Archive for 14 julio 2010

Los negros cubanos, ¿en rebelión contra los Castro?


           Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
No son especulaciones esotéricas y ni tan siquiera tesis demagógicas virtuales, imposturas asumida por algunos de cerebros tan planos como los adictos al football, sin importar la latitud o longitud de sus escandaleras. El tema siempre es tela de dibujo o corte como especialidad de la casa cortesana de los indo y afros, según convenga al demagogo de turno. Es justificar las deficiencias mentales, morales y éticas con el tema latente del fracaso de la tesis política; vibrando como las Tres Furias repletas de lujurias bajo sábanas del laberinto de Dédalo, resistentes a ser protesta reapagada por la propaganda oficialista. No hay que hurgar profundo ni con largura, en los antecedentes de esta rebelión silente entre filas de los negros cubanos, hoy soliviantados per se contra los Castro, sin que ningún líder los dirija.
La espontaneidad es de tal magnitud y firmeza que tiene espantados a los veraneantes quienes pensaban en que el “asunto negro” en la Cuba castrista era inexistentes. Porque los veían tan insólidos que “con una botella de ron y una buena rumba” se les aplacaba el berrinche hasta que se les pasara la borrachera. Y también a los yimbes (mayimbes) les acosó el despierte, cuando palparon el revirón contra las crías de sus caporegímenes, reos inevitables de la Interpol y de la Corte Internacional de los acuerdos de Roma. Hoy, el cappo mayor de los morlocks se revuelve en nuevas andanzas, como el “gato chino” de la charada, en votos de vivencias renovadas y reflexiona largamente sobre la inmortalidad de los cangrejos moro. Un quid insoluble con el país en ruinas y unas arcas polvorientas.
Porque la rebelión de los negros cubanos no viene de la piel y sí del cerebro, hoy despabilado con el paso por las universidades, y los criados de antes, se les volvieron respondones, no cantera de “represores cultos” tal como los castristas pensaron, al confundir los genizaros de Rhuanda con los oficiales del FBI.
Tal fue temor de los norteamericanos contra los totalitarismos, entonces en ciernes concluida la guerra civil, percibido por Abraham Lincoln cuando sentenció: «« Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo »». Sabemos que es frase recurrida, redundante y trillada; ya aburrida y desblindada para algunos desorillados; tales son los comunistas escépticos –saber que entre ellos no existen otras categorías decentes– que la vituperan de cursi y quimérica, con el único propósito de descalificar a los demócratas que tienen clase, igual a los republicanos.
Porque se trata de eso, de la carencia en los izquierdistas de alcurnia, aristocracia ilustrada y orgullos ciudadanos. Ya la chabacanería mugrienta del rap ideológico indecente de los ombligos y traseros restregosos, se les acaban los surcos. Y esa música zurda de retrete anuncia su final. Algo básico, una realidad indubitable de la que no podemos sustraernos: de que a estos tipos hoscos y desalinados, de tohallas por chalinas en medio de las selvas guevaristas, y para mayor desgracia minusválidos de la cojera bolchevique, la cita les encaja como anillo al dedo.
Los negros, no importan de donde procedan y al igual que otras minorías y las que no lo son –exceptuando los lumpemhund proletariat (canalla proletaria), esas piaras de marxistas mas baratas por docenas; adquiribles en los Marché des puces parisinos o en las kandongas africanas (pulgueros) exclusivos de esa izquierda con pruritos incontenibles; padecen nostalgias de ser considerados como moppets dúctiles y maleables, si nos atenemos a las filosofías de los demagogos que les manipulan, sean estos políticos, pastores endemoniados o simples estafadores del Soho Cast Iron newyorquino.
El manejo de las minorías, incluyendo los retortijones ejercidos por sus líderes, puede ser aceptado por los integrantes de la grey de manera consciente o inconsciente. Esta “aquiescencia voluntaria” ha sido tergiversada por los marxistas como una “anuencia canalla e indispensable” de los protestones irredimibles; con tal de que les permitan arrancar su porción alícuota en el pastel social, religioso, económico o inter racial. Es otro de los ascos con los cuales nos baña la inteligencia marxista senil, que no deja de ser canalla.
En el Asunto Cubano, la rebelión de los negros es de índole política, no racial, ya eso voló como el Globo de Matías Perez. Y se manifiesta contra la opresión del régimen, dado que el abanico insípido de los pasteles castristas nunca estuvo asequible a ellos, sino para la élite verde. La de los Comandantes arguyentes de que los negros nunca los apoyaron durante su trifulca contra el presidente Batista. En esencia, el concepto de “élite” implica en el primer escalón a los consanguíneos de la “Familia del Santo Grial”, después en un segundo escalón –sujetos a escrutinio permanente– yacen los “pega’os” (parientes de segunda, esposos, amantes, “ex” de todo tipo, etc.) y en el anillo exterior, la burocracia de soplatuberías, los militares canchanchanes de alto rango y el resto de los sicarios comprometidos por delitos de sangre (hitmen) con la familia primada, a la cual les están agradecidos el resto de los morones familiares.  Luego, no es culpa de los negros que los rojos les parangonen el hambre física con la espiritual, sin satisfacerles ninguna de las dos.
Los Castro les envolvieron en espejismos saharianos, tal permean crónicas de un tal Cmte. Terry quien ya fue borrado de los anales y retablos de la iconografia del campamento; por ser un “bembón insomne” como los Gallos de la Quirino, al cual el Aparato de Control de los “Bembones Freelancers”, lo desapareció. Este artilugio bípedo y que según dijeron testigos, después arrepintió, les anunció (1959) a un grupo de negros en la ciudad de Cienfuegos, Cuba: “el Comandante les promete una rubia para cada uno“, lo cual habría sido una idiotez extrema por la cual pagó. No por decir mentiras, sino por decir las verdades a destiempo. Las protestas, los comunistas siempre las han rebajado a esta miserable cuestión racial, considerando que para los negros (en ocasiones incluyen a los no sajones) es un hito inigualable, y así degradarlos hasta subniveles de aberraciones enajenantes.
La cuestión ha sido en ganarles la supuesta animadversión de los blancos y así, mantener divididos a ambos grupos, como si tal le importara a estos últimos, tres carajos. Para ello, han ejemplarizado sistemáticamente y de manera sublimal a figuras extranjeras exitosas (especialmente las norteamericanas, una especie de atracción fatal un tanto sospechosa) en disciplinas tales como música, deportes, artes, letras o política.
Claro que las estrellas cubanas estigmatizadas como “desertoras del paraíso castrista”, aunque nadie sabe desertores de cuál ejército, están borradas del manual de imitaciones y pasaron al de las maldiciones. “Conmigo o sin migo” chapurrean repetitivos, los trovadores de la hojalata unicornia o yolandina, atentos a las aperturas de las aletas de las narices de los comandantes omniscientes.
En sociedades mixtas y en las que no, ha existido favoritismo ancestral hacia una parte de sus integrantes, estamos en presencia de las metrópolis europeas autogestadas; como también sucede en Indoamérica, Asia y la África negra de ayer y hoy. Claro, sin relación con el color de la pellejera, siempre en la realidad del hábitat humano mucho antes y ahora después (preguntar en Rhuanda), de la etapa colonialista, lo cual siempre ha sucedido bajo un pensamiento tribal de la gen. Es la jaqueca humana convertida y disfrazada de conflicto social.
Este tema y sus aspectos políticos y sociales impregnados en lo que resta del frágil tejido social cubano, son tabúes, luego nunca son tocados por etnólogos e historiadores atemorizados o cómplices, y de ahí, su absoluta falta de seriedad profesional del cubano. Como estrategia, el tema racial en sociedades de “intocables” dentro de la gen, los teóricos castristas lo reducen a las sociedades blancas adornadas con la civilización judeo-cristiana. Curiosamente, aquellas que los musulmanes aspiran destruir.
En lo contemporáneo –como ejemplo traído por los pelos, no importa si esta parte era una mayoría (EE.UU) o minorías (Sud África)–, los ciudadanos selectos de cualquier color gozaban del libre acceso a todo un abanico de delikatessen, no como el apartheit oficial implantado en Cuba desde 1959 en contra el ciudadano común descolorido no confiable por la nomenclatura.
Sucedió que la minoría relegada de los negros, acudió a sus propios medios de propaganda o ajenos, para propagar sus aspiraciones igualitarias valideras; aunque casi siempre en su trasfondo falto de inteligencia militar; con de la logística terrorista y de propaganda suministrada por los comunistas locales, siempre prestos a la subversión, por orden de los rusos.
Ver el caso de la bóer afrikaan Premio Novel de Literatura, Nadine Gordines, en su restriegue impetuoso con los ñángaras (comunistas) terroristas del “Umkhonto we Sizwe”  (Brazo Armado del Congreso Nacional Africano) liderado por Nelson “Rolihlahla” Mandela.  En Cuba, todo el fenómeno social sorprendió a los castristas, pues transcurre a la inversa sin un “enemigo” exterior blanco.
La rebelión de los negros cubanos (y blancos) abarca todos los sectores que han supervivido como residuos gloriosos de esa sociedad cubana aplastada y estrujada hasta el paroxismo, por la insania de los Castro. La queja ciudadana no es elitista, tales son los casos de exiliados (o medio exiliados, entendibles) que incluyen intelectuales, políticos, artistas, especialistas, profesionales, deportistas, militares, religiosos cristianos, santeros, etc.
Se obvia que ningún “empresario”, porque es una categoría mortal en Cuba para quienes sean catalogados de tales, por definición del INDEX torquemada. Claro, exceptuando a los manatíes, delfines, morsas y focas amaestradas amamantados en el Punto Cero de “Manila”, residencia alterna del Dr. Fidel Castro Rúz y sus alevines.
En lo interno, la presencia de negros nutriendo las filas opositoras aumenta peligrosamente para el régimen, porque lo de “pacífico”  de hogaño tornarse en la ventolera mambí (soldado independentista) de antaño. Por ahora vemos en Cuba los casos más visibles, como los del finado (asesinado) Orlando Zapata Tamayo,  Lic. Guillermo Fariñas Hernández, Ing. Felix Bonne Carcaces, Dr. Oscar Elías Bicet, Jorge Luís  García Pérez (Antunez) y otros valientes, como ayer fue Pedro Luís Boitel; pero es que la cola de “sacacuentas” les viene aumentando a los Castro. En ocasiones, los Castro sacan del baúl algunos que otros de sus trapos tiznados de chapapote, moppets manchúes, para deleite de las galerías roncas.
Es que las soñadas divisiones del “ejército negro secreto” -una entelequia eufemística que en los planos de los Juegos Militares aparece como “reserva estratégica de los Castro“-, ya se les hacen invisibles en lontananza. Pocos mortales han podido disfrutar el hacer iguales trapisondas con el lunfardo rioplatense, para hundir en el sopor zurdo a los cubanos atribulados.
Otro pensador norteamericano, el escritor y poeta Robert Frost, nos regaló una cita muy sabia: «« Una mitad del mundo esta compuesta de gente que tiene algo que decir y no pueden, y la otra de gente que no tiene nada que decir y sigue diciéndolo »».
No, es difícil imaginar que en la primera mitad están los negros y blancos cubanos, demócratas de clase; mientras que en la segunda yacen los Castro y sus candidatos manchúes, arrollando en la conga de “¡Para Vigo…me voy!”, que ya les viene entonando.
© Lionel Lejardi. Julio, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
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Réquiem por Padilla, el poeta de “Fuera del Juego”


         Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba             
Resulta paradógico que en ocasión de las razzias regulares del FBI –cuando sus heraldos cósmicos lanzan tarrayas vindicativas sobre las aguas negras de los liberales–, se capturen ciertos géneros de fósiles intelectuales y docentes (de tonalidad rosa-pálida), que en realidad son fellow travellers endémicos de la bobería izquierdista.
A veces, es abrumador el cúmulo de pecados terrenales que les aplastan la vergüenza nonata. Porque cuando infantes, la vergüenza personal les era yerba tierna de los prados inmaculados de la inocencia, junto a la de otros robotñiky, que se las comieron los chivos. Y el pecar anti cívico, se les convirtio en oración de histerias.
Sucede que en los predios celestiales, los ángeles guardianes no los admiten ni siquiera en calidad de testigos. Buena parte hizo algún tipo de coro intra y extramuros contra el poeta Heberto Padilla (igual cuando escupieron a Reynaldo Arenas) y siguen en el Miami de la burocrasia docente entre codeos y besuqueos con los neoprosaismos de la roman sale.
En tiempos álgidos la piara, indefectiblemente, debe ser puesta a la sombra reflexionadora para sustraerla de ese DUI psico-político. Tal sucedió recientemente con las danzas y contradanzas faroleras de los espías rusos cheos e indoamericanos del sarape y la chancleta, capturados en el jamo democrático. Los que ahora pugnan roñosos por elevar pancartas en ese cachito maldito del Peru senderista, por la cracker norteamericana.
Estos arquetipos de la fauna local de “cuidá’o con lo’caio, abre que voy“, desde ha, auspician la inmensa disculpa justificadora histórica en proceso editorial por los castrista de dentro y de fuera. La estrategia es a los fines de embelesar al pueblo ultra envilecido, para que les perdone el genocidio. Debemos poner atención: porque los preámbulos de la confabulación están en marcha –sus primicias en pruebas de galeras– a lomos del Moratinos Complutense y el Cardenal del Diablo.
Junto a ellos, alborotan los que aterrizaron en los EE.UU habilitados con una estructura filósofo-homínida desprendida de las canteras zurdas. La ruina druida consiste en sólo la mitad del cuerpo y la mente, de giro sinistrorso, pero con el actuar público alineado al torcimiento de los pecados bíblicos.
Son arquetipos en desuso del “Hombre Nuevo Catársico”  que enfrentó Padilla –copycats del lumpemhund geisteigen (canalla intelectual)– que anida Azafránes de Marte y otros orines destructivos, en los podios miamense. Se trata de una especie de componedores de bateas, en realidad batidores perpetuos del cobre pig, ansiosos de  sorprendernos al desviar la atención pública de las causas reales de las arbitrariedades y abusos de la dictadura cubana. Que los quintacolumnistas del PCC le dicen “del proletariado”.
Ver el drama “Heberto Padilla” ejemplarizado como una de las víctimas de la represión castrista, durante la Revolución Cultural Permanente. Todo un vendaval de castigos y humillaciones, de causa sui géneris  por un libro que se les antojó temible a los del INDEX oficialista, “Fuera del Juego“, quienes se apoyaron en su coro full time de monjes intelectuales adoradores del tentetieso
Estos megáfonos locales del oráculo habanero –cuyos sueldos pagamos graciosamente los contribuyentes–, perorean en hemiciclos académicos y medias, sobre un Padilla prefabricado intramuros de pureza intelectual al 99.99999 % y de cómodas impurezas políticas tan sólo al 00.00001 %, adosadas al “dossier intellectuel criminel” de su Id, inmerso en placideces de la nada cotidiana y navegando cuentos de exculpaciones sobre la mítica Barcarola de Hoffmann.
Una variedad cómica de psicomanía filosófica propia de intelectuales rebeldes, que qualifican como candidatos al manicomio no virtual de la “1984” de George Orwell. Esta plasmavisión de la troqueladora habanera, es un manto sagrado de mendacidades sobre la tribu local de intelectuales auto confundidos, a los propósitos de aprovechar las incertidumbres del poeta exiliado. “Por que en Cuba nadie es reprimido por ser disidente político, y Padilla no lo era“, argullen estos sorex del viejo tipo.
Es desdibujar el Heberto Padilla anti totalitario, decir, con el que cambiamos estocadas amistosas en la Europa invernal de 1961; y recordarle a sus pecadores anexos que ciertamente este exégeta del lirismo poético (en ocasiones, injustamente tildado de neoprosaista), sí murió solitario y abandonado en un diván, pero sin salirse nunca de su juego interior.
© Lionel Lejardi. Julio, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
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Cómo asesinar a un Zar y a su familia de ruiseñores


