Fidel Castro, una ablución irredimible en la midá ajena


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Confesiones sin hostias ni agua bendita, que comulgar
Dice la confesión de Fidel Castro Rúz en la midá ajena, “El sistema cubano, ni siquiera nos funciona a nosotros mismos (sic)
Ninguna sentencia mejor como epitafio merecido, para inscribir en bajo relieve sobre la lápida mortuoria de un disparate trágico, el castrismo. Es la misma loza prevista por los anticastristas históricos para la tumba abierta desde decenios ha, en honor al sainete montado en la Isla de Cuba; como una obra de vodevil propia del teatro burlesco o del absurdo, si se quiere, al estilo Ionescu. Ello sucedió en enero 1, 1959, bautizado entonces con el nombre impropio de “Revolución Cubana”. Estas confesiones, las de ahora, no son el trabalenguas habitual reseco, del discurso comunista, sino las palabras roñosas con las que el dictador vitalicio de Cuba, el Dr. Fidel Castro Rúz; reconoció y describió (después dijo campante, que fue un lapsus liguae) a contrapelo de la Historia; el fracaso estrepitoso de su régimen totalitario de abusos e iniquidades, sobre el pueblo inerme.
Se trata en una postal atroz, difundida después de la batalla silenciosa y subterránea del pueblo y de las débiles pero decididas fuerzas democráticas en contra del régimen; de los resultados ruinosos del sistema comunista manipulado por Castro; transcurrida la friolera de 51 años; siguiendo pautas de su no menos malvada stepmother, la hoy finada URSS. Estas diez palabras proferidas por el Líder Máximo, entre otras digresiones –en inicio sorpresivas–, las vertió en una entrevista que éste concedió al corresponsal de la revista “The Atlantic”, Jeffrey M. Goldberg¹ en unión de la experta en asuntos latinos Julia E. Sweig². Observamos la expresión, como la de un Castro humillado por su propia hecatombe, rugiendo contra sí mismo simpáticamente, desde las filas oposicionistas. ¡Avemaríapurísima!
Las desventuradas cuitas, propias de confesionarios jesuitas que al líder les son familiares; devino en otra ráfaga de tiros locos que a Castro se les escaparon por la culata de su senectomanía, desnudando la retahíla de malogros estrepitosos en su gestión, durante medio siglo. Regañado por sus acólitos asustados, Castro desvirtuó la sentencia achacando el error (siempre hay un “otro”, culpable) a la incomprensión de sus entrevistadores, disculpándose de que en realidad se refería al Capitalismo de la Abundancia, pero cruel, porque tiene la mala costumbre de hacer trabajar a los vagos. Lo que en el caso específico de los comunistas, seria como gritarle ¡agua! al gato pardo terrorista. Desconociendo cómo apagar esa locución en los escuchadores –que lo hundió en la ridiculez–, no le quedó otro remedio que recurrir y retorcer la expresión manida por nuestros abuelos de que “donde dije digo, digo Diego”.
Una serpiente de homosexualidad hipnótica y omnisciente
Era explicar el por qué la rudeza de la serpiente comunista, devino en constipado de homosexualidad erótica incipiente; frustrada con la coima exigua de su “L’Année dernière à Marienbad” (El último año en Marienbad) y que, enfurecida por celos de los capitalistas, se mordió la cola. Sólo que de modo similar, el aborto de la gestión castrista no sobrevino sino hasta después de transcurrida la última noche de los quincuagésimo primeros años, repantigando sus vejeces sobre la banqueta habanera. Sucede que las acciones del modelo político-económico cubano (que nunca lo fue), resultaron vendidas en el stock market de los tontos; siendo mercancía averiada; envuelta en un soufflé primoroso que encajara en la chatura propia de los apocalyptos –ásperos de cuerpo y alma–, desesperados por copiarle el encontronazo.
Se trataba del desarme de la seudo ideología marxista-leninista, remozada anualmente por curadores especializados en remendar idioteces, tales son los miembros correspondientes, de las Academias de Ciencias de la URSS y Cuba, convertidas en abrevaderos de inútiles y rellenos de lerdos, donde Castro exilia las inteligencias cubanas para envilecerlas. Desde allí, esas inteligencias frustradas son arrastradas por el narigón para ejecutar los dislates del Partido Comunista de Cuba (PCC), sobre el cual se sustentó ideológicamente el totalitarismo entronizado por ambos corsos, siguiendo las huellas de la matryoshka rusa.
