Archive for 23 junio 2010

Dicotomía entre un Antanas contra Mockus


           Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
El Dr. Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas (aka, “Antanas Mockus”), es un curioso fenómeno lituano brotado en el generoso suelo de Colombia. El ejercicio de la alcaldía bogotana no le sirvió para despertarlo de sus inquietudes pueriles, permaneciendo quedo en calidad de chico lumbrera, imaginando nuevas travesuras para llamar la atención. La personalidad del candidato, repleta de luminosidades intelectuales y docentes; ya de adulto; descolló por lo controvertido y disruptivo de su quehacer, mostrado en cada faceta de su curioso alter ego hacia lo social.
Nos da la impresión de un carácter conformado por la madre amante, Nijole Šivickas, frente a un padre anodino a horizontes vistas. Esta artista, Nijole, una destacada escultora y ceramista (también pintora y gráfica); inició su carrera en la Staatliche Akademie der Bildenden Künste, en Stuttgart (Alemania); donde abrazó el expresionismo alemán debutado en tiempos de la pre Primera Guerra Mundial y desde entonces exploro vertientes varias de las bellas artes. 
No sorprende que en las peculiaridades del carácter de Antanas, prevalezcan influencias del ego materno de Nijole, cuya inclinación biunívoca fue advertida por los críticos como “adornada de una gran cantidad de desorden frente a la lógica del mundo clásico, porque ese es su mundo“. Todo pareció diseñado, quizás de manera premonitoria, como el molde ideal donde se fraguaría Antanas. El chico, apuntan las evidencias, habría deseado llamarse Antanas Šivickas en lugar de Mockus.
No extrañaría el destaque de algunos vértices en el comportamiento de Antanas, donde la confusión, inestabilidad emocional y cierta propensión al exhibicionismo fetichista, han dominado sus manifestaciones públicas con las cuales no deja de sorprender a sus espectadores, ya agotados de estas sinrazones. Un líder con tales espejismos e inadecuado talante, nunca podría tomar las riendas de la Colombia actual, ni tampoco de la futura.
Uno de los aspectos que despiertan atención es que su audiencia de simpatizantes políticos, se transformó en la de simples espectadores que observan el espectáculo de su líder; como escuchas de sus ideas escenográficas, diseñando una Colombia verde à la dernière que el país no lo necesita. Pero también hueca, surrealista al estilo de dos pejes violentos; Trotsky y Rivera; agujereada y haciendo aguas bajo ráfagas de AKA 47 de los terroristas, promovidos por Chávez y los otros Castro del Eje Apocalypto.
La vaguedad de su antiplan social, más propio de una obra de Ionescu que de un proyecto político serio, no sorprendió al electorado colombiano. En la justa electoral del domingo 30 de mayo, 2010 el pueblo no despertó de un sopor rambulero. Sencillamente continuó la línea sabia que adoptó con la elección del Presidente Álvaro Uribe Vélez y que ahora llevó al triunfo al Dr. Juan Manuel Santos Calderón, un líder forjado en la batalla exitosa contra el terrorismo, por la seguridad y el engrandecimiento de Colombia.
Su desatino en admirar a Hugo Chávez –al cual tiene todo derecho– implica en opinión mayoritaria del pueblo, la intención velada de claudicar ante el venezolano e integrar el Eje Apocalypto, lo cual es una burla a los electores. Manifestar que extraditaría al actual presidente Álvaro Uribe, al parecer sin que nada le importen los enemigos de Colombia; con el mismo estilo de los presidentes anteriores (unos perfectos munichistas de 1938), es una afrenta intolerable a la nación colombiana. Por ello, la lección recibida en las primarias, será reiterada por el pueblo en la segunda vuelta de Junio 20, 2010. Fue entonces cuando Antanas, perdió su gran oportunidad de reiterar sus andanzas: enseñarle el trasero a las FRAC y tomarse los genitales frente a Chávez. Tal ajusta a su modo de ser.
Una imagen manifiesta de la confusión de este líder, fue evidenciada tan temprano cuando en 1988 aspiró al título de Maestría en Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia, y presentó su tesis: ««Representar y disponer: un estudio de la noción de representación orientado hacia el examen de su papel en la comprensión previa del ser como disponibilidad»» ¿Alguien por ahí entendió de qué trata el intríngulis? Así, con trabalenguas y lemas estereotipados, parece que el Dr. Antanas Mockus pretendía gobernar Colombia.
