Los “Baby” Lores, ragamuffins biónicos de la zurdera cubana, en el IX Congreso de la UJC


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Copycat del Hombre Nuevo
Son arquetipos del cuajo que pululó por entre las charcas del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC), convocado por el régimen habanero en abril 4, 2010. Las comisiones de trabajo, como es usual en estos eventos y según lo esperado; no se crearon para elaborar, proponer o discutir ponencias. Sino, sólo para escuchar al “enviado especial” de la cúpula geriátrica del régimen sobre el qué, cómo y cuándo, los delegados pre asignados deberían redactar (también incierto, pues todo el guión e incluyendo la declaración final ya estaban escritos por el Dpto. Ideológico del Comité Central del PCC),  adicionando algún que otro debate sixed (pala), donde se reflejarían los deseos inexistentes de los hermanos Castro.
Si algún cándido o peor, uno políticamente despistado, creyó que podría expresarse con libertad, se quedó con las ganas y el rabo entre las patas. Y daría igual porque en ese submundo totalitario todo es a puertas cerradas. Son flores mortecinas permanentes por la falta de luz. El preterido volcán juvenil cubano permanece apagado, como es lo usual; porque los jóvenes no tiene nada que modificar en el status quo. Allí todo es ideal y sepulcral. Como siempre, los jóvenes no hablaron en espera permanente de las tres magras meriendas diarias (que no ven en sus casas) y se reconvencieron de que sus opiniones, no interesarían a ninguno de los líderes del Partido Comunista de Cuba (PCC). Mejor es hurgar en la textura de ciertos asistentes conspicuos, los cuales, según el régimen representaban la crème de la crème des jeunes.
Corresponden, singularizados, con un ente común y obediente del tipo “esta boca no es mía, sino del Comandante”, que no habla ni rumia siquiera como personaje real. Es más acertado verlo como un copycat irreal con alucinaciones de escapar del gulag, sino alcanza arrastrándose un sitio en el archipiélago zurdo. Y no hay relevo de sociópatas, porque los comandantes no se acaban de morir y cesar sus opresiones en la granja de animales. Del mismo quehacer triturador a las que Solzhenitsyn describió y bautizó, “gulags“, llave inmortal y abridora de puertas y muros.
Para tal criatura -ahora bajo autopsias-, su éxito es diplomarse entre los succionadores perfectos de las ubres de la UJC, con jerarquía de reggaer genuino; eso si; “relevador” de la Nueva Trova, porque los mayimbes son insustituibles. De incultura arrobadora, santificado por la gerusa surrealista que abate la isla atormentada y como todo sobrerealismo, sin alucinaciones extendidas a todos los de sin razonamiento lógico. No a la hechura marxista-leninista, una filosofía inerte saturada de disparates y obsolescencias. Nada raro en estas reflexiones, simples cábalas del Comandante en Jefe, Dr. Fidel Castro Rúz (titulación que le arrebata el Superego), mas, proviniendo de la retorta alquimista de su régimen en deslave incontenible.
Tales son estos rags y sus seguidores de la UJC, unas entidades chatas de lenguas bífidas que ya andan bipedos por el tercer nivel de las brujerías astrosas de musicantes ensordecidos. El “Lores” tipo (aka, “Yoandys Lores González”), otra tuerca equivocada de la sorbetera castrista –porque este perico erotico no es de la noble Generación “Y”–, y que por el nombre de jalea rusa, dice de una carencia ambidiestra de imaginación parental. Inepto en neuronas del  entendimiento, ensaya piruetas groseras innatas, intentando igualarlas con la más furibunda corriente avantgarde. Ellos Ignoran que Trotsky junto a Bretón y Rivera; lanzaron desde 1938 su “Manifeste pour un art révolutionaire indépendent“, pero supeditado y servil a la ideología marxista. Después Bretón, sumido en la profunda desesperación de su disparate anti estético e inético, abandonó la banda, sumido en un halo de espantos.
