..Génesis miamense: Miami sí, “Maama” no
II/III.
Mientras, en la boca del río Miami; pastaban grupos pioneros que vivían de la pesca, agricultura, explotación de maderas y fibras. Como siempre, lo que contaba entonces era el ansiado cash, un recurso obtenido localmente por la fabricación de almidón, la pesca, caza y ganadería menor, incluyendo la venta de carne salada y ahumada y el procesamiento de fibras. Estas últimas provenían de las palmeras sagú y burí las cuales, además, brindaban productos como el almidón, cuya bondad mantenía estirados los miriñaques de las damas “cayohueseras” y parte de la costa noreste de la ciudad. Mientras que las fibras, por su delicadeza, eran aptas para confeccionar sombreros, esteras y tapetes finos.
Uno de estos grupos giraba alrededor del antiguo asentamiento de Fort Dallas, que inicialmente fue una especie de staffeta militar (correos). El gobierno federal construyó un par de centenares de fuertes en la Florida, a los fines de mantener el orden en el estado, que lo fue así desde 1821 y cuyo primer gobernador fue el Gral. Andrew Jackson. Los disturbios estatales de rebeliones más serias lo constituyeron los sucesos desarrollados en ocasión de las denominadas “I y II Guerras Seminoles” (1818-1838). La primera arrancó en épocas de Jackson, mientras que la segunda se inició en 1835. Fort Dallas, apareció en los mapas circa 1840 con el nombre de “Villa Miami”, designada así por William H. English. Este “fuerte”, que nunca estuvo fortificado, recibió tal nombre en honor de comodoro Alexander James Dallas, quien estuvo al mando de la flota de las West Indies Squadron en contra de los piratas ¹.
English, fue un notable de la zona el cual adquirió la propiedad de su abuelo Richard Fitzpatrick, quien a su vez había pagado $400 a James Egan por la misma, hasta que la propiedad entró en explotación con 60 esclavos. En 1886 una juncal y pudiente dama de la sociedad de Cleveland, quedó desolada por el fallecimiento de su amado esposo. Un hecho banal, si no fuera porque la energía de la tal viuda tendría más adelante repercusiones insospechadas sobre los destinos de la futura ciudad de Miami y, de ramalazo, sobre toda la Florida.
Los predios de la villa, aquellos 640 acres originales, son los mismos donde hoy radica el Downtown de Miami. Finalmente los acres (y una mula) pasaron a manos de la flamante viuda Julia De Forrest (née Sturtevant) Tuttle, la “mommy de Miami”. En esos trajines incorporativos apareció el tren de Henry M. Flagler, pero esa es otra historia deliciosa. Ella adquirió la propiedad en 1891 por $2000 de manos del realtor J.W. Ewan, quien fue conocido también con el sobrenombre de “El Duque de Dade“. Ewan le había machacado a Julia que el vocablo en dialecto tequesta para nombrar al lugar, se pronunciaba “Maama“, pero a ella le agradó más el de English: “Miami“, un supuesto no vinculado a varias regiones indias de igual nombre en los EE.UU por ejemplo, la localidad del mismo nombre en Ohio. Algunas otras voces apuntaron utilizar “Mayaimi” o “Mayaime“, cuyas traducciones todas, son “agua dulce“.
Aunque los tequestas fueron registrados por los españoles como los genuinos habitantes de la boca del río (no esta claro si fueron los primeros, otras etnias indocumentadas se infiltraron por la zona del Panhandle, saltando de islas en islas caribeña desde Mesoamérica o bordeando la costa del golfo de México, desde tierras de los imperios aztecas o mayas. Otras versiones disponen de evidencias antropológicas que arribaron mucho antes a través del estrecho de Bearing durante la edad de los hielos. Los tequestas se vieron diezmando, a causa de enfermedades y guerras en las que se involucraron desde inicios del siglo XIX. El “salpafuera” que se formó con la Guerra Creek de 1813-14, fue definitivo para el arribo hacia el sur de otras tribus más guerreras; pero que ahora, aparentemente, llegaban mansas y en calidad de simples refugiados de guerra. Ello se debió, en parte, a que dicha mansedumbre fue resultado del cese de hostilidades entre EE.UU e Inglaterra, a tenor del conflicto (1812) entre ambas naciones.
