella, la madre, le era sintomática la carencia de argumentos para no develar a los suyos, sin tapujos, la verdad de su descendencia y calidad del ideario democrático de sus ancestros originales. Celia, no podía sustraerse de su plano temporal a otro extraño y odioso, para abjurar sobre esa confesión sin culpas.
Deo ignoto
El intríngulis brotó espontáneo aunque bajo aires mortecinos, a raíz de la revelación que la Sra. Celia hizo a su hijo dilecto, el primogénito, pero ya cabalgando éste sus desastres inevitables y orlando glorias cruentas y famas trágicas. Pero tal desdoblamiento de su interior, trataba un asunto que trasladado a la Europa nazi de 1938 hubiera adquirido una relevancia letal, proclive al desastre y destrucción absoluta de toda la familia a manos de los sicarios nazi-fascistas o sus primo hermanos comunistas.
Pero ya el espectro nazi, para entonces, había dejado sus parrandas letales. Un modus operandi similar, en cámara lenta aunque terriblemente aniquilador, fue el montado en la Cuba totalitaria pos republicana; gracias a la perseverancia del Dr. Fidel Castro Rúz y su banda de sociópatas alienados, entre los que pastaria famas nuestro futuro anti héroe.
En el otoño de 1964, esta madre cargaba con 56 años de edad. Había nacido rioplatense en 1908 y ella soñaba con que la revelación suavizaría el impacto, a pesar de su connotación social. Así le explicó ella con las más tiernas palabras encontradas por una madre ya atormentada por el malhacer de su hijo, sobre los otros hijos de aquellas tierras que no eran las suyas, lo que ni siquiera era conocido por su esposo.
Le confesó a su hijo Ernesto, entonces comandante guerrillero y alto funcionario (quien también ya comenzaba a hacer sombra y a estorbar) en Cuba, que sus verdaderas raíces no eran sudamericanas, latinas, hispanas o irlandesas; sino ligadas a dos abuelos maternos, por la traza ancestral judíos lituanos, que arribaron a la Argentina a finales del siglo XIX.
En ese país, como sucede con tantos emigrados, ellos suavizaron el apellido de “Scheinermann” por el de “Sheinerman“. No extrañó que mas tarde sucediera una segunda transformación del mismo apellido hasta un “de la Serna” advierten, quizás, mentes preclaras. La noria mortal, premonitoria, tomó la vida de Celia un año más tarde, en mayo de 1965. No están claros los nombres de pila de los padres de esta Celia, supuestos inicialmente de apellidos “Sheinerman“.
Saga ancestral
Al parecer, la versión indica que nuestra Celia nació en el seno de una familia rica de inmigrantes judíos, bonaerense, la cual había huido hacia la Argentina, temerosa de ser victimizada en la Rusia zarista. El nombre le viene de una tía hermana de la madre, asesinada en los pogromos anti semitas que estallaron en Rusia a finales del siglo XIX e inicios de XX, un subproducto antijudío elaborado en ocasión del intento de asesinato del Zar Alexander III, en marzo de 1887, donde estuvo involucrado, juzgado y ahorcado entre otros, el terrorista  Alexander Ulyánov, hermano de Lenin.
Del mismo modo, Celia se pudo cambiar el apellido por el “de la Serna”, considerando sectores antisemitas argentinos influenciados por emigrados italianos vinculados a las maffias locales, musulmanes (3) o los estratos del fascismo incipiente, desarrollado más tarde por Benito Mussolini (Amilcare Andrea ), en la Italia de pos guerra (IGM).
Los judíos, recelaban ser objeto de ataques de las turbas, por el efecto dominó generado por los pogromos antisemitas desatados en Rusia; con salvajismo atroz; tras el asesinato del Zar Alexander Romanov en 1881, con la ascensión al trono de Alexander III el cual sufrió un atentado fallido en 1887 y falleció de nefritis en 1894. Le sucedió Nicolás II, último zar de Rusia, asesinado a su vez por los bolcheviques dirigidos directamente en una venganza selectiva inspirada por Lenin en 1918, junto con toda su familia.

