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Ley SB1070 de Arizona: “Es mejor ponerse colorados un día, que andar amarillos siempre”


                   Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Una ley

La Ley SB1070, hoy cuestionada por estratos marginados intelectualmente de nuestra sociedad; ha sido empañada, tergiversada y despojada de su inspiración protectora a manos de torquemadas zurdos. Se trata de unos seres liosos y de raras cumbanchas sinistrorsas –amantes de lo inordenado–, quienes la tildan a priori de racista, incriminatoria y discriminatoria. Calificativos todos, infundados e injustos, además de cuajados de las ligerezas desacertadas propias de los entes trascendentales, en el decir de Kant . Primer error (entre los destacables): es que no leyeron la Ley antes de opinar (o repetir) y no advirtieron que la misma no apunta contra ninguna raza, etnia o minoría. Sus detractores, arropados con todos los derechos de la democracia, pueden opinar tal como les venga en ganas, sin consecuencias, bajo nuestra bendita libertad de expresión –garantizada por la “I Enmienda“– y por ello, no deben ser regañados de manera desproporcionada. Esta claro que de tener base esa patraña iterada por “boca de ganso” –se trata de un grupo de iconoclastas frívolos que repiten lo que oyen (la mayoría, sin mala fe), pero que no saben lo que repiten– devendría regalo para los anti yankees, anti demócratas, liberales y comunistas. Esta ley se refiere al estado inmigratorio de los extranjeros (aliens) asentados ilegalmente en Arizona y que pudieran levantar “sospechas razonables” de ser indocumentados. Cada estado  de la Unión (y país) disponen de leyes a estos propósitos específicos, cuyo objetivo es detectar y deportar a los indocumentados, si antes no tienen cuentas pendientes con la justicia norteamericana. Claro que si los invasores fueran clons marcianos o chinos, el pujo elíptico seria anti marciano o anti chino. Tal es inferir rasgos  homínidos intrínsecos inocultables como lo de ciclópeo y cefalópodo en los primeros; mientras que en los segundos, ojos rasgados y la pértiga con las canastas típicos de los coolies, además de otros detalles no fisionómicos distinguibles en su hábitat. Del mismo modo se destacaría un batallón de paracaidistas suecas, esculturales tipo ABBA, soltadas aleatoriamente en medio de una pradera de Zululandia, África. Y esto es bien serio, puesto que se trata de millones de extranjeros entrantes a los EE.UU a como les d la gana y sin ser identificados, tal son denominados EWI (Entry without Identification), quienes sin inmutarse y desde hace decenas de años, han tomado por asalto los 50 estados de nuestro país, que si nos acordamos son: los Estados Unidos de Norteamérica.
El revuelo aflora en escandaleras solariegas, sin que aquellos extraños que arribamos en su momento a los EE.UU, por razones varias – sin que nadie nos invitara ni necesitara, como el resto de estos otros furiosos demandantes–, debamos sentirnos ofendidos por disfrutar de un perfil fisonómico (rasgos, aspecto, figura, talante, hechura, facha, look o como diablos se le llame) tan fino, subyugante, erótico, elegante (tipo “Cocó” Chanel, en las damas), arrobador, viril, irresistible o sexi (tipo “Playboy“, en los caballeros), con el cual nos premió alegremente nuestro Creador. Es considerar de una y por todas, que como aliens perfectos, no somos producto de un error de la Alquimia o el Cálculo Divino, lo cual también sería atañible a los bosquimanos, esquimales o papúes, quienes cargan sin chistar con sus estereotipos. Desconocemos si algunos de estos  inconformes visitó a nuestro Creador y lo acusó de racista y descriminador, o mejor, si logró convencerlo para que le cambiara el uniforme.
Entender que nuestra facha o pinta, vista en el espejo, es y será el pijama game con el que nos acostaremos cada noche y que al despertar estará ahí imborrable; al igual que las rayas de los tigres y las cebras –los neuróticos raciales consideran la facha, per se un índice “acusador”– y con la  cual marcharemos uniformados el resto de cada día  de nuestra existencia. En buena ley de leyes, tal virtud (o desgracia para algunos), no es culpa de los “gringos”  (mote supuesto erróneamente de etimología mexicana) o como quieran llamarles (nos); unos tipos tan inhumanos que nos permiten vivir,  trabajar y comer de su olla afortunada sin recibir dentelladas. Hay desorejados (los desagradecidos de las “T-shirts” guevaristas) que no se integran al almuerzo, pues les gusta la otra, la cocalera apocalypto enchumbada en sopas de cannabis sativa.
No obstante, el confundir un turista o residente legal de igual etnia de Arizona o hipógeo (son los indocumentados que viven a la sombra en el interior de la Tierra) de características similares con el del “ilegal clásico”, no es muy probable aunque factible. Seria, si no acudimos a la observación del objetivo en su aspecto personal general, vestuario, aseo, arreos, jolongos, maneras, educación, comportamiento y otras lindezas. Lo otro, es confundir frijoles blancos y negros.
A menos que el individuo (a) –un cracker urbano– exitado bajo un heart attack mental fetichista o DUI, por lo general autoinducido (tal deleita a ciertos aberrados, jokers o minusválidos sociales); se disfrace, tatúe, hable y actúe como los “punks“; es decir; se comporte de forma indecente o estrafalaria, sin serlo. La Ley SB 1070 no tiene relación alguna con estos alelados, y el trato del especímen pescado in fraganti en su boberia, es perfectamente acometible por las leyes y autoridades convencionales, tal sucede partout en cada momento. Y no se trata de gongorismos culteranos. 
Peor es el bache de ciertos comunicadores, quienes sin gota de  profesionalismo en su desempeño; tupen y enardecen desconsideradamente a sus oyentes o lectores –al parecer (démosle el beneficio de la duda), no de mala fe– por no estar enterados de que el  término “hispano” (segundo error: no es vocablo español, sino latín) el cual no se vincula a un perfil racial y sí, entre otros, a un lenguaje. Éstos confundidos, deben entender que sólo hay tres razas fundamentales: blanca, negra y amarilla, y que sus derivados son las denominadas etnias. Es también disparatado (tercer error en su clasificación) cuando dicen “raza hispana, norteamericana, cubana o española”. De seguro, que el Señor será misericordioso con ellos y los perdonará. La tacha de racista, incriminatoria y discriminatoria de la Ley, aducida por éstos y otros jinetes de Babieca, se desmorona por sí sola.
Luego, ya en el tema, es de observar que los tsunamis de inmigrantes –reales y no ficticios, porque están ahí en todos y cada uno de los estados– se recrudecen por etapas igualando en clamores a las óperas mudas del kabuki, tal sucedió en tiempos de Reagan. Entonces, almas subliminales y bandadas de avetontas caritativas, respondientes a estrategias enrarecidas según sueños antológicos de reconquista, hoy reverdecidos; fueron activadas para que gimieran desconsoladas aduciendo que “esta sería la última vez” y, misericordiosos,  nos creímos el cuento de “La Buena Pipa”. Hoy, graciosamente, contamos 15 millones más de estas criaturas altaneras y soliviantadas como nunca antes; a causa de los cizañeros comunitarios, activistas, sociópatas resentidos, agentes infiltrados –al parecer, cuidadosamente entrenados y adoctrinados, cuyos caminos apuntan a Manila , La Habana– y políticos demagógicos, incluyendo los inevitables funcionarios y políticos cándidos. 
No se trata de repeler a los “inmigrantes”, dado que tal proceder nunca ha sido ni será política de los EE.UU. Si no, la de acoger calurosamente a quienes ingresan sin arrogancias por vía legal, con respeto, humildad y sin pecados concebidos, para integrarse en la decencia de nuestra sociedad patriótica. La existencia de decenas de millones de éstos y otros paisanos legalizados en los EE.UU (curioso: no hemos sabido si alguno, a salido a defender a nuestro gobierno y sistema de vida, del que ahora disfrutan apacibles) aun desde cuando “los tibores eran de palo”, es la prueba fehaciente de este infundio. Se trata de reiterarle a los gobiernos centro y sudamericanos, que no se hagan los suecos, porque EE.UU no es una sentina marinera.
“Es mejor ponerse colorados…”
Según el dicho: “es mejor ponerse colorados un día, que andar amarillos siempre“. Es el objetivo cardinal y esencial de lo planteado por la Ley SB1070 de Arizona, sancionada por la gobernadora Jan Brewer, una mujer de “jota andaluza” verdadera, avanzada y valiente para su tiempo. Una ley no popular entre los anarquistas y liberales del “déjenme hacer lo que me dé la gana” y sí aplaudida por la mayoría de los estadounidenses cuerdos. Esta ley, se perfila con la misma fuerza intrínseca (de facto) impulsora de otras profilaxis: anti leporinas, tísicas, venéreas, narcóticos, prostitución, delictivas, etc.; todas, de muy seria consideración por su peligrosidad y las cuales convoyan cada desorden inmigratorio como el desatado con fiereza cruel, sobre ese estado. Igual sucede con los otros 49.
Porque los ciudadanos creadores de bienes y riquezas en los EE.UU, atemorizados y no los morones pescadores en aguas turbias, saben qué es exactamente lo que se les quema en la sartén. Resultaría encomiable que las autoridades estatales todas, fueran tan previsoras como las de Arizona en la protección de sus ciudadanos, en aras de cerrar esa oquedad desestabilizadora y destructiva para nuestra nación. Algún mensaje debe ser llevado a estas personas que desafiantes, se declaran dispuestas a reincidir –con cinismo deportivo– dicen, en la primera oportunidad que se les presente tras ser deportados. 
Decimos, considerando las invocaciones al anarquismo por boca y pluma de comunicadores, eso sí, sin que atendamos a sus respectivos pedigrees, intereses personales o quizás hasta órdenes. Estos locuaces pacen enquistados en los medios (en español), nacionales y locales, succionan favores de los EE.UU y para quienes nada vale la ciudadanía norteamericana que antaño nos suplicaron, y les otorgamos. Todo, a pesar de su conocida ingratitud endémica y peor, estando los oficiales conscientes (aunque impotentes) de actuar en malahora, porque de casta le viene al galgo. Toca a los que se deleitan en carecer de criterio propio, no a los profesionales experimentados que no necesitan de defensas externas, pues les basta con su ética impoluta.
Son reflejos de la manipulación sensiblera de obtusos pululantes en EE.UU –los de estipendio doble y cuya parte alícuota pagamos mansos los contribuyentes– la cual omite estas realidades y azuzan la violación de las fronteras, convocando a marchas y boicots. Quizás tales ululares, no se traten más que de engañosas bondades humanitaristas, encubridoras de su supervivencia comercial. O quizás no, y los ruidos provengan mancomunados con la vieja conspiración roñosa de los taitas en trajes de luces, ansiosos de disolver nuestra nación. Tales, constituyen el team nefasto de los abogados del diablo.
Urge no esperar por los censos ni soslayar la exigencia de sus respectivos récords policíacos (en EE.UU o en sus países originarios), a los que arriban considerando el volcán de donde proceden, desgraciadamente para ellos y nosotros. Sucede que la virtud, no viene escrita en la frente y de ahí, los inconvenientes atañibles a cualquier país o inmigrante que los deba enfrentar. México es inexorable con los ilegales que les invaden: la primera vez, cárcel temporal y deportación; la segunda, condena mandatoria a 10 años de prisión. ¿Es así también a causa de leyes racistas, discriminatorias e incriminatorias?. Entonces, ¿a qué viene la algarada de arias operáticas de estos pseudos líderes y activistas comunitarios y comunicadores?. Los locuaces del micrófono, cámaras y la tinta, no se atreven a revolver el tema.
A este paso, en un amanecer orwelliano pretérito,  despertaremos  en medio de una pesadilla: ellos dispondrían, aparentemente sin proponérselo –aunque, sí le viene como anillo al dedo a la Internacional Comunista (el Comintern), la cual los tontos de capirote piensan disuelta desde 1943– de un silencioso ejército de ocupación clavado en EE.UU ascendente a 50 millones de efectivos, sumidos en un sopor quietista de inspiración endémica antiyankee; desplegado como hobby nacional y por antonomasia, aupados y así educados por sus gobiernos. Sólo ver la conspiración de la Inteligencia castrista, que nos introduce cientos de agentes entre los “emigrantes legales” hacia EE.UU,  bajo el manto de la Lotería de Visas. Claro que esta última, se trata de una conspiración en toda regla, ajena a los indocumentados individuales que nos ocupan. 
El caso mexicano es el más notorio (80% de los inmigrantes), se trataría de un ejército virtual al cual hemos cobijado, vestido, alimentado, entrenado y educado, gratis, a expensas de los ciudadanos norteamericanos. Obvio que son pocos los individuales que puedan estar al tanto del dilema, ya que es una posibilidad sorprendente para el resto. Este factor de inherencia chantajista oscilaría como espada de Damocles, hasta que un loco allende a la frontera sur les soliviante en contra de nuestra. De hecho, tales estratos asimétricos poblacionales, ya resultan peligrosos para cualquier país; como hoy son los musulmanes en la Europa, por la cual deambulan unos 9 millones de ellos. En múltiples ocasiones los EE.UU han ofrecido vías y soluciones humanitarias todas, pero no bajo presiones o amenazas chantajistas tal se pretende ahora.
Líderes y periodistas de fuera y dentro de los EE.UU, los que renguean con el equilibrio analítico escorado hacia el chauvinismo oscurantista de sus países de origen –con la consecuente falta de objetividad–; abogan de manera confusa por esta causa insensata, cabalgando desnudeces tales copycats de los fantasmas marxistas de 1848, a grupas de la Ley en cuestión. Debemos confrontarlos, claro que respetando su derecho a opinar. No es de extrañar que los plañidos en defensa de esta crisis culposa de los estados indoamericanos, apunte a evadirles su responsabilidad en la encrucijada actual. Ninguno de esos países, según anales, ha demostrado ni pizca de  arrepentimiento, ni se han disculpado públicamente con EE.UU por tales desmanes ilegales, consuetudinarios, contra nuestros territorios. Tampoco nosotros, débiles quizás como putas en cuaresma, se lo hemos exigido con firmeza. Algunos de estos alaridos tremolantes están vinculados de alguna forma, con aquello que molesta al narcotráfico. “Cuidaos de los falsos lictores“, es en el decir de un viejo combatiente anti garibaldino. 
Singularidades y otras calamidades
No nos sorprende la frivolidad de estos estrambóticos opinadores, tal vez discípulos de Astarte; obsesos en nublarnos la vista y casi apologizadores del peligro impuesto a nuestra seguridad. Tal si violar las fronteras implicara un acto revolucionario (igual al de los sans-culotte enciclopedistas) y que de hecho, se convirtiera en fuente de legislación para un fementido “derecho de los ilegales”, el cual no existe ni existirá. Las consignas gritadas de “we have rights” en Phoenix no responden a entes físicos sino virtuales, inexistentes en los códigos del mundo real. 
