Los negros cubanos, ¿en rebelión contra los Castro?


           Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
No son especulaciones esotéricas y ni tan siquiera tesis demagógicas virtuales, imposturas asumida por algunos de cerebros tan planos como los adictos al football, sin importar la latitud o longitud de sus escandaleras. El tema siempre es tela de dibujo o corte como especialidad de la casa cortesana de los indo y afros, según convenga al demagogo de turno. Es justificar las deficiencias mentales, morales y éticas con el tema latente del fracaso de la tesis política; vibrando como las Tres Furias repletas de lujurias bajo sábanas del laberinto de Dédalo, resistentes a ser protesta reapagada por la propaganda oficialista. No hay que hurgar profundo ni con largura, en los antecedentes de esta rebelión silente entre filas de los negros cubanos, hoy soliviantados per se contra los Castro, sin que ningún líder los dirija.
La espontaneidad es de tal magnitud y firmeza que tiene espantados a los veraneantes quienes pensaban en que el “asunto negro” en la Cuba castrista era inexistentes. Porque los veían tan insólidos que “con una botella de ron y una buena rumba” se les aplacaba el berrinche hasta que se les pasara la borrachera. Y también a los yimbes (mayimbes) les acosó el despierte, cuando palparon el revirón contra las crías de sus caporegímenes, reos inevitables de la Interpol y de la Corte Internacional de los acuerdos de Roma. Hoy, el cappo mayor de los morlocks se revuelve en nuevas andanzas, como el “gato chino” de la charada, en votos de vivencias renovadas y reflexiona largamente sobre la inmortalidad de los cangrejos moro. Un quid insoluble con el país en ruinas y unas arcas polvorientas.
Porque la rebelión de los negros cubanos no viene de la piel y sí del cerebro, hoy despabilado con el paso por las universidades, y los criados de antes, se les volvieron respondones, no cantera de “represores cultos” tal como los castristas pensaron, al confundir los genizaros de Rhuanda con los oficiales del FBI.
Tal fue temor de los norteamericanos contra los totalitarismos, entonces en ciernes concluida la guerra civil, percibido por Abraham Lincoln cuando sentenció: «« Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo »». Sabemos que es frase recurrida, redundante y trillada; ya aburrida y desblindada para algunos desorillados; tales son los comunistas escépticos –saber que entre ellos no existen otras categorías decentes– que la vituperan de cursi y quimérica, con el único propósito de descalificar a los demócratas que tienen clase, igual a los republicanos.
Porque se trata de eso, de la carencia en los izquierdistas de alcurnia, aristocracia ilustrada y orgullos ciudadanos. Ya la chabacanería mugrienta del rap ideológico indecente de los ombligos y traseros restregosos, se les acaban los surcos. Y esa música zurda de retrete anuncia su final. Algo básico, una realidad indubitable de la que no podemos sustraernos: de que a estos tipos hoscos y desalinados, de tohallas por chalinas en medio de las selvas guevaristas, y para mayor desgracia minusválidos de la cojera bolchevique, la cita les encaja como anillo al dedo.
Los negros, no importan de donde procedan y al igual que otras minorías y las que no lo son –exceptuando los lumpemhund proletariat (canalla proletaria), esas piaras de marxistas mas baratas por docenas; adquiribles en los Marché des puces parisinos o en las kandongas africanas (pulgueros) exclusivos de esa izquierda con pruritos incontenibles; padecen nostalgias de ser considerados como moppets dúctiles y maleables, si nos atenemos a las filosofías de los demagogos que les manipulan, sean estos políticos, pastores endemoniados o simples estafadores del Soho Cast Iron newyorquino.
