Elogio de la Tristeza II, Antítesis 3/3


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Umherstreinchen, denominan los alemanes a la mala acción de vagabundear. Luego, la antítesis sobre “El Elogio de la Tristeza” dilucida, o trata, de no vagabundear excesivamente entre las disimilitudes agarradas a la lucha de los contrarios, cuando se sumerge en las personalidades opuestas –excluyendo síndromes avasalladores como la ciclotimia o la esquizofrenia– de entre los optimistas (unos pocos raros entre la especie humana) y los pesimistas (la abrumadora mayoría). Del mismo modo, otro de los aspectos de conclusión primaria magistral; descollante entre ambas personalidades; radica en la vulnerabilidad elusiva de los optimistas a las sicopatías más comunes (suaves) o denominados como desórdenes ligeros de la personalidad. Tal parangón, paralela la vida del tiburón con el pez piloto adherido, ad ætérnum. Es que dentro de la gama de desequilibrios malvas; en algunos casos equiparables con lívidos, complejos, histerias, depresiones, manías, melancolías, alucinaciones, etc.; están ausentes o son muy raros en los pesimistas, sin importar la escuela a la cual se adhieren, triste o alegre, por empatía natural.
La locura, como pérdida absoluta de la realidad objetiva, es otra cosa. Se manifiesta como la fuga explícita de la realidad hacia la ensoñación, siempre salpicada –en función de algún signo esquizofrénico– de incursiones tremendistas al mundo interior del Id en el subconsciente consciente.
En este punto radica uno de los mejores exponentes de la fortaleza ofrecida por los pesimistas. Ya que éstos se comportan como un ser todo erógeno; aunque perfectamente auto controlado en lo referente a su elogio de la tristeza, propio. Es una de las formas erógenas de baja intensidad, gobernada bajo su estandarte sublime, que les es inherente e indispensable: la libertad. Ello incluye las derivaciones rastreadoras de disturbios, en realidad especializaciones armadas sobre la marcha diaria, en cualesquiera de sus manifestaciones dentro del mundo real, por el que siempre se desplazan.
Entendamos por tal, el ambiente en que se realiza la observación del punto coloidal (de fusión) entre los estados alterados como la euforia y la depresión; o sitios; emisores de calamidades en el subconsciente de la muestra bajo observación, ya sean investigadas estas aisladamente o en su conjunto. Un simil recurrente fue desarrollado desde el punto de vista químico, al tratarse los estados coloidales, por D. Fennell Evans y H. Wennerstrom en “The coloidal Domain“.
Por desgracia, tal conjunto de anomalías se ha enquistado dentro de la gama compulsiva de los sicopatismos eufóricos (en el sentido extravagante) y sujeta el Ego, a las acciones no punitivas del medio. Por dichos motivos, no resta más que acudir a los especialistas y enrolarse en sus programas de recuperación y rehabilitación. Ello, para el ritornello machacante contra estos desordenes de la inteligencia o los del propio Id, como ajustes simples (aunque peligrosos) del rebellis humano al hábitat, y con ello, a la gens.
Andamos en terrenos invadidos por sofrólogos, sicólogos, siquiatras y otros magos rastreadores del sico-isótopo I+ (I–plus) en la mente humana, los cuales invaden la cuna emocional –manu militari–; para curar de manera magistral al individuo (sea, el paciente) que en este caso se encuentra en el pre estado potencial de un derrumbe emocional, inminente. Tal es el preludio del desplazamiento del optimista hacia los peligros de perder el control de sí mismo, ante cualquier error o insatisfacción como es la del Ego derrotado. El I-plus, es susceptible a ser considerado como una carga de recuerdos específicos que atacan en remolinos indescifrables. Por este motivo, la medicina siquiátrica se vale de la metodología tradicional de cut and tray, la cual no implica prácticas invasivas, siempre peligrosas.
Sean conocidos o no por el individuo, y asociados a los tres elementos básicos de la personalidad (Id, Ego y Super ego, según Sigmund Freud), cualificados como subyacentes en el subconsciente, como sucede en el caso del optimista alegre. La cosa, o manifiesto sensible, se expone a cualquier intensidad luminiscente de manera libre en ausencia de frenos emocionales, pero induce en el paciente un exceso de confianza saturada, curiosamente, por los fracasos en su vida diaria. Todo, por su renuencia a mantenerse (porque experimenta ser omnisciente) en la posición de alerta.
