Elogio de la Tristeza II, Antítesis 2/3


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El símil moderno del optimista soñador, está encarnado en las manifestaciones silépticas –utilizar el sentido recto y el figurado, al mismo tiempo– de las personalidades obstructivas (siempre de naturaleza auto lacerante), sin importar el punto generador. Nos basta identificar los síntomas, al ser aisladas y casi a punto de ser también canonizadas dentro la estructura gens. Ello es dado cuando todas apuntan al prototipo exagerado, representado en nuestros playboys –dandies– contemporáneos, siempre de espaldas al tiempo real. Cierto que hay una fuerte dosis de fetichismo en sus individuos tipo, los cuales derivan hacia un estado de ansiedad in crescendo, retro alimentada a su vez por la búsqueda constante de espejos o cualquier superficie capaz de reflejar su imagen propia. Un pesimista jamás caería en ese bache mental telúrico, auto contemplativo, reservado solo a los narcisistas irredimibles, porque el pesimista está siempre alerta dentro del interior, no entretenido con su reflejo exterior tal les sucede a los optimistas.
La antítesis presupone citar a otros grupos de ejemplares, de la vanidad sobresaliente en la horda humana, comprendidos en la variable acotada entre 25 y 45 años. Es el rango, infausto, dentro del cual se han movido y han actuado los líderes más corruptos y sanguinarios de la Historia. Esto es, por emitir un tropo de estilo freudiano aplicable a la moda de todos los tiempos, donde los atuendos y físicos corporales, son vectores alimentadores de un fetichismo obsesivo para deslumbrar al sexo opuesto (o simplemente, al otro).
Sí, porque sin saber cómo ni la razón lógica de una sorpresiva movida feminista, resultó que entre las filas de los optimistas descollantes por sus musculaturas; apareció también de parto natural una nutrida grey de mujeres halterófilas. Nadie ha sabido hasta la fecha, qué hacer con ejemplares tan pintorescos. Si esta auto deformación corporal modela figuras del sub consciente del tipo delírium trémens, es lógico que la tesis indague los objetivos. Éstos, de manera sucinta comprenderían: la auto contemplación, la proyección de una figura sexual hacia el prójimo (sexo opuesto) o el figurantismo deslumbrante (atañible al figurante estático) hacia la gens, soñando con ser el símbolo de su era.
Claro que en términos latos del objetivo primario del halterófilo (auto defensa) y algunas artes marciales, los escépticos arguyen bromas no exentas de cierto cinismo. Ellos argumentan que desde que Colt puso en el mercado, la legendaria pistola semiautomática calibre .45 (version 1911), las anteriores actividades de perfeccionamiento físico, son inútiles.
Estos parvus kotyledon masculinos constituyen el tropel de esa graciosa pléyade de mozos irresistibles, halterófilos, narcisistas y cargados de joyas y argollas a rabiar (ahora desenfrenados en los tatuajes), los cuales son admirados o adorados por aquellos miembros de la gens, fracasados en sus delirios de grandeza. Es un devaneo púdico causado por los esternocleidomastoideos insinuantes y devoradores de estos curiosos personajes, empeñados en despertar las ansias y exotismos, por lo pronto, del sexo opuesto. En no contadas ocasiones, ser justos, las cotas musculares de estos ejemplares académicos son exhibidas con intencionada lubricidad y cadencia espasmódica, por los medios publicitarios de concursos sobre Anatomía Pura.
Los pobres diablos, atrapados dentro de sus deformaciones, son seres cuyas auto flagelaciones corpóreas (propias de la Vía Dolorosa) llegan al extremo de sentirse impedidos; por asemejarse a ciertos buzos que operan a grandes profundidades enfundados en trajes isobáricos, de dar una simple “agua” a las fichas de un partido de dominó. Una tontería, fácil de demostrar.
También llama nuestra atención y es sintomático al carbón, el desconocimiento o ignorancia al descuido de estos optimistas alegres, disformes, acerca de la cota corpórea en que se hayan situados los órganos de la visión. En modo alguno el tema es banal en relación con la trama, dado que quizás el Id irrelevante de los ancestros optimistas de estos ejemplares que tratamos; les impelió, erradamente, a imaginar que es en el tope de la cabeza donde se colocan los espejuelos para mirar hacia el infinito sin límites y no al sudeste fílmico. Es una pérdida de orientación, absoluta.
