“Lula” o la ausencia de materia gris


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
El honorable presidente de la República Federativa do Brasil, electo democráticamente por su alta simpatía, no deja de sorprendernos con esa especie de “salidas de baño” a las cuales ya nos viene acostumbrando como divino galimatías, siempre en compadrazgos con los dictadores indoamericanos del nuevo estilo anti democrático, todos o casi todos refrendados por el “Centro Carter”. Sucede que el Sr. Luiz Inácio da Silva (aka, “Lula”), contagiado con sus homólogos del Eje Apocalypto, ha dado muestras de una incontinencia verbal y psíquica muy dañina a la imagen –no la suya de él, porque los quilates de la valoración de sus acciones descienden en el mercado del prestigio corriente, hasta el suelo– sino la del propio Brasil, abochornando a todo su pueblo.  Aunque parezca personaje de un libreto de ciencia ficción, es el mismísimo Presidente de Brasil.
Parece que el Sr. “Lula” quiere tomarse al pie de la letra aquello de que Brasil es etimológicamente “terra do pau-brasil”, lo cual le brinda patente de corso esgrimiendo “una estaca en llamas” para ofender de manera gratuita a otros pueblos como el cubano; que no pueden responderle; hoy sujeto a una dictadura aberrante, sin que sus palabras y hechos coincidan con la honorabilidad que por su cargo merecen los brasileños. Un viejo refrán dice:  “Los incultos, si no hacen la deposición al entrar, la hacen al salir”.
Este inquilino de los hermosos Palácio de Alvorada y en ocasiones de la Granja do Torto, en Brasilia; escudado bajo su Partido dos Trabalhadores repleto de trotskistas y su emblema de la Estrella Roja Stalinista –sujeto a una hiperactividad incontenible como todos los aprendices de brujos–, no detiene sus balaceos ofensivos contra el pueblo cubano y las democracias. De manera sorpresiva en quien se autotitula “un presidente democrático”, nos hace poner en duda permanente la legitimidad de su gestión como mandatario.
Bien seria que en calidad de un particular exprese los disparates de sus humores, porque otros particulares decentes y democráticos, lamentablemente, se encargarán de contestarle tal como se merece. Pero no es justo el utilizar su investidura para proferir, zafio e insolente; ofensas a gente indefensa en nombre de la democracia, cuando acusa en todas sus loas una notoria falta de materia gris. Ver el affaire en que se envolvió con sus cuates Zelaya e Insulza.
No contento con regalarle a los comunistas cubanos cientos de millones de dólares de su pueblo, tal si provinieran de su “caja chica”, a los fines turbios de apuntalar a los hermanos Castro y su aparato de represión contra el pueblo; lanzó otra de sus no extrañas barrabasadas cuando definió a los presos y oponentes políticos a la dictadura castrista, como “…delincuentes comunes, tal existen en las cárceles brasileñas de São Paulo”. Esto es un abuso.
Seria muy raro que un presidente realmente demócrata, profiriera públicamente estas insensateces. La ofensa a los luchadores cubanos y sus mártires es injusta e ignorante. No por gusto, Chávez y Castro lo tienen escogido como favorito para la poltrona recalentada por Insulza; donde sentarán a quien les jure la mayor fidelidad. Claro que seria una plancha “Lula” que mande a encarcelar a quien disienta de él, tal proclamó como acción legal los atropellos castristas en el asunto cubano.
Los mensajes que envía este presidente hipocorístico de tamaño y figura mental, con deficiencias indudables, gusta de hacerse llamar por su nombrete. Es así como nos enseña su egolatría cuando sin el más mínimo respeto a su auto estima, se firma con el mote de “Lula”, tal hizo el argentino Guevara en Cuba, cuando le dio por rubricarse “Che” en los billetes de banco cubanos, para ensuciar nuestra moneda nacional. Estos Napoleón en miniatura, no tienen para cuando acabar. El Señor Luiz Inácio de Silva se hace llamar “izquierdista”, siendo en realidad un buen amigo de los totalitarismos. Suerte que el pueblo brasileño pronto lo enviará a la misma favela, donde su mentor Castro lo recogió. Sucedió en São Paulo, por cuyas callejuelas deambulaba desorientado vestido con ripios y enfundado en sandalias pop, dándole a los pedales marxistas, maltrecho y hambriento. Es por lo que Presidente brasileño le debe tantos favores a los Castro.
© Lionel Lejardi. Marzo, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
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