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
Cómo asesinar a un Zar y a su familia de ruiseñores
Un correo militar desde el Kremlin

(Telegrama Secreto, “apócrifo”(NDE), transliterar al Código Morse)
DE : Vladímir Ilich Uliánov
Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo
A : Yákov Sverdlov
Asunto: Descubierta conspiración para rescatar Zar y familia por tropas blancas de Kolchak. De inmediato, se ordena al Comité Central Ejecutivo Región Urales en zona de Ekaterimburg: Ejecutar la tarea de acuerdo al protocolo “Tierra Limpia”. Confirmar por vía clasificada.
Lenin.

Prólogo
La noche del 16 al 17 de julio de 1918, calurosa y húmeda, se diferenciaba poco de las transcurridas en años anteriores. Salvo por la cadena horrores que los bolcheviques (1) marxistas-leninistas rusos (en lo adelante “comunistas” o “bolcheviques”), integrantes del Comité Central de la zona de Ekaterimburg; desencadenaron la madrugada del día 17 en los sótanos de la llamada “Casa Ipátieff“, siguiendo órdenes expresas de Vladímir Ilich Uliánov (aka, Lenin); Primer Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (comunista).
Dicha casa, durante la época civilizada en Rusia (hasta octubre de 1917) era una residencia situada en una campiña bucólica de apacibilidad deliciosa. La mansión señorial perteneció al el Ingeniero Militar y Químico destacado, Vladimir. N. Ipátieff, miembro de la burguesía local. Tal como sucedió en toda Rusia después de esa fecha, la policía política (CHEKA) (2) confiscó la vivienda a la fuerza, para su uso por el régimen comunista triunfante, liderado por Lenin, tras la mal denominada “Revolución de Octubre” (en realidad, noviembre de 1917). Dadas sus condiciones estructurales se le reasignó otras funciones bien diferentes de las pacíficas originales.
El alto mando de la CHEKA la denomino ,”Casa de Propósitos Especiales“, una denominación que en la jerga comunista se identifica con la de un centro dispuesto especialmente para la represión, tortura y asesinato de los indeseables. Para tales fechorías los jefes máximos y subalternos locales, disponían de cuadrillas de agentes, reclutados entre lo peor de los Nachtasyl (bajos fondos) del lumpenproletariat (canalla proletaria), dos iluminaciones que nos legaron Marx y Engels.
En Ekaterinburg, no podía faltar un grupo tan selecto, y todos –condición indispensable– miembros fanáticos del Partido Comunista Ruso, chekistas de mente y corazón. El jefe responsable de la unidad local, Yákov Mikhaylovich Yurovsky, un siberiano de origen judío, era quien comandaba el escuadrón de sicarios destinados a exterminar por todos los medios disponibles, a los opositores del Poder Rojo; a saber, los denominados contrarrevolucionarios, disidentes, intelectuales, opositores, republicanos, religiosos, demócratas, idealistas, etc.; fueran o no opositores o críticos no violentos, porque se les consideraba con el apelativo común de “enemigos de los soviets y el pueblo” .
En esencia, el nombre estaba muy a tono con la feria macabra a desatar allí, en día tan aciag0, por una banda de agentes CHEKA comunistas. Es que, durante el transcurso de esa noche; Nicolás II, Emperador y Autócrata de Todas las Rusias (Nikolai Aleksandrovich Romanov); el último Zar, su familia y acompañantes, fueron ejecutados de manera inmisericorde y a mansalva, por una banda de agentes chekistas. Los cuerpos de los asesinados fueron medio incinerados y sus restos ocultados en una mina abandonada. Todo ello se mantuvo en secreto durante decenas de años por órdenes iniciales del propio Lenin. El motivo principal del mandato, era a los fines de que el lugar de la ejecución ni las tumbas; no se convirtieran en centro de peregrinación religiosa por parte del pueblo
Un antecedente democrático breve, decir, purgar la historia
El arribo a este día, estuvo antecedido de una serie de acontecimientos políticos, militares y sociales, que revolvieron Rusia en los finales de la Primera Guerra Mundial (IGM). Este inmenso país y su Régimen Imperial, en manos de un autócrata Nicolás II de Rusia, un gobernante pasivo y desconocedor de las artes mínimas de como gobernar un país inconmensurable, había sucumbido ante un reducido grupo de opositores anti monárquicos, de todas las tendencias políticas activas en el panorama de Rusia. Por siglos este país, multiétnico y de culturas diversas e idiomas diferentes, había sido gobernado con mano dura por todos los zares y zarinas anteriores.
En el oeste de Rusia, era evidente la tensión que electrizaba el ámbito en San Peterburgo, especialmente en el Palacio de Invierno. Ello, debido a los desastres en el frente oeste-sur, teatro de operaciones de la guerra entre Rusia junto a las potencias de la “Triple Entente” (Los Aliados) por una parte, contra “La Doble Alianza” (Las potencias Centrales) integrada por el Imperio Austro-Húngaro, el Otomano, el Prusiano y Bulgaria por el otro.
Todas estas naciones, fueron las esencias que aromatizaron la Primera Guerra Mundial (IGM), entonces dicha como “La Gran Guerra”, transcurrida entre 1914 y 1918, y la cual fue detonada por el drama anti romántico de Sarajevo, donde fueron asesinados por extremistas armados por el fascismo temprano, del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek, el 28 de junio de 1914.
La acción la ejecutó el grupo servio “La Joven Bosnia” ligado a otro también terrorista, “La Mano Negra” (su lema, Union o Muerte) de nacionalistas rabiosos promovidos por intereses servios, que pugnaba por integrar Servia y Bosnia. Los austro húngaros atacaron Servia y se inició el conflicto. Dado que el imperio ruso se enarboló como protector de los eslavos, entró en guerra contra los austro húngaros.
Desde febrero del año 1917, Rusia había experimentado transformaciones inauditas que la llevaron de un extremo a otro del espectro socio político de la época. Uno de los factores acumulados, era el descontento popular arrastrado desde la bochornosa derrota rusa en la guerra contra Japón (1904-1905), unido a la represión cruenta de una manifestación aparentemente pacífica (en realidad una provocación) organizada por el Pope Georgy A. Gapón; el domingo 22 de enero de 1905 (el Domingo Sangriento), frente a las puertas del Palacio de Invierno, en San Peterburgo.