El manejo de las minorías, incluyendo los retortijones ejercidos por sus líderes, puede ser aceptado por los integrantes de la grey de manera consciente o inconsciente. Esta “aquiescencia voluntaria” ha sido tergiversada por los marxistas como una “anuencia canalla e indispensable” de los protestones irredimibles; con tal de que les permitan arrancar su porción alícuota en el pastel social, religioso, económico o inter racial. Es otro de los ascos con los cuales nos baña la inteligencia marxista senil, que no deja de ser canalla.
En el Asunto Cubano, la rebelión de los negros es de índole política, no racial, ya eso voló como el Globo de Matías Perez. Y se manifiesta contra la opresión del régimen, dado que el abanico insípido de los pasteles castristas nunca estuvo asequible a ellos, sino para la élite verde. La de los Comandantes arguyentes de que los negros nunca los apoyaron durante su trifulca contra el presidente Batista. En esencia, el concepto de “élite” implica en el primer escalón a los consanguíneos de la “Familia del Santo Grial”, después en un segundo escalón –sujetos a escrutinio permanente– yacen los “pega’os” (parientes de segunda, esposos, amantes, “ex” de todo tipo, etc.) y en el anillo exterior, la burocracia de soplatuberías, los militares canchanchanes de alto rango y el resto de los sicarios comprometidos por delitos de sangre (hitmen) con la familia primada, a la cual les están agradecidos el resto de los morones familiares.  Luego, no es culpa de los negros que los rojos les parangonen el hambre física con la espiritual, sin satisfacerles ninguna de las dos.
Los Castro les envolvieron en espejismos saharianos, tal permean crónicas de un tal Cmte. Terry quien ya fue borrado de los anales y retablos de la iconografia del campamento; por ser un “bembón insomne” como los Gallos de la Quirino, al cual el Aparato de Control de los “Bembones Freelancers”, lo desapareció. Este artilugio bípedo y que según dijeron testigos, después arrepintió, les anunció (1959) a un grupo de negros en la ciudad de Cienfuegos, Cuba: “el Comandante les promete una rubia para cada uno“, lo cual habría sido una idiotez extrema por la cual pagó. No por decir mentiras, sino por decir las verdades a destiempo. Las protestas, los comunistas siempre las han rebajado a esta miserable cuestión racial, considerando que para los negros (en ocasiones incluyen a los no sajones) es un hito inigualable, y así degradarlos hasta subniveles de aberraciones enajenantes.
La cuestión ha sido en ganarles la supuesta animadversión de los blancos y así, mantener divididos a ambos grupos, como si tal le importara a estos últimos, tres carajos. Para ello, han ejemplarizado sistemáticamente y de manera sublimal a figuras extranjeras exitosas (especialmente las norteamericanas, una especie de atracción fatal un tanto sospechosa) en disciplinas tales como música, deportes, artes, letras o política.
Claro que las estrellas cubanas estigmatizadas como “desertoras del paraíso castrista”, aunque nadie sabe desertores de cuál ejército, están borradas del manual de imitaciones y pasaron al de las maldiciones. “Conmigo o sin migo” chapurrean repetitivos, los trovadores de la hojalata unicornia o yolandina, atentos a las aperturas de las aletas de las narices de los comandantes omniscientes.
En sociedades mixtas y en las que no, ha existido favoritismo ancestral hacia una parte de sus integrantes, estamos en presencia de las metrópolis europeas autogestadas; como también sucede en Indoamérica, Asia y la África negra de ayer y hoy. Claro, sin relación con el color de la pellejera, siempre en la realidad del hábitat humano mucho antes y ahora después (preguntar en Rhuanda), de la etapa colonialista, lo cual siempre ha sucedido bajo un pensamiento tribal de la gen. Es la jaqueca humana convertida y disfrazada de conflicto social.
Este tema y sus aspectos políticos y sociales impregnados en lo que resta del frágil tejido social cubano, son tabúes, luego nunca son tocados por etnólogos e historiadores atemorizados o cómplices, y de ahí, su absoluta falta de seriedad profesional del cubano. Como estrategia, el tema racial en sociedades de “intocables” dentro de la gen, los teóricos castristas lo reducen a las sociedades blancas adornadas con la civilización judeo-cristiana. Curiosamente, aquellas que los musulmanes aspiran destruir.