Una buena parte de los seguidores más destacados de Freud, como fueron Alfred Adler, Carl Gustav Jung, Otto Rank, Enrich From y hasta el húngaro Sándor Ferenczi entre muchos otros; se revolvieron detenidamente en los postulados del psicoanálisis del Maestro, en búsqueda de las liasions definitivamente invertebradas entre ambos estados –consciente y subconsciente, aunque también los transitorios, o sea, los intermedios– y de hecho, admitieron coincidencias con la mayoría de los conceptos freudianos. Para ello considerando el afloramiento de un nuevo sub mundo síquico hasta entonces oculto en la mente humana, como un aporte fascinante y hoy insustituible.
La tesis, se opone rotundamente a inmiscuir de manera tácita; ni siquiera circunstancial; a contaminar ninguno de los razonamientos o premisas del silogismo psíquico con la libido contentiva de los Complejos de Edipo y de Electra.
Quizás Enrich From, influenciado por la entonces novedosa artillería del materialismo dialéctico e histórico de los proto comunistas; integró la soldadesca de lo que hoy son una especie de “compañero psíquico de viaje“, como aquellos de los esparcidos por la ventisca de la Generación Perdida. Y también, como ente adscrito a la escuela norteamericana de los socialistas utópicos, From trató de ser original para aplauso y beneplácito de sectores izquierdistas norteamericanos de entonces, apuntalados por el espejismo de la hoy felizmente desaparecida por siempre, la vetusta y anaclimática URSS.
La cierta originalidad de From, se basó en echar a un lado al individuo como ente aislado, fuera optimista o pesimista y socializarlo a la fuerza (tal impusieron los bolcheviques) para que formara parte intrínseca de su hábitat propio. Luego, From estableció una relación de causa y efecto –algo simple y explicable a los profanos, ademas de ser una herramienta buscada furiosamente por los comunistas–, al vincular el comportamiento de la personalidad del individuo en cuestión, como un subproducto de su interacción con las características e influencias del medio social en que nadare.
La inhumana dictadura con la que los comunistas espoliaron a los pueblos de los cinco continentes, incluyendo la Rusia propia, nunca dio espacio para el individuo como tal y su estudio como ente particular, al considerarlo como un anillo más de la taenia saginata social. Fuerza considerarlo parte de una masa inerte mentalmente. Se trataba de medir a todos sin interesar su tendencia, diluyendo las individualidades, las cuales aherrojaron con esa monstruosidad genocida de la que denominaban “siquiatría proletaria”. Donde el torquemada no admitía ninguno de los altos principios, por los que Freud, abogó también. Y que los comunistas, dueños de ese conglomerado de reclusos no ambulantes clavados en los Gulags (Glavnoye Upravleniye Ispravitelno-trudovyh Lagerey), intentaron implantar a escala mundial, incluyendo sus versiones populistas del Eje Apocalypto (ALBA).
Para los curiosos e investigadores, seria un ideal acceso franco (ilusión) a uno de los casos simbólicos de este terrible quehacer seudo siquiátrico, ya casi desaparecidos el resto de los manicomios comunistas, al menos en Europa. Resulto de la época en que la psiquiatría comunista estaba en manos de la Policia Politica. El síndrome está disponible e intacto como un escenario de la prehistoria no contaminado aún –recordar que es el sueño de los investigadores de la Medicina Legal–, en su forma más primitiva y brutal, como es el régimen demencial estructurado por los hermanos Castro y sus secuaces, en la Animal Farm de la Cuba comunista de hoy, curiosamente, no negada por los castristas.
Así, todos los pesimistas y optimistas encarcelados responderían de igual manera ante el medio, sin atender a su personalidad intrínseca. Del mismo modo sucedería con los aquellos que hacían una vida normal, sin importar si el medio era afectuoso o agresivo. El enfoque de From devendría tildado de muy naturalista, de acuerdo a la vida animal. Para ello ver los films, “Granja de Animales“, de John Stephenson, 1999 (según la novela, “Animal Farm: A Fairy Story”, de George Orwell o la premonitoria “1984″, del mismo autor británico) bajo un patrón especifico para cada hábitat y medio que le rodeara. Pero sucede que los individuos no responden por igual ante un mismo estímulo y menos, los pesimistas.