Desde finales de 1600 y durante todo el siglo XVIII, ya existía una “Confederación Creek” constituida por tribus de South Caroline, Georgia y Alabama. La presión de los colonos blancos, hizo que una rama de esta confederación; soberbia y de una altivez rayando en la temeridad; los okonees, hicieran las maletas y se colaran por el Panhandle, con toda lógica, con rumbo sur. Otros confederados, los enrojecidos muskogees, no la pensaron dos veces para motear a los fugitivos (exiliados) con un apodo despectivo a quienes “abandonaron la fabulosa Confederación Creek y decidieron vivir por su cuenta en el extranjero”. Saber: cualquier similitud de esta tragedia y el drama cubano, es pura coincidencia.
El equivalente inglés del mote es wild o runaway (“cimarrón”), en lengua muskogee es: sim-in-oli, y es quizás el posible origen del vocablo “seminole“.
Como que hasta los indios sabían dónde estaba lo bueno, no extrañó que después el Miami de finales del siglo XIX, fuera imán para los naturales de todos los orígenes y nacionalidades pululantes por la Unión y las tierras (islas) del extranjero cercano. Esta notoriedad era observable en la composición de su población. No nos referimos a la de ahora, sino a la censada en 1900 pocos años después de la fundación de Miami como ciudad incorporada. Este evento constituyó también un inenarrable acontecimiento de colorido esplendoroso. Entonces no existían el “english only” ni “no trespassing“, por lo que la invasión de “outsiders” (como Ud. y yo, a quienes nadie nos invitó a venir a los EE.UU y nos metimos de “a porque si, para después hacerle reclamos al gobierno) resultó incontenible ¿…?.
Ephraim T. De Sturtevant, padre de Julia y William B. Brickell (ambos de Cleveland), Isidor Cohen (ruso); John Collins (New Jersey), John Seybolt y J.D. Dorn (Alemania) dan fe y constituyeron entre otros, la diversa procedencia de los notables. Según el censo de 1900, a Miami habían entrado 1950 personas; 1348 blancos provenientes de 45 estados; 599 negros; entre otros, 68 eran de South Caroline, 98 de Georgia y 25 de las Bahamas. La abigarrada población no pudo dejar de contar con 3 hacendosos chinos, quienes no rehuyeron el armar en menos de lo que pestañea un mosquito, una lavandería para mantener impecables las ropas de los miamenses.
Entre los censados se destacó uno, quizás el más vivaracho y emprendedor de los minoristas. Éste, se propuso abaratar los cigarros habanos (puros) traídos por mar a Miami, desde Key West, para el disfrute de miamenses y turistas (snowbirds), quienes no habían dejado de fluir a la zona, desde 1850, aproximadamente. No resultó sorpresivo, aunque también inevitable, que dicho empresario importara las hojas de tabaco negro, tripas, sellos, etiquetas y portadas exquisitas, gracias a la litografía alemana; para la confección de los habanos; directamente desde las zonas de Vuelta Abajo, La Habana y Sancti Spiritus. Ni tampoco extrañó que este no fuera otro que un cubano, Mateo Encinosa. Este isleño era natural de Bejucal, provincia de La Habana y se registró como dueño de la primera cigar factory de la ciudad. Luego, los hispanos arribantes a la boca del río Miami; comenzaron bien temprano a sacudirse los polvos del camino, mientras erigían la “Ciudad Mágica”. Y como diría la vox populi de ayer y hoy: la gente de nuestro patio miamense provenía de cualquier parte, menos de Miami.
© Lionel Lejardi. Diciembre, 2008
lejardil@bellsouth.net
(¹) Este sirvió en la Guerra de 1812 contra Inglaterra, de igual modo que en Argelia en 1815. De igual modo cazó a los piratas en la Indias comandando el escuadrón de la Indias Orientales. Dallas fundó y comandó la ”Pensacola Navy Yard” desde 1832, participando también en la II Guerra Seminole. Este Dallas era hijo del que fue Secretario del Tesoro durante la presidencia de Madison, del mismo nombre.
Serás bienvenido a mis blogs alternos:
http://www.elasuntocubano.net/
http://lacomunidad.elpais.com/elasuntocubano/
http://www.twitter.com/bieladom
http://www.facebook.com/lionel.lejardi
1955