Sucede que este Alexander Ulyanov era un terrorista y asesino profesional de plantilla y no por casualidad: hermano mayor del conspicuo Vladimir (“Volodya“) Ilyich Ulyanov (aka, “Lenin“), jinete apocalíptico, arquetipo del sistema comunista y constructor del totalitarimo terrorista implantado en Rusia y su catástrofe posterior, hasta 1981 con el derrumbe de la perversidad comunista.

A los 18 años, Celia abandonó la casa paterna en Buenos Aires y se unió al también argentino y rico hombre de negocios, Ernesto Rafael Guevara Lynch. El primer hijo de la pareja fue bautizado Ernesto Guevara Lynch de la Serna. Su origen judío, ella lo mantuvo en secreto durante toda su vida, aspecto que también vedado a su esposo Guevara Lynch.
Resulta de manera sorprendente, que en la Argentina tampoco se inscribe el nombre de la madre en el acta de nacimiento, salvo por pedido expreso de la misma. Ello se puede constatar en la copia fotostática del acta del primogénito recién nacido, donde aparece el nombre de “Ernesto Guevara“, así, de pela’o. A este, le siguieron otros hermanos; Celia, Roberto, Ana María y Juán Martín.
Otro de los hechos oscuros ocurrido en la saga ancestral del líder, es el relacionado con la fecha real del nacimiento del “primogénito Ernesto”. Unos la sitúan el 14 de junio de 1928, según el acta de nacimiento. Un tremendo error en el cual cayó el gobierno cubano por la tozudez del absolutismo omnisciente que profesa, al tratar de parangonar en su beneficio, la actividad terrorista del Guevara adulto, con la del prócer independentista cubano, Gral. Antonio (de la Caridad) Maceo Grajales.
Los castristas, como buenos ateos y anticristos; ocultan lo “de la Caridad” en el verdadero nombre de Maceo, porque un líder tan bravo no puedes ser “religioso, ni de origen”, e inventaron una quincena de agitación y propaganda política a la cual denominan “Jornada Maceo-Che“, haciéndoles creer a los cubanos ingenuos; que el carácter “duro e indoblegable” de ambas figuras coinciden, por estar vinculados por fechas de nacimientos idénticas en ideales.
Sin embargo a Maceo, nadie hubiera osado hablarle de implantar en Cuba un totalitarismo despótico y sin libertades —apoyado incondicionalmente por el guerrillero Guevara— como es el régimen actual en manos de los hermanos Castro y el resto de sus seguidores, una distopía contraria a los ideales de libertad e independencia por los que luchó y cayó en combate, Antonio Maceo.
Para Israel, me voy
Los padres de Guevara se casaron cuando Celia de la Serna corría con el tercer mes de embarazo del líder futuro. Luego, la ida a la ciudad de Rosario se infiere como un intento de ocultar el embarazo temprano de Celia, lo que para la clase adinerada y abolengos linajudos de entonces, significaba un énorme scandale. Al nacer el niño, al día siguiente lo inscribieron a la carrera en la ciudad de Rosario bajo un certificado de nacimiento falso –nada extraño–, elaborado por un médico amigo de la familia.
En realidad el alumbramiento ocurrió el 14 de mayo de 1928; un mes antes; y no el 14 de junio del mismo año. De esta forma el niño aparecería ante la familia y la sociedad, en una versión más aceptable de “sietemesino“, lo cual era eminentemente falso aunque perfectamente creíble.
Los padres de Celia la habían alertado sobre la existencia de un hermano mayor que ella, Shmuel Scheinermann de la ciudad de Brest-Litovsk, Bielorrusia (actual Brest) quien se casó con Dvora (“Vera“) de Mogitev, ya radicados en Kfar Malal (Sharon).
Este era parte del antiguo “Protectorado de Palestina” (la vieja Palestina romana, no árabe) bajo la tutela de Gran Bretaña, por mandato de la Liga de las Naciones; la cual fue organizada inmediato que terminó la I Guerra Mundial, pero que hoy forma parte integral del territorio del Israel actual.