Luego, de ser como plantean From y el resto de sus seguidores conscientes e inconscientes (intelectuales y artistas liberales) los postulados de la lívido y su complejo más recurrido; no es por casualidad también el de más fácil aceptación –de manera cómplice– por los copatrocinadores de la tesis del Complejo de Edipo. En esta disyuntiva es donde se definen las diferencias o niveles de coincidencias posibles entre el optimista y el pesimista, aunque tales variables serían de un peso mínimo desde un punto de vista matemático (utilizando quizás, fundamentos y criterios del álgebra tensorial).
Es analizable el por qué la sobre exposición de los narcisistas pasivos al medio ambiente, o sea los halterófilos; no tiene de hecho que derivar en una sicosis compulsiva del fetichismo o lo que es igual, en mutaciones irreversibles en su alter ego. Todo lo anterior, vale sin atender al resto de los síntomas fundamentales de cada onda sicológica, su biorritmo gobernado por el hipotálamo y las componentes armónicas de la frecuencia fundamental del trastorno insignia.
Una muestra que puede ser relevante y entendible para cualquier persona de inteligencia media, es el narcisismo maligno –siempre convoyado con la mitomanía crónica– detectado en líderes contemporáneos, tales como Osama bin Laden, Sese Seko Mobutu, Ortega, Correa, Fidel Castro, Hugo Chávez y el finado Saddam Hussein, entre otros, es válida.
El sub mundo comunista nunca le interesó encontrar una herramienta similar a la del psicoanálisis, para investigar, diagnosticar y tratar a los pacientes con desordenes síquicos. Es que la regresión patogénica a los orígenes del trastorno mental del sujeto, conduciría incongruente al analista al final del principio: los causantes serían los mismos afectados. Es la fabula de la serpiente que se muerde su propia cola. Un perfecto antagonismo con el comunismo, el cual no admite que la nueva sociedad genere tales modelos pensantes.
Es dado parangonar que estas aberraciones, como las ópticas, son las introductoras del “ruido blanco” –un concepto a defectar en el prototipo– que siempre interfiere en las personalidades inductivas (líderes). Es fenómeno que se presenta en los sistemas de telecomunicaciones para la transmisión de datos, tanto similar al de las personalidades concurrentes, a pesar de la exquisitez ingeniera de los circuitos eléctricos.
Los matices entre optimistas y pesimistas, pueden ser homologados con la vieja trifulca de la teoría ondulatoria entre científicos e investigadores del siglo XIX. Ella trataba acerca de disparidades físicas en el concepto de que las ondas de luz y del sonido se propagan de igual manera. El conjunto había quedado en suspenso expectativo hasta tiempos mejores. Esos tiempos, estaban al doblar de la esquina, porque los franceses estaban entonces a la carga, en todos los frentes de la ciencia.
Al desbrozar personalidades tan definidas como son los pesimistas y los optimistas, encontraríamos que Freud, inconscientemente y al margen de estas singularidades malvas (no frenéticas), detallaría estados síquicos coincidentes con ambos grupos. Dibujando a los pesimistas bajo la sombrilla sico analítica del Super ego, mientras que a los optimistas los descansaría bajo el manto del Ego. El marxismo mostró más adelante su absoluta incapacidad de considerar el ente individual, porque por el dogma comunista, las masas carecen de alma, inteligencia y personalidad. Una anillo más de la taenia.
Todo así, hasta un buen día de 1819 en que un físico francés, Agustín-Jean Fresnel, dio a conocer sus teorías acerca de los diferenciales matemáticos entre ambos fenómenos físicos. En su obra “Mémoire sur la diffraction de la lumière” (Memoria sobre la difracción de la luz), basados en la óptica ondulatoria, contestó que no se trataba de una teoría simple. Fresnel, demostró matemática y experimentalmente en la École Polytechnique du Paris que; a pesar de ser semejantes para los profanos; la onda sonora se propaga de manera longitudinal, mientras que la luminosa lo hace de forma transversal. Y diría un diletante: ¿Vieron el pase.? Esta es la antítesis.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Junio, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
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