Exactamente lo contrario a lo del “Baby” plural –desconociendo de qué se habla– y sus cúmbilas mayores de la misma tertulia genuflexa de Silvio Rodríguez, Pablo Milanes, Amaury Peréz y otros de la décima citadina; clamantes como guajiras con la punz’á de Pascuas, quienes redoblan ptialismos hacia los Castro. A estos les costó mucho entrenar las glándulas salivares, y son modelos que hoy rasgan sus vestimentas en extrañas mea culpae; ininteligibles para un pueblo que desde ha, ensordeció bajo loas a las vilezas del régimen. Es que ahora el Morlock, con un par de bofetones, les ordena disculparse de sus “crímenes y debilidades ideológicas”. Una gestión cumbre del stalinismo refinado, en la que insisten los comandantes.
Recién cuando Silvio osó cosquillear a los Castro –lo cual fue juguete de Pablo desde tiempo atrás– con tenues observaciones y Dios lo libre de “críticas”, como las que hacen hablando soliloquios, como otros funcionarios bajo la ducha y con la radio a toda voz, recibió un tapabocas. Después lo vimos retornar manso al redil de las andadas justificadoras, en calidad del megáfono que ha sido siempre.
Estas “cosas parlantes” del solar cubano y el resto de los jóvenes comunistas, confundidos en remojo de vino tempranillo según recetas hitlerianas –para ello ver “Gesetz Über Die Hitlerjugend” (Ley sobre la Juventud Hitleriana, edición 1 Dic. 1936–; pretenden ser la respuesta extemporánea de la cultura rojiparda; esa corriente oficialista ansiosa de mostrar lo imposible: la imagen tridimensional de un arquetipo masculino que viril, que utiliza la música (una ilusión montada y lijada a base de ruidos) para no decir nada, ni siquiera de su nada insípida.
Al menos los trovadores de las tres generaciones anteriores, perdidas sin remedios entre los matorrales de la UMAP durante la era bucólica de los Castro; sus mayores musicales; por la contra revolución fementida que los líderes de la sierra y el llano desarrollaron en contra del pueblo, referidos a aquellos que aunque de ética descalificable, dijeron algo talentoso.
Las mascotas de hoy, compiten en emitir cheers masoquistas y alabanciosos al Líder Máximo y al tentetieso de su dictadura, por suerte, ya ungido con los santos óleos in extremis. Es que el tal modelo Lores todavía anda por el kinder del ritmo reggaeton, tal sucede con la mayoría de estos trovadores del “ahorita”, del estruendo y la chabacanería, blindados con espejuelos oscuros de “a toda hora”, montados a horcajadas sobre el cráneo a la manera cursi de Mastroianni. Alguien les dijo que así era chic en Italia.
Con este modelo de esquizofrenia fotosensitiva, atenidos a esas gafas antisolares que usan tanto en el retrete, soirées, coito solares y aún en gozaderas nocturnas, no quieren ver qué sucede a su alrededor y menos, sobre la agonía del pueblo. Los líderes les han asegurados que ellos son diferentes a la generalidad de los cubanos, por eso su sistema de vida sera diferente, tal como le corresponde a los adoradores del régimen. Igual que los cuarentones “picu’os” de cabeza pela’, siempre atontados con las gafas al revés del cangrejo, en búsqueda de nidos celestiales de musarañas.
Lo que nadie ha podido explicar, cuál es el origen de esa nostalgia por las nalgadas (una especie de gripe aviaria de ropavejeros); en andarse siempre agarrados a las portañyolas mientras cantan, tal si esperaran que por ahí les saltará la musa inspiradora de sus desaciertos ruidosos al ritmo off beat o skank, del Kumidaiko japonés.
La troqueladora comunista planificó una línea de montaje en serie para este Hombre Nuevo –aun esperado en balde después de 50 años–, la cual eructaría una generación de artistas frescos, descubanizados, reciclados e involucionados. Luego armada al compás de un novísimo ritmo regatón, parecido al hongo del bikini agrietado de los talibanes fundamentalistas, o lo que es igual, al de los comatosos del Politburó. Nada flamante, es el plagio cotidiano del quehacer comuñanga soldado a la vieja conga cubana, reventada con tumbadoras y los palitos del “beremcuntébere” en los patios de la cuartería del solar de Zelaya en la esquina habanera de Águila y Dragones. Con la versión final congresional, se confirmarían las brigadas con cuyos ripios repoblarían los escombros del submundo a heredar tras el derrumbe final de la tiranía.
