Ley SB1070 de Arizona: “Es mejor ponerse colorados un día, que andar amarillos siempre”


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Una ley

La Ley SB1070, hoy cuestionada por estratos marginados intelectualmente de nuestra sociedad; ha sido empañada, tergiversada y despojada de su inspiración protectora a manos de torquemadas zurdos. Se trata de unos seres liosos y de raras cumbanchas sinistrorsas –amantes de lo inordenado–, quienes la tildan a priori de racista, incriminatoria y discriminatoria. Calificativos todos, infundados e injustos, además de cuajados de las ligerezas desacertadas propias de los entes trascendentales, en el decir de Kant . Primer error (entre los destacables): es que no leyeron la Ley antes de opinar (o repetir) y no advirtieron que la misma no apunta contra ninguna raza, etnia o minoría. Sus detractores, arropados con todos los derechos de la democracia, pueden opinar tal como les venga en ganas, sin consecuencias, bajo nuestra bendita libertad de expresión –garantizada por la “I Enmienda“– y por ello, no deben ser regañados de manera desproporcionada. Esta claro que de tener base esa patraña iterada por “boca de ganso” –se trata de un grupo de iconoclastas frívolos que repiten lo que oyen (la mayoría, sin mala fe), pero que no saben lo que repiten– devendría regalo para los anti yankees, anti demócratas, liberales y comunistas. Esta ley se refiere al estado inmigratorio de los extranjeros (aliens) asentados ilegalmente en Arizona y que pudieran levantar “sospechas razonables” de ser indocumentados. Cada estado  de la Unión (y país) disponen de leyes a estos propósitos específicos, cuyo objetivo es detectar y deportar a los indocumentados, si antes no tienen cuentas pendientes con la justicia norteamericana. Claro que si los invasores fueran clons marcianos o chinos, el pujo elíptico seria anti marciano o anti chino. Tal es inferir rasgos  homínidos intrínsecos inocultables como lo de ciclópeo y cefalópodo en los primeros; mientras que en los segundos, ojos rasgados y la pértiga con las canastas típicos de los coolies, además de otros detalles no fisionómicos distinguibles en su hábitat. Del mismo modo se destacaría un batallón de paracaidistas suecas, esculturales tipo ABBA, soltadas aleatoriamente en medio de una pradera de Zululandia, África. Y esto es bien serio, puesto que se trata de millones de extranjeros entrantes a los EE.UU a como les d la gana y sin ser identificados, tal son denominados EWI (Entry without Identification), quienes sin inmutarse y desde hace decenas de años, han tomado por asalto los 50 estados de nuestro país, que si nos acordamos son: los Estados Unidos de Norteamérica.
El revuelo aflora en escandaleras solariegas, sin que aquellos extraños que arribamos en su momento a los EE.UU, por razones varias – sin que nadie nos invitara ni necesitara, como el resto de estos otros furiosos demandantes–, debamos sentirnos ofendidos por disfrutar de un perfil fisonómico (rasgos, aspecto, figura, talante, hechura, facha, look o como diablos se le llame) tan fino, subyugante, erótico, elegante (tipo “Cocó” Chanel, en las damas), arrobador, viril, irresistible o sexi (tipo “Playboy“, en los caballeros), con el cual nos premió alegremente nuestro Creador. Es considerar de una y por todas, que como aliens perfectos, no somos producto de un error de la Alquimia o el Cálculo Divino, lo cual también sería atañible a los bosquimanos, esquimales o papúes, quienes cargan sin chistar con sus estereotipos. Desconocemos si algunos de estos  inconformes visitó a nuestro Creador y lo acusó de racista y descriminador, o mejor, si logró convencerlo para que le cambiara el uniforme.
Entender que nuestra facha o pinta, vista en el espejo, es y será el pijama game con el que nos acostaremos cada noche y que al despertar estará ahí imborrable; al igual que las rayas de los tigres y las cebras –los neuróticos raciales consideran la facha, per se un índice “acusador”– y con la  cual marcharemos uniformados el resto de cada día  de nuestra existencia. En buena ley de leyes, tal virtud (o desgracia para algunos), no es culpa de los “gringos”  (mote supuesto erróneamente de etimología mexicana) o como quieran llamarles (nos); unos tipos tan inhumanos que nos permiten vivir,  trabajar y comer de su olla afortunada sin recibir dentelladas. Hay desorejados (los desagradecidos de las “T-shirts” guevaristas) que no se integran al almuerzo, pues les gusta la otra, la cocalera apocalypto enchumbada en sopas de cannabis sativa.