© Lionel Lejardi. Junio, 2010
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Elogio de la Tristeza II. Antítesis 1/3


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Adoptar el criterio y asumir la actitud de un pesimismo triste ataviado con sus alegrías intrínsecas, no es una incongruencia y sí la antítesis del asunto de la tristeza como estado anímico sustituibles y de su escudo inexpugnable, el pesimismo, todos bajo debate. Pero ello sólo es recomendable si el individuo no es mentalmente disléxico. En este caso, aclaramos, inepto para absorber los niveles superiores de los principios de una disciplina, cuyos atributos principales son: franqueza, humildad e intensidad emocional. Tal pose de mise en garde (¡en guardia!) implica sin trazas de sustos excesivos, permanecer fuera de la serie humana de los mediocres convencionales, siempre que no se infrinja la ineludible obligación de no mostrarse como un payaso enforzando empatías con sus interlocutores. Una tentación impregnada del ambiente socrático.
Ello devendría consecuencia de que la psiquis cotidiana de nuestro “yo mismo“, haya tenido que emular o haber bregado –prenatalmente– con las fuerzas cuasi ingobernables del par fétu-mater nutricia. Este último injustamente desdoblado y esculpido como uno de los dogmas insignias de la escuela principal del Psicoanálisis fundamentalista. Tal decir, yace en los denominados “Complejo de Edipo” (Ödipus-komplex, 1910) y “Complejo de Electra” (Elektra-komplex, 1913), admitidos como los más rancios esquemas de la también inevitable Psiquiatría fundamentalista.
Al parecer, dichos complejos (o asociación de sentimientos inconscientes, no revelados) son enlazados al par en cuestión; en base de cánones psicosomáticos que los declaran cómplices de un sexualismo non y también post nato. El mismo que a nuestro entender resulta improcedente e indelicado, al confundir atracción sexual con simpatía. Claro que, quienes así reflexionan, se pierden en forzar una comparación, basados en los roces de zonas erógenas. Se obvia –quizás, inadvertidamente– que el par niño-madre representa el de los mejores amigos y simpatizan.
Es improcedente desconocer que los complejos, son distintos a la aberración de un adulto descontrolado entre su ser, humano; el Yo (Das Ich) y su Superyo (das Uber-Ich) del subconsciente impuro, y además sujeto a la auto represión de los recuerdos. Otra vertiente es la optimista, la cual sin adiestramiento alguno, expone su subconsciente a los espacios abiertos, dominados por el macho-alfa, común.
Consideremos atacar la tesis de que casi sin percatarnos y como buenos diletantes, estamos en caída libre, listos para sumergirnos en la piscina del sicoanálisis. Es que en los finales del siglo XIX, el neurólogo checo Sigmund Freud (al cual es un error catalogarlo como austriaco o alemán, dado que nació en Přibor, Moravia) debutó con una escuela espectacular y casi desconocida: la Psiquiatría Analítica o Psicoanálisis, de la cual fue su fundador. Claro que la psicoterapia puede desandar hasta Franz Anton Mesmer y su mesmerismo, en alguna forma conducente hasta los trabajos de Jean Martin Charcot (mestro de Freud), incluyendo a este último. Como tantos genios inmersos en el pesimismo clásico, Freud descendía de una familia judía; integrantes de una nación hasta ayer dispersa, desde siempre sometida a injustas sospechas étnicas.
Uno de los puntos neurálgicos de la nueva ciencia (la cual consideramos absolutamente convencedora para el paciente, en sus propósitos médicos), en nuestro entender; es que trató de relacionar el ombligo atrofiado del niño nato con el ombligo activo del niño non nato. Asombra más, que Freud haya traído por los pelos para encajarlas en el drama, a las azoradas madres –referido a las límpidas, no las emporcadas–, repletas de un dulce optimismo generativo. El enunciado de este siquiatra versó acerca de una patología de tal importancia, como dar por hecho que hay una fuerte y natural atracción sexual indisoluble entre padres e hijos. Seria preferible para no traumatizar las imágenes, procesar la aseveración a través de la propia obra freudiana “Ödipus-Komplex” que la sustenta, sin que se nos esfume la otra de sorpresas iguales: “Elecktra-Komplex“.
Freud, entre otros enunciados teóricos alucinantes que hizo explotar –desconsideradamente– ante la faz del hombre común; ése de ingenuidad púber; nos obsequió también con “Studien über die Hysterie” (Estudio sobre la histeria) y la trascendental “Einfáhrung in die Psychoanalyse” (Introducción al psicoanálisis). Todo resultó en la destrucción del wonderland interior de cada humano, colapsado y muerto tras la primera eyaculación. Estos descubrimientos encallados en el subconsciente, entre otros muchos, conforman una sorprendente bibliografía la cual mencionamos sólo como referencias y no porque sean las únicas fuentes a consultar. El universo de la psiquis es amplio y sugerente, aunque no es práctico involucrar tales consideraciones; con profundidad; en nuestras reflexiones acerca del par asimétrico pesimismo-optimismo. Para el pesimista el mundo es real, contrario al del optimista que es absolutamente irreal, una abstracción virtual cargada de puerilidades de la que no quiere escapar, dado que odia el convertirse en adulto. Esta dicotomía, es sólo una de las vertientes exploradas relacionadas con el tema.