Gapón era un sacerdote ortodoxo revolucionario, de tendencias extremistas y comunistas, que organizó la que denominó Asamblea de Obreros Industriales Rusos de San Petersburgo; se dice; auspiciada por el Departamento de Policía y la Policía Secreta de San Petersburgo, la Okhrana. Los manifestantes, planearon entregar al Zar Nicolás II una carta solicitando reivindicaciones laborales, sociales y políticas. Pero el Zar ese día , estaba fuera de San Peterburgo. En ese invierno, el Gran Duque Vladimir ordenó a la Guardia Imperial disparar contra la manifestación amenazante.
Este incidente, hizo que al Zar sus enemigos le apodaran Nicolás “el Sangriento“, lo que tuvo un significado fatal para él y su familia, cuando Kerensky solicitó que un país amigo le diera asilo. Luego, estos hechos y sus actores, podían indicar una provocación armada por los comunistas con ayuda de Gapón (supuesto religioso y no, ateista adorador del marxismo), para deteriorar la imagen del Zar. Lo curioso es que el sacerdote, más tarde y después de su peregrinar europeo en calidad de exiliado político, apareció misteriosamente ahorcado en una cabaña en Finlandia, acusado de “provocador” por el Partido Social-Revolucionario, en esencia, no tan radical como el de los comunistas.
Una de las variantes iniciales de las fuerzas políticas democráticas existente tras la derrota Rusa frente al Japón, era convertir la autocracia zarista en una monarquía constitucional, al estilo inglés. Ello transcurrió con el paso vertiginoso del gobierno autocrático zarista, hacia otro moderno, al estilo de los social-demócratas. La Duma (Asamblea Consultiva o Parlamento) creada en 1905 por el propio zar ruso Nicolás II , tras el “Domingo Sangriento”, el cual se rumoró que a instancias de la Zarina, pretendía aplacar los ánimos, prometiendo concesiones y aperturas, que nunca se materializaron plenamente.
Más adelante, después de una década de inquietudes; en 1914 estalló la IGM que se desarrolló entre el 28 de junio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918. Al inicios del tercer año de la guerra, Rusia y el zarismo estaban extenuados por el conflicto. El pueblo y los trabajadores se encontraban bajo un estado revolucionario, consecuente con iguales eventos en otros países colindantes.
Estas facciones en Rusia estaban incitadas por la facción bolchevique, que ya controlaba los soviets (consejos de trabajadores) fabriles. Los primeros de estos soviets (databan desde los albores de la revolución de 1905) los cuales constituyeron los elementos de la posteriormente denominada “República Socialista Federativa Soviética de Rusia”. Claro, que después que los comunistas liderados por Lenin, tomaron el poder utilizando la violencia proclamada en los cánones marxista.
El 18 de febrero de 1917 estalló la revolución guiada por la fuerzas democráticas (Revolución de Febrero de 1917) sin los bolcheviques ni la facción extremista de los comunista; como un pacto entre liberales y socialistas burgueses. La Duma y el resto del gobierno zarista fueron desarticulados bajo un Ejecutivo representativo de la Asamblea Constituyente la cual eligió a un aristócrata, el príncipe Georgy Yevguénievich Lvov, como Primer Ministro del nobel Gobierno Provisional democrático.
El Gobierno Provisional fracasó en conseguir encausar el maremágnum imperante en toda la nación rusa, principalmente por la agitación y sabotajes provocados por los comunistas; y fue cuando el 17 de julio de 1917 la Social-Democracia dio paso a su líder más prominente, el político revolucionario y abogado Aleksanr Fiodorovich Kérenski, quien fue designado Primer Ministro del Gobierno Provisional, con vistas a las elecciones generales.
Este líder, muy activo en la preparación de la Revolución de Febrero; pudo con pleno éxito neutralizar el coup d’etat intentado por el general Lavr G. Kornilov contra su gobierno, a la sazón Jefe del Ejército del Gobierno Provisional. Kornilov, un militar recio y a igual que la clase media; apuntaba a detener el deterioro social propiciado por los comunistas, instaurar una dictadura, eliminar a Lenin y los comunistas (incluyendo los soviets) y devolverle a Rusia su antiguo esplendor, pero sin la monarquía.
Sucedió que en el plan de una de las facciones subversivas, los comunistas de Lenin; enmascarados dentro de los bolcheviques (denominados “los miembros de la mayoría”, tal los mencheviques eran “los miembros de la minoría”) ahora reaparecidos en el Soviet de Petrogrado (3), la democracia les resultaba un estorbo repulsivo y anatemático que les obstruía sus planes de implantar lo que el y su grupo denominaban “dictadura del proleteriado”. Una distopía de características macabras y sociopáticas.
Los comunistas reforzaron su labor de subversión en la capital rusa (Moscú) iniciando su plan con la huelga de la “Factoría Putilov”, arrancada desde febrero a instancias del soviet local, el cual los comunistas manejaban a su voluntad. Éstos, representativos de la facción leninista, ya habían desarrollado su tesis del “marxismo-leninismo” y planeado eliminar (liquidar) a los soviet de obreros de San Peterburgo, Omsk , Moscú y otras ciudades, que no les secundaran adhiriéndose a la huelga.
A su regreso del frente en marzo de 1917, el Zar fue arrestado junto con su familia y encerrado (para su protección) en el Palacio de Alexander en Tsárkoye Seló, San Peterburgo. El Zar, aceptando la existencia de la Revolución de Febrero y abrumado por su fracaso en gobernar a tan inmenso país atenazado por la guerra, abdicó el 20 de marzo, 1917 en favor del zarevich Alexei, permutado después con el Príncipe Miguel (el cual no aceptó), de donde la monarquía quedó acéfala.
Ya estando Kerensky al mando de la nave rusa, pudo acercarse al zar para lograr un asilo de la familia imperial en Alemania, Inglaterra o Francia. Pero fracasó porque esas potencias no querían agravar la situación europea, admitiendo un huésped tan embarazoso. Con ello, el destino de los Románov quedó sellado. En esencia, repudiando al Zar por los hechos que le imputaban quizás injustamente, por el “Domingo Sangriento”.
En agosto de 1917 Kerensky, tremolando todavía el “asunto Kornilov”; previendo que los comunistas lo asesinaran a él y al propio Zar; alertó al soberano sobre lo peligroso de la situación y lo envió junto con su familia, sirvientes y una guardia fuerte; a la Mansión del Gobernador en Tobolsk, Siberia. allí lo rodeó de un confort aceptable.