A este matrimonio le nació en 1926 una hija, Judith y dos años más tarde un varón Ariel, el 26 de febrero de 1928. Estos hicieron una vida comunal de estilo social, religioso y moral al más puro clasicismo judío y los cuales, permanecieron en Israel todo el tiempo.
Ya enterado de este pasaje familiar inédito, la curiosidad (¿o, conveniencia, pensando en su futuro incierto, junto a los Castro?) hizo que el tal Ernesto Guevara de la Serna, hurgara acerca de sus ancestros en Israel. Febrero 19 de 1965 marcó su arribo a Egipto, entonces República Árabe Unida (Egipto y Siria) como funcionario del régimen cubano en otro de sus periplos itinerantes, en búsqueda de apoyo político y comercial, incluyendo el financiero y militar.
Este comandante, se le conocía también entre los cubanos, con el sobrenombre de “el comandante viajero”. Luego, decursando el día 24 de febrero, tal si se tratara de un acto de magia, Guevara se esfumó de la tierra de las Pirámides y Luxor, reapareciendo tranquilamente en marzo 1º, unos días más tarde. Al parecer, ni los servicios de seguridad de sus funcionarios anfitriones, ni los de la embajada cubana, servicios de inteligencia egipcios o el sereno que apagaba las velas en el templo de Luxor, se enteraron del fenómeno paranormal.
Ahí fue que entramos con la CIA
En 2007 la Central Intelligence Agency (CIA), a todas luces, develó el misterio. Ello sucedió al permitir la apertura de ciertos archivos clasificados, en los cuales se indican que en febrero 25 de 1965 nuestro personaje voló a Chipre, Aeropuerto Internacional de “Lárnaca” en el sudeste y de ahí por la Cyprus Airways hasta el Aeropuerto Internacional “Ben Gurion” en Lod, entrando por la Terminal No 3 Internacional, de donde se dirigió por la Autopista No. 1 hasta Tel-Aviv, a unos 15 km al sudeste del aeropuerto.
Con esta ronda de incógnito, Guevara intentar borrar el rastro no autorizado por Castro, de su viaje de ida y vuelta entre Egipto e Israel. Ansiaba buscar la familia de su tío, también suya. Allí supo de un primo de su misma edad, el cual tampoco mantuvo; curiosamente en el devenir histórico; el apellido familiar y el cual había nacido en febrero 26, 1928.
Ya en Tel-Aviv, el itinerante real, el ya Comandante de la Revolución, Ernesto Guevara de la Serna, se entrevistó con quien era Comandante de la División de Entrenamiento de Combate Personal del Ejército Israelí en las Fuerzas de Defensa Israelies (IDF). Este alto oficial de los cuerpos especiales del Ejército, evidente, descendía del tronco común de la familia Sheinerman.
Se trataba nada menos que del primo hermano del líder comunista argentino, quien para entonces era tambien el afamado Mayor Gral. (Aluf) Ariel (“Arik“) Sharon, después Primer Ministro. Lo de “Sharon” es una hebreización de su original “Scheinermann”, ajustado después a “Sheinerman”. De todo ello se desprende que el segundo apellido de este Guevara (supuesto igual al original de la madre, Celia), es “Sheinerman“, no “de la Serna“.
Una consecuencia del intríngulis es que el verdadero nombre completo del líder guerrillero es en realidad, Ernesto Guevara Sheinerman, al menos. Otras versiones no confirmadas le sitúan linajes vascos maternos y escoceses paternos. Al parecer, es mejor no tocar esa otra tecla.
No sorprende que del encuentro, Guevara no extrajera enseñanza alguna de humildad y renunciación a su prepotencia crónica; las cuales quizás le hubieran apaciguado su avidez de protagonismo mundial y quizás también salvado la vida.
Tampoco impidió que el “genoma Che” karmático y del malevo por excelencia del lunfardo rioplatense; continuara torceduras sinistrorsas; a pesar de que el terror sufrido por sus familiares bajo los nazis, nada tenía que envidiarle al que él mismo y por su mano, promovió y desplegó en Cuba.