Soltados así de pronto los conceptos freudianos, perturbadores en extremo, a causa de su nivel de esfuerzo comprensivo por parte del individuo, tuvieron un efecto devastador al irrumpir sobre aquella sociedad que se auto suponía madura. Embobecida con ilusión positivista y peor, optimista, hasta que le sobrevino el sopapo de la I Guerra Mundial. Luego, es curioso que el propio Freud señaló una característica imprescindible para considerarnos Civilización, cuando expresó que “la buena voluntad de la gente les impela a no decir o hacer a otros, todo lo que desearían; sino, mantenerse inertes y callados, reprimidos“. ¿Cómo dijo?
El psicoanálisis propone lo contrario: sinceridad absoluta, cuando el paciente yace de cúbito supino –en garde– sobre el antológico diván, convertido ahora en la fuente superior de los secretos, la Caja de Pandora individual. El mismo mueble en el que aspiran a yacer todas las damas histéricas –las contagiadas con el snob effect o el appeal (ver la serie “Mad Men)– acampadas sobre el planeta Tierra, las cuales rara vez tienen algo coherente que decir, salvo lo de alabarse ellas mismas, cuando se escudriñan desnudas ante el espejo oval, el Gran Chivato.
La lívido, aunque resalta por su brillantez amancebada, resulta intrascendente al par maternal. En esencia, este evento modelo no es más que una explosión de asombros mutuos entre dos desconocidos (madre e hijo) sin pecados concebidos, que se presintieron durante 270 días solares el uno dentro de la otra y que, en el momento del alumbramiento, han despertado al mismo tiempo. Vale recordar que durante todo el período de la gestación el “par vital” estuvo separado por una pared acuosa y elástica, sin posibilidades de contactos visuales –salvo el tacto–, el cual es un sentido o sensor impreciso, si es comparado con la visión o el gusto.
La “atención” recibida por el feto en base de la comunicación ondulatoria (eléctrica y sónica) que emite espontáneamente la madre, es la llave de la personalidad pesimista u optimista. Excluimos los contaminantes, sustancias externas que dañan al feto, que le llegan por el cordón umbilical. Luego, se trata de estimulaciones generadas por el ancestro genético dormido en el subconsciente materno (covalentes) con la información paterna, y representado desde siempre por el óvulo fecundado.
Es entonces cuando la escuela optimista estructura y preconiza teorías de vías múltiples, y despliega todo tipo y pretextos para justificar la existencia de proto sensaciones heterosexuales, las cuales sólo se asentarán en una realidad distorsionada que antecede al homo sapiens. Se trata de un afecto por la necesidad nutricional, la cual emana del pecho materno y que es copycat en los animales, más que es confundido con sentimientos primitivos, también animaloides. En cierta medida, se conduce como un vector de confusiones, sin una dirección determinada.
La personalidad pesimista surgida de la actividad del par, es fuerte y no admite competidores, mientras que la del optimista es apenas un artilugio gelatinoso enchumbado de miedos y llorón, per se. No obstante, este último anda engreído acerca de su infalibilidad en que nadie, ni siquiera los parapsicólogos, sabrán cómo armarlo y ordenarlo para la puesta en línea. Tal es el esquema aplicable a varios generadores eléctricos conectados en tándem, ya apto para serle conectado al sistema (aquí, el hábitat social humano). El quid de la cosa estriba en que el pesimista escala los arpegios de su voluntad desconectado de cualquier testigo ofensor, no invitado a su fiesta interior y porque además para él, los mirones que hurgan en su sub consciente, no cuentan.
Por su parte, la antítesis del optimista se ufana en demostrarle a los testigos la fragilidad de su carácter; razón por la cual deambula cargado con sus dependencias síquicas, también atróficas de perfecta traducción en alegorías gráficas. Es una búsqueda infructuosa de una absolución a sus pecados mentales (por omisión) y la consecuente aprobación por la gens tiránica. La esencia del dilema radica en que la gens pueda convertirlo en nobili genere natus (o sea, de familia ilustre, decimos, al estilo siciliano); de manera exclusiva; en lugar de envolverlo o insertarlo a su vez dentro de la corriente dinámica actualizada de la sociedad humana moderna y no para mantenerlo flotando y proscripto de ésta.