Antes de partir, Kerensky le insistió al Zar:Los soviets desean mi cabeza, después en venganza, Lenin demandará la de usted y su familia“.

El gobierno de Kerensky, arrinconado por el desorden de los radicales, fue derrocado por la denominada “Revolución de Octubre” iniciada el 23 de octubre de 1917 (calendario juliano), correspondiente al 8 de noviembre del actual gregoriano. Kerensky trató en vano de traer tropas leales a Petrogrado. La facción armada de los bolcheviques (comunistas) del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia liderada por Lenin y Trotsky, se alzó con el poder.
En los combates de Petrogrado, las fuerzas beligerantes estaban constituidas en la parte de los comunistas por 40,000 marinos y soldados de la Guardia Roja y en la parte democrática, la defensa del Palacio de Invierno, un objetivo simbólico, por unos 1000 soldados voluntarios, cadetes, cosacos y 1000 efectivos, del Batallón de Mujeres.

Entre los comunistas hubieron algunas bajas, en unas escaramuzas ridículas, mientras que en lado democrático todos perecieron, parte los combates y la mayoría masacrados después de rendirse. Tal fue la tarjeta de presentación al pueblo ruso de Lenin, Trotsky, Stalin y Dibenko, los comandantes de los destacamentos atacantes.

Así, como fue siempre de manera violenta, se implantó la denominada “Dictadura del Proletariado” (4). El resto de las fuerzas democráticas fueron aplastadas sucesivamente por la cruenta dictadura, de manera inmisericorde. Ningún partido, tendencia, opinión, filosofía, fuerza cívica o social, u oposición; sobrevivió la represión comunista.
Entonces, se inició a la Guerra Civil (1918-1922) hasta su conclusión, por la victoria del Ejército Rojo, hasta que en 1922 se creó la Unión Soviética.
El desconcierto de los líderes del gobierno de Kerensky y el de toda la capa aristocrática y de la alta burguesía sustentadora de la monarquía imperial; ahora dispuesta a reformas; se desmoronó en cuestión de horas, ante unos estimados erróneamente como “simples motines callejeros”, comandados por un agitador de tendencia subversivas (intelectual, de inteligencia extrema), Troskty.
Este personaje, transformó todo el ideario arrastrado por el líder principal de la tesis comunista (Lenin), hasta convertirla en una estrategia de combate. Lenin lo transformó en su Némesis, del mismo modo que se le presentó, con sus profundas diferencias con Stalin.
En marzo de 1918 las facilidades les fueron retiradas a la familia imperial, ahora bajo un régimen alimentario militar; y su séquito original entre médicos y sirvientes, les fue reducido a unos 12 personas. El deterioro de las condiciones de vida de la familia zarista derivó en atropellos lindando la humillación.
El 30 de abril, la familia, los sirvientes y el médico personal, fueron trasladados por los comunistas desde Tobolsk hasta la ya mencionada Casa Ipátieff cercana a Ekaterimburgo, su última residencia. Esta decisión fue tomada directamente por Lenin, e implementada perruna,por Yakov Mikhaylovich Sverdlov a los fines de crear las condiciones para deshacerse de los Románov en un lugar apartado, y a cuyos fines urdirían un pretexto creíble para el pueblo, sumido entonces en aquel mar de confusiones. Pero esperanzado aún en un arreglo político y el retorno a la tranquilidad.
Un correo militar hacia el Kremlin, confirma el protocolo “Tierra Limpia”
Cerca de la medianoche del 18 de julio, 1918; un correo militar a bordo de un sidecar, traspasó raudo un portón lateral del Kremlin. El mensajero fue conducido directamente a un saloncillo de reuniones repleto de humo de cigarrillos, entre víveres y licores finos, adjunto al lujoso despacho ocupado a la sazón por Lenin (el hombre del Lena).
Allí, el líder de los conspiradores deliberaba acerca de cuando y como eliminar a sus competidores y de alguna forma, hacer que los líderes de barricadas —ahora al mando de los organismos e industrias claves del estado burgues— ejercieran las funciones de los antiguos dueños y dirigentes de la estructura social y estatal de Rusia, como era de esperar de manera desastrosa, para lo cual eran unos ineptos perfectos.
El caos y la hambruna se comenzaba a cernir sobre el antiguo imperio de los zares. Los interlocutores de Lenin, en coro, lo integraban sus colaboradores cercanos y funcionarios de menor rango. Entre los principales se encontraban, Lev Davidovich Bronstein, (aka, “Trotsky”) un teórico y táctico fuera de serie por su inteligencia y astucia; Joseph Vissarionovich Dzhugashvili (aka, “Stalin“, el “Hombre de Acero”) un matarife de marca mayor, cruel e inexorable y, por ultimo, un curioso ejemplar de origen polaco, de facciones agudas, el patético Féliks Edmundovich Dzerzhinsky (aka, “Kruk“, el Cuervo) el temido jefe de la CHEKA.
Cuando el correo entró al salón, se cuadró en medio del salón y saludó militarmente a los presentes –aunque ninguno de aquellos presonajes tétricos era militar por rango ni escuela– y puso el sobre lacrado directamente en las manos de Lenin. Esa era la orden que acompañó al correo durante todo el trayecto, entregar el correo en manos del líder, no a Trotsky, Presidente del Comité Militar Revolucionario de Petrogrado.
El pliego portaba un mensaje esperado con ansiedad por aquellos hombres endurecidos en el clandestinaje y la subversión terrorista. Era un telegrama secreto dirigido a Lenin, emitido desde Ekaterimburgo, por el presidente del Comité Central Ejecutivo de esa región de los Urales, Yákov Sverdlov. Cuando Lenin leyó la nota sonrió y recabó la atención de sus capitanes y ordenó la salida del resto de los asistentes. Cuando se hizo el silencio, el líder tomó aire y con extrema parsimonia anunció:

Camaradas, tengo el gusto de informarles que el Zar , el tirano Nicolás II y sus colaboradores, han sido pasados por las armas, marcialmente, por delitos de alta traición. El camarada Sverdlov cumplió la orden ante el avance de los “blancos” y encargó la tarea a un fiel chekistas; Yákov Yurovsky; el cual comandó personalmente el escuadrón punitivo. Les advierto, que sólo mencionaremos al pueblo la ejecución del Zar, pero nada de su familia, para evitar sentimentalismos en la población. Y menos, revelar el sitio donde fueron enterrados los cuerpos, a los fines de atajar que el lugar se convierta en un punto de peregrinación supersticiosa” —concluyó en tono vibrante.