Se desprende una interrogación que flota en el ambiente: ¿Por qué estas personas que se desgañitan por darles vivas a los países y sus líderes totalitarios enemigos de los EE.UU –los del decir zafio, canallesco y grosero anidados en el Eje Apocalypto, y a los que tanto admiran–, no se van a carenar ganas en esas mismas tierras, digamos: la Venezuela de Chávez, la Nicaragua de Ortega, la Argentina de Guevara o la Cuba de los Castro?. La respuesta es simple: ellos saben al dedillo que allí, no les tolerarían acercarse ni a cien millas de las costas, porque las playas reales son los EE.UU. Arrullos de los pícaros locales y foráneos “pro ilegales” son, para adormecer no a los de paso fino y sí lerdo, incitándolos a atentar contra nuestra soberanía. La carencia de visas se debe a los abusos de esos mismos países en introducirnos a sabiendas chorros de ilegales al territorio de los EE.UU. La ciudadanía decente, está harta de estas calamidades impuestas por extranjeros.
Luego pasma advertir singularidades sorprendentes. Como las de aquellas personas de buena fe que siendo gente culta e inteligente, se han dejado embaucar por diatribas de ciertos dolosos del papel y el éter. Son compatriotas que con su enorme prestigio en calidad de periodistas, intelectuales, analistas, sociólogos, artistas, negociantes, políticos, docentes, religiosos y otros; resuellan ansiosos por seducirnos a aplaudir y justificar a los freelancers que atosigan a Arizona y que como metástasis, amenazan nuestros valores locales cargando el delito a las víctimas y exonerando a los victimarios. ¿Sabrá alguien por ahí, dónde esta gente ilusa y confundida tiene guardado el menos común de sus sentidos?. Es curioso que a nadie parece interesado en los dolientes, o sea, como este síndrome afecta y tensiona sicológicamente a los ciudadanos decentes de Arizona.
Otra cosa es abogar (no criticar) e intentar la solución de los casos de quienes ya asentados decentemente en los EE.UU, trabajan, mantienen familias (no consensuales) y cuyos hijos están encaminados en nuestro sistema de enseñanza, sin que ninguno haya cometido actos delictivos. Este bloque, de hecho, ya está probado en sus intenciones y por lo tanto, sus integrantes serían susceptibles de ser legalizados, incluyendo la justa reunificación con los padres extrañados. Es así de recontra simple. Saber que no se trata de 15 ilegales, sino de 15 millones. Tales son las mismas 15 millones de razones para que de una y por todas, concluyamos la erección del condenado muro. Ah, ¿que no les gustan nuestro sistema de vida, los gringos ni las leyes ni el muro? La cosa se torna aun más simple: hacerles dar una media vuelta y “gracias por su visita”.
Lo que resulta curioso para los floridanos, es que desde hace rato entró en vigor el Chapter 986, F.S., the “Florida Security and Immigration Compliance Act.” de propositos similares al de Arizona sin que ninguno de los líderes, activistas, comunicadores locales y nacionales; como buenos domadores de circo; no hayan azuzado a las fieras con igual insistencia contra el Gobernador de la Florida, Charlie Christ, su equipo de gobierno y el estado de la Florida. ¿Discriminación?
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
(Serás bienvenido a mis blogs alternos:
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Génesis floridano: Miami sí, Maama no II/III


              Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
El 28 de julio de 2010, la ciudad de Miami estará de cumpleaños, dado que fue fundada el 28 de julio de 1896. Pero hablar sobre nuestra ciudad y sus alrededores, es imprescindible tomar las pinceladas más fulgurantes que conformaron una historia armada a pedazos por varias potencias, un sinnúmero de tribus de indígenas dominadoras del centro y sur de la Florida, y los inenarrables bandazos que el decursar del tiempo, con sus eventos aleatorios, imprimen el sello de una historia local. Hablamos de una época en que el futuro personal disponía de un tiempo tan corto como de 36 años.
No es muy extensa la historología disponible que detallen aspectos fundamentales y patrones de desarrollo en aquellos inicios. En la realidad, la turbidez de los hechos e influencia de los hombres y sus líderes; como fueron los antecedente de los territorios descubiertos, conquistados y civilizados por España y otras naciones europeas, sí nos dicen de los perfiles de aquellos audaces capitanes; en especial los españoles; quienes fueron los primeros en arribar a la insondable América precolombina.
El mensaje cristiano evangelizador, debió sobreponerse a las arbitrariedades usuales y consideradas permisibles en buena ley en aquella época, a todo conquistador, vistas aun en pleno siglo XXI. Sucede que en aquellos tiempos aciagos y de incertidumbres propias de la vejez, resultaban acicate para que los líderes el aseguraran un futuro grato, exactamente igual que hoy. No es de extrañar la búsqueda de elixires o aguas milagrosas restauradoras o mantenedoras de una juventud eterna.
Juan Ponce de León, fanatizado por esos mitos, pidió permiso, armó tres barcos para una expedición a estos propósitos y partió orondo de Borinquén (Puerto Rico) en 1513 con rumbo noroeste, donde le indicaban las flechas de los indios taínos. Bojeó partes de las costa este peninsular de Florida, la cual estimó como una isla; en búsqueda  de la mítica Bímini, donde debía yacer la “Fuente de la Juventud Eterna”. No halló la fuente pero nos legó el nombre de la “Florida” actual, por haber arribado a tierra el 2 de abril de 1513 en las celebraciones de Pascuas Floridas y encontrarse todo el terreno florecido, y algunas trazas de sus deambulares hasta la zona de Miami y los cayos floridenses. Un nombre alterno (“Tegesta“), fue manejado por otros exploradores y cartógrafos (franceses y holandeses).
 Aquí se encontró con los indios Chequescha a los cuales bautizó “Tequestas” —apuntados como los constructoras del recién descubierto  “Círculo de Miami“, posiblemente religioso y misticista—, aunque se desconoce exactamente el lugar del desembarco de Ponce de León, se estima que lo hizo por Cabo Cañaveral. En los años siguientes, otros aventureros expedicionaron sobre la península, adentrándose tierra adentro, donde dejaron numerosas misiones, incluyendo la zona del Mississippi.
En  1566 Pedro Menendez de Aviles, otro de los aventureros iluminados, hizo tierra en el norte de la península; con propósitos similares a los de todos los expedicionarios conquistadores. Avistada y hoyada la tierra en la parte norte de la península, en un asentamiento de los indios Timucua, fundó la ciudad que hoy es primada y registrada como el más viejo asentamiento europeo de toda Norteamérica, la ciudad de San Agustín, entre los ríos San Sebastián y Matanzas. San Agustín estuvo adelantada 54 años al asentamiento en 1620 de los Pilgrims en Plymouth Rock, Massachusetts.
En 1765, concretado el trueque de La Habana por Florida, los españoles abandonaron la ciudad en apreciable número, pero esta permaneció intacta. Más tarde, Aviles cumplió el primer desembarco acreditada en la zona miamense, encontrando  a los tequestas ya descritos por Ponce de León, sin mayores eventos, y continuó sus exploraciones infructuosas. Para 1567 ya estaba fundada la “misión de Tegesta“. Unas 70 tribus indias estaban asentadas en la península de Florida, al arribo de los españoles.
Alrededor de 1743, expediciones punitivas implementadas por los ingleses; junto con la tribu fiera de los Maskoki; redujo a los tequestas y los diezmaron casi hasta su extinción total en la península. Dos de los jefes tequestas, espantados, arribaron a La Habana, en 1743 solicitando ayuda de los españoles y permisos para emigrar a la isla huyendo de los invasores; éstos enviaron sendas naves con sus tripulantes, soldados y un cura. Los españoles, como siempre,  fundaron una iglesia y un fuerte, pero abrumados por no poder sostenerse en el lugar, abandonaron el asentamiento un tiempo más tarde.
Corriendo 1766 un británico de ascendencia galesa, Samuel Touchett, fue depositario de una extensión territorial de unos 20,000 acres que le cedió el gobierno inglés bajo condiciones, contentivas del área de lo que precisamente seria la inclusiva de Miami.
Es de recordar de que tras la toma de La Habana por los ingleses en 1762, esta deslumbrante y rica ciudad, la joya adorada por la corona española; fue canjeada por la península de la Florida, la cual se convirtió así en una plaza británica, tal como lo serian después las Bermudas y sus cayerías adyacentes, junto con Jamaica.
En pleno 1772,  la propiedad estaba cargo de Barnard Tomans. Una de las condiciones impuestas por los británicos para que la donación fuera permanente; consistía en que al menos un colono blanco viviera por cada 100 acres de terreno.  Aunque Touchett quería crear una plantación colonial sobre la propiedad, debido a problemas financieros nunca llegó a desarrollar su proyecto.
Cuando los primeros colonos con residencia fija en Miami arribaron a la zona, a inicios del siglo XIX; Pedro Fornells; un superviviente de la colonia de New Smyrna, fue a parar directamente a Key Biscayne para instalarse en la isla situada a un tiro de piedra de la boca de la desembocadura del río Miami. Pero a los pocos meses regresó  con su familia a San Augustín, dejando a un capataz a cargo de su propiedad en la isla. En un viaje en 1803 Fornells había percibido la presencia de ocupantes ilegales (algo parecido al rollo actual que tenemos con la masa enorme de indocumentados ilegales, sudamericanos, que en flujo constante perforan nuestras fronteras), puso el grito en cielo, pero sin que sucediera nada. La Unión estaba enfrascada en otros problemas nacionales y sólo atinó a tomar notas.
No fue hasta 1825 en que, Waters Smith, un oficial del gobierno de los EE.UU (de los legendarios U.S. Marshall) visitó el “Asentamiento de Cape Florida”, que se encontraba en el continente y otorgó por sus reales, un estatus legal a los ocupantes de esa sorprendente parte del nuevo continente, que carecían de título de propiedad de sus tierras (SIC).
Una buena parte de los colonos blancos, casi todos inmigrantes europeos; deslumbrados por las leyendas de “El Dorado”, las “Siete ciudades de Oro de Cibula” y otros mitos [ver el film National Treasure 2: Book of Secrets,  de Nicolas Cage, dirigida por Jon Turteltaub, Dic 21, 2007 (Walt Disney Pictures)]; no eran muy propensos a laborar la tierra o criar animales, al menos en sus inicios. Estos pioneros procedían de las Bahamas y otras partes de la Florida, sus objetivos eran más modestos: la búsqueda de tesoros y restos de naufragios que se generaban en los arrecifes de la zona. Una especie de hobby.
Entre ellos, algunos ya habían recibido tierras de los españoles en particular, aquellas vitales que bordeaban las riberas del río Miami, una indudable vía de transporte. La cosa se complicó cuando por la misma época, grupos de indios seminoles llegaron al sitio con un número de esclavos huidos de las plantaciones norteñas, Georgia y las Carolinas. Un tremendo incidente se suscitó cuando los “casaesclavos” (rancheadores) asaltaron la zona y asesinaron a decenas de habitantes, como represalia. 
Aunque los tequestas fueron registrados por los españoles como los genuinos habitantes de la boca del río, otras étnias indocumentadas se infiltraron por la zona del Panhandle, islas caribeñas o bordeando la costa del golfo, desde tierras aztecas. Los tequestas se vieron diezmando, a causa de enfermedades achacadas a los conquistadores y las guerras étnicas en las que se involucraron desde siempre, en el siglo XIX.
El “salp’afuera” que se formó con la Guerra Creek de 1813-14, fue definitivo para el arribo hacia el sur de otras tribus más guerreras; pero que ahora, aparentemente, llegaban mansas y en calidad de simples refugiados de guerra. Ello se debió, en parte, a que dicha mansedumbre fue resultado del cese de hostilidades entre EE.UU e Inglaterra, a tenor del conflicto (1812) entre ambas naciones.
Desde finales de 1600 y durante todo el siglo XVIII, ya existía una “Confederación Creek” constituída por tribus de South Caroline, Georgia y Alabama. La presión de los colonos blancos, hizo que una rama de esta confederación; soberbia; los okonees, hicieran las maletas y se nos colaran por el Panhandle, con toda lógica, rumbo sur.
Otros confederados, los enrojecidos muskogees, no la pensaron dos veces para motear a los fugitivos (exiliados) con un apodo despectivo a quienes “abandonaron la fabulosa Confederación Creek (maskoki) y decidieron safárselas y vivir por su cuenta en el extranjero”. Saber: cualquier similitud de esta tragedia y el drama cubano, es pura coincidencia.
El equivalente inglés del mote es wild o runaway “cimarrón”, en lengua muskogee es: sim-in-oli, y es quizás el posible origen del vocablo “seminole“. Mientras que los okonees no entendían ni papa de muskogee, ya que su lengua era el hitchiti. Los apacibles tequestas no se recuperaron del susto al ver deambulando por el barrio al primer seminole, porque éstos recién llegados siempre andaban de mal humor, más aun, después de sus trifulcas con los creeks.  La bella y refinada Checoter (“Rocío Mañanero”), circa 1830, ya estaba convertida en la esposa del cacique Osceola, y ambos, andaban comprometidos en los preparativos de la “Segunda Guerra Seminole” (1835-1858). Desde 1825 se había construido el faro de Cape Florida cerca de Key Biscayne, después arrasado por los indios, para alertar a los barcos de la proximidad de los peligrosos arrecifes.  
Corriendo la década de 1820 Richard Fitzpatrick adquirió tierras en los bancos norte y sur del río Miami, pagando cash a los colonos locales, convirtiéndose de este modo en uno de los más exitosos terratenientes locales. Construyó una plantación con ayuda de sus 60 esclavos, donde cultivó caña de azúcar, plátanos, maíz y frutas tropicales. Fort Dallas (un Ghost Town dentro del bucolismo norteamericano) fue construido en 1836 en la plantación de Fitzpatrick el la orilla norte del río.
Uno de estos grupos de pioneros giraba alrededor del antiguo asentamiento de Fort Dallas, una especie de staffeta militar. El gobierno federal construyó unos 200 fuertes en la Florida, a los fines de mantener el orden en el estado, que lo fue así desde 1821 y cuyo primer gobernador fue el Gral. Andrew Jackson.
Fort Dallas, apareció en los mapas circa 1840 con el nombre de “Villa Miami”, designada así por William H. English. Este “fuerte”, que nunca estuvo fortificado, recibió tal nombre en honor de comodoro Alexander James Dallas, quien estuvo al mando de la flota norteamericana de las West Indies.
English, fue un notable de la zona el cual adquirió la propiedad de su abuelo Richard Fitzpatrick, quien a su vez había pagado $400 a James Egan por la misma. En 1844 Miami se convirtió en la sede de un condado virtual, y en 1850 el primer censo arrojó un total de 96 residentes viviendo en la zona.
Cuando en 1875 se hablaba sobre el sur de la Florida, la mención obligada era Key West con sus 8000 habitantes. En el sudeste de la península, sólo apuntaban vagas alusiones a los asentamientos dispersos en la boca del río Miami y a lo largo de Biscayne Bay y los que después serían las radas de Brickell, Bayshore, Barnacle, en honor a estos otros pioneros homónimos. Claro, pasando de soslayo en la zona media del oeste la fabulosa Tampa, la cual apuntaba como la más despampanante y fina ciudad del golfo, cuyo mecenas y rival de Henry Morrison Flagler en los negocios de los ferrocarriles, era su tocayo Henry Bradley Plant.