En tiempos de la Grecia antigua, de lo cual no se escapó en su momento el Imperio Romano, descolló la necesidad que experimentaban los optimistas alegres para sobrevivir; la cual fue parangonada con cierta corriente naturalista (también con visos de panteísmo), que les instaba a ser comparados con algún supuesto homólogo del reino animal. Los fans de las similitudes del determinismo griego se abroquelaron en Æsopo o se filtraron entre las licencias socráticas a través del método mayéutico (siempre unido a la ironía dialéctica) a los fines de estructurar y formular sus fábulas incomparables.
Luego, ciertos antiguos determinaron que el carácter de los optimistas se asemejaba a la sustancia divina, que en el decir filosófico de Arthur Schopenhauer –un pesimista de reconocida marca mayor–, estaba constituida por la Voluntad y nada más. Otros analistas encontraban las similitudes con el canto póstumo de las greyes de sõrexis vírgenes –siempre temerosas del gato cruel, y ¡cuidado!, que es uno de los monstruos de Id–, tal como sucede en el mundillo azorado de los parapléjicos in vitro. Se trata de aquellos ineptos ya mencionados, para experimentar emociones superiores. Se refiere a esa inspiración divina que se apodera de los creadores, artísticos o científicos, ponderando desafíos propios de la antítesis.
La saga, continua.  
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
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Elogio de la Tristeza II, Antítesis 2/3


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
El símil moderno del optimista soñador, está encarnado en las manifestaciones silépticas –utilizar el sentido recto y el figurado, al mismo tiempo– de las personalidades obstructivas (siempre de naturaleza auto lacerante), sin importar el punto generador. Nos basta identificar los síntomas, al ser aisladas y casi a punto de ser también canonizadas dentro la estructura gens. Ello es dado cuando todas apuntan al prototipo exagerado, representado en nuestros playboys –dandies– contemporáneos, siempre de espaldas al tiempo real. Cierto que hay una fuerte dosis de fetichismo en sus individuos tipo, los cuales derivan hacia un estado de ansiedad in crescendo, retro alimentada a su vez por la búsqueda constante de espejos o cualquier superficie capaz de reflejar su imagen propia. Un pesimista jamás caería en ese bache mental telúrico, auto contemplativo, reservado solo a los narcisistas irredimibles, porque el pesimista está siempre alerta dentro del interior, no entretenido con su reflejo exterior tal les sucede a los optimistas.
La antítesis presupone citar a otros grupos de ejemplares, de la vanidad sobresaliente en la horda humana, comprendidos en la variable acotada entre 25 y 45 años. Es el rango, infausto, dentro del cual se han movido y han actuado los líderes más corruptos y sanguinarios de la Historia. Esto es, por emitir un tropo de estilo freudiano aplicable a la moda de todos los tiempos, donde los atuendos y físicos corporales, son vectores alimentadores de un fetichismo obsesivo para deslumbrar al sexo opuesto (o simplemente, al otro).
Sí, porque sin saber cómo ni la razón lógica de una sorpresiva movida feminista, resultó que entre las filas de los optimistas descollantes por sus musculaturas; apareció también de parto natural una nutrida grey de mujeres halterófilas. Nadie ha sabido hasta la fecha, qué hacer con ejemplares tan pintorescos. Si esta auto deformación corporal modela figuras del sub consciente del tipo delírium trémens, es lógico que la tesis indague los objetivos. Éstos, de manera sucinta comprenderían: la auto contemplación, la proyección de una figura sexual hacia el prójimo (sexo opuesto) o el figurantismo deslumbrante (atañible al figurante estático) hacia la gens, soñando con ser el símbolo de su era.
Claro que en términos latos del objetivo primario del halterófilo (auto defensa) y algunas artes marciales, los escépticos arguyen bromas no exentas de cierto cinismo. Ellos argumentan que desde que Colt puso en el mercado, la legendaria pistola semiautomática calibre .45 (version 1911), las anteriores actividades de perfeccionamiento físico, son inútiles.
Estos parvus kotyledon masculinos constituyen el tropel de esa graciosa pléyade de mozos irresistibles, halterófilos, narcisistas y cargados de joyas y argollas a rabiar (ahora desenfrenados en los tatuajes), los cuales son admirados o adorados por aquellos miembros de la gens, fracasados en sus delirios de grandeza. Es un devaneo púdico causado por los esternocleidomastoideos insinuantes y devoradores de estos curiosos personajes, empeñados en despertar las ansias y exotismos, por lo pronto, del sexo opuesto. En no contadas ocasiones, ser justos, las cotas musculares de estos ejemplares académicos son exhibidas con intencionada lubricidad y cadencia espasmódica, por los medios publicitarios de concursos sobre Anatomía Pura.