No obstante, el confundir un turista o residente legal de igual etnia de Arizona o hipógeo (son los indocumentados que viven a la sombra en el interior de la Tierra) de características similares con el del “ilegal clásico”, no es muy probable aunque factible. Seria, si no acudimos a la observación del objetivo en su aspecto personal general, vestuario, aseo, arreos, jolongos, maneras, educación, comportamiento y otras lindezas. Lo otro, es confundir frijoles blancos y negros.
A menos que el individuo (a) –un cracker urbano– exitado bajo un heart attack mental fetichista o DUI, por lo general autoinducido (tal deleita a ciertos aberrados, jokers o minusválidos sociales); se disfrace, tatúe, hable y actúe como los “punks“; es decir; se comporte de forma indecente o estrafalaria, sin serlo. La Ley SB 1070 no tiene relación alguna con estos alelados, y el trato del especímen pescado in fraganti en su boberia, es perfectamente acometible por las leyes y autoridades convencionales, tal sucede partout en cada momento. Y no se trata de gongorismos culteranos. 
Peor es el bache de ciertos comunicadores, quienes sin gota de  profesionalismo en su desempeño; tupen y enardecen desconsideradamente a sus oyentes o lectores –al parecer (démosle el beneficio de la duda), no de mala fe– por no estar enterados de que el  término “hispano” (segundo error: no es vocablo español, sino latín) el cual no se vincula a un perfil racial y sí, entre otros, a un lenguaje. Éstos confundidos, deben entender que sólo hay tres razas fundamentales: blanca, negra y amarilla, y que sus derivados son las denominadas etnias. Es también disparatado (tercer error en su clasificación) cuando dicen “raza hispana, norteamericana, cubana o española”. De seguro, que el Señor será misericordioso con ellos y los perdonará. La tacha de racista, incriminatoria y discriminatoria de la Ley, aducida por éstos y otros jinetes de Babieca, se desmorona por sí sola.
Luego, ya en el tema, es de observar que los tsunamis de inmigrantes –reales y no ficticios, porque están ahí en todos y cada uno de los estados– se recrudecen por etapas igualando en clamores a las óperas mudas del kabuki, tal sucedió en tiempos de Reagan. Entonces, almas subliminales y bandadas de avetontas caritativas, respondientes a estrategias enrarecidas según sueños antológicos de reconquista, hoy reverdecidos; fueron activadas para que gimieran desconsoladas aduciendo que “esta sería la última vez” y, misericordiosos,  nos creímos el cuento de “La Buena Pipa”. Hoy, graciosamente, contamos 15 millones más de estas criaturas altaneras y soliviantadas como nunca antes; a causa de los cizañeros comunitarios, activistas, sociópatas resentidos, agentes infiltrados –al parecer, cuidadosamente entrenados y adoctrinados, cuyos caminos apuntan a Manila , La Habana– y políticos demagógicos, incluyendo los inevitables funcionarios y políticos cándidos. 
No se trata de repeler a los “inmigrantes”, dado que tal proceder nunca ha sido ni será política de los EE.UU. Si no, la de acoger calurosamente a quienes ingresan sin arrogancias por vía legal, con respeto, humildad y sin pecados concebidos, para integrarse en la decencia de nuestra sociedad patriótica. La existencia de decenas de millones de éstos y otros paisanos legalizados en los EE.UU (curioso: no hemos sabido si alguno, a salido a defender a nuestro gobierno y sistema de vida, del que ahora disfrutan apacibles) aun desde cuando “los tibores eran de palo”, es la prueba fehaciente de este infundio. Se trata de reiterarle a los gobiernos centro y sudamericanos, que no se hagan los suecos, porque EE.UU no es una sentina marinera.
“Es mejor ponerse colorados…”
Según el dicho: “es mejor ponerse colorados un día, que andar amarillos siempre“. Es el objetivo cardinal y esencial de lo planteado por la Ley SB1070 de Arizona, sancionada por la gobernadora Jan Brewer, una mujer de “jota andaluza” verdadera, avanzada y valiente para su tiempo. Una ley no popular entre los anarquistas y liberales del “déjenme hacer lo que me dé la gana” y sí aplaudida por la mayoría de los estadounidenses cuerdos. Esta ley, se perfila con la misma fuerza intrínseca (de facto) impulsora de otras profilaxis: anti leporinas, tísicas, venéreas, narcóticos, prostitución, delictivas, etc.; todas, de muy seria consideración por su peligrosidad y las cuales convoyan cada desorden inmigratorio como el desatado con fiereza cruel, sobre ese estado. Igual sucede con los otros 49.