Casi hasta los dos últimos decenios del siglo XIX, en la boca del río Miami pastaban grupos pioneros que vivían de la pesca, agricultura, explotación de maderas y fibras. Como siempre, lo que contaba entonces era el ansiado cash, un recurso obtenido localmente por la fabricación de almidón y el procesamiento de fibras. Estas últimas provenían de las palmeras sagú y burí, las cuales, además, brindaban productos como el almidón, cuya bondad mantenía estirados los miriñaques y crenolinas de las damas “cayohueseras” y costa este hasta New York. Mientras que las fibras, por su delicadeza, eran aptas para confeccionar sombreros, esteras y tapetes finos.
En 1886 una juncal y pudiente dama de la sociedad de Cleveland, quedó desolada por el fallecimiento de su amado esposo. Un hecho banal, si no fuera porque la energía de la tal viuda tendría más adelante repercusiones insospechadas sobre los destinos de nuestra ciudad y de ramalazo, toda la Florida.
Entonces se dejó seducir por un irresistible realtor y decidió comprarse unos acres en la boca del río Miami. Los predios de la villa, aquellos 640 acres originales, son los mismos donde hoy radica el Downtown de Miami. Finalmente los acres (y una mula) pasaron a manos de la flamante viuda Julia De Forrest ( née Sturtevant) Tuttle, la “mommy de Miami”. Pero esa, es otra deliciosa historia, para contar más adelante. Ella adquirió la propiedad en 1891 por $2000 de manos del realtor J.W. Ewan, quien fue conocido también con el sobrenombre de “El Duque de Dade“.
Ewan le había machacado a Julia que el vocablo en dialecto tequesta para nombrar al lugar, se pronunciaba “Maama“, pero a ella le agradó más el de English: “Miami“, un supuesto vinculado a la región del mismo nombre en Ohio, entre otros de igual denominación, en la nación. Algunas otras voces apuntaron utilizar “Mayaimi” o “Mayaime“, cuyas traducciones todas, son “agua dulce“.  
Sin embargo, en la década de 1890 sólo un puñado de personas seguía viviendo en Miami. Muchos de los colonos eran atraídos por ofertas de lotes gratuitos de 160 acres de tierra por parte del gobierno federal de los Estados Unidos. Entre estos colonos estaba William Brickell, conocido como el Padre de Miami, (un título que le fue disputado por Henry M. Flagler) que llegó también desde Cleveland, Ohio en 1871. Brickell instaló una oficina de correos (la staffeta) en la desembocadura del río Miami y adquirió varios terrenos en la zona.
Despaciosamente, un sinnúmero de condiciones se estaban creando de manera espontanea, hasta que estalló en 1896 el conflicto bélico entre España y los Estados Unidos, a causa de la insurreccion de los mambises independentistas cubanos en contra de la metrópolis española.
Al igual de que hasta los indios sabían dónde estaba lo bueno, no extrañó que después el Miami de finales del siglo XIX, fuera imán para los naturales de todos los orígenes y nacionalidades pululantes por la Unión y el extranjero cercano. Esta notoriedad era observable en la composición de su población. No nos referimos a la de ahora, sino a la censada en 1900 pocos años después de la fundación de Miami como ciudad incorporada.
Este evento constituyó además un inenarrable acontecimiento de colorido esplendoroso. Entonces no existían el “english only” ni “no trespassing“, por lo que la invasión de “outsiders” (como Ud. y yo, a quienes nadie nos invitó a venir a los EE.UU) resultó incontenible ¿…?.
Personalidades tan relevantes como Ephraim T. De Sturtevant, padre de Julia y William B. Brickell (ambos de Cleveland), Isidor Cohen (ruso); John Collins (New Jersey), John Seybolt y J.D. Dorn (Alemania) dan fe y constituyeron entre otros, la diversa procedencia de los notables citadinos. Según el censo de 1900, a Miami habían entrado 1681 personas; 1348 blancos provenientes de 45 estados; 291 negros de los cuales 168 eran de South Caroline, 98 de Georgia y 25 de las Bahamas y 42 de otras razas. La abigarrada población no pudo dejar de contar con 3 hacendosos chinos, quienes no rehuyeron el armar en menos de lo que pestañea un mosquito, una lavandería impecable.
Entre los censados se destacó uno, quizás el más vivaracho y emprendedor de los minoristas en ventas al detalle. Éste, se propuso abaratar los cigarros habanos (puros) traídos por mar a Miami, desde Key West, a veces de Tampa, para el disfrute de miamenses y turistas (snowbirds), quienes no habían dejado de fluir por barco de manera incesante en oleadas sobre la zona, desde 1850, aproximadamente.
No resultó sorpresivo, aunque también inevitable, que dicho empresario importara las hojas de tabaco negro, tripas y sellos; para la confección de los habanos; desde las zonas tabacaleras de Vuelta Abajo, La Habana y Sancti Spiritus en la mayor de las Antillas Mayores, la vecina Isla de Cuba, a 90 leguas al sur de Key West; no fuera otro que un cubano –al menos el unico censado–6, Mateo Encinosa. Este era natural de Bejucal, provincia de La Habana y se registró como dueño de la primera Cigar Factory de la Ciudad Mágica.
Luego, es evidente que entre la nutrida corriente de “colonizadores” de la ciudad, los hispanos, comenzaran temprano a sacudirse los polvos del camino. Y como diría la vox populi de ayer y hoy: la gente de nuestro patio miamense provenía de cualquier parte, menos de Miami.
© Lionel Lejardi. Abril, 2008
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Los “Baby” Lores, ragamuffins biónicos de la zurdera cubana, en el IX Congreso de la UJC


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Copycat del Hombre Nuevo
Son arquetipos del cuajo que pululó por entre las charcas del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC), convocado por el régimen habanero en abril 4, 2010. Las comisiones de trabajo, como es usual en estos eventos y según lo esperado; no se crearon para elaborar, proponer o discutir ponencias. Sino, sólo para escuchar al “enviado especial” de la cúpula geriátrica del régimen sobre el qué, cómo y cuándo, los delegados pre asignados deberían redactar (también incierto, pues todo el guión e incluyendo la declaración final ya estaban escritos por el Dpto. Ideológico del Comité Central del PCC),  adicionando algún que otro debate sixed (pala), donde se reflejarían los deseos inexistentes de los hermanos Castro.
Si algún cándido o peor, uno políticamente despistado, creyó que podría expresarse con libertad, se quedó con las ganas y el rabo entre las patas. Y daría igual porque en ese submundo totalitario todo es a puertas cerradas. Son flores mortecinas permanentes por la falta de luz. El preterido volcán juvenil cubano permanece apagado, como es lo usual; porque los jóvenes no tiene nada que modificar en el status quo. Allí todo es ideal y sepulcral. Como siempre, los jóvenes no hablaron en espera permanente de las tres magras meriendas diarias (que no ven en sus casas) y se reconvencieron de que sus opiniones, no interesarían a ninguno de los líderes del Partido Comunista de Cuba (PCC). Mejor es hurgar en la textura de ciertos asistentes conspicuos, los cuales, según el régimen representaban la crème de la crème des jeunes.
Corresponden, singularizados, con un ente común y obediente del tipo “esta boca no es mía, sino del Comandante”, que no habla ni rumia siquiera como personaje real. Es más acertado verlo como un copycat irreal con alucinaciones de escapar del gulag, sino alcanza arrastrándose un sitio en el archipiélago zurdo. Y no hay relevo de sociópatas, porque los comandantes no se acaban de morir y cesar sus opresiones en la granja de animales. Del mismo quehacer triturador a las que Solzhenitsyn describió y bautizó, “gulags“, llave inmortal y abridora de puertas y muros.
Para tal criatura -ahora bajo autopsias-, su éxito es diplomarse entre los succionadores perfectos de las ubres de la UJC, con jerarquía de reggaer genuino; eso si; “relevador” de la Nueva Trova, porque los mayimbes son insustituibles. De incultura arrobadora, santificado por la gerusa surrealista que abate la isla atormentada y como todo sobrerealismo, sin alucinaciones extendidas a todos los de sin razonamiento lógico. No a la hechura marxista-leninista, una filosofía inerte saturada de disparates y obsolescencias. Nada raro en estas reflexiones, simples cábalas del Comandante en Jefe, Dr. Fidel Castro Rúz (titulación que le arrebata el Superego), mas, proviniendo de la retorta alquimista de su régimen en deslave incontenible.
Tales son estos rags y sus seguidores de la UJC, unas entidades chatas de lenguas bífidas que ya andan bipedos por el tercer nivel de las brujerías astrosas de musicantes ensordecidos. El “Lores” tipo (aka, “Yoandys Lores González”), otra tuerca equivocada de la sorbetera castrista –porque este perico erotico no es de la noble Generación “Y”–, y que por el nombre de jalea rusa, dice de una carencia ambidiestra de imaginación parental. Inepto en neuronas del  entendimiento, ensaya piruetas groseras innatas, intentando igualarlas con la más furibunda corriente avantgarde. Ellos Ignoran que Trotsky junto a Bretón y Rivera; lanzaron desde 1938 su “Manifeste pour un art révolutionaire indépendent“, pero supeditado y servil a la ideología marxista. Después Bretón, sumido en la profunda desesperación de su disparate anti estético e inético, abandonó la banda, sumido en un halo de espantos.
Exactamente lo contrario a lo del “Baby” plural –desconociendo de qué se habla– y sus cúmbilas mayores de la misma tertulia genuflexa de Silvio Rodríguez, Pablo Milanes, Amaury Peréz y otros de la décima citadina; clamantes como guajiras con la punz’á de Pascuas, quienes redoblan ptialismos hacia los Castro. A estos les costó mucho entrenar las glándulas salivares, y son modelos que hoy rasgan sus vestimentas en extrañas mea culpae; ininteligibles para un pueblo que desde ha, ensordeció bajo loas a las vilezas del régimen. Es que ahora el Morlock, con un par de bofetones, les ordena disculparse de sus “crímenes y debilidades ideológicas”. Una gestión cumbre del stalinismo refinado, en la que insisten los comandantes.
Recién cuando Silvio osó cosquillear a los Castro –lo cual fue juguete de Pablo desde tiempo atrás– con tenues observaciones y Dios lo libre de “críticas”, como las que hacen hablando soliloquios, como otros funcionarios bajo la ducha y con la radio a toda voz, recibió un tapabocas. Después lo vimos retornar manso al redil de las andadas justificadoras, en calidad del megáfono que ha sido siempre.
Estas “cosas parlantes” del solar cubano y el resto de los jóvenes comunistas, confundidos en remojo de vino tempranillo según recetas hitlerianas –para ello ver “Gesetz Über Die Hitlerjugend” (Ley sobre la Juventud Hitleriana, edición 1 Dic. 1936–; pretenden ser la respuesta extemporánea de la cultura rojiparda; esa corriente oficialista ansiosa de mostrar lo imposible: la imagen tridimensional de un arquetipo masculino que viril, que utiliza la música (una ilusión montada y lijada a base de ruidos) para no decir nada, ni siquiera de su nada insípida.
Al menos los trovadores de las tres generaciones anteriores, perdidas sin remedios entre los matorrales de la UMAP durante la era bucólica de los Castro; sus mayores musicales; por la contra revolución fementida que los líderes de la sierra y el llano desarrollaron en contra del pueblo, referidos a aquellos que aunque de ética descalificable, dijeron algo talentoso.
Las mascotas de hoy, compiten en emitir cheers masoquistas y alabanciosos al Líder Máximo y al tentetieso de su dictadura, por suerte, ya ungido con los santos óleos in extremis. Es que el tal modelo Lores todavía anda por el kinder del ritmo reggaeton, tal sucede con la mayoría de estos trovadores del “ahorita”, del estruendo y la chabacanería, blindados con espejuelos oscuros de “a toda hora”, montados a horcajadas sobre el cráneo a la manera cursi de Mastroianni. Alguien les dijo que así era chic en Italia.
Con este modelo de esquizofrenia fotosensitiva, atenidos a esas gafas antisolares que usan tanto en el retrete, soirées, coito solares y aún en gozaderas nocturnas, no quieren ver qué sucede a su alrededor y menos, sobre la agonía del pueblo. Los líderes les han asegurados que ellos son diferentes a la generalidad de los cubanos, por eso su sistema de vida sera diferente, tal como le corresponde a los adoradores del régimen. Igual que los cuarentones “picu’os” de cabeza pela’, siempre atontados con las gafas al revés del cangrejo, en búsqueda de nidos celestiales de musarañas.
Lo que nadie ha podido explicar, cuál es el origen de esa nostalgia por las nalgadas (una especie de gripe aviaria de ropavejeros); en andarse siempre agarrados a las portañyolas mientras cantan, tal si esperaran que por ahí les saltará la musa inspiradora de sus desaciertos ruidosos al ritmo off beat o skank, del Kumidaiko japonés.
La troqueladora comunista planificó una línea de montaje en serie para este Hombre Nuevo –aun esperado en balde después de 50 años–, la cual eructaría una generación de artistas frescos, descubanizados, reciclados e involucionados. Luego armada al compás de un novísimo ritmo regatón, parecido al hongo del bikini agrietado de los talibanes fundamentalistas, o lo que es igual, al de los comatosos del Politburó. Nada flamante, es el plagio cotidiano del quehacer comuñanga soldado a la vieja conga cubana, reventada con tumbadoras y los palitos del “beremcuntébere” en los patios de la cuartería del solar de Zelaya en la esquina habanera de Águila y Dragones. Con la versión final congresional, se confirmarían las brigadas con cuyos ripios repoblarían los escombros del submundo a heredar tras el derrumbe final de la tiranía.
Ellos, los líderes del Consejo de Ancianos, no les dicen “relevo” a la camada supuesta; porque les asusta ya no estar para entonces en sus tumbas, que serán vandalizadas por el pueblo indignado. Sino “continuación”, en un sicodélico poema descriptivo del suyo pecado original, idéntico al de “La Barcarola” de Hoffmann, pero con muchos más cuentos. Para ello, les es indispensable armar a estos jóvenes enmohecidos antes de su niñez, incrustados bajo el cartabón de sus turbas divinas. Esas hordas armadas no con ideas para convencer, sino con cabillas, palos, cadenas y otras añagazas del arsenal represivo de esta caballerosa juventud comunista, de medio palo, como las muletas del cojo Caicés. Amigo de “Bigote de Gato”, aquel que vivía allá por el barrio de Luyanó.
Eso, les dijo Raúl Castro en el congreso de marras e insistió el maldito, terco, en hundir la isla en el mar como si fuera una cosa suya. ¿Recuerdan la trágica irresponsabilidad de los Castro cuando la Crisis de los Cohetes en aquel 28 de Octubre del 62?. Quien, incapaz de reconocer los estados emotivos del pueblo, acusa padecer una ceguera emocional típica de los afectados por el síndrome de Asperger, obsecado con dejar sólo ruinas tras sí.
Una forma de entelequia sui generis de estos “Lores” como los muñequitos de los domingos; cuyo dogma contestatario, además de prestigioso por sus altas reglas civilizadas en los debates; es el de convencer al adversario de que si  tienes la fuerza, ventaja y protección de lo medios y órganos represivos además del judicial; tú y sólo tú, eres el dueño de la verdad y posees la razón absoluta. También, así de fácil es el colofón: los demás oponentes por pensar distinto a tí, son traidores por antonomasia musical, que están al servicio del imperialismo yankee. Es palabra del IX Congreso de la UJC. Siempre el enemigo exterior, que nadie ve ni toca.

