Ascosidades en pluscuamperfecto, de los candidatos manchúes I/II.


Se cumplen 52 años de dictadura comunista en Cuba
 Ascosidades
La periodista editora de Yahoo!, Ivette Leyva Martínez, nos asombró una vez al aseverar, todo a priori [ver, El Nuevo Herald, “Ayuda y Patriotismo“], que las últimas oleadas de inmigrantes cubanos están “asqueadas, en todas sus manifestaciones y matices, de la política de ambas orillas“. Duele, porque en todo caso la afirmación apropiada –si la Sra. Leyva nos permite enmendarle su lapsus calami– seria leer: “…de la diáspora de exiliados democráticos y asqueada de los represores comunistas. Estos  últimos, lamentablemente cubanos también por nacimiento aunque se comportan como una especie de “aliens” totalitarios rusos o chinos; lastrados con la lastimosa elegancia de su subcultura “chea”, un sida adquirido por convicción-perversión“.
Se trata de diafanizarle al lector que esa micro visión simple de un problema profundo y tan antiguo que ya mal crece por más de medio siglo, sin delimitarle con antelación los factores de agravios y violaciones incidentes en el drama, es inético y reluctante. Son delicadezas de la cultura occidental que los fellow travellers no acaban de entender. Porque ello inclinaría al lector a suponer que víctimas y victimarios son bandos de igual textura moral y de naturalezas clonadas. La cosa no es así de baladí, como tan impregnada de las frivolidades femeninas habituales, decimos, por no pensar en sutilezas de costura doble.
Para afirmar tal, la periodista debió estar a horcajadas sobre Miami y La Habana, y no en una posición unívoca de poca fluidez al discernimiento; como el claroscuro vespertino; de manera que la oreja zurda puesta en la isla aterrada, cotejara con las realidades de la oreja derecha encajada en el exilio democrático. No debemos asombrarnos de esta adjetivación de “represores” al referido grupo de aventurero fanáticos y morones, cómplices adquiribles por nada en el mercado corriente, que apoya al Dr. Fidel Castro Rúz mientras suspiran en interminable peregrinar a la casa del tirano. Ello es, dado que tal es el punto de vista de nuestro gobierno (EE.UU) basado en hechos concretos, las declaraciones y desafíos de La Habana, esa “Manila” mórbida, en el argot de los sicarios guevaristas.
Estos agitadores permanentes –trasnochados de la revolución mundial preconizada por Trotsky, Gramsci o Djilas de entre los grandes disidentes del marxismo dogmático–, al igual que aquellos aglutinados bajo una secta nocturnal a la que al Líder Máximo le dio por denominar; con el tono solemne reinante en los totalitarismos, como: Partido Comunista de Cuba (PCC). Se trata de un ente virtual el cual hoy, renguea cruento y carcomido –entre otros pecados irredimibles– por la corrupción, ilegalidades y abusos, ofreciendo imágenes y emanaciones deterioradas ante la opinión pública dispersada entre la isla y otros lares de sus neuralgias.
Allí, como en cada “Animal Farms” y también en las de ilusión populista; como las armadas por el Eje Apocalypto del ALBA y sus secuaces indoamericanos; los ciudadanos no disponen de mediáticos públicos para dar a conocer sus inconformidades, y menos, denunciar los atropellos de sus respectivos regímenes oprobiosos.
Tal apreciación coincide con un juicio elíptico, perecedero, a causa de su transpiración actual de lemas y dogmas prefabricados por los ideólogos comunistas (observar los tránsfugas de los barrios marginales y favelas (basureros sociales repletos de ocio y envidias), aferrados a los flecos su desastre nacional.
Sin embargo no es chic y menos galano –tal hacen otros periodistas– comparar la decencia anticomunista de todos los tiempos, con las indecencias totalitarias de cualquier tiempo. Tampoco la atracción de las democracias con las repulsión hacia las satrapías. Es la proclividad candorosa a establecer liasions y paridades inexistentes, absurdas, en las mentes de quienes abrevan sus confusiones con libertad plena y todo el furor deleitoso que brinda el vivir en democracia; sin temor a represalias gubernamentales, con las opiniones de opresores profesionales.