Tornó ligeramente su rostro orientaloide y miró de soslayo a Dzerzhinsky, quien estampó en su rostro una mueca cómplice; más bien sibilina; porque este asesinato a sangre fría de la familia imperial presagiaba el recrudecimiento de la degollina general desatada por los comunistas desde la caída del Gobierno Provisional de Kerensky.
La ola represiva iniciada en contra los políticos demócratas, la pequeña y alta burguesía, los kulaks, mujiks y el resto de los obreros y del campesinado; rebeldes contra la colectivización de las tierras y medios; con la consecuente hambruna ya desatada por los comunistas, fue de una magnitud arrolladora. Las mejores inteligencias y los capitanes de la economía, industria, educación y las artes, más emprendedores, fueron diezmados.
Lo que estos líderes desconocían era que en la zona del crimen real, de inmediato, corrieron rumores sobre la atrocidad comunista ejecutada en los sótanos de la Casa Ipátieff y que los intentos de los asesinos en destruir los cadáveres se entorpecieron. Los cuerpos fueron extraídos del sótano y amontonados sobre la cama del vehículo que los conducía , pero este se averió en el camino hacia la localidad de Koptyaki. El sicario Yurovsky, aterrado, decidió inhumarlos en una vieja mina de hierro “Chatiri Brata” (Los cuatro hermanos) situada en un recodo del camino, a unos 12 kilómetros al norte de Ekaterinburg.
Los cadáveres de las víctimas fueron rociados con ácidos y gasolina y quemados, con el intento de reducirlos a cenizas. Pero los asesinos se encontraron con una tonelada de carne. En esta liturgia macabra transcurrieron tres días y ante el fracaso de la tarea inconclusa y la represalia del propio Dzerzhinsky , Yurovsky ordenó a sus secuaces que echaran los restos quemados (aun intactos en sus miembros y articulaciones), en un lodazal de la propia mina y tapió la entrada.
Así, el sepulcro de aquellas víctimas inocentes (tal reconoció a posteriori el propio gobierno ruso y un alto tribunal de la actual Federación Rusa), quedó casi desconocido hasta después de la caída del Muro de Berlín.
El coup d’etat bolchevique
Un poco de prehistoria. En la noche del 6-7 de noviembre de 1917 (los comunistas dicen “octubre”), los seguidores de Lenin, ansiosos de tomar el poder para desmontar la democracia incipiente e iniciar el despoje de bienes y matanza de los burgueses, terratenientes, funcionarios r intelectuales; derrocaron al Gobierno Provisional de Kérensky y ocuparon todos los centros administrativos, de servicio y militares. Estas acciones fueron ejecutadas por detacamentos del lumpen proletario comandados cronométricamente, por Trotsky.
Resultó ser un coup d’etat incruento, repleto de alborotos pero casi sin derramamientos de sangre (excepto las matanzas salvajes de los defensores del Palacio de Invierno, después de rendirse, en especial los batallones de jóvenes Cadetes de las Escuelas de Oficiales y el de las Mujeres, este último, con el cual los chekistas se ensañaron). Uno de los artificios magnificados por los historiadores comunistas, fue la aparatosa salva del cañonazo del crucero “Aurora“, anclado en puerto, el cual le indicó a los complotados el iniciar las operaciones de ataque a los objetivos civiles y militares (5).
Los historiadores comunistas maquillaron estas coreografías baratas, como batallas épicas. Solo atenernos a la filmografía comunista desarrollada pos revolución por creadores como Sergei Mikhailovich Eisenstein en el film “Octubre” (1927) y otros de calidad estereotipada. La novel democracia rusa sucumbió, aplastada por la dictadura del proletariado basada en las “Las Tesis de Abril” enunciadas por Lenin. Quien de inmediato creó la CHEKA, un proto organismo represivo eficiente por utilizar el Terror Rojo (asistido por Sverdlov) que; todo lo cual resultó nominalmente en un simple copycat de la eficiente Okhrana (Okhranka” despectivamente) –policía política zarista, la cual quedó a cargo de Dzerzhinsky.
Con ello, Lenin dispuso del instrumento de represión idóneo y ordenó la implantación del “Terror Rojo“.
Kérensky, el único protector efectivo del Zar; se replegó a Pskov y reorganizó la contraofensiva con tropas leales a la democracia y tomó Tsárkoye Seló. Derrotado en Pulkovo y acosado, deambuló por Europa hasta exiliarse en Francia. La familia imperial quedaba desde entonces, en manos de los comunistas y abandonada a su suerte.
Yákov Sverdlov, uno de los sicarios dilectos de Lenin, fue el apparatchick encargado del “asunto del Zar y su familia”, por ese tiempo albergados en Tobolsk. Este personaje no tardó en brindar y hacerle notar a Nicolás II la furia vengativa de su jefe, Lenin.
Tiempos anteriores, durante las etapas de conspiraciones para derrocar a los zaristas, Lenin, uno de los líderes de entonces, agradeció al Kaiser Wilhelm II el que éste lo enviara a Rusia en un vagón sellado, desde su escondite en Suiza, donde había pasado alegre y cómodamente la guerra europea.
Los motivos de que Lenin se plegara en favores del Kaiser lindaba con una genuina traición a Rusia, su país natal, ya que éste en pago debía abogar por detener la guerra en el frente ruso, ofreciéndole al pueblo “pan, tierras y paz”. El favor fue revertido al Káiser, cuando los bolcheviques firmaron más tarde, el pacto Brest-Litovsk, al salirse unilateralmente de la guerra, abandonando y traicionando a sus aliados europeos.
Lenin, por su parte, envuelto en su áureas mediocritas, moral y espiritual, odiaba y envidiaba con furia animal a los Románov. Aparte por la vulgaridad de su físico oriental, alopécico y repulsivo –por los estragos físicos y mentales causados en él por la sífilis galopante que lo consumía–; también porque su hermano Alexander un terrorista de carrera fue fusilado por vínculos con el intento de asesinar al Zar Alexander III, en 1887.
Cursando el 4 de julio de 1918, con el pretexto del avance de los checos, el Soviet de los Urales mangoneado por Sverdlov, éste envió a Yurovsky a relevar la guardia de soldados rusos que protegían al Zar, considerando que éstos nunca dispararían contra la familia imperial y colocó en su lugar, a un escuadrón integrado por prisioneros de guerra húngaros, desertados al Ejército Rojo.
Las condiciones esperadas por Lenin, ya estaban creadas. El 13 de julio el soviet local, mediando Sverdlov, redactó la nota oficial (a) relacionada con la orden secreta implícita de Lenin: “…fusilar a toda la familia imperial, y no dejar rastro.”
La noche de Tatiana y Ortino
A las 02:00 h del 17 de julio de 1918, el Yákov Yurovsky, cuatro chekistas rusos y siete húngaros (6); ex-prisioneros de guerra que no sabían ruso ni a quiénes les ordenarían ejecutar; descendieron al sótano de la Casa Ipatieff, escoltando al Zar Nicolás II y el resto de los prisioneros, todos, completamente anonadados. Los líderes rusos, se entendían con los húngaros mediando el alemán. Eran 12 los reos entre hombres, mujeres y niños, azorados por el repentino despertar a deshora. Todos intercambiaban miradas de pavor –en especial los niños–, el Zar presintió que algo muy grave les sucedería. No en balde desde semanas antes, los carceleros habían levantado una extraña palizada de madera alrededor de la Casa.
Se rumoraba fuertemente que los bolcheviques temían la reacción de la población fiel al Zar o el rescate de los prisioneros por la cercana Legión Checoslovaca, del Ejército Blanco comandado por el respetado héroe de la Armada Imperial Rusa, Almirante Aleksandr V. Kolchak. Estos rumores fueron esparcidos intencionalmente por la zona, por boca de los chekistas, a instancias de la CHEKA (7), para aprovechar el peligro real en su favor, con respecto al asesinato premeditado
Esa madrugada del 17 de julio, los ejecutores a una orden de Yurovsky estaban formados frente al Zar y su familia. Los engañaron con la treta de que la ida al sótano, era “para tomarles fotografías”. Yurovsky radiante bajo la luz de un candil, sacó un papel sucio de su camisa y ensayó leerle a los reos lo que pareció una sentencia, firmada por Svérdlov.

“¿Qué?”, “¿Qué?” preguntó el Zar, asombrado ante las palabras terribles, temblorosas del chekista.

Yurovsky le respondió de la manera peculiar en los comunistas: y le disparó en el pecho (fue varias veces a quemarropa), descargando su odio con su revolver “Nagant” de 7.62 mm. Y así comenzó la ejecución minuciosa de toda la familia imperial. Este buen comunista, alardeó después de que él se había reservado para sí, el asesinar al Zar y al Zarevich, para acabar con las dinastía Románov.
Cada ejecutor sabía en detalle a quién balear, pues el jefe del escuadrón les hizo caminar el trayecto hasta el sótano (en realidad, entre sótano), junto a su víctima escogida. La masacre duró casi un minuto y quienes gemían heridos, eran rematados a tiros en la cabeza o bayonetazos.
Tatiana, la segunda hija del Zar se arrastró protegiendo a Ortino, el perrito del zarevich. El niño, herido, se movió llorando por su mascota y Yurosky, furioso, lo tiroteó y bayoneteó varias veces. Ortino se escapó de los brazos de Tatiana, a la cual otro soldado remató de un tiro de fusil en la cabeza y, con su bayoneta, clavó al perro en el tablado del piso.

Después, fue el silencio. Cerca, se escuchaba el ronronear del viejo camión militar donde se trasladarían los cadáveres tras el festín macabro. Más allá, se sintió el llanto inconsolable de una anciana aterrada, lloviendo lágrimas sobre la tierra rusa zaherida por unos rufianes.
A lo lejos, todo se confundió con los aullidos de una inmensa manada de lobos correteando alegremente por entre el bosque reverdecido. Sólo que las fieras todavía jadeaban hambres eternas sobre la taiga rusa, como los buitres de Prometeo, y así continuarían los horrores por los decenios siguientes.
Sólo 8 días después de la masacre, las tropas checoslovacas del Ejército Blanco al mando de Kolchak, lograron liberar el lugar donde la Casa Ipátieff. De haber sido así, días antes, el Zar Nicolás II, su familia, todos, se habrían salvado de la hecatombe.

Estos son los detalles sucintos, de cómo asesinar a un Zar y a su familia de ruiseñores.

Epílogo (sic)
Corriendo julio de 1977 un misericordioso Boris Nikolayevich Yeltsin , entonces disciplinado líder local del Partido Comunista de Rusia, ordenó la demolición “…hasta los mismos cimientos” de la Casa Ipátieff. El motivo principal de esta decisión vesánica por parte de los comunistas rusos, se fundamentaba en destruir las huellas del lugar del crimen; además que rumores sobre ciertas excavaciones oficiales de expertos rusos, un equipo multidisciplinar compuesto por arqueólogos, antropólogos y médicos forenses; hicieron que el lugar se convirtiera lentamente en sitio de peregrinación de religiosos y turistas. Algo que aterraba a los comunistas.
En el mismo lugar del crimen, el propio gobierno ruso autorizó en septiembre 20, 1990 a que la Iglesia Ortodoxa Rusa construyera una iglesia (hermosa Catedral). El 16 de junio, 2003 fue consagrado e inaugurado el bello complejo de la “Iglesia Sobre la Sangre”, coincidiendo con el aniversario y canonización de la familia real asesinada.
Resalta que en las memorias de Boris N. Yeltsin, este conspicuo comunista abriera su corazón y apuntara “…más tarde o temprano nos avergonzaremos de actos tan barbáricos.”
En 1979, los historiadores Alessandra Avdonin y Geli Riábov hallaron el sitio (tumba) de la familia imperial asesinada en el bosque de Koptiakí, por orden de explícitas de Vladímir Ilich Uliánov (aka, Lenin), Presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Temerosos de los comunistas fanáticos anidados en la KGB (versión moderna de la CHEKA), estos historiadores no lo informaron a la ratonera-madre, hasta años después. Tal actuar, inconcebible en cualquier sociedad libre, era resultado del Terror Rojo, idéntico al que los comunistas rusos y sus cómplices locales, implantaron detrás de la Cortina de Hierro en todas las “Animal Farms” del denominado “bloque comunista”; desde Europa, Ásia, África y América Latina, a partir de los inicios de la Guerra Fría.
Los periódicos rusos sólo informaron del hallazgo, hasta abril 12, 1989. Cuando la tumba fue abierta por los comunistas, se encontraron nueve cuerpos. Los propios funcionarios identificaron los restos por el ADN. Concluyeron que faltaban los cuerpos del zarevich Alexis y la Gran Duquesa María. Las identificaciones fueron a confirmadas igualmente a posteriori mediante el ADN.
Con el asesinato (puesto que ningún juez o jurado les condenó a muerte, ni ordenó su ejecución) por las fuerzas represivas del movimiento revolucionario de los bolcheviques, durante la Segunda Revolución Rusa, se extinguió la dinastía Románov.
El Zar yace enterrado desde 1997, en la Catedral de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo junto con el resto de la familia imperial y los demás zares rusos. En 2007 se anunció el descubrimiento de los cuerpos de María y Alexis, que, tras realizarles las pruebas de ADN, serían enterrados posteriormente al lado de sus padres y hermanas.
Canonización
En 1981, la Iglesia Ortodoxa Rusa en el exilio canonizó a los integrantes de la familia Románov, una decisión refrendada en agosto de 2000 por el sínodo de la Ortodoxia Rusa. Desde 1998 sus restos reposan en la Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo.
Rehabilitación.
El de octubre de 2008 el Tribunal Supremo de Justicia de la Federación de Rusia rehabilitó a Nicolás II y su familia, teniendo en cuenta a las víctimas de la regresión política bolchevique, una decisión muy esperada por los descendientes de la familia imperial y la Iglesia Ortodoxa Rusa.
De acuerdo al veredicto pronunciado por el juez, el Tribunal Supremo calificó de infundada la regresión y estableció la rehabilitación de los Románov (Nicolás II), Alejandra Románova (su esposa), Alexis, el príncipe heredero (zarevich) y sus hijas las Grandes Duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia.
Esta decisión respondió favorablemente a una denuncia presentada en 2005 por el abogado de la Gran Duquesa María Vladímirovna, que afirma ser la heredera de Nicolás II. La familia expresó «alegría y satisfacción», dijo su portavoz Iván Artsichevski, representante de otra rama de descendientes de los Románov.
También acogió con beneplácito la decisión de reducir al mínimo su ámbito de aplicación: «El hecho de que el Estado ha reconocido su responsabilidad en este asesinato es un paso hacia un arrepentimiento general y la de rehabilitación de todas las víctimas inocentes de los bolcheviques».
Resalta la ironía histórica de este drama es que Boris N.Yeltsin (1931–23 Abril 2007) fue el primer Presidente de la recién inaugurada Federación Rusa (a la cual sirvió desde 1991 a 1999) y se erigió, junto a Mikhail Sergeyevich Gorbachev, en los adalides del desmonte del totalitarismo comunista en Rusia.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Julio, 2011
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(1) Primero fue el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) fundado en 1898. Después de la toma del poder por los comunistas (1917) se transformó en el Partido Comunista Ruso (Bolchevique), en1918. En 1925 fue Partido Comunista de los Bolcheviques de la Unión (PCBU). Más tarde en 1952, en Partido Comunista de la Union Sovietica (PCUS).
(2) CHEKA, “Vserossíiskaya chrezvicháinaya komissia po borbié s kontrrevoliútsiyey i sabotázhem” (Comisión Extraordinaria de Todas las Rusias para Combatir la Contrarrevolución y el Sabotaje).
(3) A pesar de las mendacidades de los historiadores marxistas, en ningún libro de Marx u otros teóricos (según los estudiosos), aparece la palabra “soviet“, la cual tampoco fue invención de Lenin y sus partidarios, como han pretendido durante años. Desde los tiempos del Zar se empleó el término de Consejo de Estado con el nombre de “Soviet de Ministros“. Los comunistas, hicieron un copycat del término y se lo adjudicaron a su estructura para dar nombre creíble a su régimen espurio.
(4) La dictadura del proletariado es un tipo de régimen político postulado por el marxismo como fase de transición revolucionaria entre el capitalismo y la sociedad comunista. Previo los trabajadores deben tomar el poder de manera violenta y establecer su dictadura sobre la burguesía hacia una sociedad sin clases. La Historia ha demostrado la veracidad de este disparate.
(5) Según el escritor italiano Curzio Malaparte, en su obra “La Técnica del Golpe de Estado; la acción del golpe de mano ejecutado por los bolcheviques comunistas —cuyos destacamentos armados fueron entrenados por Leon Trotsky—, fue el mejor planeado y ejecutado táctica y estrégicamente en toda la historia.
(6) Se ha advertido que entre los soldados húngaros se encontraba Imre Nagy. Versiones no confirmadas, apuntan de que es el mismo que como soldado autro-húngaron fue hecho prisionero en el Frente Este y que participo en los acontecimientos de la muerte del Zar y familia. después de liberado se fue a la Unión Soviética a estudiar agricultura y apareció años más tarde, como Primer Ministro del gobierno húngaro. Curiosamente, se infiere, que fue el mismo que dirigió la Revolución Húngara de 1956 contra los comunistas rusos. Apresado en Rumanía, después de su asilo en Yugoslavia, fue entregado a Hungría, donde tras un juicio secreto, fue sentenciado y ahorcado por los comunistas.
(7) Okhrana u Okhranka, era el Departamento de Seguridad, adjunto al Ministerio del Interior (MDV), como la Policía Secreta del gobierno. Colaboraban con esta, los gendarmes, en la protección de la familia imperial y la vigilancia de los revolucionario socialistas y anarquistas rusos, tanto en el interior como en el exterior de Rusia, los cuales bregaban por destruir la dinastía de los Románov. Representó la Policía Política, similar a la Okhrana zarista, aunque infinitamente mas cruel y sanguinaria.

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Addendum
(a)Comunicado oficial del Soviet de los Urales (sic)
Decisión del Presídium del Consejo de Diputados, Obreros, Campesinos y Guardias Rojos de los Urales
En vista del hecho de que bandas checoslovacas amenazan la capital roja de los Urales, Ekaterimburgo, que el verdugo coronado podía escapar al tribunal del pueblo (un complot de la Guardia Blanca para llevarse a toda la familia imperial, acaba de ser descubierto) el Presidium del Comité Divisional, cumpliendo con la voluntad del pueblo, ha decidido que el ex Zar Nicolás Románov, culpable ante el pueblo de innumerables crímenes sangrientos, sea fusilado.