La mujer Nueva
La versión femenina (se trata de la Mujer Nueva), es que a los inteligentes del Politburó, se les olvidó que ellas existen, o a lo mejor como en el semblante bíblico, la sacarían de una costilla. Pues ésta es de mayor complejidad dado que las mujeres comunistas, en general, andan obsesionadas con su horrible imagen mañanera, un esperpento fantasmagórico. Erótica sin amor, desteñidas y faltas de aseo; paradas impotentes sobre sus chancletas de palo, frente a la chivatería del espejo de su desesperación. Atentas a las arrugas y “patas de gallo”, deslavándose incontrolables desde la faz, el cuello y el repliegue de los pechos flácidos, saludándose alegremente en el ombligo.
Es porque los mayimbes de la cúpula no permiten que las ex hembras de “a pie” se arreglen las tetas. Sucede que las cubanas, al contrario de otras féminas, ese es uno de los rasgos que se les afecta en algo con los años. Tal exquisitez es un don codiciado por las damas mayimberas, sólo que debe ser autorizado por el Comandante en Jefe. Porque desde siempre, el procedimiento está reservado a Mesdames et Mesdemoiselles; las suyas de ellos; que oran en Maestá perenne. Es que ellas son distintas y como en tiempos de los chamanes, es que tal encanto no es para que aquellas “otras” del montón, las chancleteras con grados militares y de los otros, las veneren al considerarlas semidiosas por su belleza límpida, etérea, intangible y eterna. Ellas, las de las cúspides mimadas por el Comandante, han de verse como unos seres divinos que no se arrugan, sus atuendos no pasan de moda ni se desgastan y lo mejor: ni envejecen, lo cual evidencia que son tan inmortales como sus propios maridos legendarios.
Es por lo que cargadas de odio justo, la mujer cubana, comunista o no, no responde dócil a la caprichosa moda chea de los comunistas. Porque exactamente de eso se trata, cosas de zippers, encajes, costuras, sedas, telas, maquillajes, zapatillas, ballenas, lentejuelas, perfumes, desodorantes y el resto; de las bisuterías de las que ellas no tiene ni quiere saber, en silencio, ya hastiadas de que las consideren guata enchumbadas en orín.
Sucede que el clan le robó elevosamente los 50 mejores años de su existencia, como a las víctimas de Altona (ver, la concepción del Ser y la Nada en la obra teatral “Le Sequestres d’Altona” de Jean-Paul Sartre, 1959), arrasándole su vida prenatal, niñez, adolescencia, juventud, madurez y ancianidad, como si fueran trapos viejos. A ninguna, nada le dejaron tras el despojo para su goce interno, ese pedazo íntimo al que todo humano tiene derecho, que ni eso, ellos les dejan. Arrastrándolas inclusive, viles, a la delación, prostitución, odio familiar y crimen. Todo fiel al guión del desastre castrista.
Hay que ver a ciertas de estas Mujeres Nuevas comunistas (ya destrompadas minuciosamente para que se sientan impotentes de arremeter contra los Hombres Nuevos), cómo descargaban su furia de frustradas contra otras mujeres decentes e indefensas tales son las Damas de Blanco, rodeadas y torturadas por una manada de “machotes (y otas)”. ¿Y a estos Hombres y Mujeres Nuevos, no les da pena?.
Una de ellas, sexóloga pizpireta y retozona, se ufana por conducir a las cubanas decentes por otras veredas humillantes, hacia alguno de los orgullos exóticos que ella regentea. Quizás para rebajarles bien los ímpetus de protestonas, y que reaprendan el tono oficial de las Mariana Grajales repletas de testosteronas, tomadas como paradigmas utópicos por la distopía castrista.
Castro encargó el diseño y construcción del modelo femenil, nada menos que a los resbalosos quebrantahuesos del Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba; el cual no ha logrado catequizar ni siquiera a los hijos de los comandantes, quienes abandonan la barcarola gubernamental, aterrados por lo que ya presienten que se les viene encima o enviados por los papitos hacia la “Yuma” salvadora. Son abluciones ansiosas de materializar una visión que existió sólo en los discursos y reflexiones del Líder Inmortal.
Un “Baby” Lores puntual, se sintetiza como un extraño proto ragamuffin biónico de la zurdera cubana. Un cacho de Frankestein miniaturizado, armado con trasplantes de cadáveres reprimidos por la policía política; aun insepultos; que medrosos matan de hambre a los negros democráticos e intenta exorcizarles la decencia y el decoro a las Damas de Blanco, a fuerza de garrotazos. Los muy valientes, que son estos comunistas cuando actúan en pandillas.
La especie Lores, trata sobre una rara avis que juramenta líbidos aeróbicos al estilo de los moros filipinos atacados del amok lúbrico del después “pásamela (pásamelo) a mí, ambia” tan usual en la gentuza comunista promiscua, lúdica y sibarita; pero que en ellos es desparrame de sensualismo coital en virtuosismo hacia el Máximo Líder. No importan si el clímax es logrado sin noción de qué son ellos mismos, ni en cuáles basureros anidarán para el desove amoral. Porque la sangre de los justos, pesa más que el agua de los injustos (no textual).
Es la quintaesencia de la libación anoréxica en tremens de los cúmbilas del núcleo partidista, itinerando sofocaciones cada jueves para determinar a cuál infeliz aplastarán en ese día miserable. Devendría una tarea menos ardua en manos de la partida de gnomos, el mirarse en la imagen amorfa de sus chamanes culturales, quienes les dictan los ritmos y meneos permitidos por el Comisario de Cultura. “Siempre, habrá una Snehulienka (Blancanieves) más bella que tú“, les escupirá el espejo mágico de la troqueladora incestuosa insertada en la magia comunista.
Valga que a estos pibes y leas, cortados a la Maradona traumática, drogadicta y de garabatos guevaristas sobre el pellejo desplumado; nadie cuerdo los reconocerá, salvo por la imagen del ventrílocuo al que sirven de muñecos parlantes. Ellos, la cuadrilla de Lores, se venden por igual como un grupo del reggaetón tratando de promover la imagen pop de un Lenin también reggaer protestón y harapiento, sí, y también sanguinario.
Suena que los comunistas se sienten a salvo con los Nobel de Literatura, ex-guerrilleros tirapiedras fracasados del M19, los montoneros, senderistas y las abuelitas muladares y canallescas de la Plaza de Mayo. Nada de cálculos integrales e infinitesimales. Los “Baby” se han declarado sin salir del clóset, orgullo fan de los carceleros y torquemadas del pueblo cubano inerme, aterrorizado bajo un cerco permanente.
Los tropos
El Combo total de la sinvergüencería, es reflejo del alter ego oportunista y amoral del Hombre Nuevo, que apoya la dictadura. Porque este “Baby” Lores matriz (entender al personaje como un simple tropo, donde cabe cualquier otro ente macho o hembra, o nombre), de apelativo, estilos falsos y con sus pretensiones norteamericanistas; ha sido delineado por la troqueladora estatal consolidando todos los desperdicios del jineterismo oficialista maleconero, incluyendo las genuflexiones olorosas de la pajarera ortodoxa.
Esa otra cumparsita temblorosa de ascos n-sexuales, administrada por otra y otra y otra de las semillas infértiles de la horda (andan por ahí disfrazadas también como raras sexólogas oficiales del curul castrista), las de los machitos rosas en cuclillas permanentes, encajados en la cuvette de toilette cubana. Nada de extrañar ahora, el por qué de la atragantadura en el zoo isleño donde no se come, pero se baila “bajo la influencia”.
La nueva edición de este Hombre Nuevo que nunca llega, sólo chorrea consignas inmortales y ha sido provista de todos los abalorios y paisajes epidérmicos, de que fueron capaces sus proto diseñadores escamoteados. Nada de inteligencia inquisitiva. Porque en la Cuba de hoy, sepan los de extramuros –y apuntar que los de intramuros lo advierten todo–; el tal Lores y su imagen virtual, no debe ser confundido con el antológico consorte (en el lunfardo habanero) de Juanita “Escaparate”, la mulata pimentosa del barrio de Pogolotti en Marianao. Ajenos todos al mundo de varones fabulosos de los cuarenta, los Michelena políticos y Dihígo peloteros, y de las Nery y las África, hacendosas.
Pero este teen de Ray Ban en viseras, es un aprendiz de capotasto de cuerda quinta, adornado con esfinges de la cleptocracia oficialista. Sus tatúes reflejan la esperma vencida de los Die Meistersinger von Nüremberg (Maestro cantores de Nüremberg), en el retablo del clasicismo cubano: José Martí, Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, un Ernesto Guevara (del cual nadie sabe quién y por qué lo pusieron ahí) y Julio A. Mella (de nombre apócrifo) al cual, parece, el Partido Comunista lo liquidó al peor estilo chicagoense (alto, que hay otras historias sicalípticas)–, íconos todos de la hoy pentarquía polvorienta de ancianos juveniles aterrillados en el manicomio cubano, ayer en congreso juvenil.
Ambos, Castro y Guevara, son hitos de esas veleidosas catibias, muerta part time la una y full time la otra. Ambrosía de los Bobos de la Yuca que pastan en esa fabulosa “Animal Farms” orwelliana. Hablamos de un combo ñato fabricado a la orden de los Castro. ¿Y el “Baby” Lores original y su Combo, alguien por ahí sabe si cantan o bailan? Las dos artes. El meneo y los compases son arpegios geniales del líder en persona –nada de asombros–, porque él es “Comandante en Jefe de Todo lo Insoluble”, nunca suda como los humanos, es omnisciente e infalible.
El Dr. Fidel Castro es hoy un semi dios Pan en el Laberinto de la bobería cubana fracasada. Cuya propaganda para eternizar su figura y elenco –tal la de un Calomagno, Napoleón o Attatürk–, para su desgracia, se congeló en el Internet, ciberespacio veraz y denunciante, donde no se abrirán más trampas oficialistas. Porque el ciberespacio hoy yace en manos del hombre común, no en las de tiranos. Revierte en problema eurítmico (de insensibilidad musical) de estas cajas de resonancias, cuando trastocaron el ritmo de la Ragger’s Music.
Es que nos topamos con unos tipos alebrestados que oyeron tañer campanas sin saber de dónde les provenía el repique. Ellos pensaban emanado de las favelas “Cueva del Humo” o del “Llega y pon” , mientras absorbían humus del legendario RATM (Rage Against the Machine), armado desde 1991, pero al que descubrieron tarde, por morones, hasta transcurridos 30 años.
Son clones hijosdalgos del fabuloso juglar mayor de Castro, el bizarro Silvio Rodríguez, el mismo bardo de “El Unicornio Azul” y “Ojalá”, que derritió a los chilenos y argentinos comunistas de flojeras hinchas y pensar lento como la eyaculación de un ocelote adamado.
Tal era moda en tiempos de finado Allende, un blanqueador profesional de los dólares castristas y también extraño paladín guevarista de la rara Bachelett, una peculiar gatita de Maria Ramos, adoradora y pagadera de sus promesas a los Castro, Guevara y otros líderes del Eje Apocalypto. El mismo Silvio, a quien no le tembló la mano en firmar el epitafio de la Primavera Negra.
En la realidad del espanto cubano, son unos chicos de asepsia musical nosocómica forrados con divisas, “panes con timbas”, instrumentos y tramoyas, que fungen embelesos catárticos como fieles asalariados del régimen. Son iguales a los otros tránsfugas del “lleva y trae” de divisas cocaleras, sin una gota de ética ni auto estima, cuando se postran suplicantes de óbolos ante el Comandante; para que este Papá Goriot los deje salir de la tronera cubana por un ratito quizás. También para restregarle a sus ambias del barrio, aquello que el capitalismo cruel, les regala para deslumbre de las no peronas, de la cueva.
Lo que sí desconocen los habitantes libres del extramuro democrático, es que Castro, mediante emisarios del catastro yoruba, le importó al Combo –clandestinamente, por cierto– a una reconocida Tohuga-ta-mokola Pāketā o sea, la mejor blanca caucásica de Nueva Zelandia, especializada en el māri Tattooing. De ahí, las filigranas gobelinas de estos cheos rompe ventanas y gesticulaciones simiescas. Corresponden a la nueva emisión de hobbits cinturosos bajo temor permanente a las brujerías del Saruman “el Magnífico”, siempre iracundo y escupiendo fuegos.
Tenga cuidado la fanaticada del reggaeton con esta fiebre porcina roja, la de eructos y congas del “abre que voy, cuida’o con lo’callo“. Es gente de la comparsa mayor de los Guaracheros de Regla, “Vieja Linda”, “El Palo Caga’o”, “Coco Sólo” y “El Pontón” habaneros, de tan alto balijú. Sucede que nadie les advirtió a estos prospectos de Iscariote, que deben andar con cautela por este mundo cruel.
O porque quizás se topen, y no crean, porque son simples murmuraciones del Soho londinense; con algún fan adicto a la bestial Ilse Kosch, aquella narco ninfómana del claustro de los cielos, “La Bruja de Buchenwald” (ver el film italiano, “Pasqualino Settebellezze“, 1975 de Lina Wertmüller). Y a lo mejor, el tipo detesta la música reggaeton y los tatúes que tamizan a las maras zurdas caribeñas, y ello les acarrearía el desastre, si terminan con su pellejera tapizando la pantalla de alguna lámpara de noche, al estilo de la Ilse.
Pero no dejen de ver y oír al combo de marras, porque aunque los Chabacanes se apretujen las portañyolas farsantes; cuando rugen como buenos cheos de la timbalera castrista, se perderían unos payasos cuasi excepcionales. Saber que tal como los saltimbanquis de antaño, los comunistas de hogaño son histriones chaplinianos, estén o no en congreso. Es la nada cotidiana de los antidemócratas.
© Lionel Lejardi. Abril, 2010
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Un condado grita “¡Midway!” como esperpento del Mago de Oz, en una deliciosa Noche de Halloween


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Un condado, en su desesperación, grita “¡Midway!”, “¡Midway!”
Sucedió que a un niño y a su inseparable perro sato, un mal sueño y un tornado juguetón; les arrebataron del jardín terruño y les hicieron volar más allá de “Der Nebelgebirge” (Las Montañas Brumosas), para depositarlos no sobre praderas maravillosas, sino, en medio de un aquelarre de cuevas funcionarias de burócratas morones. Para ellos el lugar era una región desconocida, igual que para los habitantes atribulados del “Reino de Oz“. Allí se vieron solitarios, cercados y abandonados en lo alto de una roca verdosa cuajada de coimas, gravámenes e impuestos filosos y lacerantes que les infundían pavor. Desesperados por la angustia, sólo atinaron mirar hacia los cuatro horizontes lilas; donde aves funcionarias oscuras de rostros sarcásticos, quizás cínicos en el decir de algunos; permanecían estáticas, suspendidas en el aire como colibríes enormes batiendo sus alas terribles, imperecederas. Les aterró que de sus plumajes emergieran sombras mil, agitando bramidos y ululares incesantes que se tornaron manos mendigantes o a veces escamoteadoras, para arrebatarles a los ciudadanos sus últimas monedas y vaciarles la bolsa ya exhausta. El niño y su perro se angustiaron por no saber cómo volver a su morada natal, la de antes que el tornado les secuestrase, en su ciudad natal de Hameln. Su ciudad mágica entrañable, desparramada inicialmente en el banco norte del río Weser, y más tarde hacia el sur y oeste, donde los pantanos. Y ambos se sintieron el pecho oprimido, ansiosos por reventar en lágrimas.
En esos tiempos azarosos, eran demasiadas las penurias por las que atravesaban los habitantes del Reino de Oz, acosados por los gobernantes y su ejército de burócratas, oficiales, publicanos colectores de impuestos, coimas, gabelas y otras trampas impronunciables tendidas a los ciudadanos inermes. Porque cada habitante del reino, desde los más humildes hasta los encumbrados, andaba temerosos de los lictores de toga escarlata, guardianes inexorables de las arcas condales, siempre dispuestos a embargarles hasta las braguetas. Y el niño y el perro, desolados, dejaron correr tantas lágrimas que se formó un arroyuelo que fluía y fluía tan fuerte, que se hizo un torrente de ruidos zafios e insoportables.
Entonces, apareció una Señora de figura y ropas blancas cuajadas de pequeñas estrellas, la Hada Buena, despertada por la fuerza de las aguas y los clamores y sollozos ya apagados del niño y su perro. Era la misma deidad revivida en cada cuento infantil. Esta deliciosa divinidad les envolvió con su halo de brillos y entre caricias y bondades les ofreció un meltingpot lleno de agua de colores. El hada, señalando la vasija les advirtió:
Cuando quieran saber qué sucedió o sucede y se dijo o dice en el Castillo de Oz y la ciudad de Hameld, miren y oigan qué les dice el espejo en la superficie del agua. Pueden beber de ella cuanto plazcan. Será el alimento único de que dispondrán, con el sabor y textura que deseen; pero no teman, pues el agua es inagotable. Ahora, yo sólo les indicaré el camino de vuelta. El resto, va por ustedes, como también salir de los funcionarios. Luego no se quejen.
Después, el hada hizo un gesto que transmutó la transparencia del aire y les señaló en la marmita un camino amarillo de oro florido; que surgió de la nada frente a ellos –saber que son maravillas propias de las brujas disfrazadas de hadas–; y les indicó la senda para que volvieran salvos a su morada en la ciudad de Hameld, sede del Condado de Ratten Fänger (CRF) y sus otras ciudades.
Este condado era (fue) el más importante y sonoro del estado Nieder Sachsen (NS) que lindaba al Sudeste con la Der Schwarzwald (La Selva Negra); que les separaba por Norte del Das Land der Vollidioten (País de los Morones), madriguera a donde iban a parar y anidaban los orejones alados de Cuello Blanco y los cosculluelos de Cuello Negro que se hacían pasar como fieles servidores de la ciudadanía humilde que les mantenía. También los teams de políticos noveles y carcamales ansiosos de revanchas electorales, algunos expulsados de otros reinos por lerdos. El niño y su perro notaron de inmediato que el Hada Buena les dotó de telepatía para comunicarse entre sí, como si hablaran un mismo idioma, que no existía.
El condado de Ratten Fänger fue antaño región de opulencias y perspectivas exuberantes. Pero ahora y desde un tiempo bien atrás, andaba renqueando tumbos de bancarrotas en bancarrotas, deudas y garrotes que hipotecaron el futuro de todos los habitantes del condado; alertaban los medios; a causa de los sueldos y privilegios abusivos; contratos desastrosos, deudas infames, despilfarros, quizás malversaciones encubiertas y otros infortunios. La corrupción abierta o velada infestaba las instancias gubernamentales incluyendo los hospitales públicos. A saber, por la incapacidad e indolencia (unos dicen que maldad) de sus líderes gobernantes o dirigentes; a quienes sólo les interesaba aplacar la gula de cada uno de los clanes integrantes de la nómina condal, incluyéndose ellos mismos. Siempre amenazantes por boca de sus líderes, quienes en sus arrogancias de “matasietes” se creían invulnerables.
Los caudales de las arcas públicas se evaporaron y dieron paso a telarañas y otros bicharracos que les repletaban. Ningún impuesto arrancado a los ciudadanos –confesó a los medios un gnomo infidente–, y con el tesoro ya agotado por el enorme peso fiscal daba ni daría abasto para colmar la codicia de esa nómina indolente de proto “ciudadanos ejemplares”, sui generis. Esa bandada de águilas burocráticas, oficiales y otros ejemplares de trajes diferentes; sólo prestaban atención a repletarse los bolsillos a costa de sus propios familiares, allegados, vecinos, amigos e incluyendo a sus compañeros de trabajo más humildes (las perdices de cuello negro), que también se las tangueaban con sus semblantes de bobos de la yuca, sin ser tales.
Los ciudadanos del condado (de todos) estaban agobiados por sistemas fiscales diabólicos, generadores per se de la auto destrucción de la paz social, al empobrecer de manera minuciosa y sistemática a su propia ciudadanía. Exacto al macabro acto de la reproducción en el mundo de los arácnidos, donde la hembra devora a sus propios hijos y se carcome ella misma; algo parecido al chiste negro del dios Neptuno el cual se desayunaban con su prole cocinada de vuelta y vuelta, sólo que este ser fabuloso de políticas viejas, tenía tantas vidas como el Gato de la Divina Pastora.
A cada nuevo alcalde le convoyaba su cohorte de tracatanes, chicharrones, jalalevas, canchanchanes, aduladores, soplatuberías y de vuvuzelas, y también los destupecaños inevitables como los rompeolas; a la cual debe hacer espacio el alcalde de turno en una nómina, ya engordada por anteriores bandas de tragones e irresponsables. Tal era espejo del resto del país visto por el niño y su perro en manos, por justa elecciones, de un partido político desnombrado por un líder inexplicable que lo embarra, quien aupa la morosidad y vagancia endémicas del burocratismo que le enchumba. De ahí, el desmesurado desborde y engorde del tamaño del gobierno en cada período electivo. Tal aconteció y acontece en el condado de Ratten Fänger.
Un buen día, anunciarán las crónicas vespertinas, el alcalde de marras y sus comandos adictos, tan fieles como agradecidos de las dadivocidades del sistema; se retirarán por etapas de la escena arruinada –al estilo militar– en medio de las sombras y repliegues tácticos estudiados durante años. Será con el mismo sigilo de Befehle ausgeführt eine gefährliche Mission (Comandos que han ejecutado una misión riesgosa) contra una base enemiga de bereberes terroristas, en Libia. Claro, ya con los tanques repletos y avituallados con pensiones y beneficios inmensos que los ciudadanos deberán sufragarles de por vida a estos benefactores (sus ciudadanos furiosos e iracundos les apodan “los zangaletones“); con los impuestos que los otros relevos alcaldicios cómplices y dolosos; se cuidarán de aumentar cada año para asegurarse todos un fabuloso estándar de vida confortable, incluyendo sus sucesores. Así, se repetiría el ciclo ponzoñoso cada año fiscal, æt eternum, bajo un status quo impuesto alevosamente a los ciudadanos, por estos profesionales mañosos.
Los medios, la ciudadanía y sus líderes más prominentes –y los honrados sufrientes como el niño y su perro, y también los asqueados de los burócratas en el país entero– no cesaban de denunciar la vida muelle de los funcionarios parásitos a escala nacional, absortos en una desaforada super remuneración auto asignada. Un chiste tan ofensivo para los ciudadanos, que les costó la cárcel a una cuadrilla de estos malvados, en el esquilmado pueblito de Campana Angelical en Tierras de “Califerne“. Pero ese ejemplo, les importaba tres carajos a los “N-Magníficos”, porque con sus cerebrejos de Ave Fénix, pensaban siempre, en cómo retornar a las andanzas, cada vez resurgiendo de entre sus cenizas para encontrar nuevos ardides o quizás triquiñuelas. Por razones desconocidas, ciertos nigromantes profetizaban que esos cataclismos no tenían trazas de suceder en Ratten Fänger. Hasta el día en que el piso se les hundió.
En esas ambiciones incontrolables –explicaban los líderes de los propietarios agrícolas y urbanos, intelectuales, periodistas, pasantes, obreros, profesionales, comerciantes, artesanos, jornaleros y del pueblo llano; incluyendo a los vagos, souteneurs, delincuentes, marginados hasta los indigentes–, no existían diferencias entre la gula del más encumbrado y el más sencillo de los empleados. La única disparidad consistía en que los leones de rango alto cuentan para servirse el rancho con cucharones (tamaño comercial) y marmitas soperas, mientras que los de bajas alzas recurrían a cucharillas de postre y escudillas modestas, tan profundas como las cuencas de sus manos.
–¡Eureka, albricias hermanitas de los Santos Óleos, demos tres vivas por la Madre Superiora! –exclamaban extasiados tras la firma de los contratos, alborozados como un hato de novicios, correteando incontinencias por los predios del Collège de le Bois-de-Boulogne. Porque en verdad de hermosa les era la vida incontenible arrancándole calderillas a los vecinos de al lado.
Así, al terminar la repartidera, todos sin excepción entonaban liturgias gregorianas y loas de contenturas por vivir en tiempos y lugar tan ideales, felices de la parte alícuota que pudieron arrancar de los despojos comunales; sin que los gobernados indefensos pudieran amparar sus quejas en la Constitución y ni en ninguna otra autoridad civil o judicial independiente que se diera por enterada sobre lo que todos saben, les protegiera del desastre. Esa triple peste de avaricia, codicia y mezquindad –primas hermanas del egoísmo, cicatería y ruindad– puesto que todas son pecados capitales; no sopesaban en la compasión de esos ciudadanos de halos pristinos desdibujados por los demagogos de las asociaciones de empleados como seres extra galácticos de un humanitarismo tan elevado, a punto de alcanzar la misericordias y redenciones de cualquiera de los apóstoles bíblicos.
Crônica do Fim da Inocência
El otrora castillo hermoso y acogedor de los hamelinenses, hoy mustio, se destacaba por las gárgolas plateadas, agujas góticas doradas, saltimbanquis, arlequines, juglares, magos, brujas (buenas y malas), sastres, zapateros, curtidores, armeros y otros; que decían de los esplendores de otroros y ya idos, buenos tiempos para todos los hacendosos. Ahora imperaban el desorden, desolación, angustia y frustración ciudadana; que les hacían lucir opacos en un mundo que los tragaldabas desbordados, les hicieron renacer un resquemor justo y visceral contra los funcionarios, empleados e instituciones causantes de los malabares contra el pueblo.
Ningún alcalde de turno en Ratten Fänger –clamaban los ciudadanos airados–, tuvo la hidalguía de juzgar los desmanes, latrocinios y saqueos, reales o virtuales, de sus cúmbilas anteriores; pero tampoco los legisladores estatales o federales, quienes debieron ser los primeros.
Así pesó, aunque no parece serlo, el drama era observado como una pesadilla entrampada con el Código de la Omerta al mejor de los estilos milaneses, decían también espantados los historiadores atentos al tinglado, ya en ciernes.
Desde los tiempos en que San Jorge tasajeaba con su espada “Cantadora” a los dragones malos, para abrir caminos a la cristiandad y la decencia, miriadas de dragoncillos se abatían en cada Halloween acechantes sobre la ciudad. Esta aves de rapiña provenían de Der Nebelgebirge. Mientras, los alcaldes, sus ediles (no todos) y el resto de las bandas; se especializaron en abrir gavetas y deshacer legajos, en búsqueda de nuevos vericuetos. También, porque los Mayores siempre encontraban algún que otro leguleyo o economista sin entrañas; que les inducían a que tomaran leyes económicas sanas como “laissez-faire laissez-passer” (dejar hacer, dejar pasar) y por medio de embrujos y alquimias secretas, pactos y conjuros –como el uso de las piedras filosofales de Harry Potter, todos empíricos–, las convirtieran en banderas ominosas para justificar los artificios legales de antaño y hogaño. Una especie de post-grado summa cum laude para los amigos de lo ajeno.
Entonces saber (tonta, que a estos pejes les pareció la ciudadanía entera) que ya no habría necesidad de pillajes directos escandalosos a mano abierta, sino, simplemente aplicar el trick-or-treat de Halloween e inflarse abusadoramente los sueldos, prebendas y asignaciones, bajo y dentro de un monstruoso paradigma legal, de púrpura inmaculada e irrebatible.
Así las cosas desde aquellos tiempos, y que el niño y su perro observaron azorados y escucharon las historias en el espejo de la marmita, tras su arribo silencioso a las ensoñadas “Never-Never Land de la Fantasía“. Terrible si tal “Crônica do Fim da Inocência“, caía en manos de algún alucinado como el peripatético “Nyll“, el Anjo da Morte (El Ángel de la Muerte).
No sorprendió a los lobbyist profesionales que el condado de Ratten Fänger albergara sólo dos oficinas. Exactamente aquellas decididas por el alcalde, el cual estimó como las únicas requeridas para administrar un territorio tan inmenso. Eso estaría bien, opinaban los ciudadanos, si redujeran el gobierno que; como sucede en el resto de los reinos; descansa sobre las espaldas de los ciudadanos siervos de la gleba, como y con un peso abusivo.
En el tal condado de Ratten Fänger, el alcalde situó a los que estimó “los dos mejores funcionarios cognoscibles dentro del horizonte de las dos lunas“.
Uno era “Él” –por derecho electivo–, omnisciente y omnipresente, un Ombudsman que se mostraba arrogante y amenazador perfecto ante las críticas, pero antípoda de la inversa gramatical. Rumores advertían que en los sótanos y buhardillas del castillo, se escuchaban emboqueos de roedores, advertidos como unos pocos de los privilegiados o entes con ojos de sensibilidad superior y acceso fácil a las informaciones del quehacer condal, confidenciales y clasificadas como “no aptas para los profanos de la ciudadanía”, los medios e incluyendo a los 5 ediles buenos a quienes no dejaban ver ni oler la olla del cocinadito.
Leyenda de la Rattenfängerhaus , el luthier y un par de brujas “a calzón quita’o”
Una vieja leyenda de Der Schwarzwald tanto como desde 1284, nos recuerda que en la ciudad de Hameln todavía existe una morada famosa, la Rattenfängerhaus. En ella, cuenta la crónica, habitó un joven flautista mítico¹ con sorprendentes habilidades orfeáticas, capaz de encantar a los animales inferiores (ciudadanos con o sin levitas) con la música de su flauta, tal hacen hoy políticos y funcionarios menores de corcheas y semicorcheas, cuya trama se enlazó con leyendas de los destinos de los niños del condado y unos molestos taxónomos semejantes a las ardillas roedoras; acampados por toda la ciudad mágica, a causa de la vieja práctica del despilfarro, en la hoy triste y famosa por ser arruinada ciudad, ya en vías de convertirse en el que ahora seria el flamante caserío de Hameln.
Reciente, con anterioridad al arribo del tsunami económico, que abatió y barrió definitivamente con casi toda la riqueza del País de Oz y su reino; el condado fue albergue de un luthier nobel, genio de cuerdas y soplos, llamado temporalmente “El Flautista de Ratten Fänger del 21″. Éste alcalde no pareció dejar malos recuerdos para el condado. Quizás, por falta u ocultamiento de la información a los ciudadanos tal sucede hoy; pero con impuestos mas sabrosos que taparían cualquier imperfección del cutis alcaldicio, al parecer menos letal y más sonriente que sus sucesores. Porque la teluria nudosa con aquel babyface, de niño culto y educado; comenzó y acabó en los destinos de un extraño medio centavo que en lugar de emplearse en calles empedradas, puentes, tren bala, transporte, metrorail, infraestructuras, aeropuertos, drenajes y otros; o simplemente en los pampers de los hijos de Micaela (la de los chicharrones de tripitas); fueron a rellenar –según cuentan unas hadas tan salpiconas como soplonas y afiliadas a un VOLAG, (Voluntary Agency) protector de la vergüenza del pueblo– los huecos salariales y de pensiones que se tragaban y tragan el 90 % de lo recaudado.
Al menos cognoscibles por los ciudadanos, no existieron crónicas de demandas contra el luthier, por estos estragos mayores de cuarto grado, sobre el condado. El niño y su perro, miraban y escuchaban las historias espeluznantes en su marmita de colores, estupefactos, mientras cambiaban mensajes de textos.
Situados hoy frente a la primera oficina, la cual se ubica en la torre más alta del castillo y que casi toca el cielo; la vieron ocupada por el funcionario electo de mayor singularidad de entre sus iguales, la “Imponente Supermente Zerg“, ex controlador de la Cría Garm, de nombre Kaloth² , hoy flautista excepcional y quien estrenó el curule chair del Alcalde Recontra Superfuerte, a petición de sus fans embobecidos –como lo fueron los bardos de estos relatos–, hoy enfurecidos. Los votantes se lamentan haberlo elegido por un segundo período, al desconocer las inhabilidades e ineptitudes catastróficas de su preferido, en especial su falta de amor propio por no renunciar a tiempo o no consultar las cualidades éticas del mejor de los seppukus en venta on-line, y sus artefactos del suicidio como la katana y dai-katana para cortar la cabeza del suicida y el wakisazhi para destriparse y al menos, el código del bushido (Camino del Guerrero) como libro de cabecera para conciliar el sueño después de la hartura anual. Pero es que primero, el Honr. Punto y Aparte debería abrir el Bushido Sagrado de los Samurais daimyō (samurai noble, garde du corp del propio Shōgun) y leer la sentencia:
“As a samurai, I must strengthen my character
As a human being, I must perfect my spirit.”
(Como un samurai, tengo que fortalecer mi carácter.
Como ser humano, tengo que perfeccionar mi espíritu.)
Síntomas del códice que faltan a los fantasiosos, porque tales responsos no van con ellos. Sin embargo, el líder sí fue hábil en ocultar “cosas” –tal como se quejaban por las emisoras de radio y TV, los 5 ediles buenos ignorados–, algo parecidos a verdaderos Ombudsmen (defensores del pueblo). A este conductor de los destinos condales y de las familias atenazadas por sus impuestos, respatingado en su poltrona especial con masajes y climatizada, sus correligionarios le estamparon el confuso apelativo de “El Mago de Oz Dorado“³.
Éste líder andaba en ascuas floridas dado que la Bruja Buena del Norte –la escultural y no menos excitante Locasta– le había concedido el mayor de sus sueños: tener un “cerebro propio”. Con ello, el Mago se permitía pensar y así, prescindir al menos del 1% sus costosos 11,000 asesores (ellos juran ante la Biblia que todos son vírgenes); olvidando que estos colaboradores eran invulnerables por ser expertos en la Regla de Ocha y el Palo Mayombe. La bruja le colocó un cerebro laptop (de “quitaipón“) con baterías de ión-litio recargables, que no encontró, luego le insertó unas baratas y sobrevino el desastre. En un recambio, a Kaloth lo fulminó un cortocircuito entre línea y tierra que le afectó el lóbulo izquierdo con metástasis en el cerebelo. De paso, dañó el sistema límbico del administrador y al grupo de los ediles turulatos e incondicionales, conectados corticalmente a la red municipal. Ciertos imaginativos identifican esa interconexión astral, como una especie de síndrome de Stokolm auto inducido, de alto confort. Ello resultó desastre para el sentido común de los concejales turulatos, llevados a simples amanuenses convertidos a posteriori en escribas aterciopelados del medioevo, portadores todos de un laud digital.
La segunda oficina pertenecía a un gestor audaz, administrador zerg también, un fanático de los economistas de la Escuela de Chicago; envueltos ellos en sus teorías de las expectativas racionales (TER). Este era una prolongación mental de Kaloth , el Zerg Supermente; con nombre de pila, Cerebrado 4, quien por antonomasia, era la segunda flauta brillante programada para controlar el ansiado cash; pero sin opción como sucede a los novicios en todas las cortes, de abrir la caja fuerte de los valores espirituales, morales y éticos del condado (siempre bajo llave).
Dicho oficial, cargado con terribles arrugas burocráticas, fue bautizado de manera solemne por sus paisanos. Éstos lo sumergieron en el río Weser envuelto en una toga y cilicio a la cintura, de blancura inmaculada; los cuales no titubearon en estamparle cariñosamente el chiqueo de “El Hombre de Hojalata Brillante“. Alegría que irradió el Cerebrado: después de haberse aceitado y engrasado, ya sin herrumbres cuando dejó de emitir chirridos y pudo moverse en casi todas las direcciones, para laborar arduo y tesonero por el bienestar de sus conciudadanos.
Él, estaba contento con su corazoncillo nuevo lo cual le posibilitó tener sentimientos humanos. El artefacto le fue insertado por la Bruja Buena del Sur, la sensual Glinda, una especie rara de venusiana despampanante como la Silvana Mangano de “Arroz Amargo” y de tersura sugestiva tal modelo sueca; rabiosa con su cabellera aflechada; cuya piel cambiaba de colores laser según los grados Celsius de temperatura de excitación de su cuerpo casi plástico y por supuesto, poliformaláctico. Tanto Locasta como Glinda, por sus inigualables logros burocráticos fueron promovidas por Kaloth al rango de Ayudantes Ejecutivas de la Nada Cotidiana del vice gobernador de Der Schwarzwald (claro que en actividades itinerantes, porque estas chicas sufrían de picazones raras restringidas para menores al nivel restringido de filmes TV, PG-21) adjuntas a sendos jefes “mayimbes ékues” de esa provincia remota, con sueldos anuales que no los brincaría un chivo.
Ellas debían operar en Der Schwarzwald, conteniendo a los protestones de extramuros a como diera lugar, “rompeolas” de nuevo tipo. Curioso: sin tarjetas de créditos abiertas, ni estipendios vehiculares caros (siempre criticados a los alcaldes, ediles y otros funcionarios sacrificados), ya que ambas poseían escobas híbridas bimotoras auto renovables, que empleaban combustibles estelares.
Sudoku morfológico (según Jerpersen) Kikázaru “el sordo”, Mízaru “el ciego” e Iwázaru “el mudo”.
El niño y su perro, hicieron un alto técnico en esta narración. Porque algunos historiadores y cuenta-cuentos del lobbyism profesional, niegan que los hechos descritos en estas fábulas o leyendas infantiles para adultos –renuentes a dejar de ser niños–, hayan transcurrido exactamente así. Es lógico, pues se trata de una fábula toda imaginativa. Sucede que los correctores del INDEX olvidaron que en narrativa y en especial en ciencia-ficción, todo lo decente y no ofensivo, vale tal como está registrado en el chip de la melting-pot. También, porque no se cuenta una historia, sino que se imagina.
Según crónicas, cantares y caramillos de los amoladores de tijeras, cada año ambos funcionarios y sus concejales amigos –son 12 de los 17 integrantes del Consejo de Ediles Ancianos (CEA), porque 5 de ellos se declararon ediles disidentes en rebeldía (“y que se apreparen“, susurró Kaloth)–; tan cariñosos como taitas cazacangrejos genuinos del altiplano, aceptaban la repartición de los fondos condales entre sus infatigables empleados, funcionarios especiales e itinerantes (del mamoncillo y el marañón, que aprietan la boca), contratistas, proveedores de bienes y servicios, constructores, gastadores en insumos, consultores de boberías extra galácticas y consumos-insumos personales (como los de la chica de Ipanema) de sus protegidos y no del condado de Ratten Fänger; embuídos todos de una generosidad singular, tal si se tratara de dineros de sus propios bolsillos. Exactamente igual a como sucede en los ineficientes sistema totalitarios comunistas (y liberales de izquierda, hora estándar del Este en EE.UU). Claro que la repartición no funcionaría así, si tal team work de excelencias conspicuas por manirroto –el de “ponme la mano aquí Macorina“– hubiera estado al frente de empresas privadas, vigilados por el Inspector General Federal y accionistas iracundos que no les dejarían pasar ni una sóla bola mala o sucia.
Lo real era que esa parte inodora, incolora e insípida; tan inocua y no reactiva como el agua de los grifos; la integraban los ediles elegidos para vigilar en nombre del pueblo las actividades y “embarajes del tiro” a los funcionarios pristinos del condado, era la parte que menos atendían, salvo los cinco. Un chiste de mal gusto de esas “12 almas en pugna”, dado que ellos proyectaban la imagen de existir en calidad sine qua non de unos raros tresmonosabios retozando en un estanque de lotos amorosos. Es virtud-virtual que en la alcaldía de Ratten Fänger tal somía es secuela amorosa entre telarañas asexuales, sin que nunca sucediera nada en la nada cotidiana.
A saber, eran tres los micos imaginarios que gobernaban los altos principios morales y éticos del lugar y de sus jinetes apocalípticos de la acupuntura: Kikázaru “el sordo”, Mízaru “el ciego” e Iwázaru “el mudo”; todos adorados en el santuario de Nikko, Japón. De ahí, el dogma shintoista y basamento del síndrome gracioso de los tresmonosabios –lástima sin que exista una vacuna– acusado endémico por toda la pléyade burocrática del condado.
La fluidez incontenible de estos dineros provenía como siempre de la “Cornucopia (cornu copĭae) de la Abundancia Ciudadana” (muy picudo), o sea, el bolsillo de los contribuyentes acorralados. Cuentan otras crónicas que la mayoría del CEA actuaba así (pensaron honestamente los donores), porque seria criminal sustraerles del éxtasis que les embargaba a ellos mismos, los 12, al echar por la borda esos recursos del pueblo. Algo parecido a experimentar, según teorizaron después los parapsicólogos sincréticos seguidores de la Escuela del Æsculapius mítico, el síndrome parótido de localizar no “el punto A” del cacique Osceola, sino el “punto G” de su esposa Chechoter (Rocío Mañanero)
Como justificación ante tales alucinaciones de brujas goyescas, de las cuales se declaran inocentes ambos líderes y el resto del CEA obediente; adujeron (dicen que a sotto voce) estar apenados que los bolsillos de sus empleados estuvieran exhaustos, tras vacacionar tres o cuatro veces al año, con pago, –verdaderos martirologios de pasión bíblica como la del Cristo redentor– en cruceros mediterráneos, excursiones de Gulliver en el País de los Enanitos, tours elitistas al Himalaya, a las amígdalas de Gargantúa, a los templos de Luxor; el “Crasy Horse” parisino, paseos en góndolas con máscaras de antimonio por las cloacas venesianas, además de viajes al centro de la Tierra u orbitales en naves privadas siderales donde se les permitía echar al vacío –à la dernière heure– sus aguas menores, exactamente sobre el condado donde vivían.
Todo un primor espeluznante, adujeron el niño y su perro. Se trataba del conjunto de desgracias que les cayeron encima, que ni los propios Presidentes de los Estados Unidos de América, se los habrían podido dar de su peculio propio. Por tales razones, merecían un desarrollo emocional estable, y para ellos vale la máxima : “mens sana in corpore sanum”.
El zerg, de raza hydralisk, Kaloth y sus ediles obedientes, regañaban a los protestones por mirar mal a sus cuates, unos pobres diablos mal acostumbrados a recibir aumentos anuales automáticos por la misma labor, sin dar un golpe adicional. Pero tal, no era pecado mortal y nada más desgarrador que verlos el día del cobro, afligidos y haciendo pucheros. Es que perderían hoy lo que les prometieron para el año próximo. ¡Uao!
El condado de Ratten Fänger, decir, aumentaba sueldos por “hacer bien el trabajo” por el cual ya se les pagaba una prima “por hacerlo bien” y además les premiaba por “haberlo hecho bien por lo que le pagaban por hacerlo bien”. Cuestionar este intríngulis de trabalenguas, según una parte de los consejeros electos, que de hecho representan al gobierno y no a sus electores (en una burla grotesca); seria un abuso traumático para estos empleados candorosos quienes ya se habían asegurado una vejez esplendorosa por los siguientes 80 años, un sueño irresistible del que no disfrutan quienes les pagan sueldos y beneficios.
Estos “N-Magnificos” sufrían los horrores de ver la carga insoportable que todo ello significaba, para la liviandad del ser, de sus subalternos atormentados. Unos infelices que no sabían qué hacer con tanto dinero, sudado por los esclavos viles del populacho sinvergonzón del vecindario –porque ahí están también mamita y papito del primo segundo de Olga “La Tamalera”– que desperdiga sus últimos harapos en derredor del Castillo de Oz.
Sucedió que algunos vecinos “desagradecidos” protestaron indignados por su impotencia ante la temible honestidad de sus servidores. Con tales reclamos, se rumoró, que ciertos funcionarios “N-Magníficos” alegaron que los quejosos demostraron ser “una piara de granujas envidiosos, egoístas, insensibles y sin corazón“; como los espantapájaros del maizal de Bartolo, a los cuales la inmerecida indignación les dio por apodar injustamente a las Oficinas y dependencias del condado “cuevas de Avaricia” por supuesto, injustamente.
En “respuesta contundente y firme a los ingratos” –fue comidilla en sótanos y buhardillas del castillo– unos burócratas (excelsos patricios equivocados) se fueron a las murallas que les protegían y desde sus alturas, imprecaron a los protestones ofendidos, tildándolos de “grupúsculos de morones indolentes“; empleando igual lenguaje y métodos coercitivos que la asociación caritativa de los Monjes Cartujanos de la Serenidad Asceta (ONG) de la Misericordia Divina; que rige con mano férrea en una isla situada a unas millas al Este del Paraíso y del estado de Nieder Sachsen. Es en el atormentado país de “las manos pequeñas” mejor conocida por su alias en el bajo mundo subversivo y ficheros del CIA, FBI e Interpol como “Manila” el nom de guerre de la banda guevarista, al lidiar con sus opositores políticos.
Escualos, pirañas y saurios acechan a un niño, su perro y al Caballero Andante del Rizo Blanco
Quizás, los servidores zergs del StarCraft, sin codicias ni desprecios arrogantes hacia el pueblo inerme; ni sabían que con ello profundizarían la línea fronteriza existente entre esas hoy inspiradas incubadoras de odios, las aparaturas condales, y sus propios ciudadanos angustiados. Ahora repletos de saña contra quienes les esquilmaban y les daban tapabocas simbólicos, claro inocentemente y con guantes de seda.
