El “uno que se murió por ahí…” de Raúl Castro y la sonrisa de Lula


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
En una entrevista indeseada, la cual Raúl Castro Rúz se vio obligado conceder a los medios informativos extranjeros acreditados en Cuba y a los megáfonos oficialistas. Concurrieron por el régimen rostros estereotipados al pergamino y otros simples “scarfaces“, ya fósiles. Este Castro estaba en una encrucijada vergonzosa, cuando se destapó el escándalo mundial, inocultable, por un opositor pacífico al cual dejaron morir en la cárcel, según se estila en la Mesa Redonda del régimen. Motivo: para “dar otro escarmiento“.
Estas monstruosidades jurídicas sin legislación penal previa, fueron introducidas y activadas manu militari por el propio Fidel Castro; cuando ordenó fusilar a mansalva a varios jóvenes negros que en un hecho anterior, intentaron escapar de su paraíso terrenal en Hatun Xauxa (la Jauja cubana), y peor, rumbo al infierno norteamericano.
El régimen, tomado por sorpresa a causa de la reacción internacional iracunda, debió inexplicar este crimen, lo cual concluyó en medio de un barraje de insultos y descalificaciones hacia el fallecido. De paso, Castro aprovechó la entrevista para mostrar un  al nuevo socio comercial de la isla, un mecenas caído en paracaídas en la trampa del intrincado e inoperante relajo habanero.
Luego, como invitado de honor al ya anunciado “encuentro entre amigos”, no podía faltar la estrella principal, figura efímera, al ser presentado en la pasarela de moda entre las izquierdas del Eje Apocalypto; el diminuto presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva (aka, “Lula“). Un personaje cinematográfico de favelas, agradable, que deambula por Cuba y quien; siendo un honorable mandatario elegido democráticamente y ahora embebido en la jet-set-chic, porque ahora se nos aparece –de manera inexplicable junto a rancios dictadores– siempre tan desaliñado como un zapato viejo acabado de despertarse en medio de un terremoto.
Sucede que este Castro, menor en edad pero de igual crueldad a la de “El Viejo” (quien tampoco es Catón); se anticipó fatuo a contestar la pregunta colgada en el aire de la curiosidad internacional. Cierto, versaba sobre la muerte anticipada en prisión del opositor Orlando Zapata Tamayo; el 23 de Febrero, 2010 tras 82 días en huelga de hambre. Nada de extrañar en una Cuba que padece de igual hambruna en parihuelas desde hace cinco decenios. Recién el deceso, la imagen de Zapata fue zarandeada y fusilada virtualmente en la otra mesa, la oval de la TV oficialista, de donde renació la impronta de otro ser, una especie de Morlock, convertido ahora en un peligroso criminal común.
Los totalitarismos no acaban de entender que con el advenimiento de la libertad de información auscultada en los escombros de las charcas ex-comunistas, nadie racional cree las “pruebas” que puedan aportar estas entelequias letales; sobre ningún tópico, persona natural o jurídica, dado que en manos oficialistas están aherrojados todos los resortes que distinguen a una sociedad libre, ausente en la Cuba comunista.
En el caso de Zapata, ellos podrán fabricar cualquier tipo de expediente, aprovechando que poseen el control absoluto de los tres poderes, sus registros y asientos, la cuestión es que ya nadie les cree. Es la indigestión absoluta que provocan la autosuficiencia, arrogancia, abuso, corrupción, tiranía y la impunidad, todas las cuales integran un colagogo emético, también absoluto.
Recordemos que en Ucrania durante el invierno de 1932-1933, por iguales gracias bolcheviques; murieron de hambre entre 2,6 y 10 millones (no de chinches), sino de seres humanos. Las cifras reales, tal es intrínseco en los comunistas, nunca fueron confesadas por los comisarios empeñados entonces en la colectivización y desmonte de la agricultura rusa, tal sucedió en Cuba a partir de 1959. De ahí, la muerte inducida de Zapata y la posible del resto de aquellos bravos que ya están en fila, por inanición y deshidratación.
Este cubano negro, un simple trabajador de la construcción, cumplía una desmesurada condena de 32 años de cárcel (otras versiones dicen que mucho más) por demandar un trato humano para los presos políticos como él, libertad total para el pueblo y respeto por los Derechos Humanos según la carta de la ONU y de OEA. Por supuesto, los hermanos Castro en calidad de dueños del pastel cubano; y siendo quienes lo deciden todo en la isla de acuerdo a sus antojos y humores, recurrieron a su adicción cómoda de esconderse aferrados a varios de los viejos dogmas extra judiciales del maremágnum marxista, de donde aprendieron también los tenebrosos chicuelos nazis.