Porque los ciudadanos creadores de bienes y riquezas en los EE.UU, atemorizados y no los morones pescadores en aguas turbias, saben qué es exactamente lo que se les quema en la sartén. Resultaría encomiable que las autoridades estatales todas, fueran tan previsoras como las de Arizona en la protección de sus ciudadanos, en aras de cerrar esa oquedad desestabilizadora y destructiva para nuestra nación. Algún mensaje debe ser llevado a estas personas que desafiantes, se declaran dispuestas a reincidir –con cinismo deportivo– dicen, en la primera oportunidad que se les presente tras ser deportados. 
Decimos, considerando las invocaciones al anarquismo por boca y pluma de comunicadores, eso sí, sin que atendamos a sus respectivos pedigrees, intereses personales o quizás hasta órdenes. Estos locuaces pacen enquistados en los medios (en español), nacionales y locales, succionan favores de los EE.UU y para quienes nada vale la ciudadanía norteamericana que antaño nos suplicaron, y les otorgamos. Todo, a pesar de su conocida ingratitud endémica y peor, estando los oficiales conscientes (aunque impotentes) de actuar en malahora, porque de casta le viene al galgo. Toca a los que se deleitan en carecer de criterio propio, no a los profesionales experimentados que no necesitan de defensas externas, pues les basta con su ética impoluta.
Son reflejos de la manipulación sensiblera de obtusos pululantes en EE.UU –los de estipendio doble y cuya parte alícuota pagamos mansos los contribuyentes– la cual omite estas realidades y azuzan la violación de las fronteras, convocando a marchas y boicots. Quizás tales ululares, no se traten más que de engañosas bondades humanitaristas, encubridoras de su supervivencia comercial. O quizás no, y los ruidos provengan mancomunados con la vieja conspiración roñosa de los taitas en trajes de luces, ansiosos de disolver nuestra nación. Tales, constituyen el team nefasto de los abogados del diablo.
Urge no esperar por los censos ni soslayar la exigencia de sus respectivos récords policíacos (en EE.UU o en sus países originarios), a los que arriban considerando el volcán de donde proceden, desgraciadamente para ellos y nosotros. Sucede que la virtud, no viene escrita en la frente y de ahí, los inconvenientes atañibles a cualquier país o inmigrante que los deba enfrentar. México es inexorable con los ilegales que les invaden: la primera vez, cárcel temporal y deportación; la segunda, condena mandatoria a 10 años de prisión. ¿Es así también a causa de leyes racistas, discriminatorias e incriminatorias?. Entonces, ¿a qué viene la algarada de arias operáticas de estos pseudos líderes y activistas comunitarios y comunicadores?. Los locuaces del micrófono, cámaras y la tinta, no se atreven a revolver el tema.
A este paso, en un amanecer orwelliano pretérito,  despertaremos  en medio de una pesadilla: ellos dispondrían, aparentemente sin proponérselo –aunque, sí le viene como anillo al dedo a la Internacional Comunista (el Comintern), la cual los tontos de capirote piensan disuelta desde 1943– de un silencioso ejército de ocupación clavado en EE.UU ascendente a 50 millones de efectivos, sumidos en un sopor quietista de inspiración endémica antiyankee; desplegado como hobby nacional y por antonomasia, aupados y así educados por sus gobiernos. Sólo ver la conspiración de la Inteligencia castrista, que nos introduce cientos de agentes entre los “emigrantes legales” hacia EE.UU,  bajo el manto de la Lotería de Visas. Claro que esta última, se trata de una conspiración en toda regla, ajena a los indocumentados individuales que nos ocupan. 
El caso mexicano es el más notorio (80% de los inmigrantes), se trataría de un ejército virtual al cual hemos cobijado, vestido, alimentado, entrenado y educado, gratis, a expensas de los ciudadanos norteamericanos. Obvio que son pocos los individuales que puedan estar al tanto del dilema, ya que es una posibilidad sorprendente para el resto. Este factor de inherencia chantajista oscilaría como espada de Damocles, hasta que un loco allende a la frontera sur les soliviante en contra de nuestra. De hecho, tales estratos asimétricos poblacionales, ya resultan peligrosos para cualquier país; como hoy son los musulmanes en la Europa, por la cual deambulan unos 9 millones de ellos. En múltiples ocasiones los EE.UU han ofrecido vías y soluciones humanitarias todas, pero no bajo presiones o amenazas chantajistas tal se pretende ahora.