La editora muestra desconocer, aunque debiera, la realidad alucinante y destructora del terror imperante bajo las satrapías sean comunistas, nazis o fascistas –o lo que puede salir de la batidora si se les mezcla– como integran ahora al lumpen de la indiada acémila. Más, si nos atenemos a su posible ascendencia (semita), que la vincularía con el drama sufrido por el pueblo judío a manos de otra tiranía hermanastra de leche de la castrista, la hitleriana. Lo de Cuba espanta, dado que se trata de un pueblo envilecido por los comunistas durante más de 50 años. Luego, ¿cómo esos pobres diablos pueden formarse opiniones comparativas, si la censura de intra y extramuros es absoluta?.
En Cuba (lo sabe hasta la Tía Tecla) no existe un gobierno tal reconocemos los demócratas, adornado de altos principios, valores éticos y morales al estilo occidental; atañibles a cualquier democracia; sino un horror propio de las satrapías talibanas, africanas, mesoamericanas o asiáticas. La diáspora cubana no tiene, desea o necesita cárceles donde encerrar a sus adversarios y fanáticos enemigos –dado que ellos están presos dentro de sí mismos– trenes de tortura física, moral y psíquica u otros horrores a los que nos tienen acostumbrados los totalitarismos.
Ya, el pro cónsul y cancerbero mayor castrista, el Cmte. Ramiro Valdes Menéndez, desplegó en Venezuela una estela rutilante de sus habilidades de torquemada, por ser un policía excelente calidad. Ecos malévolos que la editora no percibe. Habría que saber cuáles muestras le condujeron a opiniones tan astrosas. Resulta inenarrable la flacidez del artículo en cuestión, cuando obvia cuál parte de estos inmigrantes no parecen ser tales y sí agentes encubiertos, si nos ceñimos a la integridad del término en las cuestiones de inteligencia.
La deducción enlaza con las serias dudas acerca de sí los arribados a la Utopía norteamericana son “vendidos útiles”, (dicho con un tropo no ofensivo) utilizables por la troqueladora, la cual alimenta la imagen deteriorada del régimen en sus relaciones exteriores. A esa mercancía le desdibujaron el patriotismo y el odio a quienes les oprimen la patria, y es presentada como “balseros de espalda seca, no adversarios“, inocuas mulas convictas y confesas de la granja castrista. Son tipos aterrados de que el socio, cúmbila o militante del núcleo local, para ellos funcionando en “territorio enemigo”, el que a sabiendas les mata el hambre por simple caridad cristiana; les descubra su “anticastrismo de la cuvette des toilettes” (inodoros).
En el argot callejero subterráneo del régimen, son “unos “cheos” pancistas que no están en nada opuesto a su gobierno amado“. O si por el contrario –se les ocurre a los sabios lectores de ojas de té, esos de cabellos y barbas blancas, que son mayoría–, les impresionan como enviados gubernamentales bajo la condición y compromiso de portarse bien; so pena de no recibir nuevos permisos para visitar el barrio y así restregar sus gangarrias en los rostros de familiares y amigos indigentes. Insisten, no para intercambiar amores con sus afectos, sino, a fin de que los pariahs isleños los idolatren. Pura vanidad en que los envuelve, de que no van a Cuba para ver a nadie, sino, “para los vean a ellos” triunfantes.
Los analistas los ven como una movida que aprovecha el altruismo de la brecha brindada a la Cuba comunista, por la Lotería de Visas de los EE.UU a cierta categoría de ciudadanos cubanos. La Oficina de Intereses de los EE.UU (OIUSA) en La Habana, no da señales de contar con mecanismos que detecten a los militantes del Partido Comunista de Cuba (PCC), dispuestos para perforar nuestra seguridad interior. ¿O, se harán los bobos?
No olvidar que el ser o haber sido comunista activo, es declaración tomada bajo juramento al momento de solicitar la visa. Pero sucede que dicho procedimiento, estos chicos fisgones de la desvergüenza, soslayan impunemente. Los funcionarios de la OIUSA, no saben a quién o qué tiene enfrente. Así es de simple.
Desconocemos si nuestra oficina en La Habana dispone de un procedimiento o artilugio –lo cual dudamos–, para descubrir a algún agente de la inteligencia infiltrado durante los años posteriores a la implantación del acuerdo migratorio. Resalta que el exilio parece que sí, sin artilugios, sólo con olerlos. Luego, persiste la razón original por la que quizás el Dr. Castro, aclaran sus demiurgos, ríe 20,000 veces cada año fiscal.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Enero, 2011
lejardil@bellsouth.net
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