Tales engendros inhumanos los puso en práctica la pandilla de Joseph Stalin tras la creación de la CHEKA en diciembre de 1917 (Moscu). Esta era una banda de sicarios investida de poderes omnímodos sobre la vida y muerte del pueblo ruso, muy por encima de los otorgados a la GESTAPO nazi. Al mando de este aparato colocaron a un refinado represor: Féliks Edmundovich Dzerzhinsky. La réplica cubana que molió a Zapata estuvo a cargo del Dpto. de Seguridad del Estado (Policía Política), creado entonces bajo el mando de Ramiro Valdés Domínguez, un viejo fanático de los Castro. Se trata de un cancerbero especial que, al parecer, es el único eficiente dentro del artilugio oficial. Es el mismo cuadro que hoy controla el Ministerio de Informática y que también funge como “asesor de energía” del gobierno chavista.
Aparatos represores similares a la KGB (FSB, desde 1991) se armaron en los países bálticos invadidos y anexados por la URSS (en la denominada Westensiedlung, Marcha hacia el Oeste) pre II Guerra Mundial y durante la posguerra, en cada satélite moscovita e incluyendo sus guerrillas ulteriores, como las africanas, asiáticas, americanas, etc. Estos dispositivos letales se incorporaron al genocidio comunista bajo dogmas diseñados para el exterminio de sus opositores, en un desastroso chiste sublimal que le ha costado a la Humanidad más de 100 millones de muertos.
Uno de los principales dogmas marxistas, una cartilla incorporada a los movimientos izquierdista indoamericanos, establece que en los paraísos comunistas es imposible (e inadmisible) la existencia de presos políticos; puesto que por definición; bajo las dictaduras del proletariado (las aterradoras “Animal Farms” orwellianas) los desafectos y disidentes, son simples criminales comunes, inadaptados a la disciplina de la gen.
Luego, todo opositor es un esquizofrénico social el cual debe ser castigado y reeducado con severidad extrema, bajo el cintillo estigmático de “mercenario al servicio del imperialismo”. A los castristas el dogma les ha venido como anillo al dedo, de donde al Orlando Zapata Tamayo pacífico, lo etiquetarían en calidad de un temible criminal común “por pensar, decir y protestar”. Pero es mejor que hagamos una retrospección paradójica a algunas de las costuras, de la Historia de Cuba contemporánea.
Es que los Castro y sus adeptos el 26 de Julio de 1953 asaltaron el cuartel militar “Moncada” en la ciudad de Santiago de Cuba, Oriente. Pretendían tomar el poder e implantar, como hicieron en 1959, una dictadura comunista. Fracasada la intentona violenta, los dos hermanos se escabulleron sin un rasguño, dejando atrás numerosos muertos y heridos entre civiles y militares.
Los Castro, al igual que en esta ocasión, mostraron igual comportamiento “viril” durante sus aventuras posteriores.
Rendidos mansamente, tras la intervención humanitaria de un obispo al cual le suplicaron que les salvara la vida, fueron apresados, juzgados bajo todas las garantías constitucionales y condenados a prisión.
El encierro les fue leve y corto (unos meses), donde el gobierno agredido les hizo gozar de cuantas prerrogativas y facilidades solicitaron, tal si estuvieran en un hotel de cinco estrellas. Por ahí andan las actas y reportes innegables de las declaraciones de estos mismos pícaros, que niegan a los presos políticos actuales un trato digno, y también la data acopiada por los historiadores serios.
Ello resultó todo lo contrario al horror sufrido por Zapata y el resto de los opositores pacíficos a la distopía castrista. Puesto que los presos políticos cubanos actuales son hambreados, carecen de atención médica decente, son sometidos a humillaciones inhumanas, obligados a convivir desnudos con presos comunes y otros desmanes. Estas violaciones, constituían el cuerpo de la queja de Zapata. Y a este cubano solitario fue al que Raúl Castro en dicha entrevista denominó, utilizando el delicado estilo comunista, “…uno que se murió por ahí, porque estaba en huelga de hambre“.
Lo que devino quizás de mayor afrenta degradante para nuestros compatriotas espectadores, fue el observar las sonrisas burlonas del presidente de Brasil y el resto de la camada izquierdista inética, que le hacía coro a Castro. No hay que criticarlos, pues tal es el modus operandi de los comunistas, más, cuando el asunto envolvía a otro “negro e’ mierda“.
Decimos, porque los Castro ya tiene en remojo a otros disidentes y opositores en huelga de hambre por iguales motivos a los de Zapata, quien tampoco fue el primero. Entre ellos, se destaca el psicólogo y periodista Guillermo Fariñas Hernández de Santa Clara (tal parece que los negros cubanos siguen alza’o contra los comunistas), el cual ya acusa un severo deterioro físico y otros posibles daños orgánicos irreversibles.
Y a propósito, ¿saben si alguien vio por esos alrededores a algún miembro del Kau Kus Klan, el mismo integrado por esos graciosos norteamericanos admiradores al delirio de los hermanos Castro? ¿A que, no?. Nada especial, es sólo para que constaten como sus líderes amados se “echan al pico a otro negro e’ mierda“.
© Lionel Lejardi. Marzo, 2010
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press

(Serás bienvenido a mis blogs alternos: http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/post y http://elasuntocubano.net/)

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