En un  9 de octubre de 1967 tragico, dizque olvidado, traicionado y abandonado a su suerte por quienes les auspiciaron y auparon el desquició boliviano; fue cazado como una fiera irredimible a manos de una élite de rangers bolivianos, entrenados por hábiles instructores cubanos demócratas. Era casi imposible que no fuera ejecutado in situ, en su calidad de mercenario al servicio de una potencia extranjera, en la pequeña escuela del poblado de “La Higuera” de Ñancahuazú, Bolivia.
La grácil troqueladora de los comunistas habaneros, dispuso entonces la activación de la “fase B” (prevista si “Che” Guevara y sus hombres eran eliminados, de cualquier forma y medios) y puso en marcha el programa para remodelar la mitomanía futura del líder vivo; por otra de espesor mayor “La del líder inmortal caído en combate”.
A estos fines propagandísticos elusivos de la realidad, se rediseñó y montó una imagen monumental, creíble para los zonzos de la izquierda mundial, con características aleatorias de una genuina bestia fabulosa; que les vendrían como anillo al dedo a los comandantes del teatro bufo (o del clásico NÇ japones), convoyada de promos y ensalzamientos. Porque los muertos comunistas, un silogismo extravaginal propio de tales aves  disciplinadas ya inertes, disponen de una virtud inestimable: no opinan.
Se trata de la figura estereotipada del “genoma Che“. Dicha semblanza terminó de manera lastimosa, cruel, en logotipos de “T-shirt“, pañuelos, gorras, ropa interior; condones, consoladores lubricados (de “señoras y caballeros”) y otros juguetes sexuales, cursis.
Desde su deceso oscurecido por la traición, esta mercancía chic (à la dernière, por supuesto) está de venta en tiendas de descuento (quincallas) y boutiques para deleite de los tontos útiles y los inevitables eunucos que husmean trofeos y escarapelas apócrifos, del líder trunco en su salto mortal boliviano.
Sucede que buena parte lacerada de esa Humanidad casi delirante e ícono-adoradora de fetiches, como siempre inmersa en eyaculaciones mentales difusas, no advierte que se tratan de simples baratijas y calderillas colgadas en el insulso pulguero comunista, antro de las peores ridiculeces.
Cierto también que existen otras historias o versiones (4), probablemente las reales. ¿Quién lo sabrá de cierto, en ese submundo de sombras, alegorías macabras y fantasma que soplan incesantes desde barlovento sus furias terroristas?.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2008
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press(1)   La solidificación del aka “Che” (no es el dígrafo ch)  se le atribuye a otro de los lideres comunistas de las bandas armadas sierramaestrinas, Camilo Cienfuegos Gorriaran, durante la etapa conspirativa y entrenamiento militar llevada a cabo en México por Fidel Castro y sus seguidores. En Cuba el mote de “che” era aplicado a los latinoamericanos (no indoamericanos) del cono sur, especialmente a los argentinos, del mismo modo que “pancho” se adjudicaba a los mexicanos, “gallego” a todos los españoles, “polaco” a todos los hebreos o europeos comerciantes, etc. Este grupo de conjurados castristas, integrarían posteriormente el contingente expedicionario del yate “Granma“. Esta nave pequeña, con 82 hombres armados y avituallados, fue la que les condujo al desembarco (naufragio) que efectuaron Castro y sus seguidores en las denominadas playas de “Las Coloradas“, Oriente, Cuba; el 2 de diciembre de 1956.
(2)   Ver el número de agosto-septiembre 2007 de la revista argentina “La Voz y la Opinión” (28 Elul-Tishri 5768, del calendario judío).
(3)   No de extrañar, si se atiende al atentado realizado por terroristas mahometanos contra el Centro Cultural Jusio (AMIA) en Buenos Aires. En julio 18, 1994 terroristas del Hezbolá libanés, volaron sin motivo alguno, el edificio del AMIA provocando decenas de civiles muertos. El Mossad estimó (no probado) que el propio Menen estuvo implicado por su conexiones con los sirios. Fue el atentado más mortífero (conocido) contra civiles inocentes, efectuado hasta entonces, después de la II Guerra Mundial.
(4)   Para mas sobre el tema y otros afines, ir al enlace http://www.blogger.com/goog_1675502968Eres bienvenido a mis blogs alternos:
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