La decisión del Presídium del Comité Divisional se llevó a cabo en la noche entre el 16 y 17 de julio de 1917.”
(b) Endoso del Soviet Central
“Decisión del Presídium del Comité Central Ejecutivo de Todas las Rusias del 18 de julio:
El Comité Central Ejecutivo de los Consejos de Diputados de Obreros, Campesinos, Guardias Rojos y Cosacos, en la persona de su presidente, aprueba la acción del Presídium del Consejo de los Urales.
El presidente del Comité Central Ejecutivo, Sverdlov ”

Este otro animal de la banda comunista que asoló los Urales y toda Rusia, Yákov Mikhaylovich Sverdlov (aka, “Andrei“, “Max“, “Smirnov“,… etc), especifícamente por su intervención directa en el asesinato del Zar Nicolás II Románov y el resto de la familia imperial rusa, fue premiado en 1924 –post morten– por el Politburó del Partido Comunista de la fenecida URSS. Sucedió cuando en 1924 la ciudad de Ekaterimburgo fue rebautizada por los comunistas (propuesto por Lenin, antes de morir reventado de sífilis, en 1924) con el nombre de “Sverdlovk”.
En 1991, la Federación Rusa decidió limpiar el nombre de la ciudad al restituirle su patronímico original, el de “Ekaterimburg”, dentro del conjunto de medidas reparadoras relacionadas con las arbitrariedades ejecutadas por los comunistas durante la Época del Terror.
(c) El Conde Tatistchef, la Condesa Anastasia Hendrikova, la Profesora Catherine Adolphovna Schneider y el valet del Zar, Alexei Volkov; fueron llevados directamente a otra prisión en Ekaterimburgo. Más tarde fueron sacados a las afueras de la ciudad, asesinados y enterrados. Lo mismo le ocurrió al marinero Nagorny uno de los dos que cuidaban del Zarevitch desde su nacimiento y con Sedniev que fueron fusilados aparte. Otro criado, Tchemadurof, enfermó y fué trasladado a la enfermería de la prisión, donde se olvidaron de él y por eso se salvó.
Al día siguiente del asesinato del Zar y su familia, en horas de la noche fueron sacados de la CHEKA de Perm donde se encontraban, varios miembros de la familia Románov, entre los que se sabe estaban la Gran Duquesa Elisabeth, Princesa de Hesse y del Rhine, el Gran Duque Sergei Mijailovich Romanov, tres hijos del Gran Duque Konstantin Romanov y un hijo del Gran Duque Pavel.
Llevados al bosque cercano fueron asesinados, tirando sus cuerpos dentro de un pozo de mina de Apalaievsk. Cuando llegaron las tropas del Ejército Blanco de Kolchak a aquella región, el juez Sergueiev, se presentó en el lugar haciendo el levantamiento de los cadáveres. El exámen forense reveló que la mayoría estaban aún vivos cuando sus cuerpos fueron arrojados al pozo. Pudieron ser identificados todos. (sic)

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Setenta y cuatro cubanos ingenuos, pugnan con el flautista de Hamelín.


              Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba.
Son ciudadanos oposicionistas pacíficos que desafiaron a los hermanos Castro, después de lidiar acerca de una carta histórica; con la cual ejercieron a extramuros, el derecho a opinar sobre lo que los comunistas no les permiten intramuros. Disentir de los atropellos es normal en cualquier país civilizado, nunca en una Cuba alucinante de ciencia-ficción (“Pays des Calandracas”, sus alabarderos así la denominan) repleta de monstruos del Id, dispersos bajo sombras policíacas. El grupo experimentó dudas sobre cuál seria la decisión correcta en favor de la patria herida, al plasmar en una carta que “trascendería los límites de la realidad sensible (sic)”. La misiva fue sugerida por un buen samaritano y en la misma, darían apoyo a un comité de la Cámara Baja del gobierno de los EE.UU, enfrascado en empujar el proyecto HR 4645 o “Ley de Reforma a las Restricciones de los Viajes y Promoción del Comercio con Cuba“. Un documento –de tanta importancia como lo fueron las “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury–; sólo que en este se arremetía contra el exitoso embargo comercial y financiero de los EE.UU impuesto al régimen cubano, el cual renguea vituperios desde ha, aprisionado dentro de su propia camisa de fuerza. Dicha ley es en interés de sectores comerciales que abogan por el clásico “laissez-faire laissez-passer“. Los 74 debieron solucionar dos intríngulis: si era propio enviar la letra y el contenido de la misma. Todos se convencieron de que este y no otro era el momento propicio, pero olvidaron que no estaban en el pueblito de Hameln, en la Niedersachen (Baja Sajonia) de 1284.
No era una epístola pueril, pues contendría una petición sensible para los opositores al régimen y que afectaría peligrosamente los destinos del pueblo cubano aherrojado. Sus propósitos: quebrar los lazos que aseguraban la validez del embargo estadounidense a los Castro. Una acción preventiva y antiséptica emprendida en 1960 por EE.UU contra la tiranía isleña, pretendiendo que la isla emergiera de entre las aguas negras totalitarias, hacia un mundo democrático. La torpeza demostrada por los bolcheviques, agrupados o no en pandillas apocalípticas; resultó inepta en sacar a la banda castrista de la jaula, iniciando así su autodestrucción. Luego, el deslave de la entelequia proto marxista cubana devino en una genuina “Animal Farm” orwelliana, con un “Señor de los Cocos” al mando y su cohorte de capataces feroces.
Ahora estos sorprendentes cubanos –al parecer del nuevo tipo–, pretenden rescatarla al lanzarse en esta aventura tan sorprendente como indescifrable. La cuestión detonó, cuando los vigilantes del Asunto Cubano constataron que los argumentos esgrimidos por los 74, coincidieron o bordeaban (¿…?), el sound track sincopado armado por el régimen como música de fondo. En la clepsidra comunista, siempre atrasada, se pretendía una carambola asimétrica para eliminar el resto del embargo, sin cumplir las condicionales estipuladas en las leyes que lo apuntalan. Los Castro, trataron de validar la soberbia del “dame que te daré” clásico, del epigrama proverbial imperante en el mundillo de los marugas. Los 74, se vieron atrapados en una telaraña, al parecer tejida por los souteneurs zurdos de “quientúsabes“.
Apuntaron pa’l Morro –dijo un testigo excepcional– y le dieron a La Cabaña”. Es que sus dardos divinos no tocarían a los expoliadores criollos, sino que rebotarían contra aquellos por los que han luchado con denuedo. Una máxima sobre el derecho apunta: “Es esa facultad de hacer o decir aquello que la autoridad decente establece para nuestro bien ciudadano (sic)”, lo cual es inoperante frente a las bandas comunistas. La debacle castrista ha incluido desde siempre bajas colaterales como la ética, estética, lógica y una moral sin dogmas (en el buen decir del argentino José Ingenieros); las cuales el Dr. Fidel Castro Rúz le niega a todos los cubanos y cuyos ecos melancólicos datan desde hace medio siglo.
Pero cuidaos de estos otros ecos superpuestos sobre la onda fundamental de la libertad, porque es ruido negro, enervante como el de aquel mítico “Flautista de Hamelín” (ver la parte humana del relato “Der Rattenfängen von Hameln” de los hermanos Grimm); cuyas extrañas melodías orfeáticas embrujaron a los niños de la ciudad de Hameln, Alemania, arrastrándolos a morir ahogados en el río Weser. Pero también debemos recordar que ese evento ocurrió un 26 de junio de 1284 y no había razón de repetir la fábula ahora, en el 2010.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
lejardil@bellsouth.net
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