Los pobres diablos, atrapados dentro de sus deformaciones, son seres cuyas auto flagelaciones corpóreas (propias de la Vía Dolorosa) llegan al extremo de sentirse impedidos; por asemejarse a ciertos buzos que operan a grandes profundidades enfundados en trajes isobáricos, de dar una simple “agua” a las fichas de un partido de dominó. Una tontería, fácil de demostrar.
También llama nuestra atención y es sintomático al carbón, el desconocimiento o ignorancia al descuido de estos optimistas alegres, disformes, acerca de la cota corpórea en que se hayan situados los órganos de la visión. En modo alguno el tema es banal en relación con la trama, dado que quizás el Id irrelevante de los ancestros optimistas de estos ejemplares que tratamos; les impelió, erradamente, a imaginar que es en el tope de la cabeza donde se colocan los espejuelos para mirar hacia el infinito sin límites y no al sudeste fílmico. Es una pérdida de orientación, absoluta.
En algunos psicogramas obtenidos por especialistas, se apunta a que este tipo de optimista detesta el mundo real y sólo ama la paranoia de su ultra fantasía apasionada por las alturas. Ahí es donde los griegos suponían situado el ojo pineal ( glándula endocrina) dada su conexión sospechada con los órganos visuales activos, los ojos. Del mismo modo, se entiende que el suceso es defectible en ciertos vertebrados (saurios), aunque la posible inter actividad endocrinológica no ha sido probada con certeza. Es que la tela investigativa, se nos desvanece con cierta frecuencia.
El fenómeno lo representaríamos como un enlace metaloide (alcalino), aunque supuestamente atrofiado en la variedad de mamíferos humanoides, como los que representa el hombre moderno hoy día. En los pesimistas alegres este “tercer ojo” tiende a ser ligeramente foto sensitivo (los doctores aseguran que no), lo cual supone de hecho que está anulado en los optimistas y el resto de las muestras sin partidos emocionales.
Esta glándula produce la melatonina, cuya entrada al torrente sanguíneo es controlada por el hipotálamo, lo cual concuerda con los trabajos de Julius Axebroad acerca de las motivaciones oníricas subyacentes en los lykostrôphos (hombres lobos), residente interno en cada halterófilo optimista. Es notorio que en los optimistas tal es síntoma de una terminalis caecitas (ceguera terminal) atrofiada en la pineal, razón por la cual su reloj biológico es oscilante e impreciso, durante la mayoría del tiempo cronológico.
Todo indica que los antiguos ya habían denotado en estos optimistas tipo –la antítesis se opone a tal simplificación–, la observación enervante de un punto fijo. Este, les entretenía según las calendas o que descubrieron entre las vanidades voluptuosas de aquella otrora Kassiopeia (Casiopea) despampanante, como la silvana-bestia de “Arroz amargo” (ver “Rizo Amaro”, de Silvana Mangano, Lux Film, 1949). Los romanos denominaban a este punto nihilista destructor del pensamiento como “nido de las musarañas (sõrexis)”. Allí, era donde el atoramiento del individuo era total.
Nada para reír. Es que los pesimistas por el contrario, están sometidos a perpetuidad a un enforcement endógeno auto didáctico y muy cuidadoso. Es la argumentación de la tesis, dado que la estructura apasionada de su Super ego no admite incursiones exógenas (invasiones síquicas y menos las endógenas, corporales), aunque esta última es considerada en el caso de las mujeres, porque su Super ego bloquea las sensaciones extrañas.
Tal se refiere, por suerte, a las practicadas por los especialistas en trastornos expelentes de la propia psiquis o de la despersonalización vulgar reprimida. Por parte de algunas escuelas de parapsicología, que eluden o no admiten involucrar la sicología como tal; permite que tales anomalías inmensurables se deban a la inexistencia de chacras reparadoras. Igual que sucede con los leucocitos al enfrentar una herida externa, que en este caso es el trauma síquico. O en el peor de los casos, a la carencia –ruptura de la conexión– de los denominados megistus nervosus, utilizados en calidad de conejillos de Indias para el desarrollo de los sicotrópicos modernos.
Uno de los peligros del bache telúrico (pothole), en la corteza del rector central de las personalidades; es precisamente al palpar las figuras neutras, iniciadas de manera extemporánea en sus ansias de alcanzar el estado sublimal del pesimismo triste. Esta especie de oquedad mental en los optimistas se fundamenta en la acentuación de ciertos estados anímicos previos. O sea, la disociación de la personalidad no esquizofrénica. En esencia se trata de evaluar las alteraciones unívocas del sujeto con sus extra personalidades diversas concurrentes, como el ejemplo luminiscente de “Las tres caras de Eva” (Jeanne Woodward, 20th Century Fox, 1957), al comedero invariante del Id erógeno y voraz.
