Los presos políticos cubanos, ¿delincuentes comunes?


             Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
La calificación honrosa impregna casi todo el espectro residual, de la que antaño fue la pujante sociedad civil cubana. En ciertas épocas, el tramado social se daña por fuerzas exógenas que aplastan a la ciudadanía (o individuo). Devienen de conflictos políticos, religiosos o étnicos lo cual consolida dos polos, el de los opresores y el de los oprimidos. Los opresores destilados de las querellas políticas (comunistas vs. democratas), integran una minoría “selecta” entre 4 y 6% de la población; entre los cuales la élite dirigente de intelectuales y clase media hacen leva; y consiguen aglutinar una masa de militantes compuesta de fanáticos reclutados entre el lumpemhund proletariat. Estos desclasados, en realidad una mini masa, se constituye en las filas de los militantes comunistas, fascistas, nazistas, etarras, fundamentalistas, etc. Segun avenga a los morones en turno. Atendiendo a los tiempos que corren, los nuevos totalitarismos tercermundistas, a estas levas de vagos matones se les organizan en contingentes similares a los grupos paramilitares de las antiguas Sturmabteilung (SA) nazi-fascistas.
Después de la hecatombe del holocausto judío, no les es muy à la dernière a estos chicuelos del terror; desfilar con sus camisas pardas o garibaldinas, tan apabullantes, por lo que ahora lo hacen de civil para bajar la cresta de su perfil sicarios a sueldo. De esta manera, aparte de atemorizar a los ciudadanos, estos grupos de castigo controlan los medios de comunicación y aplican las tácticas de represión perfiladas por sus líderes. En Cuba, es exactamente lo que hacen hoy las “turbas divinas”  armadas por los castristas en contra de opositores pacíficos, como ayer fueron los 75 de la “Primavera Negra” (y todos los anteriores, desde 1959) y las “Las Damas de Blanco”.
Los oprimidos, la mayoría absoluta, son los parias que hacen interminables filas; día a día; buscando alimentos o algo con lo cual cubrir sus desnudeces, carentes de derechos, de todo lo material y espiritual inimaginable para subsistir la represión permanente. Estos aplastados, están y sujetos a perpetuidad al paternalismo de la amable Dictadura del Proletariado; bajo el poder absoluto detentado por los opresores, los hermanos Castro. Es la esencia del totalitarismo rampante en Cuba y en proceso de instauración en las bananeras del ALBA (Eje Apocalypto).
Un drama específico conocido por todos (incluyendo los hipócritas) es el denominado “asunto cubano”, controlado ferozmente por la Torquemada (Opríčnina) de los hermanos Castro. Cuando los comunistas estaban en alza, los adultos deambulantes sin destino por las ex “Animal Farms” se movían en los satélites de Europa del Este –con la URSS en el trasfondo– llevando viejas carteras de cuero, arrastradas desde la pre guerra (IIGM), donde portaban todo lo inimaginable para subsistir.
Alimentos, clavos, enseres de oficina, condones de uso, medicinas, herramientas, sastrería, etc.; casi todos productos de raterías, trueques o bolsa negra. Ese bregar animaloide, lo sufrieron los europeos desde el final de la IIGM hasta la caída del Muro de Berlín. En Cuba, las carteras de cuero son lujos impensables. El cuero hay que reservarlo para fabricar el último calzado, dado que el infierno ya les perdura por más de 50 años. Los gatunos cubanos, brasileños y venezolanos, operan bajo igual “estado de sitio”, curiosamente, sin estar en guerra. Lo hurtado o traficado, en Cuba, se trasporta en bolsas de yute artesanales o plásticas, sustraídas de la bodeguita cercana.
Los extranjeros de visita en Cuba y los de extramuro, si cerraran sus ojos un instante, al abrirlos despertarían en un mundo de ciencia-ficción: donde no hay aseo, agua, transporte, electricidad, retretes, viajes de vacaciones al exterior, tres comidas al día, una morada (deodorizada, limpia, segura e iluminada), atención médica, sepelios, TV por cable, Internet, propiedad privada, etc. y … seria mejor para los testigos cerrar sus ojos ante la enajenación. En esa hoya ardiente es donde luchan los opositores cubanos, que ciertos jamelgos de la indiada izquierdista latinoamericana les definen como “delincuentes comunes”.
Cada cubano de a pie, profesional o el burócrata más encumbrado; debe recurrir a la corrupción, robo, bolsa negra y la violencia para subsistir en la bondadosa selva roja. Sólo preguntar a cualquier nativo –no contaminado como agente castrista–, y éste le contestara sin reflexionar: “aquí, todos tienen que robar para subsistir”. Se incluye a los funcionarios, represores, jueces encargados del castigo, etc. Ello ha retorcido la moral de tres generaciones envilecidas e impotentes ante la trituradora del clan represor, el cual no les ha permitido respirar desde siempre. Igual y tal ocurre en las otras satrapías asiáticas o africanas.
El tema de la delincuencia en los opositores ha sido puesto sobre la mesa por refinados líderes indoamericanos, que modelan birlibirloques a pas de deux, en los desfiles de sarapes y chancletas. Así han salido a la palestra, hipnotizados en su complicidad con el el Dr. Fidel Castro Rúz, presidentes tales como los Luiz Inácio da Silva (aka “Lula“) y Juan Evo Morales (no se sabe quién le puso a este personaje el aka de “Ayma“).
Según los entendidos, ambos muestran pedigríes de un confuso ancestro vinculado a cierto antropoide común: involucionado a partir del homo sapiens idaltu (el denominado “Hombre de Herto“, etíope); dicen los expertos, idéntico al encontrado (una mandíbula superior, la morona) en el pueblo de Matto Grosso (zona de Serra dos Parecis) entre Brasil y Bolivia, y cuya antigüedad es de una data temible que alcanza los 158,000 años.
Quizás una de las diferencias entre estas especies, al parecer y obviando lo de erectus, consiste en que las mismas manejan con calidad aceptable lenguas ibéricas –aunque ellos “dicen lo que saben, pero no saben lo que dicen“– en emitir ditirambos sobre un tema ya sin ambigüedades: que la libertad de expresión y los derechos humanos en Cuba, están sujetos a las entretelas de sus admirados Castro.
Antes, los opresores han debido apoderarse de los registros y archivos (nacimientos, defunciones, matrimonios, penales, leva, pasaportes, permisos, bibliotecas, etc.). Así, cada ciudadano queda a merced de un régimen apto para fabricar o falsificar los antecedentes e identidad de cualquier desafecto.
Una persona decente, moral y honrada, es convertida en un maleante de la noche a la mañana adulterando los papeles. Luego en Cuba, por ejemplo, serían contables con los dedos de una mano y sobrarían, aquellos que nunca “tomaron prestado” del centro de trabajo, papel sanitario o una bombilla para iluminar la habitación de su hijo u otro lugar, de extrema peligrosidad para efectuar cualquier actividad, como son los excusados.
En las economías sub tercermundistas (Cuba), a este modus permaneo se le denomina: “justa compensación de escamotear al régimen opresor y explotador“. De ahí, entre otros atropellos inconfesables, es de donde parte la indignación de los cubanos humillados con este par de opresores tan singulares, los Castro. Luego, el finado Orlando Zapata Tamayo y el huelguista (de hambre) Guillermo Fariñas Hernandez –cada uno en su sitio–, pueden descansar tranquilos porque los de extramuros seguiremos denunciando a los enemigos del pueblo cubano.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
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