Ellos, los líderes del Consejo de Ancianos, no les dicen “relevo” a la camada supuesta; porque les asusta ya no estar para entonces en sus tumbas, que serán vandalizadas por el pueblo indignado. Sino “continuación”, en un sicodélico poema descriptivo del suyo pecado original, idéntico al de “La Barcarola” de Hoffmann, pero con muchos más cuentos. Para ello, les es indispensable armar a estos jóvenes enmohecidos antes de su niñez, incrustados bajo el cartabón de sus turbas divinas. Esas hordas armadas no con ideas para convencer, sino con cabillas, palos, cadenas y otras añagazas del arsenal represivo de esta caballerosa juventud comunista, de medio palo, como las muletas del cojo Caicés. Amigo de “Bigote de Gato”, aquel que vivía allá por el barrio de Luyanó.
Eso, les dijo Raúl Castro en el congreso de marras e insistió el maldito, terco, en hundir la isla en el mar como si fuera una cosa suya. ¿Recuerdan la trágica irresponsabilidad de los Castro cuando la Crisis de los Cohetes en aquel 28 de Octubre del 62?. Quien, incapaz de reconocer los estados emotivos del pueblo, acusa padecer una ceguera emocional típica de los afectados por el síndrome de Asperger, obsecado con dejar sólo ruinas tras sí.
Una forma de entelequia sui generis de estos “Lores” como los muñequitos de los domingos; cuyo dogma contestatario, además de prestigioso por sus altas reglas civilizadas en los debates; es el de convencer al adversario de que si  tienes la fuerza, ventaja y protección de lo medios y órganos represivos además del judicial; tú y sólo tú, eres el dueño de la verdad y posees la razón absoluta. También, así de fácil es el colofón: los demás oponentes por pensar distinto a tí, son traidores por antonomasia musical, que están al servicio del imperialismo yankee. Es palabra del IX Congreso de la UJC. Siempre el enemigo exterior, que nadie ve ni toca.

La mujer Nueva
La versión femenina (se trata de la Mujer Nueva), es que a los inteligentes del Politburó, se les olvidó que ellas existen, o a lo mejor como en el semblante bíblico, la sacarían de una costilla. Pues ésta es de mayor complejidad dado que las mujeres comunistas, en general, andan obsesionadas con su horrible imagen mañanera, un esperpento fantasmagórico. Erótica sin amor, desteñidas y faltas de aseo; paradas impotentes sobre sus chancletas de palo, frente a la chivatería del espejo de su desesperación. Atentas a las arrugas y “patas de gallo”, deslavándose incontrolables desde la faz, el cuello y el repliegue de los pechos flácidos, saludándose alegremente en el ombligo.
Es porque los mayimbes de la cúpula no permiten que las ex hembras de “a pie” se arreglen las tetas. Sucede que las cubanas, al contrario de otras féminas, ese es uno de los rasgos que se les afecta en algo con los años. Tal exquisitez es un don codiciado por las damas mayimberas, sólo que debe ser autorizado por el Comandante en Jefe. Porque desde siempre, el procedimiento está reservado a Mesdames et Mesdemoiselles; las suyas de ellos; que oran en Maestá perenne. Es que ellas son distintas y como en tiempos de los chamanes, es que tal encanto no es para que aquellas “otras” del montón, las chancleteras con grados militares y de los otros, las veneren al considerarlas semidiosas por su belleza límpida, etérea, intangible y eterna. Ellas, las de las cúspides mimadas por el Comandante, han de verse como unos seres divinos que no se arrugan, sus atuendos no pasan de moda ni se desgastan y lo mejor: ni envejecen, lo cual evidencia que son tan inmortales como sus propios maridos legendarios.
