Un “Lula” sincopado


Se cumplen 51 años de dictadura comunista en Cuba
El presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva (según sus opositores, aka Lula, el “Pequeño Calamar“, es una antítesis acuciosa como mensajero del controvertido Partido dos Trabalhadores. Este líder, con su eterna “sombra de las cinco” pisándole los talones guevaristas, no deja de sorprendernos con la dilapidación de los fondos brasileños –tal es práctica común en Chávez y los Castro con los suyos respectivos– considerando éste que las arcas de Brasil son su “caja chica” o patrimonio personal; hoy convertido en escándalo al ser estimado por sus conciudadanos cuerdos, como un simple escamoteo por abuso del poder.
Sucede que según versiones de ciertos analistas (aunque este no sea el caso), es gestión habitual en algunos gobiernos inescrupulosos la entrega camuflada de fondos a regímenes libres de supervisión, como son los totalitarismos comunistas. El chiste final: asegurarse el futuro utilizando mañas de expertos –los castristas– en el lavado de dinero.
Es sugerente el desfile pretextado de mandatarios extra continentales por la posta habanera, dicen los hurgadores de pulgas, para “dejar” sus diezmos. Cuando la “bonanza URSS” durante la Guerra Fría, los Castro fungían de managers del ATM especializado en las izquierdas indoamericanas y musulmanas hoy en poder, luego entonces las visitas eran a la inversas, “recoger” municiones destinadas a la subversión.
Es que ahora este tenue presidente manirroto con lo que pertenece al pueblo, proyecta regalar 950 millones (USD) a los corruptos dinosaurios isleños ya ultra enriquecidos con este tipo de limosnas cómplices. Se trata de compadreos con la misma corporación mafiosa que le vende a Indoamérica –en espera de coimas futuras como apunta ser la brasileña actual– el fracaso herrumbroso ya convertido en una entelequia que denominamos “filosofía Gulag”; para su utilización por parte de ciertos maleantes endemoniados hacinados en el Eje Apocalypto del ALBA y sus copycats de sarapes, ponchos y chancletas, todavía escondidos en el closet pernicioso del anti norteamericanismo y tiritando miedos.
Los créditos jugosos a pagar nunca jamás, proclaman los castristas cubanos armadores de estos buques fantasmas que al zarpar naufragan; serán empleados en comprar alimentos que ellos mismos han sido incapaces de producir en un país que se auto abastecía casi a nivel de saturación, la agricultura que devastaron al destruír la riqueza agropecuaria terrena, aérea y marina, la infraestructura nacional dejada al pairo a que se auto aniquilara y los puertos abandonados, contaminados y repletos de porquerías en sus superficies y lechos.
Es la herencia gentil cedida al pueblo cubano, desde que tales salvadores se encaramaron en el poder, hace 50 años. Para los fanáticos dilettantes del derroche zurdo, representa un negocio redondo el deambular vagancias y canciones protestas a costas de sus vecinos y cabalgando sobre sus fellow travellers.
Son los mismos cantos de ocas machorras y gallos bolos que el pueblo cubano, aterrado e inerme, a escuchado durante medio siglo. Tiempos de intercambios en que los mecenas eran otros tontos y avariciosos como fueron rusos, chinos, argentinos, canadienses, etc. La ofrenda de Lula es un regalo cuantioso que dicho señor (tan imperfecto en sus decisiones hasta el punto de ponerse él mismo, nombres repetidos), hará a sus senseis de antaño, a fin de que los muy pícaros continúen un tren de vida exuberante, como marugas perfectos.
En términos de mayor crudeza: souteneurs trans nacionales. Es conocido por todos que ser comunista ya no es sinónimo de “mala paga”, y sí de quienes no “pagan nunca”. Si no, bastaría que preguntemos al Lula dadivoso: ¿Y de la vieja deuda exterior de Cuba con Brasil, qué?.
A los efectos presidenciales, según la Biblia, este tropiezo es sacar la paja del ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. Se evidencia que ninguna de estas negociaciones altisonantes y por lo demás escandalosas, van dirigidas al bienestar de Brasil, como seria poner esos fondos a mejorar las condiciones deplorables de sus favelas, tan repletas de bochornos. Mas cuando son dádivas a un régimen despótico y opresor que ha empobrecido y envilecido a los cubanos, tanto que estos Lula dispensan a costa del riñón ciudadano, tal si contaran con el apoyo de éstos. Los viejos tíos del siglo XIX, igual hace hoy el presidente de Brasil, gustaban de saludar sus encantos con el sombrero ajeno.
Parece que esta lambada carioca, se empeña en apuntalar su enemistad contra las democracias, à pas d’une conga ambulante, del más estricto corte callejero. Porque este último periplo, aparte de su participación en la II Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) y de la XXI reunión Cumbre de Río (una conspiración urdida para destruir la OEA); incluye un denominado “encuentro de amigos” con el adversario por excelencia de la democracia y los trabajadores; a los cuales el señor Lula dice representar, nos referimos al peripatético Dr. Fidel Castro Rúz.
No faltarán al convite, los tête-â-tête, ósculos y apretaderas cinturosas con el hermano Raúl, auto titulado presidente de la distópica República de Cuba; simple heredero de una monarquía absolutista, sin relación ni vinculación alguna a los procesos democráticos legítimos y enemigo jurado de los Derechos Humanos. Un césped cuya suavidad es irreconocible en el marabuzal castrista.
Uno de cuyos resultados trágicos resultó en el asesinato en prisión (febrero 23, 2010, tras 82 días en huelga de hambre) de un preso de conciencia, Orlando Zapata Tamayo. Este cubano, fue condenado a treinta y tantos años de reclusión; sólo por pensar y decir sus críticas a la falta de libertad y los Derechos Humanos en Cuba. Mencionamos una práctica reconocida universalmente, tal hacemos aquí en EE.UU. Zapata, un opositor pacífico, estaba considerado como preso político por Amnistía Internacional. Claro, en el decir de la satelitería rusa no existían los presos políticos, sino “criminales comunes”.
Lula“, en verdad presidente genuino por la simpatía del voto popular y quien contó con una aprobación alta en su candidatura (61% de los sufragios en 2003), ha resultado arquetipo de muletas extemporáneas no sustentadoras de aquello que en la política de altos principios, la  ética decente, no debe hacerse. Observemos que este dispensador de lo ajeno, nunca mostró recelos en derramar afectos a sus mentores ideológicos manileños (La Habana), a los cuales la sotto voce opositora vigilante de su quehacer sinistrorso, les catalogaron de viejos mecenas de la antaño subversión brasileña.
Su fin actual se basa en demostrar un ptialismo evidente hacia el  izquierdismo y ansiedad por rociar con un halo de legitimidad a quienes se destacan como expoliadores de los trabajadores cubanos. Esta banda de tiranos, continúan fortaleciéndose como focos de subversión permanente contra los gobiernos legítimos. Sólo recordar de dónde salieron los guerrilleros que asolaron Brasil y otros países de la región.
El presidente “Lula” se ufana en alardear en su desprecio olímpico al buen quehacer democrático, nutriendo filosóficamente y aprobando desmanes adheridos a las filas totalitarias. Un chiste que las fuerzas vivas de la inmensa Brasilia, jamás le hubieran permitido a un líder repleto de tantas confusiones. Algo no de extrañar en un tornero cuyo mandril jira en reverse.
Tal modo de actuar, contradice a este “presidente de los pobres”, según le titulan sus apologistas, hoy desaforados en perdurarle una imagen falsa en extinción plena. Es la misma enfermedad terminal (no la marxista-leninista del extremismo infantil) que impele a quienes no generan riquezas propias y sí andan muy solícitos en apropiarse y regalar las ajenas, o sea, las obradas pacientemente por los envidiados burgueses.
Nadie sabe exactamente, por qué algunos medios de renombre tales como Le Monde, El País, Newsweek y otros de igual prestigio, catalogan a Lula de personalidad a escala mundial. Sólo atenernos a que su esfuerzo se ha centrado en apoyar y hacer migas (filosofía musulmana) con totalitarismos enemigos de los EE.UU y de civilización occidental tales descuellan en las  filas iraníes, palestinas, castristas, etarras o los arquitectos del Eje Apocalypto, todos, nuestros enemigos mortales.
Los decentes, no pueden obviar la interrogante acerca de qué hacía este Raúl Castro renovado en sus votos de viejo terrorista, cualificado así por EE.UU y otros países democráticos, en una cumbre (adúltera de la vera democrática) ya rumbo hacia un totalitarismo demencial, donde el presidente Lula parece deleitar la góndola de sus coqueteos sincopados.
Estamos frente a una nueva itinerancia inconexa con la realidad de los altos principios democráticos, no extraña en sus veleidades roñosas con los opresores y aspirantes a tales, hoy en ciernes. Ver los resultados del presidente Lula en su apoyo demencial al desastre de Zelaya e Insulza, en Honduras, desconociendo a las firmes y legales decisiones institucionales hondureñas en sacar de la presidencia al chapucero discípulo chavista.
Resulta vergonzosa la ausencia en tal foro, del presidente legítimo electo de Honduras, Porfirio Lobo y sí con voz y voto, la del dictador Raúl Castro. Luego, no sorprende que esta sarta de desquisiciones envidiosas anti norteamericanas, acentuando que su opoyo irrestricto a los hermanos Castro se ejecute en nombre de un Brasil democrático que no deja espacio al discernimiento mesurado. Un punto de vista distrófico hoy manejado seriamente en el senado carioca, el cual le sacará cuentas en su momento.
Vale para convencernos de que el próximo retiro vergonzoso de Lula del poder, a causa de su apareamiento sensualoide con los totalitarismos –recordemos que los calamares, enturbian las aguas cuando escapan– y al cual contribuyeron factores no ajenos a su último bajo rendimiento electoral, incluye sueños veraniegos de dejar en la poltrona ejecutiva a una guerrillera convicta y confesa. Ello no augura la paz y tranquilidad al pueblo brasileño, ya embelesado una vez con el populismo que le inyectó “la Meca a la Zeca” del priorato habanero.
Quizás, la tinta del oscuro tejemaneje carioca refleje y yazca en otra samba sincopada, octópoda en su huida hacia la posición que Chávez le ha reservado (recordar que Lula también significa “calamar”, en portugués); cuando desprecia la democracia que lo instaló en el poder del Gran Brasil sobre el cual se ha regurgitado, insolente; mientras flirtea atracciones rubias fatales con su entrañable Fidel Castro, al cual idolatra desesperadamente.
© Lionel Lejardi. Febrero, 2010
lejardil@bellsouth.net
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