En algunos psicogramas obtenidos por especialistas, se apunta a que este tipo de optimista detesta el mundo real y sólo ama la paranoia de su ultra fantasía apasionada por las alturas. Ahí es donde los griegos suponían situado el ojo pineal ( glándula endocrina) dada su conexión sospechada con los órganos visuales activos, los ojos. Del mismo modo, se entiende que el suceso es defectible en ciertos vertebrados (saurios), aunque la posible inter actividad endocrinológica no ha sido probada con certeza. Es que la tela investigativa, se nos desvanece con cierta frecuencia.
El fenómeno lo representaríamos como un enlace metaloide (alcalino), aunque supuestamente atrofiado en la variedad de mamíferos humanoides, como los que representa el hombre moderno hoy día. En los pesimistas alegres este “tercer ojo” tiende a ser ligeramente foto sensitivo (los doctores aseguran que no), lo cual supone de hecho que está anulado en los optimistas y el resto de las muestras sin partidos emocionales.
Esta glándula produce la melatonina, cuya entrada al torrente sanguíneo es controlada por el hipotálamo, lo cual concuerda con los trabajos de Julius Axebroad acerca de las motivaciones oníricas subyacentes en los lykostrôphos (hombres lobos), residente interno en cada halterófilo optimista. Es notorio que en los optimistas tal es síntoma de una terminalis caecitas (ceguera terminal) atrofiada en la pineal, razón por la cual su reloj biológico es oscilante e impreciso, durante la mayoría del tiempo cronológico.
Todo indica que los antiguos ya habían denotado en estos optimistas tipo –la antítesis se opone a tal simplificación–, la observación enervante de un punto fijo. Este, les entretenía según las calendas o que descubrieron entre las vanidades voluptuosas de aquella otrora Kassiopeia (Casiopea) despampanante, como la silvana-bestia de “Arroz amargo” (ver “Rizo Amaro”, de Silvana Mangano, Lux Film, 1949). Los romanos denominaban a este punto nihilista destructor del pensamiento como “nido de las musarañas (sõrexis)”. Allí, era donde el atoramiento del individuo era total.
Nada para reír. Es que los pesimistas por el contrario, están sometidos a perpetuidad a un enforcement endógeno auto didáctico y muy cuidadoso. Es la argumentación de la tesis, dado que la estructura apasionada de su Super ego no admite incursiones exógenas (invasiones síquicas y menos las endógenas, corporales), aunque esta última es considerada en el caso de las mujeres, porque su Super ego bloquea las sensaciones extrañas.
Tal se refiere, por suerte, a las practicadas por los especialistas en trastornos expelentes de la propia psiquis o de la despersonalización vulgar reprimida. Por parte de algunas escuelas de parapsicología, que eluden o no admiten involucrar la sicología como tal; permite que tales anomalías inmensurables se deban a la inexistencia de chacras reparadoras. Igual que sucede con los leucocitos al enfrentar una herida externa, que en este caso es el trauma síquico. O en el peor de los casos, a la carencia –ruptura de la conexión– de los denominados megistus nervosus, utilizados en calidad de conejillos de Indias para el desarrollo de los sicotrópicos modernos.
Uno de los peligros del bache telúrico (pothole), en la corteza del rector central de las personalidades; es precisamente al palpar las figuras neutras, iniciadas de manera extemporánea en sus ansias de alcanzar el estado sublimal del pesimismo triste. Esta especie de oquedad mental en los optimistas se fundamenta en la acentuación de ciertos estados anímicos previos. O sea, la disociación de la personalidad no esquizofrénica. En esencia se trata de evaluar las alteraciones unívocas del sujeto con sus extra personalidades diversas concurrentes, como el ejemplo luminiscente de “Las tres caras de Eva” (Jeanne Woodward, 20th Century Fox, 1957), al comedero invariante del Id erógeno y voraz.
Buena parte de los tautólogos de la escuela freudiana, pecan de facilistas al adjudicar dogmáticamente a ciertas partes sensibles del cuerpo humano, y de forma exclusiva, la calidad de “zonas erógenas.” En los pesimistas no hay puntos ni zonas especificas, sino que se trata del área completa y que abarca todo el órgano de la piel.
En los optimistas, sí. Por estas razones, si el Complejo de Edipo es enteramente válido en sus componentes sexuales (bucal, anal, etc.) por los diversos contactos con la madre; no habría manera de explicar física o clínicamente el traído por los pelos, de manera inmisericorde: Complejo de Electra, para clavarlo en el purgatorio permanente, sobre las espaldas de la mujer inocente. Es un asunto, al margen de tesis y antítesis, a dilucidar de inmediato por los especialistas.
La saga, continua.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
lejardil@bellsouth.net
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