Es por lo que cargadas de odio justo, la mujer cubana, comunista o no, no responde dócil a la caprichosa moda chea de los comunistas. Porque exactamente de eso se trata, cosas de zippers, encajes, costuras, sedas, telas, maquillajes, zapatillas, ballenas, lentejuelas, perfumes, desodorantes y el resto; de las bisuterías de las que ellas no tiene ni quiere saber, en silencio, ya hastiadas de que las consideren guata enchumbadas en orín.
Sucede que el clan le robó elevosamente los 50 mejores años de su existencia, como a las víctimas de Altona (ver, la concepción del Ser y la Nada en la obra teatral “Le Sequestres d’Altona” de Jean-Paul Sartre, 1959), arrasándole su vida prenatal, niñez, adolescencia, juventud, madurez y ancianidad, como si fueran trapos viejos. A ninguna, nada le dejaron tras el despojo para su goce interno, ese pedazo íntimo al que todo humano tiene derecho, que ni eso, ellos les dejan. Arrastrándolas inclusive, viles, a la delación, prostitución, odio familiar y crimen. Todo fiel al guión del desastre castrista.
Hay que ver a ciertas de estas Mujeres Nuevas comunistas (ya destrompadas minuciosamente para que se sientan impotentes de arremeter contra los Hombres Nuevos), cómo descargaban su furia de frustradas contra otras mujeres decentes e indefensas tales son las Damas de Blanco, rodeadas y torturadas por una manada de “machotes (y otas)”. ¿Y a estos Hombres y Mujeres Nuevos, no les da pena?.
Una de ellas, sexóloga pizpireta y retozona, se ufana por conducir a las cubanas decentes por otras veredas humillantes, hacia alguno de los orgullos exóticos que ella regentea. Quizás para rebajarles bien los ímpetus de protestonas, y que reaprendan el tono oficial de las Mariana Grajales repletas de testosteronas, tomadas como paradigmas utópicos por la distopía castrista.
Castro encargó el diseño y construcción del modelo femenil, nada menos que a los resbalosos quebrantahuesos del Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba; el cual no ha logrado catequizar ni siquiera a los hijos de los comandantes, quienes abandonan la barcarola gubernamental, aterrados por lo que ya presienten que se les viene encima o enviados por los papitos hacia la “Yuma” salvadora. Son abluciones ansiosas de materializar una visión que existió sólo en los discursos y reflexiones del Líder Inmortal.
Un “Baby” Lores puntual, se sintetiza como un extraño proto ragamuffin biónico de la zurdera cubana. Un cacho de Frankestein miniaturizado, armado con trasplantes de cadáveres reprimidos por la policía política; aun insepultos; que medrosos matan de hambre a los negros democráticos e intenta exorcizarles la decencia y el decoro a las Damas de Blanco, a fuerza de garrotazos. Los muy valientes, que son estos comunistas cuando actúan en pandillas.
La especie Lores, trata sobre una rara avis que juramenta líbidos aeróbicos al estilo de los moros filipinos atacados del amok lúbrico del después “pásamela (pásamelo) a mí, ambia” tan usual en la gentuza comunista promiscua, lúdica y sibarita; pero que en ellos es desparrame de sensualismo coital en virtuosismo hacia el Máximo Líder. No importan si el clímax es logrado sin noción de qué son ellos mismos, ni en cuáles basureros anidarán para el desove amoral. Porque la sangre de los justos, pesa más que el agua de los injustos (no textual).
Es la quintaesencia de la libación anoréxica en tremens de los cúmbilas del núcleo partidista, itinerando sofocaciones cada jueves para determinar a cuál infeliz aplastarán en ese día miserable. Devendría una tarea menos ardua en manos de la partida de gnomos, el mirarse en la imagen amorfa de sus chamanes culturales, quienes les dictan los ritmos y meneos permitidos por el Comisario de Cultura. “Siempre, habrá una Snehulienka (Blancanieves) más bella que tú“, les escupirá el espejo mágico de la troqueladora incestuosa insertada en la magia comunista.
Valga que a estos pibes y leas, cortados a la Maradona traumática, drogadicta y de garabatos guevaristas sobre el pellejo desplumado; nadie cuerdo los reconocerá, salvo por la imagen del ventrílocuo al que sirven de muñecos parlantes. Ellos, la cuadrilla de Lores, se venden por igual como un grupo del reggaetón tratando de promover la imagen pop de un Lenin también reggaer protestón y harapiento, sí, y también sanguinario.
