Archive for 19 marzo 2010

Los presos políticos cubanos, ¿delincuentes comunes?


             Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
La calificación honrosa impregna casi todo el espectro residual, de la que antaño fue la pujante sociedad civil cubana. En ciertas épocas, el tramado social se daña por fuerzas exógenas que aplastan a la ciudadanía (o individuo). Devienen de conflictos políticos, religiosos o étnicos lo cual consolida dos polos, el de los opresores y el de los oprimidos. Los opresores destilados de las querellas políticas (comunistas vs. democratas), integran una minoría “selecta” entre 4 y 6% de la población; entre los cuales la élite dirigente de intelectuales y clase media hacen leva; y consiguen aglutinar una masa de militantes compuesta de fanáticos reclutados entre el lumpemhund proletariat. Estos desclasados, en realidad una mini masa, se constituye en las filas de los militantes comunistas, fascistas, nazistas, etarras, fundamentalistas, etc. Segun avenga a los morones en turno. Atendiendo a los tiempos que corren, los nuevos totalitarismos tercermundistas, a estas levas de vagos matones se les organizan en contingentes similares a los grupos paramilitares de las antiguas Sturmabteilung (SA) nazi-fascistas.
Después de la hecatombe del holocausto judío, no les es muy à la dernière a estos chicuelos del terror; desfilar con sus camisas pardas o garibaldinas, tan apabullantes, por lo que ahora lo hacen de civil para bajar la cresta de su perfil sicarios a sueldo. De esta manera, aparte de atemorizar a los ciudadanos, estos grupos de castigo controlan los medios de comunicación y aplican las tácticas de represión perfiladas por sus líderes. En Cuba, es exactamente lo que hacen hoy las “turbas divinas”  armadas por los castristas en contra de opositores pacíficos, como ayer fueron los 75 de la “Primavera Negra” (y todos los anteriores, desde 1959) y las “Las Damas de Blanco”.
Los oprimidos, la mayoría absoluta, son los parias que hacen interminables filas; día a día; buscando alimentos o algo con lo cual cubrir sus desnudeces, carentes de derechos, de todo lo material y espiritual inimaginable para subsistir la represión permanente. Estos aplastados, están y sujetos a perpetuidad al paternalismo de la amable Dictadura del Proletariado; bajo el poder absoluto detentado por los opresores, los hermanos Castro. Es la esencia del totalitarismo rampante en Cuba y en proceso de instauración en las bananeras del ALBA (Eje Apocalypto).
Un drama específico conocido por todos (incluyendo los hipócritas) es el denominado “asunto cubano”, controlado ferozmente por la Torquemada (Opríčnina) de los hermanos Castro. Cuando los comunistas estaban en alza, los adultos deambulantes sin destino por las ex “Animal Farms” se movían en los satélites de Europa del Este –con la URSS en el trasfondo– llevando viejas carteras de cuero, arrastradas desde la pre guerra (IIGM), donde portaban todo lo inimaginable para subsistir.
Alimentos, clavos, enseres de oficina, condones de uso, medicinas, herramientas, sastrería, etc.; casi todos productos de raterías, trueques o bolsa negra. Ese bregar animaloide, lo sufrieron los europeos desde el final de la IIGM hasta la caída del Muro de Berlín. En Cuba, las carteras de cuero son lujos impensables. El cuero hay que reservarlo para fabricar el último calzado, dado que el infierno ya les perdura por más de 50 años. Los gatunos cubanos, brasileños y venezolanos, operan bajo igual “estado de sitio”, curiosamente, sin estar en guerra. Lo hurtado o traficado, en Cuba, se trasporta en bolsas de yute artesanales o plásticas, sustraídas de la bodeguita cercana.
Los extranjeros de visita en Cuba y los de extramuro, si cerraran sus ojos un instante, al abrirlos despertarían en un mundo de ciencia-ficción: donde no hay aseo, agua, transporte, electricidad, retretes, viajes de vacaciones al exterior, tres comidas al día, una morada (deodorizada, limpia, segura e iluminada), atención médica, sepelios, TV por cable, Internet, propiedad privada, etc. y … seria mejor para los testigos cerrar sus ojos ante la enajenación. En esa hoya ardiente es donde luchan los opositores cubanos, que ciertos jamelgos de la indiada izquierdista latinoamericana les definen como “delincuentes comunes”.
Cada cubano de a pie, profesional o el burócrata más encumbrado; debe recurrir a la corrupción, robo, bolsa negra y la violencia para subsistir en la bondadosa selva roja. Sólo preguntar a cualquier nativo –no contaminado como agente castrista–, y éste le contestara sin reflexionar: “aquí, todos tienen que robar para subsistir”. Se incluye a los funcionarios, represores, jueces encargados del castigo, etc. Ello ha retorcido la moral de tres generaciones envilecidas e impotentes ante la trituradora del clan represor, el cual no les ha permitido respirar desde siempre. Igual y tal ocurre en las otras satrapías asiáticas o africanas.
El tema de la delincuencia en los opositores ha sido puesto sobre la mesa por refinados líderes indoamericanos, que modelan birlibirloques a pas de deux, en los desfiles de sarapes y chancletas. Así han salido a la palestra, hipnotizados en su complicidad con el el Dr. Fidel Castro Rúz, presidentes tales como los Luiz Inácio da Silva (aka “Lula“) y Juan Evo Morales (no se sabe quién le puso a este personaje el aka de “Ayma“).
Según los entendidos, ambos muestran pedigríes de un confuso ancestro vinculado a cierto antropoide común: involucionado a partir del homo sapiens idaltu (el denominado “Hombre de Herto“, etíope); dicen los expertos, idéntico al encontrado (una mandíbula superior, la morona) en el pueblo de Matto Grosso (zona de Serra dos Parecis) entre Brasil y Bolivia, y cuya antigüedad es de una data temible que alcanza los 158,000 años.
Quizás una de las diferencias entre estas especies, al parecer y obviando lo de erectus, consiste en que las mismas manejan con calidad aceptable lenguas ibéricas –aunque ellos “dicen lo que saben, pero no saben lo que dicen“– en emitir ditirambos sobre un tema ya sin ambigüedades: que la libertad de expresión y los derechos humanos en Cuba, están sujetos a las entretelas de sus admirados Castro.
Antes, los opresores han debido apoderarse de los registros y archivos (nacimientos, defunciones, matrimonios, penales, leva, pasaportes, permisos, bibliotecas, etc.). Así, cada ciudadano queda a merced de un régimen apto para fabricar o falsificar los antecedentes e identidad de cualquier desafecto.
Una persona decente, moral y honrada, es convertida en un maleante de la noche a la mañana adulterando los papeles. Luego en Cuba, por ejemplo, serían contables con los dedos de una mano y sobrarían, aquellos que nunca “tomaron prestado” del centro de trabajo, papel sanitario o una bombilla para iluminar la habitación de su hijo u otro lugar, de extrema peligrosidad para efectuar cualquier actividad, como son los excusados.
En las economías sub tercermundistas (Cuba), a este modus permaneo se le denomina: “justa compensación de escamotear al régimen opresor y explotador“. De ahí, entre otros atropellos inconfesables, es de donde parte la indignación de los cubanos humillados con este par de opresores tan singulares, los Castro. Luego, el finado Orlando Zapata Tamayo y el huelguista (de hambre) Guillermo Fariñas Hernandez –cada uno en su sitio–, pueden descansar tranquilos porque los de extramuros seguiremos denunciando a los enemigos del pueblo cubano.
© Lionel Lejardi. Mayo, 2010
lejardil@bellsouth.net
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Elogio de la Tristeza 1: Tesis I/III


          Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Hacer elogio de la tristeza, ni es sátira ni tiene que ver con Desiderius Erasmus Roterodamus (aka, Gattamelata, “El gato meloso”) y sí, con otras artes mentales semejantes (no somáticas y sí, esotéricas) que prevalecen en el mundo maravilloso de los pesimistas. ¿Dudas? No hay por qué, dado que estás utilizando tu derecho inalienable a coincidir o disentir del clan. Es la flor imperecedera en todas las estaciones de la democracia, que trata del realismo interior de los cuerdos tristes: el tuyo, el suyo y el mío. Es que la tristeza es la expresión primaria del ser social. Tal axioma es aplicable al resto de los humanos juiciosos, considerando que los sin juicio deambulan por dimensiones diferentes del intelecto –ajenos a las finuras deliciosas del mundo real– y en medio de abrazos tercos al absurdo de un dilema optimista, que desde hace tiempo yace fuera del contexto de la Lógica. Tal es como esa especie de renegado fu, adorador en el vaso de su imagen propia, siempre fuera de la ley; luego atrincherado en su Superego totalitario e incapaz de arrebolarse, ante el dolor humano.
Son neblinas de mantos idénticos en ensoñaciones las cuales se dispersan al levantar el día, a esa otra pléyade de optimistas frenéticos, anidados bajo la sombrilla de los alienados alegres. Tramoyistas de pasión y estilo, inconformes con la parte alícuota que les tocó por nacimiento, golpean miriadas puertas que nunca se les abren. Son los que casi siempre andan metidos en líos, dándose cabezazos y halándose las orejas, mientras se atiborran de tranquilizadores y somníferos anti pesadillas. Y por si fuera poco, en una especie de falso Cogito, ergo sum (“Pienso, luego existo”); intangible y estereotipado como una garganta de meretriz vieja; haciendo filas interminables en calidad de guerreros estoicos de la nada propia ni siquiera de la ajena, una de las tantas irrelevancias de la alegría.
Ellos chorrean risas peripatéticas cargadas de lívidos y jettaturas fumantes, en las consultas de consejeros, psicólogos, frenólogos, frenópatas, psiquiatras y de otros magos del intelecto. Todos, maestros domeñadores de exquisiteces –esas erupciones epiteloidales malquistas por los pensantes– del ser y sus jorobas, cuasi indomables en el páramo inmenso donde mal vive el Id humano. Valga que no sorprende la magnitud alegórica, de cómo la tristeza impregna la totalidad de lo animado y desanimado en cada uno de los seres, aun los parásitos difusos entre la médula y el hipotálamo, que habitan en el nosotros.
Antes, les decían “demonios”, y en lo que yace en el hábitat de nuestros alrededores –sólo acudir al desafío, viéndolos reverberar en la medianoche del pasado–, con una fuerza inextinguible. También, por redundancia somática, es arte que ampara nuestros actos irresolutos; aquellos que más nos fascinan entenderlos como grifos góticos, sub productos reales de la incertidumbre y no de la casualidad en ocasiones supuesta cotidiana. Como el trauma caribeño diseminado por los totalitarismos Apocalyptos. Última vergüenza de Indoamérica.
También atañe a lo que nos pertenece y amamos, como son: familia, hogar, salud, creatividad, libros, música, empleo, fortuna, nuestros maravillosos soldados peleando en el Medio Oriente –al igual que fueron los insuperables gentiles, aquellos irredentos veteranos de Vietnam– retumbando los arpegios sonoros de sus cañones de furias luminosas, limpiando alimañas en los basureros comunistas.
Es que nuestros héroes no pertenecerán jamás a esa familia odiosa de jamelgos de pelo lacio y largo, uno de los cuales se encumbró guía espiritual de la nación que el tipo se empeña en convertir en hato de bobos e imponerles una capital repleta de zonzeras indigenistas moronas y cocaleras. Es la dimensión arrabalera de células imaginarias con vaginas, ecos de sus dioses vampirescos y asesinos. Todo dicho y ladrado al estilo jacobino, como expresivo de la vox populi de la chusma de cholos embravecidos entre vicios y vagancias.
Los tristes, son esos speakers de voces profundas, tarareando la verdad democrática o callando lo que no nos pertenece y despreciamos, como la maldad y crueldad de los delincuentes, degenerados sexuales, terroristas o las desagradecidas traidoras domésticas, esas odiosas malas ciudadanas isleñas que desde el 1910 se tornaron, Betlemitas del asco comunistoide y traidoras a Norteamérica. Así igual como la envidia ajena y otras miserias humanas inextinguibles, mal aludidas por los apóstoles, en los inimaginables y siempre acechantes pecados capitales. Esos fallidos carraspeos del egoismo liberal hollywoodense, siempre dispuestos al paseo entre los leones con orín diurnos y las mulatas del fuego nocturnas, tan gentilmente regaladas por los castristas.
Quizás parecería improcedente colegir un mundo de gente y cosas tristes, pero la cuestión inducida por la psiquis recelosa radica en lo innecesario de imaginarnos los contornos del potro encaracolado e irregular; sobre el cual ya estamos montados desde el nacer y casi desde el inicio de los tiempos. Nada que temer, pues hoy disponemos de un buen número de herramientas y métodos volteadores de las tuercas síquicas, para inter relacionar nuestra existencia terrena con las de otros planos cuasi paralelos, como el de las 11 cuerdas (excepto el astral).
Pero lo no endeble de esta senda de teoría metafísica ilusionada en dibujos escapista, es el que abroquela y empuja a los mentalmente débiles, hacia posiciones de la soledad teosófica propia de parias. ¿Serán los repudiados hijos del terror islamita, etarras o de las bandas narco comunistas?. Se peca en acentuar sus indefecciones contra el medio agreste que les rodea. Pero es que sus agresiones al clan, les hace descalificables por no dejar sitio a la opinión del “otro”.
Luego la sentencia del clan materno seria cortante: “si Uds. insisten en alegrías, son de hecho culpables de la existencia del anti mundo kafkiano y deben de inclinar la espina dorsal hasta el infame agujero de la complacencia con los tiranos“. La lógica deductiva que nos impusieron nuestros mayores, es diafonía ruidosa que hace comicidades utilizando la dialéctica materialista e histórica, pretextos chic ya pasados de moda, entre los insolubles filósofos nihilistas decimonónicos las letales dictaduras del proletariado, leninistas.
Sucede que ellos patrocinaban tales disciplinas analíticas del ser social, ladrillos típicos de la pirámide totalitaria; como instrumentos idóneos para el diseño y comprensión de una sociedad nueva, adaptada a su prima notte di quiete (ver, “Le Professeur“, de Alain Delon. France/Italy, 1972) imaginada al alcance de la mano, aunque de estructura eminentemente tan utópica como insincera. Según la praxis mendaz aunque transformadora, agitada por los marxistas cubistas en calidad de distorsionadores de la realidad, ello se imbrica en desdibujaciones incoloras de toda la grey potencial de sus alienados alegres –también cómplices del desastre–; a los cuales podemos reconocerles por el tatau de optimistas, unos fetichismos propios de la Papuasia y no en otra de las tierras enajenadas por el amok.
Nada más que leer, aunque sólo como referencia emocional, a Émil Édouard Charles Antoine Zola en L’assommoir; de la “L’æuvre” y en “Germinal” –¡alto!, que la retahíla de nombres no es pedantería cursi–; la trilogía es arquetipo literario del realismo francés decimonónico. Entre que denunciante y esperanzador, apenas emergiendo del capitalismo enérgico y triunfante. Los morones de toda laya, le dicen “feroz”.
Ni decir que Marx odiaba a Zola, por su naturalismo y compasión -inconcebibles en los comunistas, nunca de buena cepa- puesto que los aires tenues del socialismo fabiano del escritor, indignaba la imaginación jacobina y obsesionante de los marxistas de extrema izquierda, quienes soñaban con asaltar el poder de manera violenta al estilo de los cangaceiros de Caatinga y su jefe Lampião, para de inmediato implantar el delicioso terror totalitario. Claro que son sus fetos apocalípticos preferidos, idénticos a los de los nazis, cuestión de nutrir sin interrupciones las gemonías capitolinas allendes al Tíber.
De estas bellezas mendazes y artísticas devino por desgracias del birlibirloque zurdo, en otra patraña exhalada a manera de estandarte por los coquetones afeminados, habituales de Saint-Germain des Prés y La Cigale. Esa grey optimista, yace aun viva y coleante à la dernière en el cavernario sinistrorso de los alegres y soldada al inseparable “Manual del Marxismo-Leninismo” que les cuelga bajo el sobaco de sus incertidumbres. Es el sempieterno ptialismo ronco de los comunistas, en especial, los cosechados en la “Animal Farm“, castrista.
La saga, continua.
© Lionel Lejardi.  Marzo 14, 2010
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Elogio de la Tristeza 1. Tesis II/III


             Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
La traición de jure en que nos sumieron estos deshonestos alegres –no en balde, izquierdistas por antonomasia y adictos a líbidos ampulosas–, consistió en que ellos sabían de antemano la calidad truhanera de la alucinación comunista que le propusieron a los optimistas alegres y que además, esta era una ficción irrealizable ni siquiera dentro de un sistema democrático imaginario (utópico). La oferta, extraída del morral baratillero de los liberales románticos decimonónicos –después robada y reforjada por Karl Marx y sus seguidores intelectuales–, pretendía ser la panacea para la solución de la tildada de “desigualdad social“. De manera curiosa, dicha desigualdad resultó acentuada por los comunistas los cuales integraron una minuscula Nueva Clase (en el decir del yugoslavo Milovan Djilas en “La Nueva Clase”, un maldito para los Castro), divorciada ferozmente del pueblo llano.  
Tal concepción insustancial es inaceptable en ningún arsenal político contemporáneo, dado que versa acerca de un subproducto simple; profusamente alentado por la pereza humana, en espera eterna del estado paternalista. Tal sucedió con la barcarola castrista encallada a la salida del puerto (ellos le decian “revolución”), en el desastre cubano actual; donde los comunistas se lucieron en alcanzar el record Guinnes al armar anti sociedades que han logrado sobrevivir, sin que allí nadie trabaje realmente.
Le tesis descansaba, fundamentalmente entre otros disparates, en el eufemismo alegre de imbricar del valor agregado con el concepto de la plusvalía. Ello, sin considerar dos factores cruciales para los que somos pesimistas: la productivad (hija natural de la eficiencia) sólo interesa a los dueños de los sistemas y medios de producción (siempre pesimistas y atentos sus riquezas); y que la socialización de la riqueza torna el manatial infinito del esfuerzo humano, en una charca agotable.
Todo el discurso optimista se basa en la turbidez de la psicopatía crónica de la cual adolecen los morones apacibles; en especial los caseros que pasean sus perritos mañana y tarde, y quienes además nutren las filas optimistas.
Éstas avetontas, exacerbados por líderes indigenistas –retrogrados antológicamente–; aun sumidos en las penumbras de la Hora Nona; quedaron ululando sus salmos destructivos contra la sociedad civilizada que los acoge e ilustra, y que repiten hasta la gangosidad.
Buena parte de las miserias humanas enaltecidas por los optimistas, salieron a flote según rezó después en los protocolos secretos del Ministerium fúr Staatssicherheit; (Stasi) reseñados por siquiatras y sicoanalistas inescrupulosos al servicio vil de las tiranías comunista; cuando se abrieron los archivos secretos de esa entidad en Alemania Oriental tras el derribo del Muro de Berlín. Una leve ojeada al infierno marxista, se puede ver el film Das Leben der Anderen (“La vida de otros”) Wiedemann& Berg GmbH & Co. KG, Germany, 2006.
Al caer el Muro de Berlín, con todos los comunistas asustados pululantes dentro y fuera del telón, el klein “Lula” recibió la orden urgente de armar lo que después se denominó “Foro de São Paulo”, una especie de sentina de brujas viudas y plañideras, bajo la línea de flotación.
La regurgitación idéntica sucederá en un mañana no lejano, cuando los archivos sombríos de la Dirección de Seguridad del Estado (DSE) de la Cuba comunista sean oreados a la luz pública. Ello sin importar la efectividad de la ya en operación permanente, la incineradora de legajos y pruebas comprometedoras –situada en el patio exterior de dicha Dirección–, además de otros crímenes y atropellos, perpetrados por los comunistas contra el pueblo inerme.
Estos amables domeñadores de la voluntad de los seres con ensoñaciones elípticas y no menos distróficas, no dudaron en sucumbir al servicio de ese Imperio del Mal; subyugados como entes eróticos por su alta ineficiencia como administradores de las colonias, donde operan los manicomios comunistas.
Algo execrable propio de los estados policíacos, de lo cual los izquierdistas alegres viven una lívido de enamorados. Nos referimos a los gulags representados por las dictaduras antañas del ex bloque comunista, incluyendo las satrapías americanas, asiáticas, mediorientales y africanas todavía en explotación plena. Los ideólogos marxistas y ulamas fundamentalistas, preconizadores de la violencia absoluta por medio del terrorismo institucionalizado contra la civilización occidental, porque hoy se baten cómodos entre los optimistas alegres que integran la grey maldita de sus seguidores.
Los optimistas de la primera camada, se mezclaron al descubierto en ese mundillo proclive al mal, ungidos con una brujería idealizada por los chamanes de las corrientes marxistas ortodoxas. Un resultado excelente para excitar la avaricia de los nuevos zurdos enajenados del ALBA y sus seguidores del Eje Apocalypto, quienes constataron las posibilidades infinitas del enriquecimiento escandaloso; impune y sin paralelo, de los ex y líderes marxistas actuales (ellos se autotitulan así), incluyendo familiares y amicis de sus mafias particulares.
El resto de los malvistos, eran apéndices de la comparsa zurda de optimistas hipnotizada con la idiotez del asalto bolchevique al Palacio de Invierno de Petrogrado en 1917 y otros centros vitales del Gobierno Provisional ruso liderado por Aleksandr F. Kérenski; cuya acción fue ejecutada con brillantez extrema por destacamentos armados, seleccionados entre el lumpen proletario, comandados por Lev Davidovich Bronstein (aka, Trotsky).
Este último, después seria asesinado finalmente en agosto de 1940 en México DF –aunque ya en mayo de ese mismo año otro sicario del Comintern, el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, ya habia ejecutado un atentado personal fracasado, contra Trotsky–, por otro sicario bolchevique de origen catalán y oficial de la entonces NKVD, Ramón Mercader (alias, Frank Jackson, Jacques Mornard, etc.); por encargo directo de Stalin y para lo cual fue orlado con un premio de medio millón de dolares. Mercader, era un peje entrenado como asesino por la gestapo rusa que después tras salir de prisión fue huésped dilecto del Dr. Fidel Castro Rúz, en su paso por La Habana al ser liberado en 1960. La madre de Mercader, Caridad, era otra optimizada agente de NKVD causante de propio su desastre familiar, veraneante con residencia fija en Cuba y conocida en el bajo mundo comunista con el aka de “La araña catalana“.
Este optimista por convicción y alegre por tradición, Mercader, murió misteriosamente en Cuba (oficialmente de cáncer) por causas desconocidas, tan joven como de 54 años. El paraíso de los optimistas alegres se le había esfumado a un Mercader desilusionado con la monstruosidad stalinista. Sus cenizas yacen el cementerio de Kuntsevo en Moscú el cual, paradójicamente para no despertar sospechas entre sus secuaces, está destinado a los “heroes”.
Los materialistas dialécticos, fanáticos adjuntos a la escuela de los alienados optimistas, abogaban encaramados en la cúspide de sus delirios; por la aplicación a priori de leyes inventadas a partir de un proto marxismo. Se trataba de una degeneración enunciada como especie alucinante y transcerebral que nunca existió, salvo en los laberintos cretenses.
Tal hizo la propaganda pre y post marxista promovida por los optimistas al concebir –y peor, creer–, la validez de una liaison implícita entre el batallar renacentista propugnado por pensadores tales como Erasmo, con sus sátiras, Thomas More y su utopía; así como con Immanuel Kant y George Wilhelm Friedrich Hegel con sus críticas racionalistas y otras semejanzas.
En ese pozuelo de optimistas se aventuraron, sin ser invitados, los maníacos depresivos anti capitalistas por excelencia (de forma, no de hecho); como fueron los fantasmas simpaticones de Karl Marx (un declarado souteneur a cargo de Engel) y sus dos apéndices umbilicales dilectos: su compadre Friedrich Engel y su yerno cubano oriental, el tal Pablo Lafargue. Todos confundidos entre las teorías del valor y la de los precios.
Marx se refería a éste otro personaje parasitario moteándolo con el apodo de “el Negro“, despectivamente–, quien era un mulato ilustrado en Francia descendiente de un francés huido de Louisiana y una negra. Este matrimonio inter racial y escandaloso en aquellos tiempos, Karl Marx –profeta optimista de la unión universal y que de por vida detentó el papado del buen hipócrita comunista– nunca se lo perdonó a su hija Laura.
Tal hato de pejes dorados del onirismo optimista, eran quienes se imaginaban cabalgar a grupas de un genuino espectro que recorría en paños menores y a todo mini trapo; la Europa de 1848; tal se empeñó Marx en imaginar en su manifiesto disparatado. Se relacionaba con el mismo desvarío optimista que después resultó estampado bajo el nombre de “socialismo científico” o también conocido en el argot del bajo mundo zurdo por su alias popularizado: el comunismo.
En el caso de Francia –tan romántica como espiritual de mediados del siglo XIX–, los resultados violentos de ese mal sueño fueron rectificados de inmediato por un pesimista confeso y certero, el político e historiador Louis Adolphe Thiers (ver, Histoire de la revolution française); quien fungió como Primer Ministro durante el segundo imperio, entonces bajo el rey Louis-Philiphe. Este político de la ultra derecha, fue quien en 1871 paró en seco la algarada sediciosa de la Comuna de París; armada y nutrida por aquellas avetontas sentimentales y polvorientas (los nuevos sans-culottes) extasiados con los dogmas marxistas, quienes en su mayoría, estaba integrada por republicanos enervados con ideas radicales y la siempre omnipresente gentuza de los oportunistas parisinos.
Estos líderes sediciosos de marca mayor, resultaron estar constituidos por un extravagante sector de optimistas –adeptos a la bobería del socialismo científico –, los cuales se creyeron al pie de la letra los remilgos teóricos del titulado Manifest der Kommunistischen Partei (“Manifiesto del Partido Comunista”), lanzado por Marx y Engels en 1848. Un documento dogmático inducido para saciar la gula de los vagos y extremistas deambulantes por esa época (también por esta y cada una de las anteriores).
En consecuencia, dedujeron los comunistas del siglo XX, era válido vender esa mercancía idealista averiada desde su incubación, a aquella sociedad occidental embotada con los criterios positivistas de la post guerra (I Guerra Mundial).
El estruendoso fracaso del comunismo contemporáneo, evidenció que ese positivismo (optimismo alegre) preponía lo contrario a la dinámica natural de la Historia. Es decir, armar un artilugio virtualmente diastólico poblado por seres ofuscados dentro de sus propias psicopatías de errores. Luego, los futurólogos marxista nos regalaron un dogma anti histórico, con el cual encubriría sus ambiciones reales de apoderarse de las riquezas nacionales y particulares e implantar una dictadura distópica, que operara a su servicio privado.
Soñaban, con la obtención gratis de aquello que se les antojara del eterno e omnisciente estado benefactor, no muy bien garabateado en las cuartillas de Marx. La visión era alcanzar una felicidad eminentemente material –aunque no menos sub humana–como son: trabajo, asistencia médica y social, educación y placeres totales; a su comodidad; y a los cuales los morones zurdos estaban dispensados de aportar nada, como un bien común. Se trataba de la consumación optimista de otra Jauja de la cual los peruanos no estaban enterados del uso del nombre homónimo de su pueblito.
Tal panacea seria ofrecida, de acuerdo a la época, por el Lord Protektor de turno (Stalin, Mussolini, Hitler, Mao, Castro, Pol Pot, Chávez, Evo, Correa, Ortega, etc.). Claro que en esa nueva Jauja de morones, despersonalizada y opresiva, los optimistas deambularían eufóricos aunque carecieran de las libertades y riquezas inherentes a la laboriosidad de las ideas democrática.
Tal e igual como nos reseña implícita, el checo Frantiček Kafka en su obra Der Prozeß (“El proceso”), entre otras similares premonitorias de utopías alucinantes, destilada por la depresión psicótica de los totalitarismos contemporáneos, sean estos políticos o religiosos. La avalancha de optimismo sociopata, impregnó a buena parte de los líderes opacos.
Ahora, si tomamos a Kafka como personaje emblemático, observaríamos que el mundo del absurdo que lo circundó entonces, encajaría en el trébol rompecabezas del pseudo pesimista de Eugène Ionescu. Sin embargo, aunque la obra de Kafka inclina, a no verla más que como un producto sutilmente envuelto con tono positivista-optimista; pero que a la inversa; es manoseado por esa gente libertina los típicos sicodelistas prematuros, aunque sin alucinógenos. Los pesimistas, pensaban de forma contraria.
Se trataba de intelectuales entusiasmados con los jugosos años 20 y que, por decantación, se hayaban impregnados de optimismo alegre; desgajado de los residuos de la Belle Époque –aquel electrizante período hedonista entre la III República francesa y el fin del Imperio Alemán, ya concluida la I Guerra Mundial–. Ello facilitó a ultranzas, que las bandas fascistas y comunistas hiciera zafra en medio de aquel desorden social y moral, imperante por la debilidad de los partidos tradicionales. De ahí, los Lenin e Hitler.
De ello, la euforia total para los optimistas alegres. Los unos (nazis), profetizando un milenio imperial de la nueva grandeza aria; mientras que los otros (comunistas) –quienes se creían ser los más pícaros– preconizando las bondades irresistibles de la vagancia colectivista, exacta a la de ropavejeros indoamericanos. ¡Yes Sir, that will be forever!, clamaban los optimistas.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Febrero, 2010
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Elogio de la tristeza 1: Tesis III/III


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
Tesis III/III
Es imperativo que consideremos de urgencia el basar nuestro quehacer y modo de pensar, al menos en sus fines de mayor significación, transitando a través de una óptica nueva y sin paralelo. Nos basamos en la lucha de contrarios: belleza–fealdad, vida–muerte, libertad–esclavitud, electrón–protón, materia–antimateria, virilidad-afeminamiento, etc. Se trata de aquella dicotomía de contrarios auto destructivos pero sin alcanzar la aniquilación total, tal como está conformado el mundo en que vivimos y el espacio finito pero sin límites, que nos rodea. Es aquella ajustada a lo real-maravilloso, representado por el criterio pesimista en su elogio de la tristeza. Este último, in vitro, es una condición suficiente e indispensable cuyo argumento matrix y su peso específico, resultan invaluables para activar la presentación del pesimismo triste.
Por ejemplo, siguiendo un tono trascendental y majestuoso, tal asumió como su eje central de tránsito por ese poema sinfónico fascinante Aus der Neuen Welt (“Desde el Nuevo Mundo”), del checo Antonín Dvořák.
Casi toda la teoría filosófica del optimismo alegre, se fundamentó a priori en postulados de científicos y matemáticos tales como los propuestos por Gottfried Wilhelm Leibniz y otros pensadores vibrantes en la misma onda de sensibilidad humanista. Estos pensadores maravillosos no lograron depurar sus ideas (inicialmente explicadas de manera errática), si no hasta el momento exacto en que las expusieron a la luz pública. Para ello, las explicaron auxiliados por artificios matemáticos que debieron desarrollar a estos propositos especificos; y así poder afirmar tácitamente que “…este mundo en el cual experimentamos con nuestra realidad cotidiana, es el mejor de los mundos posibles.”
Aunque no dejaron de tener una parte de la razón, aplicando el teorema a todas las épocas y no sólo en la que ellos vivieron; Leibniz suponía fuerzas espirituales de energía representadas por las mónadas, esas sustancias simples e indivisibles en su microcosmo. Según se desprende, constituían por sus grados de libertad el universo de su tiempo siguiendo, estimaba Leibniz, un plan divino exclusivo sin transformaciones paulatinas, a contrapelo de las planteadas posteriormente por Charles Darwin en su “Teoría de la Evolución“.
El parisino François Marie Arouet (aka, Voltaire) en su calidad de ser uno de los líderes de la Ilustración, siempre anduvo abrazado ardiente a un racionalismo pesimista. No dudo en emplear el sarcasmo para burlarse del optimismo de Leibniz, en su novela satírica Candide. Aunque la idea filosófica de Leibniz planteaba un conformismo tímido acorde con las veleidades de su meta melancolía, entonces de moda, no apuntaba mal y sus objetivos eran nobles, compasivos y a tener en cuenta fuertemente, por tratarse de ideas no maliciosas.
El cuestionar tal aseveración radicó en que de haber sido así, los hechos históricos posteriores nunca se habrían desarrollado y la propia Historia permanecería detenida en el tiempo en el siglo XVIII, para convertirse en la anti historia de hoy. O sea, un tour a través de un período quietista y no evolutivo, ausente de las transformaciones y progresos posteriores hasta nuestros días. La Cuba de los Castro, es un ejemplo fehaciente de esta “detencion en el tiempo”, convertida por los comunistas en una anti sociedad de intramuros.
En consonancia, el tal individuo optimista habría permanecido sembrado incólume en aquel hábitat material y cuasi espiritual de dos siglos atrás. Algo parecido proclamó a tenor de jugarse la cabeza, Miguel de Molinos Zuxia, cuando desató para neuralgias del Index Inquisidor; su Filosofía del Quietismo; es decir, el no hacer nada, no disturbiar el entorno y permanecer en laxitud pura, hasta alcanzar la verdad, paz interior y sabiduría de Dios.
Por su naturaleza, el optimismo (también “positivismo eufórico” en su fase terminal) es esencialmente estrábico, desalentador y sin rumbo; dado que desestimula las innovaciones, exacerba la falta de humildad y cercena el deseo de auto perfección del individuo, en su ajuste perpetuo al entorno social y espiritual. Además, y quizás lo peor, obliga al individuo a avanzar a tientas por la vida con irresponsabilidad absoluta; sin que identifique y prevea los escollos y, en consecuencia, se encuentre inepto para activar sus escudos protectores contra las posibles adversidades.
En fin, nuestro ejemplar humano se delinea entonces como masa amorfa sin rumbo, random. Un caldo de cultivo excelente para anidar la morosidad comunista. Ya situados en este escenario, se presentan ante nosotros dos tesis contrapuestas. Por la primera, el individuo se desplaza a ciegas a través de la vida sujeto a impulsos aleatorios, sin planificación. La consecuencia prenatal inmediata del optimismo simple, es basarse en la candidez de que “todo, siempre, “per se”” le saldrá bien, dado que el mundo circundante es amigable e inmaculado (además de tonto), sin que se le supongan errores. El individuo, sin embargo, es advertido por su sexto sentido, del peligro circundante e intangible.
Ello opera sin considerar siquiera, la influencia de perversidades tales como los siete pecados capitales inherentes a los mortales o la simple enajenación mental “del otro”. Por lo tanto, el ego optimista no le admite su vulnerabilidad como individuo (lo cual puede zaherir a un una nación entera ) a lo imprevisto. Ello se despliega, sin entender que todos nos hallamos sujetos a un karma de reencarnaciones (ver, Hinduismo) que nos acecha desde y para siempre. La segunda tesis se manifiesta completamente contraria a la primera –es su antípoda polar–, y cuyo caso más descollante es el “pesimismo complejo”. La exposición de este último concepto, por lo intrincado de sus variables, queda fuera de este trabajo.
Tal seria por excelencia el de nuestro homo cubencis (“Hombre Cubano”), donde el individuo desplaza sus cautelas bajo estrategias de alertas bien definidas. Estas últimas le hacen apto para atravesar un mundo regido por la incertidumbre latente u otro completamente desconocido, sin costuras a otros planos. Ello implica haber identificado o imaginado cuándo y cuáles hechos imprevisibles lo pueden afectar y bajo estas cautelas, decidir cuáles poses deberá adoptar para mantenerse en atención perpetua. El ejemplo de trauma inicial de un enorme sector poblacional, no programado, es visto en el arribo cinemático de los cubanos exiliados a las diásporas respectivas.
Conceptualmente definido, el pesimista es no un una rara avis, sino un ser apasionado, cuya catarsis purificada le libera de recuerdos innecesariamente traumáticos. Es el proto Superego. Cierto espectro de la posología adscrita y suministrada como tratamiento, por las disciplinas que escudriñan el cuadro sicosomático del genoma mental Id, fallan abruptamente. Sucede que mal confunden este esquema clínico lamentablemente estereotipado, con las sicofobias vulgares, por ejemplo, las sociopatías.
Es como dictaminar el trauma mental que sufre el paciente en potencia, sometido desde antes a una irrelevancia síquica de pruebas repetitivas, a partir de las muecas o monerías infantiles que haría éste sin desdoblamientos, frente a un espejo.
Un ejemplo traído por los pelos desde la Física Teórica, es el denominado “Principio de incertidumbre de Heisenberg“. Se trata de un concepto puramente relativista planteado por el físico alemán Werner Heisenberg, el cual nos recrea con la certeza de la imposibilidad de determinar simultáneamente, posición y momentum de una partícula (recordatio) que radie o absorba energía. Este principio condujo a la creación de la Mecánica Cuántica, expresión matemática explicativa de los quantas escurridizos. Un simil síquico en el individuo se homologaría con trazas del onirismo alucinante.
Luego sinterizaríamos: percibo señales desde un punto situado en el micro mundo subatómico (la mente alucinada), pero tengo la incertidumbre de no saber “dónde” (coito reservatus) se encuentra dicha partícula. De ahí, que la teoría de Heisenberg aglutinara a su alrededor, por su cierto misticismo elitista, a algunos fans entre los optimistas e incluyendo pesimistas inmaduros. Es curioso que el optimista raso, acepta moverse con la guardia baja, presuponiendo que una reacción posible de la partícula (aquí, es el evento), nunca lo afectará.
El pesimista, siempre en guardia, desconfía e investiga la incertidumbre y obtiene un resultado. En el segundo caso –el optimista–, se observaría un practicismo relacionado con el…čislo mágico de “e” (2.718281…) elevado a log n potencias (donde n es un número imaginario). Esta analogía matemática es semejante a la ecuación del æsthetic golden ratio –también utilizado por los egipcios para otros fines, en tiempos bíblicos–, para el diseño de cajas acústica (baffles) en las técnicas modernas desarrolladas para la reproducción del sonido.
Tal seria una solución burda del genoma mental, en evitación de errores aliados al mundo imponderable de la tristeza, salvo que se haya colimado una solución matemática con el abanico de los complejos –esa especie de “postilla en la personalidad”–, cuyo límite acotado también tienda al infinito. De no ser así, todo lo que hacemos a diario, sin advertirlo excepto por los elegidos; está marcado por un pesimismo triste el cual no alborota y puede en ocasiones confundir a quienes nos rodean, pero que deslumbra cargado de sutilezas despampanantes y placeres contagiosos.
Enfrentar la realidad cotidiana de una tesis no exenta de peligros, como los experimentados por los optimistas inconformes con sus respectivas órbitas de giro mental; es desprenderse de la vulgarización la cual desde siempre, han endilgado los ineptos –bajo sopor– flotantes en el entorno de los pesimistas. Ello presupondría en el lado pesimista, una actitud permanente de avantgardist, pero de alto riesgo.
Casi igual y de peligrosidad extrema en el optimismo alegre, con la otrora consonancia aventurera, átona, imbricada dentro de aquel divertissement létal que condujo al rey Arturo (ver, “La Morte d’Arthur” de Sir Thomas Mallory) a zigzaguear interminables archipiélagos de sicómoros incorruptos; hasta el momento crucial en el cual alcanzó su anhelo: morir después de una batalla épica, sobre el regazo de su amada Morgana; en aquel reino encantado de gnomos, hadas, brujos y entes divinos de la LÎl d’Avalón (“La Isla de Avalón”).
Arribamos al fin de la tesis, como primer término del sistema dialéctico bajo análisis y pasamos a la trilogía siguiente, inherente a la antítesis.
La saga, continua.
© Lionel Lejardi. Febrero, 2010
lejardil@bellsouth.net
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“Lula” o la ausencia de materia gris


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
El honorable presidente de la República Federativa do Brasil, electo democráticamente por su alta simpatía, no deja de sorprendernos con esa especie de “salidas de baño” a las cuales ya nos viene acostumbrando como divino galimatías, siempre en compadrazgos con los dictadores indoamericanos del nuevo estilo anti democrático, todos o casi todos refrendados por el “Centro Carter”. Sucede que el Sr. Luiz Inácio da Silva (aka, “Lula”), contagiado con sus homólogos del Eje Apocalypto, ha dado muestras de una incontinencia verbal y psíquica muy dañina a la imagen –no la suya de él, porque los quilates de la valoración de sus acciones descienden en el mercado del prestigio corriente, hasta el suelo– sino la del propio Brasil, abochornando a todo su pueblo.  Aunque parezca personaje de un libreto de ciencia ficción, es el mismísimo Presidente de Brasil.
Parece que el Sr. “Lula” quiere tomarse al pie de la letra aquello de que Brasil es etimológicamente “terra do pau-brasil”, lo cual le brinda patente de corso esgrimiendo “una estaca en llamas” para ofender de manera gratuita a otros pueblos como el cubano; que no pueden responderle; hoy sujeto a una dictadura aberrante, sin que sus palabras y hechos coincidan con la honorabilidad que por su cargo merecen los brasileños. Un viejo refrán dice:  “Los incultos, si no hacen la deposición al entrar, la hacen al salir”.
Este inquilino de los hermosos Palácio de Alvorada y en ocasiones de la Granja do Torto, en Brasilia; escudado bajo su Partido dos Trabalhadores repleto de trotskistas y su emblema de la Estrella Roja Stalinista –sujeto a una hiperactividad incontenible como todos los aprendices de brujos–, no detiene sus balaceos ofensivos contra el pueblo cubano y las democracias. De manera sorpresiva en quien se autotitula “un presidente democrático”, nos hace poner en duda permanente la legitimidad de su gestión como mandatario.
Bien seria que en calidad de un particular exprese los disparates de sus humores, porque otros particulares decentes y democráticos, lamentablemente, se encargarán de contestarle tal como se merece. Pero no es justo el utilizar su investidura para proferir, zafio e insolente; ofensas a gente indefensa en nombre de la democracia, cuando acusa en todas sus loas una notoria falta de materia gris. Ver el affaire en que se envolvió con sus cuates Zelaya e Insulza.
No contento con regalarle a los comunistas cubanos cientos de millones de dólares de su pueblo, tal si provinieran de su “caja chica”, a los fines turbios de apuntalar a los hermanos Castro y su aparato de represión contra el pueblo; lanzó otra de sus no extrañas barrabasadas cuando definió a los presos y oponentes políticos a la dictadura castrista, como “…delincuentes comunes, tal existen en las cárceles brasileñas de São Paulo”. Esto es un abuso.
Seria muy raro que un presidente realmente demócrata, profiriera públicamente estas insensateces. La ofensa a los luchadores cubanos y sus mártires es injusta e ignorante. No por gusto, Chávez y Castro lo tienen escogido como favorito para la poltrona recalentada por Insulza; donde sentarán a quien les jure la mayor fidelidad. Claro que seria una plancha “Lula” que mande a encarcelar a quien disienta de él, tal proclamó como acción legal los atropellos castristas en el asunto cubano.
Los mensajes que envía este presidente hipocorístico de tamaño y figura mental, con deficiencias indudables, gusta de hacerse llamar por su nombrete. Es así como nos enseña su egolatría cuando sin el más mínimo respeto a su auto estima, se firma con el mote de “Lula”, tal hizo el argentino Guevara en Cuba, cuando le dio por rubricarse “Che” en los billetes de banco cubanos, para ensuciar nuestra moneda nacional. Estos Napoleón en miniatura, no tienen para cuando acabar. El Señor Luiz Inácio de Silva se hace llamar “izquierdista”, siendo en realidad un buen amigo de los totalitarismos. Suerte que el pueblo brasileño pronto lo enviará a la misma favela, donde su mentor Castro lo recogió. Sucedió en São Paulo, por cuyas callejuelas deambulaba desorientado vestido con ripios y enfundado en sandalias pop, dándole a los pedales marxistas, maltrecho y hambriento. Es por lo que Presidente brasileño le debe tantos favores a los Castro.
© Lionel Lejardi. Marzo, 2010
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El “uno que se murió por ahí…” de Raúl Castro y la sonrisa de Lula


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
En una entrevista indeseada, la cual Raúl Castro Rúz se vio obligado conceder a los medios informativos extranjeros acreditados en Cuba y a los megáfonos oficialistas. Concurrieron por el régimen rostros estereotipados al pergamino y otros simples “scarfaces“, ya fósiles. Este Castro estaba en una encrucijada vergonzosa, cuando se destapó el escándalo mundial, inocultable, por un opositor pacífico al cual dejaron morir en la cárcel, según se estila en la Mesa Redonda del régimen. Motivo: para “dar otro escarmiento“.
Estas monstruosidades jurídicas sin legislación penal previa, fueron introducidas y activadas manu militari por el propio Fidel Castro; cuando ordenó fusilar a mansalva a varios jóvenes negros que en un hecho anterior, intentaron escapar de su paraíso terrenal en Hatun Xauxa (la Jauja cubana), y peor, rumbo al infierno norteamericano.
El régimen, tomado por sorpresa a causa de la reacción internacional iracunda, debió inexplicar este crimen, lo cual concluyó en medio de un barraje de insultos y descalificaciones hacia el fallecido. De paso, Castro aprovechó la entrevista para mostrar un  al nuevo socio comercial de la isla, un mecenas caído en paracaídas en la trampa del intrincado e inoperante relajo habanero.
Luego, como invitado de honor al ya anunciado “encuentro entre amigos”, no podía faltar la estrella principal, figura efímera, al ser presentado en la pasarela de moda entre las izquierdas del Eje Apocalypto; el diminuto presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva (aka, “Lula“). Un personaje cinematográfico de favelas, agradable, que deambula por Cuba y quien; siendo un honorable mandatario elegido democráticamente y ahora embebido en la jet-set-chic, porque ahora se nos aparece –de manera inexplicable junto a rancios dictadores– siempre tan desaliñado como un zapato viejo acabado de despertarse en medio de un terremoto.
Sucede que este Castro, menor en edad pero de igual crueldad a la de “El Viejo” (quien tampoco es Catón); se anticipó fatuo a contestar la pregunta colgada en el aire de la curiosidad internacional. Cierto, versaba sobre la muerte anticipada en prisión del opositor Orlando Zapata Tamayo; el 23 de Febrero, 2010 tras 82 días en huelga de hambre. Nada de extrañar en una Cuba que padece de igual hambruna en parihuelas desde hace cinco decenios. Recién el deceso, la imagen de Zapata fue zarandeada y fusilada virtualmente en la otra mesa, la oval de la TV oficialista, de donde renació la impronta de otro ser, una especie de Morlock, convertido ahora en un peligroso criminal común.
Los totalitarismos no acaban de entender que con el advenimiento de la libertad de información auscultada en los escombros de las charcas ex-comunistas, nadie racional cree las “pruebas” que puedan aportar estas entelequias letales; sobre ningún tópico, persona natural o jurídica, dado que en manos oficialistas están aherrojados todos los resortes que distinguen a una sociedad libre, ausente en la Cuba comunista.
En el caso de Zapata, ellos podrán fabricar cualquier tipo de expediente, aprovechando que poseen el control absoluto de los tres poderes, sus registros y asientos, la cuestión es que ya nadie les cree. Es la indigestión absoluta que provocan la autosuficiencia, arrogancia, abuso, corrupción, tiranía y la impunidad, todas las cuales integran un colagogo emético, también absoluto.
Recordemos que en Ucrania durante el invierno de 1932-1933, por iguales gracias bolcheviques; murieron de hambre entre 2,6 y 10 millones (no de chinches), sino de seres humanos. Las cifras reales, tal es intrínseco en los comunistas, nunca fueron confesadas por los comisarios empeñados entonces en la colectivización y desmonte de la agricultura rusa, tal sucedió en Cuba a partir de 1959. De ahí, la muerte inducida de Zapata y la posible del resto de aquellos bravos que ya están en fila, por inanición y deshidratación.
Este cubano negro, un simple trabajador de la construcción, cumplía una desmesurada condena de 32 años de cárcel (otras versiones dicen que mucho más) por demandar un trato humano para los presos políticos como él, libertad total para el pueblo y respeto por los Derechos Humanos según la carta de la ONU y de OEA. Por supuesto, los hermanos Castro en calidad de dueños del pastel cubano; y siendo quienes lo deciden todo en la isla de acuerdo a sus antojos y humores, recurrieron a su adicción cómoda de esconderse aferrados a varios de los viejos dogmas extra judiciales del maremágnum marxista, de donde aprendieron también los tenebrosos chicuelos nazis.
Tales engendros inhumanos los puso en práctica la pandilla de Joseph Stalin tras la creación de la CHEKA en diciembre de 1917 (Moscu). Esta era una banda de sicarios investida de poderes omnímodos sobre la vida y muerte del pueblo ruso, muy por encima de los otorgados a la GESTAPO nazi. Al mando de este aparato colocaron a un refinado represor: Féliks Edmundovich Dzerzhinsky. La réplica cubana que molió a Zapata estuvo a cargo del Dpto. de Seguridad del Estado (Policía Política), creado entonces bajo el mando de Ramiro Valdés Domínguez, un viejo fanático de los Castro. Se trata de un cancerbero especial que, al parecer, es el único eficiente dentro del artilugio oficial. Es el mismo cuadro que hoy controla el Ministerio de Informática y que también funge como “asesor de energía” del gobierno chavista.
Aparatos represores similares a la KGB (FSB, desde 1991) se armaron en los países bálticos invadidos y anexados por la URSS (en la denominada Westensiedlung, Marcha hacia el Oeste) pre II Guerra Mundial y durante la posguerra, en cada satélite moscovita e incluyendo sus guerrillas ulteriores, como las africanas, asiáticas, americanas, etc. Estos dispositivos letales se incorporaron al genocidio comunista bajo dogmas diseñados para el exterminio de sus opositores, en un desastroso chiste sublimal que le ha costado a la Humanidad más de 100 millones de muertos.
Uno de los principales dogmas marxistas, una cartilla incorporada a los movimientos izquierdista indoamericanos, establece que en los paraísos comunistas es imposible (e inadmisible) la existencia de presos políticos; puesto que por definición; bajo las dictaduras del proletariado (las aterradoras “Animal Farms” orwellianas) los desafectos y disidentes, son simples criminales comunes, inadaptados a la disciplina de la gen.
Luego, todo opositor es un esquizofrénico social el cual debe ser castigado y reeducado con severidad extrema, bajo el cintillo estigmático de “mercenario al servicio del imperialismo”. A los castristas el dogma les ha venido como anillo al dedo, de donde al Orlando Zapata Tamayo pacífico, lo etiquetarían en calidad de un temible criminal común “por pensar, decir y protestar”. Pero es mejor que hagamos una retrospección paradójica a algunas de las costuras, de la Historia de Cuba contemporánea.
Es que los Castro y sus adeptos el 26 de Julio de 1953 asaltaron el cuartel militar “Moncada” en la ciudad de Santiago de Cuba, Oriente. Pretendían tomar el poder e implantar, como hicieron en 1959, una dictadura comunista. Fracasada la intentona violenta, los dos hermanos se escabulleron sin un rasguño, dejando atrás numerosos muertos y heridos entre civiles y militares.
Los Castro, al igual que en esta ocasión, mostraron igual comportamiento “viril” durante sus aventuras posteriores.
Rendidos mansamente, tras la intervención humanitaria de un obispo al cual le suplicaron que les salvara la vida, fueron apresados, juzgados bajo todas las garantías constitucionales y condenados a prisión.
El encierro les fue leve y corto (unos meses), donde el gobierno agredido les hizo gozar de cuantas prerrogativas y facilidades solicitaron, tal si estuvieran en un hotel de cinco estrellas. Por ahí andan las actas y reportes innegables de las declaraciones de estos mismos pícaros, que niegan a los presos políticos actuales un trato digno, y también la data acopiada por los historiadores serios.
Ello resultó todo lo contrario al horror sufrido por Zapata y el resto de los opositores pacíficos a la distopía castrista. Puesto que los presos políticos cubanos actuales son hambreados, carecen de atención médica decente, son sometidos a humillaciones inhumanas, obligados a convivir desnudos con presos comunes y otros desmanes. Estas violaciones, constituían el cuerpo de la queja de Zapata. Y a este cubano solitario fue al que Raúl Castro en dicha entrevista denominó, utilizando el delicado estilo comunista, “…uno que se murió por ahí, porque estaba en huelga de hambre“.
Lo que devino quizás de mayor afrenta degradante para nuestros compatriotas espectadores, fue el observar las sonrisas burlonas del presidente de Brasil y el resto de la camada izquierdista inética, que le hacía coro a Castro. No hay que criticarlos, pues tal es el modus operandi de los comunistas, más, cuando el asunto envolvía a otro “negro e’ mierda“.
Decimos, porque los Castro ya tiene en remojo a otros disidentes y opositores en huelga de hambre por iguales motivos a los de Zapata, quien tampoco fue el primero. Entre ellos, se destaca el psicólogo y periodista Guillermo Fariñas Hernández de Santa Clara (tal parece que los negros cubanos siguen alza’o contra los comunistas), el cual ya acusa un severo deterioro físico y otros posibles daños orgánicos irreversibles.
Y a propósito, ¿saben si alguien vio por esos alrededores a algún miembro del Kau Kus Klan, el mismo integrado por esos graciosos norteamericanos admiradores al delirio de los hermanos Castro? ¿A que, no?. Nada especial, es sólo para que constaten como sus líderes amados se “echan al pico a otro negro e’ mierda“.
© Lionel Lejardi. Marzo, 2010
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