Al parecer, la intención oculta era tornar la línea divisoria en un foso ensanchado y profundo cuajados de escualos, pirañas y saurios marinos, que distanciaría para siempre a electores y elegidos. Ciertos fulgores, apuntaban que ello les importaba otros tres carajos a los funcionarios y a su tribu de adoradores; todos anidados en el Castillo de Oz, pues para el año próximo como en los anteriores; ya agazapaban nuevos aumentos de sueldo y prebendas irrebatibles por el populacho inculto o los ediles fieles al pueblo. Todo pareció indicar una conjunción planetaria de úkases señoriales impositivos e insoportables, generados por ékues aleatorios y echeniques azarosos, en un descomunal desparpajo jaujeño.
El Mago de Oz Dorado y el Hombre de Hojalata Brillante, concluida la postal de aquella tenebrosa batalla presupuestal entre leones insaciables y monos amarrados, se infiere, decidieron como cada año irse a deambular placideces bucólicas por los jardines majestuosos del que ya estimaban “su” condado.
Cerebrado, mi entrañable “ékue”, mirad los lirios de nuestro valle —apuntó El Mago de Oz, hacia los jardines versallescos de Louis XVI, aspirando profundo, extasiado con la bruma matinal que le humectaba la piel. Y estampó en sus labios un rictus cruel al estilo de “Lorenzo, el Magnífico“.
Es fascinante, Kaloth, mi “ambia echeniqué”, fascinante, fascinante, fascinante… —exclamó El Hombre de Hojalata, como si estuviera sujeto a un trance hipnótico regresivo desde su niñez, mientras que con la oscilación rítmica de su cabeza, imitaba el cadencioso tic-tac de una clepsidra alejandrina.
Quizás todas esas sinrazones obligaron a que el niño y su perro –ya acampados en las inmediaciones del Castillo de Oz– elaboraran conmovidos ante el huracán de desgracias, una petición de clemencia para salvar al pueblo desamparado, sugerida por el Hada Buena en un e-mail directo a la marmita. También les dio por sopesar que, si por una casualidad o artes de magias lograban salvar los obstáculos del foso infernal; más le aterrorizaban ciertos fantasmas “Freddy” descuartizadores y “Hannibal” devoradores, que les esperarían en acecho dentro de cada oficina amurallada y forrada con cristales anti huracanes.
Por eso, aterrados, ni ellos dos ni ninguno de sus otros amigos del pueblo e incluyendo ciudadanos simples, voceros, periodistas, intelectuales, retirados, voluntarios, todos atemorizados por las venganzas de los funcionarios kafkaianos –como sucedió contra el personaje simbólico, el ciudadano “Josef K.” en “El Proceso5 – consideraron no volver nunca jamás al Castillo de Oz. El que siempre debió ser La Casa de Todos los Hamelinenses”, vista por los ciudadanos como su morada apacible y protectora sin líneas fronterizas, fosos ni licántropos feroces.
Entonces comenzó a caer la “Noche de los (Fieles) Difuntos” y de otras almas voladoras abandonadas entre las redes de la Noche de Halloween, almas coincidentes. Contrastada con el blancor de la primera luna, se volvieron a destacar los dragones botafumeiros, especializados en enrojecer el final de los atardeceres. Igual sucedió con el fulgor de la segunda luna, donde se observaron las mismas figuras ennegrecidas de los dragoncillos, estáticos y suspendidos en el aire amenazante, ansiosos de alcanzar la mayoría de edad. Todos esos monstruos eran símbolos de castigos e inenarrables malos augurios para los expoliadores de los ciudadanos inermes.
Después, un delicado tintineo en la marmita les indicó al niño y su perro la llegada de un nuevo e-mail proveniente del “trasallá“, donde habitaba la Señora del Hada Buena, y en el cual se leyó:
—”Un Caballero invencible en todas las justas, nombrado “Elquebrama”, de rizos blancos y famosa estirpe del Reino de David; ya avanza raudo con su caballo, armadura y lanza en ristre. Pero esta vez, no precisamente para arremeter infructuoso contra molinos de viento”.
—Entonces quedan esperanzas —
transmitió el niño a su perro.
En eso, unos golpeteos repetidos ya tocaban en demanda fuerte y airada, a las puertas inmensas del Castillo de Oz. Un funcionario tembloroso, repleto de presagios malos y peor olientes, se acercó azorado a las murallas y le sorprendió ver abajo a Megera, Alecto y Tisífone –las “Tres Furias”– aporreando frenéticas las puertas inamovibles de la fortaleza. Eran las enviadas por la “Anunciación de la Sacacuentas Ciudadana“, para adelantar las buenas nuevas sobre el arribo inminente del infatigable Caballero Andante del Rizo Blanco. Para nadie fue un secreto que este gallo (no bolo) venía a jugársela al canelo en la valla condal, calzando filosas “espuelas del 15”. La lidia, en nombre de todos los ciudadanos ofendidos, seria pactada por el Caballero con los funcionarios, para el ajuste de la cuenta final.
Epílogo
Saber, reiteramos, que toda la saga de esta leyenda o fábula incluyendo nombres, parlamentos y lugares, es ficción. Si tiene semejanzas o similitudes con hechos, símbolos, personajes u otras situaciones o narraciones reales, ficticias, apergaminadas o contemporáneas, es pura coincidencia. Nada intencional en este mundo sincopado de “lo real maravilloso o realismo mágico de la literatura latinoamericana”, en el decir de Carpentier, un escritor cuasi cubano portador de rarezas zurdas del surrealismo de Lam, obsolescentes, de cuyo trauma nunca se recuperó.
El nombre del condado de Ratten Fänger y elementos asociados, son puntos geográficos tomados en calidad de virtuales, es decir, en simulación solipsista (virtual artifact). Para los historiadores y estudiosos interesados en lograr la posible geoposición del condado en el plano cuadridimensional del mundo real, es imposible, dado que la trama de esta narración infantil adaptada para adultos es entrópica en un 86% y entálpica en un 13%, con un varianza de error deslizante de 1 ± e = ∫log n.10¯¹³ ( o sea Σθ…n, sí el lim ζ→∞) 6 . Claro, un verdadero desastre.
¡Be warned!. Se nos olvidaba advertir, que si han a visto merodeando por ahí a algunos de esos alcaldes, lobbistas de perogrulladas, funcionarios, publicanos, lictores, activistas gremiales, cabezas de escuelas comunitarias, organizaciones non-profit u otras criaturas; todos alegando ser benefactores sacrificados por el pueblo por favor llame al 911, para brindarles protección. Porque en opinión de muchos de esos mismos ciudadanos “protegidos” por estos salvadores del pueblo irredento, ellos –los ofendidos– piensan que faltó embadurnarlos con alquitrán (¿repetir el Boston Tea Party?) y emplumarlos.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2010
lejardil@bellsouth.net
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(1) “Der Rattenfänger von Hameld” (El flautista de Hamelin), de los hermanos Grimm.
(2) “Kaloth”, un zerg de los líderes ficticios del enjambre, cuya existencia es un enigma, pues en la serie StarCraft, se le supone eliminado por el templario Zeratul, siguiendo órdenes de Sarah Kerrigan (sic),
(3) “The Wonderful Wizard of Oz” (El maravilloso mago de Oz), de Lyman Frank Baume, 1900
(4) “Cerebrado”, una prolongación de la imponente supermente Zerg de la serie StarCraft (sic).
(5) Ver, “Der Prozeβ” (El Proceso) de Frank Kafka (1925)
(6) Los investigadores, habrían de partir de la 5ta. dimensión del modelo teórico de Kaluza-Klein (Teoría de Cuerdas), el teorema de Lulo-Kubilo o atacando el punto de inflexión, por medio del modelo diádico de la dimensión fractal de Hausdorff-Besicovitch. Una visión contractual con el empleo de tensores cuánticos (aproximadamente) está plasmada en la cinemática fílmica de la serie de ciencia-ficción de “StarCraft”, claro, con incidencias en las tres razas.

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Sargento, ¿a qué esperar para comenzar la revolución? II/II


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Un selfman, quizás
Fulgencio Batista y Zaldívar —selfman por excelencia— era un sargento-taquígrafo proveniente de la Guardia Rural, autodidacta, inteligente y perspicaz. Éste, ejercía dicha función en el Estado Mayor del Ejército Nacional de Cuba, durante los juicios militares, habilidad valiosa en extremo y a la cual se unía la de mecanógrafo excepcional. Largo y tedioso resultó su camino desde el batey de Veguitas en su natal de Banes, Holguin; hasta situarse de una manera tan brillante como sorprendente, entre los líderes que en ese momento decidían sobre los destinos de la Cuba emergida tras el vendaval machadista. De la nada, de ser un oscuro chupatintas, se convirtió en el hombre más poderoso de Cuba durante el período transcurrido entre la caída del gobierno machadista y el fin de la II Guerra Mundial (IIGM).
En esa madrugada aciaga del 4 de septiembre de 1933, la balanza del poder compartido entre civiles oposicionistas; cultos y educados; y los militares de bajo rango, se inclinó definitivamente hacia los últimos; poseedores de la disciplina militar para el combate y lo más vital, las armas. Todo quedaría como un acuerdo cívico-militar.
Aquella masa enardecida, se mostraba dispuesta a sacudirse de encima a los “oficiales opresores”; que por cierto nunca existieron así ni se comportaron como les endilgaban, los ambiciosos de abajo. Su quehacer exclusivista, como clase castrense no difería en nada de cualquier otra élite militar de academia, las de antes y las de ahora. Eran y son los motes propios de las épocas en que los países andan en revoluciones o morosidades levantiscas.
Los anarquistas y libertarios, se hacían eco y aunaban los fantasmas fabricados por sectores del ala izquierda oposicionista; a la cual se adherían los aguadores comunistas –que nunca dieron un golpe contra un Machado, quien era su mecenas en secreto–; intentando confundirle al pueblo llano, siempre alelado y “detrás del palo”, de que los integrantes de la oficialidad de academias eran umbilicales con la burguesía. La oficialidad del ancien régime significaba la figura contra la cual las clases y sargentos pudieron despotricar ilesos, desde el mismo momento de la caída del gobierno machadista, el 12 de agosto de 1933, anterior al movimiento gestado para septiembre.
Los conspiradores, sin un plan detallado, se encontraron de pronto con que entre sus manos se revolvía un coup d’etat, en realidad un “complot de los sargentos” (ver: “Técnica del colpo di Stato” de Curzio Malaparte, 1930 o “The man on Horsback: The Role of the Military in Politicts” Samuel Finer, 1962).
Ya desde esa madrugada, Batista comenzó a moverse con cautela, aunque conociendo a fondo los puntos claves hacia donde dirigir sus capitanes (jefes de grupo) y los hombres de sus destacamentos respectivos. Alguien dijo por ahí que fueron los sargentos principales los que metieron a Batista en el complot, “porque este era el único que poseía un automóvil (un lujo en aquella época), para moverse con rapidez”.
Tal vez parecieran decisiones tomada sobre la marcha, pero todo se precipitó, exactamente, hasta el momento en que este sargento divisó la hendija apropiada en aquel maremágnum revolucionario, y como todo en arrebato latino y para mas desgracia, tropical. Su intervención, puesto que era un verdadero desconocido en las filas civiles y militares, excepto en las de los soldados, fue la catalizadora de los ánimos y exaltaciones en ese amanecer.
El diversionismo provocado por la intromisión de los comunistas con su retórica inflamatoria y la consecuente e inmediata expulsión del local del Club de Alistados; fue apagado por parte de aquella masa integrada por los militares, Directorio Estudiantil Universitario (DEU), anarquistas, abecedarios (ABC) y otras facciones que, estando permeadas por los comunistas y anarquistas, recelaban de su compañía.
Estaban incluidas las correspondientes y respetadas tropas de choque, la cuales la constituían los abecedarios, anarquistas, libertarios y otros; casi todos comandos dedicados a actividades terroristas. Iguales a los que en su tiempo y durante su revuelta sierramestrina, el Dr. Fidel Castro Rúz desplegó en las ciudades y a las cuales denominó “Grupos de Acción y Sabotaje”. Se trataba de simples kamikazes patrióticos, pero sin el “viento divino” que salvo a Japón en 1281 de la invasion de los mongoles, hoy arrepentidos.
Pedraza y López Migolla se fundieron en una misma sonrisa de triunfo, en cuanto observaron la soltura tozuda del discurso de Batista; en cursar las primeras órdenes en voz alta; a quienes tomarían las unidades gubernamentales, policía, ejército, emisoras de radio y centros claves, sin que ningún otro líder chistara. Él, era el Hombre de ese momento álgido y para demostrarlo, gesticulaba con fuerza y repetía una y otra vez “sus órdenes”, a viva voz, a los mensajeros o por los teléfonos de campaña, inoperantes, instalados de inmediato a espaldas de los concurrentes. Sucedió que Cuba,desde 1910 disponía de un formidable sistema de comunicación telefónica automática, tal contamos hoy, que ni siquiera la ciudad de New York disponía en aquel entonces.
—Claro, que esto no es el asalto al Palacio de Invierno —ironizó Carbó, dirigiéndose a Carlos Prío Socarrás, sentado a su lado y cabeza del aguerrido DEU.
Benítez Pancorbo dio el parte de su gestión por el teléfono local, posesionado ya del mando en el Cuartel Maestre de San Ambrosio; y calculaba los pertrechos que necesitarían 1,500 tropas, durante las 72 horas previstas para controlar la capital.
Tras largas deliberaciones, en la mañana del 4 de septiembre de 1933, Cuba tuvo un nuevo y denominado Gobierno Colegiado. Se le denominó “colegiado”, por sus características especiales de ser una “junta de notables”. En realidad se trataba de una Pentarquía. Ello significó un escándalo vorticial que el Presidente Céspedes quien, sorprendido, sólo atinó a ver desatarse en su vaso de agua y que lo arrastró más profundo en el abismo de la indiferencia, junto con todos los hilos de su efímero gobierno.
Una proclama de los estudiantes, intelectuales y soldados fue enviada a la prensa y radio, explicando los motivos y objetivos de la revolución contra Céspedes y su gobierno. La firmaban entre otros civiles, aquellos que después serían presidentes de la República de Cuba: Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia de los Reyes Gavilán y Carlos Prío Socarrás.
De los 19 firmantes, la rúbrica del único militar de entre ellos fue la que apareció al final y quien también oficiaría más tarde, en los años 40, como presidente electo por el voto popular. Tal si con dicha firma revolucionaria, el Asunto Cubano podía darse por concluido.