Suena que los comunistas se sienten a salvo con los Nobel de Literatura, ex-guerrilleros tirapiedras fracasados del M19, los montoneros, senderistas y las abuelitas muladares y canallescas de la Plaza de Mayo. Nada de cálculos integrales e infinitesimales. Los “Baby” se han declarado sin salir del clóset, orgullo fan de los carceleros y torquemadas del pueblo cubano inerme, aterrorizado bajo un cerco permanente.
Los tropos
El Combo total de la sinvergüencería, es reflejo del alter ego oportunista y amoral del Hombre Nuevo, que apoya la dictadura. Porque este “Baby” Lores matriz (entender al personaje como un simple tropo, donde cabe cualquier otro ente macho o hembra, o nombre), de apelativo, estilos falsos y con sus pretensiones norteamericanistas; ha sido delineado por la troqueladora estatal consolidando todos los desperdicios del jineterismo oficialista maleconero, incluyendo las genuflexiones olorosas de la pajarera ortodoxa.
Esa otra cumparsita temblorosa de ascos n-sexuales, administrada por otra y otra y otra de las semillas infértiles de la horda (andan por ahí disfrazadas también como raras sexólogas oficiales del curul castrista), las de los machitos rosas en cuclillas permanentes, encajados en la cuvette de toilette cubana. Nada de extrañar ahora, el por qué de la atragantadura en el zoo isleño donde no se come, pero se baila “bajo la influencia”.
La nueva edición de este Hombre Nuevo que nunca llega, sólo chorrea consignas inmortales y ha sido provista de todos los abalorios y paisajes epidérmicos, de que fueron capaces sus proto diseñadores escamoteados. Nada de inteligencia inquisitiva. Porque en la Cuba de hoy, sepan los de extramuros –y apuntar que los de intramuros lo advierten todo–; el tal Lores y su imagen virtual, no debe ser confundido con el antológico consorte (en el lunfardo habanero) de Juanita “Escaparate”, la mulata pimentosa del barrio de Pogolotti en Marianao. Ajenos todos al mundo de varones fabulosos de los cuarenta, los Michelena políticos y Dihígo peloteros, y de las Nery y las África, hacendosas.
Pero este teen de Ray Ban en viseras, es un aprendiz de capotasto de cuerda quinta, adornado con esfinges de la cleptocracia oficialista. Sus tatúes reflejan la esperma vencida de los Die Meistersinger von Nüremberg (Maestro cantores de Nüremberg), en el retablo del clasicismo cubano: José Martí, Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, un Ernesto Guevara (del cual nadie sabe quién y por qué lo pusieron ahí) y Julio A. Mella (de nombre apócrifo) al cual, parece, el Partido Comunista lo liquidó al peor estilo chicagoense (alto, que hay otras historias sicalípticas)–, íconos todos de la hoy pentarquía polvorienta de ancianos juveniles aterrillados en el manicomio cubano, ayer en congreso juvenil.
Ambos, Castro y Guevara, son hitos de esas veleidosas catibias, muerta part time la una y full time la otra. Ambrosía de los Bobos de la Yuca que pastan en esa fabulosa “Animal Farms” orwelliana. Hablamos de un combo ñato fabricado a la orden de los Castro. ¿Y el “Baby” Lores original y su Combo, alguien por ahí sabe si cantan o bailan? Las dos artes. El meneo y los compases son arpegios geniales del líder en persona –nada de asombros–, porque él es “Comandante en Jefe de Todo lo Insoluble”, nunca suda como los humanos, es omnisciente e infalible.
El Dr. Fidel Castro es hoy un semi dios Pan en el Laberinto de la bobería cubana fracasada. Cuya propaganda para eternizar su figura y elenco –tal la de un Calomagno, Napoleón o Attatürk–, para su desgracia, se congeló en el Internet, ciberespacio veraz y denunciante, donde no se abrirán más trampas oficialistas. Porque el ciberespacio hoy yace en manos del hombre común, no en las de tiranos. Revierte en problema eurítmico (de insensibilidad musical) de estas cajas de resonancias, cuando trastocaron el ritmo de la Ragger’s Music.
