Réquiem por Padilla, el poeta de “Fuera del Juego”


         Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba             
Resulta paradógico que en ocasión de las razzias regulares del FBI –cuando sus heraldos cósmicos lanzan tarrayas vindicativas sobre las aguas negras de los liberales–, se capturen ciertos géneros de fósiles intelectuales y docentes (de tonalidad rosa-pálida), que en realidad son fellow travellers endémicos de la bobería izquierdista.
A veces, es abrumador el cúmulo de pecados terrenales que les aplastan la vergüenza nonata. Porque cuando infantes, la vergüenza personal les era yerba tierna de los prados inmaculados de la inocencia, junto a la de otros robotñiky, que se las comieron los chivos. Y el pecar anti cívico, se les convirtio en oración de histerias.
Sucede que en los predios celestiales, los ángeles guardianes no los admiten ni siquiera en calidad de testigos. Buena parte hizo algún tipo de coro intra y extramuros contra el poeta Heberto Padilla (igual cuando escupieron a Reynaldo Arenas) y siguen en el Miami de la burocrasia docente entre codeos y besuqueos con los neoprosaismos de la roman sale.
En tiempos álgidos la piara, indefectiblemente, debe ser puesta a la sombra reflexionadora para sustraerla de ese DUI psico-político. Tal sucedió recientemente con las danzas y contradanzas faroleras de los espías rusos cheos e indoamericanos del sarape y la chancleta, capturados en el jamo democrático. Los que ahora pugnan roñosos por elevar pancartas en ese cachito maldito del Peru senderista, por la cracker norteamericana.
Estos arquetipos de la fauna local de “cuidá’o con lo’caio, abre que voy“, desde ha, auspician la inmensa disculpa justificadora histórica en proceso editorial por los castrista de dentro y de fuera. La estrategia es a los fines de embelesar al pueblo ultra envilecido, para que les perdone el genocidio. Debemos poner atención: porque los preámbulos de la confabulación están en marcha –sus primicias en pruebas de galeras– a lomos del Moratinos Complutense y el Cardenal del Diablo.
Junto a ellos, alborotan los que aterrizaron en los EE.UU habilitados con una estructura filósofo-homínida desprendida de las canteras zurdas. La ruina druida consiste en sólo la mitad del cuerpo y la mente, de giro sinistrorso, pero con el actuar público alineado al torcimiento de los pecados bíblicos.
Son arquetipos en desuso del “Hombre Nuevo Catársico”  que enfrentó Padilla –copycats del lumpemhund geisteigen (canalla intelectual)– que anida Azafránes de Marte y otros orines destructivos, en los podios miamense. Se trata de una especie de componedores de bateas, en realidad batidores perpetuos del cobre pig, ansiosos de  sorprendernos al desviar la atención pública de las causas reales de las arbitrariedades y abusos de la dictadura cubana. Que los quintacolumnistas del PCC le dicen “del proletariado”.
Ver el drama “Heberto Padilla” ejemplarizado como una de las víctimas de la represión castrista, durante la Revolución Cultural Permanente. Todo un vendaval de castigos y humillaciones, de causa sui géneris  por un libro que se les antojó temible a los del INDEX oficialista, “Fuera del Juego“, quienes se apoyaron en su coro full time de monjes intelectuales adoradores del tentetieso
Estos megáfonos locales del oráculo habanero –cuyos sueldos pagamos graciosamente los contribuyentes–, perorean en hemiciclos académicos y medias, sobre un Padilla prefabricado intramuros de pureza intelectual al 99.99999 % y de cómodas impurezas políticas tan sólo al 00.00001 %, adosadas al “dossier intellectuel criminel” de su Id, inmerso en placideces de la nada cotidiana y navegando cuentos de exculpaciones sobre la mítica Barcarola de Hoffmann.
Una variedad cómica de psicomanía filosófica propia de intelectuales rebeldes, que qualifican como candidatos al manicomio no virtual de la “1984” de George Orwell. Esta plasmavisión de la troqueladora habanera, es un manto sagrado de mendacidades sobre la tribu local de intelectuales auto confundidos, a los propósitos de aprovechar las incertidumbres del poeta exiliado. “Por que en Cuba nadie es reprimido por ser disidente político, y Padilla no lo era“, argullen estos sorex del viejo tipo.
Es desdibujar el Heberto Padilla anti totalitario, decir, con el que cambiamos estocadas amistosas en la Europa invernal de 1961; y recordarle a sus pecadores anexos que ciertamente este exégeta del lirismo poético (en ocasiones, injustamente tildado de neoprosaista), sí murió solitario y abandonado en un diván, pero sin salirse nunca de su juego interior.
© Lionel Lejardi. Julio, 2010
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