Era la firma de un anodino sargento-taquígrafo, el ya mencionado Fulgencio Batista y Zaldívar. Cuyo apelativo fungía a su vez, como nom de guerre que utilizaría durante los subsiguientes 6 años. Ello se debió a que nació “Ruben Zaldivar” (por la madre, ya que el padre no quizo reconocerlo), y en consecuencia, no existía una inscripción de nacimiento con el nombre de “Fulgencio Batista” que mostrar a las autoridades electorales, cuando aspiró con todas las de la ley a Presidente de la República, en 1939. Nadie objetó este hecho desafortunado de su infancia, puestos los ojos ahora en el líder inobjetable
Este líder era una rara avis para los duchos ilustrados en política nacional e internacional y el carácter culminante del drama, porque Batista firmó –premonitorio–; en calidad de “Sargento Jefe de todas las Fuerzas Armadas de la República“. La intención manifiesta de Batista se manifestó en que no estaba para esperar las calendas griegas, manso, varado en ese punto y momento.
La anterior “Unión Militar de Columbia” (UMC), se había transformado en la “Junta Revolucionaria” (o “de los Ocho”), integrada por Pablo Rodríguez, Fulgencio Batista, José Eleuterio Pedraza, Manuel López Migolla, Juan Estevaz Maimir, Ángel Echevarría, Mario Hernández y Ramón Cruz Vidal.
Ellos constituían un selecto grupo de extrañados con las peculiaridades de la política cómica, y quienes además se habían repartido mandos, responsabilidades y los inseparables peligros inherentes a los osados.
Todos, aspirantes a ser los dueños del mando y todas las jerigonzas del Asunto Cubano. Tras bambalinas, los militares, serían quienes detentarían el poder real en Cuba. Raimundo Ferrer, Francisco Tabernilla y Manuel Benítez, todos oficiales del Ejército Nacional anterior, renunciaron a sus grados y se integraron al golpe, como simples soldados. Esta decisión, coherente con las respectivas imágenes públicas, les brindó después pingües ventaja en sus carreras políticas y militares.
Con inconmensurables esperanzas ciudadanas, se inauguró el nuevo gobierno al que se le denominó finalmente, “Pentarquía”. Ello fue consenso, después de aceptado con antelación un programa concordante, como el del DEU en una rara simbiosis con el del ABC, un movimiento que estaba permeado por las ideas fascistas, como la única vía de solucionar el ajiaco criollo, sin atender a las características convoyantes a un simple grupo de matones, al servicio de una dictadura cotidiana.
Un sargento llamado Batista
El Dr. Ramón Grau San Martín resultó elegido como Presidente, Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, Sanidad y Beneficiencia; José Miguel Irizarri cobró la atención de las secretarías de Obras Públicas, Agricultura, Comercio y Trabajo. Les acompañaban en la aventura, Porfirio Franca en la de Hacienda; Guillermo Francisco Leopoldo Portela Möller en las de Estado y Justicia. Sobre Sergio Carbó Morera recayeron las secretarías de mayor peso, más en aquellos momentos, como eran las carteras estratégicas de Gobernación, Comunicaciones, Guerra y Marina.
Carbó, junto con su inmenso prestigio controlaba las fuerzas militares, judiciales y de policía. Este hombre poderoso, en unión de Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras Holmes, eran estimados como el triunvirato civil perfecto para domar a Batista y al resto de los líderes militares nacientes. Pero la cosa no funcionó así. La consolidación del trasfondo militar del gobierno, según Batista, requeriría de enfrentamientos con los antiguos oficiales del ancien régime. Este encuentro lamentable se produjo cuando los hechos del Hotel Nacional, donde los oficiales se habían atrincherado, por lo cual Somner Welles abandonó el lugar sitiado por las tropas gubernamentales.
Batista les ofreció condiciones favorables a los sitiados si abandonaban su actitud, pero la oficialidad se negó. El 23 de septiembre el gobierno decretó la reincorporación de los oficiales a sus cargos. El 2 de octubre de 1933 las tropas gubernamentales asaltaron el hotel y se entabló el combate, donde los oficiales se rindieron finalmente, después de agotar el parque. Algunos, fueron ultimados a mansalva por iniciativa de los soldados.
Esa tarde, cuando Céspedes llamó a la cocina de Palacio, nadie contestó. Ya los Pentarcas habían tomado posesión del Palacio Presidencial, mientras Batista anunciaba eufórico a Somner Welles las indeseadas nuevas. Grau, fue el encargado de notificar la infausta noticia al depuesto presidente Céspedes, quien entregó al mayordomo las llaves de la casa presidencial y abandonó Palacio tranquilamente por sus pies y sin sus ayudantes.
Welles olfateó, después de ser informado por sus escuchas, que los nuevos gobernantes acusaban “tendencias comunistas”, en especial Grau y Guiteras. Washington acarició la idea de enviar una escuadra a Cuba, acudiendo a la Enmienda Platt, la cual cernía aún su poder de alternativa sobre la Isla de Cuba y sus cayos adyacentes.
La Pentarquía ofició hasta el 10 de septiembre de 1933, con la proclamación del Dr. Ramón Grau San Martín, como Presidente Provisional y único. Éste, no juró el cargo y la Constitución de 1901 ante el Tribunal Supremo, tal era lo acostumbrado entonces; sino ante el pueblo al cual convocó a reunirse frente a la terraza norte de Palacio, el día de la proclamación.
En su retorno al Hotel Nacional, Welles redactó un cablegrama trascendental. Contestaba el similar recibido de Washington, en el cual le solicitaban indicar, “quién realmente mandaba en Cuba”.
Welles trajo a su mente la imagen de un tipo no alto, de habla gutural, que se comia las “eses”, tendente a lo rechoncho, cara redonda, piel color cartucho, de boca ranina y otras etcéteras, no precisamente cinematográficas. Pero que encajaban al dedillo con cualquiera de los otros militares, que mangoneaban a cualquiera de las repúblicas de Centro y Sudamérica, los que mantenían buenas relaciones con EE.UU.
Se trataba de un líder con los pantalones bien puestos y que, no por casualidad, era el Big Boss; y quien en el patio cubano impartía las órdenes al Ejército, políticos, funcionarios y mantenía el orden en Cuba. Signos inequívocos, de que los interesas extranjeros invertidos en Cuba, estaban garantizados. Algo, que desde el punto de vista político y económico, no era nada despreciable. Luego, Welles no dispuso de un amplio muestrario entre aquellos cubanos casi enloquecidos, que andaban en revoluciones. Al menos, el tipo le serviría para contener a Grau y Guiteras.
—”Un sargento llamado Batista” —señaló Welles, en su lacónica respuesta a los halcones del Potomac. Esta frase histórica, en los tiempos siguientes, se tornó simbólica para los unos y escalofriante para los demás.
El mencionado, ajeno al intercambio epistolar; lo cual tampoco le importaría, de saberlo; ya de su manera habitual –siempre premonitoria–, se enfrentaba a la Trigonometría del alza y deriva de los cañones. El líder intuía latente, algún tipo de enfrentamiento inevitable e inmediato con los oficiales de carrera., lo cual se produjo a inicios del octubre siguiente. 
Antes de esos hechos lamentables del Hotel Nacional, la tarde de septiembre 8, 1933; el ministro Carbó recibió a Batista, quien le había solicitado una audiencia. Batista andaba quejoso de que los oficiales no le prestaban caso ni le obedecían por ser un simple sargento taquígrafo.
—Entonces, te nombramos general y sanseacabó —apuntó Carbó, jocoso, sabiendo que tal rango no existía en el Ejército de entonces.
—Por favor, señor Ministro, es demasiado, y yo le hablo en serio —respondió Batista, con el aire modocito de “non queiro, non queiro, pero échamelo en el sombreiro“.
Carbó miró de hito en hito al personaje que había manejado tan bien lo del 4 de septiembre. La guerrera impecable, las botas de los oficiales de piel de cochino con espuelas, el sable, la pistolera y la enorme gorra de plato. Todos relucientes. Después, tomo una decisión de las más trascendentales para el futuro de aquella Cuba convulsionada y le anunció de pronto, pero en tono calmo:
—Pues, te haremos Coronel —sentenció el Ministro y agregó irónico—: Tú sabes, pondremos “por méritos de guerra y las otras etcéteras acostumbradas”. ¿Cómo te va?.
Batista quedo turbado con el anuncio. Miró fijo a Carbó, quien le sostuvo la mirada con el mismo brillo de quien espera una respuesta. Batista tragó en seco. Era real el ofrecimiento.
—Pues así sea, Ministro, y le agradezco —asintió Batista, cuadrándose militarmente. Y no brincó de gozo, en aras del protocolo.
Tal resultaría el inicio de los siguientes fabulosos cien días del gobierno de Grau y Guiteras, y de la carrera de este líder de botas y guerreras, las cuales entonces le quedaban grandes en responsabilidad y sapiencia, pero que les eran ajustadas al portador por su audacia, de una firmeza excepcional.
Pa’sue’copeta —farfulló de corrido Batista, ya en la calle, sentado en el auto.
Y pensando en términos de política internacional, ya alguien le había comentado -ansioso de mostrarle sus aptitudes–, advirtiéndole que en cierto momento, estaría impelido a escoger el ala bajo la cual se cobijaría en los años próximos. Convulsos, inestables con un Japón tragándose la Manchuria, una Italia engulléndose Etiopía y Alemania comportándose como dueña de la Europa acongojada por su indefección y Rusia abriendo la boca sobre las repúblicas del Báltico. Alas de otros líderes mundiales antagónicos entre si: demócratas, comunistas o fascistas.
—¿Sabe usted Coronel —le sopló el ayudante desde el volante, ya enterado del ascenso—, cómo le dicen en voz baja, algunas damas de la high?”
—Pues, no. ¿Cómo?.
Mulato lindo —dijo el cabo y aguantó la respiración, agarrado al timón y encogido como un pirulí en su asiento.
Batista sonrió incrédulo y medio que vanidoso, porque damas tan finas; y de tan altas alcurnias y vuelos; hubieran posado su mirada sobre él, quien en su pequeña patria de Banes —no muy lejos del Birán natal de Castro—, arrancó trabajando como un simple retranquero de trenes.
—Carajo, y dale con la que canta y no pone —exclamó sarcástico y agregó—, ya empezaron con los jodidos nombretes. Pero eso lo arreglaremos con una buena levita y pechera, claro, si me admiten como socio del County Club.
Exactamente, esa era una de las tantas cosas lejos del alcance a comprender cultural, social, político y militar del ex sargento. Porque al final, cuando Batista fue Presidente Constitucional de la República de Cuba (1940-1944), —sin importar su étnia o linaje— seria reconocido como socio honorario de todos los clubs de la isla. Y no por su gusto, sino porque le correspondería la membresía de manera automática, de hecho y derecho, por ser un privilegio inherente a la dignidad presidencial. Lo otro, es historia conocida.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Febrero, 2009
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Una ayuda para Jean Brewe y Arizona


                           (Excusas, artículo en construcción)
El Grito”, un cuadro del pintor noruego Edvard Münch, supone ser uno de los lienzos expresionistas destacados; captadores de la angustia del bicho humano, en su hábitat social. El tropo, vale también para la zozobra de las naciones entrampadas en los flagelos del tsunami representado por los ilegales. No en balde, las sociedades cultas y organizadas –no cualquier inética, como son las zurdas–, andan celosas de conservar los altos principios vigentes en tiempos de los griegos, seres de un entramado mental bien ajeno a los peligrosos malos hábitos y chabacanerías, incivilizados todos, que trata de imponernos buena parte de la turba pululante al sur del Río Grande. Ellos representan hoy día, un cuasi estado beligerante operando impunemente contra EE.UU desde  nuestras propias entrañas. 
En esencia, un verdadero ejército extranjero de ocupación, al cual le proporcionamos, vivienda, alimentación, cuidados médicos, vestimenta, trabajo, etc. a costa de los contribuyentes. Un buen día, en unos años, de acuerdo a un plan establecido, el campamento puede recibir órdenes de levantarse en armas contra nuestro gobierno. El fin: lograr el secesionismo de los estados del sudeste y oeste, para anexionarlos a México. Pensar que se trata de medio centenar de millones de nacionales extranjeros.
Una élite de agitadores profesionales, se deleita en desvirtuar los valores eternos, que nutren la decencia y la paz social de EE.UU. Ver el desastre de las maras en los Ángeles, New York, Chicago y otros lugares desgraciados por esta ralea. Es decirle a todos los estados de la Unión, que serán gobernados por pandillas, las mismas que se despedazan en la frontera sur por la mañana y por la tarde, asaltan el santuario yankee para refugiarse. Son parte integrante de los ofuscados que hoy nos “exigen” amnistías. No sabemos cómo el incendio incontrolado de estos indeseables, le caerá en los ijares al presidente, el Sr. Barack Obama. No se trata de rechazar a los inmigrantes, sino de dar la bienvenida a aquellos que lo hacen legalmente, después de ser identificados. Estos ilegales, son una burla a los ciudadanos decentes que hacen filas ordenadas en nuestros consulados para solicitar una visa de  a los EE.UU.
Es que en Arizona hay una delicada mujer, humanista, por ser receptiva de los deseos  de sus conciudadanos –la Sra. Jean Brewer, gobernadora del estado– se ha “parado de bigotes”. Que en el decir de la Cuba estrujada es “Cantar la Guantanamera”, al ponerle un STOP al relajo de los ilegales. Y es alucinante, que le toque absorber la ira de la ciudadanía contra los infractores y, por gajes del oficio, convertirse en blanco de amenazas inimaginables por esa ola barbárica. En cualesquiera de las esquinas de mi barrio natal, es tener las dobles calzas bien puestas. Este odio a los EE.UU se desborda en boca de sus cabecillas nacionales.
Aquí no valen situaciones de catástrofes, de sitios o toques de queda. El estado de Arizona atraviesan un peligroso síndrome excepcional, causado por la invasión desmesurada de inmigrantes ilegales, los cuales tienen al estado al borde de hundirse en una peligrosa crisis social y económica.  No es raro que estos mendigantes clamen por boicots contra el estado que los soporta. Estas personas, carente de cultura ciudadana y social, montan shows calibrados desde el extranjero –uno de cuyos vectores descansa en Manila (La Habana), donde son entrenados– para quebrar la paz social.
Ello implica manipulación por grupos de agitadores profesionales, enquistados en organizaciones comunitarias parte de cuyos estipendios son sufragados por los contribuyentes norteamericanos. Se trata de un viejo complot contra los EE.UU. Una parte de los invasores, termina integrando pandillas o alguna versión del crimen organizado. En especial, en las urbes más populosas, envenenando con drogas a los vulnerables de la juventud y niñez, expuestos a la nefasta influencia de estos depredadores.
Con la promulgación de la ley SB1070, las autoridades y el pueblo de Arizona dieron una respuesta contundente, sin equívocos, a los violadores de las leyes y sus líderes repletos de odio, quienes alientan actividades subversivas contra los EE.UU. Se incluyen en la fiesta, una vergonzosa gama de artistas, veteranos legisladores demagogos, candorosamente “extraviados” o “auto confundidos” que revientan envidias, y otros confundidos. La Sra. Jean Brewe y el pueblo decente de Arizona, requieren de ayuda para neutralizar los inhumanos boicots y reivindicar el esfuerzo de sus ciudadanos. Es conveniente que los demás estados imiten a la valiente Arizona, en evitación de una destructiva guerra civil, programada por los enemigos de los EE.UU para los próximos 20 o 30 años.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
lejardil@bellsouth.net
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(Ver la versión completa del articulo en: “El Grito” de Münch, un arma letal contra  los Estados Unidos
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