Es irónico que el 1ro de enero de 1959, con la salida del sol, se extendió sobre la isla la sombra inconfundible de una época oscurantista típica, confeccionada al mejor estilo del medioevo, con sus desatinos mantenidos por decenios y convoyada por los Castro quienes aleteaban órdenes que nadie atiende y menos obedece. Porque las prédicas se vertieron sobre un país ya arruinado, el mismo cuyos habitantes continúan sometido a una estarvación permanente a manos del tentetieso de sus represores comunistas.
El castrismo, se convirtió en una entelequia mal pensante sujeta a ditirambos de aduladores que les toleraban sus fracasos, convencidos de que sus líderes no deseaban escuchar a quienes les contradijeran los desatinos. Entonces, la isla como trampa de comadrejas, permaneció clavada estática en el aire –como una colibrí soltera en éxtasis– por un instante trágico de tiempo inacabable, del cual nunca se recuperó. Castro, imperturbable, coleteaba su desastre ya enunciado por todos; pero ahora dedicado a lustrar su imagen nueva para uso exterior mientras que, como un Neptuno del tipo corriente, se entretuvo durante las meriendas en devorar alegremente, uno a uno, a los hijos de su revolución.Esta noticia impresionante, de crudeza inconstatable, resultó un balde de agua helada echada sobre las cabezas calenturientas de sus seguidores y los siempre adoradores de cualquier becerro de oro, de intra y extramuros; incluyendo el resto de los fans que pastan boberías en el marabuzal izquierdista indoamericano, lastrado con la lentitud andina.
Rarezas del batido castrista
Para el pueblo cubano, por supuesto, ello fue otro de los desengaños anunciados por sus viejos tiranos, tan cruentos como ineficientes. Entender, que se basaba en los resultados de una fase teórica del fenómeno bolchevique; desatada en Rusia por los seguidores de Marx y Engels. Esta banda de aventureros cuyo cabecilla era Lenin, se instaló por la fuerza en el poder (octubre de 1917) tras derrocar al Gobierno Provisional de Kerensky surgido en Rusia, cuando triunfó la revolución burguesa en febrero de ese mismo año, y que había derribado al zarismo (no los comunistas). Todo, fue ejecutado bajo la égida de la facción bolchevique cuyos destacamentos fueron comandados por Trotsky, con la implantación consecuente del “Régne de la Terror” (idéntico al de la “Época del Terror” castrista) dejado en las manos delicadas de Dzerzhinsky y su bondadosa CHEKA, esa etapa tenebrosa para el pueblo ruso, de la cual este sólo pudo emerger hacia la libertad en 1980, al caer el Muro de Berlín. Se trataba de cucarachas vulgares de la charcas zurdas imposibilitadas de bailar el pop capitalista por carecer de cintura.
Castro, emulsionó la ideología bolchevique junto con la dirección del Comintern y los arpegios harapientos del maoísmo triunfante. En la acción, éste se apoyo en un grupo de secuaces, intelectuales idealistas, camajanes del Partido Socialista Popular (comunista), aventureros sanguinarios (Guevara), la pandilla del “gatillo alegre” de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) donde fue líder, narcotraficantes y cuatreros locales, bandas de forajidos perseguidos por el Ejército y dispersos desde antes, en las montañas. Más tarde, sobrevino la épica guerrillera de la Sierra Maestra, Sierra del Escambray (después cubierta de glorias anti comunistas) y Sierra de Cristal, entre otros escenarios urbanos y rurales. Cerrando el broche de oro con gran apoyo popular y de las fuerzas vivas, la derrota y expulsión del gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar. De inmediato, el líder y sus adeptos instauraron el totalitario que han mantenido hasta hoy –a sangre y fuego–, hasta esa tarde sombría donde anunció rabioso el fracaso de su tesis.
Castro, en calidad de mal copiador y peor impresor, secuestró torpemente el copycat ruso el cual soñó amoldar en su retorta alquimista experimental. Por ello resulta casi imposible definir claramente la profundidad del daño y desastres provocados en Cuba por este líder. En ningún otro lugar, criterio, persona natural, jurídica o política, pueden recaer las culpas inmensas de los Castro. Lo cual concluyó con la devastación completa, alevosa y sistemática, de la sociedad civil cubana, sus infraestructuras, riquezas materiales e intelectuales, historia, valores cívicos y morales, culminados con la destrucción absoluta de la nación cubana, hoy a la venta del mejor postor.
Lo que resta del bicho cubano, es una especie de epitelio amorfo que oculta un Minotauro, envilecido e irreconocible, producto exclusivo del clan castrista. Se pretendió que el ente distrófico mental y moral, como demagogia propagandística, fuera enunciado como la elaboración del “El sueño (una especie de “Soldado Universal” achacado a Guevara) de una noche de verano(sic) . Al menos, en segundas nupcias, abortara la caricatura del “Hombre Nuevo” mesiánico –un varon de zurcidos y bordados– pero que nunca se salió de la retorta y que ni arribó ni arribará jamás al horizonte, de lo que queda del paisaje lunar cubano, pulverizado por la revolución.
Sorpresas que tiene la vida en el paradiso monacal
Lo sorprendente para los testigos de extramuros del desastre cubano, es cuando chocan con una genuina trata de esclavos encubierta, supuestos Hombres Nuevos, instituida oficialmente por el gobierno castrista. Les vendría a bien tomar criterios de estos esclavos cultos (Intelligenz) empaquetados para ser vendidos o alquilados –perfectamente aherrojados virtuales–; y entregados a la orden en manos de los reyezuelos tribales de África, Medio Oriente, Ásia e Indoamérica.
Para algunos confundidos dispersos en medio de la horda trunca, les era honroso morir en nombre de los disparates montados por sus líderes inmortales; sin saber que éstos en el fondo de sus superegos torcidos; los despreciaban y peor, se burlaban de ellos mientras les robaban íntegramente sus sueldos para detentar una vida muelle al costa de estos desorientados, per se. Porque siempre los hay que les creen el cuento. Los esclavos de intra y extramuros, en venganza, dejaron de generar riqurezas al usurero.
En especial, es también tomar criterios de aquellos mercenarios ocultos por el régimen; que murieron o fueron destrozados en esas tierras extrañas a nuestra cultura, convertidos por obra y gracia de los hermanos Castro, en horribles mutilados de guerra. Porque éstos internacionalistas infelices, tampoco vieron un céntimo de sus salarios incautados desde siempre, desvergonzadamente robados a los ciudadanos; por el gobierno paternalista de los hermanos Castro, quienes los abandonaron dejándolos manchados para siempre.
A esos soldados les dijeron que su misión extranjera era fraternal sin otro interés, nunca que los alquilarían como mercenarios vulgares, adquiribles en los pulgueros de “mas baratos por docenas”. Ni que era un trabajo de rapiña tan peculiar, que en algunos casos (Angola y Mozambique) las tropas y personal técnico de apoyo desplegado lo eran con miras expansionistas. Actuaban en calidad de conquistadores de las futuras provincias a de ultramar, por supuesto, “mancomunadas”. Son pocos los descendientes de los lideres gubernamentales participantes en tales “misiones internacionalistas”, y siempre, en labores y unidades de retaguardia. Porque para esas otras líneas de combate frontal o encomiendas “patrióticas”, privilegios excepcionales en el malandro comunista, son reservadas para las levas de los hijos bobos, de los bobos del pueblo ñato.
Cuba, una hipoteca no reversible y sin futuro
Si los oidores de la prensa dispusieran de suficiente paciencia para enterarse del resto de los horrores acumulado por los Castro, durante estos últimos 51 años –ser justo, porque en realidad son un par de revolucionarios chic de requiebros y manolas simpáticas–, se espantarían hasta perder las ganas de vivir. Entender ahora, si observamos un pedacito del pedigru de este líder, entenderemos el astroso significado de su confesión a los periodistas. Nadie debe soñar que se trata de un arrepentimiento, sino, de un exorcismo satánico ejecutado con elegancia sardónica en medio de un país que dejó de serlo y ya poblado por bosquimanos. Los periodistas habrán escuchado esas y otras solemnidades justificativas del desastre absoluto del Asunto Cubano, achacado al exitoso embargo comercial estadounidense. Es que dados los tras’pa’lantes de Castro, ello les indicará a los entrevistadores que los derrumbes ya son crónicos y no hipotecas reversibles.
Words: 2000

(1) Jeffrey M. Goldberg es un periodista americano-israelí integrante del staff de la revista “The Atlantic”, especializado en asuntos extranjeros, especialmente los israelíes.
(2) Dra. Julia E. Sweig, es directora del Consejo de Relaciones Exteriores y Estudios Latino Americanos de la Asociación Nelson y David Rockefeller, experta especializada en asuntos latinos.

© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
lejardil@bellsouth.net
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