Líderes y periodistas de fuera y dentro de los EE.UU, los que renguean con el equilibrio analítico escorado hacia el chauvinismo oscurantista de sus países de origen –con la consecuente falta de objetividad–; abogan de manera confusa por esta causa insensata, cabalgando desnudeces tales copycats de los fantasmas marxistas de 1848, a grupas de la Ley en cuestión. Debemos confrontarlos, claro que respetando su derecho a opinar. No es de extrañar que los plañidos en defensa de esta crisis culposa de los estados indoamericanos, apunte a evadirles su responsabilidad en la encrucijada actual. Ninguno de esos países, según anales, ha demostrado ni pizca de  arrepentimiento, ni se han disculpado públicamente con EE.UU por tales desmanes ilegales, consuetudinarios, contra nuestros territorios. Tampoco nosotros, débiles quizás como putas en cuaresma, se lo hemos exigido con firmeza. Algunos de estos alaridos tremolantes están vinculados de alguna forma, con aquello que molesta al narcotráfico. “Cuidaos de los falsos lictores“, es en el decir de un viejo combatiente anti garibaldino. 
Singularidades y otras calamidades
No nos sorprende la frivolidad de estos estrambóticos opinadores, tal vez discípulos de Astarte; obsesos en nublarnos la vista y casi apologizadores del peligro impuesto a nuestra seguridad. Tal si violar las fronteras implicara un acto revolucionario (igual al de los sans-culotte enciclopedistas) y que de hecho, se convirtiera en fuente de legislación para un fementido “derecho de los ilegales”, el cual no existe ni existirá. Las consignas gritadas de “we have rights” en Phoenix no responden a entes físicos sino virtuales, inexistentes en los códigos del mundo real. 
Se desprende una interrogación que flota en el ambiente: ¿Por qué estas personas que se desgañitan por darles vivas a los países y sus líderes totalitarios enemigos de los EE.UU –los del decir zafio, canallesco y grosero anidados en el Eje Apocalypto, y a los que tanto admiran–, no se van a carenar ganas en esas mismas tierras, digamos: la Venezuela de Chávez, la Nicaragua de Ortega, la Argentina de Guevara o la Cuba de los Castro?. La respuesta es simple: ellos saben al dedillo que allí, no les tolerarían acercarse ni a cien millas de las costas, porque las playas reales son los EE.UU. Arrullos de los pícaros locales y foráneos “pro ilegales” son, para adormecer no a los de paso fino y sí lerdo, incitándolos a atentar contra nuestra soberanía. La carencia de visas se debe a los abusos de esos mismos países en introducirnos a sabiendas chorros de ilegales al territorio de los EE.UU. La ciudadanía decente, está harta de estas calamidades impuestas por extranjeros.
Luego pasma advertir singularidades sorprendentes. Como las de aquellas personas de buena fe que siendo gente culta e inteligente, se han dejado embaucar por diatribas de ciertos dolosos del papel y el éter. Son compatriotas que con su enorme prestigio en calidad de periodistas, intelectuales, analistas, sociólogos, artistas, negociantes, políticos, docentes, religiosos y otros; resuellan ansiosos por seducirnos a aplaudir y justificar a los freelancers que atosigan a Arizona y que como metástasis, amenazan nuestros valores locales cargando el delito a las víctimas y exonerando a los victimarios. ¿Sabrá alguien por ahí, dónde esta gente ilusa y confundida tiene guardado el menos común de sus sentidos?. Es curioso que a nadie parece interesado en los dolientes, o sea, como este síndrome afecta y tensiona sicológicamente a los ciudadanos decentes de Arizona.
Otra cosa es abogar (no criticar) e intentar la solución de los casos de quienes ya asentados decentemente en los EE.UU, trabajan, mantienen familias (no consensuales) y cuyos hijos están encaminados en nuestro sistema de enseñanza, sin que ninguno haya cometido actos delictivos. Este bloque, de hecho, ya está probado en sus intenciones y por lo tanto, sus integrantes serían susceptibles de ser legalizados, incluyendo la justa reunificación con los padres extrañados. Es así de recontra simple. Saber que no se trata de 15 ilegales, sino de 15 millones. Tales son las mismas 15 millones de razones para que de una y por todas, concluyamos la erección del condenado muro. Ah, ¿que no les gustan nuestro sistema de vida, los gringos ni las leyes ni el muro? La cosa se torna aun más simple: hacerles dar una media vuelta y “gracias por su visita”.
Lo que resulta curioso para los floridanos, es que desde hace rato entró en vigor el Chapter 986, F.S., the “Florida Security and Immigration Compliance Act.” de propositos similares al de Arizona sin que ninguno de los líderes, activistas, comunicadores locales y nacionales; como buenos domadores de circo; no hayan azuzado a las fieras con igual insistencia contra el Gobernador de la Florida, Charlie Christ, su equipo de gobierno y el estado de la Florida. ¿Discriminación?
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
lejardil@bellsouth.net
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