Buena parte de los tautólogos de la escuela freudiana, pecan de facilistas al adjudicar dogmáticamente a ciertas partes sensibles del cuerpo humano, y de forma exclusiva, la calidad de “zonas erógenas.” En los pesimistas no hay puntos ni zonas especificas, sino que se trata del área completa y que abarca todo el órgano de la piel.
En los optimistas, sí. Por estas razones, si el Complejo de Edipo es enteramente válido en sus componentes sexuales (bucal, anal, etc.) por los diversos contactos con la madre; no habría manera de explicar física o clínicamente el traído por los pelos, de manera inmisericorde: Complejo de Electra, para clavarlo en el purgatorio permanente, sobre las espaldas de la mujer inocente. Es un asunto, al margen de tesis y antítesis, a dilucidar de inmediato por los especialistas.
La saga, continua.
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Elogio de la Tristeza II, Antítesis 3/3


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Umherstreinchen, denominan los alemanes a la mala acción de vagabundear. Luego, la antítesis sobre “El Elogio de la Tristeza” dilucida, o trata, de no vagabundear excesivamente entre las disimilitudes agarradas a la lucha de los contrarios, cuando se sumerge en las personalidades opuestas –excluyendo síndromes avasalladores como la ciclotimia o la esquizofrenia– de entre los optimistas (unos pocos raros entre la especie humana) y los pesimistas (la abrumadora mayoría). Del mismo modo, otro de los aspectos de conclusión primaria magistral; descollante entre ambas personalidades; radica en la vulnerabilidad elusiva de los optimistas a las sicopatías más comunes (suaves) o denominados como desórdenes ligeros de la personalidad. Tal parangón, paralela la vida del tiburón con el pez piloto adherido, ad ætérnum. Es que dentro de la gama de desequilibrios malvas; en algunos casos equiparables con lívidos, complejos, histerias, depresiones, manías, melancolías, alucinaciones, etc.; están ausentes o son muy raros en los pesimistas, sin importar la escuela a la cual se adhieren, triste o alegre, por empatía natural.
La locura, como pérdida absoluta de la realidad objetiva, es otra cosa. Se manifiesta como la fuga explícita de la realidad hacia la ensoñación, siempre salpicada –en función de algún signo esquizofrénico– de incursiones tremendistas al mundo interior del Id en el subconsciente consciente.
En este punto radica uno de los mejores exponentes de la fortaleza ofrecida por los pesimistas. Ya que éstos se comportan como un ser todo erógeno; aunque perfectamente auto controlado en lo referente a su elogio de la tristeza, propio. Es una de las formas erógenas de baja intensidad, gobernada bajo su estandarte sublime, que les es inherente e indispensable: la libertad. Ello incluye las derivaciones rastreadoras de disturbios, en realidad especializaciones armadas sobre la marcha diaria, en cualesquiera de sus manifestaciones dentro del mundo real, por el que siempre se desplazan.
Entendamos por tal, el ambiente en que se realiza la observación del punto coloidal (de fusión) entre los estados alterados como la euforia y la depresión; o sitios; emisores de calamidades en el subconsciente de la muestra bajo observación, ya sean investigadas estas aisladamente o en su conjunto. Un simil recurrente fue desarrollado desde el punto de vista químico, al tratarse los estados coloidales, por D. Fennell Evans y H. Wennerstrom en “The coloidal Domain“.
Por desgracia, tal conjunto de anomalías se ha enquistado dentro de la gama compulsiva de los sicopatismos eufóricos (en el sentido extravagante) y sujeta el Ego, a las acciones no punitivas del medio. Por dichos motivos, no resta más que acudir a los especialistas y enrolarse en sus programas de recuperación y rehabilitación. Ello, para el ritornello machacante contra estos desordenes de la inteligencia o los del propio Id, como ajustes simples (aunque peligrosos) del rebellis humano al hábitat, y con ello, a la gens.
Andamos en terrenos invadidos por sofrólogos, sicólogos, siquiatras y otros magos rastreadores del sico-isótopo I+ (I–plus) en la mente humana, los cuales invaden la cuna emocional –manu militari–; para curar de manera magistral al individuo (sea, el paciente) que en este caso se encuentra en el pre estado potencial de un derrumbe emocional, inminente. Tal es el preludio del desplazamiento del optimista hacia los peligros de perder el control de sí mismo, ante cualquier error o insatisfacción como es la del Ego derrotado. El I-plus, es susceptible a ser considerado como una carga de recuerdos específicos que atacan en remolinos indescifrables. Por este motivo, la medicina siquiátrica se vale de la metodología tradicional de cut and tray, la cual no implica prácticas invasivas, siempre peligrosas.