En lo contemporáneo –como ejemplo traído por los pelos, no importa si esta parte era una mayoría (EE.UU) o minorías (Sud África)–, los ciudadanos selectos de cualquier color gozaban del libre acceso a todo un abanico de delikatessen, no como el apartheit oficial implantado en Cuba desde 1959 en contra el ciudadano común descolorido no confiable por la nomenclatura.
Sucedió que la minoría relegada de los negros, acudió a sus propios medios de propaganda o ajenos, para propagar sus aspiraciones igualitarias valideras; aunque casi siempre en su trasfondo falto de inteligencia militar; con de la logística terrorista y de propaganda suministrada por los comunistas locales, siempre prestos a la subversión, por orden de los rusos.
Ver el caso de la bóer afrikaan Premio Novel de Literatura, Nadine Gordines, en su restriegue impetuoso con los ñángaras (comunistas) terroristas del “Umkhonto we Sizwe”  (Brazo Armado del Congreso Nacional Africano) liderado por Nelson “Rolihlahla” Mandela.  En Cuba, todo el fenómeno social sorprendió a los castristas, pues transcurre a la inversa sin un “enemigo” exterior blanco.
La rebelión de los negros cubanos (y blancos) abarca todos los sectores que han supervivido como residuos gloriosos de esa sociedad cubana aplastada y estrujada hasta el paroxismo, por la insania de los Castro. La queja ciudadana no es elitista, tales son los casos de exiliados (o medio exiliados, entendibles) que incluyen intelectuales, políticos, artistas, especialistas, profesionales, deportistas, militares, religiosos cristianos, santeros, etc.
Se obvia que ningún “empresario”, porque es una categoría mortal en Cuba para quienes sean catalogados de tales, por definición del INDEX torquemada. Claro, exceptuando a los manatíes, delfines, morsas y focas amaestradas amamantados en el Punto Cero de “Manila”, residencia alterna del Dr. Fidel Castro Rúz y sus alevines.
En lo interno, la presencia de negros nutriendo las filas opositoras aumenta peligrosamente para el régimen, porque lo de “pacífico”  de hogaño tornarse en la ventolera mambí (soldado independentista) de antaño. Por ahora vemos en Cuba los casos más visibles, como los del finado (asesinado) Orlando Zapata Tamayo,  Lic. Guillermo Fariñas Hernández, Ing. Felix Bonne Carcaces, Dr. Oscar Elías Bicet, Jorge Luís  García Pérez (Antunez) y otros valientes, como ayer fue Pedro Luís Boitel; pero es que la cola de “sacacuentas” les viene aumentando a los Castro. En ocasiones, los Castro sacan del baúl algunos que otros de sus trapos tiznados de chapapote, moppets manchúes, para deleite de las galerías roncas.
Es que las soñadas divisiones del “ejército negro secreto” -una entelequia eufemística que en los planos de los Juegos Militares aparece como “reserva estratégica de los Castro“-, ya se les hacen invisibles en lontananza. Pocos mortales han podido disfrutar el hacer iguales trapisondas con el lunfardo rioplatense, para hundir en el sopor zurdo a los cubanos atribulados.
Otro pensador norteamericano, el escritor y poeta Robert Frost, nos regaló una cita muy sabia: «« Una mitad del mundo esta compuesta de gente que tiene algo que decir y no pueden, y la otra de gente que no tiene nada que decir y sigue diciéndolo »».
No, es difícil imaginar que en la primera mitad están los negros y blancos cubanos, demócratas de clase; mientras que en la segunda yacen los Castro y sus candidatos manchúes, arrollando en la conga de “¡Para Vigo…me voy!”, que ya les viene entonando.
© Lionel Lejardi. Julio, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: