¿Qué sucedió con los dramaturgos y demiurgos gnósticos, cubanos?


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Hace un tiempo, a finales de marzo de 2010, la Universidad de Miami (UM) llevó a cabo un singular evento con estrategias retrospectivas, vinculadas a la creación teatral cubana. Aunque ya para estos tiempos, lo plausible habría sido intentar desempolvar sus restos mortales. El encuentro no fue convocado, entendido ni encajado exactamente dentro un intercambio cultural. Todo indicó ser producto de una digresión privada afónica –algo parecida a una resurrección tolstoyana– de los interminables temas del Asunto Cubano y apuntemos uno: la libertad de expresión y creación. Una categoría de tanta importancia, que nuestros patricios no dudaron en tomarla como estandarte primado, tal quedó plasmada en la I Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica. Los hay que se las arreglan para torcer el significado de esta enmienda, sin licencias liberaloides o fundamentalistas, de igual modo ha sucedido con la tan vapuleada y torcida XIV Enmienda, al gusto de los “ciudadanos soberanos” con respecto a los inmigrantes ilegales.
El nominativo de “intercambio” adolece de síntomas parecidos y es aplicado de manera indiscriminada por una estela de reseñadores, los cuales parecen no entender la diferencia  entre un intercambio cultural o científico serio y otro que no lo es. Es que hasta donde sabemos, la condición sine qua non para bailar un danzón implica la presencia de dos entidades humanas de sexos opuestos, decididas a obedecer las reglas del sarao. O, en caso de un careo sublimado como amistoso e institucional tal es el promovido por la UM; suponiendo que las liebres están aptas para sentarse a discutir con los lobos; es obligada la existencia de opiniones disimiles en puntos de vista aleatorios, para un deleite franco de los participantes en aras de la pureza del diálogo.
La segunda condición en términos académicos, implica un plan detallado entre los dos o más países emisores y receptores de los contrincantes, uno de cuyos sitios, es sede. Este preámbulo conduce a entender que un particular por sí mismo no es necesariamente un elemento del intercambio académico, aunque sea integrado por fuerza al cónclave. La UM convocó al conciliábulo etiquetado, “Protagonistas de los 60“, al cual invitó a personas destacadas adheridas en alguna forma a la dramaturgia [ver el artículo de Olga Connor, “Miami reune a dramaturgos cubanos“, El Nuevo Herald, viernes 26 de marzo del 2010], esos hermosos destellos del arte teatral, en ocasiones cinematográfico o literario.
En el mismo, cuyas sesiones corrieron durante marzo 27 del 2010, participó un grupo reducido de dramaturgos, periodistas y especialistas cubanos de intra y extramuros, se infiere, incluyendo un cierto número de espectadores. Se destaca que ninguno de los gobiernos en pugnas se declaró patrocinador de una actividad tan subyugante. Los enterados de última hora que habitamos el patio miamense, nos quedamos con la curiosidad y en la oscuridad.
Ello supone estrategias de investigación o indagación quirúrgica, dirigidas a hurgar exclusividades entre las telarañas enrarecedoras de una de las facetas más especializadas y sensibles del drama isleño, la dramaturgia. A esta actividad, a la cual como un todo de pesadez insoportable la envuelven jirones trágicos del Asunto Cubano, deviene en el drama peor de la trágica cubana. Luego, no es arriesgado aventurar que el fin supuesto a alcanzar, era el intercambio de experiencias entre ambos segmentos de creadores, por lo general no divorciados intelectualmente muto propio, a la luz de las 51 sombras transcurridas desde la implantación en Cuba de un gobierno despótico, totalitario y de redundancia absolutista.
Estuvimos en presencia del intento de practicar la autopsia a un sistema exógeno de ideologías transnacionales, incompatibles con los altos principios de la libertad y democracia. Pero que esta ahí, armado con toda su crueldad de efectos especiales consecuentes, los cuales resultaron devastadores para la creación artística y la prosperidad intelectual. De igual modo con su objetivo primo –la destrucción minuciosa del tejido social, orgullo y autoestima ciudadana–, arrinconando la cultura nacional en todas sus manifestaciones; y creando en el sentido de fabricación robótica, sus patrones artísticos artificiales propios de la deliciosa chatura totalitaria.
La misma echada graciosamente a la cara de un público compuesto de espectadores envilecidos du berceau à la tombe (de la cuna a la tumba) por un régimen despiadado. Sólo repasar la vacuidad de los scripts cinematográficos y guiones insípidos de dramas intrascendentales impuestos por los comisarios, como línea de producción del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y dependencias del giro teatral, elaborados para el entendimiento de disléxicos mentales. En este caso, sucede en específico con las artes escénicas ya estaban sumidas en ese imperecedero foreclosure desde iniciado en 1959, donde pace uno de los custodios del camposanto intelectual de las artes todas, Antón Arrufat.
Los lectores exiliados, interesados en estos y otros aspectos de las Bellas Artes cubanas, las genuinas; consideraron que la dramaturgia isleña en ocasiones se viró valiente hacia el interior (muy difícil sin sufrir represalias y cuyas bajas fueron insustituibles) de la sociedad entera, con intenciones de escanear la magnitud del daño al carácter, principios e idiosincrasia de la nacionalidad cubana. Y de alguna forma, coadyuvar en explorar las posibilidades de dar voz a estos “secuestrados de Altona”. Tales aspectos de apoyo y enriquecimiento del acto cultural cerrado, inexplicablemente, la UM dejó pasar por alto tal si fuera una norma punitiva, si esta era saltada por algún confundido. En cuál lugar del exilio miamense habitan los dramaturgos cubanos, que no estuvieron presentes en el encuentro, ni los motivos de su invaluable presencia y el por qué ahora, son incógnitas. 
Los de afuera, salvo el reportaje de enunciación de El Nuevo Herald, nunca supimos la agenda de la convocatoria. A meses transcurridos, finalizado el evento, la redactora no nos ha deleitado dándonos señales sobre lo sucedido (tampoco la UM) en aquel cenáculo de eruditos, quizás sumidos entonces en un auto trance hipnótico de palabras congeladas e irreconocibles. Luego, no es descartable que surjan conjeturas acerca de los objetivos mediatos y resultados de la convocatoria proclamada a todas voces en medio de un desierto intangible.
Como invitados al evento, participaron dramaturgos y especialistas notables residentes en Cuba como Antón Arrufat, Abelardo Estorino y Eduardo Arrocha (este último, escenógrafo); también Matías Montes Huidobro de Miami (¿es que tenemos uno sólo?) y Eduardo Manet de París. Ahora, (comienzan las especulaciones inevitables) los integrantes del grupo selecto se embarca en otra digresión que intenta, ser conexa.
Ellos dictaron conferencias sobre disciplinas varias del teatro. Al parecer, de tecnicismo puro sin que nada implicara el abordar aspectos políticos; a pesar de la presión aplastante ejercida por el régimen sobre los intelectuales durante cada instante de su vida privada y profesional. Es que siempre hay un emisario de “ellos” (Manila) colado “por casualidad” en cada encuentro. Nada fuera de lo común en el modus operandi de los comunistas. Tampoco y quizás, no enteramente comprendido por la candidez de los auspiciadores, Alberto Sarraín y Uva de Aragón; aunque sí plenamente complementados por el miedo de los isleños de abrir la boca un milímetro más allá de los autorizados por el Comisario de Cultura. Porque al retorno, sus vidas pasarían de lo absurdo terrorífico a lo infernal del INDEX, al ser borrados como personas y ver sus obras incautadas y quemadas, por heréticas. No es de exagerar lo referente a la quema de libros, dado que existen referencias bien fundadas al respecto. El Arrufat y otros “bibliotecario” aterrados, lo sabe muy bien.
Acontecimientos de texturas y proyecciones de naturaleza tan finos, siempre vienen impregnados de sutilezas y curiosidades ingeniosas, como todo lo proveniente de la isla sincopada al ritmo de esa punk culture oftentetieso” (cultura vándala del tentetieso). Antón Arrufat, gracias a oportunas, aunque innecesarias artes del birlibirloque miamense, desde un mes antes de la actividad, era huésped fantasmagórico –¿dónde y de quién?– en nuestra comunidad. Entonces, en algún momento, se realizó la entrevista especial de la prestigiosa Olga Connor para “El Nuevo Herald“, con un resultado desastroso para la imagen del propio Arrufat. Claro que el traspié no fue achacable a la entrevistadora, sino a las malas artes seglares del entrevistado –considerando atenuantes– a quien no le seria fácil saltar de un plano temporal (totalitario) a otro real (democrático), y volver
¿La culpa? No provino sólo del ego estropeado de Arrufat por su mente reprimida, sino también por el subconsciente consciente, aterrorizado a causa de los monstruos sembrados por los comisarios en su Id atormentado¹. Siempre es y ha sido así en cada Gulag, por lo que la distopía armada por los hermanos Castro no puede escapar al escrutinio histórico de los Arenas, Solzhenitsin, Padilla, Djilas, Ravines y otros muchos valientes. Lo que sí resultó inconstatable es que nunca se pudo observar la fumata nera (humo negro) electiva en los predios de la UM (un tropo sobre los resultados del cónclave dramático), escapando por la chimenea más famosa del planeta Tierra, sembrada en el techo de la Capilla Sixtina.
Para los hors d’oeuvres (antipastos) izquierdistas –entrantes falsos vendidos como ideología misereada real para los llamados “desposeídos”–, es una cuestión del horror cotidiano: agarrar por el gaznate a los opositores y mejor si son mujeres indefensas como las Damas de Blanco, a las que Arrufat diría después con placer cínico, de ellas: “desconocer de su existencia“, y al final desaparecerlos sin piedad. Es el desenrolle del viejo arte de aplastar al opositor, escrito minuciosamente en todos los códices de las Lubyanka del Medioevo Socialista, desde cuyos sótanos respectivos –reza un chiste ruso– se vislumbra claramente la Siberia. Apuntan los dardos castristas y los de sus acólitos, a uno de los aspectos delirantes en ese “Nuevo (Sub) Mundo” (el cual espantaría a Dvořák), patrocinado hoy por los pícaros del Eje Apocalypto.
Entonces, de golpe y porrazo, nos sorprendieron las declaraciones del dramaturgo a su entrevistadora ( o escuchadora, porque las señales fueron tan tenues que fue imposible discernir, si se trató de un monólogo auspiciado por “Manila” (La Habana) para ser declamado ante la prensa miamense); en las cuales aparece un Arrufat lamentable, por lo errático de su destiempo expresivo, que confiesa: “…ni sé quien es Fariñas, ni las Damas de Blanco…nunca he visto una Dama de Blanco caminando por la ciudad. Ni creo que el pueblo de Cuba las haya visto. La opinión mundial nunca ha influenciado sobre lo que pasa en Cuba (sic)“. Expresiones muy sensibles para quienes amamos la libertad, esa abanderada por del mundo occidental judeocristiano y misericordioso trapeados por los castristas y sus emisarios. ¿O es que este creador era otra cosa, tanto como una ópera seria a tenerlo en cuenta?
El señor Arrufat aclara que se enteró de todo el viejo drama cubano, que explotó desde hace la bicoca de 51 años embotado con la nouveauté de seuil de la douleur (novedoso umbral del dolor) en marcha, al leer la prensa miamense. Quizás sea a causa del deley temporal amnésico pos liberación, dado que cuentan las Crónicas de Narnia que el dramaturgo estuvo “enterrado en vida” 14 años en el sótano de una biblioteca (por el delito insoportable de pensar, el mismo crimen horrendo en que incurren los intelectuales atrapados en los Gulags) hasta que fue rehabilitado en 1984, coincidiendo para más desgracia con el año terrible premonitorio de George Orwell, en su obra homónima “1984“.
Dejemos a un lado el sentimentalismo de ver a un intelectual adolorido, que confiesa no saber nada de nada sobre hechos de relevancia mundial. Ello apuntaría de manera extraña a la arrogancia despreciativa de ignorar, tal es característica de las dictaduras absolutistas. Sin embargo, es ahí donde el carácter de Arrufat no parece encajar en el contexto de sus palabras, y nada indica que sea un ente así de perverso. Mas bien un victimado aterrorizado –natural en las “Animal Farms“–, cuando se declara en la mudez de un ser raro; tales son los “Tres monos sabios” (a saber, ciegos, sordos y mudos) a todo lo que lo circunda, sin inmutarse, como si leyera el canto 99 de la Divina Commedia del Dante.
Tanto, que para cualquier pensante seria confundible con un demiurgo gnóstico cuya cabeza yace enterrada en la arena por 51 años. Ello es pueril, dado que Arrufat acusa haber estado enterado, tanto, hasta de que “todos los acontecimientos sucedidos (extramuros), no han hecho mella en el régimen castrista (sic)“. ¿Cómo lo sabe él, enterrado en un sótano virtual detrás barrotes virtuales?. En que quedamos, ¿las uvas de Uva y Sarraín estaban verdes o maduras? Pensamos que al menos por delicadeza, algo se le debe aclarar al lobo feroz para que no salte en vano. Tal parece que se trata de un alarido echado a la Universidad de Miami, para que recoja sus redes altruistas y también a los lectores desconcertados, para que no nos confundamos en si la madurez del fruto fue real o imaginaria.
Detrás del abanico hay imprecisiones sobre un dilema acerca de cuál de las partes se beneficia de estos encuentro. Ello parece cuajar en la vacuna puesta en marcha al calor de lo recién dictado por el Tribunal de Apelaciones del 11no. Circuito de Atlanta, sobre la no utilización de fondos públicos en estos intercambios bilaterales ni hacer trampas con los privados.
Recordemos que en las lides beisboleras, boxísticas u otras, es costumbre que los periodistas del giro sigan las incidencias del evento y comenten sobre los temas y quiénes fueron los vencedores. ¿Nos informaría nuestro diario local, gentil, qué sucedió finalmente en el encuentro?. Aunque no están obligados o, tal vez sí. Pero una reflexión posterior nos indica que mejor no (y no es un pa’tras y p’lante), porque se trata de un grupo de árboles con voces estrujadas y machucadas por los castristas; como lo está todo el pueblo cubano; devendría respuesta brutal el hacer leña de troncos caídos y peor aun, si están inermes frente a sus represores. Es que la cosa cubana, duele. Y también cuando reflexionamos si ¿existirá otra manera menos apasionada de escribir un artículo más pedante que este?.
Les advierto que esto, es un sermón.
© Lionel Lejardi. Abril, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
(¹ ) Ver, “Forbidde Planet” de Fred Wilcox, 1956. Basado en líneas de la comedia “The Tempest“, de W. Shakespeare

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