Sean conocidos o no por el individuo, y asociados a los tres elementos básicos de la personalidad (Id, Ego y Super ego, según Sigmund Freud), cualificados como subyacentes en el subconsciente, como sucede en el caso del optimista alegre. La cosa, o manifiesto sensible, se expone a cualquier intensidad luminiscente de manera libre en ausencia de frenos emocionales, pero induce en el paciente un exceso de confianza saturada, curiosamente, por los fracasos en su vida diaria. Todo, por su renuencia a mantenerse (porque experimenta ser omnisciente) en la posición de alerta.
Una buena parte de los seguidores más destacados de Freud, como fueron Alfred Adler, Carl Gustav Jung, Otto Rank, Enrich From y hasta el húngaro Sándor Ferenczi entre muchos otros; se revolvieron detenidamente en los postulados del psicoanálisis del Maestro, en búsqueda de las liasions definitivamente invertebradas entre ambos estados –consciente y subconsciente, aunque también los transitorios, o sea, los intermedios– y de hecho, admitieron coincidencias con la mayoría de los conceptos freudianos. Para ello considerando el afloramiento de un nuevo sub mundo síquico hasta entonces oculto en la mente humana, como un aporte fascinante y hoy insustituible.
La tesis, se opone rotundamente a inmiscuir de manera tácita; ni siquiera circunstancial; a contaminar ninguno de los razonamientos o premisas del silogismo psíquico con la libido contentiva de los Complejos de Edipo y de Electra.
Quizás Enrich From, influenciado por la entonces novedosa artillería del materialismo dialéctico e histórico de los proto comunistas; integró la soldadesca de lo que hoy son una especie de “compañero psíquico de viaje“, como aquellos de los esparcidos por la ventisca de la Generación Perdida. Y también, como ente adscrito a la escuela norteamericana de los socialistas utópicos, From trató de ser original para aplauso y beneplácito de sectores izquierdistas norteamericanos de entonces, apuntalados por el espejismo de la hoy felizmente desaparecida por siempre, la vetusta y anaclimática URSS.
La cierta originalidad de From, se basó en echar a un lado al individuo como ente aislado, fuera optimista o pesimista y socializarlo a la fuerza (tal impusieron los bolcheviques) para que formara parte intrínseca de su hábitat propio. Luego, From estableció una relación de causa y efecto –algo simple y explicable a los profanos, ademas de ser una herramienta buscada furiosamente por los comunistas–, al vincular el comportamiento de la personalidad del individuo en cuestión, como un subproducto de su interacción con las características e influencias del medio social en que nadare.
La inhumana dictadura con la que los comunistas espoliaron a los pueblos de los cinco continentes, incluyendo la Rusia propia, nunca dio espacio para el individuo como tal y su estudio como ente particular, al considerarlo como un anillo más de la taenia saginata social. Fuerza considerarlo parte de una masa inerte mentalmente. Se trataba de medir a todos sin interesar su tendencia, diluyendo las individualidades, las cuales aherrojaron con esa monstruosidad genocida de la que denominaban “siquiatría proletaria”. Donde el torquemada no admitía ninguno de los altos principios, por los que Freud, abogó también. Y que los comunistas, dueños de ese conglomerado de reclusos no ambulantes clavados en los Gulags (Glavnoye Upravleniye Ispravitelno-trudovyh Lagerey), intentaron implantar a escala mundial, incluyendo sus versiones populistas del Eje Apocalypto (ALBA).
Para los curiosos e investigadores, seria un ideal acceso franco (ilusión) a uno de los casos simbólicos de este terrible quehacer seudo siquiátrico, ya casi desaparecidos el resto de los manicomios comunistas, al menos en Europa. Resulto de la época en que la psiquiatría comunista estaba en manos de la Policia Politica. El síndrome está disponible e intacto como un escenario de la prehistoria no contaminado aún –recordar que es el sueño de los investigadores de la Medicina Legal–, en su forma más primitiva y brutal, como es el régimen demencial estructurado por los hermanos Castro y sus secuaces, en la Animal Farm de la Cuba comunista de hoy, curiosamente, no negada por los castristas.