Es que nos topamos con unos tipos alebrestados que oyeron tañer campanas sin saber de dónde les provenía el repique. Ellos pensaban emanado de las favelas “Cueva del Humo” o del “Llega y pon” , mientras absorbían humus del legendario RATM (Rage Against the Machine), armado desde 1991, pero al que descubrieron tarde, por morones, hasta transcurridos 30 años.
Son clones hijosdalgos del fabuloso juglar mayor de Castro, el bizarro Silvio Rodríguez, el mismo bardo de “El Unicornio Azul” y “Ojalá”, que derritió a los chilenos y argentinos comunistas de flojeras hinchas y pensar lento como la eyaculación de un ocelote adamado.
Tal era moda en tiempos de finado Allende, un blanqueador profesional de los dólares castristas y también extraño paladín guevarista de la rara Bachelett, una peculiar gatita de Maria Ramos, adoradora y pagadera de sus promesas a los Castro, Guevara y otros líderes del Eje Apocalypto. El mismo Silvio, a quien no le tembló la mano en firmar el epitafio de la Primavera Negra.
En la realidad del espanto cubano, son unos chicos de asepsia musical nosocómica forrados con divisas, “panes con timbas”, instrumentos y tramoyas, que fungen embelesos catárticos como fieles asalariados del régimen. Son iguales a los otros tránsfugas del “lleva y trae” de divisas cocaleras, sin una gota de ética ni auto estima, cuando se postran suplicantes de óbolos ante el Comandante; para que este Papá Goriot los deje salir de la tronera cubana por un ratito quizás. También para restregarle a sus ambias del barrio, aquello que el capitalismo cruel, les regala para deslumbre de las no peronas, de la cueva.
Lo que sí desconocen los habitantes libres del extramuro democrático, es que Castro, mediante emisarios del catastro yoruba, le importó al Combo –clandestinamente, por cierto– a una reconocida Tohuga-ta-mokola Pāketā o sea, la mejor blanca caucásica de Nueva Zelandia, especializada en el māri Tattooing. De ahí, las filigranas gobelinas de estos cheos rompe ventanas y gesticulaciones simiescas. Corresponden a la nueva emisión de hobbits cinturosos bajo temor permanente a las brujerías del Saruman “el Magnífico”, siempre iracundo y escupiendo fuegos.
Tenga cuidado la fanaticada del reggaeton con esta fiebre porcina roja, la de eructos y congas del “abre que voy, cuida’o con lo’callo“. Es gente de la comparsa mayor de los Guaracheros de Regla, “Vieja Linda”, “El Palo Caga’o”, “Coco Sólo” y “El Pontón” habaneros, de tan alto balijú. Sucede que nadie les advirtió a estos prospectos de Iscariote, que deben andar con cautela por este mundo cruel.
O porque quizás se topen, y no crean, porque son simples murmuraciones del Soho londinense; con algún fan adicto a la bestial Ilse Kosch, aquella narco ninfómana del claustro de los cielos, “La Bruja de Buchenwald” (ver el film italiano, “Pasqualino Settebellezze“, 1975 de Lina Wertmüller). Y a lo mejor, el tipo detesta la música reggaeton y los tatúes que tamizan a las maras zurdas caribeñas, y ello les acarrearía el desastre, si terminan con su pellejera tapizando la pantalla de alguna lámpara de noche, al estilo de la Ilse.
Pero no dejen de ver y oír al combo de marras, porque aunque los Chabacanes se apretujen las portañyolas farsantes; cuando rugen como buenos cheos de la timbalera castrista, se perderían unos payasos cuasi excepcionales. Saber que tal como los saltimbanquis de antaño, los comunistas de hogaño son histriones chaplinianos, estén o no en congreso. Es la nada cotidiana de los antidemócratas.
© Lionel Lejardi. Abril, 2010
 lejardil@bellsouth.net
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