Así, todos los pesimistas y optimistas encarcelados responderían de igual manera ante el medio, sin atender a su personalidad intrínseca. Del mismo modo sucedería con los aquellos que hacían una vida normal, sin importar si el medio era afectuoso o agresivo. El enfoque de From devendría tildado de muy naturalista, de acuerdo a la vida animal. Para ello ver los films, “Granja de Animales“, de John Stephenson, 1999 (según la novela, “Animal Farm: A Fairy Story”, de George Orwell o la premonitoria “1984″, del mismo autor británico) bajo un patrón especifico para cada hábitat y medio que le rodeara. Pero sucede que los individuos no responden por igual ante un mismo estímulo y menos, los pesimistas.
Luego, de ser como plantean From y el resto de sus seguidores conscientes e inconscientes (intelectuales y artistas liberales) los postulados de la lívido y su complejo más recurrido; no es por casualidad también el de más fácil aceptación –de manera cómplice– por los copatrocinadores de la tesis del Complejo de Edipo. En esta disyuntiva es donde se definen las diferencias o niveles de coincidencias posibles entre el optimista y el pesimista, aunque tales variables serían de un peso mínimo desde un punto de vista matemático (utilizando quizás, fundamentos y criterios del álgebra tensorial).
Es analizable el por qué la sobre exposición de los narcisistas pasivos al medio ambiente, o sea los halterófilos; no tiene de hecho que derivar en una sicosis compulsiva del fetichismo o lo que es igual, en mutaciones irreversibles en su alter ego. Todo lo anterior, vale sin atender al resto de los síntomas fundamentales de cada onda sicológica, su biorritmo gobernado por el hipotálamo y las componentes armónicas de la frecuencia fundamental del trastorno insignia.
Una muestra que puede ser relevante y entendible para cualquier persona de inteligencia media, es el narcisismo maligno –siempre convoyado con la mitomanía crónica– detectado en líderes contemporáneos, tales como Osama bin Laden, Sese Seko Mobutu, Ortega, Correa, Fidel Castro, Hugo Chávez y el finado Saddam Hussein, entre otros, es válida.
El sub mundo comunista nunca le interesó encontrar una herramienta similar a la del psicoanálisis, para investigar, diagnosticar y tratar a los pacientes con desordenes síquicos. Es que la regresión patogénica a los orígenes del trastorno mental del sujeto, conduciría incongruente al analista al final del principio: los causantes serían los mismos afectados. Es la fabula de la serpiente que se muerde su propia cola. Un perfecto antagonismo con el comunismo, el cual no admite que la nueva sociedad genere tales modelos pensantes.
Es dado parangonar que estas aberraciones, como las ópticas, son las introductoras del “ruido blanco” –un concepto a defectar en el prototipo– que siempre interfiere en las personalidades inductivas (líderes). Es fenómeno que se presenta en los sistemas de telecomunicaciones para la transmisión de datos, tanto similar al de las personalidades concurrentes, a pesar de la exquisitez ingeniera de los circuitos eléctricos.
Los matices entre optimistas y pesimistas, pueden ser homologados con la vieja trifulca de la teoría ondulatoria entre científicos e investigadores del siglo XIX. Ella trataba acerca de disparidades físicas en el concepto de que las ondas de luz y del sonido se propagan de igual manera. El conjunto había quedado en suspenso expectativo hasta tiempos mejores. Esos tiempos, estaban al doblar de la esquina, porque los franceses estaban entonces a la carga, en todos los frentes de la ciencia.
Al desbrozar personalidades tan definidas como son los pesimistas y los optimistas, encontraríamos que Freud, inconscientemente y al margen de estas singularidades malvas (no frenéticas), detallaría estados síquicos coincidentes con ambos grupos. Dibujando a los pesimistas bajo la sombrilla sico analítica del Super ego, mientras que a los optimistas los descansaría bajo el manto del Ego. El marxismo mostró más adelante su absoluta incapacidad de considerar el ente individual, porque por el dogma comunista, las masas carecen de alma, inteligencia y personalidad. Una anillo más de la taenia.
Todo así, hasta un buen día de 1819 en que un físico francés, Agustín-Jean Fresnel, dio a conocer sus teorías acerca de los diferenciales matemáticos entre ambos fenómenos físicos. En su obra “Mémoire sur la diffraction de la lumière” (Memoria sobre la difracción de la luz), basados en la óptica ondulatoria, contestó que no se trataba de una teoría simple. Fresnel, demostró matemática y experimentalmente en la École Polytechnique du Paris que; a pesar de ser semejantes para los profanos; la onda sonora se propaga de manera longitudinal, mientras que la luminosa lo hace de forma transversal. Y diría un diletante: ¿Vieron el pase.? Esta es la antítesis.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Junio, 2010
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